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   Vida ejemplar y heroica de Miguel de Cervantes Saavedra
     Luis Astrana Marín
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La Villa de Alcala de Henares a Mediados del Siglo XVII.
La Villa de Alcalá de Henares a Mediados del Siglo XVII
(Acuarela de Pier María Baldi.—Biblioteca Laurenciana de Florencia.)

-[211]-
Capítulo
VIII

 

Nacimiento de Miguel de Cervantes.—Europa bajo Carlos V.—Patrias apócrifas de Miguel.—Alcalá de Henares en 1547.—La iglesia de Santa María la Mayor.—Conventos y colegios.—Más sobre la casa natal de Cervantes.—Lo que resta de Alcalá.—Nacimiento de Rodrigo.—Dificultades del médico cirujano.—Emigración a Valladolid

 

El año de 1547, en que Miguel de Cervantes viene al mundo, parecía destinado a abrir un paréntesis de calma que aquietase en Europa las turbulencias y agitaciones de seis lustros de incesante contienda espiritual y material. Fallecido Lutero en el año anterior y pasados a otra vida, poco después, los principales enemigos de Carlos de Gante, Enrique VIII de Inglaterra y Francisco I de Francia, todo hacía augurar un venturoso corolario a la Paz de Crespy. A lo menos, el terreno de la discusión propendía a transferirse desde los dominios de Marte a los aposentos de Minerva. El duro rostro del guerrero perdería su natural animoso en las conversaciones tranquilas teológicas. Pronto Carlos V se vió obligado a proceder violentamente contra la Liga protestante de Smakalda. La batalla de Mühlberg (plásticamente cantada por el Tiziano) le traía la victoria sobre los herejes, y, con ella, la prisión de Juan Federico, elector de Sajonia. Pero la paz flotaba en el aire y los vencidos luteranos no tardarían en rehacerse. 

Ni era posible esperar una larga concordia después de treinta años de lucha, con más o menos prolongadas intermitencias (respiros tan sólo para -[212]-

Escudo del Emperador Carlos V.
Escudo del Emperador Carlos V.
(Monasterio de El Escorial.)

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Carlos V en Mühlberg.
Carlos V en Mühlberg.
(Cuadro del Tiziano.)

cobrar nuevos alientos), en que todas las naciones europeas, sin excluir los Estados Pontificios, se conjuraron contra España y el Emperador. En vano procuraba el Concilio de Trento unir una Europa espiritualmente desgarrada. Era ya tarde. Porque, con tal de abatir la política imperial, las naciones no vacilaban en sucumbir, a manos de la Reforma o bajo el signo -[214]-

Toma de Túnez por Carlos V.
Toma de Túnez por Carlos V.
(Sala de Batallas del Monasterio de El Escorial.)

-[215]- del Turco. Y así, el Emperador ha de combatir en varios frentes: contra la Reforma, contra la expansión de Solimán, contra la eterna odiosidad de Francia. El resultado de todo estará centurias de años en litigio. Alguno de aquellos poderes fué ya pasto del tiempo. 

Queremos fijar, mediante efemérides, la época que precede al natalicio de Cervantes, para después encuadrarle en la que sigue, como no podamos desligar al genio de la generación en que vive y alienta, del influjo que recibe, del mundo que le circuye, de la herencia que recoge. 

Cuando nace, año en que ya había visto la luz primera el encubierto Jeromín (don Juan de Austria, en Ratisbona, día de San Matías, 25 de Febrero), Europa lleva, como hemos dicho, seis lustros de terribles conmociones espirituales y materiales. 

En esos treinta años, desde la muerte de Fray Francisco Ximénez de Cisneros, que coincide con la iniciación de la Reforma (1517), la vida es intensa como nunca. Grijalba toca en Yucatán en 1518, y Gaspar de Espinosa funda en Centro América la ciudad de Panamá (1519). Es el año en que sale de Cuba Hernán Cortés, y se suceden la conquista de Méjico y el descubrimiento de Nicaragua (1519-1521). Mientras la guerra de las Comunidades asuela los campos, se convoca la Dieta de Worms (1521), y Magallanes y del Cano realizan su viaje alrededor del Mundo (1520-1522). La fecha de regreso señala el óbito de Nebrija. En 1523 créanse los Consejos de Estado y Hacienda. No tardó en sobrevenir la batalla de Pavía (1525), para que pusiéramos el orgullo de Francia a gentil recaudo. Nuestra poesía sufre una evolución, al introducirse en ella los metros italianos, hacia 1526. En 1527, cuando Clemente VII, por colocarse al lado de Francia, provoca el asalto y saqueo de Roma, nacen Felipe II, Benedicto Arias Montano y Fray Luis de León. A la vez se examinan las doctrinas de Erasmo en Valladolid. Dos años más tarde fírmase la Paz de las Damas (1529), y otros dos después comienza la conquista del Perú y de Chile (1531-1541). Con la derrota de Solimán se iniciaba el retroceso del poderío turco en Europa (1532), un año antes del nacimiento de Ercilla y fecha de la muerte de Alfonso de Valdés. La fundación de la ciudad de Buenos Aires (1534) corre par con el natalicio de Fernando de Herrera; y la toma, de Túnez (1535), con el de Juan de Mariana. En 1536 fallecen Garcilaso de la Vega y Erasmo. Ya había nacido Francisco de Figueroa (1), hacíase el encabezamiento general del Reino (1537) y las Cortes de Toledo imponían la Sisa (1538). A -[216]-

Libro 1 de Bautismos de la parroquia de Santa María la Mayor, de Alcalá de Henares, abierto por los folios 192 v. y 193 r., donde se lee (primera partida de la izquierda) la célebre fe bautismal de MIGUEL DE CERVANTES.
Libro 1 de Bautismos de la parroquia de Santa María la Mayor, de Alcalá de Henares,
abierto por los folios 192 v. y 193 r., donde se lee (primera partida de la izquierda)
la célebre fe bautismal de Miguel de Cervantes.

-[217]- la muerte de don Fernando Colón (1539), creador de la Biblioteca Colombina, sucede la de Juan Luis Vives, la introducción de la imprenta en Méjico y la fundación de la Compañía de Jesús (1540). Al año siguiente fallece Juan de Valdés, y luego Boscán en igual año que nace San Juan de la Cruz (1542). Y al tiempo que se imprimen las Leyes y Ordenanzas para la gobernación de las Indias (1543), viene al mundo Juan de la Cueva. En un mismo giro solar inaugura sus sesiones el Concilio de Trento (1545), nace Jerónimo Gracián y se funda el Archivo de Simancas. Es interesante notar que el fallecimiento de Lutero (1546) coincide con el primer índice general expurgatorio. Por último, en 1547 mueren Hernán Cortés, Enrique VIII de Inglaterra y Francisco I de Fran cia, y nacen, como ya advertimos, don Juan de Austria y Miguel de Cervantes. El acontecimiento militar del año fué la mencionada victoria de Carlos V en los campos de Mühlberg. 

Gran siglo aquél, que así empezaba, y por la grandeza de su principio se colegiría su fin, como cantaría un poeta:

¡Inmenso siglo! ¡Siglo de gigantes,
que abrió Colón y que cerró
Cervantes

Miguel de Cervantes fué bautizado en la iglesia parroquial de Santa María la Mayor de Alcalá de Henares el domingo 9 de Octubre de 1547. Actuó de compadre Juan Pardo, y de testigos, Baltasar Vázquez, sacristán, y el propio cura que le cristianó, bachiller Bartolomé Serrano (1). -[218]-

 Partida de bautismo de MIGUEL DE CERVANTES.
Partida de bautismo de Miguel de Cervantes.

La proximidad del 9 de Octubre con la Dedicación de San Miguel, 29 de Septiembre, sugiere que debió de nacer en este día y de él recibir el nombre. Hemos de recordar, no obstante, que si aquel Miguel Díaz, -[220]-

Alcalá de Henares.—Fachada de la casa natal de CERVANTES, en la calle de la Imagen, núm. 2. Al fondo, la calle Mayor.
Alcalá de Henares.—Fachada de la casa natal de Cervantes,
en la calle de la Imagen, núm. 2. Al fondo, la calle Mayor.

-[221]- mercader de Córdoba, era, como parece, hermano del licenciado Cervantes, el nombre de Miguel constaba en la familia. Empero como no tengamos la seguridad plena de dicho parentesco, y a la vez dijérase forzado que, después de tanto tiempo, Rodrigo se acordara de un tío suyo (cuando no se -[222]-

Alcalá de Henares.—Interior de la casa natal de CERVANTES. Detalle de la escalera y del patio, tomado desde el zaguán.
Alcalá de Henares.—Interior de la casa natal de Cervantes.
Detalle de la escalera y del patio, tomado desde el zaguán.

-[223]- acordaba de su padre) para imponer el nombre de Miguel a su hijo, nuestra firme opinión opta por el primer supuesto: Cervantes nació el 29 de Septiembre, jueves. 

Conviene ahora advertir que todas estas fechas se refieren al calendario antiguo. No habiéndose computado con la Corrección Gregoriana hasta el 9 de Diciembre de 1582 (el día siguiente llamóse lunes 20 de Diciembre), las verdaderas datas corren diez días más tarde, pormenor olvidado, con lamentable yerro, por los historiadores. Así, Miguel de Cervantes, con arreglo a nuestro calendario, nació el 9 de Octubre de 1547 y fué bautizado positivamente el 19 del mismo mes. 

Ignórase la condición de su padrino Juan Pardo. Los Pardo abundaban entonces en Alcalá, enlazados a veces con los Contreras. Unos y otros mantenían relaciones con vecinos de barajas. Del bachiller Bartolomé Serrano, a quien cupo el honor de imponer el primer sacramento al Príncipe de los Ingenios, hay muchas nuevas. Contaba cuarenta años. Tenía un hermano que se llamaba Juan Gutiérrez Serrano el Viejo, para diferenciarse de su hijo Juan Gutiérrez Serrano el Mozo, y vivía aún en Alcalá diez y ocho años después: en 28 de Junio de 1565, octava del Corpus Christi, ofició como preste en la misa mayor del convento de la Concepción (1), donde cuatro meses atrás (el 17 de Febrero) había tomado el hábito Luisa de Belén, la hermana de Cervantes. En otro volumen daremos más noticias.

 Firma de Blas de Cervantes, que nunca se llamó ni firmó Saavedra. (Alcázar de San Juan —1572 a 1583—.)
Firma de Blas de Cervantes, que nunca se llamó ni firmó Saavedra.
(Alcázar de San Juan —1572 a 1583—.)

Durante muchos años ha sido objeto de pesadas y a veces indoctas controversias la cuestión de la patria del autor del Quijote. Sin contar Alcalá, nada menos que diez localidades (más que en Grecia por la cuna de Homero) se han citado o disputado en España el honor de ser los pueblos natales del Regocijo de las Musas, a saber: Alcázar de San Juan (2), -[224]-

Alcalá de Henares.—Pozo y pila en el patio de la casa natal de CERVANTES.
Alcalá de Henares.—Pozo y pila en el patio de la casa natal de Cervantes.

-[225]- que ha delirado largamente, aduciendo una partida con todos los caracteres de la más grosera falsedad, al reverso de un folio desechado por inservible y con la fijación de una data que de ningún modo conviene con la -[226]-

Alcalá de Henares.—Hospital de Antezana, a cuyas espaldas (al fondo, izquierda) se ve la casa natal de CERVANTES (x).
Alcalá de Henares.—Hospital de Antezana, a cuyas espaldas (al fondo, izquierda)
se ve la casa natal de Cervantes (x).

Alcala de Henares en los siglos XVI y XVII

1.   Colegio Mayor de San Ildefonso (Universidad).

2.   Colegio de San Pedro y San Pablo.

3.   Colegio de la Madre de Dios.

4.   Colegio de Santa Catalina.

5.   Colegio de Santa Balbina.

6.   Colegio de San Eugenio.

7.   Colegio de San Isidro.

8.   Hospital de estudiantes de San Lucas.

9.   Colegio Trilingüe o de San jerónimo.

10. Colegio de Santiago o de Manrique.

11. Colegio del Rey.

12. Colegio de San Juan Bautista o de Vizcaínos.

13. Colegio de San Jerónimo o de Lugo.

14. Colegio de San Cosme y San Damián o de Mena.

15. Colegio de San Clemente o de los Manchegos.

16. Colegio de León.

17. Colegio de Túy.

18. Colegio de Santa Justa y Rufina.

19. Colegio de San Ciriaco o de Málaga.

20. Colegio de Aragón.

21. Seminario de San José o Pupilaje de Avila.

22. Colegio de Santa Catalina o los Verdes.

23. Colegio de San Patricio o de los Irlandeses.

24. Colegio de Santos justo y Pastor o de los Seises.

25. Seminario de Nuestra Señora del Prado.

26. Convento de San Diego de franciscanos observantes.

27. Convento de Trinitarios Calzados.

28. Convento o Colegio de San Bernardo.

29. Convento o Colegio de Santo Tomás.

30. Real Colegio de Agustinos Calzados.

31. Colegio-convento de Mercedarios Calzados.

32. Colegio máximo de la Compañía de Jesús.

33. Convento de Mínimos de San Francisco de Paula, antes primitivo convento de la Concepción, donde profesó Luisa de Cervantes.

34. Convento de la Madre de Dios.

35. Convento del Carmen Calzado

36. Convento de Carmelitas Descalzos.

37. Convento del Santo Angel o de Gilitos.

38. Colegio de Agustinos Descalzos o Recoletos.

39. Convento de Trinitarios Descalzos.

40. Colegio de los Caraciolos o de Clérigos regulares.

41. Colegio-convento de Mercedarios Descalzos.

42. Convento de Capuchinos, hoy Teatro Cervantes.

43. Convento de San Juan de Dios (Hospitalarios).

44. Colegio-convento de los Agonizantes, hoy casa del Ayuntamiento.

45. Colegio-convento de San Basilio Magno.

46. Oratorio de San Felipe Neri.

47. Convento de San Juan de la Penitencia.

48. Convento de Religiosas Bernardas.

49. Convento de Carmelitas Descalzas de la Imagen, donde vivió y murió sor Luisa de Belén o de Cervantes.

50. Convento de Dominicas de Santa Catalina de Sena.

51. Convento de Agustinas de Santa María Magdalena.

52. Convento de Franciscanas de Santa Clara.

53. Convento de Franciscanas de Santa Ursula.

54. Convento de Carmelitas del Corpus Christi o de las Afueras.

55. Convento de Franciscanas o Beaterio de San Diego.

56. Iglesia Magistral y Parroquia de San Pedro.

57. Parroquia de Santa María la Mayor.

58. Refugio de Santa María la Rica y Casa de Expósitos.

59. Hospital de Nuestra Señora de la Misericordia o de Antezana.

60. Ermita de Santa Lucía.

61. Iglesia parroquial de Santiago.

62. Palacio Arzobispal.

63. Ermita de San Isidro o del Gremio de Labradores.

64. Ermita del Cristo de los Doctrinos.

65. Casa natal de Miguel de Cervantes.

66. Casa de Juan de Cervantes.

-[227]- edad del glorioso héroe de Lepanto; Consuegra (1), donde ya señalamos la existencia de Cervantes ajenos a la rama de nuestro escritor; Sevilla (2), por yerro de un historiógrafo mal enterado; Lucena (3), por una -[228]-

Alcalá de Henares.—Calle Mayor y fachada del Hospital de Antezana. Al fondo, calle de la Imagen y casa «de la Calzonera», que perteneció a Juan de Cervantes.
Alcalá de Henares.—Calle Mayor y fachada del Hospital de Antezana.
Al fondo, calle de la Imagen y casa «de la Calzonera», que perteneció a Juan de Cervantes.

-[229]- tradición no confirmada; Madridejos y Herencia (1), por homónimos sin concordancia; Madrid (2) y Toledo (3), por ser las ciudades de mayor  -[230]- movimiento literario y haber permanecido a menudo en ellas, estante o vecino, el Príncipe de los Ingenios; Esquivias (1) y Córdoba. 

De todas estas atribuciones, la única digna de tomarse en cuenta es la de Córdoba, bien que se apoye en una piadosa mentira (¡quién lo sospechara!) del propio Miguel de Cervantes: mentira explicable y que no acaba de ser mentira, sin que tampoco sea verdad (2). -[231]- 

El hecho de que en ninguna de sus obras literarias expresase claramente el autor del Persiles el lugar de su naturaleza, el retraimiento en que vivió sus últimos años; el silencio que siguió a su muerte, contribuyeron a que contemporáneos suyos desconocieran tan interesante pormenor, y a que no se hiciera en él la luz hasta los descubrimientos de la investigación moderna. 

Y, no obstante, si escritores que le trataron a oyeron hablar de él erraron al indicar su patria, no faltó quien la consignara con certeza, y aun él mismo la declaró con su firma en varios documentos. 

Hoy ya nadie discute el dogma de que Alcalá de Henares es la patria de Miguel de Cervantes Saavedra. Patria natural y patria espiritual. Porque Alcalá es la patria y metrópoli espiritual de España. Madre de Cervantes y madre de genios, madre de reyes, madre de santos y madre de sabios. 

Tales títulos puede ostentar la población edificada en la extensa planicie del Campo Loable, junto a las ruinas de la antigua ciudad romana de Complutum, de que habla ya Plinio en su Historia Natural como existen te en tiempos inmediatos a Pompeyo el Grande y a la que coloca en el número de las ciudades estipendiarlas o tributarias. También la cita Claudio Tolomeo en su Geografía, aunque yerra sus grados. En el Itinerario de Antonino Pío aparece en la ruta de Mérida a Zaragoza. 

La fundación de Compluto probablemente se remonta a la dominación griega: lo infiero de su mismo nombre. Sobre sus principios, más o menos fabulosos, han disertado largamente Ambrosio de Morales en sus Antigüedades de las ciudades de España (1575), Miguel de Portilla en su mentada Historia (vol. I) y otros, que acogieron los falsos cronicones de Flavio y Dextro. Conquistada la ciudad por los árabes, quienes la denominaron Alcalá, y reconquistada al cabo por Alfonso VI, su historia corre ya clara y segura desde que, algunas décadas más tarde, Alfonso VII la donó al arzobispo de Toledo don Raimundo en 1126, quedando así bajo la -[232]-

Alcalá de henares.—Fachada principal de la Universidad.
Alcalá de Henares.—Fachada principal de la Universidad.

-[233]- jurisdicción de la dignidad arzobispal Primada. Sucesivamente adquirió muchos y diversos privilegios, favores, honras, prerrogativas y mercedes reales y episcopales. Por ella pasaron Alfonso VIII, Fernando III y Alfonso el Sabio, de quien es su más antiguo privilegio real, otorgado en 1252, y la merced de exención de servicio, en 1274. 

Sancho el Bravo, que fundó en ella Estudios; Fernando IV, Alfonso XI, que celebró allí Cortes generales, de donde salió, en 1348, el famoso Ordenamiento Real, más generalmente conocido por «Ordenamiento de Alcalá», todos la honraron. Por Alcalá anduvieron don Pedro I de Castilla y don Enrique II. En ella murió don Juan I, al caerse de un caballo, el 9 de Octubre de 1390. Su hijo Enrique III la visitó dos veces, en 1394 y 1395, y en su recinto verificóse la junta de los obispos y cabildos sobre el cisma de Benedicto XIII. También tuvieron aquí juntas Juan II y su madre, así como Enrique IV, que llegó de Madrid atraído por la fama de los milagros de San Diego a poco de su muerte. 

Pero quienes más larga residencia hicieron en Compluto fueron los Reyes Católicos, época de los principales favorecedores de Alcalá, obispos Carrillo, Mendoza y Ximénez de Cisneros. Fernando e Isabel publicaron en la villa las muchas pragmáticas que corren desde 1490 hasta 1503, de las cuales emanaron las leyes de la Nueva Recopilación. Aquí, y es digno de recordarse, vino al mundo el 16 de Diciembre de 1485 la infanta Catalina, luego reina infeliz de Inglaterra, cantada por Shakespeare; aquí se juró por heredera de España a doña Isabel, princesa de Castilla, y aquí nació (10 de Mayo de 1503) el príncipe Fernando, emperador de Alemania. 

Huésped de Alcalá fué varias veces Felipe II, y en su Universidad estudiaron el príncipe don Carlos, don Juan de Austria y Alejandro Farnesio, que alternaban con su compañero de escuelas don Bernardo de Sandoval y Rojas, después cardenal arzobispo de Toledo y favorecedor de Cervantes. Recién casado con doña Isabel de la Paz, estuvo en Alcalá el Rey Prudente en 1559, y a ella volvió en 1562 con motivo de la caída de don Carlos por una escalera (el domingo, 19 de Abril), principio, quizá, de los trastornos cerebrales, si los tuvo, de aquel príncipe. Repitió la visita en 1586, a las fiestas de la canonización de San Diego, trayendo consigo a don Felipe, luego Felipe III, que también volvió en 1615. 

Por último, visitaron mucho a Alcalá Felipe IV y Carlos II. Carlos la reintegró en el antiguo título de ciudad por real cédula expedida en Aranjuez en 5 de Mayo de 1687. 

Esplendor maravilloso el de esta ciudad, la más alegre de las viejas villas castellanas, cortés y acogedora, que así atraía a reyes y a príncipes, y sabía honrar a Francisco I de Francia, agasajándole como huésped de honor y no como prisionero de Carlos V. 

Erigida en sede universitaria por Cisneros, no eran allí ajenas las  -[234]- cátedras y estudios. Ya aludimos a su fundación por Sancho IV. El privilegio, dado en Valladolid, tiene fecha de 20 de Marzo de 1293. Tiempos más tarde se promovía pleito entre Alcalá y las villas de su tierra, por negarse éstas al pago de los maestros de Gramática, Física (Medicina) y Cirugía, y sentenciábase en el castillo de Uceda a 16 de Junio de 1421. En virtud de la resolución, habían de satisfacerse del fondo de Alcalá los salarios de aquellos maestros, juntamente con el de los regidores, procurador y escribano del Ayuntamiento. Se hallaban los Estudios junto a lo que fué convento de la Victoria. 

Otras cátedras debiéronse al arzobispo de Toledo don Alonso Carrillo y Acuña, precursor de Cisneros en su amor a Alcalá. Radicaron en el convento (también fundación suya) de Santa María de Jesús, y fueron tres, creadas todas en 17 de Diciembre de 1473. El año 1504 era oyente de gramática y retórica Tomás García, luego bachiller y noveno colegial de San Ildefonso, que más tarde se llamaría Santo Tomás de Villanueva. 

Cisneros fué enviado por sus padres en 1446 a estudiar aquí la gramática latina (1), y de aquellos años de escolar, cuando aún no se llamaba Francisco, sino Gonzalo, dató su cariño a la villa. 

Desde que en 26 de Julio de 10 se abrieron las escuelas de la célebre Universidad (2) con grandes regocijos y magnificencia, acto que él presidió revestido de pontifical, hasta el 29 de Septiembre de 1547, nacimiento de Cervantes, Alcalá se había transformado profundamente. 

Es ya entonces amplia y capaz. En el recinto de sus muros, de Oriente a Poniente, mide dos mil veintiséis pasos de larga; y de Norte a Sur su anchura es de mil trescientos setenta, compuestos de pies lineales. El suelo ocupa doscientas setenta y siete fanegas, siete celemines y ocho estadales. Tiene acceso por ocho puertas, dos al Oriente, la de Guadalajara, o de los Mártires, y la de los Aguadores, antaño Postigo de Fernán Falcón, camino de Nuestra Señora del Val, buen sitio de romería y esparcimiento para los estudiantes; dos al Poniente, la de Madrid y la de Santa Ana; otras dos al Norte, la de Santiago, que inmortalizará Quevedo, y la de Burgos; y otras dos al Mediodía, la del Vado, llamada en lo antiguo Nueva, junto al Henares, y la de San Julián. 

Los suburbios son lindos, especialmente el arrabal del Angel y la ermita de San Isidro. En el interior, las calles, limpias, espaciosas, -[235]- empedradas. Sobresale la Mayor, con sus muchos soportales, los postes de piedra que antes fueron de madera, trocados por el cardenal Fonseca. Adornan las plazas fuentes de agua clarísima. Encanta la anchurosa del Mercado, por la altura de sus edificios y su balconaje de hierro, desde donde se presencian las justas, torneos, juegos de cañas y otras diversiones frecuentes.

 Alcalá de Henares—Puente de Zulema sobre el río Henares.
Alcalá de Henares—Puente de Zulema sobre el río Henares.
 

El campo rebosa fertilidad en flores y frutos, el cielo es alegre, y las primaveras, templadas, jocundas y saludables. Saliendo al Oriente, recrea los ojos el río, con sus alamedas y la amenísima huerta de Esgarabita; y siguiendo el Henares, al Austro, se hallan varios molinos, la harta grande, el puente de roca bien labrada y arboledas hasta Occidente, que terminan en sotos de mucha caza y la huerta de las Fuentes; y al fin, al Norte, deslízase apacible el arroyo Camarmilla. Sólo turba el hechizo de la visión deleitosa el alto rollo u horca granítica, que se alza fuera de la puerta del Vado, a la derecha del camino de Zulema, frente a la ermita de San Sebastián. 

La villa ha ido creciendo a compás de su Universidad. La tosca fachada de barro del Colegio Mayor de San Ildefonso es ya la incomparable maravilla de piedra salida de las manos de Rodrigo Gil de Ontañón, con sus pilastras platerescas del primer cuerpo, las columnas de orden compuesto del segundo y la esbeltez de los ventanales a uno y otro lado del escuda grandioso. 

El sueño del Cardenal de hierro, se ha traducido; de barro, en piedra, y de materia, en espíritu: el Colegio Mayor cuenta con sus treinta y tres prebendados y doce capellanes. -[236]- 

He aquí a capellanes y colegiales con su manto de paño, túnica de mucho vuelo, con cuatro dedos de alto y beca, el color, de canela, más o menos obscuro, y, sobre el pecho, el escudo de armas de la Universidad. 

Siete son los Colegios menores, para pobres, complemento de ella, fundados el mismo día. Esos veinticuatro colegiales, diez y ocho de teología y seis de medicina, de manto morado y sin beca, son los del Colegio de la Madre de Dios. Mayor número tiene el de Santa Catalina, veinticuatro de metafísica y otros tantos de física, manto también morado y beca con rosca. Se parecen a los de Santa Balbina, sino que estos cuarenta y ocho estudian lógica y súmulas, mitad por mitad. Los colegiales de San Pablo, los de San Eugenio, los de San Isidoro, latinos y griegos, todos llaman la atención por su color morado, que luego se transformó en azul celeste. 

Cuando nace nuestro Miguel, Cisneros ha dejado cuarenta y seis cátedras entre el Colegio Mayor y los siete menores: diez de teología, seis de cánones, cuatro de medicina, dos de anatomía y cirugía, ocho de artes, una de filosofía moral, una de matemáticas y catorce de lenguas, retórica y gramática. 

Pero ¿y las leyes? ¡Ah! El Cardenal es hombre de extraordinario talento; es también legista. Y no quiso que el Derecho Civil perturbara la armonía y serenidad augusta de su Universidad. Los leguleyos podían irse con Bártulo y Baldo a otra parte. 

El 15 de Abril de 1543 hacía su entrada solemne en Alcalá el cardenal arzobispo de Toledo don Juan Martínez Guijarro, que latinizó pedantescamente su apellido en Silíceo. Era hombre fanfarrón y soberbio, aun que docto, y elegía para su entrada el sábado anterior al Domingo de Ramos, como si los pretendiera. En medio del recibimiento triunfal (al que siguieron por la noche luminarias), oyéronse gritos de una mujer, que, simbolizando a la. Jurisprudencia, con la espada desnuda, decía: « ¡óyeme, ilustrísimo prelado! Escucha a una infeliz desterrada y olvidada por el gran Cisneros al fundar su Universidad, no concediéndome lugar entre las demás vecinas..., te ruego que me des cabida en los estudios» (1)

Al día siguiente, la fiesta de las Palmas dijérase consagrada al nuevo arzobispo. Estaban allí la infanta doña María, emperatriz; doña Juana, reina madre de Portugal; doña Leonor de Mascareñas, aya de Felipe II, y el P. Francisco de Villanueva, mandado a estudiar por San Ignacio de Loyola. A la tarde hubo toros. Figuraron en la procesión, especialmente, cuarenta doctores en teología, ocho en cánones, doce en medicina, ciento -[237]- cuarenta maestros en artes, etc., lo que da idea del crecimiento que había experimentado ya la villa universitaria. Mas esto era prólogo sólamente de una mayor grandeza. 

En los días de su apogeo, cuando Alcalá cuenta con los cinco mil estudiantes de que habla Cervantes en el Coloquio de los perros Cipión y Berganza, tiene tres parroquias de pila bautismal, cinco hospitales, once ermitas fuera de los muros, y tres dentro, y cincuenta y dos colegios y conventos. Como la Universidad atraía a cuantas comunidades amaban la ciencia, apresuráronse a fundar colegies las más.

 Alcalá de Henares.—La «gran cuesta Zulema», como la llama CERVANTES, inmortalizada en el Quijote (I, XXIX) con la leyenda del moro Muzaraque.
Alcalá de Henares.—La «gran cuesta Zulema», como la llama Cervantes,
inmortalizada en el Quijote (I, XXIX) con la leyenda del moro Muzaraque.

La villa es ahora una sinfonía de torres, porque las tienen los colegios, los conventos, las iglesias, las ermitas, los hospitales. Parece un inmenso convento y es un inmenso colegio: a la vez un relicario de santos, y al tiempo un plantel de sabios. Torres gallardas, cúpulas imponentes, airosas espirales, lindísimas linternas. Y voces metálicas con toda la gama de sonidos, que presiden las sonoras campanas de San Ildefonso, nostalgias en bronce de las glorias un día en Orán. 

Ved aquí una oficina singular del pensamiento, una vasta forja del espíritu. Se hablan todas las lenguas, las clásicas, las orientales y las vivas. Se examinan todos los problemas científicos, todos los misterios teológicos, todas las conquistas del método experimental, Allí está el códice, la esfera -[238]- y la retorta, la espátula, el compás y el tetragrama. Las torres mismas son otra rama de la Universidad. La ciencia y el arte viven allí felices, y la muerte parece una amenaza irreal. La propia vejez respira juventud entre la juventud, y una y otra entonan un himno triunfal a la vida. Allí se corona a los vates: Arias Montano recibe el laurel en 1551, y las enseñanzas de Cipriano de la Huerga despiertan en Fray Luis de León la levadura oriental de sus antepasados. Las riberas del Henares se pueblan de ninfas y de pastores. Mateo Alemán sólo aquí será optimista. Por ello, sólo aquí podía nacer el Regocijo De Las Musas (1). -[239]- 

En 1547 los conventos ce trapes no pasan todavía de circo, y los de monjas son pocos. Señorea las iglesias el magnífico templo de la Magistral, en el mismo sitio de la primitiva parroquia de Alcalá, antaño ermita de los Santos Niños Justo y Pastor (de que tomó el nombre), elevada a colegiata en 1479 por el arzobispo Carrillo y reedificada por el cardenal Cisneros. 

Existen entonces la ermita de San Juan de los Caballeros, de venerable antigüedad, pues se cita en 1268. Más antigua era la primitiva iglesia parroquial de Santa María de Jesús, o la Mayor, que funcionaba ya en tiempos del arzobispo don Gutierre (1250), trasladada después y fundida con la anterior, como se dirá luego, en 1449. También existía la parroquia de Santiago (1501), el hermoso convento de Santa Clara (1515, pero fundado en 1487), y diversos santuarios y ermitas, entre ellas la muy airosa de Santa María del Val, a la que siguieron San Lázaro, San Roque, Santa Rosa, junto con el Angel de la Guarda, y el convento de Santa Ursula. De los hospitales, los más antiguos eran el de Santa María de la Rica (1322) y el de Luis de Antezana (1483). Asimismo ganaba en antigüedad a los colegios, después de los menores, el celebérrimo Trilingüe, fundado por el Mayor en 1528, que en 1557 se edificó en otro lado. Constaba de treinta colegiales pobres, doce de latín, doce de griego y seis de hebreo. Usaban manto morado, luego azul, con beca de grana color carmesí, beca los bachilleres y capirote los licenciados. Siguieron el colegio de Trinitarios Calzados (1525), el primero que se incorporó a la Universidad; el de Santiago (1528), y el de  -[240]- Santo Tomás (1529), desaparecido pronto para construirse de nueva planta.

 Alcalá de Henares.—Sitio donde una falsa tradición coloca la casa en que nació CERVANTES.
Alcalá de Henares.—Sitio donde una falsa tradición coloca la casa en que nació Cervantes.

No había más colegios ni conventos en el momento de nacer Miguel de Cervantes, con excepción del de la Compañía de Jesús (1546), cerca de la ermita de los Doctrinos, donde permaneció hasta 1549, en que se mudó al espléndido edificio de la calle de los Libreros; pero en seguida se fundaron: el de San Felipe Neri, o del Rey (1551), en que estudió don Francisco de Quevedo, cuyos colegiales usaban manto de paño pardo y beca azul turquí; el de San Juan Bautista, o de Vizcaya (1563), manto y beca blancos; el de los Manriques (1570), donde asistió Lope de Vega, que llevaría hábito negro con mangas y capirote de paño; el de Carmelitas Descalzos, fundado en el mismo año; el de dominicos de la Madre de Dios y el de Franciscanos Descalzos (1576); el de Carmelitas Calzados (1577); el de Lugo (1578), manto encarnado, capirote de paño y beca; el de Mena (1582), manto de paño con manchas, el de San Clemente (1598), manto y beca de paño buriel; y, en fin, el de Tuy, el de León, el de San Nicolás de Tolentino, el de la Merced, el de Capuchinos (1618), que no se trasladó a la calle de Santiago hasta 1659 (1); el de Santa Justa y Rufina, el de Aragón, el de Irlandeses, el de Santa Balbina, el de San Isidoro, el de San -[241]- Cosme y San Damián, el de Agustinos Calzados, el de Caraciolos, el de San Eugenio, el seminario de la Concepción, el de Nuestra Señora del Prado, etc. 

Era una gama completa de colores la visión conjunta de los distintos colegiales, que, desde el morado severo establecido para los mantos y becas por el insigne Cardenal, había ido pasando al azul celeste, al azul turquí, al blanco, al negro, al pardo, al carmesí, hasta desembocar en el encarnado rabioso, con beca morada y bonete negro cuadrado, de los del Colegio de Málaga (1610), superado todo por los del de Santa Catalina, o de los Verdes (1626), con su manto verde, beca color de rosa y bonete negro. ¡Lindos estarían! Sin duda buscaban la competencia con el atuendo de papagallo de los soldados. Era achaque de la época la profusión de colorines (¡para que historiadores de luto hablen de los siglos negros!), y de aqui podemos inferir el espectáculo abigarrado y único de aquella enorme grey estudiantil en las calles de Alcalá.

 Alcalá de Henares.—Detalle del Paraninfo de la Universidad.
Alcalá de Henares.—Detalle del Paraninfo de la Universidad.

Todavía crecieron los conventos y hospitales: el de la Concepción, de que se hace particular referencia; el de los Mínimos, el de Corpus Christi, el de las Bernardas, el de Agonizantes, el de las Magdalenas, el de Recogidas, el hospital titulado convento de San José y San Juan de Dios, etc. 

Pero con ser tan intensa la vida religiosa, ella misma, y con ella toda. Alcalá, supeditábase por completo a la vida estudiantil. El año escolar se contaba desde la festividad de San Lucas, 18 de Octubre. En tal fecha dábanse edictos, firmados por el rector de la Universidad y refrendados del secretario, en las dos puertas principales del insigne Colegio de San Ildefonso, por los que se mandaba a todos los estudiantes graduados o no, que se matriculasen dentro de los seis días siguientes, so pena de no valerles -[242]-

Alcalá de Henares.—Patio de la Universidad con la estatua del fundador, Ximénez de Cisneros.
Alcalá de Henares.—Patio de la Universidad con la estatua del fundador, Ximénez de Cisneros.

-[243]- los cursos. Habían de jurar obediencia al rector in rebus licitis et honestis, conforme a las constituciones (1)

Si el escolar, por ejemplo, era de Artes (la matrícula más socorrida) y aspiraba a graduarse de bachiller, había de aprobar cuatro años. En el primero solía estudiarse la Lógica Parva por el libro de Pedro Hispano. El segundo se dedicaba a la Magna de Aristóteles, y leíanse sus Antepredicamentos y Predicamentos, Perihermeneias, Posteriores, Tópicos y Elencos, sin contar los Predicables de Porfirio. Se invertía el tercer año en la Física, o Filosofía natural, del mismo Aristóteles, y se remataba el último curso con sus Metafísicos, el cual podía ganarse desde San Lucas a la Purificación de Nuestra Señora, En esta fiesta daban ya principio las tentativas de reválida. Para la licenciatura se oían seis libros de Filosofía moral, y en el día de San Ambrosio comenzaban los exámenes. Las Matemáticas estudiábanse por Euclides, Tolomeo, Alfonso el Sabio, Gema Frigio, Oroncio, Sacrobosco y Curbaquio. A fines de Marzo tenían lugar dos conclusiones públicas, a estilo de la Universidad de París. 

¡Noche memorable aquella en que se conferían los grados! Recibíase la licencia en el templo colegial de San Justo y Pastor. Sentados los aspirantes, el canciller suscitaba una cuestión expectatoria, a la que respondía el segundo de los bachilleres. Cuando concluía, el primero pronunciaba una elegante oración en alabanza de las artes liberales. Cerraba el acto, con igual elocuencia, el canciller, que les recibía juramento y hacía licenciados en virtud de facultad apostólica. Dábanse gracias a Dios y un hacha de cera al canciller, amén de propinas al rector, catedráticos, examinadores, secretarios, bedeles, maestro de ceremonias y contador. Entregábanse, además, algunas monedas para las arcas del colegio de la Facultad y de la promovida beatificación de Cisneros, y nueve florines de derechos. Y solemnizábase todo con música de ministriles, trompetas y atabales. 

Los escolares suspensos, escurríanse por la puerta excusada de un patio, que todavía se muestra en el Colegio Mayor. Pero la Universidad de Alcalá, si más pobre, era más estudiosa, más renacentista, para decirlo exactamente, que la de Salamanca. Aquí no se dió nunca aquel deprimente adagio: Graecum est: non legitur. 

Era de ver el enjambre estudiantil saliendo de los colegios mayores y menores, detenerse formando grupos o reunirse de dos en dos. Unos repasan la lección en medio del peristilo, otros discuten entre sí. Éstos permanecen parados, aquéllos pasean. El ruido de las disputas, el murmullo de las voces atruena el amplio patio central, todo de piedra, y repercute en los claustros bajo y principal, sostenidos por bellas columnas dóricas; o -[244]- en el incomparable Trilingüe, construído por Pedro de la Cotera, que da entrada al Paraninfo. A todos les enciende el ardor por conquistar los mejores puestos. 

Los regentes o maestros (como se llamaba a los profesores) daban tres lecciones de a hora cada día, tenían dos reparaciones y conclusiones de treinta minutos, y habían de estar al poste oyendo las dificultades y preguntas que les formulaban. Aguzábanse los entendimientos más torpes y convertíanse en sutiles y profundos, con tantos ejercicios orales, tantas cuestiones, tantas argumentaciones, réplicas, contrarréplicas, defensas y pruebas de todo género. 

La Universidad dispone también de teatro escolar. En é1 se iniciarán los futuros actores y dramaturgos, y él contendrá en germen las conquistas posteriores del teatro público. 

Anejada por Cisneros al Colegio Mayor, como prolongación de él, se alza una iglesia, que, entre todas las de Alcalá, ha de llamar preferentemente nuestra atención: aquella en que recibió aguas bautismales nuestro inmortal Miguel. No salió Cervantes alumno de esta Universidad, porque los genios desafían las Universidades; pero salió cristiano de un anejo de ella. 

La iglesia de Santa María era en lo antiguo muy diminuta y distante del comercio. Lindaba al Oriente con la muralla, cerca de la Puerta de Guadalajara, que después se llamó de los Mártires. Al trasladarse a la ermita de San Juan de los Caballeros en la Plaza del Mercado, retuvo su primitivo título de Santa María la Mayor y quedó de parroquia (1449), dejándose entonces a la antigua iglesia parroquial como ermita con título de Santa María de Jesús. 

En 1547, la capilla mayor (la mejor y más capaz de la iglesia) sólo tenía un altar. Era fundación y entierro de Luis de Antezana, donde yacían. su cadáver y el de su esposa doña Isabel de Guzmán, al lado del Evangelio: sitio el más retirado del templo, con poca luz. 

Ya adelantamos que la ermita de San Juan de los Caballeros, ampliada al trasladarse a ella Santa María, era de tanta antigüedad, que se menciona en 1268. El incendio y destrucción que sufriera en 1936, lo mostró claramente, por el trozo de tapia antiquísima que dejó al descubierto. 

Toda esa parte de la parroquia, antes ermita (la mitad de la iglesia, poco más o menos), se hallaba tan ruinosa y ruda por los días del bautizo de Miguel, que desde 1550 comenzó a derribarse, y los entierros de la capilla mayor se trasladaron a capillas particulares y nichos. Entonces los herederos de Antezana edificaron de nuevo su capilla y entierros en 1550, componiendo y añadiendo la capilla mayor vieja y retirando de ella los sepulcros que había. Otros sepulcros quedáronse en lo escondido de la parte edificada y renovada. Se tapó la capilla del Relator u Oidor (donde coloca -[245]- la tradición la pila de bautismo de Cervantes) y quedaron los vestigios de una que fué capilla de San Juan. En fin, dejóse tapiado, como escribe Portilla, «lo que no tuvo algún interesado en ello».

Alcalá de Henares.—Ruinas de la iglesia de Santa María la Mayor, donde fué bautizado CERVANTES. Así estaban el 9 de Diciembre de 1940, fecha de la fotografía.
Alcalá de Henares.—Ruinas de la iglesia de Santa María la Mayor, donde fué bautizado Cervantes.
Así estaban el 9 de Diciembre de 1940, fecha de la fotografía.
 

Y yo pregunto: ¿es posible que la pila donde fué bautizado Cervantes permaneciera en 1547 en una capilla ruinosa como la del Relator? Lo lógico es que trasladasen la pila bautismal (si allí se encontraba) a sitio más seguro, como forzosamente habrían de hacerlo en 1550, pues la capilla quedó tapiada (1). Así, dudo que en ella estuviese entonces la -[246]-

Alcalá de Henares.—Capilla del Oidor y pila bautismal de CERVANTES, tal como se conservaban en los siglos XVIII y XIX.
Alcalá de Henares.—Capilla del Oidor y pila bautismal de Cervantes,
tal como se conservaban en los siglos XVIII y XIX.

(Grabado de La Ilustración de Madrid, año 1872, pág. 110.)

-[247]- pila bautismal. Y desde luego puede tenerse por seguro que, a lo menos, su hermano Rodrigo no recibió aquí las aguas regeneradoras.

Alcalá de Henares—La capilla del Oidor y la pila bautismal de CERVANTES, según fueron restauradas por el arquitecto Luis María Cabello Lapiedra en 1905, y destruídas en 1936.
Alcalá de Henares—La capilla del Oidor y la pila bautismal de Cervantes,
según fueron restauradas por el arquitecto Luis María Cabello Lapiedra en 1905, y destruídas en 1936.
 

Prosiguieron los trabajos de reedificación, y por el año 1553 se intentó convertirla iglesia en templo grandioso con las limosnas recogidas de particulares, de la Universidad y del Ayuntamiento. Según Portilla (Hist. I, página 239), «sólo tuvo efecto la capilla y lo correspondiente a ella de las dos naves que la cogen en medio, porque habían de ser tres...; trájose toda la piedra, que es blanca, de la cuesta Zulema y se labró de sillería hasta la altura, que es mucha; el celo de su buen cura, don Diego Alvarez, suplió no ha mucho la deformidad que hacía lo antiguo..., poniendo en su lugar, de obra moderna de ye, sería, lo que, aunque no corresponde a la planta empezada..., hace un conjunto muy digno de verse».

La torre, de principios del siglo XIX, es del peor gusto. En 1905, con motivo del tercer centenario de la publicación del Quijote, la capilla del Oidor, de lindo estilo mudéjar, fué artísticamente restaurada por el arquitecto don Luis María Cabello Lapiedra. En 1936 (y pena grande es volverlo a recordar), la revolución, que destruyó todos los templos de Alcalá de Henares, incendió igualmente Santa María; redujo a pedazos la pila famosa, y de la iglesia no quedaron en pie sino las paredes maestras y la torre. Las fotografías que acompañan el texto ilustran suficientemente sobre el estado antiguo de la capilla del Oidor, sus modificaciones, las ruinas del templo al correr de los años y la reedificación de aquélla. Se ha construído una nueva pila, pero sin ningún material de la anterior. 

Hoy Alcalá sólo es sombra de lo que fué. La decadencia general de España, profetizada ya a principios del siglo XVII por el cardenal -[248]-

Alcalá de Henares.— La iglesia de Santa María, en derribo sus ruinas (Agosto de 1947).
Alcalá de Henares.— La iglesia de Santa María, en derribo sus ruinas (Agosto de 1947).

-[249]- Sandoval y Rojas (1); visible desde mediados del mismo; en precipitación violenta durante todo el XVIII y tiempos posteriores, alcanzó de lleno a Compluto. La proximidad de Madrid, el incumplimiento constante, tanto por el Colegio Mayor como por la Municipalidad, de lo ordenado en sus estatutos o convenido en las concordias; el desmesurado aumento de la población monástica, que producía la disminución de la ciudad y el daño de los colegios menores y seglares (algunos de los cuales habían cerrado ya sus puertas), todo fué causa de que la villa, tan populosa dos siglos antes, en Julio de 1766 contara solamente con la espantable cifra de mil veintitrés vecinos; y que la Universidad, de su floreciente legión de siete mil estudiantes, no tuviera en 1786 sino cincuenta y dos matriculados.

Alcalá de Henares.—Puerta del claustro del Palacio arzobispal, Archivo Central y de Protocolos, destruídos por un incendio en 11 de Agosto de 1939.
Alcalá de Henares.—Puerta del claustro del Palacio arzobispal,
Archivo Central y de Protocolos, destruídos por un incendio en 11 de Agosto de 1939.
 

Poco a poco fué reponiéndose Alcalá, y ya parecía levantarse, cuando la guerra civil le asestó tan duro golpe. Pero deber es de España que la ciudad mártir surja de nuevo como merece, por haberle dado tantos días de gloria y ser la cuna del más grande de sus hijos. Ciudad que produjo a Cervantes y al Arcipreste de Hita, y de cuyo seno universitario salieron diez y ocho cardenales de la Iglesia romana, veintinueve asesores del Tridentino, gobernadores de Castilla, arzobispos, santos, prebendados ilustres, médicos insignes, consejeros de España y genios de las letras, viva perenne. Aun despojada de su Universidad (transferida a Madrid por -[250]-

Alcalá de Henares—Restos de la iglesia de Santa María en reconstrucción para reedificar la capilla del Oidor.
Alcalá de Henares—Restos de la iglesia de Santa María en reconstrucción para reedificar la capilla del Oidor.

-[251]- decreto de 29 de Junio de 1821 y definitivamente en 1836), aun sin templos y sin archivos, Alcalá puede competir todavía con las mejores ciudades españolas. Su censo alcanza hoy la cifra de 18.000 habitantes, su agricultura es próspera; sus medios de comunicación, numerosos, sus calles, un centenar, amplias y limpias; sus parques y jardines, incomparables; su cielo, purísimo; su cortesía, única. 

Volvamos ahora a 1547, cuando la villa se rige por su nuevo Fuero de 6 de Febrero de 1509. En él se dispone que los jornaleros y collazos (mozos de labranza) vayan a su trabajo hora y media después de salir el Sol hasta que se ponga, pena de perder el jornal; se prohibe el juego de naipes a dinero seco, a no ser cosa comestible moderada, y se veda total mente el de los dados. Mas «allá van leyes»..., etc. Las de Cisneros respecto de este punto, dijéranse letra muerta para los estudiantes. El vicio sentó allí pronto su real; y mientras los primeros lloros de Miguel se dejaban sentir en la calle de la Imagen, muy cerca, junto al arco de la Puerta de Santiago, tenía Vilhán altar de privilegio. Las pendencias y estocadas nocturnas sonaban frecuentes, y alguna vez sería llamado el zurujano Rodrigo de Cervantes para entablillar un brazo roto, aplicar vetosas o sanguijuelas, o tomar la sangre a tal o cual herido. La mancebía no faltaba. Valía a cuarto, y hervía siempre de estudiantes, rufianes y pícaros, con su cortejo de daifas. Años después la recordaba Quevedo: 

... Dios perdone al «padre» Esquerra,
pues fué su paternidad
mi suegro más de seis años
en la «cuexca» de Alcalá,

en el mesón de la ofensa,
en el palacio mortal,
en la casa de más «cuartos»
de toda la cristiandad... 

Y en otra jácara —que yo publiqué primeramente— (1) narra una escena atroz allí ocurrida.

Al olor estudiantil, los mercaderes, cambios, prestamistas y usureros (que todo es lo mismo) prosperaban. También había copia de otra gentuza (oigamos aún a Quevedo), «de los que creen en Dios por cortesía, o sobre falso: moriscos los llaman en el pueblo, que hay muy grande cosecha -[252]- desta gente y de la que tiene sobradas narices y sólo les faltan para oler tocino». Y agrega, en elogio de los caballeros de Alcalá: «Digo esto, confesando la mucha nobleza que hay entre la gente principal, que cierto es mucha» (1). Los moriscos tenían a su cargo las posadas, mesones y ventas. Era famosa por sus latrocinios la de Viveros, en el camino de Alcalá a Madrid, cantada satíricamente por Juan Ruiz de Alarcón:

Venta de Viveros,
dichoso sitio,
si el ventero es cristiano
y es moro el vino.
Sitio dichoso,
si el ventero es cristiano
y el vino es moro (2).

 Alcalá de Henares.—Escalera del Archivo Central y de Protocolos, donde desapareció una riquísima documentación cervantina en el incendio de 11 de Agosto de 1939.
Alcalá de Henares.—Escalera del Archivo Central y de Protocolos, donde desapareció una riquísima documentación
cervantina en el incendio de 11 de Agosto de 1939.

 

La visitaban mucho los estudiantes, como se colige de Luján de Sayavedra: «Lo que por aquí adquiría gastaba en meriendas a Nuestra Señora -[253]- del Val y viajes a Madrid con algunas hembras y otros mancebitos de tan buenas costumbres como yo, Venta de Viveros y juego largo» (1)

Los judíos vivían en la calle Mayor y sitios adyacentes. Cerca tuvieron antaño la Sinagoga (o Sinoga, como la llamaban), frente al hospital de Antezana.

 Alcalá de Henares.—Ermita de Nuestra Señora del Val, construida sobre los cimientos de la antigua, evocadora de la vida estudiantil en los siglos clásicos.
Alcalá de Henares.—Ermita de Nuestra Señora del Val, construida sobre los cimientos de la antigua,
evocadora de la vida estudiantil en los siglos clásicos.

Nadie ha escrito con tanto garbo como Quevedo en su Buscón las travesuras de los estudiantes en Alcalá. Mas nadie tampoco ha evocado la dulzura de aquella vida con el primor y delicadeza que Mateo Alemán en su Guzmán de Alfarache (2). Para él no hay existencia más sosegada, más libre, más entretenida, más gustosa. El estudiante va recapacitando por la fresca ribera del Henares sin sentir soledad. Si quiere amigos, halla los que ha menester. Si le apetece la bulla, ninguna fiesta se igualará ron el correr de un pastel, rodar un melón o volar una tabla de turrones. Puede dar una música o una matraca, gritar una cátedra o levantar en el aire una -[254]- guerrilla. Porque nada se hace en el mundo con el encanto que en las escuelas de Alcalá. Ni existen ingenios tan floridos en artes, en medicina, en teología. ¡Los ejercicios de los colegios Teólogo y Trilingüe! ¡La hermandad de todos y el buen trato! Y ¡qué disciplina en la música, en las armas en danzar, en correr, saltar y tirar a la barra! Allí se hace de obispillos, se da la novatada, se saca la patente, no se deja libro seguro, ni manteo sobre los hombros. Si tarda el recuero, se empeñan las prendas; unas van a la pastelería, otras a la tienda, los Escotos saludan al buñolero; los Aristóteles, la taberna, y todo desencuadernado. Por lo demás, un orden magnífico: la cota aparece entre los colchones, la espada debajo de la cama, la rodela anda por la cocina y el broquel hace de tapadera de la tinaja. 

Rodrigo de Cervantes socorrerá alguna vez con su ciencia quirúrgica de «las cuatro enfermedades» (1) a la mesnada estudiantil. Sino que hay tantos médicos y cirujanos en Alcalá, que la vida se le va haciendo imposible. Allí pueden medrar los facultativos ilustres, los catedráticos del Colegio Mayor de San Ildefonso, Francisco de Valles, Cristóbal de Vega y otros. Los platicantes y médicos romancistas como él, tienen poca clientela; y, sobre poca, ésta posee escasos medios para una razonable retribución, cuando no la discute. 

Había, efectivamente, muchos médicos en Alcalá, y más todavía apuntaban (2). El enjambre de doctores y licenciados llegó a ser tan terrible, -[255]- que los procuradores en Cortes acabaron por quejarse de que «estaba el Reino lleno de personas que curaban faltos de letras y de experiencia, en notable perjuicio y daño de sus súbditos y naturales» (1). No escampó, sin embargo; antes llovió en aumento. El propio Miguel de Cervantes dirá años después, en el Coloquio de los perros Cipión y Berganza, refiriéndose à Alcalá, «que de cinco mil estudiantes que cursaban aquel año [¿1605?] en la Universidad, los dos mil oían Medicina». Y comenta: «Infiero, o que estos dos mil médicos han de tener enfermos que curar (que sería harta plaga y mala ventura), o ellos se han de morir de hambre». Pero la medida de aquella excrescencia la dará también Mateo Alemán en su Guzmán de Alfarache (Parte II, lib. 2, cap. VII): «Diré aquí sólamente que hay, sin comparación, mayor número de ladrones que de médicos».

 Firma del doctor Francisco Díaz. (Madrid, 1.<sup>o</sup> de Abril de 1572.)
Firma del doctor Francisco Díaz. (Madrid, 1.o de Abril de 1572.)

La perspectiva que se ofrecía a Rodrigo de Cervantes era, pues, trágica. Y a poco vino a agravarse con el nacimiento de Rodrigo. Fué éste bautizado en la tantas veces expresada iglesia de Santa María la Mayor (entonces en obras de reparación, como acabamos de ver) el 23 de Junio de 1550, por el bachiller Juan García, y actuó de padrino de pila el doctor Gil Verte y de testigos Francisco Díaz y Pedro Vallejo (2). -[256]-

Partida de bautismo de Rodrigo de Cervantes (la última de la hoja), hermano del autor del Quijote.
Partida de bautismo de Rodrigo de Cervantes (la última de la hoja), hermano del autor del Quijote.

-[257]- Ignoramos quién fuera ese doctor (seguramente en Medicina) Gil Verte, así como Pedro Vallejo, quizá algún cirujano compañero de Rodrigo. Francisco Díaz podría ser (y esto sólo va a título de conjetura) el posteriormente famoso Francisco Díaz, doctor en Medicina y maestro por la Universidad de Alcalá (1). De todas suertes, el doctor Francisco Díaz (se trate o no de la misma persona) tuvo amistad con Miguel de Cervantes (probablemente por haberla tenido con su padre en Alcalá), quien le entregó un soneto para su obra Tratado nuevamente impreso de toda las enfermedades de los riñones, vexiga, etc. (Madrid, 1588.) 

En la fecha del bautizo de Rodrigo, el futuro doctor Díaz sería aún estudiante sin graduación universitaria, y por eso no consta en la partida. En caso contrario, el Francisco Díaz alude a diferente persona, sin que excluya que el doctor pudiera tener amistad con Rodrigo de Cervantes por motivos profesionales o por otra causa. 

Como quiera que fuese, los nombres del doctor Gil Verte, del famoso doctor Francisco Díaz, amigo de Miguel, y del no menos célebre Cristóbal de Vega, testigo en favor de Rodrigo de Cervantes (como vimos v veremos aún), arguyen contacto con personas de la profesión de éste, siquiera él no pasara de pobre «zurujano» y a sus amigos les levantara prodigiosamente su talento y su fortuna. 

Si no le ayudaron, o si su sordera, como creemos, le impidió prosperar en su arte (sólo bien retribuído cuando se trataba de doctores como -[258]- Miguel Juan Pascual, Julián de Cuesta, Montemayor, Juan Fragoso, Antonio Pérez, etc.), lo cierto es que Rodrigo de Cervantes, cargado de familia y escaso de recursos, sintió la triste necesidad, para sacarla adelante, de abandonar Alcalá y buscar mejor acomodo en la Corte, a la sazón en Valladolid. 

A la edad de tres años y medio comenzaba ya a peregrinar (ejercicio a que estará condenado sin remisión toda la vida) Miguel de Cervantes.  

Veíase compelido a salir de su propia tierra, «que esta que llaman necesidad (dirá un día en el Quijote, II, XXIII) adonde quiera se usa, y por todo se extiende, y a todos alcanza».

 

 

   Vida ejemplar y heroica de Miguel de Cervantes Saavedra
     Luis Astrana Marín
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