{"id":39,"date":"2018-11-09T13:17:08","date_gmt":"2018-11-09T13:17:08","guid":{"rendered":"https:\/\/www.publiconsulting.com\/wordpress\/calderon\/?post_type=chapter&#038;p=39"},"modified":"2018-11-09T13:17:08","modified_gmt":"2018-11-09T13:17:08","slug":"5-poeta-en-la-sombra-calderon-poeta","status":"publish","type":"chapter","link":"https:\/\/www.publiconsulting.com\/wordpress\/calderon\/chapter\/5-poeta-en-la-sombra-calderon-poeta\/","title":{"rendered":"5. Poeta en la sombra. Calder\u00f3n poeta"},"content":{"raw":"RICARDO SENABRE (2000)\r\n\r\n<img src=\"https:\/\/www.elcultural.com\/imgBd\/20000102\/ESPECIAL\/img\/17866_1.jpg\" onload=\"Ajustar(this);\" class=\"aligncenter\" \/>\r\n<p style=\"text-align: center;\"><em>Ilustraci\u00f3n de Grau Santos<\/em><\/p>\r\nLa fama de Calder\u00f3n se debe esencialmente a su obra dram\u00e1tica, ensalzada ya desde el siglo pasado por la cr\u00edtica alemana de estirpe rom\u00e1ntica. Pero el Calder\u00f3n poeta siempre queda en penumbra. Como la mayor\u00eda de los poetas del Siglo de Oro, desde Fray Luis de Le\u00f3n o Baltasar de Alc\u00e1zar hasta Cervantes, Quevedo y G\u00f3ngora, Calder\u00f3n muri\u00f3 sin haber publicado su poes\u00eda. Me refiero, claro est\u00e1, a su poes\u00eda exenta, no a los sonetos, romances o villancicos integrados en dramas y comedias. El caso es que todav\u00eda no poseemos una edici\u00f3n de la poes\u00eda calderoniana ajena al teatro. El hecho es escandaloso, y supera con creces la injusticia cometida con Baltasar de Alc\u00e1zar, muerto en 1606 y de cuya obra po\u00e9tica no existe una recopilaci\u00f3n -muy deficiente e insatisfactoria por otra parte- hasta 1856. Para no hablar de Cervantes, entre cuya muerte (1616) y la edici\u00f3n de sus poes\u00edas (1916) median tres siglos. Con tantos retrasos en la publicaci\u00f3n -y hay m\u00e1s ejemplos similares- no es extra\u00f1o que muchos textos se hayan perdido y otros se conserven en copias inseguras y sin garant\u00eda.\r\n\r\nLa poes\u00eda suelta de Calder\u00f3n que hoy conocemos -ignoramos qu\u00e9 puede haber en manuscritos no explorados- se reduce a diez o doce sonetos y d\u00e9cimas de car\u00e1cter laudatorio impresos en los preliminares de libros ajenos y a unas cuantas composiciones aparecidas en libros miscel\u00e1neos: justas po\u00e9ticas, antolog\u00edas de diversos autores, etc\u00e9tera. Hay algunos poemas religiosos en el volumen colectivo titulado Varias centellas de amor divino, compuestas por los mejores ingenios de Espa\u00f1a (1656), o en otro an\u00e1logo, Avisos para la muerte, escritos por algunos ingenios de Espa\u00f1a (1672). Algunos romances amorosos figuran en otro volumen miscel\u00e1neo: Delicias de Apolo (1670). Se trata de una poes\u00eda poco personal, que constituye, sin embargo, una muestra acabada de ret\u00f3rica barroca. Se advierte, por ejemplo, en el uso constante del retru\u00e9cano -esto es, la contraposici\u00f3n de dos enunciados con las mismas palabras pero con distinto orden-, que Unamuno llam\u00f3 despu\u00e9s \u201cinversi\u00f3n de sentido\u201d. En un romance a la penitencia de San Ignacio leemos: \u201cTodo en amor te transformas,\/ porque vives en Dios todo\/ con una gloria amorosa\/ y con un amor glorioso\u201d. Y en unas \u201cD\u00e9cimas a la muerte\u201d de car\u00e1cter asc\u00e9tico escribe Calder\u00f3n: \u201cDesde el nacer al morir\/ casi se puede dudar\/ si el partir es el parar\/ o el parar es el partir\u201d. El mismo artificio puede anotarse en el romance religioso \u201cL\u00e1grimas que vierte el alma arrepentida\u201d: \u201c\u00bfQu\u00e9 m\u00e1s ejemplo que yo,\/ a este letargo rendido,\/ pues vivo al tiempo que muero\/ y muero al tiempo que vivo?\u201d Y tambi\u00e9n: \u201c\u00a1Oh cu\u00e1nto el nacer, oh cu\u00e1nto\/ al morir es parecido,\/ pues si nacemos llorando\/ tambi\u00e9n llorando morimos!\u201d\r\n\r\nEstas aparentes contraposiciones acaban por descubrir parad\u00f3jicamente una identidad. As\u00ed, en la misma composici\u00f3n a que pertenecen los \u00faltimos versos se lee: \u201cAhora, Se\u00f1or, ahora\/ que ya este humano edificio\/ en el polvo de su fin\/ se reduce a su principio...\u201d El cuerpo (\u201ceste humano edificio\u201d) llega a su fin. Cuando se convierta en polvo retornar\u00e1 a su principio. No es necesario subrayar que estamos ante una variante del \u201cPulvis es et in pulverem reverteris\u201d, pero s\u00ed advertir la ecuaci\u00f3n entre \u201cfin y principio\u201d, porque es caracter\u00edstica de los juegos conceptuales e idiom\u00e1ticos del Barroco, basados a menudo en la contraposici\u00f3n e identificaci\u00f3n de contrarios: cuna\/sepultura, risa\/llanto, vida\/ muerte, alegr\u00eda\/ dolor. Ya advierte Graci\u00e1n en El critic\u00f3n, por boca de Critilo: \u201cTodo este universo se compone de contrarios y se concierta de desconciertos\u201d. Al glosar la figura de Isidro, labrador y santo, se establece una equiparaci\u00f3n entre cielo y tierra: \u201cLos campos de Madrid ya cielos bellos\/ y los cielos de sol campos hermosos\/ eran con los opuestos resplandores,\/ porque asistiendo o cultivando en ellos,\/ ya labrador, ya esp\u00edritus dichosos,\/ campos de estrellas son, cielo de flores\u201d.\r\n\r\nEn el teatro, todo se supedita a la acci\u00f3n y al di\u00e1logo. En raras ocasiones, aparecen poemas exentos, aunque, de acuerdo con el modelo de Lope, puedan surgir unos m\u00fasicos que entonan una canci\u00f3n popular, o un personaje se a\u00edsle en un soliloquio con un soneto. Pero, junto a estos casos, hay largas tiradas de versos puramente funcionales, que sirven tan s\u00f3lo para sostener el di\u00e1logo y donde apenas brota la flor de una met\u00e1fora. Lo estrictamente po\u00e9tico cede paso muchas veces a un despliegue de artificios ret\u00f3ricos que alejan el lenguaje de cualquier impresi\u00f3n de naturalidad. Hay frecuentes paralelismos, a veces resueltos en construcciones correlativas, donde los elementos enumerados aisladamente se recogen al final de un solo verso, como en La ni\u00f1a de G\u00f3mez Arias: \u201c\u00bfQu\u00e9 fiera la m\u00e1s inculta,\/ qu\u00e9 ave la m\u00e1s ligera,\/ qu\u00e9 planta la m\u00e1s silvestre\/ no ama? Pues \u00bfqu\u00e9 mucho tenga\/ y afectos que no perdonan\/ la planta, el ave y la fiera?\u201d Ejemplos m\u00e1s complejos son frecuent\u00edsimos en el teatro de Calder\u00f3n -y en poemas sueltos como el soneto a un altar de Santa Teresa-, sobre todo en esos remansos de la acci\u00f3n en que un personaje se acerca al proscenio para recitar un mon\u00f3logo. All\u00ed residen tambi\u00e9n las acu\u00f1aciones m\u00e1s innovadoras, que cristalizan en met\u00e1foras de indudable originalidad: \u201cTe lo dir\u00e9 con la espada,\/ que es la lengua del honor\u201d. Un personaje escribe cartas, \u201cpues la lengua de papel\/para la ausencia se hizo\u201d. En La vida es sue\u00f1o el ave es \u201cflor de pluma\/ o ramillete con alas\u201d, y el arroyo \u201cculebra\/ que entre flores se desata\u201d. En Lances de amor y fortuna, el mar tempestuoso \u201cmontes fabrica de plata,\/ torres levanta de espuma\u201d; en La sibila de Oriente, un barco es \u201cselva de jarcias\u201d y \u201ccaballo del mar\u201d; en Tambi\u00e9n hay duelo en las damas, el enamorado al acecho es \u201cgirasol\/de puertas y de ventanas\u201d, y en No hay cosa como callar se confiesa el enamorado \u201cgirasol de tu hermosura\u201d; en Amigo, amante y leal, el agua en canalillos es \u201cplata hilada\u201d y en El acaso y el error contemplamos los surtidores de una fuente como \u201cpenachos de nieve y vidrio\u201d. Existe una ampl\u00edsima red de im\u00e1genes para algunas de las cuales se aprovechan recuerdos y acu\u00f1aciones de Garcilaso y de G\u00f3ngora, que constituyen un repertorio a\u00fan no inventariado de extraordinaria coherencia. Y hay, adem\u00e1s, otros procedimientos ret\u00f3ricos -an\u00e1foras, hip\u00e9rboles, anadiplosis, dilog\u00edas- que completan la silueta de un escritor de gran riqueza verbal cuya obra dram\u00e1tica ha oscurecido, tal vez en demas\u00eda, sus virtudes como poeta l\u00edrico.\r\n\r\nSoneto a un altar de Santa Teresa\r\nLa que ves en piedad, en llama, en vuelo,\r\nara al suelo, al sol pira, al viento ave,\r\nArgos de estrellas, imitada nave,\r\nnubes vence, aire rompe y toca al cielo.\r\n\r\nEsta, pues, que la cubre del Carmelo\r\nmira fiel, mansa ocupa y sulca grave,\r\ncon muda admiraci\u00f3n muestra suave\r\ncasto amor, justa fe, piadoso celo.\r\n\r\n\u00a1Oh militante Iglesia, m\u00e1s segura\r\npisa tierra, aire enciende, mar navega\r\ny a m\u00e1s pilotos tu gobierno f\u00eda!\r\n\r\nTriunfa eterna, est\u00e1 firma, vive pura;\r\nque ya en el golfo que te ves se anega\r\nculpa infiel, torpe error, ciega herej\u00eda.","rendered":"<p>RICARDO SENABRE (2000)<\/p>\n<p><img decoding=\"async\" src=\"https:\/\/www.elcultural.com\/imgBd\/20000102\/ESPECIAL\/img\/17866_1.jpg\" onload=\"Ajustar(this);\" class=\"aligncenter\" alt=\"image\" \/><\/p>\n<p style=\"text-align: center;\"><em>Ilustraci\u00f3n de Grau Santos<\/em><\/p>\n<p>La fama de Calder\u00f3n se debe esencialmente a su obra dram\u00e1tica, ensalzada ya desde el siglo pasado por la cr\u00edtica alemana de estirpe rom\u00e1ntica. Pero el Calder\u00f3n poeta siempre queda en penumbra. Como la mayor\u00eda de los poetas del Siglo de Oro, desde Fray Luis de Le\u00f3n o Baltasar de Alc\u00e1zar hasta Cervantes, Quevedo y G\u00f3ngora, Calder\u00f3n muri\u00f3 sin haber publicado su poes\u00eda. Me refiero, claro est\u00e1, a su poes\u00eda exenta, no a los sonetos, romances o villancicos integrados en dramas y comedias. El caso es que todav\u00eda no poseemos una edici\u00f3n de la poes\u00eda calderoniana ajena al teatro. El hecho es escandaloso, y supera con creces la injusticia cometida con Baltasar de Alc\u00e1zar, muerto en 1606 y de cuya obra po\u00e9tica no existe una recopilaci\u00f3n -muy deficiente e insatisfactoria por otra parte- hasta 1856. Para no hablar de Cervantes, entre cuya muerte (1616) y la edici\u00f3n de sus poes\u00edas (1916) median tres siglos. Con tantos retrasos en la publicaci\u00f3n -y hay m\u00e1s ejemplos similares- no es extra\u00f1o que muchos textos se hayan perdido y otros se conserven en copias inseguras y sin garant\u00eda.<\/p>\n<p>La poes\u00eda suelta de Calder\u00f3n que hoy conocemos -ignoramos qu\u00e9 puede haber en manuscritos no explorados- se reduce a diez o doce sonetos y d\u00e9cimas de car\u00e1cter laudatorio impresos en los preliminares de libros ajenos y a unas cuantas composiciones aparecidas en libros miscel\u00e1neos: justas po\u00e9ticas, antolog\u00edas de diversos autores, etc\u00e9tera. Hay algunos poemas religiosos en el volumen colectivo titulado Varias centellas de amor divino, compuestas por los mejores ingenios de Espa\u00f1a (1656), o en otro an\u00e1logo, Avisos para la muerte, escritos por algunos ingenios de Espa\u00f1a (1672). Algunos romances amorosos figuran en otro volumen miscel\u00e1neo: Delicias de Apolo (1670). Se trata de una poes\u00eda poco personal, que constituye, sin embargo, una muestra acabada de ret\u00f3rica barroca. Se advierte, por ejemplo, en el uso constante del retru\u00e9cano -esto es, la contraposici\u00f3n de dos enunciados con las mismas palabras pero con distinto orden-, que Unamuno llam\u00f3 despu\u00e9s \u201cinversi\u00f3n de sentido\u201d. En un romance a la penitencia de San Ignacio leemos: \u201cTodo en amor te transformas,\/ porque vives en Dios todo\/ con una gloria amorosa\/ y con un amor glorioso\u201d. Y en unas \u201cD\u00e9cimas a la muerte\u201d de car\u00e1cter asc\u00e9tico escribe Calder\u00f3n: \u201cDesde el nacer al morir\/ casi se puede dudar\/ si el partir es el parar\/ o el parar es el partir\u201d. El mismo artificio puede anotarse en el romance religioso \u201cL\u00e1grimas que vierte el alma arrepentida\u201d: \u201c\u00bfQu\u00e9 m\u00e1s ejemplo que yo,\/ a este letargo rendido,\/ pues vivo al tiempo que muero\/ y muero al tiempo que vivo?\u201d Y tambi\u00e9n: \u201c\u00a1Oh cu\u00e1nto el nacer, oh cu\u00e1nto\/ al morir es parecido,\/ pues si nacemos llorando\/ tambi\u00e9n llorando morimos!\u201d<\/p>\n<p>Estas aparentes contraposiciones acaban por descubrir parad\u00f3jicamente una identidad. As\u00ed, en la misma composici\u00f3n a que pertenecen los \u00faltimos versos se lee: \u201cAhora, Se\u00f1or, ahora\/ que ya este humano edificio\/ en el polvo de su fin\/ se reduce a su principio&#8230;\u201d El cuerpo (\u201ceste humano edificio\u201d) llega a su fin. Cuando se convierta en polvo retornar\u00e1 a su principio. No es necesario subrayar que estamos ante una variante del \u201cPulvis es et in pulverem reverteris\u201d, pero s\u00ed advertir la ecuaci\u00f3n entre \u201cfin y principio\u201d, porque es caracter\u00edstica de los juegos conceptuales e idiom\u00e1ticos del Barroco, basados a menudo en la contraposici\u00f3n e identificaci\u00f3n de contrarios: cuna\/sepultura, risa\/llanto, vida\/ muerte, alegr\u00eda\/ dolor. Ya advierte Graci\u00e1n en El critic\u00f3n, por boca de Critilo: \u201cTodo este universo se compone de contrarios y se concierta de desconciertos\u201d. Al glosar la figura de Isidro, labrador y santo, se establece una equiparaci\u00f3n entre cielo y tierra: \u201cLos campos de Madrid ya cielos bellos\/ y los cielos de sol campos hermosos\/ eran con los opuestos resplandores,\/ porque asistiendo o cultivando en ellos,\/ ya labrador, ya esp\u00edritus dichosos,\/ campos de estrellas son, cielo de flores\u201d.<\/p>\n<p>En el teatro, todo se supedita a la acci\u00f3n y al di\u00e1logo. En raras ocasiones, aparecen poemas exentos, aunque, de acuerdo con el modelo de Lope, puedan surgir unos m\u00fasicos que entonan una canci\u00f3n popular, o un personaje se a\u00edsle en un soliloquio con un soneto. Pero, junto a estos casos, hay largas tiradas de versos puramente funcionales, que sirven tan s\u00f3lo para sostener el di\u00e1logo y donde apenas brota la flor de una met\u00e1fora. Lo estrictamente po\u00e9tico cede paso muchas veces a un despliegue de artificios ret\u00f3ricos que alejan el lenguaje de cualquier impresi\u00f3n de naturalidad. Hay frecuentes paralelismos, a veces resueltos en construcciones correlativas, donde los elementos enumerados aisladamente se recogen al final de un solo verso, como en La ni\u00f1a de G\u00f3mez Arias: \u201c\u00bfQu\u00e9 fiera la m\u00e1s inculta,\/ qu\u00e9 ave la m\u00e1s ligera,\/ qu\u00e9 planta la m\u00e1s silvestre\/ no ama? Pues \u00bfqu\u00e9 mucho tenga\/ y afectos que no perdonan\/ la planta, el ave y la fiera?\u201d Ejemplos m\u00e1s complejos son frecuent\u00edsimos en el teatro de Calder\u00f3n -y en poemas sueltos como el soneto a un altar de Santa Teresa-, sobre todo en esos remansos de la acci\u00f3n en que un personaje se acerca al proscenio para recitar un mon\u00f3logo. All\u00ed residen tambi\u00e9n las acu\u00f1aciones m\u00e1s innovadoras, que cristalizan en met\u00e1foras de indudable originalidad: \u201cTe lo dir\u00e9 con la espada,\/ que es la lengua del honor\u201d. Un personaje escribe cartas, \u201cpues la lengua de papel\/para la ausencia se hizo\u201d. En La vida es sue\u00f1o el ave es \u201cflor de pluma\/ o ramillete con alas\u201d, y el arroyo \u201cculebra\/ que entre flores se desata\u201d. En Lances de amor y fortuna, el mar tempestuoso \u201cmontes fabrica de plata,\/ torres levanta de espuma\u201d; en La sibila de Oriente, un barco es \u201cselva de jarcias\u201d y \u201ccaballo del mar\u201d; en Tambi\u00e9n hay duelo en las damas, el enamorado al acecho es \u201cgirasol\/de puertas y de ventanas\u201d, y en No hay cosa como callar se confiesa el enamorado \u201cgirasol de tu hermosura\u201d; en Amigo, amante y leal, el agua en canalillos es \u201cplata hilada\u201d y en El acaso y el error contemplamos los surtidores de una fuente como \u201cpenachos de nieve y vidrio\u201d. Existe una ampl\u00edsima red de im\u00e1genes para algunas de las cuales se aprovechan recuerdos y acu\u00f1aciones de Garcilaso y de G\u00f3ngora, que constituyen un repertorio a\u00fan no inventariado de extraordinaria coherencia. Y hay, adem\u00e1s, otros procedimientos ret\u00f3ricos -an\u00e1foras, hip\u00e9rboles, anadiplosis, dilog\u00edas- que completan la silueta de un escritor de gran riqueza verbal cuya obra dram\u00e1tica ha oscurecido, tal vez en demas\u00eda, sus virtudes como poeta l\u00edrico.<\/p>\n<p>Soneto a un altar de Santa Teresa<br \/>\nLa que ves en piedad, en llama, en vuelo,<br \/>\nara al suelo, al sol pira, al viento ave,<br \/>\nArgos de estrellas, imitada nave,<br \/>\nnubes vence, aire rompe y toca al cielo.<\/p>\n<p>Esta, pues, que la cubre del Carmelo<br \/>\nmira fiel, mansa ocupa y sulca grave,<br \/>\ncon muda admiraci\u00f3n muestra suave<br \/>\ncasto amor, justa fe, piadoso celo.<\/p>\n<p>\u00a1Oh militante Iglesia, m\u00e1s segura<br \/>\npisa tierra, aire enciende, mar navega<br \/>\ny a m\u00e1s pilotos tu gobierno f\u00eda!<\/p>\n<p>Triunfa eterna, est\u00e1 firma, vive pura;<br \/>\nque ya en el golfo que te ves se anega<br \/>\nculpa infiel, torpe error, ciega herej\u00eda.<\/p>\n","protected":false},"author":1,"menu_order":5,"template":"","meta":{"pb_show_title":"on","pb_short_title":"","pb_subtitle":"","pb_authors":[],"pb_section_license":""},"chapter-type":[],"contributor":[],"license":[],"class_list":["post-39","chapter","type-chapter","status-publish","hentry"],"part":3,"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.publiconsulting.com\/wordpress\/calderon\/wp-json\/pressbooks\/v2\/chapters\/39","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.publiconsulting.com\/wordpress\/calderon\/wp-json\/pressbooks\/v2\/chapters"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.publiconsulting.com\/wordpress\/calderon\/wp-json\/wp\/v2\/types\/chapter"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.publiconsulting.com\/wordpress\/calderon\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/www.publiconsulting.com\/wordpress\/calderon\/wp-json\/pressbooks\/v2\/chapters\/39\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":40,"href":"https:\/\/www.publiconsulting.com\/wordpress\/calderon\/wp-json\/pressbooks\/v2\/chapters\/39\/revisions\/40"}],"part":[{"href":"https:\/\/www.publiconsulting.com\/wordpress\/calderon\/wp-json\/pressbooks\/v2\/parts\/3"}],"metadata":[{"href":"https:\/\/www.publiconsulting.com\/wordpress\/calderon\/wp-json\/pressbooks\/v2\/chapters\/39\/metadata\/"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.publiconsulting.com\/wordpress\/calderon\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=39"}],"wp:term":[{"taxonomy":"chapter-type","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.publiconsulting.com\/wordpress\/calderon\/wp-json\/pressbooks\/v2\/chapter-type?post=39"},{"taxonomy":"contributor","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.publiconsulting.com\/wordpress\/calderon\/wp-json\/wp\/v2\/contributor?post=39"},{"taxonomy":"license","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.publiconsulting.com\/wordpress\/calderon\/wp-json\/wp\/v2\/license?post=39"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}