{"id":46,"date":"2018-11-09T13:39:36","date_gmt":"2018-11-09T13:39:36","guid":{"rendered":"https:\/\/www.publiconsulting.com\/wordpress\/calderon\/?post_type=chapter&#038;p=46"},"modified":"2018-11-09T13:39:36","modified_gmt":"2018-11-09T13:39:36","slug":"8-permanente-revision-calderon-en-el-siglo-xx","status":"publish","type":"chapter","link":"https:\/\/www.publiconsulting.com\/wordpress\/calderon\/chapter\/8-permanente-revision-calderon-en-el-siglo-xx\/","title":{"rendered":"8. Permanente revisi\u00f3n. Calder\u00f3n en el siglo XX"},"content":{"raw":"LUCIANO GARC\u00edA LORENZO\r\n\r\n<img src=\"https:\/\/www.elcultural.com\/imgBd\/20000102\/ESPECIAL\/img\/17871_1.jpg\" onload=\"Ajustar(this);\" class=\"aligncenter\" \/>\r\n<p style=\"text-align: center;\"><em>La versi\u00f3n de Manuel Canseco. Foto: Chicho<\/em><\/p>\r\nMalos fueron los setenta del siglo que se nos va para el teatro en general y, muy en especial, para el cl\u00e1sico. Por otra parte, cuando en 1981 se celebra el tercer centenario de la muerte de don Pedro, las puestas en escena de d\u00e9cadas anteriores (Luis Escobar, Luca de Tena, Tamayo, Gonz\u00e1lez Vergel, Narros, Jos\u00e9 Luis Alonso...) son ya historia teatral, historia llevada a cabo en el Espa\u00f1ol o en el Mar\u00eda Guerrero de Madrid, a las puertas de las catedrales, en los Festivales de Espa\u00f1a, en el Corral de Almagro... Y, sin embargo, las dos \u00faltimas temporadas de esa d\u00e9cada anuncian, de la mano de Canseco, Fernando Fern\u00e1n G\u00f3mez o Guirau, un inter\u00e9s por los textos calderonianos que har\u00edan cambiar la fortuna de don Pedro en los escenarios espa\u00f1oles, pudi\u00e9ndose f\u00e1cilmente testimoniar tambi\u00e9n con ello la creciente presencia del teatro cl\u00e1sico en general, acompa\u00f1ando a Calder\u00f3n y a Lope los nombres fundamentales del teatro espa\u00f1ol de los siglos XVI y XVII.\r\n\r\nEse a\u00f1o 1981 es, pues, punto de referencia indiscutible para exponer lo que ha hecho la escena espa\u00f1ola por Calder\u00f3n en los \u00faltimos tiempos, como lo es tambi\u00e9n para explicar el cambio que se produce en la estimaci\u00f3n de los estudiosos y del p\u00fablico espectador hacia \u201cotro\u201d Calder\u00f3n: el de las comedias, el de los entremeses y mojigangas, el autor tr\u00e1gico y no s\u00f3lo el Calder\u00f3n did\u00e1ctico y ejemplarizante de los autos sacramentales y de unos cuantos t\u00edtulos reiteradamente escenificados. Pero recordemos los montajes m\u00e1s significativos de 1981: El gal\u00e1n fantasma, con direcci\u00f3n de Jos\u00e9 Luis Alonso; La hija del aire, de Llu\u00eds Pasqual; La dama duende, en montaje de Antonio Guirau; La cisma de Inglaterra, de Manuel Canseco; La vida es sue\u00f1o, de Luis G. Basurto; El desaf\u00edo de Juan Rana, con direcci\u00f3n de C\u00e9sar Oliva; La fiesta de los Austrias, sobre textos diversos de Calder\u00f3n, de Antonio Guirau, y La vida es sue\u00f1o, bajo la direcci\u00f3n de Jos\u00e9 Luis G\u00f3mez.\r\n\r\nAlgunos de estos montajes tuvieron amplia repercusi\u00f3n de p\u00fablico y la cr\u00edtica tambi\u00e9n destac\u00f3 la calidad especialmente de dos o tres de ellos (el de Jos\u00e9 Luis G\u00f3mez y, en menos medida, el de Llu\u00eds Pasqual), aunque fue la puesta en escena de El gal\u00e1n fantasma, llevado a cabo por Jos\u00e9 Luis Alonso, la que despert\u00f3 mayor inter\u00e9s y se convirti\u00f3 en bandera del renacer calderoniano en escena.\r\n\r\nOtra causa fundamental de esa creciente presencia de los cl\u00e1sicos en la escena ha sido el Festival de Almagro, a partir de 1978 como Jornadas y algunas puestas en escena y, sobre todo, desde 1983 ya como Festival internacional y una amplia oferta de espect\u00e1culos. Efectivamente, el Festival de Almagro ha obligado a que exista una oferta de montajes que all\u00ed se presentan y luego giran por otros escenarios espa\u00f1oles; ha propiciado el encuentro, y con \u00e9l el contraste y la reflexi\u00f3n, de profesionales de la escena y de especialistas de car\u00e1cter m\u00e1s acad\u00e9mico y, sobre todo, ha suscitado el inter\u00e9s de un p\u00fablico que hab\u00eda desaparecido de los teatros. De los muchos autores espa\u00f1oles y extranjeros que hasta ese mismo a\u00f1o han pasado por Almagro, Calder\u00f3n, con Lope y Shakespeare, ocupan lugar de privilegio y ah\u00ed est\u00e1n los montajes de El Alcalde de Zalamea por Fernando Fern\u00e1n G\u00f3mez; Casa con dos puertas..., La cisma de Inglaterra y No hay burlas con el amor, de Manuel Canseco; los ya citados de Jos\u00e9 Luis Alonso (El gran fantasma) y Llu\u00eds Pasqual (La hija del aire); la impresionante puesta en escena de La vida es sue\u00f1o, por el Teatro del Ej\u00e9rcito de Bulgaria; La devoci\u00f3n de la cruz por Eusebio L\u00e1zaro; El pr\u00edncipe constante, por Alberto Gonz\u00e1lez Vergel; El secreto a voces y La vida es sue\u00f1o, en versiones de la Compa\u00f1\u00eda Zampan\u00f3; El Alcalde de Zalamea, de Francisco Portes; El gran teatro del mundo y Amar despu\u00e9s de la muerte, por Teatro Corsario; La hija del aire, por el Teatro Stabile de Palermo... Estos montajes suponen un evidente testimonio de lo que ha supuesto la presencia de Calder\u00f3n a partir de 1979-80, pues, con algunas excepciones, las obras que han estado en Almagro son las que antes o despu\u00e9s del Festival se han presentado tambi\u00e9n en diferentes teatros espa\u00f1oles y, fundamentalmente madrile\u00f1os; una de esas excepciones es, por ejemplo, el montaje que de Absal\u00f3n llev\u00f3 a cabo Jos\u00e9 Luis G\u00f3mez en el Teatro Espa\u00f1ol de Madrid en 1983.\r\n\r\nPero, a\u00fan teniendo esto en cuenta, faltan, sin embargo, algunas muy significativas puestas en escena calderonianas y son las correspondientes a otra de las razones por las que el teatro cl\u00e1sico espa\u00f1ol viene gozando de una relativa buena salud; nos referimos a la labor de la Compa\u00f1\u00eda Nacional de Teatro Cl\u00e1sico (CNTC), especialmente la realizada desde su fundaci\u00f3n en 1986 hasta la temporada 1995-96.\r\n\r\nEfectivamente, la CNTC present\u00f3 su primer montaje en Buenos Aires, en 1986, dirigido por Adolfo Marsillach -tambi\u00e9n director de la Compa\u00f1\u00eda- y con la colaboraci\u00f3n inestimable del escen\u00f3grafo Carlos Cytrynowski, colaboraci\u00f3n que continu\u00f3 hasta la muerte de \u00e9ste en 1995. De lo mucho que ha aportado la CNTC al devenir del teatro cl\u00e1sico, necesario es recordar ahora lo que concierne a Calder\u00f3n y que, entre otros datos, ser\u00edan: El m\u00e9dico de su honra (1986 y 1994), con direcci\u00f3n de Adolfo Marsillach: Antes que todo es mi dama (1987), tambi\u00e9n con direcci\u00f3n de Marsillach; El Alcalde de Zalamea (1988) y La dama duende (1990), montajes de Jos\u00e9 Luis Alonso; Fiesta Barroca en 1992, bajo la direcci\u00f3n de Miguel Narros y con textos de Calder\u00f3n; La vida es sue\u00f1o (1996), direcci\u00f3n de Ariel Garc\u00eda Vald\u00e9s; No hay burlas con el amor (1998) con puesta en escena de Denis Rafter; El jard\u00edn de Falerina (1991), con direcci\u00f3n de Guillermo Heras.","rendered":"<p>LUCIANO GARC\u00edA LORENZO<\/p>\n<p><img decoding=\"async\" src=\"https:\/\/www.elcultural.com\/imgBd\/20000102\/ESPECIAL\/img\/17871_1.jpg\" onload=\"Ajustar(this);\" class=\"aligncenter\" alt=\"image\" \/><\/p>\n<p style=\"text-align: center;\"><em>La versi\u00f3n de Manuel Canseco. Foto: Chicho<\/em><\/p>\n<p>Malos fueron los setenta del siglo que se nos va para el teatro en general y, muy en especial, para el cl\u00e1sico. Por otra parte, cuando en 1981 se celebra el tercer centenario de la muerte de don Pedro, las puestas en escena de d\u00e9cadas anteriores (Luis Escobar, Luca de Tena, Tamayo, Gonz\u00e1lez Vergel, Narros, Jos\u00e9 Luis Alonso&#8230;) son ya historia teatral, historia llevada a cabo en el Espa\u00f1ol o en el Mar\u00eda Guerrero de Madrid, a las puertas de las catedrales, en los Festivales de Espa\u00f1a, en el Corral de Almagro&#8230; Y, sin embargo, las dos \u00faltimas temporadas de esa d\u00e9cada anuncian, de la mano de Canseco, Fernando Fern\u00e1n G\u00f3mez o Guirau, un inter\u00e9s por los textos calderonianos que har\u00edan cambiar la fortuna de don Pedro en los escenarios espa\u00f1oles, pudi\u00e9ndose f\u00e1cilmente testimoniar tambi\u00e9n con ello la creciente presencia del teatro cl\u00e1sico en general, acompa\u00f1ando a Calder\u00f3n y a Lope los nombres fundamentales del teatro espa\u00f1ol de los siglos XVI y XVII.<\/p>\n<p>Ese a\u00f1o 1981 es, pues, punto de referencia indiscutible para exponer lo que ha hecho la escena espa\u00f1ola por Calder\u00f3n en los \u00faltimos tiempos, como lo es tambi\u00e9n para explicar el cambio que se produce en la estimaci\u00f3n de los estudiosos y del p\u00fablico espectador hacia \u201cotro\u201d Calder\u00f3n: el de las comedias, el de los entremeses y mojigangas, el autor tr\u00e1gico y no s\u00f3lo el Calder\u00f3n did\u00e1ctico y ejemplarizante de los autos sacramentales y de unos cuantos t\u00edtulos reiteradamente escenificados. Pero recordemos los montajes m\u00e1s significativos de 1981: El gal\u00e1n fantasma, con direcci\u00f3n de Jos\u00e9 Luis Alonso; La hija del aire, de Llu\u00eds Pasqual; La dama duende, en montaje de Antonio Guirau; La cisma de Inglaterra, de Manuel Canseco; La vida es sue\u00f1o, de Luis G. Basurto; El desaf\u00edo de Juan Rana, con direcci\u00f3n de C\u00e9sar Oliva; La fiesta de los Austrias, sobre textos diversos de Calder\u00f3n, de Antonio Guirau, y La vida es sue\u00f1o, bajo la direcci\u00f3n de Jos\u00e9 Luis G\u00f3mez.<\/p>\n<p>Algunos de estos montajes tuvieron amplia repercusi\u00f3n de p\u00fablico y la cr\u00edtica tambi\u00e9n destac\u00f3 la calidad especialmente de dos o tres de ellos (el de Jos\u00e9 Luis G\u00f3mez y, en menos medida, el de Llu\u00eds Pasqual), aunque fue la puesta en escena de El gal\u00e1n fantasma, llevado a cabo por Jos\u00e9 Luis Alonso, la que despert\u00f3 mayor inter\u00e9s y se convirti\u00f3 en bandera del renacer calderoniano en escena.<\/p>\n<p>Otra causa fundamental de esa creciente presencia de los cl\u00e1sicos en la escena ha sido el Festival de Almagro, a partir de 1978 como Jornadas y algunas puestas en escena y, sobre todo, desde 1983 ya como Festival internacional y una amplia oferta de espect\u00e1culos. Efectivamente, el Festival de Almagro ha obligado a que exista una oferta de montajes que all\u00ed se presentan y luego giran por otros escenarios espa\u00f1oles; ha propiciado el encuentro, y con \u00e9l el contraste y la reflexi\u00f3n, de profesionales de la escena y de especialistas de car\u00e1cter m\u00e1s acad\u00e9mico y, sobre todo, ha suscitado el inter\u00e9s de un p\u00fablico que hab\u00eda desaparecido de los teatros. De los muchos autores espa\u00f1oles y extranjeros que hasta ese mismo a\u00f1o han pasado por Almagro, Calder\u00f3n, con Lope y Shakespeare, ocupan lugar de privilegio y ah\u00ed est\u00e1n los montajes de El Alcalde de Zalamea por Fernando Fern\u00e1n G\u00f3mez; Casa con dos puertas&#8230;, La cisma de Inglaterra y No hay burlas con el amor, de Manuel Canseco; los ya citados de Jos\u00e9 Luis Alonso (El gran fantasma) y Llu\u00eds Pasqual (La hija del aire); la impresionante puesta en escena de La vida es sue\u00f1o, por el Teatro del Ej\u00e9rcito de Bulgaria; La devoci\u00f3n de la cruz por Eusebio L\u00e1zaro; El pr\u00edncipe constante, por Alberto Gonz\u00e1lez Vergel; El secreto a voces y La vida es sue\u00f1o, en versiones de la Compa\u00f1\u00eda Zampan\u00f3; El Alcalde de Zalamea, de Francisco Portes; El gran teatro del mundo y Amar despu\u00e9s de la muerte, por Teatro Corsario; La hija del aire, por el Teatro Stabile de Palermo&#8230; Estos montajes suponen un evidente testimonio de lo que ha supuesto la presencia de Calder\u00f3n a partir de 1979-80, pues, con algunas excepciones, las obras que han estado en Almagro son las que antes o despu\u00e9s del Festival se han presentado tambi\u00e9n en diferentes teatros espa\u00f1oles y, fundamentalmente madrile\u00f1os; una de esas excepciones es, por ejemplo, el montaje que de Absal\u00f3n llev\u00f3 a cabo Jos\u00e9 Luis G\u00f3mez en el Teatro Espa\u00f1ol de Madrid en 1983.<\/p>\n<p>Pero, a\u00fan teniendo esto en cuenta, faltan, sin embargo, algunas muy significativas puestas en escena calderonianas y son las correspondientes a otra de las razones por las que el teatro cl\u00e1sico espa\u00f1ol viene gozando de una relativa buena salud; nos referimos a la labor de la Compa\u00f1\u00eda Nacional de Teatro Cl\u00e1sico (CNTC), especialmente la realizada desde su fundaci\u00f3n en 1986 hasta la temporada 1995-96.<\/p>\n<p>Efectivamente, la CNTC present\u00f3 su primer montaje en Buenos Aires, en 1986, dirigido por Adolfo Marsillach -tambi\u00e9n director de la Compa\u00f1\u00eda- y con la colaboraci\u00f3n inestimable del escen\u00f3grafo Carlos Cytrynowski, colaboraci\u00f3n que continu\u00f3 hasta la muerte de \u00e9ste en 1995. De lo mucho que ha aportado la CNTC al devenir del teatro cl\u00e1sico, necesario es recordar ahora lo que concierne a Calder\u00f3n y que, entre otros datos, ser\u00edan: El m\u00e9dico de su honra (1986 y 1994), con direcci\u00f3n de Adolfo Marsillach: Antes que todo es mi dama (1987), tambi\u00e9n con direcci\u00f3n de Marsillach; El Alcalde de Zalamea (1988) y La dama duende (1990), montajes de Jos\u00e9 Luis Alonso; Fiesta Barroca en 1992, bajo la direcci\u00f3n de Miguel Narros y con textos de Calder\u00f3n; La vida es sue\u00f1o (1996), direcci\u00f3n de Ariel Garc\u00eda Vald\u00e9s; No hay burlas con el amor (1998) con puesta en escena de Denis Rafter; El jard\u00edn de Falerina (1991), con direcci\u00f3n de Guillermo Heras.<\/p>\n","protected":false},"author":1,"menu_order":8,"template":"","meta":{"pb_show_title":"on","pb_short_title":"","pb_subtitle":"","pb_authors":[],"pb_section_license":""},"chapter-type":[],"contributor":[],"license":[],"class_list":["post-46","chapter","type-chapter","status-publish","hentry"],"part":3,"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.publiconsulting.com\/wordpress\/calderon\/wp-json\/pressbooks\/v2\/chapters\/46","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.publiconsulting.com\/wordpress\/calderon\/wp-json\/pressbooks\/v2\/chapters"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.publiconsulting.com\/wordpress\/calderon\/wp-json\/wp\/v2\/types\/chapter"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.publiconsulting.com\/wordpress\/calderon\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/www.publiconsulting.com\/wordpress\/calderon\/wp-json\/pressbooks\/v2\/chapters\/46\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":47,"href":"https:\/\/www.publiconsulting.com\/wordpress\/calderon\/wp-json\/pressbooks\/v2\/chapters\/46\/revisions\/47"}],"part":[{"href":"https:\/\/www.publiconsulting.com\/wordpress\/calderon\/wp-json\/pressbooks\/v2\/parts\/3"}],"metadata":[{"href":"https:\/\/www.publiconsulting.com\/wordpress\/calderon\/wp-json\/pressbooks\/v2\/chapters\/46\/metadata\/"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.publiconsulting.com\/wordpress\/calderon\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=46"}],"wp:term":[{"taxonomy":"chapter-type","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.publiconsulting.com\/wordpress\/calderon\/wp-json\/pressbooks\/v2\/chapter-type?post=46"},{"taxonomy":"contributor","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.publiconsulting.com\/wordpress\/calderon\/wp-json\/wp\/v2\/contributor?post=46"},{"taxonomy":"license","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.publiconsulting.com\/wordpress\/calderon\/wp-json\/wp\/v2\/license?post=46"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}