{"id":101,"date":"2019-07-04T13:09:36","date_gmt":"2019-07-04T11:09:36","guid":{"rendered":"https:\/\/www.publiconsulting.com\/wordpress\/flornueva\/chapter\/romance-diez-y-nueve\/"},"modified":"2019-07-04T13:40:42","modified_gmt":"2019-07-04T11:40:42","slug":"romance-diez-y-nueve","status":"publish","type":"chapter","link":"https:\/\/www.publiconsulting.com\/wordpress\/flornueva\/chapter\/romance-diez-y-nueve\/","title":{"rendered":"Romance diez y nueve"},"content":{"raw":"\n\n  <h2 class=\"sigil_not_in_toc\">ROMANCE DIEZ Y NUEVE<\/h2>\n\n  <p class=\"titulo\">del entierro de Fernand Arias<\/p>\n\n  <div class=\"verso1\">\n    <p>Por aquel postigo viejo<br>que nunca fuera cerrado<br>vi venir se\u00f1a bermeja<br>con trescientos de a caballo;<br>un pend\u00f3n traen sangriento,<br>de negro muy bien bordado,<br>y en medio de los trescientos<br>traen un cuerpo finado;<br>Fernand Arias ha por nombre,<br>hijo de Arias Gonzalo.<\/p>\n\n    <p>A la entrada de Zamora<br>un gran llanto es comenzado.<br>Llor\u00e1banle cien doncellas,<br>todas ciento hijasdalgo;<br>sobre todas lo lloraba<br>esa infanta Urraca Hernando,<br>\u00a1y cuan triste la consuela<br>el buen viejo Arias Gonzalo!;<br>\u2014\u00a1Callad, mi ahijada, callad,<br>no hagades tan grande llanto;<br>por un hijo que me han muerto,<br>vivos me quedaban cuatro;<br>que no muri\u00f3 entre las damas,<br>ni menos tablas jugando:<br>mas muri\u00f3 sobre Zamora<br>vuestra honra resguardando!<br>\u00a1Ay de m\u00ed, viejo mezquino!<br>\u00a1Qui\u00e9n no te hubiera criado,<br>para verte, Fernand Arias,<br>agora muerto en mis brazos!<\/p>\n\n    <p>Ya tocaban las campanas,<br>ya llevaban a enterrarlo<br>all\u00e1 en la iglesia mayor,<br>junto al altar de Santiago,<br>en una tumba muy rica,<br>como requiere su estado.<\/p>\n  <\/div>\n\n  <p>Si don Diego retaba sin raz\u00f3n, si todos los de Zamora estaban enteramente limpios de culpa, \u00bfc\u00f3mo Dios consiente la muerte del defensor de la ciudad? El cielo s\u00f3lo puede saber si alguien, si la cuitada do\u00f1a Urraca misma, no estuvo tan ajena como debiera a la traici\u00f3n de Vellido. Y sigue la historia contando en este cruel reto que Diego Ord\u00f3\u00f1ez venci\u00f3 asimismo y mat\u00f3 en el campo a Nu\u00f1o Arias, otro hijo de Arias Gonzalo, y que el viejo ayo de do\u00f1a Urraca, seguro de la lealtad de Zamora, envi\u00f3 despu\u00e9s al tercer hijo, Pedro Arias, a salvar a la ciudad. El caballero leon\u00e9s fue tambi\u00e9n muy malherido por el castellano, y, con las ansias de la muerte, solt\u00f3 las riendas para alzar con ambas manos la espada, y as\u00ed dio tal golpe a Diego Ord\u00f3\u00f1ez que le hendi\u00f3 un hombro y taj\u00f3 al caballo la mitad de la cabeza. El caballo herido comenz\u00f3 a huir y sac\u00f3 a Diego Ord\u00f3\u00f1ez fuera de los mojones del campo, mientras Pedro Arias, viendo que su caballo corr\u00eda tambi\u00e9n sin riendas, se derrib\u00f3 de \u00e9l y cay\u00f3 muerto dentro del campo. Don Diego quisiera volver dentro de los mojones a lidiar con el cuarto hijo de Arias Gonzalo, pero los jueces del reto no se lo consintieron, pues aunque hab\u00eda matado a Pedro Arias, el muerto quedaba se\u00f1or del campo y el vivo hab\u00eda salido fuera. Y por esto los jueces sentenciaron que no hab\u00eda all\u00ed vencedor ni vencido. Mas Dios s\u00f3lo conoce el coraz\u00f3n de do\u00f1a Urraca y el coraz\u00f3n de su hermano don Alfonso, el desterrado en la corte mora de Toledo.<\/p>\n\n  <p>As\u00ed don Diego Ord\u00f3\u00f1ez qued\u00f3 con el prez de su grande haza\u00f1a no acabada, y Arias Gonzalo fue confortado en el duelo de sus hijos, por haber salvado a Zamora del reto de traici\u00f3n. Y as\u00ed quedaron castellanos y leoneses muy honrados, y hermanados de nuevo, despu\u00e9s de la infortunada partici\u00f3n que el rey don Fernando hiciera de sus reinos.<\/p>\n\n  <p>Cuenta enseguida la historia que all\u00e1 en Toledo, la morisca corte de Alimen\u00f3n, recibi\u00f3 el desterrado rey Alfonso cartas de su hermana do\u00f1a Urraca avis\u00e1ndole de la muerte de don Sancho, para que se volviese presto a Zamora, a recibir los reinos vacantes por muerte de don Sancho, y que ido all\u00e1 Alfonso, los leoneses, asturianos, gallegos y portugueses le recibieron luego por se\u00f1or; pero los castellanos no lo quisieron recibir sin que antes jurase no haber tenido parte en la muerte de su hermano. Mas a la postre, por congraciarse con el nuevo rey, ning\u00fan castellano quiso tomar este juramento sino fue el Cid.<\/p>\n\n","rendered":"<h2 class=\"sigil_not_in_toc\">ROMANCE DIEZ Y NUEVE<\/h2>\n<p class=\"titulo\">del entierro de Fernand Arias<\/p>\n<div class=\"verso1\">\n<p>Por aquel postigo viejo<br \/>que nunca fuera cerrado<br \/>vi venir se\u00f1a bermeja<br \/>con trescientos de a caballo;<br \/>un pend\u00f3n traen sangriento,<br \/>de negro muy bien bordado,<br \/>y en medio de los trescientos<br \/>traen un cuerpo finado;<br \/>Fernand Arias ha por nombre,<br \/>hijo de Arias Gonzalo.<\/p>\n<p>A la entrada de Zamora<br \/>un gran llanto es comenzado.<br \/>Llor\u00e1banle cien doncellas,<br \/>todas ciento hijasdalgo;<br \/>sobre todas lo lloraba<br \/>esa infanta Urraca Hernando,<br \/>\u00a1y cuan triste la consuela<br \/>el buen viejo Arias Gonzalo!;<br \/>\u2014\u00a1Callad, mi ahijada, callad,<br \/>no hagades tan grande llanto;<br \/>por un hijo que me han muerto,<br \/>vivos me quedaban cuatro;<br \/>que no muri\u00f3 entre las damas,<br \/>ni menos tablas jugando:<br \/>mas muri\u00f3 sobre Zamora<br \/>vuestra honra resguardando!<br \/>\u00a1Ay de m\u00ed, viejo mezquino!<br \/>\u00a1Qui\u00e9n no te hubiera criado,<br \/>para verte, Fernand Arias,<br \/>agora muerto en mis brazos!<\/p>\n<p>Ya tocaban las campanas,<br \/>ya llevaban a enterrarlo<br \/>all\u00e1 en la iglesia mayor,<br \/>junto al altar de Santiago,<br \/>en una tumba muy rica,<br \/>como requiere su estado.<\/p>\n<\/p><\/div>\n<p>Si don Diego retaba sin raz\u00f3n, si todos los de Zamora estaban enteramente limpios de culpa, \u00bfc\u00f3mo Dios consiente la muerte del defensor de la ciudad? El cielo s\u00f3lo puede saber si alguien, si la cuitada do\u00f1a Urraca misma, no estuvo tan ajena como debiera a la traici\u00f3n de Vellido. Y sigue la historia contando en este cruel reto que Diego Ord\u00f3\u00f1ez venci\u00f3 asimismo y mat\u00f3 en el campo a Nu\u00f1o Arias, otro hijo de Arias Gonzalo, y que el viejo ayo de do\u00f1a Urraca, seguro de la lealtad de Zamora, envi\u00f3 despu\u00e9s al tercer hijo, Pedro Arias, a salvar a la ciudad. El caballero leon\u00e9s fue tambi\u00e9n muy malherido por el castellano, y, con las ansias de la muerte, solt\u00f3 las riendas para alzar con ambas manos la espada, y as\u00ed dio tal golpe a Diego Ord\u00f3\u00f1ez que le hendi\u00f3 un hombro y taj\u00f3 al caballo la mitad de la cabeza. El caballo herido comenz\u00f3 a huir y sac\u00f3 a Diego Ord\u00f3\u00f1ez fuera de los mojones del campo, mientras Pedro Arias, viendo que su caballo corr\u00eda tambi\u00e9n sin riendas, se derrib\u00f3 de \u00e9l y cay\u00f3 muerto dentro del campo. Don Diego quisiera volver dentro de los mojones a lidiar con el cuarto hijo de Arias Gonzalo, pero los jueces del reto no se lo consintieron, pues aunque hab\u00eda matado a Pedro Arias, el muerto quedaba se\u00f1or del campo y el vivo hab\u00eda salido fuera. Y por esto los jueces sentenciaron que no hab\u00eda all\u00ed vencedor ni vencido. Mas Dios s\u00f3lo conoce el coraz\u00f3n de do\u00f1a Urraca y el coraz\u00f3n de su hermano don Alfonso, el desterrado en la corte mora de Toledo.<\/p>\n<p>As\u00ed don Diego Ord\u00f3\u00f1ez qued\u00f3 con el prez de su grande haza\u00f1a no acabada, y Arias Gonzalo fue confortado en el duelo de sus hijos, por haber salvado a Zamora del reto de traici\u00f3n. Y as\u00ed quedaron castellanos y leoneses muy honrados, y hermanados de nuevo, despu\u00e9s de la infortunada partici\u00f3n que el rey don Fernando hiciera de sus reinos.<\/p>\n<p>Cuenta enseguida la historia que all\u00e1 en Toledo, la morisca corte de Alimen\u00f3n, recibi\u00f3 el desterrado rey Alfonso cartas de su hermana do\u00f1a Urraca avis\u00e1ndole de la muerte de don Sancho, para que se volviese presto a Zamora, a recibir los reinos vacantes por muerte de don Sancho, y que ido all\u00e1 Alfonso, los leoneses, asturianos, gallegos y portugueses le recibieron luego por se\u00f1or; pero los castellanos no lo quisieron recibir sin que antes jurase no haber tenido parte en la muerte de su hermano. 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