{"id":107,"date":"2019-07-04T13:09:36","date_gmt":"2019-07-04T11:09:36","guid":{"rendered":"https:\/\/www.publiconsulting.com\/wordpress\/flornueva\/chapter\/romance-veinticuatro\/"},"modified":"2019-07-04T13:40:54","modified_gmt":"2019-07-04T11:40:54","slug":"romance-veinticuatro","status":"publish","type":"chapter","link":"https:\/\/www.publiconsulting.com\/wordpress\/flornueva\/chapter\/romance-veinticuatro\/","title":{"rendered":"Romance veinticuatro"},"content":{"raw":"\n\n  <h2 class=\"sigil_not_in_toc\">ROMANCE VEINTICUATRO<\/h2>\n\n  <p class=\"titulo\">Palabras que tuvo el Cid con el Abad nuevo de C\u00e1rdena<\/p>\n\n  <div class=\"verso1\">\n    <p>Fablando estaba en el claustro<br>de San Pedro de C\u00e1rdena<br>el buen rey Alfonso al Cid,<br>despu\u00e9s de misa, una fiesta.<br>Trataban de la conquista<br>de las mal perdidas tierras<br>por yerros del rey Rodrigo,<br>que amor disculpa y condena.<br>Propuso el buen rey al Cid<br>el ir a ganar a Cuenca,<br>y Ruy D\u00edaz mesurado<br>le dice desta manera:<br>\u2014Nuevo sois, rey don Alfonso,<br>nuevo rey sois en la tierra;<br>antes que a guerra vayades,<br>sosegad las vuesas tierras;<br>muchos da\u00f1os han venido<br>por los reyes que se ausentan<br>que apenas han calentado<br>la corona en la cabeza.<\/p>\n\n    <p>Bermudo, en lugar del rey,<br>dice al Cid: \u2014Si vos aquejan<br>el cansancio de las lides<br>o el deseo de Jimena,<br>idvos a Vivar, Rodrigo,<br>y dejadle al rey la empresa,<br>que homes tiene tan hidalgos<br>que non volver\u00e1n sin ella.<br>\u2014\u00bfQui\u00e9n vos mete \u2014dijo el Cid\u2014<br>en el consejo de guerra,<br>fraile honrado, a vos agora,<br>la vuesa cogulla puesta?<br>Subidvos a la tribuna<br>y rogad a Dios que venzan;<br>que non venciera Josu\u00e9<br>si Mois\u00e9s non lo ficiera.<br>Llevad vos la capa al coro,<br>yo el pend\u00f3n a las fronteras,<br>y el rey sosiegue su casa<br>antes que busque la ajena;<br>que non me far\u00e1n cobarde<br>el mi amor ni la mi queja,<br>que m\u00e1s traigo siempre al lado<br>a Tizona que a Jimena.<br>\u2014Home soy \u2014dijo Bermudo\u2014<br>que antes que entrara en la regla,<br>si non venc\u00ed reyes moros,<br>engendr\u00e9 quien los venciera;<br>y agora en vez de cogulla,<br>cuando la ocasi\u00f3n se ofrezca,<br>me calar\u00e9 la celada<br>y pondr\u00e9 al caballo espuela.<br>\u2014\u00a1Para fu\u00edr dijo el Cid<br>podr\u00e1 ser, padre, que sea;<br>que m\u00e1s de aceite que sangre<br>manchado el h\u00e1bito lleva!<br>\u2014\u00a1Calledes \u2014le dijo el rey\u2014<br>en mal hora que no en buena!<br>Cosas tenedes, el Cid,<br>que far\u00e1n fablar las piedras,<br>pues por cualquier ni\u00f1er\u00eda<br>fac\u00e9is campa\u00f1a a la iglesia.<br>Pasaba el conde de O\u00f1ate<br>que llevaba la su due\u00f1a,<br>y el rey, por facer mesura,<br>acompa\u00f1\u00f3la a la puerta.<\/p>\n  <\/div>\n\n  <p>Los dos condes de Carri\u00f3n, Fernando y Diego, j\u00f3venes cortesanos de muy noble linaje, codiciosos de las riquezas y del poder del Cid, quieren casarse con las hijas de \u00e9ste, y piden al rey que les trate el casamiento.<\/p>\n\n  <p>El Cid lo repugna; conoce el orgullo linajudo y el ning\u00fan valor de los condes de Carri\u00f3n. Aunque \u00e9l, a pesar de ser se\u00f1or de Valencia, era tan s\u00f3lo un simple hidalgo, no pod\u00eda estimar en nada el lustre que habr\u00eda de recibir emparentando con los ociosos condes de Carri\u00f3n y de Salda\u00f1a. Pero Alfonso, aun siendo un gran rey pol\u00edtico y conquistador, no sab\u00eda alzarse sobre la peque\u00f1ez de la vida palaciega; cre\u00eda que la alcurnia de sus cortesanos era un premio para el h\u00e9roe; por eso le ruega, le obliga a consentir.<\/p>\n\n  <p>Las bodas de las hijas del Cid con los de Carri\u00f3n se hicieron en Valencia, durando las fiestas ocho d\u00edas. Muchos fueron los regocijos y muy apuestos que el Cid mand\u00f3 hacer en aquellas bodas, as\u00ed como bohordar, alanzar tablados, matar toros y otras fieras, muchos fueron los manjares que all\u00ed se sirvieron, innumerables los juglares que cantaban las haza\u00f1as de otros tiempos, y muchas las danzas y cantos en que se alababa a los novios.<\/p>\n\n  <p>En la torre del alc\u00e1zar el Cid contemplaba tanta nobleza, y viendo a sus pies la gran ciudad y a lo lejos las huertas y el mar, medita, puesta la mano en su barba entrecana: \u00abAntes fui pobre, ahora tengo cuanto oro, tierra y poder deseo; venzo las lides como a Dios place; mi fama llega al sold\u00e1n de Persia, que me env\u00eda sus joyas, sus ricas telas de seda y oro, los m\u00e1s extra\u00f1os an\u00edmales del As\u00eda, y me ofrece por vianda la cabeza de su caballo m\u00e1s querido; all\u00e1 en Marruecos, la tierra de las mezquitas, los moros me temen cada d\u00eda, y ellos me pagar\u00e1n parias a m\u00ed o a mi rey, si le mando; a mi rey, que para que nada falte al coraz\u00f3n, me honra de nuevo, y me ha hecho tener por parientes a los ricoshombres de su corte\u00bb.<\/p>\n\n  <p>Cuando el Cid se siente llegado a la m\u00e1s elevada cumbre del poder, la desgracia va a herirle cruel\u00edsimamente. Bastar\u00e1 una peque\u00f1a ocasi\u00f3n promovida por la ruindad de los condes sus yernos.<\/p>\n\n","rendered":"<h2 class=\"sigil_not_in_toc\">ROMANCE VEINTICUATRO<\/h2>\n<p class=\"titulo\">Palabras que tuvo el Cid con el Abad nuevo de C\u00e1rdena<\/p>\n<div class=\"verso1\">\n<p>Fablando estaba en el claustro<br \/>de San Pedro de C\u00e1rdena<br \/>el buen rey Alfonso al Cid,<br \/>despu\u00e9s de misa, una fiesta.<br \/>Trataban de la conquista<br \/>de las mal perdidas tierras<br \/>por yerros del rey Rodrigo,<br \/>que amor disculpa y condena.<br \/>Propuso el buen rey al Cid<br \/>el ir a ganar a Cuenca,<br \/>y Ruy D\u00edaz mesurado<br \/>le dice desta manera:<br \/>\u2014Nuevo sois, rey don Alfonso,<br \/>nuevo rey sois en la tierra;<br \/>antes que a guerra vayades,<br \/>sosegad las vuesas tierras;<br \/>muchos da\u00f1os han venido<br \/>por los reyes que se ausentan<br \/>que apenas han calentado<br \/>la corona en la cabeza.<\/p>\n<p>Bermudo, en lugar del rey,<br \/>dice al Cid: \u2014Si vos aquejan<br \/>el cansancio de las lides<br \/>o el deseo de Jimena,<br \/>idvos a Vivar, Rodrigo,<br \/>y dejadle al rey la empresa,<br \/>que homes tiene tan hidalgos<br \/>que non volver\u00e1n sin ella.<br \/>\u2014\u00bfQui\u00e9n vos mete \u2014dijo el Cid\u2014<br \/>en el consejo de guerra,<br \/>fraile honrado, a vos agora,<br \/>la vuesa cogulla puesta?<br \/>Subidvos a la tribuna<br \/>y rogad a Dios que venzan;<br \/>que non venciera Josu\u00e9<br \/>si Mois\u00e9s non lo ficiera.<br \/>Llevad vos la capa al coro,<br \/>yo el pend\u00f3n a las fronteras,<br \/>y el rey sosiegue su casa<br \/>antes que busque la ajena;<br \/>que non me far\u00e1n cobarde<br \/>el mi amor ni la mi queja,<br \/>que m\u00e1s traigo siempre al lado<br \/>a Tizona que a Jimena.<br \/>\u2014Home soy \u2014dijo Bermudo\u2014<br \/>que antes que entrara en la regla,<br \/>si non venc\u00ed reyes moros,<br \/>engendr\u00e9 quien los venciera;<br \/>y agora en vez de cogulla,<br \/>cuando la ocasi\u00f3n se ofrezca,<br \/>me calar\u00e9 la celada<br \/>y pondr\u00e9 al caballo espuela.<br \/>\u2014\u00a1Para fu\u00edr dijo el Cid<br \/>podr\u00e1 ser, padre, que sea;<br \/>que m\u00e1s de aceite que sangre<br \/>manchado el h\u00e1bito lleva!<br \/>\u2014\u00a1Calledes \u2014le dijo el rey\u2014<br \/>en mal hora que no en buena!<br \/>Cosas tenedes, el Cid,<br \/>que far\u00e1n fablar las piedras,<br \/>pues por cualquier ni\u00f1er\u00eda<br \/>fac\u00e9is campa\u00f1a a la iglesia.<br \/>Pasaba el conde de O\u00f1ate<br \/>que llevaba la su due\u00f1a,<br \/>y el rey, por facer mesura,<br \/>acompa\u00f1\u00f3la a la puerta.<\/p>\n<\/p><\/div>\n<p>Los dos condes de Carri\u00f3n, Fernando y Diego, j\u00f3venes cortesanos de muy noble linaje, codiciosos de las riquezas y del poder del Cid, quieren casarse con las hijas de \u00e9ste, y piden al rey que les trate el casamiento.<\/p>\n<p>El Cid lo repugna; conoce el orgullo linajudo y el ning\u00fan valor de los condes de Carri\u00f3n. Aunque \u00e9l, a pesar de ser se\u00f1or de Valencia, era tan s\u00f3lo un simple hidalgo, no pod\u00eda estimar en nada el lustre que habr\u00eda de recibir emparentando con los ociosos condes de Carri\u00f3n y de Salda\u00f1a. Pero Alfonso, aun siendo un gran rey pol\u00edtico y conquistador, no sab\u00eda alzarse sobre la peque\u00f1ez de la vida palaciega; cre\u00eda que la alcurnia de sus cortesanos era un premio para el h\u00e9roe; por eso le ruega, le obliga a consentir.<\/p>\n<p>Las bodas de las hijas del Cid con los de Carri\u00f3n se hicieron en Valencia, durando las fiestas ocho d\u00edas. Muchos fueron los regocijos y muy apuestos que el Cid mand\u00f3 hacer en aquellas bodas, as\u00ed como bohordar, alanzar tablados, matar toros y otras fieras, muchos fueron los manjares que all\u00ed se sirvieron, innumerables los juglares que cantaban las haza\u00f1as de otros tiempos, y muchas las danzas y cantos en que se alababa a los novios.<\/p>\n<p>En la torre del alc\u00e1zar el Cid contemplaba tanta nobleza, y viendo a sus pies la gran ciudad y a lo lejos las huertas y el mar, medita, puesta la mano en su barba entrecana: \u00abAntes fui pobre, ahora tengo cuanto oro, tierra y poder deseo; venzo las lides como a Dios place; mi fama llega al sold\u00e1n de Persia, que me env\u00eda sus joyas, sus ricas telas de seda y oro, los m\u00e1s extra\u00f1os an\u00edmales del As\u00eda, y me ofrece por vianda la cabeza de su caballo m\u00e1s querido; all\u00e1 en Marruecos, la tierra de las mezquitas, los moros me temen cada d\u00eda, y ellos me pagar\u00e1n parias a m\u00ed o a mi rey, si le mando; a mi rey, que para que nada falte al coraz\u00f3n, me honra de nuevo, y me ha hecho tener por parientes a los ricoshombres de su corte\u00bb.<\/p>\n<p>Cuando el Cid se siente llegado a la m\u00e1s elevada cumbre del poder, la desgracia va a herirle cruel\u00edsimamente. 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