{"id":36,"date":"2019-07-04T13:09:35","date_gmt":"2019-07-04T11:09:35","guid":{"rendered":"https:\/\/www.publiconsulting.com\/wordpress\/flornueva\/chapter\/estilo-de-los-romances-el-fragmentarismo\/"},"modified":"2019-07-04T13:38:04","modified_gmt":"2019-07-04T11:38:04","slug":"estilo-de-los-romances-el-fragmentarismo","status":"publish","type":"chapter","link":"https:\/\/www.publiconsulting.com\/wordpress\/flornueva\/chapter\/estilo-de-los-romances-el-fragmentarismo\/","title":{"rendered":"Estilo de los romances: el fragmentarismo"},"content":{"raw":"\n\n  <p class=\"subtit\">Estilo de los romances: el fragmentarismo.<\/p>\n\n  <div class=\"cursiva\">\n    <p>El estilo de los romances nos da otra nota muy apreciable de caracterizaci\u00f3n hisp\u00e1nica.<\/p>\n\n    <p>En medio de la relativa uniformidad del estilo en la canci\u00f3n narrativa de todos los pa\u00edses, los romances se distinguen por una extrema sencillez de recursos, que se manifiesta ora en la abstenci\u00f3n y eliminaci\u00f3n de elementos maravillosos o extraordinarios, ora en la parquedad ornamental, en la adjetivaci\u00f3n reprimida, ora en la versificador, asonantada monorrima; es la misma austeridad realista, la misma simplicidad de forma que caracteriza nuestra literatura m\u00e1s representativa desde el primer monumento literario. Con esa sencillez de recursos, los romances alcanzan gran viveza intuitiva de la escena, emoci\u00f3n llana y fuerte, elevaci\u00f3n moral, aire de gran nobleza.<\/p>\n\n    <p>S\u00f3lo me detendr\u00e9 en un singular recurso de idealidad, que, muy conforme a esta simplicidad caracter\u00edstica, consiste, no en desarrollar ninguna fant\u00e1stica invenci\u00f3n, ninguna extra\u00f1a combinaci\u00f3n imaginativa, sino tan s\u00f3lo en saber callar a tiempo.<\/p>\n\n    <p>Los romances espa\u00f1oles modernos, lo mismo que las baladas o que las canciones \u00e9pico-l\u00edricas de Francia e Italia, por lo com\u00fan encierran, aunque con gran brevedad, un asunto completo: el nudo del inter\u00e9s dram\u00e1tico va seguido de su desenlace. Pero al hojear un Romancero del siglo <small>XVI<\/small> nos sorprende la gran abundancia de asuntos inacabados. Puede ser olvido o descuido lo que as\u00ed deja incompleta la versi\u00f3n de un romance: pero enseguida desechamos esta explicaci\u00f3n. Bien se comprende que si en el siglo <small>XVI<\/small> las versiones truncas fuesen tenidas por defectuosas, no hubieran hallado tan f\u00e1cil y frecuente acogida en los Romanceros, pues \u00e9stos se publicaban para el recreo del p\u00fablico, no para el estudio de los eruditos o arque\u00f3logos; y esta observaci\u00f3n se comprueba al comparar la belleza de esas versiones fragmentarias con otras que tienen su final completo, pues f\u00e1cilmente se echa de ver que el fragmento es m\u00e1s hermoso que el todo. <cite>El romance del Prisionero<\/cite> en su versi\u00f3n m\u00e1s larga no vale lo que en su versi\u00f3n trunca. El <cite>Infante Arnaldos<\/cite>, que todos admiran como la principal obra maestra del Romancero, como arquetipo de baladas, no es otra cosa que una versi\u00f3n fragmentaria; aqu\u00ed el corte brusco transform\u00f3 un sencillo romance de aventuras en un romance de fant\u00e1stico misterio, y esto no fue por casualidad, sino despu\u00e9s de varias tentativas de un final trunco, algunas de las cuales se nos conservan en los cancioneros antiguos. El acierto en el corte brusco aparece as\u00ed como una verdadera creaci\u00f3n po\u00e9tica.<\/p>\n\n    <p>El fragmentarismo del Romancero es, pues, un procedimiento est\u00e9tico: la fantas\u00eda conduce una situaci\u00f3n dram\u00e1tica hasta un punto culminante, y all\u00ed, en la cima, aletea hacia una lejan\u00eda ignota, sin descender por la pendiente del desenlace. La bella <cite>mora Moraima<\/cite>, abriendo de par en par su coraz\u00f3n, c\u00f3mo un abismo que el romance se complace en dejar abrupto y hondo ante nuestra mirada, nos dice de la eterna tragedia femenina mucho m\u00e1s que cualquiera invenci\u00f3n detallada que se suponga a continuaci\u00f3n. <cite>Rosaflorida<\/cite>, en la mayor llamarada de su locura de amor, nos interesa m\u00e1s fuertemente que si escuch\u00e1semos despu\u00e9s c\u00f3mo Montesinos hab\u00eda acudido a las espl\u00e9ndidas s\u00faplicas de su enamorada. <cite>Catalina<\/cite>, <cite>Mis arreos son las armas<\/cite>, <cite>Rosafresca<\/cite>, como rel\u00e1mpagos rasgan la tiniebla de la realidad y nos dejan entrever en un jir\u00f3n el magn\u00edfico bosque de lo ideal que, invisible, nos rodea.<\/p>\n\n    <p>De este modo los recitadores de romances halagaban la vaguedad de la imaginaci\u00f3n y del sentimiento, despertaban estados imprecisos del esp\u00edritu, que tan valiosos son para el arte refinado.<\/p>\n\n    <p>Y habremos de notar por fin que esta propensi\u00f3n a lo fragmentario en el Romancero, adem\u00e1s de ser muy caracter\u00edstica en s\u00ed, lo es tambi\u00e9n en su g\u00e9nesis hist\u00f3rica, pues sin duda es una consecuencia m\u00e1s de los singulares or\u00edgenes heroicos que distinguen al romance entre las dem\u00e1s canciones \u00e9pico-l\u00edricas. El uso de recitar aislados algunos versos de un poema extenso dio origen a muchos de los romances m\u00e1s viejos que se nos conservan; siendo \u00e9stos esencialmente fragmentarios, ellos hubieron de generalizar el gusto por los relatos inacabados, por las situaciones indefinidas.<\/p>\n  <\/div>\n\n  <p class=\"subtit\">Influencias renacentistas en el Romancero.<\/p>\n\n  <div class=\"cursiva\">\n    <p>A primera vista estar\u00edamos tentados a considerar el Romancero como un producto meramente medieval, y por tanto mirar\u00edamos la gran boga que los romances alcanzaron en el siglo <small>XVI<\/small> como un fen\u00f3meno antirrenacentista o al menos arrenacentista, como una prueba de la tesis que se ha enunciado con la f\u00f3rmula \u00abEspa\u00f1a sin Renacimiento\u00bb.<\/p>\n\n    <p>Pero es que el Renacimiento, en todas partes, tuvo como consecuencia esencial la estimaci\u00f3n profunda de la poes\u00eda popular. Montaigne, muy lleno de la idea plat\u00f3nica de que la naturaleza produce las sosas m\u00e1s grandes y hermosas, mientras el arte las cosas menores e imperfectas, afirmaba que \u00abla poes\u00eda popular y puramente natural tiene ingenuidades y gracias por las cuales compite con la mayor belleza de la poes\u00eda perfecta seg\u00fan el arte\u00bb. En Inglaterra tenemos la declaraci\u00f3n de Sidney, que al escuchar a un ciego cantar con \u00e1spera voz la balada de Percy y Douglas, sent\u00eda una emoci\u00f3n m\u00e1s penetrante que el sonido de una trompa; Ben Johnson, por su parte, preferir\u00eda, a ser autor de todas sus obras, serlo de la balada <cite>Chevy Chase<\/cite>. En Dinamarca, las viser eran gustadas por la reina Sof\u00eda y por las damas aristocr\u00e1ticas de los siglos <small>XVI<\/small> y <small>XVII<\/small>. No hay, pues, nada de arrenacentista en la gran boga alcanzada por los romances en la Espa\u00f1a de esos mismos siglos. Si el Romancero arraig\u00f3 m\u00e1s en Espa\u00f1a que la balada en Inglaterra, esto es diferencia cuantitativa, no cualitativa, debida a las circunstancias.<\/p>\n\n    <p>La principal causa de ese mayor arraigo fue que el Romancero ven\u00eda modernizando sus ideas directrices desde la centuria anterior. Podemos observar, por ejemplo, un cambio profundo de las ideas antiguas en un caso tan notable como la estimaci\u00f3n que ahora se concede al moro enemigo; por lo cual la amplitud con que el Renacimiento vino a desarrollar una viva curiosidad por todo lo humano en sus tipos m\u00e1s diversos y ex\u00f3ticos, la valorizaci\u00f3n del hombre en s\u00ed mismo, por cima de las limitaciones medievales de raza, religi\u00f3n o clase, hall\u00f3 al Romancero preparado en el mismo sentido. Los poemas y romances m\u00e1s viejos tratan, s\u00ed, al enemigo de la fe con tolerancia y benignidad que choca en comparaci\u00f3n con la crueldad intolerante expresada en las <i>chansons<\/i> francesas, pero al fin no ven en \u00e9l sino \u00abel enemigo\u00bb, figura secundaria y borrosa. Por el contrario, en el siglo <small>XV<\/small> el moro es tra\u00eddo frecuentemente al primer t\u00e9rmino del cuadro po\u00e9tico; el vencido es observado con inter\u00e9s, es admirado en su arrogancia gallarda, en su galanter\u00eda, en su generosidad, en sus galas extra\u00f1as. Entonces se componen (por castellanos, claro es, nunca por moros) los primeros romances <em>moriscos<\/em>, que consisten en mirar la secular Reconquista no desde el campo cristiano, como siempre ante, sino desde el campo musulm\u00e1n, ora para compadecer las desgracias del vencido, ora para admirar su esfuerzo personal, y hasta para referir sus victorias mismas. Uno de estos romances manifiesta el sentimiento isl\u00e1mico de la ciudad de Granada, que rechaza al rey don Juan de Castilla cuando la requiere de amores, otro se compenetra con el dolor del rey y el pueblo granadinos por la p\u00e9rdida de Alhama; otro se consagra a los suspiros del rey moro por el cautiverio de la morica de Antequera, no berberisca, por cierto:<\/p>\n  <\/div>\n\n  <div class=\"verso\">\n    <p>blanca, rubia a maravilla<\/p>\n\n    <p>sobre todas extremada.<\/p>\n  <\/div>\n\n  <div class=\"cursiva\">\n    <p>El Romancero, as\u00ed, olvida a menudo el car\u00e1cter nacional y religioso de la Reconquista; se desnacionaliza en parte para ganar en universalidad. Y esto ocurre lo mismo en otros aspectos. Basta notar ahora que cada vez que nos es dado comparar dos versiones de cualquier romance heroico, una del siglo <small>XV<\/small> con otra del <small>XVI<\/small>, observamos siempre que en la m\u00e1s tard\u00eda se ha consumado ya un proceso que lleva desde lo particular \u00e9pico hacia lo m\u00e1s general y novelesco; el Romancero pierde as\u00ed gran parte de su medievalidad.<\/p>\n\n    <p>Despu\u00e9s debemos considerar que la incorporaci\u00f3n del Romancero al gusto de las clases cultivadas en el siglo <small>XVI<\/small>, hecho apoyado tambi\u00e9n, como hemos visto, por las ideas renacentistas, trajo consigo para los viejos cantos una singular perfecci\u00f3n estil\u00edstica: los romances viejos se repitieron y reelaboraron en variantes debidas a los m\u00e1s cultos ingenios de aquel siglo de oro, educados en el mejor gusto cortesano al par que llenos de esp\u00edritu tradicional; en esas variantes, que son las recogidas y fijadas por la imprenta del siglo <small>XVI<\/small>, el Romancero se satur\u00f3 de las esencias po\u00e9ticas m\u00e1s naturales, a la vez que m\u00e1s refinadas del arte hisp\u00e1nico, y adquiri\u00f3 esa trabajada sencillez, esa dif\u00edcil facilidad por la que es admirado.<\/p>\n\n    <p>En ning\u00fan modo hemos de ver en el Romancero una amalgama indiferenciada de elementos aristocr\u00e1ticos y plebeyos. Ambos elementos existen en \u00e9l, pero perfectamente deslindados; las versiones de un mismo romance que hoy pueden recogerse de la tradici\u00f3n manifiestan bien su procedencia, ora de las clases educadas, ora de las ignorantes; las versiones elaboradas tradicionalmente entre las clases cultas en el siglo de oro son el verdadero Romancero que todos conocemos; y as\u00ed el Romancero es popular en el alto sentido de la palabra, no vulgar y bajo; noble por sus or\u00edgenes \u00e9pico-heroicos, sigue siendo noble por haber sido elaborado y fijado principalmente en la \u00e9poca del Renacimiento.<\/p>\n\n    <p>Un humanista como Juan de Vald\u00e9s, que distingu\u00eda muy bien los dos t\u00e9rminos de popular y vulgar, tan frecuentemente confundidos, ensalzaba la naturalidad de los romances, \u00abporque en ellos, dec\u00eda, me contenta aquel su hilo de decir que va continuado y llano, tanto que pienso que los llaman romances porque son muy castos en su romance\u00bb, y los contrapon\u00eda al \u00abdecir bajo y plebeyo\u00bb, que le molestaba en muchas canciones de poetas cortesanos.<\/p>\n\n    <p>Esta nobleza de estilo es otro car\u00e1cter diferencial del Romancero, muy notable. Rep\u00e1rese en los cantos tradicionales franceses: Doncieux los llama tambi\u00e9n <cite>Romancero<\/cite>, pero en ellos a veces trasciende el origen humilde; es lo popular mirando a lo vulgar; como acontece igualmente en las versiones modernas de nuestros romances.<\/p>\n  <\/div>\n\n  <p class=\"subtit\">Los romances llamados artificiosos.<\/p>\n\n  <div class=\"cursiva\">\n    <p>El Romancero, dignificado de este modo por el Renacimiento, fue continuado por los poetas cultos de los siglos <small>XVI<\/small> y <small>XVII<\/small>; en \u00e9l trabajaron desde humildes versificadores histori\u00f3grafos, como Sep\u00falveda y Padilla, hasta los m\u00e1s grandes poetas, como Lope de Vega y G\u00f3ngora. Todos, informados por el esp\u00edritu de la antigua poes\u00eda heroica, tomaban de ella el gusto por el an\u00f3nimo y por la naturalidad ingeniosa; todos, a la vez hombres de su edad moderna, llevaban a la vieja forma narrativa algo, y aun mucho, de las tendencias de escuela que entonces se suced\u00edan en el campo de la literatura. S\u00f3lo recordaremos un aspecto: cuando la poes\u00eda amorosa tendi\u00f3 a vivir en un mundo ex\u00f3tico idealizado, surgi\u00f3 el romance pastoril derivado de la renacentista novela de igual g\u00e9nero; pero, al lado de la idealizaci\u00f3n arcaica y obedeciendo al desarrollo del Romancero en el siglo <small>XV<\/small> que acabamos de exponer, surgi\u00f3 con m\u00e1s fuerza la idealizaci\u00f3n granadina, poni\u00e9ndose de moda el romance amoroso morisco, esto es, el romance morisco nuevo de las \u00faltimas d\u00e9cadas del siglo <small>XVI<\/small>.<\/p>\n\n    <p>El <cite>Romancero general<\/cite> de 1604 reun\u00eda los nuevos romances de estos poetas modernos, creyendo poder cubrirlos todos con la idea renacentista de la Naturaleza vencedora del Arte; en este g\u00e9nero de poes\u00eda, dice el pr\u00f3logo, \u00abtiene el artificio y rigor ret\u00f3rico poca parte, y mucha el movimiento del ingenio elevado, el cual no excluye el arte, sino que la excede, pues lo que la naturaleza acierta sin ella es lo perfecto\u00bb.<\/p>\n\n    <p>No es mucha, ciertamente, la \u00abnaturalidad\u00bb de algunos de los romances incluidos en esa colecci\u00f3n, muy preciosistas o ret\u00f3ricos por cierto, pero en general logran hermanar con los viejos lo bastante para que muchos cr\u00edticos (un Herder, un Hegel, un Longfellow, un Dur\u00e1n) tomen como medievales muchos de esos romances escritos en los siglos de oro.<\/p>\n  <\/div>\n\n  <p class=\"subtit\">El Romancero en la literatura y en la vida de la naci\u00f3n espa\u00f1ola.<\/p>\n\n  <div class=\"cursiva\">\n    <p>El Romancero, ya lo vemos, tiene en la literatura una boga y un aprecio extraordinarios. Es verdad que en otros pa\u00edses hemos se\u00f1alado ejemplos de singular estima hacia los g\u00e9neros an\u00e1logos, pero Espa\u00f1a, por el particular car\u00e1cter de su cultura, persever\u00f3 m\u00e1s asiduamente en la admiraci\u00f3n, y supo adivinar en el canto tradicional filones variados e inagotables de nueva poes\u00eda.<\/p>\n\n    <p>Los romances empiezan a ser o\u00eddos en los palacios desde 1445, que sepamos, en la corte de Alfonso V de Arag\u00f3n, y desde 1462, en la de Enrique IV de Castilla, y luego en la de los Reyes Cat\u00f3licos; en Arag\u00f3n serv\u00edan de modelo a la poes\u00eda trovadoresca; en Castilla eran principalmente estimados en su aspecto de poes\u00eda pol\u00edtica, destinada a mantener el p\u00fablico inter\u00e9s despierto hacia la guerra de Granada.<\/p>\n\n    <p>Como poes\u00eda hist\u00f3rica, las cr\u00f3nicas y las historias los incorporaron a veces en sus relatos. Luego la m\u00fasica de sal\u00f3n, la de los vihuelistas, cultiva el romance tradicional en las cortes de Carlos V y de Felipe II; muestras de esta moda hallamos desde el arte de vihuela del caballero Luis Mil\u00e1n (1535) hasta el tratado de m\u00fasica de Salinas (1577).<\/p>\n\n    <p>Creciendo cada vez m\u00e1s el gusto por los romances empieza la costumbre de coleccionarlos en tomitos de bolsillo. El <cite>Cancionero de Romances<\/cite> abre la serie, hacia 1548; siguen la <cite>Silva de Romances<\/cite>, la <cite>Flor de Romances<\/cite>, hasta el <cite>Romancero general<\/cite> de 1600 y sus derivados. Las primeras colecciones recogen romances viejos y tradicionales; las \u00faltimas acogen de nov\u00edsimas modas, principalmente los moriscos estilo renovado.<\/p>\n\n    <p>Enseguida el teatro, al hacerse nacional, se apodera del Romancero, En 1579, el poeta sevillano Juan de la Cueva hizo o\u00edr por primera vez en la escena el texto de un romance heroico tradicional; y poco despu\u00e9s Lope de Vega, en los primeros a\u00f1os de su precoz juventud, compon\u00eda su comedia de los <cite>Hechos de Garcilaso<\/cite>, donde se insertaba otro romance, iniciando de este modo su fecunda escuela, que tant\u00edsimos romances utiliz\u00f3 para los asuntos y para los di\u00e1logos dram\u00e1ticos. De este modo, cuando las <cite>Flores<\/cite> y el <cite>Romancero<\/cite> olvidaba ya los romances viejos, el teatro empez\u00f3 a aprovecharlos abundantemente y continu\u00f3 inspir\u00e1ndose en ellos por espacio de m\u00e1s de cuarenta a\u00f1os. Dentro de esta moda, comedias hay que son una verdadera antolog\u00eda de romances, como las <cite>Mocedades del Cid<\/cite>, de Guill\u00e9n de Castro, obra llamada a tan gran fama y a tan alto destinos.<\/p>\n\n    <p>Despu\u00e9s, aunque no tanto como el teatro, tambi\u00e9n la novela es deudora al Romancero. Las <cite>Guerras civiles de Granada<\/cite> (1595-1604), obra famosa en la literatura mundial, es otra antolog\u00eda de romances fronterizo: y moriscos. El <cite>Quijote<\/cite> mismo debe su idea inicial y sus primeros cap\u00edtulos a una parodia entremesil de romances; debe a \u00e9stos tambi\u00e9n la inspiraci\u00f3n de episodios capiales, como el de Cardenio en Sierra Morena o el de la cueva de Montesinos.<\/p>\n\n    <p>Hasta la poes\u00eda religiosa imitaba y contrahac\u00eda los romances profanos, tanto en los cancioneros y romanceros sagrados como en los autos sacramentales.<\/p>\n\n    <p>Los romances estaban tan presentes a la memoria de todos, que sus versos flu\u00edan a cada paso, en la conversaci\u00f3n ordinaria, como elementos fraseol\u00f3gicos del idioma. Para disculpar ben\u00e9volamente las palabras del interlocutor, se dec\u00eda: <cite>Mensajero sois, amigo, no merec\u00e9is culpa, no<\/cite>, verso de un romance del conde Fern\u00e1n Gonz\u00e1lez: para el disimulo u ocultaci\u00f3n. <cite>En figura de romeros, no nos conozca Galv\u00e1n<\/cite>, verso del romance de Gaiferos; para la indiferencia, <cite>\u00e9l de nada se dol\u00eda<\/cite>, que es hemistiquio del romance de Ner\u00f3n. Multitud de frases como \u00e9stas abundan en la lengua del <cite>Quijote<\/cite>; despu\u00e9s, hacia 1640, caen en desuso.<\/p>\n\n    <p>La totalidad del Romancero tiende a olvidarse en la Segunda mitad del siglo <small>XVII<\/small>. El arte de reglas, el seudoclasicismo, la po\u00e9tica de Luz\u00e1n, todo progresivamente fue conspirando a que el romance, tras la gloria pasada, viniese a ser despreciado durante el siglo <small>XVIII<\/small>. Se ausent\u00f3 casi completamente de la literatura y se refugi\u00f3 en los pueblos retirados y en los campos, entre la gente menos letrada. Pero a\u00fan nos cabe considerar, en este tiempo adverso, c\u00f3mo el Romancero completa y afirma su inmensa difusi\u00f3n por todas las regiones peninsulares de lengua espa\u00f1ola, as\u00ed como por sus hermanas de lengua portuguesa y catalana: por las islas, desde las Baleares y Canarias hasta las Azores y Madeira; por el Brasil y por toda la Am\u00e9rica, desde Nuevo M\u00e9jico hasta la Patagonia; por todas las colonias judeo-hispanas, lo mismo en Marruecos que en la pen\u00ednsula Balc\u00e1nica, en Asia Menor, en Siria y en Egipto. Y en todas estas regiones el Romancero vive a\u00fan hoy, mostrando una extensi\u00f3n geogr\u00e1fica que ninguna canci\u00f3n tradicional iguala ni ha igualado nunca. La difusi\u00f3n fue tan abundante, que en estas regiones extremas, donde el Romancero no es nativo, sino importado, se conservan acaso mucho mejores versiones de romances que en el centro de la Pen\u00ednsula. Sin las versiones de Catalu\u00f1a o de Marruecos, una gran porci\u00f3n de la belleza tradicional estar\u00eda perdida, muchos asuntos viejos estar\u00edan olvidados ya para siempre; varios romances, como <cite>La guardadora de un muerto<\/cite> y <cite>La fratricida por amor<\/cite>, s\u00f3lo me son conocidos en Catalu\u00f1a y en T\u00e1nger. \u00bfQui\u00e9n sabe hoy por tradici\u00f3n en Espa\u00f1a el romance de las <cite>Quejas de do\u00f1a Jimena ante el rey<\/cite>? Pues en T\u00e1nger no hay jud\u00eda que no lo cante. De este modo la geograf\u00eda del Romancero es tambi\u00e9n representativa, pues coincide con la extensi\u00f3n m\u00e1xima del imperio hisp\u00e1nico.<\/p>\n\n    <p>El olvido en que la literatura y la erudici\u00f3n espa\u00f1olas dejaron caer al Romancero s\u00f3lo se remedi\u00f3 por influjo del aprecio que algunos pueblos extra\u00f1os empezaron a manifestar hacia los romances. Inglaterra precedi\u00f3 a todos. A mediados del siglo <small>XVIII<\/small> el helenista escoc\u00e9s Thomas Blackwell, estudiando la vida y obras de Homero, indicaba los romances moriscos espa\u00f1oles como muestras de verdadera poes\u00eda popular, y, enseguida, el obispo Percy, en sus <cite>Reliques<\/cite> (1765), comparaba las baladas con los romances y traduc\u00eda dos de \u00e9stos; despu\u00e9s otros varios hicieron an\u00e1logas traducciones. La rehabilitaci\u00f3n tuvo un tropiezo: Southey (1808) manifest\u00f3 que en Inglaterra hab\u00eda una sobreestima injustificada hacia los romances, y juzg\u00f3 a todos \u00e9stos como muy inferiores a las baladas: sin embargo, las traducciones y la estimaci\u00f3n siguieron contando con la pluma de Walter Scott, de lord Byron, de Lockhart y Longfellow (1833), contestando a Southey, declaraba que el romance de la <cite>Partida de Bernardo<\/cite> no era inferior a la admirable balada <cite>Chevy Chase<\/cite>, y que el <cite>Conde Alarcos<\/cite>, en simplicidad y en vigor pat\u00e9tico, no ten\u00eda par entre todas las baladas inglesas, siendo muy superior a <cite>Edom<\/cite> o <cite>Gordon<\/cite>.<\/p>\n\n    <p>En esta valorizaci\u00f3n del Romancero, tras Inglaterra iba Alemania. Percy hab\u00eda servido de gu\u00eda a Herder; despu\u00e9s Goethe y J. Grimm escribieron elogios extraordinarios y trabajos eruditos sobre el Romancero. Schlegel (1812) volv\u00eda a hacer la comparaci\u00f3n de las baladas inglesas con los romances, ensalzando a \u00e9stos como poes\u00eda verdaderamente heroica y nacional, claros y atractivos para el pueblo, a la vez que bastante nobles en ideas y expresi\u00f3n paro deleitar a los hombres m\u00e1s cultos. Hegel, en su <cite>Est\u00e9tica<\/cite>, encomiaba el collar de perlas del Romancero, y lo contrapon\u00eda audazmente a lo m\u00e1s bello que produjo la antig\u00fcedad cl\u00e1sica.<\/p>\n\n    <p>En tercer lugar contribu\u00eda Francia, donde Creuz\u00e9 de Lesser (1814) calificaba el Romancero, siguiendo las teor\u00edas wolfianas, como \u00abuna <cite>Il\u00edada<\/cite> sin Homero\u00bb; comparaci\u00f3n afortunada que V\u00edctor Hugo (1829) reh\u00edzo, hablando de, \u00abuna <cite>Iliada <\/cite> g\u00f3tica y otra \u00e1rabe\u00bb, y que Viardot (1832) precis\u00f3, teniendo a los romances por rapsodias, a las que s\u00f3lo hab\u00eda faltado un Pis\u00edstrato para formar con ellos una <cite>Iliada<\/cite> espa\u00f1ola.<\/p>\n\n    <p>Esta gran corriente de rehabilitaci\u00f3n iniciada en Inglaterra, hizo que Espa\u00f1a reaccionase contra las ideas del siglo <small>XVIII<\/small> y volviese a mirar el Romancero como digno de la mayor estima. La colecci\u00f3n de Dur\u00e1n (1828-32) fue el comienzo de la reacci\u00f3n. Zorrilla glos\u00f3 el <cite>\u00a1Ay de mi Alhama!<\/cite> (1847); \u00e9l y el Duque de Rivas (1841) escribieron muchos romances narrativos. Y a\u00fan m\u00e1s que en la \u00e9poca rom\u00e1ntica, en la moderna vemos resurgir la inspiraci\u00f3n del Romancero: la llevan al teatro Jacinto Grau en su <cite>Conde Alarcos<\/cite> (1907), Crist\u00f3bal de Castro y L\u00f3pez de Alarc\u00f3n en su <cite>Gerineldo<\/cite> (1909); la llevan a la l\u00edrica, a la narrativa y a la prosa Enrique de Mesa, Fern\u00e1ndez Ardav\u00edn, Blanco Belmonte, Moreno Villa, Garc\u00eda Lorca, Alberti; la matiza y afiligrana Azorin, el maestro de la nueva sensibilidad. As\u00ed otra vez el viejo Romancero revive en la nueva literatura.<\/p>\n\n    <p>En suma: el Romancero es la canci\u00f3n \u00e9pico-l\u00edrica de fondo m\u00e1s heroico y caballeresco: s\u00f3lo las viser danesas y suecas pudieran compar\u00e1rsele; pero el Romancero, m\u00e1s que las ya excepcionales viser, no s\u00f3lo representa m\u00e1s altamente la vida hist\u00f3rica nacional, sino que aparece m\u00e1s enraizado en la poes\u00eda heroica, esa poes\u00eda que informa los or\u00edgenes literarios de los pueblos modernos, y de la cual el Romancero contin\u00faa los h\u00e9roes, los temas, la versificaci\u00f3n y hasta los versos mismos. El Romancero, extendido por todos los climas y los mares adonde se dilat\u00f3 el imperio hisp\u00e1nico es la canci\u00f3n \u00e9pico-l\u00edrica que recrea la imaginaci\u00f3n de m\u00e1s pueblos, esparcidos por todas las partes del mundo, por el hemisferio boreal y austral. Es la canci\u00f3n que ha alcanzado m\u00e1s altura literaria, haci\u00e9ndose digna de informar importantes ramas de la producci\u00f3n art\u00edstica, tanto en la \u00e9poca cl\u00e1sica como en la moderna; n\u00f3tese, por ejemplo, que V\u00edctor Hugo imita romances espa\u00f1oles y no canciones narrativas francesas. El Romancero, en fin, por su tradicionalismo, por la cantidad de vida hist\u00f3rica que representa y por la multitud de reflejos est\u00e9ticos y morales, es quintaesencia de caracter\u00edsticas espa\u00f1olas.<\/p>\n\n    <p>He aqu\u00ed por qu\u00e9 podemos repetir con verdad que Espa\u00f1a es el pa\u00eds del Romancero.<\/p>\n  <\/div>\n\n","rendered":"<p class=\"subtit\">Estilo de los romances: el fragmentarismo.<\/p>\n<div class=\"cursiva\">\n<p>El estilo de los romances nos da otra nota muy apreciable de caracterizaci\u00f3n hisp\u00e1nica.<\/p>\n<p>En medio de la relativa uniformidad del estilo en la canci\u00f3n narrativa de todos los pa\u00edses, los romances se distinguen por una extrema sencillez de recursos, que se manifiesta ora en la abstenci\u00f3n y eliminaci\u00f3n de elementos maravillosos o extraordinarios, ora en la parquedad ornamental, en la adjetivaci\u00f3n reprimida, ora en la versificador, asonantada monorrima; es la misma austeridad realista, la misma simplicidad de forma que caracteriza nuestra literatura m\u00e1s representativa desde el primer monumento literario. Con esa sencillez de recursos, los romances alcanzan gran viveza intuitiva de la escena, emoci\u00f3n llana y fuerte, elevaci\u00f3n moral, aire de gran nobleza.<\/p>\n<p>S\u00f3lo me detendr\u00e9 en un singular recurso de idealidad, que, muy conforme a esta simplicidad caracter\u00edstica, consiste, no en desarrollar ninguna fant\u00e1stica invenci\u00f3n, ninguna extra\u00f1a combinaci\u00f3n imaginativa, sino tan s\u00f3lo en saber callar a tiempo.<\/p>\n<p>Los romances espa\u00f1oles modernos, lo mismo que las baladas o que las canciones \u00e9pico-l\u00edricas de Francia e Italia, por lo com\u00fan encierran, aunque con gran brevedad, un asunto completo: el nudo del inter\u00e9s dram\u00e1tico va seguido de su desenlace. Pero al hojear un Romancero del siglo <small>XVI<\/small> nos sorprende la gran abundancia de asuntos inacabados. Puede ser olvido o descuido lo que as\u00ed deja incompleta la versi\u00f3n de un romance: pero enseguida desechamos esta explicaci\u00f3n. Bien se comprende que si en el siglo <small>XVI<\/small> las versiones truncas fuesen tenidas por defectuosas, no hubieran hallado tan f\u00e1cil y frecuente acogida en los Romanceros, pues \u00e9stos se publicaban para el recreo del p\u00fablico, no para el estudio de los eruditos o arque\u00f3logos; y esta observaci\u00f3n se comprueba al comparar la belleza de esas versiones fragmentarias con otras que tienen su final completo, pues f\u00e1cilmente se echa de ver que el fragmento es m\u00e1s hermoso que el todo. <cite>El romance del Prisionero<\/cite> en su versi\u00f3n m\u00e1s larga no vale lo que en su versi\u00f3n trunca. El <cite>Infante Arnaldos<\/cite>, que todos admiran como la principal obra maestra del Romancero, como arquetipo de baladas, no es otra cosa que una versi\u00f3n fragmentaria; aqu\u00ed el corte brusco transform\u00f3 un sencillo romance de aventuras en un romance de fant\u00e1stico misterio, y esto no fue por casualidad, sino despu\u00e9s de varias tentativas de un final trunco, algunas de las cuales se nos conservan en los cancioneros antiguos. El acierto en el corte brusco aparece as\u00ed como una verdadera creaci\u00f3n po\u00e9tica.<\/p>\n<p>El fragmentarismo del Romancero es, pues, un procedimiento est\u00e9tico: la fantas\u00eda conduce una situaci\u00f3n dram\u00e1tica hasta un punto culminante, y all\u00ed, en la cima, aletea hacia una lejan\u00eda ignota, sin descender por la pendiente del desenlace. La bella <cite>mora Moraima<\/cite>, abriendo de par en par su coraz\u00f3n, c\u00f3mo un abismo que el romance se complace en dejar abrupto y hondo ante nuestra mirada, nos dice de la eterna tragedia femenina mucho m\u00e1s que cualquiera invenci\u00f3n detallada que se suponga a continuaci\u00f3n. <cite>Rosaflorida<\/cite>, en la mayor llamarada de su locura de amor, nos interesa m\u00e1s fuertemente que si escuch\u00e1semos despu\u00e9s c\u00f3mo Montesinos hab\u00eda acudido a las espl\u00e9ndidas s\u00faplicas de su enamorada. <cite>Catalina<\/cite>, <cite>Mis arreos son las armas<\/cite>, <cite>Rosafresca<\/cite>, como rel\u00e1mpagos rasgan la tiniebla de la realidad y nos dejan entrever en un jir\u00f3n el magn\u00edfico bosque de lo ideal que, invisible, nos rodea.<\/p>\n<p>De este modo los recitadores de romances halagaban la vaguedad de la imaginaci\u00f3n y del sentimiento, despertaban estados imprecisos del esp\u00edritu, que tan valiosos son para el arte refinado.<\/p>\n<p>Y habremos de notar por fin que esta propensi\u00f3n a lo fragmentario en el Romancero, adem\u00e1s de ser muy caracter\u00edstica en s\u00ed, lo es tambi\u00e9n en su g\u00e9nesis hist\u00f3rica, pues sin duda es una consecuencia m\u00e1s de los singulares or\u00edgenes heroicos que distinguen al romance entre las dem\u00e1s canciones \u00e9pico-l\u00edricas. El uso de recitar aislados algunos versos de un poema extenso dio origen a muchos de los romances m\u00e1s viejos que se nos conservan; siendo \u00e9stos esencialmente fragmentarios, ellos hubieron de generalizar el gusto por los relatos inacabados, por las situaciones indefinidas.<\/p>\n<\/p><\/div>\n<p class=\"subtit\">Influencias renacentistas en el Romancero.<\/p>\n<div class=\"cursiva\">\n<p>A primera vista estar\u00edamos tentados a considerar el Romancero como un producto meramente medieval, y por tanto mirar\u00edamos la gran boga que los romances alcanzaron en el siglo <small>XVI<\/small> como un fen\u00f3meno antirrenacentista o al menos arrenacentista, como una prueba de la tesis que se ha enunciado con la f\u00f3rmula \u00abEspa\u00f1a sin Renacimiento\u00bb.<\/p>\n<p>Pero es que el Renacimiento, en todas partes, tuvo como consecuencia esencial la estimaci\u00f3n profunda de la poes\u00eda popular. Montaigne, muy lleno de la idea plat\u00f3nica de que la naturaleza produce las sosas m\u00e1s grandes y hermosas, mientras el arte las cosas menores e imperfectas, afirmaba que \u00abla poes\u00eda popular y puramente natural tiene ingenuidades y gracias por las cuales compite con la mayor belleza de la poes\u00eda perfecta seg\u00fan el arte\u00bb. En Inglaterra tenemos la declaraci\u00f3n de Sidney, que al escuchar a un ciego cantar con \u00e1spera voz la balada de Percy y Douglas, sent\u00eda una emoci\u00f3n m\u00e1s penetrante que el sonido de una trompa; Ben Johnson, por su parte, preferir\u00eda, a ser autor de todas sus obras, serlo de la balada <cite>Chevy Chase<\/cite>. En Dinamarca, las viser eran gustadas por la reina Sof\u00eda y por las damas aristocr\u00e1ticas de los siglos <small>XVI<\/small> y <small>XVII<\/small>. No hay, pues, nada de arrenacentista en la gran boga alcanzada por los romances en la Espa\u00f1a de esos mismos siglos. Si el Romancero arraig\u00f3 m\u00e1s en Espa\u00f1a que la balada en Inglaterra, esto es diferencia cuantitativa, no cualitativa, debida a las circunstancias.<\/p>\n<p>La principal causa de ese mayor arraigo fue que el Romancero ven\u00eda modernizando sus ideas directrices desde la centuria anterior. Podemos observar, por ejemplo, un cambio profundo de las ideas antiguas en un caso tan notable como la estimaci\u00f3n que ahora se concede al moro enemigo; por lo cual la amplitud con que el Renacimiento vino a desarrollar una viva curiosidad por todo lo humano en sus tipos m\u00e1s diversos y ex\u00f3ticos, la valorizaci\u00f3n del hombre en s\u00ed mismo, por cima de las limitaciones medievales de raza, religi\u00f3n o clase, hall\u00f3 al Romancero preparado en el mismo sentido. Los poemas y romances m\u00e1s viejos tratan, s\u00ed, al enemigo de la fe con tolerancia y benignidad que choca en comparaci\u00f3n con la crueldad intolerante expresada en las <i>chansons<\/i> francesas, pero al fin no ven en \u00e9l sino \u00abel enemigo\u00bb, figura secundaria y borrosa. Por el contrario, en el siglo <small>XV<\/small> el moro es tra\u00eddo frecuentemente al primer t\u00e9rmino del cuadro po\u00e9tico; el vencido es observado con inter\u00e9s, es admirado en su arrogancia gallarda, en su galanter\u00eda, en su generosidad, en sus galas extra\u00f1as. Entonces se componen (por castellanos, claro es, nunca por moros) los primeros romances <em>moriscos<\/em>, que consisten en mirar la secular Reconquista no desde el campo cristiano, como siempre ante, sino desde el campo musulm\u00e1n, ora para compadecer las desgracias del vencido, ora para admirar su esfuerzo personal, y hasta para referir sus victorias mismas. Uno de estos romances manifiesta el sentimiento isl\u00e1mico de la ciudad de Granada, que rechaza al rey don Juan de Castilla cuando la requiere de amores, otro se compenetra con el dolor del rey y el pueblo granadinos por la p\u00e9rdida de Alhama; otro se consagra a los suspiros del rey moro por el cautiverio de la morica de Antequera, no berberisca, por cierto:<\/p>\n<\/p><\/div>\n<div class=\"verso\">\n<p>blanca, rubia a maravilla<\/p>\n<p>sobre todas extremada.<\/p>\n<\/p><\/div>\n<div class=\"cursiva\">\n<p>El Romancero, as\u00ed, olvida a menudo el car\u00e1cter nacional y religioso de la Reconquista; se desnacionaliza en parte para ganar en universalidad. Y esto ocurre lo mismo en otros aspectos. Basta notar ahora que cada vez que nos es dado comparar dos versiones de cualquier romance heroico, una del siglo <small>XV<\/small> con otra del <small>XVI<\/small>, observamos siempre que en la m\u00e1s tard\u00eda se ha consumado ya un proceso que lleva desde lo particular \u00e9pico hacia lo m\u00e1s general y novelesco; el Romancero pierde as\u00ed gran parte de su medievalidad.<\/p>\n<p>Despu\u00e9s debemos considerar que la incorporaci\u00f3n del Romancero al gusto de las clases cultivadas en el siglo <small>XVI<\/small>, hecho apoyado tambi\u00e9n, como hemos visto, por las ideas renacentistas, trajo consigo para los viejos cantos una singular perfecci\u00f3n estil\u00edstica: los romances viejos se repitieron y reelaboraron en variantes debidas a los m\u00e1s cultos ingenios de aquel siglo de oro, educados en el mejor gusto cortesano al par que llenos de esp\u00edritu tradicional; en esas variantes, que son las recogidas y fijadas por la imprenta del siglo <small>XVI<\/small>, el Romancero se satur\u00f3 de las esencias po\u00e9ticas m\u00e1s naturales, a la vez que m\u00e1s refinadas del arte hisp\u00e1nico, y adquiri\u00f3 esa trabajada sencillez, esa dif\u00edcil facilidad por la que es admirado.<\/p>\n<p>En ning\u00fan modo hemos de ver en el Romancero una amalgama indiferenciada de elementos aristocr\u00e1ticos y plebeyos. Ambos elementos existen en \u00e9l, pero perfectamente deslindados; las versiones de un mismo romance que hoy pueden recogerse de la tradici\u00f3n manifiestan bien su procedencia, ora de las clases educadas, ora de las ignorantes; las versiones elaboradas tradicionalmente entre las clases cultas en el siglo de oro son el verdadero Romancero que todos conocemos; y as\u00ed el Romancero es popular en el alto sentido de la palabra, no vulgar y bajo; noble por sus or\u00edgenes \u00e9pico-heroicos, sigue siendo noble por haber sido elaborado y fijado principalmente en la \u00e9poca del Renacimiento.<\/p>\n<p>Un humanista como Juan de Vald\u00e9s, que distingu\u00eda muy bien los dos t\u00e9rminos de popular y vulgar, tan frecuentemente confundidos, ensalzaba la naturalidad de los romances, \u00abporque en ellos, dec\u00eda, me contenta aquel su hilo de decir que va continuado y llano, tanto que pienso que los llaman romances porque son muy castos en su romance\u00bb, y los contrapon\u00eda al \u00abdecir bajo y plebeyo\u00bb, que le molestaba en muchas canciones de poetas cortesanos.<\/p>\n<p>Esta nobleza de estilo es otro car\u00e1cter diferencial del Romancero, muy notable. Rep\u00e1rese en los cantos tradicionales franceses: Doncieux los llama tambi\u00e9n <cite>Romancero<\/cite>, pero en ellos a veces trasciende el origen humilde; es lo popular mirando a lo vulgar; como acontece igualmente en las versiones modernas de nuestros romances.<\/p>\n<\/p><\/div>\n<p class=\"subtit\">Los romances llamados artificiosos.<\/p>\n<div class=\"cursiva\">\n<p>El Romancero, dignificado de este modo por el Renacimiento, fue continuado por los poetas cultos de los siglos <small>XVI<\/small> y <small>XVII<\/small>; en \u00e9l trabajaron desde humildes versificadores histori\u00f3grafos, como Sep\u00falveda y Padilla, hasta los m\u00e1s grandes poetas, como Lope de Vega y G\u00f3ngora. Todos, informados por el esp\u00edritu de la antigua poes\u00eda heroica, tomaban de ella el gusto por el an\u00f3nimo y por la naturalidad ingeniosa; todos, a la vez hombres de su edad moderna, llevaban a la vieja forma narrativa algo, y aun mucho, de las tendencias de escuela que entonces se suced\u00edan en el campo de la literatura. S\u00f3lo recordaremos un aspecto: cuando la poes\u00eda amorosa tendi\u00f3 a vivir en un mundo ex\u00f3tico idealizado, surgi\u00f3 el romance pastoril derivado de la renacentista novela de igual g\u00e9nero; pero, al lado de la idealizaci\u00f3n arcaica y obedeciendo al desarrollo del Romancero en el siglo <small>XV<\/small> que acabamos de exponer, surgi\u00f3 con m\u00e1s fuerza la idealizaci\u00f3n granadina, poni\u00e9ndose de moda el romance amoroso morisco, esto es, el romance morisco nuevo de las \u00faltimas d\u00e9cadas del siglo <small>XVI<\/small>.<\/p>\n<p>El <cite>Romancero general<\/cite> de 1604 reun\u00eda los nuevos romances de estos poetas modernos, creyendo poder cubrirlos todos con la idea renacentista de la Naturaleza vencedora del Arte; en este g\u00e9nero de poes\u00eda, dice el pr\u00f3logo, \u00abtiene el artificio y rigor ret\u00f3rico poca parte, y mucha el movimiento del ingenio elevado, el cual no excluye el arte, sino que la excede, pues lo que la naturaleza acierta sin ella es lo perfecto\u00bb.<\/p>\n<p>No es mucha, ciertamente, la \u00abnaturalidad\u00bb de algunos de los romances incluidos en esa colecci\u00f3n, muy preciosistas o ret\u00f3ricos por cierto, pero en general logran hermanar con los viejos lo bastante para que muchos cr\u00edticos (un Herder, un Hegel, un Longfellow, un Dur\u00e1n) tomen como medievales muchos de esos romances escritos en los siglos de oro.<\/p>\n<\/p><\/div>\n<p class=\"subtit\">El Romancero en la literatura y en la vida de la naci\u00f3n espa\u00f1ola.<\/p>\n<div class=\"cursiva\">\n<p>El Romancero, ya lo vemos, tiene en la literatura una boga y un aprecio extraordinarios. Es verdad que en otros pa\u00edses hemos se\u00f1alado ejemplos de singular estima hacia los g\u00e9neros an\u00e1logos, pero Espa\u00f1a, por el particular car\u00e1cter de su cultura, persever\u00f3 m\u00e1s asiduamente en la admiraci\u00f3n, y supo adivinar en el canto tradicional filones variados e inagotables de nueva poes\u00eda.<\/p>\n<p>Los romances empiezan a ser o\u00eddos en los palacios desde 1445, que sepamos, en la corte de Alfonso V de Arag\u00f3n, y desde 1462, en la de Enrique IV de Castilla, y luego en la de los Reyes Cat\u00f3licos; en Arag\u00f3n serv\u00edan de modelo a la poes\u00eda trovadoresca; en Castilla eran principalmente estimados en su aspecto de poes\u00eda pol\u00edtica, destinada a mantener el p\u00fablico inter\u00e9s despierto hacia la guerra de Granada.<\/p>\n<p>Como poes\u00eda hist\u00f3rica, las cr\u00f3nicas y las historias los incorporaron a veces en sus relatos. Luego la m\u00fasica de sal\u00f3n, la de los vihuelistas, cultiva el romance tradicional en las cortes de Carlos V y de Felipe II; muestras de esta moda hallamos desde el arte de vihuela del caballero Luis Mil\u00e1n (1535) hasta el tratado de m\u00fasica de Salinas (1577).<\/p>\n<p>Creciendo cada vez m\u00e1s el gusto por los romances empieza la costumbre de coleccionarlos en tomitos de bolsillo. El <cite>Cancionero de Romances<\/cite> abre la serie, hacia 1548; siguen la <cite>Silva de Romances<\/cite>, la <cite>Flor de Romances<\/cite>, hasta el <cite>Romancero general<\/cite> de 1600 y sus derivados. Las primeras colecciones recogen romances viejos y tradicionales; las \u00faltimas acogen de nov\u00edsimas modas, principalmente los moriscos estilo renovado.<\/p>\n<p>Enseguida el teatro, al hacerse nacional, se apodera del Romancero, En 1579, el poeta sevillano Juan de la Cueva hizo o\u00edr por primera vez en la escena el texto de un romance heroico tradicional; y poco despu\u00e9s Lope de Vega, en los primeros a\u00f1os de su precoz juventud, compon\u00eda su comedia de los <cite>Hechos de Garcilaso<\/cite>, donde se insertaba otro romance, iniciando de este modo su fecunda escuela, que tant\u00edsimos romances utiliz\u00f3 para los asuntos y para los di\u00e1logos dram\u00e1ticos. De este modo, cuando las <cite>Flores<\/cite> y el <cite>Romancero<\/cite> olvidaba ya los romances viejos, el teatro empez\u00f3 a aprovecharlos abundantemente y continu\u00f3 inspir\u00e1ndose en ellos por espacio de m\u00e1s de cuarenta a\u00f1os. Dentro de esta moda, comedias hay que son una verdadera antolog\u00eda de romances, como las <cite>Mocedades del Cid<\/cite>, de Guill\u00e9n de Castro, obra llamada a tan gran fama y a tan alto destinos.<\/p>\n<p>Despu\u00e9s, aunque no tanto como el teatro, tambi\u00e9n la novela es deudora al Romancero. Las <cite>Guerras civiles de Granada<\/cite> (1595-1604), obra famosa en la literatura mundial, es otra antolog\u00eda de romances fronterizo: y moriscos. El <cite>Quijote<\/cite> mismo debe su idea inicial y sus primeros cap\u00edtulos a una parodia entremesil de romances; debe a \u00e9stos tambi\u00e9n la inspiraci\u00f3n de episodios capiales, como el de Cardenio en Sierra Morena o el de la cueva de Montesinos.<\/p>\n<p>Hasta la poes\u00eda religiosa imitaba y contrahac\u00eda los romances profanos, tanto en los cancioneros y romanceros sagrados como en los autos sacramentales.<\/p>\n<p>Los romances estaban tan presentes a la memoria de todos, que sus versos flu\u00edan a cada paso, en la conversaci\u00f3n ordinaria, como elementos fraseol\u00f3gicos del idioma. Para disculpar ben\u00e9volamente las palabras del interlocutor, se dec\u00eda: <cite>Mensajero sois, amigo, no merec\u00e9is culpa, no<\/cite>, verso de un romance del conde Fern\u00e1n Gonz\u00e1lez: para el disimulo u ocultaci\u00f3n. <cite>En figura de romeros, no nos conozca Galv\u00e1n<\/cite>, verso del romance de Gaiferos; para la indiferencia, <cite>\u00e9l de nada se dol\u00eda<\/cite>, que es hemistiquio del romance de Ner\u00f3n. Multitud de frases como \u00e9stas abundan en la lengua del <cite>Quijote<\/cite>; despu\u00e9s, hacia 1640, caen en desuso.<\/p>\n<p>La totalidad del Romancero tiende a olvidarse en la Segunda mitad del siglo <small>XVII<\/small>. El arte de reglas, el seudoclasicismo, la po\u00e9tica de Luz\u00e1n, todo progresivamente fue conspirando a que el romance, tras la gloria pasada, viniese a ser despreciado durante el siglo <small>XVIII<\/small>. Se ausent\u00f3 casi completamente de la literatura y se refugi\u00f3 en los pueblos retirados y en los campos, entre la gente menos letrada. Pero a\u00fan nos cabe considerar, en este tiempo adverso, c\u00f3mo el Romancero completa y afirma su inmensa difusi\u00f3n por todas las regiones peninsulares de lengua espa\u00f1ola, as\u00ed como por sus hermanas de lengua portuguesa y catalana: por las islas, desde las Baleares y Canarias hasta las Azores y Madeira; por el Brasil y por toda la Am\u00e9rica, desde Nuevo M\u00e9jico hasta la Patagonia; por todas las colonias judeo-hispanas, lo mismo en Marruecos que en la pen\u00ednsula Balc\u00e1nica, en Asia Menor, en Siria y en Egipto. Y en todas estas regiones el Romancero vive a\u00fan hoy, mostrando una extensi\u00f3n geogr\u00e1fica que ninguna canci\u00f3n tradicional iguala ni ha igualado nunca. La difusi\u00f3n fue tan abundante, que en estas regiones extremas, donde el Romancero no es nativo, sino importado, se conservan acaso mucho mejores versiones de romances que en el centro de la Pen\u00ednsula. Sin las versiones de Catalu\u00f1a o de Marruecos, una gran porci\u00f3n de la belleza tradicional estar\u00eda perdida, muchos asuntos viejos estar\u00edan olvidados ya para siempre; varios romances, como <cite>La guardadora de un muerto<\/cite> y <cite>La fratricida por amor<\/cite>, s\u00f3lo me son conocidos en Catalu\u00f1a y en T\u00e1nger. \u00bfQui\u00e9n sabe hoy por tradici\u00f3n en Espa\u00f1a el romance de las <cite>Quejas de do\u00f1a Jimena ante el rey<\/cite>? Pues en T\u00e1nger no hay jud\u00eda que no lo cante. De este modo la geograf\u00eda del Romancero es tambi\u00e9n representativa, pues coincide con la extensi\u00f3n m\u00e1xima del imperio hisp\u00e1nico.<\/p>\n<p>El olvido en que la literatura y la erudici\u00f3n espa\u00f1olas dejaron caer al Romancero s\u00f3lo se remedi\u00f3 por influjo del aprecio que algunos pueblos extra\u00f1os empezaron a manifestar hacia los romances. Inglaterra precedi\u00f3 a todos. A mediados del siglo <small>XVIII<\/small> el helenista escoc\u00e9s Thomas Blackwell, estudiando la vida y obras de Homero, indicaba los romances moriscos espa\u00f1oles como muestras de verdadera poes\u00eda popular, y, enseguida, el obispo Percy, en sus <cite>Reliques<\/cite> (1765), comparaba las baladas con los romances y traduc\u00eda dos de \u00e9stos; despu\u00e9s otros varios hicieron an\u00e1logas traducciones. La rehabilitaci\u00f3n tuvo un tropiezo: Southey (1808) manifest\u00f3 que en Inglaterra hab\u00eda una sobreestima injustificada hacia los romances, y juzg\u00f3 a todos \u00e9stos como muy inferiores a las baladas: sin embargo, las traducciones y la estimaci\u00f3n siguieron contando con la pluma de Walter Scott, de lord Byron, de Lockhart y Longfellow (1833), contestando a Southey, declaraba que el romance de la <cite>Partida de Bernardo<\/cite> no era inferior a la admirable balada <cite>Chevy Chase<\/cite>, y que el <cite>Conde Alarcos<\/cite>, en simplicidad y en vigor pat\u00e9tico, no ten\u00eda par entre todas las baladas inglesas, siendo muy superior a <cite>Edom<\/cite> o <cite>Gordon<\/cite>.<\/p>\n<p>En esta valorizaci\u00f3n del Romancero, tras Inglaterra iba Alemania. Percy hab\u00eda servido de gu\u00eda a Herder; despu\u00e9s Goethe y J. Grimm escribieron elogios extraordinarios y trabajos eruditos sobre el Romancero. Schlegel (1812) volv\u00eda a hacer la comparaci\u00f3n de las baladas inglesas con los romances, ensalzando a \u00e9stos como poes\u00eda verdaderamente heroica y nacional, claros y atractivos para el pueblo, a la vez que bastante nobles en ideas y expresi\u00f3n paro deleitar a los hombres m\u00e1s cultos. Hegel, en su <cite>Est\u00e9tica<\/cite>, encomiaba el collar de perlas del Romancero, y lo contrapon\u00eda audazmente a lo m\u00e1s bello que produjo la antig\u00fcedad cl\u00e1sica.<\/p>\n<p>En tercer lugar contribu\u00eda Francia, donde Creuz\u00e9 de Lesser (1814) calificaba el Romancero, siguiendo las teor\u00edas wolfianas, como \u00abuna <cite>Il\u00edada<\/cite> sin Homero\u00bb; comparaci\u00f3n afortunada que V\u00edctor Hugo (1829) reh\u00edzo, hablando de, \u00abuna <cite>Iliada <\/cite> g\u00f3tica y otra \u00e1rabe\u00bb, y que Viardot (1832) precis\u00f3, teniendo a los romances por rapsodias, a las que s\u00f3lo hab\u00eda faltado un Pis\u00edstrato para formar con ellos una <cite>Iliada<\/cite> espa\u00f1ola.<\/p>\n<p>Esta gran corriente de rehabilitaci\u00f3n iniciada en Inglaterra, hizo que Espa\u00f1a reaccionase contra las ideas del siglo <small>XVIII<\/small> y volviese a mirar el Romancero como digno de la mayor estima. La colecci\u00f3n de Dur\u00e1n (1828-32) fue el comienzo de la reacci\u00f3n. Zorrilla glos\u00f3 el <cite>\u00a1Ay de mi Alhama!<\/cite> (1847); \u00e9l y el Duque de Rivas (1841) escribieron muchos romances narrativos. Y a\u00fan m\u00e1s que en la \u00e9poca rom\u00e1ntica, en la moderna vemos resurgir la inspiraci\u00f3n del Romancero: la llevan al teatro Jacinto Grau en su <cite>Conde Alarcos<\/cite> (1907), Crist\u00f3bal de Castro y L\u00f3pez de Alarc\u00f3n en su <cite>Gerineldo<\/cite> (1909); la llevan a la l\u00edrica, a la narrativa y a la prosa Enrique de Mesa, Fern\u00e1ndez Ardav\u00edn, Blanco Belmonte, Moreno Villa, Garc\u00eda Lorca, Alberti; la matiza y afiligrana Azorin, el maestro de la nueva sensibilidad. As\u00ed otra vez el viejo Romancero revive en la nueva literatura.<\/p>\n<p>En suma: el Romancero es la canci\u00f3n \u00e9pico-l\u00edrica de fondo m\u00e1s heroico y caballeresco: s\u00f3lo las viser danesas y suecas pudieran compar\u00e1rsele; pero el Romancero, m\u00e1s que las ya excepcionales viser, no s\u00f3lo representa m\u00e1s altamente la vida hist\u00f3rica nacional, sino que aparece m\u00e1s enraizado en la poes\u00eda heroica, esa poes\u00eda que informa los or\u00edgenes literarios de los pueblos modernos, y de la cual el Romancero contin\u00faa los h\u00e9roes, los temas, la versificaci\u00f3n y hasta los versos mismos. El Romancero, extendido por todos los climas y los mares adonde se dilat\u00f3 el imperio hisp\u00e1nico es la canci\u00f3n \u00e9pico-l\u00edrica que recrea la imaginaci\u00f3n de m\u00e1s pueblos, esparcidos por todas las partes del mundo, por el hemisferio boreal y austral. Es la canci\u00f3n que ha alcanzado m\u00e1s altura literaria, haci\u00e9ndose digna de informar importantes ramas de la producci\u00f3n art\u00edstica, tanto en la \u00e9poca cl\u00e1sica como en la moderna; n\u00f3tese, por ejemplo, que V\u00edctor Hugo imita romances espa\u00f1oles y no canciones narrativas francesas. El Romancero, en fin, por su tradicionalismo, por la cantidad de vida hist\u00f3rica que representa y por la multitud de reflejos est\u00e9ticos y morales, es quintaesencia de caracter\u00edsticas espa\u00f1olas.<\/p>\n<p>He aqu\u00ed por qu\u00e9 podemos repetir con verdad que Espa\u00f1a es el pa\u00eds del Romancero.<\/p>\n<\/p><\/div>\n","protected":false},"author":1,"menu_order":6,"template":"","meta":{"pb_show_title":null,"pb_short_title":"","pb_subtitle":"","pb_authors":[],"pb_section_license":""},"chapter-type":[],"contributor":[],"license":[],"class_list":["post-36","chapter","type-chapter","status-publish","hentry"],"part":3,"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.publiconsulting.com\/wordpress\/flornueva\/wp-json\/pressbooks\/v2\/chapters\/36","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.publiconsulting.com\/wordpress\/flornueva\/wp-json\/pressbooks\/v2\/chapters"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.publiconsulting.com\/wordpress\/flornueva\/wp-json\/wp\/v2\/types\/chapter"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.publiconsulting.com\/wordpress\/flornueva\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/www.publiconsulting.com\/wordpress\/flornueva\/wp-json\/pressbooks\/v2\/chapters\/36\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":164,"href":"https:\/\/www.publiconsulting.com\/wordpress\/flornueva\/wp-json\/pressbooks\/v2\/chapters\/36\/revisions\/164"}],"part":[{"href":"https:\/\/www.publiconsulting.com\/wordpress\/flornueva\/wp-json\/pressbooks\/v2\/parts\/3"}],"metadata":[{"href":"https:\/\/www.publiconsulting.com\/wordpress\/flornueva\/wp-json\/pressbooks\/v2\/chapters\/36\/metadata\/"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.publiconsulting.com\/wordpress\/flornueva\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=36"}],"wp:term":[{"taxonomy":"chapter-type","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.publiconsulting.com\/wordpress\/flornueva\/wp-json\/pressbooks\/v2\/chapter-type?post=36"},{"taxonomy":"contributor","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.publiconsulting.com\/wordpress\/flornueva\/wp-json\/wp\/v2\/contributor?post=36"},{"taxonomy":"license","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.publiconsulting.com\/wordpress\/flornueva\/wp-json\/wp\/v2\/license?post=36"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}