{"id":88,"date":"2018-03-20T12:16:02","date_gmt":"2018-03-20T12:16:02","guid":{"rendered":"http:\/\/www.publiconsulting.com\/wordpress\/madridantiguo\/back-matter\/__unknown__-5\/"},"modified":"2018-03-20T13:00:44","modified_gmt":"2018-03-20T13:00:44","slug":"__unknown__-5","status":"publish","type":"back-matter","link":"https:\/\/www.publiconsulting.com\/wordpress\/madridantiguo\/back-matter\/__unknown__-5\/","title":{"rendered":"Ap\u00e9ndice N\u00famero 3\u00ba"},"content":{"raw":"<h2><span style=\"orphans: 1; widows: 2; font-family: Tinos, Georgia, serif; font-size: 14pt; font-weight: normal;\">Real aparato y sumptuoso recelamiento con que Madrid (como casa y morada de S.\u00a0M.) rescibi\u00f3 a la seren\u00edsima reina do\u00f1a Ana de Austria viniendo a ella nuevamente, despu\u00e9s de celebradas sus felic\u00edsimas bodas. P\u00fanese su itinerario. Una breve relaci\u00f3n del triunfo del seren\u00edsimo don Juan de Austria. El parto de la Reina nuestra se\u00f1ora. Y el solene baptismo del SS. pr\u00edncipe D. Fernando, nuestro se\u00f1or.<\/span><\/h2>\r\n<div class=\"cursiva\">\r\n\r\nDirigido al ilustr\u00edsimo y reverend\u00edsimo cardenal don Diego de Espinosa, obispo y se\u00f1or de Sig\u00fcenza, presidente del Consejo Real, inquisidor apost\u00f3lico general en los reinos y se\u00f1or\u00edos de Espa\u00f1a, etc.\r\n\r\nCompuesto por el maestro Juan L\u00f3pez de Hoyos, catedr\u00e1tico del Estudio de esta felice y coronada villa de Madrid.\r\n\r\nCon privilegio impreso en la coronada villa de Madrid por Juan Gracian,<span class=\"normal\">1572. Un tomo en 8.\u00ba, de 264 fojas.<\/span>\r\n\r\n<\/div>\r\n<p class=\"salto10\">En el extracto que vamos a hacer en este curioso libro, prescindiremos de la relaci\u00f3n que precede a la de la entrada de la Reina, y que cuenta prolijamente su viaje desde que desembarc\u00f3 en Santander, en 3 de Setiembre, hasta que lleg\u00f3 a Segovia, donde se verific\u00f3 el casamiento; la de esta solemnidad y la de la continuaci\u00f3n del viaje hasta Madrid; limit\u00e1ndonos s\u00f3lo a trascribir la descripci\u00f3n de esta entrada, de los festejos con que se celebr\u00f3 y de las localidades en que \u00e9stos tuvieron lugar, que es lo que hoy nos interesa, y descartando, por supuesto, la <i>declaraci\u00f3n<\/i> prolija y rid\u00edcula de los arcos triunfales, sus emblemas e inscripciones, cu que luce el maestro Hoyos su empalagosa erudici\u00f3n hist\u00f3rico-mitol\u00f3gica y su pesado y chabacano estilo, y con que ocupa las <i>nueve d\u00e9cimas partes<\/i> de su libro.<\/p>\r\n<p class=\"cit cursiva\">Preparativos para la entrada de S. M.<\/p>\r\nPrimeramente, por todos los caminos por donde Labia de venir S.\u00a0M., se dio orden de muy gran copia de bastimentos, y los pasos dificultosos y de grandes atolladeros allan\u00f3, as\u00ed con calzadas de argamasa, como con ingenios y otros instrumentos fortalesci\u00f3 para que queden perpetuas. En particular se remedi\u00f3 uno de los m\u00e1s importantes puertos o entradas que hab\u00eda a un pago, que llaman de Valnigral, distancia de media legua de Madrid. Han trabajado en \u00e9l m\u00e1s de un mes ciento y cincuenta hombres cada dia; gast\u00f3se grande n\u00famero de carretadas de piedra; allan\u00f3se un cerro y queda enlosado, que se representan aquellas v\u00edas stratas romanas (de esto y de la puerta de Guadalajara y su ornato fue comisario Pedro de Herrera, regidor antiguo de este pueblo, var\u00f3n celoso en lo tocante a las cosas del bien p\u00fablico), y otros muchos barrancos y obras harto necesarias, que la buena venida de S. M. ha remediado.\r\n<p class=\"cit cursiva\">El Prado de Sant Hier\u00f3nimo, sus fuentes y su ornato.<\/p>\r\nEsta planicie y llanura llega hasta la entrada del pueblo, donde se ha hecho una de las mejores y m\u00e1s delectables recreaciones p\u00fablicas que hay en todo el reino, porque es una salida a Oriente junto a uno de los muy Reales y aventajados monasterios, as\u00ed en calidad y aposento de S.\u00a0M. como en la mucha religi\u00f3n que en \u00e9l se profesas de la orden de Sant Hier\u00f3nimo, de cuya antig\u00fcedad y fundaci\u00f3n dijimos en el libro que de la reina do\u00f1a Isabel de Valois (que en gloria es) compusimos. Esta tan santa vecindad hace esta recreaci\u00f3n p\u00fablica muy calificada, y a esta causa le llaman el Prado de Sant Hier\u00f3nimo, en el cual se ha hecho una calle de m\u00e1s de dos mil pies de larga y ciento de ancha, plantada de muchas y diferentes suertes de \u00e1rboles muy agradables a la vista. Al lado izquierdo como entramos, hay otra calle muy fresca, de la misma longitud y tama\u00f1o, y de muy gran arboleda de una parte, y de otra muchos frutales en las huertas que la cercan. Los \u00e1rboles est\u00e1n plantados por sus hileras muy en orden, haciendo sus calles proporcionadamente, mezclando las diferencias de \u00e1rboles para que sean m\u00e1s umbrosos y agradables.\r\n\r\nEn esta calle a sus lados se hicieron cuatro fuentes de singular artificio, suntuosa f\u00e1brica y particular compartimiento; todas cuatro son de una muy excelente piedra berroque\u00f1a; hace cada una una bac\u00eda, que hace una taza redonda; tiene de di\u00e1metro diez pies, media vara de borde, vaciadas por de dentro y aovadas por de fuera, asentadas sobre un balaustre de cinco pies de alto y grande corpulencia en su contorno. Tiene cada fuente unos adoquines de piedra labrados harto pulidamente, que tienen de di\u00e1metro diez y siete pies.\r\n\r\nAntes que se entre en el Prado se hizo un pilar, que en castellano m\u00e1s tosco llaman Abrevadero, todo de canter\u00eda de piedra berroque\u00f1a. Tiene de largo m\u00e1s de setenta pies, de hueco m\u00e1s de doce, dos gruesos ca\u00f1os de agua en los dos testeros, el uno sale por la boca de un delf\u00edn de bronce, que se levanta del agua m\u00e1s de dos pies; tiene una palabra de letra de relieve que dice (<i>Bueno<\/i>); el otro ca\u00f1o sale por la boca de una culebra; a \u00e9sta rodean otras dos a revueltas, y en la esfera que hacen tienen un espejo de bronce, y en medio de \u00e9l dice (<i>Vida y gloria<\/i>), que corresponde con la letra del delf\u00edn, y as\u00ed dice todo: (<i>Del fin bueno vida y gloria<\/i>).\r\n\r\nLas cinco fuentes del Prado hacen tan gracioso murmullo y salen los ca\u00f1os por ellas tan artificiosamente, que no nos notar\u00e1 el discreto lector de afectados en por extenso dar noticia de ello.\r\n\r\nA la mano derecha de la entrada del Prado da luego la vista en una fuente, de enmedio de la cual salen cinco ca\u00f1os, que suben los cuatro tres pies en alto, y al caer hacen cuatro arcos, que resuenan en el borde de la bac\u00eda harto graciosamente. De enmedio sale otro, que sube m\u00e1s que ninguno.\r\n\r\nDe la que a \u00e9sta corresponde a la mano izquierda se levantan de enmedio mucha abundancia de ca\u00f1os, que hinchen toda la bac\u00eda en su contorno y hacen muy suave sonido. Tiene alrededor, labrados de canter\u00eda, unos asientos en un semic\u00edrculo para que de verano se goce de una tan excelente recreaci\u00f3n, porque el agua sale tan desparcida y por tantos ca\u00f1os, que parece siempre llover.\r\n\r\nM\u00e1s distante de enmedio de la que a \u00e9sta corresponde, salen cuatro golpes de agua gruesos, que suben m\u00e1s de cuatro pies en alto; al caer cada uno de ellos hace un gracioso arco, que da en el borde de la bac\u00eda, hace grande ruido y suave armon\u00eda.\r\n\r\nLa cuarta, que graciosa y agradablemente se ofrece a la vista al fin de la calle y arboleda campeando, hace muy vistosa perspectiva, como objeto y blanco en que la vista se recrea; de enmedio de \u00e9sta brota con grande \u00edmpetu una espada\u00f1a de agua m\u00e1s ancha que dos palmos, de enmedio de la cual salen dos ca\u00f1os a los lados, gruesos de medio real, suben cerca de una vara, hacen una apariencia y vista tan graciosa y de tan gran artificio, que quisiera yo poderlo particularmente significar.\r\n\r\nHay otra fuente que mira al monasterio de Sant Hier\u00f3nimo, ochavada, de canter\u00eda bien labrada; tiene de alta cinco pies, y doce de di\u00e1metro, asentada sobre dos gradas de canter\u00eda, con sus molduras relevadas por la parte de afuera. De enmedio de todo esto se levanta una columna d\u00f3rica con su basa y capitel, encima tiene una bac\u00eda con un cobertor, que hace un globo o bola redonda, con un bocel; por enmedio de la junta tiene cuatro serafines, en la boca de cada uno de ellos un ca\u00f1o de bronce hecho un balaustre, por do sale el agua; est\u00e1 singularmente acabado. Con que esta recreaci\u00f3n y salida es la m\u00e1s insigne que en todos estos reinos se halla, por ser tan espaciosa y desenfadada, con tanto ornato de fuentes y arboledas, huertas y aires, que en esta parte soplan tan pl\u00e1cida, suave y saludablemente, que parece dilatarse los \u00e1nimos y desechar gran parte de melancol\u00eda, extendiendo los ojos por tan agradable espect\u00e1culo, donde ninguna parte se puede mirar ociosa o bald\u00edamente. De este tan ilustre aparato y su buen t\u00e9rmino fue comisario Diego de Vargas, m\u00e1s antiguo regidor y de la antigua y valerosa familia de los Vargas de Madrid.\r\n<p class=\"cit cursiva\">Entrada de S. M. en Madrid y orden de su Real rescibimiento.<\/p>\r\nLlegados 26 de Noviembre del 1569, domingo, continu\u00e1ndose la claridad y clemencia del cielo para que la venida de S.\u00a0M. fuese m\u00e1s c\u00f3modamente solemnizada, y se pudiese el gran concurso de gente que de toda Espa\u00f1a (por verla) hab\u00eda concurrido extender y dilatar por los campos, fue cosa de admiraci\u00f3n la frecuencia y gran concurso de gente que m\u00e1s de una legua antes que S. M. llegase a Madrid se hab\u00eda desparcido por una parte y por otra del camino. Parec\u00eda un muro la espesura de gente que por doquiera hab\u00eda. La gente de infanter\u00eda que se previno de todos los oficios fueron m\u00e1s de cuatro mil infantes, muy lucidos y de singular bizarr\u00eda soldadesca, con m\u00e1s de mil quinientos arcabuceros. Quince banderas, que hermoseaban todo el campo y eran muy gratas a la vista. Don Francisco de Vargas Manrique (patr\u00f3n de la capilla de San Juan de Letran, fundada por su t\u00edo el muy ilustre y reverend\u00edsimo se\u00f1or don Gutierre de Vargas Carvajal, obispo de Plasencia), en esta villa de Madrid muy calificado, y de superbo edificio, fue capit\u00e1n general, como tan ejercitado en el arte militar, como paresce en el suceso de Malta, y en la gente que llev\u00f3 a la guerra de Granada este a\u00f1o pasado de 1569, ordenaba y dispon\u00eda su campo con tanto acierto como si hubiera de dar en efecto una campal batalla. Anduvieron m\u00e1s de un mes antes que S. M. en Madrid entrase, por todo el pueblo, con sus p\u00edfanos y tambores regocij\u00e1ndolo. Los d\u00edas de fiesta se hac\u00eda muestra y alarde de cada compa\u00f1\u00eda en particular, donde sus capitanes hac\u00edan bravos gastos de comidas francas y tiendas particulares para ello.\r\n\r\nPoco antes que S. M. llegase a vista del pueblo, el Duque de Feria, capit\u00e1n de la guarda de S.\u00a0M., orden\u00f3 toda su gente, as\u00ed de pie como de a caballo, y dende sus casas, con gran concierto y m\u00fasica, sali\u00f3 a rescibir a S. M. Al principio de la vanguardia iba D. Lorenzo Xuarez de Figueroa, marqu\u00e9s de Villalva, heredero de la casa del Duque de Feria, su padre, con Mons de Sela, capit\u00e1n de los archeros, precediendo los areneros, muy lucidamente aderezados con la librea de S. M., con sus celadas y morriones en las cabezas, adornadas con sus plumas. Campeaba mucho su ornato, orden y majestad. A \u00e9stos sigui\u00f3 la guarda de a pie espa\u00f1ola, la cual notablemente representaba la braveza y autoridad espa\u00f1ola. Tras ellos iba el Duque con un bast\u00f3n en la mano. Luego se segu\u00eda la guarda alemana y borgo\u00f1ona bien lucida. En la retaguarda iba la guarda de a caballo espa\u00f1ola, con sus lanzas jinetas en sus manos; parescia bien el triunfo y magnificencia Real en el copioso n\u00famero, lucido ornato, orden y valor de tanta caballer\u00eda. Todos as\u00ed juntos salieron buen trecho hasta que lleg\u00f3 S. M., y acerc\u00e1ndose a Madrid, comenzando a entrar por el Prado (que habernos dicho), estaba de graciosa pintura Pales, diosa de los prados, que los antiguos poetas fingieron ser diosa de los pastos. Esta ofrec\u00eda a S. M. una guirnalda de flores, y le suplica reciba y mire con clemencia un espect\u00e1culo de tanta recreaci\u00f3n, como all\u00ed S. M. tan aficionadamente miraba, con esta letra d\u00e1ndole la guirnalda:\r\n<div class=\"cit\">\r\n\r\n<span class=\"pad\">Recibid la de las flores,<\/span>\r\n\r\nPues, con ser tan sin segundo.\r\n\r\nGoz\u00e1is la de todo el mundo.\r\n\r\n<\/div>\r\nLas ninfas que a \u00e9sta acompa\u00f1aban, estaban algo distantes, parec\u00edan humillarse a la hermosura de S.\u00a0M., con este soneto, en el cual habla la diosa de los prados:\r\n<div class=\"cit\">\r\n\r\nSeren\u00edsima Reina, con clemencia\r\n\r\nOs suplico mir\u00e9is mi nuevo Prado,\r\n\r\nCon sus hermosas fuentes adornado,\r\n\r\nAl cual ilustra m\u00e1s vuestra presencia.\r\n\r\nYa las silvestres ninfas obediencia\r\n\r\nHan hoy a vuestra gran belleza dado,\r\n\r\nY con suaves canciones celebrado\r\n\r\nVuestra gran hermosura y excelencia.\r\n\r\nDichosa Mantua, dichosos collados,\r\n\r\nDichosas ninfas, muy dichosas fuentes,\r\n\r\nG\u00f3zaos con nuevo triunfo aqueste dia.\r\n\r\nDerramad vuestras aguas y corrientes\r\n\r\nCon suave murmullo por los prados,\r\n\r\nPues con raz\u00f3n mostr\u00e1is gran alegr\u00eda.\r\n\r\n<\/div>\r\nAl reverso habla la diosa Pales:\r\n<div class=\"cit\">\r\n\r\n<span class=\"pad\">No porque sea r\u00fastica pastora,<\/span>\r\n\r\nCriada al sol y al viento por los prados,\r\n\r\nEn estos regocijos deseados\r\n\r\nTengo de ser ingrata a tal se\u00f1ora.\r\n\r\n<span class=\"pad\">El Indo ofrezca el oro que atesora,<\/span>\r\n\r\nTajo sus ricos dones y dorados,\r\n\r\nPresente Aricie olores regalados\r\n\r\nY aquel santo licor que mirra llora.\r\n\r\n<span class=\"pad\">Las tres Gracias ya han dado lo m\u00e1s alto<\/span>\r\n\r\nQue jamas pudo darse en gentileza,\r\n\r\nEl cielo ya ha influido mil favores;\r\n\r\n<span class=\"pad\">Y porque sola soy yo la que falto,<\/span>\r\n\r\nA tanta majestad y a tanta alteza\r\n\r\nOfrezco aqueste Prado con sus flores.\r\n\r\n<\/div>\r\nMucho gusto rescibia S. M. de ver el gracioso murmullo de los ca\u00f1os de agua que de las fuentes hemos dicho iba gozando, las cuales se ofrescian mirando a una y otra parte; y as\u00ed, al fin del Prado, con grand\u00edsima brevedad y diligencia, se hizo, en espacio de diez d\u00edas, un estanque de m\u00e1s de quinientos pies de largo y ochenta de ancho, con buena profundidad. A un lado del Prado, a la mano izquierda por la parte superior de la parte de Sant Hier\u00f3nimo, se hizo un castillo muy formado con cuatro rebellines a las esquinas. Del medio se levantaba una torre, que llaman del homenaje, \u00e9ste muy poblado de artiller\u00eda; su planta fue a la orilla del estanque, que parescia el agua batir cu la muralla. Representaba una muy formada fortaleza, y en la artiller\u00eda y disposici\u00f3n parec\u00eda a Argel. Arm\u00e1ronse ocho galeras en tan poco tiempo, que en ocho d\u00edas se echaron al agua, que no es mediano argumento de la diligencia, suntuosos gastos y copia de art\u00edfices que en ello se ocup\u00f3; p\u00e1reselo bien la industria de Juan Baptista, extranjero, as\u00ed en esto como en la arquitectura de los arcos; cada galera llevaba sus remeros con ropillas y bonetes azules y zarag\u00fcelles, hasta en pies encadenados, y en cada una un muy diligente c\u00f3mitre, haci\u00e9ndolos bogar; llevaba cada galera veinte soldados de pelea, bravamente aderezados, cuatro tiros en cada una, con gran n\u00famero y cantidad de cohetes; llevaban las galeras en sus m\u00e1stiles y antenas banderas de tafet\u00e1n carmes\u00ed, y en la capitana las armas Reales, trompetas y m\u00fasicas, que p\u00e1resela armada copiosa y muy a punto de guerra. Junto a este estanque se hizo un cadahalso, a manera de trono, de muy gran majestad, que ten\u00eda catorce gradas en contorno, para que sin confusi\u00f3n por una parte se pudiese subir a besar las manos a S.\u00a0M., y por la otra bajar. Todas las gradas, y por lo alto que hubo un buen espacio de cadahalso, se cubrieron de brocado de tres altos. Hab\u00eda tambi\u00e9n un dosel muy suntuoso, debajo del cual se puso un sitial, en el cual S. M. se sent\u00f3 para gustar de las danzas e invenciones y bailes y folias que all\u00ed se le representaron. Hubo en el cadahalso otras dos sillas a los lados del sitial.\r\n<p class=\"cit cursiva\">Combate naval, bater\u00eda del castillo y besamanos.<\/p>\r\nLlegada S. M., descendi\u00f3 del coche con el pr\u00edncipe Alberto de Austria, y subiendo al cadahalso y sentada en su trono, se le hizo la salva y su bater\u00eda al castillo con gran alarido de los moros, que en efecto paresci\u00f3 un prelio naval que antiguamente los emperadores romanos en estas fiestas, regocijos y triunfos sol\u00edan representar. Aunque en \u00e9ste no ser\u00e1 atrevimiento decir que fue m\u00e1s estruendo por la artiller\u00eda y p\u00f3lvora con que se represent\u00f3, batiendo el castillo las galeras por el agua con mucha m\u00fasica y artiller\u00eda, la infanter\u00eda por la parte de la tierra, y hizo un tan animoso asalto, que en poco tiempo pusieron sus banderas en la torre m\u00e1s alta del castillo, aunque \u00e9l se defendi\u00f3 con su artiller\u00eda, y el n\u00famero de turcos y de moros que en \u00e9l hab\u00eda era grande, la grita y alaridos, ingenios de p\u00f3lvora y alcanciazos fueron tan furiosos, que cayeron muchos soldados de la muralla.\r\n\r\nFue \u00e9sta una muy soberbia batalla, que, a testimonio de todos los extranjeros, afirmaban no haber visto m\u00e1s formado campo, ni que con tanta destreza hubiese representado este acto militar.\r\n\r\nHab\u00eda en este tiempo una confusi\u00f3n y ruido que no nos entend\u00edamos unos a otros, as\u00ed por el sonido y estruendo de los atambores, como por la m\u00fasica de los menestriles, resonancia de las trompetas, la tabaola de los tamboriles de las danzas, que fueron m\u00e1s de cincuenta, de maravillosos aderezos y de diferentes invenciones, y el apretura de la gente, con ser un campo harto espacioso y desenfadado.\r\n\r\nHabiendo S. M. gustado mucho de este espect\u00e1culo, el Ayuntamiento y Senado de esta villa, habiendo ya venido dende su tribunal todos juntos con muy acertada m\u00fasica de trompetas, atabales y menestriles, precediendo todos sus ministros de justicia, con libreas de grana de polvo, franjas de carmes\u00ed; a \u00e9stos siguiendo los escribanos de Ayuntamiento y procurador general de la rep\u00fablica, que en el pueblo romano llamaron Tribuno del pueblo, con jubones de raso y calzas de terciopelo blanco, medias de aguja, zapatos de terciopelo, espadas doradas, vainas y tiras de terciopelo blanco, capas que llaman rozagantes, de terciopelo turquesado, aforradas en raso amarillo, gorras de terciopelo negro con plumas del color del vestido.\r\n\r\nSegu\u00edanse el Corregidor y los se\u00f1ores de Ayuntamiento y el licenciado Gaspar Duarte de Acu\u00f1a, su teniente, y toda la m\u00e1s justicia, con aquellas vestiduras senatorias hasta los pies que acerca de los romanos fueron tan celebradas. Eran de terciopelo carmes\u00ed aforradas en tela de oro, jubones de raso blanco con botones de oro, muchos de terciopelo con tafetanes de tela de oro, y medias de aguja y zapatos de terciopelo, espadas doradas, gorras de terciopelo con sus plumas y piezas de oro, collares de oro con mucha pedrer\u00eda, gualdrapas de terciopelo, frenos, estribos y guarniciones de los caballos doradas.\r\n\r\nDe todo este ornato de guarniciones fue comisario Miguel de Cereceda y Salmer\u00f3n, regidor de esta villa. Por este concepto llegaron al sitial donde S.\u00a0M. estaba. El Corregidor, despu\u00e9s de haber besado a S. M. la mano, hizo este breve razonamiento que se sigue, y dijo:\r\n\r\n\u00abLa venida de V. M. sea tan pr\u00f3spera y felice y por tan largos a\u00f1os como el bien universal de estos reinos lo ha menester y todos a Nuestro Se\u00f1or suplicamos. V.\u00a0M. reciba con la clemencia que acostumbra el servicio que esta villa tan aficionadamente, como casa y morrada de V. M., hace, deseando en todo acertar, como tan fieles y leales vasallos\u00bb. Dicho esto, todos los regidores por sus antig\u00fcedades besaron las manos de S. M. y vinieron al primer arco triunfal, adonde esperaron a S. M. con el palio, como adelante diremos.\r\n\r\nEl ilustr\u00edsimo y reverend\u00edsimo cardenal D.\u00a0Diego de Espinosa sali\u00f3 con grande y muy ilustre acompa\u00f1amiento de todos los se\u00f1ores del Consejo Real y sus ministros, los alcaldes de corte y mucha frecuencia de caballeros. Por este orden salieron los dem\u00e1s consejos y tribunales de la corte Real de S. M., con sus presidentes y ministros, todos los cuales salieron a este campo de Sant Hier\u00f3nimo, aguardando que S. M. llegase.\r\n\r\nEl orden que en besar las manos a S. M. se tuvo y guardaron los Consejos fue \u00e9ste. Despu\u00e9s (como hemos dicho) del regimiento, besaron las manos a S.\u00a0M. todos los consejos. El primero fue la Contadur\u00eda Mayor de Cuentas, donde iban D. Pedro Nu\u00f1o y el Conde de Olivares, como contadores mayores de cuentas. En seguida, la Contadur\u00eda Mayor de Hacienda. El tercero, el Consejo de las Ordenes, cuyo presidente es D. Fadrigue Enriquez de Rivera, mayordomo del Rey. El cuarto, el Real Consejo de Indias. El quinto, el Consejo de Italia, y con \u00e9l su presidente el doctor D. Gaspar de Quiroga. El sexto, el Consejo de Arag\u00f3n, donde iba el vice-canciller de Arag\u00f3n y el Conde de Chinch\u00f3n, como su tesorero general de este reino de Arag\u00f3n. El s\u00e9timo y postrero de todos fu\u00e9 el Consejo Real, donde el cardenal D. Diego de Espinosa, etc., como presidente y cabeza, fue el primero que lleg\u00f3 a besar las manos a S. M. La cual, usando de su generosidad de \u00e1nimo, se levant\u00f3 a \u00e9l y le mand\u00f3 dar una silla, preguntando a S. S. I. por su salud (porque en \u00edSegovia hab\u00eda estado indispuesto). S. S. I. respondi\u00f3 e hizo un razonamiento de subido concepto y singular elocuencia, dando a S. M. el parabi\u00e9n de su felice venida y signific\u00e1ndole la voluntad con que tan aficionadamente todos recib\u00edan a S. M. Y habi\u00e9ndose S. S. I. y R. sentado, comenzaron a besar las manos a S. M. los se\u00f1ores del Consejo por sus antig\u00fcedades, nombrando el cardenal a S. M. cada uno quien era.\r\n\r\nEn el cadahalso hubo gran frecuencia de glandes y se\u00f1ores de t\u00edtulo acompa\u00f1ando a S.\u00a0M. Entre ellos estaba (-1 pr\u00edncipe su hermano Alberto de Austria, al lado izquierdo, apartado de S. M., sentado en una silla. Hall\u00e1ronse all\u00ed el Conde de Benavente, el Duque de Medina de Bioseco, el Marqu\u00e9s de Mond\u00e9jar, el Conde de Alba de List\u00e9, el Marqu\u00e9s de Ayamonte, D. Fernando de Toledo, prior de Sau Juan; el Conde de Arambergue, y las damas que con S. M. vinieron.\r\n\r\nDespu\u00e9s que todos los consejos hicieron este oficio con la autoridad y decencia que de tan grandes se\u00f1ores y letrados padres de la rep\u00fablica a S.\u00a0M. se debia, todos precedieron a caballo con los grandes, y toda la nobleza de Espa\u00f1a que a S. M. acompa\u00f1aba.\r\n<p class=\"cit cursiva\">Ornato de S. M. a su entrada en Madrid.<\/p>\r\nLa Reina subi\u00f3 en un palafr\u00e9n blanco mosqueado, ricamente aderezado, con un sill\u00f3n de oro con mucha pedrer\u00eda, muy bien labrado, gualdrapa de terciopelo negro guarnescida y bordada con franjas de oro. S.\u00a0M. se mostr\u00f3 este d\u00eda hermos\u00edsima, y con aquella majestad y se\u00f1or\u00edo que tan natural y tan fundado y con tantos dotes del \u00e1nimo esmaltado tiene, represent\u00f3 muy bien su ser y monarqu\u00eda. Llevaba S. M. vestida una saya de tela de plata parda bordada de oro y plata. Un gualdres de terciopelo negro aforrado en tela de plata, prensado y guarnescido con unas franjas de oro; collar y apretador de muchos diamantes, rub\u00edes y piedras de mucho valor; un sombrero adornado con una cinta de oro, con unas plumas blancas, coloradas y amarillas, que son los colores del rey N. S. El pr\u00edncipe Alberto y el ilustr\u00edsimo Cardenal iban cerca de S. M. acompa\u00f1\u00e1ndola. El orden con que el dem\u00e1s acompa\u00f1amiento iba, diremos adelante.\r\n\r\nProcediendo un poco m\u00e1s adelante, S. M. recibi\u00f3 muy grande contento en ver dos estatuas de m\u00e1rmol aparente. La una representaba a Baco y la otra a Neptuno. (<i>Sigue aqu\u00ed la descripci\u00f3n aleg\u00f3rica de estas estatuas, y los versos y artificios que las engalanaban, y contin\u00faan<\/i>).\r\n\r\nHabiendo S. M. gustado de este tan agradable espect\u00e1culo, lleg\u00e1ndose poco a poco a Madrid, no era de menor recreaci\u00f3n ver la copia de gente que desde este lugar hasta el primer arco poblaban los cadahalsos y talleres que se hab\u00edan hecho desde esta f\u00e1brica de Bacoy de Neptuno.\r\n<p class=\"cit cursiva\">Arcos triunfales y descripci\u00f3n de la carrera.<\/p>\r\nA la entrada de Madrid se fabric\u00f3 un arco triunfal de la mayor m\u00e1quina y majestad que hasta hoy a ning\u00fan pr\u00edncipe se ha fabricado ni jamas hecho. Fue cierto, exquisitamente elegido, etc. (<i>Este sitio era en la Carrera de San Jer\u00f3nimo, hacia donde despu\u00e9s se fund\u00f3 el convento del Espiritu Santo<\/i>).\r\n\r\nEste arco, cuya descripci\u00f3n ocupa setenta fojas del libro, representaba las victorias de los Reyes Cat\u00f3licos y de la Casa de Austria.\r\n<p class=\"cit cursiva\">Orden de la procesi\u00f3n.<\/p>\r\nA la entrada de este arco, con toda la m\u00fasica dicha, el Ayuntamiento y Senado de Madrid, despu\u00e9s de haber S.\u00a0M. con mucho contentamiento extendido los ojos por esta tan maravillosa f\u00e1brica, la rescibi\u00f3 con un muy suntuoso y Real palio de tela de oro frisada, brocado de tres altos riqu\u00edsimos, en el cual entraron cuarenta y cuatro varas; tuvo dos pares de goteras con su flocadura rica de graciosas labores, franjones de oro y plata, con los pendientes de supremo y suntuoso valor; fue esta comisi\u00f3n de D. Pedro de Bozmediano, regidor. Este estaba puesto en veinticuatro varas doradas, las cuales ten\u00edan veinticuatro regidores, porque aunque es m\u00e1s su n\u00famero, no se hallaron todos aqu\u00ed.\r\n\r\nEntrando S. M. debajo del palio, comenz\u00f3 toda la gente a caminar por este orden: delante de todos preced\u00edan las trompetas y atabales de S.\u00a0M., y con ellos los de la villa, los cuales iban alegrando todo el pueblo con su maravillosa armon\u00eda.\r\n\r\nA \u00e9stos segu\u00edan gran concurso y copia de caballeros; tras ellos, los se\u00f1ores de t\u00edtulo, espa\u00f1oles y extranjeros. A \u00e9stos segu\u00edan cuatro maceros con sus mazas de oro con las armas Reales de todo relieve. Estos representan aquellos lictores que R\u00f3mulo, fundador de Roma, orden\u00f3 para que le precediesen, representando Su Majestad e imperio, y de all\u00ed fueron ministros de los c\u00f3nsules.\r\n\r\nA \u00e9stos segu\u00edan luego los grandes que habernos dicho, y con ellos D.\u00a0Francisco Laso de Castilla, como mayordomo mayor de S. M. En su seguimiento, cuatro reyes de armas con sus cotas. Luego se segu\u00eda S. M. debajo del palio, y poco atr\u00e1s, junto al palio, iban el pr\u00edncipe Alberto de Austria y el ilustr\u00edsimo y reverend\u00edsimo cardenal don Diego de Espinosa, etc. A estos dos pr\u00edncipes segu\u00eda el gui\u00f3n, que es una bandera peque\u00f1a con una asta con las armas Reales. Este se lleva de camino para notar que va all\u00ed la persona Real. Luego le segu\u00eda do\u00f1a Leonor de Guzman, camarera mayor de S. M., a la cual acompa\u00f1aba el Duque de Feria. Segu\u00edase luego do\u00f1a Catalina Laso de Castilla, mujer de D. Francisco Laso de Castilla. Luego iba la guarda mayor, y tras ellas las damas ricamente vestidas, con muchas perlas, collares, cintas, apretadores de oro riqu\u00edsimos, sentadas en sus palafrenes con sillones de plata, gualdrapas de terciopelo guarnecidas, acompa\u00f1adas de pr\u00edncipes y se\u00f1ores opulentamente aderezados. La guarda de a pie acompa\u00f1aba a un lado y a otro, haciendo plaza, apartando los molestos encuentros del gran concurso de la gente. A la postre de todos iba la guarda de a caballo y areneros por retaguarda. Este fue el orden con que S. M. parti\u00f3 deste primer arco.\r\n\r\nProcediendo poco a poco, no era peque\u00f1o espect\u00e1culo dilatar los ojos por el ornato de colgaduras de brocados, rasos, damascos y otras tapicer\u00edas de oro y seda de grandioso valor. Las ventanas eran tan adornadas con grande frecuencia de se\u00f1oras y damas, que adornaban e ilustraban la fiesta.\r\n<p class=\"cit cursiva\">La Puerta del Sol y la calle Mayor.<\/p>\r\nLlegando cerca del monasterio de Nuestra Se\u00f1ora de la Victoria, que es de frailes de la Orden de los m\u00ednimos, junto al Hospital Real de esta corte, se le ofreci\u00f3 un arco exquisitamente fabricado y medianamente elegido, porque, en efecto, es uno de los m\u00e1s heroicos e inmortales triunfos que a ning\u00fan pr\u00edncipe ni monarca hasta hoy se le ha ofrecido ni solemnizado, como el discreto lector, consider\u00e1ndolo bien y notando lo que en \u00e9l se comprende, ver\u00e1 claramente ser verdad.\r\n\r\n\u00c9ste se fabric\u00f3 en un lugar harto espacioso, que llaman la Puerta del Sol: \u00e9sta tuvo este nombre por dos razones. La primera, por estar ella a Oriente, y en naciendo el sol, paresce ilustrar y desparcir sus rayos por aquel espacio. La segunda, porque en el tiempo que en Espa\u00f1a hubo aquellos alborotos que comunmente llamaban las Comunidades, este pueblo, por tener guardado su t\u00e9rmino de los bandoleros y comuneros, hizo un foso en contorno de toda esta parte del pueblo y fabric\u00f3 un castillo, en el cual pintaron un sol encima de la puerta, que era el com\u00fan Tr\u00e1nsito y entrada a Madrid. Y despu\u00e9s de la pacificaci\u00f3n y quietud de estos reinos, por lo mucho que el invit\u00edsimo emperador Carlos\u00a0V, rey de Espa\u00f1a, N. S., trabaj\u00f3 en allanar los grandes y pacificar todos los reinos de Espa\u00f1a, este castillo y puerta se derrib\u00f3 para ensanchar y desenfadar una tan principal salida como es esta de esta puerta; por el sol que all\u00ed estaba, llamaron todos este t\u00e9rmino la Puerta del Sol.\r\n<p class=\"salto10\">Sigue la descripci\u00f3n del arco, que representaba los reinos y poder\u00edo de Espa\u00f1a en las Indias; ocupa desde la foja 104 a la 123, llena de digresiones de indigesta erudici\u00f3n, y contin\u00faa as\u00ed:<\/p>\r\n<p class=\"salto10\">Habiendo S. M. recibido gran contentamiento en haber visto y entendido un tan soberbio triunfo de tantos reinos como aqu\u00ed se le ofreci\u00f3, porque el Conde Ladr\u00f3n, que hac\u00eda el oficio de caballerizo, brevemente declaraba a S.\u00a0M. la sustancia de lo que se la ofrec\u00eda.<\/p>\r\nProsiguiendo la Reina N. S. con la majestad y triunfo dicho, lleg\u00f3 al tercer arco, el cual se fabric\u00f3 en medio de la calle Mayor (<i>hacia la calle ele Coloreros<\/i>), que as\u00ed por la comodidad del lugar, porque en \u00e9l concurre una encrucijada, como por el sujeto en cuyo servici\u00f3se fabrica, porque en \u00e9l se pone alguna de las muchas grandes y heroicas virtudes que resplandecen en la majestad del rey don Felipe\u00a0II, N. S., fue la m\u00e1s aventajada cosa que en estos reinos se ha visto.\r\n\r\nSu elecci\u00f3n y compostura, etc.\r\n<p class=\"salto10\">La descripci\u00f3n de este arco, sus alegor\u00edas y leyendas alusivas al apoteosis que representaba del Monarca, no coge menos que cien hojas del libro. Dice luego:<\/p>\r\nProcediendo S. M. por el orden que hemos dicho desde este arco hasta la puerta que llaman de Guadalajara, era grand\u00edsimo contentamiento dilatar y extender los ojos por tanta variedad de riquezas de oro y plata y sedas con que todo este trecho estaba adornado, pasando en silencio las damas y se\u00f1oras que a una parte y a otra por las ventanas con su espect\u00e1culo ilustraban y regocijaban las fiestas. Antes que entremos con la historia dentro de la muralla, me pareci\u00f3 poner aqu\u00ed un encomio y loa, en que se ver\u00e1 claramente su antig\u00fcedad, y el que m\u00e1s quisiere saber, rem\u00edtole al libro que de la muerte de la seren\u00edsima reina do\u00f1a Isabel de Valois compusimos, porque all\u00ed hicimos un particular cap\u00edtulo de las armas de este pueblo y su declaraci\u00f3n.\r\n<p class=\"salto10\">Aqu\u00ed reproduce el grabado de las armas de Madrid del otro libro, e inserta adem\u00e1s el de la culebra de Puerta Cerrada en los t\u00e9rminos que, copiado en <i>facs\u00edmile<\/i>, va en la p\u00e1gina siguiente.<\/p>\r\nEsta es una figura del drag\u00f3n que los griegos pusieron, como fundadores de esta tan superba muralla, y vese claro haber sido ellos los que la fabricaron, pues en las puertas principales pusieron sus armas, como es en esta puerta que llaman la Puerta Cerrada. Y en la puerta de Moros, que mira al Septentri\u00f3n, pusieron una cruz de medio relievo, en lo alto de la puerta, con un encasamiento de piedra, la cual se\u00f1al tuvo aquella sabia gente por pronostic\u00f3 de mucha felicidad, salud, victoria, triunfo y perpetuo adelantamiento, lo cual se debe conservar y tener en mucho, pues conforme a esto, tiene Madrid mayor nobleza de antig\u00fcedad que Roma y muchos pueblos comarcanos.\r\n<p class=\"ilustra\"><img alt=\"\" src=\"http:\/\/www.publiconsulting.com\/wordpress\/madridantiguo\/wp-content\/uploads\/sites\/69\/2018\/03\/culebra.jpg\" \/><\/p>\r\n\r\n<div class=\"cit\">\r\n\r\nDenotat hic pr\u00e6sens coluber monumenta priorum,\r\n\r\nMantua qui patrun te muniere sibi;\r\n\r\nEt tibi gestamen gr\u00e6corum pulcra vetistas\r\n\r\nM\u00e6nia fuit nobis, docet unde tua.\r\n\r\n<\/div>\r\n<p class=\"apart\">Puerta de Guadalajara y su ornato.<\/p>\r\nLlegando a esta puerta, que es de la soberbia y antiqu\u00edsima muralla, se le ofreci\u00f3 toda renovada desde su planta hasta la punta de las pir\u00e1mides de los capiteles. Esta tiene dos torres colaterales tort\u00edsimas, de pedernal, aunque antiguamente ten\u00eda dos caballeros, a los lados, inexpugnables; la puerta, peque\u00f1a, la cual hac\u00eda tres vueltas, como tan gran fortaleza. Estos se derribaron para ensanchar la puerta y desenfadar este paso, porque es de gran frecuencia y concurso. Estas torres o cubos en que al presente est\u00e1n hacen una agradable y vistosa puerta de veinte pies de hueco con su dupla proporci\u00f3n de alto, y en la vuelta que el arco de la b\u00f3veda hace, todo de siller\u00eda berroque\u00f1a tort\u00edsima, hace un tr\u00e1nsito de la una torre a la otra, con unas barandas y balaustres de la misma piedra, todos los cuales se doraron. Sobre este tr\u00e1nsito se levanta otro arco de b\u00f3veda, que hace una hermosa y rica capilla, toda la cual est\u00e1 canteada de oro, y se hizo un altar con una imagen de Nuestra Se\u00f1ora con J. C. N. S. en los brazos, de todo relievo o, como el vulgo dice, de bulto, todo maravillosamente dorado y adornado con muchos brutescos. Esta imagen est\u00e1 en un encasamento que hace una muy devota capilla, y acompa\u00f1a mucho la imagen con todo buen ornato de sus t\u00e9rminos y frontispicios dorados. Sobre esto, en un encaje que hace otra manera de baranda, est\u00e1 el \u00c1ngel de la Guarda, que los antiguos llamaban tutelar, porque guarda y ampara al pueblo de los \u00e1ngeles malos. El cual tiene en la mano derecha una espada desnuda, y al otro lado un modelo de Madrid de todo relievo.\r\n\r\nSobre todo lo dicho, en contorno de todas las torres viene una baranda de hierro bien formada. De enmedio de esta f\u00e1brica suben tres torres con tres pir\u00e1mides, que el vulgo llama chapiteles. \u00c9stos son de grande altura, muy resplandecientes, porque todos son de hoja de hierro colado, y cada uno tiene cuatro chapiteles peque\u00f1os; a sus cuatro \u00e1ngulos de sus remates tiene cada uno un globo, y por lo alto tienen los de enmedio unas cruces con sus velas doradas, que suben sus globos o acroter\u00edas; esto es, en los colaterales, en los cuales hay diez chapiteles. La torre de enmedio sube algo m\u00e1s con toda buena proporci\u00f3n de arquitectura. En el remate de \u00e9sta de los cuatro \u00e1ngulos suben cuatro columnas de m\u00e1rmol muy bien estriadas. Sobre \u00e9stas se levanta otro chapitel de maravillosa f\u00e1brica y singular artificio, en medio del cual, en el hueco que hacen las columnas, pende el reloj, que es una maravillosa campana, que se oye tres leguas en contorno del pueblo. \u00c9ste tambi\u00e9n tiene su cruz y vela dorada, con las armas de Madrid sobre los globos y acroter\u00edas.\r\n\r\nEste es un cimborrio que levanta por alto treinta y seis pies, es sexevado y va en diminuci\u00f3n como pir\u00e1mide. Tiene a los cuatro \u00e1ngulos otras cuatro pir\u00e1mides peque\u00f1as de a doce pies de alto; en los huecos de las torres se pusieron cuatro colosos, hechos de todo relievo, representando unos gigantes de grande altura, con sus guirnaldas de laurel y bastones en las manos: miran por la delantera y el reverso de estas torres a la mano \u00edndice, que se\u00f1ala las horas en el reloj, porque es de singular artificio que a dos haces se parece, con que hace una agradable y muy suntuosa perspectiva, y el pueblo tiene mucho ornato.\r\n\r\nEl altar este d\u00eda tuvo muy rico frontal de brocado, con media docena de candeleros altos de oro, con sus velas de cera blanca, que causaba harta devoci\u00f3n.\r\n\r\nHabiendo S. M. dilatado la vista por esta tan maravillosa f\u00e1brica, y las joyas, tan ricas preseas y brocados, con que los mercaderes hab\u00edan adornado todo este tr\u00e1nsito. Pasando m\u00e1s adelante, no estaba menos ataviada la Plater\u00eda de riquezas y joyas, aunque al fin, la parte que es de la c\u00e1rcel, los toldos que all\u00ed hubo fueron los lamentables gritos y profundas voces con que los presos ped\u00edan a S.\u00a0M. misericordia. Lo cual oyendo S. M., pregunt\u00f3 al corregidor, D. Antonio de Lugo, que qu\u00e9 gritos eran aqu\u00e9llos; \u00e9l respondi\u00f3 que eran los presos, que ped\u00edan merced y libertad a S. M. A los cuales se les hizo la merced como de S. M. se esperaba.\r\n\r\nSaliendo de la Plater\u00eda, se da luego en la plaza de San Salvador, que es el concurso de todos los nobles, donde est\u00e1 todo el colegio de los escribanos de n\u00famero y donde se bate el cobre de todos los negocios, porque en ella est\u00e1 la audiencia y foro judicial, con las casas del ilustre Ayuntamiento.\r\n<p class=\"salto10\">En este lugar se pusieron cuatro colosos, que representaban a Paris, Juno, Venus y Palas, o sea el <i>Juicio de Paris<\/i>, sobre cuya declaraci\u00f3n se extasia el autor en veinte y tantas hojas de mitolog\u00eda.<\/p>\r\n<p class=\"apart\">Entrada de la segunda muralla, y lo que en ella se hizo.<\/p>\r\nLlegando S. M. a la puerta de la segunda muralla de este pueblo, que vulgarmente llaman el <i>Arco de la Almudena<\/i>, la cual, con una torre-caballero fort\u00edsima de pedernal, se derrib\u00f3 y rompi\u00f3 para ensanchar el paso. Estaba tan fuerte, que con grand\u00edsima dificultad muchos art\u00edfices con grandes instrumentos no pod\u00edan desencajar la canter\u00eda, que entendieron que no era peque\u00f1o argumento de su grande antig\u00fcedad. Pero para servir a S.\u00a0M., ninguna cosa hab\u00eda que se pusiese delante, teniendo respeto a lo mucho que se debe hacer en su Real servicio. Qued\u00f3 un Tr\u00e1nsito muy claro, espacioso y desenfadado, todo blanqueado y canteado, con sus puntas de pir\u00e1mides y acroter\u00edas, que difinen y rematan por lo alto.\r\n\r\nEntrando, se ofreci\u00f3 luego a S. M. en la plaza de la iglesia mayor un coloso, estatua y figura del gigante Atlas. (Decl\u00e1rase qui\u00e9n fue Atlas, alusi\u00f3n a Felipe\u00a0II, y lo que sobre \u00e9l fingieron los poetas).\r\n<p class=\"apart\">Llegada a Santa Mar\u00eda y Te Deum.<\/p>\r\nDe aqu\u00ed S. M. lleg\u00f3 con mucho contentamiento (aunque cansada y maravillada de ver tan gran variedad de cosas) al templo de Santa Mar\u00eda, que es la iglesia mayor y m\u00e1s antigua de Madrid, donde toda la clerec\u00eda y cabildo se hab\u00eda congregado, esperando la felice venida de Su Majestad, todos con capas de brocado muy ricas, y las catorce cruces de las parroquias salieron de la iglesia a rescebir a S.\u00a0M. El Vicario, con una cruz muy rica, lleg\u00f3 a un sitial, donde S. M. se ape\u00f3, y tomando la cruz el Ilmo, y Rmo. cardenal Espinosa, etc., la dio a besar a S. M., la cual, hincadas las rodillas devotamente, ador\u00f3 y bes\u00f3 la cruz. Y procediendo la procesi\u00f3n con mucha m\u00fasica, volvieron al templo.\r\n\r\nSu Majestad, con el pr\u00edncipe Alberto de Austria de la mano, y el limo, cardenal Espinosa, etc., al otro lado, entr\u00f3 en el templo a hacer oraci\u00f3n, el cual estaba muy adornado, con muchos toldos y pa\u00f1os de sedas y brocados toda su entrada y p\u00f3rtico, renovado y canteado con ilustre ornato. Junto al altar mayor se puso un rico sitial de brocado y dos cojines de lo mismo, donde S.\u00a0M., hincada de rodillas con mucha devoci\u00f3n, se detuvo buen espacio de tiempo, mientras la capilla Real, con muy concertada m\u00fasica, cant\u00f3 el <i>Te Deum laudamus<\/i>, dando todos muchas gracias a Dios por la merced que a todos estos reinos ha hecho.\r\n\r\nEsta es una muy santa, muy religiosa y muy antigua costumbre de los reyes de Espa\u00f1a, que la primera visita es dar gracias a Nuestro Se\u00f1or, y reconocer como todo el triunfo y gloria se le ha de dar y referir a Su Divina Majestad; pues viniendo de su divina mano, ser\u00e1 perfecto y no habr\u00e1 lugar para que la polilla ambiciosa y soberbia del mundo estrague aquello que, recibido por Dios, ilustra al cuerpo y al alma. Este afecto de religi\u00f3n guardaron muy bien los romanos cuando, entrando por Roma, triunfando, todo el acompa\u00f1amiento, con el que triunfaba, iban al Capitolio, donde estaba el templo de J\u00fapiter, y all\u00ed, dando gracias a Dios por la victoria y triunfo alcanzado, hac\u00eda muchos sacrificios.\r\n<p class=\"apart\">Llegada a Palacio.<\/p>\r\nAcabado, pues, el <i>Te Deum laudamus<\/i>, y dicha la oraci\u00f3n, la cual dijo el Vicario (como capell\u00e1n de S.\u00a0M.), la Reina nuestra se\u00f1ora parti\u00f3 de la iglesia con todo su acompa\u00f1amiento y triunfo. Y procediendo poco a poco, lleg\u00f3 a vista de Palacio, una de las m\u00e1s principales y suntuosas casas Reales que hay en el orbe, tan ilustrada con la asistencia de todos los reyes de Espa\u00f1a, como su antigua casa, y tan Real aposento, y de nuevo amplificada, y tan feliz por el asiento y habitaci\u00f3n del D. Felipe, rey nuestro se\u00f1or, el cual con muy suntuosas y exquisitas f\u00e1bricas, dignas de tan gran Pr\u00edncipe, cada d\u00eda de nuevo la ilustra, de manera que es (consideradas todas sus cualidades) la m\u00e1s rara casa que ning\u00fan pr\u00edncipe tiene en el mundo.\r\n\r\nCon este tan agradable espect\u00e1culo y concurso, toda la infanter\u00eda que en el asalto del castillo, como ya dijimos, se hall\u00f3, la cual toda con sus banderas y muy buen orden y concierto concurri\u00f3 a la puerta de Palacio, en el cual lugar hay un campo y plaza muy espaciosa, hechos sus escuadrones de gente tan lucida y tan bizarra, que fue una de las cosas de que S.\u00a0M. m\u00e1s gust\u00f3.\r\n\r\nEntrando S. M. en Palacio, toda la infanter\u00eda, con sus atambures y p\u00edfanos, las trompetas y menestriles, con toda la artiller\u00eda de una y otra parte, y la que la guardia de a caballo trae y dispara en estas solemnidades, toda a un tiempo, con grand\u00edsimo estruendo, hizo una de las m\u00e1s solemnes y graciosas salvas, y (a dicho de todos los que con S.\u00a0M. ven\u00edan) que m\u00e1s gusto diese, que en todos estos reinos jamas se ha visto.\r\n\r\nLlegada S. M., y entrando dentro de Palacio, la salieron a rescebir hasta el zagu\u00e1n la seren\u00edsima princesa de Portugal, do\u00f1a Juana de Austria, y las infantas do\u00f1a Isabel Eugenia, do\u00f1a Catalina, y los Sermos. pr\u00edncipes Rodolfo y Ernesto salieron del aposento de las seren\u00edsimas infantas y con este orden:\r\n\r\nPreced\u00edan el Duque de N\u00e1jera y el Marqu\u00e9s de Sarria, y el Marqu\u00e9s del Adrada, D.\u00a0Antonio de la Cueva, mayordomo mayor, y D. Gonzalo Chac\u00f3n y D. Pedro Lasso de Castilla, se\u00f1or de San Mart\u00edn, mayordomo de S. M., todos con sus bastones en las manos. Luego los seren\u00edsimos pr\u00edncipes; tras ellos las infantas, que llevaba la seren\u00edsima Princesa delante de s\u00ed, y detr\u00e1s de S. A. iba do\u00f1a Aldonza de Bazan, marquesa de Fromesta, camarera mayor de la Reina; llev\u00e1banla de la mano la Duquesa de Feria y el Marqu\u00e9s de Fromesta, su hijo. Luego do\u00f1a Isabel de Qui\u00f1ones, camarera mayor de la Princesa, y do\u00f1a Maria Chac\u00f3n, aya de las infantas; luego do\u00f1a Teresa de Guevara y otras muchas se\u00f1oras de t\u00edtulo. \u00daltimamente iban las damas de las SS. Infantas y Princesa, con grande ornato y compostura.\r\n\r\nLlegadas, pues, todas se recibieron con grande amor, y abraz\u00e1ndoso muy enternecidamente, subieron al aposento de la Reina, llevando la Princesa a la Reina a la mano derecha, delante las infantas, y a la Serma. infanta do\u00f1a Isabel llev\u00f3 el limo, cardenal Espinosa de la mano, las cuales hospedaron a S.\u00a0M. donde por muchos a\u00f1os Nuestro Se\u00f1or sea servido conservar con suprema felicidad esta tan santa compa\u00f1\u00eda, para que con el fruto de su bendito matrimonio se amplifique toda la rep\u00fablica cristiana, con la paz y contentamiento que de tan dichoso matrimonio al presente goza. El limo, cardenal D. Diego de Espinosa, etc., dejando a S. M., volvi\u00f3 a su posada, acompa\u00f1ado de toda la nobleza de la corte, el corregidor y Ayuntamiento, el cual ten\u00eda prevenidos doscientos soldados lucidamente aderezados, los cuales llevaban en contorno de su lima, se\u00f1or\u00eda sus hachas de cera blanca.\r\n\r\nY dejando a S. S. Ilma. en su posada, anduvieron regocijando al pueblo con otras muchas diferencias de luminarias e ingenios de fuego, con que hubo un p\u00fablico regocijo muy solemnizado.\r\n\r\nFue comisario de todo el aparato de las hachas y luminarias Pedro Rodr\u00edguez de Alc\u00e1ntara, regidor.\r\n\r\nEl concurso de la gente fue muy grande, como hemos dicho; la abundancia de bastimentos y de todas las cosas necesarias fue tan notable, que vali\u00f3 este d\u00eda todo muy barato, m\u00e1s que los otros d\u00edas ordinarios. Por caer todos tan cansados de haber visto tantos y tan agradables espect\u00e1culos, todos se retiraron a descansar y reposar.\r\n<p class=\"apart\">Festejos al siguiente d\u00eda.<\/p>\r\nOtro d\u00eda el Corregidor mand\u00f3 pregonar se holgase por todo el pueblo y concurriesen a Palacio todas las compa\u00f1\u00edas de infanter\u00eda, las cuales, con tanto n\u00famero de p\u00edfanos y tambores, y sus lucidas banderas, vinieron con harta secuencia de muy bizarros y dispuestos soldados, anduvieron por todo el Campo del Rey a vista de S.\u00a0M., haciendo rese\u00f1a y muestra lucida y curiosa, que se gust\u00f3 de este ensayo y preludio militar, como si fuera un campo muy formado. Al cual, por ser cosa hermosa y tan agradable, los latinos le llamaron <i>Bellum<\/i>, que quiere decir hermoso, bello y agradable.\r\n\r\nEn esta parte los plateros hab\u00edan hecho un muy hermoso castillo, con sus rebellines y muchos ingenios de fuego en su contorno. Venida la noche, despu\u00e9s de haber Sus Majestades cenado, el Corregidor, con todos los caballeros del Ayuntamiento y algunos ilustres de Madrid, lucieron un juego de alcanciazos con muy suntuosas libreas. Fueron ocho cuadrillas de a veinte caballeros, que hac\u00edan ochenta. Cada cuadrilla fue de diferentes libreas de sedas de varios colores.\r\n\r\nLa del Corregidor fue de marlotas de tafet\u00e1n carmes\u00ed y capellares de tafet\u00e1n amarillo, turbantes de terciopelos del mismo color.\r\n\r\nDon Francisco de Vargas Manrique, con su cuadrilla, marlotas negras, capellares blancos.\r\n\r\nDon Lope Zapata, con su cuadrilla, marlotas blancas y capellares morados.\r\n\r\nDon Diego de Ayala, con su cuadrilla, marlotas 1 llancas y capellares morados.\r\n\r\nJuan de Villafuerte con su cuadrilla, marlotas encarnadas y capellares morados.\r\n\r\nDon Pedro de Rivera con su cuadrilla, marlotas amarillas y capellares morados.\r\n\r\nPedro de Herrera con su cuadrilla, marlotas amarillas y capellares colorados.\r\n\r\nBartolom\u00e9 V\u00e1zquez de la Canal con su cuadrilla, marlotas azules y capellares verdes.\r\n\r\nTodos con turbantes de terciopelo y guarniciones a los caballos de lo mismo, trompetas y atabales y menestriles, con libreas de damasco colorado y fajas de terciopelo amarillo; todos as\u00ed juntos, con hachas de cera blanca en las manos, salieron muy ordenadamente de las casas de Ayuntamiento, precediendo toda la m\u00fasica, vinieron a vista de palacio, donde, en presencia de SS.\u00a0MM., despu\u00e9s de haber hecho una muy concertada escaramuza, se dieron de alcanciazos en sus adargas, que fue una muy agradable y concertada fiesta.\r\n\r\nEn el interior del castillo se desparcian y tiraban a diversas partes muchos cohetes, ard\u00edan en su contorno unas acroter\u00edas e ingenios de fuego, con que a modo de pir\u00e1mides remataban los rebellines. Toda la infanter\u00eda cercando el castillo le combati\u00f3 y subieron las banderas a lo alto, donde, con grande estruendo, se desparcian muchos ingenios de fuego. Hecho este asalto harto animosamente, se desbarat\u00f3 el juego, y por todo el pueblo con grande regocijo anduvo la caballer\u00eda solemnizando la fiesta; fue de gran contento, porque en todo el discurso que hemos contado ninguna infelicidad ni desgracia ha habido, antes con mucha paz y tranquilidad (que no ha sido peque\u00f1a merced de N.\u00a0S. habiendo habido tan gran concurso de gente) se remataron estas fiestas.\r\n\r\nLa corte de S. M. est\u00e1 muy florida, con gran concurso de grandes, libreas muy costosas, gran abundancia de todas las cosas, concordia y paz en todos sus reinos, la cual N.\u00a0S. por muchos a\u00f1os con larga vida de estos seren\u00edsimos pr\u00edncipes, reyes y se\u00f1ores nuestros conserve, para que de su deseado fruto se alcance la feliz prosperidad que todos estos reinos con tanto amor y afecto desean. Lo cual por su divina clemencia y misericordia conceda.\r\n<div class=\"citlat centrado\">\r\n\r\nQui vivit et regnat trinus\r\n\r\net uno, in s\u00e6cula\r\n\r\ns\u00e6culorum.\r\n\r\nAmen.\r\n\r\n<\/div>","rendered":"<h2><span style=\"orphans: 1; widows: 2; font-family: Tinos, Georgia, serif; font-size: 14pt; font-weight: normal;\">Real aparato y sumptuoso recelamiento con que Madrid (como casa y morada de S.\u00a0M.) rescibi\u00f3 a la seren\u00edsima reina do\u00f1a Ana de Austria viniendo a ella nuevamente, despu\u00e9s de celebradas sus felic\u00edsimas bodas. P\u00fanese su itinerario. Una breve relaci\u00f3n del triunfo del seren\u00edsimo don Juan de Austria. El parto de la Reina nuestra se\u00f1ora. Y el solene baptismo del SS. pr\u00edncipe D. Fernando, nuestro se\u00f1or.<\/span><\/h2>\n<div class=\"cursiva\">\n<p>Dirigido al ilustr\u00edsimo y reverend\u00edsimo cardenal don Diego de Espinosa, obispo y se\u00f1or de Sig\u00fcenza, presidente del Consejo Real, inquisidor apost\u00f3lico general en los reinos y se\u00f1or\u00edos de Espa\u00f1a, etc.<\/p>\n<p>Compuesto por el maestro Juan L\u00f3pez de Hoyos, catedr\u00e1tico del Estudio de esta felice y coronada villa de Madrid.<\/p>\n<p>Con privilegio impreso en la coronada villa de Madrid por Juan Gracian,<span class=\"normal\">1572. Un tomo en 8.\u00ba, de 264 fojas.<\/span><\/p>\n<\/div>\n<p class=\"salto10\">En el extracto que vamos a hacer en este curioso libro, prescindiremos de la relaci\u00f3n que precede a la de la entrada de la Reina, y que cuenta prolijamente su viaje desde que desembarc\u00f3 en Santander, en 3 de Setiembre, hasta que lleg\u00f3 a Segovia, donde se verific\u00f3 el casamiento; la de esta solemnidad y la de la continuaci\u00f3n del viaje hasta Madrid; limit\u00e1ndonos s\u00f3lo a trascribir la descripci\u00f3n de esta entrada, de los festejos con que se celebr\u00f3 y de las localidades en que \u00e9stos tuvieron lugar, que es lo que hoy nos interesa, y descartando, por supuesto, la <i>declaraci\u00f3n<\/i> prolija y rid\u00edcula de los arcos triunfales, sus emblemas e inscripciones, cu que luce el maestro Hoyos su empalagosa erudici\u00f3n hist\u00f3rico-mitol\u00f3gica y su pesado y chabacano estilo, y con que ocupa las <i>nueve d\u00e9cimas partes<\/i> de su libro.<\/p>\n<p class=\"cit cursiva\">Preparativos para la entrada de S. M.<\/p>\n<p>Primeramente, por todos los caminos por donde Labia de venir S.\u00a0M., se dio orden de muy gran copia de bastimentos, y los pasos dificultosos y de grandes atolladeros allan\u00f3, as\u00ed con calzadas de argamasa, como con ingenios y otros instrumentos fortalesci\u00f3 para que queden perpetuas. En particular se remedi\u00f3 uno de los m\u00e1s importantes puertos o entradas que hab\u00eda a un pago, que llaman de Valnigral, distancia de media legua de Madrid. Han trabajado en \u00e9l m\u00e1s de un mes ciento y cincuenta hombres cada dia; gast\u00f3se grande n\u00famero de carretadas de piedra; allan\u00f3se un cerro y queda enlosado, que se representan aquellas v\u00edas stratas romanas (de esto y de la puerta de Guadalajara y su ornato fue comisario Pedro de Herrera, regidor antiguo de este pueblo, var\u00f3n celoso en lo tocante a las cosas del bien p\u00fablico), y otros muchos barrancos y obras harto necesarias, que la buena venida de S. M. ha remediado.<\/p>\n<p class=\"cit cursiva\">El Prado de Sant Hier\u00f3nimo, sus fuentes y su ornato.<\/p>\n<p>Esta planicie y llanura llega hasta la entrada del pueblo, donde se ha hecho una de las mejores y m\u00e1s delectables recreaciones p\u00fablicas que hay en todo el reino, porque es una salida a Oriente junto a uno de los muy Reales y aventajados monasterios, as\u00ed en calidad y aposento de S.\u00a0M. como en la mucha religi\u00f3n que en \u00e9l se profesas de la orden de Sant Hier\u00f3nimo, de cuya antig\u00fcedad y fundaci\u00f3n dijimos en el libro que de la reina do\u00f1a Isabel de Valois (que en gloria es) compusimos. Esta tan santa vecindad hace esta recreaci\u00f3n p\u00fablica muy calificada, y a esta causa le llaman el Prado de Sant Hier\u00f3nimo, en el cual se ha hecho una calle de m\u00e1s de dos mil pies de larga y ciento de ancha, plantada de muchas y diferentes suertes de \u00e1rboles muy agradables a la vista. Al lado izquierdo como entramos, hay otra calle muy fresca, de la misma longitud y tama\u00f1o, y de muy gran arboleda de una parte, y de otra muchos frutales en las huertas que la cercan. Los \u00e1rboles est\u00e1n plantados por sus hileras muy en orden, haciendo sus calles proporcionadamente, mezclando las diferencias de \u00e1rboles para que sean m\u00e1s umbrosos y agradables.<\/p>\n<p>En esta calle a sus lados se hicieron cuatro fuentes de singular artificio, suntuosa f\u00e1brica y particular compartimiento; todas cuatro son de una muy excelente piedra berroque\u00f1a; hace cada una una bac\u00eda, que hace una taza redonda; tiene de di\u00e1metro diez pies, media vara de borde, vaciadas por de dentro y aovadas por de fuera, asentadas sobre un balaustre de cinco pies de alto y grande corpulencia en su contorno. Tiene cada fuente unos adoquines de piedra labrados harto pulidamente, que tienen de di\u00e1metro diez y siete pies.<\/p>\n<p>Antes que se entre en el Prado se hizo un pilar, que en castellano m\u00e1s tosco llaman Abrevadero, todo de canter\u00eda de piedra berroque\u00f1a. Tiene de largo m\u00e1s de setenta pies, de hueco m\u00e1s de doce, dos gruesos ca\u00f1os de agua en los dos testeros, el uno sale por la boca de un delf\u00edn de bronce, que se levanta del agua m\u00e1s de dos pies; tiene una palabra de letra de relieve que dice (<i>Bueno<\/i>); el otro ca\u00f1o sale por la boca de una culebra; a \u00e9sta rodean otras dos a revueltas, y en la esfera que hacen tienen un espejo de bronce, y en medio de \u00e9l dice (<i>Vida y gloria<\/i>), que corresponde con la letra del delf\u00edn, y as\u00ed dice todo: (<i>Del fin bueno vida y gloria<\/i>).<\/p>\n<p>Las cinco fuentes del Prado hacen tan gracioso murmullo y salen los ca\u00f1os por ellas tan artificiosamente, que no nos notar\u00e1 el discreto lector de afectados en por extenso dar noticia de ello.<\/p>\n<p>A la mano derecha de la entrada del Prado da luego la vista en una fuente, de enmedio de la cual salen cinco ca\u00f1os, que suben los cuatro tres pies en alto, y al caer hacen cuatro arcos, que resuenan en el borde de la bac\u00eda harto graciosamente. De enmedio sale otro, que sube m\u00e1s que ninguno.<\/p>\n<p>De la que a \u00e9sta corresponde a la mano izquierda se levantan de enmedio mucha abundancia de ca\u00f1os, que hinchen toda la bac\u00eda en su contorno y hacen muy suave sonido. Tiene alrededor, labrados de canter\u00eda, unos asientos en un semic\u00edrculo para que de verano se goce de una tan excelente recreaci\u00f3n, porque el agua sale tan desparcida y por tantos ca\u00f1os, que parece siempre llover.<\/p>\n<p>M\u00e1s distante de enmedio de la que a \u00e9sta corresponde, salen cuatro golpes de agua gruesos, que suben m\u00e1s de cuatro pies en alto; al caer cada uno de ellos hace un gracioso arco, que da en el borde de la bac\u00eda, hace grande ruido y suave armon\u00eda.<\/p>\n<p>La cuarta, que graciosa y agradablemente se ofrece a la vista al fin de la calle y arboleda campeando, hace muy vistosa perspectiva, como objeto y blanco en que la vista se recrea; de enmedio de \u00e9sta brota con grande \u00edmpetu una espada\u00f1a de agua m\u00e1s ancha que dos palmos, de enmedio de la cual salen dos ca\u00f1os a los lados, gruesos de medio real, suben cerca de una vara, hacen una apariencia y vista tan graciosa y de tan gran artificio, que quisiera yo poderlo particularmente significar.<\/p>\n<p>Hay otra fuente que mira al monasterio de Sant Hier\u00f3nimo, ochavada, de canter\u00eda bien labrada; tiene de alta cinco pies, y doce de di\u00e1metro, asentada sobre dos gradas de canter\u00eda, con sus molduras relevadas por la parte de afuera. De enmedio de todo esto se levanta una columna d\u00f3rica con su basa y capitel, encima tiene una bac\u00eda con un cobertor, que hace un globo o bola redonda, con un bocel; por enmedio de la junta tiene cuatro serafines, en la boca de cada uno de ellos un ca\u00f1o de bronce hecho un balaustre, por do sale el agua; est\u00e1 singularmente acabado. Con que esta recreaci\u00f3n y salida es la m\u00e1s insigne que en todos estos reinos se halla, por ser tan espaciosa y desenfadada, con tanto ornato de fuentes y arboledas, huertas y aires, que en esta parte soplan tan pl\u00e1cida, suave y saludablemente, que parece dilatarse los \u00e1nimos y desechar gran parte de melancol\u00eda, extendiendo los ojos por tan agradable espect\u00e1culo, donde ninguna parte se puede mirar ociosa o bald\u00edamente. De este tan ilustre aparato y su buen t\u00e9rmino fue comisario Diego de Vargas, m\u00e1s antiguo regidor y de la antigua y valerosa familia de los Vargas de Madrid.<\/p>\n<p class=\"cit cursiva\">Entrada de S. M. en Madrid y orden de su Real rescibimiento.<\/p>\n<p>Llegados 26 de Noviembre del 1569, domingo, continu\u00e1ndose la claridad y clemencia del cielo para que la venida de S.\u00a0M. fuese m\u00e1s c\u00f3modamente solemnizada, y se pudiese el gran concurso de gente que de toda Espa\u00f1a (por verla) hab\u00eda concurrido extender y dilatar por los campos, fue cosa de admiraci\u00f3n la frecuencia y gran concurso de gente que m\u00e1s de una legua antes que S. M. llegase a Madrid se hab\u00eda desparcido por una parte y por otra del camino. Parec\u00eda un muro la espesura de gente que por doquiera hab\u00eda. La gente de infanter\u00eda que se previno de todos los oficios fueron m\u00e1s de cuatro mil infantes, muy lucidos y de singular bizarr\u00eda soldadesca, con m\u00e1s de mil quinientos arcabuceros. Quince banderas, que hermoseaban todo el campo y eran muy gratas a la vista. Don Francisco de Vargas Manrique (patr\u00f3n de la capilla de San Juan de Letran, fundada por su t\u00edo el muy ilustre y reverend\u00edsimo se\u00f1or don Gutierre de Vargas Carvajal, obispo de Plasencia), en esta villa de Madrid muy calificado, y de superbo edificio, fue capit\u00e1n general, como tan ejercitado en el arte militar, como paresce en el suceso de Malta, y en la gente que llev\u00f3 a la guerra de Granada este a\u00f1o pasado de 1569, ordenaba y dispon\u00eda su campo con tanto acierto como si hubiera de dar en efecto una campal batalla. Anduvieron m\u00e1s de un mes antes que S. M. en Madrid entrase, por todo el pueblo, con sus p\u00edfanos y tambores regocij\u00e1ndolo. Los d\u00edas de fiesta se hac\u00eda muestra y alarde de cada compa\u00f1\u00eda en particular, donde sus capitanes hac\u00edan bravos gastos de comidas francas y tiendas particulares para ello.<\/p>\n<p>Poco antes que S. M. llegase a vista del pueblo, el Duque de Feria, capit\u00e1n de la guarda de S.\u00a0M., orden\u00f3 toda su gente, as\u00ed de pie como de a caballo, y dende sus casas, con gran concierto y m\u00fasica, sali\u00f3 a rescibir a S. M. Al principio de la vanguardia iba D. Lorenzo Xuarez de Figueroa, marqu\u00e9s de Villalva, heredero de la casa del Duque de Feria, su padre, con Mons de Sela, capit\u00e1n de los archeros, precediendo los areneros, muy lucidamente aderezados con la librea de S. M., con sus celadas y morriones en las cabezas, adornadas con sus plumas. Campeaba mucho su ornato, orden y majestad. A \u00e9stos sigui\u00f3 la guarda de a pie espa\u00f1ola, la cual notablemente representaba la braveza y autoridad espa\u00f1ola. Tras ellos iba el Duque con un bast\u00f3n en la mano. Luego se segu\u00eda la guarda alemana y borgo\u00f1ona bien lucida. En la retaguarda iba la guarda de a caballo espa\u00f1ola, con sus lanzas jinetas en sus manos; parescia bien el triunfo y magnificencia Real en el copioso n\u00famero, lucido ornato, orden y valor de tanta caballer\u00eda. Todos as\u00ed juntos salieron buen trecho hasta que lleg\u00f3 S. M., y acerc\u00e1ndose a Madrid, comenzando a entrar por el Prado (que habernos dicho), estaba de graciosa pintura Pales, diosa de los prados, que los antiguos poetas fingieron ser diosa de los pastos. Esta ofrec\u00eda a S. M. una guirnalda de flores, y le suplica reciba y mire con clemencia un espect\u00e1culo de tanta recreaci\u00f3n, como all\u00ed S. M. tan aficionadamente miraba, con esta letra d\u00e1ndole la guirnalda:<\/p>\n<div class=\"cit\">\n<p><span class=\"pad\">Recibid la de las flores,<\/span><\/p>\n<p>Pues, con ser tan sin segundo.<\/p>\n<p>Goz\u00e1is la de todo el mundo.<\/p>\n<\/div>\n<p>Las ninfas que a \u00e9sta acompa\u00f1aban, estaban algo distantes, parec\u00edan humillarse a la hermosura de S.\u00a0M., con este soneto, en el cual habla la diosa de los prados:<\/p>\n<div class=\"cit\">\n<p>Seren\u00edsima Reina, con clemencia<\/p>\n<p>Os suplico mir\u00e9is mi nuevo Prado,<\/p>\n<p>Con sus hermosas fuentes adornado,<\/p>\n<p>Al cual ilustra m\u00e1s vuestra presencia.<\/p>\n<p>Ya las silvestres ninfas obediencia<\/p>\n<p>Han hoy a vuestra gran belleza dado,<\/p>\n<p>Y con suaves canciones celebrado<\/p>\n<p>Vuestra gran hermosura y excelencia.<\/p>\n<p>Dichosa Mantua, dichosos collados,<\/p>\n<p>Dichosas ninfas, muy dichosas fuentes,<\/p>\n<p>G\u00f3zaos con nuevo triunfo aqueste dia.<\/p>\n<p>Derramad vuestras aguas y corrientes<\/p>\n<p>Con suave murmullo por los prados,<\/p>\n<p>Pues con raz\u00f3n mostr\u00e1is gran alegr\u00eda.<\/p>\n<\/div>\n<p>Al reverso habla la diosa Pales:<\/p>\n<div class=\"cit\">\n<p><span class=\"pad\">No porque sea r\u00fastica pastora,<\/span><\/p>\n<p>Criada al sol y al viento por los prados,<\/p>\n<p>En estos regocijos deseados<\/p>\n<p>Tengo de ser ingrata a tal se\u00f1ora.<\/p>\n<p><span class=\"pad\">El Indo ofrezca el oro que atesora,<\/span><\/p>\n<p>Tajo sus ricos dones y dorados,<\/p>\n<p>Presente Aricie olores regalados<\/p>\n<p>Y aquel santo licor que mirra llora.<\/p>\n<p><span class=\"pad\">Las tres Gracias ya han dado lo m\u00e1s alto<\/span><\/p>\n<p>Que jamas pudo darse en gentileza,<\/p>\n<p>El cielo ya ha influido mil favores;<\/p>\n<p><span class=\"pad\">Y porque sola soy yo la que falto,<\/span><\/p>\n<p>A tanta majestad y a tanta alteza<\/p>\n<p>Ofrezco aqueste Prado con sus flores.<\/p>\n<\/div>\n<p>Mucho gusto rescibia S. M. de ver el gracioso murmullo de los ca\u00f1os de agua que de las fuentes hemos dicho iba gozando, las cuales se ofrescian mirando a una y otra parte; y as\u00ed, al fin del Prado, con grand\u00edsima brevedad y diligencia, se hizo, en espacio de diez d\u00edas, un estanque de m\u00e1s de quinientos pies de largo y ochenta de ancho, con buena profundidad. A un lado del Prado, a la mano izquierda por la parte superior de la parte de Sant Hier\u00f3nimo, se hizo un castillo muy formado con cuatro rebellines a las esquinas. Del medio se levantaba una torre, que llaman del homenaje, \u00e9ste muy poblado de artiller\u00eda; su planta fue a la orilla del estanque, que parescia el agua batir cu la muralla. Representaba una muy formada fortaleza, y en la artiller\u00eda y disposici\u00f3n parec\u00eda a Argel. Arm\u00e1ronse ocho galeras en tan poco tiempo, que en ocho d\u00edas se echaron al agua, que no es mediano argumento de la diligencia, suntuosos gastos y copia de art\u00edfices que en ello se ocup\u00f3; p\u00e1reselo bien la industria de Juan Baptista, extranjero, as\u00ed en esto como en la arquitectura de los arcos; cada galera llevaba sus remeros con ropillas y bonetes azules y zarag\u00fcelles, hasta en pies encadenados, y en cada una un muy diligente c\u00f3mitre, haci\u00e9ndolos bogar; llevaba cada galera veinte soldados de pelea, bravamente aderezados, cuatro tiros en cada una, con gran n\u00famero y cantidad de cohetes; llevaban las galeras en sus m\u00e1stiles y antenas banderas de tafet\u00e1n carmes\u00ed, y en la capitana las armas Reales, trompetas y m\u00fasicas, que p\u00e1resela armada copiosa y muy a punto de guerra. Junto a este estanque se hizo un cadahalso, a manera de trono, de muy gran majestad, que ten\u00eda catorce gradas en contorno, para que sin confusi\u00f3n por una parte se pudiese subir a besar las manos a S.\u00a0M., y por la otra bajar. Todas las gradas, y por lo alto que hubo un buen espacio de cadahalso, se cubrieron de brocado de tres altos. Hab\u00eda tambi\u00e9n un dosel muy suntuoso, debajo del cual se puso un sitial, en el cual S. M. se sent\u00f3 para gustar de las danzas e invenciones y bailes y folias que all\u00ed se le representaron. Hubo en el cadahalso otras dos sillas a los lados del sitial.<\/p>\n<p class=\"cit cursiva\">Combate naval, bater\u00eda del castillo y besamanos.<\/p>\n<p>Llegada S. M., descendi\u00f3 del coche con el pr\u00edncipe Alberto de Austria, y subiendo al cadahalso y sentada en su trono, se le hizo la salva y su bater\u00eda al castillo con gran alarido de los moros, que en efecto paresci\u00f3 un prelio naval que antiguamente los emperadores romanos en estas fiestas, regocijos y triunfos sol\u00edan representar. Aunque en \u00e9ste no ser\u00e1 atrevimiento decir que fue m\u00e1s estruendo por la artiller\u00eda y p\u00f3lvora con que se represent\u00f3, batiendo el castillo las galeras por el agua con mucha m\u00fasica y artiller\u00eda, la infanter\u00eda por la parte de la tierra, y hizo un tan animoso asalto, que en poco tiempo pusieron sus banderas en la torre m\u00e1s alta del castillo, aunque \u00e9l se defendi\u00f3 con su artiller\u00eda, y el n\u00famero de turcos y de moros que en \u00e9l hab\u00eda era grande, la grita y alaridos, ingenios de p\u00f3lvora y alcanciazos fueron tan furiosos, que cayeron muchos soldados de la muralla.<\/p>\n<p>Fue \u00e9sta una muy soberbia batalla, que, a testimonio de todos los extranjeros, afirmaban no haber visto m\u00e1s formado campo, ni que con tanta destreza hubiese representado este acto militar.<\/p>\n<p>Hab\u00eda en este tiempo una confusi\u00f3n y ruido que no nos entend\u00edamos unos a otros, as\u00ed por el sonido y estruendo de los atambores, como por la m\u00fasica de los menestriles, resonancia de las trompetas, la tabaola de los tamboriles de las danzas, que fueron m\u00e1s de cincuenta, de maravillosos aderezos y de diferentes invenciones, y el apretura de la gente, con ser un campo harto espacioso y desenfadado.<\/p>\n<p>Habiendo S. M. gustado mucho de este espect\u00e1culo, el Ayuntamiento y Senado de esta villa, habiendo ya venido dende su tribunal todos juntos con muy acertada m\u00fasica de trompetas, atabales y menestriles, precediendo todos sus ministros de justicia, con libreas de grana de polvo, franjas de carmes\u00ed; a \u00e9stos siguiendo los escribanos de Ayuntamiento y procurador general de la rep\u00fablica, que en el pueblo romano llamaron Tribuno del pueblo, con jubones de raso y calzas de terciopelo blanco, medias de aguja, zapatos de terciopelo, espadas doradas, vainas y tiras de terciopelo blanco, capas que llaman rozagantes, de terciopelo turquesado, aforradas en raso amarillo, gorras de terciopelo negro con plumas del color del vestido.<\/p>\n<p>Segu\u00edanse el Corregidor y los se\u00f1ores de Ayuntamiento y el licenciado Gaspar Duarte de Acu\u00f1a, su teniente, y toda la m\u00e1s justicia, con aquellas vestiduras senatorias hasta los pies que acerca de los romanos fueron tan celebradas. Eran de terciopelo carmes\u00ed aforradas en tela de oro, jubones de raso blanco con botones de oro, muchos de terciopelo con tafetanes de tela de oro, y medias de aguja y zapatos de terciopelo, espadas doradas, gorras de terciopelo con sus plumas y piezas de oro, collares de oro con mucha pedrer\u00eda, gualdrapas de terciopelo, frenos, estribos y guarniciones de los caballos doradas.<\/p>\n<p>De todo este ornato de guarniciones fue comisario Miguel de Cereceda y Salmer\u00f3n, regidor de esta villa. Por este concepto llegaron al sitial donde S.\u00a0M. estaba. El Corregidor, despu\u00e9s de haber besado a S. M. la mano, hizo este breve razonamiento que se sigue, y dijo:<\/p>\n<p>\u00abLa venida de V. M. sea tan pr\u00f3spera y felice y por tan largos a\u00f1os como el bien universal de estos reinos lo ha menester y todos a Nuestro Se\u00f1or suplicamos. V.\u00a0M. reciba con la clemencia que acostumbra el servicio que esta villa tan aficionadamente, como casa y morrada de V. M., hace, deseando en todo acertar, como tan fieles y leales vasallos\u00bb. Dicho esto, todos los regidores por sus antig\u00fcedades besaron las manos de S. M. y vinieron al primer arco triunfal, adonde esperaron a S. M. con el palio, como adelante diremos.<\/p>\n<p>El ilustr\u00edsimo y reverend\u00edsimo cardenal D.\u00a0Diego de Espinosa sali\u00f3 con grande y muy ilustre acompa\u00f1amiento de todos los se\u00f1ores del Consejo Real y sus ministros, los alcaldes de corte y mucha frecuencia de caballeros. Por este orden salieron los dem\u00e1s consejos y tribunales de la corte Real de S. M., con sus presidentes y ministros, todos los cuales salieron a este campo de Sant Hier\u00f3nimo, aguardando que S. M. llegase.<\/p>\n<p>El orden que en besar las manos a S. M. se tuvo y guardaron los Consejos fue \u00e9ste. Despu\u00e9s (como hemos dicho) del regimiento, besaron las manos a S.\u00a0M. todos los consejos. El primero fue la Contadur\u00eda Mayor de Cuentas, donde iban D. Pedro Nu\u00f1o y el Conde de Olivares, como contadores mayores de cuentas. En seguida, la Contadur\u00eda Mayor de Hacienda. El tercero, el Consejo de las Ordenes, cuyo presidente es D. Fadrigue Enriquez de Rivera, mayordomo del Rey. El cuarto, el Real Consejo de Indias. El quinto, el Consejo de Italia, y con \u00e9l su presidente el doctor D. Gaspar de Quiroga. El sexto, el Consejo de Arag\u00f3n, donde iba el vice-canciller de Arag\u00f3n y el Conde de Chinch\u00f3n, como su tesorero general de este reino de Arag\u00f3n. El s\u00e9timo y postrero de todos fu\u00e9 el Consejo Real, donde el cardenal D. Diego de Espinosa, etc., como presidente y cabeza, fue el primero que lleg\u00f3 a besar las manos a S. M. La cual, usando de su generosidad de \u00e1nimo, se levant\u00f3 a \u00e9l y le mand\u00f3 dar una silla, preguntando a S. S. I. por su salud (porque en \u00edSegovia hab\u00eda estado indispuesto). S. S. I. respondi\u00f3 e hizo un razonamiento de subido concepto y singular elocuencia, dando a S. M. el parabi\u00e9n de su felice venida y signific\u00e1ndole la voluntad con que tan aficionadamente todos recib\u00edan a S. M. Y habi\u00e9ndose S. S. I. y R. sentado, comenzaron a besar las manos a S. M. los se\u00f1ores del Consejo por sus antig\u00fcedades, nombrando el cardenal a S. M. cada uno quien era.<\/p>\n<p>En el cadahalso hubo gran frecuencia de glandes y se\u00f1ores de t\u00edtulo acompa\u00f1ando a S.\u00a0M. Entre ellos estaba (-1 pr\u00edncipe su hermano Alberto de Austria, al lado izquierdo, apartado de S. M., sentado en una silla. Hall\u00e1ronse all\u00ed el Conde de Benavente, el Duque de Medina de Bioseco, el Marqu\u00e9s de Mond\u00e9jar, el Conde de Alba de List\u00e9, el Marqu\u00e9s de Ayamonte, D. Fernando de Toledo, prior de Sau Juan; el Conde de Arambergue, y las damas que con S. M. vinieron.<\/p>\n<p>Despu\u00e9s que todos los consejos hicieron este oficio con la autoridad y decencia que de tan grandes se\u00f1ores y letrados padres de la rep\u00fablica a S.\u00a0M. se debia, todos precedieron a caballo con los grandes, y toda la nobleza de Espa\u00f1a que a S. M. acompa\u00f1aba.<\/p>\n<p class=\"cit cursiva\">Ornato de S. M. a su entrada en Madrid.<\/p>\n<p>La Reina subi\u00f3 en un palafr\u00e9n blanco mosqueado, ricamente aderezado, con un sill\u00f3n de oro con mucha pedrer\u00eda, muy bien labrado, gualdrapa de terciopelo negro guarnescida y bordada con franjas de oro. S.\u00a0M. se mostr\u00f3 este d\u00eda hermos\u00edsima, y con aquella majestad y se\u00f1or\u00edo que tan natural y tan fundado y con tantos dotes del \u00e1nimo esmaltado tiene, represent\u00f3 muy bien su ser y monarqu\u00eda. Llevaba S. M. vestida una saya de tela de plata parda bordada de oro y plata. Un gualdres de terciopelo negro aforrado en tela de plata, prensado y guarnescido con unas franjas de oro; collar y apretador de muchos diamantes, rub\u00edes y piedras de mucho valor; un sombrero adornado con una cinta de oro, con unas plumas blancas, coloradas y amarillas, que son los colores del rey N. S. El pr\u00edncipe Alberto y el ilustr\u00edsimo Cardenal iban cerca de S. M. acompa\u00f1\u00e1ndola. El orden con que el dem\u00e1s acompa\u00f1amiento iba, diremos adelante.<\/p>\n<p>Procediendo un poco m\u00e1s adelante, S. M. recibi\u00f3 muy grande contento en ver dos estatuas de m\u00e1rmol aparente. La una representaba a Baco y la otra a Neptuno. (<i>Sigue aqu\u00ed la descripci\u00f3n aleg\u00f3rica de estas estatuas, y los versos y artificios que las engalanaban, y contin\u00faan<\/i>).<\/p>\n<p>Habiendo S. M. gustado de este tan agradable espect\u00e1culo, lleg\u00e1ndose poco a poco a Madrid, no era de menor recreaci\u00f3n ver la copia de gente que desde este lugar hasta el primer arco poblaban los cadahalsos y talleres que se hab\u00edan hecho desde esta f\u00e1brica de Bacoy de Neptuno.<\/p>\n<p class=\"cit cursiva\">Arcos triunfales y descripci\u00f3n de la carrera.<\/p>\n<p>A la entrada de Madrid se fabric\u00f3 un arco triunfal de la mayor m\u00e1quina y majestad que hasta hoy a ning\u00fan pr\u00edncipe se ha fabricado ni jamas hecho. Fue cierto, exquisitamente elegido, etc. (<i>Este sitio era en la Carrera de San Jer\u00f3nimo, hacia donde despu\u00e9s se fund\u00f3 el convento del Espiritu Santo<\/i>).<\/p>\n<p>Este arco, cuya descripci\u00f3n ocupa setenta fojas del libro, representaba las victorias de los Reyes Cat\u00f3licos y de la Casa de Austria.<\/p>\n<p class=\"cit cursiva\">Orden de la procesi\u00f3n.<\/p>\n<p>A la entrada de este arco, con toda la m\u00fasica dicha, el Ayuntamiento y Senado de Madrid, despu\u00e9s de haber S.\u00a0M. con mucho contentamiento extendido los ojos por esta tan maravillosa f\u00e1brica, la rescibi\u00f3 con un muy suntuoso y Real palio de tela de oro frisada, brocado de tres altos riqu\u00edsimos, en el cual entraron cuarenta y cuatro varas; tuvo dos pares de goteras con su flocadura rica de graciosas labores, franjones de oro y plata, con los pendientes de supremo y suntuoso valor; fue esta comisi\u00f3n de D. Pedro de Bozmediano, regidor. Este estaba puesto en veinticuatro varas doradas, las cuales ten\u00edan veinticuatro regidores, porque aunque es m\u00e1s su n\u00famero, no se hallaron todos aqu\u00ed.<\/p>\n<p>Entrando S. M. debajo del palio, comenz\u00f3 toda la gente a caminar por este orden: delante de todos preced\u00edan las trompetas y atabales de S.\u00a0M., y con ellos los de la villa, los cuales iban alegrando todo el pueblo con su maravillosa armon\u00eda.<\/p>\n<p>A \u00e9stos segu\u00edan gran concurso y copia de caballeros; tras ellos, los se\u00f1ores de t\u00edtulo, espa\u00f1oles y extranjeros. A \u00e9stos segu\u00edan cuatro maceros con sus mazas de oro con las armas Reales de todo relieve. Estos representan aquellos lictores que R\u00f3mulo, fundador de Roma, orden\u00f3 para que le precediesen, representando Su Majestad e imperio, y de all\u00ed fueron ministros de los c\u00f3nsules.<\/p>\n<p>A \u00e9stos segu\u00edan luego los grandes que habernos dicho, y con ellos D.\u00a0Francisco Laso de Castilla, como mayordomo mayor de S. M. En su seguimiento, cuatro reyes de armas con sus cotas. Luego se segu\u00eda S. M. debajo del palio, y poco atr\u00e1s, junto al palio, iban el pr\u00edncipe Alberto de Austria y el ilustr\u00edsimo y reverend\u00edsimo cardenal don Diego de Espinosa, etc. A estos dos pr\u00edncipes segu\u00eda el gui\u00f3n, que es una bandera peque\u00f1a con una asta con las armas Reales. Este se lleva de camino para notar que va all\u00ed la persona Real. Luego le segu\u00eda do\u00f1a Leonor de Guzman, camarera mayor de S. M., a la cual acompa\u00f1aba el Duque de Feria. Segu\u00edase luego do\u00f1a Catalina Laso de Castilla, mujer de D. Francisco Laso de Castilla. Luego iba la guarda mayor, y tras ellas las damas ricamente vestidas, con muchas perlas, collares, cintas, apretadores de oro riqu\u00edsimos, sentadas en sus palafrenes con sillones de plata, gualdrapas de terciopelo guarnecidas, acompa\u00f1adas de pr\u00edncipes y se\u00f1ores opulentamente aderezados. La guarda de a pie acompa\u00f1aba a un lado y a otro, haciendo plaza, apartando los molestos encuentros del gran concurso de la gente. A la postre de todos iba la guarda de a caballo y areneros por retaguarda. Este fue el orden con que S. M. parti\u00f3 deste primer arco.<\/p>\n<p>Procediendo poco a poco, no era peque\u00f1o espect\u00e1culo dilatar los ojos por el ornato de colgaduras de brocados, rasos, damascos y otras tapicer\u00edas de oro y seda de grandioso valor. Las ventanas eran tan adornadas con grande frecuencia de se\u00f1oras y damas, que adornaban e ilustraban la fiesta.<\/p>\n<p class=\"cit cursiva\">La Puerta del Sol y la calle Mayor.<\/p>\n<p>Llegando cerca del monasterio de Nuestra Se\u00f1ora de la Victoria, que es de frailes de la Orden de los m\u00ednimos, junto al Hospital Real de esta corte, se le ofreci\u00f3 un arco exquisitamente fabricado y medianamente elegido, porque, en efecto, es uno de los m\u00e1s heroicos e inmortales triunfos que a ning\u00fan pr\u00edncipe ni monarca hasta hoy se le ha ofrecido ni solemnizado, como el discreto lector, consider\u00e1ndolo bien y notando lo que en \u00e9l se comprende, ver\u00e1 claramente ser verdad.<\/p>\n<p>\u00c9ste se fabric\u00f3 en un lugar harto espacioso, que llaman la Puerta del Sol: \u00e9sta tuvo este nombre por dos razones. La primera, por estar ella a Oriente, y en naciendo el sol, paresce ilustrar y desparcir sus rayos por aquel espacio. La segunda, porque en el tiempo que en Espa\u00f1a hubo aquellos alborotos que comunmente llamaban las Comunidades, este pueblo, por tener guardado su t\u00e9rmino de los bandoleros y comuneros, hizo un foso en contorno de toda esta parte del pueblo y fabric\u00f3 un castillo, en el cual pintaron un sol encima de la puerta, que era el com\u00fan Tr\u00e1nsito y entrada a Madrid. Y despu\u00e9s de la pacificaci\u00f3n y quietud de estos reinos, por lo mucho que el invit\u00edsimo emperador Carlos\u00a0V, rey de Espa\u00f1a, N. S., trabaj\u00f3 en allanar los grandes y pacificar todos los reinos de Espa\u00f1a, este castillo y puerta se derrib\u00f3 para ensanchar y desenfadar una tan principal salida como es esta de esta puerta; por el sol que all\u00ed estaba, llamaron todos este t\u00e9rmino la Puerta del Sol.<\/p>\n<p class=\"salto10\">Sigue la descripci\u00f3n del arco, que representaba los reinos y poder\u00edo de Espa\u00f1a en las Indias; ocupa desde la foja 104 a la 123, llena de digresiones de indigesta erudici\u00f3n, y contin\u00faa as\u00ed:<\/p>\n<p class=\"salto10\">Habiendo S. M. recibido gran contentamiento en haber visto y entendido un tan soberbio triunfo de tantos reinos como aqu\u00ed se le ofreci\u00f3, porque el Conde Ladr\u00f3n, que hac\u00eda el oficio de caballerizo, brevemente declaraba a S.\u00a0M. la sustancia de lo que se la ofrec\u00eda.<\/p>\n<p>Prosiguiendo la Reina N. S. con la majestad y triunfo dicho, lleg\u00f3 al tercer arco, el cual se fabric\u00f3 en medio de la calle Mayor (<i>hacia la calle ele Coloreros<\/i>), que as\u00ed por la comodidad del lugar, porque en \u00e9l concurre una encrucijada, como por el sujeto en cuyo servici\u00f3se fabrica, porque en \u00e9l se pone alguna de las muchas grandes y heroicas virtudes que resplandecen en la majestad del rey don Felipe\u00a0II, N. S., fue la m\u00e1s aventajada cosa que en estos reinos se ha visto.<\/p>\n<p>Su elecci\u00f3n y compostura, etc.<\/p>\n<p class=\"salto10\">La descripci\u00f3n de este arco, sus alegor\u00edas y leyendas alusivas al apoteosis que representaba del Monarca, no coge menos que cien hojas del libro. Dice luego:<\/p>\n<p>Procediendo S. M. por el orden que hemos dicho desde este arco hasta la puerta que llaman de Guadalajara, era grand\u00edsimo contentamiento dilatar y extender los ojos por tanta variedad de riquezas de oro y plata y sedas con que todo este trecho estaba adornado, pasando en silencio las damas y se\u00f1oras que a una parte y a otra por las ventanas con su espect\u00e1culo ilustraban y regocijaban las fiestas. Antes que entremos con la historia dentro de la muralla, me pareci\u00f3 poner aqu\u00ed un encomio y loa, en que se ver\u00e1 claramente su antig\u00fcedad, y el que m\u00e1s quisiere saber, rem\u00edtole al libro que de la muerte de la seren\u00edsima reina do\u00f1a Isabel de Valois compusimos, porque all\u00ed hicimos un particular cap\u00edtulo de las armas de este pueblo y su declaraci\u00f3n.<\/p>\n<p class=\"salto10\">Aqu\u00ed reproduce el grabado de las armas de Madrid del otro libro, e inserta adem\u00e1s el de la culebra de Puerta Cerrada en los t\u00e9rminos que, copiado en <i>facs\u00edmile<\/i>, va en la p\u00e1gina siguiente.<\/p>\n<p>Esta es una figura del drag\u00f3n que los griegos pusieron, como fundadores de esta tan superba muralla, y vese claro haber sido ellos los que la fabricaron, pues en las puertas principales pusieron sus armas, como es en esta puerta que llaman la Puerta Cerrada. Y en la puerta de Moros, que mira al Septentri\u00f3n, pusieron una cruz de medio relievo, en lo alto de la puerta, con un encasamiento de piedra, la cual se\u00f1al tuvo aquella sabia gente por pronostic\u00f3 de mucha felicidad, salud, victoria, triunfo y perpetuo adelantamiento, lo cual se debe conservar y tener en mucho, pues conforme a esto, tiene Madrid mayor nobleza de antig\u00fcedad que Roma y muchos pueblos comarcanos.<\/p>\n<p class=\"ilustra\"><img decoding=\"async\" alt=\"\" src=\"\/\/www.publiconsulting.com\/wordpress\/madridantiguo\/wp-content\/uploads\/sites\/69\/2018\/03\/culebra.jpg\" \/><\/p>\n<div class=\"cit\">\n<p>Denotat hic pr\u00e6sens coluber monumenta priorum,<\/p>\n<p>Mantua qui patrun te muniere sibi;<\/p>\n<p>Et tibi gestamen gr\u00e6corum pulcra vetistas<\/p>\n<p>M\u00e6nia fuit nobis, docet unde tua.<\/p>\n<\/div>\n<p class=\"apart\">Puerta de Guadalajara y su ornato.<\/p>\n<p>Llegando a esta puerta, que es de la soberbia y antiqu\u00edsima muralla, se le ofreci\u00f3 toda renovada desde su planta hasta la punta de las pir\u00e1mides de los capiteles. Esta tiene dos torres colaterales tort\u00edsimas, de pedernal, aunque antiguamente ten\u00eda dos caballeros, a los lados, inexpugnables; la puerta, peque\u00f1a, la cual hac\u00eda tres vueltas, como tan gran fortaleza. Estos se derribaron para ensanchar la puerta y desenfadar este paso, porque es de gran frecuencia y concurso. Estas torres o cubos en que al presente est\u00e1n hacen una agradable y vistosa puerta de veinte pies de hueco con su dupla proporci\u00f3n de alto, y en la vuelta que el arco de la b\u00f3veda hace, todo de siller\u00eda berroque\u00f1a tort\u00edsima, hace un tr\u00e1nsito de la una torre a la otra, con unas barandas y balaustres de la misma piedra, todos los cuales se doraron. Sobre este tr\u00e1nsito se levanta otro arco de b\u00f3veda, que hace una hermosa y rica capilla, toda la cual est\u00e1 canteada de oro, y se hizo un altar con una imagen de Nuestra Se\u00f1ora con J. C. N. S. en los brazos, de todo relievo o, como el vulgo dice, de bulto, todo maravillosamente dorado y adornado con muchos brutescos. Esta imagen est\u00e1 en un encasamento que hace una muy devota capilla, y acompa\u00f1a mucho la imagen con todo buen ornato de sus t\u00e9rminos y frontispicios dorados. Sobre esto, en un encaje que hace otra manera de baranda, est\u00e1 el \u00c1ngel de la Guarda, que los antiguos llamaban tutelar, porque guarda y ampara al pueblo de los \u00e1ngeles malos. El cual tiene en la mano derecha una espada desnuda, y al otro lado un modelo de Madrid de todo relievo.<\/p>\n<p>Sobre todo lo dicho, en contorno de todas las torres viene una baranda de hierro bien formada. De enmedio de esta f\u00e1brica suben tres torres con tres pir\u00e1mides, que el vulgo llama chapiteles. \u00c9stos son de grande altura, muy resplandecientes, porque todos son de hoja de hierro colado, y cada uno tiene cuatro chapiteles peque\u00f1os; a sus cuatro \u00e1ngulos de sus remates tiene cada uno un globo, y por lo alto tienen los de enmedio unas cruces con sus velas doradas, que suben sus globos o acroter\u00edas; esto es, en los colaterales, en los cuales hay diez chapiteles. La torre de enmedio sube algo m\u00e1s con toda buena proporci\u00f3n de arquitectura. En el remate de \u00e9sta de los cuatro \u00e1ngulos suben cuatro columnas de m\u00e1rmol muy bien estriadas. Sobre \u00e9stas se levanta otro chapitel de maravillosa f\u00e1brica y singular artificio, en medio del cual, en el hueco que hacen las columnas, pende el reloj, que es una maravillosa campana, que se oye tres leguas en contorno del pueblo. \u00c9ste tambi\u00e9n tiene su cruz y vela dorada, con las armas de Madrid sobre los globos y acroter\u00edas.<\/p>\n<p>Este es un cimborrio que levanta por alto treinta y seis pies, es sexevado y va en diminuci\u00f3n como pir\u00e1mide. Tiene a los cuatro \u00e1ngulos otras cuatro pir\u00e1mides peque\u00f1as de a doce pies de alto; en los huecos de las torres se pusieron cuatro colosos, hechos de todo relievo, representando unos gigantes de grande altura, con sus guirnaldas de laurel y bastones en las manos: miran por la delantera y el reverso de estas torres a la mano \u00edndice, que se\u00f1ala las horas en el reloj, porque es de singular artificio que a dos haces se parece, con que hace una agradable y muy suntuosa perspectiva, y el pueblo tiene mucho ornato.<\/p>\n<p>El altar este d\u00eda tuvo muy rico frontal de brocado, con media docena de candeleros altos de oro, con sus velas de cera blanca, que causaba harta devoci\u00f3n.<\/p>\n<p>Habiendo S. M. dilatado la vista por esta tan maravillosa f\u00e1brica, y las joyas, tan ricas preseas y brocados, con que los mercaderes hab\u00edan adornado todo este tr\u00e1nsito. Pasando m\u00e1s adelante, no estaba menos ataviada la Plater\u00eda de riquezas y joyas, aunque al fin, la parte que es de la c\u00e1rcel, los toldos que all\u00ed hubo fueron los lamentables gritos y profundas voces con que los presos ped\u00edan a S.\u00a0M. misericordia. Lo cual oyendo S. M., pregunt\u00f3 al corregidor, D. Antonio de Lugo, que qu\u00e9 gritos eran aqu\u00e9llos; \u00e9l respondi\u00f3 que eran los presos, que ped\u00edan merced y libertad a S. M. A los cuales se les hizo la merced como de S. M. se esperaba.<\/p>\n<p>Saliendo de la Plater\u00eda, se da luego en la plaza de San Salvador, que es el concurso de todos los nobles, donde est\u00e1 todo el colegio de los escribanos de n\u00famero y donde se bate el cobre de todos los negocios, porque en ella est\u00e1 la audiencia y foro judicial, con las casas del ilustre Ayuntamiento.<\/p>\n<p class=\"salto10\">En este lugar se pusieron cuatro colosos, que representaban a Paris, Juno, Venus y Palas, o sea el <i>Juicio de Paris<\/i>, sobre cuya declaraci\u00f3n se extasia el autor en veinte y tantas hojas de mitolog\u00eda.<\/p>\n<p class=\"apart\">Entrada de la segunda muralla, y lo que en ella se hizo.<\/p>\n<p>Llegando S. M. a la puerta de la segunda muralla de este pueblo, que vulgarmente llaman el <i>Arco de la Almudena<\/i>, la cual, con una torre-caballero fort\u00edsima de pedernal, se derrib\u00f3 y rompi\u00f3 para ensanchar el paso. Estaba tan fuerte, que con grand\u00edsima dificultad muchos art\u00edfices con grandes instrumentos no pod\u00edan desencajar la canter\u00eda, que entendieron que no era peque\u00f1o argumento de su grande antig\u00fcedad. Pero para servir a S.\u00a0M., ninguna cosa hab\u00eda que se pusiese delante, teniendo respeto a lo mucho que se debe hacer en su Real servicio. Qued\u00f3 un Tr\u00e1nsito muy claro, espacioso y desenfadado, todo blanqueado y canteado, con sus puntas de pir\u00e1mides y acroter\u00edas, que difinen y rematan por lo alto.<\/p>\n<p>Entrando, se ofreci\u00f3 luego a S. M. en la plaza de la iglesia mayor un coloso, estatua y figura del gigante Atlas. (Decl\u00e1rase qui\u00e9n fue Atlas, alusi\u00f3n a Felipe\u00a0II, y lo que sobre \u00e9l fingieron los poetas).<\/p>\n<p class=\"apart\">Llegada a Santa Mar\u00eda y Te Deum.<\/p>\n<p>De aqu\u00ed S. M. lleg\u00f3 con mucho contentamiento (aunque cansada y maravillada de ver tan gran variedad de cosas) al templo de Santa Mar\u00eda, que es la iglesia mayor y m\u00e1s antigua de Madrid, donde toda la clerec\u00eda y cabildo se hab\u00eda congregado, esperando la felice venida de Su Majestad, todos con capas de brocado muy ricas, y las catorce cruces de las parroquias salieron de la iglesia a rescebir a S.\u00a0M. El Vicario, con una cruz muy rica, lleg\u00f3 a un sitial, donde S. M. se ape\u00f3, y tomando la cruz el Ilmo, y Rmo. cardenal Espinosa, etc., la dio a besar a S. M., la cual, hincadas las rodillas devotamente, ador\u00f3 y bes\u00f3 la cruz. Y procediendo la procesi\u00f3n con mucha m\u00fasica, volvieron al templo.<\/p>\n<p>Su Majestad, con el pr\u00edncipe Alberto de Austria de la mano, y el limo, cardenal Espinosa, etc., al otro lado, entr\u00f3 en el templo a hacer oraci\u00f3n, el cual estaba muy adornado, con muchos toldos y pa\u00f1os de sedas y brocados toda su entrada y p\u00f3rtico, renovado y canteado con ilustre ornato. Junto al altar mayor se puso un rico sitial de brocado y dos cojines de lo mismo, donde S.\u00a0M., hincada de rodillas con mucha devoci\u00f3n, se detuvo buen espacio de tiempo, mientras la capilla Real, con muy concertada m\u00fasica, cant\u00f3 el <i>Te Deum laudamus<\/i>, dando todos muchas gracias a Dios por la merced que a todos estos reinos ha hecho.<\/p>\n<p>Esta es una muy santa, muy religiosa y muy antigua costumbre de los reyes de Espa\u00f1a, que la primera visita es dar gracias a Nuestro Se\u00f1or, y reconocer como todo el triunfo y gloria se le ha de dar y referir a Su Divina Majestad; pues viniendo de su divina mano, ser\u00e1 perfecto y no habr\u00e1 lugar para que la polilla ambiciosa y soberbia del mundo estrague aquello que, recibido por Dios, ilustra al cuerpo y al alma. Este afecto de religi\u00f3n guardaron muy bien los romanos cuando, entrando por Roma, triunfando, todo el acompa\u00f1amiento, con el que triunfaba, iban al Capitolio, donde estaba el templo de J\u00fapiter, y all\u00ed, dando gracias a Dios por la victoria y triunfo alcanzado, hac\u00eda muchos sacrificios.<\/p>\n<p class=\"apart\">Llegada a Palacio.<\/p>\n<p>Acabado, pues, el <i>Te Deum laudamus<\/i>, y dicha la oraci\u00f3n, la cual dijo el Vicario (como capell\u00e1n de S.\u00a0M.), la Reina nuestra se\u00f1ora parti\u00f3 de la iglesia con todo su acompa\u00f1amiento y triunfo. Y procediendo poco a poco, lleg\u00f3 a vista de Palacio, una de las m\u00e1s principales y suntuosas casas Reales que hay en el orbe, tan ilustrada con la asistencia de todos los reyes de Espa\u00f1a, como su antigua casa, y tan Real aposento, y de nuevo amplificada, y tan feliz por el asiento y habitaci\u00f3n del D. Felipe, rey nuestro se\u00f1or, el cual con muy suntuosas y exquisitas f\u00e1bricas, dignas de tan gran Pr\u00edncipe, cada d\u00eda de nuevo la ilustra, de manera que es (consideradas todas sus cualidades) la m\u00e1s rara casa que ning\u00fan pr\u00edncipe tiene en el mundo.<\/p>\n<p>Con este tan agradable espect\u00e1culo y concurso, toda la infanter\u00eda que en el asalto del castillo, como ya dijimos, se hall\u00f3, la cual toda con sus banderas y muy buen orden y concierto concurri\u00f3 a la puerta de Palacio, en el cual lugar hay un campo y plaza muy espaciosa, hechos sus escuadrones de gente tan lucida y tan bizarra, que fue una de las cosas de que S.\u00a0M. m\u00e1s gust\u00f3.<\/p>\n<p>Entrando S. M. en Palacio, toda la infanter\u00eda, con sus atambures y p\u00edfanos, las trompetas y menestriles, con toda la artiller\u00eda de una y otra parte, y la que la guardia de a caballo trae y dispara en estas solemnidades, toda a un tiempo, con grand\u00edsimo estruendo, hizo una de las m\u00e1s solemnes y graciosas salvas, y (a dicho de todos los que con S.\u00a0M. ven\u00edan) que m\u00e1s gusto diese, que en todos estos reinos jamas se ha visto.<\/p>\n<p>Llegada S. M., y entrando dentro de Palacio, la salieron a rescebir hasta el zagu\u00e1n la seren\u00edsima princesa de Portugal, do\u00f1a Juana de Austria, y las infantas do\u00f1a Isabel Eugenia, do\u00f1a Catalina, y los Sermos. pr\u00edncipes Rodolfo y Ernesto salieron del aposento de las seren\u00edsimas infantas y con este orden:<\/p>\n<p>Preced\u00edan el Duque de N\u00e1jera y el Marqu\u00e9s de Sarria, y el Marqu\u00e9s del Adrada, D.\u00a0Antonio de la Cueva, mayordomo mayor, y D. Gonzalo Chac\u00f3n y D. Pedro Lasso de Castilla, se\u00f1or de San Mart\u00edn, mayordomo de S. M., todos con sus bastones en las manos. Luego los seren\u00edsimos pr\u00edncipes; tras ellos las infantas, que llevaba la seren\u00edsima Princesa delante de s\u00ed, y detr\u00e1s de S. A. iba do\u00f1a Aldonza de Bazan, marquesa de Fromesta, camarera mayor de la Reina; llev\u00e1banla de la mano la Duquesa de Feria y el Marqu\u00e9s de Fromesta, su hijo. Luego do\u00f1a Isabel de Qui\u00f1ones, camarera mayor de la Princesa, y do\u00f1a Maria Chac\u00f3n, aya de las infantas; luego do\u00f1a Teresa de Guevara y otras muchas se\u00f1oras de t\u00edtulo. \u00daltimamente iban las damas de las SS. Infantas y Princesa, con grande ornato y compostura.<\/p>\n<p>Llegadas, pues, todas se recibieron con grande amor, y abraz\u00e1ndoso muy enternecidamente, subieron al aposento de la Reina, llevando la Princesa a la Reina a la mano derecha, delante las infantas, y a la Serma. infanta do\u00f1a Isabel llev\u00f3 el limo, cardenal Espinosa de la mano, las cuales hospedaron a S.\u00a0M. donde por muchos a\u00f1os Nuestro Se\u00f1or sea servido conservar con suprema felicidad esta tan santa compa\u00f1\u00eda, para que con el fruto de su bendito matrimonio se amplifique toda la rep\u00fablica cristiana, con la paz y contentamiento que de tan dichoso matrimonio al presente goza. El limo, cardenal D. Diego de Espinosa, etc., dejando a S. M., volvi\u00f3 a su posada, acompa\u00f1ado de toda la nobleza de la corte, el corregidor y Ayuntamiento, el cual ten\u00eda prevenidos doscientos soldados lucidamente aderezados, los cuales llevaban en contorno de su lima, se\u00f1or\u00eda sus hachas de cera blanca.<\/p>\n<p>Y dejando a S. S. Ilma. en su posada, anduvieron regocijando al pueblo con otras muchas diferencias de luminarias e ingenios de fuego, con que hubo un p\u00fablico regocijo muy solemnizado.<\/p>\n<p>Fue comisario de todo el aparato de las hachas y luminarias Pedro Rodr\u00edguez de Alc\u00e1ntara, regidor.<\/p>\n<p>El concurso de la gente fue muy grande, como hemos dicho; la abundancia de bastimentos y de todas las cosas necesarias fue tan notable, que vali\u00f3 este d\u00eda todo muy barato, m\u00e1s que los otros d\u00edas ordinarios. Por caer todos tan cansados de haber visto tantos y tan agradables espect\u00e1culos, todos se retiraron a descansar y reposar.<\/p>\n<p class=\"apart\">Festejos al siguiente d\u00eda.<\/p>\n<p>Otro d\u00eda el Corregidor mand\u00f3 pregonar se holgase por todo el pueblo y concurriesen a Palacio todas las compa\u00f1\u00edas de infanter\u00eda, las cuales, con tanto n\u00famero de p\u00edfanos y tambores, y sus lucidas banderas, vinieron con harta secuencia de muy bizarros y dispuestos soldados, anduvieron por todo el Campo del Rey a vista de S.\u00a0M., haciendo rese\u00f1a y muestra lucida y curiosa, que se gust\u00f3 de este ensayo y preludio militar, como si fuera un campo muy formado. Al cual, por ser cosa hermosa y tan agradable, los latinos le llamaron <i>Bellum<\/i>, que quiere decir hermoso, bello y agradable.<\/p>\n<p>En esta parte los plateros hab\u00edan hecho un muy hermoso castillo, con sus rebellines y muchos ingenios de fuego en su contorno. Venida la noche, despu\u00e9s de haber Sus Majestades cenado, el Corregidor, con todos los caballeros del Ayuntamiento y algunos ilustres de Madrid, lucieron un juego de alcanciazos con muy suntuosas libreas. Fueron ocho cuadrillas de a veinte caballeros, que hac\u00edan ochenta. Cada cuadrilla fue de diferentes libreas de sedas de varios colores.<\/p>\n<p>La del Corregidor fue de marlotas de tafet\u00e1n carmes\u00ed y capellares de tafet\u00e1n amarillo, turbantes de terciopelos del mismo color.<\/p>\n<p>Don Francisco de Vargas Manrique, con su cuadrilla, marlotas negras, capellares blancos.<\/p>\n<p>Don Lope Zapata, con su cuadrilla, marlotas blancas y capellares morados.<\/p>\n<p>Don Diego de Ayala, con su cuadrilla, marlotas 1 llancas y capellares morados.<\/p>\n<p>Juan de Villafuerte con su cuadrilla, marlotas encarnadas y capellares morados.<\/p>\n<p>Don Pedro de Rivera con su cuadrilla, marlotas amarillas y capellares morados.<\/p>\n<p>Pedro de Herrera con su cuadrilla, marlotas amarillas y capellares colorados.<\/p>\n<p>Bartolom\u00e9 V\u00e1zquez de la Canal con su cuadrilla, marlotas azules y capellares verdes.<\/p>\n<p>Todos con turbantes de terciopelo y guarniciones a los caballos de lo mismo, trompetas y atabales y menestriles, con libreas de damasco colorado y fajas de terciopelo amarillo; todos as\u00ed juntos, con hachas de cera blanca en las manos, salieron muy ordenadamente de las casas de Ayuntamiento, precediendo toda la m\u00fasica, vinieron a vista de palacio, donde, en presencia de SS.\u00a0MM., despu\u00e9s de haber hecho una muy concertada escaramuza, se dieron de alcanciazos en sus adargas, que fue una muy agradable y concertada fiesta.<\/p>\n<p>En el interior del castillo se desparcian y tiraban a diversas partes muchos cohetes, ard\u00edan en su contorno unas acroter\u00edas e ingenios de fuego, con que a modo de pir\u00e1mides remataban los rebellines. Toda la infanter\u00eda cercando el castillo le combati\u00f3 y subieron las banderas a lo alto, donde, con grande estruendo, se desparcian muchos ingenios de fuego. Hecho este asalto harto animosamente, se desbarat\u00f3 el juego, y por todo el pueblo con grande regocijo anduvo la caballer\u00eda solemnizando la fiesta; fue de gran contento, porque en todo el discurso que hemos contado ninguna infelicidad ni desgracia ha habido, antes con mucha paz y tranquilidad (que no ha sido peque\u00f1a merced de N.\u00a0S. habiendo habido tan gran concurso de gente) se remataron estas fiestas.<\/p>\n<p>La corte de S. M. est\u00e1 muy florida, con gran concurso de grandes, libreas muy costosas, gran abundancia de todas las cosas, concordia y paz en todos sus reinos, la cual N.\u00a0S. por muchos a\u00f1os con larga vida de estos seren\u00edsimos pr\u00edncipes, reyes y se\u00f1ores nuestros conserve, para que de su deseado fruto se alcance la feliz prosperidad que todos estos reinos con tanto amor y afecto desean. Lo cual por su divina clemencia y misericordia conceda.<\/p>\n<div class=\"citlat centrado\">\n<p>Qui vivit et regnat trinus<\/p>\n<p>et uno, in s\u00e6cula<\/p>\n<p>s\u00e6culorum.<\/p>\n<p>Amen.<\/p>\n<\/div>\n","protected":false},"author":1,"menu_order":5,"template":"","meta":{"pb_show_title":"on","pb_short_title":"","pb_subtitle":"","pb_authors":[],"pb_section_license":""},"back-matter-type":[],"contributor":[],"license":[],"class_list":["post-88","back-matter","type-back-matter","status-publish","hentry"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.publiconsulting.com\/wordpress\/madridantiguo\/wp-json\/pressbooks\/v2\/back-matter\/88","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.publiconsulting.com\/wordpress\/madridantiguo\/wp-json\/pressbooks\/v2\/back-matter"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.publiconsulting.com\/wordpress\/madridantiguo\/wp-json\/wp\/v2\/types\/back-matter"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.publiconsulting.com\/wordpress\/madridantiguo\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/www.publiconsulting.com\/wordpress\/madridantiguo\/wp-json\/pressbooks\/v2\/back-matter\/88\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":153,"href":"https:\/\/www.publiconsulting.com\/wordpress\/madridantiguo\/wp-json\/pressbooks\/v2\/back-matter\/88\/revisions\/153"}],"metadata":[{"href":"https:\/\/www.publiconsulting.com\/wordpress\/madridantiguo\/wp-json\/pressbooks\/v2\/back-matter\/88\/metadata\/"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.publiconsulting.com\/wordpress\/madridantiguo\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=88"}],"wp:term":[{"taxonomy":"back-matter-type","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.publiconsulting.com\/wordpress\/madridantiguo\/wp-json\/pressbooks\/v2\/back-matter-type?post=88"},{"taxonomy":"contributor","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.publiconsulting.com\/wordpress\/madridantiguo\/wp-json\/wp\/v2\/contributor?post=88"},{"taxonomy":"license","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.publiconsulting.com\/wordpress\/madridantiguo\/wp-json\/wp\/v2\/license?post=88"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}