{"id":30,"date":"2018-03-20T12:15:56","date_gmt":"2018-03-20T12:15:56","guid":{"rendered":"http:\/\/www.publiconsulting.com\/wordpress\/madridantiguo\/chapter\/__unknown__-2\/"},"modified":"2018-03-20T16:53:27","modified_gmt":"2018-03-20T16:53:27","slug":"introduccion-resena-historico-topografica-y-civil-de-madrid","status":"publish","type":"chapter","link":"https:\/\/www.publiconsulting.com\/wordpress\/madridantiguo\/chapter\/introduccion-resena-historico-topografica-y-civil-de-madrid\/","title":{"rendered":"Introducci\u00f3n. Rese\u00f1a hist\u00f3rico-topogr\u00e1fica y civil de Madrid"},"content":{"raw":"<h2 id=\"sigil_toc_id_1\">\u00c9POCA DESCONOCIDA<\/h2>\r\nM<small>ADRID<\/small>, como todas las ciudades, como todos los estados, como todos los personajes, que enaltecidos por la suerte llegaron a adquirir cierta importancia pol\u00edtica, tuvo muy luego sus aduladores panegiristas, que, no contentos con defender esta importancia y justificar aquel engrandecimiento con los m\u00e9ritos especiales del tal pueblo o del tal sujeto, estrib\u00e1ndolos en las dotes de su valor m\u00e1s bien que en el privilegio de su fortuna, trataron de rebuscar su origen en la m\u00e1s remota antig\u00fcedad, enlaz\u00e1ndole con los h\u00e9roes mitol\u00f3gicos o fabulosos, para forjarle luego una empergaminada ejecutoria en que poder ostentar sus her\u00e1ldicos blasones.\r\n\r\nTodo esto es muy entretenido y sabroso, si no muy veros\u00edmil ni importante a los ojos un tanto esc\u00e9pticos de la actual generaci\u00f3n, en cuyas almas no arde ya aquella fe sincera y entusiasta que enaltec\u00eda al car\u00e1cter y formaba las delicias de nuestros apasionados abuelos; y ni aun quiere dispensar a \u00e9stos los honores de la controversia en materias que considera de escaso inter\u00e9s, por remotas, improbables y que a nada conducen. Por eso los modernos historiadores dejan a aquellos ardientes admiradores de lo desconocido, mano a mano entretenidos con sus h\u00e9roes mitol\u00f3gicos, con sus fant\u00e1sticas o m\u00edsticas apariciones, con sus hiperb\u00f3licas consejas y gratuitas y c\u00e1ndidas conjeturas, y procuran s\u00f3lo aprovechar los datos fehacientes, ya sea que puedan hallarlos escritos, o ya los vean consignados materialmente en los sitios y monumentos; y en llegando a la \u00e9poca en que viene a faltarles aquel hilo conductor, dejan a la historia <i>envuelta en la noche de los tiempos<\/i>, y contin\u00faan tranquilos su narraci\u00f3n.\r\n\r\nPor el opuesto sistema, los entusiastas y prolijos cronistas de Madrid, Gonzalo Fern\u00e1ndez de Oviedo<a href=\"http:\/\/www.publiconsulting.com\/wordpress\/madridantiguo\/back-matter\/notas\/#nt1\" id=\"rf1\"><sup>[1]<\/sup><\/a>, el maestro Juan L\u00f3pez de Hoyos<a href=\"http:\/\/www.publiconsulting.com\/wordpress\/madridantiguo\/back-matter\/notas\/#nt2\" id=\"rf2\"><sup>[2]<\/sup><\/a>, Gil Gonz\u00e1lez D\u00e1vila<a href=\"http:\/\/www.publiconsulting.com\/wordpress\/madridantiguo\/back-matter\/notas\/#nt3\" id=\"rf3\"><sup>[3]<\/sup><\/a>, el licenciado Jer\u00f3nimo Quintana<a href=\"http:\/\/www.publiconsulting.com\/wordpress\/madridantiguo\/back-matter\/notas\/#nt4\" id=\"rf4\"><sup>[4]<\/sup><\/a>, Antonio Le\u00f3n Pinelo<a href=\"http:\/\/www.publiconsulting.com\/wordpress\/madridantiguo\/back-matter\/notas\/#nt5\" id=\"rf5\"><sup>[5]<\/sup><\/a>, D.\u00a0Juan de Vera Tassis y Villaroel<a href=\"http:\/\/www.publiconsulting.com\/wordpress\/madridantiguo\/back-matter\/notas\/#nt6\" id=\"rf6\"><sup>[6]<\/sup><\/a>, D. Antonio N\u00fa\u00f1ez de Castro<a href=\"http:\/\/www.publiconsulting.com\/wordpress\/madridantiguo\/back-matter\/notas\/#nt7\" id=\"rf7\"><sup>[7]<\/sup><\/a>, y otros que en los siglos <small>XVI<\/small> y <small>XVII<\/small>, a consecuencia de la r\u00e1pida importancia adquirida por esta villa con la traslaci\u00f3n a ella de la corte de la monarqu\u00eda, dedicaron sus plumas y desplegaron toda la tuerza de su voluntad a rebuscar y consignar, con m\u00e1s celo que buen criterio, mil confusas tradiciones, mil absurdas conjeturas con que enaltecer a su modo al pueblo que los hab\u00eda visto nacer y cuya historia o paneg\u00edrico intentaban trasladar; ocuparon muchas p\u00e1ginas de sus indigestos cronicones en aserciones notoriamente falsas, en consejas maravillosas y en deducciones temerarias y hasta rid\u00edculas, que, si pudieron ser admitidas en la \u00e9poca en que se escrib\u00edan, hoy s\u00f3lo alcanzan de la cr\u00edtica sensata una sonrisa desde\u00f1osa.\r\n\r\nNada, sin embargo, debemos extra\u00f1ar que as\u00ed sucediera, y que tan patriotas y eruditos escritores pagasen tributo a la moda de aquellos tiempos, que quer\u00eda que la remota alcurnia fuese el primer t\u00edtulo de gloria para los pueblos como para los individuos; y que dominados por e] deseo de hacer aparecer con mayor esplendor a su villa natal, objeto de su entusiasmo y reciente emporio de la monarqu\u00eda, no titubeasen en admitir como buenos todos los delirios, f\u00e1bulas y comentos que pudieron hallar consignados en los falsos cronicones, en los ecos populares o en las maravillosas consejas del vulgo; que no retrocediesen ante el temor de ser tratados alg\u00fan d\u00eda de ligereza por la cr\u00edtica severa y la sana raz\u00f3n, ni que tampoco hiciesen escr\u00fapulo de alterar o desfigurar los textos m\u00e1s respetables, atorment\u00e1ndolos a su modo para sacar consecuencias absurdas que pudiesen conducir a su objeto preexistente.\r\n\r\nAl decir de aquellos c\u00e1ndidos o amartelados escritores, la fundaci\u00f3n de Madrid precedi\u00f3 en diez o m\u00e1s siglos a la de Roma; se verific\u00f3 en los primeros tiempos de la poblaci\u00f3n de Espa\u00f1a, a muy pocos a\u00f1os despu\u00e9s del Diluvio universal, y cumplir\u00eda en el de gracia que atravesamos 4030 de respetable fecha, seg\u00fan muy seriamente afirmaba hace pocos a\u00f1os nuestro <i>Calendario oficial<\/i>. A\u00f1aden que dicha fundaci\u00f3n fue verificada por el pr\u00edncipe <i>Ocno-Bianor<\/i>, hijo de Tiber, rey de Toscana, y de la adivina <i>Manto<\/i>, cuyo nombre quiso dejar consignado en esta villa apellid\u00e1ndola <i>Mantua<\/i>. Pero semejante origen mitol\u00f3gico de nuestro Madrid no es m\u00e1s que un <i>plagio<\/i> del que plugo a Virgilio dar a la otra <i>Mantua<\/i> de Italia, su patria: y no pod\u00eda de modo alguno aplicarse racionalmente a Madrid en la \u00e9poca en que se supone fundada, anterior en m\u00e1s de mil a\u00f1os a dicho pr\u00edncipe Ocno, que si existi\u00f3 efectivamente, fue diez siglos despu\u00e9s, en tiempo de la guerra troyana.\r\n\r\nNo menos peregrinos son los dem\u00e1s cuentos con (que engalanan nuestros cronistas la cuna de su pretendida <i>Mantua<\/i>, alegando, para probar su predilecto ensue\u00f1o del origen griego, datos tan concluyentes o chistosos como el <i>espantable y fiero drag\u00f3n<\/i> que se hall\u00f3 esculpido en una de sus puertas, y que, seg\u00fan ellos, era el emblema que asaban los griegos en sus banderas y dejaban como blas\u00f3n a las ciudades que edificaban; o bien en ciertas l\u00e1minas de metal que se suponen halladas al derribar el <i>Arco de Santa Mar\u00eda<\/i>, y que escritas (probablemente en caldeo) probaban, seg\u00fan ellos, haber sido construido aquel muro y puerta por Nabucodonosor, rey de Babilonia, <i>a su paso por Madrid<\/i>.\r\n\r\nLa cr\u00edtica moderna, m\u00e1s concienzuda o menos apasionada, rechaza al dominio de la f\u00e1bula todas estas gratuitas e improbables aseveraciones; y en busca de los datos fehacientes que pudieran conducirla al esclarecimiento de la verdad, no ha hallado en esta villa el m\u00e1s ligero indicio ni la m\u00e1s remota se\u00f1al de tan primitivo origen; s\u00f3lo ha visto se\u00f1alada en las <i>Tablas de Tolomeo<\/i> una poblaci\u00f3n apellidada <i>Mantua<\/i>, que estaba situada en la regi\u00f3n <i>carpetana<\/i>; pero la situaci\u00f3n geogr\u00e1fica se\u00f1alada por aqu\u00e9l a esta Mantua (seg\u00fan la demostraci\u00f3n de los m\u00e1s insignes hombres de ciencia), contradice absolutamente a la de nuestro Madrid, y difiere de \u00e9ste algunas leguas; siendo unos de opini\u00f3n (como los coronistas Pedro Esquivel y Ambrosio de Morales) de que puede referirse al pueblo conocido ahora por <i>Villamanta<\/i>, y otros a Talamanca (Arm\u00e1ntica), que se aproximan o cuadran mejor a aquella situaci\u00f3n, que conservan a\u00fan en sus nombres m\u00e1s ra\u00edces o analog\u00edas con el primitivo de Mantua, y en que se observaron tambi\u00e9n ruinas y hallaron vestigios de remota antig\u00fcedad.\r\n\r\nEn este sentido hicieron preciosas observaciones, a fines del siglo \u00faltimo, los eruditos escritores y arque\u00f3logos maestro Enrique Florez, D.\u00a0Antonio Ruy-Bamba, y sobre todos, D. Juan Antonio Pellicer, en dos obras especiales<a href=\"http:\/\/www.publiconsulting.com\/wordpress\/madridantiguo\/back-matter\/notas\/#nt8\" id=\"rf8\"><sup>[8]<\/sup><\/a>, el cual lleg\u00f3 hasta averiguar y demostrar el origen de la equivocada antig\u00fcedad y nombre dados a Madrid, explic\u00e1ndola en el texto <i>adulterado<\/i> de dichas <i>Tablas de Tolomeo<\/i> de la edici\u00f3n de Ulma, en 1491, en el cual se lee esta nota, puesta por ignorada mano (<i>\u00abMantua; Viseria olim; Madrid\u00bb<\/i>), cuya gratuita explicaci\u00f3n no se lee en las primeras o anteriores ediciones de aquel gran ge\u00f3grafo, seg\u00fan puede consultarse en la de 1475 (la m\u00e1s antigua que se conoce) y que existe en nuestra Biblioteca Nacional, y cita tambi\u00e9n dicho erudito escritor.\r\n\r\nResulta, pues, probado hasta la evidencia, que lo de la fundaci\u00f3n de Mantua por el pr\u00edncipe <i>Ocuo-Bianor<\/i> es a todas luces falso e imposible, y que la poblaci\u00f3n que cita Tolomeo con aquel nombre (ya fuese fundada por griegos, cartagineses o romanos) no es ni pudo ser con algunas leguas de diferencia la que actualmente se denomina M<small>ADRID<\/small>; que el mismo Tolomeo no dijo tal cosa, sino que fue una ligereza de alguno de sus ignorados anotadores. Acaso, sin embargo, pudo existir Madrid en tiempo de la dominaci\u00f3n romana en Espa\u00f1a, y aun antes, como pretenden la mayor parte de los escritores antiguos y muchos modernos, e intentan probarlo con algunas l\u00e1pidas sepulcrales que dicen haberse hallado en esta villa y describen o interpretan a su sabor; pero en ninguna de dichas l\u00e1pidas (que pudieron ser tra\u00eddas, y alguna consta que lo fue efectivamente, de otros puntos), aun violentando todo lo posible las interpretaciones, se encuentra la m\u00e1s m\u00ednima referencia a Madrid con el nombre de Mantua ni con otro alguno.\r\n\r\nSi existi\u00f3 Madrid en tiempo de los romanos y, como se ha pretendido, fue municipio de alguna importancia; si recibi\u00f3 en ellos la sagrada luz del Evangelio, viniendo a predicarle el Ap\u00f3stol Santiago o alguno de sus compa\u00f1eros; si fue por entonces ensanchada la poblaci\u00f3n y fortificada con s\u00f3lidos muros, y vio nacer dentro de ellos, como se ha defendido, a San Melchiades y San D\u00e1maso, papas, y morir en el martirio a San Gines y otros en defensa de la fe, \u00bfc\u00f3mo, pues, se llamaba esta poblaci\u00f3n, que ya vemos que no era <i>Mantua<\/i> y que tampoco est\u00e1 se\u00f1alada en el <i>Itinerario de Antonio P\u00edo<\/i> con los nombres de <i>Viseria, Ursaria<\/i> ni <i>Majoritum<\/i>, que dicen aquellos historiadores recibi\u00f3 de los latinos? La cr\u00edtica moderna (ya lo hemos dicho) niega absolutamente la primera de aquellas denominaciones, <i>Viseria<\/i>, probando que es nacida del mismo error de la nota puesta a Tolomeo y que traduce <i>\u00abManto\u00bb<\/i> (<i>Viseria olim, Adivina en otro tiempo<\/i>): conviene hasta cierto tiempo con que pudo ser llamada <i>Ursaria<\/i> por los muchos osos de que abundaba su t\u00e9rmino, y que al fin vinieron a formar el emblema de su escudo, y contradice y demuestra absolutamente que el nombre supuesto de <i>Majoritum<\/i> no es antiguo, sino pura y simplemente el posterior del <i>Magerit<\/i> morisco, latinizado de diversos modos m\u00e1s o menos b\u00e1rbaros en los documentos posteriores a la conquista; como <i>Majoridum, Mageriacum, Mageridum, Magritum, Matritum<\/i>, y otros muchos de que inserta un largo \u00e1rbol etimol\u00f3gico el citado Pellicer en su <i>Disertaci\u00f3n hist\u00f3rica sobre el origen y nombre de Madrid<\/i>, y a\u00f1ade otros muchos la diligente investigaci\u00f3n del difunto escritor contempor\u00e1neo D.\u00a0Agust\u00edn Azcona<a href=\"http:\/\/www.publiconsulting.com\/wordpress\/madridantiguo\/back-matter\/notas\/#nt9\" id=\"rf9\"><sup>[9]<\/sup><\/a>.\r\n\r\nEstos y otros cr\u00edticos modernos, en vista de todas aquellas observaciones, y a falta absoluta de datos fehacientes de los que se encuentran frecuentemente en pueblos de aquella antig\u00fcedad, tales como ruinas de monumentos, inscripciones, medallas, o simple menci\u00f3n en la historia, han concluido por dudar o negar rotundamente la existencia del Madrid griego y romano con el nombre de Mantua ni con otro alguno; pero otros no menos apreciables la creen probable, y entre ellos merece especial menci\u00f3n el ilustrado y respetable acad\u00e9mico, que fue, de la Historia, D.\u00a0Miguel Cort\u00e9s y L\u00f3pez, el cual, en art\u00edculos especiales de su importante <i>Diccionario geogr\u00e1fico hist\u00f3rico de la Espa\u00f1a antigua<\/i>, y en dos cartas que se sirvi\u00f3 dirigirnos desde Valencia, y que conservamos con el mayor aprecio, consagr\u00f3 toda la fuerza de su talento y de su perspicacia a demostrar <i>que en el sitio en donde la actual cilla de Madrid, estuvo, no la<\/i> M<small>ANTUA<\/small> <i>de Tolomeo, sino la mansi\u00f3n militar romana se\u00f1alada ron el nombre de<\/i> M<small>IACUM<\/small> <i>en el Itineraria de Antonino<\/i>; supone dicha voz hebreo-fenicia, y de su genitivo <i>Miaci<\/i> deduce el de Madrid, y de las voces <i>Miaci-Nahar<\/i> (equivalentes a <i>r\u00edo de Miaco<\/i>) el del que hoy es conocido con el nombre de <i>Manzanares<\/i>; asentando, ademas, que si con documentos antiguos y aut\u00e9nticos se pudiera probar que Madrid en alg\u00fan tiempo se llam\u00f3 <i>Ursaria<\/i>, no ser\u00eda preciso inferir que este nombre derivase del latino <i>Ursus<\/i>, sino, con m\u00e1s verosimilitud, de la voz hebrea <i>Ur<\/i>, que significa <i>fuego<\/i>, con lo que vendr\u00eda a decir <i>ciudad de fuego<\/i>, y se justificar\u00eda el dicho de Juan Mena.\r\n<p class=\"cit\">\u00abEn la su villa, de fuego cercada\u00bb,<\/p>\r\nteniendo tambi\u00e9n much\u00edsima analog\u00eda con la voz <i>Miacum<\/i>, que significa lo mismo, <i>ciudad levantada sobre un terreno de fuego<\/i> o volc\u00e1nico, aunque otros creen que este dicho aluda m\u00e1s bien a la muralla que estaba formada de grandes pedernales.\r\n\r\nVemos, pues, que todo esto no son m\u00e1s que conjeturas m\u00e1s o menos ingeniosas, y que nada puede asegurarse absolutamente por falta de datos fehacientes, durante la dominaci\u00f3n de los griegos y romanos, y lo que es m\u00e1s, ni aun despu\u00e9s de la ca\u00edda del imperio y de la irrupci\u00f3n y dominio de los godos en nuestra Espa\u00f1a; porque no s\u00f3lo, como queda dicho, no se hallan ni han hallado en Madrid restos algunos que demuestren con evidencia que existi\u00f3 en aquellas \u00e9pocas, ni hay otra raz\u00f3n para creerlo que tradiciones <b>po\u00e9ticas<\/b> y maravillosas, sino que tampoco se ve siquiera hecha menci\u00f3n de esta villa en las antiguas cr\u00f3nicas de Espa\u00f1a, hasta la de Sampiro, que la nombra por primera vez con su nombre morisco y con referencia al siglo\u00a0<small>X<\/small>, dos centurias despu\u00e9s de la invasi\u00f3n musulmana.\r\n<h2 id=\"sigil_toc_id_2\">\u00c9POCA HIST\u00d3RICA<\/h2>\r\n<p class=\"centrado\">MADRID MORISCO\r\n(Siglo <small>X<\/small>)<\/p>\r\n<p class=\"salto10\">A las simples conjeturas y a los ingeniosos argumentos dirigidos a probar la existencia anterior de Madrid, sucede ya aqu\u00ed la evidencia, producida por las palabras terminantes de la historia. \u00abReinando Ramiro\u00a0II seguro (en Le\u00f3n), consult\u00f3 con los magnates de su reino de qu\u00e9 modo invadir\u00eda la tierra de los caldeos, y juntando su ej\u00e9rcito, se encamin\u00f3 ala ciudad que llaman de <i>Magerit<\/i>, desmantel\u00f3 sus muros, hizo muchos estragos en un domingo, y ayudado de la clemencia de Dios, volvi\u00f3 a su reino en paz con su victoria\u00bb<a href=\"http:\/\/www.publiconsulting.com\/wordpress\/madridantiguo\/back-matter\/notas\/#nt10\" id=\"rf10\"><sup>[10]<\/sup><\/a>.<\/p>\r\nEsta es la primera vez que figura Madrid en nuestra historia, si bien es ya con el car\u00e1cter de ciudad murada e importante: \u00e9ralo en efecto, porque defendiendo a Toledo, corte de los musulmanes, de las invasiones de los castellanos y leoneses, que sol\u00edan pasar los puertos de Guadarrama y Fuenfr\u00eda, procuraron los \u00e1rabes fortificarla con alc\u00e1zar y castillo seguro, con fuertes murallas, con robustas torres y con s\u00f3lidas puertas; por lo que es muy regular que se aplicasen luego a reparar la parte de muros que desmantel\u00f3 D.\u00a0Ramiro, pues viv\u00edan siempre recelosos y amenazados de los enemigos.\u2014 Esta acometida del Rey leon\u00e9s la se\u00f1alan los coronistas por los a\u00f1os 933, y tambi\u00e9n hacen menci\u00f3n de otra posterior, verificada por D. Fernando I (el Magno), en 1047, en la cual maltrat\u00f3 las murallas de <i>Magerit<\/i>, y algunos suponen que la tom\u00f3, que recibi\u00f3 en ella la visita de Alimenon, rey moro de Toledo, y que le hizo su tributario, abandon\u00e1ndole despu\u00e9s su conquista.\r\n\r\nSobre la suerte de <i>Magerit<\/i><a href=\"http:\/\/www.publiconsulting.com\/wordpress\/madridantiguo\/back-matter\/notas\/#nt11\" id=\"rf11\"><sup>[11]<\/sup><\/a> durante la dominaci\u00f3n de los sarracenos, se ha delirado tambi\u00e9n bastante, suponi\u00e9ndole unos pueblo grande y rico, con muchas mezquitas e iglesias muz\u00e1rabes, con grandes y poblados arrabales, notables escuelas de Astronom\u00eda, c\u00e9lebre en los cantares de sus dominadores, y fortalecido por ellos, que dieron a su alcaide la primera voz entre los del reino de Toledo; pero otros pretenden rebajar mucho de este brillante cuadro, y de todos modos, son sumamente escasas las pruebas que se presentan de aquellas aserciones, pues s\u00f3lo a fines del mismo siglo\u00a0<small>X<\/small>. el escritor \u00e1rabe <i>Ebu-Ka-teb<\/i> hace menci\u00f3n de <i>Magerit<\/i>, diciendo <i>era una peque\u00f1a poblaci\u00f3n cerca de Alcal\u00e1<\/i>, y por aquel mismo tiempo se citan los nombres de <i>Moslema Ben-Amet<\/i>, gran matem\u00e1tico y astr\u00f3nomo, conocido por <i>el Magriti<\/i>, y de <i>Said Ben Zulema<\/i> y <i>Johia<\/i>, madrile\u00f1os tambi\u00e9n, que ense\u00f1aban las ciencias y la Filosof\u00eda en Toledo y Granada.\r\n\r\nNo es de suponer, pues, que fuese tan grande la importancia de esta morisca poblaci\u00f3n, apenas citada en las historias \u00e1rabes, y de que tan escasos y mezquinos restos quedaron despu\u00e9s de la conquista; con ausencia absoluta de importantes ruinas, de algunas construcciones de las que tan frecuentemente se encuentran en nuestras ciudades musl\u00edmicas, tales como mezquitas y palacios, f\u00e1bricas, ba\u00f1os, hospitales y acueductos, y \u00fanicamente el <i>Alc\u00e1zar<\/i> o fortaleza (cuyo origen puede presumirse de aquel tiempo), y la muralla y puertas que aun se conservaron largo tiempo despu\u00e9s, revelan el verdadero car\u00e1cter militar o la importancia estrat\u00e9gica de la poblaci\u00f3n, situada orillas del Manzanares. Si \u00e9sta fue fundaci\u00f3n de los musulmanes, como parecen indicarlo sus condiciones y forma especial, la fisonom\u00eda y nombre con que aparece por primera vez en la historia, o si la hallaron ya fundada por los godos o romanos, es lo que ser\u00eda aventurado resolver.\r\n\r\n\u00danicamente puede sospecharse que la primitiva poblaci\u00f3n, ya fuese goda o romana, ocup\u00f3 efectivamente un recinto mucho m\u00e1s peque\u00f1o de aquel con el que sucumbi\u00f3 en el siglo\u00a0<small>XI<\/small> ante las armas victoriosas de su conquistador D. Alfonso VI. Dicho recinto primitivo (que es el atribuido por los historiadores po\u00e9ticos a su pretendida <i>Mantua<\/i>) era tan estrecho, que arrancando la muralla en el alc\u00e1zar o fortaleza, segu\u00eda rectamente a la puerta de la Vega, y luego, por detr\u00e1s del sitio donde hoy est\u00e1 la casa de Consejos, revolv\u00eda hacia el frente de la calle del Factor, donde estaba, mirando a Oriente, otro arco o puerta llamado luego de <i>Santa Mar\u00eda<\/i> (que permaneci\u00f3 aun despu\u00e9s de la ampliaci\u00f3n), sub\u00eda luego por dicha calle del Factor al altillo de palacio, y tornaba a cerrar con el alc\u00e1zar por su frente meridional. Esta muralla, que suponen fuerte los historiadores, ten\u00eda frente al alc\u00e1zar y donde ahora est\u00e1n las casas del marqu\u00e9s de Malpica, una torre llamada <i>Narig\u00fces<\/i>, sobre las aguas y huertas del <i>Pozacho<\/i>, que estaban donde ahora la calle de Segovia, y otra llamada torre <i>Gaona<\/i>, fuera de los muros, e inmediato a los Ca\u00f1os del Peral.\r\n\r\nPero admitida o allanada (no sabemos en qu\u00e9 tiempo) esta primera muralla, se construy\u00f3 (m\u00e1s probablemente por los moros que no por los romanos del tiempo de Trajano, como se ha pretendido) la segunda y verdadera con que aparece <i>Magerit<\/i> en la historia, y de que no puede dudarse absolutamente, tanto por hallarse descrita por autores que aun la conocieron en pie, y que dicen que era de doce pies de espesor, de s\u00f3lida canter\u00eda y argamasa, y que, seg\u00fan <i>Marineo S\u00edculo<\/i>, aun ostentaba, en tiempos del emperador Carlos\u00a0V, ciento veinte y ocho torres o cubos en sus lienzos, cuanto porque la vemos materialmente reproducida casi por toda su extensi\u00f3n, y siguiendo exactamente la direcci\u00f3n que la dan los historiadores, en el gran <i>Plano topogr\u00e1fico de Madrid<\/i>, grabado en Amberes en 1656<a href=\"http:\/\/www.publiconsulting.com\/wordpress\/madridantiguo\/back-matter\/notas\/#nt12\" id=\"rf12\"><sup>[12]<\/sup><\/a>, y en el cual se distingue perfectamente dicha muralla, aunque interrumpida por las construcciones posteriores; \u00faltimamente, porque por los restos de ella, que en nuestros mismos d\u00edas se han hallado con ocasi\u00f3n de los derribos de casas, se puede apreciar en t\u00e9rminos precisos su direcci\u00f3n, cubos y fortaleza. Aqu\u00e9lla era, pues, la siguiente:\r\n\r\nArrancando, como la anterior, por detr\u00e1s del Alc\u00e1zar (que, como es sabido, estaba en el mismo sitio que hoy el Real Palacio), segu\u00eda recta hasta la <i>Puerta de la Vega<\/i> (hasta aqu\u00ed pudo ser el trozo de la muralla primitiva, si es que existi\u00f3), y penetrando luego por entre las casas del marqu\u00e9s de Povar (hoy de Malpica), y de la conocida actualmente por la chica de Osuna (que fue primero hospital de San L\u00e1zaro), bajaba a las huertas del <i>Pozacho<\/i>, que se hallaban en lo que hoy es calle de Segovia, hacia las casas viejas de la Moneda, dirigi\u00e9ndose luego a ganar las alturas fronteras de las Vistillas por el terreno que ahora es conocido con el nombre de <i>Cuesta de los Ciegos<\/i>; desde dicha altura penetraba por detr\u00e1s del moderno palacio del Duque del Infantado, hasta salir delante de San Andr\u00e9s al sitio donde estaba la <i>Puerta de Moros<\/i>, que hoy conserva a\u00fan este nombre; de aqu\u00ed, tocando en los l\u00edmites de lo que despu\u00e9s se llam\u00f3 la <i>Cava Baja<\/i> y calle del Almendro, segu\u00eda casi la direcci\u00f3n que actualmente dichas calles, saliendo a la <i>Puerta Cerrada<\/i>, la cual estaba situada hacia el mismo sitio en que hoy la cruz de piedra. Aqu\u00ed desaparece, en el plano citado, la continuidad de la muralla, ofuscada con las posteriores construcciones; pero se sabe que, subiendo por la <i>Cava de San Miguel<\/i> hacia el sitio y trozo de la calle Mayor, conocido despu\u00e9s por las <i>Plater\u00edas<\/i>, alz\u00e1base en \u00e9l la <i>Puerta de Guadalajara<\/i> enfrente de la embocadura de la actual calle de Milaneses, y continuaba luego la muralla por entre las calles del Espejo y de los Tintes (hoy <i>de la Escalinata<\/i>) a los <i>Ca\u00f1os del Peral<\/i>, torciendo, por \u00faltimo, hacia el Alc\u00e1zar, cerca del cual, y mirando al Norte, hab\u00eda otra puerta llamada de <i>Balnad\u00fa<\/i>.\r\n\r\nTal era el recinto interior averiguado del <i>Magerit<\/i> morisco, y aunque los historiadores modernos suponen ya entonces la existencia de grandes arrabales y aun de ciertos templos extramuros durante la dominaci\u00f3n musulmana, esto es, por lo menos, discutible; y de toda manera, no se halla menci\u00f3n en ning\u00fan documento de dichos arrabales hasta el siglo\u00a0<small>XIII<\/small>, cuando iban ya trascurridas casi dos centurias despu\u00e9s de la conquista.\r\n<h2 id=\"sigil_toc_id_3\">MADRID RESTAURADO<\/h2>\r\n<p class=\"centrado\">(SIGLOS XI AL XVI)<\/p>\r\n<p class=\"salto10\">Lleg\u00f3, en fin, la \u00e9poca de la restauraci\u00f3n definitiva de esta villa por las armas cristianas, cuya gloria estaba reservada al rey D.\u00a0Alfonso VI de Castilla. Verific\u00f3la, seg\u00fan se cree, por los a\u00f1os de 1083, cuando emprendi\u00f3 la conquista de Toledo, aunque hay quien piensa que despu\u00e9s de la de aquella ciudad. En la de Madrid dan algunos autores la palma a los segovianos, diciendo que por haber llegado m\u00e1s tarde que los de otras ciudades al llamamiento del Rey, pidiendo alojamiento, \u00e9ste les contest\u00f3 <i>\u00abque se alojar\u00e1n en Madrid\u00bb<\/i>; acord\u00e1ronlo as\u00ed los segovianos, y otro d\u00eda al amanecer ganaron la puerta de Guadalajara y plantaron en ella las banderas de Alfonso. Pero otros autores (entre ellos Quintana) niegan a los segovianos aquella participaci\u00f3n en tan importante suceso, y lo prueban, a nuestro entender, con buena cr\u00edtica y datos dif\u00edciles de combatir.<\/p>\r\nConquistada, en fin, esta villa, y fijada al mismo tiempo en Toledo la corte castellana, empez\u00f3 a tomar Madrid importancia hist\u00f3rica, acreci\u00f3 considerablemente la poblaci\u00f3n, extendi\u00f3 su recinto y contribuy\u00f3 con su riqueza, con su lealtad, y con el valor y patriotismo de sus moradores, al proseguimiento de las guerras encarnizadas y seculares contra la morisma.\r\n\r\nAlfonso VI (el <i>Conquistador<\/i> o el <i>Bravo<\/i>) y sus nietos, tambi\u00e9n Alfonsos, el\u00a0<small>VII<\/small> (llamado el <i>Emperador<\/i>) y el <small>VIII<\/small> (el de las <i>Navas<\/i>), que ocuparon el trono castellano durante todo el siglo <small>XII<\/small> y parte del <small>XIII<\/small>, manifestaron desde luego grande inclinaci\u00f3n a esta villa, visit\u00e1ndola frecuentemente y preparando en ella sus expediciones guerreras; purificaron y convirtieron en iglesias sus pobres mezquitas, dando a la principal la advocaci\u00f3n de <i>Santa Mar\u00eda de la Almudena<\/i>, por la milagrosa imagen que, seg\u00fan la tradici\u00f3n, se hall\u00f3 el d\u00eda 9 de Noviembre de 1083 (el mismo a\u00f1o de la conquista), escondida en un cubo de la muralla cerca del <i>Almud\u00edn<\/i> o p\u00f3sito de trigo; repararon sus murallas y defensas; fundaron, a lo que se cree, algunos grandes edificios, palacios e iglesias; se\u00f1alaron los t\u00e9rminos de la villa; proveyeron a su organizaci\u00f3n municipal; dictaron sus fueros y ordenanzas, y fundaron, o por lo menos extendieron considerablemente, los arrabales, concediendo notables privilegios al monasterio de San Mart\u00edn para poblar el t\u00e9rmino de esta villa, de que result\u00f3 la segunda <i>ampliaci\u00f3n<\/i> de su recinto, verificada a fines del siglo <small>XIII<\/small>.\r\n\r\nMuchos antiqu\u00edsimos y preciosos documentos, que prueban todo esto, y dan una idea de lo que pudo ser por entonces la villa de Madrid, se conservan todav\u00eda, y su inserci\u00f3n y estudio ocupar\u00edan algunos vol\u00famenes<a href=\"http:\/\/www.publiconsulting.com\/wordpress\/madridantiguo\/back-matter\/notas\/#nt13\" id=\"rf13\"><sup>[13]<\/sup><\/a>. Pero contrav\u00e9ndonos a nuestro prop\u00f3sito en esta r\u00e1pida rese\u00f1a, s\u00f3lo hacemos menci\u00f3n de dos de los m\u00e1s antiguos y principales.\r\n\r\nEl primero, en el orden de antig\u00fcedad, est\u00e1 expedido en Toledo, en 1.\u00ba de Mayo, <i>era de mil ciento noventa<\/i> (correspondiente al a\u00f1o de 1152)<a href=\"http:\/\/www.publiconsulting.com\/wordpress\/madridantiguo\/back-matter\/notas\/#nt14\" id=\"rf14\"><sup>[14]<\/sup><\/a>, por el rey D.\u00a0Alfonso el VII, llamado el <i>Emperador<\/i>, y en \u00e9l hace carta de donaci\u00f3n al Concejo de Madrid de los <i>montes y linderos que son y est\u00e1n entre la villa de Madrid y Segovia, particular y se\u00f1aladamente desde el puerto del Verrueco y aparte el t\u00e9rmino entre Segovia y \u00c1vila hasta el puerto de Lozoya, con todos sus intermedios y montes y simas y valles, as\u00ed y de la manera que corre el agua y desciende de la cumbre de los montes hacia la dicha villa y hasta la dicha villa de Madrid; cuya donaci\u00f3n expresa hacer por el beneficio y servicio que le prest\u00f3 esta villa en las tierras de los moros y por la fidelidad <span class=\"normal\">(inconcusa fidelitas)<\/span> que siempre encontr\u00f3 en los vecinos de Madrid<\/i>; dicha carta de donaci\u00f3n fue seriamente combatida durante siglos por los vecinos de Segovia y de \u00c1vila, que intentaron varias veces poseer y poblar el <i>Real de Manzanares<\/i>; y en su consecuencia, hay otros muchos privilegios confirmativos, expedidos por los monarcas posteriores, y muchas Reales c\u00e9dulas amparando a Madrid en su derecho contra las agresiones de Segovia en aquellos t\u00e9rminos.\r\n\r\nEl segundo en el orden de los tiempos, aunque no en importancia hist\u00f3rica, es el famoso <i>C\u00f3dice de los fueros<\/i>, que no fue conocido hasta 1748, en que se encontr\u00f3 y fue mandado copiar por el ministro de Estado D.\u00a0Jos\u00e9 Carbajal y Lanc\u00e1ster, con este t\u00edtulo: <i>Ordenanzas y fueros Reales que mand\u00f3 hacer el rey D. Alfonso el Octavo para gobierno de la villa de Madrid en la era <small>MCCXL<\/small><\/i> (que es el a\u00f1o 1202)<a href=\"http:\/\/www.publiconsulting.com\/wordpress\/madridantiguo\/back-matter\/notas\/#nt15\" id=\"rf15\"><sup>[15]<\/sup><\/a>.\r\n\r\nEste precioso documento es el mejor dato que existe para juzgar del estado civil de esta villa en su primer per\u00edodo subsiguiente a la conquista, y ha dado lugar a no menos preciosos trabajos e investigaciones cr\u00edticas de los Sres. Llaguno y Amirola, maestro Sarmiento, P.\u00a0Burriel y Pellicer, en el siglo pasado, y \u00faltimamente, al interesant\u00edsimo del digno acad\u00e9mico de la Historia Sr. D. Antonio Cabanilles, que le inserta \u00edntegro y analiza con gran copia de discretas observaciones y delicado criterio<a href=\"http:\/\/www.publiconsulting.com\/wordpress\/madridantiguo\/back-matter\/notas\/#nt16\" id=\"rf16\"><sup>[16]<\/sup><\/a>.\r\n\r\nLa brevedad impuesta a nuestra pluma en esta rese\u00f1a hist\u00f3rica no nos permite seguir a aquellos laboriosos y eruditos escritores en la explanaci\u00f3n de las importantes deducciones que ofrece este curioso documento, para juzgar la organizaci\u00f3n, r\u00e9gimen y vida \u00edntima (dig\u00e1moslo as\u00ed) de aquella sociedad, de aquel pueblo, en \u00e9poca tan remota y poco conocida. Y ciertamente que en renunciar a este estudio, a esta exposici\u00f3n cr\u00edtica y filos\u00f3fica de aquel per\u00edodo de imperfecta cultura, aunque de grandes y generosos instintos, hacemos un sensible sacrificio; si bien nos complacemos en reconocer que este trabajo interesante est\u00e1 Lecho, y hecho con m\u00e1s perfecci\u00f3n que pudiera recibir de nuestra d\u00e9bil pluma, en la preciosa <i>Memoria<\/i> ya citada del Sr.\u00a0Cabanilles.\r\n\r\nLimit\u00e1ndonos, pues, a los objetos materiales existentes en aquella \u00e9poca, bastar\u00e1 a nuestro prop\u00f3sito decir que en dicho c\u00f3dice se hace referencia en lo interior de la villa de <i>El castiello, las calles, casas, el corare, la alcantariella de San Pedro, los portiellos, la puerta de Guadalajara, el Palacio, las plazas o azoches, las tabernas, las diez parroquias de Santa Mar\u00eda, San Andr\u00e9s, San Pedro, San Justo, San Salvador, San Miguel, Santiago, San Juan, San Nicol\u00e1s y San Miguel de Sagra<\/i>; habla de las aldeas de <i>Balecas, Belemeco, Humara, Sumasaguas, Rivas y Valdenegral, y tambi\u00e9n del Prado de Toya, el Carrascal de Balecas, molinos, canal et toda la renda de Rivas, del Arroyo de Tocha en Valnegral, y otros sitios y nombres hoy desconocidos<\/i>.\r\n\r\nDe los <i>arrabales<\/i> de Madrid (que los historiadores, y especialmente Quintana, quieren que existieran ya en tiempo de los moros, y suponen habitados entonces por los cristianos) nada hablan expresamente los fueros, ni tenemos noticia de su existencia hasta fines del siglo\u00a0<small>XIII<\/small>, entre otras causas, porque Juan Di\u00e1cono, que escribi\u00f3 una <i>Memoria<\/i> sobre la vida y muerte de San Isidro, y que viv\u00eda en 1240<a href=\"http:\/\/www.publiconsulting.com\/wordpress\/madridantiguo\/back-matter\/notas\/#nt17\" id=\"rf17\"><sup>[17]<\/sup><\/a>, habla de dicho arrabal, y aun declara hacia qu\u00e9 parte ca\u00eda, que era cerca de la iglesia de San Mart\u00edn.\r\n\r\nLa fundaci\u00f3n de este antiqu\u00edsimo monasterio se ha querido tambi\u00e9n remontar a los tiempos anteriores a la invasi\u00f3n musulmana (en que acaso aun no exist\u00eda Madrid), pero parece lo m\u00e1s probable fuese fundado por el rey don Alfonso\u00a0VI a pocos a\u00f1os de la conquista. Sea de esto lo que quiera, lo cierto es que el mismo Monarca concedi\u00f3 al prior y monjes de San Mart\u00edn, y su nieto Alfonso VII confirm\u00f3, en 1126, el importante privilegio que inserta el P. Yepes <i>para que pueda poblar el t\u00e9rmino de San Mart\u00edn seg\u00fan el fuero de Santo Domingo y de Sahag\u00fan, y que los que fuesen sus vasallos no puedan servir a otro se\u00f1or ni ser vecinos de otro lugar; que nadie pueda edificar casas sin licencia especial del prior de San Mart\u00edn, y el que viviese dentro del t\u00e9rmino d\u00e9 parte de ello al prior; y si el que de all\u00ed se saliese vendiese algunas casas, las pueda comprar el convento por el tanto, y que si no halla quien las quiera comprar, se queden por del monasterio<\/i>; con otras cl\u00e1usulas no menos expresivas del mismo privilegio. Debe, pues, considerarse esta carta de poblaci\u00f3n como el fundamento u origen del <i>Vicus Sti. Martini<\/i>, extramuros de Madrid, y luego incorporado a la parte principal del pueblo en la segunda ampliaci\u00f3n, as\u00ed como de la inmensa extensi\u00f3n de la feligres\u00eda de dicha parroquia hasta los l\u00edmites de la nueva villa.\r\n\r\nOtra fundaci\u00f3n religiosa, tambi\u00e9n extramuros de Madrid, contribuy\u00f3 a principios del siglo\u00a0<small>XIII<\/small> a aumentar por aquel lado del arrabal. Esta fue la que hizo el patriarca Santo Domingo de Guzm\u00e1n, que en 1217 envi\u00f3 desde Francia (donde se hallaba en la guerra con los albigenses) a algunos religiosos para pedir al Concejo de Madrid sitio en que verificarlo, y concedido que fue uno fuera de la puerta de Balnad\u00fa, y auxiliado ademas con cuantiosas limosnas del vecindario, dieron principio a la fundaci\u00f3n; pero habiendo venido el mismo Santo Domingo a Madrid al a\u00f1o siguiente, determin\u00f3 establecer en esta casa una comunidad de monjas, en vez de la de religiosos, que traslad\u00f3 a otro sitio. Desde entonces los monarcas, los magnates, el Concejo y los vecinos de Madrid manifestaron su devoci\u00f3n y simpat\u00eda hacia aquella santa casa, dot\u00e1ndola de privilegios especial\u00edsimos y cuantiosas donaciones, entre las cuales es notable la que les hizo el Santo rey don Fernando III, de la extendida huerta que llegaba hasta las inmediaciones del alc\u00e1zar, y se llamaba de la <i>Reina<\/i> y despu\u00e9s de la <i>Priora<\/i>.\r\n\r\nEstos dos famosos monasterios fueron, pues, indudablemente la causa de la formaci\u00f3n de aquel extenso arrabal o parte nueva de la poblaci\u00f3n, llamada por entonces el <i>arrabal de San Mart\u00edn<\/i>. No es, sin embargo, cosa tan f\u00e1cil como parece el designar con precisi\u00f3n el orden con que fue pobl\u00e1ndose aquella barriada abierta y creciente con la sucesi\u00f3n de los tiempos, hasta incorporarse m\u00e1s tarde y formar un conjunto con la poblaci\u00f3n principal; pero, sea como fuere este progreso, los cronistas matritenses dicen que ya por los tiempos de Alfonso\u00a0VIII, o sea en la segunda mitad del siglo <small>XIII<\/small>, fue necesario <i>hacer otra nueva cerca de la villa<\/i>, incluyendo los arr\u00f3bales de este lado del Norte, y tambi\u00e9n los que se hab\u00edan formado hacia el Oriente y Mediod\u00eda, y de que hablaremos despu\u00e9s. No se marcan con exactitud los puntos intermedios por donde corr\u00eda esta cerca, ni ha quedado de ella vestigio alguno que los se\u00f1ale, siendo de suponer que, si existi\u00f3 efectivamente seg\u00fan el plano de su contorno que public\u00f3 el diligente D. Jos\u00e9 \u00c1lvarez Baena<a href=\"http:\/\/www.publiconsulting.com\/wordpress\/madridantiguo\/back-matter\/notas\/#nt18\" id=\"rf18\"><sup>[18]<\/sup><\/a>, no impidi\u00f3 ni contuvo en nada el progreso del caser\u00edo por la parte exterior.\r\n\r\nDebemos suponer, por la consideraci\u00f3n del rumbo marcado a dicha tapia, por la forma del terreno, por los puntos o colocaci\u00f3n de los portillos o entradas, y por algunas especies sueltas y alusiones a dichas puertas que suelen hallarse en las fundaciones y t\u00edtulos de los edificios contiguos, que, arrancando por detr\u00e1s del alc\u00e1zar, comprend\u00eda y encerraba dentro de ella la huerta de la Priora (hoy Plaza de Oriente), y por las cuestas o vistillas del rio (despu\u00e9s de <i>do\u00f1a Mar\u00eda de Arag\u00f3n<\/i>) sub\u00eda a la plazuela de <i>Santo Domingo<\/i>, donde abr\u00eda otra entrada con este nombre, mirando al Norte, y como al frente de la futura calle ancha de San Bernardo. Continuaba luego por entre las calles hoy de Jacometrezo y los Preciados, siguiendo el pie de la colina que ocupa hoy la primera de aquellas calles, y al llegar frente al monasterio de San Mart\u00edn, abr\u00eda otro <i>postigo<\/i> al arranque de la calle que hoy conserva a\u00fan este nombre, y continuaba luego rectamente hasta la <i>Puerta del Sol<\/i>, donde efectivamente hubo otra entrada con este t\u00edtulo, situada frente a la embocadura de la antigua calle de los Preciados y entre <i>los Olivares<\/i> y <i>Ca\u00f1os de Alcal\u00e1<\/i> y el <i>Arenal de San Gines<\/i>, que se extend\u00eda hasta los barrancos de los <i>Ca\u00f1os del Peral<\/i>.\r\n\r\nHasta aqu\u00ed el <i>arrabal de San Mart\u00edn<\/i>. Pero el caser\u00edo extramuros no s\u00f3lo hab\u00eda crecido por este lado y en direcci\u00f3n al Norte, sino tambi\u00e9n, y muy de antiguo, hacia la banda oriental desde la <i>Puerta de Guadalajara<\/i> a la <i>del Sol<\/i>, y aun desde esta \u00faltima mucho m\u00e1s adelante hacia el <i>Prado de Atocha<\/i>, como aproxim\u00e1ndose por instinto tradicional al antiqu\u00edsimo santuario o ermita de Nuestra Se\u00f1ora de Atocha; por \u00faltimo, por los lados de Mediod\u00eda y Poniente se hab\u00eda formado otra extensa barriada, siempre en direcci\u00f3n a otro santuario contempor\u00e1neo del de San Mart\u00edn, y era el devot\u00edsimo de San Francisco, fundado tambi\u00e9n en 1217 por el mismo santo patriarca; con que vino a hacerse necesaria la nueva cerca en que abarcar todo este importante caser\u00edo. Hasta la Puerta del Sol queda ya detallada su direcci\u00f3n; desde aqu\u00ed, intestando bastante por el camino o <i>calle del Sol<\/i> (despu\u00e9s <i>Carrera de San Jer\u00f3nimo<\/i>) llegaba hasta m\u00e1s all\u00e1 de donde hoy las <i>Cuatro Calles<\/i>, y torciendo aqu\u00ed en escuadra hacia el Mediod\u00eda, a salir por donde se form\u00f3 despu\u00e9s la <i>Plazuela del Matute<\/i> al frente de <i>Ant\u00f3n Mart\u00edn<\/i>, en la calle de Atocha, abr\u00eda all\u00ed otra entrada con el nombre de <i>Vallecas<\/i>, y revolv\u00eda luego la tapia hacia Occidente (suponemos que por donde ahora las calles de la Magdalena y del Duque de Alba) hasta la ermita de <i>San Mill\u00e1n<\/i>, entre la cual y el futuro hospital de la <i>Latina<\/i>, hubo otro postigo, que despu\u00e9s tom\u00f3 este nombre, yendo a terminar la nueva tapia e incorporarse a la antigua muralla en Puerta de Moros.\r\n\r\nSon, como vemos, tres los trozos de caser\u00edo que, despu\u00e9s de formarse independientemente como <i>arrabales<\/i>, vinieron a ingresar de consuno en la antigua poblaci\u00f3n, a saber: el de <i>San Mart\u00edn<\/i>, el de <i>San Gines<\/i> y <i>Santa Cruz<\/i>, y el que llamaremos de <i>San Mill\u00e1n<\/i>. Pero el primero, dividido como lo estaba naturalmente de los otros por los barrancos de los Ca\u00f1os del Peral y el Arenal de San Gines, ven\u00eda a formar una hurgada completamente separada de la principal, que era la que ocupaba el espacio entre la puerta de Guadalajara y las del <i>Sol<\/i> y <i>Vallecas<\/i>. Esta parte del caser\u00edo (hoy centro de la villa) es la que por espacio de tres o cuatro siglos (hasta mediados del\u00a0<small>XVI<\/small>, en que se traslad\u00f3 la corte a esta villa) viene designada por antonomasia en los documentos de la \u00e9poca, y en el lenguaje vulgar, con el nombre de <i>El arrabal de Madrid<\/i>; a\u00f1adi\u00e9ndose \u00fanicamente en algunos de aqu\u00e9llos las palabras a <i>San Gin\u00e9s<\/i> o a <i>Santa Cruz<\/i>, seg\u00fan la inmediaci\u00f3n respectiva a aquellas dos antiguas parroquias. El arrabal del Norte continu\u00f3 llam\u00e1ndose <i>El Postigo de San Mart\u00edn<\/i>. Tales fueron los l\u00edmites que conserv\u00f3 a\u00fan Madrid durante cuatro siglos despu\u00e9s de la conquista, verificada a fines del <small>XI<\/small>, hasta mediados del <small>XIV<\/small>, en que, con la venida de la corte, se verific\u00f3 una tercera ampliaci\u00f3n.\r\n\r\nPero m\u00e1s que en poblaci\u00f3n y caser\u00edo creci\u00f3 la villa de Madrid en importancia pol\u00edtica, y ya sea por su situaci\u00f3n ventajosa y central, ya por la inclinaci\u00f3n que mereci\u00f3, seg\u00fan queda dicho, a su restaurador D.\u00a0Alfonso VI y sus inmediatos sucesores, la vemos continuar sin interrupci\u00f3n figurando dignamente en la historia nacional, como frecuente residencia de los reyes de Castilla, como punto de reuni\u00f3n y partida de sus huestes para las grandes expediciones contra los infieles, como sitio preferente para la convocaci\u00f3n de grandes juntas, asambleas pol\u00edticas y militares, y hasta las mismas Cortes del Reino.\r\n\r\nLos vecinos de Madrid, se\u00f1al\u00e1ndose desde el principio por su valor y gallard\u00eda y por su adhesi\u00f3n sin l\u00edmites a los monarcas y a la causa nacional, no solamente supieron resistir las acometidas que todav\u00eda intentaron los sarracenos contra los muros de esta villa, en principios del siglo\u00a0<small>XII<\/small>, acaudillados por los reyes de Marruecos Tejufin y Al\u00ed, seg\u00fan unos, o a fines del mismo siglo por Aben-Jucef, rey de los Almor\u00e1vides, seg\u00fan otros, que lleg\u00f3 a dar vista a la villa, poniendo sus reales a la parte occidental, en el sitio llamado todav\u00eda el <i>Campo del Moro<\/i>, sino que, reunidos con los habitantes de \u00c1vila y Segovia, emprendieron la sorpresa de Alcal\u00e1 y otros pueblos; y el pend\u00f3n de esta villa, donde figuraba como ense\u00f1a el <i>oso prieto en campo de plata<\/i><a href=\"http:\/\/www.publiconsulting.com\/wordpress\/madridantiguo\/back-matter\/notas\/#nt19\" id=\"rf19\"><sup>[19]<\/sup><\/a>, se ostenta ya en la famosa expedici\u00f3n preparada en Madrid por el rey D. Alfonso VIII, contra el reino de Murcia en 1211, y en el a\u00f1o siguiente, en la c\u00e9lebre <i>batalla de las Navas de Tolosa<\/i>, en la que el Concejo de Madrid llev\u00f3 la vanguardia, a las \u00f3rdenes del se\u00f1or de Vizcaya D. Diego L\u00f3pez de Haro. En esta celeb\u00e9rrima jornada es donde se cuenta haberse aparecido al Rey, en el traje de r\u00fastico pastor, el glorioso patr\u00f3n de Madrid <i>San Isidro<\/i> labrador, mostr\u00e1ndole los senderos por donde pod\u00eda penetrar en la fragosidad de la sierra y atacar al ej\u00e9rcito musulm\u00e1n.\r\n\r\nDistingui\u00f3se igualmente nuestro concejo, acaudillado por el caballero madrile\u00f1o G\u00f3mez Ruiz de Manzanedo, en el cerco y toma de Sevilla por D.\u00a0Fernando III en 1248, como se puede ver detalladamente en la cr\u00f3nica, y m\u00e1s adelante, en el sitio de Algeciras y en la desgraciada batalla llamada de los <i>Siete Condes<\/i>, a las \u00f3rdenes del infante D. Juan, arzobispo de Toledo.\r\n\r\nPor premio de todos estos y otros servicios obtuvo Madrid grandes privilegios y donaciones de todos estos Monarcas, en t\u00e9rminos los m\u00e1s expresivos y que prueban bien la lealtad con que hab\u00edan sido servidos por los madrile\u00f1os, y la afecci\u00f3n especial con que eran recompensados por parte de aqu\u00e9llos.\r\n\r\nNo fue menor la que mereci\u00f3 a D. Alfonso el <i>Sabio<\/i>, como puede verse en las notables c\u00e9dulas expedidas en su tiempo acerca de las desavenencias con los de Segovia sobre poblar el Real de Manzanares y sobre aprovechamiento de pastos, sobre restauraci\u00f3n de los ba\u00f1os p\u00fablicos (que deb\u00eda de haber desde m\u00e1s antiguo hacia la calle de Segovia), y otros puntos conducentes al engrandecimiento de esta villa; privilegios y donaciones confirmadas despu\u00e9s por D.\u00a0Sancho III, D. Fernando IV y don Alfonso XI. Don Sancho IV (llamado el <i>Bravo<\/i>) enferm\u00f3 gravemente en Madrid en 1295, y trasladado a Toledo, muri\u00f3 a poco tiempo, dejando de tierna edad a su hijo y sucesor D. Fernando IV, y encomendada su tutela y la gobernaci\u00f3n del reino a su viuda la heroica do\u00f1a Mar\u00eda de Molina, apellidada justamente <i>la Grande<\/i>. En tiempo de D. Fernando renov\u00e1ronse m\u00e1s agriamente las contiendas y luchas entre los concejos de Madrid y de Segovia sobre el Real de Manzanares, y este Monarca expidi\u00f3 a favor de Madrid nuevos privilegios en este ruidoso asunto, libert\u00f3 a sus habitantes de ciertos impuestos y les dispens\u00f3 la facultad de nombrar jueces y alcaldes seg\u00fan su <i>fuero<\/i>. \u00daltimamente, en su \u00e9poca se reunieron en Madrid por primera vez, en 1309, las Cortes del Reino, para acordar la declaraci\u00f3n de guerra al Rey de Granada, y a ellas asistieron la reina madre do\u00f1a Mar\u00eda y los infantes, el Arzobispo de Toledo, los maestres de Santiago y Calatrava y otros prelados y ricos-homes, y los procuradores de las ciudades, y entre \u00e9stos, los de la <i>villa de Madrid<\/i>, que ten\u00eda voto en ellas<a href=\"http:\/\/www.publiconsulting.com\/wordpress\/madridantiguo\/back-matter\/notas\/#nt20\" id=\"rf20\"><sup>[20]<\/sup><\/a>. Nuevas Cortes fueron reunidas en Madrid por D. Alfonso XI en 1329 y 1335, que presidi\u00f3 \u00e9l mismo en persona, y determinaron servirle con numerosas cuant\u00edas para la guerra de moros y sobre otros asuntos, entre ellos un curioso acuerdo de que el Rey \u00abhabia de sentarse dos dias en la semana en lugar p\u00fablico, donde pudieran verle y llegar a \u00e9l los ofendidos y querellosos, se\u00f1al\u00e1ndose los limes para las peticiones y querellas contra los oficiales de su casa, y el viernes para que oya a los presos y a los rieptos\u00bb.\r\n\r\nEste Monarca vari\u00f3 la antigua forma de gobierno de Madrid, que consist\u00eda en estados de nobles y pecheros, los cuales pon\u00edan gobernador a quien llamaban <i>Se\u00f1or de Madrid<\/i>, justicia, y dem\u00e1s empleos en preeminencia, y estableci\u00f3 <i>doce regidores<\/i> con dos alcaldes. Por \u00faltimo, en su tiempo figura tambi\u00e9n el concejo de Madrid en la memorable <i>batalla del Salado<\/i>, en el <i>cerco de Algeciras<\/i> en 1343, en que por primera vez se hace menci\u00f3n en nuestras historias de haberse jugado por los moros la artiller\u00eda, y en el de Gibraltar en 1350, en que falleci\u00f3 el mismo D.\u00a0Alonso, dejando por sucesor a su hijo D. Pedro, apellidado por linos despu\u00e9s el <i>Cruel<\/i> y por otros el <i>Justiciero<\/i>.\r\n\r\nA este \u00faltimo Monarca (que residi\u00f3 muchas veces en Madrid y vino a ser sepultado en \u00e9l)<a href=\"http:\/\/www.publiconsulting.com\/wordpress\/madridantiguo\/back-matter\/notas\/#nt21\" id=\"rf21\"><sup>[21]<\/sup><\/a> se atribuye por algunos la fundaci\u00f3n del alc\u00e1zar sobre el mismo sitio donde existi\u00f3 la antigua fortaleza de los moros, aunque otros suponen que no hizo m\u00e1s que restaurarla. Sucedida la guerra civil entre ambos hermanos, D.\u00a0Pedro y don Enrique, se declar\u00f3 Madrid por su leg\u00edtimo monarca, y aunque sitiada la villa y el Alc\u00e1zar por las huestes de don Enrique, hicieron los madrile\u00f1os, acaudillados por los Vargas, Luzones y otras ilustres familias de esta villa, una memorable defensa, que s\u00f3lo cedi\u00f3 a la inmensa superioridad de las fuerzas enemigas. Muerto despu\u00e9s don Pedro por su mismo hermano en la funesta noche de Montiel (23 de Marzo de 1369), vino D. Enrique a esta villa, a quien tom\u00f3 particular afecto por la misma heroica lealtad con que hab\u00eda defendido a su leg\u00edtimo rey; hizo nuevas obras, o, seg\u00fan otros, reedific\u00f3 por completo el antiguo Alc\u00e1zar, recibi\u00f3 suntuosamente en esta villa al Rey de Navarra y al pr\u00edncipe D. Carlos, su hijo, y a\u00f1adi\u00f3 nuevas mercedes y privilegios a los madrile\u00f1os, hasta que falleci\u00f3 en Santo Domingo de la Calzada, a 20 de Mayo de 1379.\r\n\r\nReinando D. Juan I, y por los a\u00f1os de 1383, vino a Espa\u00f1a D.\u00a0Le\u00f3n V, rey de Armenia, a dar gracias al de Castilla por haber alcanzado la libertad, por su causa, del Sold\u00e1n de Babilonia, que le Labia ganado el reino; y don Juan, compadecido de su desgracia en haberle perdido en defensa de la fe cat\u00f3lica, le dio el t\u00edtulo de <i>Se\u00f1or de Madrid<\/i> y de otros pueblos, haciendo que le rindiesen pleito-homenaje. Domin\u00f3 en Madrid dos a\u00f1os, confirm\u00f3 sus fueros y privilegios, repar\u00f3 las torres del Alc\u00e1zar, y despu\u00e9s de su muerte, el rey D. Enrique III, a solicitud de los de Madrid, por su c\u00e9dula de 13 de Abril de 1391, alz\u00f3 el pleito-homenaje que le hab\u00edan prestado los madrile\u00f1os.\r\n\r\nEl rey D. Juan I muri\u00f3 en Alcal\u00e1, de una ca\u00edda del caballo, en 9 de Octubre de 1390, y su hijo y sucesor don Enrique\u00a0III, a la saz\u00f3n en Madrid, fue proclamado en ella, a los once a\u00f1os de edad, antes que en ninguna otra ciudad; aqu\u00ed se reunieron los grandes del Reino, nombrados tutores hasta la mayor edad del Rey, y aqu\u00ed tuvieron lugar las famosas discordias sobre la gobernaci\u00f3n del Reino. Acordada la formaci\u00f3n de un gran Consejo, compuesto del arzobispo de Toledo, D. Pedro Tenorio; el de Santiago, los maestres de las \u00f3rdenes militares, los condes de Benavente y Trastamara y otros magnates, se reunieron en la iglesia de San Mart\u00edn, adonde fueron sitiados por dichos condes de Benavente y Trastamara, individuos del mismo Consejo, trab\u00e1ndose una sangrienta lucha, que se reprodujo muchas veces y ofreci\u00f3 diversos aspectos, hasta que en 1393, y cumplidos los catorce a\u00f1os, tom\u00f3 Enrique III las riendas del gobierno. Inmediatamente convoc\u00f3 a las Cortes del Reino en Madrid, y en ellas recibi\u00f3 el juramento y ofreci\u00f3 solemnemente reinar con blandura y justicia. Poco despu\u00e9s celebr\u00f3 sus bodas con su prima do\u00f1a Catalina de Inglaterra, con cuya ocasi\u00f3n hubo en Madrid grandes fiestas y regocijos.\r\n\r\nEste Monarca residi\u00f3 casi siempre en Madrid; construy\u00f3 nuevas torres en el Alc\u00e1zar para custodia de sus tesoros; recibi\u00f3 en \u00e9l a los embajadores del Papa, de Francia, de Arag\u00f3n y de Navarra, y envi\u00f3 como tal, cerca del c\u00e9lebre conquistador de Oriente <i>Timur Lenk<\/i> (Tamorlan) al noble caballero madrile\u00f1o Ruy Gonz\u00e1lez Clavijo, su camarero, quien a su regreso de Samarkanda escribi\u00f3 su curios\u00edsima <i>Relaci\u00f3n de viaje<\/i>, que anda impresa. Fundaci\u00f3n de este monarca fue tambi\u00e9n el Real Sitio del Pardo, a dos leguas de Madrid, que casi vino a ser su corte. Falleci\u00f3 en Toledo, para donde hab\u00eda convocado las Cortes, en 25 de Diciembre de 1406, a la temprana edad de veinte y siete a\u00f1os, dejando a su hijo y sucesor D.\u00a0Juan II, ni\u00f1o de catorce meses, bajo la tutela de su madre do\u00f1a Catalina y de su t\u00edo el pr\u00edncipe D. Fernando <i>el de Antequera<\/i>, que gobern\u00f3 el reino durante doce a\u00f1os a nombre del Rey menor, con la bravura e hidalgu\u00eda que le reconoce la Historia, hasta que en 1412 hered\u00f3 y fue proclamado rey de Arag\u00f3n. En 1418 falleci\u00f3 la Reina madre en Valladolid, y fue declarado mayor de edad el rey D. Juan II, verificando luego su casamiento con su prima do\u00f1a Mar\u00eda, hija del Infante de Antequera; traslad\u00f3se a Madrid en 20 de Octubre de 1418, y al a\u00f1o siguiente se abrieron las Cortes en el Alc\u00e1zar Real, con inmensa concurrencia de pr\u00edncipes y magnates.\r\n\r\nEn 1433 recibi\u00f3 a los embajadores de Francia, arzobispo y senescal de Tolosa, estando sentado en su trono Real y teniendo a sus pies un le\u00f3n manso, de que recibieron no poco susto los embajadores. El c\u00e9lebre valido y condestable D.\u00a0\u00c1lvaro de Luna vivi\u00f3 en Madrid largo tiempo en la casa-palacio de \u00c1lvarez de Toledo (que hoy no existe), contigua a la parroquia de Santiago, en cuya casa le naci\u00f3 un hijo, con cuyo motivo hubo grandes fiestas en la villa, dispuestas por el Rey, padrino del reci\u00e9n nacido. Pocos a\u00f1os antes hab\u00eda muerto en ella el c\u00e9lebre D. Enrique de Villena, maestre de Calatrava, eminente literato y astr\u00f3logo, cuyos preciosos manuscritos fueron quemados, de orden del Rey, por Fr. Lope Barrientos, en los claustros de Santo Domingo, con sentimiento de los amantes de la ciencia; fue sepultado en el antiguo monasterio de San Francisco.\r\n\r\nEn tiempo de esto monarca hubo varios bandos sobre el gobierno de la villa, que tuvo gran dificultad en apaciguar. Al reinado de D.\u00a0Juan el II corresponden tambi\u00e9n las dos grandes calamidades de las lluvias e inundaciones de 1434, que qued\u00f3 se\u00f1alado en Madrid por el <i>a\u00f1o del diluvio<\/i>, y la gran peste de 1438, y de \u00e9l recibi\u00f3 Madrid una Real c\u00e9dula de que en lo sucesivo no pudiera ser enajenado de la corona Real, as\u00ed como tambi\u00e9n, por otro privilegio de 8 de Abril de 1447, la merced de poder celebrar dos ferias anuales, una por San Miguel y otra por San Mateo, en remuneraci\u00f3n de las villas de Cubas y Gri\u00f1\u00f3n, que pertenec\u00edan a Madrid y que dio el Rey a un su criado llamado Luis de la Cerda.\r\n\r\nDon Enrique IV, conocido en la historia por el desdichado apodo de <i>el Impotente<\/i>, sucedi\u00f3 a su padre D.\u00a0Juan en 1454, y heredando la afecci\u00f3n de aqu\u00e9l hacia la villa de Madrid, residi\u00f3 casi constantemente en ella, d\u00e1ndola, ya todo el car\u00e1cter de corte de Castilla. En ella reuni\u00f3 en varias ocasiones las Cortes del Reino, recibi\u00f3 a los embajadores de los monarcas extranjeros, y al legado del Papa, que le trajo el estoque y el sombrero bendecido, seg\u00fan costumbre en la noche de Navidad; celebr\u00f3 con grandes funciones sus segundas bodas con la princesa D.\u00aa Juana de Portugal, y festej\u00f3 a los enviados del Duque de Breta\u00f1a con incomparables fiestas en Madrid y en el Real sitio del Pardo, cuyo relato asombra todav\u00eda, y que terminaron por el c\u00e9lebre <i>Paso honroso<\/i>, sostenido en el Camino de aquel real sitio por D. Beltr\u00e1n de la Cueva, privado del Rey. Este, en memoria de aquella suntuosa fiesta, fund\u00f3 en el mismo punto el monasterio de San Jer\u00f3nimo <i>del Paso<\/i>, que despu\u00e9s trasladaron los Reyes Cat\u00f3licos a lo alto del Prado.\r\n\r\nHabi\u00e9ndose declarado el embarazo de la reina D.\u00aa\u00a0Juana, hall\u00e1ndose en Aranda, la hizo conducir Enrique en silla de manos o litera a esta villa, saliendo a esperarla a gran distancia, y haci\u00e9ndola subir a las ancas de su caballo, la condujo de este modo al Alc\u00e1zar. En \u00e9l naci\u00f3, en 1462, la desdichada princesa D.\u00aa Juana, apellidada en la historia <i>la Beltraneja<\/i>, que, aunque fue jurada por princesa de Asturias, no lleg\u00f3 nunca a reinar, por la ilegitimidad que se la supuso. Por \u00faltimo, en las largas turbulencias del reinado de D. Enrique, promovidas por el infante D. Alfonso y por los grandes del Reino, que le obligaron a declarar su impotencia y a desheredar a su propia hija, siempre Madrid le fue fiel, y Enrique por su parte recompens\u00f3 aquella adhesi\u00f3n con notables privilegios y exenciones de tributos, facultad de un mercado franco los martes de cada semana, nombramiento de un magistrado para su gobierno, llamado primero el <i>Asistente<\/i> y despu\u00e9s el <i>Corregidor<\/i>, y el t\u00edtulo de villa <i>muy noble y muy leal<\/i>, que aun lleva<a href=\"http:\/\/www.publiconsulting.com\/wordpress\/madridantiguo\/back-matter\/notas\/#nt22\" id=\"rf22\"><sup>[22]<\/sup><\/a>. Finalmente, era tal su predilecci\u00f3n hacia Madrid, que en ocasiones cr\u00edticas hizo conducir al Alc\u00e1zar sus tesoros, y m\u00e1s tarde hizo custodiar tambi\u00e9n en \u00e9l por el Muestre de Santiago a la misma reina D.\u00aa Juana, reducida a prisi\u00f3n a causa de su liviandad. Enrique IV es el primero de los reyes de Castilla que muri\u00f3 en Madrid, en 1471, y fue enterrado en el monasterio de San Francisco, as\u00ed como igualmente la reina D.\u00aa Juana, que falleci\u00f3 poco tiempo despu\u00e9s.\r\n\r\nSabidas son las parcialidades y bandos ocurridos con motivo de la sucesi\u00f3n a la corona, defendiendo unos el derecho de la princesa D.\u00aa\u00a0Juana la Beltraneja, hija de Enrique IV, y sosteniendo otros el de la hermana del mismo, la \u00ednclita D.\u00aa Isabel; y aunque \u00e9sta fue decididamente aclamada reina y jurada en Segovia, no pudo de pronto reducir a Madrid, donde los partidarios de do\u00f1a Juana, acaudillados por el Marqu\u00e9s de Villena, sosten\u00edan el Alc\u00e1zar y gran parte de la villa, que no consiguieron dominar el Duque del Infantado y las tropas de Isabel sino despu\u00e9s de una larga y obstinada resistencia. Vencida \u00e9sta, en fin, y reducida esta villa a su obediencia, los Reyes Cat\u00f3licos hicieron su entrada solemne en ella en 1477, aposent\u00e1ndose por entonces en las casas de D. Pedro Laso de Castilla, contiguas a San Andr\u00e9s, que a\u00fan subsisten. Al a\u00f1o siguiente reunieron en esta villa las Cortes del Reino, y posteriormente residieron en ella todas las ocasiones que se lo permit\u00edan sus continuadas expediciones y guerras. La augusta D.\u00aa Isabel, que, al decir de muchos autores, hab\u00eda nacido en esta villa<a href=\"http:\/\/www.publiconsulting.com\/wordpress\/madridantiguo\/back-matter\/notas\/#nt23\" id=\"rf23\"><sup>[23]<\/sup><\/a>, la manifest\u00f3 en todos tiempos tan singular predilecci\u00f3n, que sol\u00eda decir, hablando de sus moradores, que \u00abel oficial y cortesano de Madrid y oficios mec\u00e1nicos viv\u00edan como hombres de bien, que se pod\u00edan comparar a escuderos honrados y virtuosos de otras ciudades y villas, y los escuderos y ciudadanos (a\u00f1ad\u00eda) eran semejantes a honrados caballeros de los pueblos principales de Espa\u00f1a, y los caballeros y nobles de Madrid, a los se\u00f1ores grandes de Castilla\u00bb.\r\n\r\nMuchas fueron las mercedes y declaraciones honor\u00edficas que hicieron los Beyes Cat\u00f3licos a la villa de Madrid, agreg\u00e1ndole definitivamente los terrenos disputados por Segovia desde los tiempos de la conquista, concedi\u00e9ndola nuevas franquicias y exenciones, dispensando su amistad y favor a sus principales moradores, hijos o representantes de las antiqu\u00edsimas familias madrile\u00f1as; a los <i>Ram\u00edrez, Laso de Castilla, Vargas, Oca\u00f1a, Gato, Luz\u00f3n, Luj\u00e1n, Vera, Manzanedo, Lago, Coalla, Alarc\u00f3n, C\u00e1rdenas, Zapata, Bozmediano, Barrionuevo, Ayala, Coello, Arias, Bacila, Jibaja, Lude\u00f1a, Herrera<\/i>, etc. M\u00e1s adelante estas nobil\u00edsimas familias, entroncadas con los <i>Toledos, Girones, Guzmanes, Cisneros, Mendozas, Sandovales, Pimenteles, Silvas, Lunas, Cerdas, Velascos, Pachecos, Bazanes, Osorios, C\u00f3rdovas, Aguilares<\/i>, que formaban la primera nobleza y que siguieron a la corte para fijarse definitivamente en Madrid, constituyeron la Grandeza del Reino y enlazaron unos y otros blasones her\u00e1ldicos en los escudos de los Duques del <i>Infantado<\/i>, de <i>Osuna<\/i>, de <i>Frias<\/i>, de <i>Alba<\/i>, de <i>Lerma<\/i>, de <i>Medinaceli<\/i>, de <i>Pastrana<\/i>, de <i>H\u00edjar<\/i>, de <i>Rivas<\/i>, etc.; de los condes de <i>Paredes<\/i>, de <i>O\u00f1ate<\/i>, de <i>Santisteban<\/i>, de <i>Castroponce<\/i>, de <i>Altamira<\/i>; de los marqueses de <i>San Vicente<\/i>, del <i>Valle<\/i>, de <i>Villafranca<\/i>, del <i>Carpio<\/i>, de <i>Denia<\/i>, de <i>La Laguna<\/i>, de <i>Legan\u00e9s<\/i>, y de otros muchos, ofreciendo en su geneal\u00f3gica descendencia una larga serie de personajes hist\u00f3ricos, que con sus altos hechos honraron en los siglos posteriores a la villa de Madrid, su cuna; figuraron en su corte o ejercieron las primeras dignidades del Reino al frente de sus ej\u00e9rcitos, en Granada, Italia y el Nuevo Mundo, y en las cortes extranjeras, como representantes del poderoso Imperio espa\u00f1ol<a href=\"http:\/\/www.publiconsulting.com\/wordpress\/madridantiguo\/back-matter\/notas\/#nt24\" id=\"rf24\"><sup>[24]<\/sup><\/a>.\r\n\r\nAlgo tambi\u00e9n a\u00f1adieron los Reyes Cat\u00f3licos al aumento y mejora material de esta villa, en la forma que entonces se acostumbraba o se dispensaba esta protecci\u00f3n, costeando o favoreciendo la construcci\u00f3n de casas religiosas, entre las que merece notarse la ya citada del convento de San Jer\u00f3nimo del Prado (que fue fundado primero, como queda dicho, camino del Pardo), la de las monjas llamadas de Constantinopla (derribado en nuestros d\u00edas), la renovaci\u00f3n de la iglesia de San Andr\u00e9s, convertida por ellos en capilla Real, y a la que hicieron tribuna y paso (que aun exist\u00eda hasta hace poco) desde el contiguo palacio de Laso de Castilla, que sol\u00edan habitar. En dicho palacio recibieron, en 1502, a su hija D.\u00aa\u00a0Juana y su esposo el archiduque D. Felipe, celebrando notables fiestas con este motivo.\r\n\r\nMuerta, en fin, la Reina Cat\u00f3lica en 1504, y suscitadas grandes turbulencias sobre el gobierno del reino, los vecinos de Madrid, acaudillados de un lado por D.\u00a0Juan Arias y de otro por los Zapatas y Castillas, aclamaron respectivamente a la reina D.\u00aa Juana y al pr\u00edncipe don Carlos, hasta que el Rey Cat\u00f3lico, en las Cortes reunidas en la iglesia de San Jer\u00f3nimo de Madrid en 1509, jur\u00f3 gobernar como administrador de su hija y como tutor de su nieto. En 1516 muri\u00f3 D. Fernando el Cat\u00f3lico, y el arzobispo de Toledo, Jim\u00e9nez de Cisne ros, y el Dean de Lovayna, gobernadores del Reino, trasladaron a Madrid su residencia, aposent\u00e1ndose en las dichas casas de don Pedro Laso de Castilla (hoy del Duque del Infantado). En ellas se tuvo la c\u00e9lebre Junta para disponer del gobierno de Castilla, en la que, resentidos los grandes de la autoridad concedida al cardenal Cisneros, le preguntaron con qu\u00e9 poderes gobernaba; respondi\u00f3 el Cardenal que con los del Rey Cat\u00f3lico; replicaron los grandes, y el Cardenal, sac\u00e1ndolos a un antepecho de la casa que daba al campo, hizo disparar toda la artiller\u00eda que ten\u00eda, y les dio aquella c\u00e9lebre respuesta, propia de su en\u00e9rgico car\u00e1cter, diciendo:<i> \u00abCon estos poderes, que el Rey me dio, gobernar\u00e9 a Espa\u00f1a hasta que el pr\u00edncipe venga\u00bb<\/i><a href=\"http:\/\/www.publiconsulting.com\/wordpress\/madridantiguo\/back-matter\/notas\/#nt25\" id=\"rf25\"><sup>[25]<\/sup><\/a>. Vino, en efecto, Carlos, y entreg\u00e1ndose del gobierno, cesaron los disturbios que su ausencia ocasionaba. En el principio de su reinado padeci\u00f3 en Valladolid una penosa enfermedad de cuartanas, y habi\u00e9ndose venido a Madrid, cur\u00f3 prontamente de ellas, con lo que cobr\u00f3 grande afici\u00f3n a este pueblo.\r\n\r\nEl fuego de la guerra civil llamada de las Comunidades prendi\u00f3 tambi\u00e9n en Madrid en 1520, abrazando su vecindario la causa de Toledo, \u00c1vila y otras ciudades, y poniendo sus huestes a las \u00f3rdenes de Juan de Padilla. Los partidarios del Emperador se sostuvieron, sin embargo, en esta villa, levantando grandes fortificaciones, fosos y barricadas a la parte nueva de la poblaci\u00f3n, que carec\u00eda de murallas, y construyeron un castillo cerca de la <i>Puerta del Sol<\/i>, hasta que, vencidos los comuneros en Villalar, y regresando aqu\u00e9l a Espa\u00f1a, volvi\u00f3 Madrid a ser la residencia frecuente del Monarca y su corte.\r\n\r\nHall\u00e1ndose en ella Carlos, recibi\u00f3 la noticia de la victoria de Pav\u00eda y la prisi\u00f3n de Francisco\u00a0I, rey de Francia, que fue conducido de su orden a Madrid y custodiado por Hernando de Alarc\u00f3n, primero en las casas de Oca\u00f1a, llamadas despu\u00e9s de Lujan, en la plazuela de la Villa, y despu\u00e9s en el Alc\u00e1zar Real. A poco tiempo vinieron a Madrid su madre y hermana, para solicitar del Emperador su libertad, que no tardaron en conseguir, a consecuencia de la concordia que se ajust\u00f3, estipul\u00e1ndose, entre otras cosas, el matrimonio del Rey de Francia con la infanta D.\u00aa Leonor, hermana de Carlos. Verificada la paz, vino \u00e9ste a Madrid desde Toledo a visitar al Rey como amigo y cu\u00f1ado; sali\u00f3le Francisco a recibir en una mula con capa y espada a la espa\u00f1ola, e hicieron juntos su entrada, porfiando cort\u00e9smente sobre cu\u00e1l llevar\u00eda la derecha, que al cabo tom\u00f3 el Emperador.\r\n\r\nTambi\u00e9n este Monarca convoc\u00f3 en Madrid las Cortes del Reino, primero en 1528, en la iglesia de San Jer\u00f3nimo, para la jura de su hijo D.\u00a0Felipe como pr\u00edncipe de Asturias, y despu\u00e9s en 1534; tambi\u00e9n favoreci\u00f3 a esta villa con notables privilegios y distinciones, eximi\u00e9ndola de pechos, concedi\u00e9ndola nuevas franquicias y mercados, y accediendo a la petici\u00f3n de sus procuradores de colocar una corona Real sobre el escudo de sus armas, y el t\u00edtulo de villa <i>imperial y coronada<\/i>. \u00daltimamente, contribuy\u00f3 tambi\u00e9n a su engrandecimiento material, emprendiendo la suntuosa reedificaci\u00f3n del Alc\u00e1zar, convertido ya por \u00e9l en palacio Real; la fundaci\u00f3n verificada por su hija la princesa D.\u00aa Juana, del Real monasterio de las Descalzas, sobre el mismo sitio que ocupaba el antiguo palacio en que naci\u00f3 la misma fundadora: la de los hospitales e iglesias del Buen Suceso, San Juan de Dios, casa de Misericordia y otros: la suntuosa capilla llamada del obispo don Gutierre de Vargas, contigua a San Andr\u00e9s: la del convento Real de Atocha: la parroquia de San Gines, y otras varias iglesias y casas religiosas: y en su tiempo, en fin, empez\u00f3 a poblarse el dilatado campo que mediaba entre la <i>Puerta del Sol<\/i>, el convento de San Jer\u00f3nimo y la puerta de Alcal\u00e1 al Levante; y al Norte, desde el <i>Postigo de San Mart\u00edn, plazuela y puerta de Santo Domingo<\/i> hasta las de <i>Fuencarral<\/i> y <i>Santa B\u00e1rbara<\/i>.\r\n\r\nHasta este tiempo no hab\u00eda, sin embargo, progresado Madrid materialmente al comp\u00e1s de la importancia que ya la daban su car\u00e1cter de corte casi constante de Castilla; pues seg\u00fan el testimonio del apreciable historiador de Indias <i>Gonzalo Fern\u00e1ndez de Oviedo<\/i>, natural de ella, y que ya hemos dicho se ocup\u00f3 mucho en su descripci\u00f3n, la poblaci\u00f3n de esta villa en los principios del siglo\u00a0<small>XVI<\/small> no pasaba de <i>tres mil vecinos<\/i>, si bien crec\u00eda o se aumentaba r\u00e1pidamente, como lo expresa el mismo escritor en estos t\u00e9rminos: \u00abEn el tiempo en que yo sal\u00ed de aquella villa para venir a las Indias, que fue en el a\u00f1o de 1513, era la vecindad de Madrid de tres mil vecinos, et otros tantos los de su jurisdicci\u00f3n et tierra et cuando el a\u00f1o que pas\u00f3 de 1546 volv\u00ed a aquella por procurador de la ciudad de Santo Domingo et de esta isla Espa\u00f1ola\u2026 en s\u00f3lo aquella villa y sus arrabales hab\u00eda doblado o cuasi la mistad m\u00e1s vecinos, et serian seis mil poco m\u00e1s o menos, a causa de las libertades, et franquicias, et favores que el emperador rey D. Carlos nuestro Se\u00f1or le ha fecho\u00bb.\r\n\r\nEfectivamente, consta ya que algunos a\u00f1os despu\u00e9s de la \u00e9poca en que escrib\u00eda Oviedo, y aun antes que el monarca Felipe\u00a0II determinase fijar en Madrid su corte, encerraba ya esta villa una poblaci\u00f3n de veinte y cinco a treinta mil almas, y un caser\u00edo de m\u00e1s de dos mil quinientos edificios, que era el comprendido en los l\u00edmites que quedan descritos a la segunda ampliaci\u00f3n. Este progreso, que ven\u00eda indic\u00e1ndose y desenvolvi\u00e9ndose durante todo el siglo <small>XV<\/small>, por la especial predilecci\u00f3n que hab\u00eda merecido Madrid a los monarcas anteriores, especialmente a don Juan II y D. Enrique IV, que residieron, como vimos, casi constantemente en ella; a la cat\u00f3lica reina D.\u00aa Isabel, y \u00faltimamente al poderoso emperador D. Carlos, era todav\u00eda nada comparativamente con el que hubo de recibir en el mero hecho de ser escogida por su hijo y sucesor Felipe II para corte y capital de la monarqu\u00eda.\r\n<h2 id=\"sigil_toc_id_4\">LA CORTE EN MADRID<\/h2>\r\n<p class=\"centrado\">(A MEDIADOS DEL SIGLO XVI)<\/p>\r\n<p class=\"salto10\">Este acontecimiento hist\u00f3rico (aunque sin declaraci\u00f3n previa y solemne que precise absolutamente su fecha) debi\u00f3 tener lugar, seg\u00fan se infiere de varios documentos que obran en el archivo de esta villa, en el a\u00f1o de 1561, traslad\u00e1ndose a Madrid el sello real, los tribunales y regia servidumbre, desde Toledo, donde a la saz\u00f3n se hallaba la corte.<\/p>\r\nMedida, tan importante y trascendental, adoptada por el hijo del C\u00e9sar Carlos\u00a0V a los pocos a\u00f1os de haber empu\u00f1ado, por abdicaci\u00f3n de su padre, el cetro m\u00e1s importante del orbe, ha sido agriamente censurada por muchos escritores, juzgada <i>a posteriori<\/i> por nuestros contempor\u00e1neos, y como que parece que ha ca\u00eddo en gracia la calificaci\u00f3n de <i>desacierto<\/i>, atribuido con este motivo a Felipe.\r\n\r\nSe ha dicho y repetido hasta la saciedad (aunque harto ligeramente) que la villa de Madrid era un pueblo mezquino, impropio, sin importancia pol\u00edtica y sin <i>historia<\/i>: situado en el interior, y el m\u00e1s lejano de las costas de un reino peninsular, en un territorio pobre y desnudo, careciendo de un r\u00edo caudaloso y de otras condiciones materiales de prosperidad, as\u00ed como tambi\u00e9n de los grandes monumentos del arte, que elevan en el concepto p\u00fablico a las ciudades y las imprimen el sello de majestad y poder\u00edo. Y procediendo luego por comparaci\u00f3n, se han encarecido hasta lo sumo las ventajas que en todos estos conceptos llevan a Madrid varias capitales de provincia, que pudieron obtener la preferencia para el establecimiento definitivo de la corte en ellas.\r\n\r\nSin negar absolutamente todas las razones que en este sentido se vienen alegando en agravio de la corte madrile\u00f1a, pero remont\u00e1ndonos, para proceder con la debida imparcialidad, a la \u00e9poca en que recibi\u00f3 aquella augusta investidura, no podremos menos de presentar otras muchas pol\u00edticas y de conveniencia que las contradicen, y pudieron y debieron influir poderosamente en el \u00e1nimo de Felipe\u00a0II, como ven\u00edan ya influyendo en el del gran Cardenal Cisneros y en el del emperador Carlos V, para dar a la villa de Madrid la preferencia en tan solemne elecci\u00f3n.\r\n\r\nLa reuni\u00f3n bajo un solo cetro de los diversos reinos que compusieron la Monarqu\u00eda espa\u00f1ola no lleg\u00f3, como es sabido, a verificarse hasta los fines del siglo\u00a0<small>XV<\/small>, y en las augustas manos de los esclarecidos Reyes Cat\u00f3licos do\u00f1a Isabel y D. Fernando.\r\n\r\nHasta entonces no pudo ni debi\u00f3 haber naturalmente capital del reino, y los diversos monarcas tuvieron la suya respectiva en el punto m\u00e1s conveniente de sus estados; en Le\u00f3n, en Burgos, en Sevilla, en Toledo, en Barcelona, en Zaragoza, etc.; pero operada la reuni\u00f3n definitiva de las coronas de Castilla y Arag\u00f3n y la toma de (Granada y expulsi\u00f3n total de los sarracenos, los Reyes Cat\u00f3licos, despu\u00e9s que hubieron terminado su alta empresa y las continuas guerras que les obligaban a la constante variaci\u00f3n de la corte, debieron sentir la necesidad de fijarla definitivamente en un punto c\u00e9ntrico, importante y autorizado; pero fluctuaron, al parecer indecisos, entre Valladolid, Toledo y Madrid. Las dos primeras ten\u00edan en su favor los recuerdos de su historia como cortes de Castilla, ventaja inapreciable a los ojos de la reina do\u00f1a Isabel; la \u00faltima, ademas de su situaci\u00f3n m\u00e1s central, ofrec\u00eda en su misma novedad mayor simpat\u00eda a los ojos del Rey de Arag\u00f3n. La misma reina Isabel, que, si no Labia nacido en ella, como ya dijimos m\u00e1s arriba, la manifest\u00f3, por lo menos, en todos tiempos singular predilecci\u00f3n, parece como que se complac\u00eda en residir en ella y darla todo el car\u00e1cter de corte Real. Posteriormente, el gran pol\u00edtico y Cardenal-regente del reino, Jim\u00e9nez de Cisneros (aunque arzobispo de Toledo), debi\u00f3 igualmente participar de esta opini\u00f3n ventajosa hacia el pueblo madrile\u00f1o; y acerca de la conveniencia de establecer en \u00e9l la nueva corte, pens\u00f3 sin duda que llevaba la ventaja de no representar el exclusivismo de ninguna de las anteriores, parciales y muchas veces antagonistas entre s\u00ed. Carlos\u00a0V, en fin, a estas consideraciones pol\u00edticas, hubo de a\u00f1adir en la balanza la especial\u00edsima del hermoso clima de Madrid, que le hizo recuperar la perdida salud.\r\n\r\nPero ni durante su reinado ni el de sus antecesores pudieron permitir las continuas guerras el solaz suficiente para realizar aquel gran pensamiento, que parec\u00eda ya dominante en las altas regiones del Trono, y la corte oficial de Toledo luch\u00f3 todav\u00eda medio siglo con las de Valladolid y Madrid. Subi\u00f3, al fin, al trono Felipe\u00a0II, y en pac\u00edfica y omn\u00edmoda posesi\u00f3n del reino, fue naturalmente el llamado a realizar aquel pol\u00edtico pensamiento; debiendo suponerse en su alta penetraci\u00f3n que lo medit\u00f3 detenidamente y bajo todos sus aspectos antes de resolverlo en pro de Madrid.\r\n\r\n\u00bfCu\u00e1les fueron o pudieron ser estas consideraciones, que hoy se afecta desconocer, y que llegaron entonces a pesar tanto en el \u00e1nimo de aquel gran Rey? A nuestro entender, la primera fue, sin duda, la pol\u00edtica ya indicada, de crear una capital nueva, \u00fanica y general a todo el reino, ajena a las tradiciones, simpat\u00edas o antipat\u00edas hist\u00f3ricas de las anteriores, y que pudiera ser igualmente aceptable a castellanos y aragoneses, andaluces y gallegos, catalanes y vascongados, extreme\u00f1os y valencianos. Un pueblo que, aunque con suficiente vida e historia propia (y por cierto bien honrosas y nobles), pudiera absorber y fundir en su seno todos aquellos distintos provincialismos, identificarse y representar simult\u00e1neamente aquellas diversas poblaciones, y ser, en fin, la <i>patria com\u00fan<\/i>, la expresi\u00f3n y el compendio de las varias condiciones de los habitantes del reino. Estos, de los cuales unos hab\u00edan respetado como cabeza a los mismos pueblos que los otros hab\u00edan combatido o conquistado, necesitaban, pues, un centro mutuo y sin antecedentes de antagonismo o parcialidad, en que venir a confundirse bajo el t\u00edtulo com\u00fan de <i>espa\u00f1oles<\/i>; y esta cualidad (que las antiguas cortes de Castilla, de Le\u00f3n, de Araron o de Navarra no pod\u00edan disputarla) fue sin duda alguna la que hizo aceptable para todos a la <i>nueva capital<\/i> de la <i>Monarqu\u00eda espa\u00f1ola<\/i>, corte de un reino <i>nuevo<\/i> tambi\u00e9n.\r\n\r\nEn situaci\u00f3n central y equidistante de los diversos l\u00edmites de la Pen\u00ednsula, tambi\u00e9n Madrid llevaba a todas, bajo este aspecto, la preferencia; circunstancia por cierto muy ventajosa y propia para la gobernaci\u00f3n y dominio de tan apartadas provincias y encontradas nacionalidades. La corte de Toledo o Valladolid no pod\u00eda nunca dominar pol\u00edticamente a la de Barcelona o Zaragoza; la de Sevilla no era posible tuviese el prestigio suficiente, ni estaba en situaci\u00f3n material para regir a Castilla y Arag\u00f3n. Por \u00faltimo, los que muy ligeramente, a nuestro entender, han censurado en Felipe\u00a0II el no haber elegido a Lisboa para capital de la Pen\u00ednsula, no reflexionan, primero, que cuando coloc\u00f3 la corte en Madrid no pose\u00eda ni posey\u00f3 todav\u00eda en muchos a\u00f1os el Portugal; y segundo, que cuando, en 1580, hubo heredado y conquistado aquel reino, hubiera sido la medida m\u00e1s altamente impol\u00edtica la de <i>desnacionalizar<\/i> su capital y trasladarla al pueblo conquistado, al conf\u00edn de la Pen\u00ednsula; medida que, cuando menos, hubiera dado entonces por resultado la inmediata separaci\u00f3n de la coronilla aragonesa, o que el curso del Ebro marcara, como ahora los Pirineos, el l\u00edmite del territorio espa\u00f1ol.\r\n\r\nCiertamente que aquella ciudad (Lisboa) y la de Sevilla brindaban ventajas naturales muy espl\u00e9ndidas y superiores a las de Madrid; pero ya quedan indicadas las pol\u00edticas razones a que debieron naturalmente ceder. En cuanto a Valladolid, Burgos y Toledo, ademas de esta desventaja para entrar en la lucha, no pose\u00edan tampoco mejores condiciones de centralidad, clima y fertilidad de su termino.\r\n\r\nA la verdad que al tender la vista por la \u00e1rida campi\u00f1a que rodea hoy a Madrid, se creer\u00eda con dificultad que estas mismas lomas, \u00e1ridas hoy y descarnadas, fueron en otro tiempo c\u00e9lebres por su feracidad y hermosura. Sin embargo, los testimonios que de ello tenemos son irrecusables. Testigos de vista los m\u00e1s imparciales nos han trasmitido la descripci\u00f3n de sus frondosos bosques, montes poblados y abundantes pastos. El agua, este manantial de vida, abundante entonces y espont\u00e1neo en esta regi\u00f3n, ofrec\u00eda su alimento a la inmensidad de \u00e1rboles que la poblaban y que describe el <i>Libro de Monter\u00eda<\/i> del rey don Alonso\u00a0XI; y este arbolado, esta abundancia de aguas, hac\u00edan el clima de Madrid tan templado y apacible como le pintan Marineo S\u00edculo<a href=\"http:\/\/www.publiconsulting.com\/wordpress\/madridantiguo\/back-matter\/notas\/#nt26\" id=\"rf26\"><sup>[26]<\/sup><\/a>, Fern\u00e1ndez de Oviedo y otros c\u00e9lebres escritores<a href=\"http:\/\/www.publiconsulting.com\/wordpress\/madridantiguo\/back-matter\/notas\/#nt27\" id=\"rf27\"><sup>[27]<\/sup><\/a>.\r\n\r\nPero el establecimiento de la corte, que deb\u00eda ser para esta comarca la se\u00f1al de una nueva vida, s\u00f3lo fue de destrucci\u00f3n y estrago. Sus \u00e1rboles, arrasados por el hacha destructora, pasaron a formal los inmensos palacios y caser\u00edos de la corte, y servir a sus crecientes necesidades. Desterrada la humedad que atra\u00edan con sus frondosas copas para filtrarla despu\u00e9s en la tierra, dejaron ejercer despu\u00e9s su influjo a los rayos de un sol abrasador, que, secando m\u00e1s y m\u00e1s aquellas fuentes perennes, convirtieron en desnudos arenales las que antes eran f\u00e9rtiles campi\u00f1as. De aqu\u00ed la falta de aguas en Madrid, de aqu\u00ed la miseria y triste aspecto de su comarca, y de aqu\u00ed, finalmente, el destemple actual de su clima; porque, no encontrando contrapeso ni temperamento los rayos del sol canicular, ni los mortales vientos del Norte, alteraron las estaciones y aumentaron el rigor de ellas, haciendo raros entre nosotros los templados d\u00edas de primavera. Pero esto mismo hubiera sucedido, y por iguales causas, a Valladolid y Toledo, sin tener para compensar aquellos contratiempos el alegre cielo, el aire trasparente y puro de Madrid. Valladolid, aunque convenientemente situada en una extensa llanura y en medio de f\u00e9rtiles campi\u00f1as, es por dem\u00e1s nebulosa y enfermiza, y el sat\u00edrico Quevedo la defini\u00f3 en estos t\u00e9rminos:\r\n<div class=\"cit\">\r\n\r\n\u00abVienes a pedirme <i>raso<\/i>\r\n\r\nEn Valladolid la bella,\r\n\r\nDonde hasta el cielo no alcanza\r\n\r\nUn vestido de esa tela\u00bb.\r\n\r\n<\/div>\r\nEn cuanto a la <i>piramidal<\/i> Toledo, en cuyas estrechas, costaneras y laber\u00ednticas calles no hemos podido nunca comprender c\u00f3mo cab\u00eda la corte de Carlos\u00a0V, la aplicaremos los versos del mismo gran poeta:\r\n<div class=\"cit\">\r\n\r\n\u00abVi una ciudad de puntillas\r\n\r\nY fabricada en un huso,\r\n\r\nQue si en ella bajo, ruedo;\r\n\r\nY trepo en ella, si subo\u00bb.\r\n\r\n<\/div>\r\nLa gran falta natural de Madrid para su futuro desarrollo, como ciudad populosa y corte de tan importante monarqu\u00eda, era la de un rio caudaloso, que surtiendo a las necesidades de un crecido vecindario, sirviese tambi\u00e9n para fertilizar y hermosear su t\u00e9rmino y campi\u00f1a. Esta falta grave, representada en la exig\u00fcidad del modesto Manzanares, ha dado tambi\u00e9n motivo a las continuadas burlas y chanzonetas de los poetas sat\u00edricos, del mismo Quevedo, de G\u00f3ngora, de Tirso de Molina y otros, de que pod\u00eda formarse una abultada colecci\u00f3n. Pero es preciso tener en cuenta que la mayor parte de nuestras ciudades importantes del interior se hallan en el mismo caso; que nuestros r\u00edos, tan celebrados de los poetas por sus arenas de oro y sus ondas transparentes, no son ningunos T\u00e1mesis, Senas o Danubios caudalosos, navegables y conductores de salud, de civilizaci\u00f3n y bienandanza; por lo cual vemos que aun en los pueblos fundados en sus inmediaciones, no trataron de albergarles o darles paso dentro de su recinto, como lo est\u00e1n los que ba\u00f1an las primeras ciudades de Francia, Inglaterra y Alemania, etc., y aun as\u00ed se vieron expuestas las nuestras a las s\u00fabitas inundaciones invernales o a la maligna influencia de sus sequedades del est\u00edo. El padre Tajo, que circunda la imperial Toledo, aunque tambi\u00e9n a respetuosa distancia, s\u00f3lo empieza a ser verdaderamente rio cuando corre por territorio portugu\u00e9s. Lo mismo el Duero y el Guadiana; el Ebro y el Guadalquivir son los que m\u00e1s se acercan entre nosotros a aquellas condiciones civilizadoras; pero ya a las extremidades de su curso, en los confines de la Pen\u00ednsula.\r\n\r\nNo se ocult\u00f3, sin embargo, esta falta al ilustrado Felipe\u00a0II, y sabido es de todos el proyecto que form\u00f3, y que entonces se crey\u00f3 realizable, de traer el Jarama a Madrid, incorpor\u00e1ndolo con el Manzanares. Este \u00faltimo tambi\u00e9n por entonces deb\u00eda ser bastante m\u00e1s caudaloso, o correr menos oculto en la arena, pues tenemos la relaci\u00f3n del viaje que Antonelli hizo desde Lisboa por el Tajo y el Jarama, y <i>continu\u00f3 luego por el Manzanares<\/i> hasta el Pardo. Posteriormente, y seg\u00fan fue haci\u00e9ndose sentir m\u00e1s y m\u00e1s la necesidad, se renovaron otros proyectos an\u00e1logos, y a fines del siglo <small>XVII<\/small> se ide\u00f3 la canalizaci\u00f3n hasta Vacia-Madrid, y luego, con el auxilio del Jarama, hasta Toledo; proyecto que no fue admitido por la Peina Gobernadora do\u00f1a Mariana de Austria, hasta que en el reinado de Carlos III se construy\u00f3 por espacio de dos leguas el que luego existi\u00f3, aunque por cierto con bien escaso resultado.\r\n\r\nPero, a falta de rio, se acudi\u00f3 al medio de adquirir las aguas potables por filtraci\u00f3n en unas minas subterr\u00e1neas que se extienden a cierta distancia y recogen las que derraman las sierras inmediatas. Estos viajes, algunos de los cuales ya exist\u00edan, y otros, como los grandes y copiosos de <i>Amaniel<\/i> y <i>Abro\u00f1igal<\/i>, se descubrieron y formaron en el reinado de Felipe\u00a0III, y bastaron, aunque no abundosamente, para surtir las primeras necesidades de la poblaci\u00f3n; hasta que, creciendo \u00e9sta, y aument\u00e1ndose y multiplic\u00e1ndose aqu\u00e9llas de un modo extraordinario en el presente siglo, ha sido necesario acometer y llevar a cabo la obra gigantesca del canal del Lozoya, que cambiar\u00e1 dentro de pocos a\u00f1os las condiciones materiales de Madrid.\r\n\r\nEsta hermosa poblaci\u00f3n, situada bajo un cielo limpio y sereno, disfrutando de una atm\u00f3sfera trasparente, un dilatado y hermos\u00edsimo horizonte, rara vez turbado por las tormentas, exento de miasmas pestilentes, ajeno a las epidemias, inundaciones, terremotos y otros azotes tan frecuentes en poblaciones de su importancia; rodeada al Norte por las sierras Carpetanas, los bosques del Pardo y la maravilla del Escorial; al Sur, por los verjeles de Aranjuez; al Levante, por las llanuras del Henares y las pintorescas campi\u00f1as de la Alcarria, y al Poniente, por los f\u00e9rtiles campos de Talavera; centro de todos los caminos que cruzan el reino en todas direcciones; surtida por esta raz\u00f3n de todas las producciones m\u00e1s ricas y preciadas de nuestro suelo, y ciudad central, com\u00fan y sin fisonom\u00eda especial de esta o aquella provincia, de esta o aquella historia, la villa de Madrid (digan lo que quieran los escritores antagonistas) justific\u00f3 desde luego la preferencia que la diera el gran pol\u00edtico Felipe\u00a0II al elevarla al rango de corte de la Monarqu\u00eda; y cuando algunos a\u00f1os despu\u00e9s, en 1601, y por un capricho inmotivado del joven rey Felipe III, traslad\u00f3 su corte a Valladolid, muy pronto las ventajas pol\u00edticas y naturales de Madrid sobre aqu\u00e9lla se hicieron tan sensibles y universalmente reconocidas, que a los cinco a\u00f1os (en 1606) volvi\u00f3 a ser trasladada definitivamente a esta villa<a href=\"http:\/\/www.publiconsulting.com\/wordpress\/madridantiguo\/back-matter\/notas\/#nt28\" id=\"rf28\"><sup>[28]<\/sup><\/a>.\r\n\r\nEn cuanto a la injusta calificaci\u00f3n de pueblo <i>sin historia propia ni importancia pol\u00edtica<\/i>, repetida contra Madrid por los modernos escritores, con no menos ligereza, aunque en sentido inverso de la que gui\u00f3 a los del siglo\u00a0<small>XVII<\/small> para remontar su origen a los tiempos fabulosos y hacerle figurar en los anales griegos y romanos, no puede menos de rechazarse con energ\u00eda, y obligar a repetir, con la historia nacional en la mano, a los que pretenden negarla, que cuando la villa de Madrid aparece en ella a principios del siglo <small>X<\/small> y en poder de los sarracenos, era ya una poblaci\u00f3n importante y fortificada, que supon\u00eda indudablemente algunos siglos de existencia anterior. Que su conquista en el siglo <small>XI<\/small> fue una de las grandes empresas del rey D. Alfonso VI de Castilla, y que el mismo monarca y sus inmediatos sucesores la ampliaron y fortificaron m\u00e1s; la dotaron de fueros y privilegios, en cuyo contenido se echa de ver la importancia que ten\u00eda ya esta poblaci\u00f3n. Hallar\u00e1 tambi\u00e9n que el pend\u00f3n del Concejo de Madrid llevaba la vanguardia en la famosa batalla de las Navas de Tolosa, a las \u00f3rdenes del se\u00f1or de Vizcaya, don Lope de Haro, y algunos a\u00f1os despu\u00e9s asisti\u00f3 con gran prez en el cerco de Sevilla, a las \u00f3rdenes del santo rey D. Fernando III. Que todos los monarcas de los siglos <small>XIII<\/small> y <small>XIV<\/small> residieron frecuentemente en nuestra villa, tuvieron en ella su corte y celebraron grandes juntas y actos solemnes desde que, a principios del XIV, D. Fernando IV congreg\u00f3 en ella, por primera vez, las Cortes del Reino, cuyo ejemplo fue repetido despu\u00e9s frecuentemente por los sucesivos monarcas. Que en la guerra civil entre D. Pedro y D. Enrique dio Madrid pruebas de acrisolada lealtad en defensa del leg\u00edtimo rey. Que en esta villa empez\u00f3 su reinado D. Enrique III y tuvieron lugar las turbulencias que se\u00f1alaron su minor\u00eda, hasta que, declarado mayor de edad a los once a\u00f1os, tom\u00f3 en ella las riendas del gobierno; y habiendo cobrado afici\u00f3n a este pueblo, residi\u00f3 en \u00e9l casi siempre, renov\u00f3 su Alc\u00e1zar y recibi\u00f3 a los embajadores extranjeros, enviando por su parte al gran conquistador Timur Lenk, al madrile\u00f1o Rui Gonz\u00e1lez de Clavijo, su camarero. Que tambi\u00e9n su hijo, D. Juan II, hizo su residencia ordinaria en esta villa y recibi\u00f3 de Madrid especial apoyo en las revueltas de su reinado; as\u00ed como D. Enrique IV, en las promovidas contra \u00e9l por su hermano D. Alfonso, siendo Madrid declarado defensor de la buena causa. Que cuesta villa naci\u00f3 y fue jurada en Cortes princesa de Asturias la desgraciada do\u00f1a Juana, llamada la <i>Beltraneja<\/i>, cuya sucesi\u00f3n defendi\u00f3 ala muerte de D. Enrique. Que los Reyes Cat\u00f3licos residieron tambi\u00e9n en muchas ocasiones en esta villa, y as\u00ed como todos sus antecesores, reunieron en ella las Cortes del Reino, y que en las celebradas en 1509, en la iglesia de San Jer\u00f3nimo, despu\u00e9s de la muerte de la reina do\u00f1a Isabel, el Rey Cat\u00f3lico jur\u00f3 gobernar como administrador de su bija do\u00f1a Juana y como tutor de su nieto D. Carlos. Que a la muerte de aqu\u00e9l, los gobernadores del Reino, Cardenal Cisneros y De\u00e1n de Lobayna, trasladaron a Madrid su residencia, y que desde ella gobernaron hasta la venida del Emperador. Que tambi\u00e9n esta villa abraz\u00f3 ardientemente la noble causa de las Comunidades, y sostuvo contra las huestes de aqu\u00e9l una porfiada resistencia; pero venido luego a esta villa, y cur\u00e1dose en ella de unas pertinaces cuartanas que padec\u00eda, la cobr\u00f3 decidida afici\u00f3n, la colm\u00f3 de mercedes y privilegios, residi\u00f3 frecuentemente en ella, d\u00e1ndola <i>de hecho<\/i> el car\u00e1cter de corte de su Imperio poderoso; reedific\u00f3 su Alc\u00e1zar, convirti\u00e9ndole en magn\u00edfico palacio Real, y a \u00e9l hizo conducir al augusto prisionero de Pav\u00eda; y por \u00faltimo, a\u00f1adi\u00f3 a sus preciados timbres <i>de muy leal y muy noble<\/i>, los altos y significativos de <i>villa imperial y coronada<\/i>.\r\n\r\nV\u00e9ase, pues, si un pueblo que durante cuatro siglos y medio ven\u00eda figurando tan dignamente en la historia nacional, ven\u00eda sirviendo de residencia y de corte a los monarcas, de lugar de reuni\u00f3n a las Cortes del Reino, de apoyo y defensa a las grandes y nobles causas y a los altos intereses del Estado, era un pueblo sin historia ni antecedentes, insignificante, nulo y poco digno de recibir la alta investidura de capital del reino.\r\n\r\nEn cuanto a la historia de esta villa en los tres siglos siguientes, puede decirse que es la historia de la monarqu\u00eda; la parte tan principal e iniciativa que le ha cabido en ella hace palidecer la suya propia en los siglos anteriores, y la corte de la <i>Monarqu\u00eda Espa\u00f1ola<\/i> oscurece las glorias de las antiguas de Castilla, de Le\u00f3n, de Arag\u00f3n, de Sevilla y Barcelona.\r\n\r\nMadrid, capital del Imperio de aquel gran monarca don Felipe\u00a0II, cu va voz obedec\u00eda la Europa entera; centro de su acci\u00f3n y poder\u00edo; foco de aquel sol espa\u00f1ol que alumbraba constantemente con sus rayos a los pa\u00edses m\u00e1s remotos del orbe; capital donde resid\u00eda el supremo Gobierno, los consejos y tribunales de tan remotos pa\u00edses; de donde sal\u00edan los grandes capitanes, los virreyes y gobernadores para descubrir otros, conquistar o dominar en ellos, y adonde, cargados de trofeos, de merecimientos y servicios, regresaban un D. Juan de Austria, un Gonzalo de C\u00f3rdoba, un Duque de Alba, para poner a los pies del Monarca los trofeos de Lepanto, de San Quint\u00edn, de Italia, Mandes y Portugal, que aun cuelgan pendientes de las b\u00f3vedas del templo de Nuestra Se\u00f1ora de Atocha o de los techos de la Real Armer\u00eda. La corte de Felipe III, que recibi\u00f3 en sus muros a los enviados del Shah de Persia y del Gran Se\u00f1or, y otros remotos imperios, y bajo cuyo cetro vinieron a reunirse, no s\u00f3lo los diez y ocho reinos de la Espa\u00f1a peninsular, sino tambi\u00e9n el Portugal, N\u00e1poles, Sicilia, Parma, Plasencia y el Milanesado en Italia; el Rosellon, el Bearn\u00e9s y la Navarra, el Artois y el Franco Condado en Francia; las dos Flandes y Holanda en los Pa\u00edses-Bajos; en \u00c1frica casi todas las costas, Angola, Congo, Mozambique, Oran, Mazarquivir, Mostag\u00e1n, T\u00e1nger, T\u00fanez y la Goleta; ademas de las islas africanas, Azores, Madera, Cabo Verde, Malta, Baleares y Canarias; que ten\u00eda un imperio en el Asia en las costas de Malabar, Coromandel y la China, y derecho a los Santos Lugares de Palestina; que posey\u00f3 tambi\u00e9n las ricas e inmensas islas Filipinas, Visayas, Carolinas, Marianas y de Palao, de la Sonda, Timor, Molucas y otras innumerables del mar Pac\u00edfico: y extendi\u00f3, en fin, su dominaci\u00f3n como emperador de M\u00e9jico, del Per\u00fa y del Brasil, a casi todo el continente de Am\u00e9rica o Nuevo-Mundo, y a casi todas las islas del Oc\u00e9ano; imperio colosal, que excedi\u00f3 a los antiguos orientales, a los de Alejandro, liorna, Cartago, Carlo-Magno y Napole\u00f3n; como que contaba una poblaci\u00f3n calculada en 600 millones de almas y una extensi\u00f3n de territorio de 800.000 leguas cuadradas, o sea la octava parte del mundo conocido. La caballeresca y po\u00e9tica corte de Felipe IV, emblematizada en el sitio del <i>Buen Retiro<\/i>, que vio lucir el bullicio y esplendor de las fiestas palacianas, de las justas y torneos caballerescos; que escuch\u00f3 la musa de Lope de Vega y Calder\u00f3n, de Tirso y de Moreto, de Sol\u00eds y de Quevedo, a quienes hab\u00eda visto nacer en sus muros; la corte en que florec\u00edan adem\u00e1s un Cervantes y un Mariana, un Vel\u00e1zquez y un Murillo; la que recib\u00eda espl\u00e9ndidamente a los monarcas extranjeros que ven\u00edan a solicitar la alianza del espa\u00f1ol o la mano de sus hijas y hermanas; la que despu\u00e9s del trist\u00edsimo par\u00e9ntesis del hechizado Carlos II, torn\u00f3 a recobrar su animaci\u00f3n y su influencia, y dio luego tan altas pruebas de su no desmentida lealtad, de su energ\u00eda y su valor en pro de la nueva dinast\u00eda de Felipe de Borb\u00f3n; que vio nacer en sus muros a los dos esclarecidos monarcas Fernando VI y Carlos III, que m\u00e1s adelante hab\u00edan de engrandecerla y renovarla; la que a principios de este mismo siglo alcanz\u00f3 a dar, el D<small>OS DE<\/small> M<small>AYO DE<\/small> 1808, la heroica se\u00f1al del m\u00e1s noble y generoso alzamiento que se\u00f1alan los fastos de nuestra naci\u00f3n, por su independencia y libertad; el pueblo, en fin, que en sus fastos antiguos y modernos puede ostentar p\u00e1ginas tan brillantes, tan altos y nobles merecimientos, tiene en ellos su defensa mejor, su m\u00e1s preciada ejecutoria.\r\n\r\nPero nos hemos extralimitado demasiadamente de nuestro prop\u00f3sito; y al tratar del suceso que m\u00e1s influencia tuvo en la prosperidad y fortuna de esta villa, y que tan combatido se ha visto por la ligereza de algunos escritores, no hemos podido contener nuestra pluma dentro de los l\u00edmites del per\u00edodo a que ahora particularmente nos referimos.\r\n<h2 id=\"sigil_toc_id_5\">LA VILLA Y CORTE DE MADRID<\/h2>\r\n<p class=\"centrado\">EN EL SIGLO XVII<\/p>\r\n<p class=\"salto10\">Desde la venida de la corte a Madrid, y con el considerable aumento consiguiente en su poblaci\u00f3n y en su riqueza, fue extendiendo de tal manera sus l\u00edmites, que, a vuelta de muy pocos a\u00f1os, borr\u00f3 las huellas de los anteriores, allan\u00f3 sus cercas e hizo avanzar sus puertas, quedando s\u00f3lo los nombres de las antiguas, como recuerdos hist\u00f3ricos, a los sitios en que estuvieron.<\/p>\r\nEste r\u00e1pido crecimiento, que triplic\u00f3 o cuadruplic\u00f3 el antiguo caser\u00edo de la villa y sus arrabales, se verific\u00f3 simult\u00e1neamente por todos lados, excepto a la parte occidental, donde continuaron (como contin\u00faan) sirvi\u00e9ndola de l\u00edmites el Real Alc\u00e1zar y sus jardines, los enormes desniveles o cuestas de la Vega y las Vistillas, que bajan al rio Manzanares. La puerta de Segovia o <i>Nueva de la Vega<\/i>, construida por entonces, as\u00ed como el famoso puente frontero, obra del insigne Juan de Herrera, y el \u00faltimo trozo de calle del mismo nombre desde las casas de la Moneda, adelantaron, alg\u00fan tanto, sin embargo, por aquel lado, rebasando la antigua muralla. Multiplic\u00f3se extraordinariamente el caser\u00edo entre los altos de las Vistillas y el antiguo convento extramuros de <i>San Francisco<\/i>; convirti\u00e9ronse en calles animadas el camino o carrera que a \u00e9ste guiaba desde la vieja <i>Puerta de Moros<\/i>, el <i>Humilladero de Ntra. Sra. de Gracia<\/i>, las tierras y huertas contiguas al camino real de Toledo; siendo necesario colocar la salida de la Latina (que, como ya queda expresado anteriormente, se hallaba entre la plazuela de la Cebada y San Mill\u00e1n), mucho m\u00e1s abajo, y en el mismo sitio pr\u00f3ximamente a donde la actual <i>Puerta de Toledo<\/i>. El <i>Rastro<\/i>, la dehesa de <i>Arganzuela<\/i> y la de la Villa, la de la Encomienda de Moratalaz y la <i>Huerta del cl\u00e9rigo Bayo<\/i> y los r\u00e1pidos desniveles y barrancos, ventas, tejares y mesones en direcci\u00f3n al <i>Barranco de Lavapi\u00e9s<\/i>, se trasformaron en las c\u00e9lebres barriadas de estos nombres. La puerta de Ant\u00f3n Mart\u00edn fue sustituida por otra tambi\u00e9n denominada de <i>Vallecas<\/i>, situada cerca del arroyo de Atocha, extendi\u00e9ndose hasta ella la hermosa calle de este nombre, y se form\u00f3 la Alameda en el antiguo prado de Atocha, desde el famoso santuario de aquella veneranda imagen hasta la subida a San Jer\u00f3nimo. La parte de dicha Alameda, que despu\u00e9s llev\u00f3 el nombre de <i>Prado de San Jer\u00f3nimo<\/i> y hoy es la principal de aquel magn\u00edfico paseo, se allan\u00f3 y regulariz\u00f3 por primera vez (seg\u00fan el testimonio de nuestro Juan L\u00f3pez de Hoyos), en 1570, con ocasi\u00f3n de la entrada solemne de do\u00f1a Ana de Austria, \u00faltima esposa de Felipe\u00a0II. La <i>Puerta del Sol<\/i> avanz\u00f3 por este tiempo al camino de Alcal\u00e1, como hacia donde est\u00e1 hoy la entrada del Retiro, y entonces se formaron y poblaron la principal y hermos\u00edsima calle de Alcal\u00e1 y el extendido cuarto de c\u00edrculo de E. a N. trazado entre ella y las d\u00e9 la Montera, Hortaleza y Fuencarral, a cuyos extremos se abrieron los portillos de <i>Recoletos<\/i>, de <i>Santa B\u00e1rbara<\/i> y de los <i>Pozos de la Nieve<\/i>. Colm\u00f3se el otro extenso distrito entre esta \u00faltima calle y la Ancha de San Bernardo (llamada entonces de los <i>Convalecientes<\/i>, por el hospital que hab\u00eda en ella), a cuyo final pas\u00f3 la puerta que estaba en la plazuela de Santo Born\u00ed nao: y por \u00faltimo, las <i>pueblas<\/i> nuevas, hechas por D. Joaqu\u00edn de Peralta hacia el monte de <i>Leganitos<\/i>, terminaban al N. y N. O. con los portillos de <i>Maravillas<\/i>, de <i>Amaniel<\/i>, del <i>Conde Duque<\/i> y de <i>San Joaqu\u00edn<\/i> (despu\u00e9s de <i>San Bernardino<\/i>), quedando fuera la posesi\u00f3n conocida despu\u00e9s por <i>Monta\u00f1a del Pr\u00edncipe P\u00edo<\/i>, con las huertas de las <i>Minillas<\/i>, la <i>Florida, Buytrera<\/i> y otras, hasta el <i>puente del Parque de Palacio<\/i>, que ven\u00eda a estar donde hoy la fuente de la <i>Regalada<\/i>, a la bajada de las Reales Caballerizas. Dicho Parque de Palacio y campo llamado del <i>Rey<\/i> se extend\u00edan, como hoy, hasta la cuesta de la Vega.\r\n\r\nVese, por lo dicho, que los nuevos l\u00edmites se\u00f1alados hace tres siglos a la poblaci\u00f3n de Madrid no han tenido m\u00e1s alteraciones sustanciales, en tan largo per\u00edodo, (nula inclusi\u00f3n dentro de ellos del Real sitio del Buen Retiro, fundado por Felipe\u00a0IV, y alguna mayor extensi\u00f3n hacia la puerta de Alcal\u00e1; y por el lado occidental, la Monta\u00f1a del Pr\u00edncipe P\u00edo y bajada o paseos de la <i>Puerta de San Vicente<\/i>. Pero aquellos l\u00edmites, que entonces se se\u00f1alaron a Madrid, incluyendo multitud de huertas, tierras de cultivo y eriales, tardaron en rellenarse todo el siglo que medi\u00f3 entre la mitad del <small>XVI<\/small> a la mitad del <small>XVII<\/small>, en t\u00e9rminos que en esta \u00faltima \u00e9poca ya presentaba Madrid, con corta diferencia, la misma figura en su per\u00edmetro y el mismo trazado de sus calles que hoy d\u00eda, salvas algunas excepciones de cerramientos o variaciones posteriores. De todo ello podemos juzgar cumplidamente por la inspecci\u00f3n material del gran <i>Plano grabado en Amberes<\/i> en 1656, de que hicimos menci\u00f3n y que vamos a reproducir.\r\n\r\nEn esta nueva poblaci\u00f3n, trazada ya para servir a m\u00e1s importantes necesidades, se busc\u00f3 con preferencia un terreno menos accidentado, Be abrieron o formaron en \u00e9l calles m\u00e1s rectas y espaciosas, algunas muy extensas, como las bajas de Toledo y de Atocha, la Carrera de San Jer\u00f3nimo, la de Alcal\u00e1, la Montera, Fuencarral, Hortaleza y Ancha de San Bernardo, y se construyeron en ellas multitud de edificios de consideraci\u00f3n. Sin embargo, es de lamentar que a la creaci\u00f3n, puede decirse, de nueva planta, de la villa capital del Reino, no presidiese mayor gusto y esmero, no se tuviesen en cuenta ciertas condiciones indispensables para su futura prosperidad. No pretendemos, por esto, que la nueva villa fuese improvisada con la regularidad y fatigosa monoton\u00eda de un tablero de damas, sino que, procur\u00e1ndose todo lo posible la nivelaci\u00f3n de los terrenos, d\u00e1ndose a todas sus calles la conveniente anchura, cortes y comunicaciones, proporcion\u00e1ndose a distancias convenientes plazas regulares, desahogadas avenidas y puntos de vista calculados, se hubiese en ellas construido el caser\u00edo con cierta regularidad, y algunos edificios p\u00fablicos de necesidad y grandiosa perspectiva; hubieran, en fin, consignado los monarcas de Castilla de aquella \u00e9poca en la corte del Reino el gusto y la magnificencia que ostentaban en otras ciudades del reino, en el de Italia, y en las nuevas que por entonces se fundaban en la Am\u00e9rica espa\u00f1ola. No fue, sin embargo, as\u00ed; y ni los tesoros del Nuevo Mundo, ni la fuerza de voluntad, poder\u00edo y alta inteligencia de Felipe\u00a0II; ni el colosal y privilegiado talento de <i>Juan de Herrera<\/i> y sus contempor\u00e1neos y sucesores los Toledos, Monegros, Moras y Vegas, alcanzaron a imprimir a Madrid aquel sello de grandeza y majestad que requer\u00eda la corte de la monarqu\u00eda.\r\n\r\nEl <i>Alc\u00e1zar<\/i> de Carlos V y Felipe II, obra de Cobarrubias y de Luis de la Vega; la <i>puente segoviana<\/i>, de Juan de Herrera, en tiempo de Felipe\u00a0II; la Plaza Mayor, del reinado de Felipe III, y el sitio del <i>Buen Retiro<\/i>, obra de Felipe IV, son los objetos m\u00e1s dignos que recibi\u00f3 la corte de Madrid de los monarcas de la dinast\u00eda austr\u00edaca; si bien, por un celo indiscreto, aunque muy propio de aquel siglo, consumieron sus tesoros en fundar en ella setenta o m\u00e1s conventos, con otras tantas iglesias, todas medianas nada m\u00e1s, y de ning\u00fan modo comparables a nuestras magn\u00edficas catedrales, no diremos las antiqu\u00edsimas de Toledo, Burgos o Sevilla, pero ni aun de las modernas o contempor\u00e1neas de Granada, Segovia y Salamanca; as\u00ed como los pocos edificios civiles de aquellos reinados, tales como la C\u00e1ncl de Corte, el Ayuntamiento y la casa de Uceda (los Consejos) no pueden sostener comparaci\u00f3n Con los alc\u00e1zares de Toledo y de Granada, la Lonja de Sevilla, y otros muchos de aquella \u00e9poca.\r\n<div class=\"bloque\">\r\n<p class=\"subtit\">PLANO TOPOGR\u00c1FICO DE 1656<\/p>\r\n<p class=\"ilustrafull\"><img alt=\"\" src=\"http:\/\/www.publiconsulting.com\/wordpress\/madridantiguo\/wp-content\/uploads\/sites\/69\/2018\/03\/plano.jpg\" \/><\/p>\r\n\r\n<\/div>\r\nPero vengamos, en fin, a la descripci\u00f3n ofrecida del <i>Plano topogr\u00e1fico del Madrid del siglo\u00a0<small>XVII<\/small><\/i>, que hemos tenido la suerte de exhumar del olvido, y por el cual podemos juzgar completamente del estado y aspecto de la corte de los Felipes. Ning\u00fan libro ni descripci\u00f3n nos servir\u00e1 tan cumplidamente para ello como la vista material y el estudio de este gran plano. Su extensi\u00f3n, la exactitud y minuciosidad con que est\u00e1 reproducido en perspectiva caballera todo el caser\u00edo de la villa, en escala bastante extensa para poder apreciar sus pormenores, hacen de este grabado un documento tan precioso como generalmente ignorado por los que han tratado de la historia de Madrid; y como es de temer que con el tiempo lleguen a faltar los rar\u00edsimos ejemplares que aun pueden existir, creemos hacer un servicio en consignar aqu\u00ed sus detalles.\r\n\r\nConsta dicho plano de veinte hojas de gran marca, las cuales, unidas y pegadas sobre lienzo (como est\u00e1n en el precioso ejemplar que poseemos, y tambi\u00e9n en el otro muy bien restaurado que conserva el Ayuntamiento), ocupan una extensi\u00f3n de unos ocho pies de altura por diez de ancho, o sean cerca de ochenta superficiales.\r\n\r\nEn la parte superior de dicho plano se lee esta inscripci\u00f3n: <i>Mantua Carpetanorum sive Matritum urbs regia<\/i>. Al lado derecho est\u00e1n las armas Reales sobre trofeos, y se lee: <i>Philipo\u00a0IV rege Catolico forti et pio. Urbem hanc suam et in ea orbis sivi subjecti compendium exhibit <small>MDCIV<\/small><\/i>; y debajo, en una tarjeta sostenida por figuras aleg\u00f3ricas y trofeos, se encuentra la siguiente inscripci\u00f3n: <i>Topograf\u00eda de la villa de Madrid, descrita por D. Pedro Texeira, a\u00f1o de 1656, en la que se demuestran todas sus calles, el largo y ancho de cada una de ellas, las rinconadas y lo que tuercen; las plazas, fuentes, jardines y huertas, con la disposici\u00f3n que tienen las parroquias, monasterios y hospitales; est\u00e1n se\u00f1alados sus nombres con letras y n\u00fameros que se hallar\u00e1n en la tabla, y los edificios, torres y delanteras de las casas est\u00e1n sacadas al natural, que se podr\u00edan contar las puertas y ventanas de cada una de ellas. A la izquierda est\u00e1 la tabla y las escalas de <sup>1<\/sup>\/<sub>1870<\/sub><\/i>, y debajo dice: <i>Salomon Sauri cura et solicitudine Joannis et Jacobi Vanveerle, Antuerpi\u00e6<\/i>.\r\n\r\nEfectivamente, la minuciosidad y exactitud del dibujo son tales, que dejan poco que desear, no s\u00f3lo en cuanto a la demostraci\u00f3n del giro y disposici\u00f3n de las calles, sino en el alzado de las fachadas y topograf\u00eda interior de los edificios, pudiendo juzgar de la conciencia con que fue hecho aquel precioso trabajo por los varios p\u00fablicos y particulares que aun se conservan en el mismo estado en que los representa el plano, con la misma repartici\u00f3n de su planta, con el propio n\u00famero de pisos puertas y ventanas; y la misma forma general de su ornato arquitect\u00f3nico.\r\n<p class=\"extenso\">Los l\u00edmites de la poblaci\u00f3n marcados en este plano eran los que quedan anteriormente expresados, y son, con corta diferencia, los que comprende el actual per\u00edmetro de Madrid. La puerta de Alcal\u00e1 (que era mezquina y formada por dos torrecillas) se hallaba situada m\u00e1s adentro que el actual arco de triunfo, poco m\u00e1s o menos frente a la glorieta o entrada moderna del Buen Retiro. Como no exist\u00edan a\u00fan los edificios del P\u00f3sito ni los Hornos de Villa Nueva, construidos despu\u00e9s, corr\u00eda la cerca por detr\u00e1s de las huertas de Recoletos y otras, formando el mismo recodo saliente que hoy con la que despu\u00e9s fue de la Veterinaria. La puerta o portillo de Recoletos (que tambi\u00e9n era sumamente mezquina) estaba poco m\u00e1s o menos en el mismo sitio que la que acaba de derribarse, y segu\u00eda la tapia derecha hasta la de Santa B\u00e1rbara, haciendo aqu\u00ed un saliente notable hasta el portillo, que estaba en el mismo sitio, y es acaso el propio que hoy alcanzamos; y en las afueras no se se\u00f1ala m\u00e1s que tierras de labor, no existiendo la huerta despu\u00e9s llamada de Loinaz (hoy de Arango). A la izquierda del portillo de Santa B\u00e1rbara aparece un edificio que puede ser el mismo o una buena parte de la actual F\u00e1brica de Tapices, y en \u00e9l se mira un molino de viento. Siguen luego algunos trozos muy irregulares de cerca, hasta la puerta o salida llamada de los <i>Pozos de la Nieve<\/i>, en el mismo sitio que la moderna de <i>Bilbao<\/i>. M\u00e1s diferencias se observan entre \u00e9sta y la de Fuencarral (entonces llamada todav\u00eda de <i>Santo Domingo<\/i>), y se ve otra salida o puerta llamada de <i>Maravillas<\/i> al fin de una calle, que puede ser la de San Andr\u00e9s, cerrada luego por el jard\u00edn que fue de Bringas. Ve\u00edase despu\u00e9s el palacio de los duques de Montele\u00f3n, con su extendida huerta y cerca, que formaba y forma la de Madrid por aquella parte, aunque no parece tan saliente romo ahora. Corr\u00eda luego por la izquierda hasta la salida del <i>Conde-Duque de Olivares<\/i> (cuyo palacio y jardines aparecen en los sitios en donde hoy est\u00e1n el de Liria y el cuartel de Guardias), y luego continuaba con la misma imperfecci\u00f3n que hoy, hasta la de <i>San Joaqu\u00edn<\/i> (portillo de <i>San Bernardino<\/i>). Fuera de \u00e9ste hab\u00eda un humilladero de cruces, que seguir\u00eda sin duda hasta el convento, y se se\u00f1alan varios caminos al <i>Molino quemado<\/i>, a la <i>Huerta de Buytrera<\/i>, etc., por el interior de la monta\u00f1a llamada hoy del <i>Pr\u00edncipe P\u00edo<\/i>. Esta quedaba, como queda dicho, fuera de la poblaci\u00f3n, pues la cerca bajaba coste\u00e1ndola desde el portillo de San Joaqu\u00edn hasta el camino del rio, cercando las huertas llamadas de las <i>Minillas<\/i>, la <i>Florida, Buytrera<\/i>, etc., hasta el puente del Parque, que, seg\u00fan dijimos, ven\u00eda a estar donde hoy la fuente de la Regalada, por bajo de las Reales caballerizas. El dicho <i>Parque de Palacio<\/i> (que segu\u00eda despu\u00e9s adelantando, como hoy los jardines, hasta el rio y la Tela) consist\u00eda, por lo visto, en unas alamedas y paseos sin grande importancia, y llegaba hasta la puente Segoviana y la bajada de la Vega. Al lado opuesto del rio se ve la <i>Casa de Campo<\/i>, poco m\u00e1s o menos en los t\u00e9rminos que hoy, aunque con mayor frondosidad. La puerta de la Vega ten\u00eda a\u00fan dos cubos, y aparece de alguna fortaleza, y la de Segovia la misma que hemos visto derribar hace pocos a\u00f1os. Desde ella sub\u00eda la cerca por las Vistillas y huerta del Infantado, como hoy, hasta la del convento de San Francisco, no vi\u00e9ndose todav\u00eda el portillo que mand\u00f3 despu\u00e9s abrir y a que dio su nombre el licenciado <i>Gil Imon de la Mota<\/i>, fiscal del Consejo de Hacienda, que ten\u00eda all\u00ed sus casas, en donde es hoy hospital de la V. O. T. Por \u00faltimo, la cerca segu\u00eda a la puerta de <i>Toledo<\/i> (que estaba algo m\u00e1s arriba que la actual), luego al portillo de <i>Embajadores<\/i> y al de <i>Lavapi\u00e9s<\/i> (despu\u00e9s de <i>Valencia<\/i>), y formando varios \u00e1ngulos y desigualdades, llegaba a la salida que llaman de <i>Vallecas<\/i>, donde despu\u00e9s estuvo la puerta de <i>Atocha<\/i>, hasta incorporarse, dando vuelta al Retiro, con la de Alcal\u00e1.<\/p>\r\nEstos eran y son todav\u00eda los l\u00edmites del per\u00edmetro de Madrid a mediados del siglo\u00a0<small>XVII<\/small>, hace dos siglos cabales. El corte interior de la poblaci\u00f3n era tambi\u00e9n id\u00e9ntico, con algunas excepciones de rompimientos o cierres posteriores de algunas calles, y los nombres de \u00e9stas se conservaron en la mayor parte los mismos hasta estos \u00faltimos a\u00f1os.\r\n\r\nLa descripci\u00f3n interior de dichas calles, seg\u00fan se observan en el plano, nos llevar\u00eda muy lejos y alargar\u00eda esta <i>Rese\u00f1a<\/i>, tanto m\u00e1s importunamente, cuanto (pie, habiendo de ser dicha descripci\u00f3n el objeto de nuestros <i>paseos hist\u00f3ricos<\/i>, nos ver\u00edamos obligados a repetir aqu\u00ed lo que con mayor extensi\u00f3n hemos de consignar despu\u00e9s en el ingreso de esta obrita. Por lo tanto, nos limitaremos a indicar algunas consideraciones generales sobre el interior de la poblaci\u00f3n tal como se presenta en el plano.\r\n\r\nLa construcci\u00f3n del caser\u00edo era en general impropia y mezquina. La grandeza del reino, agrupada en derredor del trono, y viniendo a formar la parte principal de la poblaci\u00f3n de Madrid, se content\u00f3 con levantar enormes caserones, que s\u00f3lo se diferenciaban de los dem\u00e1s por su inmensa extensi\u00f3n; y el vecindario en general, dividiendo y subdividiendo hasta un t\u00e9rmino infinito los terrenos o solares, lleg\u00f3 a formar hasta el n\u00famero pr\u00f3ximamente de las <i>doce mil casas<\/i> que entonces se contaban, y que hoy, refundidas en mayores edificios, no pasan acaso de siete mil; pues si por un lado la abundancia de jardines pertenecientes a ellas, y la multitud de grandes monasterios, que hoy se han utilizado para construcciones particulares, ocupaban una buena parte del per\u00edmetro, por otro los edificios construidos posteriormente son mucho m\u00e1s extensos, como que en cada uno de ellos se han ocupado solares de tres o cuatro de las antiguas casas. Las <i>doce mil<\/i>, adem\u00e1s, que suponen los historiadores del siglo\u00a0<small>XVII<\/small>, puede explicarse por el lente de aumento con que sol\u00edan mirar a Madrid, o por la hiperb\u00f3lica dicci\u00f3n de <i>un par de casas<\/i> con que acostumbraban designar a cada edificio que ten\u00eda dos pisos o habitaciones.\r\n\r\nGeneralmente \u00e9stos eran pocos, por muchas razones: en primer lugar, la poblaci\u00f3n era mucho menor todav\u00eda, y la vida interior del pueblo deb\u00eda ser tan modesta y poco ganosa de comodidades, que quedaba satisfecho con cualquier cosa, con un hediondo portal, con una oscura y empinada escalera y con media docena de estrechos y desnudos aposentos, coronados por un mezquino zaquizam\u00ed; todo esto formado y multiplicado en el reducido espacio que toleraban los conventos (que en Madrid, como en la mayor parte de las ciudades del reino, constitu\u00edan la parte principal de la poblaci\u00f3n), y aun aquella tolerancia en favor del vecindario estaba las m\u00e1s veces limitada en la altura de las casas fronteras y contiguas, en el n\u00famero de las ventanas, en sus salidas y comunicaciones, que no hab\u00edan de privar de las luces, ventilaci\u00f3n e independencia a los amplios monasterios de ambos sexos; no hab\u00edan de registrar sus espaciosas huertas, ni impedir que sus extendidas y solitarias cercas dominasen en calles despobladas, y sus elevadas torres levantasen hasta el cielo sus agujas y chapiteles.\r\n\r\nPor \u00faltimo, otra raz\u00f3n muy poderosa para limitar y reducir a mezquinas condiciones el caser\u00edo general de Madrid fue la gravosa carga que el establecimiento de la corte trajo consigo, y era la conocida con el nombre de <i>Regal\u00eda de aposento<\/i>. Este pesado servicio del alojamiento de la Real comitiva y funcionarios de la corte reca\u00eda naturalmente sobre las casas que ten\u00edan m\u00e1s de un piso y cierta espaciosidad, y aunque posteriormente, y cuando en 1606 se restituy\u00f3 a Madrid la corte desde Valladolid (adonde se hab\u00eda trasladado en 1601) fue compensado y capitalizado aquel penoso gravamen con el servicio de 250.000 ducados que ofreci\u00f3 la villa por equivalente a la sexta parte de los alquileres de las casas durante diez a\u00f1os, continu\u00f3 pesando por v\u00eda de contribuci\u00f3n exclusivamente sobre todas las que ten\u00edan <i>m\u00e1s de un piso<\/i>, raz\u00f3n por la cual continuaron las construcciones de <i>malicia<\/i> o s\u00f3lo piso bajo. As\u00ed lo vemos expresado terminantemente, entre otros varios documentos de la \u00e9poca, en el primitivo <i>Registro general del aposento<\/i>, concluido en 1651 (manuscrito interesante, que posee uno de nuestros amigos), donde dice: \u00abCalle de Toledo (antes de la <i>Manceb\u00eda<\/i>). Una casa de Mari-Mendez, mujer de Blas Caballero, soldado de la Guardia Espa\u00f1ola, que era de <i>aposento<\/i>, y el que mand\u00f3 se hiciese <i>de malicia<\/i>, tasada en 36 ducados\u00bb. Atendiendo tambi\u00e9n a esta expresiva significaci\u00f3n de aquella palabra, dijo el festivo Quevedo, hablando en uno de sus romances de cierta mujer de mundo, de las que \u00e9l sol\u00eda tratar:\r\n<div class=\"cit\">\r\n\r\n<span class=\"pad\">\u00abPor no estar a la <i>malicia<\/i><\/span>\r\n\r\nCalzada su voluntad,\r\n\r\nFue su <i>hu\u00e9sped de aposento<\/i>\r\n\r\n<i>Ant\u00f3n Mart\u00edn<\/i> el gal\u00e1n\u00bb.\r\n\r\n<\/div>\r\nLa cerca general que marca hoy los l\u00edmites de la villa tard\u00f3 todav\u00eda un siglo en construirse, como se puede ver por la Real c\u00e9dula expedida por el se\u00f1or D.\u00a0Felipe IV, fecha 9 de Enero de 1625, en que se manda al Ayuntamiento de Madrid levantarla, aplicando para ello la sisa del vino, que antes lo estuvo a la obra de la <i>Plaza Mayor<\/i>. Dicha Real c\u00e9dula (que obra en el archivo de la Villa) expresa claramente que la mencionada cerca se construy\u00f3 m\u00e1s bien para <i>contener<\/i> que para favorecer la ampliaci\u00f3n; error que ahora lamentamos, y que impidi\u00f3 a esta villa continuar su conveniente desarrollo. H\u00e9 aqu\u00ed los t\u00e9rminos en que est\u00e1 concebido el curioso pre\u00e1mbulo de dicha Real c\u00e9dula:\r\n\r\n\u00abDesde muchos a\u00f1os a esta parte se han reconocido los da\u00f1os que se causan de <i>no estar cercada la villa de Madrid<\/i>, donde reside mi corte, as\u00ed por lo que sus l\u00edmites se van extendiendo con los edificios, como <i>por las salidas y que hacen al campo las m\u00e1s de las calles<\/i>, y ser por ellas franca y libre la entrada de gente y mercader\u00edas en el lugar, por no poder poner en ellas (siendo tantas) la guarda que conviene, con lo cual falta tambi\u00e9n la noticia necesaria de los que entran y salen de esta corte, y a los delincuentes les es f\u00e1cil salir de ella y librarse de no ser presos por las justicias, que tendr\u00edan m\u00e1s mano en su prisi\u00f3n si las salidas fuesen ciertas. Y siendo de tanta importancia para la conservaci\u00f3n de mi Real Hacienda y las alcabalas y sisas que se pagan, que de tal manera centren los bastimentos y mercader\u00edas por puertas ciertas en que se registren, que no puedan divertirse ni entrar por otras, y que esta misma utilidad y conveniencia se halla cuanto a la administraci\u00f3n de las sisas y beneficio de las sisas que para causas p\u00fablicas tengo concedidas a esta villa, y mucho mayor y de necesidad precisa para guardarla, si, lo que Dios no permita, sucediese en ocasiones de peste; habi\u00e9ndome diversamente consultado por los de mi Consejo y considerando en esto atentamente, he <i>acordado<\/i> que en la posada de vos, el Presidente, se haga una Junta para este efecto, en que se hallen con vos los dichos Pedro Tapia y Gil Imon de la Mota, el corregidor de Madrid y seis diputados que est\u00e1n nombrados o se nombrasen en adelante por el Ayuntamiento de esta villa\u2026 y someto a la dicha Junta para que en ella orden\u00e9is y dispong\u00e1is que con la mayor brevedad que se pueda <i>se cerque esta dicha villa<\/i> por las partes y sitios y con la forma de edificios que por vosotros en la dicha Junta se acordase, dejando las puertas que conviniesen y fuesen necesarias en las principales entradas y salidas de esta villa, cada una con la f\u00e1brica y adornos que os pareciese, seg\u00fan los sitios y parte donde hubiesen de quedar\u00bb, etc.\r\n\r\nLa referida cerca se emprendi\u00f3 a consecuencia de esta Real c\u00e9dula y a costa de la villa y por el Patrimonio, que tom\u00f3 a su cargo la parte del nuevo sitio de Buen Retiro, de la Monta\u00f1a del Pr\u00edncipe P\u00edo y del Parque; pero tard\u00f3 mucho tiempo en concluirse: de suerte que algunos a\u00f1os despu\u00e9s todav\u00eda pudo muy bien decir el Maestro Tirso de Molina en una de sus comedias<a href=\"http:\/\/www.publiconsulting.com\/wordpress\/madridantiguo\/back-matter\/notas\/#nt29\" id=\"rf29\"><sup>[29]<\/sup><\/a>:\r\n<div class=\"cit\">\r\n\r\n<span class=\"pad\">\u00abComo est\u00e1 Madrid sin cerca,<\/span>\r\n\r\nA todo gusto da entrada;\r\n\r\nNombre hay de <i>Puerta Cerrada<\/i>,\r\n\r\nMas p\u00e1sala quien se acerca\u00bb.\r\n\r\n<\/div>\r\nRealiz\u00f3se al fin, aunque muy lentamente y sin pretensiones de muralla, limit\u00e1ndose a la construcci\u00f3n de una fuerte tapia, la misma que, restaurada en algunos trozos, ha llegado todav\u00eda hasta nuestros d\u00edas, y que si no ha servido para defender a Madrid contra las acometidas exteriores, ha sido bastante obst\u00e1culo para contener o limitar su desarrollo prudente y hacerle permanecer m\u00e1s de dos siglos encerrado en el c\u00edrculo de mamposter\u00eda que se le traz\u00f3 de Peal orden.\r\n\r\nConsiderada, pues, en su forma material, \u00bfqu\u00e9 era lo que ofrec\u00eda a la admiraci\u00f3n de los contempor\u00e1neos y de los venideros la opulenta corte de los Felipes de Austria? \u00bfY de qu\u00e9 modo se justifican aquellos encomios tan repetidos de sus imp\u00e1vidos coronistas? Ya lo hemos dicho: pocos, muy contados edificios civiles de alguna importancia; multitud de conventos de ambos sexos, m\u00e1s notables en general por su extensi\u00f3n que por su m\u00e9rito art\u00edstico, y un general caser\u00edo, comparable por su mezquindez al de una pobre aldea; escasos y mal dispuestos establecimientos de beneficencia, de instrucci\u00f3n y de industria, y dos m\u00edseros <i>corrales<\/i> para representar los inmortales dramas de Lope y Calder\u00f3n. Bajo el punto de vista de la comodidad y de la polic\u00eda urbana, todav\u00eda aparece m\u00e1s deplorable aquel cuadro: las calles, tortuosas, desiguales, costaneras, y en el m\u00e1s completo abandono, sin empedrar, sin alumbrar de noche, y sirviendo de alba\u00f1al perpetuo, y barranco abierto a todas las inmundicias. La salubridad, la comodidad del vecindario y el ornato de la poblaci\u00f3n, desconocidos absolutamente; la misma seguridad, amenazada continuamente en medio de un pueblo belicoso, altanero y siempre armado, que en todas ocasiones fiaba al acero y al valor la raz\u00f3n m\u00e1s concluyente.\r\n<p class=\"salto10\">Pero si, bajo el aspecto material y civil, muy poco o nada puede interesarnos la descuidada capital del siglo\u00a0<small>XVII<\/small>, no as\u00ed desde el punto de vista rom\u00e1ntico o novelesco.<\/p>\r\nEl reinado, sobre todo, de Felipe IV (que empez\u00f3 en 21 de Marzo de 1621, a la muerte de su padre Felipe\u00a0III) es sin duda alguna para esta villa el per\u00edodo m\u00e1s brillante y ostentoso; y aunque en \u00e9l se preparase fat\u00eddicamente la inevitable y pr\u00f3xima ruina del Imperio colosal de Carlos V y Felipe II, el car\u00e1cter personal, po\u00e9tico y caballeresco del joven Rey, la elegante cultura de su corte, y los brillantes festejos con que supo encantar su \u00e1nimo el poderoso valido Conde Duque de Olivares, dieron a la corte de Madrid un aspecto de animaci\u00f3n y de elegancia, en que s\u00f3lo excedi\u00f3 despu\u00e9s la magn\u00edfica y espl\u00e9ndida corte de su yerno Luis XIV de Francia. La venida del Pr\u00edncipe de Gales para pedir por esposa e la hermana del Rey fue motivo de funciones magn\u00edficas. Las celebradas en 1637, con ocasi\u00f3n de haber sido elevado al Imperio el rey de Bohemia y Hungr\u00eda, D. Fernando, cu\u00f1ado del Rey, costaron de diez a doce millones de reales; y en los cuarenta d\u00edas que duraron, las comedias, los toros, las m\u00e1scaras se suced\u00edan sin cesar. El Palacio Real y el del Retiro eran el foco de estas continuas diversiones, y el Rey, siguiendo su inclinaci\u00f3n favorita, se interesaba vivamente en ellas.\r\n\r\nEn tal apogeo de su aparente esplendor es como vamos a considerar en esta obra a la antigua corte de Madrid. El per\u00edodo a que nos referimos es seguramente el m\u00e1s interesante de su historia, el m\u00e1s romancesco tambi\u00e9n y propio para ejercitar la pluma de los poetas y literatos; el per\u00edodo en que un monarca joven, poeta, y amante de las letras y de las artes, aunque fr\u00edvolo y descuidado en pol\u00edtica, cuyo peso descargaba en hombros de su favorito, se entregaba ardientemente a sus aventuras galantes m\u00e1s o menos reprensibles, al bullicio y esplendor de las fiestas palacianas, tomaba parte activa en las justas y torneos caballerescos y en las representaciones esc\u00e9nicas, y patrocinaba con su ejemplo y liberalidad a Vel\u00e1zquez y Murillo, Lope de Vega y Calder\u00f3n; \u00e9poca y corte en que florec\u00edan ademas un Quevedo y un Saavedra, un Tirso y un Moreto, Sol\u00eds, Montalv\u00e1n, Guevara, Alarc\u00f3n y tantos otros, que hicieron apellidar aquel siglo de oro de nuestra literatura; en que recib\u00eda y obsequiaba a los ilustres potentados y embajadores de las m\u00e1s poderosas naciones; en que los reyes de Francia, de Inglaterra y de Alemania solicitaban la mano de las hijas o hermanas del monarca espa\u00f1ol; \u00e9poca tambi\u00e9n de brillante corrupci<i>\u00f3n, que describe admirablemente el ignorado autor del <\/i>Gil Blas; en que el arrogante Conde Duque de Olivares, fascinando al Monarca con el ruido y movimiento de los continuos festines, le hac\u00eda ignorar las p\u00e9rdidas de su corona, hasta el punto de exclamar, con ocasi\u00f3n de la de una de sus m\u00e1s importantes plazas del Franco-Condado: \u00ab\u00a1Pobrecito Rey de Francia!\u00bb, y congratularse porque la insurrecci\u00f3n del Duque de Braganza le proporcionar\u00eda algunos Estados m\u00e1s, al propio tiempo que se sent\u00eda con br\u00edos para escribir al general de las tropas de Flandes aquella lac\u00f3nica carta que dec\u00eda: <i>\u00abMarqu\u00e9s de Esp\u00ednola, tomad a Breda\u00bb<\/i>.\r\n\r\nPero estaba escrito que toda aquella fant\u00e1stica gloria, que todo aquel fingido esplendor, hab\u00edan de pasar r\u00e1pidamente, sumiendo a la Espa\u00f1a en ruda y sensible oscuridad. La continuada y afortunada rebeli\u00f3n del Portugal, Italia, Flandes, el Rosell\u00f3n, el Franco-Condado, la Catalu\u00f1a misma, contra el descuidado Felipe, que dio por resultado la r\u00e1pida desmembraci\u00f3n del Imperio de sus abuelos; los graves disgustos que le ocasionaba la pol\u00edtica de toda Europa, conjurada contra \u00e9l; los temores por el descontento de sus pueblos; las enfermedades, la vejez, y los escr\u00fapulos de su propia conciencia, le lanzaron a la superstici\u00f3n y la melancol\u00eda, y terminaron con su vida el largo reinado de casi medio siglo. Para colmo de desventura de la Espa\u00f1a, dejaba por sucesor aun ni\u00f1o de cuatro a\u00f1os, enfermizo y delicado (despu\u00e9s el mezquino Carlos\u00a0II, conocido en la historia con el apodo de <i>el Hechizado<\/i>), y bajo la tutela de su madre la reina viuda do\u00f1a Mar\u00eda Ana de Austria.\r\n\r\nConocidos son los sucesos ocasionados durante aquella larga y turbulenta minor\u00eda, con motivo de la privanza y valimiento que la Reina gobernadora dispens\u00f3 primero a su confesor el padre jesuita Everardo Nithard, y luego a D.\u00a0Fernando de Valenzuela, combatidos ambos arrogantemente por el pr\u00edncipe D. Juan Jos\u00e9 de Austria, hijo natural de Felipe IV. En estas turbulencias, que agitaron durante algunos a\u00f1os a todo el reino, toc\u00f3 representar a Madrid una parte principal, como tomando la iniciativa o sosteniendo en\u00e9rgicamente las agresiones y motines preparados por el pr\u00edncipe D. Juan contra ambos validos, hasta derrocarlos, y a la misma Reina madre, cuya desgraciada gobernaci\u00f3n termin\u00f3 con la menor edad de su hijo D. Carlos, que, bajo la influencia, o m\u00e1s bien bajo la autoridad de su hermano D. Juan, tom\u00f3 las riendas del Gobierno en 1677, en que cumpli\u00f3 los catorce a\u00f1os. Pero las desdichas del pa\u00eds no por eso terminaron, ni siquiera se contuvieron en la r\u00e1pida pendiente a que las impulsaba la mala gobernaci\u00f3n. Mal miradas o perseguidas las ciencias, descuidada la educaci\u00f3n del pueblo, patrocinado el empirismo y la codicia de los asentistas extranjeros, ofuscadas las imaginaciones por la ignorancia, el fanatismo o la intriga, y descuidados y hasta olvidados los principios m\u00e1s sencillos de una buena administraci\u00f3n, poco o nada pudo hacer el pr\u00edncipe D. Juan en la corta \u00e9poca que bajo el nombre de Carlos II gobern\u00f3 el reino, como ni tampoco este desdichado Monarca, luego que se desprendi\u00f3 de aquella segunda tutela.\r\n\r\nLa capital del reino, fiel trasunto y emblema, en todas ocasiones, del estado pr\u00f3spero o adverso del pa\u00eds, sigui\u00f3 presentando el aspecto m\u00e1s triste y deplorable. Su administraci\u00f3n embrollada y nula, su poblaci\u00f3n menguada por la miseria, su vitalidad amortiguada y embrutecida por el fanatismo y la ignorancia, destruida y aniquilada su riqueza o sumergida en el abandono y la desidia de un pueblo est\u00fapido e indolente. Ofuscadas las artes o corrompidas por el mal gusto que difundi\u00f3 su da\u00f1ada semilla por todos los ramos del saber, s\u00f3lo ofrec\u00eda Madrid espect\u00e1culos ominosos, edificios mezquinos y escritos extravagantes. Las \u00fanicas mejoras materiales que recibi\u00f3 en aquella \u00e9poca fueron la suntuosa capilla de San Isidro, en la parroquia de San Andr\u00e9s; la casa Real de la Panader\u00eda, en la Plaza Mayor, renovada con motivo de haberse quemado este lienzo de la plaza, y el arco de la Armer\u00eda; todas las dem\u00e1s obras de aquella \u00e9poca desdichada fueron dignas por cierto de ella y de la grotesca imaginaci\u00f3n de los Donosos, Churrigueras y otros arquitectos semejantes, que en tal tiempo empezaron a lucir su peregrina habilidad.\r\n\r\nLa salud del Rey se debilitaba al mismo tiempo que la monarqu\u00eda; los conjuros o exorcismos m\u00e1s extravagantes, las penitencias y rogativas m\u00e1s se\u00f1aladas, los tremendos y memorables autos de fe de 1680, y otros, en que despleg\u00f3 todo su rigor e imponente aparato la suprema Inquisici\u00f3n, nada fue suficiente para alejar del \u00e1nimo y de la doliente imaginaci\u00f3n del Monarca los pretendidos esp\u00edritus malignos de que se cre\u00eda apoderado, hasta que, resinti\u00e9ndose cada vez m\u00e1s y m\u00e1s su d\u00e9bil complexi\u00f3n a impulsos de esta congoja, lleg\u00f3 a enfermar gravemente en 1696, y empez\u00f3 a ocupar la atenci\u00f3n de los pol\u00edticos la sucesi\u00f3n posible a la corona de Espa\u00f1a por falta de descendencia directa de Carlos. Madrid, con este motivo, lleg\u00f3 a ser el centro de las intrigas y manejos de las cortes extranjeras, sostenidas respectivamente por sus representantes en ella y por los principales magnates del pa\u00eds, inclinados unos a la dinast\u00eda austr\u00edaca, y otros a la francesa de Borb\u00f3n, entroncada con aqu\u00e9lla por el matrimonio de la hermana de Carlos\u00a0II con Luis XIV. En tanto, el pueblo madrile\u00f1o, que no se hab\u00eda mostrado parte en esta cuesti\u00f3n futura, la tom\u00f3, y grande, en la presente del desgobierno, miseria y abatimiento general; y un d\u00eda de 1699, con pretexto del encarecimiento del pan, acudi\u00f3 en tumultuoso desorden bajo las ventanas del Real Alc\u00e1zar, pidiendo, o m\u00e1s bien ordenando, al Monarca pusil\u00e1nime que despertase de su letargo y acudiese a remediar las p\u00fablicas necesidades. Carlos II apenas tuvo fuerzas para otra cosa que para conjurar aquella nube tumultuaria y hacerla descargar contra su ministro el Conde de Oropesa, quien, por fortuna, pudo escapar de las iras del pueblo madrile\u00f1o. Por fin, vi\u00e9ndose Carlos cerca va del sepulcro, orden\u00f3 su fumoso testamento, en que designaba por su heredero al nieto de Luis XIV, Felipe, duque de Anjou, y falleci\u00f3 en el primer d\u00eda de Noviembre de 1700, dejando a la naci\u00f3n, por \u00faltimo regalo de su impotencia, el triste legado de una guerra civil y europea.\r\n<p class=\"salto10\">Aqu\u00ed debi\u00e9ramos terminar esta <i>Rese\u00f1a hist\u00f3rica<\/i>, como destinada a servir de introducci\u00f3n a los paseos que vamos a emprender por el <i>antiguo Madrid<\/i>; pero los graves acontecimientos pol\u00edticos, y las radicales alteraciones que han sido su consecuencia en estos dos \u00faltimos siglos, borraron de tal modo en nuestra capital las huellas de los anteriores, imprimieron tan nuevo car\u00e1cter a su fisonom\u00eda material y a su condici\u00f3n civil, que necesariamente, y aunque no sea m\u00e1s que para la inteligencia y explicaci\u00f3n l\u00f3gica de aquellas trasmutaciones, que hemos de se\u00f1alar en el curso de nuestros paseos, nos vemos precisados a extralimitarnos, haciendo una excursi\u00f3n en la historia del\u2026<\/p>\r\n\r\n<h2 id=\"sigil_toc_id_6\">MADRID MODERNO<\/h2>\r\n<p class=\"centrado\">(SIGLO XVIII)<\/p>\r\n<p class=\"salto10\">Hemos recorrido, aunque ligeramente, y seg\u00fan lo ha permitido la \u00edndole y forma de esta rese\u00f1a, las diversas fases pol\u00edticas y materiales de nuestra villa de Madrid desde los tiempos m\u00e1s remotos hasta fines del siglo\u00a0<small>XVII<\/small>; la hemos contemplado en su humilde origen, y creciendo despu\u00e9s en importancia, hasta el punto de merecer el insigne honor de ser escogida para corte Real y capital de la monarqu\u00eda espa\u00f1ola; deteniendo m\u00e1s particularmente nuestra consideraci\u00f3n en aquellos siglos <small>XVI<\/small> y <small>XVII<\/small>, en que bajo este concepto represent\u00f3 tan importante papel en Europa, como centro del poder y grandeza de los monarcas de la dinast\u00eda austr\u00edaca. Hemos visto tambi\u00e9n que, a pesar de que \u00e9stos quisieron enaltecerla con el pomposo t\u00edtulo de <i>capital de dos mundos<\/i>, no acertaron, sin embargo, a darla apenas ninguna de las condiciones necesarias a un pueblo tan principal; y como los tesoros del Nuevo Mundo y el inmenso poder\u00edo de los <i>Carlos<\/i> y <i>Felipes<\/i>, y sus arrogantes validos los Lermas y Calderones, Olivares y Oropesas, Nitardos y Valenzuelas, apenas dejaron otras se\u00f1ales de su paso por Madrid, que la inmensa multitud de iglesias y monasterios con que cubrieron la tercera parte de su suelo<a href=\"http:\/\/www.publiconsulting.com\/wordpress\/madridantiguo\/back-matter\/notas\/#nt30\" id=\"rf30\"><sup>[30]<\/sup><\/a>.<\/p>\r\nEn punto a la organizaci\u00f3n administrativa, a su fomento material, a su comodidad, su polic\u00eda y ornato, la vimos permanecer durante siglo y medio, despu\u00e9s de recibir la alta investidura de corte, no s\u00f3lo inferior a esta elevada categor\u00eda, sino tambi\u00e9n muy por bajo de varias de nuestras ciudades de provincia. De todo ello dan cumplido testimonio los escritos de aquel tiempo, que podr\u00edamos extractar, si crey\u00e9semos oportuno detenernos m\u00e1s en aquella enojosa exposici\u00f3n.\r\n\r\nC\u00famplenos ahora m\u00e1s grata tarea, que consiste en consignar que s\u00f3lo al empezar con el siglo\u00a0<small>XVIII<\/small> la nueva dinast\u00eda de Borb\u00f3n, acert\u00f3 a comprenderse la importancia y la necesidad de dotar a la corte de grandiosos edificios de decoroso ornato y de establecimientos de ilustrada administraci\u00f3n. El nieto de Luis XIV, aquel joven animoso, nacido y criado en la esplendente corte de Versalles, pudo y debi\u00f3 echar de menos su magnificencia y halagos, cuando atravesando yermas campi\u00f1as, miserables aldeas y escabrosos caminos, llegara a verse encerrado en el vetusto y desmantelado <i>Alc\u00e1zar de Madrid<\/i>, o recorriese las calles tortuosas, sombr\u00edas y eriales, su miserable caser\u00edo, sus d\u00e9biles cercas y puertas, sus incultos paseos, su carencia de fuentes y monumentos p\u00fablicos, de todo ornato, en fin, y polic\u00eda de comodidad; y no podr\u00eda menos de re\u00edr al leer los hiperb\u00f3licos encomios de los D\u00e1vilas, Quintanas, Pinelos y Nu\u00f1ez de Castro sobre las <i>grandezas<\/i> de esta villa, que entusiasmaban a los unos, extasiaban a los otros, y hac\u00edan prorrumpir al \u00faltimo en su donoso libro, titulado <i>\u00abS\u00f3lo Madrid es corte\u00bb<\/i>.\r\n\r\nEl hecho es que, considerado bajo el aspecto material y de cultura, s\u00f3lo lleg\u00f3 a serlo desde el advenimiento de la augusta casa de Borb\u00f3n. Felipe\u00a0V, que pag\u00f3 la decidida afici\u00f3n de este pueblo hacia su persona, por lo menos con otra igual, dio el impulso y los primeros e importantes pasos en el camino de su regeneraci\u00f3n. Vamos, pues, a consignarlos; pero como la historia pol\u00edtica de su reinado est\u00e1 tan enlazada con la suerte de Madrid, a quien cupo en ella tanta parte, necesariamente habr\u00e1 de ocuparnos antes, siquiera sea brevemente, su indicaci\u00f3n.\r\n\r\nFelipe de Borb\u00f3n, aclamado en Madrid por rey de Espa\u00f1a a consecuencia del testamento de Carlos\u00a0II, hizo su entrada p\u00fablica en la capital de la Monarqu\u00eda el d\u00eda 14 de Abril de 1701, y en este mismo a\u00f1o celebr\u00f3 su casamiento con la princesa do\u00f1a Mar\u00eda Luisa Gabriela de Saboya; pero declarada la famosa <i>guerra de Sucesi\u00f3n<\/i>, a causa de pretender la corona de Espa\u00f1a el Emperador de Austria para su hijo el archiduque Carlos, fue reconocido \u00e9ste por otras potencias y por los reinos de Arag\u00f3n, Valencia y Catalu\u00f1a, de que se apoder\u00f3 el ej\u00e9rcito ingl\u00e9s y portugu\u00e9s, mandado por el mismo Archiduque. Por consecuencia de las alternativas de esta sangrienta guerra, en que las armas de Felipe, victoriosas unas veces, eran vencidas otras, fue invadido Madrid <i>por primera vez<\/i> por tropas extranjeras, entrando en 1706 las inglesas y portuguesas, mandadas por Galloway y el Marqu\u00e9s Das Minas; y habi\u00e9ndose la Reina y la corte retirado a Burgos, los ingleses y portugueses proclamaron en Madrid al Archiduque. Pero muy luego, atacados con intrepidez por los mismos madrile\u00f1os, vi\u00e9ronse obligados a retirarse y entregar el Alc\u00e1zar: a pocos d\u00edas volvi\u00f3 a entrar Felipe, que fue recibido con el mayor entusiasmo; y dejando por regente a la Reina, march\u00f3 a tomar el mando del ej\u00e9rcito. Las batallas de Almenara y Zaragoza; perdidas por \u00e9ste, pusieron a los aliados en disposici\u00f3n de internarse de nuevo en Castilla en 1710; Felipe sali\u00f3 con la corte a Valladolid, y fueron seguidos de m\u00e1s de treinta mil moradores de Madrid, despu\u00e9s de lo cual volvi\u00f3 a entrar el Archiduque: pero la repugnancia del pueblo madrile\u00f1o hacia su persona era tal, que no viendo Carlos gente en las calles ni en los balcones, al llegar a la Plaza Mayor y portales de Guadalajara, se volvi\u00f3 por la calle Mayor y de Alcal\u00e1, diciendo que <i>Madrid era un pueblo desierto<\/i>; y apenas \u00e9l y su ej\u00e9rcito hab\u00edan dejado estas cercan\u00edas, oyeron el ruido de las campanas, fuegos y regocijos con que celebraba la villa la nueva proclamaci\u00f3n de Felipe V, que volvi\u00f3 a entrar en 13 de Diciembre del mismo a\u00f1o, en medio del entusiasmo universal. Poco despu\u00e9s las batallas de Brihuega y Villaviciosa aseguraron en la cabeza de Felipe la corona de Espa\u00f1a.\r\n\r\nUn siglo nuevo, y con \u00e9l una nueva era de progreso y cultura se inauguraba, en fin, para la naci\u00f3n con el cambio de dinast\u00eda, completamente distinta en origen e inclinaciones de la que acababa de regirla. Durante el \u00faltimo periodo de \u00e9sta hab\u00eda pasado el pa\u00eds por el angustioso de una larga minor\u00eda, por el desdichado gobierno de un monarca enfermizo y pusil\u00e1nime, \u00faltimo v\u00e1stago masculino y directo de la gran estirpe de Carlos\u00a0V; una larga y complicada guerra civil y europea, durante catorce a\u00f1os, hab\u00eda despu\u00e9s yermado nuestras ciudades, asolado nuestros campos, y apartado de las artes, de las ciencias y las letras a una generaci\u00f3n qu\u00e9 s\u00f3lo parec\u00eda llamada a pelear. Por fortuna, y a pesar de tantos desastres, y a vueltas de las considerables p\u00e9rdidas materiales de territorio, que fueron consecuencia de aquella lucha encarnizada, de aquel cambio de dinast\u00eda, quedaron todav\u00eda unidas al imperio espa\u00f1ol preciosas y dilatadas regiones en uno y otro hemisferio, que bien regidas, como toda la monarqu\u00eda, por la vigorosa mano de Felipe de Borb\u00f3n (<i>el Animoso<\/i>) en el largo per\u00edodo de aquel primer medio siglo, pudieron caminar a un alto grado de esplendor y de prosperidad, pudieron devolver al cetro espa\u00f1ol una parte del brillo y poder\u00edo que ostentara en las manos del segundo de los Felipes.\r\n\r\nA la sombra de la paz, y correspondiendo a los generosos instintos e ilustradas miras de un buen monarca, las artes, las ciencias y las letras, que casi hab\u00edan desaparecido en el \u00faltimo tercio del siglo anterior, bajo el cetro de <i>El Hechizado<\/i>, tornaron a aparecer en nuestro suelo; y si bien hab\u00edan perdido su original y espont\u00e1nea lozan\u00eda, ven\u00edan ahora engalanadas con el cl\u00e1sico colorido de la corte del gran rey que desde las orillas del Sena dictaba el movimiento pol\u00edtico e intelectual de Europa y daba nombre a su siglo. El nieto de Luis\u00a0XIV, colocado en el trono espa\u00f1ol por las simpat\u00edas y el ardimiento de sus pueblos; nacido y criado en la ilustrada corte de Versalles, dotado de gran energ\u00eda y varonil esfuerzo, de talento y probidad, y dominado, en fin, por el sentimiento de gratitud y amor hacia un pueblo que tan leal se le hab\u00eda mostrado, no pudo menos de corresponder con toda su solicitud soberana a las leg\u00edtimas esperanzas fundadas a su advenimiento al trono espa\u00f1ol; y efectivamente, no s\u00f3lo supo conquistar hasta el \u00faltimo coraz\u00f3n de los que ofuscados le negaron en un principio la obediencia; no s\u00f3lo termin\u00f3 personalmente una guerra tan delicada y desastrosa, haciendo reconocer su corona por todas las potencias de Europa, sino que acert\u00f3 a curar las profundas llagas abiertas por las pasadas calamidades; estableci\u00f3 un buen sistema administrativo y econ\u00f3mico; procur\u00f3 aliviar las cargas p\u00fablicas; cre\u00f3 y sostuvo un brillante ej\u00e9rcito y una respetable marina, y protector especial Je las ciencias y de las artes, fund\u00f3 academias encargadas de restaurarlas, y atrajo a su corte c\u00e9lebres artistas, que volviesen al buen gusto \u00e9l imperio, que Labia perdido a impulsos de la ignorancia y la osad\u00eda.\r\n\r\nLa construcci\u00f3n de m\u00e1s importancia en Madrid, durante bu reinado, fue la del suntuoso <i>Palacio Real<\/i>, levantado de nueva planta por su orden, a consecuencia de haberse incendiado en la Noche Buena de 1734 el antiguo Alc\u00e1zar de Madrid. Sabido es que este ilustre monarca, deseoso de edificar para los reyes de Espa\u00f1a una morada digna de su grandeza, y considerando el lamentable estado a que hab\u00eda llegado el arte en nuestro pa\u00eds por aquella \u00e9poca, llam\u00f3 para encargarse de esta important\u00edsima obra al abate Jubara, c\u00e9lebre arquitecto de Tur\u00edn, el cual proyect\u00f3 un modelo de palacio gigantesco y magn\u00edfico, que, reducido despu\u00e9s a menores proporciones, fue llevado a efecto bajo la direcci\u00f3n de D.\u00a0Juan Bautista Saqueti, su disc\u00edpulo, y es el que hoy existe. La grandeza de la capital y el buen gusto del arte recibieron, sin duda alguna, un notable refuerzo con esta bella obra; mas, por desgracia, el empe\u00f1o de Felipe de hacerla levantar en el mismo sitio que ocupaba el antiguo Alc\u00e1zar, malogr\u00f3 el pensamiento de Jubara, que era el de colocarla a la parte Norte de Madrid, hacia la puerta de San Bernardino, y transformar la monta\u00f1a del Pr\u00edncipe P\u00edo en magn\u00edficos jardines reales. Esto, sin duda alguna, hubiera llamado la poblaci\u00f3n hacia aquella parte, permiti\u00e9ndola extenderse luego por todos los terrenos que median entre dicho portillo y la Fuente Castellana, y regularmente, de este modo, Ja apremiante necesidad hubiera adelantado m\u00e1s de un siglo la tra\u00edda de las aguas suficientes a aquellos contornos, y la ampliaci\u00f3n consiguiente de Madrid.\r\n\r\nPero, en fin, ya que as\u00ed no se hizo, y ya que el distinguido Saqueti, siguiendo las \u00f3rdenes del Rey, coloc\u00f3 su bello palacio en el punto elevado y pintoresco que ocupa, habr\u00eda sido de desear que el mismo Monarca, o sus sucesores, que continuaron aquel edificio (el cual no estuvo habitable hasta 1764, reinando ya Carlos\u00a0III), hubiesen adoptado o procurado llevar a cabo el plan magn\u00edfico de obras contiguas a \u00e9l, que present\u00f3 el mismo Saqueti, y que original se conserva en el archivo de la Real casa<a href=\"http:\/\/www.publiconsulting.com\/wordpress\/madridantiguo\/back-matter\/notas\/#nt31\" id=\"rf31\"><sup>[31]<\/sup><\/a>. Consist\u00edan \u00e9stas en prolongar ambas alas de la fachada del Mediod\u00eda con dos pabellones (de los cuales hay uno concluido), continuando luego con terrazas sobre galer\u00edas de arcos, y en llegando al edificio de la Armer\u00eda, suponiendo que desapareciera \u00e9ste, cerrar la plaza con una gran verja; la galer\u00eda de la izquierda contendr\u00eda el cuartel para la guardia, y la de la derecha, abierta con vistas al campo, se hab\u00eda de continuar luego hasta la misma altura, con dobles arcadas, atravesando por medio de un extenso puente la cuesta de la Vega y la calle de Segovia hasta las Vistillas de San Francisco, con lo cual, no s\u00f3lo se establec\u00eda la necesaria comunicaci\u00f3n entre ambos extremos de Madrid, sino que se daba a \u00e9ste un ingreso y vista asombrosos. Detr\u00e1s de esta galer\u00eda magn\u00edfica, y hacia donde ahora est\u00e1 la plazuela de Santa Mar\u00eda, descollaba, seg\u00fan el plan de Saqueti, la elevada c\u00fapula de una hermosa iglesia catedral, un teatro, biblioteca Real, casas de oficios y otras bellas construcciones en todo lo que es hoy plaza de Oriente, con que quer\u00eda dotar Saqueti las inmediaciones de la Real morada, y que formando un magn\u00edfico conjunto con el palacio, enaltec\u00eda en extremo aquellos sitios y daba a la capital del Reino un aspecto sorprendente.\r\n\r\nAl mismo tiempo que la obra colosal del Real Palacio, se emprendieron y llevaron a cabo por Felipe las importantes del puente de Toledo, el Seminario de Nobles, el teatro de los Ca\u00f1os del Peral, los nuevos del Pr\u00edncipe y el de la Cruz, la iglesia de San Cayetano, la de Santo Tom\u00e1s, el Hospicio, la F\u00e1brica de Tapices y otros varios edificios de consideraci\u00f3n; si bien en todos ellos, as\u00ed como en las fuentes p\u00fablicas de la Puerta del Sol, Ant\u00f3n Mart\u00edn, Red de San Luis y otras, se ech\u00f3 de ver el extravagante gusto peculiar de sus directores los Churrigueras, Riveras y otros a este tenor, que aun duraban de la desdichada \u00e9poca anterior.\r\n\r\nLa fundaci\u00f3n de las Reales Academias Espa\u00f1ola y de la Historia, la de la Biblioteca Real, el Gabinete de Historia Natural y otros establecimientos cient\u00edficos y literarios, la del Monte de Piedad, hospicios, hospitales y otros institutos de beneficencia, todas estas ventajas debi\u00f3 la corte espa\u00f1ola al feliz reinado del primer Borb\u00f3n; y al terminar, en fin, su larga y gloriosa carrera en 1740, pudo legar a su hijo y sucesor Fernando\u00a0VI un reino tranquilo y obediente, un tesoro desahogado, un pueblo pac\u00edfico y animado por las ideas m\u00e1s nobles de patriotismo y honradez.\r\n<p class=\"subtit\">FERNANDO VI<\/p>\r\nDurante el corto, pero tranquilo reinado del piadoso Fernando, germinaron estas ideas; la paz y la abundancia hicieron sentir sus beneficios; los pueblos, desahogados de graves atenciones, pudieron atender a sus necesidades y mejoras. A la ilustrada y en\u00e9rgica voz del ministro Marqu\u00e9s de la Ensenada, se alz\u00f3 en nuestros puertos una nueva y poderosa armada; abri\u00e9ronse muchas y f\u00e1ciles comunicaciones, entre las cuales es muy se\u00f1alada la magn\u00edfica entre ambas Castillas por el puerto de Guadarrama, vecino a Madrid; fund\u00e1ronse algunos establecimientos importantes, tales como el P\u00f3sito, los hospitales generales y Escuelas P\u00edas. Cre\u00f3se la Academia de Nobles Artes de San Fernando, y se levantaron algunos edificios notables, entre los que sobresale por su grandiosidad el suntuoso monasterio de las Salesas Reales. Protegida decididamente la ilustraci\u00f3n, combatidos, hasta donde la \u00e9poca lo permit\u00eda, los errores, se prepararon, en fin, los medios y la opini\u00f3n a la nueva era de cultura y de prosperidad que hab\u00eda de llegar a tan grande altura bajo el reinado siguiente.\r\n\r\nTodas estas ventajas trascendentales al reino entero se reflejaban naturalmente, en ambos reinados de Felipe y de Fernando, en la corte y capital de la monarqu\u00eda espa\u00f1ola; pero como el error hab\u00eda echado tan hondas ra\u00edces, nada hay que extra\u00f1ar que tardaran muchos a\u00f1os en alcanzar \u00e9xito feliz los sacrificios hechos para combatirle. Fijando, pues, por ahora nuestras miradas en esta \u00faltima \u00e9poca, trataremos, seg\u00fan nuestro prop\u00f3sito, de examinar la fisonom\u00eda o aspecto material de Madrid antes de la ilustrada administraci\u00f3n del inmortal Carlos\u00a0III.\r\n\r\nNuestros lectores han visto en los p\u00e1rrafos anteriores cu\u00e1l era \u00e9ste durante el reinado de Felipe\u00a0IV, cuando ya llevaba una centuria con el car\u00e1cter de corte; ahora nos cumple trazar el que presentaba desde 1746 a 1759, que ocup\u00f3 el Trono espa\u00f1ol Fernando VI. Para la posible exactitud de aquel cuadro, tuvimos a la vista el gran <i>Plano topogr\u00e1fico de 1656<\/i>, en que se halla retratada minuciosamente esta capital. Hoy, para ofrecer a nuestros lectores una pintura semejante (aunque a un siglo de distancia de aquella \u00e9poca, y otro de la actual), podemos disponer de otro documento aun m\u00e1s expl\u00edcito y acabado, que debe Madrid al ilustrado gobierno de Fernando el VI, aunque no fue terminado en sus d\u00edas.\r\n\r\nTit\u00falase <i>Planimetr\u00eda general de la villa de Madrid, y visita de sus casas, asientos y raz\u00f3n de sus due\u00f1os, sus sitios y rentas, formada de orden de S.\u00a0M. por la Regal\u00eda del Real Aposento de Corte, a virtud de Real c\u00e9dula, fecha en San Lorenzo a 22 de Octubre de 1749, refrendada por D. Cenon Somodevilla, Marqu\u00e9s de la Ensenada<\/i>. Este magn\u00edfico trabajo, en que tomaron parte como arquitectos de la Real Hacienda y de la villa D. Jos\u00e9 Arredondo, D. Ventura Padierna, D. Nicol\u00e1s Churriguera, D. Fernando Moradillo y D. Francisco P\u00e9rez Cobo, est\u00e1 autorizado por D. Manuel Miranda y Testa, visitador del Real aposento, y D. Miguel Fern\u00e1ndez, teniente Director de la Academia de San Fernando y arquitecto de Palacio, y no qued\u00f3 terminado hasta 1767. Verific\u00f3se por ella la <i>numeraci\u00f3n de las casas de Madrid<\/i> (de que hasta entonces carecieron), dando un resultado de 7.049 casas, contenidas en 557 manzanas o grupos de ellas; midi\u00f3se exactamente el per\u00edmetro de cada casa, se\u00f1alando su figura topogr\u00e1fica en la proporci\u00f3n de la escala <sup>1<\/sup>\/<sub>300<\/sub> y hasta indicando en los planos, por medio de diversos colores, el estado de la conservaci\u00f3n de cada edificio en aquella \u00e9poca; y aparte de los planos, se consign\u00f3 en un <i>Registro general<\/i> el resultado de estas mediciones, el valor de cada casa en renta, el origen y trasmisiones de su propiedad, y la cuota de su gravamen por raz\u00f3n de <i>Aposento<\/i>, cuyas preciosas noticias se han continuado hasta el d\u00eda en los expedientes respectivos, seguidos en la administraci\u00f3n de aquel ramo, seg\u00fan la obligaci\u00f3n impuesta a cada nuevo poseedor de pasar por aquel registro la adquisici\u00f3n de su propiedad.\r\n\r\nTan precioso trabajo (que probablemente ser\u00e1 \u00fanico de su clase en Espa\u00f1a) consta de <i>doce vol\u00famenes en marca imperial<\/i>; los seis primeros comprenden los <i>Planos<\/i>, y los otros seis el <i>Registro<\/i> y explicaci\u00f3n. De esta excelente obra, hecha modesta, aunque concienzudamente y sin grandes pretensiones, se mandaron sacar por el Gobierno, y existen, <i>tres copias<\/i>: una para ser colocada en el <i>Archivo de Simancas<\/i>, otra para la <i>Biblioteca Real<\/i>, y otra para la de la <i>Academia de Nobles Artes de San Fernando<\/i>. En cuanto a la villa de Madrid, a quien principalmente interesaba el conocimiento de su topograf\u00eda y riqueza, no tom\u00f3, al parecer, parte en \u00e9l, y ni aun se ocurri\u00f3 a su Ayuntamiento el natural deseo y solicitud de obtener para su archivo otra copia o ejemplar de aquella preciosa obra<a href=\"http:\/\/www.publiconsulting.com\/wordpress\/madridantiguo\/back-matter\/notas\/#nt32\" id=\"rf32\"><sup>[32]<\/sup><\/a>.\r\n\r\nDe este mismo tiempo existe tambi\u00e9n el primer plano <i>manual<\/i> de Madrid, por D.\u00a0Tom\u00e1s L\u00f3pez, y el que public\u00f3 el c\u00e9lebre arquitecto D. Ventura Rodr\u00edguez en 1760, con lo cual, y los escritos de aquella \u00e9poca, podemos formar una idea exacta del estado topogr\u00e1fico de la villa. En cuanto a su administraci\u00f3n y polic\u00eda interior, existen varios libros impresos, que nos ofrecen datos preciosos para formar un juicio muy aproximado<a href=\"http:\/\/www.publiconsulting.com\/wordpress\/madridantiguo\/back-matter\/notas\/#nt33\" id=\"rf33\"><sup>[33]<\/sup><\/a>. Sobre todo poseemos un apreciable libro MS. de la \u00e9poca, con el t\u00edtulo de <i>Discurso sobre la importancia y las ventajas que junde producir la creaci\u00f3n del gobierno pol\u00edtico y militar de Madrid nuevamente creado<\/i><a href=\"http:\/\/www.publiconsulting.com\/wordpress\/madridantiguo\/back-matter\/notas\/#nt34\" id=\"rf34\"><sup>[34]<\/sup><\/a>, el cual lleva la fecha de 26 de Noviembre de 1746, forma un tomo en 4.\u00ba bastante abultado, y parece dispuesto para la imprenta. Con todos estos datos y documentos a la vista, vamos a trazar el cuadro topogr\u00e1fico y civil de Madrid a mediados del siglo <small>XVIII<\/small>, como ya lo hicimos en el mismo per\u00edodo del anterior.\r\n\r\nEn primer lugar, vemos que los l\u00edmites de la villa no hab\u00edan tenido sustancial alteraci\u00f3n desde que por la Real c\u00e9dula de Felipe\u00a0IV, expedida en 1625 (de la cual hicimos menci\u00f3n en las p\u00e1ginas anteriores), se mand\u00f3 al Ayuntamiento proceder a la construcci\u00f3n de la nueva cerca o tapias, eme son las que aun permanecen en gran parte. De modo que la villa de Madrid no ha crecido en extensi\u00f3n en dos siglos y medio, si bien ha aumentado considerablemente en caser\u00edo, construyendo en los sitios que entonces estaban solares u ocupados por casas bajas y mezquinas, otros edificios m\u00e1s considerables y con cuatro o cinco pisos de elevaci\u00f3n; raz\u00f3n por la cual, sin aumentar su per\u00edmetro, ha podido triplicarse su vecindario, y subir de tal modo su riqueza inmueble, que calculados los productos en 1765 (en que se dan a Madrid 7.250 casas), en unos <i>diez y ocho millones de reales<\/i>, pasan hoy de <i>ochenta<\/i> los que se regulan para las contribuciones.\r\n\r\nEntre las varias causas que, sin duda alguna, contribuyeron a no dejar crecer en extensi\u00f3n a nuestra villa, ya dijimos que puede colocarse la inoportuna medida de su cerca, limitaci\u00f3n <i>oficial<\/i> que posteriormente se fue autorizando m\u00e1s, con la construcci\u00f3n de suntuosas puertas de entrada y la carencia de arrabales extramuros, y redujo a los centros de la poblaci\u00f3n la vitalidad y el movimiento. Los solares (ya mezquinos desde un principio) se subdividieron aun m\u00e1s y m\u00e1s, y crecieron en valor, tan desproporcionado respecto a los distantes de aquel centro, que, seg\u00fan la tarifa inserta en las <i>Ordenanzas de Madrid<\/i>, de D.\u00a0Teodoro Ardemans, vemos, por ejemplo, que d\u00e1ndose precio de 88 reales por cada pie superficial en las inmediaciones de la Plaza Mayor, se calculaba a 12 reales en la Puerta del Sol<a href=\"http:\/\/www.publiconsulting.com\/wordpress\/madridantiguo\/back-matter\/notas\/#nt35\" id=\"rf35\"><sup>[35]<\/sup><\/a>, a 4 reales en la calle de Alcal\u00e1, frente al Carmen Descalzo, a 6 reales en el medio de la calle de Fuencarral, a 5 reales en la calle de Atocha, hacia los Desamparados, a 4 reales en la Ancha de San Bernardo, y a <i>real<\/i> y a <i>medio real<\/i> en las inmediaciones a las puertas de Alcal\u00e1, Atocha, Segovia, Toledo, etc.\r\n\r\nLa misma <i>Regal\u00eda de Aposento<\/i> (que, por otro lado, hizo a Madrid el importante servicio ya indicado de realizar su planimetr\u00eda y numeraci\u00f3n) contribuy\u00f3 tambi\u00e9n, como queda tambi\u00e9n dicho anteriormente, a impedir el desarrollo de la construcci\u00f3n de buen caser\u00edo. Esta enojosa gabela, que pesaba sobre los pisos principales, y que se divid\u00eda en <i>casas sujetas a hu\u00e9sped<\/i>, casas <i>reducidas a dinero<\/i>, y otras <i>compuestas<\/i> con piezas se\u00f1aladas para el aposento, y cuyo producto total ascend\u00eda a 150.000 ducados anuales, que se distribu\u00edan entre la Real servidumbre, los ministros, embajadores, consejeros y otros funcionarios de corte, por consideraci\u00f3n de casa o aposento, hizo que el inter\u00e9s, bien o mal calculado, de los due\u00f1os de solares los dividiese en peque\u00f1os trozos de a mil, de quinientos, de trescientos pies, y en ellos, por sustraerse a aquella contribuci\u00f3n, constru\u00edan casas bajas o de <i>malicia<\/i>, como se las apellid\u00f3 por no tener piso principal, y de \u00e9stas se compon\u00edan, hasta fines del siglo pasado, las dos terceras partes del caser\u00edo de Madrid<a href=\"http:\/\/www.publiconsulting.com\/wordpress\/madridantiguo\/back-matter\/notas\/#nt36\" id=\"rf36\"><sup>[36]<\/sup><\/a>.\r\n\r\nLa construcci\u00f3n de este caser\u00edo sigui\u00f3 el deplorable rumbo que en los anteriores hab\u00eda tomado desde un principio, y gracias por un lado a las poderosas causas anteriormente indicadas y al s\u00f3rdido ego\u00edsmo de los due\u00f1os, y merced tambi\u00e9n a la ignorancia o mal gusto de los arquitectos, las calles de Madrid continuaron presentando el agrupamiento m\u00e1s discordante de casas altas y bajas, extensas y diminutas, y rid\u00edculas fachadas del peor gusto posible. Nada de desmontes o rellenos oportunos para disimular los desniveles de las calles; nada de alineaci\u00f3n ni de proporciones en la altura de las casas; nada de ensanche de la v\u00eda p\u00fablica, ni de disminuci\u00f3n o remedio de sus tortuosidades, ni de conveniente formaci\u00f3n de anchas plazas y avenidas de elegante perspectiva; nada, en fin, de ornato exterior ni de comodidad interior para el vecindario.\r\n\r\nSi de la inspecci\u00f3n material pasamos ahora a la de su administraci\u00f3n y polic\u00eda, aun habremos de reconocer que, sean cualesquiera los errores de la actual generaci\u00f3n, sabe mejor que las anteriores procurar aquellas comodidades y halagos que embellecen alg\u00fan tanto la existencia del hombre en sociedad, y a que tiene derecho, a cambio de las penalidades a que la civilizaci\u00f3n por otra parte le sujeta.\r\n\r\nTodav\u00eda hemos alcanzado a comprender en algunas de nuestras ciudades y villas, especialmente de Castilla la Vieja, Extremadura y Galicia, el espect\u00e1culo que podr\u00eda ofrecer un pueblo en los tiempos primitivos, o por lo menos de la Edad Media, abandonado absolutamente al instinto individual de sus moradores, desnudo absolutamente de todas las condiciones de comodidad y aseo, y desprovisto, en fin, de todo cuidado y auxilio de parte de la p\u00fablica administraci\u00f3n; a no ser as\u00ed, no podr\u00edamos formar una idea, siquiera aproximada, del aspecto miserable de la villa <i>imperial y coronada de Madrid<\/i>, no s\u00f3lo al tiempo del establecimiento de la corte en ella, a mediados del siglo\u00a0<small>XVI<\/small>, sino dos centurias despu\u00e9s, a la mitad del siglo <small>XVIII<\/small>, a que ahora alcanza nuestra revista retrospectiva.\r\n\r\nAquellas calles estrechas, tortuosas y costaneras apenas pod\u00edan decirse empedradas, si hemos de atender a los t\u00e9rminos en que hablan de ello los escritos de la \u00e9poca, y especialmente las ordenanzas e instrucciones de 1745 al 47, y hasta el reinado de Carlos\u00a0III, que adopt\u00f3 y llev\u00f3 a cabo en 1761 el proyecto del ingeniero Sabatini para el empedrado y limpieza de Madrid, que mal o bien lleg\u00f3 a establecerse en los t\u00e9rminos, bien mezquinos por cierto, en que aun le hemos conocido a principios del siglo actual. La numeraci\u00f3n de las casas tampoco se verific\u00f3 hasta 1751, pero entonces lo fue por el mal sistema de dar vuelta a la manzana, que ha durado hasta nuestros d\u00edas, y ocasionaba tan considerable embrollo por la coincidencia muy frecuente de los mismos n\u00fameros en una calle. No exist\u00edan apenas sumideros ni alcantarillas subterr\u00e1neas para la necesaria limpieza; las inmundicias que arrojaban de las casas por las ventanas y las basuras amontonadas en las calles convert\u00edan a \u00e9stas en un sucio alba\u00f1al. No hab\u00eda m\u00e1s alumbrado que el de algunas luces que se encend\u00edan a las im\u00e1genes que sol\u00eda haber en las esquinas, o tal cual farolillo que se colgaba de los cuartos principales de las pocas casas que los ten\u00edan y cumpl\u00edan con los bandos que lo mandaban. Las fuentes p\u00fablicas, pocas y escasas; los mercados, reducidos a los miserables tinglados y cajones de la Plaza Mayor, de la Cebada, de Ant\u00f3n Mart\u00edn, Red de San Luis, y algunos puestos y tiendas ambulantes en las esquinas, apellidados <i>bodegones de puntapi\u00e9<\/i>, desprovistos todos hasta de lo m\u00e1s preciso, y sujeto el vecindario a los abastos y tasas y a acudir a los sitios privilegiados donde se despachaba el pan, la carne y los dem\u00e1s alimentos en limitadas proporciones y a los precios del abasto. Por consecuencia de todo aquel desorden y abandono, las calles, inundadas de mendigos de d\u00eda, de rateros por la noche, sin verse el transe\u00fante protegido por los <i>vigilantes<\/i> o <i>serenos<\/i> (que no se crearon hasta el reinado de Carlos III) ni ninguna otra precauci\u00f3n de parte de la autoridad. Todo aquel que, por necesidad o por recurso, hab\u00eda de echarse a las calles despu\u00e9s de cerrada la noche, ten\u00eda que hacerlo bien armado y dispuesto ademas con el auxilio de alguna linterna; y las se\u00f1oras que iban en sillas de manos a las tertulias, deb\u00edan hacerlo precedidas de lacayos con hachas de viento, para apagar las cuales sol\u00eda haber, en las puertas y escaleras de los grandes se\u00f1ores, ca\u00f1ones o tubos de f\u00e1brica en forma de apagador, de que aun quedaba una muestra en la casa del se\u00f1or Marqu\u00e9s de Santiago, hoy Casino, en la Carrera de San Jer\u00f3nimo.\r\n\r\nMas para completar el cuadro del estado lamentable de la polic\u00eda urbana de Madrid en aquella \u00e9poca, dejemos hablar al an\u00f3nimo autor del manuscrito oficial ya citado, el cual, con fecha 19 de Noviembre de 1746 (el mismo a\u00f1o en que entr\u00f3 a reinar Fernando\u00a0VI), la rese\u00f1aba magistralmente en su extenso informe al nuevo Gobernador, en estos p\u00e1rrafos, que tomamos al acaso:\r\n<p class=\"cit\">\u00abDicen los que han viajado por las cortes extranjeras, que en algunas nunca hay noche, porque jamas oscurece, tanto es el cuidado de suplir con luz artificial la falta de la del sol. El pensamiento es muy racional y muy cristiano, porque la noche es capa de facinerosos\u2026 Esta providencia, que en todas las cortes es muy justa, en la nuestra es sumamente necesaria, porque en \u00e9sta, m\u00e1s que en otra alguna, son frecuentes los robos y los insultos, y la lobreguez ayuda para ellos; tambi\u00e9n favorece a la lascivia, y nuestra corte est\u00e1 en este vicio lastimosa. En atenci\u00f3n a esto, se tomaron, algunos a\u00f1os h\u00e1, distintas disposiciones; mas todas fueron in\u00fatiles; se echaron bandos, mas siempre sin efecto, porque se burl\u00f3 de las disposiciones la inobediencia, o fue un remedio insuficiente. <i>Mandose poner faroles en los balcones de los cuartos principales<\/i>, y solia haber tanto claro entre uno y otro farol, que en poco se remediaba la oscuridad<a href=\"http:\/\/www.publiconsulting.com\/wordpress\/madridantiguo\/back-matter\/notas\/#nt37\" id=\"rf37\"><sup>[37]<\/sup><\/a>. Los pobres que no puedan costear esta luz est\u00e1n, por su pobreza, exentos de la ley, y sea por esto o por aquello, o que se procedi\u00f3 con descuido, no ten\u00eda Madrid m\u00e1s luz que la del dia, y por la noche apenas se distingu\u00eda de una aldea. Para ocurrir a una fealdad tan perniciosa a las costumbres y seguridad p\u00fablica, pudiera imitarse la pr\u00e1ctica de Par\u00eds, donde cuelgan los faroles en distancias proporcionadas, y queda la villa, no solamente lucida, sino segura. Esto puede verificarse por asiento\u00bb, etc.<\/p>\r\n\u00abLa limpieza de la corte se ha hallado hasta aqu\u00ed como imposible, porque aunque se han presentado varios provectos para su logro, no han tenido efecto alguno, y por esto no solamente <i>es Madrid la corte m\u00e1s sucia que se conoce en Europa<\/i>, sino la villan\u00edas desatendida en este punto de cuantas tiene el Rey en sus dominios, y es hasta verg\u00fcenza que, por descuido nuestro, habite el Soberano el pueblo menos limpio de los suyos\u00bb. (Aqu\u00ed se extiende el autor en consideraciones sobre las malas consecuencias de tal desaseo para la salubridad p\u00fablica, y otros perjuicios, entre los cuales enumera el que el aire inficionado toma y ti\u00f1e la plata de las vajillas, los galones y los bordados de los trajes, diciendo con mucha candidez): \u00abUn vestido de tis\u00fa, que en otro pueblo pasar\u00e1 siempre de padres a hijos, en Madrid debe arrimarse antes del a\u00f1o, y hacerse otro, porque con la mayor brevedad deja de ser tis\u00fa, y es un tiz\u00f3n\u00bb.\r\n\r\n\u00abHace sucio a Madrid <i>lo que se vierte por las ventanas<\/i> (contin\u00faa nuestro discreto y an\u00f3nimo escritor de 1746, y d\u00edcese que es muy dif\u00edcil remediarlo; pero no confundamos lo dif\u00edcil con lo imposible, y tengamos presente que si se quisiese de veras, se puede remediar; la prueba evidente es que en otros pueblos no hay esta suciedad. Sin embargo, haci\u00e9ndome cargo de lo arduo de esta empresa, dir\u00e9 que, aunque ninguno hay que no desee la limpieza de Madrid y vitupero su piso y empedrado, estos mismos, si se los incomoda con el gasto o con la obra, ser\u00e1n los mayores impugnadores de su remedio. Muchas cosas, sin embargo, se pierden, no porque no las podamos alcanzar, sino porque no las osamos emprender, y todo lo puede vencer el esp\u00edritu y la perseverancia de un ministro sostenido por la voluntad de su Rey, y a la verdad el que consiguiese el fin ser\u00eda digno de inmortal alabanza, porque ser\u00eda hacer corte a Madrid Comprendiendo esta importancia, Sevilla, Toledo, Valencia y otras ciudades han tomado tales providencias, <i>que s\u00f3lo por noticias de Madrid conocen la inmundicia<\/i>; pues \u00bfpor qu\u00e9 no imitaremos su buen gusto, teniendo tan cerca de nosotros mismos el ejemplo?\u00bb. (El autor se extiende luego en tratar de este ramo de polic\u00eda de las ciudades, recordando y describiendo las cloacas m\u00e1ximas de Roma, los comunes p\u00fablicos y sumideros de Sevilla, las alcantarillas de Toledo, y las grandes obras subterr\u00e1neas de Valencia, y propone, en su vista, los remedios convenientes para imitar respectivamente en los diversos sitios de Madrid obras an\u00e1logas, con lo que pod\u00eda prohibirse en adelante verter a las calles, y s\u00ed s\u00f3lo por los comunes y pozos de las casas, poni\u00e9ndose en comunicaci\u00f3n con aqu\u00e9llas, concluyendo sus juiciosas observaciones con estas palabras): \u00abBien conozco que para todo esto es menester mucho; pero lo que no se emprende no se logra, lo que no se empieza no se acaba\u00bb.\r\n\r\nTrata despu\u00e9s de los caminos del t\u00e9rmino y de los paseos extramuros de Madrid, y de todas sus indicaciones se deduce la carencia absoluta de ellos, y que el acceso a la capital del Reino por todos lados era obra verdaderamente de \u00e1nimos heroicos. Las escarpadas cuestas sobre que asienta el Real Palacio, la de la Vega, la de las Vistillas y del puente de Toledo, estaban, a lo que se infiere del dicho del autor, poco menos que inaccesibles a seres humanos; no exist\u00edan ningunas de las c\u00f3modas bajadas, caminos y paseos que hoy las facilitan y trasforman; tampoco las que dan vuelta a Madrid por toda la Ronda estallan desmontadas, y a la salida de la puerta de Atocha no hab\u00eda tampoco el paseo llamado de las Delicias, y s\u00f3lo s\u00ed el asqueroso arroyo o manantial que ven\u00eda descubierto por todo el Prado viejo desde la Fuente Castellana; qu\u00e9jase adem\u00e1s el autor de que a dicha salida de Atocha, hacia los hospitales, se arrojaban o depositaban los escombros de las obras, formando tales alturas, que estrechaban y reduc\u00edan a un callej\u00f3n el camino real. Tampoco exist\u00eda el Canal de Manzanares, ni hab\u00eda sobre el r\u00edo mas que los dos puentes de Segovia y de Toledo. Desde el Retiro a la Monta\u00f1a del Pr\u00edncipe P\u00edo no hab\u00eda tampoco paseo alguno, ni m\u00e1s camino que el de Alcal\u00e1 y el de Francia. Tampoco se hab\u00eda abierto a\u00fan la bajada al rio por la cuesta de Areneros, ni los paseos de la Florida, Nuestra Se\u00f1ora del Puerto y bajada de San Vicente. Por todo recreo y desahogo quedaba a los tristes habitantes de Madrid el paseo del <i>Prado viejo<\/i>, en los t\u00e9rminos en que a su tiempo le describiremos, y los jardines del Buen Retiro, aunque \u00e9stos, m\u00e1s que paseos p\u00fablicos, ten\u00edan entonces el car\u00e1cter de parques y dependencias del Real Sitio, en que casi constantemente residi\u00f3 durante su reinado Fernando\u00a0VI.\r\n\r\nSiguiendo luego nuestro autor su apreciable revista, trata del empedrado, diciendo: \u00abTambi\u00e9n el empedrado de la corte est\u00e1 tenido por una de las grandes dificultades; pocas o ninguna habr\u00e1 que tengan para ello situado tan crecido, y sin que nada le baste, <i>est\u00e1 una mitad mal empedrada, y la otra sin empedrar<\/i>. P\u00f3nense las puntas hacia arriba, porque suponen que se quebrantar\u00edan las piedras si las pusieran en otra forma; pero siendo esta forma tan ofensiva a los carros de las bestias, vienen a causar su estrago. Aun todo se pudiera tolerar si no padeciese tambi\u00e9n la gente de a pi\u00e9; pero se lamentan a todas horas de tener los pies mortificados, por caminar por suelos puntiagudos, de que se originan molestias que, si no matan, atormentan. Lo peor es que ni aun a este coste se logra el intento, porque siempre tiene el suelo muchos claros. De todo esto tiene la culpa la mala piedra que se gasta, y el abuso que he observado algunas veces de componer las calles con las piedras que se encuentran, sin traer otra alguna, supliendo con tierra la falta de ellas; pero si en esto se imitase la moda de Par\u00eds, nos fuera m\u00e1s \u00fatil y c\u00f3modo que imitarla en la moda del vestido. Usanse all\u00ed, y en algunas calzadas, caminos de Francia, una piedra de figura cuadrada, del tama\u00f1o de un pi\u00e9, y las colocan tan perfectamente unidas, que parecen s\u00f3lo una, pero con una aspereza tan a prop\u00f3sito en su superficie, que siendo muy suave para la gente de a pi\u00e9, es bastante detenci\u00f3n para que los caballos no puedan resbalar. No sucede con aquellas piedras lo que con las que usamos en Espa\u00f1a. Con \u00e9stas se ve que en quit\u00e1ndose una de su lugar se lleva otras muchas tras s\u00ed, por falta de trabaz\u00f3n; con aqu\u00e9llas sucede que, en quebrant\u00e1ndose una, se pone otra, sin que padezcan las compa\u00f1eras; y tiene otra utilidad m\u00e1s este modo de empedrado, y es que gastada una piedra por un lado, se pone por el otro, y vuelve a servir de nuevo, de forma que en la conveniencia y en la duraci\u00f3n lleva muchas ventajas al nuestro este modo de empedrar. Si esto pareciese de excesivo coste para Madrid, h\u00e1ganse a lo menos los empedrados por cajones, con piedras m\u00e1s grandes que las que hoy se usan, las puntas hacia abajo y los anchos arriba, bien unidas y de la aspereza que se ha dicho, y puestas as\u00ed en buena forma las calles, d\u00e9se en arriendo la contribuci\u00f3n de ellas\u00bb, etc.<a href=\"http:\/\/www.publiconsulting.com\/wordpress\/madridantiguo\/back-matter\/notas\/#nt38\" id=\"rf38\"><sup>[38]<\/sup><\/a>\r\n\r\nTras de estos radicales defectos de que adolec\u00eda la polic\u00eda urbana de Madrid en el pasado siglo, y como si ellos no bastasen para hacerla indigna morada de los monarcas, corte y gobierno de sus dilatados reinos, todav\u00eda describe el autor otros abusos escandalosos, que acababan por darla el aspecto de una aldea miserable, o m\u00e1s bien de una hurgada del interior del \u00c1frica. Sirva de muestra el siguiente, que escogemos entre otros por no cansar la atenci\u00f3n del lector:\r\n\r\n\u00abPara que sea una corte embarazosa, le basta su numerosa gente, sus carrozas, sillas de mano y coches; este es un embarazo tolerable; pero Madrid tiene otros muchos que por ning\u00fan caso tolerar\u00eda la polic\u00eda de otros pueblos. <i>Los cerdos<\/i> que llaman de <i>San Ant\u00f3n<\/i> se han hecho famosos por la atenci\u00f3n que han merecido, no solamente a la corte, sino aun a la Real C\u00e1mara por v\u00eda de patronato. <i>Ellos se pasean en crecid\u00edsimo n\u00famero por el lugar<\/i>, sin l\u00edmite conocido de jurisdicci\u00f3n, y sin que sus due\u00f1os (que son los padres de San Ant\u00f3n Abad) tengan para ello m\u00e1s que un privilegio mal entendido, seg\u00fan dice la sala de los Alcaldes, porque s\u00f3lo se extiende su facultad a pastar en las dehesas de Madrid. Los inconvenientes de este abuso son tan abultados, que no es menester decirlos, porque todos vemos que con ellos no hay empedrado seguro; porque, revolc\u00e1ndose en la hediondez, hacen todav\u00eda peor el mal olor de Madrid; porque, acosados y huyendo de los perros, hacen caer a muchos; porque, introducidos entre las mulas de los coches, hacen muchas veces que aqu\u00e9llas se disparen; y en fin, por otras perjudiciales resultas, que a r\u00eda raz\u00f3n evitar. Los tales cerdos <i>privilegiados<\/i> acuerdan (acarrean) <i>los chirriones<\/i>, que sin duda se conservan por anticuados; \u00e9stos, destrozando los empedrados, producen un ruido insoportable, y parecen estar reducidos a trasportar s\u00f3lo hasta treinta arrobas, acaso por lo mucho que pesa el carro. Pues \u00bfpara qu\u00e9 se ha de conservar esta antigualla, y no se ha de examinar, oyendo a los peritos, c\u00f3mo se pod\u00eda remediar esto y sustituir en su lugar lo que sea m\u00e1s \u00fatil? Buena prueba son los carros catalanes, que pocos a\u00f1os ha se introdujeron en la corte, y hoy los usan todos, porque con sus tres mulas, puestas una detr\u00e1s de otra, y con el auxilio que facilita su construcci\u00f3n, traen de ochenta a cien arrobas cada uno de Barcelona a Madrid\u00bb, etc.\r\n\r\nEntrando, en fin, el autor en m\u00e1s amplias y trascendentales reformas, discurre luego sobre la que cree posible, <i>la tra\u00edda de las aguas<\/i> del Jarama a los altos de Santa B\u00e1rbara; sobre la apertura del canal de navegaci\u00f3n desde Madrid a Aranjuez; sobre la creaci\u00f3n de algunos edificios p\u00fablicos de absoluta necesidad en una corte; sobre el levantamiento (por cierto bien excusado) de una cerca o muralla bastante fuerte; sobre <i>el del puente que atravesando la calle de Segovia, uniese los barrios de Palacio y de San Francisco<\/i><a href=\"http:\/\/www.publiconsulting.com\/wordpress\/madridantiguo\/back-matter\/notas\/#nt39\" id=\"rf39\"><sup>[39]<\/sup><\/a>; sobre el rompimiento de los paseos de alrededor de la villa, y otras obras; y en punto a buena polic\u00eda, propone, entre otras cosas, la prohibici\u00f3n de la capa y el chambergo, que entonces era de uso casi general; la de llevar m\u00e1s de dos mulas en cada coche o carroza: el planteamiento del servicio de <i>fiacres<\/i> o coches de plaza, como ya exist\u00eda en Par\u00eds; la reforma del ramo de abastos de comestibles, como la entend\u00edan en su tiempo; la ampliaci\u00f3n y conclusi\u00f3n del p\u00f3sito y alb\u00f3ndiga, y la formaci\u00f3n de otros dep\u00f3sitos de aceite y carb\u00f3n: y para atender a todo ello acude a las sisas de la villa de Madrid. Propone ademas la reforma completa del ramo de hospitales, hospicios y domas casas de Beneficencia; y por cierto con muy preciosas observaciones, que honran al autor de este apreciable trabajo, y que han tardado un siglo entero en obtener su aplicaci\u00f3n.\r\n\r\nTal es la luminosa <i>Memoria<\/i> dirigida al Gobierno de Fernando\u00a0VI en el primer a\u00f1o de su reinado; mas, por desgracia, no eran a\u00fan llegados los tiempos en que en la esfera del Gobierno y de la opini\u00f3n tuviesen acogida los sanos e ilustrados principios de una culta administraci\u00f3n. A pesar del sincero deseo del acierto del Monarca, a pesar de la buena disposici\u00f3n de sus delegados, los errores, los abusos y desprop\u00f3sitos continuaron, como hasta entonces, su desatentada marcha; los escritos y esfuerzos m\u00e1s interesantes hechos para combatirlos fueron olvidados al siguiente d\u00eda, y la capital del reino poderoso que daba reyes a N\u00e1poles y Sicilia, virreyes a M\u00e9xico y Lima, gobernadores a tantos otros pueblos en las cuatro partes del mundo conocido, ofrec\u00eda el contraste m\u00e1s extra\u00f1o y lamentable con la grandeza y majestad de aquellas mismas capitales que de ella recib\u00edan las leyes. Y todo esto precisamente en una \u00e9poca en que la paz interior no fue interrumpida por m\u00e1s de medio siglo; en un per\u00edodo pr\u00f3spero y tranquilo, en que, despu\u00e9s de colosal impulso dado a nuestra marina y a nuestro ej\u00e9rcito, todav\u00eda sobraban caudales para hundir las apuntaladas tesorer\u00edas, para comprar la paz a todo precio, y para emplear ochenta y tantos millones en la piadosa fundaci\u00f3n de las Salesas Reales de Madrid. Debemos, sin embargo, convenir en que este contrasentido entre la paternal solicitud del Monarca y de su Gobierno y sus errores administrativos era hijo de la \u00e9poca, fruto del atraso de las ideas, y de las necesidades posteriores que la mayor ilustraci\u00f3n ha creado. Mucho es, sin embargo, para aquella \u00e9poca el que empezaran a sentirse y a reconocerse esas exigencias de la moderna cultura, y mucho es tambi\u00e9n que en el breve reinado de Fernando el VI se diesen los primeros pasos para satisfacerlas en alg\u00fan modo.\r\n<p class=\"subtit\">CARLOS III<\/p>\r\nPor fortuna de Madrid, al arribar a sus puertas, el d\u00eda 9 de Noviembre de 1759, el gran Carlos\u00a0III, para sentarse en el trono espa\u00f1ol por la muerte de su hermano Fernando VI, hubo de llamar sin duda su ilustrada y soberana atenci\u00f3n el repugnante cuadro de una corte tan descuidada; y a la m\u00e1gica voz con que en su anterior reino de N\u00e1poles supo imprimir su nombre y su grandeza a aquella hermosa capital, supo elevar a Caserta y desenterrar a Herculano, hizo, como a \u00e9ste, salir a Madrid, si no de sus ruinas, por lo meaos de su letargo; le engrandeci\u00f3 con todos o casi todos los edificios p\u00fablicos m\u00e1s importantes que hoy ostenta, tales como el grandioso Museo del Prado y las suntuosas f\u00e1bricas de la Aduana, las puertas de Alcal\u00e1 y San Vicente, la casa de Correos, la Imprenta Nacional, el Hospital general, el templo y convento de San Francisco el Grande, el Observatorio Astron\u00f3mico, las Reales Caballerizas, la F\u00e1brica plater\u00eda de Mart\u00ednez, la de Tapices, la de la China, y otros ciento; transform\u00f3 en uno de los paseos m\u00e1s deliciosos de Europa el Prado de San Jer\u00f3nimo, con sus bellas fuentes; abri\u00f3 el de la Florida y el de las Delicias; embelleci\u00f3 el sitio del Buen Retiro con suntuosas obras, entre ellas la dicha f\u00e1brica de la China (destruida por los ingleses en 1812); abri\u00f3 el canal de Manzanares y casi todos los caminos que conducen a la capital. Todas estas concepciones de su inteligencia privilegiada y paternal encontraron robusto apoyo e impulso en sus famosos ministros los condes de Aranda y de Floridablanca, en la ciencia y buen gusto de los arquitectos Rodr\u00edguez, Villanueva y Sabatini, verdaderos restauradores del arte en nuestra moderna Espa\u00f1a. De este tiempo data el levantamiento del <i>Plano topogr\u00e1fico de Madrid<\/i>, por D. Antonio Espinosa, dedicado al ilustrado ministro Conde de Aranda, en 1769, y por entonces Be concluy\u00f3 la Visita y Planimetr\u00eda de las casas, emprendida en el reinado anterior.\r\n\r\nLlevando Carlos III a m\u00e1s elevado punto sus miras generosas, cre\u00f3 nuestros establecimientos principales de instrucci\u00f3n y de beneficencia, de industria y comercio; fund\u00f3 Academias y Museos, Colegios y c\u00e1tedras p\u00fablicas; estableci\u00f3 el Gabinete de Historia Natural, el Jard\u00edn Bot\u00e1nico, el Observatorio Astron\u00f3mico, la Sociedad de Amigos del Pa\u00eds, el Seminario de Nobles, las Escuelas P\u00edas y las gratuitas de instrucci\u00f3n primaria; estableci\u00f3 las diputaciones de caridad, fund\u00f3 el Banco Nacional de San Carlos y las opulentas compa\u00f1\u00edas de los Cinco Gremios, Filipinas y otras; mejor\u00f3 considerablemente los p\u00f3sitos, los hospitales y hospicios, y protegi\u00f3 de todos modos las artes, las ciencias y la laboriosidad.\r\n\r\nEn cuanto a la comodidad de los habitantes de Madrid, a su seguridad y recreo, ocurri\u00f3 con el establecimiento de los vigilantes nocturnos (<i>serenos<\/i>) y el de un regular alumbrado: la limpieza y empedrado de la villa sufri\u00f3 tambi\u00e9n una reforma, si no perfecta, por lo menos muy adelantada sobre la que exist\u00eda; por consecuencia tambi\u00e9n de sus sabias disposiciones, se reform\u00f3 el sistema pernicioso de abastos, y consigui\u00f3 que Madrid estuviese abundantemente surtido de v\u00edveres: as\u00ed como por otras acertadas medidas, dirigidas a la buena administraci\u00f3n de la corte, pudo al fin hacer que esta se elevase, si no a la altura de tan gran monarca, por lo menos a la del t\u00edtulo de capital, todo esto en pro comunal, y como dice la bella inscripci\u00f3n que D.\u00a0Juan Iriarte coloc\u00f3 sobre la portada del Bot\u00e1nico: <i>Civium salute et oblectamento<\/i>.\r\n\r\nLas honrosas guerras que sostuvo con m\u00e1s o menos \u00e9xito no llegaron a afectar a Madrid, a quien tambi\u00e9n hizo plaza de armas. Este pueblo, admirador de su monarca, tuvo la honra de poseerle durante su reinado, y s\u00f3lo extraviado por la intriga pol\u00edtica de cierta clase, pudo atreverse a alterar su tranquilidad un domingo de Ramos, 23 de Marzo de 1766, con la c\u00e9lebre conmoci\u00f3n dirigida contra el ministro Esquilache.\r\n\r\nCarlos III, llorado de sus pueblos, muri\u00f3 en Madrid en 1788. En esta misma villa Labia nacido, en 20 de Enero de 1716, y ciertamente es reprensible que, despu\u00e9s de un siglo de fecha, aun no se ostente en el sitio m\u00e1s privilegiado de Madrid la estatua del noble monarca, su verdadero restaurador.\r\n<h2 id=\"sigil_toc_id_7\">SIGLO XIX<\/h2>\r\n<p class=\"subtit\">CARLOS IV<\/p>\r\nEl siglo actual se inaugur\u00f3, para la capital y para el reino entero, bajo muy tristes auspicios. Al reinado paternal y fecundo del gran Carlos\u00a0III hab\u00eda sucedido, en los \u00faltimos a\u00f1os del anterior, el vacilante de su hijo, cabalmente en un tiempo en que rug\u00eda a nuestras puertas el terrible hurac\u00e1n de la Revoluci\u00f3n francesa, y era necesario al frente del pa\u00eds un esp\u00edritu superior para dominar la cr\u00edtica situaci\u00f3n de los \u00e1nimos, y hasta para sacar de ella el mejor partido posible. El bondadoso y t\u00edmido Carlos IV no era seguramente este genio privilegiado, y en tan imperiosa situaci\u00f3n, en presencia de una revoluci\u00f3n exterior amenazadora, de una poblaci\u00f3n ya preparada, por cierto grado de ilustraci\u00f3n, de aspiraciones y deseos, a los grandes cambios y reformas pol\u00edticas; de una generaci\u00f3n, en fin, que hab\u00eda crecido y desarrollado su inteligencia a la sombra de los Anuidas y Floridablancas, Feijoos y Olavides, Sarmientos. Campomanes y Jovellanos, Islas y Clavijos, Juanes y Llagunos, Sarmientos y Cabanilles, Montianos y Luzanes, y tantos otros ilustrados ministros y sabios escritores del reinado anterior, no encontr\u00f3 m\u00e1s recurso que abandonar tranquilamente el ejercicio del poder soberano, confiar las riendas del Gobierno en las inexpertas manos de un favorito improvisado, de un joven sin estudios ni experiencia, y reservarse para su tarea ordinaria las brillantes cacer\u00edas en los bosques del Pardo y en las florestas de Aranjuez.\r\n\r\nAquel recurso tradicional en nuestros antiguos monarcas, no ofrec\u00eda ciertamente al \u00e1nimo de Carlos (si consultaba la Historia) ejemplos muy halag\u00fce\u00f1os de resultado favorable: antes bien, a poco que en ella hubiera meditado, habr\u00eda conocido los sinsabores profundos, los disturbios y penalidades que a sus remotos antecesores D.\u00a0Juan el II y D. Enrique IV ocasionaron las fatales privanzas de don \u00c1lvaro de Luna y D. Beltr\u00e1n de la Cueva; y sin ir tan lejos, ten\u00eda m\u00e1s inmediatas las de Antonio P\u00e9rez, del Duque de Lerma, de D. Rodrigo Calder\u00f3n y del Conde-Duque de Olivares, bajo el gobierno de los tres Felipes de Austria; de los Nitardos, Valenzuelas y Oropesas, en la minor\u00eda y reinado de Carlos II; de las de la Princesa de los Ursinos. Alberoni, Riperd\u00e1, Pati\u00f1o y Farinelli, en los dos primeros reinados de la casa de Borb\u00f3n. Hasta el mismo de su magn\u00e1nimo padre ofrec\u00eda tambi\u00e9n en el ministro Esquilache un ejemplo vivo de lo mal que sol\u00eda recibir el pueblo espa\u00f1ol esta clase de sustituciones en el ejercicio de la regia autoridad. Y cuenta que, en el caso presente, todav\u00eda era m\u00e1s grande la responsabilidad, tanto por recaer tan inesperada renuncia en los hombros de un sujeto absolutamente oscuro, sin antecedentes algunos, y que necesariamente hab\u00eda de chocar con todas las clases del Estado, cuanto porque las circunstancias excepcionales de la naci\u00f3n y las de la Europa entera eran harto m\u00e1s graves y complicadas que las que tuvieron que arrostrar los monarcas anteriores y los validos o favoritos ya indicados.\r\n\r\nNo es \u00e9sta la ocasi\u00f3n, ni nuestra modesta pluma lo consiente tampoco, de entrar de lleno en la historia pol\u00edtica de aquel reinado, comprendido entre 1789 y 1808, ni trazar la r\u00e1pida marcha de los sucesos pol\u00edticos comunes a todo el reino, ni los errores cometidos por el poder o por la opini\u00f3n, ni la direcci\u00f3n m\u00e1s o menos acertada que en manos de <i>D.\u00a0Manuel Godoy<\/i>, favorito y ministro casi constante de Carlos IV, general\u00edsimo, almirante y <i>pr\u00edncipe de la Paz<\/i>, recibieron los negocios p\u00fablicos; ni las guerras, en fin, m\u00e1s o menos afortunadas, que sostuvo en el exterior contra la Rep\u00fablica francesa, el Portugal y los ingleses, y sus luchas pol\u00edticas con el formidable poder de Napole\u00f3n, en que vino al fin a estrellarse.\r\n\r\nTodo esto no entra en nuestro humilde prop\u00f3sito, limitado a trazar r\u00e1pidamente la marcha pol\u00edtica y social de nuestra villa y corte de Madrid en aquel per\u00edodo; y si lo indicamos someramente, es s\u00f3lo como punto de vista para colocar nuestro trazado.\r\n\r\nLa corte de Carlos IV y Mar\u00eda Luisa, con su arrogante favorito, su ligereza, su voluptuosidad, sus errores y hasta su inmoralidad, si se quiere, ten\u00eda tambi\u00e9n su lado brillante para la capital; y era la ostentaci\u00f3n y magnificencia, la tolerancia y libertad pr\u00e1ctica de las opiniones, la ausencia de toda persecuci\u00f3n pol\u00edtica o religiosa, la protecci\u00f3n y el impulso dispensado a las Letras y las Artes por ese mismo Godoy, a quien pol\u00edticamente pudieran hacerse severos cargos; a quien la mayor\u00eda de la opini\u00f3n aborrec\u00eda de muerte; a quien la Revoluci\u00f3n y la venganza llevaron a expiar sus faltas en una muerte oscura en pa\u00eds extranjero, al cabo de un destierro de <i>cuarenta a\u00f1os<\/i>; a quien la historia contempor\u00e1nea ha estado escarneciendo durante medio siglo por todos los modos posibles con una exageraci\u00f3n apasionada y rencorosa.\r\n\r\nSin embargo, en medio de aquellos cargos que pretenden justificarse, no podr\u00eda sin injusticia negarse a Godoy un grado no vulgar de talento, un esp\u00edritu profundamente nacional, un arrojo hasta temerario en acometer grandes luchas, y una sagacidad muy marcada para sostener su poder\u00edo y para desconcertar a sus contrarios internos y externos. La lectura y meditaci\u00f3n de las <i>Memorias<\/i> que el mismo Godoy public\u00f3 en el destierro, en 1836, son hasta ahora la \u00fanica historia de aquel reinado; y aunque naturalmente escritas con la parcialidad que es de suponer en el propio protagonista, contestan, a nuestro entender, victoriosamente a muchas de las vulgaridades estampadas por sus implacables acusadores.\r\n\r\nHaciendo, pues, m\u00e1s justicia a aquella \u00e9poca y a aquella administraci\u00f3n, tan terriblemente atacada, preciso es confesar que a los grandes nombres que ilustraron el reinado anterior y que siguieron brillando en \u00e9ste, a los Arandas, Floridablancas, Campomanes y Jovellanos, hay que a\u00f1adir los de los Azaras, Lerenas, Rodas, Espinosas, Saavedras, Soler, Cabarr\u00fas y otros muchos en la Administraci\u00f3n y en las ciencias pol\u00edticas; los de Urrutia, Mazarredo, Socorro, la Romana, Ofarril, Casta\u00f1os, Gravina, Ciscar, Vargas Ponce, Galiano, Churruca y muchos m\u00e1s en el ej\u00e9rcito y marina; Forner, Cadalso, Melendez, Iglesias, Cienfuegos, Conde, Morat\u00edn y Quintana en las buenas letras; Rojas Clemente, Pav\u00f3n, Ulloa, Bails, Ortega, Luzuriaga, Bad\u00eda en las ciencias; Goya, Carmona, Selma, \u00c1lvarez, Villanueva, Sol\u00e1 y P\u00e9rez en las Bellas Artes. De aquel per\u00edodo datan el inmortal <i>Informe sobre la ley agraria<\/i>, de Jovellanos; los c\u00e9lebres escritos de Campomanes; las obras cient\u00edficas de Pav\u00f3n, Tofi\u00f1o, Bails, Boules, Antill\u00f3n, Cabanilles, Rojas Clemente; los atrevidos viajes pol\u00edticos y cient\u00edficos de Bad\u00eda (Al\u00ed Bey) en \u00c1frica y en Asia; los de Balmis en Am\u00e9rica, para la propagaci\u00f3n de la vacuna; las obras literarias de Capmani, Marina, Clemenc\u00edn y Navarrete; la restauraci\u00f3n de la poes\u00eda l\u00edrica castellana por la musa de Mel\u00e9ndez, de Iglesias, de Cienfuegos y de Quintana; la gloriosa creaci\u00f3n del teatro moderno por el inmortal Fern\u00e1ndez de Morat\u00edn.\r\n\r\nTodos estos y otros muchos ilustres nombres pol\u00edticos, cient\u00edficos, literarios y art\u00edsticos menos conocidos, brillaron en todo su esplendor en la corte de Carlos\u00a0IV; todos disfrutaban del favor del Monarca y del especial del favorito, trabajaban en pro de la ilustraci\u00f3n y del buen gusto, bajo los auspicios y muchas veces a impulsos y excitaci\u00f3n suya. No s\u00f3lo protegi\u00f3 las letras y la ciencia con este apoyo en las personas de sus m\u00e1s genuinos representantes, sino que impuls\u00f3 de varios modos la instrucci\u00f3n p\u00fablica, cre\u00f3 en Madrid diversos establecimientos cient\u00edficos, tales como el Dep\u00f3sito Hidrogr\u00e1fico, la Junta de Fomento y Balanza, la Escuela de Ingenieros, la Instituci\u00f3n Pestaloziana y el primer Conservatorio de Artes; atac\u00f3, aunque disimuladamente, y tuvo a raya el fanatismo y el poder\u00edo del poder inquisitorial, la educaci\u00f3n frailuna y escasa de los conventos, y la pedantesca de las universidades; combati\u00f3 las preocupaciones vulgares contra ciertas clases; procur\u00f3 aliviar en lo posible las cargas p\u00fablicas, y dando la se\u00f1al de la desamortizaci\u00f3n de la propiedad del pa\u00eds (que estaba casi toda afecta a capellan\u00edas, memorias y obras p\u00edas), abri\u00f3 un nuevo y esplendente manantial a la riqueza p\u00fablica y particular.\r\n\r\nLa capital del reino, s\u00f3lo con este motivo, pudo asegurar ya su futura renovaci\u00f3n; miles de casas raqu\u00edticas o ruinosas, afectas a aquellas religiosas fundaciones, fueron vendidas, en los primeros a\u00f1os de este siglo, por disposici\u00f3n del Gobierno de aquella \u00e9poca, preludiando de este modo la completa desamortizaci\u00f3n religiosa y civil, que m\u00e1s adelante hab\u00edan de obrar las revoluciones. Y a la verdad que, sin este punto de partida, nada podr\u00eda hacerse en Madrid, cuyo per\u00edmetro en su mitad estaba ocupado, como hemos visto, por m\u00e1s de setenta conventos, sus huertas y accesorios, y el resto lleno de un mezquino caser\u00edo (propiedad, en sus cuatro quintas partes, de manos muertas), tolerado m\u00e1s bien que protegido por los verdaderos due\u00f1os del territorio.\r\n\r\nLa Administraci\u00f3n p\u00fablica sigui\u00f3, sin embargo, poco m\u00e1s o menos envuelta en aquel caos de confusi\u00f3n, en aquel tejido secular y formidable de trabas ingeniosas, que ten\u00edan al pa\u00eds envuelto en la impotencia y en la ignorancia de sus propias fuerzas; con su <i>Consejo y C\u00e1mara de Castilla<\/i> y su <i>Sala de Alcaldes de Casa y Corte<\/i>, omnipotentes e inevitables en todos los actos de la vida p\u00fablica y privada, desde la sucesi\u00f3n del trono hasta el ejercicio de la pesca, o de la caza con hurones; desde los bandos de buen gobierno para el orden pol\u00edtico de la poblaci\u00f3n, hasta la tasa del pan y del tocino: desde el pase de las bulas pontificias, hasta la censura de una novela o de un tomo de poes\u00edas; desde las causas de alta traici\u00f3n y lesa majestad, hasta los matrimonios contra la autoridad paterna y los amancebamientos privados; desde los pleitos de <i>tenuta<\/i>, hasta los amparos y moratorias; desde la provisi\u00f3n o consulta para las altas dignidades de la Iglesia y de la Magistratura, hasta el examen de los escribanos y alguaciles; desde las pragm\u00e1ticas-sanciones y leyes constitutivas del reino, hasta la presidencia de los teatros y diversiones; desde la decisi\u00f3n de los litigios m\u00e1s graves y complicados, hasta el permiso para una feria o para una corrida de toros por c\u00e9dula Real.\r\n\r\nLa administraci\u00f3n local estaba confiada a la corporaci\u00f3n municipal, compuesta de regidores <i>perpetuos<\/i> por juro de heredad, con un corregidor al frente (por lo general salido de las salas de aquel mismo Consejo o su sala de Alcaldes de Casa y Corte), que giraba dentro de la \u00f3rbita que le marcaba aquel planeta; y apoyada despu\u00e9s en las innumerables juntas de <i>abastos<\/i>, de <i>tasas<\/i>, de <i>bureo<\/i>, de <i>aposentamiento<\/i>, de <i>sisas<\/i> y de <i>propios<\/i>, etc., flanqueada por las corporaciones religiosas y profanas, los gremios y cofrad\u00edas, ofrec\u00eda un todo digno de tales medios; esto es, una paralizaci\u00f3n y un marasmo intelectual, l\u00f3gico resultado de tantas trabas o de tan encontrados agentes.\r\n\r\nTodav\u00eda hemos alcanzado a o\u00edr de boca de los mismos que tuvieron valor suficiente para combatir aquellos errores el espect\u00e1culo indecoroso y repugnante que ofrec\u00eda a principios del siglo actual, y en medio de la esplendorosa corte de Carlos\u00a0IV, la capital de la monarqu\u00eda. Su aspecto general (a pesar de las considerables aunque parciales mejoras que hab\u00eda recibido de los tres monarcas anteriores) presentaba todav\u00eda, el mismo aire <i>villanesco<\/i> que queda descrito por un testigo contempor\u00e1neo a mediados del siglo anterior; su alumbrado, su limpieza, su salubridad, su polic\u00eda urbana, en fin, eran poco m\u00e1s que insignificantes; la seguridad misma, comprometida absolutamente a cada paso, hac\u00eda preciso a todo ciudadano salir de noche bien armado y dispuesto a sufrir un combate en cada esquina; sus mercados desprovistos de bastimentos y s\u00f3lo abiertos, en virtud de las tasas y privilegios, a las clases m\u00e1s elevadas; sus comunicaciones con las provincias poco menos que inaccesibles; sus establecimientos de instrucci\u00f3n y de beneficencia en el estado m\u00e1s deplorable; sus calles y paseos yermos y cubiertos de hierba o de suciedad por la desidia de la autoridad y el abandono de la poblaci\u00f3n, y los cad\u00e1veres de \u00e9sta sepultados en medio de ella, en las b\u00f3vedas o a las puertas de las iglesias, o exhumados de tiempo en tiempo en grandes <i>mondas<\/i> para ser conducidos en carretas al estercolero com\u00fan\u2026 \u00a1As\u00ed ir\u00edan seguramente ignorados los del inmortal <i>Cervantes<\/i>, y as\u00ed fueron tambi\u00e9n, <i>en los primeros a\u00f1os de este mismo siglo<\/i>, los del <i>F\u00e9nix de los ingenios<\/i>, L<small>OPE DE<\/small> V<small>EGA<\/small>, que vac\u00eda en las b\u00f3vedas de la parroquia de San Sebasti\u00e1n!\r\n\r\nLa fabrica de Tabacos, el convento, hoy cuartel, de San Gil; el Dep\u00f3sito Hidrogr\u00e1fico, la casa de la calle del Turco, que sirve hoy de Escuela de Caminos; el convento de las Salesas Nuevas, calle Ancha de San Bernardo, fueron los \u00fanicos edificios p\u00fablicos que leg\u00f3 a Madrid el reinado de Carlos\u00a0IV; pero como el buen gusto en las artes iba infiltr\u00e1ndose en la opini\u00f3n general, se revela tambi\u00e9n su progreso en las construcciones particulares de aquella \u00e9poca, tales como el palacio de Liria y el de Buena Vista, la casa de los Gremios, la del Nuevo Rezado, la del Duque de Villa-Hermosa, y la reforma principiada en la de Altamira.\r\n<p class=\"subtit\">FERNANDO VII<\/p>\r\nEl famoso levantamiento de 18 de Marzo de 1808, en Aranjuez, que puso t\u00e9rmino a aquel reinado con la abdicaci\u00f3n de Carlos, y redujo, por consiguiente, al poderoso valido a la m\u00e1s estrepitosa ca\u00edda, tuvo un eco instant\u00e1neo en la poblaci\u00f3n de Madrid, que, ebria de entusiasmo y dominada por el m\u00e1s rencoroso encono contra \u00e9ste y sus hechuras, renov\u00f3 con creces el famoso mot\u00edn de 1766 contra el ministro <i>Esquilache<\/i>, y por una coincidencia fortuita, reprodujo las mismas escenas violentas en los sitios mismos contra la casa del nuevo \u00eddolo derrocado, en la calle del Barquillo, contigua a la llamada de las <i>Siete Chimeneas<\/i>, que habitaba el antiguo en el siglo anterior.\r\n\r\nAquel memorable d\u00eda empez\u00f3 la nueva era espa\u00f1ola, y Madrid, cegado por el v\u00e9rtigo de las malas pasiones, se mostr\u00f3 terrible e implacable en sus enconos contra el poder derrocado y sus hechuras, envolviendo en tan horrible proscripci\u00f3n los buenos y los malos; atac\u00f3 despiadada y fren\u00e9ticamente las casas de Godoy y de su madre y hermanos, la del corregidor Marquina, la del ilustrado ministro Soler, la del intendente D.\u00a0Manuel Sixto Espinosa, y amenaz\u00f3 tambi\u00e9n la de otros muchos tan inofensivos como el c\u00e9lebre poeta Fern\u00e1ndez de Morat\u00edn.\r\n\r\nTan horrible desentono cedi\u00f3 lugar, a pocos d\u00edas, al m\u00e1s f\u00e9rvido entusiasmo de la poblaci\u00f3n madrile\u00f1a, al recibir en sus calles al nuevo rey Fernando\u00a0VII, a quien en 1789 hab\u00eda jurado en San Jer\u00f3nimo por Pr\u00edncipe de Asturias, a quien prodig\u00f3 el 21 de Marzo de 1808 las demostraciones de una verdadera idolatr\u00eda. Pero este regocijo se vio mezclado con el fundado recelo que infund\u00eda la presencia del ej\u00e9rcito franc\u00e9s, que, bajo las \u00f3rdenes del Pr\u00edncipe Murat, hab\u00eda entrado en Madrid la v\u00edspera que el nuevo Rey. La patri\u00f3tica agitaci\u00f3n, la incertidumbre del objeto de esta venida de los ej\u00e9rcitos del Emperador, y los temores por la independencia del pa\u00eds, conmovieron a Madrid en aquellos d\u00edas: y esta agitaci\u00f3n, estos temores subieron de todo punto cuando vio salir de sus muros, el 10 de Abril siguiente, a su amado Fernando. El funesto y desatentado viaje del Rey a Bayona vino a llenar la medida de la c\u00f3lera de los madrile\u00f1os, y tomando por pretexto la salida de los dem\u00e1s individuos de la Real familia, que hab\u00edan quedado en Palacio, dio rienda suelta a su fren\u00e9tico coraje, y se\u00f1al\u00f3 en los fastos matritenses el d\u00eda m\u00e1s celebre que registra en sus anales.\u2014 Este din, fue el D<small>OS DE<\/small> M<small>AYO DE<\/small> 1808.\u2014 En \u00e9l la poblaci\u00f3n de Madrid, arrojando el guante al vencedor de Austerlitz, de Marengo y de Jena, dio a la Europa at\u00f3nita el grandioso espect\u00e1culo de la resistencia posible a aquel coloso, hasta entonces invulnerable y omnipotente.\r\n<p class=\"salto10\">Los franceses, due\u00f1os de Madrid a tan cara costa, s\u00f3lo permanecieron entonces hasta 1.\u00ba de Agosto, en que, a consecuencia de la c\u00e9lebre batalla de Bailen, hubieron de retirarse, y las tropas espa\u00f1olas, mandadas por el general Casta\u00f1os, ocuparon a Madrid. Pero Napole\u00f3n en persona, con un ej\u00e9rcito formidable, se present\u00f3 delante de la capital el 1.\u00ba de Diciembre del mismo a\u00f1o de 1808. La resistencia de este indefenso pueblo en los tres primeros d\u00edas de aquel mes es otro de los sucesos que raya en lo heroico y aun temerario; pero que mereci\u00f3 hasta el aprecio del sitiador, que le ocup\u00f3 el 4 bajo una honrosa capitulaci\u00f3n.<\/p>\r\nGimi\u00f3 Madrid cerca de cuatro a\u00f1os bajo el peso de la dominaci\u00f3n extranjera, y durante ellos no se desminti\u00f3 un solo momento en sus patri\u00f3ticas ideas. Ni los halagos que al principio se usaron, ni el rigor, ni la miseria, ni el hambre m\u00e1s espantosa, pudieron hacerle retroceder. Firme en sus prop\u00f3sitos, no le venci\u00f3 el temor ni le lisonjearon las ilusiones de una encarecida felicidad. Jugando a veces con las cadenas que no pod\u00eda romper, combat\u00eda con la s\u00e1tira y la iron\u00eda todas las acciones del intruso Rey y de su Gobierno, le mofaba en las calles, en los paseos y en las ocasiones m\u00e1s solemnes; revestido otras de una fiereza estoica, mor\u00eda a manos de la horrible hambre de 1812, antes que recibir el m\u00e1s m\u00ednimo socorro de bus enemigos. En vano se emplearon, para debilitarle, los medios m\u00e1s eficaces; sus habitantes, muriendo a millares de d\u00eda en d\u00eda, le dejaban desierto, pero no rendido<a href=\"http:\/\/www.publiconsulting.com\/wordpress\/madridantiguo\/back-matter\/notas\/#nt40\" id=\"rf40\"><sup>[40]<\/sup><\/a>.\r\n\r\nLleg\u00f3, por fin, el 12 de Agosto de 1812, c\u00e9lebre en los fastos de Madrid. En este d\u00eda, habi\u00e9ndose retirado los franceses, de resultas de la batalla de Salamanca, fue ocupada la capital por el ej\u00e9rcito aliado anglo-hispano-portugues, al mando de lord Wellington, que hizo su entrada entre demostraciones inexplicables de alegr\u00eda. Pero aun faltaba a Madrid parte de sus padecimientos, pues vuelto a acercarse el ej\u00e9rcito franc\u00e9s, torn\u00f3 a ocuparle en 3 de Noviembre, saliendo a los cuatro d\u00edas y volviendo a apoderarse de \u00e9l en 3 de Diciembre del mismo a\u00f1o de 1812. Por \u00faltimo, en 28 de Mayo de 1813 salieron los franceses la \u00faltima vez de Madrid, y le ocuparon las tropas espa\u00f1olas al mando de D.\u00a0Juan Mart\u00edn Diez <i>el Empecinado<\/i>. El 5 de Enero de 1814 se traslad\u00f3 a Madrid desde C\u00e1diz la Regencia del Reino y el Gobierno, y a pocos d\u00edas se abrieron, en el antiguo teatro de los Ca\u00f1os del Peral, las Cortes generales, con arreglo a la Constituci\u00f3n pol\u00edtica promulgada en C\u00e1diz a 19 de Marzo de 1812.\r\n\r\nLas novedades introducidas por ella en el gobierno de la monarqu\u00eda afectaron por entonces poco al pueblo de Madrid, que s\u00f3lo ansiaba reponerse de los estragos de la guerra y esperaba gozoso la vuelta de su deseado Fernando.\r\n\r\nVerific\u00f3se, por fin, \u00e9sta el d\u00eda 13 de Majo de 1814, en medio de un entusiasmo grande, si bien neutralizado en parte con las consecuencias del c\u00e9lebre decreto de Valencia de 4 del mismo mes, por el cual aboba el Rey la Constituci\u00f3n y las Cortes, y mandaba volver las cosas al ser y estado que ten\u00edan en 1808; cuyo acto altamente impol\u00edtico, y las terribles persecuciones suscitadas por aquellos d\u00edas contra los diputados y dem\u00e1s personas comprometidas en el nuevo r\u00e9gimen, dieron la se\u00f1al de esa larga serie de reacciones funestas, cuyos efectos sentimos a\u00fan despu\u00e9s de medio siglo de fecha.\r\n\r\nEl estado material de Madrid al terminarse la ocupaci\u00f3n francesa y regreso de Fernando era, a la verdad, desastroso. Aquel Gobierno (a quien, sin duda, guiaba un deseo ardiente de reformas y de popularidad) emprendi\u00f3 derribos considerables, la mayor parte (preciso es confesarlo) muy necesarios; pero que no fueron comprendidos entonces ni apreciados como tales por la actitud hostil del vecindario. \u00c9ste, que ve\u00eda desaparecer, sin m\u00e1s motivo, a su juicio, que el deseo de hacer mal, sus antiguas, pobres y respetables parroquias de Santiago y de San Juan, San Miguel y San Mart\u00edn; sus temples venerandos de Atocha y San Jer\u00f3nimo, los Mostenses, Santa Ana, Santa Catalina, Santa Clara y otros; sus palacios del Retiro, as\u00ed como tambi\u00e9n manzanas enteras de caser\u00edo en toda la extensa superficie de lo que hoy son Plaza de Oriente y de la Armer\u00eda, no comprend\u00eda que aquello pudiera hacerse por un c\u00e1lculo m\u00e1s o menos exagerado, pero de acuerdo con la reforma material de la poblaci\u00f3n; y por otro lado, como esta clase de mejoras s\u00f3lo lo son tales cuando, reclamadas por la necesidad y por la opini\u00f3n, encuentran inmediatamente su apoyo y medios de realizaci\u00f3n en el inter\u00e9s privado, que es quien en \u00faltimo t\u00e9rmino ha de llevarlas a cabo, y esto era imposible en el estado de abatimiento y hostilidad de la poblaci\u00f3n de Madrid, de aqu\u00ed el error y hasta la injusticia con que se calific\u00f3 de actos vand\u00e1licos muchos de estos derribos determinados por el Gobierno intruso; de aqu\u00ed el odio y la animosidad que lleg\u00f3 a profesar a Jos\u00e9 Napole\u00f3n, a quien apellidaba el <i>Tuerto, Pepe Botellas<\/i>, el <i>Rey Plazuelas<\/i>, por las que hab\u00eda formado en Madrid. Hasta muchos a\u00f1os despu\u00e9s, hubiera corrido riesgo el que se hubiera determinado a apreciar de otra manera estos actos de la administraci\u00f3n francesa y a dar la raz\u00f3n a aquel Gobierno en su plan de reforma de Madrid.\r\n\r\nEn \u00e9l entraba, sin embargo, la formaci\u00f3n de la plaza de Oriente, y la continuaci\u00f3n del Palacio Real hasta la Armer\u00eda; el empalme de \u00e9sta con los barrios de las Vistillas, por medio del puente de la calle de Segovia, propuesto ya por Saqueti a Felipe\u00a0V, y la transformaci\u00f3n de la iglesia de San Francisco en sal\u00f3n de las futuras Cortes; el ensanche de la calle del Arenal y de la Puerta del Sol, con la formaci\u00f3n de un teatro en la manzana del Buen Suceso, y la construcci\u00f3n de la Bolsa de Comercio en el sitio de los Basilios, con otras muchas de las reformas propuestas y adoptadas despu\u00e9s con general satisfacci\u00f3n, pero que no era dado hacer a un Gobierno intruso y aborrecido. Falt\u00e1bale a \u00e9ste la fuerza moral y los medios materiales para realizar estas costosas reformas, y su \u00fanica misi\u00f3n parec\u00eda estar reducida a destruir los obst\u00e1culos existentes para su futura realizaci\u00f3n. Esta misi\u00f3n la cumpli\u00f3 efectivamente, dejando a Madrid cubierto literalmente de escombros; pero en cuanto a la reconstrucci\u00f3n proyectada, nada pudo hacer. Jos\u00e9 Napole\u00f3n, que apenas salia de su palacio m\u00e1s que para la contigua Casa de Campo, se limit\u00f3 a algunas obras de reparaci\u00f3n en las avenidas de aqu\u00e9l y en esta Real posesi\u00f3n; y a su Gobierno s\u00f3lo cupo la gloria de haber hecho efectiva una mejora local mandada ya, aunque infructuosamente, desde el reinado de Carlos III, que fue el establecimiento de los cementerios extramuros de Madrid.\r\n<p class=\"salto10\">El regreso del cautivo Monarca al seno de su capital, y el beneficio de la paz material que obtuvo el pa\u00eds durante los seis primeros a\u00f1os del gobierno de Fernando\u00a0VII; la afici\u00f3n particular que manifestaba \u00e9ste al pueblo de Madrid, y el aparato de una corte montada con arreglo a la antigua etiqueta castellana, templaban en parte la agitaci\u00f3n pol\u00edtica que sordamente iba minando los esp\u00edritus, y adormec\u00edan el \u00e1nimo del Monarca, que se complac\u00eda en adquirir cierta popularidad, present\u00e1ndose improvisadamente, y sin ning\u00fan aparato, en los establecimientos, paseos y diversiones p\u00fablicas, dispensando cuantiosos socorros a aqu\u00e9llos, especialmente a los religiosos, para reedificar sus conventos destruidos por los franceses, y emprendiendo por su cuenta varias obras, entre las cuales, la m\u00e1s notable, y que forma hoy una hermosa p\u00e1gina de su reinado, fue la reparaci\u00f3n y terminaci\u00f3n del Museo del Prado, y la colocaci\u00f3n en \u00e9l de su rica colecci\u00f3n de Pintura y Escultura, en cuya gloria cabe no poca parte a la reina do\u00f1a Mar\u00eda Isabel de Braganza, con quien hab\u00eda contra\u00eddo Fernando matrimonio en 181(5. Igualmente data de aquella fecha el embellecimiento y adorno del Real Sitio del Buen Retiro (que hab\u00edan dejado los franceses convertido en una ciudadela); la reparaci\u00f3n y mejora del canal de Manzanares y sus contornos; la formaci\u00f3n y colocaci\u00f3n del Museo Militar y Parque de Artiller\u00eda en el palacio de Buenavista; el lindo Casino de la Reina y sus jardines, regalados a la misma por la villa de Madrid: el derribo del teatro de los Ca\u00f1os del Peral, y los principios del de Oriente, con otras obras de utilidad y ornato para la villa de Madrid.<\/p>\r\nLa revoluci\u00f3n de 1820, que dio por resultado el juramento de la Constituci\u00f3n de 1812 por Fernando, verificado solemnemente en el seno de las Cortes en 9 de Julio de dicho a\u00f1o, vino a apagar en el \u00e1nimo del Monarca aquellas ideas de mejora material, y puede decirse que en el ruidoso per\u00edodo de los tres a\u00f1os desde 1820 a 1823, la poblaci\u00f3n de Madrid, agitada continuamente con los graves sucesos pol\u00edticos, las borrascosas sesiones de las Cortes y Sociedades patri\u00f3ticas, las conspiraciones y los temores por la guerra civil, encendida en las provincias en defensa del absolutismo, pudo atender muy poco a su particular inter\u00e9s. \u00danicamente quedaron de aquella \u00e9poca turbulenta dos hechos, que han tenido grande influencia en la mejora progresiva que se advirti\u00f3 luego en nuestra capital. El primero fue la reuni\u00f3n de los propietarios de ella, verificada en 1821, para formar la Sociedad de Seguros mutuos contra incendios, la cual, por sus sencillas bases, orden y excelentes resultados, puede citarse como modelo, y el segundo fue la desamortizaci\u00f3n y venta de las fincas de los extinguidos monacales, las cuales recibieron grandes mejoras en manos de los compradores.\r\n\r\nLos sucesos pol\u00edticos m\u00e1s se\u00f1alados, entre los much\u00edsimos parciales de aquel per\u00edodo en nuestra capital, fueron los del 7 de Julio de 1822, en que se dio una sangrienta acci\u00f3n en la Plaza Mayor entre la Milicia Nacional y la Guardia Real, y los de 20 de Mayo de 1823, en que la guarnici\u00f3n de Madrid, al mando del general Zayas, bati\u00f3 y dispers\u00f3 en las afueras de la puerta de Alcal\u00e1 a la vanguardia de las tropas realistas que preced\u00edan al ej\u00e9rcito franc\u00e9s. El Duque de Angulema, general en jefe de este, verific\u00f3 su entrada en Madrid en 24 del mismo mes, e instalando en la capital la regencia del Reino, march\u00f3 a poner sitio a la plaza de C\u00e1diz, adonde se hab\u00eda retirado el Gobierno constitucional, llevando consigo al Rey.\u2014 Libro, en fin, \u00e9ste el 1.\u00ba de Octubre, y siguiendo su sistema favorito, anul\u00f3 por un Real decreto, de la misma fecha, la Constituci\u00f3n, las Cortes, y todos los actos de los tres a\u00f1os, persiguiendo duramente a sus partidarios, a cuya consecuencia fue preso y conducido a Madrid el caudillo principal, D.\u00a0Rafael del Riego, y en 7 de Noviembre del mismo a\u00f1o fue ahorcado en la plaza de la Cebada. Fernando VII regres\u00f3 a Madrid el 13 del mismo Noviembre, haciendo su entrada p\u00fablica con grande aparato y festejos.\r\n\r\nOtro per\u00edodo hist\u00f3rico m\u00e1s largo, aunque no tan agitado por graves sucesos pol\u00edticos, sucedi\u00f3 al constitucional, y \u00e9ste fue la famosa d\u00e9cada apellidada <i>Calomardina<\/i>, desde 1823 a 1833. No es \u00e9sta la ocasi\u00f3n de seguirle en sus distintas fases, y prescindiendo del uso que Fernando, restaurado por los franceses en el lleno de la soberan\u00eda, hizo o pudo hacer de la suprema autoridad, nos limitaremos s\u00f3lo a consignar los adelantos y mejoras que por aquella \u00e9poca mereci\u00f3 al Monarca y su Gobierno la capital del Reino.\r\n\r\nA su protecci\u00f3n y continua residencia en ella, y al inestimable don de la paz, en este per\u00edodo bastante prolongado, se debi\u00f3 la creaci\u00f3n de muchos establecimientos y otras reformas \u00fatiles y de comodidad. La polic\u00eda urbana recibi\u00f3 considerables mejoras; la instrucci\u00f3n de la juventud se facilit\u00f3 sobremanera con el establecimiento de escuelas y c\u00e1tedras gratuitas de las diputaciones de los barrios, de los Conservatorios y Museos, de los colegios de jesuitas, dominicos y escolapios; llev\u00f3se a cabo por el Rey, adem\u00e1s de la grande obra del Real Museo de Pinturas, la del militar de Artiller\u00eda e Ingenieros, el Gabinete topogr\u00e1fico y la nueva colecci\u00f3n de la Biblioteca Real, en un edificio especial; cre\u00f3 el Conservatorio de Artes, con su gabinete y c\u00e1tedras, mandando celebrar las primeras exposiciones p\u00fablicas de la industria espa\u00f1ola; el Conservatorio de M\u00fasica, bajo la protecci\u00f3n y nombre de su augusta esposa do\u00f1a Mar\u00eda Cristina; la Direcci\u00f3n de minas, su gabinete y c\u00e1tedras, ordenando nuevas leyes y disposiciones beneficiosas a este ramo; el Consulado de Madrid y la Bolsa de Comercio; restaur\u00f3 los palacios y sitios Reales; mand\u00f3 repararlos caminos y abrir nuevos paseos, que circundan a la capital; hizo emprender notables trabajos preparatorios para el abastecimiento de aguas suficientes; empez\u00f3 y sigui\u00f3, aunque sin concluirle, el teatro de Oriente; termin\u00f3 las cocheras Reales, la puerta de Toledo, el cuartel de caballer\u00eda, a la bajada de Palacio, y la fuente de la Red de San Luis; y dando, en fin, una prueba de magnanimidad y patriotismo, poco com\u00fan hasta entonces, mand\u00f3 fundir en bronce la estatua de <i>Cervantes<\/i> para colocarla en una plaza p\u00fablica, e hizo poner un recuerdo honor\u00edfico en la casa en que muri\u00f3 aquel insigne escritor. El aumento de la poblaci\u00f3n, consiguiente a las mayores comodidades, hizo tambi\u00e9n que el inter\u00e9s particular se asociara naturalmente a este movimiento de progreso. Centenares de casas particulares se alzaron o repararon en pocos a\u00f1os con mayor gusto; multitud de compa\u00f1\u00edas y empresas industriales se formaron, ya para la r\u00e1pida comunicaci\u00f3n con las provincias, ya para el abastecimiento de los objetos de consumo, ya, en fin, para la elaboraci\u00f3n de muchos artefactos desconocidos antes en nuestra industria; y por consecuencia de todos estos adelantos, empez\u00f3 Madrid a disfrutar de m\u00e1s comodidad y abundancia en los bastimentos, de m\u00e1s elegancia en los vestidos, en las habitaciones, en los muebles, en todas las necesidades de la vida, que fueron desconocidas a nuestros mayores.\r\n\r\nLa llegada a Madrid, en 11 de Diciembre de 1829, de la reina do\u00f1a Mar\u00eda Cristina de Borb\u00f3n, cuarta y \u00faltima esposa de Fernando\u00a0VII, fue uno de los sucesos memorables de aquella \u00e9poca en que m\u00e1s parte activa tom\u00f3 la poblaci\u00f3n de Madrid. Acompa\u00f1aban a aquella augusta se\u00f1ora sus padres, los reyes de las Dos Sicilias, y con tan fausto acontecimiento, se hicieron grandes festejos y demostraciones de p\u00fablico regocijo. Repiti\u00e9ronse \u00e9stas en 10 de Octubre de 1830, al nacimiento de la princesa do\u00f1a Isabel, declarada heredera del trono, al tenor de la ley hecha en Cortes en 1789, y publicada por Fernando; y \u00faltimamente, subieron de todo punto estas gratas demostraciones cuando, en 20 de Junio de 1833, fue jurada la misma Isabel como <i>Princesa de Asturias<\/i> por las Cortes del Reino, convocadas a este efecto en la iglesia de San Jer\u00f3nimo. Las fiestas Reales celebradas con este motivo, las iluminaciones, fuegos, teros, carreras, torneos, m\u00e1scaras, comedias y evoluciones militares se sucedieron sin cesar durante quince d\u00edas, que fueron una de las \u00e9pocas m\u00e1s brillantes de Madrid en el presente siglo.\r\n<p class=\"subtit\">ISABEL II<\/p>\r\nLa muerte del rey Fernando VII, ocurrida en Madrid en 29 de Setiembre del mismo a\u00f1o de 1833, vino de nuevo a complicar la situaci\u00f3n pol\u00edtica del reino, y a paralizar por el pronto todas las mejoras y progresos materiales. Aclamada en 24 de Octubre la reina Do\u00f1a Isabel\u00a0II en la tierna edad de tres a\u00f1os, y cometida la gobernaci\u00f3n del reino a su augusta madre Do\u00f1a Mar\u00eda Cristina, no tard\u00f3 en levantarse de nuevo el pend\u00f3n de la guerra civil, sostenida en las provincias por el pretendiente, infante D. Carlos, y sus numerosos partidarios, al paso que los de Isabel y de Cristina acometieron simult\u00e1neamente la obra de la nueva revoluci\u00f3n pol\u00edtica, que siguiendo diversos per\u00edodos, pareci\u00f3 al pronto satisfecha con la promulgaci\u00f3n del Estatuto Real, otorgado por la Reina Gobernadora en 10 de Abril de 1834, y fue creciendo despu\u00e9s hasta la nueva promulgaci\u00f3n de la Constituci\u00f3n de 1812, verificada en 16 de Agosto de 1836, y luego la nueva de 18 de Junio de 1837, formada y sancionada por las Cortes generales, que despu\u00e9s fue modificada en 1845, y rige todav\u00eda.\r\n\r\nLargo y enojoso, a par que delicado, ser\u00eda el consignar aqu\u00ed los diversos y grav\u00edsimos acontecimientos de que en aquella angustiosa \u00e9poca fue teatro la capital del reino; pero no puede tampoco dejar de recordarse los m\u00e1s importantes y memorables. Entre ellos, ocupan el primer lugar los d\u00edas 16, 17 y 18 de Julio de 1834, que quedaron inscriptos en la historia de Madrid con la sangre inocente de los religiosos, asesinados inhumanamente al pie de los altares, a impulsos del v\u00e9rtigo agitador de las pasiones pol\u00edticas y del funesto <i>c\u00f3lera-morbo<\/i>, que por aquellos d\u00edas se desarroll\u00f3 en la capital de un modo asombroso. Al trav\u00e9s de este espantoso cuadro, se ofreci\u00f3 en aquellos mismos d\u00edas a la vista de sus habitantes el magn\u00edfico episodio de la apertura de las Cortes del Reino, en sus dos Estamentos de Pr\u00f3ceres y de Procuradores, verificada en persona por la Reina Gobernadora.\r\n\r\nNo fueron menos graves los acontecimientos de 15 de Agosto de 1836, que dieron por resultado el restablecimiento de la Constituci\u00f3n de 1812; los del 11 de Setiembre de 1837, en que lleg\u00f3 D.\u00a0Carlos con su ej\u00e9rcito hasta las tapias de Madrid, sin poder penetrar en \u00e9l; los del 1.\u00ba de Setiembre de 1840, cuya consecuencia fue la abdicaci\u00f3n de la Reina Gobernadora y su salida de Espa\u00f1a, y la elevaci\u00f3n a la regencia del reino del general D. Baldomero Espartero, duque de la Victoria; la tentativa armada contra el Gobierno de \u00e9ste en la noche del 7 de Octubre de 1841, de que fue v\u00edctima el general D. Diego Le\u00f3n y otros compa\u00f1eros de infortunio; la especie de sitio puesto a Madrid a mediados de Julio de 1843 por las tropas pronunciadas contra el Regente, hasta la entrada de ellas y del Gobierno provisional en 22 del mismo Julio, y \u00faltimamente, la declaraci\u00f3n solemne de la mayor\u00eda de la reina do\u00f1a Isabel II, verificada por las Cortes, y el juramento prestado en ellas por la misma Reina en 10 de Noviembre de 1843.\r\n\r\nEn medio de tan graves acontecimientos, al trav\u00e9s de una guerra civil de siete a\u00f1os, obstinada y dudosa, agitados los esp\u00edritus con la revoluci\u00f3n pol\u00edtica que el curso de los acontecimientos y de las ideas hizo desarrollar, comprometidas las fortunas, preocupados los \u00e1nimos y careciendo de la seguridad y de la calma necesarias para las \u00fatiles empresas, parec\u00eda natural que, abandonadas \u00e9stas, hubieran hecho retrogradar a nuestro Madrid hasta despojarle de aquel grado de animaci\u00f3n que hab\u00eda llegado a conquistar en los \u00faltimos a\u00f1os del reinado anterior.\r\n\r\nPues sucedi\u00f3 precisamente todo lo contrario; y el que regresaba a la corte despu\u00e9s de una ausencia de algunos a\u00f1os, no pod\u00eda menos de convenir en los grandes adelantos que se observaban ya en todos los ramos que constituyen la administraci\u00f3n local y la comodidad de la vida.\r\n\r\nLa parte material de la villa sufri\u00f3 en aquel per\u00edodo una completa metamorfosis. La revoluci\u00f3n pol\u00edtica, al paso que hizo variar absolutamente la organizaci\u00f3n del supremo gobierno, tribunales y oficinas de administraci\u00f3n p\u00fablica, dej\u00f3 tambi\u00e9n impresas sus huellas en los objetos materiales; borr\u00f3 con atrevida mano muchos de nuestros monumentos religiosos e hist\u00f3ricos; levant\u00f3 otros de nuevo, y aspir\u00f3 a presentar otras formas exteriores de una nueva \u00e9poca, de diversa constituci\u00f3n.\r\n\r\nPor consecuencia de la supresi\u00f3n de las comunidades religiosas, verificada en 1836, quedaron vac\u00edos multitud de conventos, que fueron luego destinados a diversos usos, tales como oficinas civiles, cuarteles, albergues de beneficencia, y sociedades literarias; otros fueron completamente derribados para formar plazas, mercados y edificios particulares; \u00e9stos son los de la Merced, Agustinos Recoletos, la Victoria, San Felipe el Real, Esp\u00edritu Santo, San Bernardo, Capuchinos de la Paciencia, San Felipe Neri, Agonizantes de la calle de Atocha, Monjas de Constantinopla, la Magdalena, los \u00c1ngeles, Santa Ana, Pinto, el Caballero de Gracia, las Baronesas y la parroquia de San Salvador, que desaparecieron del todo.\r\n\r\nLa completa desamortizaci\u00f3n y venta de las cuantiosas fincas del clero regular y secular fue tambi\u00e9n causa de que, pasando \u00e9stas a manos activas, se renovasen en su mayor parte. La reuni\u00f3n de capitales sin ocupaci\u00f3n, y el mayor gusto y exigencia de la \u00e9poca, llamaron el inter\u00e9s privado hacia este objeto, y renovaron en su consecuencia, o alzaron de nuevo, multitud de casas, que forman calles, barrios enteros; tales fueron las de la Plaza de Oriente a la derecha del Real Palacio, las de San Felipe el Real, la Victoria y otros sitios; pero al inter\u00e9s y el buen gusto particular y dem\u00e1s causas indicadas, se uni\u00f3, para fortuna de Madrid, una principal, y fue la feliz coincidencia de una autoridad celosa, que en los a\u00f1os 1834, 35 y 36 estuvo al frente de la administraci\u00f3n municipal, y en quien se vieron felizmente reunidos los conocimientos, el gusto y el prestigio necesarios para entablar un sistema general de mejoras locales, que ha podido despu\u00e9s ser continuado f\u00e1cilmente. No seriamos justos si dej\u00e1ramos pasar esta ocasi\u00f3n sin consignar el tributo de gratitud que todo Madrid rinde a la memoria de su malogrado corregidor <i>don Joaqu\u00edn Vizca\u00edno, marqu\u00e9s viudo de Pontejos<\/i>.\r\n\r\nColocado inopinadamente en 1834 al frente de la Administraci\u00f3n municipal de Madrid, sin salir, como sus antecesores, de las aulas universitarias, de las salas de los Consejos, ni de las antec\u00e1maras del Palacio, antes bien del seno de la parte m\u00e1s culta, ilustrada y vital de nuestra sociedad, conocedor pr\u00e1ctico de las necesidades y deseos de esta, observador diligente de los adelantos de otras naciones, y dotado de una mirada certera y de un instinto de buen gusto, de un don de autoridad irresistible, de una franqueza y caballerosidad de trato singulares, supo romper la cadena de la rutina que ven\u00edan arrastrando los que le precedieron en el mando, sobreponerse a las preocupaciones vulgares, y salvando con incre\u00edble constancia y fuerza de voluntad los innumerables obst\u00e1culos que la ignorancia y la mala fe le opon\u00edan al paso, acert\u00f3 a iniciar y asentar sobre s\u00f3lidas bases el grandioso pensamiento de la reforma material y administrativa de Madrid, que despu\u00e9s han podido continuar sus sucesores sin tanto esfuerzo.\r\n\r\nPor desgracia pana esta poblaci\u00f3n, las revueltas pol\u00edticas y las injustas disidencias de los partidos apartaron demasiado pronto de la autoridad a aquel dign\u00edsimo funcionario, el cual, en medio de sus reconocidas y excelentes cualidades de mando, ten\u00eda para aqu\u00e9llos el achaque imperdonable de no pertener a bander\u00eda determinada, limit\u00e1ndose \u00fanicamente a su especialidad administrativa y local.\r\n\r\nLa numeraci\u00f3n de las casas se reform\u00f3 en su tiempo completamente por el mismo sistema que vinimos proponiendo en nuestro M<small>ANUAL DE<\/small> M<small>ADRID<\/small> de 1831. La rotulaci\u00f3n de las calles igualmente fue reformada; el empedrado y aceras recibieron grandes mejoras en todas las calles principales, y ensay\u00f3 en muchas de ellas los sistemas m\u00e1s modernos y acreditados, colocando tambi\u00e9n las nuevas aceras anchas y elevadas. La limpieza de d\u00eda se empez\u00f3 a verificar con mayor regularidad, y el alumbrado fue tambi\u00e9n completamente establecido, con buenos reverberos, colocados a convenientes distancias. Concluy\u00e9ronse al mismo tiempo varios edificios y monumentos p\u00fablicos, tales como el Colegio de Medicina, el teatro del Circo, cuatro mercados cubiertos, el mausoleo del Dos de Mayo y el obelisco de la fuente Castellana; se formaron nuevas plazas y paseos en lo interior de la villa y en todos sus alrededores; plant\u00e1ronse \u00e1rboles en las plazas y calles principales, y en los caf\u00e9s, tiendas y dem\u00e1s establecimientos p\u00fablicos se empez\u00f3 a desplegar un gusto y elegancia hasta entonces desconocidos.\r\n\r\nSi adelantamos a buscar reformas de m\u00e1s importancia, no dejaremos de reconocerlas en gran n\u00famero y de la mayor trascendencia. El albergue de mendicidad de San Bernardino, creado y sostenido por la caridad del pueblo de Madrid; las Salas de asilos o Escuelas de p\u00e1rvulos, instituci\u00f3n ben\u00e9fica, planteada por la Sociedad para mejorar y propagar la educaci\u00f3n del pueblo; la Caja de Ahorros, servida igualmente por otra junta de personas ben\u00e9ficas; la ampliaci\u00f3n y considerable aumento del Monte de Piedad; la formaci\u00f3n y trabajos de la Sociedad para la reforma del sistema carcelario; la de otras sociedades contra los incendios y granizo; las muchas de socorros mutuos que sustituyeron a los montes p\u00edos, y otra multitud de establecimientos \u00fatiles, demuestran bien que no fueron olvidadas, aun en aquellos momentos de v\u00e9rtigo, los sanos principios de una buena administraci\u00f3n; as\u00ed como tambi\u00e9n la reinstalaci\u00f3n de la Sociedad Econ\u00f3mica Matritense, la formaci\u00f3n del Ateneo cient\u00edfico, la del Liceo art\u00edstico y literario, la del Instituto y otras sociedades de est\u00edmulo e instrucci\u00f3n, la apertura del Museo nacional de la Trinidad, la de nuevos espect\u00e1culos, casinos y otros establecimientos de recreo, prueban tambi\u00e9n que se procur\u00f3 infundir en nuestra sociedad aquel grado de cultura y comodidad que exigen ya las necesidades del siglo.\r\n<p class=\"salto10\">El reinado de Isabel II, que propiamente empieza desde 1843, en que fue declarada por las Cortes mayor de edad y empu\u00f1\u00f3 las riendas del Estado, ha sido hasta ahora el m\u00e1s fecundo en prosperidad para, la corte de la monarqu\u00eda, y en \u00e9l se encierra el per\u00edodo de renovaci\u00f3n casi completa de la antigua villa capital.<\/p>\r\nLos graves sucesos pol\u00edticos acaecidos en este largo per\u00edodo no han influido, por fortuna, en detener el progreso material y social de Madrid, y terminada ya la guerra civil de los siete a\u00f1os, ha podido seguir la marcha civilizadora del siglo, aprovechar los ejemplos de pa\u00edses m\u00e1s adelantados, y remediar en lo posible sus propios errores o desaciertos.\r\n\r\nNo han faltado, sin embargo, en estos diez y siete a\u00f1os per\u00edodos turbulentos, \u00e9pocas agitadas por las pasiones pol\u00edticas, y en ellas tuvo que pasar Madrid por ser teatro de episodios m\u00e1s o menos tr\u00e1gicos y lamentables; tales fueron los ocurridos en Marzo y Mayo de 1848, a consecuencia de la parodia intentada de la revoluci\u00f3n francesa de Febrero de aquel a\u00f1o; y los m\u00e1s trascendentales a\u00fan del levantamiento general de la naci\u00f3n en 1854, que dio por resultado la violenta desaparici\u00f3n de aquel gobierno, el destierro de la Reina madre, la subida al poder del general Espartero, duque de la Victoria, y comienzo del famoso bienio de 1854 al 56; \u00faltimamente, la contrarrevoluci\u00f3n, que as\u00ed puede llamarse, de este \u00faltimo a\u00f1o, en que tuvo que sufrir Madrid no poco, vi\u00e9ndose bombardeados y ametrallados sus edificios y las barricadas de sus calles, y sujeta la revoluci\u00f3n por la fuerza del Gobierno, a quien casi siempre hab\u00eda logrado aqu\u00e9lla burlar.\r\n\r\nPor otro lado ha ofrecido tambi\u00e9n muy diverso aspecto con faustos y memorables sucesos pol\u00edticos, en cuya celebraci\u00f3n ostent\u00f3 su antiguo esplendor. Se\u00f1alemos entre estos \u00faltimos brillantes acontecimientos y festejos los de los \u00faltimos d\u00edas de Marzo de 1844, al regreso de S.\u00a0M. la reina madre do\u00f1a Mar\u00eda Cristina, las espl\u00e9ndidas funciones celebradas con motivo de las Reales bodas de S. M. la reina do\u00f1a Isabel II con su augusto primo, y de S. A. la infanta do\u00f1a Luisa Fernanda con el Sr. Duque de Montpensier, que tuvieron lugar el 10 de Octubre de 1846; las siguientes a que dio ocasi\u00f3n el nacimiento de la infanta, do\u00f1a Isabel, en 20 de Diciembre de 1851, y el del seren\u00edsimo Pr\u00edncipe de Asturias en 29 de Noviembre de 1857, dejar\u00e1n memoria en la presente generaci\u00f3n, y forman en el presente siglo gratos episodios para la capital del reino.\r\n\r\nEn la tendencia de prosperidad, de fomento de las ciencias, de las artes y de la riqueza del pa\u00eds, general ya y dominante en el nuestro, ha cabido sin duda la gloria de dar la se\u00f1al y los primeros pasos a la capital de la monarqu\u00eda, que por razones pol\u00edticas que se dejan conocer, ejerce hoy en la actual forma de gobierno m\u00e1s influencia, re\u00fane mayor prestigio, y atrae a su centro mayores medios de acci\u00f3n que en los sistemas anteriores. Como queda expuesto, todos los adelantos, todas las mejoras que hab\u00eda experimentado en los siglos pasados el pueblo de Madrid, as\u00ed como los dem\u00e1s del reino, eran obra exclusiva de los monarcas y sus gobiernos; ahora, el mismo pueblo, vivificado, rejuvenecido, y con la conciencia de sus propias fuerzas, es quien se encarga especialmente de desarrollar sus elementos de prosperidad, de ilustraci\u00f3n y de riqueza.\r\n\r\nQueda, pues, sentado, en los p\u00e1rrafos anteriores, el principio de aquel movimiento, inaugurado casi al mismo tiempo que la revoluci\u00f3n pol\u00edtica, y desarrollado en medio de sus vaivenes, y en oposici\u00f3n a sus desmanes, hasta un punto que parec\u00eda incre\u00edble y temerario cuando nos atrevimos a indicarle en el recinto de la corporaci\u00f3n municipal en 1846<a href=\"http:\/\/www.publiconsulting.com\/wordpress\/madridantiguo\/back-matter\/notas\/#nt41\" id=\"rf41\"><sup>[41]<\/sup><\/a>; pero precisamente data desde entonces la verdadera restauraci\u00f3n y vida de nuestro Madrid, que hoy presenta una nueva y lisonjera faz.\r\n\r\nDesde 1843 dio la se\u00f1al el Gobierno con la inauguraci\u00f3n de obras p\u00fablicas de la mayor importancia, tales como el Palacio del Congreso, la Universidad, los Ministerios, el Teatro Real, el Hospital de la Princesa, la Casa F\u00e1brica de Moneda y los cuarteles. La reina do\u00f1a Isabel\u00a0II, con m\u00e1s decisi\u00f3n y magn\u00e1nimos br\u00edos que sus padres o abuelos, acometi\u00f3 la empresa verdaderamente colosal de terminar el Real Palacio y sus magn\u00edficas avenidas y jardines, que renuevan con notables aumentos las gratas memorias del rom\u00e1ntico <i>Parque<\/i>, c\u00e9lebre en las comedias de Lope y Calder\u00f3n. La municipalidad matritense (aunque siempre rezagada por la escasez de medios y otras causas) procur\u00f3 en lo posible corresponder a aquella voz de orden, terminando y decorando convenientemente la hermosa Plaza Mayor, formando y regularizando otras calles y plazas, adoptando un buen empedrado de adoquines, el alumbrado de gas, y mejor y m\u00e1s frecuente sistema de limpieza; abriendo nuevos, c\u00f3modos y hasta bell\u00edsimos paseos, tales como el de la fuente Castellana, la cuesta de la Vega y otros, y haciendo levantar un excelente <i>plano geom\u00e9trico<\/i> de Madrid para su futura y progresiva regularizacion y belleza. Y el inter\u00e9s privado, en fin, siguiendo inmediatamente las huellas de la administraci\u00f3n y el instinto de un buen c\u00e1lculo, acudi\u00f3 sol\u00edcito a donde \u00e9ste le llamaba, y renov\u00f3 casi instant\u00e1neamente calles, barrios, distritos enteros, d\u00e1ndoles con las nuevas construcciones un aspecto brillante y lisonjero. La bella plaza de Oriente, las de Bilbao y del Progreso, los distritos del Barquillo, del Congreso y de Recoletos, y \u00faltimamente la nueva Puerta del Sol y calles adyacentes, han hecho surgir un nuevo Madrid sobre las ruinas del antiguo. El elegante caser\u00edo de estos nuevos distritos y de la mayor parte de las calles de la capital; la creaci\u00f3n en ella y en sus inmediaciones de f\u00e1bricas de suma importancia, de numerosos establecimientos ben\u00e9ficos, cient\u00edficos; literarios, industriales y mercantiles; los ya muy importantes arrabales; y m\u00e1s que todo, el aumento considerable de la poblaci\u00f3n, casi duplicada en lo que va de siglo, y que hoy se eleva a 300.000 almas pr\u00f3ximamente, hacen ya necesaria y urgente una considerable <i>ampliaci\u00f3n<\/i>, que aunque no tan extensa quiz\u00e1s como la propuesta, decretada y mandada llevar a cabo en este mismo a\u00f1o, ser\u00e1 para el Madrid actual lo que fueron las de los siglos <small>XIII<\/small> y <small>XVI<\/small> para el anterior.\r\n\r\nPara dar a este engrandecimiento motivado de Madrid condiciones de estabilidad y firmeza, y elevar a la capital del reino al grado de comodidad y de importancia que requiere el estado de la naci\u00f3n, y el suyo propio, falt\u00e1banle s\u00f3lo dos circunstancias vitales, cuales eran la <i>abundancia de aguas<\/i> con que atender suficientemente a las infinitas necesidades de una poblaci\u00f3n creciente, rica, industrial y productora; y la <i>rapidez de sus comunicaciones<\/i> con las diversas provincias, costas y fronteras del reino. Ambas cuestiones han sido ventajosamente resueltas en estos \u00faltimos a\u00f1os, y Madrid, que cuenta ya en su seno una poblaci\u00f3n numerosa y creciente, una influencia pol\u00edtica decisiva como capital del reino, una riqueza considerable en propiedad, en industria y en comercio, puede tambi\u00e9n prometerse el s\u00f3lido desarrollo de todas estas ventajas, con la desaparici\u00f3n de los dos inconvenientes u obst\u00e1culos que antes se opon\u00edan a todos sus planes de mejora, y a asegurarla su puesto como corte y capital del reino.\r\n\r\nEl magn\u00edfico canal de Isabel II, que conduce a esta villa en abundoso raudal las aguas del Lozoya, y la red de los ferrocarriles, que la enlazan ya con los puertos del Mediterr\u00e1neo y muy pronto lo har\u00e1n con los del Oc\u00e9ano y con nuestras fronteras terrestres, han variado radicalmente nuestras condiciones de vida, nuestra raz\u00f3n de ser, como ahora se dice. El silbido de la locomotora, que escuch\u00f3 Madrid por la primera vez el d\u00eda 9 de Febrero de 1850, y el inmenso grito de regocijo con que salud\u00f3, el 24 de Junio de 1858, la llegada a sus muros de las aguas del Lozoya, son, pues, los dos sucesos cl\u00e1sicos verdaderamente decisivos para el Madrid del siglo\u00a0<small>XIX<\/small>.\r\n\r\nCon ellos terminamos aqu\u00ed esta breve rese\u00f1a de su historia moderna: y al recorrer las imperfectas l\u00edneas que dejamos trazadas, no podr\u00e1 menos de convenirse en que s\u00f3lo a Carlos\u00a0III parece que le ocurri\u00f3 el pensamiento de que Madrid era <i>su corte<\/i>, y que s\u00f3lo en el reinado de Isabel II ha ca\u00eddo el propio Madrid en la cuenta de que es la capital de la monarqu\u00eda.\r\n\r\nPero al revestirse de este nuevo manto purp\u00fareo y verdaderamente imperial, al ascender de hecho al primer puesto entre nuestras poblaciones y a uno de los m\u00e1s importantes entre las capitales de Europa, la morisca villa <i>del Oso y el Madro\u00f1o<\/i> no puede menos de imponerse el sensible sacrificio de ver desaparecer hasta los \u00faltimos restos de su vieja fisonom\u00eda. Llegado, pues, con el trascurso del tiempo, este plazo fatal, perm\u00edtasenos que, como hijos de esta villa, entusiastas por ella, y dedicados por afici\u00f3n a su estudio, nos apresuremos a recoger y consignar algunos recuerdos de su antigua condici\u00f3n, algunas p\u00e1ginas de su gloriosa historia; y todo ello antes que estos restos materiales se alejen para siempre de nuestra vista, o se olviden por completo de nuestra memoria.\r\n\r\nTal es el objeto que nos gui\u00f3 en los paseos hist\u00f3ricos por el antiguo Madrid, que vamos a ofrecer a nuestros lectores.\r\n\r\n<hr \/>\r\n\r\nAqu\u00ed termin\u00e1bamos en 1860 esta rese\u00f1a hist\u00f3rica y topogr\u00e1fica de Madrid. Desde entonces y en los veinte a\u00f1os transcurridos se ha operado una completa transformaci\u00f3n en el caser\u00edo de la villa, que ha duplicado en per\u00edmetro y en poblaci\u00f3n; viendo desaparecer hasta los \u00faltimos restos de su antigua fisonom\u00eda.","rendered":"<h2 id=\"sigil_toc_id_1\">\u00c9POCA DESCONOCIDA<\/h2>\n<p>M<small>ADRID<\/small>, como todas las ciudades, como todos los estados, como todos los personajes, que enaltecidos por la suerte llegaron a adquirir cierta importancia pol\u00edtica, tuvo muy luego sus aduladores panegiristas, que, no contentos con defender esta importancia y justificar aquel engrandecimiento con los m\u00e9ritos especiales del tal pueblo o del tal sujeto, estrib\u00e1ndolos en las dotes de su valor m\u00e1s bien que en el privilegio de su fortuna, trataron de rebuscar su origen en la m\u00e1s remota antig\u00fcedad, enlaz\u00e1ndole con los h\u00e9roes mitol\u00f3gicos o fabulosos, para forjarle luego una empergaminada ejecutoria en que poder ostentar sus her\u00e1ldicos blasones.<\/p>\n<p>Todo esto es muy entretenido y sabroso, si no muy veros\u00edmil ni importante a los ojos un tanto esc\u00e9pticos de la actual generaci\u00f3n, en cuyas almas no arde ya aquella fe sincera y entusiasta que enaltec\u00eda al car\u00e1cter y formaba las delicias de nuestros apasionados abuelos; y ni aun quiere dispensar a \u00e9stos los honores de la controversia en materias que considera de escaso inter\u00e9s, por remotas, improbables y que a nada conducen. Por eso los modernos historiadores dejan a aquellos ardientes admiradores de lo desconocido, mano a mano entretenidos con sus h\u00e9roes mitol\u00f3gicos, con sus fant\u00e1sticas o m\u00edsticas apariciones, con sus hiperb\u00f3licas consejas y gratuitas y c\u00e1ndidas conjeturas, y procuran s\u00f3lo aprovechar los datos fehacientes, ya sea que puedan hallarlos escritos, o ya los vean consignados materialmente en los sitios y monumentos; y en llegando a la \u00e9poca en que viene a faltarles aquel hilo conductor, dejan a la historia <i>envuelta en la noche de los tiempos<\/i>, y contin\u00faan tranquilos su narraci\u00f3n.<\/p>\n<p>Por el opuesto sistema, los entusiastas y prolijos cronistas de Madrid, Gonzalo Fern\u00e1ndez de Oviedo<a href=\"http:\/\/www.publiconsulting.com\/wordpress\/madridantiguo\/back-matter\/notas\/#nt1\" id=\"rf1\"><sup>[1]<\/sup><\/a>, el maestro Juan L\u00f3pez de Hoyos<a href=\"http:\/\/www.publiconsulting.com\/wordpress\/madridantiguo\/back-matter\/notas\/#nt2\" id=\"rf2\"><sup>[2]<\/sup><\/a>, Gil Gonz\u00e1lez D\u00e1vila<a href=\"http:\/\/www.publiconsulting.com\/wordpress\/madridantiguo\/back-matter\/notas\/#nt3\" id=\"rf3\"><sup>[3]<\/sup><\/a>, el licenciado Jer\u00f3nimo Quintana<a href=\"http:\/\/www.publiconsulting.com\/wordpress\/madridantiguo\/back-matter\/notas\/#nt4\" id=\"rf4\"><sup>[4]<\/sup><\/a>, Antonio Le\u00f3n Pinelo<a href=\"http:\/\/www.publiconsulting.com\/wordpress\/madridantiguo\/back-matter\/notas\/#nt5\" id=\"rf5\"><sup>[5]<\/sup><\/a>, D.\u00a0Juan de Vera Tassis y Villaroel<a href=\"http:\/\/www.publiconsulting.com\/wordpress\/madridantiguo\/back-matter\/notas\/#nt6\" id=\"rf6\"><sup>[6]<\/sup><\/a>, D. Antonio N\u00fa\u00f1ez de Castro<a href=\"http:\/\/www.publiconsulting.com\/wordpress\/madridantiguo\/back-matter\/notas\/#nt7\" id=\"rf7\"><sup>[7]<\/sup><\/a>, y otros que en los siglos <small>XVI<\/small> y <small>XVII<\/small>, a consecuencia de la r\u00e1pida importancia adquirida por esta villa con la traslaci\u00f3n a ella de la corte de la monarqu\u00eda, dedicaron sus plumas y desplegaron toda la tuerza de su voluntad a rebuscar y consignar, con m\u00e1s celo que buen criterio, mil confusas tradiciones, mil absurdas conjeturas con que enaltecer a su modo al pueblo que los hab\u00eda visto nacer y cuya historia o paneg\u00edrico intentaban trasladar; ocuparon muchas p\u00e1ginas de sus indigestos cronicones en aserciones notoriamente falsas, en consejas maravillosas y en deducciones temerarias y hasta rid\u00edculas, que, si pudieron ser admitidas en la \u00e9poca en que se escrib\u00edan, hoy s\u00f3lo alcanzan de la cr\u00edtica sensata una sonrisa desde\u00f1osa.<\/p>\n<p>Nada, sin embargo, debemos extra\u00f1ar que as\u00ed sucediera, y que tan patriotas y eruditos escritores pagasen tributo a la moda de aquellos tiempos, que quer\u00eda que la remota alcurnia fuese el primer t\u00edtulo de gloria para los pueblos como para los individuos; y que dominados por e] deseo de hacer aparecer con mayor esplendor a su villa natal, objeto de su entusiasmo y reciente emporio de la monarqu\u00eda, no titubeasen en admitir como buenos todos los delirios, f\u00e1bulas y comentos que pudieron hallar consignados en los falsos cronicones, en los ecos populares o en las maravillosas consejas del vulgo; que no retrocediesen ante el temor de ser tratados alg\u00fan d\u00eda de ligereza por la cr\u00edtica severa y la sana raz\u00f3n, ni que tampoco hiciesen escr\u00fapulo de alterar o desfigurar los textos m\u00e1s respetables, atorment\u00e1ndolos a su modo para sacar consecuencias absurdas que pudiesen conducir a su objeto preexistente.<\/p>\n<p>Al decir de aquellos c\u00e1ndidos o amartelados escritores, la fundaci\u00f3n de Madrid precedi\u00f3 en diez o m\u00e1s siglos a la de Roma; se verific\u00f3 en los primeros tiempos de la poblaci\u00f3n de Espa\u00f1a, a muy pocos a\u00f1os despu\u00e9s del Diluvio universal, y cumplir\u00eda en el de gracia que atravesamos 4030 de respetable fecha, seg\u00fan muy seriamente afirmaba hace pocos a\u00f1os nuestro <i>Calendario oficial<\/i>. A\u00f1aden que dicha fundaci\u00f3n fue verificada por el pr\u00edncipe <i>Ocno-Bianor<\/i>, hijo de Tiber, rey de Toscana, y de la adivina <i>Manto<\/i>, cuyo nombre quiso dejar consignado en esta villa apellid\u00e1ndola <i>Mantua<\/i>. Pero semejante origen mitol\u00f3gico de nuestro Madrid no es m\u00e1s que un <i>plagio<\/i> del que plugo a Virgilio dar a la otra <i>Mantua<\/i> de Italia, su patria: y no pod\u00eda de modo alguno aplicarse racionalmente a Madrid en la \u00e9poca en que se supone fundada, anterior en m\u00e1s de mil a\u00f1os a dicho pr\u00edncipe Ocno, que si existi\u00f3 efectivamente, fue diez siglos despu\u00e9s, en tiempo de la guerra troyana.<\/p>\n<p>No menos peregrinos son los dem\u00e1s cuentos con (que engalanan nuestros cronistas la cuna de su pretendida <i>Mantua<\/i>, alegando, para probar su predilecto ensue\u00f1o del origen griego, datos tan concluyentes o chistosos como el <i>espantable y fiero drag\u00f3n<\/i> que se hall\u00f3 esculpido en una de sus puertas, y que, seg\u00fan ellos, era el emblema que asaban los griegos en sus banderas y dejaban como blas\u00f3n a las ciudades que edificaban; o bien en ciertas l\u00e1minas de metal que se suponen halladas al derribar el <i>Arco de Santa Mar\u00eda<\/i>, y que escritas (probablemente en caldeo) probaban, seg\u00fan ellos, haber sido construido aquel muro y puerta por Nabucodonosor, rey de Babilonia, <i>a su paso por Madrid<\/i>.<\/p>\n<p>La cr\u00edtica moderna, m\u00e1s concienzuda o menos apasionada, rechaza al dominio de la f\u00e1bula todas estas gratuitas e improbables aseveraciones; y en busca de los datos fehacientes que pudieran conducirla al esclarecimiento de la verdad, no ha hallado en esta villa el m\u00e1s ligero indicio ni la m\u00e1s remota se\u00f1al de tan primitivo origen; s\u00f3lo ha visto se\u00f1alada en las <i>Tablas de Tolomeo<\/i> una poblaci\u00f3n apellidada <i>Mantua<\/i>, que estaba situada en la regi\u00f3n <i>carpetana<\/i>; pero la situaci\u00f3n geogr\u00e1fica se\u00f1alada por aqu\u00e9l a esta Mantua (seg\u00fan la demostraci\u00f3n de los m\u00e1s insignes hombres de ciencia), contradice absolutamente a la de nuestro Madrid, y difiere de \u00e9ste algunas leguas; siendo unos de opini\u00f3n (como los coronistas Pedro Esquivel y Ambrosio de Morales) de que puede referirse al pueblo conocido ahora por <i>Villamanta<\/i>, y otros a Talamanca (Arm\u00e1ntica), que se aproximan o cuadran mejor a aquella situaci\u00f3n, que conservan a\u00fan en sus nombres m\u00e1s ra\u00edces o analog\u00edas con el primitivo de Mantua, y en que se observaron tambi\u00e9n ruinas y hallaron vestigios de remota antig\u00fcedad.<\/p>\n<p>En este sentido hicieron preciosas observaciones, a fines del siglo \u00faltimo, los eruditos escritores y arque\u00f3logos maestro Enrique Florez, D.\u00a0Antonio Ruy-Bamba, y sobre todos, D. Juan Antonio Pellicer, en dos obras especiales<a href=\"http:\/\/www.publiconsulting.com\/wordpress\/madridantiguo\/back-matter\/notas\/#nt8\" id=\"rf8\"><sup>[8]<\/sup><\/a>, el cual lleg\u00f3 hasta averiguar y demostrar el origen de la equivocada antig\u00fcedad y nombre dados a Madrid, explic\u00e1ndola en el texto <i>adulterado<\/i> de dichas <i>Tablas de Tolomeo<\/i> de la edici\u00f3n de Ulma, en 1491, en el cual se lee esta nota, puesta por ignorada mano (<i>\u00abMantua; Viseria olim; Madrid\u00bb<\/i>), cuya gratuita explicaci\u00f3n no se lee en las primeras o anteriores ediciones de aquel gran ge\u00f3grafo, seg\u00fan puede consultarse en la de 1475 (la m\u00e1s antigua que se conoce) y que existe en nuestra Biblioteca Nacional, y cita tambi\u00e9n dicho erudito escritor.<\/p>\n<p>Resulta, pues, probado hasta la evidencia, que lo de la fundaci\u00f3n de Mantua por el pr\u00edncipe <i>Ocuo-Bianor<\/i> es a todas luces falso e imposible, y que la poblaci\u00f3n que cita Tolomeo con aquel nombre (ya fuese fundada por griegos, cartagineses o romanos) no es ni pudo ser con algunas leguas de diferencia la que actualmente se denomina M<small>ADRID<\/small>; que el mismo Tolomeo no dijo tal cosa, sino que fue una ligereza de alguno de sus ignorados anotadores. Acaso, sin embargo, pudo existir Madrid en tiempo de la dominaci\u00f3n romana en Espa\u00f1a, y aun antes, como pretenden la mayor parte de los escritores antiguos y muchos modernos, e intentan probarlo con algunas l\u00e1pidas sepulcrales que dicen haberse hallado en esta villa y describen o interpretan a su sabor; pero en ninguna de dichas l\u00e1pidas (que pudieron ser tra\u00eddas, y alguna consta que lo fue efectivamente, de otros puntos), aun violentando todo lo posible las interpretaciones, se encuentra la m\u00e1s m\u00ednima referencia a Madrid con el nombre de Mantua ni con otro alguno.<\/p>\n<p>Si existi\u00f3 Madrid en tiempo de los romanos y, como se ha pretendido, fue municipio de alguna importancia; si recibi\u00f3 en ellos la sagrada luz del Evangelio, viniendo a predicarle el Ap\u00f3stol Santiago o alguno de sus compa\u00f1eros; si fue por entonces ensanchada la poblaci\u00f3n y fortificada con s\u00f3lidos muros, y vio nacer dentro de ellos, como se ha defendido, a San Melchiades y San D\u00e1maso, papas, y morir en el martirio a San Gines y otros en defensa de la fe, \u00bfc\u00f3mo, pues, se llamaba esta poblaci\u00f3n, que ya vemos que no era <i>Mantua<\/i> y que tampoco est\u00e1 se\u00f1alada en el <i>Itinerario de Antonio P\u00edo<\/i> con los nombres de <i>Viseria, Ursaria<\/i> ni <i>Majoritum<\/i>, que dicen aquellos historiadores recibi\u00f3 de los latinos? La cr\u00edtica moderna (ya lo hemos dicho) niega absolutamente la primera de aquellas denominaciones, <i>Viseria<\/i>, probando que es nacida del mismo error de la nota puesta a Tolomeo y que traduce <i>\u00abManto\u00bb<\/i> (<i>Viseria olim, Adivina en otro tiempo<\/i>): conviene hasta cierto tiempo con que pudo ser llamada <i>Ursaria<\/i> por los muchos osos de que abundaba su t\u00e9rmino, y que al fin vinieron a formar el emblema de su escudo, y contradice y demuestra absolutamente que el nombre supuesto de <i>Majoritum<\/i> no es antiguo, sino pura y simplemente el posterior del <i>Magerit<\/i> morisco, latinizado de diversos modos m\u00e1s o menos b\u00e1rbaros en los documentos posteriores a la conquista; como <i>Majoridum, Mageriacum, Mageridum, Magritum, Matritum<\/i>, y otros muchos de que inserta un largo \u00e1rbol etimol\u00f3gico el citado Pellicer en su <i>Disertaci\u00f3n hist\u00f3rica sobre el origen y nombre de Madrid<\/i>, y a\u00f1ade otros muchos la diligente investigaci\u00f3n del difunto escritor contempor\u00e1neo D.\u00a0Agust\u00edn Azcona<a href=\"http:\/\/www.publiconsulting.com\/wordpress\/madridantiguo\/back-matter\/notas\/#nt9\" id=\"rf9\"><sup>[9]<\/sup><\/a>.<\/p>\n<p>Estos y otros cr\u00edticos modernos, en vista de todas aquellas observaciones, y a falta absoluta de datos fehacientes de los que se encuentran frecuentemente en pueblos de aquella antig\u00fcedad, tales como ruinas de monumentos, inscripciones, medallas, o simple menci\u00f3n en la historia, han concluido por dudar o negar rotundamente la existencia del Madrid griego y romano con el nombre de Mantua ni con otro alguno; pero otros no menos apreciables la creen probable, y entre ellos merece especial menci\u00f3n el ilustrado y respetable acad\u00e9mico, que fue, de la Historia, D.\u00a0Miguel Cort\u00e9s y L\u00f3pez, el cual, en art\u00edculos especiales de su importante <i>Diccionario geogr\u00e1fico hist\u00f3rico de la Espa\u00f1a antigua<\/i>, y en dos cartas que se sirvi\u00f3 dirigirnos desde Valencia, y que conservamos con el mayor aprecio, consagr\u00f3 toda la fuerza de su talento y de su perspicacia a demostrar <i>que en el sitio en donde la actual cilla de Madrid, estuvo, no la<\/i> M<small>ANTUA<\/small> <i>de Tolomeo, sino la mansi\u00f3n militar romana se\u00f1alada ron el nombre de<\/i> M<small>IACUM<\/small> <i>en el Itineraria de Antonino<\/i>; supone dicha voz hebreo-fenicia, y de su genitivo <i>Miaci<\/i> deduce el de Madrid, y de las voces <i>Miaci-Nahar<\/i> (equivalentes a <i>r\u00edo de Miaco<\/i>) el del que hoy es conocido con el nombre de <i>Manzanares<\/i>; asentando, ademas, que si con documentos antiguos y aut\u00e9nticos se pudiera probar que Madrid en alg\u00fan tiempo se llam\u00f3 <i>Ursaria<\/i>, no ser\u00eda preciso inferir que este nombre derivase del latino <i>Ursus<\/i>, sino, con m\u00e1s verosimilitud, de la voz hebrea <i>Ur<\/i>, que significa <i>fuego<\/i>, con lo que vendr\u00eda a decir <i>ciudad de fuego<\/i>, y se justificar\u00eda el dicho de Juan Mena.<\/p>\n<p class=\"cit\">\u00abEn la su villa, de fuego cercada\u00bb,<\/p>\n<p>teniendo tambi\u00e9n much\u00edsima analog\u00eda con la voz <i>Miacum<\/i>, que significa lo mismo, <i>ciudad levantada sobre un terreno de fuego<\/i> o volc\u00e1nico, aunque otros creen que este dicho aluda m\u00e1s bien a la muralla que estaba formada de grandes pedernales.<\/p>\n<p>Vemos, pues, que todo esto no son m\u00e1s que conjeturas m\u00e1s o menos ingeniosas, y que nada puede asegurarse absolutamente por falta de datos fehacientes, durante la dominaci\u00f3n de los griegos y romanos, y lo que es m\u00e1s, ni aun despu\u00e9s de la ca\u00edda del imperio y de la irrupci\u00f3n y dominio de los godos en nuestra Espa\u00f1a; porque no s\u00f3lo, como queda dicho, no se hallan ni han hallado en Madrid restos algunos que demuestren con evidencia que existi\u00f3 en aquellas \u00e9pocas, ni hay otra raz\u00f3n para creerlo que tradiciones <b>po\u00e9ticas<\/b> y maravillosas, sino que tampoco se ve siquiera hecha menci\u00f3n de esta villa en las antiguas cr\u00f3nicas de Espa\u00f1a, hasta la de Sampiro, que la nombra por primera vez con su nombre morisco y con referencia al siglo\u00a0<small>X<\/small>, dos centurias despu\u00e9s de la invasi\u00f3n musulmana.<\/p>\n<h2 id=\"sigil_toc_id_2\">\u00c9POCA HIST\u00d3RICA<\/h2>\n<p class=\"centrado\">MADRID MORISCO<br \/>\n(Siglo <small>X<\/small>)<\/p>\n<p class=\"salto10\">A las simples conjeturas y a los ingeniosos argumentos dirigidos a probar la existencia anterior de Madrid, sucede ya aqu\u00ed la evidencia, producida por las palabras terminantes de la historia. \u00abReinando Ramiro\u00a0II seguro (en Le\u00f3n), consult\u00f3 con los magnates de su reino de qu\u00e9 modo invadir\u00eda la tierra de los caldeos, y juntando su ej\u00e9rcito, se encamin\u00f3 ala ciudad que llaman de <i>Magerit<\/i>, desmantel\u00f3 sus muros, hizo muchos estragos en un domingo, y ayudado de la clemencia de Dios, volvi\u00f3 a su reino en paz con su victoria\u00bb<a href=\"http:\/\/www.publiconsulting.com\/wordpress\/madridantiguo\/back-matter\/notas\/#nt10\" id=\"rf10\"><sup>[10]<\/sup><\/a>.<\/p>\n<p>Esta es la primera vez que figura Madrid en nuestra historia, si bien es ya con el car\u00e1cter de ciudad murada e importante: \u00e9ralo en efecto, porque defendiendo a Toledo, corte de los musulmanes, de las invasiones de los castellanos y leoneses, que sol\u00edan pasar los puertos de Guadarrama y Fuenfr\u00eda, procuraron los \u00e1rabes fortificarla con alc\u00e1zar y castillo seguro, con fuertes murallas, con robustas torres y con s\u00f3lidas puertas; por lo que es muy regular que se aplicasen luego a reparar la parte de muros que desmantel\u00f3 D.\u00a0Ramiro, pues viv\u00edan siempre recelosos y amenazados de los enemigos.\u2014 Esta acometida del Rey leon\u00e9s la se\u00f1alan los coronistas por los a\u00f1os 933, y tambi\u00e9n hacen menci\u00f3n de otra posterior, verificada por D. Fernando I (el Magno), en 1047, en la cual maltrat\u00f3 las murallas de <i>Magerit<\/i>, y algunos suponen que la tom\u00f3, que recibi\u00f3 en ella la visita de Alimenon, rey moro de Toledo, y que le hizo su tributario, abandon\u00e1ndole despu\u00e9s su conquista.<\/p>\n<p>Sobre la suerte de <i>Magerit<\/i><a href=\"http:\/\/www.publiconsulting.com\/wordpress\/madridantiguo\/back-matter\/notas\/#nt11\" id=\"rf11\"><sup>[11]<\/sup><\/a> durante la dominaci\u00f3n de los sarracenos, se ha delirado tambi\u00e9n bastante, suponi\u00e9ndole unos pueblo grande y rico, con muchas mezquitas e iglesias muz\u00e1rabes, con grandes y poblados arrabales, notables escuelas de Astronom\u00eda, c\u00e9lebre en los cantares de sus dominadores, y fortalecido por ellos, que dieron a su alcaide la primera voz entre los del reino de Toledo; pero otros pretenden rebajar mucho de este brillante cuadro, y de todos modos, son sumamente escasas las pruebas que se presentan de aquellas aserciones, pues s\u00f3lo a fines del mismo siglo\u00a0<small>X<\/small>. el escritor \u00e1rabe <i>Ebu-Ka-teb<\/i> hace menci\u00f3n de <i>Magerit<\/i>, diciendo <i>era una peque\u00f1a poblaci\u00f3n cerca de Alcal\u00e1<\/i>, y por aquel mismo tiempo se citan los nombres de <i>Moslema Ben-Amet<\/i>, gran matem\u00e1tico y astr\u00f3nomo, conocido por <i>el Magriti<\/i>, y de <i>Said Ben Zulema<\/i> y <i>Johia<\/i>, madrile\u00f1os tambi\u00e9n, que ense\u00f1aban las ciencias y la Filosof\u00eda en Toledo y Granada.<\/p>\n<p>No es de suponer, pues, que fuese tan grande la importancia de esta morisca poblaci\u00f3n, apenas citada en las historias \u00e1rabes, y de que tan escasos y mezquinos restos quedaron despu\u00e9s de la conquista; con ausencia absoluta de importantes ruinas, de algunas construcciones de las que tan frecuentemente se encuentran en nuestras ciudades musl\u00edmicas, tales como mezquitas y palacios, f\u00e1bricas, ba\u00f1os, hospitales y acueductos, y \u00fanicamente el <i>Alc\u00e1zar<\/i> o fortaleza (cuyo origen puede presumirse de aquel tiempo), y la muralla y puertas que aun se conservaron largo tiempo despu\u00e9s, revelan el verdadero car\u00e1cter militar o la importancia estrat\u00e9gica de la poblaci\u00f3n, situada orillas del Manzanares. Si \u00e9sta fue fundaci\u00f3n de los musulmanes, como parecen indicarlo sus condiciones y forma especial, la fisonom\u00eda y nombre con que aparece por primera vez en la historia, o si la hallaron ya fundada por los godos o romanos, es lo que ser\u00eda aventurado resolver.<\/p>\n<p>\u00danicamente puede sospecharse que la primitiva poblaci\u00f3n, ya fuese goda o romana, ocup\u00f3 efectivamente un recinto mucho m\u00e1s peque\u00f1o de aquel con el que sucumbi\u00f3 en el siglo\u00a0<small>XI<\/small> ante las armas victoriosas de su conquistador D. Alfonso VI. Dicho recinto primitivo (que es el atribuido por los historiadores po\u00e9ticos a su pretendida <i>Mantua<\/i>) era tan estrecho, que arrancando la muralla en el alc\u00e1zar o fortaleza, segu\u00eda rectamente a la puerta de la Vega, y luego, por detr\u00e1s del sitio donde hoy est\u00e1 la casa de Consejos, revolv\u00eda hacia el frente de la calle del Factor, donde estaba, mirando a Oriente, otro arco o puerta llamado luego de <i>Santa Mar\u00eda<\/i> (que permaneci\u00f3 aun despu\u00e9s de la ampliaci\u00f3n), sub\u00eda luego por dicha calle del Factor al altillo de palacio, y tornaba a cerrar con el alc\u00e1zar por su frente meridional. Esta muralla, que suponen fuerte los historiadores, ten\u00eda frente al alc\u00e1zar y donde ahora est\u00e1n las casas del marqu\u00e9s de Malpica, una torre llamada <i>Narig\u00fces<\/i>, sobre las aguas y huertas del <i>Pozacho<\/i>, que estaban donde ahora la calle de Segovia, y otra llamada torre <i>Gaona<\/i>, fuera de los muros, e inmediato a los Ca\u00f1os del Peral.<\/p>\n<p>Pero admitida o allanada (no sabemos en qu\u00e9 tiempo) esta primera muralla, se construy\u00f3 (m\u00e1s probablemente por los moros que no por los romanos del tiempo de Trajano, como se ha pretendido) la segunda y verdadera con que aparece <i>Magerit<\/i> en la historia, y de que no puede dudarse absolutamente, tanto por hallarse descrita por autores que aun la conocieron en pie, y que dicen que era de doce pies de espesor, de s\u00f3lida canter\u00eda y argamasa, y que, seg\u00fan <i>Marineo S\u00edculo<\/i>, aun ostentaba, en tiempos del emperador Carlos\u00a0V, ciento veinte y ocho torres o cubos en sus lienzos, cuanto porque la vemos materialmente reproducida casi por toda su extensi\u00f3n, y siguiendo exactamente la direcci\u00f3n que la dan los historiadores, en el gran <i>Plano topogr\u00e1fico de Madrid<\/i>, grabado en Amberes en 1656<a href=\"http:\/\/www.publiconsulting.com\/wordpress\/madridantiguo\/back-matter\/notas\/#nt12\" id=\"rf12\"><sup>[12]<\/sup><\/a>, y en el cual se distingue perfectamente dicha muralla, aunque interrumpida por las construcciones posteriores; \u00faltimamente, porque por los restos de ella, que en nuestros mismos d\u00edas se han hallado con ocasi\u00f3n de los derribos de casas, se puede apreciar en t\u00e9rminos precisos su direcci\u00f3n, cubos y fortaleza. Aqu\u00e9lla era, pues, la siguiente:<\/p>\n<p>Arrancando, como la anterior, por detr\u00e1s del Alc\u00e1zar (que, como es sabido, estaba en el mismo sitio que hoy el Real Palacio), segu\u00eda recta hasta la <i>Puerta de la Vega<\/i> (hasta aqu\u00ed pudo ser el trozo de la muralla primitiva, si es que existi\u00f3), y penetrando luego por entre las casas del marqu\u00e9s de Povar (hoy de Malpica), y de la conocida actualmente por la chica de Osuna (que fue primero hospital de San L\u00e1zaro), bajaba a las huertas del <i>Pozacho<\/i>, que se hallaban en lo que hoy es calle de Segovia, hacia las casas viejas de la Moneda, dirigi\u00e9ndose luego a ganar las alturas fronteras de las Vistillas por el terreno que ahora es conocido con el nombre de <i>Cuesta de los Ciegos<\/i>; desde dicha altura penetraba por detr\u00e1s del moderno palacio del Duque del Infantado, hasta salir delante de San Andr\u00e9s al sitio donde estaba la <i>Puerta de Moros<\/i>, que hoy conserva a\u00fan este nombre; de aqu\u00ed, tocando en los l\u00edmites de lo que despu\u00e9s se llam\u00f3 la <i>Cava Baja<\/i> y calle del Almendro, segu\u00eda casi la direcci\u00f3n que actualmente dichas calles, saliendo a la <i>Puerta Cerrada<\/i>, la cual estaba situada hacia el mismo sitio en que hoy la cruz de piedra. Aqu\u00ed desaparece, en el plano citado, la continuidad de la muralla, ofuscada con las posteriores construcciones; pero se sabe que, subiendo por la <i>Cava de San Miguel<\/i> hacia el sitio y trozo de la calle Mayor, conocido despu\u00e9s por las <i>Plater\u00edas<\/i>, alz\u00e1base en \u00e9l la <i>Puerta de Guadalajara<\/i> enfrente de la embocadura de la actual calle de Milaneses, y continuaba luego la muralla por entre las calles del Espejo y de los Tintes (hoy <i>de la Escalinata<\/i>) a los <i>Ca\u00f1os del Peral<\/i>, torciendo, por \u00faltimo, hacia el Alc\u00e1zar, cerca del cual, y mirando al Norte, hab\u00eda otra puerta llamada de <i>Balnad\u00fa<\/i>.<\/p>\n<p>Tal era el recinto interior averiguado del <i>Magerit<\/i> morisco, y aunque los historiadores modernos suponen ya entonces la existencia de grandes arrabales y aun de ciertos templos extramuros durante la dominaci\u00f3n musulmana, esto es, por lo menos, discutible; y de toda manera, no se halla menci\u00f3n en ning\u00fan documento de dichos arrabales hasta el siglo\u00a0<small>XIII<\/small>, cuando iban ya trascurridas casi dos centurias despu\u00e9s de la conquista.<\/p>\n<h2 id=\"sigil_toc_id_3\">MADRID RESTAURADO<\/h2>\n<p class=\"centrado\">(SIGLOS XI AL XVI)<\/p>\n<p class=\"salto10\">Lleg\u00f3, en fin, la \u00e9poca de la restauraci\u00f3n definitiva de esta villa por las armas cristianas, cuya gloria estaba reservada al rey D.\u00a0Alfonso VI de Castilla. Verific\u00f3la, seg\u00fan se cree, por los a\u00f1os de 1083, cuando emprendi\u00f3 la conquista de Toledo, aunque hay quien piensa que despu\u00e9s de la de aquella ciudad. En la de Madrid dan algunos autores la palma a los segovianos, diciendo que por haber llegado m\u00e1s tarde que los de otras ciudades al llamamiento del Rey, pidiendo alojamiento, \u00e9ste les contest\u00f3 <i>\u00abque se alojar\u00e1n en Madrid\u00bb<\/i>; acord\u00e1ronlo as\u00ed los segovianos, y otro d\u00eda al amanecer ganaron la puerta de Guadalajara y plantaron en ella las banderas de Alfonso. Pero otros autores (entre ellos Quintana) niegan a los segovianos aquella participaci\u00f3n en tan importante suceso, y lo prueban, a nuestro entender, con buena cr\u00edtica y datos dif\u00edciles de combatir.<\/p>\n<p>Conquistada, en fin, esta villa, y fijada al mismo tiempo en Toledo la corte castellana, empez\u00f3 a tomar Madrid importancia hist\u00f3rica, acreci\u00f3 considerablemente la poblaci\u00f3n, extendi\u00f3 su recinto y contribuy\u00f3 con su riqueza, con su lealtad, y con el valor y patriotismo de sus moradores, al proseguimiento de las guerras encarnizadas y seculares contra la morisma.<\/p>\n<p>Alfonso VI (el <i>Conquistador<\/i> o el <i>Bravo<\/i>) y sus nietos, tambi\u00e9n Alfonsos, el\u00a0<small>VII<\/small> (llamado el <i>Emperador<\/i>) y el <small>VIII<\/small> (el de las <i>Navas<\/i>), que ocuparon el trono castellano durante todo el siglo <small>XII<\/small> y parte del <small>XIII<\/small>, manifestaron desde luego grande inclinaci\u00f3n a esta villa, visit\u00e1ndola frecuentemente y preparando en ella sus expediciones guerreras; purificaron y convirtieron en iglesias sus pobres mezquitas, dando a la principal la advocaci\u00f3n de <i>Santa Mar\u00eda de la Almudena<\/i>, por la milagrosa imagen que, seg\u00fan la tradici\u00f3n, se hall\u00f3 el d\u00eda 9 de Noviembre de 1083 (el mismo a\u00f1o de la conquista), escondida en un cubo de la muralla cerca del <i>Almud\u00edn<\/i> o p\u00f3sito de trigo; repararon sus murallas y defensas; fundaron, a lo que se cree, algunos grandes edificios, palacios e iglesias; se\u00f1alaron los t\u00e9rminos de la villa; proveyeron a su organizaci\u00f3n municipal; dictaron sus fueros y ordenanzas, y fundaron, o por lo menos extendieron considerablemente, los arrabales, concediendo notables privilegios al monasterio de San Mart\u00edn para poblar el t\u00e9rmino de esta villa, de que result\u00f3 la segunda <i>ampliaci\u00f3n<\/i> de su recinto, verificada a fines del siglo <small>XIII<\/small>.<\/p>\n<p>Muchos antiqu\u00edsimos y preciosos documentos, que prueban todo esto, y dan una idea de lo que pudo ser por entonces la villa de Madrid, se conservan todav\u00eda, y su inserci\u00f3n y estudio ocupar\u00edan algunos vol\u00famenes<a href=\"http:\/\/www.publiconsulting.com\/wordpress\/madridantiguo\/back-matter\/notas\/#nt13\" id=\"rf13\"><sup>[13]<\/sup><\/a>. Pero contrav\u00e9ndonos a nuestro prop\u00f3sito en esta r\u00e1pida rese\u00f1a, s\u00f3lo hacemos menci\u00f3n de dos de los m\u00e1s antiguos y principales.<\/p>\n<p>El primero, en el orden de antig\u00fcedad, est\u00e1 expedido en Toledo, en 1.\u00ba de Mayo, <i>era de mil ciento noventa<\/i> (correspondiente al a\u00f1o de 1152)<a href=\"http:\/\/www.publiconsulting.com\/wordpress\/madridantiguo\/back-matter\/notas\/#nt14\" id=\"rf14\"><sup>[14]<\/sup><\/a>, por el rey D.\u00a0Alfonso el VII, llamado el <i>Emperador<\/i>, y en \u00e9l hace carta de donaci\u00f3n al Concejo de Madrid de los <i>montes y linderos que son y est\u00e1n entre la villa de Madrid y Segovia, particular y se\u00f1aladamente desde el puerto del Verrueco y aparte el t\u00e9rmino entre Segovia y \u00c1vila hasta el puerto de Lozoya, con todos sus intermedios y montes y simas y valles, as\u00ed y de la manera que corre el agua y desciende de la cumbre de los montes hacia la dicha villa y hasta la dicha villa de Madrid; cuya donaci\u00f3n expresa hacer por el beneficio y servicio que le prest\u00f3 esta villa en las tierras de los moros y por la fidelidad <span class=\"normal\">(inconcusa fidelitas)<\/span> que siempre encontr\u00f3 en los vecinos de Madrid<\/i>; dicha carta de donaci\u00f3n fue seriamente combatida durante siglos por los vecinos de Segovia y de \u00c1vila, que intentaron varias veces poseer y poblar el <i>Real de Manzanares<\/i>; y en su consecuencia, hay otros muchos privilegios confirmativos, expedidos por los monarcas posteriores, y muchas Reales c\u00e9dulas amparando a Madrid en su derecho contra las agresiones de Segovia en aquellos t\u00e9rminos.<\/p>\n<p>El segundo en el orden de los tiempos, aunque no en importancia hist\u00f3rica, es el famoso <i>C\u00f3dice de los fueros<\/i>, que no fue conocido hasta 1748, en que se encontr\u00f3 y fue mandado copiar por el ministro de Estado D.\u00a0Jos\u00e9 Carbajal y Lanc\u00e1ster, con este t\u00edtulo: <i>Ordenanzas y fueros Reales que mand\u00f3 hacer el rey D. Alfonso el Octavo para gobierno de la villa de Madrid en la era <small>MCCXL<\/small><\/i> (que es el a\u00f1o 1202)<a href=\"http:\/\/www.publiconsulting.com\/wordpress\/madridantiguo\/back-matter\/notas\/#nt15\" id=\"rf15\"><sup>[15]<\/sup><\/a>.<\/p>\n<p>Este precioso documento es el mejor dato que existe para juzgar del estado civil de esta villa en su primer per\u00edodo subsiguiente a la conquista, y ha dado lugar a no menos preciosos trabajos e investigaciones cr\u00edticas de los Sres. Llaguno y Amirola, maestro Sarmiento, P.\u00a0Burriel y Pellicer, en el siglo pasado, y \u00faltimamente, al interesant\u00edsimo del digno acad\u00e9mico de la Historia Sr. D. Antonio Cabanilles, que le inserta \u00edntegro y analiza con gran copia de discretas observaciones y delicado criterio<a href=\"http:\/\/www.publiconsulting.com\/wordpress\/madridantiguo\/back-matter\/notas\/#nt16\" id=\"rf16\"><sup>[16]<\/sup><\/a>.<\/p>\n<p>La brevedad impuesta a nuestra pluma en esta rese\u00f1a hist\u00f3rica no nos permite seguir a aquellos laboriosos y eruditos escritores en la explanaci\u00f3n de las importantes deducciones que ofrece este curioso documento, para juzgar la organizaci\u00f3n, r\u00e9gimen y vida \u00edntima (dig\u00e1moslo as\u00ed) de aquella sociedad, de aquel pueblo, en \u00e9poca tan remota y poco conocida. Y ciertamente que en renunciar a este estudio, a esta exposici\u00f3n cr\u00edtica y filos\u00f3fica de aquel per\u00edodo de imperfecta cultura, aunque de grandes y generosos instintos, hacemos un sensible sacrificio; si bien nos complacemos en reconocer que este trabajo interesante est\u00e1 Lecho, y hecho con m\u00e1s perfecci\u00f3n que pudiera recibir de nuestra d\u00e9bil pluma, en la preciosa <i>Memoria<\/i> ya citada del Sr.\u00a0Cabanilles.<\/p>\n<p>Limit\u00e1ndonos, pues, a los objetos materiales existentes en aquella \u00e9poca, bastar\u00e1 a nuestro prop\u00f3sito decir que en dicho c\u00f3dice se hace referencia en lo interior de la villa de <i>El castiello, las calles, casas, el corare, la alcantariella de San Pedro, los portiellos, la puerta de Guadalajara, el Palacio, las plazas o azoches, las tabernas, las diez parroquias de Santa Mar\u00eda, San Andr\u00e9s, San Pedro, San Justo, San Salvador, San Miguel, Santiago, San Juan, San Nicol\u00e1s y San Miguel de Sagra<\/i>; habla de las aldeas de <i>Balecas, Belemeco, Humara, Sumasaguas, Rivas y Valdenegral, y tambi\u00e9n del Prado de Toya, el Carrascal de Balecas, molinos, canal et toda la renda de Rivas, del Arroyo de Tocha en Valnegral, y otros sitios y nombres hoy desconocidos<\/i>.<\/p>\n<p>De los <i>arrabales<\/i> de Madrid (que los historiadores, y especialmente Quintana, quieren que existieran ya en tiempo de los moros, y suponen habitados entonces por los cristianos) nada hablan expresamente los fueros, ni tenemos noticia de su existencia hasta fines del siglo\u00a0<small>XIII<\/small>, entre otras causas, porque Juan Di\u00e1cono, que escribi\u00f3 una <i>Memoria<\/i> sobre la vida y muerte de San Isidro, y que viv\u00eda en 1240<a href=\"http:\/\/www.publiconsulting.com\/wordpress\/madridantiguo\/back-matter\/notas\/#nt17\" id=\"rf17\"><sup>[17]<\/sup><\/a>, habla de dicho arrabal, y aun declara hacia qu\u00e9 parte ca\u00eda, que era cerca de la iglesia de San Mart\u00edn.<\/p>\n<p>La fundaci\u00f3n de este antiqu\u00edsimo monasterio se ha querido tambi\u00e9n remontar a los tiempos anteriores a la invasi\u00f3n musulmana (en que acaso aun no exist\u00eda Madrid), pero parece lo m\u00e1s probable fuese fundado por el rey don Alfonso\u00a0VI a pocos a\u00f1os de la conquista. Sea de esto lo que quiera, lo cierto es que el mismo Monarca concedi\u00f3 al prior y monjes de San Mart\u00edn, y su nieto Alfonso VII confirm\u00f3, en 1126, el importante privilegio que inserta el P. Yepes <i>para que pueda poblar el t\u00e9rmino de San Mart\u00edn seg\u00fan el fuero de Santo Domingo y de Sahag\u00fan, y que los que fuesen sus vasallos no puedan servir a otro se\u00f1or ni ser vecinos de otro lugar; que nadie pueda edificar casas sin licencia especial del prior de San Mart\u00edn, y el que viviese dentro del t\u00e9rmino d\u00e9 parte de ello al prior; y si el que de all\u00ed se saliese vendiese algunas casas, las pueda comprar el convento por el tanto, y que si no halla quien las quiera comprar, se queden por del monasterio<\/i>; con otras cl\u00e1usulas no menos expresivas del mismo privilegio. Debe, pues, considerarse esta carta de poblaci\u00f3n como el fundamento u origen del <i>Vicus Sti. Martini<\/i>, extramuros de Madrid, y luego incorporado a la parte principal del pueblo en la segunda ampliaci\u00f3n, as\u00ed como de la inmensa extensi\u00f3n de la feligres\u00eda de dicha parroquia hasta los l\u00edmites de la nueva villa.<\/p>\n<p>Otra fundaci\u00f3n religiosa, tambi\u00e9n extramuros de Madrid, contribuy\u00f3 a principios del siglo\u00a0<small>XIII<\/small> a aumentar por aquel lado del arrabal. Esta fue la que hizo el patriarca Santo Domingo de Guzm\u00e1n, que en 1217 envi\u00f3 desde Francia (donde se hallaba en la guerra con los albigenses) a algunos religiosos para pedir al Concejo de Madrid sitio en que verificarlo, y concedido que fue uno fuera de la puerta de Balnad\u00fa, y auxiliado ademas con cuantiosas limosnas del vecindario, dieron principio a la fundaci\u00f3n; pero habiendo venido el mismo Santo Domingo a Madrid al a\u00f1o siguiente, determin\u00f3 establecer en esta casa una comunidad de monjas, en vez de la de religiosos, que traslad\u00f3 a otro sitio. Desde entonces los monarcas, los magnates, el Concejo y los vecinos de Madrid manifestaron su devoci\u00f3n y simpat\u00eda hacia aquella santa casa, dot\u00e1ndola de privilegios especial\u00edsimos y cuantiosas donaciones, entre las cuales es notable la que les hizo el Santo rey don Fernando III, de la extendida huerta que llegaba hasta las inmediaciones del alc\u00e1zar, y se llamaba de la <i>Reina<\/i> y despu\u00e9s de la <i>Priora<\/i>.<\/p>\n<p>Estos dos famosos monasterios fueron, pues, indudablemente la causa de la formaci\u00f3n de aquel extenso arrabal o parte nueva de la poblaci\u00f3n, llamada por entonces el <i>arrabal de San Mart\u00edn<\/i>. No es, sin embargo, cosa tan f\u00e1cil como parece el designar con precisi\u00f3n el orden con que fue pobl\u00e1ndose aquella barriada abierta y creciente con la sucesi\u00f3n de los tiempos, hasta incorporarse m\u00e1s tarde y formar un conjunto con la poblaci\u00f3n principal; pero, sea como fuere este progreso, los cronistas matritenses dicen que ya por los tiempos de Alfonso\u00a0VIII, o sea en la segunda mitad del siglo <small>XIII<\/small>, fue necesario <i>hacer otra nueva cerca de la villa<\/i>, incluyendo los arr\u00f3bales de este lado del Norte, y tambi\u00e9n los que se hab\u00edan formado hacia el Oriente y Mediod\u00eda, y de que hablaremos despu\u00e9s. No se marcan con exactitud los puntos intermedios por donde corr\u00eda esta cerca, ni ha quedado de ella vestigio alguno que los se\u00f1ale, siendo de suponer que, si existi\u00f3 efectivamente seg\u00fan el plano de su contorno que public\u00f3 el diligente D. Jos\u00e9 \u00c1lvarez Baena<a href=\"http:\/\/www.publiconsulting.com\/wordpress\/madridantiguo\/back-matter\/notas\/#nt18\" id=\"rf18\"><sup>[18]<\/sup><\/a>, no impidi\u00f3 ni contuvo en nada el progreso del caser\u00edo por la parte exterior.<\/p>\n<p>Debemos suponer, por la consideraci\u00f3n del rumbo marcado a dicha tapia, por la forma del terreno, por los puntos o colocaci\u00f3n de los portillos o entradas, y por algunas especies sueltas y alusiones a dichas puertas que suelen hallarse en las fundaciones y t\u00edtulos de los edificios contiguos, que, arrancando por detr\u00e1s del alc\u00e1zar, comprend\u00eda y encerraba dentro de ella la huerta de la Priora (hoy Plaza de Oriente), y por las cuestas o vistillas del rio (despu\u00e9s de <i>do\u00f1a Mar\u00eda de Arag\u00f3n<\/i>) sub\u00eda a la plazuela de <i>Santo Domingo<\/i>, donde abr\u00eda otra entrada con este nombre, mirando al Norte, y como al frente de la futura calle ancha de San Bernardo. Continuaba luego por entre las calles hoy de Jacometrezo y los Preciados, siguiendo el pie de la colina que ocupa hoy la primera de aquellas calles, y al llegar frente al monasterio de San Mart\u00edn, abr\u00eda otro <i>postigo<\/i> al arranque de la calle que hoy conserva a\u00fan este nombre, y continuaba luego rectamente hasta la <i>Puerta del Sol<\/i>, donde efectivamente hubo otra entrada con este t\u00edtulo, situada frente a la embocadura de la antigua calle de los Preciados y entre <i>los Olivares<\/i> y <i>Ca\u00f1os de Alcal\u00e1<\/i> y el <i>Arenal de San Gines<\/i>, que se extend\u00eda hasta los barrancos de los <i>Ca\u00f1os del Peral<\/i>.<\/p>\n<p>Hasta aqu\u00ed el <i>arrabal de San Mart\u00edn<\/i>. Pero el caser\u00edo extramuros no s\u00f3lo hab\u00eda crecido por este lado y en direcci\u00f3n al Norte, sino tambi\u00e9n, y muy de antiguo, hacia la banda oriental desde la <i>Puerta de Guadalajara<\/i> a la <i>del Sol<\/i>, y aun desde esta \u00faltima mucho m\u00e1s adelante hacia el <i>Prado de Atocha<\/i>, como aproxim\u00e1ndose por instinto tradicional al antiqu\u00edsimo santuario o ermita de Nuestra Se\u00f1ora de Atocha; por \u00faltimo, por los lados de Mediod\u00eda y Poniente se hab\u00eda formado otra extensa barriada, siempre en direcci\u00f3n a otro santuario contempor\u00e1neo del de San Mart\u00edn, y era el devot\u00edsimo de San Francisco, fundado tambi\u00e9n en 1217 por el mismo santo patriarca; con que vino a hacerse necesaria la nueva cerca en que abarcar todo este importante caser\u00edo. Hasta la Puerta del Sol queda ya detallada su direcci\u00f3n; desde aqu\u00ed, intestando bastante por el camino o <i>calle del Sol<\/i> (despu\u00e9s <i>Carrera de San Jer\u00f3nimo<\/i>) llegaba hasta m\u00e1s all\u00e1 de donde hoy las <i>Cuatro Calles<\/i>, y torciendo aqu\u00ed en escuadra hacia el Mediod\u00eda, a salir por donde se form\u00f3 despu\u00e9s la <i>Plazuela del Matute<\/i> al frente de <i>Ant\u00f3n Mart\u00edn<\/i>, en la calle de Atocha, abr\u00eda all\u00ed otra entrada con el nombre de <i>Vallecas<\/i>, y revolv\u00eda luego la tapia hacia Occidente (suponemos que por donde ahora las calles de la Magdalena y del Duque de Alba) hasta la ermita de <i>San Mill\u00e1n<\/i>, entre la cual y el futuro hospital de la <i>Latina<\/i>, hubo otro postigo, que despu\u00e9s tom\u00f3 este nombre, yendo a terminar la nueva tapia e incorporarse a la antigua muralla en Puerta de Moros.<\/p>\n<p>Son, como vemos, tres los trozos de caser\u00edo que, despu\u00e9s de formarse independientemente como <i>arrabales<\/i>, vinieron a ingresar de consuno en la antigua poblaci\u00f3n, a saber: el de <i>San Mart\u00edn<\/i>, el de <i>San Gines<\/i> y <i>Santa Cruz<\/i>, y el que llamaremos de <i>San Mill\u00e1n<\/i>. Pero el primero, dividido como lo estaba naturalmente de los otros por los barrancos de los Ca\u00f1os del Peral y el Arenal de San Gines, ven\u00eda a formar una hurgada completamente separada de la principal, que era la que ocupaba el espacio entre la puerta de Guadalajara y las del <i>Sol<\/i> y <i>Vallecas<\/i>. Esta parte del caser\u00edo (hoy centro de la villa) es la que por espacio de tres o cuatro siglos (hasta mediados del\u00a0<small>XVI<\/small>, en que se traslad\u00f3 la corte a esta villa) viene designada por antonomasia en los documentos de la \u00e9poca, y en el lenguaje vulgar, con el nombre de <i>El arrabal de Madrid<\/i>; a\u00f1adi\u00e9ndose \u00fanicamente en algunos de aqu\u00e9llos las palabras a <i>San Gin\u00e9s<\/i> o a <i>Santa Cruz<\/i>, seg\u00fan la inmediaci\u00f3n respectiva a aquellas dos antiguas parroquias. El arrabal del Norte continu\u00f3 llam\u00e1ndose <i>El Postigo de San Mart\u00edn<\/i>. Tales fueron los l\u00edmites que conserv\u00f3 a\u00fan Madrid durante cuatro siglos despu\u00e9s de la conquista, verificada a fines del <small>XI<\/small>, hasta mediados del <small>XIV<\/small>, en que, con la venida de la corte, se verific\u00f3 una tercera ampliaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Pero m\u00e1s que en poblaci\u00f3n y caser\u00edo creci\u00f3 la villa de Madrid en importancia pol\u00edtica, y ya sea por su situaci\u00f3n ventajosa y central, ya por la inclinaci\u00f3n que mereci\u00f3, seg\u00fan queda dicho, a su restaurador D.\u00a0Alfonso VI y sus inmediatos sucesores, la vemos continuar sin interrupci\u00f3n figurando dignamente en la historia nacional, como frecuente residencia de los reyes de Castilla, como punto de reuni\u00f3n y partida de sus huestes para las grandes expediciones contra los infieles, como sitio preferente para la convocaci\u00f3n de grandes juntas, asambleas pol\u00edticas y militares, y hasta las mismas Cortes del Reino.<\/p>\n<p>Los vecinos de Madrid, se\u00f1al\u00e1ndose desde el principio por su valor y gallard\u00eda y por su adhesi\u00f3n sin l\u00edmites a los monarcas y a la causa nacional, no solamente supieron resistir las acometidas que todav\u00eda intentaron los sarracenos contra los muros de esta villa, en principios del siglo\u00a0<small>XII<\/small>, acaudillados por los reyes de Marruecos Tejufin y Al\u00ed, seg\u00fan unos, o a fines del mismo siglo por Aben-Jucef, rey de los Almor\u00e1vides, seg\u00fan otros, que lleg\u00f3 a dar vista a la villa, poniendo sus reales a la parte occidental, en el sitio llamado todav\u00eda el <i>Campo del Moro<\/i>, sino que, reunidos con los habitantes de \u00c1vila y Segovia, emprendieron la sorpresa de Alcal\u00e1 y otros pueblos; y el pend\u00f3n de esta villa, donde figuraba como ense\u00f1a el <i>oso prieto en campo de plata<\/i><a href=\"http:\/\/www.publiconsulting.com\/wordpress\/madridantiguo\/back-matter\/notas\/#nt19\" id=\"rf19\"><sup>[19]<\/sup><\/a>, se ostenta ya en la famosa expedici\u00f3n preparada en Madrid por el rey D. Alfonso VIII, contra el reino de Murcia en 1211, y en el a\u00f1o siguiente, en la c\u00e9lebre <i>batalla de las Navas de Tolosa<\/i>, en la que el Concejo de Madrid llev\u00f3 la vanguardia, a las \u00f3rdenes del se\u00f1or de Vizcaya D. Diego L\u00f3pez de Haro. En esta celeb\u00e9rrima jornada es donde se cuenta haberse aparecido al Rey, en el traje de r\u00fastico pastor, el glorioso patr\u00f3n de Madrid <i>San Isidro<\/i> labrador, mostr\u00e1ndole los senderos por donde pod\u00eda penetrar en la fragosidad de la sierra y atacar al ej\u00e9rcito musulm\u00e1n.<\/p>\n<p>Distingui\u00f3se igualmente nuestro concejo, acaudillado por el caballero madrile\u00f1o G\u00f3mez Ruiz de Manzanedo, en el cerco y toma de Sevilla por D.\u00a0Fernando III en 1248, como se puede ver detalladamente en la cr\u00f3nica, y m\u00e1s adelante, en el sitio de Algeciras y en la desgraciada batalla llamada de los <i>Siete Condes<\/i>, a las \u00f3rdenes del infante D. Juan, arzobispo de Toledo.<\/p>\n<p>Por premio de todos estos y otros servicios obtuvo Madrid grandes privilegios y donaciones de todos estos Monarcas, en t\u00e9rminos los m\u00e1s expresivos y que prueban bien la lealtad con que hab\u00edan sido servidos por los madrile\u00f1os, y la afecci\u00f3n especial con que eran recompensados por parte de aqu\u00e9llos.<\/p>\n<p>No fue menor la que mereci\u00f3 a D. Alfonso el <i>Sabio<\/i>, como puede verse en las notables c\u00e9dulas expedidas en su tiempo acerca de las desavenencias con los de Segovia sobre poblar el Real de Manzanares y sobre aprovechamiento de pastos, sobre restauraci\u00f3n de los ba\u00f1os p\u00fablicos (que deb\u00eda de haber desde m\u00e1s antiguo hacia la calle de Segovia), y otros puntos conducentes al engrandecimiento de esta villa; privilegios y donaciones confirmadas despu\u00e9s por D.\u00a0Sancho III, D. Fernando IV y don Alfonso XI. Don Sancho IV (llamado el <i>Bravo<\/i>) enferm\u00f3 gravemente en Madrid en 1295, y trasladado a Toledo, muri\u00f3 a poco tiempo, dejando de tierna edad a su hijo y sucesor D. Fernando IV, y encomendada su tutela y la gobernaci\u00f3n del reino a su viuda la heroica do\u00f1a Mar\u00eda de Molina, apellidada justamente <i>la Grande<\/i>. En tiempo de D. Fernando renov\u00e1ronse m\u00e1s agriamente las contiendas y luchas entre los concejos de Madrid y de Segovia sobre el Real de Manzanares, y este Monarca expidi\u00f3 a favor de Madrid nuevos privilegios en este ruidoso asunto, libert\u00f3 a sus habitantes de ciertos impuestos y les dispens\u00f3 la facultad de nombrar jueces y alcaldes seg\u00fan su <i>fuero<\/i>. \u00daltimamente, en su \u00e9poca se reunieron en Madrid por primera vez, en 1309, las Cortes del Reino, para acordar la declaraci\u00f3n de guerra al Rey de Granada, y a ellas asistieron la reina madre do\u00f1a Mar\u00eda y los infantes, el Arzobispo de Toledo, los maestres de Santiago y Calatrava y otros prelados y ricos-homes, y los procuradores de las ciudades, y entre \u00e9stos, los de la <i>villa de Madrid<\/i>, que ten\u00eda voto en ellas<a href=\"http:\/\/www.publiconsulting.com\/wordpress\/madridantiguo\/back-matter\/notas\/#nt20\" id=\"rf20\"><sup>[20]<\/sup><\/a>. Nuevas Cortes fueron reunidas en Madrid por D. Alfonso XI en 1329 y 1335, que presidi\u00f3 \u00e9l mismo en persona, y determinaron servirle con numerosas cuant\u00edas para la guerra de moros y sobre otros asuntos, entre ellos un curioso acuerdo de que el Rey \u00abhabia de sentarse dos dias en la semana en lugar p\u00fablico, donde pudieran verle y llegar a \u00e9l los ofendidos y querellosos, se\u00f1al\u00e1ndose los limes para las peticiones y querellas contra los oficiales de su casa, y el viernes para que oya a los presos y a los rieptos\u00bb.<\/p>\n<p>Este Monarca vari\u00f3 la antigua forma de gobierno de Madrid, que consist\u00eda en estados de nobles y pecheros, los cuales pon\u00edan gobernador a quien llamaban <i>Se\u00f1or de Madrid<\/i>, justicia, y dem\u00e1s empleos en preeminencia, y estableci\u00f3 <i>doce regidores<\/i> con dos alcaldes. Por \u00faltimo, en su tiempo figura tambi\u00e9n el concejo de Madrid en la memorable <i>batalla del Salado<\/i>, en el <i>cerco de Algeciras<\/i> en 1343, en que por primera vez se hace menci\u00f3n en nuestras historias de haberse jugado por los moros la artiller\u00eda, y en el de Gibraltar en 1350, en que falleci\u00f3 el mismo D.\u00a0Alonso, dejando por sucesor a su hijo D. Pedro, apellidado por linos despu\u00e9s el <i>Cruel<\/i> y por otros el <i>Justiciero<\/i>.<\/p>\n<p>A este \u00faltimo Monarca (que residi\u00f3 muchas veces en Madrid y vino a ser sepultado en \u00e9l)<a href=\"http:\/\/www.publiconsulting.com\/wordpress\/madridantiguo\/back-matter\/notas\/#nt21\" id=\"rf21\"><sup>[21]<\/sup><\/a> se atribuye por algunos la fundaci\u00f3n del alc\u00e1zar sobre el mismo sitio donde existi\u00f3 la antigua fortaleza de los moros, aunque otros suponen que no hizo m\u00e1s que restaurarla. Sucedida la guerra civil entre ambos hermanos, D.\u00a0Pedro y don Enrique, se declar\u00f3 Madrid por su leg\u00edtimo monarca, y aunque sitiada la villa y el Alc\u00e1zar por las huestes de don Enrique, hicieron los madrile\u00f1os, acaudillados por los Vargas, Luzones y otras ilustres familias de esta villa, una memorable defensa, que s\u00f3lo cedi\u00f3 a la inmensa superioridad de las fuerzas enemigas. Muerto despu\u00e9s don Pedro por su mismo hermano en la funesta noche de Montiel (23 de Marzo de 1369), vino D. Enrique a esta villa, a quien tom\u00f3 particular afecto por la misma heroica lealtad con que hab\u00eda defendido a su leg\u00edtimo rey; hizo nuevas obras, o, seg\u00fan otros, reedific\u00f3 por completo el antiguo Alc\u00e1zar, recibi\u00f3 suntuosamente en esta villa al Rey de Navarra y al pr\u00edncipe D. Carlos, su hijo, y a\u00f1adi\u00f3 nuevas mercedes y privilegios a los madrile\u00f1os, hasta que falleci\u00f3 en Santo Domingo de la Calzada, a 20 de Mayo de 1379.<\/p>\n<p>Reinando D. Juan I, y por los a\u00f1os de 1383, vino a Espa\u00f1a D.\u00a0Le\u00f3n V, rey de Armenia, a dar gracias al de Castilla por haber alcanzado la libertad, por su causa, del Sold\u00e1n de Babilonia, que le Labia ganado el reino; y don Juan, compadecido de su desgracia en haberle perdido en defensa de la fe cat\u00f3lica, le dio el t\u00edtulo de <i>Se\u00f1or de Madrid<\/i> y de otros pueblos, haciendo que le rindiesen pleito-homenaje. Domin\u00f3 en Madrid dos a\u00f1os, confirm\u00f3 sus fueros y privilegios, repar\u00f3 las torres del Alc\u00e1zar, y despu\u00e9s de su muerte, el rey D. Enrique III, a solicitud de los de Madrid, por su c\u00e9dula de 13 de Abril de 1391, alz\u00f3 el pleito-homenaje que le hab\u00edan prestado los madrile\u00f1os.<\/p>\n<p>El rey D. Juan I muri\u00f3 en Alcal\u00e1, de una ca\u00edda del caballo, en 9 de Octubre de 1390, y su hijo y sucesor don Enrique\u00a0III, a la saz\u00f3n en Madrid, fue proclamado en ella, a los once a\u00f1os de edad, antes que en ninguna otra ciudad; aqu\u00ed se reunieron los grandes del Reino, nombrados tutores hasta la mayor edad del Rey, y aqu\u00ed tuvieron lugar las famosas discordias sobre la gobernaci\u00f3n del Reino. Acordada la formaci\u00f3n de un gran Consejo, compuesto del arzobispo de Toledo, D. Pedro Tenorio; el de Santiago, los maestres de las \u00f3rdenes militares, los condes de Benavente y Trastamara y otros magnates, se reunieron en la iglesia de San Mart\u00edn, adonde fueron sitiados por dichos condes de Benavente y Trastamara, individuos del mismo Consejo, trab\u00e1ndose una sangrienta lucha, que se reprodujo muchas veces y ofreci\u00f3 diversos aspectos, hasta que en 1393, y cumplidos los catorce a\u00f1os, tom\u00f3 Enrique III las riendas del gobierno. Inmediatamente convoc\u00f3 a las Cortes del Reino en Madrid, y en ellas recibi\u00f3 el juramento y ofreci\u00f3 solemnemente reinar con blandura y justicia. Poco despu\u00e9s celebr\u00f3 sus bodas con su prima do\u00f1a Catalina de Inglaterra, con cuya ocasi\u00f3n hubo en Madrid grandes fiestas y regocijos.<\/p>\n<p>Este Monarca residi\u00f3 casi siempre en Madrid; construy\u00f3 nuevas torres en el Alc\u00e1zar para custodia de sus tesoros; recibi\u00f3 en \u00e9l a los embajadores del Papa, de Francia, de Arag\u00f3n y de Navarra, y envi\u00f3 como tal, cerca del c\u00e9lebre conquistador de Oriente <i>Timur Lenk<\/i> (Tamorlan) al noble caballero madrile\u00f1o Ruy Gonz\u00e1lez Clavijo, su camarero, quien a su regreso de Samarkanda escribi\u00f3 su curios\u00edsima <i>Relaci\u00f3n de viaje<\/i>, que anda impresa. Fundaci\u00f3n de este monarca fue tambi\u00e9n el Real Sitio del Pardo, a dos leguas de Madrid, que casi vino a ser su corte. Falleci\u00f3 en Toledo, para donde hab\u00eda convocado las Cortes, en 25 de Diciembre de 1406, a la temprana edad de veinte y siete a\u00f1os, dejando a su hijo y sucesor D.\u00a0Juan II, ni\u00f1o de catorce meses, bajo la tutela de su madre do\u00f1a Catalina y de su t\u00edo el pr\u00edncipe D. Fernando <i>el de Antequera<\/i>, que gobern\u00f3 el reino durante doce a\u00f1os a nombre del Rey menor, con la bravura e hidalgu\u00eda que le reconoce la Historia, hasta que en 1412 hered\u00f3 y fue proclamado rey de Arag\u00f3n. En 1418 falleci\u00f3 la Reina madre en Valladolid, y fue declarado mayor de edad el rey D. Juan II, verificando luego su casamiento con su prima do\u00f1a Mar\u00eda, hija del Infante de Antequera; traslad\u00f3se a Madrid en 20 de Octubre de 1418, y al a\u00f1o siguiente se abrieron las Cortes en el Alc\u00e1zar Real, con inmensa concurrencia de pr\u00edncipes y magnates.<\/p>\n<p>En 1433 recibi\u00f3 a los embajadores de Francia, arzobispo y senescal de Tolosa, estando sentado en su trono Real y teniendo a sus pies un le\u00f3n manso, de que recibieron no poco susto los embajadores. El c\u00e9lebre valido y condestable D.\u00a0\u00c1lvaro de Luna vivi\u00f3 en Madrid largo tiempo en la casa-palacio de \u00c1lvarez de Toledo (que hoy no existe), contigua a la parroquia de Santiago, en cuya casa le naci\u00f3 un hijo, con cuyo motivo hubo grandes fiestas en la villa, dispuestas por el Rey, padrino del reci\u00e9n nacido. Pocos a\u00f1os antes hab\u00eda muerto en ella el c\u00e9lebre D. Enrique de Villena, maestre de Calatrava, eminente literato y astr\u00f3logo, cuyos preciosos manuscritos fueron quemados, de orden del Rey, por Fr. Lope Barrientos, en los claustros de Santo Domingo, con sentimiento de los amantes de la ciencia; fue sepultado en el antiguo monasterio de San Francisco.<\/p>\n<p>En tiempo de esto monarca hubo varios bandos sobre el gobierno de la villa, que tuvo gran dificultad en apaciguar. Al reinado de D.\u00a0Juan el II corresponden tambi\u00e9n las dos grandes calamidades de las lluvias e inundaciones de 1434, que qued\u00f3 se\u00f1alado en Madrid por el <i>a\u00f1o del diluvio<\/i>, y la gran peste de 1438, y de \u00e9l recibi\u00f3 Madrid una Real c\u00e9dula de que en lo sucesivo no pudiera ser enajenado de la corona Real, as\u00ed como tambi\u00e9n, por otro privilegio de 8 de Abril de 1447, la merced de poder celebrar dos ferias anuales, una por San Miguel y otra por San Mateo, en remuneraci\u00f3n de las villas de Cubas y Gri\u00f1\u00f3n, que pertenec\u00edan a Madrid y que dio el Rey a un su criado llamado Luis de la Cerda.<\/p>\n<p>Don Enrique IV, conocido en la historia por el desdichado apodo de <i>el Impotente<\/i>, sucedi\u00f3 a su padre D.\u00a0Juan en 1454, y heredando la afecci\u00f3n de aqu\u00e9l hacia la villa de Madrid, residi\u00f3 casi constantemente en ella, d\u00e1ndola, ya todo el car\u00e1cter de corte de Castilla. En ella reuni\u00f3 en varias ocasiones las Cortes del Reino, recibi\u00f3 a los embajadores de los monarcas extranjeros, y al legado del Papa, que le trajo el estoque y el sombrero bendecido, seg\u00fan costumbre en la noche de Navidad; celebr\u00f3 con grandes funciones sus segundas bodas con la princesa D.\u00aa Juana de Portugal, y festej\u00f3 a los enviados del Duque de Breta\u00f1a con incomparables fiestas en Madrid y en el Real sitio del Pardo, cuyo relato asombra todav\u00eda, y que terminaron por el c\u00e9lebre <i>Paso honroso<\/i>, sostenido en el Camino de aquel real sitio por D. Beltr\u00e1n de la Cueva, privado del Rey. Este, en memoria de aquella suntuosa fiesta, fund\u00f3 en el mismo punto el monasterio de San Jer\u00f3nimo <i>del Paso<\/i>, que despu\u00e9s trasladaron los Reyes Cat\u00f3licos a lo alto del Prado.<\/p>\n<p>Habi\u00e9ndose declarado el embarazo de la reina D.\u00aa\u00a0Juana, hall\u00e1ndose en Aranda, la hizo conducir Enrique en silla de manos o litera a esta villa, saliendo a esperarla a gran distancia, y haci\u00e9ndola subir a las ancas de su caballo, la condujo de este modo al Alc\u00e1zar. En \u00e9l naci\u00f3, en 1462, la desdichada princesa D.\u00aa Juana, apellidada en la historia <i>la Beltraneja<\/i>, que, aunque fue jurada por princesa de Asturias, no lleg\u00f3 nunca a reinar, por la ilegitimidad que se la supuso. Por \u00faltimo, en las largas turbulencias del reinado de D. Enrique, promovidas por el infante D. Alfonso y por los grandes del Reino, que le obligaron a declarar su impotencia y a desheredar a su propia hija, siempre Madrid le fue fiel, y Enrique por su parte recompens\u00f3 aquella adhesi\u00f3n con notables privilegios y exenciones de tributos, facultad de un mercado franco los martes de cada semana, nombramiento de un magistrado para su gobierno, llamado primero el <i>Asistente<\/i> y despu\u00e9s el <i>Corregidor<\/i>, y el t\u00edtulo de villa <i>muy noble y muy leal<\/i>, que aun lleva<a href=\"http:\/\/www.publiconsulting.com\/wordpress\/madridantiguo\/back-matter\/notas\/#nt22\" id=\"rf22\"><sup>[22]<\/sup><\/a>. Finalmente, era tal su predilecci\u00f3n hacia Madrid, que en ocasiones cr\u00edticas hizo conducir al Alc\u00e1zar sus tesoros, y m\u00e1s tarde hizo custodiar tambi\u00e9n en \u00e9l por el Muestre de Santiago a la misma reina D.\u00aa Juana, reducida a prisi\u00f3n a causa de su liviandad. Enrique IV es el primero de los reyes de Castilla que muri\u00f3 en Madrid, en 1471, y fue enterrado en el monasterio de San Francisco, as\u00ed como igualmente la reina D.\u00aa Juana, que falleci\u00f3 poco tiempo despu\u00e9s.<\/p>\n<p>Sabidas son las parcialidades y bandos ocurridos con motivo de la sucesi\u00f3n a la corona, defendiendo unos el derecho de la princesa D.\u00aa\u00a0Juana la Beltraneja, hija de Enrique IV, y sosteniendo otros el de la hermana del mismo, la \u00ednclita D.\u00aa Isabel; y aunque \u00e9sta fue decididamente aclamada reina y jurada en Segovia, no pudo de pronto reducir a Madrid, donde los partidarios de do\u00f1a Juana, acaudillados por el Marqu\u00e9s de Villena, sosten\u00edan el Alc\u00e1zar y gran parte de la villa, que no consiguieron dominar el Duque del Infantado y las tropas de Isabel sino despu\u00e9s de una larga y obstinada resistencia. Vencida \u00e9sta, en fin, y reducida esta villa a su obediencia, los Reyes Cat\u00f3licos hicieron su entrada solemne en ella en 1477, aposent\u00e1ndose por entonces en las casas de D. Pedro Laso de Castilla, contiguas a San Andr\u00e9s, que a\u00fan subsisten. Al a\u00f1o siguiente reunieron en esta villa las Cortes del Reino, y posteriormente residieron en ella todas las ocasiones que se lo permit\u00edan sus continuadas expediciones y guerras. La augusta D.\u00aa Isabel, que, al decir de muchos autores, hab\u00eda nacido en esta villa<a href=\"http:\/\/www.publiconsulting.com\/wordpress\/madridantiguo\/back-matter\/notas\/#nt23\" id=\"rf23\"><sup>[23]<\/sup><\/a>, la manifest\u00f3 en todos tiempos tan singular predilecci\u00f3n, que sol\u00eda decir, hablando de sus moradores, que \u00abel oficial y cortesano de Madrid y oficios mec\u00e1nicos viv\u00edan como hombres de bien, que se pod\u00edan comparar a escuderos honrados y virtuosos de otras ciudades y villas, y los escuderos y ciudadanos (a\u00f1ad\u00eda) eran semejantes a honrados caballeros de los pueblos principales de Espa\u00f1a, y los caballeros y nobles de Madrid, a los se\u00f1ores grandes de Castilla\u00bb.<\/p>\n<p>Muchas fueron las mercedes y declaraciones honor\u00edficas que hicieron los Beyes Cat\u00f3licos a la villa de Madrid, agreg\u00e1ndole definitivamente los terrenos disputados por Segovia desde los tiempos de la conquista, concedi\u00e9ndola nuevas franquicias y exenciones, dispensando su amistad y favor a sus principales moradores, hijos o representantes de las antiqu\u00edsimas familias madrile\u00f1as; a los <i>Ram\u00edrez, Laso de Castilla, Vargas, Oca\u00f1a, Gato, Luz\u00f3n, Luj\u00e1n, Vera, Manzanedo, Lago, Coalla, Alarc\u00f3n, C\u00e1rdenas, Zapata, Bozmediano, Barrionuevo, Ayala, Coello, Arias, Bacila, Jibaja, Lude\u00f1a, Herrera<\/i>, etc. M\u00e1s adelante estas nobil\u00edsimas familias, entroncadas con los <i>Toledos, Girones, Guzmanes, Cisneros, Mendozas, Sandovales, Pimenteles, Silvas, Lunas, Cerdas, Velascos, Pachecos, Bazanes, Osorios, C\u00f3rdovas, Aguilares<\/i>, que formaban la primera nobleza y que siguieron a la corte para fijarse definitivamente en Madrid, constituyeron la Grandeza del Reino y enlazaron unos y otros blasones her\u00e1ldicos en los escudos de los Duques del <i>Infantado<\/i>, de <i>Osuna<\/i>, de <i>Frias<\/i>, de <i>Alba<\/i>, de <i>Lerma<\/i>, de <i>Medinaceli<\/i>, de <i>Pastrana<\/i>, de <i>H\u00edjar<\/i>, de <i>Rivas<\/i>, etc.; de los condes de <i>Paredes<\/i>, de <i>O\u00f1ate<\/i>, de <i>Santisteban<\/i>, de <i>Castroponce<\/i>, de <i>Altamira<\/i>; de los marqueses de <i>San Vicente<\/i>, del <i>Valle<\/i>, de <i>Villafranca<\/i>, del <i>Carpio<\/i>, de <i>Denia<\/i>, de <i>La Laguna<\/i>, de <i>Legan\u00e9s<\/i>, y de otros muchos, ofreciendo en su geneal\u00f3gica descendencia una larga serie de personajes hist\u00f3ricos, que con sus altos hechos honraron en los siglos posteriores a la villa de Madrid, su cuna; figuraron en su corte o ejercieron las primeras dignidades del Reino al frente de sus ej\u00e9rcitos, en Granada, Italia y el Nuevo Mundo, y en las cortes extranjeras, como representantes del poderoso Imperio espa\u00f1ol<a href=\"http:\/\/www.publiconsulting.com\/wordpress\/madridantiguo\/back-matter\/notas\/#nt24\" id=\"rf24\"><sup>[24]<\/sup><\/a>.<\/p>\n<p>Algo tambi\u00e9n a\u00f1adieron los Reyes Cat\u00f3licos al aumento y mejora material de esta villa, en la forma que entonces se acostumbraba o se dispensaba esta protecci\u00f3n, costeando o favoreciendo la construcci\u00f3n de casas religiosas, entre las que merece notarse la ya citada del convento de San Jer\u00f3nimo del Prado (que fue fundado primero, como queda dicho, camino del Pardo), la de las monjas llamadas de Constantinopla (derribado en nuestros d\u00edas), la renovaci\u00f3n de la iglesia de San Andr\u00e9s, convertida por ellos en capilla Real, y a la que hicieron tribuna y paso (que aun exist\u00eda hasta hace poco) desde el contiguo palacio de Laso de Castilla, que sol\u00edan habitar. En dicho palacio recibieron, en 1502, a su hija D.\u00aa\u00a0Juana y su esposo el archiduque D. Felipe, celebrando notables fiestas con este motivo.<\/p>\n<p>Muerta, en fin, la Reina Cat\u00f3lica en 1504, y suscitadas grandes turbulencias sobre el gobierno del reino, los vecinos de Madrid, acaudillados de un lado por D.\u00a0Juan Arias y de otro por los Zapatas y Castillas, aclamaron respectivamente a la reina D.\u00aa Juana y al pr\u00edncipe don Carlos, hasta que el Rey Cat\u00f3lico, en las Cortes reunidas en la iglesia de San Jer\u00f3nimo de Madrid en 1509, jur\u00f3 gobernar como administrador de su hija y como tutor de su nieto. En 1516 muri\u00f3 D. Fernando el Cat\u00f3lico, y el arzobispo de Toledo, Jim\u00e9nez de Cisne ros, y el Dean de Lovayna, gobernadores del Reino, trasladaron a Madrid su residencia, aposent\u00e1ndose en las dichas casas de don Pedro Laso de Castilla (hoy del Duque del Infantado). En ellas se tuvo la c\u00e9lebre Junta para disponer del gobierno de Castilla, en la que, resentidos los grandes de la autoridad concedida al cardenal Cisneros, le preguntaron con qu\u00e9 poderes gobernaba; respondi\u00f3 el Cardenal que con los del Rey Cat\u00f3lico; replicaron los grandes, y el Cardenal, sac\u00e1ndolos a un antepecho de la casa que daba al campo, hizo disparar toda la artiller\u00eda que ten\u00eda, y les dio aquella c\u00e9lebre respuesta, propia de su en\u00e9rgico car\u00e1cter, diciendo:<i> \u00abCon estos poderes, que el Rey me dio, gobernar\u00e9 a Espa\u00f1a hasta que el pr\u00edncipe venga\u00bb<\/i><a href=\"http:\/\/www.publiconsulting.com\/wordpress\/madridantiguo\/back-matter\/notas\/#nt25\" id=\"rf25\"><sup>[25]<\/sup><\/a>. Vino, en efecto, Carlos, y entreg\u00e1ndose del gobierno, cesaron los disturbios que su ausencia ocasionaba. En el principio de su reinado padeci\u00f3 en Valladolid una penosa enfermedad de cuartanas, y habi\u00e9ndose venido a Madrid, cur\u00f3 prontamente de ellas, con lo que cobr\u00f3 grande afici\u00f3n a este pueblo.<\/p>\n<p>El fuego de la guerra civil llamada de las Comunidades prendi\u00f3 tambi\u00e9n en Madrid en 1520, abrazando su vecindario la causa de Toledo, \u00c1vila y otras ciudades, y poniendo sus huestes a las \u00f3rdenes de Juan de Padilla. Los partidarios del Emperador se sostuvieron, sin embargo, en esta villa, levantando grandes fortificaciones, fosos y barricadas a la parte nueva de la poblaci\u00f3n, que carec\u00eda de murallas, y construyeron un castillo cerca de la <i>Puerta del Sol<\/i>, hasta que, vencidos los comuneros en Villalar, y regresando aqu\u00e9l a Espa\u00f1a, volvi\u00f3 Madrid a ser la residencia frecuente del Monarca y su corte.<\/p>\n<p>Hall\u00e1ndose en ella Carlos, recibi\u00f3 la noticia de la victoria de Pav\u00eda y la prisi\u00f3n de Francisco\u00a0I, rey de Francia, que fue conducido de su orden a Madrid y custodiado por Hernando de Alarc\u00f3n, primero en las casas de Oca\u00f1a, llamadas despu\u00e9s de Lujan, en la plazuela de la Villa, y despu\u00e9s en el Alc\u00e1zar Real. A poco tiempo vinieron a Madrid su madre y hermana, para solicitar del Emperador su libertad, que no tardaron en conseguir, a consecuencia de la concordia que se ajust\u00f3, estipul\u00e1ndose, entre otras cosas, el matrimonio del Rey de Francia con la infanta D.\u00aa Leonor, hermana de Carlos. Verificada la paz, vino \u00e9ste a Madrid desde Toledo a visitar al Rey como amigo y cu\u00f1ado; sali\u00f3le Francisco a recibir en una mula con capa y espada a la espa\u00f1ola, e hicieron juntos su entrada, porfiando cort\u00e9smente sobre cu\u00e1l llevar\u00eda la derecha, que al cabo tom\u00f3 el Emperador.<\/p>\n<p>Tambi\u00e9n este Monarca convoc\u00f3 en Madrid las Cortes del Reino, primero en 1528, en la iglesia de San Jer\u00f3nimo, para la jura de su hijo D.\u00a0Felipe como pr\u00edncipe de Asturias, y despu\u00e9s en 1534; tambi\u00e9n favoreci\u00f3 a esta villa con notables privilegios y distinciones, eximi\u00e9ndola de pechos, concedi\u00e9ndola nuevas franquicias y mercados, y accediendo a la petici\u00f3n de sus procuradores de colocar una corona Real sobre el escudo de sus armas, y el t\u00edtulo de villa <i>imperial y coronada<\/i>. \u00daltimamente, contribuy\u00f3 tambi\u00e9n a su engrandecimiento material, emprendiendo la suntuosa reedificaci\u00f3n del Alc\u00e1zar, convertido ya por \u00e9l en palacio Real; la fundaci\u00f3n verificada por su hija la princesa D.\u00aa Juana, del Real monasterio de las Descalzas, sobre el mismo sitio que ocupaba el antiguo palacio en que naci\u00f3 la misma fundadora: la de los hospitales e iglesias del Buen Suceso, San Juan de Dios, casa de Misericordia y otros: la suntuosa capilla llamada del obispo don Gutierre de Vargas, contigua a San Andr\u00e9s: la del convento Real de Atocha: la parroquia de San Gines, y otras varias iglesias y casas religiosas: y en su tiempo, en fin, empez\u00f3 a poblarse el dilatado campo que mediaba entre la <i>Puerta del Sol<\/i>, el convento de San Jer\u00f3nimo y la puerta de Alcal\u00e1 al Levante; y al Norte, desde el <i>Postigo de San Mart\u00edn, plazuela y puerta de Santo Domingo<\/i> hasta las de <i>Fuencarral<\/i> y <i>Santa B\u00e1rbara<\/i>.<\/p>\n<p>Hasta este tiempo no hab\u00eda, sin embargo, progresado Madrid materialmente al comp\u00e1s de la importancia que ya la daban su car\u00e1cter de corte casi constante de Castilla; pues seg\u00fan el testimonio del apreciable historiador de Indias <i>Gonzalo Fern\u00e1ndez de Oviedo<\/i>, natural de ella, y que ya hemos dicho se ocup\u00f3 mucho en su descripci\u00f3n, la poblaci\u00f3n de esta villa en los principios del siglo\u00a0<small>XVI<\/small> no pasaba de <i>tres mil vecinos<\/i>, si bien crec\u00eda o se aumentaba r\u00e1pidamente, como lo expresa el mismo escritor en estos t\u00e9rminos: \u00abEn el tiempo en que yo sal\u00ed de aquella villa para venir a las Indias, que fue en el a\u00f1o de 1513, era la vecindad de Madrid de tres mil vecinos, et otros tantos los de su jurisdicci\u00f3n et tierra et cuando el a\u00f1o que pas\u00f3 de 1546 volv\u00ed a aquella por procurador de la ciudad de Santo Domingo et de esta isla Espa\u00f1ola\u2026 en s\u00f3lo aquella villa y sus arrabales hab\u00eda doblado o cuasi la mistad m\u00e1s vecinos, et serian seis mil poco m\u00e1s o menos, a causa de las libertades, et franquicias, et favores que el emperador rey D. Carlos nuestro Se\u00f1or le ha fecho\u00bb.<\/p>\n<p>Efectivamente, consta ya que algunos a\u00f1os despu\u00e9s de la \u00e9poca en que escrib\u00eda Oviedo, y aun antes que el monarca Felipe\u00a0II determinase fijar en Madrid su corte, encerraba ya esta villa una poblaci\u00f3n de veinte y cinco a treinta mil almas, y un caser\u00edo de m\u00e1s de dos mil quinientos edificios, que era el comprendido en los l\u00edmites que quedan descritos a la segunda ampliaci\u00f3n. Este progreso, que ven\u00eda indic\u00e1ndose y desenvolvi\u00e9ndose durante todo el siglo <small>XV<\/small>, por la especial predilecci\u00f3n que hab\u00eda merecido Madrid a los monarcas anteriores, especialmente a don Juan II y D. Enrique IV, que residieron, como vimos, casi constantemente en ella; a la cat\u00f3lica reina D.\u00aa Isabel, y \u00faltimamente al poderoso emperador D. Carlos, era todav\u00eda nada comparativamente con el que hubo de recibir en el mero hecho de ser escogida por su hijo y sucesor Felipe II para corte y capital de la monarqu\u00eda.<\/p>\n<h2 id=\"sigil_toc_id_4\">LA CORTE EN MADRID<\/h2>\n<p class=\"centrado\">(A MEDIADOS DEL SIGLO XVI)<\/p>\n<p class=\"salto10\">Este acontecimiento hist\u00f3rico (aunque sin declaraci\u00f3n previa y solemne que precise absolutamente su fecha) debi\u00f3 tener lugar, seg\u00fan se infiere de varios documentos que obran en el archivo de esta villa, en el a\u00f1o de 1561, traslad\u00e1ndose a Madrid el sello real, los tribunales y regia servidumbre, desde Toledo, donde a la saz\u00f3n se hallaba la corte.<\/p>\n<p>Medida, tan importante y trascendental, adoptada por el hijo del C\u00e9sar Carlos\u00a0V a los pocos a\u00f1os de haber empu\u00f1ado, por abdicaci\u00f3n de su padre, el cetro m\u00e1s importante del orbe, ha sido agriamente censurada por muchos escritores, juzgada <i>a posteriori<\/i> por nuestros contempor\u00e1neos, y como que parece que ha ca\u00eddo en gracia la calificaci\u00f3n de <i>desacierto<\/i>, atribuido con este motivo a Felipe.<\/p>\n<p>Se ha dicho y repetido hasta la saciedad (aunque harto ligeramente) que la villa de Madrid era un pueblo mezquino, impropio, sin importancia pol\u00edtica y sin <i>historia<\/i>: situado en el interior, y el m\u00e1s lejano de las costas de un reino peninsular, en un territorio pobre y desnudo, careciendo de un r\u00edo caudaloso y de otras condiciones materiales de prosperidad, as\u00ed como tambi\u00e9n de los grandes monumentos del arte, que elevan en el concepto p\u00fablico a las ciudades y las imprimen el sello de majestad y poder\u00edo. Y procediendo luego por comparaci\u00f3n, se han encarecido hasta lo sumo las ventajas que en todos estos conceptos llevan a Madrid varias capitales de provincia, que pudieron obtener la preferencia para el establecimiento definitivo de la corte en ellas.<\/p>\n<p>Sin negar absolutamente todas las razones que en este sentido se vienen alegando en agravio de la corte madrile\u00f1a, pero remont\u00e1ndonos, para proceder con la debida imparcialidad, a la \u00e9poca en que recibi\u00f3 aquella augusta investidura, no podremos menos de presentar otras muchas pol\u00edticas y de conveniencia que las contradicen, y pudieron y debieron influir poderosamente en el \u00e1nimo de Felipe\u00a0II, como ven\u00edan ya influyendo en el del gran Cardenal Cisneros y en el del emperador Carlos V, para dar a la villa de Madrid la preferencia en tan solemne elecci\u00f3n.<\/p>\n<p>La reuni\u00f3n bajo un solo cetro de los diversos reinos que compusieron la Monarqu\u00eda espa\u00f1ola no lleg\u00f3, como es sabido, a verificarse hasta los fines del siglo\u00a0<small>XV<\/small>, y en las augustas manos de los esclarecidos Reyes Cat\u00f3licos do\u00f1a Isabel y D. Fernando.<\/p>\n<p>Hasta entonces no pudo ni debi\u00f3 haber naturalmente capital del reino, y los diversos monarcas tuvieron la suya respectiva en el punto m\u00e1s conveniente de sus estados; en Le\u00f3n, en Burgos, en Sevilla, en Toledo, en Barcelona, en Zaragoza, etc.; pero operada la reuni\u00f3n definitiva de las coronas de Castilla y Arag\u00f3n y la toma de (Granada y expulsi\u00f3n total de los sarracenos, los Reyes Cat\u00f3licos, despu\u00e9s que hubieron terminado su alta empresa y las continuas guerras que les obligaban a la constante variaci\u00f3n de la corte, debieron sentir la necesidad de fijarla definitivamente en un punto c\u00e9ntrico, importante y autorizado; pero fluctuaron, al parecer indecisos, entre Valladolid, Toledo y Madrid. Las dos primeras ten\u00edan en su favor los recuerdos de su historia como cortes de Castilla, ventaja inapreciable a los ojos de la reina do\u00f1a Isabel; la \u00faltima, ademas de su situaci\u00f3n m\u00e1s central, ofrec\u00eda en su misma novedad mayor simpat\u00eda a los ojos del Rey de Arag\u00f3n. La misma reina Isabel, que, si no Labia nacido en ella, como ya dijimos m\u00e1s arriba, la manifest\u00f3, por lo menos, en todos tiempos singular predilecci\u00f3n, parece como que se complac\u00eda en residir en ella y darla todo el car\u00e1cter de corte Real. Posteriormente, el gran pol\u00edtico y Cardenal-regente del reino, Jim\u00e9nez de Cisneros (aunque arzobispo de Toledo), debi\u00f3 igualmente participar de esta opini\u00f3n ventajosa hacia el pueblo madrile\u00f1o; y acerca de la conveniencia de establecer en \u00e9l la nueva corte, pens\u00f3 sin duda que llevaba la ventaja de no representar el exclusivismo de ninguna de las anteriores, parciales y muchas veces antagonistas entre s\u00ed. Carlos\u00a0V, en fin, a estas consideraciones pol\u00edticas, hubo de a\u00f1adir en la balanza la especial\u00edsima del hermoso clima de Madrid, que le hizo recuperar la perdida salud.<\/p>\n<p>Pero ni durante su reinado ni el de sus antecesores pudieron permitir las continuas guerras el solaz suficiente para realizar aquel gran pensamiento, que parec\u00eda ya dominante en las altas regiones del Trono, y la corte oficial de Toledo luch\u00f3 todav\u00eda medio siglo con las de Valladolid y Madrid. Subi\u00f3, al fin, al trono Felipe\u00a0II, y en pac\u00edfica y omn\u00edmoda posesi\u00f3n del reino, fue naturalmente el llamado a realizar aquel pol\u00edtico pensamiento; debiendo suponerse en su alta penetraci\u00f3n que lo medit\u00f3 detenidamente y bajo todos sus aspectos antes de resolverlo en pro de Madrid.<\/p>\n<p>\u00bfCu\u00e1les fueron o pudieron ser estas consideraciones, que hoy se afecta desconocer, y que llegaron entonces a pesar tanto en el \u00e1nimo de aquel gran Rey? A nuestro entender, la primera fue, sin duda, la pol\u00edtica ya indicada, de crear una capital nueva, \u00fanica y general a todo el reino, ajena a las tradiciones, simpat\u00edas o antipat\u00edas hist\u00f3ricas de las anteriores, y que pudiera ser igualmente aceptable a castellanos y aragoneses, andaluces y gallegos, catalanes y vascongados, extreme\u00f1os y valencianos. Un pueblo que, aunque con suficiente vida e historia propia (y por cierto bien honrosas y nobles), pudiera absorber y fundir en su seno todos aquellos distintos provincialismos, identificarse y representar simult\u00e1neamente aquellas diversas poblaciones, y ser, en fin, la <i>patria com\u00fan<\/i>, la expresi\u00f3n y el compendio de las varias condiciones de los habitantes del reino. Estos, de los cuales unos hab\u00edan respetado como cabeza a los mismos pueblos que los otros hab\u00edan combatido o conquistado, necesitaban, pues, un centro mutuo y sin antecedentes de antagonismo o parcialidad, en que venir a confundirse bajo el t\u00edtulo com\u00fan de <i>espa\u00f1oles<\/i>; y esta cualidad (que las antiguas cortes de Castilla, de Le\u00f3n, de Araron o de Navarra no pod\u00edan disputarla) fue sin duda alguna la que hizo aceptable para todos a la <i>nueva capital<\/i> de la <i>Monarqu\u00eda espa\u00f1ola<\/i>, corte de un reino <i>nuevo<\/i> tambi\u00e9n.<\/p>\n<p>En situaci\u00f3n central y equidistante de los diversos l\u00edmites de la Pen\u00ednsula, tambi\u00e9n Madrid llevaba a todas, bajo este aspecto, la preferencia; circunstancia por cierto muy ventajosa y propia para la gobernaci\u00f3n y dominio de tan apartadas provincias y encontradas nacionalidades. La corte de Toledo o Valladolid no pod\u00eda nunca dominar pol\u00edticamente a la de Barcelona o Zaragoza; la de Sevilla no era posible tuviese el prestigio suficiente, ni estaba en situaci\u00f3n material para regir a Castilla y Arag\u00f3n. Por \u00faltimo, los que muy ligeramente, a nuestro entender, han censurado en Felipe\u00a0II el no haber elegido a Lisboa para capital de la Pen\u00ednsula, no reflexionan, primero, que cuando coloc\u00f3 la corte en Madrid no pose\u00eda ni posey\u00f3 todav\u00eda en muchos a\u00f1os el Portugal; y segundo, que cuando, en 1580, hubo heredado y conquistado aquel reino, hubiera sido la medida m\u00e1s altamente impol\u00edtica la de <i>desnacionalizar<\/i> su capital y trasladarla al pueblo conquistado, al conf\u00edn de la Pen\u00ednsula; medida que, cuando menos, hubiera dado entonces por resultado la inmediata separaci\u00f3n de la coronilla aragonesa, o que el curso del Ebro marcara, como ahora los Pirineos, el l\u00edmite del territorio espa\u00f1ol.<\/p>\n<p>Ciertamente que aquella ciudad (Lisboa) y la de Sevilla brindaban ventajas naturales muy espl\u00e9ndidas y superiores a las de Madrid; pero ya quedan indicadas las pol\u00edticas razones a que debieron naturalmente ceder. En cuanto a Valladolid, Burgos y Toledo, ademas de esta desventaja para entrar en la lucha, no pose\u00edan tampoco mejores condiciones de centralidad, clima y fertilidad de su termino.<\/p>\n<p>A la verdad que al tender la vista por la \u00e1rida campi\u00f1a que rodea hoy a Madrid, se creer\u00eda con dificultad que estas mismas lomas, \u00e1ridas hoy y descarnadas, fueron en otro tiempo c\u00e9lebres por su feracidad y hermosura. Sin embargo, los testimonios que de ello tenemos son irrecusables. Testigos de vista los m\u00e1s imparciales nos han trasmitido la descripci\u00f3n de sus frondosos bosques, montes poblados y abundantes pastos. El agua, este manantial de vida, abundante entonces y espont\u00e1neo en esta regi\u00f3n, ofrec\u00eda su alimento a la inmensidad de \u00e1rboles que la poblaban y que describe el <i>Libro de Monter\u00eda<\/i> del rey don Alonso\u00a0XI; y este arbolado, esta abundancia de aguas, hac\u00edan el clima de Madrid tan templado y apacible como le pintan Marineo S\u00edculo<a href=\"http:\/\/www.publiconsulting.com\/wordpress\/madridantiguo\/back-matter\/notas\/#nt26\" id=\"rf26\"><sup>[26]<\/sup><\/a>, Fern\u00e1ndez de Oviedo y otros c\u00e9lebres escritores<a href=\"http:\/\/www.publiconsulting.com\/wordpress\/madridantiguo\/back-matter\/notas\/#nt27\" id=\"rf27\"><sup>[27]<\/sup><\/a>.<\/p>\n<p>Pero el establecimiento de la corte, que deb\u00eda ser para esta comarca la se\u00f1al de una nueva vida, s\u00f3lo fue de destrucci\u00f3n y estrago. Sus \u00e1rboles, arrasados por el hacha destructora, pasaron a formal los inmensos palacios y caser\u00edos de la corte, y servir a sus crecientes necesidades. Desterrada la humedad que atra\u00edan con sus frondosas copas para filtrarla despu\u00e9s en la tierra, dejaron ejercer despu\u00e9s su influjo a los rayos de un sol abrasador, que, secando m\u00e1s y m\u00e1s aquellas fuentes perennes, convirtieron en desnudos arenales las que antes eran f\u00e9rtiles campi\u00f1as. De aqu\u00ed la falta de aguas en Madrid, de aqu\u00ed la miseria y triste aspecto de su comarca, y de aqu\u00ed, finalmente, el destemple actual de su clima; porque, no encontrando contrapeso ni temperamento los rayos del sol canicular, ni los mortales vientos del Norte, alteraron las estaciones y aumentaron el rigor de ellas, haciendo raros entre nosotros los templados d\u00edas de primavera. Pero esto mismo hubiera sucedido, y por iguales causas, a Valladolid y Toledo, sin tener para compensar aquellos contratiempos el alegre cielo, el aire trasparente y puro de Madrid. Valladolid, aunque convenientemente situada en una extensa llanura y en medio de f\u00e9rtiles campi\u00f1as, es por dem\u00e1s nebulosa y enfermiza, y el sat\u00edrico Quevedo la defini\u00f3 en estos t\u00e9rminos:<\/p>\n<div class=\"cit\">\n<p>\u00abVienes a pedirme <i>raso<\/i><\/p>\n<p>En Valladolid la bella,<\/p>\n<p>Donde hasta el cielo no alcanza<\/p>\n<p>Un vestido de esa tela\u00bb.<\/p>\n<\/div>\n<p>En cuanto a la <i>piramidal<\/i> Toledo, en cuyas estrechas, costaneras y laber\u00ednticas calles no hemos podido nunca comprender c\u00f3mo cab\u00eda la corte de Carlos\u00a0V, la aplicaremos los versos del mismo gran poeta:<\/p>\n<div class=\"cit\">\n<p>\u00abVi una ciudad de puntillas<\/p>\n<p>Y fabricada en un huso,<\/p>\n<p>Que si en ella bajo, ruedo;<\/p>\n<p>Y trepo en ella, si subo\u00bb.<\/p>\n<\/div>\n<p>La gran falta natural de Madrid para su futuro desarrollo, como ciudad populosa y corte de tan importante monarqu\u00eda, era la de un rio caudaloso, que surtiendo a las necesidades de un crecido vecindario, sirviese tambi\u00e9n para fertilizar y hermosear su t\u00e9rmino y campi\u00f1a. Esta falta grave, representada en la exig\u00fcidad del modesto Manzanares, ha dado tambi\u00e9n motivo a las continuadas burlas y chanzonetas de los poetas sat\u00edricos, del mismo Quevedo, de G\u00f3ngora, de Tirso de Molina y otros, de que pod\u00eda formarse una abultada colecci\u00f3n. Pero es preciso tener en cuenta que la mayor parte de nuestras ciudades importantes del interior se hallan en el mismo caso; que nuestros r\u00edos, tan celebrados de los poetas por sus arenas de oro y sus ondas transparentes, no son ningunos T\u00e1mesis, Senas o Danubios caudalosos, navegables y conductores de salud, de civilizaci\u00f3n y bienandanza; por lo cual vemos que aun en los pueblos fundados en sus inmediaciones, no trataron de albergarles o darles paso dentro de su recinto, como lo est\u00e1n los que ba\u00f1an las primeras ciudades de Francia, Inglaterra y Alemania, etc., y aun as\u00ed se vieron expuestas las nuestras a las s\u00fabitas inundaciones invernales o a la maligna influencia de sus sequedades del est\u00edo. El padre Tajo, que circunda la imperial Toledo, aunque tambi\u00e9n a respetuosa distancia, s\u00f3lo empieza a ser verdaderamente rio cuando corre por territorio portugu\u00e9s. Lo mismo el Duero y el Guadiana; el Ebro y el Guadalquivir son los que m\u00e1s se acercan entre nosotros a aquellas condiciones civilizadoras; pero ya a las extremidades de su curso, en los confines de la Pen\u00ednsula.<\/p>\n<p>No se ocult\u00f3, sin embargo, esta falta al ilustrado Felipe\u00a0II, y sabido es de todos el proyecto que form\u00f3, y que entonces se crey\u00f3 realizable, de traer el Jarama a Madrid, incorpor\u00e1ndolo con el Manzanares. Este \u00faltimo tambi\u00e9n por entonces deb\u00eda ser bastante m\u00e1s caudaloso, o correr menos oculto en la arena, pues tenemos la relaci\u00f3n del viaje que Antonelli hizo desde Lisboa por el Tajo y el Jarama, y <i>continu\u00f3 luego por el Manzanares<\/i> hasta el Pardo. Posteriormente, y seg\u00fan fue haci\u00e9ndose sentir m\u00e1s y m\u00e1s la necesidad, se renovaron otros proyectos an\u00e1logos, y a fines del siglo <small>XVII<\/small> se ide\u00f3 la canalizaci\u00f3n hasta Vacia-Madrid, y luego, con el auxilio del Jarama, hasta Toledo; proyecto que no fue admitido por la Peina Gobernadora do\u00f1a Mariana de Austria, hasta que en el reinado de Carlos III se construy\u00f3 por espacio de dos leguas el que luego existi\u00f3, aunque por cierto con bien escaso resultado.<\/p>\n<p>Pero, a falta de rio, se acudi\u00f3 al medio de adquirir las aguas potables por filtraci\u00f3n en unas minas subterr\u00e1neas que se extienden a cierta distancia y recogen las que derraman las sierras inmediatas. Estos viajes, algunos de los cuales ya exist\u00edan, y otros, como los grandes y copiosos de <i>Amaniel<\/i> y <i>Abro\u00f1igal<\/i>, se descubrieron y formaron en el reinado de Felipe\u00a0III, y bastaron, aunque no abundosamente, para surtir las primeras necesidades de la poblaci\u00f3n; hasta que, creciendo \u00e9sta, y aument\u00e1ndose y multiplic\u00e1ndose aqu\u00e9llas de un modo extraordinario en el presente siglo, ha sido necesario acometer y llevar a cabo la obra gigantesca del canal del Lozoya, que cambiar\u00e1 dentro de pocos a\u00f1os las condiciones materiales de Madrid.<\/p>\n<p>Esta hermosa poblaci\u00f3n, situada bajo un cielo limpio y sereno, disfrutando de una atm\u00f3sfera trasparente, un dilatado y hermos\u00edsimo horizonte, rara vez turbado por las tormentas, exento de miasmas pestilentes, ajeno a las epidemias, inundaciones, terremotos y otros azotes tan frecuentes en poblaciones de su importancia; rodeada al Norte por las sierras Carpetanas, los bosques del Pardo y la maravilla del Escorial; al Sur, por los verjeles de Aranjuez; al Levante, por las llanuras del Henares y las pintorescas campi\u00f1as de la Alcarria, y al Poniente, por los f\u00e9rtiles campos de Talavera; centro de todos los caminos que cruzan el reino en todas direcciones; surtida por esta raz\u00f3n de todas las producciones m\u00e1s ricas y preciadas de nuestro suelo, y ciudad central, com\u00fan y sin fisonom\u00eda especial de esta o aquella provincia, de esta o aquella historia, la villa de Madrid (digan lo que quieran los escritores antagonistas) justific\u00f3 desde luego la preferencia que la diera el gran pol\u00edtico Felipe\u00a0II al elevarla al rango de corte de la Monarqu\u00eda; y cuando algunos a\u00f1os despu\u00e9s, en 1601, y por un capricho inmotivado del joven rey Felipe III, traslad\u00f3 su corte a Valladolid, muy pronto las ventajas pol\u00edticas y naturales de Madrid sobre aqu\u00e9lla se hicieron tan sensibles y universalmente reconocidas, que a los cinco a\u00f1os (en 1606) volvi\u00f3 a ser trasladada definitivamente a esta villa<a href=\"http:\/\/www.publiconsulting.com\/wordpress\/madridantiguo\/back-matter\/notas\/#nt28\" id=\"rf28\"><sup>[28]<\/sup><\/a>.<\/p>\n<p>En cuanto a la injusta calificaci\u00f3n de pueblo <i>sin historia propia ni importancia pol\u00edtica<\/i>, repetida contra Madrid por los modernos escritores, con no menos ligereza, aunque en sentido inverso de la que gui\u00f3 a los del siglo\u00a0<small>XVII<\/small> para remontar su origen a los tiempos fabulosos y hacerle figurar en los anales griegos y romanos, no puede menos de rechazarse con energ\u00eda, y obligar a repetir, con la historia nacional en la mano, a los que pretenden negarla, que cuando la villa de Madrid aparece en ella a principios del siglo <small>X<\/small> y en poder de los sarracenos, era ya una poblaci\u00f3n importante y fortificada, que supon\u00eda indudablemente algunos siglos de existencia anterior. Que su conquista en el siglo <small>XI<\/small> fue una de las grandes empresas del rey D. Alfonso VI de Castilla, y que el mismo monarca y sus inmediatos sucesores la ampliaron y fortificaron m\u00e1s; la dotaron de fueros y privilegios, en cuyo contenido se echa de ver la importancia que ten\u00eda ya esta poblaci\u00f3n. Hallar\u00e1 tambi\u00e9n que el pend\u00f3n del Concejo de Madrid llevaba la vanguardia en la famosa batalla de las Navas de Tolosa, a las \u00f3rdenes del se\u00f1or de Vizcaya, don Lope de Haro, y algunos a\u00f1os despu\u00e9s asisti\u00f3 con gran prez en el cerco de Sevilla, a las \u00f3rdenes del santo rey D. Fernando III. Que todos los monarcas de los siglos <small>XIII<\/small> y <small>XIV<\/small> residieron frecuentemente en nuestra villa, tuvieron en ella su corte y celebraron grandes juntas y actos solemnes desde que, a principios del XIV, D. Fernando IV congreg\u00f3 en ella, por primera vez, las Cortes del Reino, cuyo ejemplo fue repetido despu\u00e9s frecuentemente por los sucesivos monarcas. Que en la guerra civil entre D. Pedro y D. Enrique dio Madrid pruebas de acrisolada lealtad en defensa del leg\u00edtimo rey. Que en esta villa empez\u00f3 su reinado D. Enrique III y tuvieron lugar las turbulencias que se\u00f1alaron su minor\u00eda, hasta que, declarado mayor de edad a los once a\u00f1os, tom\u00f3 en ella las riendas del gobierno; y habiendo cobrado afici\u00f3n a este pueblo, residi\u00f3 en \u00e9l casi siempre, renov\u00f3 su Alc\u00e1zar y recibi\u00f3 a los embajadores extranjeros, enviando por su parte al gran conquistador Timur Lenk, al madrile\u00f1o Rui Gonz\u00e1lez de Clavijo, su camarero. Que tambi\u00e9n su hijo, D. Juan II, hizo su residencia ordinaria en esta villa y recibi\u00f3 de Madrid especial apoyo en las revueltas de su reinado; as\u00ed como D. Enrique IV, en las promovidas contra \u00e9l por su hermano D. Alfonso, siendo Madrid declarado defensor de la buena causa. Que cuesta villa naci\u00f3 y fue jurada en Cortes princesa de Asturias la desgraciada do\u00f1a Juana, llamada la <i>Beltraneja<\/i>, cuya sucesi\u00f3n defendi\u00f3 ala muerte de D. Enrique. Que los Reyes Cat\u00f3licos residieron tambi\u00e9n en muchas ocasiones en esta villa, y as\u00ed como todos sus antecesores, reunieron en ella las Cortes del Reino, y que en las celebradas en 1509, en la iglesia de San Jer\u00f3nimo, despu\u00e9s de la muerte de la reina do\u00f1a Isabel, el Rey Cat\u00f3lico jur\u00f3 gobernar como administrador de su bija do\u00f1a Juana y como tutor de su nieto D. Carlos. Que a la muerte de aqu\u00e9l, los gobernadores del Reino, Cardenal Cisneros y De\u00e1n de Lobayna, trasladaron a Madrid su residencia, y que desde ella gobernaron hasta la venida del Emperador. Que tambi\u00e9n esta villa abraz\u00f3 ardientemente la noble causa de las Comunidades, y sostuvo contra las huestes de aqu\u00e9l una porfiada resistencia; pero venido luego a esta villa, y cur\u00e1dose en ella de unas pertinaces cuartanas que padec\u00eda, la cobr\u00f3 decidida afici\u00f3n, la colm\u00f3 de mercedes y privilegios, residi\u00f3 frecuentemente en ella, d\u00e1ndola <i>de hecho<\/i> el car\u00e1cter de corte de su Imperio poderoso; reedific\u00f3 su Alc\u00e1zar, convirti\u00e9ndole en magn\u00edfico palacio Real, y a \u00e9l hizo conducir al augusto prisionero de Pav\u00eda; y por \u00faltimo, a\u00f1adi\u00f3 a sus preciados timbres <i>de muy leal y muy noble<\/i>, los altos y significativos de <i>villa imperial y coronada<\/i>.<\/p>\n<p>V\u00e9ase, pues, si un pueblo que durante cuatro siglos y medio ven\u00eda figurando tan dignamente en la historia nacional, ven\u00eda sirviendo de residencia y de corte a los monarcas, de lugar de reuni\u00f3n a las Cortes del Reino, de apoyo y defensa a las grandes y nobles causas y a los altos intereses del Estado, era un pueblo sin historia ni antecedentes, insignificante, nulo y poco digno de recibir la alta investidura de capital del reino.<\/p>\n<p>En cuanto a la historia de esta villa en los tres siglos siguientes, puede decirse que es la historia de la monarqu\u00eda; la parte tan principal e iniciativa que le ha cabido en ella hace palidecer la suya propia en los siglos anteriores, y la corte de la <i>Monarqu\u00eda Espa\u00f1ola<\/i> oscurece las glorias de las antiguas de Castilla, de Le\u00f3n, de Arag\u00f3n, de Sevilla y Barcelona.<\/p>\n<p>Madrid, capital del Imperio de aquel gran monarca don Felipe\u00a0II, cu va voz obedec\u00eda la Europa entera; centro de su acci\u00f3n y poder\u00edo; foco de aquel sol espa\u00f1ol que alumbraba constantemente con sus rayos a los pa\u00edses m\u00e1s remotos del orbe; capital donde resid\u00eda el supremo Gobierno, los consejos y tribunales de tan remotos pa\u00edses; de donde sal\u00edan los grandes capitanes, los virreyes y gobernadores para descubrir otros, conquistar o dominar en ellos, y adonde, cargados de trofeos, de merecimientos y servicios, regresaban un D. Juan de Austria, un Gonzalo de C\u00f3rdoba, un Duque de Alba, para poner a los pies del Monarca los trofeos de Lepanto, de San Quint\u00edn, de Italia, Mandes y Portugal, que aun cuelgan pendientes de las b\u00f3vedas del templo de Nuestra Se\u00f1ora de Atocha o de los techos de la Real Armer\u00eda. La corte de Felipe III, que recibi\u00f3 en sus muros a los enviados del Shah de Persia y del Gran Se\u00f1or, y otros remotos imperios, y bajo cuyo cetro vinieron a reunirse, no s\u00f3lo los diez y ocho reinos de la Espa\u00f1a peninsular, sino tambi\u00e9n el Portugal, N\u00e1poles, Sicilia, Parma, Plasencia y el Milanesado en Italia; el Rosellon, el Bearn\u00e9s y la Navarra, el Artois y el Franco Condado en Francia; las dos Flandes y Holanda en los Pa\u00edses-Bajos; en \u00c1frica casi todas las costas, Angola, Congo, Mozambique, Oran, Mazarquivir, Mostag\u00e1n, T\u00e1nger, T\u00fanez y la Goleta; ademas de las islas africanas, Azores, Madera, Cabo Verde, Malta, Baleares y Canarias; que ten\u00eda un imperio en el Asia en las costas de Malabar, Coromandel y la China, y derecho a los Santos Lugares de Palestina; que posey\u00f3 tambi\u00e9n las ricas e inmensas islas Filipinas, Visayas, Carolinas, Marianas y de Palao, de la Sonda, Timor, Molucas y otras innumerables del mar Pac\u00edfico: y extendi\u00f3, en fin, su dominaci\u00f3n como emperador de M\u00e9jico, del Per\u00fa y del Brasil, a casi todo el continente de Am\u00e9rica o Nuevo-Mundo, y a casi todas las islas del Oc\u00e9ano; imperio colosal, que excedi\u00f3 a los antiguos orientales, a los de Alejandro, liorna, Cartago, Carlo-Magno y Napole\u00f3n; como que contaba una poblaci\u00f3n calculada en 600 millones de almas y una extensi\u00f3n de territorio de 800.000 leguas cuadradas, o sea la octava parte del mundo conocido. La caballeresca y po\u00e9tica corte de Felipe IV, emblematizada en el sitio del <i>Buen Retiro<\/i>, que vio lucir el bullicio y esplendor de las fiestas palacianas, de las justas y torneos caballerescos; que escuch\u00f3 la musa de Lope de Vega y Calder\u00f3n, de Tirso y de Moreto, de Sol\u00eds y de Quevedo, a quienes hab\u00eda visto nacer en sus muros; la corte en que florec\u00edan adem\u00e1s un Cervantes y un Mariana, un Vel\u00e1zquez y un Murillo; la que recib\u00eda espl\u00e9ndidamente a los monarcas extranjeros que ven\u00edan a solicitar la alianza del espa\u00f1ol o la mano de sus hijas y hermanas; la que despu\u00e9s del trist\u00edsimo par\u00e9ntesis del hechizado Carlos II, torn\u00f3 a recobrar su animaci\u00f3n y su influencia, y dio luego tan altas pruebas de su no desmentida lealtad, de su energ\u00eda y su valor en pro de la nueva dinast\u00eda de Felipe de Borb\u00f3n; que vio nacer en sus muros a los dos esclarecidos monarcas Fernando VI y Carlos III, que m\u00e1s adelante hab\u00edan de engrandecerla y renovarla; la que a principios de este mismo siglo alcanz\u00f3 a dar, el D<small>OS DE<\/small> M<small>AYO DE<\/small> 1808, la heroica se\u00f1al del m\u00e1s noble y generoso alzamiento que se\u00f1alan los fastos de nuestra naci\u00f3n, por su independencia y libertad; el pueblo, en fin, que en sus fastos antiguos y modernos puede ostentar p\u00e1ginas tan brillantes, tan altos y nobles merecimientos, tiene en ellos su defensa mejor, su m\u00e1s preciada ejecutoria.<\/p>\n<p>Pero nos hemos extralimitado demasiadamente de nuestro prop\u00f3sito; y al tratar del suceso que m\u00e1s influencia tuvo en la prosperidad y fortuna de esta villa, y que tan combatido se ha visto por la ligereza de algunos escritores, no hemos podido contener nuestra pluma dentro de los l\u00edmites del per\u00edodo a que ahora particularmente nos referimos.<\/p>\n<h2 id=\"sigil_toc_id_5\">LA VILLA Y CORTE DE MADRID<\/h2>\n<p class=\"centrado\">EN EL SIGLO XVII<\/p>\n<p class=\"salto10\">Desde la venida de la corte a Madrid, y con el considerable aumento consiguiente en su poblaci\u00f3n y en su riqueza, fue extendiendo de tal manera sus l\u00edmites, que, a vuelta de muy pocos a\u00f1os, borr\u00f3 las huellas de los anteriores, allan\u00f3 sus cercas e hizo avanzar sus puertas, quedando s\u00f3lo los nombres de las antiguas, como recuerdos hist\u00f3ricos, a los sitios en que estuvieron.<\/p>\n<p>Este r\u00e1pido crecimiento, que triplic\u00f3 o cuadruplic\u00f3 el antiguo caser\u00edo de la villa y sus arrabales, se verific\u00f3 simult\u00e1neamente por todos lados, excepto a la parte occidental, donde continuaron (como contin\u00faan) sirvi\u00e9ndola de l\u00edmites el Real Alc\u00e1zar y sus jardines, los enormes desniveles o cuestas de la Vega y las Vistillas, que bajan al rio Manzanares. La puerta de Segovia o <i>Nueva de la Vega<\/i>, construida por entonces, as\u00ed como el famoso puente frontero, obra del insigne Juan de Herrera, y el \u00faltimo trozo de calle del mismo nombre desde las casas de la Moneda, adelantaron, alg\u00fan tanto, sin embargo, por aquel lado, rebasando la antigua muralla. Multiplic\u00f3se extraordinariamente el caser\u00edo entre los altos de las Vistillas y el antiguo convento extramuros de <i>San Francisco<\/i>; convirti\u00e9ronse en calles animadas el camino o carrera que a \u00e9ste guiaba desde la vieja <i>Puerta de Moros<\/i>, el <i>Humilladero de Ntra. Sra. de Gracia<\/i>, las tierras y huertas contiguas al camino real de Toledo; siendo necesario colocar la salida de la Latina (que, como ya queda expresado anteriormente, se hallaba entre la plazuela de la Cebada y San Mill\u00e1n), mucho m\u00e1s abajo, y en el mismo sitio pr\u00f3ximamente a donde la actual <i>Puerta de Toledo<\/i>. El <i>Rastro<\/i>, la dehesa de <i>Arganzuela<\/i> y la de la Villa, la de la Encomienda de Moratalaz y la <i>Huerta del cl\u00e9rigo Bayo<\/i> y los r\u00e1pidos desniveles y barrancos, ventas, tejares y mesones en direcci\u00f3n al <i>Barranco de Lavapi\u00e9s<\/i>, se trasformaron en las c\u00e9lebres barriadas de estos nombres. La puerta de Ant\u00f3n Mart\u00edn fue sustituida por otra tambi\u00e9n denominada de <i>Vallecas<\/i>, situada cerca del arroyo de Atocha, extendi\u00e9ndose hasta ella la hermosa calle de este nombre, y se form\u00f3 la Alameda en el antiguo prado de Atocha, desde el famoso santuario de aquella veneranda imagen hasta la subida a San Jer\u00f3nimo. La parte de dicha Alameda, que despu\u00e9s llev\u00f3 el nombre de <i>Prado de San Jer\u00f3nimo<\/i> y hoy es la principal de aquel magn\u00edfico paseo, se allan\u00f3 y regulariz\u00f3 por primera vez (seg\u00fan el testimonio de nuestro Juan L\u00f3pez de Hoyos), en 1570, con ocasi\u00f3n de la entrada solemne de do\u00f1a Ana de Austria, \u00faltima esposa de Felipe\u00a0II. La <i>Puerta del Sol<\/i> avanz\u00f3 por este tiempo al camino de Alcal\u00e1, como hacia donde est\u00e1 hoy la entrada del Retiro, y entonces se formaron y poblaron la principal y hermos\u00edsima calle de Alcal\u00e1 y el extendido cuarto de c\u00edrculo de E. a N. trazado entre ella y las d\u00e9 la Montera, Hortaleza y Fuencarral, a cuyos extremos se abrieron los portillos de <i>Recoletos<\/i>, de <i>Santa B\u00e1rbara<\/i> y de los <i>Pozos de la Nieve<\/i>. Colm\u00f3se el otro extenso distrito entre esta \u00faltima calle y la Ancha de San Bernardo (llamada entonces de los <i>Convalecientes<\/i>, por el hospital que hab\u00eda en ella), a cuyo final pas\u00f3 la puerta que estaba en la plazuela de Santo Born\u00ed nao: y por \u00faltimo, las <i>pueblas<\/i> nuevas, hechas por D. Joaqu\u00edn de Peralta hacia el monte de <i>Leganitos<\/i>, terminaban al N. y N. O. con los portillos de <i>Maravillas<\/i>, de <i>Amaniel<\/i>, del <i>Conde Duque<\/i> y de <i>San Joaqu\u00edn<\/i> (despu\u00e9s de <i>San Bernardino<\/i>), quedando fuera la posesi\u00f3n conocida despu\u00e9s por <i>Monta\u00f1a del Pr\u00edncipe P\u00edo<\/i>, con las huertas de las <i>Minillas<\/i>, la <i>Florida, Buytrera<\/i> y otras, hasta el <i>puente del Parque de Palacio<\/i>, que ven\u00eda a estar donde hoy la fuente de la <i>Regalada<\/i>, a la bajada de las Reales Caballerizas. Dicho Parque de Palacio y campo llamado del <i>Rey<\/i> se extend\u00edan, como hoy, hasta la cuesta de la Vega.<\/p>\n<p>Vese, por lo dicho, que los nuevos l\u00edmites se\u00f1alados hace tres siglos a la poblaci\u00f3n de Madrid no han tenido m\u00e1s alteraciones sustanciales, en tan largo per\u00edodo, (nula inclusi\u00f3n dentro de ellos del Real sitio del Buen Retiro, fundado por Felipe\u00a0IV, y alguna mayor extensi\u00f3n hacia la puerta de Alcal\u00e1; y por el lado occidental, la Monta\u00f1a del Pr\u00edncipe P\u00edo y bajada o paseos de la <i>Puerta de San Vicente<\/i>. Pero aquellos l\u00edmites, que entonces se se\u00f1alaron a Madrid, incluyendo multitud de huertas, tierras de cultivo y eriales, tardaron en rellenarse todo el siglo que medi\u00f3 entre la mitad del <small>XVI<\/small> a la mitad del <small>XVII<\/small>, en t\u00e9rminos que en esta \u00faltima \u00e9poca ya presentaba Madrid, con corta diferencia, la misma figura en su per\u00edmetro y el mismo trazado de sus calles que hoy d\u00eda, salvas algunas excepciones de cerramientos o variaciones posteriores. De todo ello podemos juzgar cumplidamente por la inspecci\u00f3n material del gran <i>Plano grabado en Amberes<\/i> en 1656, de que hicimos menci\u00f3n y que vamos a reproducir.<\/p>\n<p>En esta nueva poblaci\u00f3n, trazada ya para servir a m\u00e1s importantes necesidades, se busc\u00f3 con preferencia un terreno menos accidentado, Be abrieron o formaron en \u00e9l calles m\u00e1s rectas y espaciosas, algunas muy extensas, como las bajas de Toledo y de Atocha, la Carrera de San Jer\u00f3nimo, la de Alcal\u00e1, la Montera, Fuencarral, Hortaleza y Ancha de San Bernardo, y se construyeron en ellas multitud de edificios de consideraci\u00f3n. Sin embargo, es de lamentar que a la creaci\u00f3n, puede decirse, de nueva planta, de la villa capital del Reino, no presidiese mayor gusto y esmero, no se tuviesen en cuenta ciertas condiciones indispensables para su futura prosperidad. No pretendemos, por esto, que la nueva villa fuese improvisada con la regularidad y fatigosa monoton\u00eda de un tablero de damas, sino que, procur\u00e1ndose todo lo posible la nivelaci\u00f3n de los terrenos, d\u00e1ndose a todas sus calles la conveniente anchura, cortes y comunicaciones, proporcion\u00e1ndose a distancias convenientes plazas regulares, desahogadas avenidas y puntos de vista calculados, se hubiese en ellas construido el caser\u00edo con cierta regularidad, y algunos edificios p\u00fablicos de necesidad y grandiosa perspectiva; hubieran, en fin, consignado los monarcas de Castilla de aquella \u00e9poca en la corte del Reino el gusto y la magnificencia que ostentaban en otras ciudades del reino, en el de Italia, y en las nuevas que por entonces se fundaban en la Am\u00e9rica espa\u00f1ola. No fue, sin embargo, as\u00ed; y ni los tesoros del Nuevo Mundo, ni la fuerza de voluntad, poder\u00edo y alta inteligencia de Felipe\u00a0II; ni el colosal y privilegiado talento de <i>Juan de Herrera<\/i> y sus contempor\u00e1neos y sucesores los Toledos, Monegros, Moras y Vegas, alcanzaron a imprimir a Madrid aquel sello de grandeza y majestad que requer\u00eda la corte de la monarqu\u00eda.<\/p>\n<p>El <i>Alc\u00e1zar<\/i> de Carlos V y Felipe II, obra de Cobarrubias y de Luis de la Vega; la <i>puente segoviana<\/i>, de Juan de Herrera, en tiempo de Felipe\u00a0II; la Plaza Mayor, del reinado de Felipe III, y el sitio del <i>Buen Retiro<\/i>, obra de Felipe IV, son los objetos m\u00e1s dignos que recibi\u00f3 la corte de Madrid de los monarcas de la dinast\u00eda austr\u00edaca; si bien, por un celo indiscreto, aunque muy propio de aquel siglo, consumieron sus tesoros en fundar en ella setenta o m\u00e1s conventos, con otras tantas iglesias, todas medianas nada m\u00e1s, y de ning\u00fan modo comparables a nuestras magn\u00edficas catedrales, no diremos las antiqu\u00edsimas de Toledo, Burgos o Sevilla, pero ni aun de las modernas o contempor\u00e1neas de Granada, Segovia y Salamanca; as\u00ed como los pocos edificios civiles de aquellos reinados, tales como la C\u00e1ncl de Corte, el Ayuntamiento y la casa de Uceda (los Consejos) no pueden sostener comparaci\u00f3n Con los alc\u00e1zares de Toledo y de Granada, la Lonja de Sevilla, y otros muchos de aquella \u00e9poca.<\/p>\n<div class=\"bloque\">\n<p class=\"subtit\">PLANO TOPOGR\u00c1FICO DE 1656<\/p>\n<p class=\"ilustrafull\"><img decoding=\"async\" alt=\"\" src=\"\/\/www.publiconsulting.com\/wordpress\/madridantiguo\/wp-content\/uploads\/sites\/69\/2018\/03\/plano.jpg\" \/><\/p>\n<\/div>\n<p>Pero vengamos, en fin, a la descripci\u00f3n ofrecida del <i>Plano topogr\u00e1fico del Madrid del siglo\u00a0<small>XVII<\/small><\/i>, que hemos tenido la suerte de exhumar del olvido, y por el cual podemos juzgar completamente del estado y aspecto de la corte de los Felipes. Ning\u00fan libro ni descripci\u00f3n nos servir\u00e1 tan cumplidamente para ello como la vista material y el estudio de este gran plano. Su extensi\u00f3n, la exactitud y minuciosidad con que est\u00e1 reproducido en perspectiva caballera todo el caser\u00edo de la villa, en escala bastante extensa para poder apreciar sus pormenores, hacen de este grabado un documento tan precioso como generalmente ignorado por los que han tratado de la historia de Madrid; y como es de temer que con el tiempo lleguen a faltar los rar\u00edsimos ejemplares que aun pueden existir, creemos hacer un servicio en consignar aqu\u00ed sus detalles.<\/p>\n<p>Consta dicho plano de veinte hojas de gran marca, las cuales, unidas y pegadas sobre lienzo (como est\u00e1n en el precioso ejemplar que poseemos, y tambi\u00e9n en el otro muy bien restaurado que conserva el Ayuntamiento), ocupan una extensi\u00f3n de unos ocho pies de altura por diez de ancho, o sean cerca de ochenta superficiales.<\/p>\n<p>En la parte superior de dicho plano se lee esta inscripci\u00f3n: <i>Mantua Carpetanorum sive Matritum urbs regia<\/i>. Al lado derecho est\u00e1n las armas Reales sobre trofeos, y se lee: <i>Philipo\u00a0IV rege Catolico forti et pio. Urbem hanc suam et in ea orbis sivi subjecti compendium exhibit <small>MDCIV<\/small><\/i>; y debajo, en una tarjeta sostenida por figuras aleg\u00f3ricas y trofeos, se encuentra la siguiente inscripci\u00f3n: <i>Topograf\u00eda de la villa de Madrid, descrita por D. Pedro Texeira, a\u00f1o de 1656, en la que se demuestran todas sus calles, el largo y ancho de cada una de ellas, las rinconadas y lo que tuercen; las plazas, fuentes, jardines y huertas, con la disposici\u00f3n que tienen las parroquias, monasterios y hospitales; est\u00e1n se\u00f1alados sus nombres con letras y n\u00fameros que se hallar\u00e1n en la tabla, y los edificios, torres y delanteras de las casas est\u00e1n sacadas al natural, que se podr\u00edan contar las puertas y ventanas de cada una de ellas. A la izquierda est\u00e1 la tabla y las escalas de <sup>1<\/sup>\/<sub>1870<\/sub><\/i>, y debajo dice: <i>Salomon Sauri cura et solicitudine Joannis et Jacobi Vanveerle, Antuerpi\u00e6<\/i>.<\/p>\n<p>Efectivamente, la minuciosidad y exactitud del dibujo son tales, que dejan poco que desear, no s\u00f3lo en cuanto a la demostraci\u00f3n del giro y disposici\u00f3n de las calles, sino en el alzado de las fachadas y topograf\u00eda interior de los edificios, pudiendo juzgar de la conciencia con que fue hecho aquel precioso trabajo por los varios p\u00fablicos y particulares que aun se conservan en el mismo estado en que los representa el plano, con la misma repartici\u00f3n de su planta, con el propio n\u00famero de pisos puertas y ventanas; y la misma forma general de su ornato arquitect\u00f3nico.<\/p>\n<p class=\"extenso\">Los l\u00edmites de la poblaci\u00f3n marcados en este plano eran los que quedan anteriormente expresados, y son, con corta diferencia, los que comprende el actual per\u00edmetro de Madrid. La puerta de Alcal\u00e1 (que era mezquina y formada por dos torrecillas) se hallaba situada m\u00e1s adentro que el actual arco de triunfo, poco m\u00e1s o menos frente a la glorieta o entrada moderna del Buen Retiro. Como no exist\u00edan a\u00fan los edificios del P\u00f3sito ni los Hornos de Villa Nueva, construidos despu\u00e9s, corr\u00eda la cerca por detr\u00e1s de las huertas de Recoletos y otras, formando el mismo recodo saliente que hoy con la que despu\u00e9s fue de la Veterinaria. La puerta o portillo de Recoletos (que tambi\u00e9n era sumamente mezquina) estaba poco m\u00e1s o menos en el mismo sitio que la que acaba de derribarse, y segu\u00eda la tapia derecha hasta la de Santa B\u00e1rbara, haciendo aqu\u00ed un saliente notable hasta el portillo, que estaba en el mismo sitio, y es acaso el propio que hoy alcanzamos; y en las afueras no se se\u00f1ala m\u00e1s que tierras de labor, no existiendo la huerta despu\u00e9s llamada de Loinaz (hoy de Arango). A la izquierda del portillo de Santa B\u00e1rbara aparece un edificio que puede ser el mismo o una buena parte de la actual F\u00e1brica de Tapices, y en \u00e9l se mira un molino de viento. Siguen luego algunos trozos muy irregulares de cerca, hasta la puerta o salida llamada de los <i>Pozos de la Nieve<\/i>, en el mismo sitio que la moderna de <i>Bilbao<\/i>. M\u00e1s diferencias se observan entre \u00e9sta y la de Fuencarral (entonces llamada todav\u00eda de <i>Santo Domingo<\/i>), y se ve otra salida o puerta llamada de <i>Maravillas<\/i> al fin de una calle, que puede ser la de San Andr\u00e9s, cerrada luego por el jard\u00edn que fue de Bringas. Ve\u00edase despu\u00e9s el palacio de los duques de Montele\u00f3n, con su extendida huerta y cerca, que formaba y forma la de Madrid por aquella parte, aunque no parece tan saliente romo ahora. Corr\u00eda luego por la izquierda hasta la salida del <i>Conde-Duque de Olivares<\/i> (cuyo palacio y jardines aparecen en los sitios en donde hoy est\u00e1n el de Liria y el cuartel de Guardias), y luego continuaba con la misma imperfecci\u00f3n que hoy, hasta la de <i>San Joaqu\u00edn<\/i> (portillo de <i>San Bernardino<\/i>). Fuera de \u00e9ste hab\u00eda un humilladero de cruces, que seguir\u00eda sin duda hasta el convento, y se se\u00f1alan varios caminos al <i>Molino quemado<\/i>, a la <i>Huerta de Buytrera<\/i>, etc., por el interior de la monta\u00f1a llamada hoy del <i>Pr\u00edncipe P\u00edo<\/i>. Esta quedaba, como queda dicho, fuera de la poblaci\u00f3n, pues la cerca bajaba coste\u00e1ndola desde el portillo de San Joaqu\u00edn hasta el camino del rio, cercando las huertas llamadas de las <i>Minillas<\/i>, la <i>Florida, Buytrera<\/i>, etc., hasta el puente del Parque, que, seg\u00fan dijimos, ven\u00eda a estar donde hoy la fuente de la Regalada, por bajo de las Reales caballerizas. El dicho <i>Parque de Palacio<\/i> (que segu\u00eda despu\u00e9s adelantando, como hoy los jardines, hasta el rio y la Tela) consist\u00eda, por lo visto, en unas alamedas y paseos sin grande importancia, y llegaba hasta la puente Segoviana y la bajada de la Vega. Al lado opuesto del rio se ve la <i>Casa de Campo<\/i>, poco m\u00e1s o menos en los t\u00e9rminos que hoy, aunque con mayor frondosidad. La puerta de la Vega ten\u00eda a\u00fan dos cubos, y aparece de alguna fortaleza, y la de Segovia la misma que hemos visto derribar hace pocos a\u00f1os. Desde ella sub\u00eda la cerca por las Vistillas y huerta del Infantado, como hoy, hasta la del convento de San Francisco, no vi\u00e9ndose todav\u00eda el portillo que mand\u00f3 despu\u00e9s abrir y a que dio su nombre el licenciado <i>Gil Imon de la Mota<\/i>, fiscal del Consejo de Hacienda, que ten\u00eda all\u00ed sus casas, en donde es hoy hospital de la V. O. T. Por \u00faltimo, la cerca segu\u00eda a la puerta de <i>Toledo<\/i> (que estaba algo m\u00e1s arriba que la actual), luego al portillo de <i>Embajadores<\/i> y al de <i>Lavapi\u00e9s<\/i> (despu\u00e9s de <i>Valencia<\/i>), y formando varios \u00e1ngulos y desigualdades, llegaba a la salida que llaman de <i>Vallecas<\/i>, donde despu\u00e9s estuvo la puerta de <i>Atocha<\/i>, hasta incorporarse, dando vuelta al Retiro, con la de Alcal\u00e1.<\/p>\n<p>Estos eran y son todav\u00eda los l\u00edmites del per\u00edmetro de Madrid a mediados del siglo\u00a0<small>XVII<\/small>, hace dos siglos cabales. El corte interior de la poblaci\u00f3n era tambi\u00e9n id\u00e9ntico, con algunas excepciones de rompimientos o cierres posteriores de algunas calles, y los nombres de \u00e9stas se conservaron en la mayor parte los mismos hasta estos \u00faltimos a\u00f1os.<\/p>\n<p>La descripci\u00f3n interior de dichas calles, seg\u00fan se observan en el plano, nos llevar\u00eda muy lejos y alargar\u00eda esta <i>Rese\u00f1a<\/i>, tanto m\u00e1s importunamente, cuanto (pie, habiendo de ser dicha descripci\u00f3n el objeto de nuestros <i>paseos hist\u00f3ricos<\/i>, nos ver\u00edamos obligados a repetir aqu\u00ed lo que con mayor extensi\u00f3n hemos de consignar despu\u00e9s en el ingreso de esta obrita. Por lo tanto, nos limitaremos a indicar algunas consideraciones generales sobre el interior de la poblaci\u00f3n tal como se presenta en el plano.<\/p>\n<p>La construcci\u00f3n del caser\u00edo era en general impropia y mezquina. La grandeza del reino, agrupada en derredor del trono, y viniendo a formar la parte principal de la poblaci\u00f3n de Madrid, se content\u00f3 con levantar enormes caserones, que s\u00f3lo se diferenciaban de los dem\u00e1s por su inmensa extensi\u00f3n; y el vecindario en general, dividiendo y subdividiendo hasta un t\u00e9rmino infinito los terrenos o solares, lleg\u00f3 a formar hasta el n\u00famero pr\u00f3ximamente de las <i>doce mil casas<\/i> que entonces se contaban, y que hoy, refundidas en mayores edificios, no pasan acaso de siete mil; pues si por un lado la abundancia de jardines pertenecientes a ellas, y la multitud de grandes monasterios, que hoy se han utilizado para construcciones particulares, ocupaban una buena parte del per\u00edmetro, por otro los edificios construidos posteriormente son mucho m\u00e1s extensos, como que en cada uno de ellos se han ocupado solares de tres o cuatro de las antiguas casas. Las <i>doce mil<\/i>, adem\u00e1s, que suponen los historiadores del siglo\u00a0<small>XVII<\/small>, puede explicarse por el lente de aumento con que sol\u00edan mirar a Madrid, o por la hiperb\u00f3lica dicci\u00f3n de <i>un par de casas<\/i> con que acostumbraban designar a cada edificio que ten\u00eda dos pisos o habitaciones.<\/p>\n<p>Generalmente \u00e9stos eran pocos, por muchas razones: en primer lugar, la poblaci\u00f3n era mucho menor todav\u00eda, y la vida interior del pueblo deb\u00eda ser tan modesta y poco ganosa de comodidades, que quedaba satisfecho con cualquier cosa, con un hediondo portal, con una oscura y empinada escalera y con media docena de estrechos y desnudos aposentos, coronados por un mezquino zaquizam\u00ed; todo esto formado y multiplicado en el reducido espacio que toleraban los conventos (que en Madrid, como en la mayor parte de las ciudades del reino, constitu\u00edan la parte principal de la poblaci\u00f3n), y aun aquella tolerancia en favor del vecindario estaba las m\u00e1s veces limitada en la altura de las casas fronteras y contiguas, en el n\u00famero de las ventanas, en sus salidas y comunicaciones, que no hab\u00edan de privar de las luces, ventilaci\u00f3n e independencia a los amplios monasterios de ambos sexos; no hab\u00edan de registrar sus espaciosas huertas, ni impedir que sus extendidas y solitarias cercas dominasen en calles despobladas, y sus elevadas torres levantasen hasta el cielo sus agujas y chapiteles.<\/p>\n<p>Por \u00faltimo, otra raz\u00f3n muy poderosa para limitar y reducir a mezquinas condiciones el caser\u00edo general de Madrid fue la gravosa carga que el establecimiento de la corte trajo consigo, y era la conocida con el nombre de <i>Regal\u00eda de aposento<\/i>. Este pesado servicio del alojamiento de la Real comitiva y funcionarios de la corte reca\u00eda naturalmente sobre las casas que ten\u00edan m\u00e1s de un piso y cierta espaciosidad, y aunque posteriormente, y cuando en 1606 se restituy\u00f3 a Madrid la corte desde Valladolid (adonde se hab\u00eda trasladado en 1601) fue compensado y capitalizado aquel penoso gravamen con el servicio de 250.000 ducados que ofreci\u00f3 la villa por equivalente a la sexta parte de los alquileres de las casas durante diez a\u00f1os, continu\u00f3 pesando por v\u00eda de contribuci\u00f3n exclusivamente sobre todas las que ten\u00edan <i>m\u00e1s de un piso<\/i>, raz\u00f3n por la cual continuaron las construcciones de <i>malicia<\/i> o s\u00f3lo piso bajo. As\u00ed lo vemos expresado terminantemente, entre otros varios documentos de la \u00e9poca, en el primitivo <i>Registro general del aposento<\/i>, concluido en 1651 (manuscrito interesante, que posee uno de nuestros amigos), donde dice: \u00abCalle de Toledo (antes de la <i>Manceb\u00eda<\/i>). Una casa de Mari-Mendez, mujer de Blas Caballero, soldado de la Guardia Espa\u00f1ola, que era de <i>aposento<\/i>, y el que mand\u00f3 se hiciese <i>de malicia<\/i>, tasada en 36 ducados\u00bb. Atendiendo tambi\u00e9n a esta expresiva significaci\u00f3n de aquella palabra, dijo el festivo Quevedo, hablando en uno de sus romances de cierta mujer de mundo, de las que \u00e9l sol\u00eda tratar:<\/p>\n<div class=\"cit\">\n<p><span class=\"pad\">\u00abPor no estar a la <i>malicia<\/i><\/span><\/p>\n<p>Calzada su voluntad,<\/p>\n<p>Fue su <i>hu\u00e9sped de aposento<\/i><\/p>\n<p><i>Ant\u00f3n Mart\u00edn<\/i> el gal\u00e1n\u00bb.<\/p>\n<\/div>\n<p>La cerca general que marca hoy los l\u00edmites de la villa tard\u00f3 todav\u00eda un siglo en construirse, como se puede ver por la Real c\u00e9dula expedida por el se\u00f1or D.\u00a0Felipe IV, fecha 9 de Enero de 1625, en que se manda al Ayuntamiento de Madrid levantarla, aplicando para ello la sisa del vino, que antes lo estuvo a la obra de la <i>Plaza Mayor<\/i>. Dicha Real c\u00e9dula (que obra en el archivo de la Villa) expresa claramente que la mencionada cerca se construy\u00f3 m\u00e1s bien para <i>contener<\/i> que para favorecer la ampliaci\u00f3n; error que ahora lamentamos, y que impidi\u00f3 a esta villa continuar su conveniente desarrollo. H\u00e9 aqu\u00ed los t\u00e9rminos en que est\u00e1 concebido el curioso pre\u00e1mbulo de dicha Real c\u00e9dula:<\/p>\n<p>\u00abDesde muchos a\u00f1os a esta parte se han reconocido los da\u00f1os que se causan de <i>no estar cercada la villa de Madrid<\/i>, donde reside mi corte, as\u00ed por lo que sus l\u00edmites se van extendiendo con los edificios, como <i>por las salidas y que hacen al campo las m\u00e1s de las calles<\/i>, y ser por ellas franca y libre la entrada de gente y mercader\u00edas en el lugar, por no poder poner en ellas (siendo tantas) la guarda que conviene, con lo cual falta tambi\u00e9n la noticia necesaria de los que entran y salen de esta corte, y a los delincuentes les es f\u00e1cil salir de ella y librarse de no ser presos por las justicias, que tendr\u00edan m\u00e1s mano en su prisi\u00f3n si las salidas fuesen ciertas. Y siendo de tanta importancia para la conservaci\u00f3n de mi Real Hacienda y las alcabalas y sisas que se pagan, que de tal manera centren los bastimentos y mercader\u00edas por puertas ciertas en que se registren, que no puedan divertirse ni entrar por otras, y que esta misma utilidad y conveniencia se halla cuanto a la administraci\u00f3n de las sisas y beneficio de las sisas que para causas p\u00fablicas tengo concedidas a esta villa, y mucho mayor y de necesidad precisa para guardarla, si, lo que Dios no permita, sucediese en ocasiones de peste; habi\u00e9ndome diversamente consultado por los de mi Consejo y considerando en esto atentamente, he <i>acordado<\/i> que en la posada de vos, el Presidente, se haga una Junta para este efecto, en que se hallen con vos los dichos Pedro Tapia y Gil Imon de la Mota, el corregidor de Madrid y seis diputados que est\u00e1n nombrados o se nombrasen en adelante por el Ayuntamiento de esta villa\u2026 y someto a la dicha Junta para que en ella orden\u00e9is y dispong\u00e1is que con la mayor brevedad que se pueda <i>se cerque esta dicha villa<\/i> por las partes y sitios y con la forma de edificios que por vosotros en la dicha Junta se acordase, dejando las puertas que conviniesen y fuesen necesarias en las principales entradas y salidas de esta villa, cada una con la f\u00e1brica y adornos que os pareciese, seg\u00fan los sitios y parte donde hubiesen de quedar\u00bb, etc.<\/p>\n<p>La referida cerca se emprendi\u00f3 a consecuencia de esta Real c\u00e9dula y a costa de la villa y por el Patrimonio, que tom\u00f3 a su cargo la parte del nuevo sitio de Buen Retiro, de la Monta\u00f1a del Pr\u00edncipe P\u00edo y del Parque; pero tard\u00f3 mucho tiempo en concluirse: de suerte que algunos a\u00f1os despu\u00e9s todav\u00eda pudo muy bien decir el Maestro Tirso de Molina en una de sus comedias<a href=\"http:\/\/www.publiconsulting.com\/wordpress\/madridantiguo\/back-matter\/notas\/#nt29\" id=\"rf29\"><sup>[29]<\/sup><\/a>:<\/p>\n<div class=\"cit\">\n<p><span class=\"pad\">\u00abComo est\u00e1 Madrid sin cerca,<\/span><\/p>\n<p>A todo gusto da entrada;<\/p>\n<p>Nombre hay de <i>Puerta Cerrada<\/i>,<\/p>\n<p>Mas p\u00e1sala quien se acerca\u00bb.<\/p>\n<\/div>\n<p>Realiz\u00f3se al fin, aunque muy lentamente y sin pretensiones de muralla, limit\u00e1ndose a la construcci\u00f3n de una fuerte tapia, la misma que, restaurada en algunos trozos, ha llegado todav\u00eda hasta nuestros d\u00edas, y que si no ha servido para defender a Madrid contra las acometidas exteriores, ha sido bastante obst\u00e1culo para contener o limitar su desarrollo prudente y hacerle permanecer m\u00e1s de dos siglos encerrado en el c\u00edrculo de mamposter\u00eda que se le traz\u00f3 de Peal orden.<\/p>\n<p>Considerada, pues, en su forma material, \u00bfqu\u00e9 era lo que ofrec\u00eda a la admiraci\u00f3n de los contempor\u00e1neos y de los venideros la opulenta corte de los Felipes de Austria? \u00bfY de qu\u00e9 modo se justifican aquellos encomios tan repetidos de sus imp\u00e1vidos coronistas? Ya lo hemos dicho: pocos, muy contados edificios civiles de alguna importancia; multitud de conventos de ambos sexos, m\u00e1s notables en general por su extensi\u00f3n que por su m\u00e9rito art\u00edstico, y un general caser\u00edo, comparable por su mezquindez al de una pobre aldea; escasos y mal dispuestos establecimientos de beneficencia, de instrucci\u00f3n y de industria, y dos m\u00edseros <i>corrales<\/i> para representar los inmortales dramas de Lope y Calder\u00f3n. Bajo el punto de vista de la comodidad y de la polic\u00eda urbana, todav\u00eda aparece m\u00e1s deplorable aquel cuadro: las calles, tortuosas, desiguales, costaneras, y en el m\u00e1s completo abandono, sin empedrar, sin alumbrar de noche, y sirviendo de alba\u00f1al perpetuo, y barranco abierto a todas las inmundicias. La salubridad, la comodidad del vecindario y el ornato de la poblaci\u00f3n, desconocidos absolutamente; la misma seguridad, amenazada continuamente en medio de un pueblo belicoso, altanero y siempre armado, que en todas ocasiones fiaba al acero y al valor la raz\u00f3n m\u00e1s concluyente.<\/p>\n<p class=\"salto10\">Pero si, bajo el aspecto material y civil, muy poco o nada puede interesarnos la descuidada capital del siglo\u00a0<small>XVII<\/small>, no as\u00ed desde el punto de vista rom\u00e1ntico o novelesco.<\/p>\n<p>El reinado, sobre todo, de Felipe IV (que empez\u00f3 en 21 de Marzo de 1621, a la muerte de su padre Felipe\u00a0III) es sin duda alguna para esta villa el per\u00edodo m\u00e1s brillante y ostentoso; y aunque en \u00e9l se preparase fat\u00eddicamente la inevitable y pr\u00f3xima ruina del Imperio colosal de Carlos V y Felipe II, el car\u00e1cter personal, po\u00e9tico y caballeresco del joven Rey, la elegante cultura de su corte, y los brillantes festejos con que supo encantar su \u00e1nimo el poderoso valido Conde Duque de Olivares, dieron a la corte de Madrid un aspecto de animaci\u00f3n y de elegancia, en que s\u00f3lo excedi\u00f3 despu\u00e9s la magn\u00edfica y espl\u00e9ndida corte de su yerno Luis XIV de Francia. La venida del Pr\u00edncipe de Gales para pedir por esposa e la hermana del Rey fue motivo de funciones magn\u00edficas. Las celebradas en 1637, con ocasi\u00f3n de haber sido elevado al Imperio el rey de Bohemia y Hungr\u00eda, D. Fernando, cu\u00f1ado del Rey, costaron de diez a doce millones de reales; y en los cuarenta d\u00edas que duraron, las comedias, los toros, las m\u00e1scaras se suced\u00edan sin cesar. El Palacio Real y el del Retiro eran el foco de estas continuas diversiones, y el Rey, siguiendo su inclinaci\u00f3n favorita, se interesaba vivamente en ellas.<\/p>\n<p>En tal apogeo de su aparente esplendor es como vamos a considerar en esta obra a la antigua corte de Madrid. El per\u00edodo a que nos referimos es seguramente el m\u00e1s interesante de su historia, el m\u00e1s romancesco tambi\u00e9n y propio para ejercitar la pluma de los poetas y literatos; el per\u00edodo en que un monarca joven, poeta, y amante de las letras y de las artes, aunque fr\u00edvolo y descuidado en pol\u00edtica, cuyo peso descargaba en hombros de su favorito, se entregaba ardientemente a sus aventuras galantes m\u00e1s o menos reprensibles, al bullicio y esplendor de las fiestas palacianas, tomaba parte activa en las justas y torneos caballerescos y en las representaciones esc\u00e9nicas, y patrocinaba con su ejemplo y liberalidad a Vel\u00e1zquez y Murillo, Lope de Vega y Calder\u00f3n; \u00e9poca y corte en que florec\u00edan ademas un Quevedo y un Saavedra, un Tirso y un Moreto, Sol\u00eds, Montalv\u00e1n, Guevara, Alarc\u00f3n y tantos otros, que hicieron apellidar aquel siglo de oro de nuestra literatura; en que recib\u00eda y obsequiaba a los ilustres potentados y embajadores de las m\u00e1s poderosas naciones; en que los reyes de Francia, de Inglaterra y de Alemania solicitaban la mano de las hijas o hermanas del monarca espa\u00f1ol; \u00e9poca tambi\u00e9n de brillante corrupci<i>\u00f3n, que describe admirablemente el ignorado autor del <\/i>Gil Blas; en que el arrogante Conde Duque de Olivares, fascinando al Monarca con el ruido y movimiento de los continuos festines, le hac\u00eda ignorar las p\u00e9rdidas de su corona, hasta el punto de exclamar, con ocasi\u00f3n de la de una de sus m\u00e1s importantes plazas del Franco-Condado: \u00ab\u00a1Pobrecito Rey de Francia!\u00bb, y congratularse porque la insurrecci\u00f3n del Duque de Braganza le proporcionar\u00eda algunos Estados m\u00e1s, al propio tiempo que se sent\u00eda con br\u00edos para escribir al general de las tropas de Flandes aquella lac\u00f3nica carta que dec\u00eda: <i>\u00abMarqu\u00e9s de Esp\u00ednola, tomad a Breda\u00bb<\/i>.<\/p>\n<p>Pero estaba escrito que toda aquella fant\u00e1stica gloria, que todo aquel fingido esplendor, hab\u00edan de pasar r\u00e1pidamente, sumiendo a la Espa\u00f1a en ruda y sensible oscuridad. La continuada y afortunada rebeli\u00f3n del Portugal, Italia, Flandes, el Rosell\u00f3n, el Franco-Condado, la Catalu\u00f1a misma, contra el descuidado Felipe, que dio por resultado la r\u00e1pida desmembraci\u00f3n del Imperio de sus abuelos; los graves disgustos que le ocasionaba la pol\u00edtica de toda Europa, conjurada contra \u00e9l; los temores por el descontento de sus pueblos; las enfermedades, la vejez, y los escr\u00fapulos de su propia conciencia, le lanzaron a la superstici\u00f3n y la melancol\u00eda, y terminaron con su vida el largo reinado de casi medio siglo. Para colmo de desventura de la Espa\u00f1a, dejaba por sucesor aun ni\u00f1o de cuatro a\u00f1os, enfermizo y delicado (despu\u00e9s el mezquino Carlos\u00a0II, conocido en la historia con el apodo de <i>el Hechizado<\/i>), y bajo la tutela de su madre la reina viuda do\u00f1a Mar\u00eda Ana de Austria.<\/p>\n<p>Conocidos son los sucesos ocasionados durante aquella larga y turbulenta minor\u00eda, con motivo de la privanza y valimiento que la Reina gobernadora dispens\u00f3 primero a su confesor el padre jesuita Everardo Nithard, y luego a D.\u00a0Fernando de Valenzuela, combatidos ambos arrogantemente por el pr\u00edncipe D. Juan Jos\u00e9 de Austria, hijo natural de Felipe IV. En estas turbulencias, que agitaron durante algunos a\u00f1os a todo el reino, toc\u00f3 representar a Madrid una parte principal, como tomando la iniciativa o sosteniendo en\u00e9rgicamente las agresiones y motines preparados por el pr\u00edncipe D. Juan contra ambos validos, hasta derrocarlos, y a la misma Reina madre, cuya desgraciada gobernaci\u00f3n termin\u00f3 con la menor edad de su hijo D. Carlos, que, bajo la influencia, o m\u00e1s bien bajo la autoridad de su hermano D. Juan, tom\u00f3 las riendas del Gobierno en 1677, en que cumpli\u00f3 los catorce a\u00f1os. Pero las desdichas del pa\u00eds no por eso terminaron, ni siquiera se contuvieron en la r\u00e1pida pendiente a que las impulsaba la mala gobernaci\u00f3n. Mal miradas o perseguidas las ciencias, descuidada la educaci\u00f3n del pueblo, patrocinado el empirismo y la codicia de los asentistas extranjeros, ofuscadas las imaginaciones por la ignorancia, el fanatismo o la intriga, y descuidados y hasta olvidados los principios m\u00e1s sencillos de una buena administraci\u00f3n, poco o nada pudo hacer el pr\u00edncipe D. Juan en la corta \u00e9poca que bajo el nombre de Carlos II gobern\u00f3 el reino, como ni tampoco este desdichado Monarca, luego que se desprendi\u00f3 de aquella segunda tutela.<\/p>\n<p>La capital del reino, fiel trasunto y emblema, en todas ocasiones, del estado pr\u00f3spero o adverso del pa\u00eds, sigui\u00f3 presentando el aspecto m\u00e1s triste y deplorable. Su administraci\u00f3n embrollada y nula, su poblaci\u00f3n menguada por la miseria, su vitalidad amortiguada y embrutecida por el fanatismo y la ignorancia, destruida y aniquilada su riqueza o sumergida en el abandono y la desidia de un pueblo est\u00fapido e indolente. Ofuscadas las artes o corrompidas por el mal gusto que difundi\u00f3 su da\u00f1ada semilla por todos los ramos del saber, s\u00f3lo ofrec\u00eda Madrid espect\u00e1culos ominosos, edificios mezquinos y escritos extravagantes. Las \u00fanicas mejoras materiales que recibi\u00f3 en aquella \u00e9poca fueron la suntuosa capilla de San Isidro, en la parroquia de San Andr\u00e9s; la casa Real de la Panader\u00eda, en la Plaza Mayor, renovada con motivo de haberse quemado este lienzo de la plaza, y el arco de la Armer\u00eda; todas las dem\u00e1s obras de aquella \u00e9poca desdichada fueron dignas por cierto de ella y de la grotesca imaginaci\u00f3n de los Donosos, Churrigueras y otros arquitectos semejantes, que en tal tiempo empezaron a lucir su peregrina habilidad.<\/p>\n<p>La salud del Rey se debilitaba al mismo tiempo que la monarqu\u00eda; los conjuros o exorcismos m\u00e1s extravagantes, las penitencias y rogativas m\u00e1s se\u00f1aladas, los tremendos y memorables autos de fe de 1680, y otros, en que despleg\u00f3 todo su rigor e imponente aparato la suprema Inquisici\u00f3n, nada fue suficiente para alejar del \u00e1nimo y de la doliente imaginaci\u00f3n del Monarca los pretendidos esp\u00edritus malignos de que se cre\u00eda apoderado, hasta que, resinti\u00e9ndose cada vez m\u00e1s y m\u00e1s su d\u00e9bil complexi\u00f3n a impulsos de esta congoja, lleg\u00f3 a enfermar gravemente en 1696, y empez\u00f3 a ocupar la atenci\u00f3n de los pol\u00edticos la sucesi\u00f3n posible a la corona de Espa\u00f1a por falta de descendencia directa de Carlos. Madrid, con este motivo, lleg\u00f3 a ser el centro de las intrigas y manejos de las cortes extranjeras, sostenidas respectivamente por sus representantes en ella y por los principales magnates del pa\u00eds, inclinados unos a la dinast\u00eda austr\u00edaca, y otros a la francesa de Borb\u00f3n, entroncada con aqu\u00e9lla por el matrimonio de la hermana de Carlos\u00a0II con Luis XIV. En tanto, el pueblo madrile\u00f1o, que no se hab\u00eda mostrado parte en esta cuesti\u00f3n futura, la tom\u00f3, y grande, en la presente del desgobierno, miseria y abatimiento general; y un d\u00eda de 1699, con pretexto del encarecimiento del pan, acudi\u00f3 en tumultuoso desorden bajo las ventanas del Real Alc\u00e1zar, pidiendo, o m\u00e1s bien ordenando, al Monarca pusil\u00e1nime que despertase de su letargo y acudiese a remediar las p\u00fablicas necesidades. Carlos II apenas tuvo fuerzas para otra cosa que para conjurar aquella nube tumultuaria y hacerla descargar contra su ministro el Conde de Oropesa, quien, por fortuna, pudo escapar de las iras del pueblo madrile\u00f1o. Por fin, vi\u00e9ndose Carlos cerca va del sepulcro, orden\u00f3 su fumoso testamento, en que designaba por su heredero al nieto de Luis XIV, Felipe, duque de Anjou, y falleci\u00f3 en el primer d\u00eda de Noviembre de 1700, dejando a la naci\u00f3n, por \u00faltimo regalo de su impotencia, el triste legado de una guerra civil y europea.<\/p>\n<p class=\"salto10\">Aqu\u00ed debi\u00e9ramos terminar esta <i>Rese\u00f1a hist\u00f3rica<\/i>, como destinada a servir de introducci\u00f3n a los paseos que vamos a emprender por el <i>antiguo Madrid<\/i>; pero los graves acontecimientos pol\u00edticos, y las radicales alteraciones que han sido su consecuencia en estos dos \u00faltimos siglos, borraron de tal modo en nuestra capital las huellas de los anteriores, imprimieron tan nuevo car\u00e1cter a su fisonom\u00eda material y a su condici\u00f3n civil, que necesariamente, y aunque no sea m\u00e1s que para la inteligencia y explicaci\u00f3n l\u00f3gica de aquellas trasmutaciones, que hemos de se\u00f1alar en el curso de nuestros paseos, nos vemos precisados a extralimitarnos, haciendo una excursi\u00f3n en la historia del\u2026<\/p>\n<h2 id=\"sigil_toc_id_6\">MADRID MODERNO<\/h2>\n<p class=\"centrado\">(SIGLO XVIII)<\/p>\n<p class=\"salto10\">Hemos recorrido, aunque ligeramente, y seg\u00fan lo ha permitido la \u00edndole y forma de esta rese\u00f1a, las diversas fases pol\u00edticas y materiales de nuestra villa de Madrid desde los tiempos m\u00e1s remotos hasta fines del siglo\u00a0<small>XVII<\/small>; la hemos contemplado en su humilde origen, y creciendo despu\u00e9s en importancia, hasta el punto de merecer el insigne honor de ser escogida para corte Real y capital de la monarqu\u00eda espa\u00f1ola; deteniendo m\u00e1s particularmente nuestra consideraci\u00f3n en aquellos siglos <small>XVI<\/small> y <small>XVII<\/small>, en que bajo este concepto represent\u00f3 tan importante papel en Europa, como centro del poder y grandeza de los monarcas de la dinast\u00eda austr\u00edaca. Hemos visto tambi\u00e9n que, a pesar de que \u00e9stos quisieron enaltecerla con el pomposo t\u00edtulo de <i>capital de dos mundos<\/i>, no acertaron, sin embargo, a darla apenas ninguna de las condiciones necesarias a un pueblo tan principal; y como los tesoros del Nuevo Mundo y el inmenso poder\u00edo de los <i>Carlos<\/i> y <i>Felipes<\/i>, y sus arrogantes validos los Lermas y Calderones, Olivares y Oropesas, Nitardos y Valenzuelas, apenas dejaron otras se\u00f1ales de su paso por Madrid, que la inmensa multitud de iglesias y monasterios con que cubrieron la tercera parte de su suelo<a href=\"http:\/\/www.publiconsulting.com\/wordpress\/madridantiguo\/back-matter\/notas\/#nt30\" id=\"rf30\"><sup>[30]<\/sup><\/a>.<\/p>\n<p>En punto a la organizaci\u00f3n administrativa, a su fomento material, a su comodidad, su polic\u00eda y ornato, la vimos permanecer durante siglo y medio, despu\u00e9s de recibir la alta investidura de corte, no s\u00f3lo inferior a esta elevada categor\u00eda, sino tambi\u00e9n muy por bajo de varias de nuestras ciudades de provincia. De todo ello dan cumplido testimonio los escritos de aquel tiempo, que podr\u00edamos extractar, si crey\u00e9semos oportuno detenernos m\u00e1s en aquella enojosa exposici\u00f3n.<\/p>\n<p>C\u00famplenos ahora m\u00e1s grata tarea, que consiste en consignar que s\u00f3lo al empezar con el siglo\u00a0<small>XVIII<\/small> la nueva dinast\u00eda de Borb\u00f3n, acert\u00f3 a comprenderse la importancia y la necesidad de dotar a la corte de grandiosos edificios de decoroso ornato y de establecimientos de ilustrada administraci\u00f3n. El nieto de Luis XIV, aquel joven animoso, nacido y criado en la esplendente corte de Versalles, pudo y debi\u00f3 echar de menos su magnificencia y halagos, cuando atravesando yermas campi\u00f1as, miserables aldeas y escabrosos caminos, llegara a verse encerrado en el vetusto y desmantelado <i>Alc\u00e1zar de Madrid<\/i>, o recorriese las calles tortuosas, sombr\u00edas y eriales, su miserable caser\u00edo, sus d\u00e9biles cercas y puertas, sus incultos paseos, su carencia de fuentes y monumentos p\u00fablicos, de todo ornato, en fin, y polic\u00eda de comodidad; y no podr\u00eda menos de re\u00edr al leer los hiperb\u00f3licos encomios de los D\u00e1vilas, Quintanas, Pinelos y Nu\u00f1ez de Castro sobre las <i>grandezas<\/i> de esta villa, que entusiasmaban a los unos, extasiaban a los otros, y hac\u00edan prorrumpir al \u00faltimo en su donoso libro, titulado <i>\u00abS\u00f3lo Madrid es corte\u00bb<\/i>.<\/p>\n<p>El hecho es que, considerado bajo el aspecto material y de cultura, s\u00f3lo lleg\u00f3 a serlo desde el advenimiento de la augusta casa de Borb\u00f3n. Felipe\u00a0V, que pag\u00f3 la decidida afici\u00f3n de este pueblo hacia su persona, por lo menos con otra igual, dio el impulso y los primeros e importantes pasos en el camino de su regeneraci\u00f3n. Vamos, pues, a consignarlos; pero como la historia pol\u00edtica de su reinado est\u00e1 tan enlazada con la suerte de Madrid, a quien cupo en ella tanta parte, necesariamente habr\u00e1 de ocuparnos antes, siquiera sea brevemente, su indicaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Felipe de Borb\u00f3n, aclamado en Madrid por rey de Espa\u00f1a a consecuencia del testamento de Carlos\u00a0II, hizo su entrada p\u00fablica en la capital de la Monarqu\u00eda el d\u00eda 14 de Abril de 1701, y en este mismo a\u00f1o celebr\u00f3 su casamiento con la princesa do\u00f1a Mar\u00eda Luisa Gabriela de Saboya; pero declarada la famosa <i>guerra de Sucesi\u00f3n<\/i>, a causa de pretender la corona de Espa\u00f1a el Emperador de Austria para su hijo el archiduque Carlos, fue reconocido \u00e9ste por otras potencias y por los reinos de Arag\u00f3n, Valencia y Catalu\u00f1a, de que se apoder\u00f3 el ej\u00e9rcito ingl\u00e9s y portugu\u00e9s, mandado por el mismo Archiduque. Por consecuencia de las alternativas de esta sangrienta guerra, en que las armas de Felipe, victoriosas unas veces, eran vencidas otras, fue invadido Madrid <i>por primera vez<\/i> por tropas extranjeras, entrando en 1706 las inglesas y portuguesas, mandadas por Galloway y el Marqu\u00e9s Das Minas; y habi\u00e9ndose la Reina y la corte retirado a Burgos, los ingleses y portugueses proclamaron en Madrid al Archiduque. Pero muy luego, atacados con intrepidez por los mismos madrile\u00f1os, vi\u00e9ronse obligados a retirarse y entregar el Alc\u00e1zar: a pocos d\u00edas volvi\u00f3 a entrar Felipe, que fue recibido con el mayor entusiasmo; y dejando por regente a la Reina, march\u00f3 a tomar el mando del ej\u00e9rcito. Las batallas de Almenara y Zaragoza; perdidas por \u00e9ste, pusieron a los aliados en disposici\u00f3n de internarse de nuevo en Castilla en 1710; Felipe sali\u00f3 con la corte a Valladolid, y fueron seguidos de m\u00e1s de treinta mil moradores de Madrid, despu\u00e9s de lo cual volvi\u00f3 a entrar el Archiduque: pero la repugnancia del pueblo madrile\u00f1o hacia su persona era tal, que no viendo Carlos gente en las calles ni en los balcones, al llegar a la Plaza Mayor y portales de Guadalajara, se volvi\u00f3 por la calle Mayor y de Alcal\u00e1, diciendo que <i>Madrid era un pueblo desierto<\/i>; y apenas \u00e9l y su ej\u00e9rcito hab\u00edan dejado estas cercan\u00edas, oyeron el ruido de las campanas, fuegos y regocijos con que celebraba la villa la nueva proclamaci\u00f3n de Felipe V, que volvi\u00f3 a entrar en 13 de Diciembre del mismo a\u00f1o, en medio del entusiasmo universal. Poco despu\u00e9s las batallas de Brihuega y Villaviciosa aseguraron en la cabeza de Felipe la corona de Espa\u00f1a.<\/p>\n<p>Un siglo nuevo, y con \u00e9l una nueva era de progreso y cultura se inauguraba, en fin, para la naci\u00f3n con el cambio de dinast\u00eda, completamente distinta en origen e inclinaciones de la que acababa de regirla. Durante el \u00faltimo periodo de \u00e9sta hab\u00eda pasado el pa\u00eds por el angustioso de una larga minor\u00eda, por el desdichado gobierno de un monarca enfermizo y pusil\u00e1nime, \u00faltimo v\u00e1stago masculino y directo de la gran estirpe de Carlos\u00a0V; una larga y complicada guerra civil y europea, durante catorce a\u00f1os, hab\u00eda despu\u00e9s yermado nuestras ciudades, asolado nuestros campos, y apartado de las artes, de las ciencias y las letras a una generaci\u00f3n qu\u00e9 s\u00f3lo parec\u00eda llamada a pelear. Por fortuna, y a pesar de tantos desastres, y a vueltas de las considerables p\u00e9rdidas materiales de territorio, que fueron consecuencia de aquella lucha encarnizada, de aquel cambio de dinast\u00eda, quedaron todav\u00eda unidas al imperio espa\u00f1ol preciosas y dilatadas regiones en uno y otro hemisferio, que bien regidas, como toda la monarqu\u00eda, por la vigorosa mano de Felipe de Borb\u00f3n (<i>el Animoso<\/i>) en el largo per\u00edodo de aquel primer medio siglo, pudieron caminar a un alto grado de esplendor y de prosperidad, pudieron devolver al cetro espa\u00f1ol una parte del brillo y poder\u00edo que ostentara en las manos del segundo de los Felipes.<\/p>\n<p>A la sombra de la paz, y correspondiendo a los generosos instintos e ilustradas miras de un buen monarca, las artes, las ciencias y las letras, que casi hab\u00edan desaparecido en el \u00faltimo tercio del siglo anterior, bajo el cetro de <i>El Hechizado<\/i>, tornaron a aparecer en nuestro suelo; y si bien hab\u00edan perdido su original y espont\u00e1nea lozan\u00eda, ven\u00edan ahora engalanadas con el cl\u00e1sico colorido de la corte del gran rey que desde las orillas del Sena dictaba el movimiento pol\u00edtico e intelectual de Europa y daba nombre a su siglo. El nieto de Luis\u00a0XIV, colocado en el trono espa\u00f1ol por las simpat\u00edas y el ardimiento de sus pueblos; nacido y criado en la ilustrada corte de Versalles, dotado de gran energ\u00eda y varonil esfuerzo, de talento y probidad, y dominado, en fin, por el sentimiento de gratitud y amor hacia un pueblo que tan leal se le hab\u00eda mostrado, no pudo menos de corresponder con toda su solicitud soberana a las leg\u00edtimas esperanzas fundadas a su advenimiento al trono espa\u00f1ol; y efectivamente, no s\u00f3lo supo conquistar hasta el \u00faltimo coraz\u00f3n de los que ofuscados le negaron en un principio la obediencia; no s\u00f3lo termin\u00f3 personalmente una guerra tan delicada y desastrosa, haciendo reconocer su corona por todas las potencias de Europa, sino que acert\u00f3 a curar las profundas llagas abiertas por las pasadas calamidades; estableci\u00f3 un buen sistema administrativo y econ\u00f3mico; procur\u00f3 aliviar las cargas p\u00fablicas; cre\u00f3 y sostuvo un brillante ej\u00e9rcito y una respetable marina, y protector especial Je las ciencias y de las artes, fund\u00f3 academias encargadas de restaurarlas, y atrajo a su corte c\u00e9lebres artistas, que volviesen al buen gusto \u00e9l imperio, que Labia perdido a impulsos de la ignorancia y la osad\u00eda.<\/p>\n<p>La construcci\u00f3n de m\u00e1s importancia en Madrid, durante bu reinado, fue la del suntuoso <i>Palacio Real<\/i>, levantado de nueva planta por su orden, a consecuencia de haberse incendiado en la Noche Buena de 1734 el antiguo Alc\u00e1zar de Madrid. Sabido es que este ilustre monarca, deseoso de edificar para los reyes de Espa\u00f1a una morada digna de su grandeza, y considerando el lamentable estado a que hab\u00eda llegado el arte en nuestro pa\u00eds por aquella \u00e9poca, llam\u00f3 para encargarse de esta important\u00edsima obra al abate Jubara, c\u00e9lebre arquitecto de Tur\u00edn, el cual proyect\u00f3 un modelo de palacio gigantesco y magn\u00edfico, que, reducido despu\u00e9s a menores proporciones, fue llevado a efecto bajo la direcci\u00f3n de D.\u00a0Juan Bautista Saqueti, su disc\u00edpulo, y es el que hoy existe. La grandeza de la capital y el buen gusto del arte recibieron, sin duda alguna, un notable refuerzo con esta bella obra; mas, por desgracia, el empe\u00f1o de Felipe de hacerla levantar en el mismo sitio que ocupaba el antiguo Alc\u00e1zar, malogr\u00f3 el pensamiento de Jubara, que era el de colocarla a la parte Norte de Madrid, hacia la puerta de San Bernardino, y transformar la monta\u00f1a del Pr\u00edncipe P\u00edo en magn\u00edficos jardines reales. Esto, sin duda alguna, hubiera llamado la poblaci\u00f3n hacia aquella parte, permiti\u00e9ndola extenderse luego por todos los terrenos que median entre dicho portillo y la Fuente Castellana, y regularmente, de este modo, Ja apremiante necesidad hubiera adelantado m\u00e1s de un siglo la tra\u00edda de las aguas suficientes a aquellos contornos, y la ampliaci\u00f3n consiguiente de Madrid.<\/p>\n<p>Pero, en fin, ya que as\u00ed no se hizo, y ya que el distinguido Saqueti, siguiendo las \u00f3rdenes del Rey, coloc\u00f3 su bello palacio en el punto elevado y pintoresco que ocupa, habr\u00eda sido de desear que el mismo Monarca, o sus sucesores, que continuaron aquel edificio (el cual no estuvo habitable hasta 1764, reinando ya Carlos\u00a0III), hubiesen adoptado o procurado llevar a cabo el plan magn\u00edfico de obras contiguas a \u00e9l, que present\u00f3 el mismo Saqueti, y que original se conserva en el archivo de la Real casa<a href=\"http:\/\/www.publiconsulting.com\/wordpress\/madridantiguo\/back-matter\/notas\/#nt31\" id=\"rf31\"><sup>[31]<\/sup><\/a>. Consist\u00edan \u00e9stas en prolongar ambas alas de la fachada del Mediod\u00eda con dos pabellones (de los cuales hay uno concluido), continuando luego con terrazas sobre galer\u00edas de arcos, y en llegando al edificio de la Armer\u00eda, suponiendo que desapareciera \u00e9ste, cerrar la plaza con una gran verja; la galer\u00eda de la izquierda contendr\u00eda el cuartel para la guardia, y la de la derecha, abierta con vistas al campo, se hab\u00eda de continuar luego hasta la misma altura, con dobles arcadas, atravesando por medio de un extenso puente la cuesta de la Vega y la calle de Segovia hasta las Vistillas de San Francisco, con lo cual, no s\u00f3lo se establec\u00eda la necesaria comunicaci\u00f3n entre ambos extremos de Madrid, sino que se daba a \u00e9ste un ingreso y vista asombrosos. Detr\u00e1s de esta galer\u00eda magn\u00edfica, y hacia donde ahora est\u00e1 la plazuela de Santa Mar\u00eda, descollaba, seg\u00fan el plan de Saqueti, la elevada c\u00fapula de una hermosa iglesia catedral, un teatro, biblioteca Real, casas de oficios y otras bellas construcciones en todo lo que es hoy plaza de Oriente, con que quer\u00eda dotar Saqueti las inmediaciones de la Real morada, y que formando un magn\u00edfico conjunto con el palacio, enaltec\u00eda en extremo aquellos sitios y daba a la capital del Reino un aspecto sorprendente.<\/p>\n<p>Al mismo tiempo que la obra colosal del Real Palacio, se emprendieron y llevaron a cabo por Felipe las importantes del puente de Toledo, el Seminario de Nobles, el teatro de los Ca\u00f1os del Peral, los nuevos del Pr\u00edncipe y el de la Cruz, la iglesia de San Cayetano, la de Santo Tom\u00e1s, el Hospicio, la F\u00e1brica de Tapices y otros varios edificios de consideraci\u00f3n; si bien en todos ellos, as\u00ed como en las fuentes p\u00fablicas de la Puerta del Sol, Ant\u00f3n Mart\u00edn, Red de San Luis y otras, se ech\u00f3 de ver el extravagante gusto peculiar de sus directores los Churrigueras, Riveras y otros a este tenor, que aun duraban de la desdichada \u00e9poca anterior.<\/p>\n<p>La fundaci\u00f3n de las Reales Academias Espa\u00f1ola y de la Historia, la de la Biblioteca Real, el Gabinete de Historia Natural y otros establecimientos cient\u00edficos y literarios, la del Monte de Piedad, hospicios, hospitales y otros institutos de beneficencia, todas estas ventajas debi\u00f3 la corte espa\u00f1ola al feliz reinado del primer Borb\u00f3n; y al terminar, en fin, su larga y gloriosa carrera en 1740, pudo legar a su hijo y sucesor Fernando\u00a0VI un reino tranquilo y obediente, un tesoro desahogado, un pueblo pac\u00edfico y animado por las ideas m\u00e1s nobles de patriotismo y honradez.<\/p>\n<p class=\"subtit\">FERNANDO VI<\/p>\n<p>Durante el corto, pero tranquilo reinado del piadoso Fernando, germinaron estas ideas; la paz y la abundancia hicieron sentir sus beneficios; los pueblos, desahogados de graves atenciones, pudieron atender a sus necesidades y mejoras. A la ilustrada y en\u00e9rgica voz del ministro Marqu\u00e9s de la Ensenada, se alz\u00f3 en nuestros puertos una nueva y poderosa armada; abri\u00e9ronse muchas y f\u00e1ciles comunicaciones, entre las cuales es muy se\u00f1alada la magn\u00edfica entre ambas Castillas por el puerto de Guadarrama, vecino a Madrid; fund\u00e1ronse algunos establecimientos importantes, tales como el P\u00f3sito, los hospitales generales y Escuelas P\u00edas. Cre\u00f3se la Academia de Nobles Artes de San Fernando, y se levantaron algunos edificios notables, entre los que sobresale por su grandiosidad el suntuoso monasterio de las Salesas Reales. Protegida decididamente la ilustraci\u00f3n, combatidos, hasta donde la \u00e9poca lo permit\u00eda, los errores, se prepararon, en fin, los medios y la opini\u00f3n a la nueva era de cultura y de prosperidad que hab\u00eda de llegar a tan grande altura bajo el reinado siguiente.<\/p>\n<p>Todas estas ventajas trascendentales al reino entero se reflejaban naturalmente, en ambos reinados de Felipe y de Fernando, en la corte y capital de la monarqu\u00eda espa\u00f1ola; pero como el error hab\u00eda echado tan hondas ra\u00edces, nada hay que extra\u00f1ar que tardaran muchos a\u00f1os en alcanzar \u00e9xito feliz los sacrificios hechos para combatirle. Fijando, pues, por ahora nuestras miradas en esta \u00faltima \u00e9poca, trataremos, seg\u00fan nuestro prop\u00f3sito, de examinar la fisonom\u00eda o aspecto material de Madrid antes de la ilustrada administraci\u00f3n del inmortal Carlos\u00a0III.<\/p>\n<p>Nuestros lectores han visto en los p\u00e1rrafos anteriores cu\u00e1l era \u00e9ste durante el reinado de Felipe\u00a0IV, cuando ya llevaba una centuria con el car\u00e1cter de corte; ahora nos cumple trazar el que presentaba desde 1746 a 1759, que ocup\u00f3 el Trono espa\u00f1ol Fernando VI. Para la posible exactitud de aquel cuadro, tuvimos a la vista el gran <i>Plano topogr\u00e1fico de 1656<\/i>, en que se halla retratada minuciosamente esta capital. Hoy, para ofrecer a nuestros lectores una pintura semejante (aunque a un siglo de distancia de aquella \u00e9poca, y otro de la actual), podemos disponer de otro documento aun m\u00e1s expl\u00edcito y acabado, que debe Madrid al ilustrado gobierno de Fernando el VI, aunque no fue terminado en sus d\u00edas.<\/p>\n<p>Tit\u00falase <i>Planimetr\u00eda general de la villa de Madrid, y visita de sus casas, asientos y raz\u00f3n de sus due\u00f1os, sus sitios y rentas, formada de orden de S.\u00a0M. por la Regal\u00eda del Real Aposento de Corte, a virtud de Real c\u00e9dula, fecha en San Lorenzo a 22 de Octubre de 1749, refrendada por D. Cenon Somodevilla, Marqu\u00e9s de la Ensenada<\/i>. Este magn\u00edfico trabajo, en que tomaron parte como arquitectos de la Real Hacienda y de la villa D. Jos\u00e9 Arredondo, D. Ventura Padierna, D. Nicol\u00e1s Churriguera, D. Fernando Moradillo y D. Francisco P\u00e9rez Cobo, est\u00e1 autorizado por D. Manuel Miranda y Testa, visitador del Real aposento, y D. Miguel Fern\u00e1ndez, teniente Director de la Academia de San Fernando y arquitecto de Palacio, y no qued\u00f3 terminado hasta 1767. Verific\u00f3se por ella la <i>numeraci\u00f3n de las casas de Madrid<\/i> (de que hasta entonces carecieron), dando un resultado de 7.049 casas, contenidas en 557 manzanas o grupos de ellas; midi\u00f3se exactamente el per\u00edmetro de cada casa, se\u00f1alando su figura topogr\u00e1fica en la proporci\u00f3n de la escala <sup>1<\/sup>\/<sub>300<\/sub> y hasta indicando en los planos, por medio de diversos colores, el estado de la conservaci\u00f3n de cada edificio en aquella \u00e9poca; y aparte de los planos, se consign\u00f3 en un <i>Registro general<\/i> el resultado de estas mediciones, el valor de cada casa en renta, el origen y trasmisiones de su propiedad, y la cuota de su gravamen por raz\u00f3n de <i>Aposento<\/i>, cuyas preciosas noticias se han continuado hasta el d\u00eda en los expedientes respectivos, seguidos en la administraci\u00f3n de aquel ramo, seg\u00fan la obligaci\u00f3n impuesta a cada nuevo poseedor de pasar por aquel registro la adquisici\u00f3n de su propiedad.<\/p>\n<p>Tan precioso trabajo (que probablemente ser\u00e1 \u00fanico de su clase en Espa\u00f1a) consta de <i>doce vol\u00famenes en marca imperial<\/i>; los seis primeros comprenden los <i>Planos<\/i>, y los otros seis el <i>Registro<\/i> y explicaci\u00f3n. De esta excelente obra, hecha modesta, aunque concienzudamente y sin grandes pretensiones, se mandaron sacar por el Gobierno, y existen, <i>tres copias<\/i>: una para ser colocada en el <i>Archivo de Simancas<\/i>, otra para la <i>Biblioteca Real<\/i>, y otra para la de la <i>Academia de Nobles Artes de San Fernando<\/i>. En cuanto a la villa de Madrid, a quien principalmente interesaba el conocimiento de su topograf\u00eda y riqueza, no tom\u00f3, al parecer, parte en \u00e9l, y ni aun se ocurri\u00f3 a su Ayuntamiento el natural deseo y solicitud de obtener para su archivo otra copia o ejemplar de aquella preciosa obra<a href=\"http:\/\/www.publiconsulting.com\/wordpress\/madridantiguo\/back-matter\/notas\/#nt32\" id=\"rf32\"><sup>[32]<\/sup><\/a>.<\/p>\n<p>De este mismo tiempo existe tambi\u00e9n el primer plano <i>manual<\/i> de Madrid, por D.\u00a0Tom\u00e1s L\u00f3pez, y el que public\u00f3 el c\u00e9lebre arquitecto D. Ventura Rodr\u00edguez en 1760, con lo cual, y los escritos de aquella \u00e9poca, podemos formar una idea exacta del estado topogr\u00e1fico de la villa. En cuanto a su administraci\u00f3n y polic\u00eda interior, existen varios libros impresos, que nos ofrecen datos preciosos para formar un juicio muy aproximado<a href=\"http:\/\/www.publiconsulting.com\/wordpress\/madridantiguo\/back-matter\/notas\/#nt33\" id=\"rf33\"><sup>[33]<\/sup><\/a>. Sobre todo poseemos un apreciable libro MS. de la \u00e9poca, con el t\u00edtulo de <i>Discurso sobre la importancia y las ventajas que junde producir la creaci\u00f3n del gobierno pol\u00edtico y militar de Madrid nuevamente creado<\/i><a href=\"http:\/\/www.publiconsulting.com\/wordpress\/madridantiguo\/back-matter\/notas\/#nt34\" id=\"rf34\"><sup>[34]<\/sup><\/a>, el cual lleva la fecha de 26 de Noviembre de 1746, forma un tomo en 4.\u00ba bastante abultado, y parece dispuesto para la imprenta. Con todos estos datos y documentos a la vista, vamos a trazar el cuadro topogr\u00e1fico y civil de Madrid a mediados del siglo <small>XVIII<\/small>, como ya lo hicimos en el mismo per\u00edodo del anterior.<\/p>\n<p>En primer lugar, vemos que los l\u00edmites de la villa no hab\u00edan tenido sustancial alteraci\u00f3n desde que por la Real c\u00e9dula de Felipe\u00a0IV, expedida en 1625 (de la cual hicimos menci\u00f3n en las p\u00e1ginas anteriores), se mand\u00f3 al Ayuntamiento proceder a la construcci\u00f3n de la nueva cerca o tapias, eme son las que aun permanecen en gran parte. De modo que la villa de Madrid no ha crecido en extensi\u00f3n en dos siglos y medio, si bien ha aumentado considerablemente en caser\u00edo, construyendo en los sitios que entonces estaban solares u ocupados por casas bajas y mezquinas, otros edificios m\u00e1s considerables y con cuatro o cinco pisos de elevaci\u00f3n; raz\u00f3n por la cual, sin aumentar su per\u00edmetro, ha podido triplicarse su vecindario, y subir de tal modo su riqueza inmueble, que calculados los productos en 1765 (en que se dan a Madrid 7.250 casas), en unos <i>diez y ocho millones de reales<\/i>, pasan hoy de <i>ochenta<\/i> los que se regulan para las contribuciones.<\/p>\n<p>Entre las varias causas que, sin duda alguna, contribuyeron a no dejar crecer en extensi\u00f3n a nuestra villa, ya dijimos que puede colocarse la inoportuna medida de su cerca, limitaci\u00f3n <i>oficial<\/i> que posteriormente se fue autorizando m\u00e1s, con la construcci\u00f3n de suntuosas puertas de entrada y la carencia de arrabales extramuros, y redujo a los centros de la poblaci\u00f3n la vitalidad y el movimiento. Los solares (ya mezquinos desde un principio) se subdividieron aun m\u00e1s y m\u00e1s, y crecieron en valor, tan desproporcionado respecto a los distantes de aquel centro, que, seg\u00fan la tarifa inserta en las <i>Ordenanzas de Madrid<\/i>, de D.\u00a0Teodoro Ardemans, vemos, por ejemplo, que d\u00e1ndose precio de 88 reales por cada pie superficial en las inmediaciones de la Plaza Mayor, se calculaba a 12 reales en la Puerta del Sol<a href=\"http:\/\/www.publiconsulting.com\/wordpress\/madridantiguo\/back-matter\/notas\/#nt35\" id=\"rf35\"><sup>[35]<\/sup><\/a>, a 4 reales en la calle de Alcal\u00e1, frente al Carmen Descalzo, a 6 reales en el medio de la calle de Fuencarral, a 5 reales en la calle de Atocha, hacia los Desamparados, a 4 reales en la Ancha de San Bernardo, y a <i>real<\/i> y a <i>medio real<\/i> en las inmediaciones a las puertas de Alcal\u00e1, Atocha, Segovia, Toledo, etc.<\/p>\n<p>La misma <i>Regal\u00eda de Aposento<\/i> (que, por otro lado, hizo a Madrid el importante servicio ya indicado de realizar su planimetr\u00eda y numeraci\u00f3n) contribuy\u00f3 tambi\u00e9n, como queda tambi\u00e9n dicho anteriormente, a impedir el desarrollo de la construcci\u00f3n de buen caser\u00edo. Esta enojosa gabela, que pesaba sobre los pisos principales, y que se divid\u00eda en <i>casas sujetas a hu\u00e9sped<\/i>, casas <i>reducidas a dinero<\/i>, y otras <i>compuestas<\/i> con piezas se\u00f1aladas para el aposento, y cuyo producto total ascend\u00eda a 150.000 ducados anuales, que se distribu\u00edan entre la Real servidumbre, los ministros, embajadores, consejeros y otros funcionarios de corte, por consideraci\u00f3n de casa o aposento, hizo que el inter\u00e9s, bien o mal calculado, de los due\u00f1os de solares los dividiese en peque\u00f1os trozos de a mil, de quinientos, de trescientos pies, y en ellos, por sustraerse a aquella contribuci\u00f3n, constru\u00edan casas bajas o de <i>malicia<\/i>, como se las apellid\u00f3 por no tener piso principal, y de \u00e9stas se compon\u00edan, hasta fines del siglo pasado, las dos terceras partes del caser\u00edo de Madrid<a href=\"http:\/\/www.publiconsulting.com\/wordpress\/madridantiguo\/back-matter\/notas\/#nt36\" id=\"rf36\"><sup>[36]<\/sup><\/a>.<\/p>\n<p>La construcci\u00f3n de este caser\u00edo sigui\u00f3 el deplorable rumbo que en los anteriores hab\u00eda tomado desde un principio, y gracias por un lado a las poderosas causas anteriormente indicadas y al s\u00f3rdido ego\u00edsmo de los due\u00f1os, y merced tambi\u00e9n a la ignorancia o mal gusto de los arquitectos, las calles de Madrid continuaron presentando el agrupamiento m\u00e1s discordante de casas altas y bajas, extensas y diminutas, y rid\u00edculas fachadas del peor gusto posible. Nada de desmontes o rellenos oportunos para disimular los desniveles de las calles; nada de alineaci\u00f3n ni de proporciones en la altura de las casas; nada de ensanche de la v\u00eda p\u00fablica, ni de disminuci\u00f3n o remedio de sus tortuosidades, ni de conveniente formaci\u00f3n de anchas plazas y avenidas de elegante perspectiva; nada, en fin, de ornato exterior ni de comodidad interior para el vecindario.<\/p>\n<p>Si de la inspecci\u00f3n material pasamos ahora a la de su administraci\u00f3n y polic\u00eda, aun habremos de reconocer que, sean cualesquiera los errores de la actual generaci\u00f3n, sabe mejor que las anteriores procurar aquellas comodidades y halagos que embellecen alg\u00fan tanto la existencia del hombre en sociedad, y a que tiene derecho, a cambio de las penalidades a que la civilizaci\u00f3n por otra parte le sujeta.<\/p>\n<p>Todav\u00eda hemos alcanzado a comprender en algunas de nuestras ciudades y villas, especialmente de Castilla la Vieja, Extremadura y Galicia, el espect\u00e1culo que podr\u00eda ofrecer un pueblo en los tiempos primitivos, o por lo menos de la Edad Media, abandonado absolutamente al instinto individual de sus moradores, desnudo absolutamente de todas las condiciones de comodidad y aseo, y desprovisto, en fin, de todo cuidado y auxilio de parte de la p\u00fablica administraci\u00f3n; a no ser as\u00ed, no podr\u00edamos formar una idea, siquiera aproximada, del aspecto miserable de la villa <i>imperial y coronada de Madrid<\/i>, no s\u00f3lo al tiempo del establecimiento de la corte en ella, a mediados del siglo\u00a0<small>XVI<\/small>, sino dos centurias despu\u00e9s, a la mitad del siglo <small>XVIII<\/small>, a que ahora alcanza nuestra revista retrospectiva.<\/p>\n<p>Aquellas calles estrechas, tortuosas y costaneras apenas pod\u00edan decirse empedradas, si hemos de atender a los t\u00e9rminos en que hablan de ello los escritos de la \u00e9poca, y especialmente las ordenanzas e instrucciones de 1745 al 47, y hasta el reinado de Carlos\u00a0III, que adopt\u00f3 y llev\u00f3 a cabo en 1761 el proyecto del ingeniero Sabatini para el empedrado y limpieza de Madrid, que mal o bien lleg\u00f3 a establecerse en los t\u00e9rminos, bien mezquinos por cierto, en que aun le hemos conocido a principios del siglo actual. La numeraci\u00f3n de las casas tampoco se verific\u00f3 hasta 1751, pero entonces lo fue por el mal sistema de dar vuelta a la manzana, que ha durado hasta nuestros d\u00edas, y ocasionaba tan considerable embrollo por la coincidencia muy frecuente de los mismos n\u00fameros en una calle. No exist\u00edan apenas sumideros ni alcantarillas subterr\u00e1neas para la necesaria limpieza; las inmundicias que arrojaban de las casas por las ventanas y las basuras amontonadas en las calles convert\u00edan a \u00e9stas en un sucio alba\u00f1al. No hab\u00eda m\u00e1s alumbrado que el de algunas luces que se encend\u00edan a las im\u00e1genes que sol\u00eda haber en las esquinas, o tal cual farolillo que se colgaba de los cuartos principales de las pocas casas que los ten\u00edan y cumpl\u00edan con los bandos que lo mandaban. Las fuentes p\u00fablicas, pocas y escasas; los mercados, reducidos a los miserables tinglados y cajones de la Plaza Mayor, de la Cebada, de Ant\u00f3n Mart\u00edn, Red de San Luis, y algunos puestos y tiendas ambulantes en las esquinas, apellidados <i>bodegones de puntapi\u00e9<\/i>, desprovistos todos hasta de lo m\u00e1s preciso, y sujeto el vecindario a los abastos y tasas y a acudir a los sitios privilegiados donde se despachaba el pan, la carne y los dem\u00e1s alimentos en limitadas proporciones y a los precios del abasto. Por consecuencia de todo aquel desorden y abandono, las calles, inundadas de mendigos de d\u00eda, de rateros por la noche, sin verse el transe\u00fante protegido por los <i>vigilantes<\/i> o <i>serenos<\/i> (que no se crearon hasta el reinado de Carlos III) ni ninguna otra precauci\u00f3n de parte de la autoridad. Todo aquel que, por necesidad o por recurso, hab\u00eda de echarse a las calles despu\u00e9s de cerrada la noche, ten\u00eda que hacerlo bien armado y dispuesto ademas con el auxilio de alguna linterna; y las se\u00f1oras que iban en sillas de manos a las tertulias, deb\u00edan hacerlo precedidas de lacayos con hachas de viento, para apagar las cuales sol\u00eda haber, en las puertas y escaleras de los grandes se\u00f1ores, ca\u00f1ones o tubos de f\u00e1brica en forma de apagador, de que aun quedaba una muestra en la casa del se\u00f1or Marqu\u00e9s de Santiago, hoy Casino, en la Carrera de San Jer\u00f3nimo.<\/p>\n<p>Mas para completar el cuadro del estado lamentable de la polic\u00eda urbana de Madrid en aquella \u00e9poca, dejemos hablar al an\u00f3nimo autor del manuscrito oficial ya citado, el cual, con fecha 19 de Noviembre de 1746 (el mismo a\u00f1o en que entr\u00f3 a reinar Fernando\u00a0VI), la rese\u00f1aba magistralmente en su extenso informe al nuevo Gobernador, en estos p\u00e1rrafos, que tomamos al acaso:<\/p>\n<p class=\"cit\">\u00abDicen los que han viajado por las cortes extranjeras, que en algunas nunca hay noche, porque jamas oscurece, tanto es el cuidado de suplir con luz artificial la falta de la del sol. El pensamiento es muy racional y muy cristiano, porque la noche es capa de facinerosos\u2026 Esta providencia, que en todas las cortes es muy justa, en la nuestra es sumamente necesaria, porque en \u00e9sta, m\u00e1s que en otra alguna, son frecuentes los robos y los insultos, y la lobreguez ayuda para ellos; tambi\u00e9n favorece a la lascivia, y nuestra corte est\u00e1 en este vicio lastimosa. En atenci\u00f3n a esto, se tomaron, algunos a\u00f1os h\u00e1, distintas disposiciones; mas todas fueron in\u00fatiles; se echaron bandos, mas siempre sin efecto, porque se burl\u00f3 de las disposiciones la inobediencia, o fue un remedio insuficiente. <i>Mandose poner faroles en los balcones de los cuartos principales<\/i>, y solia haber tanto claro entre uno y otro farol, que en poco se remediaba la oscuridad<a href=\"http:\/\/www.publiconsulting.com\/wordpress\/madridantiguo\/back-matter\/notas\/#nt37\" id=\"rf37\"><sup>[37]<\/sup><\/a>. Los pobres que no puedan costear esta luz est\u00e1n, por su pobreza, exentos de la ley, y sea por esto o por aquello, o que se procedi\u00f3 con descuido, no ten\u00eda Madrid m\u00e1s luz que la del dia, y por la noche apenas se distingu\u00eda de una aldea. Para ocurrir a una fealdad tan perniciosa a las costumbres y seguridad p\u00fablica, pudiera imitarse la pr\u00e1ctica de Par\u00eds, donde cuelgan los faroles en distancias proporcionadas, y queda la villa, no solamente lucida, sino segura. Esto puede verificarse por asiento\u00bb, etc.<\/p>\n<p>\u00abLa limpieza de la corte se ha hallado hasta aqu\u00ed como imposible, porque aunque se han presentado varios provectos para su logro, no han tenido efecto alguno, y por esto no solamente <i>es Madrid la corte m\u00e1s sucia que se conoce en Europa<\/i>, sino la villan\u00edas desatendida en este punto de cuantas tiene el Rey en sus dominios, y es hasta verg\u00fcenza que, por descuido nuestro, habite el Soberano el pueblo menos limpio de los suyos\u00bb. (Aqu\u00ed se extiende el autor en consideraciones sobre las malas consecuencias de tal desaseo para la salubridad p\u00fablica, y otros perjuicios, entre los cuales enumera el que el aire inficionado toma y ti\u00f1e la plata de las vajillas, los galones y los bordados de los trajes, diciendo con mucha candidez): \u00abUn vestido de tis\u00fa, que en otro pueblo pasar\u00e1 siempre de padres a hijos, en Madrid debe arrimarse antes del a\u00f1o, y hacerse otro, porque con la mayor brevedad deja de ser tis\u00fa, y es un tiz\u00f3n\u00bb.<\/p>\n<p>\u00abHace sucio a Madrid <i>lo que se vierte por las ventanas<\/i> (contin\u00faa nuestro discreto y an\u00f3nimo escritor de 1746, y d\u00edcese que es muy dif\u00edcil remediarlo; pero no confundamos lo dif\u00edcil con lo imposible, y tengamos presente que si se quisiese de veras, se puede remediar; la prueba evidente es que en otros pueblos no hay esta suciedad. Sin embargo, haci\u00e9ndome cargo de lo arduo de esta empresa, dir\u00e9 que, aunque ninguno hay que no desee la limpieza de Madrid y vitupero su piso y empedrado, estos mismos, si se los incomoda con el gasto o con la obra, ser\u00e1n los mayores impugnadores de su remedio. Muchas cosas, sin embargo, se pierden, no porque no las podamos alcanzar, sino porque no las osamos emprender, y todo lo puede vencer el esp\u00edritu y la perseverancia de un ministro sostenido por la voluntad de su Rey, y a la verdad el que consiguiese el fin ser\u00eda digno de inmortal alabanza, porque ser\u00eda hacer corte a Madrid Comprendiendo esta importancia, Sevilla, Toledo, Valencia y otras ciudades han tomado tales providencias, <i>que s\u00f3lo por noticias de Madrid conocen la inmundicia<\/i>; pues \u00bfpor qu\u00e9 no imitaremos su buen gusto, teniendo tan cerca de nosotros mismos el ejemplo?\u00bb. (El autor se extiende luego en tratar de este ramo de polic\u00eda de las ciudades, recordando y describiendo las cloacas m\u00e1ximas de Roma, los comunes p\u00fablicos y sumideros de Sevilla, las alcantarillas de Toledo, y las grandes obras subterr\u00e1neas de Valencia, y propone, en su vista, los remedios convenientes para imitar respectivamente en los diversos sitios de Madrid obras an\u00e1logas, con lo que pod\u00eda prohibirse en adelante verter a las calles, y s\u00ed s\u00f3lo por los comunes y pozos de las casas, poni\u00e9ndose en comunicaci\u00f3n con aqu\u00e9llas, concluyendo sus juiciosas observaciones con estas palabras): \u00abBien conozco que para todo esto es menester mucho; pero lo que no se emprende no se logra, lo que no se empieza no se acaba\u00bb.<\/p>\n<p>Trata despu\u00e9s de los caminos del t\u00e9rmino y de los paseos extramuros de Madrid, y de todas sus indicaciones se deduce la carencia absoluta de ellos, y que el acceso a la capital del Reino por todos lados era obra verdaderamente de \u00e1nimos heroicos. Las escarpadas cuestas sobre que asienta el Real Palacio, la de la Vega, la de las Vistillas y del puente de Toledo, estaban, a lo que se infiere del dicho del autor, poco menos que inaccesibles a seres humanos; no exist\u00edan ningunas de las c\u00f3modas bajadas, caminos y paseos que hoy las facilitan y trasforman; tampoco las que dan vuelta a Madrid por toda la Ronda estallan desmontadas, y a la salida de la puerta de Atocha no hab\u00eda tampoco el paseo llamado de las Delicias, y s\u00f3lo s\u00ed el asqueroso arroyo o manantial que ven\u00eda descubierto por todo el Prado viejo desde la Fuente Castellana; qu\u00e9jase adem\u00e1s el autor de que a dicha salida de Atocha, hacia los hospitales, se arrojaban o depositaban los escombros de las obras, formando tales alturas, que estrechaban y reduc\u00edan a un callej\u00f3n el camino real. Tampoco exist\u00eda el Canal de Manzanares, ni hab\u00eda sobre el r\u00edo mas que los dos puentes de Segovia y de Toledo. Desde el Retiro a la Monta\u00f1a del Pr\u00edncipe P\u00edo no hab\u00eda tampoco paseo alguno, ni m\u00e1s camino que el de Alcal\u00e1 y el de Francia. Tampoco se hab\u00eda abierto a\u00fan la bajada al rio por la cuesta de Areneros, ni los paseos de la Florida, Nuestra Se\u00f1ora del Puerto y bajada de San Vicente. Por todo recreo y desahogo quedaba a los tristes habitantes de Madrid el paseo del <i>Prado viejo<\/i>, en los t\u00e9rminos en que a su tiempo le describiremos, y los jardines del Buen Retiro, aunque \u00e9stos, m\u00e1s que paseos p\u00fablicos, ten\u00edan entonces el car\u00e1cter de parques y dependencias del Real Sitio, en que casi constantemente residi\u00f3 durante su reinado Fernando\u00a0VI.<\/p>\n<p>Siguiendo luego nuestro autor su apreciable revista, trata del empedrado, diciendo: \u00abTambi\u00e9n el empedrado de la corte est\u00e1 tenido por una de las grandes dificultades; pocas o ninguna habr\u00e1 que tengan para ello situado tan crecido, y sin que nada le baste, <i>est\u00e1 una mitad mal empedrada, y la otra sin empedrar<\/i>. P\u00f3nense las puntas hacia arriba, porque suponen que se quebrantar\u00edan las piedras si las pusieran en otra forma; pero siendo esta forma tan ofensiva a los carros de las bestias, vienen a causar su estrago. Aun todo se pudiera tolerar si no padeciese tambi\u00e9n la gente de a pi\u00e9; pero se lamentan a todas horas de tener los pies mortificados, por caminar por suelos puntiagudos, de que se originan molestias que, si no matan, atormentan. Lo peor es que ni aun a este coste se logra el intento, porque siempre tiene el suelo muchos claros. De todo esto tiene la culpa la mala piedra que se gasta, y el abuso que he observado algunas veces de componer las calles con las piedras que se encuentran, sin traer otra alguna, supliendo con tierra la falta de ellas; pero si en esto se imitase la moda de Par\u00eds, nos fuera m\u00e1s \u00fatil y c\u00f3modo que imitarla en la moda del vestido. Usanse all\u00ed, y en algunas calzadas, caminos de Francia, una piedra de figura cuadrada, del tama\u00f1o de un pi\u00e9, y las colocan tan perfectamente unidas, que parecen s\u00f3lo una, pero con una aspereza tan a prop\u00f3sito en su superficie, que siendo muy suave para la gente de a pi\u00e9, es bastante detenci\u00f3n para que los caballos no puedan resbalar. No sucede con aquellas piedras lo que con las que usamos en Espa\u00f1a. Con \u00e9stas se ve que en quit\u00e1ndose una de su lugar se lleva otras muchas tras s\u00ed, por falta de trabaz\u00f3n; con aqu\u00e9llas sucede que, en quebrant\u00e1ndose una, se pone otra, sin que padezcan las compa\u00f1eras; y tiene otra utilidad m\u00e1s este modo de empedrado, y es que gastada una piedra por un lado, se pone por el otro, y vuelve a servir de nuevo, de forma que en la conveniencia y en la duraci\u00f3n lleva muchas ventajas al nuestro este modo de empedrar. Si esto pareciese de excesivo coste para Madrid, h\u00e1ganse a lo menos los empedrados por cajones, con piedras m\u00e1s grandes que las que hoy se usan, las puntas hacia abajo y los anchos arriba, bien unidas y de la aspereza que se ha dicho, y puestas as\u00ed en buena forma las calles, d\u00e9se en arriendo la contribuci\u00f3n de ellas\u00bb, etc.<a href=\"http:\/\/www.publiconsulting.com\/wordpress\/madridantiguo\/back-matter\/notas\/#nt38\" id=\"rf38\"><sup>[38]<\/sup><\/a><\/p>\n<p>Tras de estos radicales defectos de que adolec\u00eda la polic\u00eda urbana de Madrid en el pasado siglo, y como si ellos no bastasen para hacerla indigna morada de los monarcas, corte y gobierno de sus dilatados reinos, todav\u00eda describe el autor otros abusos escandalosos, que acababan por darla el aspecto de una aldea miserable, o m\u00e1s bien de una hurgada del interior del \u00c1frica. Sirva de muestra el siguiente, que escogemos entre otros por no cansar la atenci\u00f3n del lector:<\/p>\n<p>\u00abPara que sea una corte embarazosa, le basta su numerosa gente, sus carrozas, sillas de mano y coches; este es un embarazo tolerable; pero Madrid tiene otros muchos que por ning\u00fan caso tolerar\u00eda la polic\u00eda de otros pueblos. <i>Los cerdos<\/i> que llaman de <i>San Ant\u00f3n<\/i> se han hecho famosos por la atenci\u00f3n que han merecido, no solamente a la corte, sino aun a la Real C\u00e1mara por v\u00eda de patronato. <i>Ellos se pasean en crecid\u00edsimo n\u00famero por el lugar<\/i>, sin l\u00edmite conocido de jurisdicci\u00f3n, y sin que sus due\u00f1os (que son los padres de San Ant\u00f3n Abad) tengan para ello m\u00e1s que un privilegio mal entendido, seg\u00fan dice la sala de los Alcaldes, porque s\u00f3lo se extiende su facultad a pastar en las dehesas de Madrid. Los inconvenientes de este abuso son tan abultados, que no es menester decirlos, porque todos vemos que con ellos no hay empedrado seguro; porque, revolc\u00e1ndose en la hediondez, hacen todav\u00eda peor el mal olor de Madrid; porque, acosados y huyendo de los perros, hacen caer a muchos; porque, introducidos entre las mulas de los coches, hacen muchas veces que aqu\u00e9llas se disparen; y en fin, por otras perjudiciales resultas, que a r\u00eda raz\u00f3n evitar. Los tales cerdos <i>privilegiados<\/i> acuerdan (acarrean) <i>los chirriones<\/i>, que sin duda se conservan por anticuados; \u00e9stos, destrozando los empedrados, producen un ruido insoportable, y parecen estar reducidos a trasportar s\u00f3lo hasta treinta arrobas, acaso por lo mucho que pesa el carro. Pues \u00bfpara qu\u00e9 se ha de conservar esta antigualla, y no se ha de examinar, oyendo a los peritos, c\u00f3mo se pod\u00eda remediar esto y sustituir en su lugar lo que sea m\u00e1s \u00fatil? Buena prueba son los carros catalanes, que pocos a\u00f1os ha se introdujeron en la corte, y hoy los usan todos, porque con sus tres mulas, puestas una detr\u00e1s de otra, y con el auxilio que facilita su construcci\u00f3n, traen de ochenta a cien arrobas cada uno de Barcelona a Madrid\u00bb, etc.<\/p>\n<p>Entrando, en fin, el autor en m\u00e1s amplias y trascendentales reformas, discurre luego sobre la que cree posible, <i>la tra\u00edda de las aguas<\/i> del Jarama a los altos de Santa B\u00e1rbara; sobre la apertura del canal de navegaci\u00f3n desde Madrid a Aranjuez; sobre la creaci\u00f3n de algunos edificios p\u00fablicos de absoluta necesidad en una corte; sobre el levantamiento (por cierto bien excusado) de una cerca o muralla bastante fuerte; sobre <i>el del puente que atravesando la calle de Segovia, uniese los barrios de Palacio y de San Francisco<\/i><a href=\"http:\/\/www.publiconsulting.com\/wordpress\/madridantiguo\/back-matter\/notas\/#nt39\" id=\"rf39\"><sup>[39]<\/sup><\/a>; sobre el rompimiento de los paseos de alrededor de la villa, y otras obras; y en punto a buena polic\u00eda, propone, entre otras cosas, la prohibici\u00f3n de la capa y el chambergo, que entonces era de uso casi general; la de llevar m\u00e1s de dos mulas en cada coche o carroza: el planteamiento del servicio de <i>fiacres<\/i> o coches de plaza, como ya exist\u00eda en Par\u00eds; la reforma del ramo de abastos de comestibles, como la entend\u00edan en su tiempo; la ampliaci\u00f3n y conclusi\u00f3n del p\u00f3sito y alb\u00f3ndiga, y la formaci\u00f3n de otros dep\u00f3sitos de aceite y carb\u00f3n: y para atender a todo ello acude a las sisas de la villa de Madrid. Propone ademas la reforma completa del ramo de hospitales, hospicios y domas casas de Beneficencia; y por cierto con muy preciosas observaciones, que honran al autor de este apreciable trabajo, y que han tardado un siglo entero en obtener su aplicaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Tal es la luminosa <i>Memoria<\/i> dirigida al Gobierno de Fernando\u00a0VI en el primer a\u00f1o de su reinado; mas, por desgracia, no eran a\u00fan llegados los tiempos en que en la esfera del Gobierno y de la opini\u00f3n tuviesen acogida los sanos e ilustrados principios de una culta administraci\u00f3n. A pesar del sincero deseo del acierto del Monarca, a pesar de la buena disposici\u00f3n de sus delegados, los errores, los abusos y desprop\u00f3sitos continuaron, como hasta entonces, su desatentada marcha; los escritos y esfuerzos m\u00e1s interesantes hechos para combatirlos fueron olvidados al siguiente d\u00eda, y la capital del reino poderoso que daba reyes a N\u00e1poles y Sicilia, virreyes a M\u00e9xico y Lima, gobernadores a tantos otros pueblos en las cuatro partes del mundo conocido, ofrec\u00eda el contraste m\u00e1s extra\u00f1o y lamentable con la grandeza y majestad de aquellas mismas capitales que de ella recib\u00edan las leyes. Y todo esto precisamente en una \u00e9poca en que la paz interior no fue interrumpida por m\u00e1s de medio siglo; en un per\u00edodo pr\u00f3spero y tranquilo, en que, despu\u00e9s de colosal impulso dado a nuestra marina y a nuestro ej\u00e9rcito, todav\u00eda sobraban caudales para hundir las apuntaladas tesorer\u00edas, para comprar la paz a todo precio, y para emplear ochenta y tantos millones en la piadosa fundaci\u00f3n de las Salesas Reales de Madrid. Debemos, sin embargo, convenir en que este contrasentido entre la paternal solicitud del Monarca y de su Gobierno y sus errores administrativos era hijo de la \u00e9poca, fruto del atraso de las ideas, y de las necesidades posteriores que la mayor ilustraci\u00f3n ha creado. Mucho es, sin embargo, para aquella \u00e9poca el que empezaran a sentirse y a reconocerse esas exigencias de la moderna cultura, y mucho es tambi\u00e9n que en el breve reinado de Fernando el VI se diesen los primeros pasos para satisfacerlas en alg\u00fan modo.<\/p>\n<p class=\"subtit\">CARLOS III<\/p>\n<p>Por fortuna de Madrid, al arribar a sus puertas, el d\u00eda 9 de Noviembre de 1759, el gran Carlos\u00a0III, para sentarse en el trono espa\u00f1ol por la muerte de su hermano Fernando VI, hubo de llamar sin duda su ilustrada y soberana atenci\u00f3n el repugnante cuadro de una corte tan descuidada; y a la m\u00e1gica voz con que en su anterior reino de N\u00e1poles supo imprimir su nombre y su grandeza a aquella hermosa capital, supo elevar a Caserta y desenterrar a Herculano, hizo, como a \u00e9ste, salir a Madrid, si no de sus ruinas, por lo meaos de su letargo; le engrandeci\u00f3 con todos o casi todos los edificios p\u00fablicos m\u00e1s importantes que hoy ostenta, tales como el grandioso Museo del Prado y las suntuosas f\u00e1bricas de la Aduana, las puertas de Alcal\u00e1 y San Vicente, la casa de Correos, la Imprenta Nacional, el Hospital general, el templo y convento de San Francisco el Grande, el Observatorio Astron\u00f3mico, las Reales Caballerizas, la F\u00e1brica plater\u00eda de Mart\u00ednez, la de Tapices, la de la China, y otros ciento; transform\u00f3 en uno de los paseos m\u00e1s deliciosos de Europa el Prado de San Jer\u00f3nimo, con sus bellas fuentes; abri\u00f3 el de la Florida y el de las Delicias; embelleci\u00f3 el sitio del Buen Retiro con suntuosas obras, entre ellas la dicha f\u00e1brica de la China (destruida por los ingleses en 1812); abri\u00f3 el canal de Manzanares y casi todos los caminos que conducen a la capital. Todas estas concepciones de su inteligencia privilegiada y paternal encontraron robusto apoyo e impulso en sus famosos ministros los condes de Aranda y de Floridablanca, en la ciencia y buen gusto de los arquitectos Rodr\u00edguez, Villanueva y Sabatini, verdaderos restauradores del arte en nuestra moderna Espa\u00f1a. De este tiempo data el levantamiento del <i>Plano topogr\u00e1fico de Madrid<\/i>, por D. Antonio Espinosa, dedicado al ilustrado ministro Conde de Aranda, en 1769, y por entonces Be concluy\u00f3 la Visita y Planimetr\u00eda de las casas, emprendida en el reinado anterior.<\/p>\n<p>Llevando Carlos III a m\u00e1s elevado punto sus miras generosas, cre\u00f3 nuestros establecimientos principales de instrucci\u00f3n y de beneficencia, de industria y comercio; fund\u00f3 Academias y Museos, Colegios y c\u00e1tedras p\u00fablicas; estableci\u00f3 el Gabinete de Historia Natural, el Jard\u00edn Bot\u00e1nico, el Observatorio Astron\u00f3mico, la Sociedad de Amigos del Pa\u00eds, el Seminario de Nobles, las Escuelas P\u00edas y las gratuitas de instrucci\u00f3n primaria; estableci\u00f3 las diputaciones de caridad, fund\u00f3 el Banco Nacional de San Carlos y las opulentas compa\u00f1\u00edas de los Cinco Gremios, Filipinas y otras; mejor\u00f3 considerablemente los p\u00f3sitos, los hospitales y hospicios, y protegi\u00f3 de todos modos las artes, las ciencias y la laboriosidad.<\/p>\n<p>En cuanto a la comodidad de los habitantes de Madrid, a su seguridad y recreo, ocurri\u00f3 con el establecimiento de los vigilantes nocturnos (<i>serenos<\/i>) y el de un regular alumbrado: la limpieza y empedrado de la villa sufri\u00f3 tambi\u00e9n una reforma, si no perfecta, por lo menos muy adelantada sobre la que exist\u00eda; por consecuencia tambi\u00e9n de sus sabias disposiciones, se reform\u00f3 el sistema pernicioso de abastos, y consigui\u00f3 que Madrid estuviese abundantemente surtido de v\u00edveres: as\u00ed como por otras acertadas medidas, dirigidas a la buena administraci\u00f3n de la corte, pudo al fin hacer que esta se elevase, si no a la altura de tan gran monarca, por lo menos a la del t\u00edtulo de capital, todo esto en pro comunal, y como dice la bella inscripci\u00f3n que D.\u00a0Juan Iriarte coloc\u00f3 sobre la portada del Bot\u00e1nico: <i>Civium salute et oblectamento<\/i>.<\/p>\n<p>Las honrosas guerras que sostuvo con m\u00e1s o menos \u00e9xito no llegaron a afectar a Madrid, a quien tambi\u00e9n hizo plaza de armas. Este pueblo, admirador de su monarca, tuvo la honra de poseerle durante su reinado, y s\u00f3lo extraviado por la intriga pol\u00edtica de cierta clase, pudo atreverse a alterar su tranquilidad un domingo de Ramos, 23 de Marzo de 1766, con la c\u00e9lebre conmoci\u00f3n dirigida contra el ministro Esquilache.<\/p>\n<p>Carlos III, llorado de sus pueblos, muri\u00f3 en Madrid en 1788. En esta misma villa Labia nacido, en 20 de Enero de 1716, y ciertamente es reprensible que, despu\u00e9s de un siglo de fecha, aun no se ostente en el sitio m\u00e1s privilegiado de Madrid la estatua del noble monarca, su verdadero restaurador.<\/p>\n<h2 id=\"sigil_toc_id_7\">SIGLO XIX<\/h2>\n<p class=\"subtit\">CARLOS IV<\/p>\n<p>El siglo actual se inaugur\u00f3, para la capital y para el reino entero, bajo muy tristes auspicios. Al reinado paternal y fecundo del gran Carlos\u00a0III hab\u00eda sucedido, en los \u00faltimos a\u00f1os del anterior, el vacilante de su hijo, cabalmente en un tiempo en que rug\u00eda a nuestras puertas el terrible hurac\u00e1n de la Revoluci\u00f3n francesa, y era necesario al frente del pa\u00eds un esp\u00edritu superior para dominar la cr\u00edtica situaci\u00f3n de los \u00e1nimos, y hasta para sacar de ella el mejor partido posible. El bondadoso y t\u00edmido Carlos IV no era seguramente este genio privilegiado, y en tan imperiosa situaci\u00f3n, en presencia de una revoluci\u00f3n exterior amenazadora, de una poblaci\u00f3n ya preparada, por cierto grado de ilustraci\u00f3n, de aspiraciones y deseos, a los grandes cambios y reformas pol\u00edticas; de una generaci\u00f3n, en fin, que hab\u00eda crecido y desarrollado su inteligencia a la sombra de los Anuidas y Floridablancas, Feijoos y Olavides, Sarmientos. Campomanes y Jovellanos, Islas y Clavijos, Juanes y Llagunos, Sarmientos y Cabanilles, Montianos y Luzanes, y tantos otros ilustrados ministros y sabios escritores del reinado anterior, no encontr\u00f3 m\u00e1s recurso que abandonar tranquilamente el ejercicio del poder soberano, confiar las riendas del Gobierno en las inexpertas manos de un favorito improvisado, de un joven sin estudios ni experiencia, y reservarse para su tarea ordinaria las brillantes cacer\u00edas en los bosques del Pardo y en las florestas de Aranjuez.<\/p>\n<p>Aquel recurso tradicional en nuestros antiguos monarcas, no ofrec\u00eda ciertamente al \u00e1nimo de Carlos (si consultaba la Historia) ejemplos muy halag\u00fce\u00f1os de resultado favorable: antes bien, a poco que en ella hubiera meditado, habr\u00eda conocido los sinsabores profundos, los disturbios y penalidades que a sus remotos antecesores D.\u00a0Juan el II y D. Enrique IV ocasionaron las fatales privanzas de don \u00c1lvaro de Luna y D. Beltr\u00e1n de la Cueva; y sin ir tan lejos, ten\u00eda m\u00e1s inmediatas las de Antonio P\u00e9rez, del Duque de Lerma, de D. Rodrigo Calder\u00f3n y del Conde-Duque de Olivares, bajo el gobierno de los tres Felipes de Austria; de los Nitardos, Valenzuelas y Oropesas, en la minor\u00eda y reinado de Carlos II; de las de la Princesa de los Ursinos. Alberoni, Riperd\u00e1, Pati\u00f1o y Farinelli, en los dos primeros reinados de la casa de Borb\u00f3n. Hasta el mismo de su magn\u00e1nimo padre ofrec\u00eda tambi\u00e9n en el ministro Esquilache un ejemplo vivo de lo mal que sol\u00eda recibir el pueblo espa\u00f1ol esta clase de sustituciones en el ejercicio de la regia autoridad. Y cuenta que, en el caso presente, todav\u00eda era m\u00e1s grande la responsabilidad, tanto por recaer tan inesperada renuncia en los hombros de un sujeto absolutamente oscuro, sin antecedentes algunos, y que necesariamente hab\u00eda de chocar con todas las clases del Estado, cuanto porque las circunstancias excepcionales de la naci\u00f3n y las de la Europa entera eran harto m\u00e1s graves y complicadas que las que tuvieron que arrostrar los monarcas anteriores y los validos o favoritos ya indicados.<\/p>\n<p>No es \u00e9sta la ocasi\u00f3n, ni nuestra modesta pluma lo consiente tampoco, de entrar de lleno en la historia pol\u00edtica de aquel reinado, comprendido entre 1789 y 1808, ni trazar la r\u00e1pida marcha de los sucesos pol\u00edticos comunes a todo el reino, ni los errores cometidos por el poder o por la opini\u00f3n, ni la direcci\u00f3n m\u00e1s o menos acertada que en manos de <i>D.\u00a0Manuel Godoy<\/i>, favorito y ministro casi constante de Carlos IV, general\u00edsimo, almirante y <i>pr\u00edncipe de la Paz<\/i>, recibieron los negocios p\u00fablicos; ni las guerras, en fin, m\u00e1s o menos afortunadas, que sostuvo en el exterior contra la Rep\u00fablica francesa, el Portugal y los ingleses, y sus luchas pol\u00edticas con el formidable poder de Napole\u00f3n, en que vino al fin a estrellarse.<\/p>\n<p>Todo esto no entra en nuestro humilde prop\u00f3sito, limitado a trazar r\u00e1pidamente la marcha pol\u00edtica y social de nuestra villa y corte de Madrid en aquel per\u00edodo; y si lo indicamos someramente, es s\u00f3lo como punto de vista para colocar nuestro trazado.<\/p>\n<p>La corte de Carlos IV y Mar\u00eda Luisa, con su arrogante favorito, su ligereza, su voluptuosidad, sus errores y hasta su inmoralidad, si se quiere, ten\u00eda tambi\u00e9n su lado brillante para la capital; y era la ostentaci\u00f3n y magnificencia, la tolerancia y libertad pr\u00e1ctica de las opiniones, la ausencia de toda persecuci\u00f3n pol\u00edtica o religiosa, la protecci\u00f3n y el impulso dispensado a las Letras y las Artes por ese mismo Godoy, a quien pol\u00edticamente pudieran hacerse severos cargos; a quien la mayor\u00eda de la opini\u00f3n aborrec\u00eda de muerte; a quien la Revoluci\u00f3n y la venganza llevaron a expiar sus faltas en una muerte oscura en pa\u00eds extranjero, al cabo de un destierro de <i>cuarenta a\u00f1os<\/i>; a quien la historia contempor\u00e1nea ha estado escarneciendo durante medio siglo por todos los modos posibles con una exageraci\u00f3n apasionada y rencorosa.<\/p>\n<p>Sin embargo, en medio de aquellos cargos que pretenden justificarse, no podr\u00eda sin injusticia negarse a Godoy un grado no vulgar de talento, un esp\u00edritu profundamente nacional, un arrojo hasta temerario en acometer grandes luchas, y una sagacidad muy marcada para sostener su poder\u00edo y para desconcertar a sus contrarios internos y externos. La lectura y meditaci\u00f3n de las <i>Memorias<\/i> que el mismo Godoy public\u00f3 en el destierro, en 1836, son hasta ahora la \u00fanica historia de aquel reinado; y aunque naturalmente escritas con la parcialidad que es de suponer en el propio protagonista, contestan, a nuestro entender, victoriosamente a muchas de las vulgaridades estampadas por sus implacables acusadores.<\/p>\n<p>Haciendo, pues, m\u00e1s justicia a aquella \u00e9poca y a aquella administraci\u00f3n, tan terriblemente atacada, preciso es confesar que a los grandes nombres que ilustraron el reinado anterior y que siguieron brillando en \u00e9ste, a los Arandas, Floridablancas, Campomanes y Jovellanos, hay que a\u00f1adir los de los Azaras, Lerenas, Rodas, Espinosas, Saavedras, Soler, Cabarr\u00fas y otros muchos en la Administraci\u00f3n y en las ciencias pol\u00edticas; los de Urrutia, Mazarredo, Socorro, la Romana, Ofarril, Casta\u00f1os, Gravina, Ciscar, Vargas Ponce, Galiano, Churruca y muchos m\u00e1s en el ej\u00e9rcito y marina; Forner, Cadalso, Melendez, Iglesias, Cienfuegos, Conde, Morat\u00edn y Quintana en las buenas letras; Rojas Clemente, Pav\u00f3n, Ulloa, Bails, Ortega, Luzuriaga, Bad\u00eda en las ciencias; Goya, Carmona, Selma, \u00c1lvarez, Villanueva, Sol\u00e1 y P\u00e9rez en las Bellas Artes. De aquel per\u00edodo datan el inmortal <i>Informe sobre la ley agraria<\/i>, de Jovellanos; los c\u00e9lebres escritos de Campomanes; las obras cient\u00edficas de Pav\u00f3n, Tofi\u00f1o, Bails, Boules, Antill\u00f3n, Cabanilles, Rojas Clemente; los atrevidos viajes pol\u00edticos y cient\u00edficos de Bad\u00eda (Al\u00ed Bey) en \u00c1frica y en Asia; los de Balmis en Am\u00e9rica, para la propagaci\u00f3n de la vacuna; las obras literarias de Capmani, Marina, Clemenc\u00edn y Navarrete; la restauraci\u00f3n de la poes\u00eda l\u00edrica castellana por la musa de Mel\u00e9ndez, de Iglesias, de Cienfuegos y de Quintana; la gloriosa creaci\u00f3n del teatro moderno por el inmortal Fern\u00e1ndez de Morat\u00edn.<\/p>\n<p>Todos estos y otros muchos ilustres nombres pol\u00edticos, cient\u00edficos, literarios y art\u00edsticos menos conocidos, brillaron en todo su esplendor en la corte de Carlos\u00a0IV; todos disfrutaban del favor del Monarca y del especial del favorito, trabajaban en pro de la ilustraci\u00f3n y del buen gusto, bajo los auspicios y muchas veces a impulsos y excitaci\u00f3n suya. No s\u00f3lo protegi\u00f3 las letras y la ciencia con este apoyo en las personas de sus m\u00e1s genuinos representantes, sino que impuls\u00f3 de varios modos la instrucci\u00f3n p\u00fablica, cre\u00f3 en Madrid diversos establecimientos cient\u00edficos, tales como el Dep\u00f3sito Hidrogr\u00e1fico, la Junta de Fomento y Balanza, la Escuela de Ingenieros, la Instituci\u00f3n Pestaloziana y el primer Conservatorio de Artes; atac\u00f3, aunque disimuladamente, y tuvo a raya el fanatismo y el poder\u00edo del poder inquisitorial, la educaci\u00f3n frailuna y escasa de los conventos, y la pedantesca de las universidades; combati\u00f3 las preocupaciones vulgares contra ciertas clases; procur\u00f3 aliviar en lo posible las cargas p\u00fablicas, y dando la se\u00f1al de la desamortizaci\u00f3n de la propiedad del pa\u00eds (que estaba casi toda afecta a capellan\u00edas, memorias y obras p\u00edas), abri\u00f3 un nuevo y esplendente manantial a la riqueza p\u00fablica y particular.<\/p>\n<p>La capital del reino, s\u00f3lo con este motivo, pudo asegurar ya su futura renovaci\u00f3n; miles de casas raqu\u00edticas o ruinosas, afectas a aquellas religiosas fundaciones, fueron vendidas, en los primeros a\u00f1os de este siglo, por disposici\u00f3n del Gobierno de aquella \u00e9poca, preludiando de este modo la completa desamortizaci\u00f3n religiosa y civil, que m\u00e1s adelante hab\u00edan de obrar las revoluciones. Y a la verdad que, sin este punto de partida, nada podr\u00eda hacerse en Madrid, cuyo per\u00edmetro en su mitad estaba ocupado, como hemos visto, por m\u00e1s de setenta conventos, sus huertas y accesorios, y el resto lleno de un mezquino caser\u00edo (propiedad, en sus cuatro quintas partes, de manos muertas), tolerado m\u00e1s bien que protegido por los verdaderos due\u00f1os del territorio.<\/p>\n<p>La Administraci\u00f3n p\u00fablica sigui\u00f3, sin embargo, poco m\u00e1s o menos envuelta en aquel caos de confusi\u00f3n, en aquel tejido secular y formidable de trabas ingeniosas, que ten\u00edan al pa\u00eds envuelto en la impotencia y en la ignorancia de sus propias fuerzas; con su <i>Consejo y C\u00e1mara de Castilla<\/i> y su <i>Sala de Alcaldes de Casa y Corte<\/i>, omnipotentes e inevitables en todos los actos de la vida p\u00fablica y privada, desde la sucesi\u00f3n del trono hasta el ejercicio de la pesca, o de la caza con hurones; desde los bandos de buen gobierno para el orden pol\u00edtico de la poblaci\u00f3n, hasta la tasa del pan y del tocino: desde el pase de las bulas pontificias, hasta la censura de una novela o de un tomo de poes\u00edas; desde las causas de alta traici\u00f3n y lesa majestad, hasta los matrimonios contra la autoridad paterna y los amancebamientos privados; desde los pleitos de <i>tenuta<\/i>, hasta los amparos y moratorias; desde la provisi\u00f3n o consulta para las altas dignidades de la Iglesia y de la Magistratura, hasta el examen de los escribanos y alguaciles; desde las pragm\u00e1ticas-sanciones y leyes constitutivas del reino, hasta la presidencia de los teatros y diversiones; desde la decisi\u00f3n de los litigios m\u00e1s graves y complicados, hasta el permiso para una feria o para una corrida de toros por c\u00e9dula Real.<\/p>\n<p>La administraci\u00f3n local estaba confiada a la corporaci\u00f3n municipal, compuesta de regidores <i>perpetuos<\/i> por juro de heredad, con un corregidor al frente (por lo general salido de las salas de aquel mismo Consejo o su sala de Alcaldes de Casa y Corte), que giraba dentro de la \u00f3rbita que le marcaba aquel planeta; y apoyada despu\u00e9s en las innumerables juntas de <i>abastos<\/i>, de <i>tasas<\/i>, de <i>bureo<\/i>, de <i>aposentamiento<\/i>, de <i>sisas<\/i> y de <i>propios<\/i>, etc., flanqueada por las corporaciones religiosas y profanas, los gremios y cofrad\u00edas, ofrec\u00eda un todo digno de tales medios; esto es, una paralizaci\u00f3n y un marasmo intelectual, l\u00f3gico resultado de tantas trabas o de tan encontrados agentes.<\/p>\n<p>Todav\u00eda hemos alcanzado a o\u00edr de boca de los mismos que tuvieron valor suficiente para combatir aquellos errores el espect\u00e1culo indecoroso y repugnante que ofrec\u00eda a principios del siglo actual, y en medio de la esplendorosa corte de Carlos\u00a0IV, la capital de la monarqu\u00eda. Su aspecto general (a pesar de las considerables aunque parciales mejoras que hab\u00eda recibido de los tres monarcas anteriores) presentaba todav\u00eda, el mismo aire <i>villanesco<\/i> que queda descrito por un testigo contempor\u00e1neo a mediados del siglo anterior; su alumbrado, su limpieza, su salubridad, su polic\u00eda urbana, en fin, eran poco m\u00e1s que insignificantes; la seguridad misma, comprometida absolutamente a cada paso, hac\u00eda preciso a todo ciudadano salir de noche bien armado y dispuesto a sufrir un combate en cada esquina; sus mercados desprovistos de bastimentos y s\u00f3lo abiertos, en virtud de las tasas y privilegios, a las clases m\u00e1s elevadas; sus comunicaciones con las provincias poco menos que inaccesibles; sus establecimientos de instrucci\u00f3n y de beneficencia en el estado m\u00e1s deplorable; sus calles y paseos yermos y cubiertos de hierba o de suciedad por la desidia de la autoridad y el abandono de la poblaci\u00f3n, y los cad\u00e1veres de \u00e9sta sepultados en medio de ella, en las b\u00f3vedas o a las puertas de las iglesias, o exhumados de tiempo en tiempo en grandes <i>mondas<\/i> para ser conducidos en carretas al estercolero com\u00fan\u2026 \u00a1As\u00ed ir\u00edan seguramente ignorados los del inmortal <i>Cervantes<\/i>, y as\u00ed fueron tambi\u00e9n, <i>en los primeros a\u00f1os de este mismo siglo<\/i>, los del <i>F\u00e9nix de los ingenios<\/i>, L<small>OPE DE<\/small> V<small>EGA<\/small>, que vac\u00eda en las b\u00f3vedas de la parroquia de San Sebasti\u00e1n!<\/p>\n<p>La fabrica de Tabacos, el convento, hoy cuartel, de San Gil; el Dep\u00f3sito Hidrogr\u00e1fico, la casa de la calle del Turco, que sirve hoy de Escuela de Caminos; el convento de las Salesas Nuevas, calle Ancha de San Bernardo, fueron los \u00fanicos edificios p\u00fablicos que leg\u00f3 a Madrid el reinado de Carlos\u00a0IV; pero como el buen gusto en las artes iba infiltr\u00e1ndose en la opini\u00f3n general, se revela tambi\u00e9n su progreso en las construcciones particulares de aquella \u00e9poca, tales como el palacio de Liria y el de Buena Vista, la casa de los Gremios, la del Nuevo Rezado, la del Duque de Villa-Hermosa, y la reforma principiada en la de Altamira.<\/p>\n<p class=\"subtit\">FERNANDO VII<\/p>\n<p>El famoso levantamiento de 18 de Marzo de 1808, en Aranjuez, que puso t\u00e9rmino a aquel reinado con la abdicaci\u00f3n de Carlos, y redujo, por consiguiente, al poderoso valido a la m\u00e1s estrepitosa ca\u00edda, tuvo un eco instant\u00e1neo en la poblaci\u00f3n de Madrid, que, ebria de entusiasmo y dominada por el m\u00e1s rencoroso encono contra \u00e9ste y sus hechuras, renov\u00f3 con creces el famoso mot\u00edn de 1766 contra el ministro <i>Esquilache<\/i>, y por una coincidencia fortuita, reprodujo las mismas escenas violentas en los sitios mismos contra la casa del nuevo \u00eddolo derrocado, en la calle del Barquillo, contigua a la llamada de las <i>Siete Chimeneas<\/i>, que habitaba el antiguo en el siglo anterior.<\/p>\n<p>Aquel memorable d\u00eda empez\u00f3 la nueva era espa\u00f1ola, y Madrid, cegado por el v\u00e9rtigo de las malas pasiones, se mostr\u00f3 terrible e implacable en sus enconos contra el poder derrocado y sus hechuras, envolviendo en tan horrible proscripci\u00f3n los buenos y los malos; atac\u00f3 despiadada y fren\u00e9ticamente las casas de Godoy y de su madre y hermanos, la del corregidor Marquina, la del ilustrado ministro Soler, la del intendente D.\u00a0Manuel Sixto Espinosa, y amenaz\u00f3 tambi\u00e9n la de otros muchos tan inofensivos como el c\u00e9lebre poeta Fern\u00e1ndez de Morat\u00edn.<\/p>\n<p>Tan horrible desentono cedi\u00f3 lugar, a pocos d\u00edas, al m\u00e1s f\u00e9rvido entusiasmo de la poblaci\u00f3n madrile\u00f1a, al recibir en sus calles al nuevo rey Fernando\u00a0VII, a quien en 1789 hab\u00eda jurado en San Jer\u00f3nimo por Pr\u00edncipe de Asturias, a quien prodig\u00f3 el 21 de Marzo de 1808 las demostraciones de una verdadera idolatr\u00eda. Pero este regocijo se vio mezclado con el fundado recelo que infund\u00eda la presencia del ej\u00e9rcito franc\u00e9s, que, bajo las \u00f3rdenes del Pr\u00edncipe Murat, hab\u00eda entrado en Madrid la v\u00edspera que el nuevo Rey. La patri\u00f3tica agitaci\u00f3n, la incertidumbre del objeto de esta venida de los ej\u00e9rcitos del Emperador, y los temores por la independencia del pa\u00eds, conmovieron a Madrid en aquellos d\u00edas: y esta agitaci\u00f3n, estos temores subieron de todo punto cuando vio salir de sus muros, el 10 de Abril siguiente, a su amado Fernando. El funesto y desatentado viaje del Rey a Bayona vino a llenar la medida de la c\u00f3lera de los madrile\u00f1os, y tomando por pretexto la salida de los dem\u00e1s individuos de la Real familia, que hab\u00edan quedado en Palacio, dio rienda suelta a su fren\u00e9tico coraje, y se\u00f1al\u00f3 en los fastos matritenses el d\u00eda m\u00e1s celebre que registra en sus anales.\u2014 Este din, fue el D<small>OS DE<\/small> M<small>AYO DE<\/small> 1808.\u2014 En \u00e9l la poblaci\u00f3n de Madrid, arrojando el guante al vencedor de Austerlitz, de Marengo y de Jena, dio a la Europa at\u00f3nita el grandioso espect\u00e1culo de la resistencia posible a aquel coloso, hasta entonces invulnerable y omnipotente.<\/p>\n<p class=\"salto10\">Los franceses, due\u00f1os de Madrid a tan cara costa, s\u00f3lo permanecieron entonces hasta 1.\u00ba de Agosto, en que, a consecuencia de la c\u00e9lebre batalla de Bailen, hubieron de retirarse, y las tropas espa\u00f1olas, mandadas por el general Casta\u00f1os, ocuparon a Madrid. Pero Napole\u00f3n en persona, con un ej\u00e9rcito formidable, se present\u00f3 delante de la capital el 1.\u00ba de Diciembre del mismo a\u00f1o de 1808. La resistencia de este indefenso pueblo en los tres primeros d\u00edas de aquel mes es otro de los sucesos que raya en lo heroico y aun temerario; pero que mereci\u00f3 hasta el aprecio del sitiador, que le ocup\u00f3 el 4 bajo una honrosa capitulaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Gimi\u00f3 Madrid cerca de cuatro a\u00f1os bajo el peso de la dominaci\u00f3n extranjera, y durante ellos no se desminti\u00f3 un solo momento en sus patri\u00f3ticas ideas. Ni los halagos que al principio se usaron, ni el rigor, ni la miseria, ni el hambre m\u00e1s espantosa, pudieron hacerle retroceder. Firme en sus prop\u00f3sitos, no le venci\u00f3 el temor ni le lisonjearon las ilusiones de una encarecida felicidad. Jugando a veces con las cadenas que no pod\u00eda romper, combat\u00eda con la s\u00e1tira y la iron\u00eda todas las acciones del intruso Rey y de su Gobierno, le mofaba en las calles, en los paseos y en las ocasiones m\u00e1s solemnes; revestido otras de una fiereza estoica, mor\u00eda a manos de la horrible hambre de 1812, antes que recibir el m\u00e1s m\u00ednimo socorro de bus enemigos. En vano se emplearon, para debilitarle, los medios m\u00e1s eficaces; sus habitantes, muriendo a millares de d\u00eda en d\u00eda, le dejaban desierto, pero no rendido<a href=\"http:\/\/www.publiconsulting.com\/wordpress\/madridantiguo\/back-matter\/notas\/#nt40\" id=\"rf40\"><sup>[40]<\/sup><\/a>.<\/p>\n<p>Lleg\u00f3, por fin, el 12 de Agosto de 1812, c\u00e9lebre en los fastos de Madrid. En este d\u00eda, habi\u00e9ndose retirado los franceses, de resultas de la batalla de Salamanca, fue ocupada la capital por el ej\u00e9rcito aliado anglo-hispano-portugues, al mando de lord Wellington, que hizo su entrada entre demostraciones inexplicables de alegr\u00eda. Pero aun faltaba a Madrid parte de sus padecimientos, pues vuelto a acercarse el ej\u00e9rcito franc\u00e9s, torn\u00f3 a ocuparle en 3 de Noviembre, saliendo a los cuatro d\u00edas y volviendo a apoderarse de \u00e9l en 3 de Diciembre del mismo a\u00f1o de 1812. Por \u00faltimo, en 28 de Mayo de 1813 salieron los franceses la \u00faltima vez de Madrid, y le ocuparon las tropas espa\u00f1olas al mando de D.\u00a0Juan Mart\u00edn Diez <i>el Empecinado<\/i>. El 5 de Enero de 1814 se traslad\u00f3 a Madrid desde C\u00e1diz la Regencia del Reino y el Gobierno, y a pocos d\u00edas se abrieron, en el antiguo teatro de los Ca\u00f1os del Peral, las Cortes generales, con arreglo a la Constituci\u00f3n pol\u00edtica promulgada en C\u00e1diz a 19 de Marzo de 1812.<\/p>\n<p>Las novedades introducidas por ella en el gobierno de la monarqu\u00eda afectaron por entonces poco al pueblo de Madrid, que s\u00f3lo ansiaba reponerse de los estragos de la guerra y esperaba gozoso la vuelta de su deseado Fernando.<\/p>\n<p>Verific\u00f3se, por fin, \u00e9sta el d\u00eda 13 de Majo de 1814, en medio de un entusiasmo grande, si bien neutralizado en parte con las consecuencias del c\u00e9lebre decreto de Valencia de 4 del mismo mes, por el cual aboba el Rey la Constituci\u00f3n y las Cortes, y mandaba volver las cosas al ser y estado que ten\u00edan en 1808; cuyo acto altamente impol\u00edtico, y las terribles persecuciones suscitadas por aquellos d\u00edas contra los diputados y dem\u00e1s personas comprometidas en el nuevo r\u00e9gimen, dieron la se\u00f1al de esa larga serie de reacciones funestas, cuyos efectos sentimos a\u00fan despu\u00e9s de medio siglo de fecha.<\/p>\n<p>El estado material de Madrid al terminarse la ocupaci\u00f3n francesa y regreso de Fernando era, a la verdad, desastroso. Aquel Gobierno (a quien, sin duda, guiaba un deseo ardiente de reformas y de popularidad) emprendi\u00f3 derribos considerables, la mayor parte (preciso es confesarlo) muy necesarios; pero que no fueron comprendidos entonces ni apreciados como tales por la actitud hostil del vecindario. \u00c9ste, que ve\u00eda desaparecer, sin m\u00e1s motivo, a su juicio, que el deseo de hacer mal, sus antiguas, pobres y respetables parroquias de Santiago y de San Juan, San Miguel y San Mart\u00edn; sus temples venerandos de Atocha y San Jer\u00f3nimo, los Mostenses, Santa Ana, Santa Catalina, Santa Clara y otros; sus palacios del Retiro, as\u00ed como tambi\u00e9n manzanas enteras de caser\u00edo en toda la extensa superficie de lo que hoy son Plaza de Oriente y de la Armer\u00eda, no comprend\u00eda que aquello pudiera hacerse por un c\u00e1lculo m\u00e1s o menos exagerado, pero de acuerdo con la reforma material de la poblaci\u00f3n; y por otro lado, como esta clase de mejoras s\u00f3lo lo son tales cuando, reclamadas por la necesidad y por la opini\u00f3n, encuentran inmediatamente su apoyo y medios de realizaci\u00f3n en el inter\u00e9s privado, que es quien en \u00faltimo t\u00e9rmino ha de llevarlas a cabo, y esto era imposible en el estado de abatimiento y hostilidad de la poblaci\u00f3n de Madrid, de aqu\u00ed el error y hasta la injusticia con que se calific\u00f3 de actos vand\u00e1licos muchos de estos derribos determinados por el Gobierno intruso; de aqu\u00ed el odio y la animosidad que lleg\u00f3 a profesar a Jos\u00e9 Napole\u00f3n, a quien apellidaba el <i>Tuerto, Pepe Botellas<\/i>, el <i>Rey Plazuelas<\/i>, por las que hab\u00eda formado en Madrid. Hasta muchos a\u00f1os despu\u00e9s, hubiera corrido riesgo el que se hubiera determinado a apreciar de otra manera estos actos de la administraci\u00f3n francesa y a dar la raz\u00f3n a aquel Gobierno en su plan de reforma de Madrid.<\/p>\n<p>En \u00e9l entraba, sin embargo, la formaci\u00f3n de la plaza de Oriente, y la continuaci\u00f3n del Palacio Real hasta la Armer\u00eda; el empalme de \u00e9sta con los barrios de las Vistillas, por medio del puente de la calle de Segovia, propuesto ya por Saqueti a Felipe\u00a0V, y la transformaci\u00f3n de la iglesia de San Francisco en sal\u00f3n de las futuras Cortes; el ensanche de la calle del Arenal y de la Puerta del Sol, con la formaci\u00f3n de un teatro en la manzana del Buen Suceso, y la construcci\u00f3n de la Bolsa de Comercio en el sitio de los Basilios, con otras muchas de las reformas propuestas y adoptadas despu\u00e9s con general satisfacci\u00f3n, pero que no era dado hacer a un Gobierno intruso y aborrecido. Falt\u00e1bale a \u00e9ste la fuerza moral y los medios materiales para realizar estas costosas reformas, y su \u00fanica misi\u00f3n parec\u00eda estar reducida a destruir los obst\u00e1culos existentes para su futura realizaci\u00f3n. Esta misi\u00f3n la cumpli\u00f3 efectivamente, dejando a Madrid cubierto literalmente de escombros; pero en cuanto a la reconstrucci\u00f3n proyectada, nada pudo hacer. Jos\u00e9 Napole\u00f3n, que apenas salia de su palacio m\u00e1s que para la contigua Casa de Campo, se limit\u00f3 a algunas obras de reparaci\u00f3n en las avenidas de aqu\u00e9l y en esta Real posesi\u00f3n; y a su Gobierno s\u00f3lo cupo la gloria de haber hecho efectiva una mejora local mandada ya, aunque infructuosamente, desde el reinado de Carlos III, que fue el establecimiento de los cementerios extramuros de Madrid.<\/p>\n<p class=\"salto10\">El regreso del cautivo Monarca al seno de su capital, y el beneficio de la paz material que obtuvo el pa\u00eds durante los seis primeros a\u00f1os del gobierno de Fernando\u00a0VII; la afici\u00f3n particular que manifestaba \u00e9ste al pueblo de Madrid, y el aparato de una corte montada con arreglo a la antigua etiqueta castellana, templaban en parte la agitaci\u00f3n pol\u00edtica que sordamente iba minando los esp\u00edritus, y adormec\u00edan el \u00e1nimo del Monarca, que se complac\u00eda en adquirir cierta popularidad, present\u00e1ndose improvisadamente, y sin ning\u00fan aparato, en los establecimientos, paseos y diversiones p\u00fablicas, dispensando cuantiosos socorros a aqu\u00e9llos, especialmente a los religiosos, para reedificar sus conventos destruidos por los franceses, y emprendiendo por su cuenta varias obras, entre las cuales, la m\u00e1s notable, y que forma hoy una hermosa p\u00e1gina de su reinado, fue la reparaci\u00f3n y terminaci\u00f3n del Museo del Prado, y la colocaci\u00f3n en \u00e9l de su rica colecci\u00f3n de Pintura y Escultura, en cuya gloria cabe no poca parte a la reina do\u00f1a Mar\u00eda Isabel de Braganza, con quien hab\u00eda contra\u00eddo Fernando matrimonio en 181(5. Igualmente data de aquella fecha el embellecimiento y adorno del Real Sitio del Buen Retiro (que hab\u00edan dejado los franceses convertido en una ciudadela); la reparaci\u00f3n y mejora del canal de Manzanares y sus contornos; la formaci\u00f3n y colocaci\u00f3n del Museo Militar y Parque de Artiller\u00eda en el palacio de Buenavista; el lindo Casino de la Reina y sus jardines, regalados a la misma por la villa de Madrid: el derribo del teatro de los Ca\u00f1os del Peral, y los principios del de Oriente, con otras obras de utilidad y ornato para la villa de Madrid.<\/p>\n<p>La revoluci\u00f3n de 1820, que dio por resultado el juramento de la Constituci\u00f3n de 1812 por Fernando, verificado solemnemente en el seno de las Cortes en 9 de Julio de dicho a\u00f1o, vino a apagar en el \u00e1nimo del Monarca aquellas ideas de mejora material, y puede decirse que en el ruidoso per\u00edodo de los tres a\u00f1os desde 1820 a 1823, la poblaci\u00f3n de Madrid, agitada continuamente con los graves sucesos pol\u00edticos, las borrascosas sesiones de las Cortes y Sociedades patri\u00f3ticas, las conspiraciones y los temores por la guerra civil, encendida en las provincias en defensa del absolutismo, pudo atender muy poco a su particular inter\u00e9s. \u00danicamente quedaron de aquella \u00e9poca turbulenta dos hechos, que han tenido grande influencia en la mejora progresiva que se advirti\u00f3 luego en nuestra capital. El primero fue la reuni\u00f3n de los propietarios de ella, verificada en 1821, para formar la Sociedad de Seguros mutuos contra incendios, la cual, por sus sencillas bases, orden y excelentes resultados, puede citarse como modelo, y el segundo fue la desamortizaci\u00f3n y venta de las fincas de los extinguidos monacales, las cuales recibieron grandes mejoras en manos de los compradores.<\/p>\n<p>Los sucesos pol\u00edticos m\u00e1s se\u00f1alados, entre los much\u00edsimos parciales de aquel per\u00edodo en nuestra capital, fueron los del 7 de Julio de 1822, en que se dio una sangrienta acci\u00f3n en la Plaza Mayor entre la Milicia Nacional y la Guardia Real, y los de 20 de Mayo de 1823, en que la guarnici\u00f3n de Madrid, al mando del general Zayas, bati\u00f3 y dispers\u00f3 en las afueras de la puerta de Alcal\u00e1 a la vanguardia de las tropas realistas que preced\u00edan al ej\u00e9rcito franc\u00e9s. El Duque de Angulema, general en jefe de este, verific\u00f3 su entrada en Madrid en 24 del mismo mes, e instalando en la capital la regencia del Reino, march\u00f3 a poner sitio a la plaza de C\u00e1diz, adonde se hab\u00eda retirado el Gobierno constitucional, llevando consigo al Rey.\u2014 Libro, en fin, \u00e9ste el 1.\u00ba de Octubre, y siguiendo su sistema favorito, anul\u00f3 por un Real decreto, de la misma fecha, la Constituci\u00f3n, las Cortes, y todos los actos de los tres a\u00f1os, persiguiendo duramente a sus partidarios, a cuya consecuencia fue preso y conducido a Madrid el caudillo principal, D.\u00a0Rafael del Riego, y en 7 de Noviembre del mismo a\u00f1o fue ahorcado en la plaza de la Cebada. Fernando VII regres\u00f3 a Madrid el 13 del mismo Noviembre, haciendo su entrada p\u00fablica con grande aparato y festejos.<\/p>\n<p>Otro per\u00edodo hist\u00f3rico m\u00e1s largo, aunque no tan agitado por graves sucesos pol\u00edticos, sucedi\u00f3 al constitucional, y \u00e9ste fue la famosa d\u00e9cada apellidada <i>Calomardina<\/i>, desde 1823 a 1833. No es \u00e9sta la ocasi\u00f3n de seguirle en sus distintas fases, y prescindiendo del uso que Fernando, restaurado por los franceses en el lleno de la soberan\u00eda, hizo o pudo hacer de la suprema autoridad, nos limitaremos s\u00f3lo a consignar los adelantos y mejoras que por aquella \u00e9poca mereci\u00f3 al Monarca y su Gobierno la capital del Reino.<\/p>\n<p>A su protecci\u00f3n y continua residencia en ella, y al inestimable don de la paz, en este per\u00edodo bastante prolongado, se debi\u00f3 la creaci\u00f3n de muchos establecimientos y otras reformas \u00fatiles y de comodidad. La polic\u00eda urbana recibi\u00f3 considerables mejoras; la instrucci\u00f3n de la juventud se facilit\u00f3 sobremanera con el establecimiento de escuelas y c\u00e1tedras gratuitas de las diputaciones de los barrios, de los Conservatorios y Museos, de los colegios de jesuitas, dominicos y escolapios; llev\u00f3se a cabo por el Rey, adem\u00e1s de la grande obra del Real Museo de Pinturas, la del militar de Artiller\u00eda e Ingenieros, el Gabinete topogr\u00e1fico y la nueva colecci\u00f3n de la Biblioteca Real, en un edificio especial; cre\u00f3 el Conservatorio de Artes, con su gabinete y c\u00e1tedras, mandando celebrar las primeras exposiciones p\u00fablicas de la industria espa\u00f1ola; el Conservatorio de M\u00fasica, bajo la protecci\u00f3n y nombre de su augusta esposa do\u00f1a Mar\u00eda Cristina; la Direcci\u00f3n de minas, su gabinete y c\u00e1tedras, ordenando nuevas leyes y disposiciones beneficiosas a este ramo; el Consulado de Madrid y la Bolsa de Comercio; restaur\u00f3 los palacios y sitios Reales; mand\u00f3 repararlos caminos y abrir nuevos paseos, que circundan a la capital; hizo emprender notables trabajos preparatorios para el abastecimiento de aguas suficientes; empez\u00f3 y sigui\u00f3, aunque sin concluirle, el teatro de Oriente; termin\u00f3 las cocheras Reales, la puerta de Toledo, el cuartel de caballer\u00eda, a la bajada de Palacio, y la fuente de la Red de San Luis; y dando, en fin, una prueba de magnanimidad y patriotismo, poco com\u00fan hasta entonces, mand\u00f3 fundir en bronce la estatua de <i>Cervantes<\/i> para colocarla en una plaza p\u00fablica, e hizo poner un recuerdo honor\u00edfico en la casa en que muri\u00f3 aquel insigne escritor. El aumento de la poblaci\u00f3n, consiguiente a las mayores comodidades, hizo tambi\u00e9n que el inter\u00e9s particular se asociara naturalmente a este movimiento de progreso. Centenares de casas particulares se alzaron o repararon en pocos a\u00f1os con mayor gusto; multitud de compa\u00f1\u00edas y empresas industriales se formaron, ya para la r\u00e1pida comunicaci\u00f3n con las provincias, ya para el abastecimiento de los objetos de consumo, ya, en fin, para la elaboraci\u00f3n de muchos artefactos desconocidos antes en nuestra industria; y por consecuencia de todos estos adelantos, empez\u00f3 Madrid a disfrutar de m\u00e1s comodidad y abundancia en los bastimentos, de m\u00e1s elegancia en los vestidos, en las habitaciones, en los muebles, en todas las necesidades de la vida, que fueron desconocidas a nuestros mayores.<\/p>\n<p>La llegada a Madrid, en 11 de Diciembre de 1829, de la reina do\u00f1a Mar\u00eda Cristina de Borb\u00f3n, cuarta y \u00faltima esposa de Fernando\u00a0VII, fue uno de los sucesos memorables de aquella \u00e9poca en que m\u00e1s parte activa tom\u00f3 la poblaci\u00f3n de Madrid. Acompa\u00f1aban a aquella augusta se\u00f1ora sus padres, los reyes de las Dos Sicilias, y con tan fausto acontecimiento, se hicieron grandes festejos y demostraciones de p\u00fablico regocijo. Repiti\u00e9ronse \u00e9stas en 10 de Octubre de 1830, al nacimiento de la princesa do\u00f1a Isabel, declarada heredera del trono, al tenor de la ley hecha en Cortes en 1789, y publicada por Fernando; y \u00faltimamente, subieron de todo punto estas gratas demostraciones cuando, en 20 de Junio de 1833, fue jurada la misma Isabel como <i>Princesa de Asturias<\/i> por las Cortes del Reino, convocadas a este efecto en la iglesia de San Jer\u00f3nimo. Las fiestas Reales celebradas con este motivo, las iluminaciones, fuegos, teros, carreras, torneos, m\u00e1scaras, comedias y evoluciones militares se sucedieron sin cesar durante quince d\u00edas, que fueron una de las \u00e9pocas m\u00e1s brillantes de Madrid en el presente siglo.<\/p>\n<p class=\"subtit\">ISABEL II<\/p>\n<p>La muerte del rey Fernando VII, ocurrida en Madrid en 29 de Setiembre del mismo a\u00f1o de 1833, vino de nuevo a complicar la situaci\u00f3n pol\u00edtica del reino, y a paralizar por el pronto todas las mejoras y progresos materiales. Aclamada en 24 de Octubre la reina Do\u00f1a Isabel\u00a0II en la tierna edad de tres a\u00f1os, y cometida la gobernaci\u00f3n del reino a su augusta madre Do\u00f1a Mar\u00eda Cristina, no tard\u00f3 en levantarse de nuevo el pend\u00f3n de la guerra civil, sostenida en las provincias por el pretendiente, infante D. Carlos, y sus numerosos partidarios, al paso que los de Isabel y de Cristina acometieron simult\u00e1neamente la obra de la nueva revoluci\u00f3n pol\u00edtica, que siguiendo diversos per\u00edodos, pareci\u00f3 al pronto satisfecha con la promulgaci\u00f3n del Estatuto Real, otorgado por la Reina Gobernadora en 10 de Abril de 1834, y fue creciendo despu\u00e9s hasta la nueva promulgaci\u00f3n de la Constituci\u00f3n de 1812, verificada en 16 de Agosto de 1836, y luego la nueva de 18 de Junio de 1837, formada y sancionada por las Cortes generales, que despu\u00e9s fue modificada en 1845, y rige todav\u00eda.<\/p>\n<p>Largo y enojoso, a par que delicado, ser\u00eda el consignar aqu\u00ed los diversos y grav\u00edsimos acontecimientos de que en aquella angustiosa \u00e9poca fue teatro la capital del reino; pero no puede tampoco dejar de recordarse los m\u00e1s importantes y memorables. Entre ellos, ocupan el primer lugar los d\u00edas 16, 17 y 18 de Julio de 1834, que quedaron inscriptos en la historia de Madrid con la sangre inocente de los religiosos, asesinados inhumanamente al pie de los altares, a impulsos del v\u00e9rtigo agitador de las pasiones pol\u00edticas y del funesto <i>c\u00f3lera-morbo<\/i>, que por aquellos d\u00edas se desarroll\u00f3 en la capital de un modo asombroso. Al trav\u00e9s de este espantoso cuadro, se ofreci\u00f3 en aquellos mismos d\u00edas a la vista de sus habitantes el magn\u00edfico episodio de la apertura de las Cortes del Reino, en sus dos Estamentos de Pr\u00f3ceres y de Procuradores, verificada en persona por la Reina Gobernadora.<\/p>\n<p>No fueron menos graves los acontecimientos de 15 de Agosto de 1836, que dieron por resultado el restablecimiento de la Constituci\u00f3n de 1812; los del 11 de Setiembre de 1837, en que lleg\u00f3 D.\u00a0Carlos con su ej\u00e9rcito hasta las tapias de Madrid, sin poder penetrar en \u00e9l; los del 1.\u00ba de Setiembre de 1840, cuya consecuencia fue la abdicaci\u00f3n de la Reina Gobernadora y su salida de Espa\u00f1a, y la elevaci\u00f3n a la regencia del reino del general D. Baldomero Espartero, duque de la Victoria; la tentativa armada contra el Gobierno de \u00e9ste en la noche del 7 de Octubre de 1841, de que fue v\u00edctima el general D. Diego Le\u00f3n y otros compa\u00f1eros de infortunio; la especie de sitio puesto a Madrid a mediados de Julio de 1843 por las tropas pronunciadas contra el Regente, hasta la entrada de ellas y del Gobierno provisional en 22 del mismo Julio, y \u00faltimamente, la declaraci\u00f3n solemne de la mayor\u00eda de la reina do\u00f1a Isabel II, verificada por las Cortes, y el juramento prestado en ellas por la misma Reina en 10 de Noviembre de 1843.<\/p>\n<p>En medio de tan graves acontecimientos, al trav\u00e9s de una guerra civil de siete a\u00f1os, obstinada y dudosa, agitados los esp\u00edritus con la revoluci\u00f3n pol\u00edtica que el curso de los acontecimientos y de las ideas hizo desarrollar, comprometidas las fortunas, preocupados los \u00e1nimos y careciendo de la seguridad y de la calma necesarias para las \u00fatiles empresas, parec\u00eda natural que, abandonadas \u00e9stas, hubieran hecho retrogradar a nuestro Madrid hasta despojarle de aquel grado de animaci\u00f3n que hab\u00eda llegado a conquistar en los \u00faltimos a\u00f1os del reinado anterior.<\/p>\n<p>Pues sucedi\u00f3 precisamente todo lo contrario; y el que regresaba a la corte despu\u00e9s de una ausencia de algunos a\u00f1os, no pod\u00eda menos de convenir en los grandes adelantos que se observaban ya en todos los ramos que constituyen la administraci\u00f3n local y la comodidad de la vida.<\/p>\n<p>La parte material de la villa sufri\u00f3 en aquel per\u00edodo una completa metamorfosis. La revoluci\u00f3n pol\u00edtica, al paso que hizo variar absolutamente la organizaci\u00f3n del supremo gobierno, tribunales y oficinas de administraci\u00f3n p\u00fablica, dej\u00f3 tambi\u00e9n impresas sus huellas en los objetos materiales; borr\u00f3 con atrevida mano muchos de nuestros monumentos religiosos e hist\u00f3ricos; levant\u00f3 otros de nuevo, y aspir\u00f3 a presentar otras formas exteriores de una nueva \u00e9poca, de diversa constituci\u00f3n.<\/p>\n<p>Por consecuencia de la supresi\u00f3n de las comunidades religiosas, verificada en 1836, quedaron vac\u00edos multitud de conventos, que fueron luego destinados a diversos usos, tales como oficinas civiles, cuarteles, albergues de beneficencia, y sociedades literarias; otros fueron completamente derribados para formar plazas, mercados y edificios particulares; \u00e9stos son los de la Merced, Agustinos Recoletos, la Victoria, San Felipe el Real, Esp\u00edritu Santo, San Bernardo, Capuchinos de la Paciencia, San Felipe Neri, Agonizantes de la calle de Atocha, Monjas de Constantinopla, la Magdalena, los \u00c1ngeles, Santa Ana, Pinto, el Caballero de Gracia, las Baronesas y la parroquia de San Salvador, que desaparecieron del todo.<\/p>\n<p>La completa desamortizaci\u00f3n y venta de las cuantiosas fincas del clero regular y secular fue tambi\u00e9n causa de que, pasando \u00e9stas a manos activas, se renovasen en su mayor parte. La reuni\u00f3n de capitales sin ocupaci\u00f3n, y el mayor gusto y exigencia de la \u00e9poca, llamaron el inter\u00e9s privado hacia este objeto, y renovaron en su consecuencia, o alzaron de nuevo, multitud de casas, que forman calles, barrios enteros; tales fueron las de la Plaza de Oriente a la derecha del Real Palacio, las de San Felipe el Real, la Victoria y otros sitios; pero al inter\u00e9s y el buen gusto particular y dem\u00e1s causas indicadas, se uni\u00f3, para fortuna de Madrid, una principal, y fue la feliz coincidencia de una autoridad celosa, que en los a\u00f1os 1834, 35 y 36 estuvo al frente de la administraci\u00f3n municipal, y en quien se vieron felizmente reunidos los conocimientos, el gusto y el prestigio necesarios para entablar un sistema general de mejoras locales, que ha podido despu\u00e9s ser continuado f\u00e1cilmente. No seriamos justos si dej\u00e1ramos pasar esta ocasi\u00f3n sin consignar el tributo de gratitud que todo Madrid rinde a la memoria de su malogrado corregidor <i>don Joaqu\u00edn Vizca\u00edno, marqu\u00e9s viudo de Pontejos<\/i>.<\/p>\n<p>Colocado inopinadamente en 1834 al frente de la Administraci\u00f3n municipal de Madrid, sin salir, como sus antecesores, de las aulas universitarias, de las salas de los Consejos, ni de las antec\u00e1maras del Palacio, antes bien del seno de la parte m\u00e1s culta, ilustrada y vital de nuestra sociedad, conocedor pr\u00e1ctico de las necesidades y deseos de esta, observador diligente de los adelantos de otras naciones, y dotado de una mirada certera y de un instinto de buen gusto, de un don de autoridad irresistible, de una franqueza y caballerosidad de trato singulares, supo romper la cadena de la rutina que ven\u00edan arrastrando los que le precedieron en el mando, sobreponerse a las preocupaciones vulgares, y salvando con incre\u00edble constancia y fuerza de voluntad los innumerables obst\u00e1culos que la ignorancia y la mala fe le opon\u00edan al paso, acert\u00f3 a iniciar y asentar sobre s\u00f3lidas bases el grandioso pensamiento de la reforma material y administrativa de Madrid, que despu\u00e9s han podido continuar sus sucesores sin tanto esfuerzo.<\/p>\n<p>Por desgracia pana esta poblaci\u00f3n, las revueltas pol\u00edticas y las injustas disidencias de los partidos apartaron demasiado pronto de la autoridad a aquel dign\u00edsimo funcionario, el cual, en medio de sus reconocidas y excelentes cualidades de mando, ten\u00eda para aqu\u00e9llos el achaque imperdonable de no pertener a bander\u00eda determinada, limit\u00e1ndose \u00fanicamente a su especialidad administrativa y local.<\/p>\n<p>La numeraci\u00f3n de las casas se reform\u00f3 en su tiempo completamente por el mismo sistema que vinimos proponiendo en nuestro M<small>ANUAL DE<\/small> M<small>ADRID<\/small> de 1831. La rotulaci\u00f3n de las calles igualmente fue reformada; el empedrado y aceras recibieron grandes mejoras en todas las calles principales, y ensay\u00f3 en muchas de ellas los sistemas m\u00e1s modernos y acreditados, colocando tambi\u00e9n las nuevas aceras anchas y elevadas. La limpieza de d\u00eda se empez\u00f3 a verificar con mayor regularidad, y el alumbrado fue tambi\u00e9n completamente establecido, con buenos reverberos, colocados a convenientes distancias. Concluy\u00e9ronse al mismo tiempo varios edificios y monumentos p\u00fablicos, tales como el Colegio de Medicina, el teatro del Circo, cuatro mercados cubiertos, el mausoleo del Dos de Mayo y el obelisco de la fuente Castellana; se formaron nuevas plazas y paseos en lo interior de la villa y en todos sus alrededores; plant\u00e1ronse \u00e1rboles en las plazas y calles principales, y en los caf\u00e9s, tiendas y dem\u00e1s establecimientos p\u00fablicos se empez\u00f3 a desplegar un gusto y elegancia hasta entonces desconocidos.<\/p>\n<p>Si adelantamos a buscar reformas de m\u00e1s importancia, no dejaremos de reconocerlas en gran n\u00famero y de la mayor trascendencia. El albergue de mendicidad de San Bernardino, creado y sostenido por la caridad del pueblo de Madrid; las Salas de asilos o Escuelas de p\u00e1rvulos, instituci\u00f3n ben\u00e9fica, planteada por la Sociedad para mejorar y propagar la educaci\u00f3n del pueblo; la Caja de Ahorros, servida igualmente por otra junta de personas ben\u00e9ficas; la ampliaci\u00f3n y considerable aumento del Monte de Piedad; la formaci\u00f3n y trabajos de la Sociedad para la reforma del sistema carcelario; la de otras sociedades contra los incendios y granizo; las muchas de socorros mutuos que sustituyeron a los montes p\u00edos, y otra multitud de establecimientos \u00fatiles, demuestran bien que no fueron olvidadas, aun en aquellos momentos de v\u00e9rtigo, los sanos principios de una buena administraci\u00f3n; as\u00ed como tambi\u00e9n la reinstalaci\u00f3n de la Sociedad Econ\u00f3mica Matritense, la formaci\u00f3n del Ateneo cient\u00edfico, la del Liceo art\u00edstico y literario, la del Instituto y otras sociedades de est\u00edmulo e instrucci\u00f3n, la apertura del Museo nacional de la Trinidad, la de nuevos espect\u00e1culos, casinos y otros establecimientos de recreo, prueban tambi\u00e9n que se procur\u00f3 infundir en nuestra sociedad aquel grado de cultura y comodidad que exigen ya las necesidades del siglo.<\/p>\n<p class=\"salto10\">El reinado de Isabel II, que propiamente empieza desde 1843, en que fue declarada por las Cortes mayor de edad y empu\u00f1\u00f3 las riendas del Estado, ha sido hasta ahora el m\u00e1s fecundo en prosperidad para, la corte de la monarqu\u00eda, y en \u00e9l se encierra el per\u00edodo de renovaci\u00f3n casi completa de la antigua villa capital.<\/p>\n<p>Los graves sucesos pol\u00edticos acaecidos en este largo per\u00edodo no han influido, por fortuna, en detener el progreso material y social de Madrid, y terminada ya la guerra civil de los siete a\u00f1os, ha podido seguir la marcha civilizadora del siglo, aprovechar los ejemplos de pa\u00edses m\u00e1s adelantados, y remediar en lo posible sus propios errores o desaciertos.<\/p>\n<p>No han faltado, sin embargo, en estos diez y siete a\u00f1os per\u00edodos turbulentos, \u00e9pocas agitadas por las pasiones pol\u00edticas, y en ellas tuvo que pasar Madrid por ser teatro de episodios m\u00e1s o menos tr\u00e1gicos y lamentables; tales fueron los ocurridos en Marzo y Mayo de 1848, a consecuencia de la parodia intentada de la revoluci\u00f3n francesa de Febrero de aquel a\u00f1o; y los m\u00e1s trascendentales a\u00fan del levantamiento general de la naci\u00f3n en 1854, que dio por resultado la violenta desaparici\u00f3n de aquel gobierno, el destierro de la Reina madre, la subida al poder del general Espartero, duque de la Victoria, y comienzo del famoso bienio de 1854 al 56; \u00faltimamente, la contrarrevoluci\u00f3n, que as\u00ed puede llamarse, de este \u00faltimo a\u00f1o, en que tuvo que sufrir Madrid no poco, vi\u00e9ndose bombardeados y ametrallados sus edificios y las barricadas de sus calles, y sujeta la revoluci\u00f3n por la fuerza del Gobierno, a quien casi siempre hab\u00eda logrado aqu\u00e9lla burlar.<\/p>\n<p>Por otro lado ha ofrecido tambi\u00e9n muy diverso aspecto con faustos y memorables sucesos pol\u00edticos, en cuya celebraci\u00f3n ostent\u00f3 su antiguo esplendor. Se\u00f1alemos entre estos \u00faltimos brillantes acontecimientos y festejos los de los \u00faltimos d\u00edas de Marzo de 1844, al regreso de S.\u00a0M. la reina madre do\u00f1a Mar\u00eda Cristina, las espl\u00e9ndidas funciones celebradas con motivo de las Reales bodas de S. M. la reina do\u00f1a Isabel II con su augusto primo, y de S. A. la infanta do\u00f1a Luisa Fernanda con el Sr. Duque de Montpensier, que tuvieron lugar el 10 de Octubre de 1846; las siguientes a que dio ocasi\u00f3n el nacimiento de la infanta, do\u00f1a Isabel, en 20 de Diciembre de 1851, y el del seren\u00edsimo Pr\u00edncipe de Asturias en 29 de Noviembre de 1857, dejar\u00e1n memoria en la presente generaci\u00f3n, y forman en el presente siglo gratos episodios para la capital del reino.<\/p>\n<p>En la tendencia de prosperidad, de fomento de las ciencias, de las artes y de la riqueza del pa\u00eds, general ya y dominante en el nuestro, ha cabido sin duda la gloria de dar la se\u00f1al y los primeros pasos a la capital de la monarqu\u00eda, que por razones pol\u00edticas que se dejan conocer, ejerce hoy en la actual forma de gobierno m\u00e1s influencia, re\u00fane mayor prestigio, y atrae a su centro mayores medios de acci\u00f3n que en los sistemas anteriores. Como queda expuesto, todos los adelantos, todas las mejoras que hab\u00eda experimentado en los siglos pasados el pueblo de Madrid, as\u00ed como los dem\u00e1s del reino, eran obra exclusiva de los monarcas y sus gobiernos; ahora, el mismo pueblo, vivificado, rejuvenecido, y con la conciencia de sus propias fuerzas, es quien se encarga especialmente de desarrollar sus elementos de prosperidad, de ilustraci\u00f3n y de riqueza.<\/p>\n<p>Queda, pues, sentado, en los p\u00e1rrafos anteriores, el principio de aquel movimiento, inaugurado casi al mismo tiempo que la revoluci\u00f3n pol\u00edtica, y desarrollado en medio de sus vaivenes, y en oposici\u00f3n a sus desmanes, hasta un punto que parec\u00eda incre\u00edble y temerario cuando nos atrevimos a indicarle en el recinto de la corporaci\u00f3n municipal en 1846<a href=\"http:\/\/www.publiconsulting.com\/wordpress\/madridantiguo\/back-matter\/notas\/#nt41\" id=\"rf41\"><sup>[41]<\/sup><\/a>; pero precisamente data desde entonces la verdadera restauraci\u00f3n y vida de nuestro Madrid, que hoy presenta una nueva y lisonjera faz.<\/p>\n<p>Desde 1843 dio la se\u00f1al el Gobierno con la inauguraci\u00f3n de obras p\u00fablicas de la mayor importancia, tales como el Palacio del Congreso, la Universidad, los Ministerios, el Teatro Real, el Hospital de la Princesa, la Casa F\u00e1brica de Moneda y los cuarteles. La reina do\u00f1a Isabel\u00a0II, con m\u00e1s decisi\u00f3n y magn\u00e1nimos br\u00edos que sus padres o abuelos, acometi\u00f3 la empresa verdaderamente colosal de terminar el Real Palacio y sus magn\u00edficas avenidas y jardines, que renuevan con notables aumentos las gratas memorias del rom\u00e1ntico <i>Parque<\/i>, c\u00e9lebre en las comedias de Lope y Calder\u00f3n. La municipalidad matritense (aunque siempre rezagada por la escasez de medios y otras causas) procur\u00f3 en lo posible corresponder a aquella voz de orden, terminando y decorando convenientemente la hermosa Plaza Mayor, formando y regularizando otras calles y plazas, adoptando un buen empedrado de adoquines, el alumbrado de gas, y mejor y m\u00e1s frecuente sistema de limpieza; abriendo nuevos, c\u00f3modos y hasta bell\u00edsimos paseos, tales como el de la fuente Castellana, la cuesta de la Vega y otros, y haciendo levantar un excelente <i>plano geom\u00e9trico<\/i> de Madrid para su futura y progresiva regularizacion y belleza. Y el inter\u00e9s privado, en fin, siguiendo inmediatamente las huellas de la administraci\u00f3n y el instinto de un buen c\u00e1lculo, acudi\u00f3 sol\u00edcito a donde \u00e9ste le llamaba, y renov\u00f3 casi instant\u00e1neamente calles, barrios, distritos enteros, d\u00e1ndoles con las nuevas construcciones un aspecto brillante y lisonjero. La bella plaza de Oriente, las de Bilbao y del Progreso, los distritos del Barquillo, del Congreso y de Recoletos, y \u00faltimamente la nueva Puerta del Sol y calles adyacentes, han hecho surgir un nuevo Madrid sobre las ruinas del antiguo. El elegante caser\u00edo de estos nuevos distritos y de la mayor parte de las calles de la capital; la creaci\u00f3n en ella y en sus inmediaciones de f\u00e1bricas de suma importancia, de numerosos establecimientos ben\u00e9ficos, cient\u00edficos; literarios, industriales y mercantiles; los ya muy importantes arrabales; y m\u00e1s que todo, el aumento considerable de la poblaci\u00f3n, casi duplicada en lo que va de siglo, y que hoy se eleva a 300.000 almas pr\u00f3ximamente, hacen ya necesaria y urgente una considerable <i>ampliaci\u00f3n<\/i>, que aunque no tan extensa quiz\u00e1s como la propuesta, decretada y mandada llevar a cabo en este mismo a\u00f1o, ser\u00e1 para el Madrid actual lo que fueron las de los siglos <small>XIII<\/small> y <small>XVI<\/small> para el anterior.<\/p>\n<p>Para dar a este engrandecimiento motivado de Madrid condiciones de estabilidad y firmeza, y elevar a la capital del reino al grado de comodidad y de importancia que requiere el estado de la naci\u00f3n, y el suyo propio, falt\u00e1banle s\u00f3lo dos circunstancias vitales, cuales eran la <i>abundancia de aguas<\/i> con que atender suficientemente a las infinitas necesidades de una poblaci\u00f3n creciente, rica, industrial y productora; y la <i>rapidez de sus comunicaciones<\/i> con las diversas provincias, costas y fronteras del reino. Ambas cuestiones han sido ventajosamente resueltas en estos \u00faltimos a\u00f1os, y Madrid, que cuenta ya en su seno una poblaci\u00f3n numerosa y creciente, una influencia pol\u00edtica decisiva como capital del reino, una riqueza considerable en propiedad, en industria y en comercio, puede tambi\u00e9n prometerse el s\u00f3lido desarrollo de todas estas ventajas, con la desaparici\u00f3n de los dos inconvenientes u obst\u00e1culos que antes se opon\u00edan a todos sus planes de mejora, y a asegurarla su puesto como corte y capital del reino.<\/p>\n<p>El magn\u00edfico canal de Isabel II, que conduce a esta villa en abundoso raudal las aguas del Lozoya, y la red de los ferrocarriles, que la enlazan ya con los puertos del Mediterr\u00e1neo y muy pronto lo har\u00e1n con los del Oc\u00e9ano y con nuestras fronteras terrestres, han variado radicalmente nuestras condiciones de vida, nuestra raz\u00f3n de ser, como ahora se dice. El silbido de la locomotora, que escuch\u00f3 Madrid por la primera vez el d\u00eda 9 de Febrero de 1850, y el inmenso grito de regocijo con que salud\u00f3, el 24 de Junio de 1858, la llegada a sus muros de las aguas del Lozoya, son, pues, los dos sucesos cl\u00e1sicos verdaderamente decisivos para el Madrid del siglo\u00a0<small>XIX<\/small>.<\/p>\n<p>Con ellos terminamos aqu\u00ed esta breve rese\u00f1a de su historia moderna: y al recorrer las imperfectas l\u00edneas que dejamos trazadas, no podr\u00e1 menos de convenirse en que s\u00f3lo a Carlos\u00a0III parece que le ocurri\u00f3 el pensamiento de que Madrid era <i>su corte<\/i>, y que s\u00f3lo en el reinado de Isabel II ha ca\u00eddo el propio Madrid en la cuenta de que es la capital de la monarqu\u00eda.<\/p>\n<p>Pero al revestirse de este nuevo manto purp\u00fareo y verdaderamente imperial, al ascender de hecho al primer puesto entre nuestras poblaciones y a uno de los m\u00e1s importantes entre las capitales de Europa, la morisca villa <i>del Oso y el Madro\u00f1o<\/i> no puede menos de imponerse el sensible sacrificio de ver desaparecer hasta los \u00faltimos restos de su vieja fisonom\u00eda. Llegado, pues, con el trascurso del tiempo, este plazo fatal, perm\u00edtasenos que, como hijos de esta villa, entusiastas por ella, y dedicados por afici\u00f3n a su estudio, nos apresuremos a recoger y consignar algunos recuerdos de su antigua condici\u00f3n, algunas p\u00e1ginas de su gloriosa historia; y todo ello antes que estos restos materiales se alejen para siempre de nuestra vista, o se olviden por completo de nuestra memoria.<\/p>\n<p>Tal es el objeto que nos gui\u00f3 en los paseos hist\u00f3ricos por el antiguo Madrid, que vamos a ofrecer a nuestros lectores.<\/p>\n<hr \/>\n<p>Aqu\u00ed termin\u00e1bamos en 1860 esta rese\u00f1a hist\u00f3rica y topogr\u00e1fica de Madrid. Desde entonces y en los veinte a\u00f1os transcurridos se ha operado una completa transformaci\u00f3n en el caser\u00edo de la villa, que ha duplicado en per\u00edmetro y en poblaci\u00f3n; viendo desaparecer hasta los \u00faltimos restos de su antigua fisonom\u00eda.<\/p>\n","protected":false},"author":1,"menu_order":1,"template":"","meta":{"pb_show_title":"on","pb_short_title":"","pb_subtitle":"","pb_authors":[],"pb_section_license":""},"chapter-type":[],"contributor":[],"license":[],"class_list":["post-30","chapter","type-chapter","status-publish","hentry"],"part":3,"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.publiconsulting.com\/wordpress\/madridantiguo\/wp-json\/pressbooks\/v2\/chapters\/30","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.publiconsulting.com\/wordpress\/madridantiguo\/wp-json\/pressbooks\/v2\/chapters"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.publiconsulting.com\/wordpress\/madridantiguo\/wp-json\/wp\/v2\/types\/chapter"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.publiconsulting.com\/wordpress\/madridantiguo\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"version-history":[{"count":8,"href":"https:\/\/www.publiconsulting.com\/wordpress\/madridantiguo\/wp-json\/pressbooks\/v2\/chapters\/30\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":208,"href":"https:\/\/www.publiconsulting.com\/wordpress\/madridantiguo\/wp-json\/pressbooks\/v2\/chapters\/30\/revisions\/208"}],"part":[{"href":"https:\/\/www.publiconsulting.com\/wordpress\/madridantiguo\/wp-json\/pressbooks\/v2\/parts\/3"}],"metadata":[{"href":"https:\/\/www.publiconsulting.com\/wordpress\/madridantiguo\/wp-json\/pressbooks\/v2\/chapters\/30\/metadata\/"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.publiconsulting.com\/wordpress\/madridantiguo\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=30"}],"wp:term":[{"taxonomy":"chapter-type","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.publiconsulting.com\/wordpress\/madridantiguo\/wp-json\/pressbooks\/v2\/chapter-type?post=30"},{"taxonomy":"contributor","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.publiconsulting.com\/wordpress\/madridantiguo\/wp-json\/wp\/v2\/contributor?post=30"},{"taxonomy":"license","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.publiconsulting.com\/wordpress\/madridantiguo\/wp-json\/wp\/v2\/license?post=30"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}