{"id":35,"date":"2018-03-20T12:15:57","date_gmt":"2018-03-20T12:15:57","guid":{"rendered":"http:\/\/www.publiconsulting.com\/wordpress\/madridantiguo\/chapter\/__unknown__-5\/"},"modified":"2018-03-20T17:40:49","modified_gmt":"2018-03-20T17:40:49","slug":"el-alcazar","status":"publish","type":"chapter","link":"https:\/\/www.publiconsulting.com\/wordpress\/madridantiguo\/chapter\/el-alcazar\/","title":{"rendered":"I. El Alc\u00e1zar"},"content":{"raw":"El primer car\u00e1cter de aquella vetusta f\u00e1brica, origen de la importancia hist\u00f3rica y pol\u00edtica, cuando no de la fundaci\u00f3n de esta villa, fue sin duda el mismo que el de tantas fortalezas con que poblaron los moros las crestas de nuestras monta\u00f1as, con el objeto de atender\u00e1 la defensa y dominaci\u00f3n de las poblaciones vecinas. Esto indican claramente su situaci\u00f3n topogr\u00e1fica, su destino primitivo, y hasta su nombre mismo de <i>Al-cassar<\/i>, gen\u00e9rico, entre los \u00e1rabes, de esta clase de construcciones. Muchos de los autores apreciables de la historia de Madrid atribuyen, sin embargo, su fundaci\u00f3n a \u00e9poca m\u00e1s cercana, despu\u00e9s de la conquista de esta villa por las armas de Alfonso\u00a0VI; y de todos modos, parece seguro que a mediados del siglo <small>XIV<\/small>, el rey D. Pedro de Castilla verific\u00f3 en esta fortaleza una completa reedificaci\u00f3n y ampliaci\u00f3n, d\u00e1ndola mayor importancia, de que muy luego pudo hacer alarde en defensa suya y contra las huestes de su competidor y hermano, D. Enrique de Trastamara, que cercaron a Madrid en 1369, y le ocuparon s\u00f3lo por la traici\u00f3n de un paisano que ten\u00eda dos torres a su cargo; a pesar de la heroica defensa del Alc\u00e1zar, hecha por los Vargas y Luzones, caballeros principales de esta villa.\r\n\r\nAnteriormente a esta \u00e9poca, la Historia refiere que todos, o casi todos, los monarcas de Castilla y Le\u00f3n residieron largas temporadas en Madrid; desde D.\u00a0Fernando el Magno (que suponen algunos la conquist\u00f3 primitivamente en 1047, para abandonarla despu\u00e9s, y que recibi\u00f3 en ella visita de Almenon, rey moro de Toledo) y Alfonso VI, su verdadero restaurador en 1086, hasta D. Alfonso XI, padre del mismo rey D. Pedro; seg\u00fan m\u00e1s pormenor indicamos en la <i>Rese\u00f1a hist\u00f3rica<\/i> que precede a estos <i>paseos<\/i>. Pero lo que no dicen los historiadores, ni consta de ninguna manera, es que dichos monarcas hicieran su residencia en el Alc\u00e1zar, ni se trata de \u00e9l como mansi\u00f3n Real, sino s\u00f3lo como defensa formidable en todas ocasiones; ya contra las acometidas que a los pocos a\u00f1os de la reconquista hizo contra Madrid, en 1109, el rey de los Almor\u00e1vides Tejufin, y que resistieron victoriosamente los habitantes, encerrados en el Alc\u00e1zar, rechazando al ej\u00e9rcito marroqu\u00ed, que hab\u00eda llegado a sentar sus reales en el sitio que aun se llama el <i>Campo del Moro<\/i>; ya en las funestas revueltas interiores de los reinados sucesivos, hasta la misma guerra fratricida de D. Pedro y D. Enrique. Lo m\u00e1s probable es suponer que aquellos monarcas habitar\u00edan en el palacio que parece existi\u00f3 sobre el sitio mismo en que m\u00e1s tarde fue fundado el monasterio de las Descalzas Reales (al que sin duda hacen referencia los <i>Fueros de Madrid<\/i> en principios del siglo <small>XIII<\/small>, cuando establecen distinci\u00f3n entre el <i>Palacio<\/i> y el <i>castiello<\/i>), y que s\u00f3lo en tiempo de D. Pedro y D. Enrique, y a consecuencia de las notables obras verificadas por ellos, pudo el Alc\u00e1zar servir de mansi\u00f3n a los reyes de Castilla. De todos modos, la Historia no hace menci\u00f3n de este Alc\u00e1zar sino como fortaleza, y \u00fanicamente cuando en 1389, reinando D. Juan I, expidi\u00f3 privilegio concediendo a don Le\u00f3n V, rey de Armenia, el se\u00f1or\u00edo de Madrid y de otros pueblos, se escribe que dicho se\u00f1or residi\u00f3 en nuestra villa durante dos a\u00f1os, confirm\u00f3 sus fueros y privilegios, y <i>reedific\u00f3 las torres del Alc\u00e1zar<\/i>, en que se cree pudo habitar.\r\n<p class=\"ilustrafull\"><img alt=\"\" src=\"http:\/\/www.publiconsulting.com\/wordpress\/madridantiguo\/wp-content\/uploads\/sites\/69\/2018\/03\/01.jpg\" \/><\/p>\r\n<p class=\"ilustrafull\"><img alt=\"\" src=\"http:\/\/www.publiconsulting.com\/wordpress\/madridantiguo\/wp-content\/uploads\/sites\/69\/2018\/03\/02.jpg\" \/><\/p>\r\nAl a\u00f1o siguiente (1390) muri\u00f3 D. Juan I, dejando por heredero a su hijo D.\u00a0Enrique (tercero de este nombre), ni\u00f1o de poca edad, y a la saz\u00f3n en esta villa, donde luego fue aclamado por rey de Castilla antes que en ninguna otra ciudad del reino. Durante la minor\u00eda de don Enrique tuvieron lugar las largas y complicadas turbulencias que agitaron a Castilla (y a Madrid muy particularmente), hasta que en 1394, y contando ya Enrique catorce a\u00f1os, las Cortes del Reino, reunidas en esta villa, en la iglesia del monasterio de San Mart\u00edn, le declararon mayor de edad y tom\u00f3 las riendas del Gobierno. De este monarca, que residi\u00f3 en Madrid la mayor parte de su breve reinado, se sabe ya con alguna seguridad que se aposent\u00f3 alguna vez en el Alc\u00e1zar, celebr\u00f3 en \u00e9l sus bodas con la infanta D.\u00aa Catalina, y recibi\u00f3 los embajadores del Papa y de los reyes de Francia, de Arag\u00f3n y de Navarra; por \u00faltimo, dice la Historia que hizo en el mismo Alc\u00e1zar grandes obras, y nuevas y fuertes torres para depositar bus tesoros, fundando, adem\u00e1s, para bu recreo la casa fuerte y el Real Sitio del Pardo, a dos leguas de Madrid.\r\n\r\nA la inesperada y temprana muerte de D.\u00a0Enrique <i>el Doliente<\/i>, ocurrida en Toledo en 1406, qued\u00f3 aclamado por su sucesor su hijo D. Juan el Segundo, a la tierna edad de catorce meses, bajo la tutela de la reina viuda D.\u00aa Catalina y de su t\u00edo el infante D. Fernando, rey de Arag\u00f3n, apellidado <i>el de Antequera<\/i>, quienes en la larga minor\u00eda de doce a\u00f1os condujeron con talento y patriotismo la dif\u00edcil gobernaci\u00f3n del reino, hasta que, habiendo sido proclamado D. Fernando rey de Arag\u00f3n, y falleciendo do\u00f1a Catalina, la reina viuda, en 1418, D. Juan, llegado a la mayor edad, y habiendo contra\u00eddo matrimonio con su prima D.\u00aa Mar\u00eda, hija del difunto D. Fernando, vino con su esposa a Madrid, para donde convoc\u00f3 las Cortes del Reino, que se abrieron en el Real Alc\u00e1zar, el d\u00eda 10 de Marzo de 1419. La cr\u00f3nica hace larga menci\u00f3n de esta asamblea, describiendo prolijamente la ceremonia y ostentaci\u00f3n con que se verific\u00f3 su solemne apertura <i>en la sala rica del Alc\u00e1zar<\/i>, con asistencia del rey D. Juan, de los infantes de Arag\u00f3n, de los arzobispos de Toledo, Santiago y Sevilla, otros muchos prelados y todas las altas dignidades del reino; estampa el discurso dirigido al Rey por el Arzobispo de Toledo, y la contestaci\u00f3n de aqu\u00e9l, y presenta, en fin, en este Real Alc\u00e1zar el primer cuadro digno de la grandeza y majestad de los monarcas de Castilla.\r\n\r\nOtros varios, de no menor importancia, ofreci\u00f3 m\u00e1s adelante la po\u00e9tica y caballeresca corte de D.\u00a0Juan, y muy especialmente durante la privanza del c\u00e9lebre condestable D. \u00c1lvaro de Luna, que habitaba cerca del Alc\u00e1zar, en las casas de \u00c1lvarez de Toledo, se\u00f1or de Villafranca, que estaban hacia la calle de Santiago, en el terreno donde despu\u00e9s se fund\u00f3 el convento de Santa Clara. Las cr\u00f3nicas describen las famosas justas, saraos y diversiones celebradas en Madrid por aquel tiempo, siendo mantenedores el mismo D. \u00c1lvaro y otros magnates, as\u00ed como el suntuoso fest\u00edn con motivo del nacimiento de un hijo de \u00e9ste, de que fue padrino el mismo Rey. Pero, como m\u00e1s contra\u00edda al Alc\u00e1zar, no podemos dejar pasar otra solemnidad, que expresa detalladamente la cr\u00f3nica de don Juan, y es la relaci\u00f3n de la solemne embajada del Rey de Francia, recibida por \u00e9l en Madrid.\r\n\r\n\u00abVinieron all\u00ed (dice la cr\u00f3nica) embajadores del Rey Charles de Francia, los cuales eran el arzobispo de Tolosa, que se llamaba D.\u00a0Luis de Molin; i un caballero senescal de Tolosa, llamado Mosen Juan de Moncays: i como el Rey supo de su venida, mand\u00f3 que el condestable i todos los otros condes i caballeros i perlados que en su corte estaban los salieran a rescebir, i salieron cerca de una legua i vinieron con ellos al palacio que era ya cerca de la noche, i hallaron al Rey en una gran sala del Alc\u00e1zar de Madrid, acompa\u00f1ado de muy noble gente, donde hab\u00eda colgados seis antorcheros con cada cuatro antorchas, i mand\u00f3 el Rey que saliesen veinte de sus donceles con sendas antorchas a los rescebir a la puerta. El Rey estaba en su estrado alto, assentado en su silla guarnida debajo de un rico dosel de brocado carmes\u00ed, la casa toldada de rica tapicer\u00eda <i>y ten\u00eda a los pies un muy gran leon manso con collar de brocado<\/i>, que fue cosa muy nueva para los embajadores de que mucho se maravillaron, i el Rey se levant\u00f3 a ellos y les hizo muy alegre recibimiento y el <i>Arzobispo comenz\u00f3 de dudar con temor del leon<\/i>. El Rey le dijo que llegase i luego lleg\u00f3 i abraz\u00f3lo i el senescal quiso besar la mano al Rey i pidi\u00f3selo; i el Rey no se la quiso dar i abraz\u00f3lo con muy graciosa cara i mand\u00f3 que se acercasen los embajadores i asi se asentaron en dos escabeles con sendas almohadas de seda que el Rey les mand\u00f3 poner, el uno de la una parte i el otro de la otra, apartados del Rey cuanto una braza. El Rey les pregunt\u00f3 las nuevas del Rey de Francia su hermano, y de algunos graneles se\u00f1ores del reino, y o\u00eddas nuevas que les dijeron el Rey mand\u00f3 traer colaci\u00f3n, la cual se dio tal como convenia en sala de tan gran pr\u00edncipe y de tales embajadores. Suplicaron al Rey que les mandase asignar d\u00eda para explicar su embajada, el Rey les asign\u00f3 para el mi\u00e9rcoles siguiente, etc.\u00bb<a href=\"http:\/\/www.publiconsulting.com\/wordpress\/madridantiguo\/back-matter\/notas\/#nt42\" id=\"rf42\"><sup>[42]<\/sup><\/a>.\r\n\r\nAsist\u00edan a esta embajada el condestable D.\u00a0\u00c1lvaro de Luna, D. Enrique de Villena, t\u00edo del Rey; los condes de Benavente y de Casta\u00f1eda, el adelantado Pero Manrique, el arzobispo de Toledo D. Juan de Cerezuela, D. Pedro de Castilla, t\u00edo del Rey: obispo de Osma, y todos los altos se\u00f1ores de su Consejo.\r\n\r\nOtras varias ceremonias no menos solemnes celebr\u00f3 en el Alc\u00e1zar de Madrid aquel ilustrado monarca, tales como la reuni\u00f3n de Cortes, la recepci\u00f3n del embajador del Pont\u00edfice, que le trajo la rosa de oro bendecida por el mismo Papa en 1435, y otras, hasta que las rebeliones de los grandes, de los infantes de Arag\u00f3n, y de su propio hijo D.\u00a0Enrique, ennegrecieron los \u00faltimos a\u00f1os de su reinado, que termin\u00f3, con su vida, en Valladolid, el 21 de Julio de 1454.\r\n\r\nA los tiempos po\u00e9ticos y caballerescos de D.\u00a0Juan el Segundo sucedieron los m\u00edseros y fatales de ese mismo D. Enrique IV, su hijo, que tan larga y completa expiaci\u00f3n hab\u00eda de sufrir de los desmanes y rebeld\u00edas que \u00e9l mismo Labia tramado contra su padre, de los desarreglos de su juventud, de la infidelidad y torpeza de su conducta en toda la vida. Hall\u00e1base ya a la edad de veinte y siete a\u00f1os cuando ci\u00f1\u00f3 la corona, y divorciado de su primera mujer, do\u00f1a Blanca de Navarra, contrajo nuevo matrimonio con la hermosa infanta de Portugal do\u00f1a Juana, en 1455, conduci\u00e9ndola luego al real Alc\u00e1zar de Madrid, donde se celebraron con este motivo se\u00f1aladas fiestas, entre otras, por cierto una singular de cierta cena espl\u00e9ndida ofrecida a los Reyes y a la corte por el Arzobispo de Sevilla (no sabemos en qu\u00e9 casa moraba), cuyo \u00faltimo servicio consisti\u00f3 <i>en dos bandejas de anillos de oro con piedras preciosas<\/i> para que la Peina y sus damas escogiesen las de su gusto; galante demostraci\u00f3n, que as\u00ed demuestra la cortesan\u00eda del buen prelado, como la corrupci\u00f3n de aquella corte voluptuosa. Enrique, dotado de un temperamento ardiente, y dado a los placeres sensuales, daba el ejemplo con sus extrav\u00edos; y en prueba de ello, refieren las historias que, a pesar de hallarse reci\u00e9n casado con la hermosa do\u00f1a Juana de Portugal, no puso coto a ellos; antes bien se dej\u00f3 arrastrar de una vehemente pasi\u00f3n Lacia una de las damas que acompa\u00f1aban a la Reina, llamada do\u00f1a Guiomar de Castro, a quien suponen tambi\u00e9n muy bella; y queri\u00e9ndola obsequiar cierto d\u00eda, dispuso una corrida de toros en la plaza delante del Alc\u00e1zar de Madrid. Sabedora la Reina del objeto de aquella fiesta, prohibi\u00f3 a todas sus damas asomarse a las ventanas del Alc\u00e1zar; pero esta orden fue escandalosamente infringida por la orgullosa favorita, que la presenci\u00f3 desde una de ellas. Indignada la Reina, la esper\u00f3 al pasar cierta escalera, y acometi\u00e9ndola bruscamente, la azot\u00f3 con un chap\u00edn. A los gritos de do\u00f1a Guiomar acudi\u00f3 presuroso el Rey, e interponi\u00e9ndose entre ambas, lanz\u00f3 violentamente a la Reina y protegi\u00f3 a do\u00f1a Guiomar, con quien luego continu\u00f3 en criminales relaciones, coloc\u00e1ndola en una magn\u00edfica quinta o casa de campo que hab\u00eda hecho construir cerca de Valdemorillo, a corta distancia de Madrid, adonde iba a visitarla con frecuencia.\r\n\r\nYa por entonces andaba en auge la privanza con el Rey del antiguo paje de lanza, despu\u00e9s mayordomo mayor y duque de Alburquerque, <i>D.\u00a0Beltr\u00e1n de la Cueva<\/i>, y este profundo cortesano y favorito, interesado por m\u00e1s de un motivo en embriagar a la corte y al Monarca en el humo de los festines, preparaba y dirig\u00eda incomparables fiestas, entre las cuales sobresale la del famoso <i>Paso honroso<\/i>, defendido por el mismo D. Beltr\u00e1n en el camino del Pardo, con el objeto aparente de obsequiar a los embajadores del Duque de Breta\u00f1a, aunque hay quien supone que con el verdadero de manifestar su destreza y gallard\u00eda a los ojos de la reina do\u00f1a Juana. La descripci\u00f3n de esta magn\u00edfica fiesta, y de los saraos y festines celebrados con este motivo en los alc\u00e1zares de Madrid y del Pardo, ocupa algunas p\u00e1ginas de los anales madrile\u00f1os, y asombra todav\u00eda por su inmenso coste y magnificencia; pero es tan conocida, que creemos excusado reproducirla aqu\u00ed.\r\n\r\nHacia fines del a\u00f1o 1461, hall\u00e1ndose en Aranda la reina do\u00f1a Juana, muy adelantada en su pre\u00f1ez, la hizo Enrique conducir a Madrid en silla do manos o <i>andas<\/i>, como entonces se dec\u00eda, saliendo a recibirla a larga distancia; y haci\u00e9ndola subir con cari\u00f1osa solicitud <i>a las ancas de su mula<\/i>, la condujo de este modo al Alc\u00e1zar, entre las m\u00e1s expresivas aclamaciones de los fieles madrile\u00f1os.\r\n\r\nEn \u00e9l, pues, naci\u00f3 a pocos d\u00edas la desdichada princesa do\u00f1a Juana, a quien m\u00e1s adelante los grandes y los pueblos rebelados contra Enrique apellidaron con el fatal ep\u00edteto de la <i>Beltraneja<\/i>, as\u00ed como a \u00e9l mismo le designaron con el no menos injurioso de <i>el Impotente<\/i>. Si ambas calificaciones vulgares, que ha consagrado la Historia; si el desarreglo que supone \u00e9sta en la conducta de do\u00f1a Juana, fueron o no ciertos, o gratuitas invenciones de los grandes sus enemigos, y partidarios de los infantes don Alonso y do\u00f1a Isabel, es lo que no ha aclarado a\u00fan la Historia.\r\n\r\nA nuestro objeto cumple s\u00f3lo consignar que en este propio Alc\u00e1zar fue m\u00e1s adelante presa y custodiada la misma do\u00f1a Juana, en castigo de su supuesta liviandad: que tambi\u00e9n lo fue en 1465, en una de sus torres, el alcaide Pedro Munzares, y el propio Enrique se vio en \u00e9l asaltado, perseguido, reducido a esconderse en un retrete, y sufrir una de tantas humillaciones con que empa\u00f1\u00f3 el brillo de la corona de Castilla, y que le condujeron hasta el extremo de reconocer su impotencia y la ilegitimidad de su propia hija.\r\n\r\nEste desdichado monarca falleci\u00f3 en este mismo Alc\u00e1zar, que con su menguada conducta hab\u00eda por tanto tiempo profanado.\r\n\r\nA su muerte subi\u00f3 al trono de Castilla su hermana la infanta do\u00f1a Isabel, casada ya con el pr\u00edncipe D.\u00a0Fernando de Arag\u00f3n; pero esto no aconteci\u00f3 sin que por parte del vecindario de Madrid y de otros pueblos, que lamentaban la injusta exclusi\u00f3n de la princesa do\u00f1a Juana, y eran fieles al derecho leg\u00edtimo que ella reclamaba, no opusiese una larga y obstinada resistencia, y especialmente en el Alc\u00e1zar de Madrid, defendido por cuatrocientos hombres valerosos, y que s\u00f3lo al cabo de dos meses de sitio vigoroso logr\u00f3 rendir el Duque del Infantado, que mandaba las tropas de Isabel.\r\n\r\nLos Reyes Cat\u00f3licos no hicieron su entrada solemne en Madrid hasta 1477; pero consta que por entonces residieron en las casas de D.\u00a0Pedro Laso de Castilla, en la plazuela de San Andr\u00e9s, y no en el Alc\u00e1zar, en donde tampoco pararon m\u00e1s adelante su hija do\u00f1a Juana y el archiduque, despu\u00e9s rey, D. Felipe I.\r\n\r\nLos Reyes Cat\u00f3licos, sin embargo, debieron morar en otras ocasiones en el Alc\u00e1zar, y durante ellas, \u00a1qu\u00e9 espect\u00e1culo tan diverso ofrec\u00eda \u00e9ste, en contraste con el que presentara en tiempo de su infeliz hermano! \u00a1Qu\u00e9 cuadro tan sublime de majestad, de grandeza y de virtud, y c\u00f3mo supieron purgar aquel augusto recinto de los miasmas pestilentes de que estaba impregnado! Oigamos, para convencernos de ello, al celoso coronista matritense Gonzalo Fern\u00e1ndez de Oviedo, que en su ya citada obra de <i>Las Quincuagenas<\/i>, traza este cuadro majestuoso, como testigo ocular, en estas palabras dignas y reposadas:\r\n\r\n\u00abAcuerd\u00f3me verla en el <i>Alc\u00e1zar de Madrid<\/i>, con el Cat\u00f3lico rey D.\u00a0Fernando, Quinto de tal nombre, su marido, sentados p\u00fablicamente por tribunal todos los viernes, dando audiencia a chicos e grandes cuantos quer\u00edan pedir justicia, et a los lados en el mismo estrado alto (al cual sub\u00edan cinco o seis gradas), en aquel espacio fuera del cielo del dosel, estaba un banco de cada parte, en que estaban sentados doce oidores del consejo de la justicia, e el presidente de dicho consejo Real, e de pi\u00e9 estaba un escribano de los del consejo llamado Casta\u00f1eda, que le\u00eda p\u00fablicamente las peticiones; al pi\u00e9 de dichas gradas testaba otro escribano del consejo, que en cada petici\u00f3n anotaba lo que se prove\u00eda, e a los costados de aquella mesa donde estas peticiones pasaban, estaban de pi\u00e9 seis ballesteros de maza; a la puerta de la sala de esta audiencia Real estaban los porteros, que libremente dejaban entrar (e as\u00ed lo hab\u00edan mandado) a todos los que quer\u00edan dar peticiones, et los alcaldes de corte estaban all\u00ed para lo que conven\u00eda o se hab\u00eda de remitir o consultar con ellos\u00bb<a href=\"http:\/\/www.publiconsulting.com\/wordpress\/madridantiguo\/back-matter\/notas\/#nt43\" id=\"rf43\"><sup>[43]<\/sup><\/a>.\r\n\r\nA la muerte de do\u00f1a Isabel ocurrieron grandes turbulencias en el gobierno del reino, y todav\u00eda figura en ellas el Alc\u00e1zar como fortaleza, hasta que quedaron aqu\u00e9llas terminadas en las Cortes reunidas en San Jer\u00f3nimo del Prado en 1509, con el juramento del rey D.\u00a0Fernando de gobernar como administrador de su hija y como tutor de su nieto D. Carlos.\r\n\r\nEste, el Emperador, proclamado en Madrid por los regentes del reino, no hall\u00f3, sin embargo, en un principio grande adhesi\u00f3n entre los madrile\u00f1os, que abrazaron en su mayor\u00eda la causa de las Comunidades y ofrecieron una formidable resistencia a las huestes imperiales <i>en el Alc\u00e1zar de esta villa<\/i>, de que se hab\u00edan apoderado, aunque tenazmente defendido por la esposa de Francisco de Vargas, su alcaide, a la saz\u00f3n ausente. Apencados al fin los comuneros, vino a Madrid el Emperador, y habiendo tenido la suerte de curarse en \u00e9l de unas pertinaces cuartanas que padec\u00eda, cobro grande afici\u00f3n a esta villa, residi\u00f3 siempre que pudo en ella, y, sin duda con el pensamiento de fijar ya decididamente su corte, emprendi\u00f3 la reedificaci\u00f3n del Alc\u00e1zar, quit\u00e1ndole su antiguo car\u00e1cter de fortaleza y levantando sobre sus ruinas un verdadero palacio Real.\r\n\r\nNo consta, sin embargo, ni era posible, que Carlos\u00a0V residiese, siempre que estuvo en Madrid, en el Alc\u00e1zar, cuya reedificaci\u00f3n \u00e9l mismo emprendi\u00f3; antes bien se afirma que sol\u00eda morar en el palacio ya dicho, que ocupaba la misma \u00e1rea que hoy el monasterio de las Descalzas Reales; en \u00e9l, por lo menos, naci\u00f3 su hija do\u00f1a Juana, fundadora despu\u00e9s de aquel monasterio, madre de don Sebasti\u00e1n de Portugal, y Quintana asegura que antes de partir el Emperador a la toma de T\u00fanez, se aposent\u00f3 en las casas del secretario Juan de Vozmediano, frente a Santa Mar\u00eda, y que luego que march\u00f3, se pas\u00f3 la Emperatriz con el pr\u00edncipe D. Felipe a las que fueron de Alonso Guti\u00e9rrez (hoy Monte de Piedad), que eran anejas al palacio ya citado.\r\n\r\nHall\u00e1ndose el Emperador en Madrid por los a\u00f1os 1524, recibi\u00f3 la nueva de que el Marqu\u00e9s de Pescara, estando sobre Pav\u00eda, hab\u00eda obtenido una se\u00f1alada victoria contra el ej\u00e9rcito franc\u00e9s y hecho prisionero a su rey Francisco. El Emperador manifest\u00f3 en tan dichosa ocasi\u00f3n la misma serenidad y grandeza de \u00e1nimo que otras veces ostent\u00f3 en la desgracia, y sin hablar palabra, se entr\u00f3 en el oratorio de su Real Alc\u00e1zar a dar gracias al Se\u00f1or por el triunfo de sus armas. La villa de Madrid solicit\u00f3 el permiso de S.\u00a0M. para entregarse a p\u00fablicos regocijos; pero Carlos no lo consinti\u00f3, diciendo que <i>no era victoria ganada a los enemigos de la fe<\/i>. Luego envi\u00f3 orden para que pasasen a N\u00e1poles al Rey su prisionero; pero como \u00e9ste solicitase que le trajesen a Espa\u00f1a, fiando en la visita del C\u00e9sar la libertad de su persona, vino en ello el Emperador, y en su consecuencia, desembarc\u00f3 en Barcelona el rey franc\u00e9s, y pasando por Valencia, lleg\u00f3 a esta capital.\r\n\r\nSu primera mansi\u00f3n en ella fue en la torro de la casa que llaman <i>de Lujan<\/i>, en la plazuela del Salvador, hoy de la Villa, y a poco tiempo fue trasladado a un aposento del Real Alc\u00e1zar, dispens\u00e1ndole el tratamiento deludo a su alta jerarqu\u00eda. All\u00ed recibi\u00f3 varios mensajes del Emperador, que estaba en Toledo, haci\u00e9ndole varias propuestas convenientes para el arreglo de la paz y restituirle a la libertad; pero como en ellas insistiese Carlos en la devoluci\u00f3n del ducado de Borgo\u00f1a, y el Rey de Francia en la negativa, las negociaciones se dilataban, y la paz no llegaba a realizarse. Francisco\u00a0I, en la dura alternativa de morir en su prisi\u00f3n, o deshonrarse aceptando condiciones que cre\u00eda humillantes, viv\u00eda triste y abatido, aguardando de d\u00eda en d\u00eda la visita del Emperador, y esperando que, entendi\u00e9ndose con \u00e9l personalmente, conseguirla un rescate menos oneroso; pero en vano esperaba, porque Carlos, temiendo sin duda ceder a los impulsos de su generosidad, envi\u00f3le a decir que no le ver\u00eda hasta tanto que las estipulaciones se hallasen terminadas. Esta noticia produjo en el Rey de Francia una desesperaci\u00f3n tal, que cay\u00f3 peligrosamente enfermo, y Hernando de Alarc\u00f3n, que ten\u00eda la persona del Rey en su guarda, despach\u00f3 un posta al Emperador, que estaba en el lugar de San Agust\u00edn, d\u00e1ndole aviso de la gravedad del accidente del Rey de Francia, que ofrec\u00eda poca esperanza de vida, y que, para alivio de su mal, no ped\u00eda otra cosa que el que Su Majestad Ces\u00e1rea le viese.\r\n\r\nEl Emperador parti\u00f3 luego en posta a Madrid, y lleg\u00f3 en aquella misma noche (28 de Setiembre de 1525), y aposent\u00e1ndose en el Alc\u00e1zar, pas\u00f3 inmediatamente a la habitaci\u00f3n del Rey franc\u00e9s. Cuando \u00e9ste le vio entrar en ella, se incorpor\u00f3 con viveza en su lecho, y con tono enf\u00e1tico le dijo: <i>\u00ab\u00bfVen\u00eds a ver si la muerte os desembarazar\u00e1 pronto de vuestro prisionero? No sois mi prisionero (respondi\u00f3 prontamente Carlos), sino mi hermano y mi amigo, y mi \u00fanico deseo es restituiros a la libertad, y cuantas satisfacciones pod\u00e1is esperar de m\u00ed\u00bb<\/i>. En seguida le abraz\u00f3 y convers\u00f3 con \u00e9l largo rato con gran franqueza y cordialidad.\r\n\r\nEsta visita produjo tan saludable efecto en el enfermo, que a pocos d\u00edas se bail\u00f3 fuera de peligro; mas cuando el Emperador le vio restablecido, cambi\u00f3 de lenguaje y tom\u00f3 de nuevo su inflexible severidad. En vano Francisco le record\u00f3 sus ben\u00e9volas palabras; nada pudo conseguir, hasta que, por fin, se decidi\u00f3 a firmar la capitulaci\u00f3n o tratado de Madrid, en 14 de Enero de 1526, por la que restitu\u00eda el ducado de Borgo\u00f1a, con otras condiciones onerosas para la Francia, oblig\u00e1ndose a casar con Leonor, hermana del Emperador.\r\n\r\nCarlos entonces regres\u00f3 a Madrid a visitar al Rey de Francia va como amigo y cu\u00f1ado, y Francisco\u00a0I sali\u00f3 a recibirle con capa y espada a la espa\u00f1ola, abraz\u00e1ndose con muestras de mucho amor. Al siguiente d\u00eda salieron juntos en sendas mulas, y porfiando cort\u00e9smente sobre cu\u00e1l tomar\u00eda la derecha (que al cabo llev\u00f3 el Emperador), pasaron a o\u00edr misa al convento de San Francisco.\r\n\r\nEl Rey de Francia conserv\u00f3 tal recuerdo de su prisi\u00f3n, que al recobro de su libertad y regreso a su corte, hizo construir, inmediato a la misma, en el bosque de Boulogne, un trasunto del mismo Alc\u00e1zar, que se conserv\u00f3 hasta los tiempos de la Revoluci\u00f3n, conocido con el nombre de <i>Chateau de Madrid<\/i>.\r\n\r\nLa importancia que hab\u00eda dado Carlos V a la villa de Madrid, y especialmente a este Alc\u00e1zar, trasformado en palacio regio por disposici\u00f3n suya y de su hijo el pr\u00edncipe D.\u00a0Felipe, creci\u00f3 de todo punto cuando \u00e9ste, inmediatamente despu\u00e9s de haber subido al trono por la abdicaci\u00f3n de su padre el Emperador, se decidi\u00f3 a trasladar a Madrid su corte en 1561.\r\n\r\nCon fecha 7 de Mayo de dicho a\u00f1o escrib\u00eda desde Toledo a su arquitecto Luis de la Vega (encargado de las obras de Palacio) que \u00abteniendo determinado ir con su casa y corte a Madrid, deseaba que estuviesen concluidas para de all\u00ed a un mes, y que no diese lunar a que ninguno viese sin mandato suyo los aposentos de palacio, ning\u00fan atajo, oficina, ni otra cosa\u00bb, y de mano propia a\u00f1ad\u00eda: \u00abLuis de Vega, enviadme otra traza como la baja y alta que me enviaste de los cuartos de Mediod\u00eda, que son los aposentos principales, como agora est\u00e1n, y sea luego\u00bb. Represent\u00f3 Vega que por falta de oficiales no pod\u00eda concluirse todo con tanta brevedad; y el Rey mand\u00f3 al corregidor D.\u00a0Jorge de Beteta proveyese que todos los oficiales de la villa se ocupasen de esto, sin atender a otra ninguna obra. Poco despu\u00e9s, y ya en los \u00faltimos meses del mismo a\u00f1o 1561, consta que la corte se hallaba en Madrid, y que Felipe II hab\u00eda realizado su pensamiento de fijarla en ella.\r\n\r\nEn este palacio, obra en su parte principal del Emperador su padre, y de \u00e9l mismo, residi\u00f3 constantemente, durante su larga permanencia en esta villa, el poderoso y austero monarca, que extend\u00eda su dominaci\u00f3n y su pol\u00edtica hasta las m\u00e1s apartadas regiones del globo. En \u00e9l recibi\u00f3 las solemnes embajadas de todos los monarcas de Europa, las visitas de muchos de sus pr\u00edncipes, las armas y banderas ganadas a sus enemigos por los grandes vencedores de Lepanto y San Quint\u00edn, de Italia. Flandes y el Nuevo Mundo. Este Alc\u00e1zar, respetado y temido entonces de todos los reyes y de todos los pueblos, sirvi\u00f3 tambi\u00e9n de teatro al misterioso y terrible drama \u00edntimo de la prisi\u00f3n y muerte del heredero del trono, pr\u00edncipe D.\u00a0Carlos, y el fallecimiento a los dos meses de la reina do\u00f1a Isabel de Valois. Drama terrible, aun no bastantemente aclarado, y fatal coincidencia, que ha dado motivo a los novelistas y poetas para tantos brillantes dramas, para tantas ingeniosas f\u00e1bulas, para tantos comentarios gratuitos, m\u00e1s ingeniosos que fundados<a href=\"http:\/\/www.publiconsulting.com\/wordpress\/madridantiguo\/back-matter\/notas\/#nt44\" id=\"rf44\"><sup>[44]<\/sup><\/a>.\r\n\r\nEn el Alc\u00e1zar de Madrid, apoyado en el valor incomparable de sus grandes capitanes, su hermano D.\u00a0Juan de Austria, el Duque de Alba, D. \u00c1lvaro de Baz\u00e1n, etc.; en el tacto pol\u00edtico de sus ministros y favoritos Ruy G\u00f3mez de Silva, Antonio P\u00e9rez y otros, y m\u00e1s que todo, en su extrema sagacidad, severo car\u00e1cter y profunda intenci\u00f3n, se concibieron, desplegaron y pusieron en ejecuci\u00f3n tantos planes pol\u00edticos, tantos proyectos guerreros, tantas intrigas cortesanas, que interesaban a la Europa, al mundo entero, hasta que, levantada, a la voz de Felipe, la austera y portentosa f\u00e1brica de San Lorenzo del Escorial, traslad\u00f3 a \u00e9l el poderoso monarca de dos mundos el misterioso nudo y laboratorio de su elevada pol\u00edtica.\r\n\r\nFelipe II, viudo por tres veces, primero de la princesa do\u00f1a Mar\u00eda de Portugal; despu\u00e9s, de la reina de Inglaterra Mar\u00eda Tudor, y por tercera vez, de do\u00f1a Isabel de Valois o de la Paz, contrajo matrimonio por cuarta vez con do\u00f1a Ana de Austria, en 1570, y de esta uni\u00f3n naci\u00f3, en 1578, su hijo y sucesor D.\u00a0Felipe, primer monarca madrile\u00f1o de los que ocuparon el trono castellano.\r\n\r\nDurante el reinado de Felipe III, que empez\u00f3 a la muerte de su padre, en 1588, el Real Alc\u00e1zar, que fue su cuna, le sirvi\u00f3 tambi\u00e9n de residencia, y en \u00e9l se desplegaron la esplendente magnificencia, las intrigas cortesanas, las aventuras galantes, la desvanecida privanza y ambici\u00f3n de los famosos ministros Duque de Lerma y D.\u00a0Rodrigo Calder\u00f3n, tan diestramente trazadas por el autor (sea quien fuere) de la ingenios\u00edsima novela hist\u00f3rica de <i>Gil Blas de Santillana<\/i>, que nos dispensa de todo ponto de hacerlo aqu\u00ed.\r\n\r\nFelipe IV sube al trono en 1621, a la muerte de su padre, y en su largo reinado es cuando la forma material del edificio, obra de los ya dichos arquitectos, Cobarrubias y Vega, recibi\u00f3 nuevo esplendor en manos de los Moras, Crescenti y otros c\u00e9lebres artistas, cuando sus regios salones, pintados por Lucas Jord\u00e1n, y decorados con los magn\u00edficos lienzos de Vel\u00e1zquez y Murillo, de Rubens y del Ticiano, reflejaban la grandeza del Monarca espa\u00f1ol, a quien tales artistas serv\u00edan; cuando en sus altas b\u00f3vedas resonaba la voz de los Lopes y Calderones, Tirsos y Moretos, Quevedos y Guevaras, en ingeniosos dramas, improvisados muchas veces en presencia y con la cooperaci\u00f3n del Monarca; cuando sus regias escaleras y suntuosas estancias sent\u00edan la planta del Pr\u00edncipe de Gales (despu\u00e9s el desgraciado Carlos\u00a0I) y otros potentados, que ven\u00edan a visitar al Monarca espa\u00f1ol o a solicitar su alianza.\r\n\r\nLa importancia hist\u00f3rica de este palacio empez\u00f3, sin embargo, a decaer en el mismo reinado, teniendo que luchar con la del nuevo Sitio del Retiro, levantado por el favorito D.\u00a0Gaspar de Guzm\u00e1n, conde-duque de Olivares, para adular al Monarca, y que acab\u00f3, en fin, por imprimir al gabinete su nombre, y al de <i>La Corte de Madrid<\/i> sustituy\u00f3 el de <i>La Corte del Buen Retiro<\/i>.\r\n\r\nLo mismo puede decirse durante la larga y turbulenta minor\u00eda de Carlos\u00a0II, y la aciaga gobernaci\u00f3n en ella de la Reina Gobernadora do\u00f1a Mariana de Austria, que, sin embargo, habitaba en \u00e9l con preferencia, y por consiguiente, le hizo teatro de la privanza insensata que dispens\u00f3, primero, al padre jesuita Everardo Nithard, su confesor, y despu\u00e9s, al famoso D. Fernando Valenzuela, a quien elev\u00f3 a las m\u00e1s altas dignidades del Reino; hasta que vencidos uno y otro, y hasta la misma Reina, y lanzados violentamente del poder por la fuerza y arrogancia de D. Juan Jos\u00e9 de Austria, hijo natural de Felipe IV, y emancipado Carlos de la tutela maternal al llegar a su mayor edad en 1677, empu\u00f1\u00f3 el cetro, aunque bajo la direcci\u00f3n, o m\u00e1s bien segunda tutela, de su hermano don Juan. Veinte y tres a\u00f1os dur\u00f3 el reinado efectivo de este desdichado monarca, en quien hab\u00eda de extinguirse la varonil estirpe de Carlos V, y en ellos, y residiendo alternativamente en este palacio y en el del Retiro, fueron testigos ambos de su azarosa vida, de su miserable condici\u00f3n, de sus supuestos hechizos, de su fan\u00e1tico celo, de su ignorancia y debilidad; hasta que, despu\u00e9s de una prolongada agon\u00eda, vino a extinguirse en \u00e9l su miserable vida el 1.\u00ba de Noviembre de 1700.\r\n\r\nEl primer monarca de la dinast\u00eda de Borb\u00f3n pudo residir poco tiempo en el Alc\u00e1zar de Madrid, pues ausente unas veces en la larga guerra de sucesi\u00f3n, y despu\u00e9s m\u00e1s inclinado al del Retiro, dalia a \u00e9ste la preferencia, acaso por el tedio que le inspiraba la antigua mansi\u00f3n de la dinast\u00eda austr\u00edaca, su antagonista, y tanto, que a la muerte de su primera esposa do\u00f1a Mar\u00eda Gabriela de Saboya se fue a vivir al palacio de los Duques de Medinaceli, por disposici\u00f3n de la Princesa de los Ursinos, que por entonces dominaba su Real \u00e1nimo. Algunos a\u00f1os despu\u00e9s, el horroroso incendio acaecido en el Real Alc\u00e1zar la noche del 24 de Diciembre de 1734 vino a hacer desaparecer la forma material, los recuerdos hist\u00f3ricos y los primores art\u00edsticos de aquel Alc\u00e1zar; y Felipe de Borb\u00f3n, a quien se le ven\u00eda, como suele decirse, a [as manos la ocasi\u00f3n de borrar del todo aquella p\u00e1gina de la austr\u00edaca dinast\u00eda, determin\u00f3 arrancar hasta los vestigios de su antigua mansi\u00f3n, y levantando sobre ella otra m\u00e1s grande y digna del gusto de la \u00e9poca y del Monarca espa\u00f1ol, mand\u00f3 elevar sobre el mismo sitio, en 1737, el magn\u00edfico <i>Palacio nuevo<\/i> que hoy existe, y cuya historia, como perteneciente ya al <i>Madrid moderno<\/i>, no es de este lugar.\r\n\r\nTerminada, pues, aqu\u00ed la vida hist\u00f3rica del lamoso Alc\u00e1zar de los Felipes de Austria, vengamos ya a bu descripci\u00f3n material. Pocos son los datos que los historiadores matritenses (tan pr\u00f3digos en hiperb\u00f3licos elogios, como escasos en descripciones art\u00edsticas) nos han trasmitido para juzgar la forma y condiciones materiales de aquella regia morada; content\u00e1ndose el maestro Hoyos, Quintana y Pinelo, conprorumpir en las comunes expresiones de su entusiasmo diciendo que era \u00abla m\u00e1s asombrosa f\u00e1brica regia del mundo\u00bb, \u00abel non plus ultra de la magnificencia\u00bb, y otras lindezas a este tenor. M\u00e1s aproximado ala realidad, aunque difuso y desencuadernado por extremo, es el relato que hace el maestro Gil Gonz\u00e1lez D\u00e1vila, en su <i>Teatro de las grandezas de Madrid<\/i>, si bien m\u00e1s curioso por lo que toca al adorno y etiqueta del palacio que para conocer su aspecto y forma. De esta, sin embargo, en su parte exterior, podemos juzgar por el peque\u00f1o modelo en relieve que se conserva en el Retiro, y por las vistas que ofrecen el Plano de Amberes y algunos otros dibujos contempor\u00e1neos: en cuanto a la disposici\u00f3n y adorno interior, el mencionado relato del maestro D\u00e1vila y otras noticias esparcidas en diversas obras nos dar\u00e1n una idea aproximada de la mansi\u00f3n Real, teatro de la galante y caballeresca corte de Felipe\u00a0IV.\r\n\r\nEl primero, hablando de ella como testigo ocular en 1623, se expresa en los t\u00e9rminos siguientes, que transcribimos por las curiosas noticias que encierran del ceremonial de aquella corte, y que tan an\u00e1logas bailamos a la \u00edndole de nuestro recuerdo hist\u00f3rico-anecd\u00f3tico.\r\n\r\n\u00abEn la parte occidental de Madrid, en lo que antiguamente era el Alc\u00e1zar Real, tiene su asiento el palacio de nuestros \u00ednclitos Reyes, que representa, por lo que se ve de fuera, la grandeza y autoridad de su pr\u00edncipe, adornado de torres, chapiteles, portadas, ventanas, balcones y miradores. Lo interior del palacio se compone de patios, corredores, galer\u00edas, salas, capilla, oratorios, aposentos, retretes, parques, jardines y huertas, y camina la vista atravesando valles, r\u00edos, arboledas y prados, y se detiene en las cumbres de las sierras del Guadarrama y Buitrago y en la que confina con el convento Real del Escurial. En los patios principales tienen salas los consejos de Castilla, Arag\u00f3n, Estado, Guerra, Italia, Flandes y Portugal, y en otro m\u00e1s apartado los consejos de Indias, Ordenes, Hacienda y Contadur\u00eda mayor<a href=\"http:\/\/www.publiconsulting.com\/wordpress\/madridantiguo\/back-matter\/notas\/#nt45\" id=\"rf45\">[45]<\/a>.\r\n\r\n\u00bbEn el primer corredor est\u00e1 la <i>capilla Real<\/i> y el aposento de la majestad del Rey, Reina y personas Reales, adonde se ven pinturas, tapicer\u00edas, m\u00e1rmoles y varias cosas. En la primera sala del cuarto de S.\u00a0M. asisten las guardias espa\u00f1ola, tudesca y areneros. En la de m\u00e1s adelante, los porteros; en la siguiente, S. M. hace, el primer d\u00eda que se junta el Reino de Cortes, la proposici\u00f3n de lo que han de tratar los procuradores de las ciudades de los reinos de Castilla y Le\u00f3n, y los viernes de cada semana consulta con S. M. el Consejo de Castilla las cosas de gobierno, oye la primera vez a los embajadores extraordinarios, celebra el Jueves Santo el lavatorio de los pobres y les da de comer. En otra m\u00e1s adelante esperan a S. M., para acompa\u00f1arle cuando sale a misa y serm\u00f3n, el nuncio de S. S. y embajadores que tienen asiento en su capilla. Recibe la primera vez, en pi\u00e9, con el collar del Tus\u00f3n, arrimado a un bufete, a los embajadores ordinarios, y a los presidentes y consejeros, sentado, cuando le dan las pascuas y besan la mano; da la caballer\u00eda del Tus\u00f3n de Oro a pr\u00edncipe, potentado o grande de sus reinos. Hace nombramientos de treces del Orden de Santiago, y oye a los vasallos que piden justicia o gracia.\r\n\r\n\u00bbEn una sala m\u00e1s adelante come retirado. Comer retirado es cuando le sirven los gentiles hombres de su c\u00e1mara. En ella recibe a los cardenales, hacen juramento los virreyes, capitanes generales de mar y tierra, y oye a los embajadores. En otra, a los presidentes cuando le consultan negocios, y manda se les d\u00e9 asiento. M\u00e1s adelante est\u00e1 una sala de ciento setenta pies de largo y treinta y uno de ancho; en ella come S.\u00a0M. en p\u00fablico, se representan comedias, m\u00e1scaras, torneos y fiestas, y en ella dio las gracias al rey Felipe III Mons. de Umena, embajador de Francia, por haberse capitulado los casamientos entre el rey Cristian\u00edsimo de Francia Lu\u00eds XIII, y la Seren\u00edsima infanta do\u00f1a Ana de Austria, y el pr\u00edncipe D. Felipe de las Espa\u00f1as con la Seren\u00edsima madama do\u00f1a Isabel de Borb\u00f3n. En esta sala hay muchas cosas que ver, de pinturas, mapas de muchas ciudades de Espa\u00f1a, Italia y Flandes, de mano de Jorge de las Vi\u00f1as, que tuvo primor en esto. Entrando m\u00e1s adelante por diferentes salas y retretes, est\u00e1 la <i>Torre Dorada<\/i>, y una hermosa galer\u00eda compuesta de pinturas, mesas de jaspe, y cosas extraordinarias, y sorprende a los ojos, por la banda de Poniente y Mediod\u00eda, una deleitosa vista; cerca de esta galer\u00eda duerme el Rey, escribe, firma y despacha. Cerca de ella hay un jard\u00edn adornado de fuentes y estatuas de emperadores romanos, y la del oran Carlos V. En \u00e9l hay unas cuadras, acompa\u00f1adas de pinturas de diferentes f\u00e1bulas, de mano del gran Ticiano, y mesas de jaspe de diferentes colores, una, entre otras, obrada con gran primor, taraceada de piedras extraordinarias; present\u00f3la al rey Felipe II el cardenal Miguel Bonelo Alejandrino, sobrino del santo papa P\u00edo V, y en memoria de ser as\u00ed, el Cardenal mand\u00f3 grabaren dos piedras preciosas, que est\u00e1n en la misma mesa, sus armas y las del Papa su t\u00edo. Cerca de estas cuadras hay un pasadizo secreto, compuesto de azulejos y de estatuas; por \u00e9l se baja al Parque y Casa del Campo. Otra torre donde estuvo preso el rey Francisco de Francia; antes de subir a ella hay una galer\u00eda que llaman del Cierzo, adornada con retratos de los reyes de Portugal, mapas y pinturas varias. Cerca de esta galer\u00eda est\u00e1 la sala, donde los reinos de Castilla y Le\u00f3n se juntan a conferir en Cortes lo que conviene a los reinos. M\u00e1s adelante, el cuarto del Pr\u00edncipe, el de la Reina y de sus hijas, con muchas salas, oratorios y retretes y viviendas de las damas, que corresponde a la plaza de Palacio. Edific\u00f3le la villa para dar comodidad a la gloriosa memoria de la reina Margarita. En otro patio tienen su cuarto los infantes de Castilla; cerca de \u00e9l est\u00e1 el guardajoyas y lo raro de la naturaleza del orbe. No hay palabras con que poder explicar lo que ella es\u00bb.\r\n\r\nAqu\u00ed entra el autor en una larga digresi\u00f3n de las joyas de la corona; halda de una <i>flor de lis de oro<\/i>, de media vara de alto y poco menos de ancho, bordada de piedras preciosas, que fue primero de los Duques de Borgo\u00f1a;\r\n\r\nun diamante del tama\u00f1o de un real de a dos, valuado en doscientos mil ducados, del que pend\u00eda la lamosa perla, llamada, por ser sola, la <i>Hu\u00e9rfana<\/i> (o la <i>Peregrina<\/i>), del tama\u00f1o de una avellana, tasada en treinta mil ducados, y de unos famosos cuernos de unicornio, \u00abcuyo valor (dice) importaba m\u00e1s de un mill\u00f3n; con otras muchas riquezas, en escritorios, vasos de cristal y de la China, aderezos y piedras preciosas, plata labrada y otra multitud de joyas, que todo pereci\u00f3 en el incendio de 1734. Habla tambi\u00e9n de las insignes pinturas de las mejores manos de Italia, Alemania y Flandes que adornaban el palacio, y concluye diciendo:\r\n\r\n\u00abLo dem\u00e1s del palacio es la vivienda de las personas Reales y oficinas de la casa, que todos son <i>quinientos aposentos<\/i>. En los tiempos muy antiguos dio principio a este palacio el rey Enrique II<a href=\"http:\/\/www.publiconsulting.com\/wordpress\/madridantiguo\/back-matter\/notas\/#nt46\" id=\"rf46\"><sup>[46]<\/sup><\/a>. Aument\u00e1ronle los reyes Enrique\u00a0III y IV, y el emperador D. Carlos, como se manifiesta en las armas y letras que est\u00e1n encima de muchas puertas, que dicen: <i>Carolus V, Romanorum Imperator et Hispaniarum Rex<\/i>.\r\n\r\n\u00bbAcrecent\u00f3 lo que dej\u00f3 comenzado el Emperador el rey Felipe\u00a0II, como se ve en letreros de puertas y otras partes:\r\n<p class=\"cit\">Philipus II, Hispaniarum Rex A. MDLXI<\/p>\r\n\u00bbProsiguieron con el deseo de ver acabado un edificio tan lindo los reyes Felipe\u00a0III y IV, hasta llegar a la perfecci\u00f3n que hoy vemos. Tiene delante una espaciosa plaza, la Caballeriza y Armer\u00eda, y al un lado el convengo de San Gil, de religiosos descalzos del Orden de San Francisco, y la parroquia de San Juan Bautista, y por un pasadizo alcanza al convento Real de la Encarnaci\u00f3n, de religiosas descalzas del Orden de San Agust\u00edn. En este tr\u00e1nsito, que es una distancia grande, hay muchas cosas que ver, pinturas y retratos del tiempo antiguo y moderno\u00bb.\r\n\r\nHasta aqu\u00ed el contempor\u00e1neo <i>Gil Gonz\u00e1lez D\u00e1vila<\/i>: a\u00f1adiremos a su descripci\u00f3n algunas otras indicaciones esparcidas en diversas obras, y en especial en la que escribi\u00f3 en trances D.\u00a0Juan \u00c1lvarez Colmenar. (<i>Anales d\u2019Espagne et du Portugal<\/i>; Amsterdam, 1741, cuatro tomos en folio).\r\n\r\nEn la \u00e9poca de Felipe IV no conservaba ya el Alc\u00e1zar m\u00e1s recuerdo de su primitivo destino y condici\u00f3n que algunos torreones o cubos en las bandas del Norte y Poniente, al Campo del Moro. La principal fachada, situada a Mediod\u00eda como la del actual palacio, era obra, como queda dicho, de los reinados de Carlos\u00a0V y Felipe II, y del gusto de la primera \u00e9poca; terminaba en dos pabellones con sendas torres cuadradas<a href=\"http:\/\/www.publiconsulting.com\/wordpress\/madridantiguo\/back-matter\/notas\/#nt47\" id=\"rf47\"><sup>[47]<\/sup><\/a>, y las puertas abiertas en el centro de ella daban paso a dos grandes patios, en el fondo de los cuales se ve\u00edan las escaleras que conduc\u00edan a las habitaciones superiores. En estos patios se formaban galer\u00edas de arcos, que sosten\u00edan lindas terrazas con tiestos y estatuas.\r\n\r\nSub\u00edase a los cuartos de las personas Reales por una escalera extremadamente ancha, con los pasamanos de piedra azulada y adornos dorados, la cual daba entrada a una galer\u00eda bastante ancha, llamada <i>Sala de Guardias<\/i>, en la cual daban el servicio las tres compa\u00f1\u00edas de archeros o de la <i>cuchilla<\/i>, compuesta de flamencos y borgo\u00f1ones, los alabarderos espa\u00f1oles y los tudescos o alemanes.\r\n\r\nLas habitaciones Reales eran efectivamente inmensas, suntuosas y ricamente adornadas de primorosos cuadros, estatuas y muebles. \u00c1lvarez Colmenar cita entre los primeros una pintura de Miguel \u00c1ngel, que dice haber costado a Felipe\u00a0IV cinco mil doblones, y representaba <i>la oraci\u00f3n de N. S. en el huerto de las Olivas<\/i>. Habla tambi\u00e9n de las ricas y primorosas tapicer\u00edas flamencas, y de los frescos que adornaban las paredes de las salas. Sobre todo, el sal\u00f3n de audiencia o de <i>Embajadores<\/i> era magn\u00edfico, cubierto profusamente de ricos adornos dorados.\r\n\r\nLos grandes calores del est\u00edo obligaron tambi\u00e9n a los monarcas habitadores de aquel palacio a guarecerse con gruesas paredes y econom\u00eda en las luces. Por lo dem\u00e1s, la distribuci\u00f3n de las ventanas, su elegante adorno de m\u00e1rmol y balaustres dorados, daban a la fachada principal y del Mediod\u00eda un aspecto exterior muy agradable, de que puede formarse una idea por el grabado que insertamos, conforme a la vista completa del alzado de dicho palacio en el plano de Amberes de 1556.\r\n\r\nEn el pabell\u00f3n izquierdo es donde mor\u00f3 el Pr\u00edncipe de Gales cuando vino a Madrid, en 1623, a solicitar la mano de la infanta D.\u00aa\u00a0Mar\u00eda, y delante de este pabell\u00f3n existi\u00f3 un peque\u00f1o parterre o jard\u00edn cercado, que tambi\u00e9n est\u00e1 se\u00f1alado en el plano.","rendered":"<p>El primer car\u00e1cter de aquella vetusta f\u00e1brica, origen de la importancia hist\u00f3rica y pol\u00edtica, cuando no de la fundaci\u00f3n de esta villa, fue sin duda el mismo que el de tantas fortalezas con que poblaron los moros las crestas de nuestras monta\u00f1as, con el objeto de atender\u00e1 la defensa y dominaci\u00f3n de las poblaciones vecinas. Esto indican claramente su situaci\u00f3n topogr\u00e1fica, su destino primitivo, y hasta su nombre mismo de <i>Al-cassar<\/i>, gen\u00e9rico, entre los \u00e1rabes, de esta clase de construcciones. Muchos de los autores apreciables de la historia de Madrid atribuyen, sin embargo, su fundaci\u00f3n a \u00e9poca m\u00e1s cercana, despu\u00e9s de la conquista de esta villa por las armas de Alfonso\u00a0VI; y de todos modos, parece seguro que a mediados del siglo <small>XIV<\/small>, el rey D. Pedro de Castilla verific\u00f3 en esta fortaleza una completa reedificaci\u00f3n y ampliaci\u00f3n, d\u00e1ndola mayor importancia, de que muy luego pudo hacer alarde en defensa suya y contra las huestes de su competidor y hermano, D. Enrique de Trastamara, que cercaron a Madrid en 1369, y le ocuparon s\u00f3lo por la traici\u00f3n de un paisano que ten\u00eda dos torres a su cargo; a pesar de la heroica defensa del Alc\u00e1zar, hecha por los Vargas y Luzones, caballeros principales de esta villa.<\/p>\n<p>Anteriormente a esta \u00e9poca, la Historia refiere que todos, o casi todos, los monarcas de Castilla y Le\u00f3n residieron largas temporadas en Madrid; desde D.\u00a0Fernando el Magno (que suponen algunos la conquist\u00f3 primitivamente en 1047, para abandonarla despu\u00e9s, y que recibi\u00f3 en ella visita de Almenon, rey moro de Toledo) y Alfonso VI, su verdadero restaurador en 1086, hasta D. Alfonso XI, padre del mismo rey D. Pedro; seg\u00fan m\u00e1s pormenor indicamos en la <i>Rese\u00f1a hist\u00f3rica<\/i> que precede a estos <i>paseos<\/i>. Pero lo que no dicen los historiadores, ni consta de ninguna manera, es que dichos monarcas hicieran su residencia en el Alc\u00e1zar, ni se trata de \u00e9l como mansi\u00f3n Real, sino s\u00f3lo como defensa formidable en todas ocasiones; ya contra las acometidas que a los pocos a\u00f1os de la reconquista hizo contra Madrid, en 1109, el rey de los Almor\u00e1vides Tejufin, y que resistieron victoriosamente los habitantes, encerrados en el Alc\u00e1zar, rechazando al ej\u00e9rcito marroqu\u00ed, que hab\u00eda llegado a sentar sus reales en el sitio que aun se llama el <i>Campo del Moro<\/i>; ya en las funestas revueltas interiores de los reinados sucesivos, hasta la misma guerra fratricida de D. Pedro y D. Enrique. Lo m\u00e1s probable es suponer que aquellos monarcas habitar\u00edan en el palacio que parece existi\u00f3 sobre el sitio mismo en que m\u00e1s tarde fue fundado el monasterio de las Descalzas Reales (al que sin duda hacen referencia los <i>Fueros de Madrid<\/i> en principios del siglo <small>XIII<\/small>, cuando establecen distinci\u00f3n entre el <i>Palacio<\/i> y el <i>castiello<\/i>), y que s\u00f3lo en tiempo de D. Pedro y D. Enrique, y a consecuencia de las notables obras verificadas por ellos, pudo el Alc\u00e1zar servir de mansi\u00f3n a los reyes de Castilla. De todos modos, la Historia no hace menci\u00f3n de este Alc\u00e1zar sino como fortaleza, y \u00fanicamente cuando en 1389, reinando D. Juan I, expidi\u00f3 privilegio concediendo a don Le\u00f3n V, rey de Armenia, el se\u00f1or\u00edo de Madrid y de otros pueblos, se escribe que dicho se\u00f1or residi\u00f3 en nuestra villa durante dos a\u00f1os, confirm\u00f3 sus fueros y privilegios, y <i>reedific\u00f3 las torres del Alc\u00e1zar<\/i>, en que se cree pudo habitar.<\/p>\n<p class=\"ilustrafull\"><img decoding=\"async\" alt=\"\" src=\"\/\/www.publiconsulting.com\/wordpress\/madridantiguo\/wp-content\/uploads\/sites\/69\/2018\/03\/01.jpg\" \/><\/p>\n<p class=\"ilustrafull\"><img decoding=\"async\" alt=\"\" src=\"\/\/www.publiconsulting.com\/wordpress\/madridantiguo\/wp-content\/uploads\/sites\/69\/2018\/03\/02.jpg\" \/><\/p>\n<p>Al a\u00f1o siguiente (1390) muri\u00f3 D. Juan I, dejando por heredero a su hijo D.\u00a0Enrique (tercero de este nombre), ni\u00f1o de poca edad, y a la saz\u00f3n en esta villa, donde luego fue aclamado por rey de Castilla antes que en ninguna otra ciudad del reino. Durante la minor\u00eda de don Enrique tuvieron lugar las largas y complicadas turbulencias que agitaron a Castilla (y a Madrid muy particularmente), hasta que en 1394, y contando ya Enrique catorce a\u00f1os, las Cortes del Reino, reunidas en esta villa, en la iglesia del monasterio de San Mart\u00edn, le declararon mayor de edad y tom\u00f3 las riendas del Gobierno. De este monarca, que residi\u00f3 en Madrid la mayor parte de su breve reinado, se sabe ya con alguna seguridad que se aposent\u00f3 alguna vez en el Alc\u00e1zar, celebr\u00f3 en \u00e9l sus bodas con la infanta D.\u00aa Catalina, y recibi\u00f3 los embajadores del Papa y de los reyes de Francia, de Arag\u00f3n y de Navarra; por \u00faltimo, dice la Historia que hizo en el mismo Alc\u00e1zar grandes obras, y nuevas y fuertes torres para depositar bus tesoros, fundando, adem\u00e1s, para bu recreo la casa fuerte y el Real Sitio del Pardo, a dos leguas de Madrid.<\/p>\n<p>A la inesperada y temprana muerte de D.\u00a0Enrique <i>el Doliente<\/i>, ocurrida en Toledo en 1406, qued\u00f3 aclamado por su sucesor su hijo D. Juan el Segundo, a la tierna edad de catorce meses, bajo la tutela de la reina viuda D.\u00aa Catalina y de su t\u00edo el infante D. Fernando, rey de Arag\u00f3n, apellidado <i>el de Antequera<\/i>, quienes en la larga minor\u00eda de doce a\u00f1os condujeron con talento y patriotismo la dif\u00edcil gobernaci\u00f3n del reino, hasta que, habiendo sido proclamado D. Fernando rey de Arag\u00f3n, y falleciendo do\u00f1a Catalina, la reina viuda, en 1418, D. Juan, llegado a la mayor edad, y habiendo contra\u00eddo matrimonio con su prima D.\u00aa Mar\u00eda, hija del difunto D. Fernando, vino con su esposa a Madrid, para donde convoc\u00f3 las Cortes del Reino, que se abrieron en el Real Alc\u00e1zar, el d\u00eda 10 de Marzo de 1419. La cr\u00f3nica hace larga menci\u00f3n de esta asamblea, describiendo prolijamente la ceremonia y ostentaci\u00f3n con que se verific\u00f3 su solemne apertura <i>en la sala rica del Alc\u00e1zar<\/i>, con asistencia del rey D. Juan, de los infantes de Arag\u00f3n, de los arzobispos de Toledo, Santiago y Sevilla, otros muchos prelados y todas las altas dignidades del reino; estampa el discurso dirigido al Rey por el Arzobispo de Toledo, y la contestaci\u00f3n de aqu\u00e9l, y presenta, en fin, en este Real Alc\u00e1zar el primer cuadro digno de la grandeza y majestad de los monarcas de Castilla.<\/p>\n<p>Otros varios, de no menor importancia, ofreci\u00f3 m\u00e1s adelante la po\u00e9tica y caballeresca corte de D.\u00a0Juan, y muy especialmente durante la privanza del c\u00e9lebre condestable D. \u00c1lvaro de Luna, que habitaba cerca del Alc\u00e1zar, en las casas de \u00c1lvarez de Toledo, se\u00f1or de Villafranca, que estaban hacia la calle de Santiago, en el terreno donde despu\u00e9s se fund\u00f3 el convento de Santa Clara. Las cr\u00f3nicas describen las famosas justas, saraos y diversiones celebradas en Madrid por aquel tiempo, siendo mantenedores el mismo D. \u00c1lvaro y otros magnates, as\u00ed como el suntuoso fest\u00edn con motivo del nacimiento de un hijo de \u00e9ste, de que fue padrino el mismo Rey. Pero, como m\u00e1s contra\u00edda al Alc\u00e1zar, no podemos dejar pasar otra solemnidad, que expresa detalladamente la cr\u00f3nica de don Juan, y es la relaci\u00f3n de la solemne embajada del Rey de Francia, recibida por \u00e9l en Madrid.<\/p>\n<p>\u00abVinieron all\u00ed (dice la cr\u00f3nica) embajadores del Rey Charles de Francia, los cuales eran el arzobispo de Tolosa, que se llamaba D.\u00a0Luis de Molin; i un caballero senescal de Tolosa, llamado Mosen Juan de Moncays: i como el Rey supo de su venida, mand\u00f3 que el condestable i todos los otros condes i caballeros i perlados que en su corte estaban los salieran a rescebir, i salieron cerca de una legua i vinieron con ellos al palacio que era ya cerca de la noche, i hallaron al Rey en una gran sala del Alc\u00e1zar de Madrid, acompa\u00f1ado de muy noble gente, donde hab\u00eda colgados seis antorcheros con cada cuatro antorchas, i mand\u00f3 el Rey que saliesen veinte de sus donceles con sendas antorchas a los rescebir a la puerta. El Rey estaba en su estrado alto, assentado en su silla guarnida debajo de un rico dosel de brocado carmes\u00ed, la casa toldada de rica tapicer\u00eda <i>y ten\u00eda a los pies un muy gran leon manso con collar de brocado<\/i>, que fue cosa muy nueva para los embajadores de que mucho se maravillaron, i el Rey se levant\u00f3 a ellos y les hizo muy alegre recibimiento y el <i>Arzobispo comenz\u00f3 de dudar con temor del leon<\/i>. El Rey le dijo que llegase i luego lleg\u00f3 i abraz\u00f3lo i el senescal quiso besar la mano al Rey i pidi\u00f3selo; i el Rey no se la quiso dar i abraz\u00f3lo con muy graciosa cara i mand\u00f3 que se acercasen los embajadores i asi se asentaron en dos escabeles con sendas almohadas de seda que el Rey les mand\u00f3 poner, el uno de la una parte i el otro de la otra, apartados del Rey cuanto una braza. El Rey les pregunt\u00f3 las nuevas del Rey de Francia su hermano, y de algunos graneles se\u00f1ores del reino, y o\u00eddas nuevas que les dijeron el Rey mand\u00f3 traer colaci\u00f3n, la cual se dio tal como convenia en sala de tan gran pr\u00edncipe y de tales embajadores. Suplicaron al Rey que les mandase asignar d\u00eda para explicar su embajada, el Rey les asign\u00f3 para el mi\u00e9rcoles siguiente, etc.\u00bb<a href=\"http:\/\/www.publiconsulting.com\/wordpress\/madridantiguo\/back-matter\/notas\/#nt42\" id=\"rf42\"><sup>[42]<\/sup><\/a>.<\/p>\n<p>Asist\u00edan a esta embajada el condestable D.\u00a0\u00c1lvaro de Luna, D. Enrique de Villena, t\u00edo del Rey; los condes de Benavente y de Casta\u00f1eda, el adelantado Pero Manrique, el arzobispo de Toledo D. Juan de Cerezuela, D. Pedro de Castilla, t\u00edo del Rey: obispo de Osma, y todos los altos se\u00f1ores de su Consejo.<\/p>\n<p>Otras varias ceremonias no menos solemnes celebr\u00f3 en el Alc\u00e1zar de Madrid aquel ilustrado monarca, tales como la reuni\u00f3n de Cortes, la recepci\u00f3n del embajador del Pont\u00edfice, que le trajo la rosa de oro bendecida por el mismo Papa en 1435, y otras, hasta que las rebeliones de los grandes, de los infantes de Arag\u00f3n, y de su propio hijo D.\u00a0Enrique, ennegrecieron los \u00faltimos a\u00f1os de su reinado, que termin\u00f3, con su vida, en Valladolid, el 21 de Julio de 1454.<\/p>\n<p>A los tiempos po\u00e9ticos y caballerescos de D.\u00a0Juan el Segundo sucedieron los m\u00edseros y fatales de ese mismo D. Enrique IV, su hijo, que tan larga y completa expiaci\u00f3n hab\u00eda de sufrir de los desmanes y rebeld\u00edas que \u00e9l mismo Labia tramado contra su padre, de los desarreglos de su juventud, de la infidelidad y torpeza de su conducta en toda la vida. Hall\u00e1base ya a la edad de veinte y siete a\u00f1os cuando ci\u00f1\u00f3 la corona, y divorciado de su primera mujer, do\u00f1a Blanca de Navarra, contrajo nuevo matrimonio con la hermosa infanta de Portugal do\u00f1a Juana, en 1455, conduci\u00e9ndola luego al real Alc\u00e1zar de Madrid, donde se celebraron con este motivo se\u00f1aladas fiestas, entre otras, por cierto una singular de cierta cena espl\u00e9ndida ofrecida a los Reyes y a la corte por el Arzobispo de Sevilla (no sabemos en qu\u00e9 casa moraba), cuyo \u00faltimo servicio consisti\u00f3 <i>en dos bandejas de anillos de oro con piedras preciosas<\/i> para que la Peina y sus damas escogiesen las de su gusto; galante demostraci\u00f3n, que as\u00ed demuestra la cortesan\u00eda del buen prelado, como la corrupci\u00f3n de aquella corte voluptuosa. Enrique, dotado de un temperamento ardiente, y dado a los placeres sensuales, daba el ejemplo con sus extrav\u00edos; y en prueba de ello, refieren las historias que, a pesar de hallarse reci\u00e9n casado con la hermosa do\u00f1a Juana de Portugal, no puso coto a ellos; antes bien se dej\u00f3 arrastrar de una vehemente pasi\u00f3n Lacia una de las damas que acompa\u00f1aban a la Reina, llamada do\u00f1a Guiomar de Castro, a quien suponen tambi\u00e9n muy bella; y queri\u00e9ndola obsequiar cierto d\u00eda, dispuso una corrida de toros en la plaza delante del Alc\u00e1zar de Madrid. Sabedora la Reina del objeto de aquella fiesta, prohibi\u00f3 a todas sus damas asomarse a las ventanas del Alc\u00e1zar; pero esta orden fue escandalosamente infringida por la orgullosa favorita, que la presenci\u00f3 desde una de ellas. Indignada la Reina, la esper\u00f3 al pasar cierta escalera, y acometi\u00e9ndola bruscamente, la azot\u00f3 con un chap\u00edn. A los gritos de do\u00f1a Guiomar acudi\u00f3 presuroso el Rey, e interponi\u00e9ndose entre ambas, lanz\u00f3 violentamente a la Reina y protegi\u00f3 a do\u00f1a Guiomar, con quien luego continu\u00f3 en criminales relaciones, coloc\u00e1ndola en una magn\u00edfica quinta o casa de campo que hab\u00eda hecho construir cerca de Valdemorillo, a corta distancia de Madrid, adonde iba a visitarla con frecuencia.<\/p>\n<p>Ya por entonces andaba en auge la privanza con el Rey del antiguo paje de lanza, despu\u00e9s mayordomo mayor y duque de Alburquerque, <i>D.\u00a0Beltr\u00e1n de la Cueva<\/i>, y este profundo cortesano y favorito, interesado por m\u00e1s de un motivo en embriagar a la corte y al Monarca en el humo de los festines, preparaba y dirig\u00eda incomparables fiestas, entre las cuales sobresale la del famoso <i>Paso honroso<\/i>, defendido por el mismo D. Beltr\u00e1n en el camino del Pardo, con el objeto aparente de obsequiar a los embajadores del Duque de Breta\u00f1a, aunque hay quien supone que con el verdadero de manifestar su destreza y gallard\u00eda a los ojos de la reina do\u00f1a Juana. La descripci\u00f3n de esta magn\u00edfica fiesta, y de los saraos y festines celebrados con este motivo en los alc\u00e1zares de Madrid y del Pardo, ocupa algunas p\u00e1ginas de los anales madrile\u00f1os, y asombra todav\u00eda por su inmenso coste y magnificencia; pero es tan conocida, que creemos excusado reproducirla aqu\u00ed.<\/p>\n<p>Hacia fines del a\u00f1o 1461, hall\u00e1ndose en Aranda la reina do\u00f1a Juana, muy adelantada en su pre\u00f1ez, la hizo Enrique conducir a Madrid en silla do manos o <i>andas<\/i>, como entonces se dec\u00eda, saliendo a recibirla a larga distancia; y haci\u00e9ndola subir con cari\u00f1osa solicitud <i>a las ancas de su mula<\/i>, la condujo de este modo al Alc\u00e1zar, entre las m\u00e1s expresivas aclamaciones de los fieles madrile\u00f1os.<\/p>\n<p>En \u00e9l, pues, naci\u00f3 a pocos d\u00edas la desdichada princesa do\u00f1a Juana, a quien m\u00e1s adelante los grandes y los pueblos rebelados contra Enrique apellidaron con el fatal ep\u00edteto de la <i>Beltraneja<\/i>, as\u00ed como a \u00e9l mismo le designaron con el no menos injurioso de <i>el Impotente<\/i>. Si ambas calificaciones vulgares, que ha consagrado la Historia; si el desarreglo que supone \u00e9sta en la conducta de do\u00f1a Juana, fueron o no ciertos, o gratuitas invenciones de los grandes sus enemigos, y partidarios de los infantes don Alonso y do\u00f1a Isabel, es lo que no ha aclarado a\u00fan la Historia.<\/p>\n<p>A nuestro objeto cumple s\u00f3lo consignar que en este propio Alc\u00e1zar fue m\u00e1s adelante presa y custodiada la misma do\u00f1a Juana, en castigo de su supuesta liviandad: que tambi\u00e9n lo fue en 1465, en una de sus torres, el alcaide Pedro Munzares, y el propio Enrique se vio en \u00e9l asaltado, perseguido, reducido a esconderse en un retrete, y sufrir una de tantas humillaciones con que empa\u00f1\u00f3 el brillo de la corona de Castilla, y que le condujeron hasta el extremo de reconocer su impotencia y la ilegitimidad de su propia hija.<\/p>\n<p>Este desdichado monarca falleci\u00f3 en este mismo Alc\u00e1zar, que con su menguada conducta hab\u00eda por tanto tiempo profanado.<\/p>\n<p>A su muerte subi\u00f3 al trono de Castilla su hermana la infanta do\u00f1a Isabel, casada ya con el pr\u00edncipe D.\u00a0Fernando de Arag\u00f3n; pero esto no aconteci\u00f3 sin que por parte del vecindario de Madrid y de otros pueblos, que lamentaban la injusta exclusi\u00f3n de la princesa do\u00f1a Juana, y eran fieles al derecho leg\u00edtimo que ella reclamaba, no opusiese una larga y obstinada resistencia, y especialmente en el Alc\u00e1zar de Madrid, defendido por cuatrocientos hombres valerosos, y que s\u00f3lo al cabo de dos meses de sitio vigoroso logr\u00f3 rendir el Duque del Infantado, que mandaba las tropas de Isabel.<\/p>\n<p>Los Reyes Cat\u00f3licos no hicieron su entrada solemne en Madrid hasta 1477; pero consta que por entonces residieron en las casas de D.\u00a0Pedro Laso de Castilla, en la plazuela de San Andr\u00e9s, y no en el Alc\u00e1zar, en donde tampoco pararon m\u00e1s adelante su hija do\u00f1a Juana y el archiduque, despu\u00e9s rey, D. Felipe I.<\/p>\n<p>Los Reyes Cat\u00f3licos, sin embargo, debieron morar en otras ocasiones en el Alc\u00e1zar, y durante ellas, \u00a1qu\u00e9 espect\u00e1culo tan diverso ofrec\u00eda \u00e9ste, en contraste con el que presentara en tiempo de su infeliz hermano! \u00a1Qu\u00e9 cuadro tan sublime de majestad, de grandeza y de virtud, y c\u00f3mo supieron purgar aquel augusto recinto de los miasmas pestilentes de que estaba impregnado! Oigamos, para convencernos de ello, al celoso coronista matritense Gonzalo Fern\u00e1ndez de Oviedo, que en su ya citada obra de <i>Las Quincuagenas<\/i>, traza este cuadro majestuoso, como testigo ocular, en estas palabras dignas y reposadas:<\/p>\n<p>\u00abAcuerd\u00f3me verla en el <i>Alc\u00e1zar de Madrid<\/i>, con el Cat\u00f3lico rey D.\u00a0Fernando, Quinto de tal nombre, su marido, sentados p\u00fablicamente por tribunal todos los viernes, dando audiencia a chicos e grandes cuantos quer\u00edan pedir justicia, et a los lados en el mismo estrado alto (al cual sub\u00edan cinco o seis gradas), en aquel espacio fuera del cielo del dosel, estaba un banco de cada parte, en que estaban sentados doce oidores del consejo de la justicia, e el presidente de dicho consejo Real, e de pi\u00e9 estaba un escribano de los del consejo llamado Casta\u00f1eda, que le\u00eda p\u00fablicamente las peticiones; al pi\u00e9 de dichas gradas testaba otro escribano del consejo, que en cada petici\u00f3n anotaba lo que se prove\u00eda, e a los costados de aquella mesa donde estas peticiones pasaban, estaban de pi\u00e9 seis ballesteros de maza; a la puerta de la sala de esta audiencia Real estaban los porteros, que libremente dejaban entrar (e as\u00ed lo hab\u00edan mandado) a todos los que quer\u00edan dar peticiones, et los alcaldes de corte estaban all\u00ed para lo que conven\u00eda o se hab\u00eda de remitir o consultar con ellos\u00bb<a href=\"http:\/\/www.publiconsulting.com\/wordpress\/madridantiguo\/back-matter\/notas\/#nt43\" id=\"rf43\"><sup>[43]<\/sup><\/a>.<\/p>\n<p>A la muerte de do\u00f1a Isabel ocurrieron grandes turbulencias en el gobierno del reino, y todav\u00eda figura en ellas el Alc\u00e1zar como fortaleza, hasta que quedaron aqu\u00e9llas terminadas en las Cortes reunidas en San Jer\u00f3nimo del Prado en 1509, con el juramento del rey D.\u00a0Fernando de gobernar como administrador de su hija y como tutor de su nieto D. Carlos.<\/p>\n<p>Este, el Emperador, proclamado en Madrid por los regentes del reino, no hall\u00f3, sin embargo, en un principio grande adhesi\u00f3n entre los madrile\u00f1os, que abrazaron en su mayor\u00eda la causa de las Comunidades y ofrecieron una formidable resistencia a las huestes imperiales <i>en el Alc\u00e1zar de esta villa<\/i>, de que se hab\u00edan apoderado, aunque tenazmente defendido por la esposa de Francisco de Vargas, su alcaide, a la saz\u00f3n ausente. Apencados al fin los comuneros, vino a Madrid el Emperador, y habiendo tenido la suerte de curarse en \u00e9l de unas pertinaces cuartanas que padec\u00eda, cobro grande afici\u00f3n a esta villa, residi\u00f3 siempre que pudo en ella, y, sin duda con el pensamiento de fijar ya decididamente su corte, emprendi\u00f3 la reedificaci\u00f3n del Alc\u00e1zar, quit\u00e1ndole su antiguo car\u00e1cter de fortaleza y levantando sobre sus ruinas un verdadero palacio Real.<\/p>\n<p>No consta, sin embargo, ni era posible, que Carlos\u00a0V residiese, siempre que estuvo en Madrid, en el Alc\u00e1zar, cuya reedificaci\u00f3n \u00e9l mismo emprendi\u00f3; antes bien se afirma que sol\u00eda morar en el palacio ya dicho, que ocupaba la misma \u00e1rea que hoy el monasterio de las Descalzas Reales; en \u00e9l, por lo menos, naci\u00f3 su hija do\u00f1a Juana, fundadora despu\u00e9s de aquel monasterio, madre de don Sebasti\u00e1n de Portugal, y Quintana asegura que antes de partir el Emperador a la toma de T\u00fanez, se aposent\u00f3 en las casas del secretario Juan de Vozmediano, frente a Santa Mar\u00eda, y que luego que march\u00f3, se pas\u00f3 la Emperatriz con el pr\u00edncipe D. Felipe a las que fueron de Alonso Guti\u00e9rrez (hoy Monte de Piedad), que eran anejas al palacio ya citado.<\/p>\n<p>Hall\u00e1ndose el Emperador en Madrid por los a\u00f1os 1524, recibi\u00f3 la nueva de que el Marqu\u00e9s de Pescara, estando sobre Pav\u00eda, hab\u00eda obtenido una se\u00f1alada victoria contra el ej\u00e9rcito franc\u00e9s y hecho prisionero a su rey Francisco. El Emperador manifest\u00f3 en tan dichosa ocasi\u00f3n la misma serenidad y grandeza de \u00e1nimo que otras veces ostent\u00f3 en la desgracia, y sin hablar palabra, se entr\u00f3 en el oratorio de su Real Alc\u00e1zar a dar gracias al Se\u00f1or por el triunfo de sus armas. La villa de Madrid solicit\u00f3 el permiso de S.\u00a0M. para entregarse a p\u00fablicos regocijos; pero Carlos no lo consinti\u00f3, diciendo que <i>no era victoria ganada a los enemigos de la fe<\/i>. Luego envi\u00f3 orden para que pasasen a N\u00e1poles al Rey su prisionero; pero como \u00e9ste solicitase que le trajesen a Espa\u00f1a, fiando en la visita del C\u00e9sar la libertad de su persona, vino en ello el Emperador, y en su consecuencia, desembarc\u00f3 en Barcelona el rey franc\u00e9s, y pasando por Valencia, lleg\u00f3 a esta capital.<\/p>\n<p>Su primera mansi\u00f3n en ella fue en la torro de la casa que llaman <i>de Lujan<\/i>, en la plazuela del Salvador, hoy de la Villa, y a poco tiempo fue trasladado a un aposento del Real Alc\u00e1zar, dispens\u00e1ndole el tratamiento deludo a su alta jerarqu\u00eda. All\u00ed recibi\u00f3 varios mensajes del Emperador, que estaba en Toledo, haci\u00e9ndole varias propuestas convenientes para el arreglo de la paz y restituirle a la libertad; pero como en ellas insistiese Carlos en la devoluci\u00f3n del ducado de Borgo\u00f1a, y el Rey de Francia en la negativa, las negociaciones se dilataban, y la paz no llegaba a realizarse. Francisco\u00a0I, en la dura alternativa de morir en su prisi\u00f3n, o deshonrarse aceptando condiciones que cre\u00eda humillantes, viv\u00eda triste y abatido, aguardando de d\u00eda en d\u00eda la visita del Emperador, y esperando que, entendi\u00e9ndose con \u00e9l personalmente, conseguirla un rescate menos oneroso; pero en vano esperaba, porque Carlos, temiendo sin duda ceder a los impulsos de su generosidad, envi\u00f3le a decir que no le ver\u00eda hasta tanto que las estipulaciones se hallasen terminadas. Esta noticia produjo en el Rey de Francia una desesperaci\u00f3n tal, que cay\u00f3 peligrosamente enfermo, y Hernando de Alarc\u00f3n, que ten\u00eda la persona del Rey en su guarda, despach\u00f3 un posta al Emperador, que estaba en el lugar de San Agust\u00edn, d\u00e1ndole aviso de la gravedad del accidente del Rey de Francia, que ofrec\u00eda poca esperanza de vida, y que, para alivio de su mal, no ped\u00eda otra cosa que el que Su Majestad Ces\u00e1rea le viese.<\/p>\n<p>El Emperador parti\u00f3 luego en posta a Madrid, y lleg\u00f3 en aquella misma noche (28 de Setiembre de 1525), y aposent\u00e1ndose en el Alc\u00e1zar, pas\u00f3 inmediatamente a la habitaci\u00f3n del Rey franc\u00e9s. Cuando \u00e9ste le vio entrar en ella, se incorpor\u00f3 con viveza en su lecho, y con tono enf\u00e1tico le dijo: <i>\u00ab\u00bfVen\u00eds a ver si la muerte os desembarazar\u00e1 pronto de vuestro prisionero? No sois mi prisionero (respondi\u00f3 prontamente Carlos), sino mi hermano y mi amigo, y mi \u00fanico deseo es restituiros a la libertad, y cuantas satisfacciones pod\u00e1is esperar de m\u00ed\u00bb<\/i>. En seguida le abraz\u00f3 y convers\u00f3 con \u00e9l largo rato con gran franqueza y cordialidad.<\/p>\n<p>Esta visita produjo tan saludable efecto en el enfermo, que a pocos d\u00edas se bail\u00f3 fuera de peligro; mas cuando el Emperador le vio restablecido, cambi\u00f3 de lenguaje y tom\u00f3 de nuevo su inflexible severidad. En vano Francisco le record\u00f3 sus ben\u00e9volas palabras; nada pudo conseguir, hasta que, por fin, se decidi\u00f3 a firmar la capitulaci\u00f3n o tratado de Madrid, en 14 de Enero de 1526, por la que restitu\u00eda el ducado de Borgo\u00f1a, con otras condiciones onerosas para la Francia, oblig\u00e1ndose a casar con Leonor, hermana del Emperador.<\/p>\n<p>Carlos entonces regres\u00f3 a Madrid a visitar al Rey de Francia va como amigo y cu\u00f1ado, y Francisco\u00a0I sali\u00f3 a recibirle con capa y espada a la espa\u00f1ola, abraz\u00e1ndose con muestras de mucho amor. Al siguiente d\u00eda salieron juntos en sendas mulas, y porfiando cort\u00e9smente sobre cu\u00e1l tomar\u00eda la derecha (que al cabo llev\u00f3 el Emperador), pasaron a o\u00edr misa al convento de San Francisco.<\/p>\n<p>El Rey de Francia conserv\u00f3 tal recuerdo de su prisi\u00f3n, que al recobro de su libertad y regreso a su corte, hizo construir, inmediato a la misma, en el bosque de Boulogne, un trasunto del mismo Alc\u00e1zar, que se conserv\u00f3 hasta los tiempos de la Revoluci\u00f3n, conocido con el nombre de <i>Chateau de Madrid<\/i>.<\/p>\n<p>La importancia que hab\u00eda dado Carlos V a la villa de Madrid, y especialmente a este Alc\u00e1zar, trasformado en palacio regio por disposici\u00f3n suya y de su hijo el pr\u00edncipe D.\u00a0Felipe, creci\u00f3 de todo punto cuando \u00e9ste, inmediatamente despu\u00e9s de haber subido al trono por la abdicaci\u00f3n de su padre el Emperador, se decidi\u00f3 a trasladar a Madrid su corte en 1561.<\/p>\n<p>Con fecha 7 de Mayo de dicho a\u00f1o escrib\u00eda desde Toledo a su arquitecto Luis de la Vega (encargado de las obras de Palacio) que \u00abteniendo determinado ir con su casa y corte a Madrid, deseaba que estuviesen concluidas para de all\u00ed a un mes, y que no diese lunar a que ninguno viese sin mandato suyo los aposentos de palacio, ning\u00fan atajo, oficina, ni otra cosa\u00bb, y de mano propia a\u00f1ad\u00eda: \u00abLuis de Vega, enviadme otra traza como la baja y alta que me enviaste de los cuartos de Mediod\u00eda, que son los aposentos principales, como agora est\u00e1n, y sea luego\u00bb. Represent\u00f3 Vega que por falta de oficiales no pod\u00eda concluirse todo con tanta brevedad; y el Rey mand\u00f3 al corregidor D.\u00a0Jorge de Beteta proveyese que todos los oficiales de la villa se ocupasen de esto, sin atender a otra ninguna obra. Poco despu\u00e9s, y ya en los \u00faltimos meses del mismo a\u00f1o 1561, consta que la corte se hallaba en Madrid, y que Felipe II hab\u00eda realizado su pensamiento de fijarla en ella.<\/p>\n<p>En este palacio, obra en su parte principal del Emperador su padre, y de \u00e9l mismo, residi\u00f3 constantemente, durante su larga permanencia en esta villa, el poderoso y austero monarca, que extend\u00eda su dominaci\u00f3n y su pol\u00edtica hasta las m\u00e1s apartadas regiones del globo. En \u00e9l recibi\u00f3 las solemnes embajadas de todos los monarcas de Europa, las visitas de muchos de sus pr\u00edncipes, las armas y banderas ganadas a sus enemigos por los grandes vencedores de Lepanto y San Quint\u00edn, de Italia. Flandes y el Nuevo Mundo. Este Alc\u00e1zar, respetado y temido entonces de todos los reyes y de todos los pueblos, sirvi\u00f3 tambi\u00e9n de teatro al misterioso y terrible drama \u00edntimo de la prisi\u00f3n y muerte del heredero del trono, pr\u00edncipe D.\u00a0Carlos, y el fallecimiento a los dos meses de la reina do\u00f1a Isabel de Valois. Drama terrible, aun no bastantemente aclarado, y fatal coincidencia, que ha dado motivo a los novelistas y poetas para tantos brillantes dramas, para tantas ingeniosas f\u00e1bulas, para tantos comentarios gratuitos, m\u00e1s ingeniosos que fundados<a href=\"http:\/\/www.publiconsulting.com\/wordpress\/madridantiguo\/back-matter\/notas\/#nt44\" id=\"rf44\"><sup>[44]<\/sup><\/a>.<\/p>\n<p>En el Alc\u00e1zar de Madrid, apoyado en el valor incomparable de sus grandes capitanes, su hermano D.\u00a0Juan de Austria, el Duque de Alba, D. \u00c1lvaro de Baz\u00e1n, etc.; en el tacto pol\u00edtico de sus ministros y favoritos Ruy G\u00f3mez de Silva, Antonio P\u00e9rez y otros, y m\u00e1s que todo, en su extrema sagacidad, severo car\u00e1cter y profunda intenci\u00f3n, se concibieron, desplegaron y pusieron en ejecuci\u00f3n tantos planes pol\u00edticos, tantos proyectos guerreros, tantas intrigas cortesanas, que interesaban a la Europa, al mundo entero, hasta que, levantada, a la voz de Felipe, la austera y portentosa f\u00e1brica de San Lorenzo del Escorial, traslad\u00f3 a \u00e9l el poderoso monarca de dos mundos el misterioso nudo y laboratorio de su elevada pol\u00edtica.<\/p>\n<p>Felipe II, viudo por tres veces, primero de la princesa do\u00f1a Mar\u00eda de Portugal; despu\u00e9s, de la reina de Inglaterra Mar\u00eda Tudor, y por tercera vez, de do\u00f1a Isabel de Valois o de la Paz, contrajo matrimonio por cuarta vez con do\u00f1a Ana de Austria, en 1570, y de esta uni\u00f3n naci\u00f3, en 1578, su hijo y sucesor D.\u00a0Felipe, primer monarca madrile\u00f1o de los que ocuparon el trono castellano.<\/p>\n<p>Durante el reinado de Felipe III, que empez\u00f3 a la muerte de su padre, en 1588, el Real Alc\u00e1zar, que fue su cuna, le sirvi\u00f3 tambi\u00e9n de residencia, y en \u00e9l se desplegaron la esplendente magnificencia, las intrigas cortesanas, las aventuras galantes, la desvanecida privanza y ambici\u00f3n de los famosos ministros Duque de Lerma y D.\u00a0Rodrigo Calder\u00f3n, tan diestramente trazadas por el autor (sea quien fuere) de la ingenios\u00edsima novela hist\u00f3rica de <i>Gil Blas de Santillana<\/i>, que nos dispensa de todo ponto de hacerlo aqu\u00ed.<\/p>\n<p>Felipe IV sube al trono en 1621, a la muerte de su padre, y en su largo reinado es cuando la forma material del edificio, obra de los ya dichos arquitectos, Cobarrubias y Vega, recibi\u00f3 nuevo esplendor en manos de los Moras, Crescenti y otros c\u00e9lebres artistas, cuando sus regios salones, pintados por Lucas Jord\u00e1n, y decorados con los magn\u00edficos lienzos de Vel\u00e1zquez y Murillo, de Rubens y del Ticiano, reflejaban la grandeza del Monarca espa\u00f1ol, a quien tales artistas serv\u00edan; cuando en sus altas b\u00f3vedas resonaba la voz de los Lopes y Calderones, Tirsos y Moretos, Quevedos y Guevaras, en ingeniosos dramas, improvisados muchas veces en presencia y con la cooperaci\u00f3n del Monarca; cuando sus regias escaleras y suntuosas estancias sent\u00edan la planta del Pr\u00edncipe de Gales (despu\u00e9s el desgraciado Carlos\u00a0I) y otros potentados, que ven\u00edan a visitar al Monarca espa\u00f1ol o a solicitar su alianza.<\/p>\n<p>La importancia hist\u00f3rica de este palacio empez\u00f3, sin embargo, a decaer en el mismo reinado, teniendo que luchar con la del nuevo Sitio del Retiro, levantado por el favorito D.\u00a0Gaspar de Guzm\u00e1n, conde-duque de Olivares, para adular al Monarca, y que acab\u00f3, en fin, por imprimir al gabinete su nombre, y al de <i>La Corte de Madrid<\/i> sustituy\u00f3 el de <i>La Corte del Buen Retiro<\/i>.<\/p>\n<p>Lo mismo puede decirse durante la larga y turbulenta minor\u00eda de Carlos\u00a0II, y la aciaga gobernaci\u00f3n en ella de la Reina Gobernadora do\u00f1a Mariana de Austria, que, sin embargo, habitaba en \u00e9l con preferencia, y por consiguiente, le hizo teatro de la privanza insensata que dispens\u00f3, primero, al padre jesuita Everardo Nithard, su confesor, y despu\u00e9s, al famoso D. Fernando Valenzuela, a quien elev\u00f3 a las m\u00e1s altas dignidades del Reino; hasta que vencidos uno y otro, y hasta la misma Reina, y lanzados violentamente del poder por la fuerza y arrogancia de D. Juan Jos\u00e9 de Austria, hijo natural de Felipe IV, y emancipado Carlos de la tutela maternal al llegar a su mayor edad en 1677, empu\u00f1\u00f3 el cetro, aunque bajo la direcci\u00f3n, o m\u00e1s bien segunda tutela, de su hermano don Juan. Veinte y tres a\u00f1os dur\u00f3 el reinado efectivo de este desdichado monarca, en quien hab\u00eda de extinguirse la varonil estirpe de Carlos V, y en ellos, y residiendo alternativamente en este palacio y en el del Retiro, fueron testigos ambos de su azarosa vida, de su miserable condici\u00f3n, de sus supuestos hechizos, de su fan\u00e1tico celo, de su ignorancia y debilidad; hasta que, despu\u00e9s de una prolongada agon\u00eda, vino a extinguirse en \u00e9l su miserable vida el 1.\u00ba de Noviembre de 1700.<\/p>\n<p>El primer monarca de la dinast\u00eda de Borb\u00f3n pudo residir poco tiempo en el Alc\u00e1zar de Madrid, pues ausente unas veces en la larga guerra de sucesi\u00f3n, y despu\u00e9s m\u00e1s inclinado al del Retiro, dalia a \u00e9ste la preferencia, acaso por el tedio que le inspiraba la antigua mansi\u00f3n de la dinast\u00eda austr\u00edaca, su antagonista, y tanto, que a la muerte de su primera esposa do\u00f1a Mar\u00eda Gabriela de Saboya se fue a vivir al palacio de los Duques de Medinaceli, por disposici\u00f3n de la Princesa de los Ursinos, que por entonces dominaba su Real \u00e1nimo. Algunos a\u00f1os despu\u00e9s, el horroroso incendio acaecido en el Real Alc\u00e1zar la noche del 24 de Diciembre de 1734 vino a hacer desaparecer la forma material, los recuerdos hist\u00f3ricos y los primores art\u00edsticos de aquel Alc\u00e1zar; y Felipe de Borb\u00f3n, a quien se le ven\u00eda, como suele decirse, a [as manos la ocasi\u00f3n de borrar del todo aquella p\u00e1gina de la austr\u00edaca dinast\u00eda, determin\u00f3 arrancar hasta los vestigios de su antigua mansi\u00f3n, y levantando sobre ella otra m\u00e1s grande y digna del gusto de la \u00e9poca y del Monarca espa\u00f1ol, mand\u00f3 elevar sobre el mismo sitio, en 1737, el magn\u00edfico <i>Palacio nuevo<\/i> que hoy existe, y cuya historia, como perteneciente ya al <i>Madrid moderno<\/i>, no es de este lugar.<\/p>\n<p>Terminada, pues, aqu\u00ed la vida hist\u00f3rica del lamoso Alc\u00e1zar de los Felipes de Austria, vengamos ya a bu descripci\u00f3n material. Pocos son los datos que los historiadores matritenses (tan pr\u00f3digos en hiperb\u00f3licos elogios, como escasos en descripciones art\u00edsticas) nos han trasmitido para juzgar la forma y condiciones materiales de aquella regia morada; content\u00e1ndose el maestro Hoyos, Quintana y Pinelo, conprorumpir en las comunes expresiones de su entusiasmo diciendo que era \u00abla m\u00e1s asombrosa f\u00e1brica regia del mundo\u00bb, \u00abel non plus ultra de la magnificencia\u00bb, y otras lindezas a este tenor. M\u00e1s aproximado ala realidad, aunque difuso y desencuadernado por extremo, es el relato que hace el maestro Gil Gonz\u00e1lez D\u00e1vila, en su <i>Teatro de las grandezas de Madrid<\/i>, si bien m\u00e1s curioso por lo que toca al adorno y etiqueta del palacio que para conocer su aspecto y forma. De esta, sin embargo, en su parte exterior, podemos juzgar por el peque\u00f1o modelo en relieve que se conserva en el Retiro, y por las vistas que ofrecen el Plano de Amberes y algunos otros dibujos contempor\u00e1neos: en cuanto a la disposici\u00f3n y adorno interior, el mencionado relato del maestro D\u00e1vila y otras noticias esparcidas en diversas obras nos dar\u00e1n una idea aproximada de la mansi\u00f3n Real, teatro de la galante y caballeresca corte de Felipe\u00a0IV.<\/p>\n<p>El primero, hablando de ella como testigo ocular en 1623, se expresa en los t\u00e9rminos siguientes, que transcribimos por las curiosas noticias que encierran del ceremonial de aquella corte, y que tan an\u00e1logas bailamos a la \u00edndole de nuestro recuerdo hist\u00f3rico-anecd\u00f3tico.<\/p>\n<p>\u00abEn la parte occidental de Madrid, en lo que antiguamente era el Alc\u00e1zar Real, tiene su asiento el palacio de nuestros \u00ednclitos Reyes, que representa, por lo que se ve de fuera, la grandeza y autoridad de su pr\u00edncipe, adornado de torres, chapiteles, portadas, ventanas, balcones y miradores. Lo interior del palacio se compone de patios, corredores, galer\u00edas, salas, capilla, oratorios, aposentos, retretes, parques, jardines y huertas, y camina la vista atravesando valles, r\u00edos, arboledas y prados, y se detiene en las cumbres de las sierras del Guadarrama y Buitrago y en la que confina con el convento Real del Escurial. En los patios principales tienen salas los consejos de Castilla, Arag\u00f3n, Estado, Guerra, Italia, Flandes y Portugal, y en otro m\u00e1s apartado los consejos de Indias, Ordenes, Hacienda y Contadur\u00eda mayor<a href=\"http:\/\/www.publiconsulting.com\/wordpress\/madridantiguo\/back-matter\/notas\/#nt45\" id=\"rf45\">[45]<\/a>.<\/p>\n<p>\u00bbEn el primer corredor est\u00e1 la <i>capilla Real<\/i> y el aposento de la majestad del Rey, Reina y personas Reales, adonde se ven pinturas, tapicer\u00edas, m\u00e1rmoles y varias cosas. En la primera sala del cuarto de S.\u00a0M. asisten las guardias espa\u00f1ola, tudesca y areneros. En la de m\u00e1s adelante, los porteros; en la siguiente, S. M. hace, el primer d\u00eda que se junta el Reino de Cortes, la proposici\u00f3n de lo que han de tratar los procuradores de las ciudades de los reinos de Castilla y Le\u00f3n, y los viernes de cada semana consulta con S. M. el Consejo de Castilla las cosas de gobierno, oye la primera vez a los embajadores extraordinarios, celebra el Jueves Santo el lavatorio de los pobres y les da de comer. En otra m\u00e1s adelante esperan a S. M., para acompa\u00f1arle cuando sale a misa y serm\u00f3n, el nuncio de S. S. y embajadores que tienen asiento en su capilla. Recibe la primera vez, en pi\u00e9, con el collar del Tus\u00f3n, arrimado a un bufete, a los embajadores ordinarios, y a los presidentes y consejeros, sentado, cuando le dan las pascuas y besan la mano; da la caballer\u00eda del Tus\u00f3n de Oro a pr\u00edncipe, potentado o grande de sus reinos. Hace nombramientos de treces del Orden de Santiago, y oye a los vasallos que piden justicia o gracia.<\/p>\n<p>\u00bbEn una sala m\u00e1s adelante come retirado. Comer retirado es cuando le sirven los gentiles hombres de su c\u00e1mara. En ella recibe a los cardenales, hacen juramento los virreyes, capitanes generales de mar y tierra, y oye a los embajadores. En otra, a los presidentes cuando le consultan negocios, y manda se les d\u00e9 asiento. M\u00e1s adelante est\u00e1 una sala de ciento setenta pies de largo y treinta y uno de ancho; en ella come S.\u00a0M. en p\u00fablico, se representan comedias, m\u00e1scaras, torneos y fiestas, y en ella dio las gracias al rey Felipe III Mons. de Umena, embajador de Francia, por haberse capitulado los casamientos entre el rey Cristian\u00edsimo de Francia Lu\u00eds XIII, y la Seren\u00edsima infanta do\u00f1a Ana de Austria, y el pr\u00edncipe D. Felipe de las Espa\u00f1as con la Seren\u00edsima madama do\u00f1a Isabel de Borb\u00f3n. En esta sala hay muchas cosas que ver, de pinturas, mapas de muchas ciudades de Espa\u00f1a, Italia y Flandes, de mano de Jorge de las Vi\u00f1as, que tuvo primor en esto. Entrando m\u00e1s adelante por diferentes salas y retretes, est\u00e1 la <i>Torre Dorada<\/i>, y una hermosa galer\u00eda compuesta de pinturas, mesas de jaspe, y cosas extraordinarias, y sorprende a los ojos, por la banda de Poniente y Mediod\u00eda, una deleitosa vista; cerca de esta galer\u00eda duerme el Rey, escribe, firma y despacha. Cerca de ella hay un jard\u00edn adornado de fuentes y estatuas de emperadores romanos, y la del oran Carlos V. En \u00e9l hay unas cuadras, acompa\u00f1adas de pinturas de diferentes f\u00e1bulas, de mano del gran Ticiano, y mesas de jaspe de diferentes colores, una, entre otras, obrada con gran primor, taraceada de piedras extraordinarias; present\u00f3la al rey Felipe II el cardenal Miguel Bonelo Alejandrino, sobrino del santo papa P\u00edo V, y en memoria de ser as\u00ed, el Cardenal mand\u00f3 grabaren dos piedras preciosas, que est\u00e1n en la misma mesa, sus armas y las del Papa su t\u00edo. Cerca de estas cuadras hay un pasadizo secreto, compuesto de azulejos y de estatuas; por \u00e9l se baja al Parque y Casa del Campo. Otra torre donde estuvo preso el rey Francisco de Francia; antes de subir a ella hay una galer\u00eda que llaman del Cierzo, adornada con retratos de los reyes de Portugal, mapas y pinturas varias. Cerca de esta galer\u00eda est\u00e1 la sala, donde los reinos de Castilla y Le\u00f3n se juntan a conferir en Cortes lo que conviene a los reinos. M\u00e1s adelante, el cuarto del Pr\u00edncipe, el de la Reina y de sus hijas, con muchas salas, oratorios y retretes y viviendas de las damas, que corresponde a la plaza de Palacio. Edific\u00f3le la villa para dar comodidad a la gloriosa memoria de la reina Margarita. En otro patio tienen su cuarto los infantes de Castilla; cerca de \u00e9l est\u00e1 el guardajoyas y lo raro de la naturaleza del orbe. No hay palabras con que poder explicar lo que ella es\u00bb.<\/p>\n<p>Aqu\u00ed entra el autor en una larga digresi\u00f3n de las joyas de la corona; halda de una <i>flor de lis de oro<\/i>, de media vara de alto y poco menos de ancho, bordada de piedras preciosas, que fue primero de los Duques de Borgo\u00f1a;<\/p>\n<p>un diamante del tama\u00f1o de un real de a dos, valuado en doscientos mil ducados, del que pend\u00eda la lamosa perla, llamada, por ser sola, la <i>Hu\u00e9rfana<\/i> (o la <i>Peregrina<\/i>), del tama\u00f1o de una avellana, tasada en treinta mil ducados, y de unos famosos cuernos de unicornio, \u00abcuyo valor (dice) importaba m\u00e1s de un mill\u00f3n; con otras muchas riquezas, en escritorios, vasos de cristal y de la China, aderezos y piedras preciosas, plata labrada y otra multitud de joyas, que todo pereci\u00f3 en el incendio de 1734. Habla tambi\u00e9n de las insignes pinturas de las mejores manos de Italia, Alemania y Flandes que adornaban el palacio, y concluye diciendo:<\/p>\n<p>\u00abLo dem\u00e1s del palacio es la vivienda de las personas Reales y oficinas de la casa, que todos son <i>quinientos aposentos<\/i>. En los tiempos muy antiguos dio principio a este palacio el rey Enrique II<a href=\"http:\/\/www.publiconsulting.com\/wordpress\/madridantiguo\/back-matter\/notas\/#nt46\" id=\"rf46\"><sup>[46]<\/sup><\/a>. Aument\u00e1ronle los reyes Enrique\u00a0III y IV, y el emperador D. Carlos, como se manifiesta en las armas y letras que est\u00e1n encima de muchas puertas, que dicen: <i>Carolus V, Romanorum Imperator et Hispaniarum Rex<\/i>.<\/p>\n<p>\u00bbAcrecent\u00f3 lo que dej\u00f3 comenzado el Emperador el rey Felipe\u00a0II, como se ve en letreros de puertas y otras partes:<\/p>\n<p class=\"cit\">Philipus II, Hispaniarum Rex A. MDLXI<\/p>\n<p>\u00bbProsiguieron con el deseo de ver acabado un edificio tan lindo los reyes Felipe\u00a0III y IV, hasta llegar a la perfecci\u00f3n que hoy vemos. Tiene delante una espaciosa plaza, la Caballeriza y Armer\u00eda, y al un lado el convengo de San Gil, de religiosos descalzos del Orden de San Francisco, y la parroquia de San Juan Bautista, y por un pasadizo alcanza al convento Real de la Encarnaci\u00f3n, de religiosas descalzas del Orden de San Agust\u00edn. En este tr\u00e1nsito, que es una distancia grande, hay muchas cosas que ver, pinturas y retratos del tiempo antiguo y moderno\u00bb.<\/p>\n<p>Hasta aqu\u00ed el contempor\u00e1neo <i>Gil Gonz\u00e1lez D\u00e1vila<\/i>: a\u00f1adiremos a su descripci\u00f3n algunas otras indicaciones esparcidas en diversas obras, y en especial en la que escribi\u00f3 en trances D.\u00a0Juan \u00c1lvarez Colmenar. (<i>Anales d\u2019Espagne et du Portugal<\/i>; Amsterdam, 1741, cuatro tomos en folio).<\/p>\n<p>En la \u00e9poca de Felipe IV no conservaba ya el Alc\u00e1zar m\u00e1s recuerdo de su primitivo destino y condici\u00f3n que algunos torreones o cubos en las bandas del Norte y Poniente, al Campo del Moro. La principal fachada, situada a Mediod\u00eda como la del actual palacio, era obra, como queda dicho, de los reinados de Carlos\u00a0V y Felipe II, y del gusto de la primera \u00e9poca; terminaba en dos pabellones con sendas torres cuadradas<a href=\"http:\/\/www.publiconsulting.com\/wordpress\/madridantiguo\/back-matter\/notas\/#nt47\" id=\"rf47\"><sup>[47]<\/sup><\/a>, y las puertas abiertas en el centro de ella daban paso a dos grandes patios, en el fondo de los cuales se ve\u00edan las escaleras que conduc\u00edan a las habitaciones superiores. En estos patios se formaban galer\u00edas de arcos, que sosten\u00edan lindas terrazas con tiestos y estatuas.<\/p>\n<p>Sub\u00edase a los cuartos de las personas Reales por una escalera extremadamente ancha, con los pasamanos de piedra azulada y adornos dorados, la cual daba entrada a una galer\u00eda bastante ancha, llamada <i>Sala de Guardias<\/i>, en la cual daban el servicio las tres compa\u00f1\u00edas de archeros o de la <i>cuchilla<\/i>, compuesta de flamencos y borgo\u00f1ones, los alabarderos espa\u00f1oles y los tudescos o alemanes.<\/p>\n<p>Las habitaciones Reales eran efectivamente inmensas, suntuosas y ricamente adornadas de primorosos cuadros, estatuas y muebles. \u00c1lvarez Colmenar cita entre los primeros una pintura de Miguel \u00c1ngel, que dice haber costado a Felipe\u00a0IV cinco mil doblones, y representaba <i>la oraci\u00f3n de N. S. en el huerto de las Olivas<\/i>. Habla tambi\u00e9n de las ricas y primorosas tapicer\u00edas flamencas, y de los frescos que adornaban las paredes de las salas. Sobre todo, el sal\u00f3n de audiencia o de <i>Embajadores<\/i> era magn\u00edfico, cubierto profusamente de ricos adornos dorados.<\/p>\n<p>Los grandes calores del est\u00edo obligaron tambi\u00e9n a los monarcas habitadores de aquel palacio a guarecerse con gruesas paredes y econom\u00eda en las luces. Por lo dem\u00e1s, la distribuci\u00f3n de las ventanas, su elegante adorno de m\u00e1rmol y balaustres dorados, daban a la fachada principal y del Mediod\u00eda un aspecto exterior muy agradable, de que puede formarse una idea por el grabado que insertamos, conforme a la vista completa del alzado de dicho palacio en el plano de Amberes de 1556.<\/p>\n<p>En el pabell\u00f3n izquierdo es donde mor\u00f3 el Pr\u00edncipe de Gales cuando vino a Madrid, en 1623, a solicitar la mano de la infanta D.\u00aa\u00a0Mar\u00eda, y delante de este pabell\u00f3n existi\u00f3 un peque\u00f1o parterre o jard\u00edn cercado, que tambi\u00e9n est\u00e1 se\u00f1alado en el plano.<\/p>\n","protected":false},"author":1,"menu_order":3,"template":"","meta":{"pb_show_title":"on","pb_short_title":"","pb_subtitle":"","pb_authors":[],"pb_section_license":""},"chapter-type":[],"contributor":[],"license":[],"class_list":["post-35","chapter","type-chapter","status-publish","hentry"],"part":3,"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.publiconsulting.com\/wordpress\/madridantiguo\/wp-json\/pressbooks\/v2\/chapters\/35","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.publiconsulting.com\/wordpress\/madridantiguo\/wp-json\/pressbooks\/v2\/chapters"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.publiconsulting.com\/wordpress\/madridantiguo\/wp-json\/wp\/v2\/types\/chapter"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.publiconsulting.com\/wordpress\/madridantiguo\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"version-history":[{"count":4,"href":"https:\/\/www.publiconsulting.com\/wordpress\/madridantiguo\/wp-json\/pressbooks\/v2\/chapters\/35\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":212,"href":"https:\/\/www.publiconsulting.com\/wordpress\/madridantiguo\/wp-json\/pressbooks\/v2\/chapters\/35\/revisions\/212"}],"part":[{"href":"https:\/\/www.publiconsulting.com\/wordpress\/madridantiguo\/wp-json\/pressbooks\/v2\/parts\/3"}],"metadata":[{"href":"https:\/\/www.publiconsulting.com\/wordpress\/madridantiguo\/wp-json\/pressbooks\/v2\/chapters\/35\/metadata\/"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.publiconsulting.com\/wordpress\/madridantiguo\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=35"}],"wp:term":[{"taxonomy":"chapter-type","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.publiconsulting.com\/wordpress\/madridantiguo\/wp-json\/pressbooks\/v2\/chapter-type?post=35"},{"taxonomy":"contributor","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.publiconsulting.com\/wordpress\/madridantiguo\/wp-json\/wp\/v2\/contributor?post=35"},{"taxonomy":"license","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.publiconsulting.com\/wordpress\/madridantiguo\/wp-json\/wp\/v2\/license?post=35"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}