{"id":53,"date":"2018-03-20T12:15:59","date_gmt":"2018-03-20T12:15:59","guid":{"rendered":"http:\/\/www.publiconsulting.com\/wordpress\/madridantiguo\/chapter\/__unknown__-15\/"},"modified":"2018-03-20T17:58:14","modified_gmt":"2018-03-20T17:58:14","slug":"la-plaza-mayor","status":"publish","type":"chapter","link":"https:\/\/www.publiconsulting.com\/wordpress\/madridantiguo\/chapter\/la-plaza-mayor\/","title":{"rendered":"IX. La Plaza Mayor"},"content":{"raw":"Desde los tiempos de Juan II, a principios del siglo\u00a0<small>XV<\/small>, viene haci\u00e9ndose ya menci\u00f3n de la <i>Plaza del Arrabal<\/i>, extramuros de la puerta de Guadalajara, en el mismo sitio que ocupa hoy la Mayor y m\u00e1s central de la villa, aunque por entonces debi\u00f3 ser de forma irregular y cercada de mezquinas casas, propias de un arrabal; pero a medida que \u00e9ste fue creciendo en importancia, y dedic\u00e1ndose al comercio la parte inmediata a la antigua entrada principal de la villa, fueron tambi\u00e9n renov\u00e1ndose aqu\u00e9llas y dando lugar a otras, generalmente destinadas a tiendas y almacenes, algunas construidas por cuenta de la villa, como lo fue la <i>Carnicer\u00eda<\/i> y otras. En una Real provisi\u00f3n que existe en el archivo de Madrid, del rey don Felipe II, fecha en Barcelona, a 17 de Setiembre de 1503, \u00abcometida al licenciado Crist\u00f3bal de Toro\u00bb, para que informase \u00abqu\u00e9 costar\u00eda hacer unas tiendas en la Plaza del Arrabal, y si seguir\u00eda utilidad en hacerlas quedando su f\u00e1brica para los propios de la villa\u00bb, advertimos la circunstancia de que, aun tres siglos despu\u00e9s de la ampliaci\u00f3n de Madrid con la nueva cerca, y hasta treinta y m\u00e1s a\u00f1os posterior al establecimiento de la corte en ella, se ha apellidado el <i>arrabal<\/i> a la parte de la poblaci\u00f3n fuera de la antigua muralla.\r\n<p class=\"ilustrafull\"><img alt=\"\" src=\"http:\/\/www.publiconsulting.com\/wordpress\/madridantiguo\/wp-content\/uploads\/sites\/69\/2018\/03\/10.jpg\" \/><\/p>\r\nEl estado de deterioro a que hab\u00eda venido la plaza a principios del siglo\u00a0<small>XVII<\/small> movi\u00f3 al rey D. Felipe III a disponer su completa demolici\u00f3n, y la construcci\u00f3n de una nueva, digna de la corte m\u00e1s poderosa del mundo. A este fin dict\u00f3 las \u00f3rdenes m\u00e1s convenientes a su arquitecto Juan G\u00f3mez de Mora, uno de los m\u00e1s aventajados disc\u00edpulos de Juan de Herrera, el cual la dio terminada <i>en el corto espacio de dos a\u00f1os<\/i> (en el de 1619), ascendiendo su coste total a 900.000 ducados.\r\n\r\nTiene su asiento en medio de la villa actual, formando un espacio de 434 pies de longitud, por 334 de latitud y 1.536 en la circunferencia, y antes de su \u00faltima renovaci\u00f3n ofrec\u00eda una gran simetr\u00eda en su caser\u00edo, que constaba de cinco pisos, sin los portales y b\u00f3vedas, con 7.3 pies de alto y 30 de cimientos, y con salidas descubiertas a seis calles, y tres con arcos; en sus cuatro frentes hab\u00eda 136 casas<a href=\"http:\/\/www.publiconsulting.com\/wordpress\/madridantiguo\/back-matter\/notas\/#nt108\" id=\"rf108\"><sup>[108]<\/sup><\/a>, con 477 ventanas con balc\u00f3n, y habitaci\u00f3n para 3.700 vecinos, pudiendo colocarse en ella, con ocasi\u00f3n de fiestas Reales, hasta 50.000 espectadores. Los frontispicios de las casas eran de ladrillo colorado, y estaba coronada por terrados y azoteas cubiertas de plomo y defendidas por una balaustrada de hierro. \u00c9sta y las cuatro hileras de los distintos pisos estaban tocadas de negro y oro, todo lo cual, y su rigorosa uniformidad, le daban un aspecto verdaderamente magn\u00edfico. En medio del lienzo que mira al Sur se construy\u00f3, al mismo tiempo que la Plaza, el elegante y suntuoso edificio con destino a servir de <i>Panader\u00eda<\/i> en su parte baja, y casa Real, con magn\u00edficos salones en la principal, para Juntas y otros actos p\u00fablicos, y para recibir a los Reyes cuando acud\u00edan a las fiestas solemnes que se celebraban en esta plaza.\r\n\r\nEn el lienzo frontero se elev\u00f3 tambi\u00e9n otro suntuoso edificio para <i>Carnicer\u00eda<\/i> de la villa, la cual era com\u00fan a vecinos y forasteros, a diferencia de las otras dos carnicer\u00edas p\u00fablicas que exist\u00edan anteriormente, una en la plazuela del Salvador, para solo los hijosdalgo, <i>en que se pegaba sin sisa<\/i>, y la otra en la colaci\u00f3n de San Gines, para Los pecheros, <i>con sisa<\/i>, y duraron hasta 1583, en que se quitaron los pechos.\r\n\r\nLa relaci\u00f3n de los sucesos, ya tr\u00e1gicos, ya festivos, de que desde su construcci\u00f3n hasta el d\u00eda ha sido testigo esta plaza dar\u00eda materia a un largo volumen; pero limitados hoy a los estrechos t\u00e9rminos de este cap\u00edtulo, indicaremos s\u00f3lo los m\u00e1s principales, para excitar la curiosidad y el inter\u00e9s de los investigadores de la historia matritense.\r\n\r\nEl primer suceso hist\u00f3rico a que sirvi\u00f3 de teatro esta plaza tuvo lugar a 15 de Mayo de 1620, pocos meses despu\u00e9s de concluida la nueva. Celebr\u00e1base aquel d\u00eda por la villa la beatificaci\u00f3n del glorioso <i>Isidro Labrador<\/i> con una solemne funci\u00f3n, para lo cual se juntaron en Madrid los pendones, cruces y cofrad\u00edas, clerec\u00edas, alcaldes, regidores y alguaciles de cuarenta y siete villas y lugares, formando una procesi\u00f3n, en que se contaban 156 estandartes, 78 cruces, 19 danzas y muchos ministriles, trompetas y chirim\u00edas. El cuerpo del Santo se coloc\u00f3 en el arca de plata que hicieron y donaron los plateros de Madrid, y habiendo venido el Rey y su familia desde Aranjuez, hubo danzas, m\u00e1scaras, juegos y encamisadas por espacio de seis d\u00edas; en la plaza se arm\u00f3 un castillo con muchos artificios y fuegos, que se quem\u00f3 por descuido, termin\u00e1ndose la funci\u00f3n con un certamen po\u00e9tico para nueve temas que propuso la villa, y de que fue secretario el c\u00e9lebre <i>Lope de Vega<\/i>, que despu\u00e9s lo public\u00f3.\r\n\r\nPor auto acordado en 30 de Junio del mismo a\u00f1o se puso tasa en los balcones de la misma plaza para las fiestas Reales, se\u00f1alando el precio de <i>doce ducados<\/i> para los primeros, <i>ocho<\/i> para los segundos, <i>seis<\/i> para los terceros, y <i>cuatro<\/i> para los cuartos, lo cual se entend\u00eda s\u00f3lo por las tardes; pues el disfrute de las ma\u00f1anas era de los inquilinos de las mismas casas.\r\n\r\nHabiendo fallecido Felipe III en 31 de Marzo de 1621, levant\u00f3 Madrid pendones por su hijo Felipe\u00a0IV en 2 de Mayo siguiente, celebr\u00e1ndose esta ceremonia con grande aparato en la nueva Plaza Mayor.\r\n\r\nM\u00e1s tr\u00e1gica escena se represent\u00f3 en \u00e9sta en 21 de Octubre del mismo a\u00f1o, alz\u00e1ndose en medio de ella el p\u00fablico cadalso en que fue decapitado el c\u00e9lebre ministro y valido <i>D.\u00a0Rodrigo Calder\u00f3n, marqu\u00e9s de Siete Iglesias<\/i>, y viendo Madrid con asombro rodar a los pies del verdugo la cabeza del mismo magnate a quien pocos meses antes hab\u00eda visto pasear aquella plaza con gallard\u00eda al frente de la guardia tudesca, cuyo capit\u00e1n era. Cat\u00e1strofe memorable, que le pronostic\u00f3 el tambi\u00e9n desgraciado Conde de Villamediana, con motivo de cierta reyerta que en las fiestas anteriores tuvo D. Rodrigo en la plaza con D. Fernando Verdugo, capit\u00e1n de la guardia espa\u00f1ola, en aquellos versos que dec\u00edan:\r\n<div class=\"cit\">\r\n\r\n\u00bfPendencia con Verdugo, y en la plaza?\r\n\r\nMala se\u00f1al, por cierto, te amenaza.\r\n\r\n<\/div>\r\nEl domingo 19 de Junio de 1622 celebr\u00f3 Madrid la canonizaci\u00f3n del mismo patr\u00f3n <i>San Isidro Labrador<\/i>, al propio tiempo que la de los santos <i>Ignacio de Loyola, Francisco Javier, Teresa de Jes\u00fas<\/i> y <i>Felipe Neri<\/i>, con grande solemnidad de altares en la plaza y calles del tr\u00e1nsito, procesiones, m\u00e1scaras y luminarias, cuya pomposa relaci\u00f3n public\u00f3 <i>Lope de Vega<\/i>, autor de las dos comedias representadas en aquella ocasi\u00f3n a los Consejos y Ayuntamiento en la misma Plaza Mayor, y cuyo argumento est\u00e1 tomado de la vida de San Isidro.\r\n\r\nCon motivo de la venida del Pr\u00edncipe de Gales a la corte de Espa\u00f1a en 1623, con el objeto de ofrecer su mano a la infanta do\u00f1a Mar\u00eda, hermana de Felipe\u00a0IV, ya liemos dicho que los seis meses que estuvo en Madrid, hasta 9 de Setiembre, en que sali\u00f3 para Inglaterra, fueron una serie no interrumpida de festejos asombrosos, en que despleg\u00f3 su car\u00e1cter po\u00e9tico y caballeresco el Rey, y su corte la grandeza y riqueza que encerraba en su seno; pero no siendo nuestro intento, por ahora, detenernos a describir aquella brillante \u00e9poca de Madrid, fijaremos s\u00f3lo la atenci\u00f3n en las solemnes <i>fiestas de toros<\/i>, celebradas, para obsequiar al Pr\u00edncipe, en la Plaza Mayor, el d\u00eda 1.\u00ba de Junio. Para ello se puso otro balc\u00f3n dorado junto al de SS. MM.; y habiendo venido la Peina en silla, por hallarse pre\u00f1ada, acompa\u00f1\u00e1ndola a pie el Conde-duque de Olivares y el de Benavente, el Marqu\u00e9s de Almaz\u00e1n y dos alcaldes de corte, ocup\u00f3 su balc\u00f3n con los infantes e infanta do\u00f1a Mar\u00eda; en el otro balc\u00f3n nuevo, <i>dividido con un cancel o biombo<\/i>, se coloc\u00f3 el Rey con el Pr\u00edncipe ingl\u00e9s. En esta fiesta, dicen los historiadores madrile\u00f1os que fue la primera en que se introdujo sacar de la plaza los toros muertos por medio de mulas, peregrina invenci\u00f3n, que atribuyeron al corregidor D. Juan de Castro y Castilla. \u00daltimamente, para celebrar el ajuste del pr\u00f3ximo casamiento del Pr\u00edncipe con la Infanta (que al fin no lleg\u00f3 a verificarse), dispuso el Rey una solemne <i>fiesta Real de ca\u00f1as<\/i> para el lunes 21 de Agosto, arregl\u00e1ndose diez cuadrillas, que reg\u00edan el Corregidor de Madrid, el Duque de Oropesa, el Marqu\u00e9s de Villafranca, el Almirante de Castilla, el Conde de Monterey, el Marqu\u00e9s de Castel-Rodrigo, el Conde de Cea, el Duque de Besa, el Marqu\u00e9s del Carpi\u00f3 y el Rey en persona. Merece leerse la suntuosa descripci\u00f3n que hacen los historiadores de esta fiesta, una de las m\u00e1s magn\u00edficas que ha presenciado la corte de Espa\u00f1a; pasando de quinientos el n\u00famero de caballos que entraron en ella, soberbiamente enjaezados, y montados por los m\u00e1s bizarros personajes. La Reina y la Infanta (a quien ya llamaban <i>Princesa<\/i>) asistieron al balc\u00f3n de la Panader\u00eda, y <i>se permiti\u00f3 a dicha Infanta usar los colores del Pr\u00edncipe, que era el blanco<\/i>. Luego entr\u00f3 en el balc\u00f3n el Rey con el Pr\u00edncipe e Infantes, y por orden de S. M. <i>se quit\u00f3 el cancel que estaba puesto entre ambos balcones, quedando el Pr\u00edncipe de Gales al lado de la Infanta, su prometida, consol\u00f3 la reja de hierro en el medio<\/i>. Corri\u00e9ronse primero algunos toros, y luego pas\u00f3 el Rey a vestirse a casa de la Condesa de Miranda, desde donde vino a la plaza con su cuadrilla, empezando S. M. la primera carrera con el Conde-duque de Olivares; y as\u00ed que se avist\u00f3 la Real persona, se levantaron la Reina, el Pr\u00edncipe, la Infanta, el Infante, los Consejos, Tribunales y la dem\u00e1s concurrencia que llenaba la plaza, y estuvieron descubiertos hasta que S. M. termin\u00f3 la carrera; siguiendo luego las dem\u00e1s escaramuzas y juego todas las otras cuadrillas, se\u00f1al\u00e1ndose en todas ellas la del Rey, cuya gallard\u00eda y juventud (ten\u00eda a la saz\u00f3n diez y ocho a\u00f1os) dio mucho que admirar al concurso todo.\r\n\r\nEspect\u00e1culo de muy diverso g\u00e9nero present\u00f3 la plaza nueva, el d\u00eda 21 de Enero de 1624, en el <i>auto de fe<\/i> (el primero de que se hace menci\u00f3n en ella) celebrado por la Inquisici\u00f3n para juzgar al reo Benito Ferrer por fingirse sacerdote. A esta ceremonia asistieron los consejos y autoridades, con todo el s\u00e9quito de costumbre, los familiares de la Inquisici\u00f3n y las comunidades religiosas, y el reo fue quemado vivo en el brasero que se form\u00f3 fuera de la puerta de Alcal\u00e1. Otro <i>auto de fe<\/i> se menciona en 14 de Julio del propio a\u00f1o, en que fue condenado Reinaldos de Peralta, buhonero trances; \u00e9ste fue sentenciado a garrote y despu\u00e9s quemado su cad\u00e1ver.\r\n\r\nEntre las varias <i>fiestas Reales<\/i> celebradas en aquella \u00e9poca, merece mencionarse la de <i>toros y ca\u00f1as<\/i> que hubieron lugar en esta plaza a 12 de Octubre de 1629, para celebrar el casamiento de la misma infanta D.\u00aa\u00a0Mar\u00eda (antes prometida al Pr\u00edncipe de Gales) con el Rey de Hungr\u00eda, a cuya fiesta asisti\u00f3 la misma Infanta, y acabada aqu\u00e9lla, sali\u00f3 de Madrid para reunirse con su esposo en Alemania.\r\n\r\nEl d\u00eda 7 de Julio de 1631 fue bien tr\u00e1gico para la Plaza Mayor, pues habiendo prendido fuego en unos s\u00f3tanos, cerca de la Carnicer\u00eda, tom\u00f3 tal incremento, que corri\u00f3 hasta el arco de Toledo, desapareciendo en breves horas todo aquel lienzo. Dur\u00f3 el fuego tres d\u00edas; murieron doce o trece personas, y se quemaron m\u00e1s de cincuenta casas, cuya p\u00e9rdida se valu\u00f3 en un mill\u00f3n y trescientos mil ducados.\r\n\r\nNo bastando los socorros humanos, acudieron a los divinos, llevando a la plaza el Sant\u00edsimo Sacramento de las parroquias de Santa Cruz, San Gines y San Miguel, y levantando altares en los balcones, donde se celebraban misas. Colocaron tambi\u00e9n las im\u00e1genes de Nuestra Se\u00f1ora de los Remedios, de la Novena, y otras varias, siendo extraordinaria la agitaci\u00f3n y pesadumbre que tan extraordinario suceso ocasion\u00f3 en el vecindario.\r\n\r\nSin embargo, no dejaron de correrse pocos d\u00edas despu\u00e9s los <i>toros de Santa Ana<\/i> en la misma plaza, a 16 de Agosto siguiente<a href=\"http:\/\/www.publiconsulting.com\/wordpress\/madridantiguo\/back-matter\/notas\/#nt109\" id=\"rf109\"><sup>[109]<\/sup><\/a>; los Reyes mudaron de balc\u00f3n, y asistieron a la fiesta en uno de la acera de los <i>Pa\u00f1eros<\/i>, porque en la Casa Panader\u00eda hab\u00eda enfermos de garrotillo; y sucedi\u00f3 que a lo mejor de la fiesta corri\u00f3 r\u00e1pidamente la voz de <i>\u00a1Fuego en la Plaza!<\/i>, ocasionada por el humo que ve\u00edan salir de los terrados, y era a causa de que unos esportilleros se hab\u00edan colocado a ver la fiesta sobre los ca\u00f1ones de las chimeneas del portal de <i>Manteros<\/i> y <i>Zapoter\u00eda<\/i>. La confusi\u00f3n que esta voz produjo, por el recuerdo de la reciente cat\u00e1strofe, fue tal entre los cincuenta mil y m\u00e1s espectadores que ocupaban la plaza, que unos se arrojaron por los balcones, otros de los tablados; en las casas de la Zapater\u00eda reventaron las escaleras, muriendo en todo y estrope\u00e1ndose multitud de personas; y gracias a que el Rey conserv\u00f3 la serenidad y permaneci\u00f3 en su balc\u00f3n, mandando continuar la fiesta para asegurar a los alucinados.\r\n\r\nOtro <i>auto de fe<\/i> celebr\u00f3 en esta plaza la Inquisici\u00f3n de Toledo en 1632, con asistencia de la Suprema y de los Consejos de Castilla, Arag\u00f3n, Italia, Portugal, Flandes y las Indias. Juzg\u00f3se en este auto a treinta y tres reos por diferentes delitos, cuya relaci\u00f3n imprimi\u00f3 el arquitecto Juan G\u00f3mez de Mora. El Rey y su familia asistieron a esta solemnidad en el balc\u00f3n s\u00e9ptimo del \u00e1ngulo de la Cava de San Miguel.\r\n\r\nA consecuencia de la causa de conspiraci\u00f3n contra el Estado, formada al duque de H\u00edjar D.\u00a0Rodrigo Silva, al general D. Carlos Padilla y al Marqu\u00e9s de la Vega, fueron degollados en p\u00fablico cadalso los dos \u00faltimos, en la Plaza Mayor, el Viernes 5 de Noviembre de 1648<a href=\"http:\/\/www.publiconsulting.com\/wordpress\/madridantiguo\/back-matter\/notas\/#nt110\" id=\"rf110\"><sup>[110]<\/sup><\/a>.\r\n\r\nMuchos otros acontecimientos y fiestas tuvieron lugar en la plaza durante el largo reinado de Felipe\u00a0IV; pero el m\u00e1s se\u00f1alado, sin chula, fue ocasionado por la entrada p\u00fablica de su segunda esposa D.\u00aa Mariana de Austria, el 15 de Noviembre de 1645. La pomposa descripci\u00f3n de los adornos de la carrera, arcos, templetes, teatros, danzas y m\u00e1scaras puede verse en el analista Pinelo, que la describe con su acostumbrada prolijidad. Baste decir que en la calle de Plater\u00edas se formaron dos grandes gradas o mostradores, donde el gremio de plateros coloc\u00f3 joyas y alhajas riqu\u00edsimas, por valor de m\u00e1s de <i>dos millones de ducados<\/i>.\r\n\r\nEl reinado de Carlos II, el de <i>los hechizos<\/i>, ni durante su larga minor\u00eda, ni despu\u00e9s que tom\u00f3 las riendas del gobierno, prest\u00f3 ni pudo prestar a la corte de Espa\u00f1a aquel colorido brillante, po\u00e9tico y caballeresco que el anterior, distando tanto el car\u00e1cter e inclinaciones del nuevo Monarca de las que su padre hab\u00eda ostentado toda su vida. La austeridad y la tristeza ocasionadas por la enfermiza constituci\u00f3n de Carlos y su esp\u00edritu apocado se reflejaron sensiblemente en toda la monarqu\u00eda, y el pueblo madrile\u00f1o, ocupado unas veces con las intrigas palaciegas del padre Nitard y Valenzuela, otras con los regios disturbios de D.\u00aa\u00a0Mariana y D. Juan de Austria, y posteriormente con las dolencias y escr\u00fapulos del Rey, sus conjuros y su impotencia, apenas tuvo lugar de presenciar en la Plaza Mayor aquellos magn\u00edficos espect\u00e1culos de que tan grata memoria conservaba.\r\n\r\nHubo, sin embargo, algunos par\u00e9ntesis halag\u00fce\u00f1os en aquella \u00e9poca doliente y monacal, y tal fue, sin duda, el que ocasion\u00f3 el regio enlace de Carlos con la princesa <i>Mar\u00eda Luisa de Orleans<\/i>.\r\n\r\nPero antes debemos hacer menci\u00f3n de otro episodio desgraciado en esta plaza, y fue un segundo incendio, ocurrido en la noche de 20 de Agosto de 1672, que devor\u00f3 muchas casas y la Real de la Panader\u00eda, la cual fue levantada de nuevo en el espacio de diez y siete meses, merced al empe\u00f1o del privado Valenzuela, y bajo los planes y direcci\u00f3n del arquitecto D.\u00a0Jos\u00e9 Donoso, uno de los corruptores del buen gusto en aquella \u00e9poca desdichada; si bien en este edificio, conserv\u00e1ndose la planta baja (que era de G\u00f3mez de Mora), trat\u00f3 el Donoso de imitar en las dem\u00e1s la construcci\u00f3n antigua, con los mismos tres \u00f3rdenes de balcones y uno corrido en el principal, y las dos torrecillas en los extremos del edificio. La escalera es ancha y majestuosa, y los salones tienen magn\u00edficos artesones pintados a competencia por el mismo Donoso y Claudio Coello. Pero volvamos a Mar\u00eda Luisa de Orleans.\r\n\r\nLa solemne entrada de esta desgraciada Reina en 13 de Enero de 1680 sirvi\u00f3 de ocasi\u00f3n al pueblo madrile\u00f1o para desplegar su natural alegr\u00eda, y a la corte de Espa\u00f1a para ostentar a\u00fan las \u00faltimas llamaradas de su antigua grandeza. Entre la multitud de festejos celebrados con este motivo, las <i>fiestas Reales de toros<\/i> que tuvieron lugar en la Plaza Mayor fueron acaso las m\u00e1s se\u00f1aladas. Una autora francesa contempor\u00e1nea describe aquella regia fiesta con brillantes pinceladas.\r\n\r\n\u00abLa Plaza Mayor, circundada por un extenso tablado y decorada magn\u00edficamente con elegantes colgaduras, ofrec\u00eda un golpe de vista m\u00e1gico; al ruido de las m\u00fasicas, y entre la animada agitaci\u00f3n de la multitud, fueron ocupando los balcones que les estaban se\u00f1alados las Autoridades de la villa, los Consejos de Castilla, de Arag\u00f3n, de la Inquisici\u00f3n, de Hacienda, de las Ordenes, de Flandes y de Italia, las embajadas de todas las cortes, los jefes y servidumbre de la casa Real, los grandes y t\u00edtulos del Reino. Ricos tabaques henchidos de dulces, de guantes, de cintas, abanicos, medias, ligas, bolsillos de \u00e1mbar <i>llenos de monedas de oro<\/i>, eran ofrecidos a las damas convidadas por S.\u00a0M., y por todas partes reinaba un movimiento, una alegr\u00eda imposible de pintar. Al aspecto de aquella plaza, que tra\u00eda a la memoria los antiguos usos del pueblo-rey, de aquellas ricas tapicer\u00edas, de aquellos balcones llenos de hermosuras, de aquellos caballeros gallardeando sobre caballos andaluces y luciendo a la vez su magnificencia y su destreza. Mar\u00eda Luisa pudo gloriarse de ser la soberana de un pueblo tan noble y tan gal\u00e1n.\r\n\r\n\u00bbLuego que el Rey y la Reina hubieron tomado asiento en su balc\u00f3n, la guardia de <i>Archeros<\/i> y de la <i>Lancilla<\/i> hizo el <i>despejo<\/i> de la plaza; entraron en seguida cincuenta toneles de agua, que la regaron, y la guardia se retir\u00f3 bajo el balc\u00f3n del Rey, conservando aquel peligroso puesto durante toda la corrida, sin m\u00e1s acci\u00f3n de defensa que la de presentar al toro en espesa fila la punta de sus alabardas, y si el animal mor\u00eda al impulso de \u00e9stas, los despojos eran para los soldados. Seis alguaciles ricamente vestidos y sobre ligeros caballos atravesaron luego la plaza para traer a los caballeros que deb\u00edan lidiar. Otros recibieron de las manos del Rey las llaves del toril y fueron a desempe\u00f1ar su comisi\u00f3n, no sin visibles se\u00f1ales de pavura a la vista del toro que, abierta ola compuerta, se lanzaba a la plaza con toda la ferocidad de su instinto.\r\n\r\n\u00bbEntre los <i>caballeros en plaza<\/i> se hallaba el Duque de Medinasidonia, el Marqu\u00e9s de Camarasa, el Conde de Rivadavia y otros grandes, y un joven sueco (el Conde de Konismarck), hermoso, valiente, y que atra\u00eda las miradas de todos por la magnificencia de su comitiva. Compon\u00edase de doce caballos soberbios, conducidos por palafraneros, y seis mulas cubiertas de terciopelo bordado de oro, que llevaban las lanzas y <i>rejoncillos<\/i>. Cada combatiente ten\u00eda igualmente su comitiva, y todos estaban ricamente vestidos con variados colores y plumajes, ba\u00f1adas y divisas. Cada caballero llevaba cuarenta lacayos vestidos de indios, o de turcos, o de h\u00fangaros, o de moros. Esta comitiva pase\u00f3 la plaza y se retir\u00f3 despu\u00e9s a la barrera.\r\n\r\n\u00bbNo bien el primer toro se present\u00f3 en la plaza, emanado una lluvia de dardos arrojadizos, llamados <i>banderillas<\/i>, a cayeron sobre \u00e9l, excitando el furor de la fiera con sus a vivas picaduras. Corr\u00eda entonces a buscar al caballero, el a cual le esperaba con una peque\u00f1a lanza en la mano, hincaba su punta en el toro y, quebrando el mango, daba una airosa vuelta, y burlaba esquivando la furia del animal; un lacayo presentaba entonces al caballero otro <i>rejoncillo<\/i>, y volv\u00eda a repetir la misma suerte. El toro entonces, fuera de s\u00ed, ciego de c\u00f3lera, se adelant\u00f3 una vez r\u00e1pidamente al Conde de Konismarck; un grito general ase oy\u00f3 en toda la plaza; la Reina, no pudiendo resistir a este espect\u00e1culo tan nuevo para ella, se cubri\u00f3 la vista a con las manos; el joven resisti\u00f3 el primer \u00edmpetu del toro, pero insistiendo \u00e9ste con el caballo, cae revuelto con \u00e9l, en tanto que un diestro vestido a la morisca llama la atenci\u00f3n del animal, y le pasa la espada tan felizmente, que la fiera cay\u00f3 redonda a sus pies. Las m\u00fasicas a resonaron de nuevo; las aclamaciones fren\u00e9ticas de la a multitud poblaron los aires, y el Rey arroj\u00f3 una bolsa a de oro al intr\u00e9pido matador. Seis mulas adornadas de cintas y campanillas arrancaron en seguida al toro muerto fuera del arenal; los lacayos retiraron al conde de Konismarek herido, y el drama volvi\u00f3 a empezar con un segundo toro\u00bb.\r\n\r\nContraste formidable con esta fiesta present\u00f3 en el mismo a\u00f1o aquella plaza con el memorable <i>auto de fe<\/i> de 30 de Junio. La relaci\u00f3n de esta tr\u00e1gica escena, publicada por <i>Jos\u00e9 del Olmo<\/i>, maestro mayor de obras Reales y familiar del Santo Oficio, es demasiado conocida y anda en manos de todos, para que nos detengamos en renovarla<a href=\"http:\/\/www.publiconsulting.com\/wordpress\/madridantiguo\/back-matter\/notas\/#nt111\" id=\"rf111\"><sup>[111]<\/sup><\/a>. Diremos s\u00f3lo que en ella, como en los \u00faltimos alardes solemnes de su poder\u00edo, ostent\u00f3 la Suprema Inquisici\u00f3n todo aquel aparato terrible, a par que magn\u00edfico, con que sol\u00eda revestir las decisiones de su tribunal. Desde las siete de la ma\u00f1ana hasta muy cerrada la noche dur\u00f3 la suntuosa ceremonia del juramento, la misa, serm\u00f3n, la lectura de las causas y sentencias. El Rey y la Reina (aunque esta \u00faltima debe suponerse que a despecho de su voluntad tierna y apasionada) permanecieron en los balcones que se 1 as prepararon hacia el \u00e1ngulo de la escalerilla de Piedra, las doce horas que dur\u00f3 aquel terrible espect\u00e1culo, y lo mismo hicieron los consejos, tribunales, grandes, t\u00edtulos y embajadores.\r\n\r\nLa descripci\u00f3n minuciosa de las ceremonias y el aspecto imponente que presentaba la plaza henchida de espectadores; la noticia de los nombres, cualidades, causas y sentencias de los reos, que ascendieron a m\u00e1s de ochenta, de los cuales <i>veinte y uno<\/i> fueron condenados a ser <i>quemados vivos<\/i>, todo ello puede verse en la ya citada relaci\u00f3n de Jos\u00e9 del Olmo, testigo de vista y funcionario en la citada ceremonia. Concluida \u00e9sta, los veinte y un reos condenados al \u00faltimo suplicio fueron conducidos al <i>Quemadero<\/i>, fuera de la puerta de Fuencarral, durando la ejecuci\u00f3n de las sentencias hasta pasada la media noche.\r\n\r\nEl siglo <small>XVIII<\/small> comenz\u00f3 para la monarqu\u00eda espa\u00f1ola con un cambio de dinast\u00eda, de pol\u00edtica y hasta de usos y costumbres; pues con la muerte de Carlos\u00a0II sin sucesi\u00f3n directa, acaecida en 1700, entr\u00f3 a ocupar el trono espa\u00f1ol la augusta casa de Borb\u00f3n, representada por el Duque de Anjou, solemnemente proclamado bajo el nombre de Felipe V.\r\n\r\nLa famosa guerra que tuvo que sostener catorce a\u00f1os con varias potencias de Europa para hacer valer sus derechos se hizo sentir hasta en el pueblo de Madrid, que, en medio de sus desgracias, le manifest\u00f3 una fidelidad a toda prueba. La Plaza Mayor vio alzarse en 1701 tablados para la solemne proclamaci\u00f3n de Felipe, y luego, por los reveses sufridos por sus armas, tuvo que presenciar los que alzaron los austr\u00edacos para proclamar a su archiduque; y hasta mir\u00f3 atravesar al mismo, m\u00e1s como fugitivo que como triunfador, cuando, habiendo entrado en Madrid el d\u00eda 29 de Setiembre de 1710, se volvi\u00f3 al campo desde la Plaza, quej\u00e1ndose de que <i>no hab\u00eda gente que saliera a recibirle<\/i>.\r\n\r\nTerminada, en fin, la contienda en favor de Felipe, y asegurado \u00e9ste en el trono espa\u00f1ol, dedic\u00f3 sus cuidados a embellecer la capital, y promovi\u00f3 tambi\u00e9n regocijos propios de un pueblo ilustrado; pero como sus costumbres e inclinaciones estaban m\u00e1s en analog\u00eda con las francesas, que hab\u00eda seguido en la ni\u00f1ez, en la espl\u00e9ndida corte de su abuelo Luis\u00a0XIV, no fueron tan comunes en su reinado las fiestas de toros, ca\u00f1as y autos sacramentales, y hasta lleg\u00f3 a prohibir las primeras y mandar aplicar a las necesidades de la guerra los gastos que se hac\u00edan en la representaci\u00f3n de estos \u00faltimos en la Plaza durante la octava del Corpus.\r\n\r\nHuyendo instintivamente de todo lo que le recordaba a la casa de Austria, su antagonista, edific\u00f3 nuevo Palacio Real, desde\u00f1\u00f3 profundamente el Buen Retiro y Aran juez, cre\u00f3 un nuevo Versalles en San Ildefonso, y hasta mand\u00f3 labrar su sepulcro en \u00e9l, por no ir a reposar con sus anteriores en el regio pante\u00f3n del Escorial.\r\n\r\nLa <i>Plaza Mayor<\/i>, ya destituida de la importancia de aquellos actos de ostentaci\u00f3n, se convirti\u00f3 en mercado p\u00fablico, y cubri\u00e9ndose de cajones y tinglados para la venia de toda clase de comestibles, s\u00f3lo en algunas ocasiones solemnes de entradas de reyes, coronaci\u00f3n o desposorios, sol\u00eda despojarse y volver a servir de teatro a las fiestas Reales. Tal sucedi\u00f3 en el pasado siglo a la coronaci\u00f3n de Fernando\u00a0VI, a la proclamaci\u00f3n de Carlos III, el 13 de Julio de 1760; \u00faltimamente a la jura del Pr\u00edncipe de Asturias, despu\u00e9s D. Carlos IV, su proclamaci\u00f3n, y en alguna otra ocasi\u00f3n an\u00e1loga.\r\n\r\nPero a fines del mismo siglo otra tercer cat\u00e1strofe vino a destruir parte de dicha plaza antigua; tal fue el violent\u00edsimo incendio que empez\u00f3 en la noche del 16 de Agosto de 1790, y de que aun hemos alcanzado a escuchar de algunos ancianos la dolorosa narraci\u00f3n. Todo el lienzo que orna a Oriente y parte del arco de Toledo desaparecieron completamente, y las desgracias y p\u00e9rdidas fueron imposibles de calcular.\r\n\r\nPero de estas mismas desgracias naci\u00f3 la necesidad de reedificar bajo una forma m\u00e1s elegante y s\u00f3lida los dos lienzos ya dichos, bajo los planes del arquitecto D.\u00a0Juan de Villanueva, que levant\u00f3 el portal llamado de Pringas a principios de este siglo, y han seguido despu\u00e9s los arquitectos municipales en las construcciones posteriores; variando, sin embargo, muy acertadamente, el plan de Villanueva en cuanto a la forma de arcos rebajados que ide\u00f3 para la entrada de las calles, construyendo \u00e9stos de medio punto y suficiente elevaci\u00f3n, en cuyos t\u00e9rminos qued\u00f3 cerrada la nueva plaza el a\u00f1o de 1853.\r\n\r\nEl siglo actual no carece tampoco de episodios brillantes para la Plaza, y tal puede llamarse el de las funciones Peales celebradas en ella el 19 de Julio de 1803 con motivo del casamiento del pr\u00edncipe de Asturias D.\u00a0Fernando (despu\u00e9s VII) con la infanta do\u00f1a Antonia de N\u00e1poles.\r\n\r\nDurante la invasi\u00f3n francesa, y algunos a\u00f1os despu\u00e9s, continu\u00f3 sirviendo esta plaza de mercado general, hasta que se traslad\u00f3 a la plazuela de San Miguel, y tambi\u00e9n de teatro de los suplicios de los patriotas espa\u00f1oles condenados por el Gobierno de Jos\u00e9. En 1812 vio levantarse arcos triunfales para recibir las tropas anglo-hispano-portuguesas, al mando de <i>lord<\/i> Wellington. A los tres d\u00edas de su entrada, el 15 del mismo Agosto, se public\u00f3 en ella solemnemente la <i>Constituci\u00f3n pol\u00edtica<\/i> de la monarqu\u00eda espa\u00f1ola, promulgada en C\u00e1diz, a 19 de Marzo del mismo a\u00f1o, y se descubri\u00f3 sobre el balc\u00f3n de la Panader\u00eda la l\u00e1pida con la inscripci\u00f3n en letras de oro \u00abP<small>LAZA DE LA<\/small> C<small>ONSTITUCI\u00d3N<\/small>\u00bb. Esta l\u00e1pida fue arrancada y hecha pedazos el d\u00eda 11 de Mayo de 1814 con gran algazara, y en aquel mismo d\u00eda alzaban los vendedores de la Plaza tres arcos de verdura para recibir a Fernando\u00a0VII de regreso de su cautiverio. En Marzo de 1820 fue de nuevo establecida la Constituci\u00f3n, y colocada una nueva l\u00e1pida con toda solemnidad y una alegr\u00eda fren\u00e9tica, ven 23 de Mayo de 1823 fue vuelta a arrancar con estr\u00e9pito, a la entrada del Duque de Angulema y del ej\u00e9rcito franc\u00e9s, sustituyendo en su lugar otra que dec\u00eda: \u00abP<small>LAZA<\/small> R<small>EAL<\/small>\u00bb.\r\n\r\nPero antes de esta \u00faltima escena hab\u00eda sido teatro la Plaza de otra memorable en la ma\u00f1ana del 7 de Julio de 1822, en que se trab\u00f3 una re\u00f1ida acci\u00f3n entre la Milicia Nacional y la Guardia Real, sosteniendo aqu\u00e9lla la Constituci\u00f3n, y \u00e9sta el Rey absoluto; de que result\u00f3 vencedora aqu\u00e9lla en las calles de la <i>Amargura<\/i>, de <i>Boteros<\/i> y <i>callej\u00f3n del Infierno<\/i>, que llevaron despu\u00e9s por alg\u00fan tiempo los nombres del <i>Siete de Julio<\/i>, del <i>Triunfo<\/i> y de la <i>Milicia Nacional<\/i>.\r\n\r\nPor \u00faltimo, habiendo muerto, en 29 de Setiembre de 1833, el rey Fernando\u00a0VII, fue proclamada solemnemente en esta plaza su augusta hija do\u00f1a Isabel II por reina de Espa\u00f1a, y publicada luego la Constituci\u00f3n de la monarqu\u00eda, volvi\u00f3 a colocarse otra l\u00e1pida, aplicando por tercera vez a la Plaza este nombre, a costa de tanta sangre disputado.\r\n\r\nTodav\u00eda los hijos de este siglo hemos llegado a tiempo de presenciar en esta plaza en distintas ocasiones aquellas magn\u00edficas <i>fiestas Reales<\/i> de toros en que ostentaba su grandeza la antigua corte espa\u00f1ola. La primera, en 21 de Junio de 1833, con motivo de la jura de la Princesa de Asturias (despu\u00e9s reina do\u00f1a Isabel\u00a0II), y las \u00faltimas, en los d\u00edas 16, 17 y 18 de Octubre de 1846, en celebraci\u00f3n de las bodas de esta misma augusta se\u00f1ora y de la infanta do\u00f1a Luisa Fernanda con los Duques de C\u00e1diz y de Montpensier. Presentes est\u00e1n en la memoria de todos los habitantes de Madrid el deslumbrador aparato, la animaci\u00f3n y la alegr\u00eda que ostent\u00f3 esta hermosa plaza en aquellos d\u00edas. Suntuosamente decorada con ricas colgaduras de grana y oro, henchidos sus balcones, gradas y tablados de una inmensa concurrencia, al frente de la cual brillaban en primera l\u00ednea los augustos novios, la Reina madre y se\u00f1ores Infantes, los Duques de <i>Montpensier<\/i> y de <i>Aumale<\/i>, las regias comitivas y todo lo que la corte encierra de m\u00e1s brillante, adem\u00e1s del inmenso n\u00famero de forasteros, entre los que se contaban muchas notabilidades pol\u00edticas y literarias de los pa\u00edses extranjeros, que consignaron luego pomposas descripciones de la fiesta, reflejaba dignamente el esplendido poder\u00edo y grandeza de la antigua corte de dos mundos.\r\n\r\nTambi\u00e9n la bizarr\u00eda y denuedo de los lidiadores y caballeros en plaza, y en especial del h\u00e9roe de la fiesta, el capit\u00e1n <i>D.\u00a0Antonio Romero<\/i>, que quebrando el rejoncillo, dej\u00f3 varios toros muertos a sus pies, colocaron en muy alto punto la proverbial fama del valor espa\u00f1ol, dieron a los propios y extra\u00f1os un espect\u00e1culo completamente caballeresco y nacional.\r\n\r\nConcluidas aquellas Reales funciones, y habi\u00e9ndose de reponer el empedrado de la Plaza, el Ayuntamiento de 1846 determin\u00f3 arreglar su pavimento en m\u00e1s elegante forma, dejando en el centro una explanada el\u00edptica, circundada de bancos y faroles, y de una calle adoquinada para el paso de coches entre ella y las anchas y c\u00f3modas aceras al lado de los portales, y nivelar el piso de \u00e9stos a las entradas de los arcos y bocacalles, para proporcionar de este modo un c\u00f3modo paseo cubierto<a href=\"http:\/\/www.publiconsulting.com\/wordpress\/madridantiguo\/back-matter\/notas\/#nt112\" id=\"rf112\"><sup>[112]<\/sup><\/a>.\r\n\r\nColoc\u00f3se, en fin, en el centro de aquella explanada, sobre un elevado pedestal, la estatua ecuestre en bronce de Felipe\u00a0III, que se hallaba en la Casa de Campo, y que fue cedida para este objeto por la munificencia de S. M. En dicho pedestal se puso esta inscripci\u00f3n: L<small>A REINA DO\u00d1A ISABEL<\/small> II, <i>a solicitud del Ayuntamiento de Madrid, mand\u00f3 colocar en este sitio la estatua del se\u00f1or rey don Felipe III, hijo de esta villa, que restituy\u00f3 a ella la corte en 1606, y en 1619 hizo construir esta Plaza Mayor. A\u00f1o de 1848<\/i><a href=\"http:\/\/www.publiconsulting.com\/wordpress\/madridantiguo\/back-matter\/notas\/#nt113\" id=\"rf113\"><sup>[113]<\/sup><\/a>.","rendered":"<p>Desde los tiempos de Juan II, a principios del siglo\u00a0<small>XV<\/small>, viene haci\u00e9ndose ya menci\u00f3n de la <i>Plaza del Arrabal<\/i>, extramuros de la puerta de Guadalajara, en el mismo sitio que ocupa hoy la Mayor y m\u00e1s central de la villa, aunque por entonces debi\u00f3 ser de forma irregular y cercada de mezquinas casas, propias de un arrabal; pero a medida que \u00e9ste fue creciendo en importancia, y dedic\u00e1ndose al comercio la parte inmediata a la antigua entrada principal de la villa, fueron tambi\u00e9n renov\u00e1ndose aqu\u00e9llas y dando lugar a otras, generalmente destinadas a tiendas y almacenes, algunas construidas por cuenta de la villa, como lo fue la <i>Carnicer\u00eda<\/i> y otras. En una Real provisi\u00f3n que existe en el archivo de Madrid, del rey don Felipe II, fecha en Barcelona, a 17 de Setiembre de 1503, \u00abcometida al licenciado Crist\u00f3bal de Toro\u00bb, para que informase \u00abqu\u00e9 costar\u00eda hacer unas tiendas en la Plaza del Arrabal, y si seguir\u00eda utilidad en hacerlas quedando su f\u00e1brica para los propios de la villa\u00bb, advertimos la circunstancia de que, aun tres siglos despu\u00e9s de la ampliaci\u00f3n de Madrid con la nueva cerca, y hasta treinta y m\u00e1s a\u00f1os posterior al establecimiento de la corte en ella, se ha apellidado el <i>arrabal<\/i> a la parte de la poblaci\u00f3n fuera de la antigua muralla.<\/p>\n<p class=\"ilustrafull\"><img decoding=\"async\" alt=\"\" src=\"\/\/www.publiconsulting.com\/wordpress\/madridantiguo\/wp-content\/uploads\/sites\/69\/2018\/03\/10.jpg\" \/><\/p>\n<p>El estado de deterioro a que hab\u00eda venido la plaza a principios del siglo\u00a0<small>XVII<\/small> movi\u00f3 al rey D. Felipe III a disponer su completa demolici\u00f3n, y la construcci\u00f3n de una nueva, digna de la corte m\u00e1s poderosa del mundo. A este fin dict\u00f3 las \u00f3rdenes m\u00e1s convenientes a su arquitecto Juan G\u00f3mez de Mora, uno de los m\u00e1s aventajados disc\u00edpulos de Juan de Herrera, el cual la dio terminada <i>en el corto espacio de dos a\u00f1os<\/i> (en el de 1619), ascendiendo su coste total a 900.000 ducados.<\/p>\n<p>Tiene su asiento en medio de la villa actual, formando un espacio de 434 pies de longitud, por 334 de latitud y 1.536 en la circunferencia, y antes de su \u00faltima renovaci\u00f3n ofrec\u00eda una gran simetr\u00eda en su caser\u00edo, que constaba de cinco pisos, sin los portales y b\u00f3vedas, con 7.3 pies de alto y 30 de cimientos, y con salidas descubiertas a seis calles, y tres con arcos; en sus cuatro frentes hab\u00eda 136 casas<a href=\"http:\/\/www.publiconsulting.com\/wordpress\/madridantiguo\/back-matter\/notas\/#nt108\" id=\"rf108\"><sup>[108]<\/sup><\/a>, con 477 ventanas con balc\u00f3n, y habitaci\u00f3n para 3.700 vecinos, pudiendo colocarse en ella, con ocasi\u00f3n de fiestas Reales, hasta 50.000 espectadores. Los frontispicios de las casas eran de ladrillo colorado, y estaba coronada por terrados y azoteas cubiertas de plomo y defendidas por una balaustrada de hierro. \u00c9sta y las cuatro hileras de los distintos pisos estaban tocadas de negro y oro, todo lo cual, y su rigorosa uniformidad, le daban un aspecto verdaderamente magn\u00edfico. En medio del lienzo que mira al Sur se construy\u00f3, al mismo tiempo que la Plaza, el elegante y suntuoso edificio con destino a servir de <i>Panader\u00eda<\/i> en su parte baja, y casa Real, con magn\u00edficos salones en la principal, para Juntas y otros actos p\u00fablicos, y para recibir a los Reyes cuando acud\u00edan a las fiestas solemnes que se celebraban en esta plaza.<\/p>\n<p>En el lienzo frontero se elev\u00f3 tambi\u00e9n otro suntuoso edificio para <i>Carnicer\u00eda<\/i> de la villa, la cual era com\u00fan a vecinos y forasteros, a diferencia de las otras dos carnicer\u00edas p\u00fablicas que exist\u00edan anteriormente, una en la plazuela del Salvador, para solo los hijosdalgo, <i>en que se pegaba sin sisa<\/i>, y la otra en la colaci\u00f3n de San Gines, para Los pecheros, <i>con sisa<\/i>, y duraron hasta 1583, en que se quitaron los pechos.<\/p>\n<p>La relaci\u00f3n de los sucesos, ya tr\u00e1gicos, ya festivos, de que desde su construcci\u00f3n hasta el d\u00eda ha sido testigo esta plaza dar\u00eda materia a un largo volumen; pero limitados hoy a los estrechos t\u00e9rminos de este cap\u00edtulo, indicaremos s\u00f3lo los m\u00e1s principales, para excitar la curiosidad y el inter\u00e9s de los investigadores de la historia matritense.<\/p>\n<p>El primer suceso hist\u00f3rico a que sirvi\u00f3 de teatro esta plaza tuvo lugar a 15 de Mayo de 1620, pocos meses despu\u00e9s de concluida la nueva. Celebr\u00e1base aquel d\u00eda por la villa la beatificaci\u00f3n del glorioso <i>Isidro Labrador<\/i> con una solemne funci\u00f3n, para lo cual se juntaron en Madrid los pendones, cruces y cofrad\u00edas, clerec\u00edas, alcaldes, regidores y alguaciles de cuarenta y siete villas y lugares, formando una procesi\u00f3n, en que se contaban 156 estandartes, 78 cruces, 19 danzas y muchos ministriles, trompetas y chirim\u00edas. El cuerpo del Santo se coloc\u00f3 en el arca de plata que hicieron y donaron los plateros de Madrid, y habiendo venido el Rey y su familia desde Aranjuez, hubo danzas, m\u00e1scaras, juegos y encamisadas por espacio de seis d\u00edas; en la plaza se arm\u00f3 un castillo con muchos artificios y fuegos, que se quem\u00f3 por descuido, termin\u00e1ndose la funci\u00f3n con un certamen po\u00e9tico para nueve temas que propuso la villa, y de que fue secretario el c\u00e9lebre <i>Lope de Vega<\/i>, que despu\u00e9s lo public\u00f3.<\/p>\n<p>Por auto acordado en 30 de Junio del mismo a\u00f1o se puso tasa en los balcones de la misma plaza para las fiestas Reales, se\u00f1alando el precio de <i>doce ducados<\/i> para los primeros, <i>ocho<\/i> para los segundos, <i>seis<\/i> para los terceros, y <i>cuatro<\/i> para los cuartos, lo cual se entend\u00eda s\u00f3lo por las tardes; pues el disfrute de las ma\u00f1anas era de los inquilinos de las mismas casas.<\/p>\n<p>Habiendo fallecido Felipe III en 31 de Marzo de 1621, levant\u00f3 Madrid pendones por su hijo Felipe\u00a0IV en 2 de Mayo siguiente, celebr\u00e1ndose esta ceremonia con grande aparato en la nueva Plaza Mayor.<\/p>\n<p>M\u00e1s tr\u00e1gica escena se represent\u00f3 en \u00e9sta en 21 de Octubre del mismo a\u00f1o, alz\u00e1ndose en medio de ella el p\u00fablico cadalso en que fue decapitado el c\u00e9lebre ministro y valido <i>D.\u00a0Rodrigo Calder\u00f3n, marqu\u00e9s de Siete Iglesias<\/i>, y viendo Madrid con asombro rodar a los pies del verdugo la cabeza del mismo magnate a quien pocos meses antes hab\u00eda visto pasear aquella plaza con gallard\u00eda al frente de la guardia tudesca, cuyo capit\u00e1n era. Cat\u00e1strofe memorable, que le pronostic\u00f3 el tambi\u00e9n desgraciado Conde de Villamediana, con motivo de cierta reyerta que en las fiestas anteriores tuvo D. Rodrigo en la plaza con D. Fernando Verdugo, capit\u00e1n de la guardia espa\u00f1ola, en aquellos versos que dec\u00edan:<\/p>\n<div class=\"cit\">\n<p>\u00bfPendencia con Verdugo, y en la plaza?<\/p>\n<p>Mala se\u00f1al, por cierto, te amenaza.<\/p>\n<\/div>\n<p>El domingo 19 de Junio de 1622 celebr\u00f3 Madrid la canonizaci\u00f3n del mismo patr\u00f3n <i>San Isidro Labrador<\/i>, al propio tiempo que la de los santos <i>Ignacio de Loyola, Francisco Javier, Teresa de Jes\u00fas<\/i> y <i>Felipe Neri<\/i>, con grande solemnidad de altares en la plaza y calles del tr\u00e1nsito, procesiones, m\u00e1scaras y luminarias, cuya pomposa relaci\u00f3n public\u00f3 <i>Lope de Vega<\/i>, autor de las dos comedias representadas en aquella ocasi\u00f3n a los Consejos y Ayuntamiento en la misma Plaza Mayor, y cuyo argumento est\u00e1 tomado de la vida de San Isidro.<\/p>\n<p>Con motivo de la venida del Pr\u00edncipe de Gales a la corte de Espa\u00f1a en 1623, con el objeto de ofrecer su mano a la infanta do\u00f1a Mar\u00eda, hermana de Felipe\u00a0IV, ya liemos dicho que los seis meses que estuvo en Madrid, hasta 9 de Setiembre, en que sali\u00f3 para Inglaterra, fueron una serie no interrumpida de festejos asombrosos, en que despleg\u00f3 su car\u00e1cter po\u00e9tico y caballeresco el Rey, y su corte la grandeza y riqueza que encerraba en su seno; pero no siendo nuestro intento, por ahora, detenernos a describir aquella brillante \u00e9poca de Madrid, fijaremos s\u00f3lo la atenci\u00f3n en las solemnes <i>fiestas de toros<\/i>, celebradas, para obsequiar al Pr\u00edncipe, en la Plaza Mayor, el d\u00eda 1.\u00ba de Junio. Para ello se puso otro balc\u00f3n dorado junto al de SS. MM.; y habiendo venido la Peina en silla, por hallarse pre\u00f1ada, acompa\u00f1\u00e1ndola a pie el Conde-duque de Olivares y el de Benavente, el Marqu\u00e9s de Almaz\u00e1n y dos alcaldes de corte, ocup\u00f3 su balc\u00f3n con los infantes e infanta do\u00f1a Mar\u00eda; en el otro balc\u00f3n nuevo, <i>dividido con un cancel o biombo<\/i>, se coloc\u00f3 el Rey con el Pr\u00edncipe ingl\u00e9s. En esta fiesta, dicen los historiadores madrile\u00f1os que fue la primera en que se introdujo sacar de la plaza los toros muertos por medio de mulas, peregrina invenci\u00f3n, que atribuyeron al corregidor D. Juan de Castro y Castilla. \u00daltimamente, para celebrar el ajuste del pr\u00f3ximo casamiento del Pr\u00edncipe con la Infanta (que al fin no lleg\u00f3 a verificarse), dispuso el Rey una solemne <i>fiesta Real de ca\u00f1as<\/i> para el lunes 21 de Agosto, arregl\u00e1ndose diez cuadrillas, que reg\u00edan el Corregidor de Madrid, el Duque de Oropesa, el Marqu\u00e9s de Villafranca, el Almirante de Castilla, el Conde de Monterey, el Marqu\u00e9s de Castel-Rodrigo, el Conde de Cea, el Duque de Besa, el Marqu\u00e9s del Carpi\u00f3 y el Rey en persona. Merece leerse la suntuosa descripci\u00f3n que hacen los historiadores de esta fiesta, una de las m\u00e1s magn\u00edficas que ha presenciado la corte de Espa\u00f1a; pasando de quinientos el n\u00famero de caballos que entraron en ella, soberbiamente enjaezados, y montados por los m\u00e1s bizarros personajes. La Reina y la Infanta (a quien ya llamaban <i>Princesa<\/i>) asistieron al balc\u00f3n de la Panader\u00eda, y <i>se permiti\u00f3 a dicha Infanta usar los colores del Pr\u00edncipe, que era el blanco<\/i>. Luego entr\u00f3 en el balc\u00f3n el Rey con el Pr\u00edncipe e Infantes, y por orden de S. M. <i>se quit\u00f3 el cancel que estaba puesto entre ambos balcones, quedando el Pr\u00edncipe de Gales al lado de la Infanta, su prometida, consol\u00f3 la reja de hierro en el medio<\/i>. Corri\u00e9ronse primero algunos toros, y luego pas\u00f3 el Rey a vestirse a casa de la Condesa de Miranda, desde donde vino a la plaza con su cuadrilla, empezando S. M. la primera carrera con el Conde-duque de Olivares; y as\u00ed que se avist\u00f3 la Real persona, se levantaron la Reina, el Pr\u00edncipe, la Infanta, el Infante, los Consejos, Tribunales y la dem\u00e1s concurrencia que llenaba la plaza, y estuvieron descubiertos hasta que S. M. termin\u00f3 la carrera; siguiendo luego las dem\u00e1s escaramuzas y juego todas las otras cuadrillas, se\u00f1al\u00e1ndose en todas ellas la del Rey, cuya gallard\u00eda y juventud (ten\u00eda a la saz\u00f3n diez y ocho a\u00f1os) dio mucho que admirar al concurso todo.<\/p>\n<p>Espect\u00e1culo de muy diverso g\u00e9nero present\u00f3 la plaza nueva, el d\u00eda 21 de Enero de 1624, en el <i>auto de fe<\/i> (el primero de que se hace menci\u00f3n en ella) celebrado por la Inquisici\u00f3n para juzgar al reo Benito Ferrer por fingirse sacerdote. A esta ceremonia asistieron los consejos y autoridades, con todo el s\u00e9quito de costumbre, los familiares de la Inquisici\u00f3n y las comunidades religiosas, y el reo fue quemado vivo en el brasero que se form\u00f3 fuera de la puerta de Alcal\u00e1. Otro <i>auto de fe<\/i> se menciona en 14 de Julio del propio a\u00f1o, en que fue condenado Reinaldos de Peralta, buhonero trances; \u00e9ste fue sentenciado a garrote y despu\u00e9s quemado su cad\u00e1ver.<\/p>\n<p>Entre las varias <i>fiestas Reales<\/i> celebradas en aquella \u00e9poca, merece mencionarse la de <i>toros y ca\u00f1as<\/i> que hubieron lugar en esta plaza a 12 de Octubre de 1629, para celebrar el casamiento de la misma infanta D.\u00aa\u00a0Mar\u00eda (antes prometida al Pr\u00edncipe de Gales) con el Rey de Hungr\u00eda, a cuya fiesta asisti\u00f3 la misma Infanta, y acabada aqu\u00e9lla, sali\u00f3 de Madrid para reunirse con su esposo en Alemania.<\/p>\n<p>El d\u00eda 7 de Julio de 1631 fue bien tr\u00e1gico para la Plaza Mayor, pues habiendo prendido fuego en unos s\u00f3tanos, cerca de la Carnicer\u00eda, tom\u00f3 tal incremento, que corri\u00f3 hasta el arco de Toledo, desapareciendo en breves horas todo aquel lienzo. Dur\u00f3 el fuego tres d\u00edas; murieron doce o trece personas, y se quemaron m\u00e1s de cincuenta casas, cuya p\u00e9rdida se valu\u00f3 en un mill\u00f3n y trescientos mil ducados.<\/p>\n<p>No bastando los socorros humanos, acudieron a los divinos, llevando a la plaza el Sant\u00edsimo Sacramento de las parroquias de Santa Cruz, San Gines y San Miguel, y levantando altares en los balcones, donde se celebraban misas. Colocaron tambi\u00e9n las im\u00e1genes de Nuestra Se\u00f1ora de los Remedios, de la Novena, y otras varias, siendo extraordinaria la agitaci\u00f3n y pesadumbre que tan extraordinario suceso ocasion\u00f3 en el vecindario.<\/p>\n<p>Sin embargo, no dejaron de correrse pocos d\u00edas despu\u00e9s los <i>toros de Santa Ana<\/i> en la misma plaza, a 16 de Agosto siguiente<a href=\"http:\/\/www.publiconsulting.com\/wordpress\/madridantiguo\/back-matter\/notas\/#nt109\" id=\"rf109\"><sup>[109]<\/sup><\/a>; los Reyes mudaron de balc\u00f3n, y asistieron a la fiesta en uno de la acera de los <i>Pa\u00f1eros<\/i>, porque en la Casa Panader\u00eda hab\u00eda enfermos de garrotillo; y sucedi\u00f3 que a lo mejor de la fiesta corri\u00f3 r\u00e1pidamente la voz de <i>\u00a1Fuego en la Plaza!<\/i>, ocasionada por el humo que ve\u00edan salir de los terrados, y era a causa de que unos esportilleros se hab\u00edan colocado a ver la fiesta sobre los ca\u00f1ones de las chimeneas del portal de <i>Manteros<\/i> y <i>Zapoter\u00eda<\/i>. La confusi\u00f3n que esta voz produjo, por el recuerdo de la reciente cat\u00e1strofe, fue tal entre los cincuenta mil y m\u00e1s espectadores que ocupaban la plaza, que unos se arrojaron por los balcones, otros de los tablados; en las casas de la Zapater\u00eda reventaron las escaleras, muriendo en todo y estrope\u00e1ndose multitud de personas; y gracias a que el Rey conserv\u00f3 la serenidad y permaneci\u00f3 en su balc\u00f3n, mandando continuar la fiesta para asegurar a los alucinados.<\/p>\n<p>Otro <i>auto de fe<\/i> celebr\u00f3 en esta plaza la Inquisici\u00f3n de Toledo en 1632, con asistencia de la Suprema y de los Consejos de Castilla, Arag\u00f3n, Italia, Portugal, Flandes y las Indias. Juzg\u00f3se en este auto a treinta y tres reos por diferentes delitos, cuya relaci\u00f3n imprimi\u00f3 el arquitecto Juan G\u00f3mez de Mora. El Rey y su familia asistieron a esta solemnidad en el balc\u00f3n s\u00e9ptimo del \u00e1ngulo de la Cava de San Miguel.<\/p>\n<p>A consecuencia de la causa de conspiraci\u00f3n contra el Estado, formada al duque de H\u00edjar D.\u00a0Rodrigo Silva, al general D. Carlos Padilla y al Marqu\u00e9s de la Vega, fueron degollados en p\u00fablico cadalso los dos \u00faltimos, en la Plaza Mayor, el Viernes 5 de Noviembre de 1648<a href=\"http:\/\/www.publiconsulting.com\/wordpress\/madridantiguo\/back-matter\/notas\/#nt110\" id=\"rf110\"><sup>[110]<\/sup><\/a>.<\/p>\n<p>Muchos otros acontecimientos y fiestas tuvieron lugar en la plaza durante el largo reinado de Felipe\u00a0IV; pero el m\u00e1s se\u00f1alado, sin chula, fue ocasionado por la entrada p\u00fablica de su segunda esposa D.\u00aa Mariana de Austria, el 15 de Noviembre de 1645. La pomposa descripci\u00f3n de los adornos de la carrera, arcos, templetes, teatros, danzas y m\u00e1scaras puede verse en el analista Pinelo, que la describe con su acostumbrada prolijidad. Baste decir que en la calle de Plater\u00edas se formaron dos grandes gradas o mostradores, donde el gremio de plateros coloc\u00f3 joyas y alhajas riqu\u00edsimas, por valor de m\u00e1s de <i>dos millones de ducados<\/i>.<\/p>\n<p>El reinado de Carlos II, el de <i>los hechizos<\/i>, ni durante su larga minor\u00eda, ni despu\u00e9s que tom\u00f3 las riendas del gobierno, prest\u00f3 ni pudo prestar a la corte de Espa\u00f1a aquel colorido brillante, po\u00e9tico y caballeresco que el anterior, distando tanto el car\u00e1cter e inclinaciones del nuevo Monarca de las que su padre hab\u00eda ostentado toda su vida. La austeridad y la tristeza ocasionadas por la enfermiza constituci\u00f3n de Carlos y su esp\u00edritu apocado se reflejaron sensiblemente en toda la monarqu\u00eda, y el pueblo madrile\u00f1o, ocupado unas veces con las intrigas palaciegas del padre Nitard y Valenzuela, otras con los regios disturbios de D.\u00aa\u00a0Mariana y D. Juan de Austria, y posteriormente con las dolencias y escr\u00fapulos del Rey, sus conjuros y su impotencia, apenas tuvo lugar de presenciar en la Plaza Mayor aquellos magn\u00edficos espect\u00e1culos de que tan grata memoria conservaba.<\/p>\n<p>Hubo, sin embargo, algunos par\u00e9ntesis halag\u00fce\u00f1os en aquella \u00e9poca doliente y monacal, y tal fue, sin duda, el que ocasion\u00f3 el regio enlace de Carlos con la princesa <i>Mar\u00eda Luisa de Orleans<\/i>.<\/p>\n<p>Pero antes debemos hacer menci\u00f3n de otro episodio desgraciado en esta plaza, y fue un segundo incendio, ocurrido en la noche de 20 de Agosto de 1672, que devor\u00f3 muchas casas y la Real de la Panader\u00eda, la cual fue levantada de nuevo en el espacio de diez y siete meses, merced al empe\u00f1o del privado Valenzuela, y bajo los planes y direcci\u00f3n del arquitecto D.\u00a0Jos\u00e9 Donoso, uno de los corruptores del buen gusto en aquella \u00e9poca desdichada; si bien en este edificio, conserv\u00e1ndose la planta baja (que era de G\u00f3mez de Mora), trat\u00f3 el Donoso de imitar en las dem\u00e1s la construcci\u00f3n antigua, con los mismos tres \u00f3rdenes de balcones y uno corrido en el principal, y las dos torrecillas en los extremos del edificio. La escalera es ancha y majestuosa, y los salones tienen magn\u00edficos artesones pintados a competencia por el mismo Donoso y Claudio Coello. Pero volvamos a Mar\u00eda Luisa de Orleans.<\/p>\n<p>La solemne entrada de esta desgraciada Reina en 13 de Enero de 1680 sirvi\u00f3 de ocasi\u00f3n al pueblo madrile\u00f1o para desplegar su natural alegr\u00eda, y a la corte de Espa\u00f1a para ostentar a\u00fan las \u00faltimas llamaradas de su antigua grandeza. Entre la multitud de festejos celebrados con este motivo, las <i>fiestas Reales de toros<\/i> que tuvieron lugar en la Plaza Mayor fueron acaso las m\u00e1s se\u00f1aladas. Una autora francesa contempor\u00e1nea describe aquella regia fiesta con brillantes pinceladas.<\/p>\n<p>\u00abLa Plaza Mayor, circundada por un extenso tablado y decorada magn\u00edficamente con elegantes colgaduras, ofrec\u00eda un golpe de vista m\u00e1gico; al ruido de las m\u00fasicas, y entre la animada agitaci\u00f3n de la multitud, fueron ocupando los balcones que les estaban se\u00f1alados las Autoridades de la villa, los Consejos de Castilla, de Arag\u00f3n, de la Inquisici\u00f3n, de Hacienda, de las Ordenes, de Flandes y de Italia, las embajadas de todas las cortes, los jefes y servidumbre de la casa Real, los grandes y t\u00edtulos del Reino. Ricos tabaques henchidos de dulces, de guantes, de cintas, abanicos, medias, ligas, bolsillos de \u00e1mbar <i>llenos de monedas de oro<\/i>, eran ofrecidos a las damas convidadas por S.\u00a0M., y por todas partes reinaba un movimiento, una alegr\u00eda imposible de pintar. Al aspecto de aquella plaza, que tra\u00eda a la memoria los antiguos usos del pueblo-rey, de aquellas ricas tapicer\u00edas, de aquellos balcones llenos de hermosuras, de aquellos caballeros gallardeando sobre caballos andaluces y luciendo a la vez su magnificencia y su destreza. Mar\u00eda Luisa pudo gloriarse de ser la soberana de un pueblo tan noble y tan gal\u00e1n.<\/p>\n<p>\u00bbLuego que el Rey y la Reina hubieron tomado asiento en su balc\u00f3n, la guardia de <i>Archeros<\/i> y de la <i>Lancilla<\/i> hizo el <i>despejo<\/i> de la plaza; entraron en seguida cincuenta toneles de agua, que la regaron, y la guardia se retir\u00f3 bajo el balc\u00f3n del Rey, conservando aquel peligroso puesto durante toda la corrida, sin m\u00e1s acci\u00f3n de defensa que la de presentar al toro en espesa fila la punta de sus alabardas, y si el animal mor\u00eda al impulso de \u00e9stas, los despojos eran para los soldados. Seis alguaciles ricamente vestidos y sobre ligeros caballos atravesaron luego la plaza para traer a los caballeros que deb\u00edan lidiar. Otros recibieron de las manos del Rey las llaves del toril y fueron a desempe\u00f1ar su comisi\u00f3n, no sin visibles se\u00f1ales de pavura a la vista del toro que, abierta ola compuerta, se lanzaba a la plaza con toda la ferocidad de su instinto.<\/p>\n<p>\u00bbEntre los <i>caballeros en plaza<\/i> se hallaba el Duque de Medinasidonia, el Marqu\u00e9s de Camarasa, el Conde de Rivadavia y otros grandes, y un joven sueco (el Conde de Konismarck), hermoso, valiente, y que atra\u00eda las miradas de todos por la magnificencia de su comitiva. Compon\u00edase de doce caballos soberbios, conducidos por palafraneros, y seis mulas cubiertas de terciopelo bordado de oro, que llevaban las lanzas y <i>rejoncillos<\/i>. Cada combatiente ten\u00eda igualmente su comitiva, y todos estaban ricamente vestidos con variados colores y plumajes, ba\u00f1adas y divisas. Cada caballero llevaba cuarenta lacayos vestidos de indios, o de turcos, o de h\u00fangaros, o de moros. Esta comitiva pase\u00f3 la plaza y se retir\u00f3 despu\u00e9s a la barrera.<\/p>\n<p>\u00bbNo bien el primer toro se present\u00f3 en la plaza, emanado una lluvia de dardos arrojadizos, llamados <i>banderillas<\/i>, a cayeron sobre \u00e9l, excitando el furor de la fiera con sus a vivas picaduras. Corr\u00eda entonces a buscar al caballero, el a cual le esperaba con una peque\u00f1a lanza en la mano, hincaba su punta en el toro y, quebrando el mango, daba una airosa vuelta, y burlaba esquivando la furia del animal; un lacayo presentaba entonces al caballero otro <i>rejoncillo<\/i>, y volv\u00eda a repetir la misma suerte. El toro entonces, fuera de s\u00ed, ciego de c\u00f3lera, se adelant\u00f3 una vez r\u00e1pidamente al Conde de Konismarck; un grito general ase oy\u00f3 en toda la plaza; la Reina, no pudiendo resistir a este espect\u00e1culo tan nuevo para ella, se cubri\u00f3 la vista a con las manos; el joven resisti\u00f3 el primer \u00edmpetu del toro, pero insistiendo \u00e9ste con el caballo, cae revuelto con \u00e9l, en tanto que un diestro vestido a la morisca llama la atenci\u00f3n del animal, y le pasa la espada tan felizmente, que la fiera cay\u00f3 redonda a sus pies. Las m\u00fasicas a resonaron de nuevo; las aclamaciones fren\u00e9ticas de la a multitud poblaron los aires, y el Rey arroj\u00f3 una bolsa a de oro al intr\u00e9pido matador. Seis mulas adornadas de cintas y campanillas arrancaron en seguida al toro muerto fuera del arenal; los lacayos retiraron al conde de Konismarek herido, y el drama volvi\u00f3 a empezar con un segundo toro\u00bb.<\/p>\n<p>Contraste formidable con esta fiesta present\u00f3 en el mismo a\u00f1o aquella plaza con el memorable <i>auto de fe<\/i> de 30 de Junio. La relaci\u00f3n de esta tr\u00e1gica escena, publicada por <i>Jos\u00e9 del Olmo<\/i>, maestro mayor de obras Reales y familiar del Santo Oficio, es demasiado conocida y anda en manos de todos, para que nos detengamos en renovarla<a href=\"http:\/\/www.publiconsulting.com\/wordpress\/madridantiguo\/back-matter\/notas\/#nt111\" id=\"rf111\"><sup>[111]<\/sup><\/a>. Diremos s\u00f3lo que en ella, como en los \u00faltimos alardes solemnes de su poder\u00edo, ostent\u00f3 la Suprema Inquisici\u00f3n todo aquel aparato terrible, a par que magn\u00edfico, con que sol\u00eda revestir las decisiones de su tribunal. Desde las siete de la ma\u00f1ana hasta muy cerrada la noche dur\u00f3 la suntuosa ceremonia del juramento, la misa, serm\u00f3n, la lectura de las causas y sentencias. El Rey y la Reina (aunque esta \u00faltima debe suponerse que a despecho de su voluntad tierna y apasionada) permanecieron en los balcones que se 1 as prepararon hacia el \u00e1ngulo de la escalerilla de Piedra, las doce horas que dur\u00f3 aquel terrible espect\u00e1culo, y lo mismo hicieron los consejos, tribunales, grandes, t\u00edtulos y embajadores.<\/p>\n<p>La descripci\u00f3n minuciosa de las ceremonias y el aspecto imponente que presentaba la plaza henchida de espectadores; la noticia de los nombres, cualidades, causas y sentencias de los reos, que ascendieron a m\u00e1s de ochenta, de los cuales <i>veinte y uno<\/i> fueron condenados a ser <i>quemados vivos<\/i>, todo ello puede verse en la ya citada relaci\u00f3n de Jos\u00e9 del Olmo, testigo de vista y funcionario en la citada ceremonia. Concluida \u00e9sta, los veinte y un reos condenados al \u00faltimo suplicio fueron conducidos al <i>Quemadero<\/i>, fuera de la puerta de Fuencarral, durando la ejecuci\u00f3n de las sentencias hasta pasada la media noche.<\/p>\n<p>El siglo <small>XVIII<\/small> comenz\u00f3 para la monarqu\u00eda espa\u00f1ola con un cambio de dinast\u00eda, de pol\u00edtica y hasta de usos y costumbres; pues con la muerte de Carlos\u00a0II sin sucesi\u00f3n directa, acaecida en 1700, entr\u00f3 a ocupar el trono espa\u00f1ol la augusta casa de Borb\u00f3n, representada por el Duque de Anjou, solemnemente proclamado bajo el nombre de Felipe V.<\/p>\n<p>La famosa guerra que tuvo que sostener catorce a\u00f1os con varias potencias de Europa para hacer valer sus derechos se hizo sentir hasta en el pueblo de Madrid, que, en medio de sus desgracias, le manifest\u00f3 una fidelidad a toda prueba. La Plaza Mayor vio alzarse en 1701 tablados para la solemne proclamaci\u00f3n de Felipe, y luego, por los reveses sufridos por sus armas, tuvo que presenciar los que alzaron los austr\u00edacos para proclamar a su archiduque; y hasta mir\u00f3 atravesar al mismo, m\u00e1s como fugitivo que como triunfador, cuando, habiendo entrado en Madrid el d\u00eda 29 de Setiembre de 1710, se volvi\u00f3 al campo desde la Plaza, quej\u00e1ndose de que <i>no hab\u00eda gente que saliera a recibirle<\/i>.<\/p>\n<p>Terminada, en fin, la contienda en favor de Felipe, y asegurado \u00e9ste en el trono espa\u00f1ol, dedic\u00f3 sus cuidados a embellecer la capital, y promovi\u00f3 tambi\u00e9n regocijos propios de un pueblo ilustrado; pero como sus costumbres e inclinaciones estaban m\u00e1s en analog\u00eda con las francesas, que hab\u00eda seguido en la ni\u00f1ez, en la espl\u00e9ndida corte de su abuelo Luis\u00a0XIV, no fueron tan comunes en su reinado las fiestas de toros, ca\u00f1as y autos sacramentales, y hasta lleg\u00f3 a prohibir las primeras y mandar aplicar a las necesidades de la guerra los gastos que se hac\u00edan en la representaci\u00f3n de estos \u00faltimos en la Plaza durante la octava del Corpus.<\/p>\n<p>Huyendo instintivamente de todo lo que le recordaba a la casa de Austria, su antagonista, edific\u00f3 nuevo Palacio Real, desde\u00f1\u00f3 profundamente el Buen Retiro y Aran juez, cre\u00f3 un nuevo Versalles en San Ildefonso, y hasta mand\u00f3 labrar su sepulcro en \u00e9l, por no ir a reposar con sus anteriores en el regio pante\u00f3n del Escorial.<\/p>\n<p>La <i>Plaza Mayor<\/i>, ya destituida de la importancia de aquellos actos de ostentaci\u00f3n, se convirti\u00f3 en mercado p\u00fablico, y cubri\u00e9ndose de cajones y tinglados para la venia de toda clase de comestibles, s\u00f3lo en algunas ocasiones solemnes de entradas de reyes, coronaci\u00f3n o desposorios, sol\u00eda despojarse y volver a servir de teatro a las fiestas Reales. Tal sucedi\u00f3 en el pasado siglo a la coronaci\u00f3n de Fernando\u00a0VI, a la proclamaci\u00f3n de Carlos III, el 13 de Julio de 1760; \u00faltimamente a la jura del Pr\u00edncipe de Asturias, despu\u00e9s D. Carlos IV, su proclamaci\u00f3n, y en alguna otra ocasi\u00f3n an\u00e1loga.<\/p>\n<p>Pero a fines del mismo siglo otra tercer cat\u00e1strofe vino a destruir parte de dicha plaza antigua; tal fue el violent\u00edsimo incendio que empez\u00f3 en la noche del 16 de Agosto de 1790, y de que aun hemos alcanzado a escuchar de algunos ancianos la dolorosa narraci\u00f3n. Todo el lienzo que orna a Oriente y parte del arco de Toledo desaparecieron completamente, y las desgracias y p\u00e9rdidas fueron imposibles de calcular.<\/p>\n<p>Pero de estas mismas desgracias naci\u00f3 la necesidad de reedificar bajo una forma m\u00e1s elegante y s\u00f3lida los dos lienzos ya dichos, bajo los planes del arquitecto D.\u00a0Juan de Villanueva, que levant\u00f3 el portal llamado de Pringas a principios de este siglo, y han seguido despu\u00e9s los arquitectos municipales en las construcciones posteriores; variando, sin embargo, muy acertadamente, el plan de Villanueva en cuanto a la forma de arcos rebajados que ide\u00f3 para la entrada de las calles, construyendo \u00e9stos de medio punto y suficiente elevaci\u00f3n, en cuyos t\u00e9rminos qued\u00f3 cerrada la nueva plaza el a\u00f1o de 1853.<\/p>\n<p>El siglo actual no carece tampoco de episodios brillantes para la Plaza, y tal puede llamarse el de las funciones Peales celebradas en ella el 19 de Julio de 1803 con motivo del casamiento del pr\u00edncipe de Asturias D.\u00a0Fernando (despu\u00e9s VII) con la infanta do\u00f1a Antonia de N\u00e1poles.<\/p>\n<p>Durante la invasi\u00f3n francesa, y algunos a\u00f1os despu\u00e9s, continu\u00f3 sirviendo esta plaza de mercado general, hasta que se traslad\u00f3 a la plazuela de San Miguel, y tambi\u00e9n de teatro de los suplicios de los patriotas espa\u00f1oles condenados por el Gobierno de Jos\u00e9. En 1812 vio levantarse arcos triunfales para recibir las tropas anglo-hispano-portuguesas, al mando de <i>lord<\/i> Wellington. A los tres d\u00edas de su entrada, el 15 del mismo Agosto, se public\u00f3 en ella solemnemente la <i>Constituci\u00f3n pol\u00edtica<\/i> de la monarqu\u00eda espa\u00f1ola, promulgada en C\u00e1diz, a 19 de Marzo del mismo a\u00f1o, y se descubri\u00f3 sobre el balc\u00f3n de la Panader\u00eda la l\u00e1pida con la inscripci\u00f3n en letras de oro \u00abP<small>LAZA DE LA<\/small> C<small>ONSTITUCI\u00d3N<\/small>\u00bb. Esta l\u00e1pida fue arrancada y hecha pedazos el d\u00eda 11 de Mayo de 1814 con gran algazara, y en aquel mismo d\u00eda alzaban los vendedores de la Plaza tres arcos de verdura para recibir a Fernando\u00a0VII de regreso de su cautiverio. En Marzo de 1820 fue de nuevo establecida la Constituci\u00f3n, y colocada una nueva l\u00e1pida con toda solemnidad y una alegr\u00eda fren\u00e9tica, ven 23 de Mayo de 1823 fue vuelta a arrancar con estr\u00e9pito, a la entrada del Duque de Angulema y del ej\u00e9rcito franc\u00e9s, sustituyendo en su lugar otra que dec\u00eda: \u00abP<small>LAZA<\/small> R<small>EAL<\/small>\u00bb.<\/p>\n<p>Pero antes de esta \u00faltima escena hab\u00eda sido teatro la Plaza de otra memorable en la ma\u00f1ana del 7 de Julio de 1822, en que se trab\u00f3 una re\u00f1ida acci\u00f3n entre la Milicia Nacional y la Guardia Real, sosteniendo aqu\u00e9lla la Constituci\u00f3n, y \u00e9sta el Rey absoluto; de que result\u00f3 vencedora aqu\u00e9lla en las calles de la <i>Amargura<\/i>, de <i>Boteros<\/i> y <i>callej\u00f3n del Infierno<\/i>, que llevaron despu\u00e9s por alg\u00fan tiempo los nombres del <i>Siete de Julio<\/i>, del <i>Triunfo<\/i> y de la <i>Milicia Nacional<\/i>.<\/p>\n<p>Por \u00faltimo, habiendo muerto, en 29 de Setiembre de 1833, el rey Fernando\u00a0VII, fue proclamada solemnemente en esta plaza su augusta hija do\u00f1a Isabel II por reina de Espa\u00f1a, y publicada luego la Constituci\u00f3n de la monarqu\u00eda, volvi\u00f3 a colocarse otra l\u00e1pida, aplicando por tercera vez a la Plaza este nombre, a costa de tanta sangre disputado.<\/p>\n<p>Todav\u00eda los hijos de este siglo hemos llegado a tiempo de presenciar en esta plaza en distintas ocasiones aquellas magn\u00edficas <i>fiestas Reales<\/i> de toros en que ostentaba su grandeza la antigua corte espa\u00f1ola. La primera, en 21 de Junio de 1833, con motivo de la jura de la Princesa de Asturias (despu\u00e9s reina do\u00f1a Isabel\u00a0II), y las \u00faltimas, en los d\u00edas 16, 17 y 18 de Octubre de 1846, en celebraci\u00f3n de las bodas de esta misma augusta se\u00f1ora y de la infanta do\u00f1a Luisa Fernanda con los Duques de C\u00e1diz y de Montpensier. Presentes est\u00e1n en la memoria de todos los habitantes de Madrid el deslumbrador aparato, la animaci\u00f3n y la alegr\u00eda que ostent\u00f3 esta hermosa plaza en aquellos d\u00edas. Suntuosamente decorada con ricas colgaduras de grana y oro, henchidos sus balcones, gradas y tablados de una inmensa concurrencia, al frente de la cual brillaban en primera l\u00ednea los augustos novios, la Reina madre y se\u00f1ores Infantes, los Duques de <i>Montpensier<\/i> y de <i>Aumale<\/i>, las regias comitivas y todo lo que la corte encierra de m\u00e1s brillante, adem\u00e1s del inmenso n\u00famero de forasteros, entre los que se contaban muchas notabilidades pol\u00edticas y literarias de los pa\u00edses extranjeros, que consignaron luego pomposas descripciones de la fiesta, reflejaba dignamente el esplendido poder\u00edo y grandeza de la antigua corte de dos mundos.<\/p>\n<p>Tambi\u00e9n la bizarr\u00eda y denuedo de los lidiadores y caballeros en plaza, y en especial del h\u00e9roe de la fiesta, el capit\u00e1n <i>D.\u00a0Antonio Romero<\/i>, que quebrando el rejoncillo, dej\u00f3 varios toros muertos a sus pies, colocaron en muy alto punto la proverbial fama del valor espa\u00f1ol, dieron a los propios y extra\u00f1os un espect\u00e1culo completamente caballeresco y nacional.<\/p>\n<p>Concluidas aquellas Reales funciones, y habi\u00e9ndose de reponer el empedrado de la Plaza, el Ayuntamiento de 1846 determin\u00f3 arreglar su pavimento en m\u00e1s elegante forma, dejando en el centro una explanada el\u00edptica, circundada de bancos y faroles, y de una calle adoquinada para el paso de coches entre ella y las anchas y c\u00f3modas aceras al lado de los portales, y nivelar el piso de \u00e9stos a las entradas de los arcos y bocacalles, para proporcionar de este modo un c\u00f3modo paseo cubierto<a href=\"http:\/\/www.publiconsulting.com\/wordpress\/madridantiguo\/back-matter\/notas\/#nt112\" id=\"rf112\"><sup>[112]<\/sup><\/a>.<\/p>\n<p>Coloc\u00f3se, en fin, en el centro de aquella explanada, sobre un elevado pedestal, la estatua ecuestre en bronce de Felipe\u00a0III, que se hallaba en la Casa de Campo, y que fue cedida para este objeto por la munificencia de S. M. En dicho pedestal se puso esta inscripci\u00f3n: L<small>A REINA DO\u00d1A ISABEL<\/small> II, <i>a solicitud del Ayuntamiento de Madrid, mand\u00f3 colocar en este sitio la estatua del se\u00f1or rey don Felipe III, hijo de esta villa, que restituy\u00f3 a ella la corte en 1606, y en 1619 hizo construir esta Plaza Mayor. A\u00f1o de 1848<\/i><a href=\"http:\/\/www.publiconsulting.com\/wordpress\/madridantiguo\/back-matter\/notas\/#nt113\" id=\"rf113\"><sup>[113]<\/sup><\/a>.<\/p>\n","protected":false},"author":1,"menu_order":13,"template":"","meta":{"pb_show_title":"on","pb_short_title":"","pb_subtitle":"","pb_authors":[],"pb_section_license":""},"chapter-type":[],"contributor":[],"license":[],"class_list":["post-53","chapter","type-chapter","status-publish","hentry"],"part":3,"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.publiconsulting.com\/wordpress\/madridantiguo\/wp-json\/pressbooks\/v2\/chapters\/53","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.publiconsulting.com\/wordpress\/madridantiguo\/wp-json\/pressbooks\/v2\/chapters"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.publiconsulting.com\/wordpress\/madridantiguo\/wp-json\/wp\/v2\/types\/chapter"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.publiconsulting.com\/wordpress\/madridantiguo\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"version-history":[{"count":3,"href":"https:\/\/www.publiconsulting.com\/wordpress\/madridantiguo\/wp-json\/pressbooks\/v2\/chapters\/53\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":222,"href":"https:\/\/www.publiconsulting.com\/wordpress\/madridantiguo\/wp-json\/pressbooks\/v2\/chapters\/53\/revisions\/222"}],"part":[{"href":"https:\/\/www.publiconsulting.com\/wordpress\/madridantiguo\/wp-json\/pressbooks\/v2\/parts\/3"}],"metadata":[{"href":"https:\/\/www.publiconsulting.com\/wordpress\/madridantiguo\/wp-json\/pressbooks\/v2\/chapters\/53\/metadata\/"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.publiconsulting.com\/wordpress\/madridantiguo\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=53"}],"wp:term":[{"taxonomy":"chapter-type","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.publiconsulting.com\/wordpress\/madridantiguo\/wp-json\/pressbooks\/v2\/chapter-type?post=53"},{"taxonomy":"contributor","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.publiconsulting.com\/wordpress\/madridantiguo\/wp-json\/wp\/v2\/contributor?post=53"},{"taxonomy":"license","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.publiconsulting.com\/wordpress\/madridantiguo\/wp-json\/wp\/v2\/license?post=53"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}