{"id":60,"date":"2018-03-20T12:15:59","date_gmt":"2018-03-20T12:15:59","guid":{"rendered":"http:\/\/www.publiconsulting.com\/wordpress\/madridantiguo\/chapter\/__unknown__-19\/"},"modified":"2018-03-20T18:03:21","modified_gmt":"2018-03-20T18:03:21","slug":"las-vistillas-de-san-francisco","status":"publish","type":"chapter","link":"https:\/\/www.publiconsulting.com\/wordpress\/madridantiguo\/chapter\/las-vistillas-de-san-francisco\/","title":{"rendered":"XII. Las Vistillas de San Francisco"},"content":{"raw":"<p class=\"extenso\">Empezando, pues, por el extremo occidental, en donde suspendimos nuestro paseo anterior, repetiremos que en la segunda ampliaci\u00f3n no hab\u00eda sido comprendida la parte exterior de <i>Puerta de Moros<\/i>, que aunque bastante poblada ya de caser\u00edo (especialmente a las inmediaciones del antiqu\u00edsimo convento de San Francisco), qued\u00f3 todav\u00eda extramuros, y considerada como un mezquino arrabal, hasta que, creciendo en importancia, con la sucesi\u00f3n de los tiempos, el aumento de la poblaci\u00f3n y de las construcciones, mereci\u00f3 ser incluida en el recinto de la nueva villa cuando, a poco tiempo de establecida en ella la Corte, y reinando todav\u00eda Felipe\u00a0II, se alarg\u00f3 fuera de la antigua muralla la parte baja de la calle de Segovia o <i>Nueva de la Puente<\/i>, se construy\u00f3 \u00e9ste y la <i>Puerta de la Vega<\/i> o <i>de Segovia<\/i> (la misma que ha sido demolida en estos \u00faltimos tiempos), y se dirigi\u00f3 la moderna cerca hasta la puerta de Toledo, abrazando ya los altos de las <i>Vistillas<\/i>. En ellos, aunque elevados tan enormemente sobre la calle de Segovia, que casi les impide toda comunicaci\u00f3n con la otra mitad de la villa, se formaron nuevas manzanas de casas y se construyeron por algunos magnates y grandes del reino considerables edificios, formando las dos espaciosas calles de <i>Don Pedro<\/i> y <i>Carrera de San Francisco<\/i> y sus traviesas. La primera, que primitivamente formaba con la de la <i>Redondilla<\/i> un paseo muy concurrido en los tiempos de Enrique IV, desde el cual arrancaba la alcantarilla o foso antiguo que corr\u00eda por delante de Puerta de Moros, fue convertida en calle, conservando ambos nombres de la <i>Alcantarilla<\/i> y tambi\u00e9n de <i>Don Pedro<\/i> Laso de Castilla, cuyas notabil\u00edsimas casas o palacio (de que ya hicimos especial menci\u00f3n) est\u00e1n situadas a la espalda de ella. A la acera derecha de esta espaciosa calle se ve hoy la hermosa casa-palacio de los Duques de <i>Medina Sidonia<\/i>, Marqueses de <i>Villafranca<\/i>, que mide la considerable extensi\u00f3n de 51.715 pies<a href=\"http:\/\/www.publiconsulting.com\/wordpress\/madridantiguo\/back-matter\/notas\/#nt129\" id=\"rf129\"><sup>[129]<\/sup><\/a>; y m\u00e1s all\u00e1 la que ocupa exclusivamente la manzana 127, construida a fines del siglo <small>XVII<\/small> para su habitaci\u00f3n, por los se\u00f1ores Duques del <i>Infantado<\/i>, y que hoy se halla ocupada por las oficinas de la casa y la precios\u00edsima <i>Biblioteca y Armer\u00eda<\/i> del ilustre poseedor de aquel t\u00edtulo. Como tal es due\u00f1o tambi\u00e9n de gran parte de aquel distrito, siendo de su pertenencia, adem\u00e1s de los extensos palacios ya citados de Laso de Castilla y del Infantado, el otro principal, moderno, que est\u00e1 situado al final de dicha calle de Don Pedro y frente del descampado de las Vistillas; magn\u00edfica casa, mandada construir en el siglo \u00faltimo para la se\u00f1ora Duquesa viuda, princesa de <i>Salm Salm<\/i>, y que recuerda por su forma y gusto especial el de los palacios de la nobleza parisiense en el <i>Faubourg Saint-Germain<\/i>, entre la <i>Cour d\u2019honneur<\/i> de su entrada y su grande y precios\u00edsimo jard\u00edn, l\u00edmite de Madrid por aquella parte. Su actual due\u00f1o, el Sr. Duque de Osuna y del Infantado, Conde de Benavente, la habita hoy, y es imponderable la riqueza y buen gusto con que est\u00e1n decorados sus bellos salones y dependencias. Las otras casas, o m\u00e1s bien manzanas de casas contiguas, casi todas propiedad del mismo t\u00edtulo, est\u00e1n destinadas, unas a las oficinas y dependencias de los diversos estados que han venido a reunirse en aquella ilustre casa; otras, para habitaci\u00f3n de los empleados y dependientes, y otra, finalmente (la se\u00f1alada con el n\u00famero 5 antiguo de la calle de los Dos Mancebos), ha sido convertida, por la esplendidez del actual Duque, en un precioso hospital o enfermer\u00eda para los criados subalternos de la misma. No s\u00f3lo los edificios, sino tambi\u00e9n los huertos, bajadas, y hasta el mismo inmenso descampado de las Vistillas, aumentado con la demolici\u00f3n de la manzana 128, que formaba la calle del <i>Corral de las Naranjas<\/i>, son propiedad de la casa del Infantado; por cierto que en estos \u00faltimos tiempos, y siguiendo los mismos impulsos de grandeza, ha proyectado y emprendido el Sr. Duque actual una obra colosal de mejora, desmontando y rebajando aquella inmensa explanada en m\u00e1s de diez pies, para reducirla a un hermoso plano a que se ha de dar forma de paseo, con un bello jard\u00edn o glorieta en el centro.<\/p>\r\n<p class=\"ilustrafull\"><img alt=\"\" src=\"http:\/\/www.publiconsulting.com\/wordpress\/madridantiguo\/wp-content\/uploads\/sites\/69\/2018\/03\/11.jpg\" \/><\/p>\r\n<p class=\"ilustrafull\"><img alt=\"\" src=\"http:\/\/www.publiconsulting.com\/wordpress\/madridantiguo\/wp-content\/uploads\/sites\/69\/2018\/03\/12.jpg\" \/><\/p>\r\n<p class=\"extenso\"><i>El Monasterio de San Francisco<\/i>, causa principal de la prolongaci\u00f3n de la villa de Madrid entre Poniente y Mediod\u00eda, as\u00ed como el de Santo Domingo lo hab\u00eda sido hacia el Norte, y los de Atocha y San Jer\u00f3nimo a la banda oriental, no cede a ninguno de ellos en antig\u00fcedad, pues trae su origen nada menos que desde los principios del siglo\u00a0<small>XIII<\/small>, y debe su fundaci\u00f3n al mismo santo patriarca Francisco de As\u00eds. Habiendo venido a Madrid en 1217, y ofrec\u00eddole sus moradores un sitio en que fundar fuera de los muros, ala parte del rio, lo hizo construyendo con sus propias manos una choza y una peque\u00f1a ermita, que luego se conserv\u00f3 en la huerta del convento al lado de una fuente, con cuyas aguas es tradici\u00f3n que amasaba la tierra el Santo para su modesta construcci\u00f3n. La extraordinaria devoci\u00f3n de los madrile\u00f1os a esta piadosa casa fue creciendo con el tiempo, y adelantando, y mejor\u00e1ndose en consecuencia, el primitivo edificio de la ermita, se convirti\u00f3 en un templo y convento bastante espacioso. Contribuy\u00f3 principalmente a ello la particular devoci\u00f3n de Ruy Gonz\u00e1lez Clavijo, embajador que fue del rey Enrique III a <i>Tamerlan<\/i>, que ya dijimos viv\u00eda en sus casas propias de la costanilla de San Andr\u00e9s. \u00c9ste labr\u00f3 a su costa la capilla mayor, y cuando falleci\u00f3, en 1412, fue sepultado en medio de ella, bajo un suntuoso t\u00famulo de alabastro fino, con su estatua, que por cierto fue quitado de aquel sitio, en 1573, para enterrar a la reina D.\u00aa Juana, esposa de Enrique IV; y \u00faltimamente desapareci\u00f3 de todo punto en 1617, cuando se renov\u00f3 la iglesia, perdi\u00e9ndose as\u00ed la memoria dedicada a uno de los m\u00e1s ilustres entre los antiguos hijos de Madrid. La misma devoci\u00f3n que Ruy Clavijo ostentaron hacia esta santa casa los personajes y familias m\u00e1s distinguidas de la antigua nobleza matritense, los <i>Vargas, Ram\u00edrez, Lujanes, C\u00e1rdenas<\/i> y <i>Zapatas<\/i>, los cuales fundaron en ellas capillas propias, memorias p\u00edas y suntuosos t\u00famulos para sus enterramientos. Pero todo desapareci\u00f3 indebidamente cuando, a consecuencia de lo averiado del templo y estrechez del convento, determin\u00f3 la comunidad demolerlo para labrar otro nuevo, lo cual tuvo principio en 1761. La obra del templo actual corri\u00f3 a cargo de un religioso lego de la misma Orden, llamado Fray Francisco Cabezas, que la dej\u00f3 en la cornisa en el a\u00f1o 68. Continu\u00f3la luego el arquitecto don Antonio Pl\u00f3, y fue por \u00faltimo terminada, en 1784, por D. Francisco Sabatini, quien dirigi\u00f3 adem\u00e1s la obra del convento. La iglesia, de planta circular, con 116 pies de di\u00e1metro, coronada por una hermosa media naranja, ofrece un aspecto majestuoso por su extensi\u00f3n y regularidad, aunque escasa de ornato. La fachada y p\u00f3rtico son igualmente de gusto cl\u00e1sico, pero bastante pesado, y a nuestros ojos profanos, impropio de un templo grandioso, por aquellas ventanas, y sobre todo, aquellas dos mezquinas torres laterales. El convento contiguo, hoy convertido en cuartel, comprende una extensi\u00f3n prodigiosa, y es tambi\u00e9n de severo estilo, regularidad y fortaleza, bastando decir que tiene diez patios, el principal de los cuales mide m\u00e1s de 19.000 pies, y la huerta que avecina a la del Infantado es correspondiente a tan considerable edificio. Pero ni el sitio escogido para \u00e9l, ni el gusto que presidi\u00f3 a su construcci\u00f3n, son proporcionados a las inmensas sumas invertidas en esta obra, ni a la piadosa munificencia del gran Carlos III, en cuyo reinado se levant\u00f3. Pretendi\u00f3se, al parecer, dotar\u00e1 Madrid de un templo principal; pero por una fatalidad inconcebible, que presidi\u00f3 todas o casi todas las grandiosas obras propuestas por el c\u00e9lebre arquitecto <i>D. Ventura Rodriguez<\/i>, no se adoptaron los planes que a este efecto ide\u00f3, y ni aun se hizo la nueva construcci\u00f3n en el sitio que \u00e9l indicaba, m\u00e1s a la izquierda, dando frente a la carrera de San Francisco. Todas aquellas razones, y muy especialmente la situaci\u00f3n exc\u00e9ntrica de esta iglesia, la impiden ocupar el primer lugar, que sin duda la corresponde, entre las de Madrid, si bien por su magnitud y elegancia ha sido varias veces escogida para las grandes celebridades de la Corte, en los desposorios y honras f\u00fanebres de los monarcas.<\/p>\r\nEn algunas ocasiones se ha indicado la idea de erigirla en <i>Catedral de Madrid<\/i>; en otras se la ha designado para Pante\u00f3n Nacional<a href=\"http:\/\/www.publiconsulting.com\/wordpress\/madridantiguo\/back-matter\/notas\/#nt130\" id=\"rf130\"><sup>[130]<\/sup><\/a>, y en el ef\u00edmero reinado de Jos\u00e9 Napole\u00f3n estuvo indicada para <i>Sal\u00f3n de sesiones<\/i> de las futuras Cortes que hab\u00edan de convocarse con arreglo a la Constituci\u00f3n de Bayona. A todos estos proyectos se opone la casi incomunicaci\u00f3n de aquel barrio con el resto de la capital; incomunicaci\u00f3n que ya desde principios del siglo anterior se trat\u00f3 de remediar con el proyecto de un <i>puente<\/i> sobre la calle baja de Segovia a las Vistillas, presentado por el arquitecto <i>Saqueti<\/i>; pensamiento altamente beneficioso a aquel extenso distrito y a Madrid en general, que el autor de estos <i>Paseos<\/i> exhum\u00f3 del olvido y promovi\u00f3 en la corporaci\u00f3n municipal en 1846, y que, realizado alg\u00fan d\u00eda, dar\u00e1 a aquella parte de Madrid la importancia que merece<a href=\"http:\/\/www.publiconsulting.com\/wordpress\/madridantiguo\/back-matter\/notas\/#nt131\" id=\"rf131\"><sup>[131]<\/sup><\/a>.\r\n\r\nTodas las calles de este extenso distrito est\u00e1n, en efecto, bastante bien cortadas, son espaciosas y pobladas de buen caser\u00edo, distingui\u00e9ndose principalmente las dos ya citadas de <i>Don Pedro y Carrera de San Francisco<\/i>, y m\u00e1s adelante la de las <i>Tabernillas<\/i> y del <i>Humilladero<\/i>. Estas arrancan tambi\u00e9n de la plazuela de Puerta de Moros, y continuada la primera por la del <i>\u00c1ngel<\/i> y <i>San Bernab\u00e9<\/i> a la derecha, y la del <i>\u00c1guila<\/i> a la izquierda, salen al <i>campillo<\/i> titulado de <i>Gilimon<\/i>, y la del <i>Humilladero<\/i> desemboca en la calle baja de <i>Toledo<\/i>. De las muchas traviesas que median entre estas grandes l\u00edneas, la m\u00e1s importante es la calle de <i>Calatrava<\/i>; y aunque todas bastante regulares y espaciosas, carecen de inter\u00e9s por la monoton\u00eda y sencillez de sus casas, algunas de las cuales albergan cuarenta, cincuenta y hasta cien vecinos, en habitaciones reducidas, cuyo humilde alquiler, satisfecho con trabajo semanalmente, las vincul\u00f3 el ep\u00edteto de <i>casas domingueras<\/i>. La escasez de monumentos o edificios p\u00fablicos, hist\u00f3ricos o religiosos en este distrito, es completa. El \u00fanico notable, aunque moderno, de fines del siglo\u00a0<small>XVII<\/small>, es el precioso <i>Hospital de la V. O. T.<\/i>, con una linda capilla, sito en la calle de <i>San Bernab\u00e9<\/i>, contigua al <i>portillo de Gilimon<\/i>, y fundada sobre el sitio que ocupaban las casas en que vivi\u00f3 el famoso fiscal y presidente del consejo de Hacienda <i>Gil Imon de la Mota<\/i>, cuyo nombre qued\u00f3 al dicho portillo, abierto en su tiempo (hoy derribado). En estas casas estuvo preso y muri\u00f3 el virrey de N\u00e1poles Duque de Osuna, a fines del siglo <small>XVII<\/small>, despu\u00e9s de sus largas detenciones en el castillo de la Alameda y otras fortalezas. En la calle del <i>\u00c1guila<\/i>, n\u00famero 1, est\u00e1 la casa de la Sacramental de San Andr\u00e9s, con una peque\u00f1a capilla, dedicada a San Isidro, en la que se guarda una de las arcas en que primitivamente estuvo el cuerpo del Santo. Y en la calle de la <i>Paloma<\/i>, entre las de <i>Calatrava<\/i> y la <i>Ventosa<\/i>, se halla, entre los n\u00fameros 21 y 23, otra peque\u00f1a, aunque preciosa, capilla, construida en los \u00faltimos a\u00f1os del siglo pasado por la diligencia y caridad de una piadosa mujer llamada <i>Mar\u00eda Isabel Tintero<\/i>, y con las limosnas de los fieles vecinos de aquel barrio, para colocar en ella una devota imagen de nuestra Se\u00f1ora de la <i>Soledad<\/i>, muy venerada en el mismo por su milagrosa virtud. Esta es la c\u00e9lebre efigie conocida por la <i>Virgen de la Paloma<\/i>, cuyo peque\u00f1o santuario se ve constantemente asistido del concurso de los vecinos, y sus paredes vestidas de multitud de exvotos o piadosas ofrendas.\r\n\r\nA la esquina de la <i>Plazuela de la Cebada<\/i> a Puerta de Moros est\u00e1 la iglesia o <i>Humilladero de Santa Mar\u00eda de Gracia<\/i>, que dio nombre a la calle accesoria. Esta iglesia fue construida a fines del siglo\u00a0<small>XVII<\/small> por la hermandad de la Santa <i>Vera Cruz<\/i>, que exist\u00eda desde el siglo <small>XIII<\/small> en el convento de San Francisco. M\u00e1s adelante, en la misma calle del <i>Humilladero<\/i>, n\u00famero 23, se encuentra el <i>hospital<\/i> o iglesia de San Patricio de los <i>Irlandeses<\/i> fundado hacia los a\u00f1os 1629 por los cl\u00e9rigos cat\u00f3licos emigrados de aquel reino a consecuencia de la revoluci\u00f3n inglesa, y ampliado despu\u00e9s como colegio, a semejanza de otros que exist\u00edan en Espa\u00f1a, para los naturales de aquellos pa\u00edses.\r\n\r\nHe aqu\u00ed los \u00fanicos objetos alg\u00fan tanto notables de aquel apartado distrito, de aquellas rectas calles entre las Vistillas y la de Toledo, denominadas de <i>San Buenaventura, de San Isidro, de las Anuas, del Oriente, del Luciente, del Mediod\u00eda, de la Paloma, de Calatrava<\/i> y otras; en cuyas casas, bajas y mezquinas unas, subdivididas otras en infinidad de viviendas por dem\u00e1s inc\u00f3modas, hallan albergue millares de familias de artesanos, jornaleros, corredores, chalanes, vagos y hasta malhechores, que abundan, como en todos, en el pueblo bajo de Madrid; bastando decir que la modesta calle del <i>Aguila<\/i> encierra en sus 42 casas 1.294 habitantes, y la de la <i>Paloma<\/i> muy cerca de 1.000 en s\u00f3lo 31 edificios. A pesar de esto, la espaciosidad regular de las calles y la ventilaci\u00f3n y altura de los sitios dan a este barrio cierto aspecto halag\u00fce\u00f1o y condiciones de alegr\u00eda y salubridad.\r\n\r\nLa <i>plazuela de la Cebada<\/i>, formada en los principios del siglo\u00a0<small>XVI<\/small> en tierras pertenecientes a la <i>encomienda d\u00e9 Moratalaz<\/i>, del Orden de Calatrava, seg\u00fan se ve por escritura otorgada en 1536 por Rodrigo de Coalla, del consejo de Hacienda y del de Castilla (por quien aparece firmado el perd\u00f3n que el Emperador dio a los comuneros) y por su mujer, que compraron un qui\u00f1on de tierras en dicho sitio, es un descampado irregular, m\u00e1s bien que una plaza p\u00fablica, y desde su principio estuvo dedicada al comercio de granos, de tocino y de legumbres. En el siglo pasado fue tambi\u00e9n muy famosa por celebrarse en ella las famosas <i>Ferias de Madrid<\/i>, y el paseo y bullicio consiguiente, de que aun hemos podido ser testigos en algunos a\u00f1os del presente, en que se han continuado en ella; pero a fines del siglo \u00faltimo adquiri\u00f3 esta plazuela m\u00e1s funesta celebridad por haberse trasladado a la misma las ejecuciones de las sentencias de muerte en horca o garrote; a cuyo efecto se levantaba la v\u00edspera en el centro de ella el funesto pat\u00edbulo, y las campanas de las pr\u00f3ximas iglesias de San Mill\u00e1n y Nuestra Se\u00f1ora de Gracia eran las encargadas de trasmitir con su l\u00fagubre clamor a toda la poblaci\u00f3n de Madrid el instante supremo de los reos desdichados. Muchos grandes criminales expiaron en aquel sitio una serie de delitos comunes, y cuando, en este siglo principalmente, se invent\u00f3 la nueva clasificaci\u00f3n de delitos pol\u00edticos, muchas v\u00edctimas del encono de los partidos o de la venganza del poder regaron con su sangre aquel funesto recinto; 1822, 1823 y 1830 son fechas muy marcadas en aquella plazuela. Los nombres de <i>Goifieu, Riego, Iglesias<\/i> y <i>Miyar<\/i> dicen bastante en acusaci\u00f3n de la intolerancia y animosidad de los pol\u00edticos partidos<a href=\"http:\/\/www.publiconsulting.com\/wordpress\/madridantiguo\/back-matter\/notas\/#nt132\" id=\"rf132\"><sup>[132]<\/sup><\/a>.\r\n<p class=\"ilustrafull\"><img alt=\"\" src=\"http:\/\/www.publiconsulting.com\/wordpress\/madridantiguo\/wp-content\/uploads\/sites\/69\/2018\/03\/13.jpg\" \/><\/p>\r\nLa <i>calle baja de Toledo<\/i> (llamada en un principio de la <i>Manceb\u00eda<\/i>, por hallarse \u00e9sta situada en una de sus casas, con entrada tambi\u00e9n por la del <i>Humilladero<\/i>) es sin duda alguna la m\u00e1s poblada y animada de Madrid, como que su caser\u00edo llega al n\u00famero 143 por la acera izquierda y al 174 por la derecha, y su vecindario, seg\u00fan los censos modernos, alcanza, si no excede, la cifra de 4.000 habitantes. Formado aqu\u00e9l principalmente de posadas y casas de vecindad y para oficios humildes, dicha poblaci\u00f3n fija se aumenta extraordinariamente con la accidental de los forasteros y trajineros que en crecido n\u00famero acuden de continuo a Madrid de todas las provincias del reino, y que con sus diversos trajes, acentos y modales marcan a esta lamosa calle su fisonom\u00eda especial, y la hacen ser un compendio abreviado de la Espa\u00f1a. De monumentos o grandes objetos art\u00edsticos e hist\u00f3ricos no se trate, porque ninguno se encuentra en ella, a menos que no queramos calificar de tal (y pudiera serlo f\u00fanebre del buen gusto) la desdichada fuente construida en el reinado anterior a la entrada de la calle de la <i>Arganzuela<\/i>. Ninguna iglesia, ning\u00fan edificio p\u00fablico ni principal viene a interrumpir la continuada democracia de esta calle, y desde el principio de ella hasta el fin, est\u00e1 seguro el paseante de hallar por ambos lados despu\u00e9s de una posada una taberna, luego una barber\u00eda, m\u00e1s all\u00e1 un albardero junto a un herrador, y enfrente de un bodeg\u00f3n o de una esparter\u00eda. Se nos olvidaba que a su extremidad la hallamos dignamente terminada a la izquierda por la <i>Casa Matadero<\/i>, \u00fatil aunque muy repugnante establecimiento, hoy muy mejorado con nuevas construcciones; y a la derecha por un principio de gran caser\u00f3n, empezado a construir por la misma Villa, no sabemos con que objeto, hace algunos a\u00f1os, y abandonado despu\u00e9s. Este edificio, conocido por la Casa Pabellones, fue un tiempo cedido a la Sociedad de Mejora de C\u00e1rceles para establecer en ella una casa de correcci\u00f3n, pero no lleg\u00f3 a verificarse. Antes de llegar a la casa del Matadero, y a la esquina de la calle de los Cojos, estuvo tambi\u00e9n el piadoso <i>albergue de San Lorenzo<\/i>, en que se recog\u00eda por la ronda de <i>pan y huevo<\/i> a los pobres extraviados en las calles durante la noche, y se les daba aquella frugal colaci\u00f3n y un humilde lecho, por la hermandad fundada en 1598 por Pedro Cuenca. Hoy no existe ya ni la casa ni el albergue.\r\n\r\nEsta calle, en fin, y sus traviesas, con su numerosa y heterog\u00e9nea poblaci\u00f3n, su vitalidad y su energ\u00eda, es a Madrid en tiempos de revueltas lo que el <i>faubourg Saint Antoine<\/i> a la ciudad de Par\u00eds, y su formidable aspecto de fosos y barricadas en 1854 y 1856 est\u00e1 demasiado presente a la memoria para que haya necesidad de recordarlo.\r\n\r\nLa nueva <i>Puerta de Toledo<\/i>, que termina esta calle y da salida al camino real de Andaluc\u00eda, sustituyo hace muchos a\u00f1os a la mezquina y antigua que hab\u00eda un poco m\u00e1s arriba. Tuvo \u00e9sta origen en tiempo de la dominaci\u00f3n francesa, en que se sent\u00f3 la primera piedra, teniendo muy buen cuidado de encerrar bajo de ella, con la debida pompa, la correspondiente caja con las monedas de Jos\u00e9 Napole\u00f3n, los Calendarios, Gu\u00edas y Constituciones a la saz\u00f3n vigentes; pero salieron los franceses y su intruso gobierno, y en 1813 el Ayuntamiento <i>constitucional<\/i> de Madrid acord\u00f3 continuar la obra, dedic\u00e1ndola a la memoria del triunfo obtenido contra aquellos mismos que la empezaron; y como era consiguiente, la operaci\u00f3n primera fue la de extraer la <i>intrusa cajita<\/i> con sus <i>intrusos<\/i> gu\u00edas, monedas y calendarios, y colocar en su lugar otra flamante con la nov\u00edsima Constituci\u00f3n de C\u00e1diz, y las medallas con la efigie de Fernando\u00a0VII <i>el Deseado<\/i>. Regres\u00f3 \u00e9ste al a\u00f1o siguiente de su cautiverio, y tuvo a bien anular con una plumada y <i>barrar de la serie del tiempo, como si no hubiesen existido jam\u00e1s<\/i>, los seis a\u00f1os anteriores: y el ayuntamiento <i>perpetuo<\/i>, que volv\u00eda a abrazar su perpetuidad, crey\u00f3 de su deber desembarazar los cimientos de aquella obra triunfal de la insegura base de la llamada Constituci\u00f3n, y poner en bu lugar el <i>Almanak<\/i>, el <i>Diario de Madrid<\/i>, la <i>Gu\u00eda de Forasteros<\/i>, y no sabemos si el <i>Sarrabal<\/i> de Mil\u00e1n. Todav\u00eda sufrieron aquellos subterr\u00e1neos alguna otra visita municipal con ocasi\u00f3n de la nueva edici\u00f3n de la susodicha Constituci\u00f3n pol\u00edtica en 1820, y luego con los decretos anuladores de los <i>tres negros llamados a\u00f1os<\/i>, en 1823; pero, en fin, en 1827 se vio terminada aquella pesad\u00edsima mole, y pudo leerse en su cuerpo \u00e1tico la inscripci\u00f3n dedicatoria que dec\u00eda: <i>A Fernando VII, el Deseado, padre de la patria, restituido a sus pueblos, exterminada la usurpaci\u00f3n francesa, el Ayuntamiento de Madrid consagr\u00f3 este monumento de fidelidad, de triunfo, de alegr\u00eda<\/i>. Pero aun esta inscripci\u00f3n desapareci\u00f3 a resultas de la revoluci\u00f3n de 1868.","rendered":"<p class=\"extenso\">Empezando, pues, por el extremo occidental, en donde suspendimos nuestro paseo anterior, repetiremos que en la segunda ampliaci\u00f3n no hab\u00eda sido comprendida la parte exterior de <i>Puerta de Moros<\/i>, que aunque bastante poblada ya de caser\u00edo (especialmente a las inmediaciones del antiqu\u00edsimo convento de San Francisco), qued\u00f3 todav\u00eda extramuros, y considerada como un mezquino arrabal, hasta que, creciendo en importancia, con la sucesi\u00f3n de los tiempos, el aumento de la poblaci\u00f3n y de las construcciones, mereci\u00f3 ser incluida en el recinto de la nueva villa cuando, a poco tiempo de establecida en ella la Corte, y reinando todav\u00eda Felipe\u00a0II, se alarg\u00f3 fuera de la antigua muralla la parte baja de la calle de Segovia o <i>Nueva de la Puente<\/i>, se construy\u00f3 \u00e9ste y la <i>Puerta de la Vega<\/i> o <i>de Segovia<\/i> (la misma que ha sido demolida en estos \u00faltimos tiempos), y se dirigi\u00f3 la moderna cerca hasta la puerta de Toledo, abrazando ya los altos de las <i>Vistillas<\/i>. En ellos, aunque elevados tan enormemente sobre la calle de Segovia, que casi les impide toda comunicaci\u00f3n con la otra mitad de la villa, se formaron nuevas manzanas de casas y se construyeron por algunos magnates y grandes del reino considerables edificios, formando las dos espaciosas calles de <i>Don Pedro<\/i> y <i>Carrera de San Francisco<\/i> y sus traviesas. La primera, que primitivamente formaba con la de la <i>Redondilla<\/i> un paseo muy concurrido en los tiempos de Enrique IV, desde el cual arrancaba la alcantarilla o foso antiguo que corr\u00eda por delante de Puerta de Moros, fue convertida en calle, conservando ambos nombres de la <i>Alcantarilla<\/i> y tambi\u00e9n de <i>Don Pedro<\/i> Laso de Castilla, cuyas notabil\u00edsimas casas o palacio (de que ya hicimos especial menci\u00f3n) est\u00e1n situadas a la espalda de ella. A la acera derecha de esta espaciosa calle se ve hoy la hermosa casa-palacio de los Duques de <i>Medina Sidonia<\/i>, Marqueses de <i>Villafranca<\/i>, que mide la considerable extensi\u00f3n de 51.715 pies<a href=\"http:\/\/www.publiconsulting.com\/wordpress\/madridantiguo\/back-matter\/notas\/#nt129\" id=\"rf129\"><sup>[129]<\/sup><\/a>; y m\u00e1s all\u00e1 la que ocupa exclusivamente la manzana 127, construida a fines del siglo <small>XVII<\/small> para su habitaci\u00f3n, por los se\u00f1ores Duques del <i>Infantado<\/i>, y que hoy se halla ocupada por las oficinas de la casa y la precios\u00edsima <i>Biblioteca y Armer\u00eda<\/i> del ilustre poseedor de aquel t\u00edtulo. Como tal es due\u00f1o tambi\u00e9n de gran parte de aquel distrito, siendo de su pertenencia, adem\u00e1s de los extensos palacios ya citados de Laso de Castilla y del Infantado, el otro principal, moderno, que est\u00e1 situado al final de dicha calle de Don Pedro y frente del descampado de las Vistillas; magn\u00edfica casa, mandada construir en el siglo \u00faltimo para la se\u00f1ora Duquesa viuda, princesa de <i>Salm Salm<\/i>, y que recuerda por su forma y gusto especial el de los palacios de la nobleza parisiense en el <i>Faubourg Saint-Germain<\/i>, entre la <i>Cour d\u2019honneur<\/i> de su entrada y su grande y precios\u00edsimo jard\u00edn, l\u00edmite de Madrid por aquella parte. Su actual due\u00f1o, el Sr. Duque de Osuna y del Infantado, Conde de Benavente, la habita hoy, y es imponderable la riqueza y buen gusto con que est\u00e1n decorados sus bellos salones y dependencias. Las otras casas, o m\u00e1s bien manzanas de casas contiguas, casi todas propiedad del mismo t\u00edtulo, est\u00e1n destinadas, unas a las oficinas y dependencias de los diversos estados que han venido a reunirse en aquella ilustre casa; otras, para habitaci\u00f3n de los empleados y dependientes, y otra, finalmente (la se\u00f1alada con el n\u00famero 5 antiguo de la calle de los Dos Mancebos), ha sido convertida, por la esplendidez del actual Duque, en un precioso hospital o enfermer\u00eda para los criados subalternos de la misma. No s\u00f3lo los edificios, sino tambi\u00e9n los huertos, bajadas, y hasta el mismo inmenso descampado de las Vistillas, aumentado con la demolici\u00f3n de la manzana 128, que formaba la calle del <i>Corral de las Naranjas<\/i>, son propiedad de la casa del Infantado; por cierto que en estos \u00faltimos tiempos, y siguiendo los mismos impulsos de grandeza, ha proyectado y emprendido el Sr. Duque actual una obra colosal de mejora, desmontando y rebajando aquella inmensa explanada en m\u00e1s de diez pies, para reducirla a un hermoso plano a que se ha de dar forma de paseo, con un bello jard\u00edn o glorieta en el centro.<\/p>\n<p class=\"ilustrafull\"><img decoding=\"async\" alt=\"\" src=\"\/\/www.publiconsulting.com\/wordpress\/madridantiguo\/wp-content\/uploads\/sites\/69\/2018\/03\/11.jpg\" \/><\/p>\n<p class=\"ilustrafull\"><img decoding=\"async\" alt=\"\" src=\"\/\/www.publiconsulting.com\/wordpress\/madridantiguo\/wp-content\/uploads\/sites\/69\/2018\/03\/12.jpg\" \/><\/p>\n<p class=\"extenso\"><i>El Monasterio de San Francisco<\/i>, causa principal de la prolongaci\u00f3n de la villa de Madrid entre Poniente y Mediod\u00eda, as\u00ed como el de Santo Domingo lo hab\u00eda sido hacia el Norte, y los de Atocha y San Jer\u00f3nimo a la banda oriental, no cede a ninguno de ellos en antig\u00fcedad, pues trae su origen nada menos que desde los principios del siglo\u00a0<small>XIII<\/small>, y debe su fundaci\u00f3n al mismo santo patriarca Francisco de As\u00eds. Habiendo venido a Madrid en 1217, y ofrec\u00eddole sus moradores un sitio en que fundar fuera de los muros, ala parte del rio, lo hizo construyendo con sus propias manos una choza y una peque\u00f1a ermita, que luego se conserv\u00f3 en la huerta del convento al lado de una fuente, con cuyas aguas es tradici\u00f3n que amasaba la tierra el Santo para su modesta construcci\u00f3n. La extraordinaria devoci\u00f3n de los madrile\u00f1os a esta piadosa casa fue creciendo con el tiempo, y adelantando, y mejor\u00e1ndose en consecuencia, el primitivo edificio de la ermita, se convirti\u00f3 en un templo y convento bastante espacioso. Contribuy\u00f3 principalmente a ello la particular devoci\u00f3n de Ruy Gonz\u00e1lez Clavijo, embajador que fue del rey Enrique III a <i>Tamerlan<\/i>, que ya dijimos viv\u00eda en sus casas propias de la costanilla de San Andr\u00e9s. \u00c9ste labr\u00f3 a su costa la capilla mayor, y cuando falleci\u00f3, en 1412, fue sepultado en medio de ella, bajo un suntuoso t\u00famulo de alabastro fino, con su estatua, que por cierto fue quitado de aquel sitio, en 1573, para enterrar a la reina D.\u00aa Juana, esposa de Enrique IV; y \u00faltimamente desapareci\u00f3 de todo punto en 1617, cuando se renov\u00f3 la iglesia, perdi\u00e9ndose as\u00ed la memoria dedicada a uno de los m\u00e1s ilustres entre los antiguos hijos de Madrid. La misma devoci\u00f3n que Ruy Clavijo ostentaron hacia esta santa casa los personajes y familias m\u00e1s distinguidas de la antigua nobleza matritense, los <i>Vargas, Ram\u00edrez, Lujanes, C\u00e1rdenas<\/i> y <i>Zapatas<\/i>, los cuales fundaron en ellas capillas propias, memorias p\u00edas y suntuosos t\u00famulos para sus enterramientos. Pero todo desapareci\u00f3 indebidamente cuando, a consecuencia de lo averiado del templo y estrechez del convento, determin\u00f3 la comunidad demolerlo para labrar otro nuevo, lo cual tuvo principio en 1761. La obra del templo actual corri\u00f3 a cargo de un religioso lego de la misma Orden, llamado Fray Francisco Cabezas, que la dej\u00f3 en la cornisa en el a\u00f1o 68. Continu\u00f3la luego el arquitecto don Antonio Pl\u00f3, y fue por \u00faltimo terminada, en 1784, por D. Francisco Sabatini, quien dirigi\u00f3 adem\u00e1s la obra del convento. La iglesia, de planta circular, con 116 pies de di\u00e1metro, coronada por una hermosa media naranja, ofrece un aspecto majestuoso por su extensi\u00f3n y regularidad, aunque escasa de ornato. La fachada y p\u00f3rtico son igualmente de gusto cl\u00e1sico, pero bastante pesado, y a nuestros ojos profanos, impropio de un templo grandioso, por aquellas ventanas, y sobre todo, aquellas dos mezquinas torres laterales. El convento contiguo, hoy convertido en cuartel, comprende una extensi\u00f3n prodigiosa, y es tambi\u00e9n de severo estilo, regularidad y fortaleza, bastando decir que tiene diez patios, el principal de los cuales mide m\u00e1s de 19.000 pies, y la huerta que avecina a la del Infantado es correspondiente a tan considerable edificio. Pero ni el sitio escogido para \u00e9l, ni el gusto que presidi\u00f3 a su construcci\u00f3n, son proporcionados a las inmensas sumas invertidas en esta obra, ni a la piadosa munificencia del gran Carlos III, en cuyo reinado se levant\u00f3. Pretendi\u00f3se, al parecer, dotar\u00e1 Madrid de un templo principal; pero por una fatalidad inconcebible, que presidi\u00f3 todas o casi todas las grandiosas obras propuestas por el c\u00e9lebre arquitecto <i>D. Ventura Rodriguez<\/i>, no se adoptaron los planes que a este efecto ide\u00f3, y ni aun se hizo la nueva construcci\u00f3n en el sitio que \u00e9l indicaba, m\u00e1s a la izquierda, dando frente a la carrera de San Francisco. Todas aquellas razones, y muy especialmente la situaci\u00f3n exc\u00e9ntrica de esta iglesia, la impiden ocupar el primer lugar, que sin duda la corresponde, entre las de Madrid, si bien por su magnitud y elegancia ha sido varias veces escogida para las grandes celebridades de la Corte, en los desposorios y honras f\u00fanebres de los monarcas.<\/p>\n<p>En algunas ocasiones se ha indicado la idea de erigirla en <i>Catedral de Madrid<\/i>; en otras se la ha designado para Pante\u00f3n Nacional<a href=\"http:\/\/www.publiconsulting.com\/wordpress\/madridantiguo\/back-matter\/notas\/#nt130\" id=\"rf130\"><sup>[130]<\/sup><\/a>, y en el ef\u00edmero reinado de Jos\u00e9 Napole\u00f3n estuvo indicada para <i>Sal\u00f3n de sesiones<\/i> de las futuras Cortes que hab\u00edan de convocarse con arreglo a la Constituci\u00f3n de Bayona. A todos estos proyectos se opone la casi incomunicaci\u00f3n de aquel barrio con el resto de la capital; incomunicaci\u00f3n que ya desde principios del siglo anterior se trat\u00f3 de remediar con el proyecto de un <i>puente<\/i> sobre la calle baja de Segovia a las Vistillas, presentado por el arquitecto <i>Saqueti<\/i>; pensamiento altamente beneficioso a aquel extenso distrito y a Madrid en general, que el autor de estos <i>Paseos<\/i> exhum\u00f3 del olvido y promovi\u00f3 en la corporaci\u00f3n municipal en 1846, y que, realizado alg\u00fan d\u00eda, dar\u00e1 a aquella parte de Madrid la importancia que merece<a href=\"http:\/\/www.publiconsulting.com\/wordpress\/madridantiguo\/back-matter\/notas\/#nt131\" id=\"rf131\"><sup>[131]<\/sup><\/a>.<\/p>\n<p>Todas las calles de este extenso distrito est\u00e1n, en efecto, bastante bien cortadas, son espaciosas y pobladas de buen caser\u00edo, distingui\u00e9ndose principalmente las dos ya citadas de <i>Don Pedro y Carrera de San Francisco<\/i>, y m\u00e1s adelante la de las <i>Tabernillas<\/i> y del <i>Humilladero<\/i>. Estas arrancan tambi\u00e9n de la plazuela de Puerta de Moros, y continuada la primera por la del <i>\u00c1ngel<\/i> y <i>San Bernab\u00e9<\/i> a la derecha, y la del <i>\u00c1guila<\/i> a la izquierda, salen al <i>campillo<\/i> titulado de <i>Gilimon<\/i>, y la del <i>Humilladero<\/i> desemboca en la calle baja de <i>Toledo<\/i>. De las muchas traviesas que median entre estas grandes l\u00edneas, la m\u00e1s importante es la calle de <i>Calatrava<\/i>; y aunque todas bastante regulares y espaciosas, carecen de inter\u00e9s por la monoton\u00eda y sencillez de sus casas, algunas de las cuales albergan cuarenta, cincuenta y hasta cien vecinos, en habitaciones reducidas, cuyo humilde alquiler, satisfecho con trabajo semanalmente, las vincul\u00f3 el ep\u00edteto de <i>casas domingueras<\/i>. La escasez de monumentos o edificios p\u00fablicos, hist\u00f3ricos o religiosos en este distrito, es completa. El \u00fanico notable, aunque moderno, de fines del siglo\u00a0<small>XVII<\/small>, es el precioso <i>Hospital de la V. O. T.<\/i>, con una linda capilla, sito en la calle de <i>San Bernab\u00e9<\/i>, contigua al <i>portillo de Gilimon<\/i>, y fundada sobre el sitio que ocupaban las casas en que vivi\u00f3 el famoso fiscal y presidente del consejo de Hacienda <i>Gil Imon de la Mota<\/i>, cuyo nombre qued\u00f3 al dicho portillo, abierto en su tiempo (hoy derribado). En estas casas estuvo preso y muri\u00f3 el virrey de N\u00e1poles Duque de Osuna, a fines del siglo <small>XVII<\/small>, despu\u00e9s de sus largas detenciones en el castillo de la Alameda y otras fortalezas. En la calle del <i>\u00c1guila<\/i>, n\u00famero 1, est\u00e1 la casa de la Sacramental de San Andr\u00e9s, con una peque\u00f1a capilla, dedicada a San Isidro, en la que se guarda una de las arcas en que primitivamente estuvo el cuerpo del Santo. Y en la calle de la <i>Paloma<\/i>, entre las de <i>Calatrava<\/i> y la <i>Ventosa<\/i>, se halla, entre los n\u00fameros 21 y 23, otra peque\u00f1a, aunque preciosa, capilla, construida en los \u00faltimos a\u00f1os del siglo pasado por la diligencia y caridad de una piadosa mujer llamada <i>Mar\u00eda Isabel Tintero<\/i>, y con las limosnas de los fieles vecinos de aquel barrio, para colocar en ella una devota imagen de nuestra Se\u00f1ora de la <i>Soledad<\/i>, muy venerada en el mismo por su milagrosa virtud. Esta es la c\u00e9lebre efigie conocida por la <i>Virgen de la Paloma<\/i>, cuyo peque\u00f1o santuario se ve constantemente asistido del concurso de los vecinos, y sus paredes vestidas de multitud de exvotos o piadosas ofrendas.<\/p>\n<p>A la esquina de la <i>Plazuela de la Cebada<\/i> a Puerta de Moros est\u00e1 la iglesia o <i>Humilladero de Santa Mar\u00eda de Gracia<\/i>, que dio nombre a la calle accesoria. Esta iglesia fue construida a fines del siglo\u00a0<small>XVII<\/small> por la hermandad de la Santa <i>Vera Cruz<\/i>, que exist\u00eda desde el siglo <small>XIII<\/small> en el convento de San Francisco. M\u00e1s adelante, en la misma calle del <i>Humilladero<\/i>, n\u00famero 23, se encuentra el <i>hospital<\/i> o iglesia de San Patricio de los <i>Irlandeses<\/i> fundado hacia los a\u00f1os 1629 por los cl\u00e9rigos cat\u00f3licos emigrados de aquel reino a consecuencia de la revoluci\u00f3n inglesa, y ampliado despu\u00e9s como colegio, a semejanza de otros que exist\u00edan en Espa\u00f1a, para los naturales de aquellos pa\u00edses.<\/p>\n<p>He aqu\u00ed los \u00fanicos objetos alg\u00fan tanto notables de aquel apartado distrito, de aquellas rectas calles entre las Vistillas y la de Toledo, denominadas de <i>San Buenaventura, de San Isidro, de las Anuas, del Oriente, del Luciente, del Mediod\u00eda, de la Paloma, de Calatrava<\/i> y otras; en cuyas casas, bajas y mezquinas unas, subdivididas otras en infinidad de viviendas por dem\u00e1s inc\u00f3modas, hallan albergue millares de familias de artesanos, jornaleros, corredores, chalanes, vagos y hasta malhechores, que abundan, como en todos, en el pueblo bajo de Madrid; bastando decir que la modesta calle del <i>Aguila<\/i> encierra en sus 42 casas 1.294 habitantes, y la de la <i>Paloma<\/i> muy cerca de 1.000 en s\u00f3lo 31 edificios. A pesar de esto, la espaciosidad regular de las calles y la ventilaci\u00f3n y altura de los sitios dan a este barrio cierto aspecto halag\u00fce\u00f1o y condiciones de alegr\u00eda y salubridad.<\/p>\n<p>La <i>plazuela de la Cebada<\/i>, formada en los principios del siglo\u00a0<small>XVI<\/small> en tierras pertenecientes a la <i>encomienda d\u00e9 Moratalaz<\/i>, del Orden de Calatrava, seg\u00fan se ve por escritura otorgada en 1536 por Rodrigo de Coalla, del consejo de Hacienda y del de Castilla (por quien aparece firmado el perd\u00f3n que el Emperador dio a los comuneros) y por su mujer, que compraron un qui\u00f1on de tierras en dicho sitio, es un descampado irregular, m\u00e1s bien que una plaza p\u00fablica, y desde su principio estuvo dedicada al comercio de granos, de tocino y de legumbres. En el siglo pasado fue tambi\u00e9n muy famosa por celebrarse en ella las famosas <i>Ferias de Madrid<\/i>, y el paseo y bullicio consiguiente, de que aun hemos podido ser testigos en algunos a\u00f1os del presente, en que se han continuado en ella; pero a fines del siglo \u00faltimo adquiri\u00f3 esta plazuela m\u00e1s funesta celebridad por haberse trasladado a la misma las ejecuciones de las sentencias de muerte en horca o garrote; a cuyo efecto se levantaba la v\u00edspera en el centro de ella el funesto pat\u00edbulo, y las campanas de las pr\u00f3ximas iglesias de San Mill\u00e1n y Nuestra Se\u00f1ora de Gracia eran las encargadas de trasmitir con su l\u00fagubre clamor a toda la poblaci\u00f3n de Madrid el instante supremo de los reos desdichados. Muchos grandes criminales expiaron en aquel sitio una serie de delitos comunes, y cuando, en este siglo principalmente, se invent\u00f3 la nueva clasificaci\u00f3n de delitos pol\u00edticos, muchas v\u00edctimas del encono de los partidos o de la venganza del poder regaron con su sangre aquel funesto recinto; 1822, 1823 y 1830 son fechas muy marcadas en aquella plazuela. Los nombres de <i>Goifieu, Riego, Iglesias<\/i> y <i>Miyar<\/i> dicen bastante en acusaci\u00f3n de la intolerancia y animosidad de los pol\u00edticos partidos<a href=\"http:\/\/www.publiconsulting.com\/wordpress\/madridantiguo\/back-matter\/notas\/#nt132\" id=\"rf132\"><sup>[132]<\/sup><\/a>.<\/p>\n<p class=\"ilustrafull\"><img decoding=\"async\" alt=\"\" src=\"\/\/www.publiconsulting.com\/wordpress\/madridantiguo\/wp-content\/uploads\/sites\/69\/2018\/03\/13.jpg\" \/><\/p>\n<p>La <i>calle baja de Toledo<\/i> (llamada en un principio de la <i>Manceb\u00eda<\/i>, por hallarse \u00e9sta situada en una de sus casas, con entrada tambi\u00e9n por la del <i>Humilladero<\/i>) es sin duda alguna la m\u00e1s poblada y animada de Madrid, como que su caser\u00edo llega al n\u00famero 143 por la acera izquierda y al 174 por la derecha, y su vecindario, seg\u00fan los censos modernos, alcanza, si no excede, la cifra de 4.000 habitantes. Formado aqu\u00e9l principalmente de posadas y casas de vecindad y para oficios humildes, dicha poblaci\u00f3n fija se aumenta extraordinariamente con la accidental de los forasteros y trajineros que en crecido n\u00famero acuden de continuo a Madrid de todas las provincias del reino, y que con sus diversos trajes, acentos y modales marcan a esta lamosa calle su fisonom\u00eda especial, y la hacen ser un compendio abreviado de la Espa\u00f1a. De monumentos o grandes objetos art\u00edsticos e hist\u00f3ricos no se trate, porque ninguno se encuentra en ella, a menos que no queramos calificar de tal (y pudiera serlo f\u00fanebre del buen gusto) la desdichada fuente construida en el reinado anterior a la entrada de la calle de la <i>Arganzuela<\/i>. Ninguna iglesia, ning\u00fan edificio p\u00fablico ni principal viene a interrumpir la continuada democracia de esta calle, y desde el principio de ella hasta el fin, est\u00e1 seguro el paseante de hallar por ambos lados despu\u00e9s de una posada una taberna, luego una barber\u00eda, m\u00e1s all\u00e1 un albardero junto a un herrador, y enfrente de un bodeg\u00f3n o de una esparter\u00eda. Se nos olvidaba que a su extremidad la hallamos dignamente terminada a la izquierda por la <i>Casa Matadero<\/i>, \u00fatil aunque muy repugnante establecimiento, hoy muy mejorado con nuevas construcciones; y a la derecha por un principio de gran caser\u00f3n, empezado a construir por la misma Villa, no sabemos con que objeto, hace algunos a\u00f1os, y abandonado despu\u00e9s. Este edificio, conocido por la Casa Pabellones, fue un tiempo cedido a la Sociedad de Mejora de C\u00e1rceles para establecer en ella una casa de correcci\u00f3n, pero no lleg\u00f3 a verificarse. Antes de llegar a la casa del Matadero, y a la esquina de la calle de los Cojos, estuvo tambi\u00e9n el piadoso <i>albergue de San Lorenzo<\/i>, en que se recog\u00eda por la ronda de <i>pan y huevo<\/i> a los pobres extraviados en las calles durante la noche, y se les daba aquella frugal colaci\u00f3n y un humilde lecho, por la hermandad fundada en 1598 por Pedro Cuenca. Hoy no existe ya ni la casa ni el albergue.<\/p>\n<p>Esta calle, en fin, y sus traviesas, con su numerosa y heterog\u00e9nea poblaci\u00f3n, su vitalidad y su energ\u00eda, es a Madrid en tiempos de revueltas lo que el <i>faubourg Saint Antoine<\/i> a la ciudad de Par\u00eds, y su formidable aspecto de fosos y barricadas en 1854 y 1856 est\u00e1 demasiado presente a la memoria para que haya necesidad de recordarlo.<\/p>\n<p>La nueva <i>Puerta de Toledo<\/i>, que termina esta calle y da salida al camino real de Andaluc\u00eda, sustituyo hace muchos a\u00f1os a la mezquina y antigua que hab\u00eda un poco m\u00e1s arriba. Tuvo \u00e9sta origen en tiempo de la dominaci\u00f3n francesa, en que se sent\u00f3 la primera piedra, teniendo muy buen cuidado de encerrar bajo de ella, con la debida pompa, la correspondiente caja con las monedas de Jos\u00e9 Napole\u00f3n, los Calendarios, Gu\u00edas y Constituciones a la saz\u00f3n vigentes; pero salieron los franceses y su intruso gobierno, y en 1813 el Ayuntamiento <i>constitucional<\/i> de Madrid acord\u00f3 continuar la obra, dedic\u00e1ndola a la memoria del triunfo obtenido contra aquellos mismos que la empezaron; y como era consiguiente, la operaci\u00f3n primera fue la de extraer la <i>intrusa cajita<\/i> con sus <i>intrusos<\/i> gu\u00edas, monedas y calendarios, y colocar en su lugar otra flamante con la nov\u00edsima Constituci\u00f3n de C\u00e1diz, y las medallas con la efigie de Fernando\u00a0VII <i>el Deseado<\/i>. Regres\u00f3 \u00e9ste al a\u00f1o siguiente de su cautiverio, y tuvo a bien anular con una plumada y <i>barrar de la serie del tiempo, como si no hubiesen existido jam\u00e1s<\/i>, los seis a\u00f1os anteriores: y el ayuntamiento <i>perpetuo<\/i>, que volv\u00eda a abrazar su perpetuidad, crey\u00f3 de su deber desembarazar los cimientos de aquella obra triunfal de la insegura base de la llamada Constituci\u00f3n, y poner en bu lugar el <i>Almanak<\/i>, el <i>Diario de Madrid<\/i>, la <i>Gu\u00eda de Forasteros<\/i>, y no sabemos si el <i>Sarrabal<\/i> de Mil\u00e1n. Todav\u00eda sufrieron aquellos subterr\u00e1neos alguna otra visita municipal con ocasi\u00f3n de la nueva edici\u00f3n de la susodicha Constituci\u00f3n pol\u00edtica en 1820, y luego con los decretos anuladores de los <i>tres negros llamados a\u00f1os<\/i>, en 1823; pero, en fin, en 1827 se vio terminada aquella pesad\u00edsima mole, y pudo leerse en su cuerpo \u00e1tico la inscripci\u00f3n dedicatoria que dec\u00eda: <i>A Fernando VII, el Deseado, padre de la patria, restituido a sus pueblos, exterminada la usurpaci\u00f3n francesa, el Ayuntamiento de Madrid consagr\u00f3 este monumento de fidelidad, de triunfo, de alegr\u00eda<\/i>. Pero aun esta inscripci\u00f3n desapareci\u00f3 a resultas de la revoluci\u00f3n de 1868.<\/p>\n","protected":false},"author":1,"menu_order":17,"template":"","meta":{"pb_show_title":"on","pb_short_title":"","pb_subtitle":"","pb_authors":[],"pb_section_license":""},"chapter-type":[],"contributor":[],"license":[],"class_list":["post-60","chapter","type-chapter","status-publish","hentry"],"part":3,"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.publiconsulting.com\/wordpress\/madridantiguo\/wp-json\/pressbooks\/v2\/chapters\/60","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.publiconsulting.com\/wordpress\/madridantiguo\/wp-json\/pressbooks\/v2\/chapters"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.publiconsulting.com\/wordpress\/madridantiguo\/wp-json\/wp\/v2\/types\/chapter"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.publiconsulting.com\/wordpress\/madridantiguo\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"version-history":[{"count":3,"href":"https:\/\/www.publiconsulting.com\/wordpress\/madridantiguo\/wp-json\/pressbooks\/v2\/chapters\/60\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":225,"href":"https:\/\/www.publiconsulting.com\/wordpress\/madridantiguo\/wp-json\/pressbooks\/v2\/chapters\/60\/revisions\/225"}],"part":[{"href":"https:\/\/www.publiconsulting.com\/wordpress\/madridantiguo\/wp-json\/pressbooks\/v2\/parts\/3"}],"metadata":[{"href":"https:\/\/www.publiconsulting.com\/wordpress\/madridantiguo\/wp-json\/pressbooks\/v2\/chapters\/60\/metadata\/"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.publiconsulting.com\/wordpress\/madridantiguo\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=60"}],"wp:term":[{"taxonomy":"chapter-type","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.publiconsulting.com\/wordpress\/madridantiguo\/wp-json\/pressbooks\/v2\/chapter-type?post=60"},{"taxonomy":"contributor","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.publiconsulting.com\/wordpress\/madridantiguo\/wp-json\/wp\/v2\/contributor?post=60"},{"taxonomy":"license","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.publiconsulting.com\/wordpress\/madridantiguo\/wp-json\/wp\/v2\/license?post=60"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}