{"id":62,"date":"2018-03-20T12:15:59","date_gmt":"2018-03-20T12:15:59","guid":{"rendered":"http:\/\/www.publiconsulting.com\/wordpress\/madridantiguo\/chapter\/__unknown__-21\/"},"modified":"2018-03-20T18:06:47","modified_gmt":"2018-03-20T18:06:47","slug":"el-lavapies","status":"publish","type":"chapter","link":"https:\/\/www.publiconsulting.com\/wordpress\/madridantiguo\/chapter\/el-lavapies\/","title":{"rendered":"XIV. El Lavapi\u00e9s"},"content":{"raw":"Entramos en pleno distrito de <i>Lavapi\u00e9s<\/i> o del <i>Avapi\u00e9s<\/i>, como antiguamente sol\u00eda escribirse, sin que acertemos a explicar la etimolog\u00eda de este nombre con la candidez del buen D.\u00a0Nicol\u00e1s Fern\u00e1ndez de Morat\u00edn<a href=\"http:\/\/www.publiconsulting.com\/wordpress\/madridantiguo\/back-matter\/notas\/#nt142\" id=\"rf142\"><sup>[142]<\/sup><\/a>, porque con ambos t\u00edtulos viene emblematizando hace tres siglos a la poblaci\u00f3n ind\u00edgena matritense en el \u00faltimo t\u00e9rmino de la escala social. No nos meteremos en eruditas y empalagosas investigaciones para buscar en tales o cuales razas el origen de esta parte del pueblo bajo de Madrid, apellidado la <i>Manoler\u00eda<\/i>, que tiene su asiento principal en el famoso cuartel de Lavapi\u00e9s, aunque rebosando tambi\u00e9n a los inmediatos de la Inclusa, el Rastro y las Vistillas. Para nosotros es evidente que el tipo del <i>Manolo<\/i> se fue formando espont\u00e1neamente con la poblaci\u00f3n propia de nuestra villa y la agregaci\u00f3n de los infinitos advenedizos que de todos los puntos del reino acudieron a ella desde el principio <i>a buscar fortuna<\/i>. Entre los que vinieron guiados de pr\u00f3spera estrella y cambiaron luego sus humildes trajes y groseros modales por los brillantes uniformes y el estudiado idioma de la corte, vinieron tambi\u00e9n, aunque con m\u00e1s modestas pretensiones, los alegres habitadores de <i>Triana, Macarena y el Comp\u00e1s<\/i> de Sevilla, los de las <i>Huertas<\/i> de Murcia y de Valencia, de la <i>Manter\u00eda<\/i> de Valladolid, de los <i>Percheles y las islas de Riaran<\/i> de M\u00e1laga, del <i>Azoguejo<\/i> de Segovia, de la <i>Olivera<\/i> de Valencia, de las <i>Tendillas<\/i> de Granada, del <i>Potro<\/i> de C\u00f3rdoba, y las <i>Ventillas<\/i> de Toledo, y dem\u00e1s sitios c\u00e9lebres del <i>mapa picaresco de Espa\u00f1a<\/i>, trazado por la pluma del inmortal autor del Q<small>UIJOTE<\/small>; todos los cuales, mezcl\u00e1ndose naturalmente con las clases m\u00e1s humildes de nuestra poblaci\u00f3n matritense, adoctrin\u00e1ndola con su ingenio y travesura, despertando su natural sagacidad, su desenfado y arrogancia, fueron parte a formar en los <i>Manolos<\/i> madrile\u00f1os un car\u00e1cter marcado, un tipo original y especial\u00edsimo, aunque compuesto de la gracia y de la jactancia andaluzas, de la viveza valenciana y de la seriedad y entonamiento castellanos.\r\n\r\nCuando, a mediados del siglo <small>XVI<\/small>, se verific\u00f3, casi simult\u00e1neamente con la venida de la corte, la tercera ampliaci\u00f3n de Madrid, ya exist\u00eda numeroso caser\u00edo m\u00e1s all\u00e1 de la cerca que, seg\u00fan dijimos, corr\u00eda desde la puerta de <i>Ant\u00f3n Mart\u00edn<\/i> hasta la calle de Toledo, y aquellos sitios costaneros y despejados por donde ahora corren las calles de <i>Jes\u00fas y Mar\u00eda<\/i>, de <i>Lavapi\u00e9s<\/i>, del <i>Olivar<\/i>, del <i>Ave Mar\u00eda<\/i> y sus traviesas, eran ya c\u00e9lebres por sus afamados ventorrillos, tabernas y bodegones, entre los cuales sobresal\u00eda el nombrado de <i>Manuela<\/i>, sito en el <i>Campillo<\/i> (hoy calle) que conserva su nombre, y los altillos y rellanos de <i>Buena Vista<\/i>, de las <i>Damas<\/i> y <i>Primavera<\/i>, que eran los puntos adonde acud\u00edan a solazarse los menestrales madrile\u00f1os, como ahora al nuevo arrabal de <i>Chamber\u00ed<\/i>. Con el trascurso del tiempo y el aumento de la poblaci\u00f3n fue agrup\u00e1ndose el caser\u00edo y formando dichas calles y sus traviesas, tales como las de la <i>Cabeza<\/i><a href=\"http:\/\/www.publiconsulting.com\/wordpress\/madridantiguo\/back-matter\/notas\/#nt143\" id=\"rf143\"><sup>[143]<\/sup><\/a>, del <i>Calvario<\/i>, del <i>Olmo<\/i>, de los <i>Ministriles<\/i>, de los <i>Tres Peces<\/i>, de la <i>Esperanza<\/i>, de <i>Zurita<\/i>, del <i>Salitre<\/i> y de la <i>Fe<\/i>.\r\n\r\nArteria principal de todas ellas, y centro de este bullicioso distrito, la calle de <i>Lavapi\u00e9s<\/i> (que, como la del Barquillo, tuvo el privilegio de apellidarse <i>Real<\/i>) arranca de la extremidad de la de la Magdalena, y estrecha al principio, aunque siempre desigual y costanera, va ensanchando despu\u00e9s y adquiriendo grande importancia, como rio creciente y majestuoso, con la incorporaci\u00f3n de la de Jes\u00fas y Mar\u00eda primero, a la plazoleta del <i>Campillo de Manuela<\/i>, y luego con las del Olivar y del Ave Mar\u00eda en la famosa <i> plazuela de Lavapi\u00e9s<\/i>, que es la <i>Puerta del Sol<\/i> de aquel distrito, ingreso y coraz\u00f3n de todas aquellas y otras calles, hasta que, cambiando su nombre por el de Valencia, llega al portillo mencionado del mismo t\u00edtulo, y antes de <i>Lavapi\u00e9s<\/i>. Los expresivos nombres de todas \u00e9stas, que quedan ya apuntados, revelan bien a las claras su humilde historia o sus condiciones materiales. La del Ave Mar\u00eda recibi\u00f3 este nombre del <i>Beato Sim\u00f3n de Rojas<\/i>, que parece hizo expulsar de ella a las prostitutas que la ocupaban, y por eso se llam\u00f3 tambi\u00e9n de <i>San Sim\u00f3n<\/i> una d\u00e9 las contiguas. La del <i>Calvario<\/i> debi\u00f3 apellidarse as\u00ed porque exist\u00eda un <i>Via Crucis<\/i> en aquel sitio, en direcci\u00f3n a Atocha, y merece justamente este nombre por el horrible desnivel de su suelo; la de la <i>Escuadra<\/i>, por su forma en esta figura; las del <i>Olmo<\/i>, del <i>Olivar<\/i>, de la <i>Rosa<\/i> y otras, por los plant\u00edos y huertas en que fueron trazadas; la del <i>Salitre<\/i>, por su inmediaci\u00f3n a las tierras y f\u00e1brica del mismo (adonde se ha trasladado la Aduana), y as\u00ed las dem\u00e1s, sin que en ninguna de ellas exista edificio, monumento ni recuerdo hist\u00f3rico de importancia que decore o enaltezca aquella humilde barriada.\r\n\r\nEn la calle llamada de la <i>Torrecilla del Leal<\/i> existe \u00fanicamente la casa e iglesia de la venerable Congregaci\u00f3n de <i>San Pedro de Presb\u00edteros naturales de Madrid<\/i>, fundada por el venerable licenciado Jer\u00f3nimo Quintana, autor de la <i>Historia<\/i> de esta villa, y muy c\u00e9lebre por su filantr\u00f3pica piedad y por haber pertenecido a ella insignes escritores como Lope de Vega, Calder\u00f3n de la Barca (que la nombr\u00f3 su heredera)<a href=\"http:\/\/www.publiconsulting.com\/wordpress\/madridantiguo\/back-matter\/notas\/#nt144\" id=\"rf144\"><sup>[144]<\/sup><\/a>, Sol\u00eds, Montalb\u00e1n y otros. Al extremo de la calle de la <i>Fe<\/i>, que va desde la plazuela de Lavapi\u00e9s hasta la calle del Salitre, se alza la parroquia Parroquia de de <i>San Lorenzo<\/i>, que fue anejo de San Sebasti\u00e1n desde 1662, en que se construy\u00f3, y hoy es parroquia independiente, y acaso la m\u00e1s poblada de Madrid, pues comprende 6.624 vecinos y 24.998 feligreses. Este templo sufri\u00f3 un horroroso incendio el d\u00eda 16 de Junio de 1851, habiendo sido reparado luego con las limosnas de los feligreses. En las calles de <i>Zurita<\/i>, los <i>Tres Peces<\/i>, la <i>Esperanza<\/i> y dem\u00e1s contiguas nada tenemos que recordar.\r\n\r\nA estas nuevas barriadas, apartadas y humildes, debieron naturalmente refluir las clases m\u00e1s desvalidas de la poblaci\u00f3n cuando, creciendo \u00e9sta en n\u00famero e importancia, rebas\u00f3 las antiguas cercas y cubri\u00f3 de edificios costosos las calles y t\u00e9rminos de la villa. Form\u00f3se, pues, la natural divisi\u00f3n de barrios <i>altos y bajos<\/i><a href=\"http:\/\/www.publiconsulting.com\/wordpress\/madridantiguo\/back-matter\/notas\/#nt145\" id=\"rf145\"><sup>[145]<\/sup><\/a>, y ocupando los primeros los empleados de la corte y las clases acomodadas, tocaron naturalmente los segundos a los jornaleros menestrales; aqu\u00e9llos, renov\u00e1ndose continuamente con los favores del poder y de la fortuna, con la inmigraci\u00f3n constante de forasteros, y con el trasiego de los propios en viajes y comisiones, modificaron infinitamente su car\u00e1cter y tipo primitivo, perdieron el colorido local, y de la reuni\u00f3n de aquellos matices, adaptados de tan diferentes or\u00edgenes y fundidos en el crisol de la corte, vino a formarse otro especial, y por cierto bien interesante, que es el del <i>habitante de Madrid<\/i>; pero los signos caracter\u00edsticos del <i>madrile\u00f1o<\/i> (especialmente en la parte menos culta de la poblaci\u00f3n) que pudieron escapar al roce continuo de los otros pueblos y a las tendencias, intrigas y favores cortesanos, han llegado hasta nosotros trasmitidos de generaci\u00f3n en generaci\u00f3n en los habitadores de los barrios <i>bajos<\/i>. El trascurso del tiempo, los sucesos hist\u00f3ricos y pol\u00edticos, y la alteraci\u00f3n consiguiente de las costumbres, han podido ciertamente modificar las condiciones de aquel car\u00e1cter primitivo; pero aplicando a su an\u00e1lisis un estudio concienzudo, y haciendo abstracci\u00f3n de los accesorios, es f\u00e1cil descubrir, al trav\u00e9s de ellos, el tipo original del madrile\u00f1o arrogante y leal, temerario e indolente, sarc\u00e1stico y hasta agresivo contra el poder, desde\u00f1oso de la fortuna y de la desgracia, mezcla del fatalismo \u00e1rabe, del orgullo, del valor y de la inercia castellanas.\r\n\r\nEste pueblo bajo madrile\u00f1o, que tanta parte tom\u00f3 en las revueltas pol\u00edticas de los pasados siglos; que defendi\u00f3 tenazmente la causa de su leg\u00edtimo rey D.\u00a0Pedro de Castilla contra el dichoso D. Enrique, y m\u00e1s tarde, la legitimidad dudosa de la desdichada do\u00f1a Juana la <i>Beltraneja<\/i> contra la misma princesa do\u00f1a Isabel; que neg\u00f3 los tributos y alz\u00f3 barricadas, en uni\u00f3n con los comuneros de Castilla, contra las huestes del poderoso Emperador, qued\u00f3 como amortiguado, y aun pudiera decirse que hab\u00eda cambiado del todo, cuando, halagado por la fortuna, vio fijarse en medio de \u00e9l la opulenta corte castellana, y se convirti\u00f3 durante siglo y medio en sumiso y obediente s\u00fabdito de los monarcas de la austriaca dinast\u00eda; pero durante la minor\u00eda del desdichado Carlos II y el gobierno impopular de la Reina madre, aparece ya el pueblo madrile\u00f1o tomando una parte activa en las turbulencias pol\u00edticas ocasionadas por la privanza del jesuita Nithard, y m\u00e1s adelante, del osado Valenzuela; persigue a ambos con su reprobaci\u00f3n, con su censura, con sus s\u00e1tiras y con su fuerza material, hasta que los obliga a abandonar el puesto y huir del encono popular. Luego, en los \u00faltimos d\u00edas del reinado miserable del mismo Carlos, se presenta de nuevo, terrible y osado, a las puertas de su Real Alc\u00e1zar, en 1699, con pretexto de la carest\u00eda del pan, a pedir, o m\u00e1s bien ordenar, al Monarca <i>que despierte de su prolongado letargo<\/i>, y no depone las armas hasta que recibe sus seguridades y obliga a la fuga al Ministro, Conde de Oropesa.\r\n\r\nEn principios del siglo pasado, y durante la famosa guerra de sucesi\u00f3n, notoria es la parte tan activa que tom\u00f3 el pueblo propio madrile\u00f1o, y las muestras tan ostentosas que dio de su simpat\u00eda hacia la persona de Felipe de Borb\u00f3n y contra las huestes del Archiduque en los breves d\u00edas que \u00e9stas le ocuparon; en que no hubo g\u00e9nero de asechanzas, de desmanes y alevos\u00edas que no pusiera en juego contra los desgraciados tudescos, los cuales (seg\u00fan el Marqu\u00e9s de San Felipe, historiador de aquella guerra) pagaron bien caros los funestos favores de las mujeres de la plebe madrile\u00f1a.\r\n\r\nAdelantada ya la segunda mitad del siglo, todav\u00eda el fiero madrile\u00f1o ostent\u00f3 un d\u00eda toda la arrogancia de sus antecesores, defendiendo sus <i>capas y chambergos<\/i>, fusilando las ventanas del ministro Esquilache, persiguiendo a las tropas extranjeras y marchando osado, en numerosa turba a las \u00f3rdenes del calesero <i>Bernardo<\/i>, hasta el mismo palacio y Real c\u00e1mara de Aranjuez, a imponer condiciones de potencia a potencia al mismo monarca, el gran Carlos\u00a0III. Durante casi medio siglo durmi\u00f3, al parecer, tranquilo el impert\u00e9rrito pueblo de Madrid; pero el 19 de Marzo de 1808, rugiendo de nuevo terrible y vengador contra el poder y la osad\u00eda de un nuevo y m\u00e1s arrogante favorito, se present\u00f3 en los mismos sitios y con el mismo imponente aparato que en 1766<a href=\"http:\/\/www.publiconsulting.com\/wordpress\/madridantiguo\/back-matter\/notas\/#nt146\" id=\"rf146\"><sup>[146]<\/sup><\/a>, y comenz\u00f3 a repetir el drama, que fue a terminar, como aqu\u00e9l, a las orillas del Tajo.\r\n\r\nEn aquel famoso a\u00f1o, cl\u00e1sico para toda la naci\u00f3n espa\u00f1ola, y especialmente para el pueblo madrile\u00f1o, hay tres fechas eternas, que jamas podr\u00e1n borrarse de sus anales: 19 de Marzo; 2 de Mayo, y 2, 3 y 4 de Diciembre.\r\n\r\nEn la primera consigui\u00f3 derrocar el \u00eddolo del poderoso valido, que arrastr\u00f3 en su ca\u00edda al Monarca d\u00e9bil y apocado; en la segunda desafi\u00f3 y abati\u00f3, aunque a costa de un cruento sacrificio, el orgullo y arrogancia de las huestes del dominador de Europa; en la tercera, en fin, se atrevi\u00f3 a resistir a \u00e9ste en persona y al frente de sus ej\u00e9rcitos, oponi\u00e9ndole sus d\u00e9biles tapias y la fortaleza y temeridad de sus pechos. El pueblo de Madrid, que, subyugado y encadenado al carro del usurpador, sufri\u00f3 durante cinco a\u00f1os los efectos de su ira, los rigores del hambre y de la miseria, no perdi\u00f3 por eso su car\u00e1cter desde\u00f1oso y arrogante, y vali\u00e9ndose de las armas del sarcasmo y la iron\u00eda, se mofaba del intruso rey y de su gobierno, le escarnec\u00eda p\u00fablicamente en las ocasiones m\u00e1s solemnes<a href=\"http:\/\/www.publiconsulting.com\/wordpress\/madridantiguo\/back-matter\/notas\/#nt147\" id=\"rf147\"><sup>[147]<\/sup><\/a>, y mor\u00eda a manos del hambre espantosa de 1812, sin querer recibir el menor auxilio de sus enemigos, ni perder un momento su dignidad, su agresivo car\u00e1cter y audacia.\r\n\r\nPero volviendo al tipo especial del <i>Manolo<\/i> de Madrid, seg\u00fan nos le dej\u00f3 pintado Goya en sus caprichos, y en sus deliciosos <i>sainetes<\/i> el picaresco <i>D.\u00a0Ram\u00f3n de la Cruz<\/i>, debemos consignar que ha venido sufriendo constantes y sucesivas modificaciones en sus costumbres, modales y trajes; sus oficios m\u00e1s favoritos contin\u00faan siendo, como en el siglo pasado, los de zapatero, tabernero, carnicero, calesero y tratantes en hierro, trapo, papel, sebo y pieles, que constitu\u00edan, hasta hace pocos a\u00f1os, los gremios de <i>traperos, chisperos, corredores de la cuatropea<\/i>, y otros; ha abandonado la coleta y redecilla, el calz\u00f3n y el chupet\u00edn, el capote de mangas y el sombrero apuntado, con que nos le pintan a principios de este siglo; su traje actual, modificado con la imitaci\u00f3n de los de Andaluc\u00eda y de las clases m\u00e1s elevadas, consiste generalmente en chaquetita estrecha y corta, con multitud de botoncitos; chaleco abierto y con igual botonadura, pero sin echar m\u00e1s que el primero; camisa bordada, doblado el cuello y recogido con un pa\u00f1olito de color saliente, asido con una sortija al pecho; faja encarnada o amarilla; pantal\u00f3n ancho por abajo; media blanca y zapato corto y ajustado. El sombrero redondo y alto, terso y reluciente, ha sido trocado por el sombrerito <i>cala\u00f1es<\/i>; pero la varita en la mano y la terrible navaja a la cintura son prendas de que no se ha desprendido todav\u00eda ning\u00fan <i>manolo<\/i>.\r\n\r\nEste nombre, a nuestro entender, no tiene otra antig\u00fcedad ni origen que el propio con que quiso ataviar al famoso personaje de su burlesca <i>tragedia para re\u00edr y sainete para llorar<\/i> el ya dicho D.\u00a0Ram\u00f3n de la Cruz; pues en ninguna obra anterior de los escritores de costumbres y novelas, tales como Castillo, Zabaleta, Torres y otros, hallamos designadas con este nombre a los habitantes de aquellos barrios de Madrid.\r\n\r\nEn cuanto a la <i>Manola<\/i>, precioso y cl\u00e1sico tipo que va desapareciendo a nuestra vista, y cuyo donaire, gracia y desenfado son proverbiales en toda Espa\u00f1a, \u00bfqui\u00e9n no conoce el campanudo y guarnecido guardapi\u00e9s, la nacarada media, el breve zapato, la desprendida mantilla de tira y la artificiosa trenza de Paca la <i>Salada<\/i>) Geroma la <i>Casta\u00f1era<\/i>, Manola la <i>Ribeteadora<\/i>, Pepa la <i>Naranjera<\/i>, y Maruja y Damiana y Ruperta, floreras, rabaneras \u00fa oficialas de la f\u00e1brica de cigarros? \u00bfQui\u00e9n no sabe de memoria sus dichos gr\u00e1ficos, sus epigramas naturales, su proverbial fiereza y arrogancia? \u00bfQui\u00e9n no ve con sentimiento confundirse este gracioso tipo en el otro repugnante de la mujer mundana, que, en su deseo de parecer bien, ha querido parodiar la gracia, traje y modales peculiares de la <i>Manola<\/i>?\r\n\r\nEl car\u00e1cter altivo e independiente de estas clases en ambos sexos, su animosidad contra todo lo extranjero o sus recuerdos, su ind\u00f3mita arrogancia y su escasa instrucci\u00f3n, unido todo a los vicios y disipaci\u00f3n propios de las grandes poblaciones, han hecho que hasta hace pocos a\u00f1os esta parte del vecindario de nuestra villa, estos barrios del <i>Lavapi\u00e9s<\/i>, del <i>Salitre, Tres Peces, Inclusa<\/i>, el <i>Rastro<\/i> y <i>Embajadores<\/i> fuesen como una poblaci\u00f3n aparte, aislada, hostil y terrible para el resto de ella; pero las vicisitudes pol\u00edticas por que hemos pasado en lo que va de siglo, y en que tanta y tan apasionada parte ha tomado en todas ocasiones el pueblo bajo de Madrid, le fueron adversas en general, y castigando duramente sus pasiones, sus excesos, sus demas\u00edas y exageraciones de 1814, 1820, 1823, 1834, 1843, 1854 y 1856, le han debido dar a conocer, bien a su costa, que hay en la sociedad otra fuerza mayor que la fuerza num\u00e9rica, y que han pasado los tiempos de los <i>ignos y lairones, ale las pititas realistas y de los tr\u00e1galas revolucionarios<\/i>.\r\n\r\nDe esperar es que, mejor\u00e1ndose constantemente la instrucci\u00f3n, y aumentada la vigilancia del Gobierno; creciendo en ellos el amor al trabajo y a los goces m\u00e1s halag\u00fce\u00f1os de la sociedad culta, y extendi\u00e9ndose tambi\u00e9n en aquellos barrios extremos una parte de la poblaci\u00f3n m\u00e1s acomodada, con el aumento y mejora del caser\u00edo, la entrada en ellos no vuelva a ofrecer, como antes, un valladar impenetrable a las personas decentes. Ya no choca, en efecto, en ellos, el ruido de los coches, ni son perseguidas las se\u00f1oras con <i>gorro<\/i>, ni los hombres con <i>futraque<\/i> o <i>levosa<\/i>, ni los chicos de tierna edad aparecen ya en cueros o en camisa; antes bien se recogen en las ben\u00e9ficas aulas de las <i>Escuelas P\u00edas<\/i> y <i>Salas de Asilo<\/i> de las calles del Espino, de Atocha o de la F\u00e1brica de cigarros; las manolas no serpentean ya todo el d\u00eda con sus trajes ondulantes y campanudos (excepto aquella parte proporcional dedicada al vicio y a la prostituci\u00f3n); asisten a trabajar modesta y silenciosamente hasta en n\u00famero de 5.000 en aquella fabrica o en los particulares obradores de zapater\u00eda, sastrer\u00eda y otros; los manolos son tambi\u00e9n artesanos o mercaderes ambulantes, y han tomado el gusto a una ganancia leg\u00edtima y segura, si bien no curados enteramente de la excesiva afici\u00f3n a los toros y a la taberna; y preciso es confesar (a despecho de los encomiadores de todo lo antiguo) que el pueblo bajo de Madrid, entrando sin r\u00e9plica en el sorteo para la quinta (de que antes estaba exceptuado), pagando su patente industrial y su habitaci\u00f3n al casero (obligaciones ambas de que antes se exceptuaba \u00e9l), trocando, para ir a los toros, el antiguo y estrepitoso <i>cales\u00edn<\/i> por el <i>\u00f3mnibus<\/i> comunista, las <i>seguidillas<\/i> por la <i>polka<\/i>, la bandurria y el pandero por la orquesta militar o el organillo alem\u00e1n, y asistiendo frecuentemente a la Zarzuela y a la Opera, al Circo Ecuestre y al ferrocarril de Aranjuez, si ha perdido la fisonom\u00eda local, excepcional y tal vez po\u00e9tica que fotografi\u00f3 D.\u00a0Ram\u00f3n de la Cruz en sus admirables farsas de <i>La Casa de T\u00f3came Roque, El Manolo, Las Casta\u00f1eras picadas, La Venganza del Zurdillo<\/i>, ha ganado, y mucho, en moralidad, en instrucci\u00f3n y en bienestar, y bajo todos aspectos ese distrito, especialmente en sus calles principales del Lavapi\u00e9s, Olivar, Ave Mar\u00eda, el Olmo y la Cabeza, pueden sostener actualmente el parang\u00f3n con los dem\u00e1s de Madrid.\r\n\r\nLa ancha y espaciosa calle de <i>Santa Isabel<\/i> por su izquierda y las dem\u00e1s traviesas entre \u00e9sta y la de Atocha, aunque pertenecen al mismo distrito, est\u00e1n ya de antiguo formadas de buen caser\u00edo y habitadas por clases pudientes.\r\n\r\nEn la primera de ellas hay que notar la moderna casa-palacio de los condes de Cerbellon, duques de Fernan-Nu\u00f1ez, y al extremo de ella el suntuoso monasterio de religiosas de <i>Santa Isabel<\/i>, fundado en 1589 en la calle del Pr\u00edncipe, hasta que la reina do\u00f1a Margarita, esposa de Felipe\u00a0III, las traslad\u00f3 en 1610 a este sitio, en donde estuvo la casa de campo del c\u00e9lebre secretario de Felipe II, Antonio P\u00e9rez. La iglesia, terminada en 1665, es muy buena y decorada con apreciables pinturas. Unido a este convento est\u00e1 el <i>colegio de ni\u00f1as<\/i>, fundado en 1595 por Felipe II con la denominaci\u00f3n de <i>Casa-recogimiento de Santa Isabel<\/i>, cuyo patronato corresponde siempre a los reyes de Espa\u00f1a, y en el que se admiten tambi\u00e9n y educan colegialas pensionistas. Termina esta calle y distrito con las accesorias del nuevo edificio de la <i>Facultad de Medicina<\/i> y el inmenso <i>Hospital General<\/i>, cuyos frentes dan ya a la calle de <i>Atocha<\/i>, que habr\u00e1 de ocuparnos en el pr\u00f3ximo paseo.","rendered":"<p>Entramos en pleno distrito de <i>Lavapi\u00e9s<\/i> o del <i>Avapi\u00e9s<\/i>, como antiguamente sol\u00eda escribirse, sin que acertemos a explicar la etimolog\u00eda de este nombre con la candidez del buen D.\u00a0Nicol\u00e1s Fern\u00e1ndez de Morat\u00edn<a href=\"http:\/\/www.publiconsulting.com\/wordpress\/madridantiguo\/back-matter\/notas\/#nt142\" id=\"rf142\"><sup>[142]<\/sup><\/a>, porque con ambos t\u00edtulos viene emblematizando hace tres siglos a la poblaci\u00f3n ind\u00edgena matritense en el \u00faltimo t\u00e9rmino de la escala social. No nos meteremos en eruditas y empalagosas investigaciones para buscar en tales o cuales razas el origen de esta parte del pueblo bajo de Madrid, apellidado la <i>Manoler\u00eda<\/i>, que tiene su asiento principal en el famoso cuartel de Lavapi\u00e9s, aunque rebosando tambi\u00e9n a los inmediatos de la Inclusa, el Rastro y las Vistillas. Para nosotros es evidente que el tipo del <i>Manolo<\/i> se fue formando espont\u00e1neamente con la poblaci\u00f3n propia de nuestra villa y la agregaci\u00f3n de los infinitos advenedizos que de todos los puntos del reino acudieron a ella desde el principio <i>a buscar fortuna<\/i>. Entre los que vinieron guiados de pr\u00f3spera estrella y cambiaron luego sus humildes trajes y groseros modales por los brillantes uniformes y el estudiado idioma de la corte, vinieron tambi\u00e9n, aunque con m\u00e1s modestas pretensiones, los alegres habitadores de <i>Triana, Macarena y el Comp\u00e1s<\/i> de Sevilla, los de las <i>Huertas<\/i> de Murcia y de Valencia, de la <i>Manter\u00eda<\/i> de Valladolid, de los <i>Percheles y las islas de Riaran<\/i> de M\u00e1laga, del <i>Azoguejo<\/i> de Segovia, de la <i>Olivera<\/i> de Valencia, de las <i>Tendillas<\/i> de Granada, del <i>Potro<\/i> de C\u00f3rdoba, y las <i>Ventillas<\/i> de Toledo, y dem\u00e1s sitios c\u00e9lebres del <i>mapa picaresco de Espa\u00f1a<\/i>, trazado por la pluma del inmortal autor del Q<small>UIJOTE<\/small>; todos los cuales, mezcl\u00e1ndose naturalmente con las clases m\u00e1s humildes de nuestra poblaci\u00f3n matritense, adoctrin\u00e1ndola con su ingenio y travesura, despertando su natural sagacidad, su desenfado y arrogancia, fueron parte a formar en los <i>Manolos<\/i> madrile\u00f1os un car\u00e1cter marcado, un tipo original y especial\u00edsimo, aunque compuesto de la gracia y de la jactancia andaluzas, de la viveza valenciana y de la seriedad y entonamiento castellanos.<\/p>\n<p>Cuando, a mediados del siglo <small>XVI<\/small>, se verific\u00f3, casi simult\u00e1neamente con la venida de la corte, la tercera ampliaci\u00f3n de Madrid, ya exist\u00eda numeroso caser\u00edo m\u00e1s all\u00e1 de la cerca que, seg\u00fan dijimos, corr\u00eda desde la puerta de <i>Ant\u00f3n Mart\u00edn<\/i> hasta la calle de Toledo, y aquellos sitios costaneros y despejados por donde ahora corren las calles de <i>Jes\u00fas y Mar\u00eda<\/i>, de <i>Lavapi\u00e9s<\/i>, del <i>Olivar<\/i>, del <i>Ave Mar\u00eda<\/i> y sus traviesas, eran ya c\u00e9lebres por sus afamados ventorrillos, tabernas y bodegones, entre los cuales sobresal\u00eda el nombrado de <i>Manuela<\/i>, sito en el <i>Campillo<\/i> (hoy calle) que conserva su nombre, y los altillos y rellanos de <i>Buena Vista<\/i>, de las <i>Damas<\/i> y <i>Primavera<\/i>, que eran los puntos adonde acud\u00edan a solazarse los menestrales madrile\u00f1os, como ahora al nuevo arrabal de <i>Chamber\u00ed<\/i>. Con el trascurso del tiempo y el aumento de la poblaci\u00f3n fue agrup\u00e1ndose el caser\u00edo y formando dichas calles y sus traviesas, tales como las de la <i>Cabeza<\/i><a href=\"http:\/\/www.publiconsulting.com\/wordpress\/madridantiguo\/back-matter\/notas\/#nt143\" id=\"rf143\"><sup>[143]<\/sup><\/a>, del <i>Calvario<\/i>, del <i>Olmo<\/i>, de los <i>Ministriles<\/i>, de los <i>Tres Peces<\/i>, de la <i>Esperanza<\/i>, de <i>Zurita<\/i>, del <i>Salitre<\/i> y de la <i>Fe<\/i>.<\/p>\n<p>Arteria principal de todas ellas, y centro de este bullicioso distrito, la calle de <i>Lavapi\u00e9s<\/i> (que, como la del Barquillo, tuvo el privilegio de apellidarse <i>Real<\/i>) arranca de la extremidad de la de la Magdalena, y estrecha al principio, aunque siempre desigual y costanera, va ensanchando despu\u00e9s y adquiriendo grande importancia, como rio creciente y majestuoso, con la incorporaci\u00f3n de la de Jes\u00fas y Mar\u00eda primero, a la plazoleta del <i>Campillo de Manuela<\/i>, y luego con las del Olivar y del Ave Mar\u00eda en la famosa <i> plazuela de Lavapi\u00e9s<\/i>, que es la <i>Puerta del Sol<\/i> de aquel distrito, ingreso y coraz\u00f3n de todas aquellas y otras calles, hasta que, cambiando su nombre por el de Valencia, llega al portillo mencionado del mismo t\u00edtulo, y antes de <i>Lavapi\u00e9s<\/i>. Los expresivos nombres de todas \u00e9stas, que quedan ya apuntados, revelan bien a las claras su humilde historia o sus condiciones materiales. La del Ave Mar\u00eda recibi\u00f3 este nombre del <i>Beato Sim\u00f3n de Rojas<\/i>, que parece hizo expulsar de ella a las prostitutas que la ocupaban, y por eso se llam\u00f3 tambi\u00e9n de <i>San Sim\u00f3n<\/i> una d\u00e9 las contiguas. La del <i>Calvario<\/i> debi\u00f3 apellidarse as\u00ed porque exist\u00eda un <i>Via Crucis<\/i> en aquel sitio, en direcci\u00f3n a Atocha, y merece justamente este nombre por el horrible desnivel de su suelo; la de la <i>Escuadra<\/i>, por su forma en esta figura; las del <i>Olmo<\/i>, del <i>Olivar<\/i>, de la <i>Rosa<\/i> y otras, por los plant\u00edos y huertas en que fueron trazadas; la del <i>Salitre<\/i>, por su inmediaci\u00f3n a las tierras y f\u00e1brica del mismo (adonde se ha trasladado la Aduana), y as\u00ed las dem\u00e1s, sin que en ninguna de ellas exista edificio, monumento ni recuerdo hist\u00f3rico de importancia que decore o enaltezca aquella humilde barriada.<\/p>\n<p>En la calle llamada de la <i>Torrecilla del Leal<\/i> existe \u00fanicamente la casa e iglesia de la venerable Congregaci\u00f3n de <i>San Pedro de Presb\u00edteros naturales de Madrid<\/i>, fundada por el venerable licenciado Jer\u00f3nimo Quintana, autor de la <i>Historia<\/i> de esta villa, y muy c\u00e9lebre por su filantr\u00f3pica piedad y por haber pertenecido a ella insignes escritores como Lope de Vega, Calder\u00f3n de la Barca (que la nombr\u00f3 su heredera)<a href=\"http:\/\/www.publiconsulting.com\/wordpress\/madridantiguo\/back-matter\/notas\/#nt144\" id=\"rf144\"><sup>[144]<\/sup><\/a>, Sol\u00eds, Montalb\u00e1n y otros. Al extremo de la calle de la <i>Fe<\/i>, que va desde la plazuela de Lavapi\u00e9s hasta la calle del Salitre, se alza la parroquia Parroquia de de <i>San Lorenzo<\/i>, que fue anejo de San Sebasti\u00e1n desde 1662, en que se construy\u00f3, y hoy es parroquia independiente, y acaso la m\u00e1s poblada de Madrid, pues comprende 6.624 vecinos y 24.998 feligreses. Este templo sufri\u00f3 un horroroso incendio el d\u00eda 16 de Junio de 1851, habiendo sido reparado luego con las limosnas de los feligreses. En las calles de <i>Zurita<\/i>, los <i>Tres Peces<\/i>, la <i>Esperanza<\/i> y dem\u00e1s contiguas nada tenemos que recordar.<\/p>\n<p>A estas nuevas barriadas, apartadas y humildes, debieron naturalmente refluir las clases m\u00e1s desvalidas de la poblaci\u00f3n cuando, creciendo \u00e9sta en n\u00famero e importancia, rebas\u00f3 las antiguas cercas y cubri\u00f3 de edificios costosos las calles y t\u00e9rminos de la villa. Form\u00f3se, pues, la natural divisi\u00f3n de barrios <i>altos y bajos<\/i><a href=\"http:\/\/www.publiconsulting.com\/wordpress\/madridantiguo\/back-matter\/notas\/#nt145\" id=\"rf145\"><sup>[145]<\/sup><\/a>, y ocupando los primeros los empleados de la corte y las clases acomodadas, tocaron naturalmente los segundos a los jornaleros menestrales; aqu\u00e9llos, renov\u00e1ndose continuamente con los favores del poder y de la fortuna, con la inmigraci\u00f3n constante de forasteros, y con el trasiego de los propios en viajes y comisiones, modificaron infinitamente su car\u00e1cter y tipo primitivo, perdieron el colorido local, y de la reuni\u00f3n de aquellos matices, adaptados de tan diferentes or\u00edgenes y fundidos en el crisol de la corte, vino a formarse otro especial, y por cierto bien interesante, que es el del <i>habitante de Madrid<\/i>; pero los signos caracter\u00edsticos del <i>madrile\u00f1o<\/i> (especialmente en la parte menos culta de la poblaci\u00f3n) que pudieron escapar al roce continuo de los otros pueblos y a las tendencias, intrigas y favores cortesanos, han llegado hasta nosotros trasmitidos de generaci\u00f3n en generaci\u00f3n en los habitadores de los barrios <i>bajos<\/i>. El trascurso del tiempo, los sucesos hist\u00f3ricos y pol\u00edticos, y la alteraci\u00f3n consiguiente de las costumbres, han podido ciertamente modificar las condiciones de aquel car\u00e1cter primitivo; pero aplicando a su an\u00e1lisis un estudio concienzudo, y haciendo abstracci\u00f3n de los accesorios, es f\u00e1cil descubrir, al trav\u00e9s de ellos, el tipo original del madrile\u00f1o arrogante y leal, temerario e indolente, sarc\u00e1stico y hasta agresivo contra el poder, desde\u00f1oso de la fortuna y de la desgracia, mezcla del fatalismo \u00e1rabe, del orgullo, del valor y de la inercia castellanas.<\/p>\n<p>Este pueblo bajo madrile\u00f1o, que tanta parte tom\u00f3 en las revueltas pol\u00edticas de los pasados siglos; que defendi\u00f3 tenazmente la causa de su leg\u00edtimo rey D.\u00a0Pedro de Castilla contra el dichoso D. Enrique, y m\u00e1s tarde, la legitimidad dudosa de la desdichada do\u00f1a Juana la <i>Beltraneja<\/i> contra la misma princesa do\u00f1a Isabel; que neg\u00f3 los tributos y alz\u00f3 barricadas, en uni\u00f3n con los comuneros de Castilla, contra las huestes del poderoso Emperador, qued\u00f3 como amortiguado, y aun pudiera decirse que hab\u00eda cambiado del todo, cuando, halagado por la fortuna, vio fijarse en medio de \u00e9l la opulenta corte castellana, y se convirti\u00f3 durante siglo y medio en sumiso y obediente s\u00fabdito de los monarcas de la austriaca dinast\u00eda; pero durante la minor\u00eda del desdichado Carlos II y el gobierno impopular de la Reina madre, aparece ya el pueblo madrile\u00f1o tomando una parte activa en las turbulencias pol\u00edticas ocasionadas por la privanza del jesuita Nithard, y m\u00e1s adelante, del osado Valenzuela; persigue a ambos con su reprobaci\u00f3n, con su censura, con sus s\u00e1tiras y con su fuerza material, hasta que los obliga a abandonar el puesto y huir del encono popular. Luego, en los \u00faltimos d\u00edas del reinado miserable del mismo Carlos, se presenta de nuevo, terrible y osado, a las puertas de su Real Alc\u00e1zar, en 1699, con pretexto de la carest\u00eda del pan, a pedir, o m\u00e1s bien ordenar, al Monarca <i>que despierte de su prolongado letargo<\/i>, y no depone las armas hasta que recibe sus seguridades y obliga a la fuga al Ministro, Conde de Oropesa.<\/p>\n<p>En principios del siglo pasado, y durante la famosa guerra de sucesi\u00f3n, notoria es la parte tan activa que tom\u00f3 el pueblo propio madrile\u00f1o, y las muestras tan ostentosas que dio de su simpat\u00eda hacia la persona de Felipe de Borb\u00f3n y contra las huestes del Archiduque en los breves d\u00edas que \u00e9stas le ocuparon; en que no hubo g\u00e9nero de asechanzas, de desmanes y alevos\u00edas que no pusiera en juego contra los desgraciados tudescos, los cuales (seg\u00fan el Marqu\u00e9s de San Felipe, historiador de aquella guerra) pagaron bien caros los funestos favores de las mujeres de la plebe madrile\u00f1a.<\/p>\n<p>Adelantada ya la segunda mitad del siglo, todav\u00eda el fiero madrile\u00f1o ostent\u00f3 un d\u00eda toda la arrogancia de sus antecesores, defendiendo sus <i>capas y chambergos<\/i>, fusilando las ventanas del ministro Esquilache, persiguiendo a las tropas extranjeras y marchando osado, en numerosa turba a las \u00f3rdenes del calesero <i>Bernardo<\/i>, hasta el mismo palacio y Real c\u00e1mara de Aranjuez, a imponer condiciones de potencia a potencia al mismo monarca, el gran Carlos\u00a0III. Durante casi medio siglo durmi\u00f3, al parecer, tranquilo el impert\u00e9rrito pueblo de Madrid; pero el 19 de Marzo de 1808, rugiendo de nuevo terrible y vengador contra el poder y la osad\u00eda de un nuevo y m\u00e1s arrogante favorito, se present\u00f3 en los mismos sitios y con el mismo imponente aparato que en 1766<a href=\"http:\/\/www.publiconsulting.com\/wordpress\/madridantiguo\/back-matter\/notas\/#nt146\" id=\"rf146\"><sup>[146]<\/sup><\/a>, y comenz\u00f3 a repetir el drama, que fue a terminar, como aqu\u00e9l, a las orillas del Tajo.<\/p>\n<p>En aquel famoso a\u00f1o, cl\u00e1sico para toda la naci\u00f3n espa\u00f1ola, y especialmente para el pueblo madrile\u00f1o, hay tres fechas eternas, que jamas podr\u00e1n borrarse de sus anales: 19 de Marzo; 2 de Mayo, y 2, 3 y 4 de Diciembre.<\/p>\n<p>En la primera consigui\u00f3 derrocar el \u00eddolo del poderoso valido, que arrastr\u00f3 en su ca\u00edda al Monarca d\u00e9bil y apocado; en la segunda desafi\u00f3 y abati\u00f3, aunque a costa de un cruento sacrificio, el orgullo y arrogancia de las huestes del dominador de Europa; en la tercera, en fin, se atrevi\u00f3 a resistir a \u00e9ste en persona y al frente de sus ej\u00e9rcitos, oponi\u00e9ndole sus d\u00e9biles tapias y la fortaleza y temeridad de sus pechos. El pueblo de Madrid, que, subyugado y encadenado al carro del usurpador, sufri\u00f3 durante cinco a\u00f1os los efectos de su ira, los rigores del hambre y de la miseria, no perdi\u00f3 por eso su car\u00e1cter desde\u00f1oso y arrogante, y vali\u00e9ndose de las armas del sarcasmo y la iron\u00eda, se mofaba del intruso rey y de su gobierno, le escarnec\u00eda p\u00fablicamente en las ocasiones m\u00e1s solemnes<a href=\"http:\/\/www.publiconsulting.com\/wordpress\/madridantiguo\/back-matter\/notas\/#nt147\" id=\"rf147\"><sup>[147]<\/sup><\/a>, y mor\u00eda a manos del hambre espantosa de 1812, sin querer recibir el menor auxilio de sus enemigos, ni perder un momento su dignidad, su agresivo car\u00e1cter y audacia.<\/p>\n<p>Pero volviendo al tipo especial del <i>Manolo<\/i> de Madrid, seg\u00fan nos le dej\u00f3 pintado Goya en sus caprichos, y en sus deliciosos <i>sainetes<\/i> el picaresco <i>D.\u00a0Ram\u00f3n de la Cruz<\/i>, debemos consignar que ha venido sufriendo constantes y sucesivas modificaciones en sus costumbres, modales y trajes; sus oficios m\u00e1s favoritos contin\u00faan siendo, como en el siglo pasado, los de zapatero, tabernero, carnicero, calesero y tratantes en hierro, trapo, papel, sebo y pieles, que constitu\u00edan, hasta hace pocos a\u00f1os, los gremios de <i>traperos, chisperos, corredores de la cuatropea<\/i>, y otros; ha abandonado la coleta y redecilla, el calz\u00f3n y el chupet\u00edn, el capote de mangas y el sombrero apuntado, con que nos le pintan a principios de este siglo; su traje actual, modificado con la imitaci\u00f3n de los de Andaluc\u00eda y de las clases m\u00e1s elevadas, consiste generalmente en chaquetita estrecha y corta, con multitud de botoncitos; chaleco abierto y con igual botonadura, pero sin echar m\u00e1s que el primero; camisa bordada, doblado el cuello y recogido con un pa\u00f1olito de color saliente, asido con una sortija al pecho; faja encarnada o amarilla; pantal\u00f3n ancho por abajo; media blanca y zapato corto y ajustado. El sombrero redondo y alto, terso y reluciente, ha sido trocado por el sombrerito <i>cala\u00f1es<\/i>; pero la varita en la mano y la terrible navaja a la cintura son prendas de que no se ha desprendido todav\u00eda ning\u00fan <i>manolo<\/i>.<\/p>\n<p>Este nombre, a nuestro entender, no tiene otra antig\u00fcedad ni origen que el propio con que quiso ataviar al famoso personaje de su burlesca <i>tragedia para re\u00edr y sainete para llorar<\/i> el ya dicho D.\u00a0Ram\u00f3n de la Cruz; pues en ninguna obra anterior de los escritores de costumbres y novelas, tales como Castillo, Zabaleta, Torres y otros, hallamos designadas con este nombre a los habitantes de aquellos barrios de Madrid.<\/p>\n<p>En cuanto a la <i>Manola<\/i>, precioso y cl\u00e1sico tipo que va desapareciendo a nuestra vista, y cuyo donaire, gracia y desenfado son proverbiales en toda Espa\u00f1a, \u00bfqui\u00e9n no conoce el campanudo y guarnecido guardapi\u00e9s, la nacarada media, el breve zapato, la desprendida mantilla de tira y la artificiosa trenza de Paca la <i>Salada<\/i>) Geroma la <i>Casta\u00f1era<\/i>, Manola la <i>Ribeteadora<\/i>, Pepa la <i>Naranjera<\/i>, y Maruja y Damiana y Ruperta, floreras, rabaneras \u00fa oficialas de la f\u00e1brica de cigarros? \u00bfQui\u00e9n no sabe de memoria sus dichos gr\u00e1ficos, sus epigramas naturales, su proverbial fiereza y arrogancia? \u00bfQui\u00e9n no ve con sentimiento confundirse este gracioso tipo en el otro repugnante de la mujer mundana, que, en su deseo de parecer bien, ha querido parodiar la gracia, traje y modales peculiares de la <i>Manola<\/i>?<\/p>\n<p>El car\u00e1cter altivo e independiente de estas clases en ambos sexos, su animosidad contra todo lo extranjero o sus recuerdos, su ind\u00f3mita arrogancia y su escasa instrucci\u00f3n, unido todo a los vicios y disipaci\u00f3n propios de las grandes poblaciones, han hecho que hasta hace pocos a\u00f1os esta parte del vecindario de nuestra villa, estos barrios del <i>Lavapi\u00e9s<\/i>, del <i>Salitre, Tres Peces, Inclusa<\/i>, el <i>Rastro<\/i> y <i>Embajadores<\/i> fuesen como una poblaci\u00f3n aparte, aislada, hostil y terrible para el resto de ella; pero las vicisitudes pol\u00edticas por que hemos pasado en lo que va de siglo, y en que tanta y tan apasionada parte ha tomado en todas ocasiones el pueblo bajo de Madrid, le fueron adversas en general, y castigando duramente sus pasiones, sus excesos, sus demas\u00edas y exageraciones de 1814, 1820, 1823, 1834, 1843, 1854 y 1856, le han debido dar a conocer, bien a su costa, que hay en la sociedad otra fuerza mayor que la fuerza num\u00e9rica, y que han pasado los tiempos de los <i>ignos y lairones, ale las pititas realistas y de los tr\u00e1galas revolucionarios<\/i>.<\/p>\n<p>De esperar es que, mejor\u00e1ndose constantemente la instrucci\u00f3n, y aumentada la vigilancia del Gobierno; creciendo en ellos el amor al trabajo y a los goces m\u00e1s halag\u00fce\u00f1os de la sociedad culta, y extendi\u00e9ndose tambi\u00e9n en aquellos barrios extremos una parte de la poblaci\u00f3n m\u00e1s acomodada, con el aumento y mejora del caser\u00edo, la entrada en ellos no vuelva a ofrecer, como antes, un valladar impenetrable a las personas decentes. Ya no choca, en efecto, en ellos, el ruido de los coches, ni son perseguidas las se\u00f1oras con <i>gorro<\/i>, ni los hombres con <i>futraque<\/i> o <i>levosa<\/i>, ni los chicos de tierna edad aparecen ya en cueros o en camisa; antes bien se recogen en las ben\u00e9ficas aulas de las <i>Escuelas P\u00edas<\/i> y <i>Salas de Asilo<\/i> de las calles del Espino, de Atocha o de la F\u00e1brica de cigarros; las manolas no serpentean ya todo el d\u00eda con sus trajes ondulantes y campanudos (excepto aquella parte proporcional dedicada al vicio y a la prostituci\u00f3n); asisten a trabajar modesta y silenciosamente hasta en n\u00famero de 5.000 en aquella fabrica o en los particulares obradores de zapater\u00eda, sastrer\u00eda y otros; los manolos son tambi\u00e9n artesanos o mercaderes ambulantes, y han tomado el gusto a una ganancia leg\u00edtima y segura, si bien no curados enteramente de la excesiva afici\u00f3n a los toros y a la taberna; y preciso es confesar (a despecho de los encomiadores de todo lo antiguo) que el pueblo bajo de Madrid, entrando sin r\u00e9plica en el sorteo para la quinta (de que antes estaba exceptuado), pagando su patente industrial y su habitaci\u00f3n al casero (obligaciones ambas de que antes se exceptuaba \u00e9l), trocando, para ir a los toros, el antiguo y estrepitoso <i>cales\u00edn<\/i> por el <i>\u00f3mnibus<\/i> comunista, las <i>seguidillas<\/i> por la <i>polka<\/i>, la bandurria y el pandero por la orquesta militar o el organillo alem\u00e1n, y asistiendo frecuentemente a la Zarzuela y a la Opera, al Circo Ecuestre y al ferrocarril de Aranjuez, si ha perdido la fisonom\u00eda local, excepcional y tal vez po\u00e9tica que fotografi\u00f3 D.\u00a0Ram\u00f3n de la Cruz en sus admirables farsas de <i>La Casa de T\u00f3came Roque, El Manolo, Las Casta\u00f1eras picadas, La Venganza del Zurdillo<\/i>, ha ganado, y mucho, en moralidad, en instrucci\u00f3n y en bienestar, y bajo todos aspectos ese distrito, especialmente en sus calles principales del Lavapi\u00e9s, Olivar, Ave Mar\u00eda, el Olmo y la Cabeza, pueden sostener actualmente el parang\u00f3n con los dem\u00e1s de Madrid.<\/p>\n<p>La ancha y espaciosa calle de <i>Santa Isabel<\/i> por su izquierda y las dem\u00e1s traviesas entre \u00e9sta y la de Atocha, aunque pertenecen al mismo distrito, est\u00e1n ya de antiguo formadas de buen caser\u00edo y habitadas por clases pudientes.<\/p>\n<p>En la primera de ellas hay que notar la moderna casa-palacio de los condes de Cerbellon, duques de Fernan-Nu\u00f1ez, y al extremo de ella el suntuoso monasterio de religiosas de <i>Santa Isabel<\/i>, fundado en 1589 en la calle del Pr\u00edncipe, hasta que la reina do\u00f1a Margarita, esposa de Felipe\u00a0III, las traslad\u00f3 en 1610 a este sitio, en donde estuvo la casa de campo del c\u00e9lebre secretario de Felipe II, Antonio P\u00e9rez. La iglesia, terminada en 1665, es muy buena y decorada con apreciables pinturas. Unido a este convento est\u00e1 el <i>colegio de ni\u00f1as<\/i>, fundado en 1595 por Felipe II con la denominaci\u00f3n de <i>Casa-recogimiento de Santa Isabel<\/i>, cuyo patronato corresponde siempre a los reyes de Espa\u00f1a, y en el que se admiten tambi\u00e9n y educan colegialas pensionistas. Termina esta calle y distrito con las accesorias del nuevo edificio de la <i>Facultad de Medicina<\/i> y el inmenso <i>Hospital General<\/i>, cuyos frentes dan ya a la calle de <i>Atocha<\/i>, que habr\u00e1 de ocuparnos en el pr\u00f3ximo paseo.<\/p>\n","protected":false},"author":1,"menu_order":19,"template":"","meta":{"pb_show_title":"on","pb_short_title":"","pb_subtitle":"","pb_authors":[],"pb_section_license":""},"chapter-type":[],"contributor":[],"license":[],"class_list":["post-62","chapter","type-chapter","status-publish","hentry"],"part":3,"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.publiconsulting.com\/wordpress\/madridantiguo\/wp-json\/pressbooks\/v2\/chapters\/62","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.publiconsulting.com\/wordpress\/madridantiguo\/wp-json\/pressbooks\/v2\/chapters"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.publiconsulting.com\/wordpress\/madridantiguo\/wp-json\/wp\/v2\/types\/chapter"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.publiconsulting.com\/wordpress\/madridantiguo\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"version-history":[{"count":3,"href":"https:\/\/www.publiconsulting.com\/wordpress\/madridantiguo\/wp-json\/pressbooks\/v2\/chapters\/62\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":227,"href":"https:\/\/www.publiconsulting.com\/wordpress\/madridantiguo\/wp-json\/pressbooks\/v2\/chapters\/62\/revisions\/227"}],"part":[{"href":"https:\/\/www.publiconsulting.com\/wordpress\/madridantiguo\/wp-json\/pressbooks\/v2\/parts\/3"}],"metadata":[{"href":"https:\/\/www.publiconsulting.com\/wordpress\/madridantiguo\/wp-json\/pressbooks\/v2\/chapters\/62\/metadata\/"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.publiconsulting.com\/wordpress\/madridantiguo\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=62"}],"wp:term":[{"taxonomy":"chapter-type","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.publiconsulting.com\/wordpress\/madridantiguo\/wp-json\/pressbooks\/v2\/chapter-type?post=62"},{"taxonomy":"contributor","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.publiconsulting.com\/wordpress\/madridantiguo\/wp-json\/wp\/v2\/contributor?post=62"},{"taxonomy":"license","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.publiconsulting.com\/wordpress\/madridantiguo\/wp-json\/wp\/v2\/license?post=62"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}