{"id":66,"date":"2018-03-20T12:16:00","date_gmt":"2018-03-20T12:16:00","guid":{"rendered":"http:\/\/www.publiconsulting.com\/wordpress\/madridantiguo\/chapter\/__unknown__-23\/"},"modified":"2018-03-20T18:10:12","modified_gmt":"2018-03-20T18:10:12","slug":"el-prado-viejo","status":"publish","type":"chapter","link":"https:\/\/www.publiconsulting.com\/wordpress\/madridantiguo\/chapter\/el-prado-viejo\/","title":{"rendered":"XVI. El Prado Viejo"},"content":{"raw":"Antes de penetrar en la parte principal de la nueva poblaci\u00f3n por la Carrera de San Jer\u00f3nimo (que fue durante un siglo la verdadera entrada de Madrid), no es posible prescindir de tratar de su rom\u00e1ntico l\u00edmite oriental, que con el nombre de <i>El Prado Viejo<\/i> vino siendo, desde mediados del siglo\u00a0<small>XVI<\/small>, el sitio preferente de reuni\u00f3n para los habitantes de la nueva corte.\r\n\r\nEste sitio no abarcaba, sin embargo, por entonces toda la inmensa extensi\u00f3n comprendida hoy bajo la com\u00fan denominaci\u00f3n de <i>Paseo del Prado<\/i>, desde el convento de Atocha hasta la puerta de Recoletos, y que mide una distancia de unos 9.000 pies, o sea cerca de media legua. Consist\u00eda, pues, en diferentes trozos y posesiones, que, reunidos sucesivamente, vinieron a recibir una com\u00fan denominaci\u00f3n y destino. El primero era la continuaci\u00f3n de la <i>Carrera de Atocha<\/i> hasta el convento, y la prolongaci\u00f3n, por su izquierda, con el alto de <i>San Blas<\/i>; aqu\u00ed estuvieron efectivamente los prados de la villa, el <i>Prado de Toya o de Atocha<\/i> (de que ya se hace menci\u00f3n en los <i>Fueros de Madrid<\/i>, a principios del siglo\u00a0<small>XIII<\/small>), y aun continu\u00f3 apellid\u00e1ndose as\u00ed tres siglos despu\u00e9s; el segundo trozo, compuesto de huertas, al pie de las colinas sobre las cuales se erigi\u00f3 por los Reyes Cat\u00f3licos el monasterio de San Jer\u00f3nimo, y m\u00e1s adelante, por Felipe IV, el delicioso Sitio Real de <i>El Buen Retiro<\/i>, recibi\u00f3 de aquel c\u00e9lebre monasterio el nombre de <i>Prado de San Jer\u00f3nimo<\/i>; y andando los tiempos, la alameda que se plant\u00f3 hacia el Norte, en direcci\u00f3n a la antigua <i>Fuente Castellana<\/i>, eran tierras de labor, huertas y caser\u00edos de los vecinos de la villa, y recibi\u00f3 el nombre de <i>Prado de Recoletos<\/i>, del convento de Agustinos que se erigi\u00f3, en 1595, al extremo de \u00e9l. Por toda la extensi\u00f3n de este gran trayecto, y aun desde la <i>Fuente Castellana<\/i>, ven\u00eda atravesando el inmundo barranco que desemboca fuera de la puerta de Atocha, y que aun permaneci\u00f3 descubierto hacia la parte de Recoletos, hasta que fue embovedado en tiempo de la dominaci\u00f3n francesa.\r\n\r\nDebe suponerse que la parte que primero se regulariz\u00f3 y redujo a camino transitable fue, sin duda, la continuaci\u00f3n de la calle o carrera de <i>Atocha<\/i>, objeto culminante de este extendido recinto, causa principal de la ampliaci\u00f3n de la nueva corte por aquel lado.\r\n\r\nLos historiadores de Madrid, guiados por su entusiasmo patri\u00f3tico y su fervor religioso, ocuparon vol\u00famenes enteros para consignar y amplificar las remot\u00edsimas tradiciones referentes a la sagrada imagen de Nuestra Se\u00f1ora, que suponen obra de San L\u00faeas y de Nicod\u00e9mus, y tra\u00edda de <i>Antioqu\u00eda<\/i>, nada menos que por alguno de los ap\u00f3stoles, y colocada en una ermita hacia estos sitios, que entonces eran unos <i>atochares<\/i>, con cuyos dos nombres viene alternativamente design\u00e1ndose en las diversas historias, relaciones y poemas cuyo cat\u00e1logo solo ocupar\u00eda algunas p\u00e1ginas. Siguiendo siempre en su \u00edntima convicci\u00f3n de la existencia de Madrid muchos siglos antes de la invasi\u00f3n sarrac\u00e9nica, dicen que, al tiempo de verificarse \u00e9sta, los piadosos vecinos de la villa, al abandonarla, debieron esconder la imagen en unos prados de aquellos contornos, en que se criaba la hierba tocha o atocha (como tambi\u00e9n lo hab\u00edan hecho con la de la Almudena en el cubo de la muralla), y que en ellos la encontr\u00f3, a poco tiempo, el caballero <i>Graci\u00e1n Ramirez<\/i>, due\u00f1o de aquellas posesiones, cuando, viniendo de su casa de Rivas (adonde Be hab\u00eda retirado con su familia), emprendi\u00f3 y consigui\u00f3 con algunos pocos caballeros la reconquista de su villa natal.\r\n\r\nPero esta primera reconquista (de que no hacen menci\u00f3n las antiguas cr\u00f3nicas ni ninguno de los grandes historiadores, y que s\u00f3lo tradicionalmente ha sido recibida) se halla envuelta en una portentosa maravilla, en un milagro de Nuestra Se\u00f1ora de Atocha.\r\n\r\nCuentan, pues, que temeroso el intr\u00e9pido Gracian del mal \u00e9xito de su heroica tentativa, y despu\u00e9s de haberse encomendado a Nuestra Se\u00f1ora, degoll\u00f3 por su propia mano a su mujer e hijas, para que, en caso de sucumbir en la demanda, no quedasen abandonadas a la brutalidad de los moros; pero que habiendo, con el favor divino, llevado a cabo su prop\u00f3sito de reconquistar a Madrid triunfando de los infieles, se arrepinti\u00f3 de su precipitada determinaci\u00f3n primera, y regresando al santuario de Nuestra Se\u00f1ora, mereci\u00f3, en premio de su heroicidad, hallar a sus v\u00edctimas, resucitadas, al pie de la Santa imagen, si bien conservando en sus cuellos la fatal huella del cuchillo paternal. Este es el maravilloso y po\u00e9tico caso que, con mayor o menor criterio e inspiraci\u00f3n, ocup\u00f3 las plumas de tantos panegiristas y poetas, entre los cuales descuella el maestro Pereda, en su libro titulado <i>La Patra\u00f1a de Madrid<\/i>; los poetas Lope de Vega y Salas Barbadillo, en dos poemas heroicos, y D.\u00a0Francisco de Rojas, en la comedia que titul\u00f3 <i>Nuestra Se\u00f1ora de Atocha<\/i>.\r\n\r\nSupuesto, pues, este milagroso suceso, y supuesta, por consiguiente, la remot\u00edsima existencia de aquella pobre ermita, no debe extra\u00f1arse que desde los tiempos subsiguientes a la reconquista <i>hist\u00f3rica<\/i> de Madrid por Alfonso el VI fuese ya c\u00e9lebre esta imagen y este santuario.\r\n\r\nA \u00e9l acud\u00edan en devotas romer\u00edas multitud de peregrinos\u00bb de todos los puntos de Espa\u00f1a, raz\u00f3n por la cual se hubo de labrar, andando los tiempos, arrimado al mismo, un hospital u hospeder\u00eda para albergarlos, cuyo patronato corr\u00eda a cargo de la misma casa de los Ram\u00edrez (hoy de los condes de Bornos), que conservaron all\u00ed cerca grandes propiedades, alguna de las cuales han venido poseyendo hasta nuestros d\u00edas, en que fue vendida para construir en ella la Estaci\u00f3n del ferrocarril. Por los a\u00f1os de 1523, y en el reinado del emperador Carlos\u00a0V, se escogi\u00f3 aquel sitio para la fundaci\u00f3n de un convento de religiosos del Orden de Santo Domingo, y construido \u00e9ste (al que se agreg\u00f3, en 1588, una suntuosa capilla, que Felipe II mand\u00f3 labrar en el sitio mismo en que estuvo el antiqu\u00edsimo santuario o ermita de <i>Nuestra Se\u00f1ora<\/i>), qued\u00f3 bajo el patronato Real, que el mismo monarca y sus sucesores se apresuraron a aceptar, colmando de privilegios, mercedes y cuantiosos dones a esta Real casa y santuario, enriqueci\u00e9ndole con primorosas obras de arte, y ostentando, en fin, por todos los medios imaginables su piadosa devoci\u00f3n hacia la Santa Patrona de su corte Real<a href=\"http:\/\/www.publiconsulting.com\/wordpress\/madridantiguo\/back-matter\/notas\/#nt159\" id=\"rf159\"><sup>[159]<\/sup><\/a>. Un tomo entero no bastar\u00eda acaso para rese\u00f1ar la historia de su piadoso culto, los testimonios viv\u00edsimos de adoraci\u00f3n y de entusiasmo de que en todos tiempos ha sido objeto por parte de los monarcas, de la corte y vecindario de Madrid; sus solemnes traslaciones, unas veces al palacio de nuestros Reyes con motivo de graves peligros en su vida; otras a diversos templos, con ocasi\u00f3n de pestes, guerras y dem\u00e1s calamidades; sus regresos triunfales a esta santa casa, de dos de los cuales liemos sido testigos en este siglo; la primera, a la expulsi\u00f3n de los franceses, que convirtieron en cuartel y caballeriza el convento e iglesia; y la segunda, cuando, ya extinguidos los Regulares, se design\u00f3, en 1838, a este edificio para <i>Hospital de inv\u00e1lidos militares<\/i>. El templo de Atocha, restaurado en lo posible por la piedad del rey D. Fernando VII, ostenta hoy en su altar aquella primitiva y celeb\u00e9rrima imagen. De sus elevados muros penden los gloriosos estandartes de los antiguos tercios castellanos, las inmortales banderas de los modernos ej\u00e9rcitos de la guerra de la Independencia. Los dos caudillos m\u00e1s memorables de ella, CASTA\u00d1OS y PALAFOX, yacen bajo sus b\u00f3vedas, aguardando el monumento nacional que ha de eternizar materialmente las glorias de <i>Bail\u00e9n<\/i> y <i>Zaragoza<\/i>. Tambi\u00e9n en sus capillas se han inaugurado recientemente los suntuosos sepulcros de los generales <i>Prim<\/i>, marqu\u00e9s de los Castillejos, y <i>Concha<\/i>, marqu\u00e9s del Duero, y los veteranos inv\u00e1lidos de nuestros ej\u00e9rcitos, la corte y el pueblo de Madrid llenan constantemente su recinto y confunden a todas horas sus plegarias con las de los monarcas, que, seg\u00fan la costumbre introducida desde Felipe III, vienen a este santuario todos los s\u00e1bados a implorar la protecci\u00f3n divina, y en ocasiones solemnes de su advenimiento al trono, de su entrada en Madrid, de sus casamientos o de la presentaci\u00f3n del heredero de la corona, celebran en \u00e9l las m\u00e1s grandiosas ceremonias la Iglesia y de la corte.\r\n\r\nEl trozo del paseo que conduce a esta iglesia, desde donde se alzaba la mezquina puerta del mismo nombre, llamada primitivamente de Vallecas, y derribada en estos \u00faltimos a\u00f1os, es el menos decorado y brillante del Prado, y consiste s\u00f3lo en algunas filas de \u00e1rboles, con un camino central para los coches y estrechos paseos laterales entre el cerrillo en que estuvo la ermita de <i>San Blas<\/i> (m\u00e1s abajo de donde hoy el <i>Observatorio Astron\u00f3mico<\/i>) y la cerca que da al camino de Vallecas (hoy ya derribada), y arrimada a la cual est\u00e1 la otra mezquina ermita, denominada del <i>\u00c1ngel<\/i>, y antes del <i>Santo Cristo de la Oliva<\/i>. Pero aun este mezquino paseo o alameda no existia en esta forma en el siglo\u00a0<small>XVII<\/small>, presentando s\u00f3lo entonces el aspecto desnudo y pelado de una carretera.\r\n\r\nEl otro trozo considerable del paseo moderno, que media entre dicha calle de Atocha y la Carrera de San Jer\u00f3nimo, consisti\u00f3, hasta fines del siglo \u00faltimo, en una estrecha calle de \u00e1lamos, flanqueada por algunas huertas del lado de la poblaci\u00f3n, y por el opuesto limitada por el inmundo barranco ya mencionado, que ven\u00eda descubierta desde las afueras de Recoletos.\r\n\r\nDel otro lado, entre la Carrera y la calle de Alcal\u00e1, es donde existi\u00f3 de m\u00e1s antiguo el paseo primitivo y favorito de los madrile\u00f1os, pues que vemos que el maestro <i>Pedro de Medina<\/i>, que se supone escrib\u00eda en 1543 su libro de <i>Grandezas y cosas memorables de Espa\u00f1a<\/i> (aunque la edici\u00f3n que tenemos a la vista lleva la fecha de Alcal\u00e1, 1560), consagraba ya a este paseo las l\u00edneas siguientes:\r\n\r\n\u00abHacia la parte oriental (de Madrid), luego en saliendo de las casas, sobre una altura que se hace, hay un suntuos\u00edsimo monesterio de frailes Hier\u00f3nimos, con aposentamientos y cuartos para recibimiento y hosper\u00eda de reyes, con una hermos\u00edsima y extendida huerta. Entre las casas y este monesterio hay, a la mano <i>izquierda en saliendo del pueblo<\/i>, una grande y hermos\u00edsima alameda, puestos los \u00e1lamos en tres \u00f3rdenes, que hacen dos calles muy anchas y muy largas, con cuatro fuentes hermos\u00edsimas y de lind\u00edsima agua, a trechos puestas por la una calle, y por la otra muchos rosales entretejidos a los pies de los \u00e1rboles por toda la carrera. Aqu\u00ed, en esta alameda, hay un estanque de agua que ayuda mucho a la grande hermosura y recreaci\u00f3n de la alameda.\r\n\r\n\u00bbA la otra mano, derecha del mismo monesterio, saliendo de las casas, hay otra alameda, tambi\u00e9n muy apacible, con dos \u00f3rdenes de \u00e1rboles, que hacen una acalle muy larga hasta salir al camino que llaman de Atocha; tiene esta alameda sus regueros de agua, y en gran parte se va arrimando por la una mano a unas huertas. Llaman a estas alamedas el <i>Prado de San Hier\u00f3nimo<\/i>, en donde, de invierno al sol, y de verano a gozar de la frescura, es cosa muy de ver, y de mucha recreaci\u00f3n, la multitud de gente que sale, de bizarr\u00edsimas damas, de bien dispuestos caballeros, y de muchos se\u00f1ores y se\u00f1oras principales en coches y carrozas. Aqu\u00ed se goza con gran deleite y gusto de la frescura del viento todas las tardes y noches del est\u00edo, y de muchas buenas m\u00fasicas, sin da\u00f1os, perjuicios ni deshonestidades, por el buen cuidado y diligencia de los alcaldes de la corte\u00bb.\r\n\r\nEl maestro Juan L\u00f3pez de Hoyos, en su tantas veces citado libro de la entrada de la reina do\u00f1a Ana de Austria en 1569, hace todav\u00eda m\u00e1s entusiasta descripci\u00f3n del entonces nuevo paseo del Prado, y de su decoraci\u00f3n para esta fiesta; pero su mucha prolijidad nos priva de reproducirla aqu\u00ed, remitiendo al lector al <i>Ap\u00e9ndice<\/i>, donde haremos un extracto de aquel rar\u00edsimo libro.\r\n\r\nA pesar de estas exageradas relaciones del Prado de Madrid a mediados del siglo\u00a0<small>XVI<\/small>, hechas por autores contempor\u00e1neos, creemos que deb\u00edan ser tan gratuitamente encomi\u00e1sticas como de costumbre, cuando sabemos por la tradici\u00f3n lo escabroso e inculto de aquellos sitios, y hasta los vemos representados minuciosamente, un siglo despu\u00e9s, en el plano de 1656. En \u00e9l se ven efectivamente dos alamedas formadas por tres filas de \u00e1rboles desde la calle de Alcal\u00e1 hasta la Carrera. El barranco que corr\u00eda por toda la l\u00ednea del paseo se hallaba poco m\u00e1s o menos por donde ahora el paseo de coches, y sobre las alturas cercanas al Retiro, donde despu\u00e9s el cuartel de artiller\u00eda (hoy derribado), estaba el <i>Juego de pelota<\/i>, habiendo tenido la Villa que desmontar parte de aquella formidable altura, que <i>estaba all\u00ed desde el principio del mundo<\/i> (seg\u00fan afirma seriamente Pinelo), para facilitar el acceso al Real sitio con ocasi\u00f3n de unas solemnes fiestas en 1637, que rese\u00f1aremos a su tiempo. Pr\u00f3ximamente adonde est\u00e1 ahora la fuente de Neptuno hab\u00eda una torrecilla para las m\u00fasicas que amenizaban el paseo, y una fuente titulada el <i>Ca\u00f1o dorado<\/i>, y alguna otra igualmente insignificante por donde ahora la de Apolo. A la parte de la poblaci\u00f3n cerraban el paseo las cercas de los jardines contiguos, y las modestas tachadas y miradores de las casas de los duques de Lerma, de Maceda, de Monterey y de B\u00e9jar. As\u00ed se ve tambi\u00e9n en un precioso cuadro de principios del siglo <small>XVII<\/small>, que posee en su apreciable colecci\u00f3n el Sr. Marqu\u00e9s de <i>Salamanca<\/i>.\r\n\r\nEste era, pues, todo el adorno de aquellas <i>deliciosas alamedas<\/i> del maestro Medina, de aquel rom\u00e1ntico paseo y sitio de recreaci\u00f3n, de aventuras y galanteos, de la po\u00e9tica y disipada corte de los Felipes\u00a0III y IV, la que, por lo visto, quedaba satisfecha con tan pobre aparato y tan m\u00edseras condiciones de comodidad. Verdad es que en aquellos tiempos de valor y de galanter\u00eda, la poes\u00eda y el amor sol\u00edan embellecer los sitios m\u00e1s groseros e indiferentes; pues aunque Lope de Vega, en un momento de mal humor, se dej\u00f3 decir:\r\n<div class=\"cit\">\r\n\r\nLos prados en que pasean\r\n\r\nSon y ser\u00e1n celebrados;\r\n\r\nBien hac\u00e9is en hacer prados;\r\n\r\nPues hay bien para qui\u00e9n sean\u00bb;\r\n\r\n<\/div>\r\ny el c\u00e1ustico Villamediana, aplicando el mismo concepto al propio paseo, lo expres\u00f3 todav\u00eda con m\u00e1s desenfado:\r\n<div class=\"cit\">\r\n\r\nLlego a Madrid, y no conozco al <i>Prado<\/i>;\r\n\r\nY no lo desconozco por olvido,\r\n\r\nSino porque me consta que es pisado\r\n\r\nPor muchos que debiera ser pacido;\r\n\r\n<\/div>\r\nen cambio, Calder\u00f3n, Rojas y Moreto, y los dem\u00e1s escritores de su tiempo, se esmeraron en poetizarle a porf\u00eda con las descripciones m\u00e1s bellas y haci\u00e9ndole teatro de las escenas m\u00e1s interesantes de sus dramas. \u00bfQui\u00e9n no trae a la memoria aquellas damas tapadas que, a hurtadillas de sus celosos padres o hermanos, ven\u00edan a este sitio al acecho de tal o cual gal\u00e1n perdidizo, o bien que se le hallaban all\u00ed sin buscarle? \u00bfQui\u00e9n no cree ver a \u00e9stos, tan generosos, tan comedidos con las damas, tan altaneros con el rival? \u00bfAquellas criadas malignas y revoltosas, aquellos escuderos socarrones y entremetidos, aquellos levantados razonamientos, aquellas intrigas galantes, aquella metaf\u00edsica amorosa, que nos revelan sus ingenios\u00edsimas comedias (\u00fanicas historias de las costumbres de su tiempo), y que no s\u00f3lo estaban en la mente de sus autores, pues que el p\u00fablico las aplaud\u00eda y ensalzaba como pintura fiel de la sociedad, espejo de su car\u00e1cter y acciones? \u00a1Qu\u00e9 gratas memorias deb\u00edan acompa\u00f1ar a este Prado, que todos los poetas se apropiaban como suyo! Y cuando su inmediaci\u00f3n a la nueva corte del Retiro le hizo acrecer a\u00fan en importancia, \u00a1qu\u00e9 de intrigas, qu\u00e9 de venganzas, qu\u00e9 de traiciones no vinieron tambi\u00e9n a compartir con la hist\u00f3rica su po\u00e9tica celebridad!\r\n\r\nEn los tres jardines reunidos de las casas de los duques de Maceda (donde hoy el de Villahermosa), del Conde de Monterey (donde hoy San Ferm\u00edn) y de D.\u00a0Luis M\u00e9ndez Carrion, marqu\u00e9s del Carpi\u00f3 (hoy de Alca\u00f1ices), fue d\u00f3nde tuvo lugar la famosa fiesta dada por el Conde-duque de Olivares a Felipe IV y su corte, la noche de San Juan de 1631, cuya pomposa y curios\u00edsima, relaci\u00f3n inserta Pellicer como ap\u00e9ndice de su libro titulado <i>Origen de la comedia en Espa\u00f1a<\/i>.\r\n\r\nEn ella se representaron dos comedias, una de Lope de Vega, titulada <i>La Noche de San Juan<\/i>, y otra de Quevedo y D.\u00a0Antonio Mendoza, con el t\u00edtulo de <i>Quien m\u00e1s miente medra m\u00e1s<\/i> (que acaso sea la comprendida en las obras de este \u00faltimo con el t\u00edtulo de <i>Los Empe\u00f1os del mentir<\/i>). Hubo adem\u00e1s bailes, m\u00fasicas, cena y mascaradas, y luego una suntuosa <i>rua<\/i> por el paseo inmediato hasta el amanecer.\r\n\r\nEn el \u00faltimo t\u00e9rmino de este cuadro po\u00e9tico de galanter\u00eda y voluptuosidad aparec\u00edan las tostadas murallas y g\u00f3ticas agujas del monasterio de San Jer\u00f3nimo el Real, trasladado a este sitio por los Reyes Cat\u00f3licos, en los principios del siglo\u00a0<small>XVI<\/small>, desde el camino del Pardo, donde le fundara Enrique IV con motivo del <i>paso honroso<\/i> defendido en aquel sitio por su privado D. Beltr\u00e1n de la Cueva. A este celeb\u00e9rrimo monasterio, a que se hallaba unido desde tiempo de sus fundadores un <i>cuarto o aposentamiento Real<\/i>, sol\u00edan retirarse los reyes Felipe II y sus sucesores en las solemnidades de la Iglesia o en sus grandes tribulaciones; y en su templo (el m\u00e1s importante de los pocos que se erigieron en Madrid en el estilo ojival) se verificaron, desde el reinado de Fernando el Cat\u00f3lico, las Cortes del reino y las solemnes ceremonias de la jura de los Pr\u00edncipes de Asturias, desde la de Felipe II, verificada en 1528, hasta la de la reina do\u00f1a Isabel II, en 1833. El convento qued\u00f3 destruido por los franceses, pero la iglesia, aunque reparada y decorada exteriormente seg\u00fan su estilo, se halla hoy abandonada, aunque parece ha de quedar incorporada como parroquia al Prado y el Retiro.\r\n\r\nDel lado de Recoletos, a la izquierda de la alameda, estaba la famosa <i>huerta del regidor Juan Fern\u00e1ndez<\/i>, que era un sitio de p\u00fablica recreaci\u00f3n, y de que hacen menci\u00f3n las comedias de aquel tiempo, y especialmente la que el maestro Tirso de Molina la consagr\u00f3, haci\u00e9ndola servir de lugar de su escena y titul\u00e1ndola con su mismo nombre; es la misma huerta que luego fue de la casa de la Direcci\u00f3n de Infanter\u00eda, detr\u00e1s de la fuente de Cibeles; hoy derribada la casa, y la huerta o jard\u00edn destinados a paseo p\u00fablico y al Parque de Buenavista; m\u00e1s adelante estaba el delicioso Retiro del almirante de Castilla <i>don Juan Gaspar Enr\u00edquez de Cabrera<\/i>, duque de Medina de Rioseco, convertido m\u00e1s adelante por el mismo en convento, y la sala de su teatro en iglesia de las religiosas de <i>San Pascual<\/i>; m\u00e1s all\u00e1 otra casa-palacio y jard\u00edn del Conde de Ba\u00f1os, despu\u00e9s del de Medina de las Torres, y enfrente la huerta de San Felipe Neri (luego de la Veterinaria)<a href=\"http:\/\/www.publiconsulting.com\/wordpress\/madridantiguo\/back-matter\/notas\/#nt160\" id=\"rf160\"><sup>[160]<\/sup><\/a>, el jard\u00edn del Marqu\u00e9s de Montealegre, donde hoy los palacios de los Sres. Salamanca, Calder\u00f3n y Remisa, y que llegaba hasta la huerta del Condestable (de los duques de Frias), que es la que hoy se extiende detr\u00e1s de la Plaza de los Toros y ocupada en parte por la calle de Claudio Coello, en el barrio de Salamanca.\r\n\r\nComo contraste de tan ostentoso aparato profano, en medio de todas aquellas mansiones de animaci\u00f3n y de placer, otro austero convento elevaba all\u00ed tambi\u00e9n al cielo sus religiosas torres; era el de padres <i>Agustinos Recoletos<\/i>, fundaci\u00f3n de do\u00f1a Eufrasia de Guzm\u00e1n, princesa de Asculi, marquesa de Terranova, en 1595, y engrandecido m\u00e1s adelante con la protecci\u00f3n del famoso Marqu\u00e9s de Mejorada, secretario de Estado de Felipe\u00a0V, que vino a yacer en \u00e9l en un suntuoso sepulcro. Tambi\u00e9n reposaba bajo otro mausoleo, en la misma iglesia, el insigne diplom\u00e1tico y escritor <i>D. Diego de Saavedra Fajardo<\/i>, que al cabo de su agitada vida se hab\u00eda retirado a este convento.\r\n\r\nDe este modo, en la larga extensi\u00f3n de los frondosos paseos del <i>Prado Viejo<\/i>, al principio, medio y t\u00e9rmino de ellos, entre el bullicio de la corte, de la voluptuosidad y de la poes\u00eda, se hallaban colocadas tres casas de austeros cenobitas, dominicos, Jer\u00f3nimos y agustinos, y la campana de <i>Atocha<\/i>, que sonaba a la hora del <i>\u00c1ngelus<\/i>, hallaba luego eco en la de <i>San Jer\u00f3nimo<\/i>, para terminar su religioso clamor en las sombr\u00edas alamedas sobre que descollaban las torres de <i>Recoletos<\/i>.\r\n<p class=\"ilustrafull\"><img alt=\"\" src=\"http:\/\/www.publiconsulting.com\/wordpress\/madridantiguo\/wp-content\/uploads\/sites\/69\/2018\/03\/14.jpg\" \/><\/p>\r\n<p class=\"ilustrafull\"><img alt=\"\" src=\"http:\/\/www.publiconsulting.com\/wordpress\/madridantiguo\/wp-content\/uploads\/sites\/69\/2018\/03\/15.jpg\" \/><\/p>\r\nTodo ha variado completamente con el trascurso del tiempo y las exigencias de la \u00e9poca; y donde antes el inculto, aunque po\u00e9tico, recinto en que se holgaba la corte madrile\u00f1a, se extiende hoy y admira uno de los m\u00e1s bellos y magn\u00edficos paseos de Europa. A la voz del gran Carlos\u00a0III, de este buen rey, a quien debe su villa natal casi todo lo que la hace digna del nombre de corte, y por la influencia y decisi\u00f3n del ilustrado Conde de Aranda, su primer ministro, cedieron todas las dificultades, hubieron de callar las excusas producidas por la ignorancia o por la envidia, contra el grandioso pensamiento y sus numerosos detalles propuestos para la obra colosal de este paseo por el ingeniero D. Jos\u00e9 Hermosilla y por el arquitecto D. Ventura Rodr\u00edguez. Explay\u00f3se grandemente el terreno con desmontes considerables; terraplen\u00e1ronse o se cubrieron y allanaron los barrancos, plant\u00e1ndose multitud de \u00e1rboles, y provey\u00e9ndose a su riego con costosas obras; alz\u00e1ronse a las distancias convenientes las magn\u00edficas fuentes de <i>Cibeles<\/i>, de <i>Apolo<\/i>, de <i>Neptuno<\/i>, de la <i>Alcachofa<\/i> y otras, y se formaron, en fin, las hermosas calles y paseos laterales y el magn\u00edfico <i>sal\u00f3n central<\/i>. No contenta con esto la ilustraci\u00f3n de aquel inmortal monarca, levant\u00f3 a las inmediaciones del Prado suntuosos edificios con destino a important\u00edsimos establecimientos cient\u00edficos o de beneficencia, y que al paso que sirviesen a estos objetos, concurrieran tambi\u00e9n a dar a aquel brillante paseo todo el realce y grandeza que merece.\r\n\r\nSobre el cerrillo vecino a Atocha fue construido a sus expensas, por el arquitecto D.\u00a0Juan de Villanueva, el precioso <i>Observatorio Astron\u00f3mico<\/i>; en la parte baja, y frente al inmenso <i>Hospital General<\/i>, el precioso y \u00fatil\u00edsimo <i>Jard\u00edn Bot\u00e1nico, Cirium salutiei oblectamento<\/i>, como dijo don Juan de Iriarte en la elegante inscripci\u00f3n de su entrada; frente de \u00e9sta, la <i>Real F\u00e1brica Plater\u00eda<\/i>, con su bell\u00edsimo p\u00f3rtico, y m\u00e1s all\u00e1, el magn\u00edfico <i>Museo<\/i> con destino a <i>Ciencias Naturales<\/i>, que, concluido en el reinado de Fernando VII, ha sido destinado a pintura y escultura, y forma hoy el orgullo de la corte matritense; mejor\u00f3 y decor\u00f3 el sitio del <i>Buen Retiro<\/i>, cerc\u00e1ndole con un fuerte muro, dividi\u00e9ndole del Prado con una elegante verja y d\u00e1ndole su entrada principal por la puerta de la <i>Glorieta<\/i>, frente al P\u00f3sito; y engrandeci\u00f3 alargando por aquel lado la entrada de Madrid con el arco de triunfo que termina la calle de Alcal\u00e1. Hoy el refinamiento del gusto y la moderna cultura han venido a corresponder dignamente a la obra del gran Carlos III, cubriendo de suntuosas mansiones, verdaderos palacios, una y otra orilla del paseo, decorando \u00e9ste por toda su extensi\u00f3n, y colocando en su centro el monumento patrio al <i>Dos de Mayo<\/i>, y a la cabeza y final d\u00e9 \u00e9l, dos establecimientos que emblematizan el desarrollo de la riqueza y el movimiento de la industria. Una casa de moneda y una estaci\u00f3n de ferrocarril.\r\n\r\nA la turbulenta agitaci\u00f3n y a la voluptuosa galanter\u00eda de la corte de los Felipes ha sucedido la elegante cortes\u00eda de la actual; al severo ta\u00f1ido de las campanas de Atocha, de San Jer\u00f3nimo y de Recoletos, el silbido de la locomotora, el humo del vapor y el compasado golpeo del volante sobre el troquel.","rendered":"<p>Antes de penetrar en la parte principal de la nueva poblaci\u00f3n por la Carrera de San Jer\u00f3nimo (que fue durante un siglo la verdadera entrada de Madrid), no es posible prescindir de tratar de su rom\u00e1ntico l\u00edmite oriental, que con el nombre de <i>El Prado Viejo<\/i> vino siendo, desde mediados del siglo\u00a0<small>XVI<\/small>, el sitio preferente de reuni\u00f3n para los habitantes de la nueva corte.<\/p>\n<p>Este sitio no abarcaba, sin embargo, por entonces toda la inmensa extensi\u00f3n comprendida hoy bajo la com\u00fan denominaci\u00f3n de <i>Paseo del Prado<\/i>, desde el convento de Atocha hasta la puerta de Recoletos, y que mide una distancia de unos 9.000 pies, o sea cerca de media legua. Consist\u00eda, pues, en diferentes trozos y posesiones, que, reunidos sucesivamente, vinieron a recibir una com\u00fan denominaci\u00f3n y destino. El primero era la continuaci\u00f3n de la <i>Carrera de Atocha<\/i> hasta el convento, y la prolongaci\u00f3n, por su izquierda, con el alto de <i>San Blas<\/i>; aqu\u00ed estuvieron efectivamente los prados de la villa, el <i>Prado de Toya o de Atocha<\/i> (de que ya se hace menci\u00f3n en los <i>Fueros de Madrid<\/i>, a principios del siglo\u00a0<small>XIII<\/small>), y aun continu\u00f3 apellid\u00e1ndose as\u00ed tres siglos despu\u00e9s; el segundo trozo, compuesto de huertas, al pie de las colinas sobre las cuales se erigi\u00f3 por los Reyes Cat\u00f3licos el monasterio de San Jer\u00f3nimo, y m\u00e1s adelante, por Felipe IV, el delicioso Sitio Real de <i>El Buen Retiro<\/i>, recibi\u00f3 de aquel c\u00e9lebre monasterio el nombre de <i>Prado de San Jer\u00f3nimo<\/i>; y andando los tiempos, la alameda que se plant\u00f3 hacia el Norte, en direcci\u00f3n a la antigua <i>Fuente Castellana<\/i>, eran tierras de labor, huertas y caser\u00edos de los vecinos de la villa, y recibi\u00f3 el nombre de <i>Prado de Recoletos<\/i>, del convento de Agustinos que se erigi\u00f3, en 1595, al extremo de \u00e9l. Por toda la extensi\u00f3n de este gran trayecto, y aun desde la <i>Fuente Castellana<\/i>, ven\u00eda atravesando el inmundo barranco que desemboca fuera de la puerta de Atocha, y que aun permaneci\u00f3 descubierto hacia la parte de Recoletos, hasta que fue embovedado en tiempo de la dominaci\u00f3n francesa.<\/p>\n<p>Debe suponerse que la parte que primero se regulariz\u00f3 y redujo a camino transitable fue, sin duda, la continuaci\u00f3n de la calle o carrera de <i>Atocha<\/i>, objeto culminante de este extendido recinto, causa principal de la ampliaci\u00f3n de la nueva corte por aquel lado.<\/p>\n<p>Los historiadores de Madrid, guiados por su entusiasmo patri\u00f3tico y su fervor religioso, ocuparon vol\u00famenes enteros para consignar y amplificar las remot\u00edsimas tradiciones referentes a la sagrada imagen de Nuestra Se\u00f1ora, que suponen obra de San L\u00faeas y de Nicod\u00e9mus, y tra\u00edda de <i>Antioqu\u00eda<\/i>, nada menos que por alguno de los ap\u00f3stoles, y colocada en una ermita hacia estos sitios, que entonces eran unos <i>atochares<\/i>, con cuyos dos nombres viene alternativamente design\u00e1ndose en las diversas historias, relaciones y poemas cuyo cat\u00e1logo solo ocupar\u00eda algunas p\u00e1ginas. Siguiendo siempre en su \u00edntima convicci\u00f3n de la existencia de Madrid muchos siglos antes de la invasi\u00f3n sarrac\u00e9nica, dicen que, al tiempo de verificarse \u00e9sta, los piadosos vecinos de la villa, al abandonarla, debieron esconder la imagen en unos prados de aquellos contornos, en que se criaba la hierba tocha o atocha (como tambi\u00e9n lo hab\u00edan hecho con la de la Almudena en el cubo de la muralla), y que en ellos la encontr\u00f3, a poco tiempo, el caballero <i>Graci\u00e1n Ramirez<\/i>, due\u00f1o de aquellas posesiones, cuando, viniendo de su casa de Rivas (adonde Be hab\u00eda retirado con su familia), emprendi\u00f3 y consigui\u00f3 con algunos pocos caballeros la reconquista de su villa natal.<\/p>\n<p>Pero esta primera reconquista (de que no hacen menci\u00f3n las antiguas cr\u00f3nicas ni ninguno de los grandes historiadores, y que s\u00f3lo tradicionalmente ha sido recibida) se halla envuelta en una portentosa maravilla, en un milagro de Nuestra Se\u00f1ora de Atocha.<\/p>\n<p>Cuentan, pues, que temeroso el intr\u00e9pido Gracian del mal \u00e9xito de su heroica tentativa, y despu\u00e9s de haberse encomendado a Nuestra Se\u00f1ora, degoll\u00f3 por su propia mano a su mujer e hijas, para que, en caso de sucumbir en la demanda, no quedasen abandonadas a la brutalidad de los moros; pero que habiendo, con el favor divino, llevado a cabo su prop\u00f3sito de reconquistar a Madrid triunfando de los infieles, se arrepinti\u00f3 de su precipitada determinaci\u00f3n primera, y regresando al santuario de Nuestra Se\u00f1ora, mereci\u00f3, en premio de su heroicidad, hallar a sus v\u00edctimas, resucitadas, al pie de la Santa imagen, si bien conservando en sus cuellos la fatal huella del cuchillo paternal. Este es el maravilloso y po\u00e9tico caso que, con mayor o menor criterio e inspiraci\u00f3n, ocup\u00f3 las plumas de tantos panegiristas y poetas, entre los cuales descuella el maestro Pereda, en su libro titulado <i>La Patra\u00f1a de Madrid<\/i>; los poetas Lope de Vega y Salas Barbadillo, en dos poemas heroicos, y D.\u00a0Francisco de Rojas, en la comedia que titul\u00f3 <i>Nuestra Se\u00f1ora de Atocha<\/i>.<\/p>\n<p>Supuesto, pues, este milagroso suceso, y supuesta, por consiguiente, la remot\u00edsima existencia de aquella pobre ermita, no debe extra\u00f1arse que desde los tiempos subsiguientes a la reconquista <i>hist\u00f3rica<\/i> de Madrid por Alfonso el VI fuese ya c\u00e9lebre esta imagen y este santuario.<\/p>\n<p>A \u00e9l acud\u00edan en devotas romer\u00edas multitud de peregrinos\u00bb de todos los puntos de Espa\u00f1a, raz\u00f3n por la cual se hubo de labrar, andando los tiempos, arrimado al mismo, un hospital u hospeder\u00eda para albergarlos, cuyo patronato corr\u00eda a cargo de la misma casa de los Ram\u00edrez (hoy de los condes de Bornos), que conservaron all\u00ed cerca grandes propiedades, alguna de las cuales han venido poseyendo hasta nuestros d\u00edas, en que fue vendida para construir en ella la Estaci\u00f3n del ferrocarril. Por los a\u00f1os de 1523, y en el reinado del emperador Carlos\u00a0V, se escogi\u00f3 aquel sitio para la fundaci\u00f3n de un convento de religiosos del Orden de Santo Domingo, y construido \u00e9ste (al que se agreg\u00f3, en 1588, una suntuosa capilla, que Felipe II mand\u00f3 labrar en el sitio mismo en que estuvo el antiqu\u00edsimo santuario o ermita de <i>Nuestra Se\u00f1ora<\/i>), qued\u00f3 bajo el patronato Real, que el mismo monarca y sus sucesores se apresuraron a aceptar, colmando de privilegios, mercedes y cuantiosos dones a esta Real casa y santuario, enriqueci\u00e9ndole con primorosas obras de arte, y ostentando, en fin, por todos los medios imaginables su piadosa devoci\u00f3n hacia la Santa Patrona de su corte Real<a href=\"http:\/\/www.publiconsulting.com\/wordpress\/madridantiguo\/back-matter\/notas\/#nt159\" id=\"rf159\"><sup>[159]<\/sup><\/a>. Un tomo entero no bastar\u00eda acaso para rese\u00f1ar la historia de su piadoso culto, los testimonios viv\u00edsimos de adoraci\u00f3n y de entusiasmo de que en todos tiempos ha sido objeto por parte de los monarcas, de la corte y vecindario de Madrid; sus solemnes traslaciones, unas veces al palacio de nuestros Reyes con motivo de graves peligros en su vida; otras a diversos templos, con ocasi\u00f3n de pestes, guerras y dem\u00e1s calamidades; sus regresos triunfales a esta santa casa, de dos de los cuales liemos sido testigos en este siglo; la primera, a la expulsi\u00f3n de los franceses, que convirtieron en cuartel y caballeriza el convento e iglesia; y la segunda, cuando, ya extinguidos los Regulares, se design\u00f3, en 1838, a este edificio para <i>Hospital de inv\u00e1lidos militares<\/i>. El templo de Atocha, restaurado en lo posible por la piedad del rey D. Fernando VII, ostenta hoy en su altar aquella primitiva y celeb\u00e9rrima imagen. De sus elevados muros penden los gloriosos estandartes de los antiguos tercios castellanos, las inmortales banderas de los modernos ej\u00e9rcitos de la guerra de la Independencia. Los dos caudillos m\u00e1s memorables de ella, CASTA\u00d1OS y PALAFOX, yacen bajo sus b\u00f3vedas, aguardando el monumento nacional que ha de eternizar materialmente las glorias de <i>Bail\u00e9n<\/i> y <i>Zaragoza<\/i>. Tambi\u00e9n en sus capillas se han inaugurado recientemente los suntuosos sepulcros de los generales <i>Prim<\/i>, marqu\u00e9s de los Castillejos, y <i>Concha<\/i>, marqu\u00e9s del Duero, y los veteranos inv\u00e1lidos de nuestros ej\u00e9rcitos, la corte y el pueblo de Madrid llenan constantemente su recinto y confunden a todas horas sus plegarias con las de los monarcas, que, seg\u00fan la costumbre introducida desde Felipe III, vienen a este santuario todos los s\u00e1bados a implorar la protecci\u00f3n divina, y en ocasiones solemnes de su advenimiento al trono, de su entrada en Madrid, de sus casamientos o de la presentaci\u00f3n del heredero de la corona, celebran en \u00e9l las m\u00e1s grandiosas ceremonias la Iglesia y de la corte.<\/p>\n<p>El trozo del paseo que conduce a esta iglesia, desde donde se alzaba la mezquina puerta del mismo nombre, llamada primitivamente de Vallecas, y derribada en estos \u00faltimos a\u00f1os, es el menos decorado y brillante del Prado, y consiste s\u00f3lo en algunas filas de \u00e1rboles, con un camino central para los coches y estrechos paseos laterales entre el cerrillo en que estuvo la ermita de <i>San Blas<\/i> (m\u00e1s abajo de donde hoy el <i>Observatorio Astron\u00f3mico<\/i>) y la cerca que da al camino de Vallecas (hoy ya derribada), y arrimada a la cual est\u00e1 la otra mezquina ermita, denominada del <i>\u00c1ngel<\/i>, y antes del <i>Santo Cristo de la Oliva<\/i>. Pero aun este mezquino paseo o alameda no existia en esta forma en el siglo\u00a0<small>XVII<\/small>, presentando s\u00f3lo entonces el aspecto desnudo y pelado de una carretera.<\/p>\n<p>El otro trozo considerable del paseo moderno, que media entre dicha calle de Atocha y la Carrera de San Jer\u00f3nimo, consisti\u00f3, hasta fines del siglo \u00faltimo, en una estrecha calle de \u00e1lamos, flanqueada por algunas huertas del lado de la poblaci\u00f3n, y por el opuesto limitada por el inmundo barranco ya mencionado, que ven\u00eda descubierta desde las afueras de Recoletos.<\/p>\n<p>Del otro lado, entre la Carrera y la calle de Alcal\u00e1, es donde existi\u00f3 de m\u00e1s antiguo el paseo primitivo y favorito de los madrile\u00f1os, pues que vemos que el maestro <i>Pedro de Medina<\/i>, que se supone escrib\u00eda en 1543 su libro de <i>Grandezas y cosas memorables de Espa\u00f1a<\/i> (aunque la edici\u00f3n que tenemos a la vista lleva la fecha de Alcal\u00e1, 1560), consagraba ya a este paseo las l\u00edneas siguientes:<\/p>\n<p>\u00abHacia la parte oriental (de Madrid), luego en saliendo de las casas, sobre una altura que se hace, hay un suntuos\u00edsimo monesterio de frailes Hier\u00f3nimos, con aposentamientos y cuartos para recibimiento y hosper\u00eda de reyes, con una hermos\u00edsima y extendida huerta. Entre las casas y este monesterio hay, a la mano <i>izquierda en saliendo del pueblo<\/i>, una grande y hermos\u00edsima alameda, puestos los \u00e1lamos en tres \u00f3rdenes, que hacen dos calles muy anchas y muy largas, con cuatro fuentes hermos\u00edsimas y de lind\u00edsima agua, a trechos puestas por la una calle, y por la otra muchos rosales entretejidos a los pies de los \u00e1rboles por toda la carrera. Aqu\u00ed, en esta alameda, hay un estanque de agua que ayuda mucho a la grande hermosura y recreaci\u00f3n de la alameda.<\/p>\n<p>\u00bbA la otra mano, derecha del mismo monesterio, saliendo de las casas, hay otra alameda, tambi\u00e9n muy apacible, con dos \u00f3rdenes de \u00e1rboles, que hacen una acalle muy larga hasta salir al camino que llaman de Atocha; tiene esta alameda sus regueros de agua, y en gran parte se va arrimando por la una mano a unas huertas. Llaman a estas alamedas el <i>Prado de San Hier\u00f3nimo<\/i>, en donde, de invierno al sol, y de verano a gozar de la frescura, es cosa muy de ver, y de mucha recreaci\u00f3n, la multitud de gente que sale, de bizarr\u00edsimas damas, de bien dispuestos caballeros, y de muchos se\u00f1ores y se\u00f1oras principales en coches y carrozas. Aqu\u00ed se goza con gran deleite y gusto de la frescura del viento todas las tardes y noches del est\u00edo, y de muchas buenas m\u00fasicas, sin da\u00f1os, perjuicios ni deshonestidades, por el buen cuidado y diligencia de los alcaldes de la corte\u00bb.<\/p>\n<p>El maestro Juan L\u00f3pez de Hoyos, en su tantas veces citado libro de la entrada de la reina do\u00f1a Ana de Austria en 1569, hace todav\u00eda m\u00e1s entusiasta descripci\u00f3n del entonces nuevo paseo del Prado, y de su decoraci\u00f3n para esta fiesta; pero su mucha prolijidad nos priva de reproducirla aqu\u00ed, remitiendo al lector al <i>Ap\u00e9ndice<\/i>, donde haremos un extracto de aquel rar\u00edsimo libro.<\/p>\n<p>A pesar de estas exageradas relaciones del Prado de Madrid a mediados del siglo\u00a0<small>XVI<\/small>, hechas por autores contempor\u00e1neos, creemos que deb\u00edan ser tan gratuitamente encomi\u00e1sticas como de costumbre, cuando sabemos por la tradici\u00f3n lo escabroso e inculto de aquellos sitios, y hasta los vemos representados minuciosamente, un siglo despu\u00e9s, en el plano de 1656. En \u00e9l se ven efectivamente dos alamedas formadas por tres filas de \u00e1rboles desde la calle de Alcal\u00e1 hasta la Carrera. El barranco que corr\u00eda por toda la l\u00ednea del paseo se hallaba poco m\u00e1s o menos por donde ahora el paseo de coches, y sobre las alturas cercanas al Retiro, donde despu\u00e9s el cuartel de artiller\u00eda (hoy derribado), estaba el <i>Juego de pelota<\/i>, habiendo tenido la Villa que desmontar parte de aquella formidable altura, que <i>estaba all\u00ed desde el principio del mundo<\/i> (seg\u00fan afirma seriamente Pinelo), para facilitar el acceso al Real sitio con ocasi\u00f3n de unas solemnes fiestas en 1637, que rese\u00f1aremos a su tiempo. Pr\u00f3ximamente adonde est\u00e1 ahora la fuente de Neptuno hab\u00eda una torrecilla para las m\u00fasicas que amenizaban el paseo, y una fuente titulada el <i>Ca\u00f1o dorado<\/i>, y alguna otra igualmente insignificante por donde ahora la de Apolo. A la parte de la poblaci\u00f3n cerraban el paseo las cercas de los jardines contiguos, y las modestas tachadas y miradores de las casas de los duques de Lerma, de Maceda, de Monterey y de B\u00e9jar. As\u00ed se ve tambi\u00e9n en un precioso cuadro de principios del siglo <small>XVII<\/small>, que posee en su apreciable colecci\u00f3n el Sr. Marqu\u00e9s de <i>Salamanca<\/i>.<\/p>\n<p>Este era, pues, todo el adorno de aquellas <i>deliciosas alamedas<\/i> del maestro Medina, de aquel rom\u00e1ntico paseo y sitio de recreaci\u00f3n, de aventuras y galanteos, de la po\u00e9tica y disipada corte de los Felipes\u00a0III y IV, la que, por lo visto, quedaba satisfecha con tan pobre aparato y tan m\u00edseras condiciones de comodidad. Verdad es que en aquellos tiempos de valor y de galanter\u00eda, la poes\u00eda y el amor sol\u00edan embellecer los sitios m\u00e1s groseros e indiferentes; pues aunque Lope de Vega, en un momento de mal humor, se dej\u00f3 decir:<\/p>\n<div class=\"cit\">\n<p>Los prados en que pasean<\/p>\n<p>Son y ser\u00e1n celebrados;<\/p>\n<p>Bien hac\u00e9is en hacer prados;<\/p>\n<p>Pues hay bien para qui\u00e9n sean\u00bb;<\/p>\n<\/div>\n<p>y el c\u00e1ustico Villamediana, aplicando el mismo concepto al propio paseo, lo expres\u00f3 todav\u00eda con m\u00e1s desenfado:<\/p>\n<div class=\"cit\">\n<p>Llego a Madrid, y no conozco al <i>Prado<\/i>;<\/p>\n<p>Y no lo desconozco por olvido,<\/p>\n<p>Sino porque me consta que es pisado<\/p>\n<p>Por muchos que debiera ser pacido;<\/p>\n<\/div>\n<p>en cambio, Calder\u00f3n, Rojas y Moreto, y los dem\u00e1s escritores de su tiempo, se esmeraron en poetizarle a porf\u00eda con las descripciones m\u00e1s bellas y haci\u00e9ndole teatro de las escenas m\u00e1s interesantes de sus dramas. \u00bfQui\u00e9n no trae a la memoria aquellas damas tapadas que, a hurtadillas de sus celosos padres o hermanos, ven\u00edan a este sitio al acecho de tal o cual gal\u00e1n perdidizo, o bien que se le hallaban all\u00ed sin buscarle? \u00bfQui\u00e9n no cree ver a \u00e9stos, tan generosos, tan comedidos con las damas, tan altaneros con el rival? \u00bfAquellas criadas malignas y revoltosas, aquellos escuderos socarrones y entremetidos, aquellos levantados razonamientos, aquellas intrigas galantes, aquella metaf\u00edsica amorosa, que nos revelan sus ingenios\u00edsimas comedias (\u00fanicas historias de las costumbres de su tiempo), y que no s\u00f3lo estaban en la mente de sus autores, pues que el p\u00fablico las aplaud\u00eda y ensalzaba como pintura fiel de la sociedad, espejo de su car\u00e1cter y acciones? \u00a1Qu\u00e9 gratas memorias deb\u00edan acompa\u00f1ar a este Prado, que todos los poetas se apropiaban como suyo! Y cuando su inmediaci\u00f3n a la nueva corte del Retiro le hizo acrecer a\u00fan en importancia, \u00a1qu\u00e9 de intrigas, qu\u00e9 de venganzas, qu\u00e9 de traiciones no vinieron tambi\u00e9n a compartir con la hist\u00f3rica su po\u00e9tica celebridad!<\/p>\n<p>En los tres jardines reunidos de las casas de los duques de Maceda (donde hoy el de Villahermosa), del Conde de Monterey (donde hoy San Ferm\u00edn) y de D.\u00a0Luis M\u00e9ndez Carrion, marqu\u00e9s del Carpi\u00f3 (hoy de Alca\u00f1ices), fue d\u00f3nde tuvo lugar la famosa fiesta dada por el Conde-duque de Olivares a Felipe IV y su corte, la noche de San Juan de 1631, cuya pomposa y curios\u00edsima, relaci\u00f3n inserta Pellicer como ap\u00e9ndice de su libro titulado <i>Origen de la comedia en Espa\u00f1a<\/i>.<\/p>\n<p>En ella se representaron dos comedias, una de Lope de Vega, titulada <i>La Noche de San Juan<\/i>, y otra de Quevedo y D.\u00a0Antonio Mendoza, con el t\u00edtulo de <i>Quien m\u00e1s miente medra m\u00e1s<\/i> (que acaso sea la comprendida en las obras de este \u00faltimo con el t\u00edtulo de <i>Los Empe\u00f1os del mentir<\/i>). Hubo adem\u00e1s bailes, m\u00fasicas, cena y mascaradas, y luego una suntuosa <i>rua<\/i> por el paseo inmediato hasta el amanecer.<\/p>\n<p>En el \u00faltimo t\u00e9rmino de este cuadro po\u00e9tico de galanter\u00eda y voluptuosidad aparec\u00edan las tostadas murallas y g\u00f3ticas agujas del monasterio de San Jer\u00f3nimo el Real, trasladado a este sitio por los Reyes Cat\u00f3licos, en los principios del siglo\u00a0<small>XVI<\/small>, desde el camino del Pardo, donde le fundara Enrique IV con motivo del <i>paso honroso<\/i> defendido en aquel sitio por su privado D. Beltr\u00e1n de la Cueva. A este celeb\u00e9rrimo monasterio, a que se hallaba unido desde tiempo de sus fundadores un <i>cuarto o aposentamiento Real<\/i>, sol\u00edan retirarse los reyes Felipe II y sus sucesores en las solemnidades de la Iglesia o en sus grandes tribulaciones; y en su templo (el m\u00e1s importante de los pocos que se erigieron en Madrid en el estilo ojival) se verificaron, desde el reinado de Fernando el Cat\u00f3lico, las Cortes del reino y las solemnes ceremonias de la jura de los Pr\u00edncipes de Asturias, desde la de Felipe II, verificada en 1528, hasta la de la reina do\u00f1a Isabel II, en 1833. El convento qued\u00f3 destruido por los franceses, pero la iglesia, aunque reparada y decorada exteriormente seg\u00fan su estilo, se halla hoy abandonada, aunque parece ha de quedar incorporada como parroquia al Prado y el Retiro.<\/p>\n<p>Del lado de Recoletos, a la izquierda de la alameda, estaba la famosa <i>huerta del regidor Juan Fern\u00e1ndez<\/i>, que era un sitio de p\u00fablica recreaci\u00f3n, y de que hacen menci\u00f3n las comedias de aquel tiempo, y especialmente la que el maestro Tirso de Molina la consagr\u00f3, haci\u00e9ndola servir de lugar de su escena y titul\u00e1ndola con su mismo nombre; es la misma huerta que luego fue de la casa de la Direcci\u00f3n de Infanter\u00eda, detr\u00e1s de la fuente de Cibeles; hoy derribada la casa, y la huerta o jard\u00edn destinados a paseo p\u00fablico y al Parque de Buenavista; m\u00e1s adelante estaba el delicioso Retiro del almirante de Castilla <i>don Juan Gaspar Enr\u00edquez de Cabrera<\/i>, duque de Medina de Rioseco, convertido m\u00e1s adelante por el mismo en convento, y la sala de su teatro en iglesia de las religiosas de <i>San Pascual<\/i>; m\u00e1s all\u00e1 otra casa-palacio y jard\u00edn del Conde de Ba\u00f1os, despu\u00e9s del de Medina de las Torres, y enfrente la huerta de San Felipe Neri (luego de la Veterinaria)<a href=\"http:\/\/www.publiconsulting.com\/wordpress\/madridantiguo\/back-matter\/notas\/#nt160\" id=\"rf160\"><sup>[160]<\/sup><\/a>, el jard\u00edn del Marqu\u00e9s de Montealegre, donde hoy los palacios de los Sres. Salamanca, Calder\u00f3n y Remisa, y que llegaba hasta la huerta del Condestable (de los duques de Frias), que es la que hoy se extiende detr\u00e1s de la Plaza de los Toros y ocupada en parte por la calle de Claudio Coello, en el barrio de Salamanca.<\/p>\n<p>Como contraste de tan ostentoso aparato profano, en medio de todas aquellas mansiones de animaci\u00f3n y de placer, otro austero convento elevaba all\u00ed tambi\u00e9n al cielo sus religiosas torres; era el de padres <i>Agustinos Recoletos<\/i>, fundaci\u00f3n de do\u00f1a Eufrasia de Guzm\u00e1n, princesa de Asculi, marquesa de Terranova, en 1595, y engrandecido m\u00e1s adelante con la protecci\u00f3n del famoso Marqu\u00e9s de Mejorada, secretario de Estado de Felipe\u00a0V, que vino a yacer en \u00e9l en un suntuoso sepulcro. Tambi\u00e9n reposaba bajo otro mausoleo, en la misma iglesia, el insigne diplom\u00e1tico y escritor <i>D. Diego de Saavedra Fajardo<\/i>, que al cabo de su agitada vida se hab\u00eda retirado a este convento.<\/p>\n<p>De este modo, en la larga extensi\u00f3n de los frondosos paseos del <i>Prado Viejo<\/i>, al principio, medio y t\u00e9rmino de ellos, entre el bullicio de la corte, de la voluptuosidad y de la poes\u00eda, se hallaban colocadas tres casas de austeros cenobitas, dominicos, Jer\u00f3nimos y agustinos, y la campana de <i>Atocha<\/i>, que sonaba a la hora del <i>\u00c1ngelus<\/i>, hallaba luego eco en la de <i>San Jer\u00f3nimo<\/i>, para terminar su religioso clamor en las sombr\u00edas alamedas sobre que descollaban las torres de <i>Recoletos<\/i>.<\/p>\n<p class=\"ilustrafull\"><img decoding=\"async\" alt=\"\" src=\"\/\/www.publiconsulting.com\/wordpress\/madridantiguo\/wp-content\/uploads\/sites\/69\/2018\/03\/14.jpg\" \/><\/p>\n<p class=\"ilustrafull\"><img decoding=\"async\" alt=\"\" src=\"\/\/www.publiconsulting.com\/wordpress\/madridantiguo\/wp-content\/uploads\/sites\/69\/2018\/03\/15.jpg\" \/><\/p>\n<p>Todo ha variado completamente con el trascurso del tiempo y las exigencias de la \u00e9poca; y donde antes el inculto, aunque po\u00e9tico, recinto en que se holgaba la corte madrile\u00f1a, se extiende hoy y admira uno de los m\u00e1s bellos y magn\u00edficos paseos de Europa. A la voz del gran Carlos\u00a0III, de este buen rey, a quien debe su villa natal casi todo lo que la hace digna del nombre de corte, y por la influencia y decisi\u00f3n del ilustrado Conde de Aranda, su primer ministro, cedieron todas las dificultades, hubieron de callar las excusas producidas por la ignorancia o por la envidia, contra el grandioso pensamiento y sus numerosos detalles propuestos para la obra colosal de este paseo por el ingeniero D. Jos\u00e9 Hermosilla y por el arquitecto D. Ventura Rodr\u00edguez. Explay\u00f3se grandemente el terreno con desmontes considerables; terraplen\u00e1ronse o se cubrieron y allanaron los barrancos, plant\u00e1ndose multitud de \u00e1rboles, y provey\u00e9ndose a su riego con costosas obras; alz\u00e1ronse a las distancias convenientes las magn\u00edficas fuentes de <i>Cibeles<\/i>, de <i>Apolo<\/i>, de <i>Neptuno<\/i>, de la <i>Alcachofa<\/i> y otras, y se formaron, en fin, las hermosas calles y paseos laterales y el magn\u00edfico <i>sal\u00f3n central<\/i>. No contenta con esto la ilustraci\u00f3n de aquel inmortal monarca, levant\u00f3 a las inmediaciones del Prado suntuosos edificios con destino a important\u00edsimos establecimientos cient\u00edficos o de beneficencia, y que al paso que sirviesen a estos objetos, concurrieran tambi\u00e9n a dar a aquel brillante paseo todo el realce y grandeza que merece.<\/p>\n<p>Sobre el cerrillo vecino a Atocha fue construido a sus expensas, por el arquitecto D.\u00a0Juan de Villanueva, el precioso <i>Observatorio Astron\u00f3mico<\/i>; en la parte baja, y frente al inmenso <i>Hospital General<\/i>, el precioso y \u00fatil\u00edsimo <i>Jard\u00edn Bot\u00e1nico, Cirium salutiei oblectamento<\/i>, como dijo don Juan de Iriarte en la elegante inscripci\u00f3n de su entrada; frente de \u00e9sta, la <i>Real F\u00e1brica Plater\u00eda<\/i>, con su bell\u00edsimo p\u00f3rtico, y m\u00e1s all\u00e1, el magn\u00edfico <i>Museo<\/i> con destino a <i>Ciencias Naturales<\/i>, que, concluido en el reinado de Fernando VII, ha sido destinado a pintura y escultura, y forma hoy el orgullo de la corte matritense; mejor\u00f3 y decor\u00f3 el sitio del <i>Buen Retiro<\/i>, cerc\u00e1ndole con un fuerte muro, dividi\u00e9ndole del Prado con una elegante verja y d\u00e1ndole su entrada principal por la puerta de la <i>Glorieta<\/i>, frente al P\u00f3sito; y engrandeci\u00f3 alargando por aquel lado la entrada de Madrid con el arco de triunfo que termina la calle de Alcal\u00e1. Hoy el refinamiento del gusto y la moderna cultura han venido a corresponder dignamente a la obra del gran Carlos III, cubriendo de suntuosas mansiones, verdaderos palacios, una y otra orilla del paseo, decorando \u00e9ste por toda su extensi\u00f3n, y colocando en su centro el monumento patrio al <i>Dos de Mayo<\/i>, y a la cabeza y final d\u00e9 \u00e9l, dos establecimientos que emblematizan el desarrollo de la riqueza y el movimiento de la industria. Una casa de moneda y una estaci\u00f3n de ferrocarril.<\/p>\n<p>A la turbulenta agitaci\u00f3n y a la voluptuosa galanter\u00eda de la corte de los Felipes ha sucedido la elegante cortes\u00eda de la actual; al severo ta\u00f1ido de las campanas de Atocha, de San Jer\u00f3nimo y de Recoletos, el silbido de la locomotora, el humo del vapor y el compasado golpeo del volante sobre el troquel.<\/p>\n","protected":false},"author":1,"menu_order":21,"template":"","meta":{"pb_show_title":"on","pb_short_title":"","pb_subtitle":"","pb_authors":[],"pb_section_license":""},"chapter-type":[],"contributor":[],"license":[],"class_list":["post-66","chapter","type-chapter","status-publish","hentry"],"part":3,"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.publiconsulting.com\/wordpress\/madridantiguo\/wp-json\/pressbooks\/v2\/chapters\/66","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.publiconsulting.com\/wordpress\/madridantiguo\/wp-json\/pressbooks\/v2\/chapters"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.publiconsulting.com\/wordpress\/madridantiguo\/wp-json\/wp\/v2\/types\/chapter"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.publiconsulting.com\/wordpress\/madridantiguo\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"version-history":[{"count":3,"href":"https:\/\/www.publiconsulting.com\/wordpress\/madridantiguo\/wp-json\/pressbooks\/v2\/chapters\/66\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":229,"href":"https:\/\/www.publiconsulting.com\/wordpress\/madridantiguo\/wp-json\/pressbooks\/v2\/chapters\/66\/revisions\/229"}],"part":[{"href":"https:\/\/www.publiconsulting.com\/wordpress\/madridantiguo\/wp-json\/pressbooks\/v2\/parts\/3"}],"metadata":[{"href":"https:\/\/www.publiconsulting.com\/wordpress\/madridantiguo\/wp-json\/pressbooks\/v2\/chapters\/66\/metadata\/"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.publiconsulting.com\/wordpress\/madridantiguo\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=66"}],"wp:term":[{"taxonomy":"chapter-type","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.publiconsulting.com\/wordpress\/madridantiguo\/wp-json\/pressbooks\/v2\/chapter-type?post=66"},{"taxonomy":"contributor","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.publiconsulting.com\/wordpress\/madridantiguo\/wp-json\/wp\/v2\/contributor?post=66"},{"taxonomy":"license","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.publiconsulting.com\/wordpress\/madridantiguo\/wp-json\/wp\/v2\/license?post=66"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}