{"id":75,"date":"2018-03-20T12:16:01","date_gmt":"2018-03-20T12:16:01","guid":{"rendered":"http:\/\/www.publiconsulting.com\/wordpress\/madridantiguo\/chapter\/__unknown__-26\/"},"modified":"2018-03-20T18:16:20","modified_gmt":"2018-03-20T18:16:20","slug":"la-puerta-del-sol","status":"publish","type":"chapter","link":"https:\/\/www.publiconsulting.com\/wordpress\/madridantiguo\/chapter\/la-puerta-del-sol\/","title":{"rendered":"XIX. La Puerta del Sol"},"content":{"raw":"El orden de nuestro paseo por el Madrid hist\u00f3rico nos conduce por segunda vez al sitio famoso, conf\u00edn oriental un tiempo de la antigua villa, hoy centro privilegiado de la moderna; lazo de uni\u00f3n hist\u00f3rica y topogr\u00e1fica entre una y otra \u00e9poca; foco de donde irradia la grande estrella que en derredor suyo fueron formando con la serie de los siglos las principales calles o arterias de la poblaci\u00f3n en sus diversas amplitudes, para atravesarla luego en todas direcciones hasta sus \u00faltimos confines.\r\n\r\nEn su lugar dijimos ya que, cuando la segunda ampliaci\u00f3n (verificada, seg\u00fan se cree, hacia el final del siglo\u00a0<small>XIII<\/small>), quedaron comprendidos dentro de la nueva tapia o cerca los arrabales de <i>San Mart\u00edn, San Gines<\/i> y <i>Santa Cruz<\/i>; la puerta de Guadalajara avanz\u00f3 hasta este sitio el ingreso oriental de la villa, continuando la tapia que ven\u00eda desde Santo Domingo por donde hoy corren las calles de los Preciados y del Carmen, a salir a este anchuroso espacio, comprendido entre los olivares y el arrabal de San Gines.\r\n\r\nParece que en esta tapia, y dando frente al camino o carrera despu\u00e9s llamada de San Jer\u00f3nimo, hubo de abrirse un postigo cuja colocaci\u00f3n y forma nos son desconocidos; pero que, seg\u00fan algunas indicaciones, sospechamos que pudo ser como al medio de la plaza actual, entre las calles posteriores de las Carretas y la Montera, y mirando a dicha Carrera, que era entonces, como queda dicho, un camino que guiaba a dicho monasterio y a las ermitas de Atocha, San Juan, Santa Polonia y otras, y ten\u00eda a su izquierda los ya dichos olivares de Alcal\u00e1 y el camino de Hortaleza, con sus ermitas de San Luis y Santa B\u00e1rbara, y a su derecha las modestas casas del arrabal de Santa Cruz.\r\n\r\nAl principio de dicha Carrera, a la parte fuera de la poblaci\u00f3n, y con ocasi\u00f3n de la gran peste de 1438, fund\u00f3se un hospital para el socorro y curaci\u00f3n de los contagiados, el cual fue reconstruido, en 1529, por el emperador Carlos\u00a0V, y erigido en <i>Hospital Real de Corte<\/i>, para la cura de los soldados y la servidumbre de la casa Real. Este hospital, con su iglesia, sitos en el ya dicho camino fuera de la Puerta del Sol, es el que ha permanecido en pie hasta estos \u00faltimos a\u00f1os, en que ha sido derribado para el ensanche el hospital e iglesia del <i>Buen Suceso<\/i><a href=\"http:\/\/www.publiconsulting.com\/wordpress\/madridantiguo\/back-matter\/notas\/#nt182\" id=\"rf182\"><sup>[182]<\/sup><\/a>.\r\n\r\nEl maestro Juan L\u00f3pez de Hoyos, celoso e ilustrado escritor madrile\u00f1o, aunque cr\u00e9dulo y fan\u00e1tico encomiador de sus antig\u00fcedades, en sus dos curios\u00edsimos libros descriptivos de la <i>enfermedad, tr\u00e1nsito y exequias de la reina do\u00f1a Isabel de Valois y del recibimiento de la reina do\u00f1a Ana de Austria<\/i>, a vueltas de tantas f\u00e1bulas mitol\u00f3gicas o heroicas relativas a la historia de esta villa, mis armas y blasones, consign\u00f3 algunos, aunque escasos, datos contempor\u00e1neos a \u00e9l, y referentes a sus diversas localidades: y esta parte, que sin duda era la accidental y que miraba acaso el autor como superflua en su narraci\u00f3n, es la que hoy, despu\u00e9s de tres siglos, se ha hecho la m\u00e1s interesante del libro, por ser aqu\u00e9llos los m\u00e1s antiguos que se conservan de los impresos referentes a Madrid.\r\n\r\nDice, pues, en el segundo de dichos libros, escritos en 1570 y refiri\u00e9ndose a la <i>Puerta del Sol<\/i>, lo siguiente: \u00abLlegando (la reina do\u00f1a Ana) cerca del monasterio de Nuestra Se\u00f1ora de la Victoria, que es de frailes de la Orden de los m\u00ednimos, junto al Hospital Real de esta Corte, se le ofreci\u00f3 un arco exquisitamente fabricado y medianamente elegido\u2026 Este se fabric\u00f3 en un lunar harto despacioso, que llaman la Puerta del Sol; \u00e9sta tuvo este nombre por dos razones: la primera, porque est\u00e1 ella a oriente, y en naciendo el sol parece ilustrar y desparcir sus rayos por aquel espacio; la segunda, porque cuando en Espa\u00f1a hubo aquellos alborotos, que com\u00fanmente llaman las Comunidades, este pueblo, por tener guardado su t\u00e9rmino de los bandoleros y comuneros, hizo un foso en contorno de toda esta parte del pueblo y fabric\u00f3 un castillo, en el cual pusieron un sol encima de la puerta, que era el com\u00fan tr\u00e1nsito y entrada de Madrid. Y despu\u00e9s de la pacificaci\u00f3n y quietud de estos reinos, por lo mucho que el invict\u00edsimo emperador Carlos\u00a0V, rey de Espa\u00f1a, nuestro se\u00f1or, trabaj\u00f3 en allanar los agrandes tumultos y pacificar todos los reinos de Espa\u00f1a, este castillo y puerta se derrib\u00f3 para ensanchar y desenfadar una tan principal salida\u00bb.\r\n\r\nEsta es, pues, la primera noticia <i>escrita<\/i> que encontramos de este sitio en los historiadores matritenses, y la primera vez tambi\u00e9n que hallamos estampado el po\u00e9tico nombre que, a pesar de haber desaparecido su objeto, y del trascurso de los siglos, le qued\u00f3 para siempre vinculado.\r\n\r\n<i>\u00a1La Puerta del Sol!<\/i> \u00bfqu\u00e9 madrile\u00f1o (decimos mal), qu\u00e9 espa\u00f1ol, aunque se halle en un extremo del reino o en las m\u00e1s apartadas regiones del globo, no se siente interesado, conmovido, al recuerdo de este nombre; no se complace con la idea de visitar alg\u00fan d\u00eda este c\u00e9lebre sitio?\r\n\r\nDos viajeros de nuestro pa\u00eds, encontr\u00e1ndose en los animados <i>boulevares<\/i> parisienses o en las solitarias y \u00e1speras cordilleras de los Andes; en las ruinas de Roma o en las nebulosas m\u00e1rgenes del T\u00e1mesis; \u00bfpara d\u00f3nde se dar\u00e1n cita despu\u00e9s de sus lejanas expediciones, o en qu\u00e9 punto privilegiado de su patria desear\u00e1n volverse a hallar? No hay que dudarlo: en la <i>Puerta del Sol<\/i>; en este centro vital de la corte de Espa\u00f1a, en este emporio de su moderna historia, de su civilizaci\u00f3n y de su poes\u00eda.\r\n\r\nTal preeminencia jer\u00e1rquica entre todos los sitios de Madrid, ya vemos, sin embargo, que no es antigua. En los siglos anteriores al\u00a0<small>XVI<\/small>, la vitalidad, el nervio de la poblaci\u00f3n converg\u00eda hacia la plaza de <i>San Salvador<\/i>, hoy de la <i>Villa<\/i>, la puerta de <i>Guadalajara<\/i> y la <i>Plaza Mayor<\/i>, como queda dicho en sus cap\u00edtulos respectivos. Aun despu\u00e9s de la \u00faltima ampliaci\u00f3n, que coloc\u00f3 en la Puerta del Sol el punto central de la nueva villa, tard\u00f3 m\u00e1s de un siglo en robar a aquella \u00faltima su preferencia, y tanto, que si recorremos todos los escritores del siglo <small>XVII<\/small>, as\u00ed historiadores como novelistas, dram\u00e1ticos y poetas, apenas hallaremos menci\u00f3n do este sitio, o s\u00f3lo le veremos apuntado por incidencia al tratar de las rom\u00e1nticas y vecinas <i>ruas<\/i> o paseos de los coches por la calle Mayor, o del bullicioso <i>mentidero<\/i> de las <i>Gradas de San Felipe<\/i>. Pero a medida que fue aumentando en importancia la parte nueva al Oriente y Norte de la poblaci\u00f3n, y compartiendo con las otras la animaci\u00f3n del comercio y el movimiento de la vida, fue enalteci\u00e9ndose la fama de la Puerta del Sol, hasta tal punto, que hoy su nombre ha llegado a ser el emblema del <i>Madrid moderno<\/i>, y los anales de esta villa en los dos \u00faltimos siglos se confunden o resumen en los de esta c\u00e9lebre plaza.\r\n\r\nAs\u00ed, pues, para indicarlos, siquiera sea de pasada, habremos necesariamente de hacer una excursi\u00f3n hist\u00f3rica hasta los presentes tiempos, apart\u00e1ndonos de aquel a que m\u00e1s especialmente hemos consignado nuestros recuerdos en este libro; pero antes de proceder a esta ojeada hist\u00f3rico-moderna, vamos a recordar lo que era la Puerta del Sol hasta fines del siglo \u00faltimo, y aun lo que ha continuado siendo, en gran parte, hasta la demolici\u00f3n total emprendida estos \u00faltimos a\u00f1os para su ensanche.\r\n\r\nEsta plaza, o m\u00e1s bien espaciosa encrucijada de las diversas calles principales de la poblaci\u00f3n, presentaba la figura, que todos recordamos, de un prolongado trapecio, y se hallaba dominada en su frente principal, entre las calles de Alcal\u00e1 y San Jer\u00f3nimo, por la modesta fachada de la iglesia del <i>Buen Suceso<\/i>, la cual, antes de la ocupaci\u00f3n francesa, estaba algo m\u00e1s decorada y ten\u00eda una peque\u00f1a lonja o atrio con verjas de hierro. Delante de ella estaba la famosa fuente <i>churrigueresca<\/i>, obra del c\u00e9lebre D.\u00a0Pedro Rivera, de principios del siglo pasado, y que reemplaz\u00f3 a otra no menos extravagante hemos de creer a la vista de ella que estampa \u00c1lvarez Cort\u00e1zar en la obra titulada <i>Annales d\u2019Espagne et de Portugal<\/i>. Una y otra estuvieron coronadas por la estatua de Venus, no la Medicea, de P\u00e1fos o de Cit\u00e9res, sino la c\u00e9lebre <i>Mariblanca<\/i>, que hoy yace relegada a la plazuela de las Descalzas; y en el costado de la derecha, a la parte del convento de la Victoria, estaban los <i>cajones de la fruta<\/i>, como as\u00ed vemos terminantemente en los t\u00edtulos de las casas fronteras. \u00c9stas, en todo el recinto de la plaza, eran tan informes y mezquinas, que la mayor parte de ellas no median m\u00e1s que seis u ochocientos pies superficiales, y ten\u00edan uno solo o dos balcones en cada piso, aunque \u00e9stos sol\u00edan elevarse al cuarto o quinto piso por medio de unas empinad\u00edsimas escaleras, casi inaccesibles, y que arrancaban a flor de calle de unas aberturas cavernosas, hediondas y l\u00f3bregas, que hac\u00edan las veces de portal. Las tiendas o comercios de los <i>mercaderes de la seda<\/i>, de <i>pa\u00f1os<\/i> y de <i>librer\u00eda<\/i>, que disputaban a aqu\u00e9llos el breve espacio de la fachada, ten\u00edan sus mostradores de la misma f\u00e1brica, hasta la embocadura de la puerta, y estaban decoradas por todo ornato exterior con alguna efigie de santo o alg\u00fan letrero m\u00e1s o menos b\u00e1rbaro en son de muestra o <i>ense\u00f1a<\/i>. En solo el espacio que ocupa hoy la casa de Correos hab\u00eda treinta y tantas casas, que estrechaban las entradas de las calle de Carretas y de San Felipe. En el frente, entre la Mayor y el Arenal, hab\u00eda una casa con una torrecilla; al costado, las mismas que hemos conocido, con su callejuela en escuadra llamada del <i>Cofre<\/i> o de los <i>Cofreros<\/i> (des <i>Bahutiers<\/i>), con cuyo t\u00edtulo ya dijimos que se halla designada en la donosa historia de Gil Blas<a href=\"http:\/\/www.publiconsulting.com\/wordpress\/madridantiguo\/back-matter\/notas\/#nt183\" id=\"rf183\"><sup>[183]<\/sup><\/a>.\r\n\r\nEn la manzana de las calles del Carmen y Preciados estaba el \u00fanico edificio de alguna importancia, y era el que ocup\u00f3 anteriormente la casa de Exp\u00f3sitos (la <i>Inclusa<\/i>) hasta que se traslad\u00f3 a la calle del Soldado, y luego al que ahora ocupa; pero la parte de casa que daba a la Puerta del Sol era construcci\u00f3n moderna, y la misma pobreza de decoraci\u00f3n ofrec\u00eda que las otras casas que siguiendo este frente, angostaban las embocaduras de las calles de los Preciados, del Carmen, de la Montera y de Alcal\u00e1.\r\n\r\nLa importancia topogr\u00e1fica de esta plazuela tampoco deb\u00eda ser gran cosa hasta principios del siglo pasado, pues vemos que en las <i>Ordenanzas de Madrid<\/i>, publicadas por D.\u00a0Teodoro Ardemans en 1720, se da el valor de 12 reales a cada pie de sitio en la Puerta del Sol<a href=\"http:\/\/www.publiconsulting.com\/wordpress\/madridantiguo\/back-matter\/notas\/#nt184\" id=\"rf184\"><sup>[184]<\/sup><\/a>, al paso que se tasa en 80 y m\u00e1s en la Plaza Mayor. En cuanto a su condici\u00f3n social, no era m\u00e1s que punto de reuni\u00f3n de los apuestos galanes de capa y espada del siglo <small>XVII<\/small>, y posteriormente de las relumbrantes casacas y empolvados pelucones del siguiente; de los <i>currutacos<\/i> y los <i>petimetres<\/i> de principios del actual, que concurr\u00edan all\u00ed simplemente a departir sobre sus aventuras amorosas, a tomar el sol, a sorber un polvo, fumar un cigarro y esperar el \u00faltimo toque de la misa <i>de las dos<\/i> del Buen Suceso. Tambi\u00e9n en los viernes de la Cuaresma sol\u00eda alzarse un p\u00falpito frente a la fachada de esta iglesia, donde predicaban al aire libre los padres encargados de las misiones, con gran edificaci\u00f3n de los asturianos aguadores, que formaban la base del auditorio. Pero tornemos a nuestro recuerdo hist\u00f3rico.\r\n\r\nDesde la mencionada guerra de las Comunidades, a principios del siglo\u00a0<small>XVI<\/small>, no vemos figurar para nada en las cr\u00f3nicas pol\u00edticas de Madrid a la Puerta del Sol, hasta dos siglos despu\u00e9s, en la famosa de Sucesi\u00f3n, y aun entonces muy de pasada, con motivo de las dos entradas <i>fugaces<\/i> que hizo el pretendiente archiduque, y de las triunfales que antes y despu\u00e9s de vencerle verific\u00f3 Felipe V, su feliz competidor.\r\n\r\nM\u00e1s importante papel le cupo en el ruidoso mot\u00edn apellidado de las <i>capas y sombreros<\/i> contra el ministro Esquilache, en 23 de Marzo de 1766, como punto central e instintivo de reuni\u00f3n del pueblo, levantado de una manera formidable; pero como la explosi\u00f3n de su ira en aquellos d\u00edas estall\u00f3 hacia otros puntos de la poblaci\u00f3n, verbi gracia, delante de los cuarteles de los guardias walonas, en las plazuelas de Ant\u00f3n Mart\u00edn y de Herradores, y de las casas de los ministros Esquilache y Grimaldi, en las calles de las Infantas y de San Miguel, no figura todav\u00eda la Puerta del Sol en primer t\u00e9rmino en la relaci\u00f3n de aquellas tumultuosas escenas.\r\n\r\nFalt\u00e1bale para ello un punto principal estrat\u00e9gico de ataque y defensa, y \u00e9ste lo recibi\u00f3, acaso sin pensarlo, de manos de Carlos\u00a0III, con la construcci\u00f3n, en 1768, de la nueva <i>casa de Correos<\/i>, que ocupa su frente principal. La magnanimidad de aquel gran monarca, de acuerdo con sus miras generosas e ilustradas, quiso sin duda dotar a Madrid de este y otros considerables edificios destinados \u00fanicamente al servicio p\u00fablico, y para ello mand\u00f3 adquirir toda la manzana, compuesta de treinta y seis casas informes y diminutas, y cometi\u00f3 el encargo de la construcci\u00f3n al ingeniero franc\u00e9s D. Jaime Marquet, el cual la emprendi\u00f3 y llev\u00f3 a cabo con la solidez y elegancia que hoy ostenta. Pero la suspicacia del Conde de Aranda, capit\u00e1n general y gobernador del Consejo, y sus recuerdos del pasado mot\u00edn, le hicieron comprender que esta construcci\u00f3n, en sitio semejante, ten\u00eda, o deb\u00eda tener, gran importancia militar, y <i>se empe\u00f1\u00f3<\/i> en que en \u00e9l hab\u00eda de colocarse un gran <i>cuerpo de guardia principal<\/i> o <i>de prevenci\u00f3n<\/i>; para lo cual, contrariando los planes del arquitecto, hizo destinar a \u00e9l la planta de la derecha, precisamente en donde aquel colocaba la caja de la escalera, que qued\u00f3 de este modo oculta, peque\u00f1a y poco conveniente al resto del edificio. Desde el momento en que \u00e9ste qued\u00f3 concluido, y colocada la gran guardia en \u00e9l, tom\u00f3 esta c\u00e9lebre plaza la importancia que despu\u00e9s La desplegado en diversas ocasiones.\r\n\r\nMuchos a\u00f1os tard\u00f3, por fortuna, en apercibirse de ello, y en los largos reinados de Carlos\u00a0III y Carlos IV s\u00f3lo figur\u00f3 con festivo aparato en las solemnes ocasiones de nacimientos, entradas o bodas de personas Reales, decorando lo mejor posible la modesta fachada del Buen Suceso, su extra\u00f1a fuente y la elegante casa de Correos.\r\n\r\nPero vino un d\u00eda, un d\u00eda terrible y se\u00f1alado en los fastos modernos de Madrid, el d\u00eda <i>2 de Mayo<\/i> de 1808, en (me este pueblo se alz\u00f3 heroico contra el osado conquistador de Europa. Aquel memorable d\u00eda recibi\u00f3 la Puerta del Sol su bautismo de sangre; aquel d\u00eda sirvi\u00f3 de teatro a uno de los m\u00e1s cruentos episodios de su tragedia. Vi\u00f3se en \u00e9l la desigual lucha de los vecinos de Madrid, indefensos, arrojados y temerarios, con el cuerpo de caballer\u00eda francesa denominado los <i>mamelucos<\/i>, por el traje oriental que vest\u00edan; vi\u00f3se all\u00ed a los <i>chisperos<\/i> del Barquillo y Maravillas, a las <i>manolas<\/i> del Lavapi\u00e9s, acometer cuerpo a cuerpo, armados de sus navajas, a las formidables falanges vencedoras en las Pir\u00e1mides y Austerlitz; vi\u00f3seles introducirse en sus filas o entre las piernas de los caballos, abalanzarse a los jinetes, y atacar a unos y otros con sus navajas y estoques, terciadas las capas y las mantillas, y caer envueltos con ellos en un lago de sangre; mientras que otros, desde los balcones de las casas, desde las esquinas de las calles, disparaban contra los <i>mamelucos<\/i> las pistolas y escopetas que hab\u00edan arrancado de casa de los armeros. Extinguida la luz de tan sangriento d\u00eda, oy\u00f3se en aquel sitio mismo el terrible estampido del plomo vengador y el angustioso \u00a1ay! de las v\u00edctimas moribundas, inmoladas por el franc\u00e9s en el patio del Buen Suceso. La Comisi\u00f3n militar formada por Murat y presidida por Grouchy para juzgar breve y sumariamente, o para sacrificar, mejor dicho, a todos los paisanos aprehendidos, se hallaba reunida en la casa de Correos, y de all\u00ed part\u00edan a cada momento las \u00f3rdenes de <i>juego<\/i> a los diversos piquetes que arrastraban a la muerte a las v\u00edctimas en el Buen Suceso, en el Prado y en la Monta\u00f1a del Pr\u00edncipe P\u00edo.\r\n\r\nBien diferente aspecto present\u00f3 la Puerta del Sol cuatro a\u00f1os despu\u00e9s, el d\u00eda 12 de Agosto de 1812, en que, alejados de Madrid los franceses, a consecuencia de la batalla de Salamanca, recibi\u00f3 en sus muros al ej\u00e9rcito aliado anglo-hispano-portugues, al mando de lord Arturo Wellesley, duque de <i>Wellington<\/i> y de Ciudad-Rodrigo. Recordamos como entre sue\u00f1os, como la primera impresi\u00f3n de nuestra tierna infancia, el espect\u00e1culo indescriptible y m\u00e1gico que ofrec\u00eda la Puerta del Sol en el momento que el c\u00e9lebre Wellington, a la cabeza del ej\u00e9rcito, pis\u00f3 su recinto, recibiendo en ella la m\u00e1s entusiasta y sincera ovaci\u00f3n que pudo ofrecerse a vencedor alguno, por aquel pueblo, algunas horas antes p\u00e1lido, extenuado, moribundo a impulsos del hambre y la miseria, y en aquel d\u00eda y en aquel momento restablecido, vivificado y delirante de entusiasmo, de valor y de alegr\u00eda.\r\n\r\nDos d\u00edas despu\u00e9s alz\u00e1base un tablado en la Puerta del Sol, y la autoridad superior de Madrid proclamaba y le\u00eda en alta voz la <small>CONSTITUCI\u00d3N POL\u00cdTICA DE LA MONARQU\u00cdA ESPA\u00d1OLA<\/small>, promulgada por las Cortes generales de C\u00e1diz en 19 de Marzo de aquel mismo a\u00f1o; pero dos a\u00f1os m\u00e1s tarde, al regreso de Fernando\u00a0VII de su cautiverio, fue quemada esta propia constituci\u00f3n por aquel mismo pueblo que poco antes la hab\u00eda jurado de todo coraz\u00f3n sin entenderla.\r\n<p class=\"ilustrafull\"><img alt=\"\" src=\"http:\/\/www.publiconsulting.com\/wordpress\/madridantiguo\/wp-content\/uploads\/sites\/69\/2018\/03\/20.jpg\" \/><\/p>\r\n<p class=\"ilustrafull\"><img alt=\"\" src=\"http:\/\/www.publiconsulting.com\/wordpress\/madridantiguo\/wp-content\/uploads\/sites\/69\/2018\/03\/21.jpg\" \/><\/p>\r\nDe aqu\u00ed datan los diversos <i>triunfos caseros<\/i> con que dicho monarca regocij\u00f3 a la Puerta del Sol. En ellos se vio adornada con arcos y templetes, m\u00e1s o menos extravagantes, engalanada con inscripciones m\u00e1s o menos po\u00e9ticas o prosaicas, debidas a la tierna musa del poeta oficial Arriaza o al sincero patriotismo del <i>sombrerero Abrial<\/i> o del librero <i>D.\u00a0Diego Rabad\u00e1n<\/i>.\r\n\r\nEntre todas estas entradas o aclamaciones, no hay que lindar que la m\u00e1s se\u00f1alada por el regocijo p\u00fablico, espont\u00e1neo, inmenso, del vecindario, fue la primera verificada por Fernando en 14 de Mayo de 1814. Renov\u00f3se, aunque no con tanta suntuosidad, en 28 de Setiembre de 1816, a la entrada de la princesa do\u00f1a Mar\u00eda Isabel de Braganza, segunda esposa de Fernando, y a la de la tercera, Mar\u00eda Josefa Amalia de Sajonia, en 1819.\r\n\r\nPero sucedi\u00f3 a poco el levantamiento del ej\u00e9rcito de la Isla, en 1820, y la jura de la Constituci\u00f3n por Fernando\u00a0VII, y la Puerta del Sol cambi\u00f3 de papel. De plaza cortesana, de sitio oficial de proclamaciones y festejos, pas\u00f3 a ser el gran teatro de la vida p\u00fablica; el <i>forum matritense<\/i> de los tribunos populares: el Capitolio de los h\u00e9roes de circunstancias. En ella recibieron su patri\u00f3tica ovaci\u00f3n, su corona triunfal, los caudillos de la isla de Le\u00f3n, <i>Riego, Quiroga<\/i> y <i>Arco Ag\u00fcero<\/i>; a ella convergi\u00f3 la energ\u00eda y el valor revolucionario de las masas populares en sus frecuentes asonadas, que sal\u00edan casi diariamente armadas de punta en blanco de los vecinos <i>clubs<\/i>-caf\u00e9s de <i>Lorenzini<\/i> y la <i>Fontana de Oro<\/i>. A ella, por consecuencia, tuvo tambi\u00e9n que acudir la fuerza represiva del Gobierno, desplegando en su recinto gran lujo de tropas y ca\u00f1ones en muchos de aquellos d\u00edas, y se\u00f1aladamente en 7 de Setiembre de 1820, 28 de Febrero y 4 de Mayo de 1821, 7 de Julio de 1822, en cuyo d\u00eda se dio la c\u00e9lebre acci\u00f3n de la Plaza entre la Milicia Nacional y la Guardia Real, y luego, en 20 de Enero y 20 de Mayo de 1823, en que se acercaron los realistas a las puertas de Madrid. Ocupada la capital en 24 de Mayo por el ej\u00e9rcito franc\u00e9s al mando del Duque de Angulema, y libre en fin Fernando, en 1.\u00ba de Octubre, del gobierno constitucional refugiado en C\u00e1diz, volvi\u00f3 a sus triunfos acostumbrados, primero sobre los liberales a su regreso a Madrid en 13 de Noviembre de 1823, pasando por bajo de los arcos de Tito y de Trajano, y luego contra los carlistas, a su vuelta de Catalu\u00f1a en 1828. Por \u00faltimo, en 13 de Diciembre de 1829 dio a la Puerta del Sol un espl\u00e9ndido espect\u00e1culo con el recibimiento solemne de la cuarta y \u00faltima esposa de Fernando, do\u00f1a <i>Mar\u00eda Cristina<\/i>, a quien acompa\u00f1aban sus padres los reyes de las Dos Sicilias, y que recib\u00eda con gran copia de esperanza y entusiasmo la triste y desventurada Espa\u00f1a. Entonces fue cuando cubri\u00f3 Mariblanca su extravagante fuente con un suntuoso templete del g\u00e9nero cl\u00e1sico-fastidioso, sobremontado en las cuatro esquinas con las estatuas de <i>Col\u00f3n, Hern\u00e1n Cort\u00e9s, Pizarro<\/i> y <i>Sebasti\u00e1n Elcano<\/i>, y rematando, a guisa de tapadera, con un globo transparente del peor efecto posible.\r\n\r\nRenov\u00e1ronse este regocijo p\u00fablico y demostraciones municipales en 10 de Octubre de 1830, al nacimiento de la princesa <i>do\u00f1a Isabel<\/i>, hoy <i>reina de Espa\u00f1a<\/i>, en que se estren\u00f3 por primera vez en Madrid el gas en la iluminaci\u00f3n en la Puerta del Sol y calles adyacentes, y en el decorado de la fachada del Buen Suceso; y posteriormente, en 20 de Junio de 1833, con ocasi\u00f3n de la solemne jura de esta se\u00f1ora como princesa de Asturias en el templo de San Jer\u00f3nimo.\r\n\r\nMuerto Fernando en el mismo a\u00f1o, e inaugurado el nuevo reinado bajo la gobernaci\u00f3n de la reina madre do\u00f1a Mar\u00eda Cristina, estall\u00f3 la guerra civil y la revoluci\u00f3n pol\u00edtica, y para colmo de desgracias, hasta el funesto <i>c\u00f3lera morbo<\/i>, que dio lugar o pretexto a la horrorosa escena de 17 de Julio de dicho a\u00f1o, en que el populacho atac\u00f3 los conventos de San Francisco, la Merced, los Jesuitas y otros, y asesin\u00f3 a muchos religiosos bajo el absurdo pretexto de que estaban envenenadas por ellos las aguas de las fuentes, como as\u00ed intentaba probarlo una turba de asesinos en la de la Puerta del Sol. Ocho d\u00edas despu\u00e9s de aquel espantoso cuadro atravesaba aquel sitio Mar\u00eda Cristina, radiante de juventud, de grandeza y de hermosura, para ir a abrir en persona por la primera vez las <i>Cortes del Reino<\/i>, convocadas por <i>estamentos<\/i>, en la antigua iglesia del Esp\u00edritu Santo.\r\n\r\nOtra turbulencia, promovida por el alzamiento de algunas compa\u00f1\u00edas de tropa, se represent\u00f3 en Enero siguiente, tambi\u00e9n en la Puerta del Sol, siendo su teatro la casa de Correos, y su desdichada v\u00edctima el capit\u00e1n general don Jos\u00e9 Canterac, que fue muerto a sus puertas. M\u00e1s formidable a\u00fan la insurrecci\u00f3n de la Granja, en 1836, tuvo tambi\u00e9n r\u00e1pido eco en la Puerta del Sol, de donde sali\u00f3 el capit\u00e1n general Quesada para ser sacrificado en Hortaleza, a las puertas de Madrid.\r\n\r\nContinuaron las alarmas y alardes militares en este a\u00f1o y el siguiente con motivo de la aproximaci\u00f3n de las huestes de D.\u00a0Carlos, y aun despu\u00e9s del convenio de Vergara, en el famoso pronunciamiento de 1.\u00ba de Setiembre de 1840, que dio por resultado la abdicaci\u00f3n y marcha de la Reina madre y la regencia del general Espartero. En Julio de 1843, a la defensa intentada por la Milicia Nacional de las tropas levantadas contra el Regente por el general Narv\u00e1ez; en la intentona republicana de 18-48, de que fue igualmente v\u00edctima, en este mismo sitio, el capit\u00e1n general Fulgosio (y era el tercero de los capitanes generales); \u00faltimamente, en el levantamiento o <i>revoluci\u00f3n<\/i> de Julio de 1854, y en su terrible represi\u00f3n a los dos a\u00f1os en iguales d\u00edas de 1856, siempre la Puerta del Sol ha figurado en primer t\u00e9rmino, con su casa fuerte de Correos, con sus barricadas, sus ca\u00f1ones, sus tropas y sus caudillos militares y paisanos.\r\n\r\nEn ella se ha verificado casi siempre el desenlace de todos los sangrientos dramas que forman el tejido de nuestra historia contempor\u00e1nea, y de este punto fat\u00eddico, providencial, centro de <i>todas las carreteras del reino<\/i>, han partido tambi\u00e9n los correos, los telegramas, las \u00f3rdenes terminantes para todos los cambios pol\u00edticos del pa\u00eds.\r\n\r\nCon estos tr\u00e1gicos episodios han alternado tambi\u00e9n en los \u00faltimos a\u00f1os otros suntuosos regocijos; ha visto levantarse en su centro monumentos, columnas, arcos y obeliscos, ya al regente Espartero en 1840, ya a Mar\u00eda Cristina a su vuelta en 1844, ya, en fin, con ocasi\u00f3n de los regios enlaces de S.\u00a0M. do\u00f1a Isabel II y la Seren\u00edsima Infanta en 10 de Octubre de 1846. En esta ocasi\u00f3n fue cuando se vio cubierta la fachada del Buen Suceso de un elegante p\u00f3rtico y columnata, a semejanza de la del Pante\u00f3n.\r\n\r\nPor \u00faltimo, con menos preparaci\u00f3n artificial, a\u00faneme con el fuego que imprime el amor patrio sobre todos los objetos que anima, salud\u00f3 Madrid en la ma\u00f1ana del 7 de Febrero de 18601a bandera nacional, que por <i>\u00fanica demostraci\u00f3n<\/i> brillaba en lo alto de la antigua casa de Correos, hoy <i>Ministerio de la Gobernaci\u00f3n<\/i>, al mismo tiempo que ondeaba victoriosa sobre los muros de <i>Tetu\u00e1n<\/i>.\r\n\r\nPero a vuelta de estos episodios m\u00e1s o menos tr\u00e1gicos o sublimes, \u00bfqu\u00e9 es la Puerta del Sol en su estado normal, en su vida \u00edntima, prosaica, vulgar y cotidiana? Ya lo hemos dicho: es el coraz\u00f3n, el n\u00facleo de la vitalidad y animaci\u00f3n de la poblaci\u00f3n cortesana. A \u00e9l van a convergir, por las diez o m\u00e1s arterias de las callos principales que la rodean, todos los movimientos, todos los intereses, todos los instintos y aspiraciones de este pueblo numeroso. El noticiero intrigante o simplemente hablador, que sue\u00f1a con las peripecias pol\u00edticas, con las guerras y los cataclismos, acude a formar corro con otros semejantes en que satisfacer su sed de sensaciones, sus simpat\u00edas o su curiosidad; el magnate que cruza en su carroza en direcci\u00f3n a Palacio; el funcionario que acude a su oficina; el diputado que se dirige al Parlamento; todos hacen paso por este sitio, siquiera no sea m\u00e1s que para observar <i>qu\u00e9 cariz presenta<\/i> la <i>Puerta del Sol<\/i>, y augurar por los grupos raros o numerosos el mayor o menor peligro de la situaci\u00f3n pol\u00edtica, la probabilidad de la paz o de la guerra, del triunfo de las elecciones, de la derrota parlamentaria o de la crisis ministerial. El hombre del pueblo, el negociante, el industrial, van all\u00ed a informarse por la voz p\u00fablica de la alza o de la baja de los fondos, de las quiebras <i>aseguradas<\/i>, de los seguros <i>quebrados<\/i>, del valor <i>fabuloso<\/i> de las minas aur\u00edferas descubiertas la noche anterior por una sociedad explotadora en el pr\u00f3ximo caf\u00e9. El obrero, el ganap\u00e1n, el hombre <i>para todo<\/i>, que para nada sirve, vienen all\u00ed en demanda de parroquianos o de acomodo: la murga de bombo y platillos, en averiguaci\u00f3n de gracias, de bodas o bautizos, para correr a felicitar a los dichosos: el <i>m\u00fasico festero<\/i>, contratista por mayor de <i>salves<\/i> o <i>r\u00e9quiem<\/i> a toda orquesta, ajusta con los mu\u00f1idores de las cofrad\u00edas los solemnes entierros en las parroquias, o las fiestas patronales de Vallecas o Carabanchel. El corredor a pie quieto ofrece all\u00ed sus <i>primas<\/i> a los primos advenedizos; el vividor par\u00e1sito <i>cata caldos y panza al trote<\/i> (<i>pique assiette<\/i>, que dicen los franceses, <i>caballero del milagro<\/i>, como antiguamente se decia por los espa\u00f1oles) andan a caza de gangas a quien agasajar y servir; y el prestidigitador aficionado, el <i>tomador del dos<\/i> y el ratero incipiente ejercen en p\u00fablico sus escamoteos con una destreza capaz de desesperar a los Hermanas y Macallister.\r\n\r\nCruza brujuleando entre todos estos grupos animados el diligente periodista, abeja literaria que liba en ellos la miel o sustancia de su pr\u00f3xima <i>gacetilla<\/i>; el apasionado <i>dilettante<\/i>; el amigo del autor en <i>capilla<\/i>, encargado de <i>crear atm\u00f3sfera<\/i>, de preparar la opini\u00f3n en pro de la <i>prima donna<\/i> que aquella noche ha de <i>debutar<\/i> en el Real; del drama que en la siguiente ha de darse a luz en el Pr\u00edncipe; el taur\u00f3maco que sostiene en su c\u00edrculo especial, compuesto de <i>gente crua<\/i>, la importante tesis de la pr\u00f3xima estocada de <i>C\u00fachares<\/i>, o la incongruencia del <i>Tato<\/i> en su \u00faltimo <i>volapi\u00e9<\/i>. Todo esto amenizado con el estridente chillido del muchacho que pregona la <i>Correspondencia<\/i> o la <i>Discusi\u00f3n<\/i>; del pilluelo que entona los <i>premios de la loter\u00eda<\/i>; del mendigo que os ofrece <i>diez mil duros<\/i> al contado en un billete de la pasada extracci\u00f3n; del vendedor de <i>f\u00f3sforos y calendarios<\/i>, propagadores de las luces, y de libritos de papel de Alcoy; del limpiabotas que os arrima el banquillo sin pretenderlo y hace ademan de apoderarse de vuestro pie; del barbero ambulante que os tropieza, con su jarro y escudilla; de la aguadora que os brinda con agua y panales; del horchatero valenciano, o del que por cuatro cuartos pregona su enigm\u00e1tico caf\u00e9.\r\n\r\nHay quien ocupa cuatro o seis horas diarias en revistar minuciosamente el progreso de las obras del ensanche; otros las emplean con m\u00e1s utilidad en recorrer uno por uno los mil o m\u00e1s retratos-tarjetas expuestos a las puertas de los fot\u00f3grafos; quien pasa y detiene a todos los transe\u00fantes para hablar a un conocido y preguntarle con el m\u00e1s vivo inter\u00e9s \u00ab\u00bfa d\u00f3nde va por all\u00ed?\u00bb, o para decirle \u00abque hace calor\u00bb; quien forma sus delicias en echar los dobles lentes a la <i>Quevedo<\/i> a todos los agraciados rostros, a todas las breves plantas femeniles que, incesantemente renovadas, <i>hacen paso<\/i> por aquellas losas en direcci\u00f3n a las tiendas de las calles de Postas o de Espoz y Mina, a la misa de San Luis o los Italianos, a los paseos del Prado o del Retiro. Alguno, m\u00e1s intencionado, persigue con tenacidad a una de esas estrellas del s\u00e9timo cielo (l\u00e9ase <i>piso<\/i>) que toma (acaso por huirle) una berlina de plaza y se mete en ella, sin reparar \u00a1la cuitada! que el cochero, o indiscreto o descuidado, olvid\u00f3 bajar el bander\u00edn que denuncia su graciosa tripulaci\u00f3n con el infamante \u00abse alquila\u00bb.\r\n\r\nAqu\u00ed un buen mozo provincial, un Apolo trashumante, se pasea entonado por la ancha acera para exhibir sus gracias delante de todos los grupos, y al paso por todos les espejos de las puertas se mide y se tasa con exquisita fruici\u00f3n; m\u00e1s all\u00e1 una respetable mam\u00e1 (casco averiado contempor\u00e1neo de Trafalgar) hace rumbo al Prado, precedida de dos pimpollos maravillosamente bellos, que van causando estragos en la api\u00f1ada muchedumbre, que las abre paso con sorpresa y admiraci\u00f3n. Ni falta tampoco grupo de antiguos veteranos disfrazados de paisanos, que entre las humaradas del habano de diez maravedises, que aspiran con heroica resignaci\u00f3n, juran y reniegan contra lo presente y contra lo futuro, encomiando s\u00f3lo lo pasado (que son ellos), o hacen estallar su ira al ver cruzar, por ejemplo, a un mancebo que sirvi\u00f3 de teniente a sus \u00f3rdenes en la guerra de Catalu\u00f1a y hoy luce la faja de general; ni joven estudiante o literato modesto, que cargado de libros, de vuelta de su Instituto o Biblioteca, reniega, de ambos al ver cruzar en brillante carroza a un su condisc\u00edpulo, ministro o cosa tal, que lanzado a la pol\u00edtica sublime en alas de su osad\u00eda, dio punto a sus estudios literarios, forenses o cient\u00edficos, se vino a la Puerta del Sol, cambi\u00f3 de carrera y penetr\u00f3 audaz por la que se le ofrec\u00eda a la vista, por la <i>Carrera de San Jer\u00f3nimo<\/i>, que es la que gu\u00eda al moderno <i>Capitolio<\/i>, al aura popular, al poder y la fortuna.\r\n\r\n<i>La Puerta del Sol<\/i> es, pues, el laboratorio pol\u00edtico-cortesano, econ\u00f3mico-social, cient\u00edfico y literario de Madrid: la gran f\u00e1brica de las reputaciones hist\u00f3ricas, pol\u00edticas, militares y financieras del pa\u00eds; el horno donde se amasan sus grandes nombres, sus intereses p\u00fablicos y privados; la escena en la que se trazan y desenlazan las peripecias de su historia, las intrigas de su vida \u00edntima y social. Por eso no debe extra\u00f1arse que el anhelo de todo espa\u00f1ol que intente elevarse en el teatro cortesano sea el de instalarse, desplegarse y brillar en persona o mentalmente en este sitio; que los viajeros extranjeros que escribieron de nuestro pa\u00eds le consagren tomos enteros<a href=\"http:\/\/www.publiconsulting.com\/wordpress\/madridantiguo\/back-matter\/notas\/#nt185\" id=\"rf185\"><sup>[185]<\/sup><\/a>; que los escritores ind\u00edgenas emblematicen en \u00e9l el Madrid moderno, y que los peregrinos y viandantes, de que habl\u00e1bamos al principio de este cap\u00edtulo, se citen y emplacen desde los m\u00e1s remotos climas para la Puerta del Sol.\r\n\r\nY aqu\u00ed el lector habr\u00e1 de disimular al autor de esta obrita, que extralimit\u00e1ndose de su prop\u00f3sito de pasear en ella por el <i>Madrid antiguo<\/i>, haya hecho en el presente cap\u00edtulo una doble excursi\u00f3n en el moderno, y en el estilo humor\u00edstico propio de la ya olvidada pluma del Curioso Parlante, que tan mal dice con la fr\u00eda y mesurada gravedad de la narraci\u00f3n hist\u00f3rica.","rendered":"<p>El orden de nuestro paseo por el Madrid hist\u00f3rico nos conduce por segunda vez al sitio famoso, conf\u00edn oriental un tiempo de la antigua villa, hoy centro privilegiado de la moderna; lazo de uni\u00f3n hist\u00f3rica y topogr\u00e1fica entre una y otra \u00e9poca; foco de donde irradia la grande estrella que en derredor suyo fueron formando con la serie de los siglos las principales calles o arterias de la poblaci\u00f3n en sus diversas amplitudes, para atravesarla luego en todas direcciones hasta sus \u00faltimos confines.<\/p>\n<p>En su lugar dijimos ya que, cuando la segunda ampliaci\u00f3n (verificada, seg\u00fan se cree, hacia el final del siglo\u00a0<small>XIII<\/small>), quedaron comprendidos dentro de la nueva tapia o cerca los arrabales de <i>San Mart\u00edn, San Gines<\/i> y <i>Santa Cruz<\/i>; la puerta de Guadalajara avanz\u00f3 hasta este sitio el ingreso oriental de la villa, continuando la tapia que ven\u00eda desde Santo Domingo por donde hoy corren las calles de los Preciados y del Carmen, a salir a este anchuroso espacio, comprendido entre los olivares y el arrabal de San Gines.<\/p>\n<p>Parece que en esta tapia, y dando frente al camino o carrera despu\u00e9s llamada de San Jer\u00f3nimo, hubo de abrirse un postigo cuja colocaci\u00f3n y forma nos son desconocidos; pero que, seg\u00fan algunas indicaciones, sospechamos que pudo ser como al medio de la plaza actual, entre las calles posteriores de las Carretas y la Montera, y mirando a dicha Carrera, que era entonces, como queda dicho, un camino que guiaba a dicho monasterio y a las ermitas de Atocha, San Juan, Santa Polonia y otras, y ten\u00eda a su izquierda los ya dichos olivares de Alcal\u00e1 y el camino de Hortaleza, con sus ermitas de San Luis y Santa B\u00e1rbara, y a su derecha las modestas casas del arrabal de Santa Cruz.<\/p>\n<p>Al principio de dicha Carrera, a la parte fuera de la poblaci\u00f3n, y con ocasi\u00f3n de la gran peste de 1438, fund\u00f3se un hospital para el socorro y curaci\u00f3n de los contagiados, el cual fue reconstruido, en 1529, por el emperador Carlos\u00a0V, y erigido en <i>Hospital Real de Corte<\/i>, para la cura de los soldados y la servidumbre de la casa Real. Este hospital, con su iglesia, sitos en el ya dicho camino fuera de la Puerta del Sol, es el que ha permanecido en pie hasta estos \u00faltimos a\u00f1os, en que ha sido derribado para el ensanche el hospital e iglesia del <i>Buen Suceso<\/i><a href=\"http:\/\/www.publiconsulting.com\/wordpress\/madridantiguo\/back-matter\/notas\/#nt182\" id=\"rf182\"><sup>[182]<\/sup><\/a>.<\/p>\n<p>El maestro Juan L\u00f3pez de Hoyos, celoso e ilustrado escritor madrile\u00f1o, aunque cr\u00e9dulo y fan\u00e1tico encomiador de sus antig\u00fcedades, en sus dos curios\u00edsimos libros descriptivos de la <i>enfermedad, tr\u00e1nsito y exequias de la reina do\u00f1a Isabel de Valois y del recibimiento de la reina do\u00f1a Ana de Austria<\/i>, a vueltas de tantas f\u00e1bulas mitol\u00f3gicas o heroicas relativas a la historia de esta villa, mis armas y blasones, consign\u00f3 algunos, aunque escasos, datos contempor\u00e1neos a \u00e9l, y referentes a sus diversas localidades: y esta parte, que sin duda era la accidental y que miraba acaso el autor como superflua en su narraci\u00f3n, es la que hoy, despu\u00e9s de tres siglos, se ha hecho la m\u00e1s interesante del libro, por ser aqu\u00e9llos los m\u00e1s antiguos que se conservan de los impresos referentes a Madrid.<\/p>\n<p>Dice, pues, en el segundo de dichos libros, escritos en 1570 y refiri\u00e9ndose a la <i>Puerta del Sol<\/i>, lo siguiente: \u00abLlegando (la reina do\u00f1a Ana) cerca del monasterio de Nuestra Se\u00f1ora de la Victoria, que es de frailes de la Orden de los m\u00ednimos, junto al Hospital Real de esta Corte, se le ofreci\u00f3 un arco exquisitamente fabricado y medianamente elegido\u2026 Este se fabric\u00f3 en un lunar harto despacioso, que llaman la Puerta del Sol; \u00e9sta tuvo este nombre por dos razones: la primera, porque est\u00e1 ella a oriente, y en naciendo el sol parece ilustrar y desparcir sus rayos por aquel espacio; la segunda, porque cuando en Espa\u00f1a hubo aquellos alborotos, que com\u00fanmente llaman las Comunidades, este pueblo, por tener guardado su t\u00e9rmino de los bandoleros y comuneros, hizo un foso en contorno de toda esta parte del pueblo y fabric\u00f3 un castillo, en el cual pusieron un sol encima de la puerta, que era el com\u00fan tr\u00e1nsito y entrada de Madrid. Y despu\u00e9s de la pacificaci\u00f3n y quietud de estos reinos, por lo mucho que el invict\u00edsimo emperador Carlos\u00a0V, rey de Espa\u00f1a, nuestro se\u00f1or, trabaj\u00f3 en allanar los agrandes tumultos y pacificar todos los reinos de Espa\u00f1a, este castillo y puerta se derrib\u00f3 para ensanchar y desenfadar una tan principal salida\u00bb.<\/p>\n<p>Esta es, pues, la primera noticia <i>escrita<\/i> que encontramos de este sitio en los historiadores matritenses, y la primera vez tambi\u00e9n que hallamos estampado el po\u00e9tico nombre que, a pesar de haber desaparecido su objeto, y del trascurso de los siglos, le qued\u00f3 para siempre vinculado.<\/p>\n<p><i>\u00a1La Puerta del Sol!<\/i> \u00bfqu\u00e9 madrile\u00f1o (decimos mal), qu\u00e9 espa\u00f1ol, aunque se halle en un extremo del reino o en las m\u00e1s apartadas regiones del globo, no se siente interesado, conmovido, al recuerdo de este nombre; no se complace con la idea de visitar alg\u00fan d\u00eda este c\u00e9lebre sitio?<\/p>\n<p>Dos viajeros de nuestro pa\u00eds, encontr\u00e1ndose en los animados <i>boulevares<\/i> parisienses o en las solitarias y \u00e1speras cordilleras de los Andes; en las ruinas de Roma o en las nebulosas m\u00e1rgenes del T\u00e1mesis; \u00bfpara d\u00f3nde se dar\u00e1n cita despu\u00e9s de sus lejanas expediciones, o en qu\u00e9 punto privilegiado de su patria desear\u00e1n volverse a hallar? No hay que dudarlo: en la <i>Puerta del Sol<\/i>; en este centro vital de la corte de Espa\u00f1a, en este emporio de su moderna historia, de su civilizaci\u00f3n y de su poes\u00eda.<\/p>\n<p>Tal preeminencia jer\u00e1rquica entre todos los sitios de Madrid, ya vemos, sin embargo, que no es antigua. En los siglos anteriores al\u00a0<small>XVI<\/small>, la vitalidad, el nervio de la poblaci\u00f3n converg\u00eda hacia la plaza de <i>San Salvador<\/i>, hoy de la <i>Villa<\/i>, la puerta de <i>Guadalajara<\/i> y la <i>Plaza Mayor<\/i>, como queda dicho en sus cap\u00edtulos respectivos. Aun despu\u00e9s de la \u00faltima ampliaci\u00f3n, que coloc\u00f3 en la Puerta del Sol el punto central de la nueva villa, tard\u00f3 m\u00e1s de un siglo en robar a aquella \u00faltima su preferencia, y tanto, que si recorremos todos los escritores del siglo <small>XVII<\/small>, as\u00ed historiadores como novelistas, dram\u00e1ticos y poetas, apenas hallaremos menci\u00f3n do este sitio, o s\u00f3lo le veremos apuntado por incidencia al tratar de las rom\u00e1nticas y vecinas <i>ruas<\/i> o paseos de los coches por la calle Mayor, o del bullicioso <i>mentidero<\/i> de las <i>Gradas de San Felipe<\/i>. Pero a medida que fue aumentando en importancia la parte nueva al Oriente y Norte de la poblaci\u00f3n, y compartiendo con las otras la animaci\u00f3n del comercio y el movimiento de la vida, fue enalteci\u00e9ndose la fama de la Puerta del Sol, hasta tal punto, que hoy su nombre ha llegado a ser el emblema del <i>Madrid moderno<\/i>, y los anales de esta villa en los dos \u00faltimos siglos se confunden o resumen en los de esta c\u00e9lebre plaza.<\/p>\n<p>As\u00ed, pues, para indicarlos, siquiera sea de pasada, habremos necesariamente de hacer una excursi\u00f3n hist\u00f3rica hasta los presentes tiempos, apart\u00e1ndonos de aquel a que m\u00e1s especialmente hemos consignado nuestros recuerdos en este libro; pero antes de proceder a esta ojeada hist\u00f3rico-moderna, vamos a recordar lo que era la Puerta del Sol hasta fines del siglo \u00faltimo, y aun lo que ha continuado siendo, en gran parte, hasta la demolici\u00f3n total emprendida estos \u00faltimos a\u00f1os para su ensanche.<\/p>\n<p>Esta plaza, o m\u00e1s bien espaciosa encrucijada de las diversas calles principales de la poblaci\u00f3n, presentaba la figura, que todos recordamos, de un prolongado trapecio, y se hallaba dominada en su frente principal, entre las calles de Alcal\u00e1 y San Jer\u00f3nimo, por la modesta fachada de la iglesia del <i>Buen Suceso<\/i>, la cual, antes de la ocupaci\u00f3n francesa, estaba algo m\u00e1s decorada y ten\u00eda una peque\u00f1a lonja o atrio con verjas de hierro. Delante de ella estaba la famosa fuente <i>churrigueresca<\/i>, obra del c\u00e9lebre D.\u00a0Pedro Rivera, de principios del siglo pasado, y que reemplaz\u00f3 a otra no menos extravagante hemos de creer a la vista de ella que estampa \u00c1lvarez Cort\u00e1zar en la obra titulada <i>Annales d\u2019Espagne et de Portugal<\/i>. Una y otra estuvieron coronadas por la estatua de Venus, no la Medicea, de P\u00e1fos o de Cit\u00e9res, sino la c\u00e9lebre <i>Mariblanca<\/i>, que hoy yace relegada a la plazuela de las Descalzas; y en el costado de la derecha, a la parte del convento de la Victoria, estaban los <i>cajones de la fruta<\/i>, como as\u00ed vemos terminantemente en los t\u00edtulos de las casas fronteras. \u00c9stas, en todo el recinto de la plaza, eran tan informes y mezquinas, que la mayor parte de ellas no median m\u00e1s que seis u ochocientos pies superficiales, y ten\u00edan uno solo o dos balcones en cada piso, aunque \u00e9stos sol\u00edan elevarse al cuarto o quinto piso por medio de unas empinad\u00edsimas escaleras, casi inaccesibles, y que arrancaban a flor de calle de unas aberturas cavernosas, hediondas y l\u00f3bregas, que hac\u00edan las veces de portal. Las tiendas o comercios de los <i>mercaderes de la seda<\/i>, de <i>pa\u00f1os<\/i> y de <i>librer\u00eda<\/i>, que disputaban a aqu\u00e9llos el breve espacio de la fachada, ten\u00edan sus mostradores de la misma f\u00e1brica, hasta la embocadura de la puerta, y estaban decoradas por todo ornato exterior con alguna efigie de santo o alg\u00fan letrero m\u00e1s o menos b\u00e1rbaro en son de muestra o <i>ense\u00f1a<\/i>. En solo el espacio que ocupa hoy la casa de Correos hab\u00eda treinta y tantas casas, que estrechaban las entradas de las calle de Carretas y de San Felipe. En el frente, entre la Mayor y el Arenal, hab\u00eda una casa con una torrecilla; al costado, las mismas que hemos conocido, con su callejuela en escuadra llamada del <i>Cofre<\/i> o de los <i>Cofreros<\/i> (des <i>Bahutiers<\/i>), con cuyo t\u00edtulo ya dijimos que se halla designada en la donosa historia de Gil Blas<a href=\"http:\/\/www.publiconsulting.com\/wordpress\/madridantiguo\/back-matter\/notas\/#nt183\" id=\"rf183\"><sup>[183]<\/sup><\/a>.<\/p>\n<p>En la manzana de las calles del Carmen y Preciados estaba el \u00fanico edificio de alguna importancia, y era el que ocup\u00f3 anteriormente la casa de Exp\u00f3sitos (la <i>Inclusa<\/i>) hasta que se traslad\u00f3 a la calle del Soldado, y luego al que ahora ocupa; pero la parte de casa que daba a la Puerta del Sol era construcci\u00f3n moderna, y la misma pobreza de decoraci\u00f3n ofrec\u00eda que las otras casas que siguiendo este frente, angostaban las embocaduras de las calles de los Preciados, del Carmen, de la Montera y de Alcal\u00e1.<\/p>\n<p>La importancia topogr\u00e1fica de esta plazuela tampoco deb\u00eda ser gran cosa hasta principios del siglo pasado, pues vemos que en las <i>Ordenanzas de Madrid<\/i>, publicadas por D.\u00a0Teodoro Ardemans en 1720, se da el valor de 12 reales a cada pie de sitio en la Puerta del Sol<a href=\"http:\/\/www.publiconsulting.com\/wordpress\/madridantiguo\/back-matter\/notas\/#nt184\" id=\"rf184\"><sup>[184]<\/sup><\/a>, al paso que se tasa en 80 y m\u00e1s en la Plaza Mayor. En cuanto a su condici\u00f3n social, no era m\u00e1s que punto de reuni\u00f3n de los apuestos galanes de capa y espada del siglo <small>XVII<\/small>, y posteriormente de las relumbrantes casacas y empolvados pelucones del siguiente; de los <i>currutacos<\/i> y los <i>petimetres<\/i> de principios del actual, que concurr\u00edan all\u00ed simplemente a departir sobre sus aventuras amorosas, a tomar el sol, a sorber un polvo, fumar un cigarro y esperar el \u00faltimo toque de la misa <i>de las dos<\/i> del Buen Suceso. Tambi\u00e9n en los viernes de la Cuaresma sol\u00eda alzarse un p\u00falpito frente a la fachada de esta iglesia, donde predicaban al aire libre los padres encargados de las misiones, con gran edificaci\u00f3n de los asturianos aguadores, que formaban la base del auditorio. Pero tornemos a nuestro recuerdo hist\u00f3rico.<\/p>\n<p>Desde la mencionada guerra de las Comunidades, a principios del siglo\u00a0<small>XVI<\/small>, no vemos figurar para nada en las cr\u00f3nicas pol\u00edticas de Madrid a la Puerta del Sol, hasta dos siglos despu\u00e9s, en la famosa de Sucesi\u00f3n, y aun entonces muy de pasada, con motivo de las dos entradas <i>fugaces<\/i> que hizo el pretendiente archiduque, y de las triunfales que antes y despu\u00e9s de vencerle verific\u00f3 Felipe V, su feliz competidor.<\/p>\n<p>M\u00e1s importante papel le cupo en el ruidoso mot\u00edn apellidado de las <i>capas y sombreros<\/i> contra el ministro Esquilache, en 23 de Marzo de 1766, como punto central e instintivo de reuni\u00f3n del pueblo, levantado de una manera formidable; pero como la explosi\u00f3n de su ira en aquellos d\u00edas estall\u00f3 hacia otros puntos de la poblaci\u00f3n, verbi gracia, delante de los cuarteles de los guardias walonas, en las plazuelas de Ant\u00f3n Mart\u00edn y de Herradores, y de las casas de los ministros Esquilache y Grimaldi, en las calles de las Infantas y de San Miguel, no figura todav\u00eda la Puerta del Sol en primer t\u00e9rmino en la relaci\u00f3n de aquellas tumultuosas escenas.<\/p>\n<p>Falt\u00e1bale para ello un punto principal estrat\u00e9gico de ataque y defensa, y \u00e9ste lo recibi\u00f3, acaso sin pensarlo, de manos de Carlos\u00a0III, con la construcci\u00f3n, en 1768, de la nueva <i>casa de Correos<\/i>, que ocupa su frente principal. La magnanimidad de aquel gran monarca, de acuerdo con sus miras generosas e ilustradas, quiso sin duda dotar a Madrid de este y otros considerables edificios destinados \u00fanicamente al servicio p\u00fablico, y para ello mand\u00f3 adquirir toda la manzana, compuesta de treinta y seis casas informes y diminutas, y cometi\u00f3 el encargo de la construcci\u00f3n al ingeniero franc\u00e9s D. Jaime Marquet, el cual la emprendi\u00f3 y llev\u00f3 a cabo con la solidez y elegancia que hoy ostenta. Pero la suspicacia del Conde de Aranda, capit\u00e1n general y gobernador del Consejo, y sus recuerdos del pasado mot\u00edn, le hicieron comprender que esta construcci\u00f3n, en sitio semejante, ten\u00eda, o deb\u00eda tener, gran importancia militar, y <i>se empe\u00f1\u00f3<\/i> en que en \u00e9l hab\u00eda de colocarse un gran <i>cuerpo de guardia principal<\/i> o <i>de prevenci\u00f3n<\/i>; para lo cual, contrariando los planes del arquitecto, hizo destinar a \u00e9l la planta de la derecha, precisamente en donde aquel colocaba la caja de la escalera, que qued\u00f3 de este modo oculta, peque\u00f1a y poco conveniente al resto del edificio. Desde el momento en que \u00e9ste qued\u00f3 concluido, y colocada la gran guardia en \u00e9l, tom\u00f3 esta c\u00e9lebre plaza la importancia que despu\u00e9s La desplegado en diversas ocasiones.<\/p>\n<p>Muchos a\u00f1os tard\u00f3, por fortuna, en apercibirse de ello, y en los largos reinados de Carlos\u00a0III y Carlos IV s\u00f3lo figur\u00f3 con festivo aparato en las solemnes ocasiones de nacimientos, entradas o bodas de personas Reales, decorando lo mejor posible la modesta fachada del Buen Suceso, su extra\u00f1a fuente y la elegante casa de Correos.<\/p>\n<p>Pero vino un d\u00eda, un d\u00eda terrible y se\u00f1alado en los fastos modernos de Madrid, el d\u00eda <i>2 de Mayo<\/i> de 1808, en (me este pueblo se alz\u00f3 heroico contra el osado conquistador de Europa. Aquel memorable d\u00eda recibi\u00f3 la Puerta del Sol su bautismo de sangre; aquel d\u00eda sirvi\u00f3 de teatro a uno de los m\u00e1s cruentos episodios de su tragedia. Vi\u00f3se en \u00e9l la desigual lucha de los vecinos de Madrid, indefensos, arrojados y temerarios, con el cuerpo de caballer\u00eda francesa denominado los <i>mamelucos<\/i>, por el traje oriental que vest\u00edan; vi\u00f3se all\u00ed a los <i>chisperos<\/i> del Barquillo y Maravillas, a las <i>manolas<\/i> del Lavapi\u00e9s, acometer cuerpo a cuerpo, armados de sus navajas, a las formidables falanges vencedoras en las Pir\u00e1mides y Austerlitz; vi\u00f3seles introducirse en sus filas o entre las piernas de los caballos, abalanzarse a los jinetes, y atacar a unos y otros con sus navajas y estoques, terciadas las capas y las mantillas, y caer envueltos con ellos en un lago de sangre; mientras que otros, desde los balcones de las casas, desde las esquinas de las calles, disparaban contra los <i>mamelucos<\/i> las pistolas y escopetas que hab\u00edan arrancado de casa de los armeros. Extinguida la luz de tan sangriento d\u00eda, oy\u00f3se en aquel sitio mismo el terrible estampido del plomo vengador y el angustioso \u00a1ay! de las v\u00edctimas moribundas, inmoladas por el franc\u00e9s en el patio del Buen Suceso. La Comisi\u00f3n militar formada por Murat y presidida por Grouchy para juzgar breve y sumariamente, o para sacrificar, mejor dicho, a todos los paisanos aprehendidos, se hallaba reunida en la casa de Correos, y de all\u00ed part\u00edan a cada momento las \u00f3rdenes de <i>juego<\/i> a los diversos piquetes que arrastraban a la muerte a las v\u00edctimas en el Buen Suceso, en el Prado y en la Monta\u00f1a del Pr\u00edncipe P\u00edo.<\/p>\n<p>Bien diferente aspecto present\u00f3 la Puerta del Sol cuatro a\u00f1os despu\u00e9s, el d\u00eda 12 de Agosto de 1812, en que, alejados de Madrid los franceses, a consecuencia de la batalla de Salamanca, recibi\u00f3 en sus muros al ej\u00e9rcito aliado anglo-hispano-portugues, al mando de lord Arturo Wellesley, duque de <i>Wellington<\/i> y de Ciudad-Rodrigo. Recordamos como entre sue\u00f1os, como la primera impresi\u00f3n de nuestra tierna infancia, el espect\u00e1culo indescriptible y m\u00e1gico que ofrec\u00eda la Puerta del Sol en el momento que el c\u00e9lebre Wellington, a la cabeza del ej\u00e9rcito, pis\u00f3 su recinto, recibiendo en ella la m\u00e1s entusiasta y sincera ovaci\u00f3n que pudo ofrecerse a vencedor alguno, por aquel pueblo, algunas horas antes p\u00e1lido, extenuado, moribundo a impulsos del hambre y la miseria, y en aquel d\u00eda y en aquel momento restablecido, vivificado y delirante de entusiasmo, de valor y de alegr\u00eda.<\/p>\n<p>Dos d\u00edas despu\u00e9s alz\u00e1base un tablado en la Puerta del Sol, y la autoridad superior de Madrid proclamaba y le\u00eda en alta voz la <small>CONSTITUCI\u00d3N POL\u00cdTICA DE LA MONARQU\u00cdA ESPA\u00d1OLA<\/small>, promulgada por las Cortes generales de C\u00e1diz en 19 de Marzo de aquel mismo a\u00f1o; pero dos a\u00f1os m\u00e1s tarde, al regreso de Fernando\u00a0VII de su cautiverio, fue quemada esta propia constituci\u00f3n por aquel mismo pueblo que poco antes la hab\u00eda jurado de todo coraz\u00f3n sin entenderla.<\/p>\n<p class=\"ilustrafull\"><img decoding=\"async\" alt=\"\" src=\"\/\/www.publiconsulting.com\/wordpress\/madridantiguo\/wp-content\/uploads\/sites\/69\/2018\/03\/20.jpg\" \/><\/p>\n<p class=\"ilustrafull\"><img decoding=\"async\" alt=\"\" src=\"\/\/www.publiconsulting.com\/wordpress\/madridantiguo\/wp-content\/uploads\/sites\/69\/2018\/03\/21.jpg\" \/><\/p>\n<p>De aqu\u00ed datan los diversos <i>triunfos caseros<\/i> con que dicho monarca regocij\u00f3 a la Puerta del Sol. En ellos se vio adornada con arcos y templetes, m\u00e1s o menos extravagantes, engalanada con inscripciones m\u00e1s o menos po\u00e9ticas o prosaicas, debidas a la tierna musa del poeta oficial Arriaza o al sincero patriotismo del <i>sombrerero Abrial<\/i> o del librero <i>D.\u00a0Diego Rabad\u00e1n<\/i>.<\/p>\n<p>Entre todas estas entradas o aclamaciones, no hay que lindar que la m\u00e1s se\u00f1alada por el regocijo p\u00fablico, espont\u00e1neo, inmenso, del vecindario, fue la primera verificada por Fernando en 14 de Mayo de 1814. Renov\u00f3se, aunque no con tanta suntuosidad, en 28 de Setiembre de 1816, a la entrada de la princesa do\u00f1a Mar\u00eda Isabel de Braganza, segunda esposa de Fernando, y a la de la tercera, Mar\u00eda Josefa Amalia de Sajonia, en 1819.<\/p>\n<p>Pero sucedi\u00f3 a poco el levantamiento del ej\u00e9rcito de la Isla, en 1820, y la jura de la Constituci\u00f3n por Fernando\u00a0VII, y la Puerta del Sol cambi\u00f3 de papel. De plaza cortesana, de sitio oficial de proclamaciones y festejos, pas\u00f3 a ser el gran teatro de la vida p\u00fablica; el <i>forum matritense<\/i> de los tribunos populares: el Capitolio de los h\u00e9roes de circunstancias. En ella recibieron su patri\u00f3tica ovaci\u00f3n, su corona triunfal, los caudillos de la isla de Le\u00f3n, <i>Riego, Quiroga<\/i> y <i>Arco Ag\u00fcero<\/i>; a ella convergi\u00f3 la energ\u00eda y el valor revolucionario de las masas populares en sus frecuentes asonadas, que sal\u00edan casi diariamente armadas de punta en blanco de los vecinos <i>clubs<\/i>-caf\u00e9s de <i>Lorenzini<\/i> y la <i>Fontana de Oro<\/i>. A ella, por consecuencia, tuvo tambi\u00e9n que acudir la fuerza represiva del Gobierno, desplegando en su recinto gran lujo de tropas y ca\u00f1ones en muchos de aquellos d\u00edas, y se\u00f1aladamente en 7 de Setiembre de 1820, 28 de Febrero y 4 de Mayo de 1821, 7 de Julio de 1822, en cuyo d\u00eda se dio la c\u00e9lebre acci\u00f3n de la Plaza entre la Milicia Nacional y la Guardia Real, y luego, en 20 de Enero y 20 de Mayo de 1823, en que se acercaron los realistas a las puertas de Madrid. Ocupada la capital en 24 de Mayo por el ej\u00e9rcito franc\u00e9s al mando del Duque de Angulema, y libre en fin Fernando, en 1.\u00ba de Octubre, del gobierno constitucional refugiado en C\u00e1diz, volvi\u00f3 a sus triunfos acostumbrados, primero sobre los liberales a su regreso a Madrid en 13 de Noviembre de 1823, pasando por bajo de los arcos de Tito y de Trajano, y luego contra los carlistas, a su vuelta de Catalu\u00f1a en 1828. Por \u00faltimo, en 13 de Diciembre de 1829 dio a la Puerta del Sol un espl\u00e9ndido espect\u00e1culo con el recibimiento solemne de la cuarta y \u00faltima esposa de Fernando, do\u00f1a <i>Mar\u00eda Cristina<\/i>, a quien acompa\u00f1aban sus padres los reyes de las Dos Sicilias, y que recib\u00eda con gran copia de esperanza y entusiasmo la triste y desventurada Espa\u00f1a. Entonces fue cuando cubri\u00f3 Mariblanca su extravagante fuente con un suntuoso templete del g\u00e9nero cl\u00e1sico-fastidioso, sobremontado en las cuatro esquinas con las estatuas de <i>Col\u00f3n, Hern\u00e1n Cort\u00e9s, Pizarro<\/i> y <i>Sebasti\u00e1n Elcano<\/i>, y rematando, a guisa de tapadera, con un globo transparente del peor efecto posible.<\/p>\n<p>Renov\u00e1ronse este regocijo p\u00fablico y demostraciones municipales en 10 de Octubre de 1830, al nacimiento de la princesa <i>do\u00f1a Isabel<\/i>, hoy <i>reina de Espa\u00f1a<\/i>, en que se estren\u00f3 por primera vez en Madrid el gas en la iluminaci\u00f3n en la Puerta del Sol y calles adyacentes, y en el decorado de la fachada del Buen Suceso; y posteriormente, en 20 de Junio de 1833, con ocasi\u00f3n de la solemne jura de esta se\u00f1ora como princesa de Asturias en el templo de San Jer\u00f3nimo.<\/p>\n<p>Muerto Fernando en el mismo a\u00f1o, e inaugurado el nuevo reinado bajo la gobernaci\u00f3n de la reina madre do\u00f1a Mar\u00eda Cristina, estall\u00f3 la guerra civil y la revoluci\u00f3n pol\u00edtica, y para colmo de desgracias, hasta el funesto <i>c\u00f3lera morbo<\/i>, que dio lugar o pretexto a la horrorosa escena de 17 de Julio de dicho a\u00f1o, en que el populacho atac\u00f3 los conventos de San Francisco, la Merced, los Jesuitas y otros, y asesin\u00f3 a muchos religiosos bajo el absurdo pretexto de que estaban envenenadas por ellos las aguas de las fuentes, como as\u00ed intentaba probarlo una turba de asesinos en la de la Puerta del Sol. Ocho d\u00edas despu\u00e9s de aquel espantoso cuadro atravesaba aquel sitio Mar\u00eda Cristina, radiante de juventud, de grandeza y de hermosura, para ir a abrir en persona por la primera vez las <i>Cortes del Reino<\/i>, convocadas por <i>estamentos<\/i>, en la antigua iglesia del Esp\u00edritu Santo.<\/p>\n<p>Otra turbulencia, promovida por el alzamiento de algunas compa\u00f1\u00edas de tropa, se represent\u00f3 en Enero siguiente, tambi\u00e9n en la Puerta del Sol, siendo su teatro la casa de Correos, y su desdichada v\u00edctima el capit\u00e1n general don Jos\u00e9 Canterac, que fue muerto a sus puertas. M\u00e1s formidable a\u00fan la insurrecci\u00f3n de la Granja, en 1836, tuvo tambi\u00e9n r\u00e1pido eco en la Puerta del Sol, de donde sali\u00f3 el capit\u00e1n general Quesada para ser sacrificado en Hortaleza, a las puertas de Madrid.<\/p>\n<p>Continuaron las alarmas y alardes militares en este a\u00f1o y el siguiente con motivo de la aproximaci\u00f3n de las huestes de D.\u00a0Carlos, y aun despu\u00e9s del convenio de Vergara, en el famoso pronunciamiento de 1.\u00ba de Setiembre de 1840, que dio por resultado la abdicaci\u00f3n y marcha de la Reina madre y la regencia del general Espartero. En Julio de 1843, a la defensa intentada por la Milicia Nacional de las tropas levantadas contra el Regente por el general Narv\u00e1ez; en la intentona republicana de 18-48, de que fue igualmente v\u00edctima, en este mismo sitio, el capit\u00e1n general Fulgosio (y era el tercero de los capitanes generales); \u00faltimamente, en el levantamiento o <i>revoluci\u00f3n<\/i> de Julio de 1854, y en su terrible represi\u00f3n a los dos a\u00f1os en iguales d\u00edas de 1856, siempre la Puerta del Sol ha figurado en primer t\u00e9rmino, con su casa fuerte de Correos, con sus barricadas, sus ca\u00f1ones, sus tropas y sus caudillos militares y paisanos.<\/p>\n<p>En ella se ha verificado casi siempre el desenlace de todos los sangrientos dramas que forman el tejido de nuestra historia contempor\u00e1nea, y de este punto fat\u00eddico, providencial, centro de <i>todas las carreteras del reino<\/i>, han partido tambi\u00e9n los correos, los telegramas, las \u00f3rdenes terminantes para todos los cambios pol\u00edticos del pa\u00eds.<\/p>\n<p>Con estos tr\u00e1gicos episodios han alternado tambi\u00e9n en los \u00faltimos a\u00f1os otros suntuosos regocijos; ha visto levantarse en su centro monumentos, columnas, arcos y obeliscos, ya al regente Espartero en 1840, ya a Mar\u00eda Cristina a su vuelta en 1844, ya, en fin, con ocasi\u00f3n de los regios enlaces de S.\u00a0M. do\u00f1a Isabel II y la Seren\u00edsima Infanta en 10 de Octubre de 1846. En esta ocasi\u00f3n fue cuando se vio cubierta la fachada del Buen Suceso de un elegante p\u00f3rtico y columnata, a semejanza de la del Pante\u00f3n.<\/p>\n<p>Por \u00faltimo, con menos preparaci\u00f3n artificial, a\u00faneme con el fuego que imprime el amor patrio sobre todos los objetos que anima, salud\u00f3 Madrid en la ma\u00f1ana del 7 de Febrero de 18601a bandera nacional, que por <i>\u00fanica demostraci\u00f3n<\/i> brillaba en lo alto de la antigua casa de Correos, hoy <i>Ministerio de la Gobernaci\u00f3n<\/i>, al mismo tiempo que ondeaba victoriosa sobre los muros de <i>Tetu\u00e1n<\/i>.<\/p>\n<p>Pero a vuelta de estos episodios m\u00e1s o menos tr\u00e1gicos o sublimes, \u00bfqu\u00e9 es la Puerta del Sol en su estado normal, en su vida \u00edntima, prosaica, vulgar y cotidiana? Ya lo hemos dicho: es el coraz\u00f3n, el n\u00facleo de la vitalidad y animaci\u00f3n de la poblaci\u00f3n cortesana. A \u00e9l van a convergir, por las diez o m\u00e1s arterias de las callos principales que la rodean, todos los movimientos, todos los intereses, todos los instintos y aspiraciones de este pueblo numeroso. El noticiero intrigante o simplemente hablador, que sue\u00f1a con las peripecias pol\u00edticas, con las guerras y los cataclismos, acude a formar corro con otros semejantes en que satisfacer su sed de sensaciones, sus simpat\u00edas o su curiosidad; el magnate que cruza en su carroza en direcci\u00f3n a Palacio; el funcionario que acude a su oficina; el diputado que se dirige al Parlamento; todos hacen paso por este sitio, siquiera no sea m\u00e1s que para observar <i>qu\u00e9 cariz presenta<\/i> la <i>Puerta del Sol<\/i>, y augurar por los grupos raros o numerosos el mayor o menor peligro de la situaci\u00f3n pol\u00edtica, la probabilidad de la paz o de la guerra, del triunfo de las elecciones, de la derrota parlamentaria o de la crisis ministerial. El hombre del pueblo, el negociante, el industrial, van all\u00ed a informarse por la voz p\u00fablica de la alza o de la baja de los fondos, de las quiebras <i>aseguradas<\/i>, de los seguros <i>quebrados<\/i>, del valor <i>fabuloso<\/i> de las minas aur\u00edferas descubiertas la noche anterior por una sociedad explotadora en el pr\u00f3ximo caf\u00e9. El obrero, el ganap\u00e1n, el hombre <i>para todo<\/i>, que para nada sirve, vienen all\u00ed en demanda de parroquianos o de acomodo: la murga de bombo y platillos, en averiguaci\u00f3n de gracias, de bodas o bautizos, para correr a felicitar a los dichosos: el <i>m\u00fasico festero<\/i>, contratista por mayor de <i>salves<\/i> o <i>r\u00e9quiem<\/i> a toda orquesta, ajusta con los mu\u00f1idores de las cofrad\u00edas los solemnes entierros en las parroquias, o las fiestas patronales de Vallecas o Carabanchel. El corredor a pie quieto ofrece all\u00ed sus <i>primas<\/i> a los primos advenedizos; el vividor par\u00e1sito <i>cata caldos y panza al trote<\/i> (<i>pique assiette<\/i>, que dicen los franceses, <i>caballero del milagro<\/i>, como antiguamente se decia por los espa\u00f1oles) andan a caza de gangas a quien agasajar y servir; y el prestidigitador aficionado, el <i>tomador del dos<\/i> y el ratero incipiente ejercen en p\u00fablico sus escamoteos con una destreza capaz de desesperar a los Hermanas y Macallister.<\/p>\n<p>Cruza brujuleando entre todos estos grupos animados el diligente periodista, abeja literaria que liba en ellos la miel o sustancia de su pr\u00f3xima <i>gacetilla<\/i>; el apasionado <i>dilettante<\/i>; el amigo del autor en <i>capilla<\/i>, encargado de <i>crear atm\u00f3sfera<\/i>, de preparar la opini\u00f3n en pro de la <i>prima donna<\/i> que aquella noche ha de <i>debutar<\/i> en el Real; del drama que en la siguiente ha de darse a luz en el Pr\u00edncipe; el taur\u00f3maco que sostiene en su c\u00edrculo especial, compuesto de <i>gente crua<\/i>, la importante tesis de la pr\u00f3xima estocada de <i>C\u00fachares<\/i>, o la incongruencia del <i>Tato<\/i> en su \u00faltimo <i>volapi\u00e9<\/i>. Todo esto amenizado con el estridente chillido del muchacho que pregona la <i>Correspondencia<\/i> o la <i>Discusi\u00f3n<\/i>; del pilluelo que entona los <i>premios de la loter\u00eda<\/i>; del mendigo que os ofrece <i>diez mil duros<\/i> al contado en un billete de la pasada extracci\u00f3n; del vendedor de <i>f\u00f3sforos y calendarios<\/i>, propagadores de las luces, y de libritos de papel de Alcoy; del limpiabotas que os arrima el banquillo sin pretenderlo y hace ademan de apoderarse de vuestro pie; del barbero ambulante que os tropieza, con su jarro y escudilla; de la aguadora que os brinda con agua y panales; del horchatero valenciano, o del que por cuatro cuartos pregona su enigm\u00e1tico caf\u00e9.<\/p>\n<p>Hay quien ocupa cuatro o seis horas diarias en revistar minuciosamente el progreso de las obras del ensanche; otros las emplean con m\u00e1s utilidad en recorrer uno por uno los mil o m\u00e1s retratos-tarjetas expuestos a las puertas de los fot\u00f3grafos; quien pasa y detiene a todos los transe\u00fantes para hablar a un conocido y preguntarle con el m\u00e1s vivo inter\u00e9s \u00ab\u00bfa d\u00f3nde va por all\u00ed?\u00bb, o para decirle \u00abque hace calor\u00bb; quien forma sus delicias en echar los dobles lentes a la <i>Quevedo<\/i> a todos los agraciados rostros, a todas las breves plantas femeniles que, incesantemente renovadas, <i>hacen paso<\/i> por aquellas losas en direcci\u00f3n a las tiendas de las calles de Postas o de Espoz y Mina, a la misa de San Luis o los Italianos, a los paseos del Prado o del Retiro. Alguno, m\u00e1s intencionado, persigue con tenacidad a una de esas estrellas del s\u00e9timo cielo (l\u00e9ase <i>piso<\/i>) que toma (acaso por huirle) una berlina de plaza y se mete en ella, sin reparar \u00a1la cuitada! que el cochero, o indiscreto o descuidado, olvid\u00f3 bajar el bander\u00edn que denuncia su graciosa tripulaci\u00f3n con el infamante \u00abse alquila\u00bb.<\/p>\n<p>Aqu\u00ed un buen mozo provincial, un Apolo trashumante, se pasea entonado por la ancha acera para exhibir sus gracias delante de todos los grupos, y al paso por todos les espejos de las puertas se mide y se tasa con exquisita fruici\u00f3n; m\u00e1s all\u00e1 una respetable mam\u00e1 (casco averiado contempor\u00e1neo de Trafalgar) hace rumbo al Prado, precedida de dos pimpollos maravillosamente bellos, que van causando estragos en la api\u00f1ada muchedumbre, que las abre paso con sorpresa y admiraci\u00f3n. Ni falta tampoco grupo de antiguos veteranos disfrazados de paisanos, que entre las humaradas del habano de diez maravedises, que aspiran con heroica resignaci\u00f3n, juran y reniegan contra lo presente y contra lo futuro, encomiando s\u00f3lo lo pasado (que son ellos), o hacen estallar su ira al ver cruzar, por ejemplo, a un mancebo que sirvi\u00f3 de teniente a sus \u00f3rdenes en la guerra de Catalu\u00f1a y hoy luce la faja de general; ni joven estudiante o literato modesto, que cargado de libros, de vuelta de su Instituto o Biblioteca, reniega, de ambos al ver cruzar en brillante carroza a un su condisc\u00edpulo, ministro o cosa tal, que lanzado a la pol\u00edtica sublime en alas de su osad\u00eda, dio punto a sus estudios literarios, forenses o cient\u00edficos, se vino a la Puerta del Sol, cambi\u00f3 de carrera y penetr\u00f3 audaz por la que se le ofrec\u00eda a la vista, por la <i>Carrera de San Jer\u00f3nimo<\/i>, que es la que gu\u00eda al moderno <i>Capitolio<\/i>, al aura popular, al poder y la fortuna.<\/p>\n<p><i>La Puerta del Sol<\/i> es, pues, el laboratorio pol\u00edtico-cortesano, econ\u00f3mico-social, cient\u00edfico y literario de Madrid: la gran f\u00e1brica de las reputaciones hist\u00f3ricas, pol\u00edticas, militares y financieras del pa\u00eds; el horno donde se amasan sus grandes nombres, sus intereses p\u00fablicos y privados; la escena en la que se trazan y desenlazan las peripecias de su historia, las intrigas de su vida \u00edntima y social. Por eso no debe extra\u00f1arse que el anhelo de todo espa\u00f1ol que intente elevarse en el teatro cortesano sea el de instalarse, desplegarse y brillar en persona o mentalmente en este sitio; que los viajeros extranjeros que escribieron de nuestro pa\u00eds le consagren tomos enteros<a href=\"http:\/\/www.publiconsulting.com\/wordpress\/madridantiguo\/back-matter\/notas\/#nt185\" id=\"rf185\"><sup>[185]<\/sup><\/a>; que los escritores ind\u00edgenas emblematicen en \u00e9l el Madrid moderno, y que los peregrinos y viandantes, de que habl\u00e1bamos al principio de este cap\u00edtulo, se citen y emplacen desde los m\u00e1s remotos climas para la Puerta del Sol.<\/p>\n<p>Y aqu\u00ed el lector habr\u00e1 de disimular al autor de esta obrita, que extralimit\u00e1ndose de su prop\u00f3sito de pasear en ella por el <i>Madrid antiguo<\/i>, haya hecho en el presente cap\u00edtulo una doble excursi\u00f3n en el moderno, y en el estilo humor\u00edstico propio de la ya olvidada pluma del Curioso Parlante, que tan mal dice con la fr\u00eda y mesurada gravedad de la narraci\u00f3n hist\u00f3rica.<\/p>\n","protected":false},"author":1,"menu_order":24,"template":"","meta":{"pb_show_title":"on","pb_short_title":"","pb_subtitle":"","pb_authors":[],"pb_section_license":""},"chapter-type":[],"contributor":[],"license":[],"class_list":["post-75","chapter","type-chapter","status-publish","hentry"],"part":3,"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.publiconsulting.com\/wordpress\/madridantiguo\/wp-json\/pressbooks\/v2\/chapters\/75","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.publiconsulting.com\/wordpress\/madridantiguo\/wp-json\/pressbooks\/v2\/chapters"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.publiconsulting.com\/wordpress\/madridantiguo\/wp-json\/wp\/v2\/types\/chapter"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.publiconsulting.com\/wordpress\/madridantiguo\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"version-history":[{"count":3,"href":"https:\/\/www.publiconsulting.com\/wordpress\/madridantiguo\/wp-json\/pressbooks\/v2\/chapters\/75\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":232,"href":"https:\/\/www.publiconsulting.com\/wordpress\/madridantiguo\/wp-json\/pressbooks\/v2\/chapters\/75\/revisions\/232"}],"part":[{"href":"https:\/\/www.publiconsulting.com\/wordpress\/madridantiguo\/wp-json\/pressbooks\/v2\/parts\/3"}],"metadata":[{"href":"https:\/\/www.publiconsulting.com\/wordpress\/madridantiguo\/wp-json\/pressbooks\/v2\/chapters\/75\/metadata\/"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.publiconsulting.com\/wordpress\/madridantiguo\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=75"}],"wp:term":[{"taxonomy":"chapter-type","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.publiconsulting.com\/wordpress\/madridantiguo\/wp-json\/pressbooks\/v2\/chapter-type?post=75"},{"taxonomy":"contributor","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.publiconsulting.com\/wordpress\/madridantiguo\/wp-json\/wp\/v2\/contributor?post=75"},{"taxonomy":"license","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.publiconsulting.com\/wordpress\/madridantiguo\/wp-json\/wp\/v2\/license?post=75"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}