{"id":80,"date":"2018-03-20T12:16:02","date_gmt":"2018-03-20T12:16:02","guid":{"rendered":"http:\/\/www.publiconsulting.com\/wordpress\/madridantiguo\/chapter\/__unknown__-31\/"},"modified":"2018-03-20T18:23:18","modified_gmt":"2018-03-20T18:23:18","slug":"paseo-exterior","status":"publish","type":"chapter","link":"https:\/\/www.publiconsulting.com\/wordpress\/madridantiguo\/chapter\/paseo-exterior\/","title":{"rendered":"XXIV. Paseo exterior"},"content":{"raw":"Al pie del Alc\u00e1zar y su florido parque del <i>Campo del Moro<\/i> exti\u00e9ndese la frondosa <i>vega<\/i>, regada por el <i>Manzanares<\/i>, que naciendo en unas sierras cerca del pueblo cuyo nombre toma, entre las villas de Navacerrada y Becerril, viene atravesando en su curso los bosques del Pardo, la Casa de Campo, deja sobre su orilla izquierda a Madrid, y sigue por el soto de Luzon, Peralejos y la Torrecilla, hasta llegar a Vacia-Madrid, donde se confunde en el Jarama.\r\n\r\nEl humilde origen, escaso raudal y limitado curso de este modesto rio no le daban ciertamente derecho a esperar ser alg\u00fan d\u00eda el encargado de regar los muros de la capital del reino, y de reflejar en sus aguas trasparentes los suntuosos alc\u00e1zares, los Reales bosques, los puentes monumentales que le envidian sus rivales el Tajo y el Ebro, el Duero y el Guadalquivir; contraste formidable con su mansa corriente, que dio lugar en todos tiempos a las donosas burlas y festivas chanzas de los poetas y gentes de buen humor. Mas, a pesar de esta exig\u00fcidad de nuestro pobre Manzanares, no pudiera, sin injusticia, achac\u00e1rsele de in\u00fatil o insignificante para la poblaci\u00f3n madrile\u00f1a, cuya vega occidental y meridional fructifica y alegra, cuya salud protege en su mismo prudente apartamiento, cuya seguridad nunca compromete, y cuya polic\u00eda, limpieza y regalo encomienda a su mansa corriente y a sus ninfas de Lavapi\u00e9s.\r\n\r\nLas f\u00e9rtiles huertas y jardines de una y otra orilla, la magn\u00edfica <i>Casa Real de Campo<\/i>, propiedad un tiempo de la antiqu\u00edsima familia de los Vargas, de Madrid, adquirida y aumentada considerablemente por los Felipes\u00a0II y III con inmensos bosques, risue\u00f1os parques, estanques, alamedas y paseos; la otra preciosa posesi\u00f3n, tambi\u00e9n Real, de la <i>Moncloa<\/i>, frontera a aqu\u00e9lla, que encierra en una las famosas del cardenal arzobispo de Toledo don Bernardo de Rojas Sandoval, y la <i>Florida<\/i>, de los antiguos duques de Alba; sus magn\u00edficos jardines, comparables en amenidad y lozan\u00eda a los m\u00e1s preciados del Sitio de Aranjuez; las frondosas alamedas de ambas orillas, los sotos de la <i>Villa<\/i>, de <i>Migascalientes<\/i>, de <i>Luzon<\/i>, antiguos y deliciosos sitios de recreaci\u00f3n popular; todo declara el ben\u00e9fico influjo del rio Manzanares en esta comarca espont\u00e1nea para la vegetaci\u00f3n, ben\u00e9fica y propia para la salud y la holgura.\r\n\r\nY digan lo que quieran en sus festivas s\u00e1tiras los poetas madrile\u00f1os Lope y Quevedo, Tirso y Calder\u00f3n, contra la exig\u00fcidad de su modesto rio, y apuren las sales de su ingenio en sus invectivas contra Felipe\u00a0II por haberle autorizado con la famosa <i>puente Segoviana<\/i>, obra del insigne Juan de Herrera, invirtiendo en ella la suma de 200.000 ducados; y truenen otros contra el corregidor, Marqu\u00e9s del Vadillo, que dos siglos despu\u00e9s levant\u00f3 con no menor sacrificio la otra <i>puente Toledana<\/i> con la suntuosidad que hoy ostenta; lo cierto es que, aparte de cierto lujo romano en la construcci\u00f3n de estas obras, su solidez y fortaleza estuvieron bien calculadas, y el mismo Manzanares las justifica cuando tal vez, al desprenderse las nieves de las sierras vecinas, acrece tan formidablemente su caudal, que hace necesarias aquellas obras monumentales para dominarle y resistir a su empuje<a href=\"http:\/\/www.publiconsulting.com\/wordpress\/madridantiguo\/back-matter\/notas\/#nt200\" id=\"rf200\"><sup>[200]<\/sup><\/a>.\r\n\r\nDebe, sin embargo, suponerse que en el siglo\u00a0<small>XVI<\/small> ven\u00eda el rio m\u00e1s crecido, o por lo menos m\u00e1s somero, y no tan escondido entre la arena, pues que tenemos la relaci\u00f3n del viaje que, en el reinado de Felipe II, hizo desde Lisboa por el Tajo, el Jarama y el Manzanares, el ingeniero Antonelli, llegando hasta los bosques del Pardo, o por lo menos hasta frente al Alc\u00e1zar de Madrid. Posteriormente hubo el proyecto de aumentarle e incorporarle al Jarama, y m\u00e1s adelante, a fines del siglo <small>XVII<\/small>, por los ingenieros hermanos Grunnemberg se propuso la canalizaci\u00f3n del rio hasta Vacia-Madrid, que al fin se llev\u00f3 a cabo en el reinado de Carlos III, con grandes esperanzas de resultado, que ha venido a hacer est\u00e9ril la aplicaci\u00f3n de los ferrocarriles, concurrencia formidable, en que no pudieron so\u00f1ar ni Antonelli ni Grunnemberg.\r\n\r\nDe todos modos, preciso es convenir en que donde concluye la influencia del Manzanares, o sea desde frente al extremo de la Monta\u00f1a del Pr\u00edncipe P\u00edo hacia el Norte, y el de la huerta de Atocha hacia Levante, all\u00ed acaba tambi\u00e9n la animaci\u00f3n, la vida y la fertilidad de esta comarca. Dentro de estos opuestos polos, al Occidente y Mediod\u00eda, es donde se desplega, a favor del ben\u00e9fico influjo de su escaso rio, la risue\u00f1a <i>vega de Madrid<\/i>, donde en tiempos remotos acud\u00edan a solazarse los habitantes de esta villa. All\u00ed est\u00e1 su famoso <i>sotillo<\/i>, en donde, el 1.\u00ba de Mayo, celebraba la popular y animada fiesta de <i>Santiago el Verde<\/i>, que poetizaron hasta lo sumo, en sus dramas y canciones especiales, las musas de Lope, de Rojas y Calder\u00f3n; all\u00ed, sus antiguas ermitas de San Isidro<a href=\"http:\/\/www.publiconsulting.com\/wordpress\/madridantiguo\/back-matter\/notas\/#nt201\" id=\"rf201\"><sup>[201]<\/sup><\/a>, del \u00c1ngel<a href=\"http:\/\/www.publiconsulting.com\/wordpress\/madridantiguo\/back-matter\/notas\/#nt202\" id=\"rf202\"><sup>[202]<\/sup><\/a>, de San D\u00e1maso<a href=\"http:\/\/www.publiconsulting.com\/wordpress\/madridantiguo\/back-matter\/notas\/#nt203\" id=\"rf203\"><sup>[203]<\/sup><\/a>, de San Antonio de la Florida<a href=\"http:\/\/www.publiconsulting.com\/wordpress\/madridantiguo\/back-matter\/notas\/#nt204\" id=\"rf204\"><sup>[204]<\/sup><\/a> y de la Virgen del Puerto<a href=\"http:\/\/www.publiconsulting.com\/wordpress\/madridantiguo\/back-matter\/notas\/#nt205\" id=\"rf205\"><sup>[205]<\/sup><\/a>, que en sus d\u00edas respectivos presenciaban sus festivas y vistosas romer\u00edas; all\u00ed su <i>pradera del Corregidor<\/i>, teatro de sus rom\u00e1nticas verbenas la ma\u00f1ana de San Juan; all\u00ed la Tela de justar, en que los briosos caballeros (no digamos del siglo\u00a0<small>XI<\/small>, ni acaudillados por el Cid, seg\u00fan en sus admirables quintillas describe Morat\u00edn el padre), sino los apuestos galanes de la corte de los Felipes, holgaban de lucir su gallard\u00eda dominando un fogoso alaz\u00e1n, corriendo una sortija, quebrando una lanza o rej\u00f3n, y tendiendo a un toro a sus pies; all\u00ed su <i>parque de Palacio<\/i>, donde las elegantes y hermosas damas sal\u00edan a lucir su belleza y recibir los holocaustos de sus amantes en las <i>ma\u00f1anas de Abril y Mayo<\/i>; all\u00ed donde el Monarca, los magnates de la corte y los antiguos mayorazgos de la villa ten\u00edan sus recreos o retiros campestres, sus huertas <i>floridas<\/i>; el Rey, su <i>Casa de Campo<\/i>; el Arzobispo de Toledo, su <i>Moncloa<\/i>; el Duque de Alba, la <i>Florida<\/i>; sus huertas los Vargas, los Luzones, los Lujanes, los Ram\u00edrez de Bornos, los Coellos y los Balbases<a href=\"http:\/\/www.publiconsulting.com\/wordpress\/madridantiguo\/back-matter\/notas\/#nt206\" id=\"rf206\"><sup>[206]<\/sup><\/a>; all\u00ed, en fin, donde, coronando dignamente este risue\u00f1o paisaje sobre las altas colinas de su fondo, desplegaba sus antiguos torreones, sus fuertes murallas, su puerta primitiva, la villa y corte de Madrid, desde el Real Alc\u00e1zar hasta el venerando templo de San Francisco.\r\n\r\nA espaldas de este cuadro pintoresco, es decir, salvando los l\u00edmites de la Monta\u00f1a del Pr\u00edncipe P\u00edo y de Atocha al Norte y Levante, \u00bfqu\u00e9 es lo que ofrec\u00eda Madrid, y qu\u00e9 ha venido ofreciendo hasta nuestros d\u00edas, en que espera fundadamente su trasformaci\u00f3n, merced a las aguas del Lozoya, tra\u00eddas a sus puertas con obras formidables? \u00bfQu\u00e9 objetos halag\u00fce\u00f1os, qu\u00e9 se\u00f1ales de vitalidad presentaba en su radio exterior, sino una mon\u00f3tona sucesi\u00f3n de colinas areniscas, de tierras de pan llevar, interrumpidas de vez en cuando por alguna triste casa de labor, por alguna venta o tejar, por tal cual posesi\u00f3n cercada, m\u00e1s o menos r\u00fastica, por alg\u00fan barranco seco y pestilente o por una solitaria y desnuda carretera? \u00bfNi en qu\u00e9 se diferenciaba de un yermo, ni en qu\u00e9 se parec\u00eda a las avenidas de otras ciudades populosas?\r\n\r\nMadrid recibi\u00f3, es verdad, de Felipe IV el important\u00edsimo aumento del Buen Retiro a su banda oriental; con la asombrosa extensi\u00f3n de este Real sitio casi duplic\u00f3 el per\u00edmetro de la villa y llam\u00f3 hacia aquel extremo su importancia y su riqueza; pero al tiempo que la dot\u00f3 de tan espl\u00e9ndido ap\u00e9ndice, la impuso l\u00edmites fijos, indeclinables, fatales, por aquel lado, y contuvo el progreso que desde el principio ven\u00eda siguiendo la poblaci\u00f3n hacia aquel extremo.\r\n\r\nLa formaci\u00f3n de este inmenso parque al otro lado del Prado prohibi\u00f3 al caser\u00edo rebasar la l\u00ednea de aquel paseo y convertirle a la larga en una <i>rambla<\/i> o <i>boulevart<\/i> interior; y la cerca del Retiro, desde su esquina meridional hasta la que mira al Norte, donde se alza hoy la monta\u00f1a artificial, puede decirse que eran las columnas de H\u00e9rcules, el <i>Non plus ultra <\/i> para la villa de Madrid por aquel lado.\r\n\r\nA la vista tenemos tambi\u00e9n, para esta ojeada exterior, un preciso <i>Plano de Madrid<\/i> (del que hasta \u00faltimamente no ten\u00edamos noticia); y aunque no de la extensi\u00f3n y primor del grande, de <i>Tejeyra<\/i>, grabado en Amb\u00e9res en 1656, sobre el cual est\u00e1n calcados estos <i>paseos<\/i> por el Madrid antiguo, es indudablemente anterior a \u00e9l, y aun al reinado de Felipe\u00a0IV, pareciendo ser obra de los \u00faltimos a\u00f1os del de su antecesor, hacia 1617 o 1618, por carecer todav\u00eda del Retiro, de la nueva Plaza Mayor, de la puerta de Segovia, de la c\u00e1rcel de Corte, del Ayuntamiento y dem\u00e1s edificios posteriores<a href=\"http:\/\/www.publiconsulting.com\/wordpress\/madridantiguo\/back-matter\/notas\/#nt207\" id=\"rf207\"><sup>[207]<\/sup><\/a>.\r\n\r\nRecorriendo con este dato contempor\u00e1neo el exterior de Madrid en los primeros a\u00f1os del siglo\u00a0<small>XVII<\/small>, empecemos por la parte alta al Norte, donde hallamos la dicha huerta de la Florida y la del cardenal de Rojas Sandoval (t\u00edo del Duque de Lerma), y otras, formando un conjunto con lo que hoy las dos Reales posesiones de la Moncloa, o Real Florida, y la Monta\u00f1a del Pr\u00edncipe P\u00edo, que m\u00e1s adelante fueron separadas por Carlos III con el costoso desmonte y rotura del camino o <i>Cuesta de Areneros<\/i>. Donde despu\u00e9s se coloc\u00f3 el portillo de <i>San Joaqu\u00edn<\/i>, o de <i>San Bernardino<\/i> (porque es sabido que entonces Madrid no ten\u00eda cerca alguna), arrancaba el camino de las <i>Cruces<\/i>, que guiaba al convento de San Bernardino, fundado por el contador Garnica en 1572; y la primera casa o edificio de Madrid por aquel lado estaba en lo que despu\u00e9s se llam\u00f3 <i>plazuela de los Afligidos<\/i>, y era el convento de <i>cl\u00e9rigos menores<\/i>, apellidados con aquel t\u00edtulo, y la huerta contigua del Conde de Nieva, hacia donde hoy el palacio de Liria; a que segu\u00edan, en la direcci\u00f3n del actual cuartel de Guardias y portillo del Conde-Duque, otros edificios y casas particulares. Al t\u00e9rmino de la cuesta de Leganitos, y sobre la dicha Monta\u00f1a del Pr\u00edncipe P\u00edo, en que hay varias huertas, est\u00e1 ya se\u00f1alado el viejo palacio del Duque de Osuna, que aun subsiste, y todas las dichas calles de Leganitos y sus paralelas, hasta las de San Bernardo, Fuencarral y Hortaleza, daban salida al campo y no se prolongaban tanto como despu\u00e9s lo hicieron. Al final de esta \u00faltima (la de Hortaleza) se ve ya en la extensa plaza o descampado el convento de Santa B\u00e1rbara a su derecha, y al frente, otro edificio considerable con su huerta. Detr\u00e1s del de Santa B\u00e1rbara estaban el palacio y jardines del Pr\u00edncipe Stillano, convertido despu\u00e9s, por \u00e9l mismo, en convento de monjas de Santa Teresa; y m\u00e1s adelante segu\u00edan otros huertos y casas aisladas hasta el extenso campo donde despu\u00e9s se elev\u00f3 el monasterio de las Salesas.\r\n\r\nEl prado de Recoletos est\u00e1 ya, poco m\u00e1s o menos que en el plano de Amberes, con su convento de Agustinos, su huerta de San Felipe (luego de la Veterinaria), y otra muy grande, hasta la subida de la puerta de Alcal\u00e1; y al otro lado del paseo, los jardines del Conde de Ba\u00f1os, del Almirante y de Juan Fern\u00e1ndez, el <i>Regidor<\/i>; corriendo por el centro el antiguo barranco y dos filas de \u00e1rboles. La puerta de Alcal\u00e1, levantada en 1509, y formada dedos mezquinas torrecillas, apoyaba entre las huertas del prado de Recoletos y la que hab\u00eda enfrente, hacia donde despu\u00e9s la entrada del Retiro por la Glorieta. Detr\u00e1s de esta huerta segu\u00eda otra, donde luego el <i>jard\u00edn de Primavera<\/i> y el palacio de San Juan, hasta la subida de San Jer\u00f3nimo, con un edificio de alguna apariencia, en donde se elev\u00f3 el cuartel de Artiller\u00eda, y un paseo delante, que est\u00e1 se\u00f1alado en el plano con el nombre de <i>Carrera de los Caballeros<\/i>. Tambi\u00e9n hab\u00eda all\u00ed una ermita o iglesia, que pod\u00eda ser la antigua de <i>San Juan<\/i>. Lo dem\u00e1s que hoy forma el Real Sitio del Retiro eran tierras y casas de labor, atravesando por ellas el camino de <i>Valnegral<\/i> o de Abro\u00f1igal, y terminando aquella banda en el monasterio y cuarto Real de <i>San Jer\u00f3nimo<\/i> y su extendida huerta, el altillo y ermita de <i>San Blas<\/i>, el convento, iglesia y huerta de Atocha.\r\n\r\nPor delante de todo esto se ve el <i>Prado de San Jer\u00f3nimo<\/i>, como en el plano posterior, con sus dobles filas de \u00e1rboles, sus fuentes, su torrecilla para las m\u00fasicas, sus huertas y barranco a la izquierda, las cercas de sus jardines a la derecha, avanzando \u00e9stas m\u00e1s adelante que hoy a la esquina de la calle de Alcal\u00e1 y de la Carrera, no form\u00e1ndola todav\u00eda la fachada de la casa del Marqu\u00e9s del Carpi\u00f3 (hoy de Alca\u00f1ices), ni la del Duque de Maceda, y hoy el palacio de Villahermosa.\r\n\r\nLa <i>huerta del Duque de Lerma<\/i>, y los diversos edificios que incorpor\u00f3 a ella para formar su palacio, aparecen donde hoy el de Medinaceli, aunque separados e independientes; uno con vista al Prado; luego la verja de la huerta, y otros edificios al t\u00e9rmino de ella, hacia la calle del Prado<a href=\"http:\/\/www.publiconsulting.com\/wordpress\/madridantiguo\/back-matter\/notas\/#nt208\" id=\"rf208\"><sup>[208]<\/sup><\/a>. Tambi\u00e9n est\u00e1 detr\u00e1s de este palacio y huerta el convento de los trinitarios de Jes\u00fas, fundado por el mismo Duque en 1606. Sigue el Prado hacia la salida al camino de Vallecas, con dos filas de \u00e1rboles, y a su extremo el edificio del antiguo hospital, y el convento iglesia de Atocha al fin de su paseo. Por la parte baja no se presenta nada notable en los l\u00edmites de Madrid; todas las calles, que, por lo que se infiere, no se prolongaban tanto como ahora, ten\u00edan salida al campo y terminaban, la de Lavapi\u00e9s en la plazuela de este nombre, la del Mes\u00f3n de Paredes en la Escuela P\u00eda, donde estaba el <i>Hospital de los Aragoneses<\/i>, y as\u00ed las dem\u00e1s hacia la de Toledo.\r\n\r\nA la parte oriental, al otro lado del rio, se ve la antigua ermita de San Isidro, poco m\u00e1s o menos de la misma forma que la actual, y luego las huertas de Luche, los lavaderos, la Casa de Campo, con la estatua ya de Felipe\u00a0III (que fue colocada en 1616), y de la parte ac\u00e1 el monasterio de San Francisco y su huerta (pero no la del Infantado), el Puente Nuevo, sin la <i>puerta de Segovia<\/i>, porque la calle de este nombre terminaba en las casas de Moneda, vi\u00e9ndose todav\u00eda al descubierto la muralla antigua, que bajaba por la Cuesta de los Ciegos, y sub\u00eda luego, dejando a la parte fuera el hospital de San L\u00e1zaro, que se ve hacia donde ahora el callej\u00f3n de este nombre; luego la primitiva y \u00fanica <i>puerta de la Vega<\/i> en la escabrosa cuesta, terminando con el parque de Palacio, el Alc\u00e1zar y <i>Vistillas<\/i> al rio, en las que se mira el monasterio de do\u00f1a Mar\u00eda de Arag\u00f3n. Aqu\u00ed nos hallamos ya delante del cuadro que dejamos trazado al principio de este paseo, y aqu\u00ed terminan tambi\u00e9n los nuestros por el <i>Antiguo Madrid<\/i>.","rendered":"<p>Al pie del Alc\u00e1zar y su florido parque del <i>Campo del Moro<\/i> exti\u00e9ndese la frondosa <i>vega<\/i>, regada por el <i>Manzanares<\/i>, que naciendo en unas sierras cerca del pueblo cuyo nombre toma, entre las villas de Navacerrada y Becerril, viene atravesando en su curso los bosques del Pardo, la Casa de Campo, deja sobre su orilla izquierda a Madrid, y sigue por el soto de Luzon, Peralejos y la Torrecilla, hasta llegar a Vacia-Madrid, donde se confunde en el Jarama.<\/p>\n<p>El humilde origen, escaso raudal y limitado curso de este modesto rio no le daban ciertamente derecho a esperar ser alg\u00fan d\u00eda el encargado de regar los muros de la capital del reino, y de reflejar en sus aguas trasparentes los suntuosos alc\u00e1zares, los Reales bosques, los puentes monumentales que le envidian sus rivales el Tajo y el Ebro, el Duero y el Guadalquivir; contraste formidable con su mansa corriente, que dio lugar en todos tiempos a las donosas burlas y festivas chanzas de los poetas y gentes de buen humor. Mas, a pesar de esta exig\u00fcidad de nuestro pobre Manzanares, no pudiera, sin injusticia, achac\u00e1rsele de in\u00fatil o insignificante para la poblaci\u00f3n madrile\u00f1a, cuya vega occidental y meridional fructifica y alegra, cuya salud protege en su mismo prudente apartamiento, cuya seguridad nunca compromete, y cuya polic\u00eda, limpieza y regalo encomienda a su mansa corriente y a sus ninfas de Lavapi\u00e9s.<\/p>\n<p>Las f\u00e9rtiles huertas y jardines de una y otra orilla, la magn\u00edfica <i>Casa Real de Campo<\/i>, propiedad un tiempo de la antiqu\u00edsima familia de los Vargas, de Madrid, adquirida y aumentada considerablemente por los Felipes\u00a0II y III con inmensos bosques, risue\u00f1os parques, estanques, alamedas y paseos; la otra preciosa posesi\u00f3n, tambi\u00e9n Real, de la <i>Moncloa<\/i>, frontera a aqu\u00e9lla, que encierra en una las famosas del cardenal arzobispo de Toledo don Bernardo de Rojas Sandoval, y la <i>Florida<\/i>, de los antiguos duques de Alba; sus magn\u00edficos jardines, comparables en amenidad y lozan\u00eda a los m\u00e1s preciados del Sitio de Aranjuez; las frondosas alamedas de ambas orillas, los sotos de la <i>Villa<\/i>, de <i>Migascalientes<\/i>, de <i>Luzon<\/i>, antiguos y deliciosos sitios de recreaci\u00f3n popular; todo declara el ben\u00e9fico influjo del rio Manzanares en esta comarca espont\u00e1nea para la vegetaci\u00f3n, ben\u00e9fica y propia para la salud y la holgura.<\/p>\n<p>Y digan lo que quieran en sus festivas s\u00e1tiras los poetas madrile\u00f1os Lope y Quevedo, Tirso y Calder\u00f3n, contra la exig\u00fcidad de su modesto rio, y apuren las sales de su ingenio en sus invectivas contra Felipe\u00a0II por haberle autorizado con la famosa <i>puente Segoviana<\/i>, obra del insigne Juan de Herrera, invirtiendo en ella la suma de 200.000 ducados; y truenen otros contra el corregidor, Marqu\u00e9s del Vadillo, que dos siglos despu\u00e9s levant\u00f3 con no menor sacrificio la otra <i>puente Toledana<\/i> con la suntuosidad que hoy ostenta; lo cierto es que, aparte de cierto lujo romano en la construcci\u00f3n de estas obras, su solidez y fortaleza estuvieron bien calculadas, y el mismo Manzanares las justifica cuando tal vez, al desprenderse las nieves de las sierras vecinas, acrece tan formidablemente su caudal, que hace necesarias aquellas obras monumentales para dominarle y resistir a su empuje<a href=\"http:\/\/www.publiconsulting.com\/wordpress\/madridantiguo\/back-matter\/notas\/#nt200\" id=\"rf200\"><sup>[200]<\/sup><\/a>.<\/p>\n<p>Debe, sin embargo, suponerse que en el siglo\u00a0<small>XVI<\/small> ven\u00eda el rio m\u00e1s crecido, o por lo menos m\u00e1s somero, y no tan escondido entre la arena, pues que tenemos la relaci\u00f3n del viaje que, en el reinado de Felipe II, hizo desde Lisboa por el Tajo, el Jarama y el Manzanares, el ingeniero Antonelli, llegando hasta los bosques del Pardo, o por lo menos hasta frente al Alc\u00e1zar de Madrid. Posteriormente hubo el proyecto de aumentarle e incorporarle al Jarama, y m\u00e1s adelante, a fines del siglo <small>XVII<\/small>, por los ingenieros hermanos Grunnemberg se propuso la canalizaci\u00f3n del rio hasta Vacia-Madrid, que al fin se llev\u00f3 a cabo en el reinado de Carlos III, con grandes esperanzas de resultado, que ha venido a hacer est\u00e9ril la aplicaci\u00f3n de los ferrocarriles, concurrencia formidable, en que no pudieron so\u00f1ar ni Antonelli ni Grunnemberg.<\/p>\n<p>De todos modos, preciso es convenir en que donde concluye la influencia del Manzanares, o sea desde frente al extremo de la Monta\u00f1a del Pr\u00edncipe P\u00edo hacia el Norte, y el de la huerta de Atocha hacia Levante, all\u00ed acaba tambi\u00e9n la animaci\u00f3n, la vida y la fertilidad de esta comarca. Dentro de estos opuestos polos, al Occidente y Mediod\u00eda, es donde se desplega, a favor del ben\u00e9fico influjo de su escaso rio, la risue\u00f1a <i>vega de Madrid<\/i>, donde en tiempos remotos acud\u00edan a solazarse los habitantes de esta villa. All\u00ed est\u00e1 su famoso <i>sotillo<\/i>, en donde, el 1.\u00ba de Mayo, celebraba la popular y animada fiesta de <i>Santiago el Verde<\/i>, que poetizaron hasta lo sumo, en sus dramas y canciones especiales, las musas de Lope, de Rojas y Calder\u00f3n; all\u00ed, sus antiguas ermitas de San Isidro<a href=\"http:\/\/www.publiconsulting.com\/wordpress\/madridantiguo\/back-matter\/notas\/#nt201\" id=\"rf201\"><sup>[201]<\/sup><\/a>, del \u00c1ngel<a href=\"http:\/\/www.publiconsulting.com\/wordpress\/madridantiguo\/back-matter\/notas\/#nt202\" id=\"rf202\"><sup>[202]<\/sup><\/a>, de San D\u00e1maso<a href=\"http:\/\/www.publiconsulting.com\/wordpress\/madridantiguo\/back-matter\/notas\/#nt203\" id=\"rf203\"><sup>[203]<\/sup><\/a>, de San Antonio de la Florida<a href=\"http:\/\/www.publiconsulting.com\/wordpress\/madridantiguo\/back-matter\/notas\/#nt204\" id=\"rf204\"><sup>[204]<\/sup><\/a> y de la Virgen del Puerto<a href=\"http:\/\/www.publiconsulting.com\/wordpress\/madridantiguo\/back-matter\/notas\/#nt205\" id=\"rf205\"><sup>[205]<\/sup><\/a>, que en sus d\u00edas respectivos presenciaban sus festivas y vistosas romer\u00edas; all\u00ed su <i>pradera del Corregidor<\/i>, teatro de sus rom\u00e1nticas verbenas la ma\u00f1ana de San Juan; all\u00ed la Tela de justar, en que los briosos caballeros (no digamos del siglo\u00a0<small>XI<\/small>, ni acaudillados por el Cid, seg\u00fan en sus admirables quintillas describe Morat\u00edn el padre), sino los apuestos galanes de la corte de los Felipes, holgaban de lucir su gallard\u00eda dominando un fogoso alaz\u00e1n, corriendo una sortija, quebrando una lanza o rej\u00f3n, y tendiendo a un toro a sus pies; all\u00ed su <i>parque de Palacio<\/i>, donde las elegantes y hermosas damas sal\u00edan a lucir su belleza y recibir los holocaustos de sus amantes en las <i>ma\u00f1anas de Abril y Mayo<\/i>; all\u00ed donde el Monarca, los magnates de la corte y los antiguos mayorazgos de la villa ten\u00edan sus recreos o retiros campestres, sus huertas <i>floridas<\/i>; el Rey, su <i>Casa de Campo<\/i>; el Arzobispo de Toledo, su <i>Moncloa<\/i>; el Duque de Alba, la <i>Florida<\/i>; sus huertas los Vargas, los Luzones, los Lujanes, los Ram\u00edrez de Bornos, los Coellos y los Balbases<a href=\"http:\/\/www.publiconsulting.com\/wordpress\/madridantiguo\/back-matter\/notas\/#nt206\" id=\"rf206\"><sup>[206]<\/sup><\/a>; all\u00ed, en fin, donde, coronando dignamente este risue\u00f1o paisaje sobre las altas colinas de su fondo, desplegaba sus antiguos torreones, sus fuertes murallas, su puerta primitiva, la villa y corte de Madrid, desde el Real Alc\u00e1zar hasta el venerando templo de San Francisco.<\/p>\n<p>A espaldas de este cuadro pintoresco, es decir, salvando los l\u00edmites de la Monta\u00f1a del Pr\u00edncipe P\u00edo y de Atocha al Norte y Levante, \u00bfqu\u00e9 es lo que ofrec\u00eda Madrid, y qu\u00e9 ha venido ofreciendo hasta nuestros d\u00edas, en que espera fundadamente su trasformaci\u00f3n, merced a las aguas del Lozoya, tra\u00eddas a sus puertas con obras formidables? \u00bfQu\u00e9 objetos halag\u00fce\u00f1os, qu\u00e9 se\u00f1ales de vitalidad presentaba en su radio exterior, sino una mon\u00f3tona sucesi\u00f3n de colinas areniscas, de tierras de pan llevar, interrumpidas de vez en cuando por alguna triste casa de labor, por alguna venta o tejar, por tal cual posesi\u00f3n cercada, m\u00e1s o menos r\u00fastica, por alg\u00fan barranco seco y pestilente o por una solitaria y desnuda carretera? \u00bfNi en qu\u00e9 se diferenciaba de un yermo, ni en qu\u00e9 se parec\u00eda a las avenidas de otras ciudades populosas?<\/p>\n<p>Madrid recibi\u00f3, es verdad, de Felipe IV el important\u00edsimo aumento del Buen Retiro a su banda oriental; con la asombrosa extensi\u00f3n de este Real sitio casi duplic\u00f3 el per\u00edmetro de la villa y llam\u00f3 hacia aquel extremo su importancia y su riqueza; pero al tiempo que la dot\u00f3 de tan espl\u00e9ndido ap\u00e9ndice, la impuso l\u00edmites fijos, indeclinables, fatales, por aquel lado, y contuvo el progreso que desde el principio ven\u00eda siguiendo la poblaci\u00f3n hacia aquel extremo.<\/p>\n<p>La formaci\u00f3n de este inmenso parque al otro lado del Prado prohibi\u00f3 al caser\u00edo rebasar la l\u00ednea de aquel paseo y convertirle a la larga en una <i>rambla<\/i> o <i>boulevart<\/i> interior; y la cerca del Retiro, desde su esquina meridional hasta la que mira al Norte, donde se alza hoy la monta\u00f1a artificial, puede decirse que eran las columnas de H\u00e9rcules, el <i>Non plus ultra <\/i> para la villa de Madrid por aquel lado.<\/p>\n<p>A la vista tenemos tambi\u00e9n, para esta ojeada exterior, un preciso <i>Plano de Madrid<\/i> (del que hasta \u00faltimamente no ten\u00edamos noticia); y aunque no de la extensi\u00f3n y primor del grande, de <i>Tejeyra<\/i>, grabado en Amb\u00e9res en 1656, sobre el cual est\u00e1n calcados estos <i>paseos<\/i> por el Madrid antiguo, es indudablemente anterior a \u00e9l, y aun al reinado de Felipe\u00a0IV, pareciendo ser obra de los \u00faltimos a\u00f1os del de su antecesor, hacia 1617 o 1618, por carecer todav\u00eda del Retiro, de la nueva Plaza Mayor, de la puerta de Segovia, de la c\u00e1rcel de Corte, del Ayuntamiento y dem\u00e1s edificios posteriores<a href=\"http:\/\/www.publiconsulting.com\/wordpress\/madridantiguo\/back-matter\/notas\/#nt207\" id=\"rf207\"><sup>[207]<\/sup><\/a>.<\/p>\n<p>Recorriendo con este dato contempor\u00e1neo el exterior de Madrid en los primeros a\u00f1os del siglo\u00a0<small>XVII<\/small>, empecemos por la parte alta al Norte, donde hallamos la dicha huerta de la Florida y la del cardenal de Rojas Sandoval (t\u00edo del Duque de Lerma), y otras, formando un conjunto con lo que hoy las dos Reales posesiones de la Moncloa, o Real Florida, y la Monta\u00f1a del Pr\u00edncipe P\u00edo, que m\u00e1s adelante fueron separadas por Carlos III con el costoso desmonte y rotura del camino o <i>Cuesta de Areneros<\/i>. Donde despu\u00e9s se coloc\u00f3 el portillo de <i>San Joaqu\u00edn<\/i>, o de <i>San Bernardino<\/i> (porque es sabido que entonces Madrid no ten\u00eda cerca alguna), arrancaba el camino de las <i>Cruces<\/i>, que guiaba al convento de San Bernardino, fundado por el contador Garnica en 1572; y la primera casa o edificio de Madrid por aquel lado estaba en lo que despu\u00e9s se llam\u00f3 <i>plazuela de los Afligidos<\/i>, y era el convento de <i>cl\u00e9rigos menores<\/i>, apellidados con aquel t\u00edtulo, y la huerta contigua del Conde de Nieva, hacia donde hoy el palacio de Liria; a que segu\u00edan, en la direcci\u00f3n del actual cuartel de Guardias y portillo del Conde-Duque, otros edificios y casas particulares. Al t\u00e9rmino de la cuesta de Leganitos, y sobre la dicha Monta\u00f1a del Pr\u00edncipe P\u00edo, en que hay varias huertas, est\u00e1 ya se\u00f1alado el viejo palacio del Duque de Osuna, que aun subsiste, y todas las dichas calles de Leganitos y sus paralelas, hasta las de San Bernardo, Fuencarral y Hortaleza, daban salida al campo y no se prolongaban tanto como despu\u00e9s lo hicieron. Al final de esta \u00faltima (la de Hortaleza) se ve ya en la extensa plaza o descampado el convento de Santa B\u00e1rbara a su derecha, y al frente, otro edificio considerable con su huerta. Detr\u00e1s del de Santa B\u00e1rbara estaban el palacio y jardines del Pr\u00edncipe Stillano, convertido despu\u00e9s, por \u00e9l mismo, en convento de monjas de Santa Teresa; y m\u00e1s adelante segu\u00edan otros huertos y casas aisladas hasta el extenso campo donde despu\u00e9s se elev\u00f3 el monasterio de las Salesas.<\/p>\n<p>El prado de Recoletos est\u00e1 ya, poco m\u00e1s o menos que en el plano de Amberes, con su convento de Agustinos, su huerta de San Felipe (luego de la Veterinaria), y otra muy grande, hasta la subida de la puerta de Alcal\u00e1; y al otro lado del paseo, los jardines del Conde de Ba\u00f1os, del Almirante y de Juan Fern\u00e1ndez, el <i>Regidor<\/i>; corriendo por el centro el antiguo barranco y dos filas de \u00e1rboles. La puerta de Alcal\u00e1, levantada en 1509, y formada dedos mezquinas torrecillas, apoyaba entre las huertas del prado de Recoletos y la que hab\u00eda enfrente, hacia donde despu\u00e9s la entrada del Retiro por la Glorieta. Detr\u00e1s de esta huerta segu\u00eda otra, donde luego el <i>jard\u00edn de Primavera<\/i> y el palacio de San Juan, hasta la subida de San Jer\u00f3nimo, con un edificio de alguna apariencia, en donde se elev\u00f3 el cuartel de Artiller\u00eda, y un paseo delante, que est\u00e1 se\u00f1alado en el plano con el nombre de <i>Carrera de los Caballeros<\/i>. Tambi\u00e9n hab\u00eda all\u00ed una ermita o iglesia, que pod\u00eda ser la antigua de <i>San Juan<\/i>. Lo dem\u00e1s que hoy forma el Real Sitio del Retiro eran tierras y casas de labor, atravesando por ellas el camino de <i>Valnegral<\/i> o de Abro\u00f1igal, y terminando aquella banda en el monasterio y cuarto Real de <i>San Jer\u00f3nimo<\/i> y su extendida huerta, el altillo y ermita de <i>San Blas<\/i>, el convento, iglesia y huerta de Atocha.<\/p>\n<p>Por delante de todo esto se ve el <i>Prado de San Jer\u00f3nimo<\/i>, como en el plano posterior, con sus dobles filas de \u00e1rboles, sus fuentes, su torrecilla para las m\u00fasicas, sus huertas y barranco a la izquierda, las cercas de sus jardines a la derecha, avanzando \u00e9stas m\u00e1s adelante que hoy a la esquina de la calle de Alcal\u00e1 y de la Carrera, no form\u00e1ndola todav\u00eda la fachada de la casa del Marqu\u00e9s del Carpi\u00f3 (hoy de Alca\u00f1ices), ni la del Duque de Maceda, y hoy el palacio de Villahermosa.<\/p>\n<p>La <i>huerta del Duque de Lerma<\/i>, y los diversos edificios que incorpor\u00f3 a ella para formar su palacio, aparecen donde hoy el de Medinaceli, aunque separados e independientes; uno con vista al Prado; luego la verja de la huerta, y otros edificios al t\u00e9rmino de ella, hacia la calle del Prado<a href=\"http:\/\/www.publiconsulting.com\/wordpress\/madridantiguo\/back-matter\/notas\/#nt208\" id=\"rf208\"><sup>[208]<\/sup><\/a>. Tambi\u00e9n est\u00e1 detr\u00e1s de este palacio y huerta el convento de los trinitarios de Jes\u00fas, fundado por el mismo Duque en 1606. Sigue el Prado hacia la salida al camino de Vallecas, con dos filas de \u00e1rboles, y a su extremo el edificio del antiguo hospital, y el convento iglesia de Atocha al fin de su paseo. Por la parte baja no se presenta nada notable en los l\u00edmites de Madrid; todas las calles, que, por lo que se infiere, no se prolongaban tanto como ahora, ten\u00edan salida al campo y terminaban, la de Lavapi\u00e9s en la plazuela de este nombre, la del Mes\u00f3n de Paredes en la Escuela P\u00eda, donde estaba el <i>Hospital de los Aragoneses<\/i>, y as\u00ed las dem\u00e1s hacia la de Toledo.<\/p>\n<p>A la parte oriental, al otro lado del rio, se ve la antigua ermita de San Isidro, poco m\u00e1s o menos de la misma forma que la actual, y luego las huertas de Luche, los lavaderos, la Casa de Campo, con la estatua ya de Felipe\u00a0III (que fue colocada en 1616), y de la parte ac\u00e1 el monasterio de San Francisco y su huerta (pero no la del Infantado), el Puente Nuevo, sin la <i>puerta de Segovia<\/i>, porque la calle de este nombre terminaba en las casas de Moneda, vi\u00e9ndose todav\u00eda al descubierto la muralla antigua, que bajaba por la Cuesta de los Ciegos, y sub\u00eda luego, dejando a la parte fuera el hospital de San L\u00e1zaro, que se ve hacia donde ahora el callej\u00f3n de este nombre; luego la primitiva y \u00fanica <i>puerta de la Vega<\/i> en la escabrosa cuesta, terminando con el parque de Palacio, el Alc\u00e1zar y <i>Vistillas<\/i> al rio, en las que se mira el monasterio de do\u00f1a Mar\u00eda de Arag\u00f3n. Aqu\u00ed nos hallamos ya delante del cuadro que dejamos trazado al principio de este paseo, y aqu\u00ed terminan tambi\u00e9n los nuestros por el <i>Antiguo Madrid<\/i>.<\/p>\n","protected":false},"author":1,"menu_order":29,"template":"","meta":{"pb_show_title":"on","pb_short_title":"","pb_subtitle":"","pb_authors":[],"pb_section_license":""},"chapter-type":[],"contributor":[],"license":[],"class_list":["post-80","chapter","type-chapter","status-publish","hentry"],"part":3,"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.publiconsulting.com\/wordpress\/madridantiguo\/wp-json\/pressbooks\/v2\/chapters\/80","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.publiconsulting.com\/wordpress\/madridantiguo\/wp-json\/pressbooks\/v2\/chapters"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.publiconsulting.com\/wordpress\/madridantiguo\/wp-json\/wp\/v2\/types\/chapter"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.publiconsulting.com\/wordpress\/madridantiguo\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"version-history":[{"count":3,"href":"https:\/\/www.publiconsulting.com\/wordpress\/madridantiguo\/wp-json\/pressbooks\/v2\/chapters\/80\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":237,"href":"https:\/\/www.publiconsulting.com\/wordpress\/madridantiguo\/wp-json\/pressbooks\/v2\/chapters\/80\/revisions\/237"}],"part":[{"href":"https:\/\/www.publiconsulting.com\/wordpress\/madridantiguo\/wp-json\/pressbooks\/v2\/parts\/3"}],"metadata":[{"href":"https:\/\/www.publiconsulting.com\/wordpress\/madridantiguo\/wp-json\/pressbooks\/v2\/chapters\/80\/metadata\/"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.publiconsulting.com\/wordpress\/madridantiguo\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=80"}],"wp:term":[{"taxonomy":"chapter-type","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.publiconsulting.com\/wordpress\/madridantiguo\/wp-json\/pressbooks\/v2\/chapter-type?post=80"},{"taxonomy":"contributor","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.publiconsulting.com\/wordpress\/madridantiguo\/wp-json\/wp\/v2\/contributor?post=80"},{"taxonomy":"license","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.publiconsulting.com\/wordpress\/madridantiguo\/wp-json\/wp\/v2\/license?post=80"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}