{"id":24,"date":"2019-12-09T15:25:39","date_gmt":"2019-12-09T15:25:39","guid":{"rendered":"https:\/\/www.publiconsulting.com\/wordpress\/reglasyconsejos\/chapter\/capitulo-i-consideraciones-sobre-los-metodos-generales\/"},"modified":"2019-12-09T15:25:39","modified_gmt":"2019-12-09T15:25:39","slug":"capitulo-i-consideraciones-sobre-los-metodos-generales","status":"publish","type":"chapter","link":"https:\/\/www.publiconsulting.com\/wordpress\/reglasyconsejos\/chapter\/capitulo-i-consideraciones-sobre-los-metodos-generales\/","title":{"rendered":"Cap\u00edtulo I. Consideraciones sobre los m\u00e9todos generales"},"content":{"raw":"\n<h1><em>Consideraciones sobre los m\u00e9todos generales. Infecundidad de las reglas abstractas. Necesidad de ilustrar la inteligencia y de tonificar la voluntad<\/em><\/h1>\nSupongo en el lector cierta cultura filos\u00f3fica y pedag\u00f3gica general, y que, por consiguiente, sabe que las principales fuentes de conocimiento son: la observaci\u00f3n, la experimentaci\u00f3n y el razonamiento inductivo y deductivo.\n\nObvio fuera insistir sobre tan notorias verdades. Me limitar\u00e9 a recordar que en las ciencias naturales han sido ya, desde hace una centuria, definitivamente abandonados los principios aprior\u00edsticos, la intuici\u00f3n, la inspiraci\u00f3n y el dogmatismo.\n\nAquella singular manera de discurrir de pitag\u00f3ricos y platonianos (m\u00e9todo seguido en modernos tiempos por Descartes, Fichte, Krause, Hegel y recientemente \u0097aunque s\u00f3lo en parte\u0097 por Bergson), que consiste en explotar nuestro propio esp\u00edritu para descubrir en \u00e9l las leyes del Universo y la soluci\u00f3n de los grandes arcanos de la vida, ya s\u00f3lo inspira sentimientos de conmiseraci\u00f3n y de disgusto. Conmiseraci\u00f3n, por el talento consumido persiguiendo quimeras, disgusto, por el tiempo y trabajo lastimosamente perdidos.\n\nLa historia de la civilizaci\u00f3n demuestra hasta la saciedad la esterilidad de la metaf\u00edsica en sus reiterados esfuerzos por adivinar las leyes de la Naturaleza. Con raz\u00f3n se ha dicho que el humano intelecto, de espaldas a la realidad y concentrado en s\u00ed mismo, es impotente para dilucidar los m\u00e1s sencillos rodajes de la m\u00e1quina del mundo y de la vida.\n\nAnte los fen\u00f3menos que desfilan por los \u00f3rganos sensoriales, la actividad del intelecto s\u00f3lo puede ser verdaderamente \u00fatil y fecunda reduci\u00e9ndose modestamente a observarlos, describirlos, compararlos y clasificarlos, seg\u00fan analog\u00edas y diferencias, para llegar despu\u00e9s, por inducci\u00f3n, al conocimiento de sus condiciones determinantes y leyes emp\u00edricas.\n\nOtra verdad, vulgar\u00edsima ya de puro repetida, es que la ciencia humana debe descartar, como inabordable empresa, el esclarecimiento de las causas primeras y el conocimiento del fondo sustancial oculto bajo las apariencias fenomenales del Universo. Como ha declarado Claudio Bernard, el investigador no puede pasar del determinismo de los fen\u00f3menos, su misi\u00f3n queda reducida a mostrar el c\u00f3mo, nunca el porqu\u00e9 de las mutaciones observadas. Ideal modesto en el terreno filos\u00f3fico, pero todav\u00eda grandioso en el orden pr\u00e1ctico, porque conocer las condiciones bajo las cuales nace un fen\u00f3meno, nos capacita para reproducirlo o suspenderlo a nuestro antojo, y nos hace due\u00f1os de \u00e9l, explot\u00e1ndolo en beneficio de la vida humana. Previsi\u00f3n y acci\u00f3n: he aqu\u00ed los frutos que el hombre obtiene del determinismo fenomenal.\n\nQuiz\u00e1 parezca esta severa disciplina del determinismo un poco estrecha en filosof\u00eda<sup><a id=\"np1\" href=\"..\/notas-del-autor\/#np1n\">1<\/a><\/sup>, pero es fuerza convenir que en las ciencias naturales, y singularmente en biolog\u00eda, resulta muy eficaz para preservarnos de esa tendencia innata a encerrar el Universo entero en una f\u00f3rmula general, especie de germen donde todo se contiene como el \u00e1rbol en la semilla. Estas generalizaciones seductoras con que, de vez en cuando, ciertos fil\u00f3sofos invaden el campo de las ciencias biol\u00f3gicas suelen ser soluciones puramente verbales, desprovistas de fecundidad y de contenido positivo. A lo m\u00e1s, poseen utilidad a t\u00edtulo de \u00abhip\u00f3tesis de trabajo\u00bb.\n\nPreciso es confesar que los grandes enigmas del Universo, citados por Dubois-Reymond, son actualmente inabordables. Debemos resignarnos al <em lang=\"la\" xml:lang=\"la\">ignoramus<\/em>, y aun al inexorable <em lang=\"la\" xml:lang=\"la\">ignorabimus<\/em> proclamado por el gran fisi\u00f3logo alem\u00e1n. Para la resoluci\u00f3n de estos formidables problemas (comienzo de la vida, naturaleza de la sustancia, origen del movimiento, aparici\u00f3n de la conciencia, <abbr>etc.<\/abbr>) parece indudable la insuficiencia radical del esp\u00edritu humano. \u00d3rgano de acci\u00f3n encaminado a fines pr\u00e1cticos, nuestro cerebro parece haber sido construido, no para hallar las \u00faltimas razones de las cosas, sino para fijar sus causas pr\u00f3ximas y determinar sus relaciones constantes. Y esto, que parece poco, es much\u00edsimo, porque habi\u00e9ndosenos concedido el supremo poder de actuar sobre el mundo, suaviz\u00e1ndolo y modific\u00e1ndolo en provecho de la vida, podemos pasarnos muy bien sin el conocimiento de la esencia de las cosas.\n\nNo creemos demostrada, en buena filosof\u00eda, la absoluta imposibilidad de que el hombre se eleve alg\u00fan d\u00eda a la concepci\u00f3n del <em>porqu\u00e9<\/em> de los fen\u00f3menos; pero dada la penuria anal\u00edtica de nuestros sentidos, que s\u00f3lo representan registros num\u00e9ricos de movimientos, y no de todos, sino de unos pocos, para los cuales se hallan tonalizadas las fibras nerviosas; y supuesta la pobreza y limitaci\u00f3n de nuestro entendimiento, cuya labor se reduce a combinar y relacionar de mil maneras dicha menguada gama de representaciones del mundo exterior, la Ciencia no tiene m\u00e1s recursos que fijar el orden de sucesi\u00f3n de los fen\u00f3menos y determinar las leyes emp\u00edricas y derivadas que lo rigen. iQui\u00e9n sabe si, a fuerza de siglos, cuando el hombre, superiormente adaptado al medio \u00f3ptico y ac\u00fastico, y el cerebro permita combinaciones ideales m\u00e1s complejas, podr\u00e1 la Ciencia desentra\u00f1ar las leyes m\u00e1s generales de la materia, dentro de las cuales, y como caso particular de las mismas, se encerrar\u00eda quiz\u00e1 el extraordinario fen\u00f3meno de la vida y del pensamiento!\n\nAl tratar de m\u00e9todos generales de investigaci\u00f3n, no es l\u00edcito olvidar esas panaceas de la invenci\u00f3n cient\u00edfica que se llama el <em lang=\"la\" xml:lang=\"la\">Novum organum<\/em>, de Bacon, y el <em>Libro del m\u00e9todo<\/em>, de Descartes, tan recomendado por Claudio Bernard. Libros son \u00e9stos por todo extremo excelentes para hacer pensar, pero de ning\u00fan modo tan eficaces para ense\u00f1ar a descubrir. Despu\u00e9s de confesar que la lectura de tales obras puede sugerir m\u00e1s de una concepci\u00f3n fecunda, debo declarar que me hallo muy pr\u00f3ximo a pensar de ellas lo que De Maistre opina del <em lang=\"la\" xml:lang=\"la\">Novum organum<\/em>: \u00abQue no lo hab\u00edan le\u00eddo los que m\u00e1s descubrimientos han hecho en las ciencias, y que el mismo Bacon no dedujo de sus reglas invenci\u00f3n ninguna\u00bb. M\u00e1s severo a\u00fan se muestra Liebig cuando afirma, en su c\u00e9lebre <em>Discurso acad\u00e9mico<\/em>, que Bacon fue un dilettante cient\u00edfico cuyos escritos, celebrados pomposamente por juristas, historiadores y otras gentes ajenas a la ciencia, nada contienen de los procederes que conducen al descubrimiento.\n\nLos preceptos dictados por Descartes, a saber: <em>No reconocer como verdadero sino lo evidente, dividir cada dificultad en cuantas porciones sea preciso para mejor atacarlas, comenzar el an\u00e1lisis por el examen de los objetos m\u00e1s simples y m\u00e1s f\u00e1ciles de ser comprendidos, para remontarse gradualmente al conocimiento de los m\u00e1s complejos,&nbsp;etc.<\/em>, son reglas que nadie deja de emplear indistintamente en el estudio de toda cuesti\u00f3n dificultosa. El m\u00e9rito del fil\u00f3sofo franc\u00e9s estriba, no en haber aplicado estas reglas, sino en haberlas formulado clara y rigurosamente despu\u00e9s de haberlas aprovechado inconscientemente, como todo el mundo, en sus meditaciones filos\u00f3ficas y geom\u00e9tricas.\n\nTengo para m\u00ed que el poco provecho obtenido de la lectura de tales obras, y en general de todos los trabajos concernientes a los m\u00e9todos filos\u00f3ficos de indagaci\u00f3n, depende de la vaguedad y generalidad de las reglas que contienen, las cuales, cuando no son f\u00f3rmulas vac\u00edas, vienen a ser la expresi\u00f3n formal del mecanismo del entendimiento en funci\u00f3n de investigar. Este mecanismo act\u00faa inconscientemente en toda cabeza regularmente organizada y cultivada, y cuando, por un acto de reflexi\u00f3n, formula el fil\u00f3sofo sus leyes psicol\u00f3gicas, ni el autor ni el lector pueden mejorar sus capacidades respectivas para la investigaci\u00f3n cient\u00edfica. Los tratadistas de m\u00e9todos l\u00f3gicos me causan la misma impresi\u00f3n que me producir\u00eda un orador que pretendiera acrecentar su elocuencia mediante el estudio de los centros del lenguaje, del mecanismo de la voz y de la inervaci\u00f3n de la laringe. iComo si el conocer estos artificios an\u00e1tomo-fisiol\u00f3gicos pudiera crear una organizaci\u00f3n que nos falta o perfeccionar la que tenemos!<sup><a id=\"np2\" href=\"..\/notas-del-autor\/#np2n\">2<\/a><\/sup>.\n\nImporta consignar que los descubrimientos m\u00e1s brillantes se han debido, no al conocimiento de la l\u00f3gica escrita, sino a esa l\u00f3gica viva que el hombre posee en su esp\u00edritu, con la cual labora ideas con la misma perfecta inconsciencia con que Jourdain hac\u00eda prosa. Harto m\u00e1s eficaz es la lectura de las obras de los grandes iniciadores cient\u00edficos, tales como Galileo, Kepler, Newton, Lavoisier, Geoffroy Saint-Hilaire, Faraday, Amp\u00e8re, Cl. Bernard, Pasteur, Virchow, Liebig, <abbr>etc.<\/abbr>, y sin embargo, es fuerza reconocer que si carecemos de una chispa cualquiera de la espl\u00e9ndida luz que brill\u00f3 en tales inteligencias, de un eco al menos de las nobles pasiones que impulsaron a caracteres tan elevados, la erudici\u00f3n nos convertir\u00e1 en comentadores entusiastas o amenos, quiz\u00e1 en benem\u00e9ritos divulgadores cient\u00edficos, pero no crear\u00e1 en nosotros el esp\u00edritu de investigaci\u00f3n.\n\nTampoco nos ser\u00e1 de gran provecho, a la hora de investigar, el conocimiento de las leyes que rigen el desenvolvimiento de la Ciencia. Afirma Herbert Spencer que el progreso intelectual va de lo homog\u00e9neo a lo heterog\u00e9neo, y que, en virtud de la <em>inestabilidad de lo homog\u00e9neo<\/em> y del principio de que cada causa produce m\u00e1s de un efecto, todo descubrimiento provoca inmediatamente gran n\u00famero de otros descubrimientos, pero si esta noci\u00f3n nos permite apreciar la marcha hist\u00f3rica de la Ciencia, no puede darnos la clave de sus revelaciones. Lo importante ser\u00eda averiguar c\u00f3mo cada sabio, en su peculiar dominio, ha logrado sacar lo heterog\u00e9neo, y por qu\u00e9 raz\u00f3n muchos hombres que se lo han propuesto no lo han conseguido.\n\nApresur\u00e9monos, pues, a declarar que no hay recetas l\u00f3gicas para hacer descubrimientos y menos todav\u00eda para convertir en afortunados experimentadores a personas desprovistas del arte discursivo natural a que antes alud\u00edamos. Y en cuanto a los genios, sabido es que dif\u00edcilmente se doblegan a las reglas escritas: prefieren hacerlas. Como dice Condorcet, \u00ablas median\u00edas pueden educarse, pero los genios se educan por s\u00ed solos\u00bb.\n\n\u00bfDebemos por esto renunciar a toda tentativa de instruir y educar en materia de inquisici\u00f3n cient\u00edfica? \u00bfVamos a dejar al principiante desorientado, entregado a sus propias fuerzas y marchando sin gu\u00eda ni consejo por una senda llena de dificultades y peligros?\n\nDe ninguna manera. Pensamos, por lo contrario, que si, abandonando la vaga regi\u00f3n de los principios filos\u00f3ficos y de los m\u00e9todos abstractos, descendemos al dominio de las ciencias particulares y al terreno de la t\u00e9cnica moral e instrumental indispensable al proceso inquisitivo, ser\u00e1 f\u00e1cil hallar algunas normas positivamente \u00fatiles al novel investigador.\n\nAlgunos consejos relativos a lo que debe saber, a la educaci\u00f3n t\u00e9cnica que necesita recibir, a las pasiones elevadas que deben alentarle, a los apocamientos y preocupaciones que ser\u00e1 forzoso descartar, opinamos que podr\u00edan serle harto m\u00e1s provechosos que todos los preceptos y cautelas de la l\u00f3gica te\u00f3rica. Tal es la justificaci\u00f3n del actual trabajo, en el cual, para decirlo de una vez, hemos reunido aquellos est\u00edmulos alentadores y paternales admoniciones que hubi\u00e9ramos querido recibir en los albores de nuestra modesta carrera cient\u00edfica.\n\nSuperfluas ser\u00e1n nuestras advertencias para quien tuvo la fortuna de educarse en el laboratorio del sabio, bajo la ben\u00e9fica influencia de las reglas vivas, encarnadas en una personalidad ilustre, animada del noble proselitismo de la ciencia y de la ense\u00f1anza, ociosas ser\u00e1n asimismo para los caracteres energ\u00e9ticos y los talentos elevados, los cuales no necesitan ciertamente, seg\u00fan dec\u00edamos antes, para elevarse al conocimiento de la verdad, otros consejos que los sugeridos por el estudio y la meditaci\u00f3n, pero acaso, repito, resulten confortadoras y provechosas para muchos esp\u00edritus modestos, apocados, aunque codiciosos de reputaci\u00f3n, los cuales no cosechan el anhelado fruto por flaqueza de voluntad o la viciosa direcci\u00f3n de sus estudios.\n\nA la voluntad, m\u00e1s que a la inteligencia, se enderezan nuestros consejos, porque tenemos la convicci\u00f3n de que aqu\u00e9lla, como afirma cuerdamente Payot, es tan educable como \u00e9sta, y creemos adem\u00e1s que toda obra grande, en arte como en ciencia, es el resultado de una gran pasi\u00f3n puesta al servicio de una gran idea.\n","rendered":"<h1><em>Consideraciones sobre los m\u00e9todos generales. Infecundidad de las reglas abstractas. Necesidad de ilustrar la inteligencia y de tonificar la voluntad<\/em><\/h1>\n<p>Supongo en el lector cierta cultura filos\u00f3fica y pedag\u00f3gica general, y que, por consiguiente, sabe que las principales fuentes de conocimiento son: la observaci\u00f3n, la experimentaci\u00f3n y el razonamiento inductivo y deductivo.<\/p>\n<p>Obvio fuera insistir sobre tan notorias verdades. Me limitar\u00e9 a recordar que en las ciencias naturales han sido ya, desde hace una centuria, definitivamente abandonados los principios aprior\u00edsticos, la intuici\u00f3n, la inspiraci\u00f3n y el dogmatismo.<\/p>\n<p>Aquella singular manera de discurrir de pitag\u00f3ricos y platonianos (m\u00e9todo seguido en modernos tiempos por Descartes, Fichte, Krause, Hegel y recientemente \u0097aunque s\u00f3lo en parte\u0097 por Bergson), que consiste en explotar nuestro propio esp\u00edritu para descubrir en \u00e9l las leyes del Universo y la soluci\u00f3n de los grandes arcanos de la vida, ya s\u00f3lo inspira sentimientos de conmiseraci\u00f3n y de disgusto. Conmiseraci\u00f3n, por el talento consumido persiguiendo quimeras, disgusto, por el tiempo y trabajo lastimosamente perdidos.<\/p>\n<p>La historia de la civilizaci\u00f3n demuestra hasta la saciedad la esterilidad de la metaf\u00edsica en sus reiterados esfuerzos por adivinar las leyes de la Naturaleza. Con raz\u00f3n se ha dicho que el humano intelecto, de espaldas a la realidad y concentrado en s\u00ed mismo, es impotente para dilucidar los m\u00e1s sencillos rodajes de la m\u00e1quina del mundo y de la vida.<\/p>\n<p>Ante los fen\u00f3menos que desfilan por los \u00f3rganos sensoriales, la actividad del intelecto s\u00f3lo puede ser verdaderamente \u00fatil y fecunda reduci\u00e9ndose modestamente a observarlos, describirlos, compararlos y clasificarlos, seg\u00fan analog\u00edas y diferencias, para llegar despu\u00e9s, por inducci\u00f3n, al conocimiento de sus condiciones determinantes y leyes emp\u00edricas.<\/p>\n<p>Otra verdad, vulgar\u00edsima ya de puro repetida, es que la ciencia humana debe descartar, como inabordable empresa, el esclarecimiento de las causas primeras y el conocimiento del fondo sustancial oculto bajo las apariencias fenomenales del Universo. Como ha declarado Claudio Bernard, el investigador no puede pasar del determinismo de los fen\u00f3menos, su misi\u00f3n queda reducida a mostrar el c\u00f3mo, nunca el porqu\u00e9 de las mutaciones observadas. Ideal modesto en el terreno filos\u00f3fico, pero todav\u00eda grandioso en el orden pr\u00e1ctico, porque conocer las condiciones bajo las cuales nace un fen\u00f3meno, nos capacita para reproducirlo o suspenderlo a nuestro antojo, y nos hace due\u00f1os de \u00e9l, explot\u00e1ndolo en beneficio de la vida humana. Previsi\u00f3n y acci\u00f3n: he aqu\u00ed los frutos que el hombre obtiene del determinismo fenomenal.<\/p>\n<p>Quiz\u00e1 parezca esta severa disciplina del determinismo un poco estrecha en filosof\u00eda<sup><a id=\"np1\" href=\"..\/notas-del-autor\/#np1n\">1<\/a><\/sup>, pero es fuerza convenir que en las ciencias naturales, y singularmente en biolog\u00eda, resulta muy eficaz para preservarnos de esa tendencia innata a encerrar el Universo entero en una f\u00f3rmula general, especie de germen donde todo se contiene como el \u00e1rbol en la semilla. Estas generalizaciones seductoras con que, de vez en cuando, ciertos fil\u00f3sofos invaden el campo de las ciencias biol\u00f3gicas suelen ser soluciones puramente verbales, desprovistas de fecundidad y de contenido positivo. A lo m\u00e1s, poseen utilidad a t\u00edtulo de \u00abhip\u00f3tesis de trabajo\u00bb.<\/p>\n<p>Preciso es confesar que los grandes enigmas del Universo, citados por Dubois-Reymond, son actualmente inabordables. Debemos resignarnos al <em lang=\"la\" xml:lang=\"la\">ignoramus<\/em>, y aun al inexorable <em lang=\"la\" xml:lang=\"la\">ignorabimus<\/em> proclamado por el gran fisi\u00f3logo alem\u00e1n. Para la resoluci\u00f3n de estos formidables problemas (comienzo de la vida, naturaleza de la sustancia, origen del movimiento, aparici\u00f3n de la conciencia, <abbr>etc.<\/abbr>) parece indudable la insuficiencia radical del esp\u00edritu humano. \u00d3rgano de acci\u00f3n encaminado a fines pr\u00e1cticos, nuestro cerebro parece haber sido construido, no para hallar las \u00faltimas razones de las cosas, sino para fijar sus causas pr\u00f3ximas y determinar sus relaciones constantes. Y esto, que parece poco, es much\u00edsimo, porque habi\u00e9ndosenos concedido el supremo poder de actuar sobre el mundo, suaviz\u00e1ndolo y modific\u00e1ndolo en provecho de la vida, podemos pasarnos muy bien sin el conocimiento de la esencia de las cosas.<\/p>\n<p>No creemos demostrada, en buena filosof\u00eda, la absoluta imposibilidad de que el hombre se eleve alg\u00fan d\u00eda a la concepci\u00f3n del <em>porqu\u00e9<\/em> de los fen\u00f3menos; pero dada la penuria anal\u00edtica de nuestros sentidos, que s\u00f3lo representan registros num\u00e9ricos de movimientos, y no de todos, sino de unos pocos, para los cuales se hallan tonalizadas las fibras nerviosas; y supuesta la pobreza y limitaci\u00f3n de nuestro entendimiento, cuya labor se reduce a combinar y relacionar de mil maneras dicha menguada gama de representaciones del mundo exterior, la Ciencia no tiene m\u00e1s recursos que fijar el orden de sucesi\u00f3n de los fen\u00f3menos y determinar las leyes emp\u00edricas y derivadas que lo rigen. iQui\u00e9n sabe si, a fuerza de siglos, cuando el hombre, superiormente adaptado al medio \u00f3ptico y ac\u00fastico, y el cerebro permita combinaciones ideales m\u00e1s complejas, podr\u00e1 la Ciencia desentra\u00f1ar las leyes m\u00e1s generales de la materia, dentro de las cuales, y como caso particular de las mismas, se encerrar\u00eda quiz\u00e1 el extraordinario fen\u00f3meno de la vida y del pensamiento!<\/p>\n<p>Al tratar de m\u00e9todos generales de investigaci\u00f3n, no es l\u00edcito olvidar esas panaceas de la invenci\u00f3n cient\u00edfica que se llama el <em lang=\"la\" xml:lang=\"la\">Novum organum<\/em>, de Bacon, y el <em>Libro del m\u00e9todo<\/em>, de Descartes, tan recomendado por Claudio Bernard. Libros son \u00e9stos por todo extremo excelentes para hacer pensar, pero de ning\u00fan modo tan eficaces para ense\u00f1ar a descubrir. Despu\u00e9s de confesar que la lectura de tales obras puede sugerir m\u00e1s de una concepci\u00f3n fecunda, debo declarar que me hallo muy pr\u00f3ximo a pensar de ellas lo que De Maistre opina del <em lang=\"la\" xml:lang=\"la\">Novum organum<\/em>: \u00abQue no lo hab\u00edan le\u00eddo los que m\u00e1s descubrimientos han hecho en las ciencias, y que el mismo Bacon no dedujo de sus reglas invenci\u00f3n ninguna\u00bb. M\u00e1s severo a\u00fan se muestra Liebig cuando afirma, en su c\u00e9lebre <em>Discurso acad\u00e9mico<\/em>, que Bacon fue un dilettante cient\u00edfico cuyos escritos, celebrados pomposamente por juristas, historiadores y otras gentes ajenas a la ciencia, nada contienen de los procederes que conducen al descubrimiento.<\/p>\n<p>Los preceptos dictados por Descartes, a saber: <em>No reconocer como verdadero sino lo evidente, dividir cada dificultad en cuantas porciones sea preciso para mejor atacarlas, comenzar el an\u00e1lisis por el examen de los objetos m\u00e1s simples y m\u00e1s f\u00e1ciles de ser comprendidos, para remontarse gradualmente al conocimiento de los m\u00e1s complejos,&nbsp;etc.<\/em>, son reglas que nadie deja de emplear indistintamente en el estudio de toda cuesti\u00f3n dificultosa. El m\u00e9rito del fil\u00f3sofo franc\u00e9s estriba, no en haber aplicado estas reglas, sino en haberlas formulado clara y rigurosamente despu\u00e9s de haberlas aprovechado inconscientemente, como todo el mundo, en sus meditaciones filos\u00f3ficas y geom\u00e9tricas.<\/p>\n<p>Tengo para m\u00ed que el poco provecho obtenido de la lectura de tales obras, y en general de todos los trabajos concernientes a los m\u00e9todos filos\u00f3ficos de indagaci\u00f3n, depende de la vaguedad y generalidad de las reglas que contienen, las cuales, cuando no son f\u00f3rmulas vac\u00edas, vienen a ser la expresi\u00f3n formal del mecanismo del entendimiento en funci\u00f3n de investigar. Este mecanismo act\u00faa inconscientemente en toda cabeza regularmente organizada y cultivada, y cuando, por un acto de reflexi\u00f3n, formula el fil\u00f3sofo sus leyes psicol\u00f3gicas, ni el autor ni el lector pueden mejorar sus capacidades respectivas para la investigaci\u00f3n cient\u00edfica. Los tratadistas de m\u00e9todos l\u00f3gicos me causan la misma impresi\u00f3n que me producir\u00eda un orador que pretendiera acrecentar su elocuencia mediante el estudio de los centros del lenguaje, del mecanismo de la voz y de la inervaci\u00f3n de la laringe. iComo si el conocer estos artificios an\u00e1tomo-fisiol\u00f3gicos pudiera crear una organizaci\u00f3n que nos falta o perfeccionar la que tenemos!<sup><a id=\"np2\" href=\"..\/notas-del-autor\/#np2n\">2<\/a><\/sup>.<\/p>\n<p>Importa consignar que los descubrimientos m\u00e1s brillantes se han debido, no al conocimiento de la l\u00f3gica escrita, sino a esa l\u00f3gica viva que el hombre posee en su esp\u00edritu, con la cual labora ideas con la misma perfecta inconsciencia con que Jourdain hac\u00eda prosa. Harto m\u00e1s eficaz es la lectura de las obras de los grandes iniciadores cient\u00edficos, tales como Galileo, Kepler, Newton, Lavoisier, Geoffroy Saint-Hilaire, Faraday, Amp\u00e8re, Cl. Bernard, Pasteur, Virchow, Liebig, <abbr>etc.<\/abbr>, y sin embargo, es fuerza reconocer que si carecemos de una chispa cualquiera de la espl\u00e9ndida luz que brill\u00f3 en tales inteligencias, de un eco al menos de las nobles pasiones que impulsaron a caracteres tan elevados, la erudici\u00f3n nos convertir\u00e1 en comentadores entusiastas o amenos, quiz\u00e1 en benem\u00e9ritos divulgadores cient\u00edficos, pero no crear\u00e1 en nosotros el esp\u00edritu de investigaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Tampoco nos ser\u00e1 de gran provecho, a la hora de investigar, el conocimiento de las leyes que rigen el desenvolvimiento de la Ciencia. Afirma Herbert Spencer que el progreso intelectual va de lo homog\u00e9neo a lo heterog\u00e9neo, y que, en virtud de la <em>inestabilidad de lo homog\u00e9neo<\/em> y del principio de que cada causa produce m\u00e1s de un efecto, todo descubrimiento provoca inmediatamente gran n\u00famero de otros descubrimientos, pero si esta noci\u00f3n nos permite apreciar la marcha hist\u00f3rica de la Ciencia, no puede darnos la clave de sus revelaciones. Lo importante ser\u00eda averiguar c\u00f3mo cada sabio, en su peculiar dominio, ha logrado sacar lo heterog\u00e9neo, y por qu\u00e9 raz\u00f3n muchos hombres que se lo han propuesto no lo han conseguido.<\/p>\n<p>Apresur\u00e9monos, pues, a declarar que no hay recetas l\u00f3gicas para hacer descubrimientos y menos todav\u00eda para convertir en afortunados experimentadores a personas desprovistas del arte discursivo natural a que antes alud\u00edamos. Y en cuanto a los genios, sabido es que dif\u00edcilmente se doblegan a las reglas escritas: prefieren hacerlas. Como dice Condorcet, \u00ablas median\u00edas pueden educarse, pero los genios se educan por s\u00ed solos\u00bb.<\/p>\n<p>\u00bfDebemos por esto renunciar a toda tentativa de instruir y educar en materia de inquisici\u00f3n cient\u00edfica? \u00bfVamos a dejar al principiante desorientado, entregado a sus propias fuerzas y marchando sin gu\u00eda ni consejo por una senda llena de dificultades y peligros?<\/p>\n<p>De ninguna manera. Pensamos, por lo contrario, que si, abandonando la vaga regi\u00f3n de los principios filos\u00f3ficos y de los m\u00e9todos abstractos, descendemos al dominio de las ciencias particulares y al terreno de la t\u00e9cnica moral e instrumental indispensable al proceso inquisitivo, ser\u00e1 f\u00e1cil hallar algunas normas positivamente \u00fatiles al novel investigador.<\/p>\n<p>Algunos consejos relativos a lo que debe saber, a la educaci\u00f3n t\u00e9cnica que necesita recibir, a las pasiones elevadas que deben alentarle, a los apocamientos y preocupaciones que ser\u00e1 forzoso descartar, opinamos que podr\u00edan serle harto m\u00e1s provechosos que todos los preceptos y cautelas de la l\u00f3gica te\u00f3rica. Tal es la justificaci\u00f3n del actual trabajo, en el cual, para decirlo de una vez, hemos reunido aquellos est\u00edmulos alentadores y paternales admoniciones que hubi\u00e9ramos querido recibir en los albores de nuestra modesta carrera cient\u00edfica.<\/p>\n<p>Superfluas ser\u00e1n nuestras advertencias para quien tuvo la fortuna de educarse en el laboratorio del sabio, bajo la ben\u00e9fica influencia de las reglas vivas, encarnadas en una personalidad ilustre, animada del noble proselitismo de la ciencia y de la ense\u00f1anza, ociosas ser\u00e1n asimismo para los caracteres energ\u00e9ticos y los talentos elevados, los cuales no necesitan ciertamente, seg\u00fan dec\u00edamos antes, para elevarse al conocimiento de la verdad, otros consejos que los sugeridos por el estudio y la meditaci\u00f3n, pero acaso, repito, resulten confortadoras y provechosas para muchos esp\u00edritus modestos, apocados, aunque codiciosos de reputaci\u00f3n, los cuales no cosechan el anhelado fruto por flaqueza de voluntad o la viciosa direcci\u00f3n de sus estudios.<\/p>\n<p>A la voluntad, m\u00e1s que a la inteligencia, se enderezan nuestros consejos, porque tenemos la convicci\u00f3n de que aqu\u00e9lla, como afirma cuerdamente Payot, es tan educable como \u00e9sta, y creemos adem\u00e1s que toda obra grande, en arte como en ciencia, es el resultado de una gran pasi\u00f3n puesta al servicio de una gran idea.<\/p>\n","protected":false},"author":1,"menu_order":2,"template":"","meta":{"pb_show_title":"on","pb_short_title":"","pb_subtitle":"","pb_authors":[],"pb_section_license":""},"chapter-type":[],"contributor":[],"license":[],"class_list":["post-24","chapter","type-chapter","status-publish","hentry"],"part":22,"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.publiconsulting.com\/wordpress\/reglasyconsejos\/wp-json\/pressbooks\/v2\/chapters\/24","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.publiconsulting.com\/wordpress\/reglasyconsejos\/wp-json\/pressbooks\/v2\/chapters"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.publiconsulting.com\/wordpress\/reglasyconsejos\/wp-json\/wp\/v2\/types\/chapter"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.publiconsulting.com\/wordpress\/reglasyconsejos\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.publiconsulting.com\/wordpress\/reglasyconsejos\/wp-json\/pressbooks\/v2\/chapters\/24\/revisions"}],"part":[{"href":"https:\/\/www.publiconsulting.com\/wordpress\/reglasyconsejos\/wp-json\/pressbooks\/v2\/parts\/22"}],"metadata":[{"href":"https:\/\/www.publiconsulting.com\/wordpress\/reglasyconsejos\/wp-json\/pressbooks\/v2\/chapters\/24\/metadata\/"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.publiconsulting.com\/wordpress\/reglasyconsejos\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=24"}],"wp:term":[{"taxonomy":"chapter-type","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.publiconsulting.com\/wordpress\/reglasyconsejos\/wp-json\/pressbooks\/v2\/chapter-type?post=24"},{"taxonomy":"contributor","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.publiconsulting.com\/wordpress\/reglasyconsejos\/wp-json\/wp\/v2\/contributor?post=24"},{"taxonomy":"license","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.publiconsulting.com\/wordpress\/reglasyconsejos\/wp-json\/wp\/v2\/license?post=24"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}