{"id":25,"date":"2019-12-09T15:25:39","date_gmt":"2019-12-09T15:25:39","guid":{"rendered":"https:\/\/www.publiconsulting.com\/wordpress\/reglasyconsejos\/chapter\/capitulo-ii-preocupaciones-enervadoras-del-principiante\/"},"modified":"2019-12-09T15:25:39","modified_gmt":"2019-12-09T15:25:39","slug":"capitulo-ii-preocupaciones-enervadoras-del-principiante","status":"publish","type":"chapter","link":"https:\/\/www.publiconsulting.com\/wordpress\/reglasyconsejos\/chapter\/capitulo-ii-preocupaciones-enervadoras-del-principiante\/","title":{"rendered":"Cap\u00edtulo II. Preocupaciones enervadoras del principiante"},"content":{"raw":"\n<h1><em>Admiraci\u00f3n excesiva. Agotamiento de la cuesti\u00f3n. Devoci\u00f3n a la ciencia pr\u00e1ctica. Deficiencia intelectual<\/em><\/h1>\n<h2>a) Admiraci\u00f3n excesiva a la obra de los grandes iniciadores cient\u00edficos<\/h2>\nEntre las preocupaciones m\u00e1s funestas de la juventud intelectual contamos la extremada admiraci\u00f3n a la obra de los grandes talentos y la convicci\u00f3n de que, dada nuestra cortedad de luces, nada podemos hacer para continuarla o completarla.\n\nEsta devoci\u00f3n excesiva al genio tiene su ra\u00edz en un doble sentimiento de justicia y de modestia, harto simp\u00e1tico para ser vituperable, mas, si se ense\u00f1orea con demas\u00eda del \u00e1nimo del novicio, aniquila toda iniciativa e incapacita en absoluto para la investigaci\u00f3n original. Defecto por defecto, preferible es la arrogancia al apocamiento, la osad\u00eda mide sus fuerzas y vence o es vencida, pero la modestia excesiva huye de la batalla y se condena a vergonzosa inacci\u00f3n.\n\nCuando se abandona esa atm\u00f3sfera de prestigio que se respira al leer el libro de un investigador genial, y se acude al laboratorio a confirmar los hechos donde aqu\u00e9l apoya sus fascinadoras concepciones, sucede a veces que nuestro culto por el \u00eddolo disminuye tanto como crece el sentimiento de nuestra propia estima.\n\nLos grandes hombres son, a ratos, genios, a ratos, ni\u00f1os, y siempre incompletos. Aun concediendo que el genio, sometido al contraste de la observaci\u00f3n, salga puro de todo error, consideremos que todo cuanto ha descubierto en un dominio dado es casi nada en parang\u00f3n con lo que deja por descubrir. La Naturaleza nos brinda a todos con una riqueza inagotable, y no tenemos motivo para envidiar a los que nos precedieron ni exclamar como Alejandro ante las victorias de Filipo: \u00abMi padre no me va a dejar nada que conquistar\u00bb.\n\nNo es l\u00edcito desconocer que existen creaciones cient\u00edficas tan completas, luminosas y tan firmes, que parecen el fruto de una intuici\u00f3n casi divina, habiendo surgido perfectas, como Minerva de la cabeza de J\u00fapiter. Mas la justa admiraci\u00f3n causada por tales obras disminuir\u00eda mucho si imagin\u00e1ramos el tiempo y el esfuerzo, la paciencia y perseverancia, los tanteos y rectificaciones, hasta las casualidades que colaboraron en el \u00e9xito final, al cual contribuyeron casi tanto como el genio del investigador. Sucede en esto lo que en las maravillosas adaptaciones del organismo a determinadas funciones. El ojo o el o\u00eddo del vertebrado, examinado aisladamente, constituyen un asombro, y parece imposible que se hayan formado por el solo concurso de las leyes naturales, mas si consideramos todas las gradaciones y formas de transici\u00f3n que en la serie filog\u00e9nica nos ofrecen aquellos \u00f3rganos, desde el esbozo ocular informe de ciertos infusorios y gusanos hasta la complicada organizaci\u00f3n del ojo del vertebrado inferior, nuestra admiraci\u00f3n pierde no poco de su fuerza, acabando el \u00e1nimo por hacerse a la idea de una formaci\u00f3n natural en virtud de variaciones, correlaciones org\u00e1nicas, selecciones y adaptaciones<sup><a id=\"np3\" href=\"..\/notas-del-autor\/#np3n\">3<\/a><\/sup>.\n\n\u00a1Qu\u00e9 gran t\u00f3nico ser\u00eda para el novel observador el que su maestro, en vez de asombrarlo y desalentarlo con la sublimidad de las grandes empresas acabadas, le expusiera la g\u00e9nesis de cada invenci\u00f3n cient\u00edfica, la serie de errores y titubeos que la precedieron, constitutivos, desde el punto de vista humano, de la verdadera explicaci\u00f3n de cada descubrimiento! Tan h\u00e1bil t\u00e1ctica pedag\u00f3gica nos traer\u00eda la convicci\u00f3n de que el descubridor, con ser un ingenio esclarecido y una poderosa voluntad, fue, al fin y al cabo, un hombre como todos.\n\nLejos de abatirse el investigador novicio ante las grandes autoridades de la Ciencia, debe saber que su destino, por ley cruel, pero ineludible, es crecer un poco a costa de la reputaci\u00f3n de las mismas. Pocos ser\u00e1n los que, habiendo inaugurado con alguna fortuna sus exploraciones cient\u00edficas, no se hayan visto obligados a quebrantar y disminuir algo el pedestal de alg\u00fan \u00eddolo hist\u00f3rico o contempor\u00e1neo. A guisa de ejemplos cl\u00e1sicos recordemos a Galileo refutando a Arist\u00f3teles en lo tocante a la gravitaci\u00f3n, a Cop\u00e9rnico arruinando el sistema del mundo de Ptolomeo, a Lavoisier reduciendo a la nada la concepci\u00f3n de Stalh acerca del flog\u00edstico, a Virchow refutando la generaci\u00f3n espont\u00e1nea de las c\u00e9lulas, supuesta por Schwann, Schleiden y Robin. Tan general e imperativa es esta ley, que se acredita en todos los dominios de la Ciencia y alcanza hasta los m\u00e1s humildes investigadores. Si nosotros pudi\u00e9ramos ni nombrarnos siquiera despu\u00e9s de haber citado tan altos ejemplos, a\u00f1adir\u00edamos que, al iniciar nuestras pesquisas en la anatom\u00eda y fisiolog\u00eda de los centros nerviosos, el primer obst\u00e1culo que debimos remover fue la falsa teor\u00eda de Gerlach y de Golgi sobre las redes nerviosas difusas de la sustancia gris y sobre el modo de transmisi\u00f3n de las corrientes.\n\nEn la vida de los sabios se dan, por lo com\u00fan, dos fases: la creadora o inicial, consagrada a destruir los errores del pasado y el alumbramiento de nuevas verdades y la senil o razonable (que no coincide necesariamente con la vejez), durante la cual, disminuida la fuerza de producci\u00f3n cient\u00edfica, se defienden las hip\u00f3tesis incubadas en la juventud<sup><a id=\"np4\" href=\"..\/notas-del-autor\/#np4n\">4<\/a><\/sup> ampar\u00e1ndolas con amor paternal del ataque de los reci\u00e9n llegados. Al entrar en la historia no hay grande hombre que no sea avaro de sus t\u00edtulos y que no dispute encarnizadamente a la nueva generaci\u00f3n sus derechos a la gloria. Muy triste, pero muy verdadera suele ser aquella amarga frase de Rousseau: \u00abNo existe sabio que deje de preferir la mentira inventada por \u00e9l a la verdad descubierta por otro\u00bb.\n\nAun en las ciencias m\u00e1s perfectas nunca deja de encontrarse alguna doctrina exclusivamente mantenida por el principio de autoridad. Demostrar la falsedad de esta concepci\u00f3n y, a ser posible, refutarla con nuevas investigaciones, constituir\u00e1 siempre un excelente modo de inaugurar la propia obra cient\u00edfica. Importa poco que la reforma sea recibida con mal\u00e9volas censuras, con p\u00e9rfidas invectivas, con silencios m\u00e1s crueles a\u00fan, como la raz\u00f3n est\u00e9 de su parte, no tardar\u00e1 el innovador en arrastrar a la juventud, que, por serlo, no tiene pasado que defender, a su lado militar\u00e1n tambi\u00e9n todos aquellos sabios imparciales, quienes, en medio del torrente avasallador de la doctrina reinante, supieron conservar sereno el \u00e1nimo e independiente el criterio.\n\nEmpero, no basta demoler, hay que construir. La cr\u00edtica cient\u00edfica se justifica solamente entregando, a cambio de un error, una verdad. Por lo com\u00fan, la nueva doctrina surgir\u00e1 de las ruinas de la abandonada y se fundar\u00e1 estrictamente sobre los hechos rectamente interpretados. Menester ser\u00e1 al innovador excluir toda concesi\u00f3n piadosa al error tradicional o a las ideas ca\u00eddas, si no quiere ver prontamente compartida su fama por los esp\u00edritus detallistas y perfeccionadores brotados en gran n\u00famero, a ra\u00edz de cada descubrimiento, como los hongos bajo la sombra del \u00e1rbol.\n<h2>b) Creencia en el agotamiento de los temas cient\u00edficos<\/h2>\nHe aqu\u00ed uno de los falsos conceptos que se oyen a menudo a nuestros flamantes licenciados: \u00abTodo lo sustancial de cada tema cient\u00edfico est\u00e1 apurado: \u00bfqu\u00e9 importa que yo pueda a\u00f1adir alg\u00fan pormenor, espigar en un campo donde m\u00e1s diligentes observadores recogieron copiosa mies? Por mi labor, ni la Ciencia cambiar\u00e1 de aspecto, ni mi nombre saldr\u00e1 de la oscuridad\u00bb.\n\nAs\u00ed habla muchas veces la pereza, disfrazada de modestia. As\u00ed discurren algunos j\u00f3venes de m\u00e9rito al sentir los primeros desmayos producidos por la consideraci\u00f3n de la magna empresa. No hay m\u00e1s remedio que extirpar radicalmente un concepto tan superficial de la Ciencia si no quiere el joven investigador ser definitivamente vencido en esa lucha que en su voluntad se entabla entre las utilitarias sugestiones del ambiente moral, encaminadas a convertirlo en un vulgar y adinerado practic\u00f3n, y los nobles impulsos del deber y del patriotismo que le arrastran al honor y a la gloria.\n\nEn su anhelo por satisfacer la deuda honrosa contra\u00edda con sus maestros, el novel observador quisiera encontrar un fil\u00f3n nuevo y a flor de tierra, cuya f\u00e1cil explotaci\u00f3n levantara con empuje su nombre, mas, por desgracia, apenas emprendidas las primeras exploraciones bibliogr\u00e1ficas, reconoce con dolor que el metal yace a gran profundidad y que el yacimiento superficial ha sido casi agotado por observadores afortunados llegados antes que \u00e9l, y que ejercitaron el c\u00f3modo derecho de primeros ocupantes.\n\nNo paran mientes los que as\u00ed discurren en que hemos llegado tarde para unas cuestiones, hemos nacido demasiado temprano para otras y en que, a la vuelta de un siglo, nosotros vendremos a ser, por la fuerza de las cosas, los acaparadores de ciencia, los desfloradores de asuntos y los esquilmadores de minucias.\n\nNo es l\u00edcito, empero, desconocer que existen \u00e9pocas en las cuales, a partir de un hecho casualmente descubierto o de la creaci\u00f3n de un m\u00e9todo feliz, se realizan en serie, y como por generaci\u00f3n espont\u00e1nea, grandiosos progresos cient\u00edficos. Tal aconteci\u00f3 durante el Renacimiento, cuando Descartes, Pascal, Galileo, Bacon, Bayle, Newton, nuestro S\u00e1nchez, <abbr>etc.<\/abbr>, patentizaron los errores de los antiguos y generalizaron la creencia de que, lejos de haber los griegos agotado el dominio de las ciencias, apenas hab\u00edan dado los primeros pasos en el conocimiento positivo del Universo<sup><a id=\"np5\" href=\"..\/notas-del-autor\/#np5n\">5<\/a><\/sup>. Fortuna y grande para un cient\u00edfico es nacer en una de estas grandes crisis de ideas, durante las cuales, hecha tabla rasa de gran parte de la obra del pasado, nada es m\u00e1s f\u00e1cil que escoger un tema fecundo.\n\nPero no exageremos esta consideraci\u00f3n, y tengamos presente que, aun en nuestro tiempo, la construcci\u00f3n cient\u00edfica se eleva a menudo sobre las ruinas de teor\u00edas que pasan por indestructibles; consideremos que si hay ciencias que parecen tocar a su perfecci\u00f3n, existen otras en v\u00edas de constituci\u00f3n y algunas que no han nacido todav\u00eda. En Biolog\u00eda, especialmente, a despecho de los inmensos trabajos efectuados en el pasado siglo, las cuestiones m\u00e1s esenciales esperan todav\u00eda soluci\u00f3n (origen de la vida, problema de la herencia y evoluci\u00f3n, estructura y composici\u00f3n qu\u00edmica de la c\u00e9lula, <abbr>etc.<\/abbr>).\n\nEn general, puede afirmarse que no hay cuestiones agotadas, sino hombres agotados en las cuestiones. Esquilmado para un sabio el terreno, mu\u00e9strase fecundo para otro. Un talento de refresco, llegado sin perjuicio al an\u00e1lisis de un asunto, siempre hallar\u00e1 un aspecto nuevo, algo de que no se percataron quienes creyeron definitivamente apurado aquel estudio. Tan fragmentario es nuestro saber, que aun en los temas m\u00e1s prolijamente explorados surgen a lo mejor ins\u00f3litos hallazgos. iQui\u00e9n, pocos a\u00f1os ha, hubiera sospechado que la luz y el calor guardaban todav\u00eda secretos para la Ciencia! Y, sin embargo, ah\u00ed est\u00e1n el arg\u00f3n de la atm\u00f3sfera, los rayos X de Roentgen y el radio de los esposos Curie, para patentizar cu\u00e1n insuficientes son nuestros m\u00e9todos y cu\u00e1n prematuras nuestras s\u00edntesis.\n\nEn Biolog\u00eda es donde tiene su mejor aplicaci\u00f3n esta bella frase de Saint-Hilaire: \u00abDelante de nosotros est\u00e1 siempre el infinito\u00bb. Y el pensamiento no menos gr\u00e1fico de Carnoy: \u00abLa Ciencia se crea, pero nunca est\u00e1 creada\u00bb. No es dado a todos aventurarse en la selva y trazar, a fuerza de energ\u00eda, un camino practicable, pero aun los m\u00e1s humildes podemos aprovecharnos del sendero abierto por el genio, y arrancar, caminando por \u00e9l, alg\u00fan secreto a lo desconocido.\n\nAun aceptando que el principiante deba resignarse a recoger detalles escapados a la sagacidad de los iniciadores, es tambi\u00e9n positivo que los buscadores de minucias acaban por adquirir sensibilidad anal\u00edtica tan exquisita y pericia de observaci\u00f3n tan notable, que al fin abordan con fortuna cuestiones trascendentales.\n\n\u00a1Cu\u00e1ntos hechos, al parece triviales, han conducido a ciertos investigadores, adecuadamente preparados por el conocimiento de los m\u00e9todos, a grandes conquistas cient\u00edficas! Consideremos, adem\u00e1s, que, por consecuencia de la progresiva diferenciaci\u00f3n de la Ciencia, las minucias de hoy ser\u00e1n acaso ma\u00f1ana verdades importantes.\n\nEsto sin contar con que nuestra apreciaci\u00f3n de lo importante y de lo accesorio, de lo grande y de lo peque\u00f1o, asi\u00e9ntase en un falso juicio, en un verdadero error antropom\u00f3rfico. En la Naturaleza no hay superior ni inferior, ni cosas accesorias y principales. Estas jerarqu\u00edas que nuestro esp\u00edritu se complace en asignar a los fen\u00f3menos naturales, proceden de que, en lugar de considerar las cosas en s\u00ed y en su interno encadenamiento, las miramos solamente en relaci\u00f3n a la utilidad o el placer que puedan proporcionarnos. En la cadena de la vida todos los eslabones son igualmente valiosos, porque todos resultan igualmente necesarios. Juzgamos peque\u00f1o lo que vemos de lejos o no sabemos ver. Aun adoptando el punto de vista del ego\u00edsmo humano, \u00a1qu\u00e9 de cuestiones de alta humanidad laten en el misterioso protoplasma del m\u00e1s humilde microbio! Nada parece m\u00e1s trascendental en bacteriolog\u00eda que el conocimiento de las bacterias infecciosas, y nada m\u00e1s secundario que el de los microbios inofensivos pululantes en las infusiones y materias org\u00e1nicas en descomposici\u00f3n, y, no obstante, si desapareciesen estos humildes hongos, cuya misi\u00f3n es reintegrar a la circulaci\u00f3n general de la materia los principios secuestrados por los animales y plantas superiores, bien pronto el planeta se tornar\u00eda inhabitable para el hombre.\n\nAcaso en ning\u00fan dominio se muestra mejor la trascendencia del detalle como en los m\u00e9todos t\u00e9cnicos de la Biolog\u00eda. Para no citar sino un ejemplo, recordemos que R. Koch, el gran bacteri\u00f3logo alem\u00e1n, por haber tenido la idea de adicionar a un color b\u00e1sico de anilina un poco de \u00e1lcali, logr\u00f3 te\u00f1ir y descubrir el bacilo de la tuberculosis, desentra\u00f1ando as\u00ed la etiolog\u00eda de una enfermedad hasta entonces rebelde a la sagacidad de los m\u00e1s ilustres pat\u00f3logos.\n\nDe esa falta de perspectiva moral, cuando de aquilatar las adquisiciones cient\u00edficas se trata, han participado hasta los m\u00e1s preclaros ingenios. \u00a1Qu\u00e9 de g\u00e9rmenes de grandes invenciones, mencionadas como curiosidades de poco momento, hallamos hoy en las obras de los antiguos y hasta en las de los sabios del Renacimiento! Perdido en un indigesto Tratado de Teolog\u00eda (<em lang=\"la\" xml:lang=\"la\">Christianismi restitutio<\/em>), escribi\u00f3 Servet, como al desd\u00e9n, tres l\u00edneas tocantes a la circulaci\u00f3n pulmonar, las cuales constituyen hoy su principal timbre de gloria. iGrande ser\u00eda la sorpresa del fil\u00f3sofo aragon\u00e9s si hoy resucitara y viera totalmente olvidadas sus laboriosas disquisiciones metaf\u00edsicas, y exaltado un hecho al cual no debi\u00f3 conceder m\u00e1s inter\u00e9s que el de un argumento accesorio para su tesis de que el alma reside en la sangre! De un pasaje de S\u00e9neca se infiere que los antiguos conocieron ya el poder amplificante de una esfera de cristal llena de agua. \u00a1Qui\u00e9n hubiera sospechado que en dicho fen\u00f3meno amplificante, desestimado durante muchos siglos, dorm\u00edan en germen dos poderosos instrumentos anal\u00edticos: el microscopio y el telescopio, y dos ciencias a cual m\u00e1s grandiosa: la Biolog\u00eda y la Astronom\u00eda!\n\nEn resumen, no hay cuestiones peque\u00f1as; las que lo parecen son cuestiones grandes no comprendidas. En vez de menudencias indignas de ser consideradas por el pensador, lo que hay es hombres cuya peque\u00f1ez intelectual no alcanza a penetrar la trascendencia de lo min\u00fasculo. Constituye la Naturaleza mecanismo arm\u00f3nico, donde las piezas, aun las que parecen desempe\u00f1ar oficio accesorio, conspiran al conjunto funcional; al contemplar este mecanismo, el hombre ligero distingue arbitrariamente sus principales \u00f3rganos en esenciales y secundarios; en cambio, el pensador discreto se contenta con clasificarlos, prescindiendo de tama\u00f1os y de sus efectos \u00fatiles inmediatos, en conocidos y poco conocidos. En cuanto a su futura trascendencia, nadie puede ser profeta.\n<h2>c) Culto exclusivo a la ciencia llamada pr\u00e1ctica<\/h2>\nOtro de los vicios del pensamiento que importa combatir a todo trance es la falsa distinci\u00f3n en <em>ciencia te\u00f3rica<\/em> y <em>ciencia pr\u00e1ctica<\/em>, con la consiguiente alabanza de la \u00faltima y el desprecio sistem\u00e1tico de la primera. Y este error se propala inconscientemente entre la juventud, desvi\u00e1ndola de toda labor de inquisici\u00f3n desinteresada.\n\nNo son, ciertamente, <em>las gentes del oficio<\/em>, las que incurren en semejante falta de apreciaci\u00f3n, sino muchos abogados, literatos, industriales y, desgraciadamente, hasta algunos estadistas conspicuos, cuyas iniciativas de tan graves consecuencias pueden ser para la obra de la cultura patria.\n\nA estos tales no se les caen de la boca las siguientes frases: \u00abMenos doctores y m\u00e1s industriales. Las naciones no miden su grandeza por lo que saben, sino por la copia de conquistas cient\u00edficas aplicadas al comercio, a la industria, a la agricultura, a la medicina y al arte militar. Dejemos a los cachazudos y linf\u00e1ticos tudescos con sus sutiles indagaciones de ciencia pura, con su loco af\u00e1n de escudri\u00f1ar los \u00faltimos resortes de la vida, y consagr\u00e9monos por nuestra parte a sacar el jugo pr\u00e1ctico de los principios de la Ciencia, encarn\u00e1ndolos en positivas mejoras de la existencia humana. Espa\u00f1a ha menester m\u00e1quinas para nuestros trenes y barcos, recetas pr\u00e1cticas para la agricultura y la industria, f\u00e1bricas de abonos, higiene racional; en suma, cuanto contribuya a fomentar la poblaci\u00f3n, riquezas y bienestar de los pueblos. L\u00edbrenos Dios de sabios ociosos, entretenidos en especulaciones sutiles, o entregados a la conquista de lo menudo, que si no costara demasiado caro, podr\u00eda calificarse de pasatiempo fr\u00edvolo y hasta rid\u00edculo.\u00bb\n\nTal es el c\u00famulo de inepcias que a cada paso formulan los que al viajar por el extranjero ven, por un espejismo extra\u00f1o, el progreso en los efectos y no en las causas, los que, en sus cortos alcances, no advierten esos hilos misteriosos que enlazan la f\u00e1brica con el laboratorio, como el arroyo a su manantial. Creen de buena fe que, tanto los sabios como los pueblos, forman dos grupos: los que pierden el tiempo en especulaciones de ciencia pura y est\u00e9ril, y los que saben hallar hechos de aplicaci\u00f3n inmediata al aumento y comodidad de la vida<sup><a id=\"np6\" href=\"..\/notas-del-autor\/#np6n\">6<\/a><\/sup>.\n\n\u00bfTendremos necesidad de insistir sobre lo absurdo de tal doctrina? \u00bfHabr\u00e1 alguno tan menguado de sind\u00e9resis que no repare que all\u00ed donde los principios o los hechos son descubiertos brotan tambi\u00e9n, por modo inmediato, las aplicaciones? En Alemania, en Francia, en Inglaterra la f\u00e1brica vive en \u00edntima comuni\u00f3n con el laboratorio, y por lo com\u00fan el iniciador mismo de la verdad cient\u00edfica dirige, ora por s\u00ed, ora mediante sociedades explotadoras, el aprovechamiento industrial. Semejantes alianzas saltan a la vista en esas grandes f\u00e1bricas de colores de anilina, que constituyen uno de los filones m\u00e1s pr\u00f3speros de la industria alemana, suiza y francesa. Tan notorio es este hecho que huelgan aqu\u00ed ejemplos demostrativos. Empero, por recientes y significativos, quiero citar dos: la grande industria de la construcci\u00f3n de objetivos de precisi\u00f3n (microgr\u00e1ficos, fotogr\u00e1ficos y astron\u00f3micos) creada en Alemania por los profundos estudios de \u00f3ptica matem\u00e1tica del profesor Abber, de Jena, y los cuales aseguran a la Prusia un monopolio de valor enorme que sufraga el mundo entero<sup><a id=\"np7\" href=\"..\/notas-del-autor\/#np7n\">7<\/a><\/sup>, y la fabricaci\u00f3n de sueros terap\u00e9uticos, nacida en Berl\u00edn y perfeccionada en Par\u00eds, y en la cual intervienen, como es natural y leg\u00edtimo, Behring y Roux, creadores de los principios cient\u00edficos de la sueroterapia.\n\nCultivemos la ciencia por s\u00ed misma, sin considerar por el momento las aplicaciones. Estas llegan siempre, a veces tardan a\u00f1os, a veces, siglos. Poco importa que una verdad cient\u00edfica sea aprovechada por nuestros hijos o por nuestros nietos. Medrada andar\u00eda la causa del progreso si Galvani, si Vilta, si Faraday, si Hertz, descubridores de los hechos fundamentales de la ciencia de la electricidad, hubieran menospreciado sus hallazgos por carecer entonces de aplicaci\u00f3n industrial.\n\nDejamos consignado que lo in\u00fatil, aun aceptando el punto de vista humano (con las necesarias restricciones de tiempo y lugar), no existe en la Naturaleza. Y, en \u00faltimo extremo, aun cuando no fuera posible poner al servicio de nuestra comodidad y provecho ciertas conquistas cient\u00edficas, siempre quedar\u00eda una utilidad positiva: la noble satisfacci\u00f3n de nuestra curiosidad satisfecha y la fruici\u00f3n incomparable causada en el \u00e1nimo por el sentimiento de nuestro poder ante la dificultad.\n\nEn suma: al abordar un problema, consider\u00e9moslo en s\u00ed mismo, sin desviarnos por motivos segundos, cuyo perseguimiento, dispersando la atenci\u00f3n, mermar\u00eda nuestra fuerza anal\u00edtica. En la lucha con la Naturaleza, el bi\u00f3logo, como el astr\u00f3nomo, debe prescindir de la tierra que habita y concentrar su mirada en la serena regi\u00f3n de las ideas, donde, tarde o temprano, surgir\u00e1 la luz de la verdad. Establecido el hecho nuevo, las aplicaciones vendr\u00e1n a su saz\u00f3n, es decir, cuando aparezca otro hecho capaz de fecundarlo, pues, como es bien sabido, el <em>invento<\/em> no es otra cosa que la conjunci\u00f3n de dos o m\u00e1s verdades en una resultante \u00fatil. La Ciencia registra muchos hechos cuya utilidad es actualmente desconocida, pero, al cabo de unos lustros, o acaso de siglos, ve la luz una nueva verdad que tiene con aqu\u00e9llos misteriosas afinidades, y la <em>criatura industrial<\/em> resultante se llama fotograf\u00eda, fon\u00f3grafo, an\u00e1lisis espectral, telegraf\u00eda sin hilos, vuelo mec\u00e1nico, <abbr>etc.<\/abbr>Tr\u00e1tase siempre de una s\u00edntesis a corto o a largo plazo. Porta descubri\u00f3 la c\u00e1mara oscura, hecho aislado del cual apenas se sac\u00f3 partido para el arte del dise\u00f1o; Wedgwood y Davy se\u00f1alaron en 1802 la posibilidad de obtener im\u00e1genes fotogr\u00e1ficas sobre un papel lubricado en una soluci\u00f3n de nitrato arg\u00e9ntico, pero como la copia no pod\u00eda fijarse, este otro hallazgo no tuvo consecuencia; despu\u00e9s lleg\u00f3 John Herschel, que logr\u00f3 disolver la sal arg\u00e9ntica no impresionada por la luz, con ello fue ya posible la fijaci\u00f3n de la fugitiva silueta luminosa. Con todo eso, la d\u00e9bil sensibilidad de las sales arg\u00e9nticas hasta entonces aprovechadas hac\u00eda casi imposible el empleo del aparato de Porta; por fin aparece Daguerre, quien descubre en 1839, con la exquisita sensibilidad del yoduro arg\u00e9ntico, la imagen latente, sintetiza admirablemente los inventos de sus predecesores y crea en sus fundamentos la fotograf\u00eda actual.\n\nAs\u00ed evolucionan todos los inventos: los materiales son, en diversas \u00e9pocas, acarreados por sagaces cuanto infortunados observadores, que no lograron recoger fruto alguno de sus hallazgos, en espera de las verdades fecundantes, mas una vez acopiados todos los datos, llega un sabio feliz, no tanto por su originalidad como por haber nacido oportunamente, considera los hechos desde el punto de vista humano, opera la s\u00edntesis y el invento surge.\n<h2>d) Pretendida cortedad de luces<\/h2>\nPara justificar deserciones y desmayos alegan algunos falta de capacidad para la ciencia. \u00abYo tengo gusto para los trabajos de laboratorio \u0097nos dicen\u0097, pero no sirvo para inventar nada.\u00bb Cierto que hay cabezas refractarias para la labor experimental, y entre ellas contamos todas las incapacidades de atenci\u00f3n prolongada y exentas de curiosidad y de admirabilidad por las obras de la Naturaleza. Pero la inmensa mayor\u00eda de los que se confiesan incapaces, \u00bflo son positivamente? \u00bfNo exageran, tal vez, las dificultades de la empresa y la penuria de sus aptitudes? Tal creemos, y a\u00f1adiremos a\u00fan que muchos toman habitualmente por incapacidad la mera lentitud del concebir y del aprender, y a veces, la propia pereza o la falta de alguna cualidad de orden secundario, como la paciencia, la minuciosidad, la constancia, atributos que se adquieren pronto con el h\u00e1bito del trabajo y con la satisfacci\u00f3n del \u00e9xito.\n\nEn nuestro concepto, la lista de los aptos para la labor cient\u00edfica es mucho m\u00e1s larga de lo que se cree, y se compone, no s\u00f3lo de los talentos superiores, de los f\u00e1ciles, de los ingenios agudos codiciosos de reputaci\u00f3n y ansiosos de enlazar su nombre a una obra grande, sino tambi\u00e9n de esos entendimientos regulares, conocidos con el dictado de ma\u00f1osos, por la habilidad y tino con que realizan toda obra manual, de esos otros dotados de temperamento art\u00edstico y que sienten con vehemencia la belleza de las obras de la Naturaleza, en fin, de los meramente curiosos, flem\u00e1ticos, cachazudos, <em>devotos de la religi\u00f3n de lo menudo<\/em>y capaces de consagrar largas horas al examen del m\u00e1s insignificante fen\u00f3meno natural. La ciencia, como los ej\u00e9rcitos, necesita generales y soldados; aqu\u00e9llos conciben el plan, pero \u00e9stos son los que positivamente vencen. Que no por modesta deja de ser altamente estimable la colaboraci\u00f3n de los perfeccionadores y confirmadores: gracias a estos obreros del progreso, la concepci\u00f3n del genio adquiere vigor y claridad, pasando de la categor\u00eda de s\u00edmbolo abstracto a realidad viva, apreciada y conocida de todos.\n\nA fin de que cada uno pueda cerciorarse de su aptitud para los trabajos del laboratorio, diversos medios pueden ensayarse. Aludiendo aqu\u00ed a los estudios de nuestra predilecci\u00f3n, nosotros aconsejar\u00edamos estos dos:\n<ul>\n \t<li>1.\u00b0 Empleo de un m\u00e9todo anal\u00edtico que pase por incierto y dif\u00edcil hasta que, a fuerza de paciencia y trabajo, se obtengan los resultados mencionados por los autores. El \u00e9xito lisonjero en este caso, sobre todo si se ha logrado sin la vigilancia del maestro, es decir, trabajando aisladamente, ser\u00e1 indicio claro de la aptitud para la labor de investigaci\u00f3n.<\/li>\n \t<li>2.\u00b0 Estudio de un tema cient\u00edfico, de cierta dificultad, donde las opiniones contradictorias abunden y para el cual el aficionado se preparar\u00e1 examinando superficialmente el estado de la cuesti\u00f3n (mera lectura de los libros de consulta, sin llegar a las monograf\u00edas especiales). Si despu\u00e9s de algunos meses de trabajo experimental, nuestro principiante repara, al consultar la bibliograf\u00eda m\u00e1s moderna del tema, que ha conseguido adivinar algunas conquistas recientes, que en puntos muy litigiosos ha coincidido con las interpretaciones de sabios ilustres, que, en fin, ha acertado a sortear errores de apreciaci\u00f3n en que incurrieron algunos autores, debe abandonar su timidez y entregarse sin reservas a la labor cient\u00edfica, pues en ella le esperan, pocos o muchos, seg\u00fan sea la actividad que despliegue, triunfos y satisfacciones.<\/li>\n<\/ul>\nAun los medianamente dotados, desde el punto de vista intelectual, podr\u00e1n conseguir alg\u00fan fruto, con tal de que abriguen fe robusta en la virtud creadora de la educaci\u00f3n y se contraigan a profundizar, durante mucho tiempo, un tema limitado.\n\nAun a riesgo de redundancia o de parecer pesados y prolijos, s\u00e9anos permitido presentar contra los esc\u00e9pticos en los milagros de la voluntad las siguientes reflexiones:\n<ol class=\"alfabetico\">\n \t<li>Como han afirmado muchos pensadores y pedagogos, el descubrimiento no es fruto de ning\u00fan talento originariamente especial, sino del sentido com\u00fan mejorado y robustecido por la educaci\u00f3n t\u00e9cnica y por el h\u00e1bito del meditar sobre los problemas cient\u00edficos<sup><a id=\"np8\" href=\"..\/notas-del-autor\/#np8n\">8<\/a><\/sup>. As\u00ed pues, quien disponga de regular criterio para guiarse en la vida, lo tendr\u00e1 tambi\u00e9n para marchar desembarazado por el camino de la investigaci\u00f3n.<\/li>\n \t<li>El cerebro juvenil posee plasticidad exquisita, en cuya virtud puede, a impulsos de un <em>en\u00e9rgico querer<\/em>, mejorar extraordinariamente su organizaci\u00f3n creando asociaciones interideales nuevas, depurando y afinando el juicio.<\/li>\n \t<li>Las deficiencias de la aptitud nativa son compensables mediante un exceso de trabajo y de atenci\u00f3n. Cabr\u00eda afirmar que el trabajo sustituye al talento, o mejor dicho, <em>crea el talento<\/em>. Quien desee firm\u00edsimamente mejorar su capacidad, acabar\u00e1 por lograrlo, a condici\u00f3n de que la labor educadora no comience demasiado tarde, en una \u00e9poca en que la plasticidad de las c\u00e9lulas nerviosas est\u00e1 casi del todo suspendida. No olvidemos que por la lectura y meditaci\u00f3n de las obras maestras todo hombre es due\u00f1o de asimilarse una gran parte del ingenio que las cre\u00f3, dado que toma de \u00e9ste no s\u00f3lo las doctrinas, sino el criterio, los principios directores y hasta el estilo.<\/li>\n \t<li>En la mayor parte de los casos, eso que llamamos talento genial y especial, no implica superioridad <em>cualitativa<\/em>, sino <em>expeditiva<\/em>, consistiendo solamente en hacer de prisa y con brillante \u00e9xito lo que las inteligencias regulares elaboran lentamente, pero bien. En vez de distinguir los entendimientos en grandes y peque\u00f1os, fuera preferible y m\u00e1s exacto (al menos en muchos casos) clasificarlos en <em>lentos y r\u00e1pidos<\/em><sup><a id=\"np9\" href=\"..\/notas-del-autor\/#np9n\">9<\/a><\/sup>. Los entendimientos r\u00e1pidos son ciertamente los m\u00e1s brillantes y sugestivos, son insustituibles en la conversaci\u00f3n, en la oratoria, en el periodismo, en toda obra en que el tiempo sea factor decisivo, pero en las empresas cient\u00edficas los <em>lentos<\/em> resultan tan \u00fatiles como los r\u00e1pidos, porque al cient\u00edfico, como al artista, no se le juzga por la viveza del producir, sino por la excelencia de la producci\u00f3n. A\u00fan osar\u00edamos a\u00f1adir que, por una compensaci\u00f3n muy com\u00fan, las cabezas <em>lentas<\/em> poseen gran resistencia para la atenci\u00f3n prolongada, y abren ancho y profundo surco en las cuestiones, mientras que las <em>r\u00e1pidas<\/em> suelen fatigarse pronto, despu\u00e9s de haber desbrozado apenas el terreno. Hay en esto, sin embargo, numerosas excepciones: Newton, Davy, Pasteur, Virchow, <abbr>etc.<\/abbr>, fueron talentos r\u00e1pidos y dejaron ancha estela luminosa.<\/li>\n \t<li>Si, a despecho de los esfuerzos hechos por mejorarla, nuestra memoria es inconstante y poco tenaz, <em>administr\u00e9mosla<\/em> bien. Como dice Epitecto: \u00abCuando en el juego de la vida vienen malas cartas, no hay m\u00e1s remedio que sacar el mejor partido posible de las que se tienen.\u00bb Ense\u00f1a la historia de los grandes descubrimientos que su excelencia no dimana siempre de un ingenio superior, sino de un entendimiento y memoria regulares, pero h\u00e1bilmente aprovechados. Grandes novadores cient\u00edficos, como Helmholtz, quej\u00e1ronse de escasez de memoria, considerando como un suplicio el aprenderse de coro un escrito. Por compensaci\u00f3n, los escasamente memoriosos de palabras y de frases, suelen gozar de excelente retentiva de ideas y de series de razonamientos. Ya Locke not\u00f3 que los dotados de gran ingenio y pronta memoria no sobresalen siempre en el juicio.<\/li>\n \t<li>Para poder consagrar al tema de nuestras meditaciones todas las escasas facultades que poseemos, desechemos las ocupaciones innecesarias, y esas ideas par\u00e1sitas tocantes a las menudencias f\u00fatiles de la vida, y fijemos tan s\u00f3lo en la mente, a favor de una atenci\u00f3n ahincada y persistente, los datos relativos al problema que nos ocupa. Conden\u00e9monos, durante la gesti\u00f3n de nuestra obra, a ignorar lo dem\u00e1s: la pol\u00edtica, la literatura, la m\u00fasica, la chismograf\u00eda, <abbr>etc.<\/abbr>Hay casos en que la ignorancia es una gran virtud, casi un hero\u00edsmo: los libros in\u00fatiles, perturbadores de la atenci\u00f3n, pesan y ocupan lugar tanto en nuestro cerebro como en los estantes de las bibliotecas, y deshacen o estorban la adaptaci\u00f3n mental del asunto. El <em>saber ocupa lugar<\/em>, diga lo que quiera la sabidur\u00eda popular.<\/li>\n \t<li>Aun el talento mediano llegar\u00e1 a ilustrarse con trabajos estimables en varias ciencias, con tal de abandonar la pretensi\u00f3n de abarcarlas todas a la vez; concentrar\u00e1, pues, sucesivamente, es decir, por \u00e9pocas, su atenci\u00f3n en cada tema, y debilitar\u00e1 o borrar\u00e1 sus adquisiciones anteriores en otros dominios. Lo que equivale a declarar que el cerebro es adaptable a la ciencia total en el <em>tiempo<\/em>, pero no en el <em>espacio<\/em>. En realidad, hasta las grandes capacidades proceden de este modo, y as\u00ed, cuando alg\u00fan sabio nos asombra con publicaciones sobre diversas disciplinas, reparemos que a cada materia corresponde una \u00e9poca. Ciertamente, los conocimientos anteriores no habr\u00e1n desaparecido enteramente de la mente del autor, pero se habr\u00e1n simplificado, condens\u00e1ndose en f\u00f3rmulas o s\u00edmbolos abreviad\u00edsimos; de esta suerte puede quedar libre en la <em>pizarra cerebral<\/em> un gran espacio para el registro y estampaci\u00f3n de las nuevas im\u00e1genes.<\/li>\n<\/ol>\n","rendered":"<h1><em>Admiraci\u00f3n excesiva. Agotamiento de la cuesti\u00f3n. Devoci\u00f3n a la ciencia pr\u00e1ctica. Deficiencia intelectual<\/em><\/h1>\n<h2>a) Admiraci\u00f3n excesiva a la obra de los grandes iniciadores cient\u00edficos<\/h2>\n<p>Entre las preocupaciones m\u00e1s funestas de la juventud intelectual contamos la extremada admiraci\u00f3n a la obra de los grandes talentos y la convicci\u00f3n de que, dada nuestra cortedad de luces, nada podemos hacer para continuarla o completarla.<\/p>\n<p>Esta devoci\u00f3n excesiva al genio tiene su ra\u00edz en un doble sentimiento de justicia y de modestia, harto simp\u00e1tico para ser vituperable, mas, si se ense\u00f1orea con demas\u00eda del \u00e1nimo del novicio, aniquila toda iniciativa e incapacita en absoluto para la investigaci\u00f3n original. Defecto por defecto, preferible es la arrogancia al apocamiento, la osad\u00eda mide sus fuerzas y vence o es vencida, pero la modestia excesiva huye de la batalla y se condena a vergonzosa inacci\u00f3n.<\/p>\n<p>Cuando se abandona esa atm\u00f3sfera de prestigio que se respira al leer el libro de un investigador genial, y se acude al laboratorio a confirmar los hechos donde aqu\u00e9l apoya sus fascinadoras concepciones, sucede a veces que nuestro culto por el \u00eddolo disminuye tanto como crece el sentimiento de nuestra propia estima.<\/p>\n<p>Los grandes hombres son, a ratos, genios, a ratos, ni\u00f1os, y siempre incompletos. Aun concediendo que el genio, sometido al contraste de la observaci\u00f3n, salga puro de todo error, consideremos que todo cuanto ha descubierto en un dominio dado es casi nada en parang\u00f3n con lo que deja por descubrir. La Naturaleza nos brinda a todos con una riqueza inagotable, y no tenemos motivo para envidiar a los que nos precedieron ni exclamar como Alejandro ante las victorias de Filipo: \u00abMi padre no me va a dejar nada que conquistar\u00bb.<\/p>\n<p>No es l\u00edcito desconocer que existen creaciones cient\u00edficas tan completas, luminosas y tan firmes, que parecen el fruto de una intuici\u00f3n casi divina, habiendo surgido perfectas, como Minerva de la cabeza de J\u00fapiter. Mas la justa admiraci\u00f3n causada por tales obras disminuir\u00eda mucho si imagin\u00e1ramos el tiempo y el esfuerzo, la paciencia y perseverancia, los tanteos y rectificaciones, hasta las casualidades que colaboraron en el \u00e9xito final, al cual contribuyeron casi tanto como el genio del investigador. Sucede en esto lo que en las maravillosas adaptaciones del organismo a determinadas funciones. El ojo o el o\u00eddo del vertebrado, examinado aisladamente, constituyen un asombro, y parece imposible que se hayan formado por el solo concurso de las leyes naturales, mas si consideramos todas las gradaciones y formas de transici\u00f3n que en la serie filog\u00e9nica nos ofrecen aquellos \u00f3rganos, desde el esbozo ocular informe de ciertos infusorios y gusanos hasta la complicada organizaci\u00f3n del ojo del vertebrado inferior, nuestra admiraci\u00f3n pierde no poco de su fuerza, acabando el \u00e1nimo por hacerse a la idea de una formaci\u00f3n natural en virtud de variaciones, correlaciones org\u00e1nicas, selecciones y adaptaciones<sup><a id=\"np3\" href=\"..\/notas-del-autor\/#np3n\">3<\/a><\/sup>.<\/p>\n<p>\u00a1Qu\u00e9 gran t\u00f3nico ser\u00eda para el novel observador el que su maestro, en vez de asombrarlo y desalentarlo con la sublimidad de las grandes empresas acabadas, le expusiera la g\u00e9nesis de cada invenci\u00f3n cient\u00edfica, la serie de errores y titubeos que la precedieron, constitutivos, desde el punto de vista humano, de la verdadera explicaci\u00f3n de cada descubrimiento! Tan h\u00e1bil t\u00e1ctica pedag\u00f3gica nos traer\u00eda la convicci\u00f3n de que el descubridor, con ser un ingenio esclarecido y una poderosa voluntad, fue, al fin y al cabo, un hombre como todos.<\/p>\n<p>Lejos de abatirse el investigador novicio ante las grandes autoridades de la Ciencia, debe saber que su destino, por ley cruel, pero ineludible, es crecer un poco a costa de la reputaci\u00f3n de las mismas. Pocos ser\u00e1n los que, habiendo inaugurado con alguna fortuna sus exploraciones cient\u00edficas, no se hayan visto obligados a quebrantar y disminuir algo el pedestal de alg\u00fan \u00eddolo hist\u00f3rico o contempor\u00e1neo. A guisa de ejemplos cl\u00e1sicos recordemos a Galileo refutando a Arist\u00f3teles en lo tocante a la gravitaci\u00f3n, a Cop\u00e9rnico arruinando el sistema del mundo de Ptolomeo, a Lavoisier reduciendo a la nada la concepci\u00f3n de Stalh acerca del flog\u00edstico, a Virchow refutando la generaci\u00f3n espont\u00e1nea de las c\u00e9lulas, supuesta por Schwann, Schleiden y Robin. Tan general e imperativa es esta ley, que se acredita en todos los dominios de la Ciencia y alcanza hasta los m\u00e1s humildes investigadores. Si nosotros pudi\u00e9ramos ni nombrarnos siquiera despu\u00e9s de haber citado tan altos ejemplos, a\u00f1adir\u00edamos que, al iniciar nuestras pesquisas en la anatom\u00eda y fisiolog\u00eda de los centros nerviosos, el primer obst\u00e1culo que debimos remover fue la falsa teor\u00eda de Gerlach y de Golgi sobre las redes nerviosas difusas de la sustancia gris y sobre el modo de transmisi\u00f3n de las corrientes.<\/p>\n<p>En la vida de los sabios se dan, por lo com\u00fan, dos fases: la creadora o inicial, consagrada a destruir los errores del pasado y el alumbramiento de nuevas verdades y la senil o razonable (que no coincide necesariamente con la vejez), durante la cual, disminuida la fuerza de producci\u00f3n cient\u00edfica, se defienden las hip\u00f3tesis incubadas en la juventud<sup><a id=\"np4\" href=\"..\/notas-del-autor\/#np4n\">4<\/a><\/sup> ampar\u00e1ndolas con amor paternal del ataque de los reci\u00e9n llegados. Al entrar en la historia no hay grande hombre que no sea avaro de sus t\u00edtulos y que no dispute encarnizadamente a la nueva generaci\u00f3n sus derechos a la gloria. Muy triste, pero muy verdadera suele ser aquella amarga frase de Rousseau: \u00abNo existe sabio que deje de preferir la mentira inventada por \u00e9l a la verdad descubierta por otro\u00bb.<\/p>\n<p>Aun en las ciencias m\u00e1s perfectas nunca deja de encontrarse alguna doctrina exclusivamente mantenida por el principio de autoridad. Demostrar la falsedad de esta concepci\u00f3n y, a ser posible, refutarla con nuevas investigaciones, constituir\u00e1 siempre un excelente modo de inaugurar la propia obra cient\u00edfica. Importa poco que la reforma sea recibida con mal\u00e9volas censuras, con p\u00e9rfidas invectivas, con silencios m\u00e1s crueles a\u00fan, como la raz\u00f3n est\u00e9 de su parte, no tardar\u00e1 el innovador en arrastrar a la juventud, que, por serlo, no tiene pasado que defender, a su lado militar\u00e1n tambi\u00e9n todos aquellos sabios imparciales, quienes, en medio del torrente avasallador de la doctrina reinante, supieron conservar sereno el \u00e1nimo e independiente el criterio.<\/p>\n<p>Empero, no basta demoler, hay que construir. La cr\u00edtica cient\u00edfica se justifica solamente entregando, a cambio de un error, una verdad. Por lo com\u00fan, la nueva doctrina surgir\u00e1 de las ruinas de la abandonada y se fundar\u00e1 estrictamente sobre los hechos rectamente interpretados. Menester ser\u00e1 al innovador excluir toda concesi\u00f3n piadosa al error tradicional o a las ideas ca\u00eddas, si no quiere ver prontamente compartida su fama por los esp\u00edritus detallistas y perfeccionadores brotados en gran n\u00famero, a ra\u00edz de cada descubrimiento, como los hongos bajo la sombra del \u00e1rbol.<\/p>\n<h2>b) Creencia en el agotamiento de los temas cient\u00edficos<\/h2>\n<p>He aqu\u00ed uno de los falsos conceptos que se oyen a menudo a nuestros flamantes licenciados: \u00abTodo lo sustancial de cada tema cient\u00edfico est\u00e1 apurado: \u00bfqu\u00e9 importa que yo pueda a\u00f1adir alg\u00fan pormenor, espigar en un campo donde m\u00e1s diligentes observadores recogieron copiosa mies? Por mi labor, ni la Ciencia cambiar\u00e1 de aspecto, ni mi nombre saldr\u00e1 de la oscuridad\u00bb.<\/p>\n<p>As\u00ed habla muchas veces la pereza, disfrazada de modestia. As\u00ed discurren algunos j\u00f3venes de m\u00e9rito al sentir los primeros desmayos producidos por la consideraci\u00f3n de la magna empresa. No hay m\u00e1s remedio que extirpar radicalmente un concepto tan superficial de la Ciencia si no quiere el joven investigador ser definitivamente vencido en esa lucha que en su voluntad se entabla entre las utilitarias sugestiones del ambiente moral, encaminadas a convertirlo en un vulgar y adinerado practic\u00f3n, y los nobles impulsos del deber y del patriotismo que le arrastran al honor y a la gloria.<\/p>\n<p>En su anhelo por satisfacer la deuda honrosa contra\u00edda con sus maestros, el novel observador quisiera encontrar un fil\u00f3n nuevo y a flor de tierra, cuya f\u00e1cil explotaci\u00f3n levantara con empuje su nombre, mas, por desgracia, apenas emprendidas las primeras exploraciones bibliogr\u00e1ficas, reconoce con dolor que el metal yace a gran profundidad y que el yacimiento superficial ha sido casi agotado por observadores afortunados llegados antes que \u00e9l, y que ejercitaron el c\u00f3modo derecho de primeros ocupantes.<\/p>\n<p>No paran mientes los que as\u00ed discurren en que hemos llegado tarde para unas cuestiones, hemos nacido demasiado temprano para otras y en que, a la vuelta de un siglo, nosotros vendremos a ser, por la fuerza de las cosas, los acaparadores de ciencia, los desfloradores de asuntos y los esquilmadores de minucias.<\/p>\n<p>No es l\u00edcito, empero, desconocer que existen \u00e9pocas en las cuales, a partir de un hecho casualmente descubierto o de la creaci\u00f3n de un m\u00e9todo feliz, se realizan en serie, y como por generaci\u00f3n espont\u00e1nea, grandiosos progresos cient\u00edficos. Tal aconteci\u00f3 durante el Renacimiento, cuando Descartes, Pascal, Galileo, Bacon, Bayle, Newton, nuestro S\u00e1nchez, <abbr>etc.<\/abbr>, patentizaron los errores de los antiguos y generalizaron la creencia de que, lejos de haber los griegos agotado el dominio de las ciencias, apenas hab\u00edan dado los primeros pasos en el conocimiento positivo del Universo<sup><a id=\"np5\" href=\"..\/notas-del-autor\/#np5n\">5<\/a><\/sup>. Fortuna y grande para un cient\u00edfico es nacer en una de estas grandes crisis de ideas, durante las cuales, hecha tabla rasa de gran parte de la obra del pasado, nada es m\u00e1s f\u00e1cil que escoger un tema fecundo.<\/p>\n<p>Pero no exageremos esta consideraci\u00f3n, y tengamos presente que, aun en nuestro tiempo, la construcci\u00f3n cient\u00edfica se eleva a menudo sobre las ruinas de teor\u00edas que pasan por indestructibles; consideremos que si hay ciencias que parecen tocar a su perfecci\u00f3n, existen otras en v\u00edas de constituci\u00f3n y algunas que no han nacido todav\u00eda. En Biolog\u00eda, especialmente, a despecho de los inmensos trabajos efectuados en el pasado siglo, las cuestiones m\u00e1s esenciales esperan todav\u00eda soluci\u00f3n (origen de la vida, problema de la herencia y evoluci\u00f3n, estructura y composici\u00f3n qu\u00edmica de la c\u00e9lula, <abbr>etc.<\/abbr>).<\/p>\n<p>En general, puede afirmarse que no hay cuestiones agotadas, sino hombres agotados en las cuestiones. Esquilmado para un sabio el terreno, mu\u00e9strase fecundo para otro. Un talento de refresco, llegado sin perjuicio al an\u00e1lisis de un asunto, siempre hallar\u00e1 un aspecto nuevo, algo de que no se percataron quienes creyeron definitivamente apurado aquel estudio. Tan fragmentario es nuestro saber, que aun en los temas m\u00e1s prolijamente explorados surgen a lo mejor ins\u00f3litos hallazgos. iQui\u00e9n, pocos a\u00f1os ha, hubiera sospechado que la luz y el calor guardaban todav\u00eda secretos para la Ciencia! Y, sin embargo, ah\u00ed est\u00e1n el arg\u00f3n de la atm\u00f3sfera, los rayos X de Roentgen y el radio de los esposos Curie, para patentizar cu\u00e1n insuficientes son nuestros m\u00e9todos y cu\u00e1n prematuras nuestras s\u00edntesis.<\/p>\n<p>En Biolog\u00eda es donde tiene su mejor aplicaci\u00f3n esta bella frase de Saint-Hilaire: \u00abDelante de nosotros est\u00e1 siempre el infinito\u00bb. Y el pensamiento no menos gr\u00e1fico de Carnoy: \u00abLa Ciencia se crea, pero nunca est\u00e1 creada\u00bb. No es dado a todos aventurarse en la selva y trazar, a fuerza de energ\u00eda, un camino practicable, pero aun los m\u00e1s humildes podemos aprovecharnos del sendero abierto por el genio, y arrancar, caminando por \u00e9l, alg\u00fan secreto a lo desconocido.<\/p>\n<p>Aun aceptando que el principiante deba resignarse a recoger detalles escapados a la sagacidad de los iniciadores, es tambi\u00e9n positivo que los buscadores de minucias acaban por adquirir sensibilidad anal\u00edtica tan exquisita y pericia de observaci\u00f3n tan notable, que al fin abordan con fortuna cuestiones trascendentales.<\/p>\n<p>\u00a1Cu\u00e1ntos hechos, al parece triviales, han conducido a ciertos investigadores, adecuadamente preparados por el conocimiento de los m\u00e9todos, a grandes conquistas cient\u00edficas! Consideremos, adem\u00e1s, que, por consecuencia de la progresiva diferenciaci\u00f3n de la Ciencia, las minucias de hoy ser\u00e1n acaso ma\u00f1ana verdades importantes.<\/p>\n<p>Esto sin contar con que nuestra apreciaci\u00f3n de lo importante y de lo accesorio, de lo grande y de lo peque\u00f1o, asi\u00e9ntase en un falso juicio, en un verdadero error antropom\u00f3rfico. En la Naturaleza no hay superior ni inferior, ni cosas accesorias y principales. Estas jerarqu\u00edas que nuestro esp\u00edritu se complace en asignar a los fen\u00f3menos naturales, proceden de que, en lugar de considerar las cosas en s\u00ed y en su interno encadenamiento, las miramos solamente en relaci\u00f3n a la utilidad o el placer que puedan proporcionarnos. En la cadena de la vida todos los eslabones son igualmente valiosos, porque todos resultan igualmente necesarios. Juzgamos peque\u00f1o lo que vemos de lejos o no sabemos ver. Aun adoptando el punto de vista del ego\u00edsmo humano, \u00a1qu\u00e9 de cuestiones de alta humanidad laten en el misterioso protoplasma del m\u00e1s humilde microbio! Nada parece m\u00e1s trascendental en bacteriolog\u00eda que el conocimiento de las bacterias infecciosas, y nada m\u00e1s secundario que el de los microbios inofensivos pululantes en las infusiones y materias org\u00e1nicas en descomposici\u00f3n, y, no obstante, si desapareciesen estos humildes hongos, cuya misi\u00f3n es reintegrar a la circulaci\u00f3n general de la materia los principios secuestrados por los animales y plantas superiores, bien pronto el planeta se tornar\u00eda inhabitable para el hombre.<\/p>\n<p>Acaso en ning\u00fan dominio se muestra mejor la trascendencia del detalle como en los m\u00e9todos t\u00e9cnicos de la Biolog\u00eda. Para no citar sino un ejemplo, recordemos que R. Koch, el gran bacteri\u00f3logo alem\u00e1n, por haber tenido la idea de adicionar a un color b\u00e1sico de anilina un poco de \u00e1lcali, logr\u00f3 te\u00f1ir y descubrir el bacilo de la tuberculosis, desentra\u00f1ando as\u00ed la etiolog\u00eda de una enfermedad hasta entonces rebelde a la sagacidad de los m\u00e1s ilustres pat\u00f3logos.<\/p>\n<p>De esa falta de perspectiva moral, cuando de aquilatar las adquisiciones cient\u00edficas se trata, han participado hasta los m\u00e1s preclaros ingenios. \u00a1Qu\u00e9 de g\u00e9rmenes de grandes invenciones, mencionadas como curiosidades de poco momento, hallamos hoy en las obras de los antiguos y hasta en las de los sabios del Renacimiento! Perdido en un indigesto Tratado de Teolog\u00eda (<em lang=\"la\" xml:lang=\"la\">Christianismi restitutio<\/em>), escribi\u00f3 Servet, como al desd\u00e9n, tres l\u00edneas tocantes a la circulaci\u00f3n pulmonar, las cuales constituyen hoy su principal timbre de gloria. iGrande ser\u00eda la sorpresa del fil\u00f3sofo aragon\u00e9s si hoy resucitara y viera totalmente olvidadas sus laboriosas disquisiciones metaf\u00edsicas, y exaltado un hecho al cual no debi\u00f3 conceder m\u00e1s inter\u00e9s que el de un argumento accesorio para su tesis de que el alma reside en la sangre! De un pasaje de S\u00e9neca se infiere que los antiguos conocieron ya el poder amplificante de una esfera de cristal llena de agua. \u00a1Qui\u00e9n hubiera sospechado que en dicho fen\u00f3meno amplificante, desestimado durante muchos siglos, dorm\u00edan en germen dos poderosos instrumentos anal\u00edticos: el microscopio y el telescopio, y dos ciencias a cual m\u00e1s grandiosa: la Biolog\u00eda y la Astronom\u00eda!<\/p>\n<p>En resumen, no hay cuestiones peque\u00f1as; las que lo parecen son cuestiones grandes no comprendidas. En vez de menudencias indignas de ser consideradas por el pensador, lo que hay es hombres cuya peque\u00f1ez intelectual no alcanza a penetrar la trascendencia de lo min\u00fasculo. Constituye la Naturaleza mecanismo arm\u00f3nico, donde las piezas, aun las que parecen desempe\u00f1ar oficio accesorio, conspiran al conjunto funcional; al contemplar este mecanismo, el hombre ligero distingue arbitrariamente sus principales \u00f3rganos en esenciales y secundarios; en cambio, el pensador discreto se contenta con clasificarlos, prescindiendo de tama\u00f1os y de sus efectos \u00fatiles inmediatos, en conocidos y poco conocidos. En cuanto a su futura trascendencia, nadie puede ser profeta.<\/p>\n<h2>c) Culto exclusivo a la ciencia llamada pr\u00e1ctica<\/h2>\n<p>Otro de los vicios del pensamiento que importa combatir a todo trance es la falsa distinci\u00f3n en <em>ciencia te\u00f3rica<\/em> y <em>ciencia pr\u00e1ctica<\/em>, con la consiguiente alabanza de la \u00faltima y el desprecio sistem\u00e1tico de la primera. Y este error se propala inconscientemente entre la juventud, desvi\u00e1ndola de toda labor de inquisici\u00f3n desinteresada.<\/p>\n<p>No son, ciertamente, <em>las gentes del oficio<\/em>, las que incurren en semejante falta de apreciaci\u00f3n, sino muchos abogados, literatos, industriales y, desgraciadamente, hasta algunos estadistas conspicuos, cuyas iniciativas de tan graves consecuencias pueden ser para la obra de la cultura patria.<\/p>\n<p>A estos tales no se les caen de la boca las siguientes frases: \u00abMenos doctores y m\u00e1s industriales. Las naciones no miden su grandeza por lo que saben, sino por la copia de conquistas cient\u00edficas aplicadas al comercio, a la industria, a la agricultura, a la medicina y al arte militar. Dejemos a los cachazudos y linf\u00e1ticos tudescos con sus sutiles indagaciones de ciencia pura, con su loco af\u00e1n de escudri\u00f1ar los \u00faltimos resortes de la vida, y consagr\u00e9monos por nuestra parte a sacar el jugo pr\u00e1ctico de los principios de la Ciencia, encarn\u00e1ndolos en positivas mejoras de la existencia humana. Espa\u00f1a ha menester m\u00e1quinas para nuestros trenes y barcos, recetas pr\u00e1cticas para la agricultura y la industria, f\u00e1bricas de abonos, higiene racional; en suma, cuanto contribuya a fomentar la poblaci\u00f3n, riquezas y bienestar de los pueblos. L\u00edbrenos Dios de sabios ociosos, entretenidos en especulaciones sutiles, o entregados a la conquista de lo menudo, que si no costara demasiado caro, podr\u00eda calificarse de pasatiempo fr\u00edvolo y hasta rid\u00edculo.\u00bb<\/p>\n<p>Tal es el c\u00famulo de inepcias que a cada paso formulan los que al viajar por el extranjero ven, por un espejismo extra\u00f1o, el progreso en los efectos y no en las causas, los que, en sus cortos alcances, no advierten esos hilos misteriosos que enlazan la f\u00e1brica con el laboratorio, como el arroyo a su manantial. Creen de buena fe que, tanto los sabios como los pueblos, forman dos grupos: los que pierden el tiempo en especulaciones de ciencia pura y est\u00e9ril, y los que saben hallar hechos de aplicaci\u00f3n inmediata al aumento y comodidad de la vida<sup><a id=\"np6\" href=\"..\/notas-del-autor\/#np6n\">6<\/a><\/sup>.<\/p>\n<p>\u00bfTendremos necesidad de insistir sobre lo absurdo de tal doctrina? \u00bfHabr\u00e1 alguno tan menguado de sind\u00e9resis que no repare que all\u00ed donde los principios o los hechos son descubiertos brotan tambi\u00e9n, por modo inmediato, las aplicaciones? En Alemania, en Francia, en Inglaterra la f\u00e1brica vive en \u00edntima comuni\u00f3n con el laboratorio, y por lo com\u00fan el iniciador mismo de la verdad cient\u00edfica dirige, ora por s\u00ed, ora mediante sociedades explotadoras, el aprovechamiento industrial. Semejantes alianzas saltan a la vista en esas grandes f\u00e1bricas de colores de anilina, que constituyen uno de los filones m\u00e1s pr\u00f3speros de la industria alemana, suiza y francesa. Tan notorio es este hecho que huelgan aqu\u00ed ejemplos demostrativos. Empero, por recientes y significativos, quiero citar dos: la grande industria de la construcci\u00f3n de objetivos de precisi\u00f3n (microgr\u00e1ficos, fotogr\u00e1ficos y astron\u00f3micos) creada en Alemania por los profundos estudios de \u00f3ptica matem\u00e1tica del profesor Abber, de Jena, y los cuales aseguran a la Prusia un monopolio de valor enorme que sufraga el mundo entero<sup><a id=\"np7\" href=\"..\/notas-del-autor\/#np7n\">7<\/a><\/sup>, y la fabricaci\u00f3n de sueros terap\u00e9uticos, nacida en Berl\u00edn y perfeccionada en Par\u00eds, y en la cual intervienen, como es natural y leg\u00edtimo, Behring y Roux, creadores de los principios cient\u00edficos de la sueroterapia.<\/p>\n<p>Cultivemos la ciencia por s\u00ed misma, sin considerar por el momento las aplicaciones. Estas llegan siempre, a veces tardan a\u00f1os, a veces, siglos. Poco importa que una verdad cient\u00edfica sea aprovechada por nuestros hijos o por nuestros nietos. Medrada andar\u00eda la causa del progreso si Galvani, si Vilta, si Faraday, si Hertz, descubridores de los hechos fundamentales de la ciencia de la electricidad, hubieran menospreciado sus hallazgos por carecer entonces de aplicaci\u00f3n industrial.<\/p>\n<p>Dejamos consignado que lo in\u00fatil, aun aceptando el punto de vista humano (con las necesarias restricciones de tiempo y lugar), no existe en la Naturaleza. Y, en \u00faltimo extremo, aun cuando no fuera posible poner al servicio de nuestra comodidad y provecho ciertas conquistas cient\u00edficas, siempre quedar\u00eda una utilidad positiva: la noble satisfacci\u00f3n de nuestra curiosidad satisfecha y la fruici\u00f3n incomparable causada en el \u00e1nimo por el sentimiento de nuestro poder ante la dificultad.<\/p>\n<p>En suma: al abordar un problema, consider\u00e9moslo en s\u00ed mismo, sin desviarnos por motivos segundos, cuyo perseguimiento, dispersando la atenci\u00f3n, mermar\u00eda nuestra fuerza anal\u00edtica. En la lucha con la Naturaleza, el bi\u00f3logo, como el astr\u00f3nomo, debe prescindir de la tierra que habita y concentrar su mirada en la serena regi\u00f3n de las ideas, donde, tarde o temprano, surgir\u00e1 la luz de la verdad. Establecido el hecho nuevo, las aplicaciones vendr\u00e1n a su saz\u00f3n, es decir, cuando aparezca otro hecho capaz de fecundarlo, pues, como es bien sabido, el <em>invento<\/em> no es otra cosa que la conjunci\u00f3n de dos o m\u00e1s verdades en una resultante \u00fatil. La Ciencia registra muchos hechos cuya utilidad es actualmente desconocida, pero, al cabo de unos lustros, o acaso de siglos, ve la luz una nueva verdad que tiene con aqu\u00e9llos misteriosas afinidades, y la <em>criatura industrial<\/em> resultante se llama fotograf\u00eda, fon\u00f3grafo, an\u00e1lisis espectral, telegraf\u00eda sin hilos, vuelo mec\u00e1nico, <abbr>etc.<\/abbr>Tr\u00e1tase siempre de una s\u00edntesis a corto o a largo plazo. Porta descubri\u00f3 la c\u00e1mara oscura, hecho aislado del cual apenas se sac\u00f3 partido para el arte del dise\u00f1o; Wedgwood y Davy se\u00f1alaron en 1802 la posibilidad de obtener im\u00e1genes fotogr\u00e1ficas sobre un papel lubricado en una soluci\u00f3n de nitrato arg\u00e9ntico, pero como la copia no pod\u00eda fijarse, este otro hallazgo no tuvo consecuencia; despu\u00e9s lleg\u00f3 John Herschel, que logr\u00f3 disolver la sal arg\u00e9ntica no impresionada por la luz, con ello fue ya posible la fijaci\u00f3n de la fugitiva silueta luminosa. Con todo eso, la d\u00e9bil sensibilidad de las sales arg\u00e9nticas hasta entonces aprovechadas hac\u00eda casi imposible el empleo del aparato de Porta; por fin aparece Daguerre, quien descubre en 1839, con la exquisita sensibilidad del yoduro arg\u00e9ntico, la imagen latente, sintetiza admirablemente los inventos de sus predecesores y crea en sus fundamentos la fotograf\u00eda actual.<\/p>\n<p>As\u00ed evolucionan todos los inventos: los materiales son, en diversas \u00e9pocas, acarreados por sagaces cuanto infortunados observadores, que no lograron recoger fruto alguno de sus hallazgos, en espera de las verdades fecundantes, mas una vez acopiados todos los datos, llega un sabio feliz, no tanto por su originalidad como por haber nacido oportunamente, considera los hechos desde el punto de vista humano, opera la s\u00edntesis y el invento surge.<\/p>\n<h2>d) Pretendida cortedad de luces<\/h2>\n<p>Para justificar deserciones y desmayos alegan algunos falta de capacidad para la ciencia. \u00abYo tengo gusto para los trabajos de laboratorio \u0097nos dicen\u0097, pero no sirvo para inventar nada.\u00bb Cierto que hay cabezas refractarias para la labor experimental, y entre ellas contamos todas las incapacidades de atenci\u00f3n prolongada y exentas de curiosidad y de admirabilidad por las obras de la Naturaleza. Pero la inmensa mayor\u00eda de los que se confiesan incapaces, \u00bflo son positivamente? \u00bfNo exageran, tal vez, las dificultades de la empresa y la penuria de sus aptitudes? Tal creemos, y a\u00f1adiremos a\u00fan que muchos toman habitualmente por incapacidad la mera lentitud del concebir y del aprender, y a veces, la propia pereza o la falta de alguna cualidad de orden secundario, como la paciencia, la minuciosidad, la constancia, atributos que se adquieren pronto con el h\u00e1bito del trabajo y con la satisfacci\u00f3n del \u00e9xito.<\/p>\n<p>En nuestro concepto, la lista de los aptos para la labor cient\u00edfica es mucho m\u00e1s larga de lo que se cree, y se compone, no s\u00f3lo de los talentos superiores, de los f\u00e1ciles, de los ingenios agudos codiciosos de reputaci\u00f3n y ansiosos de enlazar su nombre a una obra grande, sino tambi\u00e9n de esos entendimientos regulares, conocidos con el dictado de ma\u00f1osos, por la habilidad y tino con que realizan toda obra manual, de esos otros dotados de temperamento art\u00edstico y que sienten con vehemencia la belleza de las obras de la Naturaleza, en fin, de los meramente curiosos, flem\u00e1ticos, cachazudos, <em>devotos de la religi\u00f3n de lo menudo<\/em>y capaces de consagrar largas horas al examen del m\u00e1s insignificante fen\u00f3meno natural. La ciencia, como los ej\u00e9rcitos, necesita generales y soldados; aqu\u00e9llos conciben el plan, pero \u00e9stos son los que positivamente vencen. Que no por modesta deja de ser altamente estimable la colaboraci\u00f3n de los perfeccionadores y confirmadores: gracias a estos obreros del progreso, la concepci\u00f3n del genio adquiere vigor y claridad, pasando de la categor\u00eda de s\u00edmbolo abstracto a realidad viva, apreciada y conocida de todos.<\/p>\n<p>A fin de que cada uno pueda cerciorarse de su aptitud para los trabajos del laboratorio, diversos medios pueden ensayarse. Aludiendo aqu\u00ed a los estudios de nuestra predilecci\u00f3n, nosotros aconsejar\u00edamos estos dos:<\/p>\n<ul>\n<li>1.\u00b0 Empleo de un m\u00e9todo anal\u00edtico que pase por incierto y dif\u00edcil hasta que, a fuerza de paciencia y trabajo, se obtengan los resultados mencionados por los autores. El \u00e9xito lisonjero en este caso, sobre todo si se ha logrado sin la vigilancia del maestro, es decir, trabajando aisladamente, ser\u00e1 indicio claro de la aptitud para la labor de investigaci\u00f3n.<\/li>\n<li>2.\u00b0 Estudio de un tema cient\u00edfico, de cierta dificultad, donde las opiniones contradictorias abunden y para el cual el aficionado se preparar\u00e1 examinando superficialmente el estado de la cuesti\u00f3n (mera lectura de los libros de consulta, sin llegar a las monograf\u00edas especiales). Si despu\u00e9s de algunos meses de trabajo experimental, nuestro principiante repara, al consultar la bibliograf\u00eda m\u00e1s moderna del tema, que ha conseguido adivinar algunas conquistas recientes, que en puntos muy litigiosos ha coincidido con las interpretaciones de sabios ilustres, que, en fin, ha acertado a sortear errores de apreciaci\u00f3n en que incurrieron algunos autores, debe abandonar su timidez y entregarse sin reservas a la labor cient\u00edfica, pues en ella le esperan, pocos o muchos, seg\u00fan sea la actividad que despliegue, triunfos y satisfacciones.<\/li>\n<\/ul>\n<p>Aun los medianamente dotados, desde el punto de vista intelectual, podr\u00e1n conseguir alg\u00fan fruto, con tal de que abriguen fe robusta en la virtud creadora de la educaci\u00f3n y se contraigan a profundizar, durante mucho tiempo, un tema limitado.<\/p>\n<p>Aun a riesgo de redundancia o de parecer pesados y prolijos, s\u00e9anos permitido presentar contra los esc\u00e9pticos en los milagros de la voluntad las siguientes reflexiones:<\/p>\n<ol class=\"alfabetico\">\n<li>Como han afirmado muchos pensadores y pedagogos, el descubrimiento no es fruto de ning\u00fan talento originariamente especial, sino del sentido com\u00fan mejorado y robustecido por la educaci\u00f3n t\u00e9cnica y por el h\u00e1bito del meditar sobre los problemas cient\u00edficos<sup><a id=\"np8\" href=\"..\/notas-del-autor\/#np8n\">8<\/a><\/sup>. As\u00ed pues, quien disponga de regular criterio para guiarse en la vida, lo tendr\u00e1 tambi\u00e9n para marchar desembarazado por el camino de la investigaci\u00f3n.<\/li>\n<li>El cerebro juvenil posee plasticidad exquisita, en cuya virtud puede, a impulsos de un <em>en\u00e9rgico querer<\/em>, mejorar extraordinariamente su organizaci\u00f3n creando asociaciones interideales nuevas, depurando y afinando el juicio.<\/li>\n<li>Las deficiencias de la aptitud nativa son compensables mediante un exceso de trabajo y de atenci\u00f3n. Cabr\u00eda afirmar que el trabajo sustituye al talento, o mejor dicho, <em>crea el talento<\/em>. Quien desee firm\u00edsimamente mejorar su capacidad, acabar\u00e1 por lograrlo, a condici\u00f3n de que la labor educadora no comience demasiado tarde, en una \u00e9poca en que la plasticidad de las c\u00e9lulas nerviosas est\u00e1 casi del todo suspendida. No olvidemos que por la lectura y meditaci\u00f3n de las obras maestras todo hombre es due\u00f1o de asimilarse una gran parte del ingenio que las cre\u00f3, dado que toma de \u00e9ste no s\u00f3lo las doctrinas, sino el criterio, los principios directores y hasta el estilo.<\/li>\n<li>En la mayor parte de los casos, eso que llamamos talento genial y especial, no implica superioridad <em>cualitativa<\/em>, sino <em>expeditiva<\/em>, consistiendo solamente en hacer de prisa y con brillante \u00e9xito lo que las inteligencias regulares elaboran lentamente, pero bien. En vez de distinguir los entendimientos en grandes y peque\u00f1os, fuera preferible y m\u00e1s exacto (al menos en muchos casos) clasificarlos en <em>lentos y r\u00e1pidos<\/em><sup><a id=\"np9\" href=\"..\/notas-del-autor\/#np9n\">9<\/a><\/sup>. Los entendimientos r\u00e1pidos son ciertamente los m\u00e1s brillantes y sugestivos, son insustituibles en la conversaci\u00f3n, en la oratoria, en el periodismo, en toda obra en que el tiempo sea factor decisivo, pero en las empresas cient\u00edficas los <em>lentos<\/em> resultan tan \u00fatiles como los r\u00e1pidos, porque al cient\u00edfico, como al artista, no se le juzga por la viveza del producir, sino por la excelencia de la producci\u00f3n. A\u00fan osar\u00edamos a\u00f1adir que, por una compensaci\u00f3n muy com\u00fan, las cabezas <em>lentas<\/em> poseen gran resistencia para la atenci\u00f3n prolongada, y abren ancho y profundo surco en las cuestiones, mientras que las <em>r\u00e1pidas<\/em> suelen fatigarse pronto, despu\u00e9s de haber desbrozado apenas el terreno. Hay en esto, sin embargo, numerosas excepciones: Newton, Davy, Pasteur, Virchow, <abbr>etc.<\/abbr>, fueron talentos r\u00e1pidos y dejaron ancha estela luminosa.<\/li>\n<li>Si, a despecho de los esfuerzos hechos por mejorarla, nuestra memoria es inconstante y poco tenaz, <em>administr\u00e9mosla<\/em> bien. Como dice Epitecto: \u00abCuando en el juego de la vida vienen malas cartas, no hay m\u00e1s remedio que sacar el mejor partido posible de las que se tienen.\u00bb Ense\u00f1a la historia de los grandes descubrimientos que su excelencia no dimana siempre de un ingenio superior, sino de un entendimiento y memoria regulares, pero h\u00e1bilmente aprovechados. Grandes novadores cient\u00edficos, como Helmholtz, quej\u00e1ronse de escasez de memoria, considerando como un suplicio el aprenderse de coro un escrito. Por compensaci\u00f3n, los escasamente memoriosos de palabras y de frases, suelen gozar de excelente retentiva de ideas y de series de razonamientos. Ya Locke not\u00f3 que los dotados de gran ingenio y pronta memoria no sobresalen siempre en el juicio.<\/li>\n<li>Para poder consagrar al tema de nuestras meditaciones todas las escasas facultades que poseemos, desechemos las ocupaciones innecesarias, y esas ideas par\u00e1sitas tocantes a las menudencias f\u00fatiles de la vida, y fijemos tan s\u00f3lo en la mente, a favor de una atenci\u00f3n ahincada y persistente, los datos relativos al problema que nos ocupa. Conden\u00e9monos, durante la gesti\u00f3n de nuestra obra, a ignorar lo dem\u00e1s: la pol\u00edtica, la literatura, la m\u00fasica, la chismograf\u00eda, <abbr>etc.<\/abbr>Hay casos en que la ignorancia es una gran virtud, casi un hero\u00edsmo: los libros in\u00fatiles, perturbadores de la atenci\u00f3n, pesan y ocupan lugar tanto en nuestro cerebro como en los estantes de las bibliotecas, y deshacen o estorban la adaptaci\u00f3n mental del asunto. El <em>saber ocupa lugar<\/em>, diga lo que quiera la sabidur\u00eda popular.<\/li>\n<li>Aun el talento mediano llegar\u00e1 a ilustrarse con trabajos estimables en varias ciencias, con tal de abandonar la pretensi\u00f3n de abarcarlas todas a la vez; concentrar\u00e1, pues, sucesivamente, es decir, por \u00e9pocas, su atenci\u00f3n en cada tema, y debilitar\u00e1 o borrar\u00e1 sus adquisiciones anteriores en otros dominios. Lo que equivale a declarar que el cerebro es adaptable a la ciencia total en el <em>tiempo<\/em>, pero no en el <em>espacio<\/em>. En realidad, hasta las grandes capacidades proceden de este modo, y as\u00ed, cuando alg\u00fan sabio nos asombra con publicaciones sobre diversas disciplinas, reparemos que a cada materia corresponde una \u00e9poca. Ciertamente, los conocimientos anteriores no habr\u00e1n desaparecido enteramente de la mente del autor, pero se habr\u00e1n simplificado, condens\u00e1ndose en f\u00f3rmulas o s\u00edmbolos abreviad\u00edsimos; de esta suerte puede quedar libre en la <em>pizarra cerebral<\/em> un gran espacio para el registro y estampaci\u00f3n de las nuevas im\u00e1genes.<\/li>\n<\/ol>\n","protected":false},"author":1,"menu_order":3,"template":"","meta":{"pb_show_title":"on","pb_short_title":"","pb_subtitle":"","pb_authors":[],"pb_section_license":""},"chapter-type":[],"contributor":[],"license":[],"class_list":["post-25","chapter","type-chapter","status-publish","hentry"],"part":22,"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.publiconsulting.com\/wordpress\/reglasyconsejos\/wp-json\/pressbooks\/v2\/chapters\/25","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.publiconsulting.com\/wordpress\/reglasyconsejos\/wp-json\/pressbooks\/v2\/chapters"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.publiconsulting.com\/wordpress\/reglasyconsejos\/wp-json\/wp\/v2\/types\/chapter"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.publiconsulting.com\/wordpress\/reglasyconsejos\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.publiconsulting.com\/wordpress\/reglasyconsejos\/wp-json\/pressbooks\/v2\/chapters\/25\/revisions"}],"part":[{"href":"https:\/\/www.publiconsulting.com\/wordpress\/reglasyconsejos\/wp-json\/pressbooks\/v2\/parts\/22"}],"metadata":[{"href":"https:\/\/www.publiconsulting.com\/wordpress\/reglasyconsejos\/wp-json\/pressbooks\/v2\/chapters\/25\/metadata\/"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.publiconsulting.com\/wordpress\/reglasyconsejos\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=25"}],"wp:term":[{"taxonomy":"chapter-type","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.publiconsulting.com\/wordpress\/reglasyconsejos\/wp-json\/pressbooks\/v2\/chapter-type?post=25"},{"taxonomy":"contributor","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.publiconsulting.com\/wordpress\/reglasyconsejos\/wp-json\/wp\/v2\/contributor?post=25"},{"taxonomy":"license","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.publiconsulting.com\/wordpress\/reglasyconsejos\/wp-json\/wp\/v2\/license?post=25"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}