{"id":27,"date":"2019-12-09T15:25:40","date_gmt":"2019-12-09T15:25:40","guid":{"rendered":"https:\/\/www.publiconsulting.com\/wordpress\/reglasyconsejos\/chapter\/capitulo-iv-lo-que-debe-saber-el-aficionado-a-la-investigacion-biologica\/"},"modified":"2019-12-09T15:25:40","modified_gmt":"2019-12-09T15:25:40","slug":"capitulo-iv-lo-que-debe-saber-el-aficionado-a-la-investigacion-biologica","status":"publish","type":"chapter","link":"https:\/\/www.publiconsulting.com\/wordpress\/reglasyconsejos\/chapter\/capitulo-iv-lo-que-debe-saber-el-aficionado-a-la-investigacion-biologica\/","title":{"rendered":"Cap\u00edtulo IV. Lo que debe saber el aficionado a la investigaci\u00f3n biol\u00f3gica"},"content":{"raw":"\n<h2>a) Cultura general<\/h2>\nOcioso ser\u00eda insistir en la necesidad que tiene nuestro aficionado de conocer a fondo la ciencia objeto de sus futuras exploraciones, no s\u00f3lo por las descripciones de libros y monograf\u00edas, sino por el estudio de la misma naturaleza. Pero no es menos urgente saber, siquiera de modo general, todas aquellas ramas cient\u00edficas que directa o indirectamente se enlazan con la preferida, y en las cuales se hallan, ora los principios directores, ora los medios de acci\u00f3n. Por ejemplo: el bi\u00f3logo no se limitar\u00e1 a conocer la Anatom\u00eda y Fisiolog\u00eda, sino que abarcar\u00e1 tambi\u00e9n lo fundamental de la Psicolog\u00eda, la F\u00edsica y la Qu\u00edmica.\n\nLa raz\u00f3n de esta cultura accesoria es obvia: casi siempre el descubrimiento de un hecho, o la significaci\u00f3n de un fen\u00f3meno biol\u00f3gico, viene a representar mera consecuencia de la aplicaci\u00f3n de principios pertenecientes a la F\u00edsica o la Qu\u00edmica. Descubrir, como ha dicho Laplace, es aproximar dos ideas que se hallaban separadas. E importa observar que las m\u00e1s de las veces esta aproximaci\u00f3n fecunda tiene lugar entre un hecho perteneciente a una ciencia compleja (Biolog\u00eda, Sociolog\u00eda, Qu\u00edmica, <abbr>etc.<\/abbr>) y un principio entresacado de una ciencia simple. En otros t\u00e9rminos: las ciencias generales o abstractas, seg\u00fan las clasificaciones de Comte y de Bain, explican a menudo los fen\u00f3menos de las ciencias complicadas y concretas. Por donde se cae en la cuenta de que una seriaci\u00f3n jer\u00e1rquica bien entendida asisten y esclarecen la F\u00edsica y la Qu\u00edmica, y \u00e9sta a su vez explican, y en parte generan, la Biolog\u00eda, la Sociolog\u00eda y sus diferentes ramificaciones.\n\nDescubrir consiste, a menudo, en hacer entrar el hecho en una ley: en encerrarlo en un marco ideol\u00f3gico m\u00e1s amplio, en clasificarlo, en fin; por eso ha podido afirmarse que descubrir es dar nombre concreto a una cosa ileg\u00edtima o provisoriamente bautizada. De donde se sigue que, cuando la ciencia llegue a la suma perfecci\u00f3n, cada fen\u00f3meno recibir\u00e1 el nombre que le corresponda, establecidas al fin sus profundas relaciones con las verdades generales. Bajo este aspecto resulta muy expresiva la conocida frase de Mach: \u00abUna palabra bien elegida puede economizar cantidad enorme de pensamiento\u00bb. Porque nombrar es clasificar, es establecer filiaciones ideales, relaciones de analog\u00eda entre fen\u00f3menos poco conocidos y una noci\u00f3n o principio general, donde se hallan latentes, como el \u00e1rbol en su germen.\n\nLos estudios filos\u00f3ficos constituyen, sobre todo, buena preparaci\u00f3n y excelente gimnasia para el hombre de laboratorio. No deja, ciertamente, de llamar la atenci\u00f3n el que muchos ilustres investigadores hayan llegado a la ciencia desde el campo de la filosof\u00eda. Ocioso es advertir que el investigador se preocupar\u00e1 menos de la doctrina o del credo filos\u00f3fico \u0097credo que var\u00eda desgraciadamente cada quince o veinte a\u00f1os\u0097 que de los criterios de verdad y del aparato cr\u00edtico, con cuyo ejercicio adquirir\u00e1 flexibilidad y sagacidad y aprender\u00e1 a desconfiar de la aparente certidumbre de los m\u00e1s subyugadores sistemas cient\u00edficos, enfrenando convenientemente el vuelo de la propia imaginaci\u00f3n. Su divisa ser\u00e1 siempre la frase de Cicer\u00f3n: <em lang=\"la\" xml:lang=\"la\">Dubitando ad veritatem pervenimus<\/em>.\n\nPor lo que hace a la anatom\u00eda microsc\u00f3pica de los animales y plantas, la mayor\u00eda de los hechos que forman la materia de esta ciencia son resultados de conflictos entre las propiedades qu\u00edmicas de ciertos reactivos y la constituci\u00f3n estructural de las c\u00e9lulas y tejidos. En bacteriolog\u00eda, en neurolog\u00eda, <abbr>etc.<\/abbr>, casi todo cuanto sabemos lo debemos a la feliz aplicaci\u00f3n de materias colorantes creadas por la Qu\u00edmica moderna. Lo mismo ocurre en biolog\u00eda general. Recu\u00e9rdense los interesantes estudios de Loeb sobre la partenog\u00e9nesis artificial y los de Harrison, Carrel, Lambert y otros acerca de los cultivos artificiales de las c\u00e9lulas de los tejidos animales. Tan sorprendentes experimentos son pura consecuencia de las variaciones qu\u00edmicas o f\u00edsicas provocadas en el ambiente celular.\n\nEsta \u00edntima solidaridad de las ciencias ha sido sentida por muchos, y singularmente por Letamendi, quien al hablar de las especialidades cient\u00edficas, las defin\u00eda: \u00abLa aplicaci\u00f3n de toda Ciencia a una rama particular del saber\u00bb.\n\nPara un entendimiento superior que conociera todas las razones misteriosas que enlazan los fen\u00f3menos del Universo, en vez de ciencias habr\u00eda una <em>sola Ciencia<\/em>. Ante un ser semejante las fronteras que parecen separar nuestros conocimientos, el andamiaje formal de nuestras clasificaciones, el desmenuzamiento artificial de las cosas tan grato a nuestro intelecto, que s\u00f3lo puede considerar la realidad sucesivamente y como por facetas, desaparecer\u00edan por completo. A su ojos la Ciencia total parecer\u00eda a modo de \u00e1rbol gigantesco, cuyas ramas estuvieran representadas por las ciencias particulares, y el tronco por el principio o principios sobre que se fundan. El especialista trabaja como una larva, asentado sobre una hoja y forj\u00e1ndose la ilusi\u00f3n de que su peque\u00f1o mundo se mece aislado en el espacio, el cient\u00edfico general, dotado de sentido filos\u00f3fico, entrev\u00e9 el tallo com\u00fan a muchas ramas. Pero s\u00f3lo el gesto del saber a que antes alud\u00edamos, gozar\u00eda de la dicha y del poder de contemplar el \u00e1rbol entero, esto es, la Ciencia, m\u00faltiple e infinita en sus formas, una en sus principios.\n<h2>b) Necesidad de especializarse<\/h2>\nConviene, empero, no exagerar la regla precedente, cayendo en el escollo de la enciclopedia, adonde van a parar todos los entendimientos dispersivos, inquietos, indisciplinados, e incapaces de fijar mucho tiempo la atenci\u00f3n en una sola idea. Las aficiones rotatorias, como las llamaba un m\u00e9dico-escritor original\u00edsimo, pueden formar grandes literatos, conversadores deliciosos, oradores insignes, rara vez descubridores cient\u00edficos.\n\nEl proverbio tan conocido \u00abel saber no ocupa lugar\u00bb es error de a folio, que, afortunadamente, no tiene graves consecuencias pr\u00e1cticas, pues aun los que creen en \u00e9l est\u00e1n obligados a confesar que el aprender muchas cosas, cuando no espacio, ocupa tiempo. S\u00f3lo un juicio demasiado lisonjero acerca de nuestros talentos puede explicar la man\u00eda enciclop\u00e9dica, pues pretensi\u00f3n quim\u00e9rica constituye el intento de dominar varias ciencias, cuando vemos a hombres de verdadero genio e infatigable laboriosidad resignarse, a fin de poder cosechar algunas verdades, al conocimiento profundo de una rama del saber, y a menudo, al de un tema concreto de una ciencia determinada.\n\nNo nos hagamos, pues, ilusiones: si la vida de un hombre basta para saber algo de todas las disciplinas humanas, apenas es suficiente para dominar hasta el detalle una o dos de ellas.\n\nLos enciclopedistas modernos, como Herbert Spencer, Mach, Wundt, <abbr>etc.<\/abbr>, son en realidad especialistas de la filosof\u00eda, de las ciencias y de las artes, conforme lo fueron en su tiempo Leibniz y Descartes, bien que estos sabios, por la natural limitaci\u00f3n de los conocimientos de su \u00e9poca, pudieron abarcar un dominio bastante m\u00e1s extenso, y realizar descubrimientos en dos o tres ciencias.\n\nPasaron ya, quiz\u00e1 para no volver m\u00e1s, los investigadores polilaterales: a la hora presente hay que reconocer que en F\u00edsica como en Matem\u00e1ticas, en Qu\u00edmica como en Biolog\u00eda, los descubrimientos corren a cargo de sabios especialistas, pero, enti\u00e9ndase bien, no de particularistas <em>monolaterizados<\/em>, incrustados en un detalle, sino de trabajadores que, sin perder de vista su dominio especial, siguen atentamente los progresos m\u00e1s culminantes de las ciencias afines. Semejante divisi\u00f3n del trabajo, adem\u00e1s de buena t\u00e1ctica, constituye ineluctable necesidad. A ella nos obligan el tiempo extraordinario exigido por el ensayo y dominio de los m\u00e9todos diariamente descubiertos, el creciente caudal de la producci\u00f3n bibliogr\u00e1fica, y el considerable n\u00famero de sabios que simult\u00e1neamente trabajan sobre cada tema de estudio.\n\nPara terminar con la vulgar filosof\u00eda condensada en la reputada m\u00e1xima <em>quien mucho abarca poco aprieta<\/em>, en contraposici\u00f3n del no menos acreditado refr\u00e1n <em>el saber no ocupa lugar<\/em>, s\u00e9anos l\u00edcito hacer una comparaci\u00f3n vulgar. El entendimiento inquisitivo es como un arma de combate. Si en ella se labra un solo filo, tendremos una espada tajante. Si dos, el arma podr\u00e1 cortar todav\u00eda, aunque menos eficientemente, pero si le sacamos tres o cuatro, la acuidad de los filos ir\u00e1 disminuyendo hasta convertirse en inofensivo cuadradillo. Una bayoneta podr\u00eda, en rigor, cortar todav\u00eda, mas para ello fuera preciso formidable energ\u00eda motriz, mientras que una daga bien afilada resulta temible aun en las manos de un ni\u00f1o.\n\nComo el acero informe, nuestro intelecto representa una espada en potencia. Merced a la forja y lima del estudio, transf\u00f3rmase en el templado y agudo escalpelo de la Ciencia. Labremos el filo por s\u00f3lo un lado, o por dos a lo m\u00e1s, si queremos conservar su eficacia anal\u00edtica y herir a fondo el coraz\u00f3n de las cuestiones, y dejemos a los bobalicones del enciclopedismo que transformen su entendimiento e inofensivo cuadradillo.\n<h2>c) Lectura especial o t\u00e9cnica<\/h2>\nIn\u00fatil es advertir que en la biblioteca del investigador deben figurar cuantos libros y revistas importantes concernientes a la especialidad vean la luz en las naciones m\u00e1s adelantadas. Las revistas alemanas ser\u00e1n consultadas a cada momento, pues por lo que toca a la Biolog\u00eda, es forzoso reconocer que Alemania sola produce m\u00e1s hechos nuevos que todas las naciones juntas<sup><a id=\"np12\" href=\"..\/notas-del-autor\/#np12n\">12<\/a><\/sup>.\n\nQuien dese\u00f3 los fines quiere los medios, y pues, en la \u00e9poca actual, el conocimiento de la lengua germ\u00e1nica es imprescindible para ponerse al corriente de la \u00faltima hora cient\u00edfica, estudiemos aqu\u00e9lla seriamente, siquiera para llegar a la traducci\u00f3n, desembaraz\u00e1ndonos de ese supersticioso terror que a los espa\u00f1oles nos inspiran los enrevesados t\u00e9rminos y giros de los idiomas del Norte. Tan preciso es el conocimiento del alem\u00e1n, que no se hallar\u00e1 quiz\u00e1 un solo investigador italiano, ingl\u00e9s, franc\u00e9s, ruso o sueco, que no sea capaz de leer corrientemente las monograf\u00edas tudescas. Y como los trabajos de los alemanes ven la luz en un pa\u00eds que puede actualmente considerarse como el foco de la producci\u00f3n cient\u00edfica, tales escritos tienen para nosotros la inestimable ventaja de contener extensas y puntuales noticias hist\u00f3ricas y bibliogr\u00e1ficas<sup><a id=\"np13\" href=\"..\/notas-del-autor\/#np13n\">13<\/a><\/sup>. Despu\u00e9s del alem\u00e1n siguen en orden de importancia el ingl\u00e9s y el franc\u00e9s. Y nada diremos del italiano, porque no hay espa\u00f1ol medianamente culto que no sea capaz de traducirlo, aun sin la ayuda del diccionario. Ni es l\u00edcito ignorar que en algunas disciplinas cient\u00edficas Italia marcha a la cabeza del progreso.\n\nA la hora presente se publican trabajos cient\u00edficos en m\u00e1s de seis idiomas. Al intento plausible de restaurar el lat\u00edn, o de utilizar el esperanto como lengua cient\u00edfica universal, han respondido los sabios multiplicando todav\u00eda el n\u00famero de idiomas en que aparecen redactados los trabajos cient\u00edficos. Preciso es reconocer que pr\u00e1cticamente el <em>volap\u00fcck<\/em> o el <em>esperanto<\/em> representan una lengua m\u00e1s<sup><a id=\"np14\" href=\"..\/notas-del-autor\/#np14n\">14<\/a><\/sup>que aprender. Tal resultado era de prever porque no consienten otra cosa ni las tendencias esencialmente popularizadoras y democr\u00e1ticas del saber moderno, ni las miras econ\u00f3micas de autores y editores, cuyos intereses morales y materiales les impulsan a difundir en el gran p\u00fablico aquellas conquistas cient\u00edficas que anta\u00f1o fueron patrimonio exclusivo de las Academias o de ciertas sumidades de la c\u00e1tedra.\n\nNo se crea, empero, que el investigador debe hablar y escribir todas las lenguas de Europa: al espa\u00f1ol le bastar\u00e1 traducir las cuatro siguientes, que se ha convenido en llamar <em>lenguas sabias<\/em>, y en las cuales aparecen publicados casi todos los trabajos cient\u00edficos: el franc\u00e9s, el ingl\u00e9s, el italiano y el alem\u00e1n. Naturalmente, entre las lenguas sabias no figura el espa\u00f1ol; no queda, por tanto, a nuestros maestros m\u00e1s recurso, si desean que sus pesquisas sean conocidas y apreciadas por los especialistas, que escribir y hablar en uno de aquellos cuatro idiomas europeos<sup><a id=\"np15\" href=\"..\/notas-del-autor\/#np15n\">15<\/a><\/sup>.\n<h2>d) C\u00f3mo se deben estudiar las monograf\u00edas<\/h2>\nAl leer las monograf\u00edas de la especialidad que se desee cultivar, debemos fijarnos sobre todo en dos cosas: en los m\u00e9todos de investigaci\u00f3n de que el autor se ha servido en sus pesquisas, y en los problemas que han quedado pendientes de soluci\u00f3n. En cuanto al libro de popularizaci\u00f3n, nos merecer\u00e1 menos atenci\u00f3n y confianza, a menos que no sea alguna voluminosa exposici\u00f3n de conjunto, o contenga algunos conceptos generales de fecunda aplicaci\u00f3n en el laboratorio. En general, puede afirmarse que el libro refleja ya una fase hist\u00f3rica de la Ciencia. Por efecto del mucho tiempo que exige su redacci\u00f3n, de la preocupaci\u00f3n dominante en el autor de simplificar la materia para ser entendido del gran p\u00fablico, faltan o se hallan muy ligeramente esbozados los temas de actualidad, los detalles de los m\u00e9todos y las lagunas de la investigaci\u00f3n.\n\nSometeremos a estudio detenido las monograf\u00edas debidas a los autores m\u00e1s geniales y que mayor impulso hayan dado a la cuesti\u00f3n: el talento original posee, entre otras cualidades, una gran virtud sugestiva. Es propiedad de todo buen libro que el lector recoja en \u00e9l, no s\u00f3lo las ideas expuestas deliberadamente por el autor, sino otras totalmente nuevas, y hasta diferentes para cada hombre, y que brotan del conflicto entre nuestro fondo de representaciones y los conceptos del texto. Por donde se ve que la monograf\u00eda genial, con ser buena fuente de informaci\u00f3n cient\u00edfica, resulta adem\u00e1s eficaz reactivo de nuestras propias energ\u00edas cerebrales.\n\nLas cabezas humanas, como las palmeras del desierto, se fecundan a distancia. Mas, para que semejante conjugaci\u00f3n entre dos esp\u00edritus se realice y d\u00e9 fruto de bendici\u00f3n, es menester interesarse profundamente en la lectura del libro genial, penetrarse de su hondo sentido y, en fin, simpatizar con el autor. En la Ciencia, como en la vida, el fruto viene siempre despu\u00e9s del amor. Por no consultar las memorias originales y fiarse de obras de conjunto, \u00a1cu\u00e1ntos principiantes caen en el error de considerar aciertos ajenos y antiguos descubrimientos como fruto de su propia labor!\n\nNuestro novel hombre de ciencia debe huir de res\u00famenes y manuales como de la peste. Buenos para la ense\u00f1anza, los manuales son p\u00e9simos para guiar al investigador. Quien resume, se resume a s\u00ed mismo; quiero decir que a menudo expone sus juicios y doctrinas en lugar de las del autor. De \u00e9ste toma lo que le agrada o lo que entiende y digiere sin esfuerzo: da lo principal por accesorio, y viceversa. A t\u00edtulo de aclarar y popularizar la obra ajena, el abreviador acaba por sustituir su personalidad a la del autor, cuya fisonom\u00eda intelectual, tan interesante y educadora para el lector, permanece en la sombra.\n\nDe lo dicho se infiere la inexcusable obligaci\u00f3n en que se halla el investigador, si desea evitar desagradables sorpresas, de leer a los autores en sus obras originales, a menos que los res\u00famenes no dimanen de los autores mismos, que entonces, por compensaci\u00f3n de la concisi\u00f3n, acaso hallemos concepciones e ideas directrices de gran provecho para la labor anal\u00edtica.\n\nAqu\u00ed surge una cuesti\u00f3n: antes de empezar una investigaci\u00f3n de laboratorio, \u00bfdebe o no apurarse la bibliograf\u00eda? Penetrados y como saturados de cuanto sobre el tema ha sido escrito, \u00bfno corremos el riesgo de ser sugestionados y de perder el don inapreciable de la independencia de juicio? La misma impresi\u00f3n de agotamiento del asunto, producida por la puntual informacion a que nos hemos entregado, \u00bfno ser\u00e1 fatal a nuestras aspiraciones de hallar algo completamente original?\n\nCuesti\u00f3n es \u00e9sta que cada cual resuelve a su manera, aunque, a mi ver, si para decidirla se acudiera a plebiscito de sabios, la soluci\u00f3n ser\u00eda no iniciar indagaci\u00f3n ninguna sin tener a la vista todos los antecedentes bibliogr\u00e1ficos. Procediendo de esta suerte, se evita el doloroso desencanto producido al saber que hemos malgastado el tiempo redescubriendo cosas conocidas y descuidando, por consiguiente, el estudio profundo de las verdaderas lagunas del tema.\n\nLa conducta m\u00e1s prudente, a mi ver, es apurar, desde luego, la investigaci\u00f3n bibliogr\u00e1fica especial antes de lanzarse a la tarea anal\u00edtica. Pero cuando, por dificultades insuperables, sea ello irrealizable (seg\u00fan ocurre desgraciadamente en Espa\u00f1a, donde las Universidades carecen de libros modernos extranjeros y las Academias no tienen recursos para suscribirse a las revistas cient\u00edficas m\u00e1s importantes), no debemos, por monograf\u00eda de m\u00e1s o de menos, dejar de acudir al laboratorio, pues, si, enterados de los mejores m\u00e9todos en boga, trabajamos con ah\u00ednco y perseverancia, siempre hallaremos algo escapado a la sagacidad de los \u00faltimos observadores, por lo mismo que, no habiendo sido influidos por ellos, habremos caminado por rutas diferentes, y considerado el tema desde diverso punto de vista. En \u00faltimo caso, vale mil veces m\u00e1s arriesgarse a repetir descubrimientos, que renunciar a toda tentativa de indagaci\u00f3n experimental, porque el principiante que en sus primeros ensayos de observador sabe hallar cosas poco tiempo antes publicadas, lejos de desalentarse por ello, <em>fortifica<\/em> su confianza en el propio valor, cobra \u00e1nimos para sus futuras empresas, y acaba por fabricar ciencia original, en cuanto sus medios pecuniarios corresponden a sus buenos deseos.\n<h2>e) Necesidad absoluta de buscar la inspiraci\u00f3n en la naturaleza<\/h2>\nMucho aprendemos en los libros, pero m\u00e1s aprenderemos en la contemplaci\u00f3n de la naturaleza, causa y ocasi\u00f3n de todos los libros. Tiene el examen directo de los fen\u00f3menos no s\u00e9 qu\u00e9 fermento perturbador de nuestra inercia mental, cierta virtud excitadora y vivificante, del todo ausente o apenas actuante aun en las copias y descripciones m\u00e1s fieles de la realidad.\n\nTodos habremos podido notar que al intentar la comprobaci\u00f3n de un hecho descrito por los autores, \u00e9ste se presenta siempre con faz distinta de la presumida, y sugiere ideas y planes de acci\u00f3n no suscitados por la mera lectura. Ello depende, a nuestro juicio, de la incapacidad de la palabra humana para la pintura fiel de la realidad exterior. En cuanto causa de conocimiento, \u00e9sta representa un haz de sensaciones variad\u00edsimas y complejas, de las cuales la expresi\u00f3n simb\u00f3lica, que procede siempre por abstracci\u00f3n y simplificaci\u00f3n, refleja s\u00f3lo una m\u00ednima parte.\n\nToda descripci\u00f3n, por objetiva e ingenua que parezca, constituye interpretaci\u00f3n personal, punto de vista propio del autor. Sabido es que el hombre mezcla a todo su personalidad, y cuando cree fotografiar el mundo exterior, a menudo se contempla y se retrata a s\u00ed mismo.\n\nPor otra parte, la observaci\u00f3n suministra, a m\u00e1s de los datos emp\u00edricos con los cuales hemos de formar el juicio, ciertos factores sentimentales insustituibles: la sorpresa, el entusiasmo, la emoci\u00f3n agradable, que son fuerzas propulsoras de la imaginaci\u00f3n constructiva. La emoci\u00f3n enciende la m\u00e1quina cerebral, que adquiere por ella el calor necesario para la forja de intuiciones afortunadas y de hip\u00f3tesis plausibles.\n\nEn comprobaci\u00f3n de los efectos sugestivos que la Naturaleza, obrando directamente, causa en el observador, s\u00e9ame l\u00edcito referir la impresi\u00f3n sentida al contemplar por primera vez el fen\u00f3meno de la circulaci\u00f3n de la sangre.\n\nEstudiaba yo tercer a\u00f1o de Medicina y hab\u00eda en diversos libros aprendido los pormenores del fen\u00f3meno mencionado, pero sin que estas lecturas encadenaran mi atenci\u00f3n ni produjeran corrientes intensas de pensamiento. Mas cuando uno de mis amigos, el se\u00f1or Borao, ayudante de Fisiolog\u00eda, tuvo la gentileza de mostrarme la circulaci\u00f3n en el mesenterio de la rana, en presencia del sublime espect\u00e1culo, sent\u00ed como una revelaci\u00f3n. Entusiasmado y conmovido al ver girar los gl\u00f3bulos rojos y blancos como los cantos rodados al \u00edmpetu del torrente, al notar c\u00f3mo, por virtud de su elasticidad, los hemat\u00edes se estiraban y pasaban trabajosamente por los m\u00e1s finos capilares, recobrando, salvado el obst\u00e1culo, s\u00fabitamente su forma, a la manera de un resorte, al advertir que, al menor impedimento en la corriente, se entreabr\u00edan las junturas del endotelio y sobreven\u00eda la hemorragia y el edema: al reparar, en fin, c\u00f3mo el latido cardiaco, atenuado por la excesiva acci\u00f3n del <em>curare<\/em>, sacud\u00eda flojamente los hemat\u00edes atascados..., pareci\u00f3me como que se descorr\u00eda un velo en mi esp\u00edritu, y se alejaban y perd\u00edan las creencias en no s\u00e9 qu\u00e9 misteriosas fuerzas a que por entonces se atribu\u00edan los fen\u00f3menos de la vida. En mi entusiasmo prorrump\u00ed en las siguientes frases, ignorando que muchos, singularmente Descartes, las hab\u00edan expresado siglos antes: \u00abLa vida semeja puro mecanismo. Los cuerpos vivos son m\u00e1quinas hidr\u00e1ulicas tan perfectas, que son capaces de reparar los desarreglos causados por el \u00edmpetu del torrente que las mueve, y de producir, en virtud de la generaci\u00f3n, otras m\u00e1quinas hidr\u00e1ulicas semejantes.\u00bb Tengo por seguro que esta viva impresi\u00f3n causada por la contemplaci\u00f3n directa del mecanismo \u00edntimo de la vida, fue uno de los decisivos est\u00edmulos de mi afici\u00f3n a los estudios biol\u00f3gicos<sup><a id=\"np16\" href=\"..\/notas-del-autor\/#np16n\">16<\/a><\/sup>.\n<h2>f) Dominio de los m\u00e9todos<\/h2>\nEscogido el tema de estudio e informado menudamente, a ser posible, del estado actual del punto a esclarecer, el investigador pasar\u00e1 a aplicar cuantos m\u00e9todos anal\u00edticos hayan sido propuestos, al objeto de confirmar los hechos descritos y reproducidos en las m\u00e1s recientes monograf\u00edas. Durante esta tentativa de comprobaci\u00f3n se le revelar\u00e1n a menudo los puntos dudosos, las hip\u00f3tesis insostenibles, las lagunas de la observaci\u00f3n, y entrever\u00e1 m\u00e1s de una vez el camino por el cual le ser\u00e1 dado impulsar el conocimiento del tema.\n\nLa maestr\u00eda de los m\u00e9todos, particularmente en las ciencias biol\u00f3gicas, es tan trascendental, que, sin temor de equivocaci\u00f3n, se puede afirmar que los grandes descubrimientos corren a cargo de los t\u00e9cnicos m\u00e1s primorosos: de aquellos sabios que han profundizado, a favor de perseverantes ensayos, todos los secretos de uno o varios recursos anal\u00edticos.\n\nEn apoyo de este aserto bastar\u00e1 recordar que a despecho de los centenares de hist\u00f3logos, embri\u00f3logos y anat\u00f3micos que se conocen en Europa y Am\u00e9rica, las m\u00e1s salientes conquistas cient\u00edficas se deben a una docena de hombres que se han se\u00f1alado, ora por la invenci\u00f3n, ora por el perfeccionamiento, ya por el absoluto dominio de algunos m\u00e9todos de indagaci\u00f3n.\n\nEntre los procedimientos de estudio se escoger\u00e1n de preferencia los m\u00e1s recientes, y sobre todo los m\u00e1s dif\u00edciles, por ser los menos agotados. Importa poco el tiempo gastado en ensayos infructuosos, pues si el m\u00e9todo ofrece sumo poder diferenciador, los resultados obtenidos tendr\u00e1n gran importancia y nos indemnizar\u00e1n con creces de nuestros afanes. Con ello tendremos, adem\u00e1s, la inestimable ventaja de caminar casi solitarios o de hallar en nuestra ruta pocos \u00e9mulos y concurrentes.\n<h2>g) En busca del hecho nuevo<\/h2>\nHe aqu\u00ed la cuesti\u00f3n ardua, la preocupaci\u00f3n soberana del principiante, que sabe, por la historia de la investigaci\u00f3n cient\u00edfica, que alcanzando el primer descubrimiento se siguen otros derivados de \u00e9l como las consecuencias de las premisas.\n\nLa nueva verdad hallada es a menudo el fruto de paciente y tenaz observaci\u00f3n, la consecuencia de haber aplicado al tema m\u00e1s tiempo, m\u00e1s constancia y mejores m\u00e9todos que nuestros predecesores. Como hemos dicho m\u00e1s atr\u00e1s, la consideraci\u00f3n escrupulosa y repetida de los mismos hechos acaba por dotarnos de una sensibilidad anal\u00edtica refinada y como sobreexcitada en cuanto ata\u00f1e al tema escogido. \u00a1Cu\u00e1ntas veces nos ha sido dado hallar, en virtud de ese golpe de vista fruto de la experiencia, cosas enteramente nuevas en las preparaciones donde nuestros disc\u00edpulos nada ve\u00edan de particular! Y \u00a1cu\u00e1ntos hechos nuevos habr\u00e1n escapado a nuestra atenci\u00f3n cuando, biso\u00f1os todav\u00eda en la t\u00e9cnica microgr\u00e1fica, cada preparaci\u00f3n nos parec\u00eda una esfinge!\n\nAdem\u00e1s del notable incremento que adquiere nuestra capacidad diferenciadora por la repetici\u00f3n de experimentos y de observaciones, el perseverante estudio de una cuesti\u00f3n nos lleva casi siempre a perfeccionar los m\u00e9todos del mal resultado, y por ende las causas promotoras del m\u00e1ximo rendimiento t\u00e9cnico.\n\nA veces el descubrimiento constituye el premio de la diligencia. Tr\u00e1tase de aplicar un procedimiento reciente, y apenas explotado, a temas nuevos. Semejante t\u00e9cnica ha suscitado grandes y f\u00e1ciles progresos en los vastos dominios de la Bacteriolog\u00eda, Anatom\u00eda o Histolog\u00eda comparadas.\n\nDado que los grandes impulsores cient\u00edficos han sido, por lo com\u00fan, creadores de m\u00e9todos, lo mejor y m\u00e1s congruente ser\u00eda dictar reglas para el hallazgo de \u00e9stos. Desgraciadamente, en las Ciencias biol\u00f3gicas casi todos los recursos anal\u00edticos d\u00e9bense al azar.\n\nEn general, cabe afirmar que los m\u00e9todos representan felices aplicaciones a un dominio cient\u00edfico de verdades pertenecientes a otra disciplina del saber, mas esta aplicaci\u00f3n suele ser obra de tanteos azarosos, o cuando m\u00e1s, se inspira en vagas analog\u00edas. En Bacteriolog\u00eda, Histolog\u00eda e Histoqu\u00edmica, por ejemplo, los m\u00e9todos representan, seg\u00fan dejamos apuntado ya, efectos selectivos de materias colorantes o de reactivos creados por la Qu\u00edmica moderna. Ninguna raz\u00f3n posible a no ser el intento de provocar la casualidad, pudo inspirar a Gerlach la coloraci\u00f3n de los n\u00facleos por el carm\u00edn, a M\u00e1ximo Sch\u00fcltze el empleo del \u00e1cido \u00f3smico en el tejido nervioso, a Hannover la introducci\u00f3n del \u00e1cido cr\u00f3mico y bicarbonatos en el endurecimiento de los tejidos, a Koch, Ehrlich y otros, el aprovechamiento de las anilinas para la impregnaci\u00f3n de las bacterias, <abbr>etc.<\/abbr>\n\nSi conoci\u00e9ramos de un modo perfecto la composici\u00f3n qu\u00edmica de las c\u00e9lulas vivas, los resultantes debidos a la aplicaci\u00f3n de tal o cual reactivo colorante vendr\u00eda a ser mera deducci\u00f3n de los principios de la Qu\u00edmica biol\u00f3gica. Empero, hall\u00e1ndonos harto distantes de este ideal, quienes pretendan descubrir nuevos m\u00e9todos biol\u00f3gicos no tienen m\u00e1s recursos que someter los tejidos vivos a los mismos ciegos ensayos a que se entregaban los qu\u00edmicos de los pasados siglos para lograr, de vez en cuando, del conflicto y mezcla de varios cuerpos, combinaciones imprevistas.\n\nMenester es, pues, fiar algo a la casualidad, provoc\u00e1ndola mediante una serie reiterada de tanteos, en los cuales no podemos ser guiados m\u00e1s que por la intuici\u00f3n auxiliada por el conocimiento, todo lo profundo y preciso posible, de los reactivos y procederes t\u00e9cnicos reci\u00e9n introducidos en la Qu\u00edmica y la Industria.\n\nY esto nos lleva a decir algo de la casualidad en la esfera de la investigaci\u00f3n cient\u00edfica. Entra por mucho, positivamente, el azar en la labor emp\u00edrica, y no debemos disimular que a \u00e9l debe la Ciencia brillantes adquisiciones, pero la casualidad no sonr\u00ede al que la desea, sino al que la merece, seg\u00fan la gr\u00e1fica frase de Duclaux. Y es preciso reconocer que s\u00f3lo la merecen los grandes observadores, porque ellos solamente saben solicitarla con tenacidad y perseverancia deseables, y cuando obtienen la impensada revelaci\u00f3n, s\u00f3lo ellos son capaces de adivinar su trascendencia y alcance.\n\nEn la Ciencia, como en la loter\u00eda, la suerte favorece com\u00fanmente al que juega m\u00e1s, es decir, al que, a la manera de protagonista del cuento, remueve continuamente la tierra del jard\u00edn. Si Pasteur descubri\u00f3 por azar las vacunas bacterianas, tambi\u00e9n colabor\u00f3 su genio, que vislumbr\u00f3 todo el partido que pod\u00eda sacarse de un hecho casual, a saber: el rebajamiento de la virulencia de un cultivo bacteriano abandonado al aire y veros\u00edmilmente atenuado por la acci\u00f3n del ox\u00edgeno.\n\nLa historia de la Ciencia est\u00e1 llena de hallazgos parecidos: Scheele tropez\u00f3 con el cloro, trabajando en aislar el manganeso, Cl. Bernard, imaginando experimentos encaminados a sorprender el \u00f3rgano destructor del az\u00facar, hall\u00f3 la funci\u00f3n glucog\u00e9nica del h\u00edgado, <abbr>etc.<\/abbr>En fin, ejemplos recientes de casi milagrosa fortuna son los estupendos descubrimientos de Roentgen, Becquerel y los Curie.\n\nPura casualidad fue, seg\u00fan es notorio, el descubrimiento de los rayos X, hecho por el profesor Roentgen. Repet\u00eda este sabio en su laboratorio de W\u00fcrzburgo los experimentos de Lenard sobre las singulares propiedades de los <em>rayos cat\u00f3dicos<\/em>. Seg\u00fan costumbre, estas radiaciones eran proyectadas sobre la pantalla fluorescente de <em>platino-cianuro de bario<\/em>. Y al objeto de averiguar la duraci\u00f3n del fen\u00f3meno fluorescente, ocurri\u00f3sele un d\u00eda oscurecer el laboratorio cubriendo con caja de cart\u00f3n la ampolla de Crookes, aparato generador, seg\u00fan es notorio, de los citados rayos cat\u00f3dicos. Puesta en acci\u00f3n la bobina, mir\u00f3 la pantalla y vio con extraordinario asombro que \u00e9sta se iluminaba intensamente. Interpuso despu\u00e9s un trozo de madera, un libro y sigui\u00f3 observando que las radiaciones \u0097los rayos nuevos\u0097 atravesaban f\u00e1cilmente estos cuerpos opacos. En fin, en momentos de febril impaciencia, intercal\u00f3 casualmente la mano entre la ampolla de Crookes, y la pantalla receptora cuando, sobrecogido de intensa emoci\u00f3n, acaso con espanto, contempl\u00f3 un espect\u00e1culo macabro: sobre la superficie del cuerpo fluorescente dibuj\u00e1banse fielmente en negro los huesos de la mano, como si no existieran los tejidos envolventes. Los maravillosos rayos X quedaban descubiertos y con ellos la <em>radioscopia<\/em>. Pronto siguieron la <em>radiofotograf\u00eda<\/em> y las admirables aplicaciones quir\u00fargicas e industriales de todos conocidos.\n\nEl segundo caso, muy elocuente tambi\u00e9n fue, el descubrimiento fortuito de la <em>radiactividad<\/em> de la materia, debido al insigne f\u00edsico franc\u00e9s Henri Becquerel.\n\nYa el malogrado H. Poincar\u00e9 hab\u00edase preguntado si al fin no resultar\u00eda que la producci\u00f3n de rayos X es propiedad de los cuerpos fluorescentes. Deseando confirmar esta conjetura y bien preparado, adem\u00e1s, para tal linaje de indagaciones, M. Becquerel proyect\u00f3 ensayar en <em>sulfato de uranio<\/em>, cuerpo t\u00edpicamente fluorescente. Pero corr\u00edan los nebulosos d\u00edas de febrero, y el sol no se dignaba aparecer. En espera de que el astro rey disipara las densas brumas de Par\u00eds, hab\u00eda el referido f\u00edsico preparado con mucha antelaci\u00f3n el experimento, colocando sobre la placa sensible, cubierta de papel negro, varios cristales de sulfato de uranio e interponiendo, adem\u00e1s, una cruz de cobre. La impaciencia le devoraba. Aguijado por ella, oc\u00farresele cierto d\u00eda extraer la placa de su envoltura protectriz y revelarla a la aventura. Grande fue su asombro al advertir, contra todas sus presunciones (la sal de uranio hab\u00eda permanecido en la oscuridad), intensa impresi\u00f3n en la placa, donde se mostraban dibujados en negro los cristales de sal ur\u00e1nica y en claro la referida cruz met\u00e1lica. Hab\u00eda, sin querer, descubierto la <em>radiactividad<\/em> de la materia, una de las m\u00e1s prodigiosas conquistas de la ciencia moderna.\n\nMas lo chocante y estupendo del caso fue que M. Becquerel realiz\u00f3 tama\u00f1o descubrimiento (que le vali\u00f3 el premio Nobel) guiado por falsa hip\u00f3tesis (relaci\u00f3n etiol\u00f3gica entre la emisi\u00f3n de rayos X y la fluorescencia). Precisamente, de todos los cuerpos fluorescentes conocidos, <em>s\u00f3lo el uranio<\/em> posee poder radiactivo. Como se ve, el efecto fue teatral: se dir\u00eda preparado por un genio ir\u00f3nico empe\u00f1ado en impulsar la Ciencia a pesar de las m\u00e1s err\u00f3neas concepciones.\n\nMas es forzoso convenir en que si muchos sabios descubrieron lo que no buscaban, todos ellos buscaron con admirable tenacidad, y fueron dignos del \u00e9xito, porque con rara penetraci\u00f3n acertaron a sorprender los grandes progresos latentes en las t\u00edmidas y fragmentarias revelaciones del acaso. En suma: el azar afortunado suele ser casi siempre el premio del esfuerzo perseverante.\n\nSolicitar la ayuda de la casualidad es como agitar el agua turbia para que suban y se hagan patentes los objetos sumergidos en el fondo. Todo observador har\u00e1 bien en tentar su buena ventura, empero no confiar\u00e1 demasiado en ella, y apelar\u00e1 m\u00e1s a menudo al trabajo reglado, pues quien domina los m\u00e9todos y est\u00e1 al corriente de los problemas todav\u00eda no resueltos, pero susceptibles de soluci\u00f3n, logra casi siempre, sin aventurarse en probaturas de ordinario infecundas, alg\u00fan descubrimiento de m\u00e1s o menos val\u00eda.\n\nConquistado el primer hecho nuevo (sobre todo si \u00e9ste es de aquellos cuyo advenimiento provoca en el ambiente cient\u00edfico nuevas corrientes de ideas), nuestra tarea ser\u00e1 tan llana como brillante: como que se reducir\u00e1 a ir sacando progresivamente las consecuencias que entra\u00f1a la reciente adquisici\u00f3n en las diversas esferas de la Ciencia. Por eso se ha dicho que el primer descubrimiento es el que cuesta, los dem\u00e1s suelen ser corolarios del primero. Doctrina sabia es, y proclamada por fil\u00f3sofos como Taine y por cient\u00edficos como Tyndall, que todo problema resuelto plantea infinidad de nuevas cuestiones y que el descubrimiento del ma\u00f1ana, la cima de la verdad, con tantos esfuerzos escalada, que mirada desde el valle semejaba monta\u00f1a imponente, no es sino min\u00fascula estribaci\u00f3n de formidable cordillera que se columbra a trav\u00e9s de la niebla, atray\u00e9ndonos con insaciable curiosidad. Satisfagamos esta ansia de subir y, aprovechando el pl\u00e1cido descanso que proporciona la contemplaci\u00f3n del nuevo horizonte, meditemos desde la cima reci\u00e9n conquistada el plan que debe conducirnos a m\u00e1s altas regiones.\n\nPero, seg\u00fan dejamos dicho, la fortuna de inaugurar un estudio lleno de promesas con un hecho trascendental es rara, y ning\u00fan investigador prudente debe contar demasiado con ella, por donde, para iniciar nuestra obra, no debemos vacilar en partir del descubrimiento de otros. Y as\u00ed y todo, no ha de faltarnos labor, y labor fecunda. El nuevo hecho, fruto del ajeno desvelo, suele causar una revoluci\u00f3n en el ambiente cient\u00edfico: convierte en sospechosas doctrinas antes estimadas como verdades firmes, suscita nuevas posiciones de equilibrio en esas vagas regiones de lo conjetural que forman el tr\u00e1nsito de lo conocido a lo desconocido, y plantea una serie de nuevas cuestiones que el iniciador, falto de tiempo, no pudo resolver por s\u00ed mismo.\n\nAdem\u00e1s, en el orden cr\u00edtico \u00e9ste deja casi siempre incompleta su obra: influida todav\u00eda por la tradici\u00f3n, no acierta a romper abiertamente con los prejuicios del pasado, receloso, acaso, de hallar demasiada oposici\u00f3n en el ambiente cient\u00edfico, e impaciente de aprobaciones y aplausos, presenta su teor\u00eda como una transacci\u00f3n entre viejas y nov\u00edsimas doctrinas. Por tal motivo, un observador menos meticuloso, llegado de refresco, suele perfeccionar, con poco esfuerzo, la obra del iniciador, sacando de ella las \u00faltimas consecuencias te\u00f3ricas y pr\u00e1cticas. Todo ese c\u00famulo de problemas suscitados por la nueva conquista cient\u00edfica constituye terreno fecund\u00edsimo para el novel investigador. A \u00e9l acudir\u00e1, bien templadas sus armas anal\u00edticas, sin arrogancia ni esperanza excesiva, pero no conf\u00ede en llegar solo: all\u00ed encontrar\u00e1 tambi\u00e9n una pl\u00e9yade de \u00e9mulos que intentar\u00e1n ganarle por la mano, y a los cuales se adelantar\u00e1 solamente a fuerza de actividad, penetraci\u00f3n y perseverancia.\n\nFinalmente, cuando nos hallamos en presencia de varios temas igualmente favorables y fecundos, escogeremos aquel cuya metodolog\u00eda nos sea perfectamente conocida y por el que sintamos decidida simpat\u00eda. Es consejo de buen sentido que Darwin daba a sus disc\u00edpulos cuando le demandaban tema de estudio. Y la raz\u00f3n es que nuestro entendimiento redobla sus fuerzas cuando columbra en lontananza el premio del placer o de la utilidad.\n\nEl explorador de la Naturaleza \u0097lo hemos repetido varias veces\u0097 debe considerar la investigaci\u00f3n cual <em>deporte<\/em> incomparable, en donde todo, desde los procederes t\u00e9cnicos hasta la elaboraci\u00f3n doctrinal, constituye perenne manantial de gratas satisfacciones. Quien en presencia de un arduo problema no sienta crecer su entusiasmo ni acrecentar sus fuerzas, quien al aproximarse el solemne momento del <em lang=\"la\" xml:lang=\"la\">fiat lux<\/em> impacientemente esperado no tenga el alma inundada por la emoci\u00f3n precursora del placer, debe abandonar las empresas cient\u00edficas, porque la Naturaleza no otorga sus favores a los fr\u00edos de condici\u00f3n, y la frialdad es a menudo inequ\u00edvoco signo de impotencia.\n","rendered":"<h2>a) Cultura general<\/h2>\n<p>Ocioso ser\u00eda insistir en la necesidad que tiene nuestro aficionado de conocer a fondo la ciencia objeto de sus futuras exploraciones, no s\u00f3lo por las descripciones de libros y monograf\u00edas, sino por el estudio de la misma naturaleza. Pero no es menos urgente saber, siquiera de modo general, todas aquellas ramas cient\u00edficas que directa o indirectamente se enlazan con la preferida, y en las cuales se hallan, ora los principios directores, ora los medios de acci\u00f3n. Por ejemplo: el bi\u00f3logo no se limitar\u00e1 a conocer la Anatom\u00eda y Fisiolog\u00eda, sino que abarcar\u00e1 tambi\u00e9n lo fundamental de la Psicolog\u00eda, la F\u00edsica y la Qu\u00edmica.<\/p>\n<p>La raz\u00f3n de esta cultura accesoria es obvia: casi siempre el descubrimiento de un hecho, o la significaci\u00f3n de un fen\u00f3meno biol\u00f3gico, viene a representar mera consecuencia de la aplicaci\u00f3n de principios pertenecientes a la F\u00edsica o la Qu\u00edmica. Descubrir, como ha dicho Laplace, es aproximar dos ideas que se hallaban separadas. E importa observar que las m\u00e1s de las veces esta aproximaci\u00f3n fecunda tiene lugar entre un hecho perteneciente a una ciencia compleja (Biolog\u00eda, Sociolog\u00eda, Qu\u00edmica, <abbr>etc.<\/abbr>) y un principio entresacado de una ciencia simple. En otros t\u00e9rminos: las ciencias generales o abstractas, seg\u00fan las clasificaciones de Comte y de Bain, explican a menudo los fen\u00f3menos de las ciencias complicadas y concretas. Por donde se cae en la cuenta de que una seriaci\u00f3n jer\u00e1rquica bien entendida asisten y esclarecen la F\u00edsica y la Qu\u00edmica, y \u00e9sta a su vez explican, y en parte generan, la Biolog\u00eda, la Sociolog\u00eda y sus diferentes ramificaciones.<\/p>\n<p>Descubrir consiste, a menudo, en hacer entrar el hecho en una ley: en encerrarlo en un marco ideol\u00f3gico m\u00e1s amplio, en clasificarlo, en fin; por eso ha podido afirmarse que descubrir es dar nombre concreto a una cosa ileg\u00edtima o provisoriamente bautizada. De donde se sigue que, cuando la ciencia llegue a la suma perfecci\u00f3n, cada fen\u00f3meno recibir\u00e1 el nombre que le corresponda, establecidas al fin sus profundas relaciones con las verdades generales. Bajo este aspecto resulta muy expresiva la conocida frase de Mach: \u00abUna palabra bien elegida puede economizar cantidad enorme de pensamiento\u00bb. Porque nombrar es clasificar, es establecer filiaciones ideales, relaciones de analog\u00eda entre fen\u00f3menos poco conocidos y una noci\u00f3n o principio general, donde se hallan latentes, como el \u00e1rbol en su germen.<\/p>\n<p>Los estudios filos\u00f3ficos constituyen, sobre todo, buena preparaci\u00f3n y excelente gimnasia para el hombre de laboratorio. No deja, ciertamente, de llamar la atenci\u00f3n el que muchos ilustres investigadores hayan llegado a la ciencia desde el campo de la filosof\u00eda. Ocioso es advertir que el investigador se preocupar\u00e1 menos de la doctrina o del credo filos\u00f3fico \u0097credo que var\u00eda desgraciadamente cada quince o veinte a\u00f1os\u0097 que de los criterios de verdad y del aparato cr\u00edtico, con cuyo ejercicio adquirir\u00e1 flexibilidad y sagacidad y aprender\u00e1 a desconfiar de la aparente certidumbre de los m\u00e1s subyugadores sistemas cient\u00edficos, enfrenando convenientemente el vuelo de la propia imaginaci\u00f3n. Su divisa ser\u00e1 siempre la frase de Cicer\u00f3n: <em lang=\"la\" xml:lang=\"la\">Dubitando ad veritatem pervenimus<\/em>.<\/p>\n<p>Por lo que hace a la anatom\u00eda microsc\u00f3pica de los animales y plantas, la mayor\u00eda de los hechos que forman la materia de esta ciencia son resultados de conflictos entre las propiedades qu\u00edmicas de ciertos reactivos y la constituci\u00f3n estructural de las c\u00e9lulas y tejidos. En bacteriolog\u00eda, en neurolog\u00eda, <abbr>etc.<\/abbr>, casi todo cuanto sabemos lo debemos a la feliz aplicaci\u00f3n de materias colorantes creadas por la Qu\u00edmica moderna. Lo mismo ocurre en biolog\u00eda general. Recu\u00e9rdense los interesantes estudios de Loeb sobre la partenog\u00e9nesis artificial y los de Harrison, Carrel, Lambert y otros acerca de los cultivos artificiales de las c\u00e9lulas de los tejidos animales. Tan sorprendentes experimentos son pura consecuencia de las variaciones qu\u00edmicas o f\u00edsicas provocadas en el ambiente celular.<\/p>\n<p>Esta \u00edntima solidaridad de las ciencias ha sido sentida por muchos, y singularmente por Letamendi, quien al hablar de las especialidades cient\u00edficas, las defin\u00eda: \u00abLa aplicaci\u00f3n de toda Ciencia a una rama particular del saber\u00bb.<\/p>\n<p>Para un entendimiento superior que conociera todas las razones misteriosas que enlazan los fen\u00f3menos del Universo, en vez de ciencias habr\u00eda una <em>sola Ciencia<\/em>. Ante un ser semejante las fronteras que parecen separar nuestros conocimientos, el andamiaje formal de nuestras clasificaciones, el desmenuzamiento artificial de las cosas tan grato a nuestro intelecto, que s\u00f3lo puede considerar la realidad sucesivamente y como por facetas, desaparecer\u00edan por completo. A su ojos la Ciencia total parecer\u00eda a modo de \u00e1rbol gigantesco, cuyas ramas estuvieran representadas por las ciencias particulares, y el tronco por el principio o principios sobre que se fundan. El especialista trabaja como una larva, asentado sobre una hoja y forj\u00e1ndose la ilusi\u00f3n de que su peque\u00f1o mundo se mece aislado en el espacio, el cient\u00edfico general, dotado de sentido filos\u00f3fico, entrev\u00e9 el tallo com\u00fan a muchas ramas. Pero s\u00f3lo el gesto del saber a que antes alud\u00edamos, gozar\u00eda de la dicha y del poder de contemplar el \u00e1rbol entero, esto es, la Ciencia, m\u00faltiple e infinita en sus formas, una en sus principios.<\/p>\n<h2>b) Necesidad de especializarse<\/h2>\n<p>Conviene, empero, no exagerar la regla precedente, cayendo en el escollo de la enciclopedia, adonde van a parar todos los entendimientos dispersivos, inquietos, indisciplinados, e incapaces de fijar mucho tiempo la atenci\u00f3n en una sola idea. Las aficiones rotatorias, como las llamaba un m\u00e9dico-escritor original\u00edsimo, pueden formar grandes literatos, conversadores deliciosos, oradores insignes, rara vez descubridores cient\u00edficos.<\/p>\n<p>El proverbio tan conocido \u00abel saber no ocupa lugar\u00bb es error de a folio, que, afortunadamente, no tiene graves consecuencias pr\u00e1cticas, pues aun los que creen en \u00e9l est\u00e1n obligados a confesar que el aprender muchas cosas, cuando no espacio, ocupa tiempo. S\u00f3lo un juicio demasiado lisonjero acerca de nuestros talentos puede explicar la man\u00eda enciclop\u00e9dica, pues pretensi\u00f3n quim\u00e9rica constituye el intento de dominar varias ciencias, cuando vemos a hombres de verdadero genio e infatigable laboriosidad resignarse, a fin de poder cosechar algunas verdades, al conocimiento profundo de una rama del saber, y a menudo, al de un tema concreto de una ciencia determinada.<\/p>\n<p>No nos hagamos, pues, ilusiones: si la vida de un hombre basta para saber algo de todas las disciplinas humanas, apenas es suficiente para dominar hasta el detalle una o dos de ellas.<\/p>\n<p>Los enciclopedistas modernos, como Herbert Spencer, Mach, Wundt, <abbr>etc.<\/abbr>, son en realidad especialistas de la filosof\u00eda, de las ciencias y de las artes, conforme lo fueron en su tiempo Leibniz y Descartes, bien que estos sabios, por la natural limitaci\u00f3n de los conocimientos de su \u00e9poca, pudieron abarcar un dominio bastante m\u00e1s extenso, y realizar descubrimientos en dos o tres ciencias.<\/p>\n<p>Pasaron ya, quiz\u00e1 para no volver m\u00e1s, los investigadores polilaterales: a la hora presente hay que reconocer que en F\u00edsica como en Matem\u00e1ticas, en Qu\u00edmica como en Biolog\u00eda, los descubrimientos corren a cargo de sabios especialistas, pero, enti\u00e9ndase bien, no de particularistas <em>monolaterizados<\/em>, incrustados en un detalle, sino de trabajadores que, sin perder de vista su dominio especial, siguen atentamente los progresos m\u00e1s culminantes de las ciencias afines. Semejante divisi\u00f3n del trabajo, adem\u00e1s de buena t\u00e1ctica, constituye ineluctable necesidad. A ella nos obligan el tiempo extraordinario exigido por el ensayo y dominio de los m\u00e9todos diariamente descubiertos, el creciente caudal de la producci\u00f3n bibliogr\u00e1fica, y el considerable n\u00famero de sabios que simult\u00e1neamente trabajan sobre cada tema de estudio.<\/p>\n<p>Para terminar con la vulgar filosof\u00eda condensada en la reputada m\u00e1xima <em>quien mucho abarca poco aprieta<\/em>, en contraposici\u00f3n del no menos acreditado refr\u00e1n <em>el saber no ocupa lugar<\/em>, s\u00e9anos l\u00edcito hacer una comparaci\u00f3n vulgar. El entendimiento inquisitivo es como un arma de combate. Si en ella se labra un solo filo, tendremos una espada tajante. Si dos, el arma podr\u00e1 cortar todav\u00eda, aunque menos eficientemente, pero si le sacamos tres o cuatro, la acuidad de los filos ir\u00e1 disminuyendo hasta convertirse en inofensivo cuadradillo. Una bayoneta podr\u00eda, en rigor, cortar todav\u00eda, mas para ello fuera preciso formidable energ\u00eda motriz, mientras que una daga bien afilada resulta temible aun en las manos de un ni\u00f1o.<\/p>\n<p>Como el acero informe, nuestro intelecto representa una espada en potencia. Merced a la forja y lima del estudio, transf\u00f3rmase en el templado y agudo escalpelo de la Ciencia. Labremos el filo por s\u00f3lo un lado, o por dos a lo m\u00e1s, si queremos conservar su eficacia anal\u00edtica y herir a fondo el coraz\u00f3n de las cuestiones, y dejemos a los bobalicones del enciclopedismo que transformen su entendimiento e inofensivo cuadradillo.<\/p>\n<h2>c) Lectura especial o t\u00e9cnica<\/h2>\n<p>In\u00fatil es advertir que en la biblioteca del investigador deben figurar cuantos libros y revistas importantes concernientes a la especialidad vean la luz en las naciones m\u00e1s adelantadas. Las revistas alemanas ser\u00e1n consultadas a cada momento, pues por lo que toca a la Biolog\u00eda, es forzoso reconocer que Alemania sola produce m\u00e1s hechos nuevos que todas las naciones juntas<sup><a id=\"np12\" href=\"..\/notas-del-autor\/#np12n\">12<\/a><\/sup>.<\/p>\n<p>Quien dese\u00f3 los fines quiere los medios, y pues, en la \u00e9poca actual, el conocimiento de la lengua germ\u00e1nica es imprescindible para ponerse al corriente de la \u00faltima hora cient\u00edfica, estudiemos aqu\u00e9lla seriamente, siquiera para llegar a la traducci\u00f3n, desembaraz\u00e1ndonos de ese supersticioso terror que a los espa\u00f1oles nos inspiran los enrevesados t\u00e9rminos y giros de los idiomas del Norte. Tan preciso es el conocimiento del alem\u00e1n, que no se hallar\u00e1 quiz\u00e1 un solo investigador italiano, ingl\u00e9s, franc\u00e9s, ruso o sueco, que no sea capaz de leer corrientemente las monograf\u00edas tudescas. Y como los trabajos de los alemanes ven la luz en un pa\u00eds que puede actualmente considerarse como el foco de la producci\u00f3n cient\u00edfica, tales escritos tienen para nosotros la inestimable ventaja de contener extensas y puntuales noticias hist\u00f3ricas y bibliogr\u00e1ficas<sup><a id=\"np13\" href=\"..\/notas-del-autor\/#np13n\">13<\/a><\/sup>. Despu\u00e9s del alem\u00e1n siguen en orden de importancia el ingl\u00e9s y el franc\u00e9s. Y nada diremos del italiano, porque no hay espa\u00f1ol medianamente culto que no sea capaz de traducirlo, aun sin la ayuda del diccionario. Ni es l\u00edcito ignorar que en algunas disciplinas cient\u00edficas Italia marcha a la cabeza del progreso.<\/p>\n<p>A la hora presente se publican trabajos cient\u00edficos en m\u00e1s de seis idiomas. Al intento plausible de restaurar el lat\u00edn, o de utilizar el esperanto como lengua cient\u00edfica universal, han respondido los sabios multiplicando todav\u00eda el n\u00famero de idiomas en que aparecen redactados los trabajos cient\u00edficos. Preciso es reconocer que pr\u00e1cticamente el <em>volap\u00fcck<\/em> o el <em>esperanto<\/em> representan una lengua m\u00e1s<sup><a id=\"np14\" href=\"..\/notas-del-autor\/#np14n\">14<\/a><\/sup>que aprender. Tal resultado era de prever porque no consienten otra cosa ni las tendencias esencialmente popularizadoras y democr\u00e1ticas del saber moderno, ni las miras econ\u00f3micas de autores y editores, cuyos intereses morales y materiales les impulsan a difundir en el gran p\u00fablico aquellas conquistas cient\u00edficas que anta\u00f1o fueron patrimonio exclusivo de las Academias o de ciertas sumidades de la c\u00e1tedra.<\/p>\n<p>No se crea, empero, que el investigador debe hablar y escribir todas las lenguas de Europa: al espa\u00f1ol le bastar\u00e1 traducir las cuatro siguientes, que se ha convenido en llamar <em>lenguas sabias<\/em>, y en las cuales aparecen publicados casi todos los trabajos cient\u00edficos: el franc\u00e9s, el ingl\u00e9s, el italiano y el alem\u00e1n. Naturalmente, entre las lenguas sabias no figura el espa\u00f1ol; no queda, por tanto, a nuestros maestros m\u00e1s recurso, si desean que sus pesquisas sean conocidas y apreciadas por los especialistas, que escribir y hablar en uno de aquellos cuatro idiomas europeos<sup><a id=\"np15\" href=\"..\/notas-del-autor\/#np15n\">15<\/a><\/sup>.<\/p>\n<h2>d) C\u00f3mo se deben estudiar las monograf\u00edas<\/h2>\n<p>Al leer las monograf\u00edas de la especialidad que se desee cultivar, debemos fijarnos sobre todo en dos cosas: en los m\u00e9todos de investigaci\u00f3n de que el autor se ha servido en sus pesquisas, y en los problemas que han quedado pendientes de soluci\u00f3n. En cuanto al libro de popularizaci\u00f3n, nos merecer\u00e1 menos atenci\u00f3n y confianza, a menos que no sea alguna voluminosa exposici\u00f3n de conjunto, o contenga algunos conceptos generales de fecunda aplicaci\u00f3n en el laboratorio. En general, puede afirmarse que el libro refleja ya una fase hist\u00f3rica de la Ciencia. Por efecto del mucho tiempo que exige su redacci\u00f3n, de la preocupaci\u00f3n dominante en el autor de simplificar la materia para ser entendido del gran p\u00fablico, faltan o se hallan muy ligeramente esbozados los temas de actualidad, los detalles de los m\u00e9todos y las lagunas de la investigaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Someteremos a estudio detenido las monograf\u00edas debidas a los autores m\u00e1s geniales y que mayor impulso hayan dado a la cuesti\u00f3n: el talento original posee, entre otras cualidades, una gran virtud sugestiva. Es propiedad de todo buen libro que el lector recoja en \u00e9l, no s\u00f3lo las ideas expuestas deliberadamente por el autor, sino otras totalmente nuevas, y hasta diferentes para cada hombre, y que brotan del conflicto entre nuestro fondo de representaciones y los conceptos del texto. Por donde se ve que la monograf\u00eda genial, con ser buena fuente de informaci\u00f3n cient\u00edfica, resulta adem\u00e1s eficaz reactivo de nuestras propias energ\u00edas cerebrales.<\/p>\n<p>Las cabezas humanas, como las palmeras del desierto, se fecundan a distancia. Mas, para que semejante conjugaci\u00f3n entre dos esp\u00edritus se realice y d\u00e9 fruto de bendici\u00f3n, es menester interesarse profundamente en la lectura del libro genial, penetrarse de su hondo sentido y, en fin, simpatizar con el autor. En la Ciencia, como en la vida, el fruto viene siempre despu\u00e9s del amor. Por no consultar las memorias originales y fiarse de obras de conjunto, \u00a1cu\u00e1ntos principiantes caen en el error de considerar aciertos ajenos y antiguos descubrimientos como fruto de su propia labor!<\/p>\n<p>Nuestro novel hombre de ciencia debe huir de res\u00famenes y manuales como de la peste. Buenos para la ense\u00f1anza, los manuales son p\u00e9simos para guiar al investigador. Quien resume, se resume a s\u00ed mismo; quiero decir que a menudo expone sus juicios y doctrinas en lugar de las del autor. De \u00e9ste toma lo que le agrada o lo que entiende y digiere sin esfuerzo: da lo principal por accesorio, y viceversa. A t\u00edtulo de aclarar y popularizar la obra ajena, el abreviador acaba por sustituir su personalidad a la del autor, cuya fisonom\u00eda intelectual, tan interesante y educadora para el lector, permanece en la sombra.<\/p>\n<p>De lo dicho se infiere la inexcusable obligaci\u00f3n en que se halla el investigador, si desea evitar desagradables sorpresas, de leer a los autores en sus obras originales, a menos que los res\u00famenes no dimanen de los autores mismos, que entonces, por compensaci\u00f3n de la concisi\u00f3n, acaso hallemos concepciones e ideas directrices de gran provecho para la labor anal\u00edtica.<\/p>\n<p>Aqu\u00ed surge una cuesti\u00f3n: antes de empezar una investigaci\u00f3n de laboratorio, \u00bfdebe o no apurarse la bibliograf\u00eda? Penetrados y como saturados de cuanto sobre el tema ha sido escrito, \u00bfno corremos el riesgo de ser sugestionados y de perder el don inapreciable de la independencia de juicio? La misma impresi\u00f3n de agotamiento del asunto, producida por la puntual informacion a que nos hemos entregado, \u00bfno ser\u00e1 fatal a nuestras aspiraciones de hallar algo completamente original?<\/p>\n<p>Cuesti\u00f3n es \u00e9sta que cada cual resuelve a su manera, aunque, a mi ver, si para decidirla se acudiera a plebiscito de sabios, la soluci\u00f3n ser\u00eda no iniciar indagaci\u00f3n ninguna sin tener a la vista todos los antecedentes bibliogr\u00e1ficos. Procediendo de esta suerte, se evita el doloroso desencanto producido al saber que hemos malgastado el tiempo redescubriendo cosas conocidas y descuidando, por consiguiente, el estudio profundo de las verdaderas lagunas del tema.<\/p>\n<p>La conducta m\u00e1s prudente, a mi ver, es apurar, desde luego, la investigaci\u00f3n bibliogr\u00e1fica especial antes de lanzarse a la tarea anal\u00edtica. Pero cuando, por dificultades insuperables, sea ello irrealizable (seg\u00fan ocurre desgraciadamente en Espa\u00f1a, donde las Universidades carecen de libros modernos extranjeros y las Academias no tienen recursos para suscribirse a las revistas cient\u00edficas m\u00e1s importantes), no debemos, por monograf\u00eda de m\u00e1s o de menos, dejar de acudir al laboratorio, pues, si, enterados de los mejores m\u00e9todos en boga, trabajamos con ah\u00ednco y perseverancia, siempre hallaremos algo escapado a la sagacidad de los \u00faltimos observadores, por lo mismo que, no habiendo sido influidos por ellos, habremos caminado por rutas diferentes, y considerado el tema desde diverso punto de vista. En \u00faltimo caso, vale mil veces m\u00e1s arriesgarse a repetir descubrimientos, que renunciar a toda tentativa de indagaci\u00f3n experimental, porque el principiante que en sus primeros ensayos de observador sabe hallar cosas poco tiempo antes publicadas, lejos de desalentarse por ello, <em>fortifica<\/em> su confianza en el propio valor, cobra \u00e1nimos para sus futuras empresas, y acaba por fabricar ciencia original, en cuanto sus medios pecuniarios corresponden a sus buenos deseos.<\/p>\n<h2>e) Necesidad absoluta de buscar la inspiraci\u00f3n en la naturaleza<\/h2>\n<p>Mucho aprendemos en los libros, pero m\u00e1s aprenderemos en la contemplaci\u00f3n de la naturaleza, causa y ocasi\u00f3n de todos los libros. Tiene el examen directo de los fen\u00f3menos no s\u00e9 qu\u00e9 fermento perturbador de nuestra inercia mental, cierta virtud excitadora y vivificante, del todo ausente o apenas actuante aun en las copias y descripciones m\u00e1s fieles de la realidad.<\/p>\n<p>Todos habremos podido notar que al intentar la comprobaci\u00f3n de un hecho descrito por los autores, \u00e9ste se presenta siempre con faz distinta de la presumida, y sugiere ideas y planes de acci\u00f3n no suscitados por la mera lectura. Ello depende, a nuestro juicio, de la incapacidad de la palabra humana para la pintura fiel de la realidad exterior. En cuanto causa de conocimiento, \u00e9sta representa un haz de sensaciones variad\u00edsimas y complejas, de las cuales la expresi\u00f3n simb\u00f3lica, que procede siempre por abstracci\u00f3n y simplificaci\u00f3n, refleja s\u00f3lo una m\u00ednima parte.<\/p>\n<p>Toda descripci\u00f3n, por objetiva e ingenua que parezca, constituye interpretaci\u00f3n personal, punto de vista propio del autor. Sabido es que el hombre mezcla a todo su personalidad, y cuando cree fotografiar el mundo exterior, a menudo se contempla y se retrata a s\u00ed mismo.<\/p>\n<p>Por otra parte, la observaci\u00f3n suministra, a m\u00e1s de los datos emp\u00edricos con los cuales hemos de formar el juicio, ciertos factores sentimentales insustituibles: la sorpresa, el entusiasmo, la emoci\u00f3n agradable, que son fuerzas propulsoras de la imaginaci\u00f3n constructiva. La emoci\u00f3n enciende la m\u00e1quina cerebral, que adquiere por ella el calor necesario para la forja de intuiciones afortunadas y de hip\u00f3tesis plausibles.<\/p>\n<p>En comprobaci\u00f3n de los efectos sugestivos que la Naturaleza, obrando directamente, causa en el observador, s\u00e9ame l\u00edcito referir la impresi\u00f3n sentida al contemplar por primera vez el fen\u00f3meno de la circulaci\u00f3n de la sangre.<\/p>\n<p>Estudiaba yo tercer a\u00f1o de Medicina y hab\u00eda en diversos libros aprendido los pormenores del fen\u00f3meno mencionado, pero sin que estas lecturas encadenaran mi atenci\u00f3n ni produjeran corrientes intensas de pensamiento. Mas cuando uno de mis amigos, el se\u00f1or Borao, ayudante de Fisiolog\u00eda, tuvo la gentileza de mostrarme la circulaci\u00f3n en el mesenterio de la rana, en presencia del sublime espect\u00e1culo, sent\u00ed como una revelaci\u00f3n. Entusiasmado y conmovido al ver girar los gl\u00f3bulos rojos y blancos como los cantos rodados al \u00edmpetu del torrente, al notar c\u00f3mo, por virtud de su elasticidad, los hemat\u00edes se estiraban y pasaban trabajosamente por los m\u00e1s finos capilares, recobrando, salvado el obst\u00e1culo, s\u00fabitamente su forma, a la manera de un resorte, al advertir que, al menor impedimento en la corriente, se entreabr\u00edan las junturas del endotelio y sobreven\u00eda la hemorragia y el edema: al reparar, en fin, c\u00f3mo el latido cardiaco, atenuado por la excesiva acci\u00f3n del <em>curare<\/em>, sacud\u00eda flojamente los hemat\u00edes atascados&#8230;, pareci\u00f3me como que se descorr\u00eda un velo en mi esp\u00edritu, y se alejaban y perd\u00edan las creencias en no s\u00e9 qu\u00e9 misteriosas fuerzas a que por entonces se atribu\u00edan los fen\u00f3menos de la vida. En mi entusiasmo prorrump\u00ed en las siguientes frases, ignorando que muchos, singularmente Descartes, las hab\u00edan expresado siglos antes: \u00abLa vida semeja puro mecanismo. Los cuerpos vivos son m\u00e1quinas hidr\u00e1ulicas tan perfectas, que son capaces de reparar los desarreglos causados por el \u00edmpetu del torrente que las mueve, y de producir, en virtud de la generaci\u00f3n, otras m\u00e1quinas hidr\u00e1ulicas semejantes.\u00bb Tengo por seguro que esta viva impresi\u00f3n causada por la contemplaci\u00f3n directa del mecanismo \u00edntimo de la vida, fue uno de los decisivos est\u00edmulos de mi afici\u00f3n a los estudios biol\u00f3gicos<sup><a id=\"np16\" href=\"..\/notas-del-autor\/#np16n\">16<\/a><\/sup>.<\/p>\n<h2>f) Dominio de los m\u00e9todos<\/h2>\n<p>Escogido el tema de estudio e informado menudamente, a ser posible, del estado actual del punto a esclarecer, el investigador pasar\u00e1 a aplicar cuantos m\u00e9todos anal\u00edticos hayan sido propuestos, al objeto de confirmar los hechos descritos y reproducidos en las m\u00e1s recientes monograf\u00edas. Durante esta tentativa de comprobaci\u00f3n se le revelar\u00e1n a menudo los puntos dudosos, las hip\u00f3tesis insostenibles, las lagunas de la observaci\u00f3n, y entrever\u00e1 m\u00e1s de una vez el camino por el cual le ser\u00e1 dado impulsar el conocimiento del tema.<\/p>\n<p>La maestr\u00eda de los m\u00e9todos, particularmente en las ciencias biol\u00f3gicas, es tan trascendental, que, sin temor de equivocaci\u00f3n, se puede afirmar que los grandes descubrimientos corren a cargo de los t\u00e9cnicos m\u00e1s primorosos: de aquellos sabios que han profundizado, a favor de perseverantes ensayos, todos los secretos de uno o varios recursos anal\u00edticos.<\/p>\n<p>En apoyo de este aserto bastar\u00e1 recordar que a despecho de los centenares de hist\u00f3logos, embri\u00f3logos y anat\u00f3micos que se conocen en Europa y Am\u00e9rica, las m\u00e1s salientes conquistas cient\u00edficas se deben a una docena de hombres que se han se\u00f1alado, ora por la invenci\u00f3n, ora por el perfeccionamiento, ya por el absoluto dominio de algunos m\u00e9todos de indagaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Entre los procedimientos de estudio se escoger\u00e1n de preferencia los m\u00e1s recientes, y sobre todo los m\u00e1s dif\u00edciles, por ser los menos agotados. Importa poco el tiempo gastado en ensayos infructuosos, pues si el m\u00e9todo ofrece sumo poder diferenciador, los resultados obtenidos tendr\u00e1n gran importancia y nos indemnizar\u00e1n con creces de nuestros afanes. Con ello tendremos, adem\u00e1s, la inestimable ventaja de caminar casi solitarios o de hallar en nuestra ruta pocos \u00e9mulos y concurrentes.<\/p>\n<h2>g) En busca del hecho nuevo<\/h2>\n<p>He aqu\u00ed la cuesti\u00f3n ardua, la preocupaci\u00f3n soberana del principiante, que sabe, por la historia de la investigaci\u00f3n cient\u00edfica, que alcanzando el primer descubrimiento se siguen otros derivados de \u00e9l como las consecuencias de las premisas.<\/p>\n<p>La nueva verdad hallada es a menudo el fruto de paciente y tenaz observaci\u00f3n, la consecuencia de haber aplicado al tema m\u00e1s tiempo, m\u00e1s constancia y mejores m\u00e9todos que nuestros predecesores. Como hemos dicho m\u00e1s atr\u00e1s, la consideraci\u00f3n escrupulosa y repetida de los mismos hechos acaba por dotarnos de una sensibilidad anal\u00edtica refinada y como sobreexcitada en cuanto ata\u00f1e al tema escogido. \u00a1Cu\u00e1ntas veces nos ha sido dado hallar, en virtud de ese golpe de vista fruto de la experiencia, cosas enteramente nuevas en las preparaciones donde nuestros disc\u00edpulos nada ve\u00edan de particular! Y \u00a1cu\u00e1ntos hechos nuevos habr\u00e1n escapado a nuestra atenci\u00f3n cuando, biso\u00f1os todav\u00eda en la t\u00e9cnica microgr\u00e1fica, cada preparaci\u00f3n nos parec\u00eda una esfinge!<\/p>\n<p>Adem\u00e1s del notable incremento que adquiere nuestra capacidad diferenciadora por la repetici\u00f3n de experimentos y de observaciones, el perseverante estudio de una cuesti\u00f3n nos lleva casi siempre a perfeccionar los m\u00e9todos del mal resultado, y por ende las causas promotoras del m\u00e1ximo rendimiento t\u00e9cnico.<\/p>\n<p>A veces el descubrimiento constituye el premio de la diligencia. Tr\u00e1tase de aplicar un procedimiento reciente, y apenas explotado, a temas nuevos. Semejante t\u00e9cnica ha suscitado grandes y f\u00e1ciles progresos en los vastos dominios de la Bacteriolog\u00eda, Anatom\u00eda o Histolog\u00eda comparadas.<\/p>\n<p>Dado que los grandes impulsores cient\u00edficos han sido, por lo com\u00fan, creadores de m\u00e9todos, lo mejor y m\u00e1s congruente ser\u00eda dictar reglas para el hallazgo de \u00e9stos. Desgraciadamente, en las Ciencias biol\u00f3gicas casi todos los recursos anal\u00edticos d\u00e9bense al azar.<\/p>\n<p>En general, cabe afirmar que los m\u00e9todos representan felices aplicaciones a un dominio cient\u00edfico de verdades pertenecientes a otra disciplina del saber, mas esta aplicaci\u00f3n suele ser obra de tanteos azarosos, o cuando m\u00e1s, se inspira en vagas analog\u00edas. En Bacteriolog\u00eda, Histolog\u00eda e Histoqu\u00edmica, por ejemplo, los m\u00e9todos representan, seg\u00fan dejamos apuntado ya, efectos selectivos de materias colorantes o de reactivos creados por la Qu\u00edmica moderna. Ninguna raz\u00f3n posible a no ser el intento de provocar la casualidad, pudo inspirar a Gerlach la coloraci\u00f3n de los n\u00facleos por el carm\u00edn, a M\u00e1ximo Sch\u00fcltze el empleo del \u00e1cido \u00f3smico en el tejido nervioso, a Hannover la introducci\u00f3n del \u00e1cido cr\u00f3mico y bicarbonatos en el endurecimiento de los tejidos, a Koch, Ehrlich y otros, el aprovechamiento de las anilinas para la impregnaci\u00f3n de las bacterias, <abbr>etc.<\/abbr><\/p>\n<p>Si conoci\u00e9ramos de un modo perfecto la composici\u00f3n qu\u00edmica de las c\u00e9lulas vivas, los resultantes debidos a la aplicaci\u00f3n de tal o cual reactivo colorante vendr\u00eda a ser mera deducci\u00f3n de los principios de la Qu\u00edmica biol\u00f3gica. Empero, hall\u00e1ndonos harto distantes de este ideal, quienes pretendan descubrir nuevos m\u00e9todos biol\u00f3gicos no tienen m\u00e1s recursos que someter los tejidos vivos a los mismos ciegos ensayos a que se entregaban los qu\u00edmicos de los pasados siglos para lograr, de vez en cuando, del conflicto y mezcla de varios cuerpos, combinaciones imprevistas.<\/p>\n<p>Menester es, pues, fiar algo a la casualidad, provoc\u00e1ndola mediante una serie reiterada de tanteos, en los cuales no podemos ser guiados m\u00e1s que por la intuici\u00f3n auxiliada por el conocimiento, todo lo profundo y preciso posible, de los reactivos y procederes t\u00e9cnicos reci\u00e9n introducidos en la Qu\u00edmica y la Industria.<\/p>\n<p>Y esto nos lleva a decir algo de la casualidad en la esfera de la investigaci\u00f3n cient\u00edfica. Entra por mucho, positivamente, el azar en la labor emp\u00edrica, y no debemos disimular que a \u00e9l debe la Ciencia brillantes adquisiciones, pero la casualidad no sonr\u00ede al que la desea, sino al que la merece, seg\u00fan la gr\u00e1fica frase de Duclaux. Y es preciso reconocer que s\u00f3lo la merecen los grandes observadores, porque ellos solamente saben solicitarla con tenacidad y perseverancia deseables, y cuando obtienen la impensada revelaci\u00f3n, s\u00f3lo ellos son capaces de adivinar su trascendencia y alcance.<\/p>\n<p>En la Ciencia, como en la loter\u00eda, la suerte favorece com\u00fanmente al que juega m\u00e1s, es decir, al que, a la manera de protagonista del cuento, remueve continuamente la tierra del jard\u00edn. Si Pasteur descubri\u00f3 por azar las vacunas bacterianas, tambi\u00e9n colabor\u00f3 su genio, que vislumbr\u00f3 todo el partido que pod\u00eda sacarse de un hecho casual, a saber: el rebajamiento de la virulencia de un cultivo bacteriano abandonado al aire y veros\u00edmilmente atenuado por la acci\u00f3n del ox\u00edgeno.<\/p>\n<p>La historia de la Ciencia est\u00e1 llena de hallazgos parecidos: Scheele tropez\u00f3 con el cloro, trabajando en aislar el manganeso, Cl. Bernard, imaginando experimentos encaminados a sorprender el \u00f3rgano destructor del az\u00facar, hall\u00f3 la funci\u00f3n glucog\u00e9nica del h\u00edgado, <abbr>etc.<\/abbr>En fin, ejemplos recientes de casi milagrosa fortuna son los estupendos descubrimientos de Roentgen, Becquerel y los Curie.<\/p>\n<p>Pura casualidad fue, seg\u00fan es notorio, el descubrimiento de los rayos X, hecho por el profesor Roentgen. Repet\u00eda este sabio en su laboratorio de W\u00fcrzburgo los experimentos de Lenard sobre las singulares propiedades de los <em>rayos cat\u00f3dicos<\/em>. Seg\u00fan costumbre, estas radiaciones eran proyectadas sobre la pantalla fluorescente de <em>platino-cianuro de bario<\/em>. Y al objeto de averiguar la duraci\u00f3n del fen\u00f3meno fluorescente, ocurri\u00f3sele un d\u00eda oscurecer el laboratorio cubriendo con caja de cart\u00f3n la ampolla de Crookes, aparato generador, seg\u00fan es notorio, de los citados rayos cat\u00f3dicos. Puesta en acci\u00f3n la bobina, mir\u00f3 la pantalla y vio con extraordinario asombro que \u00e9sta se iluminaba intensamente. Interpuso despu\u00e9s un trozo de madera, un libro y sigui\u00f3 observando que las radiaciones \u0097los rayos nuevos\u0097 atravesaban f\u00e1cilmente estos cuerpos opacos. En fin, en momentos de febril impaciencia, intercal\u00f3 casualmente la mano entre la ampolla de Crookes, y la pantalla receptora cuando, sobrecogido de intensa emoci\u00f3n, acaso con espanto, contempl\u00f3 un espect\u00e1culo macabro: sobre la superficie del cuerpo fluorescente dibuj\u00e1banse fielmente en negro los huesos de la mano, como si no existieran los tejidos envolventes. Los maravillosos rayos X quedaban descubiertos y con ellos la <em>radioscopia<\/em>. Pronto siguieron la <em>radiofotograf\u00eda<\/em> y las admirables aplicaciones quir\u00fargicas e industriales de todos conocidos.<\/p>\n<p>El segundo caso, muy elocuente tambi\u00e9n fue, el descubrimiento fortuito de la <em>radiactividad<\/em> de la materia, debido al insigne f\u00edsico franc\u00e9s Henri Becquerel.<\/p>\n<p>Ya el malogrado H. Poincar\u00e9 hab\u00edase preguntado si al fin no resultar\u00eda que la producci\u00f3n de rayos X es propiedad de los cuerpos fluorescentes. Deseando confirmar esta conjetura y bien preparado, adem\u00e1s, para tal linaje de indagaciones, M. Becquerel proyect\u00f3 ensayar en <em>sulfato de uranio<\/em>, cuerpo t\u00edpicamente fluorescente. Pero corr\u00edan los nebulosos d\u00edas de febrero, y el sol no se dignaba aparecer. En espera de que el astro rey disipara las densas brumas de Par\u00eds, hab\u00eda el referido f\u00edsico preparado con mucha antelaci\u00f3n el experimento, colocando sobre la placa sensible, cubierta de papel negro, varios cristales de sulfato de uranio e interponiendo, adem\u00e1s, una cruz de cobre. La impaciencia le devoraba. Aguijado por ella, oc\u00farresele cierto d\u00eda extraer la placa de su envoltura protectriz y revelarla a la aventura. Grande fue su asombro al advertir, contra todas sus presunciones (la sal de uranio hab\u00eda permanecido en la oscuridad), intensa impresi\u00f3n en la placa, donde se mostraban dibujados en negro los cristales de sal ur\u00e1nica y en claro la referida cruz met\u00e1lica. Hab\u00eda, sin querer, descubierto la <em>radiactividad<\/em> de la materia, una de las m\u00e1s prodigiosas conquistas de la ciencia moderna.<\/p>\n<p>Mas lo chocante y estupendo del caso fue que M. Becquerel realiz\u00f3 tama\u00f1o descubrimiento (que le vali\u00f3 el premio Nobel) guiado por falsa hip\u00f3tesis (relaci\u00f3n etiol\u00f3gica entre la emisi\u00f3n de rayos X y la fluorescencia). Precisamente, de todos los cuerpos fluorescentes conocidos, <em>s\u00f3lo el uranio<\/em> posee poder radiactivo. Como se ve, el efecto fue teatral: se dir\u00eda preparado por un genio ir\u00f3nico empe\u00f1ado en impulsar la Ciencia a pesar de las m\u00e1s err\u00f3neas concepciones.<\/p>\n<p>Mas es forzoso convenir en que si muchos sabios descubrieron lo que no buscaban, todos ellos buscaron con admirable tenacidad, y fueron dignos del \u00e9xito, porque con rara penetraci\u00f3n acertaron a sorprender los grandes progresos latentes en las t\u00edmidas y fragmentarias revelaciones del acaso. En suma: el azar afortunado suele ser casi siempre el premio del esfuerzo perseverante.<\/p>\n<p>Solicitar la ayuda de la casualidad es como agitar el agua turbia para que suban y se hagan patentes los objetos sumergidos en el fondo. Todo observador har\u00e1 bien en tentar su buena ventura, empero no confiar\u00e1 demasiado en ella, y apelar\u00e1 m\u00e1s a menudo al trabajo reglado, pues quien domina los m\u00e9todos y est\u00e1 al corriente de los problemas todav\u00eda no resueltos, pero susceptibles de soluci\u00f3n, logra casi siempre, sin aventurarse en probaturas de ordinario infecundas, alg\u00fan descubrimiento de m\u00e1s o menos val\u00eda.<\/p>\n<p>Conquistado el primer hecho nuevo (sobre todo si \u00e9ste es de aquellos cuyo advenimiento provoca en el ambiente cient\u00edfico nuevas corrientes de ideas), nuestra tarea ser\u00e1 tan llana como brillante: como que se reducir\u00e1 a ir sacando progresivamente las consecuencias que entra\u00f1a la reciente adquisici\u00f3n en las diversas esferas de la Ciencia. Por eso se ha dicho que el primer descubrimiento es el que cuesta, los dem\u00e1s suelen ser corolarios del primero. Doctrina sabia es, y proclamada por fil\u00f3sofos como Taine y por cient\u00edficos como Tyndall, que todo problema resuelto plantea infinidad de nuevas cuestiones y que el descubrimiento del ma\u00f1ana, la cima de la verdad, con tantos esfuerzos escalada, que mirada desde el valle semejaba monta\u00f1a imponente, no es sino min\u00fascula estribaci\u00f3n de formidable cordillera que se columbra a trav\u00e9s de la niebla, atray\u00e9ndonos con insaciable curiosidad. Satisfagamos esta ansia de subir y, aprovechando el pl\u00e1cido descanso que proporciona la contemplaci\u00f3n del nuevo horizonte, meditemos desde la cima reci\u00e9n conquistada el plan que debe conducirnos a m\u00e1s altas regiones.<\/p>\n<p>Pero, seg\u00fan dejamos dicho, la fortuna de inaugurar un estudio lleno de promesas con un hecho trascendental es rara, y ning\u00fan investigador prudente debe contar demasiado con ella, por donde, para iniciar nuestra obra, no debemos vacilar en partir del descubrimiento de otros. Y as\u00ed y todo, no ha de faltarnos labor, y labor fecunda. El nuevo hecho, fruto del ajeno desvelo, suele causar una revoluci\u00f3n en el ambiente cient\u00edfico: convierte en sospechosas doctrinas antes estimadas como verdades firmes, suscita nuevas posiciones de equilibrio en esas vagas regiones de lo conjetural que forman el tr\u00e1nsito de lo conocido a lo desconocido, y plantea una serie de nuevas cuestiones que el iniciador, falto de tiempo, no pudo resolver por s\u00ed mismo.<\/p>\n<p>Adem\u00e1s, en el orden cr\u00edtico \u00e9ste deja casi siempre incompleta su obra: influida todav\u00eda por la tradici\u00f3n, no acierta a romper abiertamente con los prejuicios del pasado, receloso, acaso, de hallar demasiada oposici\u00f3n en el ambiente cient\u00edfico, e impaciente de aprobaciones y aplausos, presenta su teor\u00eda como una transacci\u00f3n entre viejas y nov\u00edsimas doctrinas. Por tal motivo, un observador menos meticuloso, llegado de refresco, suele perfeccionar, con poco esfuerzo, la obra del iniciador, sacando de ella las \u00faltimas consecuencias te\u00f3ricas y pr\u00e1cticas. Todo ese c\u00famulo de problemas suscitados por la nueva conquista cient\u00edfica constituye terreno fecund\u00edsimo para el novel investigador. A \u00e9l acudir\u00e1, bien templadas sus armas anal\u00edticas, sin arrogancia ni esperanza excesiva, pero no conf\u00ede en llegar solo: all\u00ed encontrar\u00e1 tambi\u00e9n una pl\u00e9yade de \u00e9mulos que intentar\u00e1n ganarle por la mano, y a los cuales se adelantar\u00e1 solamente a fuerza de actividad, penetraci\u00f3n y perseverancia.<\/p>\n<p>Finalmente, cuando nos hallamos en presencia de varios temas igualmente favorables y fecundos, escogeremos aquel cuya metodolog\u00eda nos sea perfectamente conocida y por el que sintamos decidida simpat\u00eda. Es consejo de buen sentido que Darwin daba a sus disc\u00edpulos cuando le demandaban tema de estudio. Y la raz\u00f3n es que nuestro entendimiento redobla sus fuerzas cuando columbra en lontananza el premio del placer o de la utilidad.<\/p>\n<p>El explorador de la Naturaleza \u0097lo hemos repetido varias veces\u0097 debe considerar la investigaci\u00f3n cual <em>deporte<\/em> incomparable, en donde todo, desde los procederes t\u00e9cnicos hasta la elaboraci\u00f3n doctrinal, constituye perenne manantial de gratas satisfacciones. Quien en presencia de un arduo problema no sienta crecer su entusiasmo ni acrecentar sus fuerzas, quien al aproximarse el solemne momento del <em lang=\"la\" xml:lang=\"la\">fiat lux<\/em> impacientemente esperado no tenga el alma inundada por la emoci\u00f3n precursora del placer, debe abandonar las empresas cient\u00edficas, porque la Naturaleza no otorga sus favores a los fr\u00edos de condici\u00f3n, y la frialdad es a menudo inequ\u00edvoco signo de impotencia.<\/p>\n","protected":false},"author":1,"menu_order":5,"template":"","meta":{"pb_show_title":"on","pb_short_title":"","pb_subtitle":"","pb_authors":[],"pb_section_license":""},"chapter-type":[],"contributor":[],"license":[],"class_list":["post-27","chapter","type-chapter","status-publish","hentry"],"part":22,"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.publiconsulting.com\/wordpress\/reglasyconsejos\/wp-json\/pressbooks\/v2\/chapters\/27","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.publiconsulting.com\/wordpress\/reglasyconsejos\/wp-json\/pressbooks\/v2\/chapters"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.publiconsulting.com\/wordpress\/reglasyconsejos\/wp-json\/wp\/v2\/types\/chapter"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.publiconsulting.com\/wordpress\/reglasyconsejos\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.publiconsulting.com\/wordpress\/reglasyconsejos\/wp-json\/pressbooks\/v2\/chapters\/27\/revisions"}],"part":[{"href":"https:\/\/www.publiconsulting.com\/wordpress\/reglasyconsejos\/wp-json\/pressbooks\/v2\/parts\/22"}],"metadata":[{"href":"https:\/\/www.publiconsulting.com\/wordpress\/reglasyconsejos\/wp-json\/pressbooks\/v2\/chapters\/27\/metadata\/"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.publiconsulting.com\/wordpress\/reglasyconsejos\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=27"}],"wp:term":[{"taxonomy":"chapter-type","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.publiconsulting.com\/wordpress\/reglasyconsejos\/wp-json\/pressbooks\/v2\/chapter-type?post=27"},{"taxonomy":"contributor","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.publiconsulting.com\/wordpress\/reglasyconsejos\/wp-json\/wp\/v2\/contributor?post=27"},{"taxonomy":"license","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.publiconsulting.com\/wordpress\/reglasyconsejos\/wp-json\/wp\/v2\/license?post=27"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}