{"id":28,"date":"2019-12-09T15:25:40","date_gmt":"2019-12-09T15:25:40","guid":{"rendered":"https:\/\/www.publiconsulting.com\/wordpress\/reglasyconsejos\/chapter\/capitulo-v-enfermedades-de-la-voluntad\/"},"modified":"2019-12-09T15:25:40","modified_gmt":"2019-12-09T15:25:40","slug":"capitulo-v-enfermedades-de-la-voluntad","status":"publish","type":"chapter","link":"https:\/\/www.publiconsulting.com\/wordpress\/reglasyconsejos\/chapter\/capitulo-v-enfermedades-de-la-voluntad\/","title":{"rendered":"Cap\u00edtulo V. Enfermedades de la voluntad"},"content":{"raw":"\nTodos hemos visto profesores superiormente dotados, desbordantes de actividad e iniciativas, en posesi\u00f3n de suficientes medios de trabajo, y que, sin embargo, no realizan obra personal ni escriben casi nunca. Sus disc\u00edpulos y admiradores esperan con ansia la obra grande, legitimadora del alto concepto que del maestro se formaron, pero la obra grande no se escribe y el maestro contin\u00faa callando.\n\nNo nos enga\u00f1en el optimismo y el buen deseo. A despecho del m\u00e9rito excepcional y del celo y actividad desplegados en determinadas funciones docentes, dichos maestros son enfermos de la voluntad. No lo ser\u00e1n acaso a los ojos del fren\u00f3pata, su modorra y dejadez no justifican todav\u00eda el diagn\u00f3stico de abulia, pero sus disc\u00edpulos y amigos har\u00e1n bien en considerarlos como anormales y en proponerles, con el respeto y dulzura debidos a su alta mentalidad, tratamiento espiritual adecuado.\n\nEstos ilustres fracasados agr\u00fapanse en las principales clases siguientes: <em>dilettantes o contempladores<\/em>, <em>eruditos o bibli\u00f3filos<\/em>, <em>organ\u00f3filos<\/em>, <em>megal\u00f3filos<\/em>, <em>descentrados y teorizantes<\/em>.\n\nContempladores.\u0097Variedad morbosa muy frecuente entre astr\u00f3nomos, naturalistas, qu\u00edmicos, bi\u00f3logos y f\u00edsicos, recon\u00f3cese en los s\u00edntomas siguientes: amor a la contemplaci\u00f3n de la Naturaleza, pero s\u00f3lo en sus manifestaciones est\u00e9ticas: los espect\u00e1culos sublimes, las bellas formas, los colores espl\u00e9ndidos y las estructuras elegantes. Si el <em lang=\"it\" xml:lang=\"it\">dilettante<\/em> es bot\u00e1nico, quedar\u00e1 para siempre anclado en la admiraci\u00f3n de las algas, singularmente en las <em>diatomeas<\/em>, cuyos elegantes carapachos cautivar\u00e1n su admiraci\u00f3n. En su culto fetichista pasar\u00e1 sus horas examinando y fotografiando de mil maneras tan interesantes seres, componiendo con ellos letreros, grecas, escudos y otros primores ornamentales, pero sin a\u00f1adir al copioso cat\u00e1logo de las especies conocidas una variedad nueva ni contribuir en lo m\u00e1s m\u00ednimo al conocimiento de la estructura, evoluci\u00f3n y funcionalismo de los citados microorganismos.\n\nSi el sibarita cient\u00edfico es hist\u00f3logo, se consagrar\u00e1 con amor al arte de prestar a las c\u00e9lulas y tejidos org\u00e1nicos vistosas coloraciones: dominar\u00e1 a maravilla la jeringuilla de inyecci\u00f3n, y en su ingenua admiraci\u00f3n de lo pintoresco pasar\u00e1 sus veladas dibujando las elegantes redecillas que el carm\u00edn y el azul de Prusia bordan en los capilares del intestino, m\u00fasculos y gl\u00e1ndulas. A gala tendr\u00e1 el dominar los m\u00e1s elegantes m\u00e9todos de tintorer\u00eda histol\u00f3gica, sin sentir jam\u00e1s la tentaci\u00f3n de aplicarlos a un tema nuevo o dilucidar una cuesti\u00f3n litigiosa.\n\nSi es ge\u00f3logo, permanecer\u00e1 arrobado examinando a la luz polarizada los espl\u00e9ndidos colores mostrados por las secciones de rocas; si bacteri\u00f3logo, se aficionar\u00e1 al coleccionamiento y cultivo de los microbios crom\u00f3genos y fosforescentes; si astr\u00f3nomo, consagrar\u00e1 sus ocios a fotografiar las monta\u00f1as de la Luna o las manchas del Sol...\n\n\u00bfA qu\u00e9 seguir? Todos nuestros lectores recordar\u00e1n tipos y variedades interesantes de esta especie, tan simp\u00e1tica por su entusiamo juvenil y verbo c\u00e1lido y cautivador como est\u00e9ril para el progreso efectivo de la Ciencia.\n\nBibli\u00f3filos y pol\u00edglotas.\u0097Como el micr\u00f3grafo se recrea en la diatomea o el zo\u00f3logo en conchas, insectos y p\u00e1jaros de vistosa librea, el bibli\u00f3filo se deleita con la lectura del libro o monograf\u00eda nov\u00edsimos, de esas monograf\u00edas trascendentales, renovadoras, que s\u00f3lo recibe \u00e9l y de que nuestro erudito se sirve maravillosamente para asombrar a sus amigos.\n\nLos s\u00edntomas de esta dolencia son: tendencias enciclopedistas, dominio de muchos idiomas, algunos totalmente in\u00fatiles, abono exclusivo a revistas poco conocidas, acaparamiento de cuantos libros nov\u00edsimos aparecen en el escaparate de los libreros, lectura asidua de lo que importa saber, pero sobre todo de lo que a pocos interesa, pereza invencible para escribir y desv\u00edo del seminario y del laboratorio.\n\nComo es natural, nuestro erudito vive en y para su biblioteca, que es copiosa y monumental. All\u00ed recibe a sus contertulios, a quienes cautiva con una conversaci\u00f3n amena, brincadora, variad\u00edsima, iniciada de ordinario con estas o parecidas interrogaciones: \u00bfHa le\u00eddo usted el libro de Fulano? (Aqu\u00ed, un nombre yanqui, alem\u00e1n o escandinavo.) \u00bfConoce usted la sorprendente teor\u00eda de Zutano? Y sin o\u00edr la respuesta, el erudito desarrolla con calurosa elocuencia una doctrina las m\u00e1s veces estrafalaria y audaz, sin base objetiva suficiente y s\u00f3lo pasadera como tema de espiritual causerie.\n\nEstos indolentes de la ciencia que hablan de todo, malogrando y derrochando facultades exquisitas, ignoran una cosa muy sencilla y muy humana: que son censurados de sus mismos amigos y aduladores, a quienes inspiran m\u00e1s piedad que respeto. Y desconocen tambi\u00e9n, o al menos no sienten con la vehemencia debida, esta verdad trivial: que la erudici\u00f3n posee muy escaso valor cuando no representa la preparaci\u00f3n y el pr\u00f3dromo de la acci\u00f3n personal intensa y perseverante. Todo su af\u00e1n se cifra en pasar por monstruos de talento y de cultura, sin reparar que s\u00f3lo el esfuerzo vivificante puede librar al sabio del olvido y la injusticia.\n\nNo hay, por fortuna, en este punto que insistir mucho para rectificar juicios sociales equivocados. Nadie ignora que vale quien sabe y act\u00faa, y no quien sabe y se duerme. Rendimos tributo de veneraci\u00f3n a quien a\u00f1ade una obra original a una biblioteca y se lo negamos a quien lleva una biblioteca en la cabeza. Para resultar fon\u00f3grafo, no val\u00eda la pena de haber complicado con el estudio y la reflexi\u00f3n la organizaci\u00f3n del cerebro. En cosas de m\u00e1s enjundia hay que emplear nuestras neuronas. Saber, pero transformar, conocer, pero obrar: tal es la norma del verdadero hombre de ciencia.\n\nBrindemos, pues, nuestro aplauso y gratitud a quienes dejaron estela de verdades luminosas y olvidemos a quienes se fatigaron est\u00e9rilmente, convertidos en gir\u00e1ndulas de sonoras palabras. Al modo del tenor, el erudito elocuente puede, sin duda, recibir en vida, en la c\u00e1lida intimidad de su tertulia, pl\u00e1cemes entusiastas, pero en vano esperar\u00e1 las aclamaciones del gran teatro del mundo. El p\u00fablico del sabio vive o no vive a\u00fan, lee y no oye; es tan austero y recto, que no reconoce m\u00e1s t\u00edtulos a la gratitud y al respeto que las verdades nuevas puestas en circulaci\u00f3n en el mercado cultural.\n\nLos megal\u00f3filos.\u0097Caracter\u00edzase esta variedad de malogrados por atributos nobles y simp\u00e1ticos. Estudian mucho, pero aman tambi\u00e9n el trabajo personal, poseen el culto de la acci\u00f3n y dominan los m\u00e9todos inquisitivos, rebosan de patriotismo sincero y ans\u00edan enaltecer su nombre y honrar al pa\u00eds con admirables conquistas.\n\nY, sin embargo, un error funesto esteriliza sus afanes. Evolucionistas convencidos en teor\u00eda, resultan providencialistas en la pr\u00e1ctica. Como si confiaran en el milagro, desean estrenarse con haza\u00f1a prodigiosa. Recordando acaso que Hertz, Mayer, Schwann, Roentgen, Curie iniciaron su vida cient\u00edfica con un gran descubrimiento, aspiran a ascender, desde el primer combate, de soldados a generales, y se pasan la vida planeando y dibujando, construyendo y rectificando, siempre en febril actividad, siempre en plena revisi\u00f3n, incubando el gran engendro, la obra asombrosa y arrolladora. Y los a\u00f1os transcurren, y la expectaci\u00f3n se fatiga, y los \u00e9mulos murmuran, y los amigos estrujan la imaginaci\u00f3n para cohonestar el silencio del grande hombre. Y mientras tanto, sobre aquel tema tan detenidamente explorado, acariciado y lamido llueven en el extranjero importantes monograf\u00edas que arrebatan, \u00a1ya!, a nuestro ambicioso investigador el halago de la prioridad, y le obligan a cambiar de rumbo. Sin desanimarse, el megal\u00f3filo aborda otro tema, y cuando tiene casi construido el imponente monumento, nuevos \u00e9mulos, que se permiten fabricar ciencia al por menor, vuelven a amargarle la existencia. Y al fin llega a la vejez entre el silencio indulgente de los disc\u00edpulos y la ir\u00f3nica sonrisa de los sabios.\n\n\u00a1Y todo por no haberse plegado desde el principio, modesta y humildemente, a esta ley de Naturaleza, que es tambi\u00e9n t\u00e1ctica de buen sentido!: abordar primeramente los peque\u00f1os problemas para acometer despu\u00e9s, si el \u00e9xito sonr\u00ede y las fuerzas crecen, las magnas haza\u00f1as de la investigaci\u00f3n. Esta actitud prudente podr\u00e1 no conducir siempre a la gloria, pero en todo caso nos granjear\u00e1 la estima de los sabios y el respeto y consideraci\u00f3n de nuestros conciudadanos.\n\nA guisa de subvariedad de los <em>megal\u00f3filos<\/em> consideramos los <em>proyectistas<\/em>, que recuerdan a los antiguos arbitristas. Dist\u00ednguense f\u00e1cilmente por la ebullici\u00f3n y superabundancia de ideas y de planes de acci\u00f3n. Ante sus ojos optimistas, todo aparece de color de rosa. Por seguro tienen que, una vez secundadas, sus iniciativas abrir\u00e1n amplios horizontes a la ciencia y rendir\u00e1n frutos pr\u00e1cticos inestimables. S\u00f3lo hay que deplorar una peque\u00f1a contrariedad: ninguna empresa llega a plena saz\u00f3n. Todas se malogran, unas veces por escasez de medios, otras por ausencia de ambiente, las m\u00e1s por falta de disc\u00edpulos capaces de cooperar a la magna obra, o de corporaciones y gobiernos suficientemente cultos y avisados para alentarla y recompensarla.\n\nLa realidad es que no trabajan bastante, f\u00e1ltales perseverancia. Como dec\u00eda agudamente Graci\u00e1n en su <em>Or\u00e1culo manual<\/em>: \u00abTodo se les va a algunos en comenzar y nada acaban, inventan, pero no prosiguen, todo <em>para<\/em> en <em>parar<\/em>... Mate el sagaz la caza, no se le vaya todo en levantarla.\u00bb\n\nOrgan\u00f3filos.\u0097Variedad poco importante de infecundos, recon\u00f3cense en seguida por una especie de culto fetichista hacia los instrumentos de observaci\u00f3n. Fascinados por el brillo del metal como la alondra por el espejuelo, cuidan amorosamente de sus \u00eddolos, que guardan como en sagrario, relucientes como espejos y admirablemente representados. Reposo y disciplina conventual reinan en el laboratorio, donde no hay una mancha ni se oye el menor rumor.\n\nEn los amplios bolsillos del organ\u00f3filo las llaves sonajean de continuo. Imposible que el ayudante o los alumnos consulten, en ausencia del profesor, la monograf\u00eda o el aparato imprescindible. Microscopios, espectroscopios, balanzas de precisi\u00f3n, reactivos, <abbr>etc.<\/abbr>, est\u00e1n guardados y lacrados con siete sellos. \u00a1No faltar\u00eda m\u00e1s que por una condescendencia punible del jefe el ayudante estropeara el objetivo de Zeiss, el refract\u00f3metro o el aparato de polarizaci\u00f3n! \u00a1Ello ser\u00eda horrible! Adem\u00e1s, \u00bfno es \u00e9l el \u00fanico responsable del material cient\u00edfico, arca santa de la Universidad, y no tendr\u00e1 en su d\u00eda que rendir estrecha cuenta a sus superiores? \u00bfInvestigar? \u00bfComprobar? \u00a1Ya lo har\u00e1 cuando tenga tiempo, y luego que lleguen ciertas nov\u00edsimas monograf\u00edas cuya consulta le es indispensable! \u00a1Ah! Si el Gobierno le aumentase la consignaci\u00f3n del material, quiz\u00e1 podr\u00eda desprenderse, en obsequio a la ense\u00f1anza, de parte del sagrado dep\u00f3sito... Pero \u00a1mientras tanto!...\n\nEstos maestros \u0097de que nuestros lectores recordar\u00e1n m\u00e1s de un ejemplar\u0097 erraron la vocaci\u00f3n<sup><a id=\"np17\" href=\"..\/notas-del-autor\/#np17n\">17<\/a><\/sup>. Creen ser buenos docentes y celosos funcionarios, y en realidad son excelentes amas de casa. \u00bfVerdad que recuerdan a esas excelentes se\u00f1oras las cuales adornan primorosamente la sala, ordenan escrupulosamente los muebles, barnizan diariamente el <em lang=\"fr\" xml:lang=\"fr\">parquet<\/em> y en evitaci\u00f3n de manchas y desarreglos reciben a sus relaciones en el comedor?\n\nClaro es que de los organ\u00f3filos empedernidos no puede sacarse partido. Padecen morbo casi incurable, sobre todo si va asociado, seg\u00fan ocurre con frecuencia, a cierto estado moral poco confesable: a la preocupaci\u00f3n ego\u00edsta y antip\u00e1tica de impedir que otros trabajen, ya que ellos no saben o no quieren trabajar.\n\nLos descentrados.\u0097Si el profesorado no fuera a menudo entre nosotros mero escabel de la pol\u00edtica o decoroso reclamo de la clientela profesional, si a nuestros candidatos a la c\u00e1tedra se les exigieran, en concursos y oposiciones, pruebas objetivas de aptitud y vocaci\u00f3n, en vez de pruebas puramente subjetivas y en cierto modo prof\u00e9ticas, abundar\u00edan menos esos casos de actividad oficial entre la funci\u00f3n retribuida y la actividad libre.\n\n\u00abUna de las causas de la prosperidad de Inglaterra \u0097me dec\u00eda un profesor de Cambridge\u0097 consiste en que entre nosotros cada cual ocupa su puesto.\u00bb Lo contrario de lo que, salvando honrosas excepciones, acontece en Espa\u00f1a, en donde muchos parecen ocupar un puesto no para desempe\u00f1arlo, sino para cobrarlo y tener de paso el gusto de excluir a los aptos.\n\n\u00bfQui\u00e9n no recuerda generales nacidos para pac\u00edficos bur\u00f3cratas o jueces de paz, profesores de medicina cultivando la literatura o la arqueolog\u00eda, ingenieros escribiendo melodramas, pat\u00f3logos dedicados a la moral y metaf\u00edsicos votados a la pol\u00edtica? De donde resulta que, en lugar de consagrar a la actividad oficial todas las fuerzas de nuestro esp\u00edritu, le rendimos solamente m\u00ednima parte de ellas, y eso de mala gana y como cumpliendo penosa obligaci\u00f3n.\n\nNo pretendemos, empero, que la vida del profesor, y en general del hombre de ciencia, sea tan austera y rigorista que haya de consumirse por entero en la tarea profesional. Desear\u00edamos solamente que a ocupaciones amenas o de mero pasatiempo dedicara el sobrante de su actividad, esos sanos coqueteos de la atenci\u00f3n enervada por la intensidad y monoton\u00eda de la diaria labor.\n\nM\u00e1s que anormales \u0097pensar\u00e1 alguno\u0097, los <em>descentrados<\/em> son infortunados a quienes circunstancias adversas impusieron oficio contrario a sus inclinaciones. Sin embargo, bien consideradas las cosas, dichos fracasados entran tambi\u00e9n en la categor\u00eda de ab\u00falicos, porque carecen de la energ\u00eda necesaria para cambiar de camino, armonizando al fin la vocaci\u00f3n con el empleo.\n\nLos descentrados cr\u00f3nicos par\u00e9cennos enfermos desahuciados. No as\u00ed los j\u00f3venes, a quienes sugestiones de familia o iron\u00eda del medio moral desviaron de su destino, oblig\u00e1ndoles a trabajo de forzados. Flexibles todav\u00eda las coyunturas mentales, har\u00e1n bien en cambiar de direcci\u00f3n en cuanto soplen vientos favorables. Aun aquellos que, amarrados a una ciencia extra\u00f1a a sus aficiones, viven como desterrados de su patria ideal, podr\u00edan redimirse y trabajar con provecho si, levantando el \u00e1nimo al cumplimiento de sagrados deberes, procuraran buscar dentro de sus tareas oficiales alg\u00fan dominio agradable donde laborar hondo y bien. \u00bfQu\u00e9 ciencia carece de alg\u00fan oasis deleitoso donde nuestra inteligencia encuentre \u00fatil empleo y plena satisfacci\u00f3n?\n\nLos teorizantes.\u0097Hay cabezas cult\u00edsimas y superiormente dotadas cuya voluntad padece una forma especial de pereza tanto m\u00e1s grave cuanto que ni a ellos se lo parece ni por tal suele reputarse. He aqu\u00ed sus s\u00edntomas culminantes: talento de exposici\u00f3n, imaginaci\u00f3n creadora e inquieta, desv\u00edo del laboratorio y antipat\u00eda invencible hacia la ciencia concreta y los hechos menudos. Pretenden ver en grande y viven en las nubes. Prefieren el libro a la monograf\u00eda y las hip\u00f3tesis brillantes y audaces a las concepciones cl\u00e1sicas, pero s\u00f3lidas. En presencia de un problema dif\u00edcil sienten irresistible tentaci\u00f3n no de interrogar a la Naturaleza, sino de formular una teor\u00eda. Como acierten a percibir tenue y artificiosa analog\u00eda entre dos fen\u00f3menos, o logren encajar el hecho nuevo en el marco de una concepci\u00f3n general verdadera o falsa, danse por satisfechos y se creen excelsos reformadores. El m\u00e9todo es leg\u00edtimo en principio, pero abusan de \u00e9l, cayendo en la inocencia de considerar las cosas bajo un solo aspecto. Para ellos lo esencial es la est\u00e9tica de la concepci\u00f3n. Poco importa que se funde en el aire con tal de que sea bella e ingeniosa, ponderada y sim\u00e9trica.\n\nComo es natural, las decepciones persiguen al teorizante. El medio cient\u00edfico actual es tan poco propicio a las teor\u00edas, que aun los que llevan el sello del genio necesitan para imponerse lustros de lucha y de incesante labor experimental. \u00a1Han ca\u00eddo tantas doctrinas que parec\u00edan inconmovibles!\n\nEn el fondo, el teorizante es un perezoso disfrazado de diligente. Sin percatarse de ello, obedece a la ley del m\u00ednimo esfuerzo. Porque es m\u00e1s f\u00e1cil forjar una teor\u00eda que descubrir un fen\u00f3meno.\n\nLiebig, buen juez en estas materias, escrib\u00eda paternalmente al joven Gebhard, qu\u00edmico de grandes alientos, pero harto inclinado a las s\u00edntesis ambiciosas: \u00abNo hagas hip\u00f3tesis. Ellas te acarrear\u00e1n la enemiga de los sabios. Preoc\u00fapate de aportar hechos nuevos. Los hechos son los \u00fanicos m\u00e9ritos no regateados por nadie, hablan alto en nuestro favor, pueden ser comprobados por todos los hombres inteligentes, nos crean amigos e imponen la atenci\u00f3n y el respeto de los adversarios.\u00bb\n\nY Liebig ten\u00eda much\u00edsima raz\u00f3n. Las teor\u00edas son, en efecto, peligros\u00edsimas para el porvenir de un principiante. Adoctrinar envuelve cierta arrogancia pedante, algo como alarde de superioridad intelectual, que s\u00f3lo se perdona al sabio ilustrado por larga serie de descubrimientos positivos. Adquiramos primero personalidad, seamos obreros \u00fatiles, m\u00e1s adelante veremos si se nos consiente ser arquitectos.\n\nAcaso el lector, recordando lo que dejamos en otro lugar expuesto acerca de la necesidad de las hip\u00f3tesis, se pregunte si no cometemos inconsecuencias. Hay que distinguir entre las hip\u00f3tesis de trabajo (<em lang=\"de\" xml:lang=\"de\">Arbeitenhypothesen<\/em> de Weismann) y las teor\u00edas cient\u00edficas. La hip\u00f3tesis constituye interrogaci\u00f3n interpretativa de la Naturaleza. Forma parte de la investigaci\u00f3n misma, como que representa su fase inicial, su antecedente casi necesario. Pero especular de continuo, es decir, teorizar por teorizar sin acudir al an\u00e1lisis de los fen\u00f3menos es perderse en idealismos sin consistencia, es volver la espalda a la realidad.\n\nInsistamos una vez m\u00e1s en esta conclusi\u00f3n evidente: el haber positivo de un sabio h\u00e1llase formado por el conjunto de los hechos originales que aporta. Las hip\u00f3tesis pasan, pero los hechos quedan. Las teor\u00edas nos abandonan, los hechos nos defienden. Ellos son nuestro capital efectivo, nuestros bienes ra\u00edces y nuestra mejor ejecutoria, y en la eterna mudanza de las cosas ellos s\u00f3lo se salvar\u00e1n de los ultrajes del tiempo y del olvido o de la injusticia de los hombres. Fiarlo todo al \u00e9xito de una concepci\u00f3n vale tanto como ignorar que cada quince o veinte a\u00f1os se renuevan las teor\u00edas \u00a1Qu\u00e9 de hip\u00f3tesis, al parecer definitivas, no han ca\u00eddo ruidosamente en f\u00edsica, en qu\u00edmica, en geolog\u00eda, en biolog\u00eda, <abbr>etc.<\/abbr>, durante los \u00faltimos lustros! En cambio, ah\u00ed est\u00e1n inmutables y desafiando a la cr\u00edtica los hechos bien observados de la anatom\u00eda y fisiolog\u00eda, de la qu\u00edmica y de la geolog\u00eda, las leyes y ecuaciones de la astronom\u00eda y de la f\u00edsica. \u00abDadme un hecho \u0097dec\u00eda Carlyle\u0097 y yo me postrar\u00e9 ante \u00e9l.\u00bb\n\nEn suma: el principiante consagrar\u00e1 su m\u00e1xima actividad a descubrir hechos nuevos, haciendo observaciones precisas. De las hip\u00f3tesis se servir\u00e1 a t\u00edtulo de sugeridoras de planes de investigaci\u00f3n y promotoras de nuevos temas de trabajo. Si, a pesar de todo, se siente compelido a crear vastas generalizaciones cient\u00edficas, h\u00e1galo m\u00e1s adelante, cuando el caudal de observaciones originales allegadas le haya granjeado s\u00f3lida autoridad. Entonces, y s\u00f3lo entonces ser\u00e1 o\u00eddo con respeto y discutido sin desd\u00e9n. Y si la fortuna le acompa\u00f1a, ce\u00f1ir\u00e1 al fin la doble corona de investigador y de fil\u00f3sofo.\n\nHemos descrito los principales tipos de fracasados, haciendo resaltar, quiz\u00e1s con tintas algo subidas, sus flaquezas \u00e9ticas y sus lacerias intelectuales. Nuestro prop\u00f3sito ha sido ponerles delante el espejo donde tanto ellos como sus disc\u00edpulos y admiradores contemplen su deformidad. No confiamos, empero, en la eficacia de nuestro diagn\u00f3stico para correcci\u00f3n de los maduros y osificados. A los j\u00f3venes que, en su candor, envidian prestigios m\u00e1s que discutibles, se dirigen nuestros consejos. Y se enderezan, sobre todo, a esos profesores cultos y capaces de trabajar con fruto, pero que, influidos por el mal ejemplo y faltos de disciplina interior, comienzan a sentir con el desmayo del trabajo personal el deseo malsano y antipatri\u00f3tico de imitar a nuestros engre\u00eddos infecundos.\n\nSi, a pesar de todos los consejos, la reacci\u00f3n mental se retarda, hagan examen de conciencia y vean si no est\u00e1n en el caso de sufrir una cura espiritual en el extranjero. El laboratorio del sabio es un sanatorio incomparable para los extrav\u00edos de la atenci\u00f3n y los desmayos de la voluntad. En \u00e9l se desvanecen viejos prejuicios y se contraen sublimes contagios. All\u00ed, al lado de un sabio laborioso y genial, recibir\u00e1 nuestro ab\u00falico el bautismo de sangre de la investigaci\u00f3n, all\u00ed contemplar\u00e1, con noble envidia, ardorosa emulaci\u00f3n por arrancar secretos a lo desconocido, all\u00ed respirar\u00e1 el desd\u00e9n sistem\u00e1tico hacia las vanas teor\u00edas y los discursos ret\u00f3ricos, all\u00ed, en fin \u0097en extra\u00f1as tierras\u0097, sentir\u00e1 renacer el santo patriotismo. Y cuando lanzado en el camino del trabajo personal, cuente en su haber algunos estimables descubrimientos, de regreso al pa\u00eds natal aprender\u00e1 a escatimar sus admiraciones y mirar\u00e1 con desd\u00e9n, casi con l\u00e1stima, a sus antiguos \u00eddolos.\n","rendered":"<p>Todos hemos visto profesores superiormente dotados, desbordantes de actividad e iniciativas, en posesi\u00f3n de suficientes medios de trabajo, y que, sin embargo, no realizan obra personal ni escriben casi nunca. Sus disc\u00edpulos y admiradores esperan con ansia la obra grande, legitimadora del alto concepto que del maestro se formaron, pero la obra grande no se escribe y el maestro contin\u00faa callando.<\/p>\n<p>No nos enga\u00f1en el optimismo y el buen deseo. A despecho del m\u00e9rito excepcional y del celo y actividad desplegados en determinadas funciones docentes, dichos maestros son enfermos de la voluntad. No lo ser\u00e1n acaso a los ojos del fren\u00f3pata, su modorra y dejadez no justifican todav\u00eda el diagn\u00f3stico de abulia, pero sus disc\u00edpulos y amigos har\u00e1n bien en considerarlos como anormales y en proponerles, con el respeto y dulzura debidos a su alta mentalidad, tratamiento espiritual adecuado.<\/p>\n<p>Estos ilustres fracasados agr\u00fapanse en las principales clases siguientes: <em>dilettantes o contempladores<\/em>, <em>eruditos o bibli\u00f3filos<\/em>, <em>organ\u00f3filos<\/em>, <em>megal\u00f3filos<\/em>, <em>descentrados y teorizantes<\/em>.<\/p>\n<p>Contempladores.\u0097Variedad morbosa muy frecuente entre astr\u00f3nomos, naturalistas, qu\u00edmicos, bi\u00f3logos y f\u00edsicos, recon\u00f3cese en los s\u00edntomas siguientes: amor a la contemplaci\u00f3n de la Naturaleza, pero s\u00f3lo en sus manifestaciones est\u00e9ticas: los espect\u00e1culos sublimes, las bellas formas, los colores espl\u00e9ndidos y las estructuras elegantes. Si el <em lang=\"it\" xml:lang=\"it\">dilettante<\/em> es bot\u00e1nico, quedar\u00e1 para siempre anclado en la admiraci\u00f3n de las algas, singularmente en las <em>diatomeas<\/em>, cuyos elegantes carapachos cautivar\u00e1n su admiraci\u00f3n. En su culto fetichista pasar\u00e1 sus horas examinando y fotografiando de mil maneras tan interesantes seres, componiendo con ellos letreros, grecas, escudos y otros primores ornamentales, pero sin a\u00f1adir al copioso cat\u00e1logo de las especies conocidas una variedad nueva ni contribuir en lo m\u00e1s m\u00ednimo al conocimiento de la estructura, evoluci\u00f3n y funcionalismo de los citados microorganismos.<\/p>\n<p>Si el sibarita cient\u00edfico es hist\u00f3logo, se consagrar\u00e1 con amor al arte de prestar a las c\u00e9lulas y tejidos org\u00e1nicos vistosas coloraciones: dominar\u00e1 a maravilla la jeringuilla de inyecci\u00f3n, y en su ingenua admiraci\u00f3n de lo pintoresco pasar\u00e1 sus veladas dibujando las elegantes redecillas que el carm\u00edn y el azul de Prusia bordan en los capilares del intestino, m\u00fasculos y gl\u00e1ndulas. A gala tendr\u00e1 el dominar los m\u00e1s elegantes m\u00e9todos de tintorer\u00eda histol\u00f3gica, sin sentir jam\u00e1s la tentaci\u00f3n de aplicarlos a un tema nuevo o dilucidar una cuesti\u00f3n litigiosa.<\/p>\n<p>Si es ge\u00f3logo, permanecer\u00e1 arrobado examinando a la luz polarizada los espl\u00e9ndidos colores mostrados por las secciones de rocas; si bacteri\u00f3logo, se aficionar\u00e1 al coleccionamiento y cultivo de los microbios crom\u00f3genos y fosforescentes; si astr\u00f3nomo, consagrar\u00e1 sus ocios a fotografiar las monta\u00f1as de la Luna o las manchas del Sol&#8230;<\/p>\n<p>\u00bfA qu\u00e9 seguir? Todos nuestros lectores recordar\u00e1n tipos y variedades interesantes de esta especie, tan simp\u00e1tica por su entusiamo juvenil y verbo c\u00e1lido y cautivador como est\u00e9ril para el progreso efectivo de la Ciencia.<\/p>\n<p>Bibli\u00f3filos y pol\u00edglotas.\u0097Como el micr\u00f3grafo se recrea en la diatomea o el zo\u00f3logo en conchas, insectos y p\u00e1jaros de vistosa librea, el bibli\u00f3filo se deleita con la lectura del libro o monograf\u00eda nov\u00edsimos, de esas monograf\u00edas trascendentales, renovadoras, que s\u00f3lo recibe \u00e9l y de que nuestro erudito se sirve maravillosamente para asombrar a sus amigos.<\/p>\n<p>Los s\u00edntomas de esta dolencia son: tendencias enciclopedistas, dominio de muchos idiomas, algunos totalmente in\u00fatiles, abono exclusivo a revistas poco conocidas, acaparamiento de cuantos libros nov\u00edsimos aparecen en el escaparate de los libreros, lectura asidua de lo que importa saber, pero sobre todo de lo que a pocos interesa, pereza invencible para escribir y desv\u00edo del seminario y del laboratorio.<\/p>\n<p>Como es natural, nuestro erudito vive en y para su biblioteca, que es copiosa y monumental. All\u00ed recibe a sus contertulios, a quienes cautiva con una conversaci\u00f3n amena, brincadora, variad\u00edsima, iniciada de ordinario con estas o parecidas interrogaciones: \u00bfHa le\u00eddo usted el libro de Fulano? (Aqu\u00ed, un nombre yanqui, alem\u00e1n o escandinavo.) \u00bfConoce usted la sorprendente teor\u00eda de Zutano? Y sin o\u00edr la respuesta, el erudito desarrolla con calurosa elocuencia una doctrina las m\u00e1s veces estrafalaria y audaz, sin base objetiva suficiente y s\u00f3lo pasadera como tema de espiritual causerie.<\/p>\n<p>Estos indolentes de la ciencia que hablan de todo, malogrando y derrochando facultades exquisitas, ignoran una cosa muy sencilla y muy humana: que son censurados de sus mismos amigos y aduladores, a quienes inspiran m\u00e1s piedad que respeto. Y desconocen tambi\u00e9n, o al menos no sienten con la vehemencia debida, esta verdad trivial: que la erudici\u00f3n posee muy escaso valor cuando no representa la preparaci\u00f3n y el pr\u00f3dromo de la acci\u00f3n personal intensa y perseverante. Todo su af\u00e1n se cifra en pasar por monstruos de talento y de cultura, sin reparar que s\u00f3lo el esfuerzo vivificante puede librar al sabio del olvido y la injusticia.<\/p>\n<p>No hay, por fortuna, en este punto que insistir mucho para rectificar juicios sociales equivocados. Nadie ignora que vale quien sabe y act\u00faa, y no quien sabe y se duerme. Rendimos tributo de veneraci\u00f3n a quien a\u00f1ade una obra original a una biblioteca y se lo negamos a quien lleva una biblioteca en la cabeza. Para resultar fon\u00f3grafo, no val\u00eda la pena de haber complicado con el estudio y la reflexi\u00f3n la organizaci\u00f3n del cerebro. En cosas de m\u00e1s enjundia hay que emplear nuestras neuronas. Saber, pero transformar, conocer, pero obrar: tal es la norma del verdadero hombre de ciencia.<\/p>\n<p>Brindemos, pues, nuestro aplauso y gratitud a quienes dejaron estela de verdades luminosas y olvidemos a quienes se fatigaron est\u00e9rilmente, convertidos en gir\u00e1ndulas de sonoras palabras. Al modo del tenor, el erudito elocuente puede, sin duda, recibir en vida, en la c\u00e1lida intimidad de su tertulia, pl\u00e1cemes entusiastas, pero en vano esperar\u00e1 las aclamaciones del gran teatro del mundo. El p\u00fablico del sabio vive o no vive a\u00fan, lee y no oye; es tan austero y recto, que no reconoce m\u00e1s t\u00edtulos a la gratitud y al respeto que las verdades nuevas puestas en circulaci\u00f3n en el mercado cultural.<\/p>\n<p>Los megal\u00f3filos.\u0097Caracter\u00edzase esta variedad de malogrados por atributos nobles y simp\u00e1ticos. Estudian mucho, pero aman tambi\u00e9n el trabajo personal, poseen el culto de la acci\u00f3n y dominan los m\u00e9todos inquisitivos, rebosan de patriotismo sincero y ans\u00edan enaltecer su nombre y honrar al pa\u00eds con admirables conquistas.<\/p>\n<p>Y, sin embargo, un error funesto esteriliza sus afanes. Evolucionistas convencidos en teor\u00eda, resultan providencialistas en la pr\u00e1ctica. Como si confiaran en el milagro, desean estrenarse con haza\u00f1a prodigiosa. Recordando acaso que Hertz, Mayer, Schwann, Roentgen, Curie iniciaron su vida cient\u00edfica con un gran descubrimiento, aspiran a ascender, desde el primer combate, de soldados a generales, y se pasan la vida planeando y dibujando, construyendo y rectificando, siempre en febril actividad, siempre en plena revisi\u00f3n, incubando el gran engendro, la obra asombrosa y arrolladora. Y los a\u00f1os transcurren, y la expectaci\u00f3n se fatiga, y los \u00e9mulos murmuran, y los amigos estrujan la imaginaci\u00f3n para cohonestar el silencio del grande hombre. Y mientras tanto, sobre aquel tema tan detenidamente explorado, acariciado y lamido llueven en el extranjero importantes monograf\u00edas que arrebatan, \u00a1ya!, a nuestro ambicioso investigador el halago de la prioridad, y le obligan a cambiar de rumbo. Sin desanimarse, el megal\u00f3filo aborda otro tema, y cuando tiene casi construido el imponente monumento, nuevos \u00e9mulos, que se permiten fabricar ciencia al por menor, vuelven a amargarle la existencia. Y al fin llega a la vejez entre el silencio indulgente de los disc\u00edpulos y la ir\u00f3nica sonrisa de los sabios.<\/p>\n<p>\u00a1Y todo por no haberse plegado desde el principio, modesta y humildemente, a esta ley de Naturaleza, que es tambi\u00e9n t\u00e1ctica de buen sentido!: abordar primeramente los peque\u00f1os problemas para acometer despu\u00e9s, si el \u00e9xito sonr\u00ede y las fuerzas crecen, las magnas haza\u00f1as de la investigaci\u00f3n. Esta actitud prudente podr\u00e1 no conducir siempre a la gloria, pero en todo caso nos granjear\u00e1 la estima de los sabios y el respeto y consideraci\u00f3n de nuestros conciudadanos.<\/p>\n<p>A guisa de subvariedad de los <em>megal\u00f3filos<\/em> consideramos los <em>proyectistas<\/em>, que recuerdan a los antiguos arbitristas. Dist\u00ednguense f\u00e1cilmente por la ebullici\u00f3n y superabundancia de ideas y de planes de acci\u00f3n. Ante sus ojos optimistas, todo aparece de color de rosa. Por seguro tienen que, una vez secundadas, sus iniciativas abrir\u00e1n amplios horizontes a la ciencia y rendir\u00e1n frutos pr\u00e1cticos inestimables. S\u00f3lo hay que deplorar una peque\u00f1a contrariedad: ninguna empresa llega a plena saz\u00f3n. Todas se malogran, unas veces por escasez de medios, otras por ausencia de ambiente, las m\u00e1s por falta de disc\u00edpulos capaces de cooperar a la magna obra, o de corporaciones y gobiernos suficientemente cultos y avisados para alentarla y recompensarla.<\/p>\n<p>La realidad es que no trabajan bastante, f\u00e1ltales perseverancia. Como dec\u00eda agudamente Graci\u00e1n en su <em>Or\u00e1culo manual<\/em>: \u00abTodo se les va a algunos en comenzar y nada acaban, inventan, pero no prosiguen, todo <em>para<\/em> en <em>parar<\/em>&#8230; Mate el sagaz la caza, no se le vaya todo en levantarla.\u00bb<\/p>\n<p>Organ\u00f3filos.\u0097Variedad poco importante de infecundos, recon\u00f3cense en seguida por una especie de culto fetichista hacia los instrumentos de observaci\u00f3n. Fascinados por el brillo del metal como la alondra por el espejuelo, cuidan amorosamente de sus \u00eddolos, que guardan como en sagrario, relucientes como espejos y admirablemente representados. Reposo y disciplina conventual reinan en el laboratorio, donde no hay una mancha ni se oye el menor rumor.<\/p>\n<p>En los amplios bolsillos del organ\u00f3filo las llaves sonajean de continuo. Imposible que el ayudante o los alumnos consulten, en ausencia del profesor, la monograf\u00eda o el aparato imprescindible. Microscopios, espectroscopios, balanzas de precisi\u00f3n, reactivos, <abbr>etc.<\/abbr>, est\u00e1n guardados y lacrados con siete sellos. \u00a1No faltar\u00eda m\u00e1s que por una condescendencia punible del jefe el ayudante estropeara el objetivo de Zeiss, el refract\u00f3metro o el aparato de polarizaci\u00f3n! \u00a1Ello ser\u00eda horrible! Adem\u00e1s, \u00bfno es \u00e9l el \u00fanico responsable del material cient\u00edfico, arca santa de la Universidad, y no tendr\u00e1 en su d\u00eda que rendir estrecha cuenta a sus superiores? \u00bfInvestigar? \u00bfComprobar? \u00a1Ya lo har\u00e1 cuando tenga tiempo, y luego que lleguen ciertas nov\u00edsimas monograf\u00edas cuya consulta le es indispensable! \u00a1Ah! Si el Gobierno le aumentase la consignaci\u00f3n del material, quiz\u00e1 podr\u00eda desprenderse, en obsequio a la ense\u00f1anza, de parte del sagrado dep\u00f3sito&#8230; Pero \u00a1mientras tanto!&#8230;<\/p>\n<p>Estos maestros \u0097de que nuestros lectores recordar\u00e1n m\u00e1s de un ejemplar\u0097 erraron la vocaci\u00f3n<sup><a id=\"np17\" href=\"..\/notas-del-autor\/#np17n\">17<\/a><\/sup>. Creen ser buenos docentes y celosos funcionarios, y en realidad son excelentes amas de casa. \u00bfVerdad que recuerdan a esas excelentes se\u00f1oras las cuales adornan primorosamente la sala, ordenan escrupulosamente los muebles, barnizan diariamente el <em lang=\"fr\" xml:lang=\"fr\">parquet<\/em> y en evitaci\u00f3n de manchas y desarreglos reciben a sus relaciones en el comedor?<\/p>\n<p>Claro es que de los organ\u00f3filos empedernidos no puede sacarse partido. Padecen morbo casi incurable, sobre todo si va asociado, seg\u00fan ocurre con frecuencia, a cierto estado moral poco confesable: a la preocupaci\u00f3n ego\u00edsta y antip\u00e1tica de impedir que otros trabajen, ya que ellos no saben o no quieren trabajar.<\/p>\n<p>Los descentrados.\u0097Si el profesorado no fuera a menudo entre nosotros mero escabel de la pol\u00edtica o decoroso reclamo de la clientela profesional, si a nuestros candidatos a la c\u00e1tedra se les exigieran, en concursos y oposiciones, pruebas objetivas de aptitud y vocaci\u00f3n, en vez de pruebas puramente subjetivas y en cierto modo prof\u00e9ticas, abundar\u00edan menos esos casos de actividad oficial entre la funci\u00f3n retribuida y la actividad libre.<\/p>\n<p>\u00abUna de las causas de la prosperidad de Inglaterra \u0097me dec\u00eda un profesor de Cambridge\u0097 consiste en que entre nosotros cada cual ocupa su puesto.\u00bb Lo contrario de lo que, salvando honrosas excepciones, acontece en Espa\u00f1a, en donde muchos parecen ocupar un puesto no para desempe\u00f1arlo, sino para cobrarlo y tener de paso el gusto de excluir a los aptos.<\/p>\n<p>\u00bfQui\u00e9n no recuerda generales nacidos para pac\u00edficos bur\u00f3cratas o jueces de paz, profesores de medicina cultivando la literatura o la arqueolog\u00eda, ingenieros escribiendo melodramas, pat\u00f3logos dedicados a la moral y metaf\u00edsicos votados a la pol\u00edtica? De donde resulta que, en lugar de consagrar a la actividad oficial todas las fuerzas de nuestro esp\u00edritu, le rendimos solamente m\u00ednima parte de ellas, y eso de mala gana y como cumpliendo penosa obligaci\u00f3n.<\/p>\n<p>No pretendemos, empero, que la vida del profesor, y en general del hombre de ciencia, sea tan austera y rigorista que haya de consumirse por entero en la tarea profesional. Desear\u00edamos solamente que a ocupaciones amenas o de mero pasatiempo dedicara el sobrante de su actividad, esos sanos coqueteos de la atenci\u00f3n enervada por la intensidad y monoton\u00eda de la diaria labor.<\/p>\n<p>M\u00e1s que anormales \u0097pensar\u00e1 alguno\u0097, los <em>descentrados<\/em> son infortunados a quienes circunstancias adversas impusieron oficio contrario a sus inclinaciones. Sin embargo, bien consideradas las cosas, dichos fracasados entran tambi\u00e9n en la categor\u00eda de ab\u00falicos, porque carecen de la energ\u00eda necesaria para cambiar de camino, armonizando al fin la vocaci\u00f3n con el empleo.<\/p>\n<p>Los descentrados cr\u00f3nicos par\u00e9cennos enfermos desahuciados. No as\u00ed los j\u00f3venes, a quienes sugestiones de familia o iron\u00eda del medio moral desviaron de su destino, oblig\u00e1ndoles a trabajo de forzados. Flexibles todav\u00eda las coyunturas mentales, har\u00e1n bien en cambiar de direcci\u00f3n en cuanto soplen vientos favorables. Aun aquellos que, amarrados a una ciencia extra\u00f1a a sus aficiones, viven como desterrados de su patria ideal, podr\u00edan redimirse y trabajar con provecho si, levantando el \u00e1nimo al cumplimiento de sagrados deberes, procuraran buscar dentro de sus tareas oficiales alg\u00fan dominio agradable donde laborar hondo y bien. \u00bfQu\u00e9 ciencia carece de alg\u00fan oasis deleitoso donde nuestra inteligencia encuentre \u00fatil empleo y plena satisfacci\u00f3n?<\/p>\n<p>Los teorizantes.\u0097Hay cabezas cult\u00edsimas y superiormente dotadas cuya voluntad padece una forma especial de pereza tanto m\u00e1s grave cuanto que ni a ellos se lo parece ni por tal suele reputarse. He aqu\u00ed sus s\u00edntomas culminantes: talento de exposici\u00f3n, imaginaci\u00f3n creadora e inquieta, desv\u00edo del laboratorio y antipat\u00eda invencible hacia la ciencia concreta y los hechos menudos. Pretenden ver en grande y viven en las nubes. Prefieren el libro a la monograf\u00eda y las hip\u00f3tesis brillantes y audaces a las concepciones cl\u00e1sicas, pero s\u00f3lidas. En presencia de un problema dif\u00edcil sienten irresistible tentaci\u00f3n no de interrogar a la Naturaleza, sino de formular una teor\u00eda. Como acierten a percibir tenue y artificiosa analog\u00eda entre dos fen\u00f3menos, o logren encajar el hecho nuevo en el marco de una concepci\u00f3n general verdadera o falsa, danse por satisfechos y se creen excelsos reformadores. El m\u00e9todo es leg\u00edtimo en principio, pero abusan de \u00e9l, cayendo en la inocencia de considerar las cosas bajo un solo aspecto. Para ellos lo esencial es la est\u00e9tica de la concepci\u00f3n. Poco importa que se funde en el aire con tal de que sea bella e ingeniosa, ponderada y sim\u00e9trica.<\/p>\n<p>Como es natural, las decepciones persiguen al teorizante. El medio cient\u00edfico actual es tan poco propicio a las teor\u00edas, que aun los que llevan el sello del genio necesitan para imponerse lustros de lucha y de incesante labor experimental. \u00a1Han ca\u00eddo tantas doctrinas que parec\u00edan inconmovibles!<\/p>\n<p>En el fondo, el teorizante es un perezoso disfrazado de diligente. Sin percatarse de ello, obedece a la ley del m\u00ednimo esfuerzo. Porque es m\u00e1s f\u00e1cil forjar una teor\u00eda que descubrir un fen\u00f3meno.<\/p>\n<p>Liebig, buen juez en estas materias, escrib\u00eda paternalmente al joven Gebhard, qu\u00edmico de grandes alientos, pero harto inclinado a las s\u00edntesis ambiciosas: \u00abNo hagas hip\u00f3tesis. Ellas te acarrear\u00e1n la enemiga de los sabios. Preoc\u00fapate de aportar hechos nuevos. Los hechos son los \u00fanicos m\u00e9ritos no regateados por nadie, hablan alto en nuestro favor, pueden ser comprobados por todos los hombres inteligentes, nos crean amigos e imponen la atenci\u00f3n y el respeto de los adversarios.\u00bb<\/p>\n<p>Y Liebig ten\u00eda much\u00edsima raz\u00f3n. Las teor\u00edas son, en efecto, peligros\u00edsimas para el porvenir de un principiante. Adoctrinar envuelve cierta arrogancia pedante, algo como alarde de superioridad intelectual, que s\u00f3lo se perdona al sabio ilustrado por larga serie de descubrimientos positivos. Adquiramos primero personalidad, seamos obreros \u00fatiles, m\u00e1s adelante veremos si se nos consiente ser arquitectos.<\/p>\n<p>Acaso el lector, recordando lo que dejamos en otro lugar expuesto acerca de la necesidad de las hip\u00f3tesis, se pregunte si no cometemos inconsecuencias. Hay que distinguir entre las hip\u00f3tesis de trabajo (<em lang=\"de\" xml:lang=\"de\">Arbeitenhypothesen<\/em> de Weismann) y las teor\u00edas cient\u00edficas. La hip\u00f3tesis constituye interrogaci\u00f3n interpretativa de la Naturaleza. Forma parte de la investigaci\u00f3n misma, como que representa su fase inicial, su antecedente casi necesario. Pero especular de continuo, es decir, teorizar por teorizar sin acudir al an\u00e1lisis de los fen\u00f3menos es perderse en idealismos sin consistencia, es volver la espalda a la realidad.<\/p>\n<p>Insistamos una vez m\u00e1s en esta conclusi\u00f3n evidente: el haber positivo de un sabio h\u00e1llase formado por el conjunto de los hechos originales que aporta. Las hip\u00f3tesis pasan, pero los hechos quedan. Las teor\u00edas nos abandonan, los hechos nos defienden. Ellos son nuestro capital efectivo, nuestros bienes ra\u00edces y nuestra mejor ejecutoria, y en la eterna mudanza de las cosas ellos s\u00f3lo se salvar\u00e1n de los ultrajes del tiempo y del olvido o de la injusticia de los hombres. Fiarlo todo al \u00e9xito de una concepci\u00f3n vale tanto como ignorar que cada quince o veinte a\u00f1os se renuevan las teor\u00edas \u00a1Qu\u00e9 de hip\u00f3tesis, al parecer definitivas, no han ca\u00eddo ruidosamente en f\u00edsica, en qu\u00edmica, en geolog\u00eda, en biolog\u00eda, <abbr>etc.<\/abbr>, durante los \u00faltimos lustros! En cambio, ah\u00ed est\u00e1n inmutables y desafiando a la cr\u00edtica los hechos bien observados de la anatom\u00eda y fisiolog\u00eda, de la qu\u00edmica y de la geolog\u00eda, las leyes y ecuaciones de la astronom\u00eda y de la f\u00edsica. \u00abDadme un hecho \u0097dec\u00eda Carlyle\u0097 y yo me postrar\u00e9 ante \u00e9l.\u00bb<\/p>\n<p>En suma: el principiante consagrar\u00e1 su m\u00e1xima actividad a descubrir hechos nuevos, haciendo observaciones precisas. De las hip\u00f3tesis se servir\u00e1 a t\u00edtulo de sugeridoras de planes de investigaci\u00f3n y promotoras de nuevos temas de trabajo. Si, a pesar de todo, se siente compelido a crear vastas generalizaciones cient\u00edficas, h\u00e1galo m\u00e1s adelante, cuando el caudal de observaciones originales allegadas le haya granjeado s\u00f3lida autoridad. Entonces, y s\u00f3lo entonces ser\u00e1 o\u00eddo con respeto y discutido sin desd\u00e9n. Y si la fortuna le acompa\u00f1a, ce\u00f1ir\u00e1 al fin la doble corona de investigador y de fil\u00f3sofo.<\/p>\n<p>Hemos descrito los principales tipos de fracasados, haciendo resaltar, quiz\u00e1s con tintas algo subidas, sus flaquezas \u00e9ticas y sus lacerias intelectuales. Nuestro prop\u00f3sito ha sido ponerles delante el espejo donde tanto ellos como sus disc\u00edpulos y admiradores contemplen su deformidad. No confiamos, empero, en la eficacia de nuestro diagn\u00f3stico para correcci\u00f3n de los maduros y osificados. A los j\u00f3venes que, en su candor, envidian prestigios m\u00e1s que discutibles, se dirigen nuestros consejos. Y se enderezan, sobre todo, a esos profesores cultos y capaces de trabajar con fruto, pero que, influidos por el mal ejemplo y faltos de disciplina interior, comienzan a sentir con el desmayo del trabajo personal el deseo malsano y antipatri\u00f3tico de imitar a nuestros engre\u00eddos infecundos.<\/p>\n<p>Si, a pesar de todos los consejos, la reacci\u00f3n mental se retarda, hagan examen de conciencia y vean si no est\u00e1n en el caso de sufrir una cura espiritual en el extranjero. El laboratorio del sabio es un sanatorio incomparable para los extrav\u00edos de la atenci\u00f3n y los desmayos de la voluntad. En \u00e9l se desvanecen viejos prejuicios y se contraen sublimes contagios. All\u00ed, al lado de un sabio laborioso y genial, recibir\u00e1 nuestro ab\u00falico el bautismo de sangre de la investigaci\u00f3n, all\u00ed contemplar\u00e1, con noble envidia, ardorosa emulaci\u00f3n por arrancar secretos a lo desconocido, all\u00ed respirar\u00e1 el desd\u00e9n sistem\u00e1tico hacia las vanas teor\u00edas y los discursos ret\u00f3ricos, all\u00ed, en fin \u0097en extra\u00f1as tierras\u0097, sentir\u00e1 renacer el santo patriotismo. Y cuando lanzado en el camino del trabajo personal, cuente en su haber algunos estimables descubrimientos, de regreso al pa\u00eds natal aprender\u00e1 a escatimar sus admiraciones y mirar\u00e1 con desd\u00e9n, casi con l\u00e1stima, a sus antiguos \u00eddolos.<\/p>\n","protected":false},"author":1,"menu_order":6,"template":"","meta":{"pb_show_title":"on","pb_short_title":"","pb_subtitle":"","pb_authors":[],"pb_section_license":""},"chapter-type":[],"contributor":[],"license":[],"class_list":["post-28","chapter","type-chapter","status-publish","hentry"],"part":22,"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.publiconsulting.com\/wordpress\/reglasyconsejos\/wp-json\/pressbooks\/v2\/chapters\/28","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.publiconsulting.com\/wordpress\/reglasyconsejos\/wp-json\/pressbooks\/v2\/chapters"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.publiconsulting.com\/wordpress\/reglasyconsejos\/wp-json\/wp\/v2\/types\/chapter"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.publiconsulting.com\/wordpress\/reglasyconsejos\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.publiconsulting.com\/wordpress\/reglasyconsejos\/wp-json\/pressbooks\/v2\/chapters\/28\/revisions"}],"part":[{"href":"https:\/\/www.publiconsulting.com\/wordpress\/reglasyconsejos\/wp-json\/pressbooks\/v2\/parts\/22"}],"metadata":[{"href":"https:\/\/www.publiconsulting.com\/wordpress\/reglasyconsejos\/wp-json\/pressbooks\/v2\/chapters\/28\/metadata\/"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.publiconsulting.com\/wordpress\/reglasyconsejos\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=28"}],"wp:term":[{"taxonomy":"chapter-type","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.publiconsulting.com\/wordpress\/reglasyconsejos\/wp-json\/pressbooks\/v2\/chapter-type?post=28"},{"taxonomy":"contributor","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.publiconsulting.com\/wordpress\/reglasyconsejos\/wp-json\/wp\/v2\/contributor?post=28"},{"taxonomy":"license","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.publiconsulting.com\/wordpress\/reglasyconsejos\/wp-json\/wp\/v2\/license?post=28"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}