{"id":29,"date":"2019-12-09T15:25:40","date_gmt":"2019-12-09T15:25:40","guid":{"rendered":"https:\/\/www.publiconsulting.com\/wordpress\/reglasyconsejos\/chapter\/capitulo-vi-condiciones-sociales-favorables-a-la-obra-cientifica\/"},"modified":"2019-12-09T15:25:40","modified_gmt":"2019-12-09T15:25:40","slug":"capitulo-vi-condiciones-sociales-favorables-a-la-obra-cientifica","status":"publish","type":"chapter","link":"https:\/\/www.publiconsulting.com\/wordpress\/reglasyconsejos\/chapter\/capitulo-vi-condiciones-sociales-favorables-a-la-obra-cientifica\/","title":{"rendered":"Cap\u00edtulo VI. Condiciones sociales favorables a la obra cient\u00edfica"},"content":{"raw":"\nLa producci\u00f3n del hombre de ciencia, como toda actividad del esp\u00edritu, h\u00e1llase rigurosamente condicionada por el medio f\u00edsico y moral. Con raz\u00f3n se ha dicho que el sabio es planta delicada susceptible de prosperar solamente en un terreno especial formado por el aluvi\u00f3n de secular cultura y labrado por la solicitud y estimaci\u00f3n sociales. En ambiente favorable, hasta el apocado siente crecer sus fuerzas; un medio hostil o indiferente abate el \u00e1nimo mejor templado. \u00bfC\u00f3mo proseguir cuando a nadie interesa nuestra obra? S\u00f3lo un car\u00e1cter f\u00e9rreo y heroico ser\u00eda capaz de sobreponerse a un medio adverso, y esperar, resignado y oscuro, la aprobaci\u00f3n de la posteridad. Pero la sociedad no debe contar con los h\u00e9roes, por si no tienen a comodidad aparecer. Ateng\u00e1monos, sobre todo, a los caracteres medios y a los talentos regulares, como vengan asistido de noble patriotismo y de hidalga ambici\u00f3n. A la formaci\u00f3n y cultivo de estos patriotas del laboratorio deben contribuir gobiernos e instituciones docentes, cre\u00e1ndoles un ambiente social propicio y libr\u00e1ndoles, en lo posible, de las preocupaciones de la vida material.\n\nSin duda que, durante alg\u00fan tiempo todav\u00eda, y en virtud de causas cuyo examen dejamos para otro lugar, la investigaci\u00f3n cient\u00edfica en Espa\u00f1a ser\u00e1 obra de abnegaci\u00f3n y de sacrificio. Con todo eso, fuerza es declarar que se han exagerado mucho las resistencias morales y materiales opuestas al trabajo cient\u00edfico. Nuestros Jerem\u00edas de la Universidad deploran, a veces con raz\u00f3n, la falta de medios, pero m\u00e1s a menudo se quejan un poco teatralmente, adoptando posturas ret\u00f3ricas de abandono y hasta de persecuci\u00f3n.\n\nTengamos la sinceridad de confesarlo: en la mayor\u00eda de los casos, frases desalentadoras como las siguientes: \u00abCarezco de laboratorio, ejerzo una profesi\u00f3n incompatible con el vagar indispensable a la labor cient\u00edfica, las obligaciones de familia me roban el tiempo y dinero exigidos por el trabajo de investigaci\u00f3n\u00bb, <abbr>etc.<\/abbr>, representan alegatos del <em lang=\"it\" xml:lang=\"it\">dolce far niente<\/em> o disculpas de un patriotismo desmayado.\n\nF\u00e1cil ser\u00e1 reducir a su cabal valor tales lamentaciones e insistir de pasada en esta verdad capital: <em>para la obra cient\u00edfica los medios son casi nada y el hombre lo es casi todo<\/em>.\n\nDeficiencias de medios materiales.\u0097He aqu\u00ed la c\u00f3moda excusa que muchos profesores y no pocos doctores ajenos a la ense\u00f1anza, aunque aptos para la investigaci\u00f3n, ponen por delante en cuanto se les interroga por sus trabajos. Si el quejumbroso es <em>fil\u00f3sofo<\/em>, <em>jurista<\/em>, <em>fil\u00f3logo<\/em>, <abbr>etc.<\/abbr>, alegar\u00e1 la falta de lectores y, sobre todo, la ausencia de biblioteca de revistas especiales; si <em>bacteri\u00f3logo<\/em>, <em>hist\u00f3logo<\/em> o <em>naturalista<\/em>, echar\u00e1 de menos un buen microscopio, reactivos, local adecuado, <abbr>etc.<\/abbr>; si <em>f\u00edsico<\/em>, <em>qu\u00edmico<\/em> o <em>ingeniero<\/em>, repetir\u00e1 la misma cantilena, deplorando la mezquindad del instrumental y la dotaci\u00f3n del laboratorio; si astr\u00f3nomo, se tender\u00e1 en el surco hasta que el Gobierno le proporcione magn\u00edficos telescopios, <abbr>etc.<\/abbr>Todos, en fin, coincidir\u00e1n en que nuestros pol\u00edticos, procedentes en su inmensa mayor\u00eda del gremio de juristas y literatos, desde\u00f1an la ciencia experimental y la ense\u00f1anza objetiva. E incurriendo en un t\u00f3pico vulgar, no vacilar\u00e1n en suponerlos principales responsables de nuestro atraso<sup><a id=\"np18\" href=\"..\/notas-del-autor\/#np18n\">18<\/a><\/sup>.\n\nPueril fuera desconocer que hemos padecido, a menudo, ministros del viejo tipo ret\u00f3rico, sin orientaci\u00f3n europea, y funestos, por tanto, al resurgimiento intelectual de nuestro pa\u00eds. Mas tales pol\u00edticos orientados hacia el pasado, devotos de la tradici\u00f3n y recelosos de la moderna cultura, han desaparecido casi por completo.\n\nNuestros estadistas de hoy adolecen, sin duda, de algunos defectos (uno de ellos es ignorar o no sentir con suficiente energ\u00eda que la grandeza y poder\u00edo de las naciones es obra de la ciencia, y que la justicia, el orden y las buenas leyes constituyen factores de prosperidad positivos, aunque secundarios), pero en todo caso no incurrir\u00e1n en el error antipatri\u00f3tico de negar protecci\u00f3n y subsidios a las eminencias de la c\u00e1tedra y a las capacidades cient\u00edficas indiscutibles. En su ingenuo optimismo han hecho m\u00e1s, y es doloroso consignarlo: han creado espl\u00e9ndidos laboratorios a beneficio de varones cuya aptitud y patriotismo parecen harto dudosos. Y si para los h\u00e1biles de la intriga y del favor se crean sinecuras y se acumulan espl\u00e9ndidos medios materiales, \u00bfc\u00f3mo les ser\u00e1n \u00e9stos negados a maestros esclarecidos, ilustrados por notorios descubrimientos o por trabajos cient\u00edficos de positiva val\u00eda?\n\nTiene el pol\u00edtico sus debilidades, pero tiene tambi\u00e9n sus noblezas. Y por encima de todo cultiva la habilidad y la travesura. Precisamente, esos mismos ministros, cuya voluntad flaquea ante los requerimientos de la amistad o de la clientela pol\u00edtica, suelen ser los m\u00e1s sol\u00edcitos en galardonar el m\u00e9rito positivo.\n\nClaro es que las susodichas facilidades de trabajo se dispensan de preferencia a profesores aventajados y de indiscutible autoridad. Con mayores obst\u00e1culos tropezar\u00e1n los aficionados ansiosos de renombre. Har\u00e1n mal, empero, en desanimarse. Para seguir adelante y fomentar la noble vocaci\u00f3n tendr\u00e1n que escoger entre el sacrificio o la subordinaci\u00f3n, es decir, entre el laboratorio propio y el laboratorio oficial.\n\nEn ausencia total de recursos materiales, todo principiante deber\u00e1 recurrir al laboratorio oficial. Y conseguir\u00e1, si se lo propone, figurar entre los \u00edntimos del maestro. Como su fuerza de trabajo y de preparaci\u00f3n cient\u00edfica sean suficientes, \u00bfqu\u00e9 profesor le negar\u00e1 una mesa de labor y paternales consejos?\n\nY, sin embargo, nosotros ver\u00edamos con m\u00e1s gusto al principiante (a poco que se lo consintieran sus recursos pecuniarios) iniciar su aprendizaje en laboratorio propio, organizado y sostenido con sus modestas econom\u00edas. Sin duda que el establecimiento oficial nos ofrece, con el maestro, gu\u00eda valioso y, en muchos casos, irreemplazable. Pero la labor en com\u00fan adolece de muchos inconvenientes. La brevedad de las horas de trabajo, la conversaci\u00f3n y bullicio continuos, el ir y venir de alumnos y ayudantes, la lucha por la posesi\u00f3n de los instrumentos anal\u00edticos, y otras molestias anejas a los laboratorios universitarios, adem\u00e1s de implicar p\u00e9rdida de tiempo, producen una despolarizaci\u00f3n de la atenci\u00f3n, nada favorable a la pesquisa cient\u00edfica.\n\nEn condiciones tales, y m\u00e1s si el gu\u00eda deja algo que desear, vale m\u00e1s trabajar a solas. Sean nuestros maestros los libros: mentores sabios, serenos, sin eclipses ni mal humor. Con ellos daremos cima al empe\u00f1o soberano, que consiste, antes de descubrir, en descubrirnos, antes de modelar la Naturaleza, en modelarnos. Forjarnos un cerebro fuerte, un cerebro original, exclusivamente nuestro: he ah\u00ed la labor preliminar absolutamente inexcusable. Y luego, llegada la madurez t\u00e9cnica, \u00a1qu\u00e9 holguras y facilidades para la indagaci\u00f3n personal! Ibsen pone en boca de un personaje este consejo dirigido a un amigo: \u00abS\u00e9 t\u00fa mismo.\u00bb Nada mejor para lograrlo que laborar a solas.\n\n\u00a1Oh soledad confortadora, cu\u00e1n propicia eres a la originalidad del pensamiento! \u00a1Cu\u00e1n dulces y fecundas las invernales veladas pasadas en el <em>hogar-laboratorio<\/em>, durante las cuales los centros docentes rechazan a sus devotos! Ellas nos libran de fatales improvisaciones, doman nuestra impaciencia y refinan la capacidad de observaci\u00f3n. \u00a1Con qu\u00e9 cari\u00f1o cuidamos de los instrumentos propios, cada uno de los cuales representa una vanidad negada o un vicio insatisfecho! \u00a1En nuestro amor hacia ellos, apreciamos sus excelencias, notamos sus defectos, esquivamos sus lazos, penetramos, en fin, en su alma amiga, que responde siempre, sumisa y simp\u00e1ticamente, a los requerimientos de la nuestra!\n\nPero un laboratorio de investigaci\u00f3n \u0097reparar\u00e1 el lector\u0097debe ser cosa dispendiosa. Error lamentable. Procurarse las herramientas necesarias cuesta muy poco. Mis\u00e9rrimos habr\u00e1n de ser los profesores, naturalistas, m\u00e9dicos, farmac\u00e9uticos, <abbr>etc.<\/abbr>, para quienes sea empresa inaccesible costear y sostener un centro privado de estudios experimentales.\n\nPerm\u00edtasenos la inmodestia de citarnos a este prop\u00f3sito. Con las exiguas econom\u00edas del haber de un catedr\u00e1tico de provincias, y sin m\u00e1s ingresos extraordinarios que algunas lecciones particulares, hubimos nosotros de crear y mantener, durante quince a\u00f1os, un laboratorio microgr\u00e1fico y suficiente biblioteca de revistas. Nuestro primer microscopio \u0097un Verick estimable\u0097 fue adquirido a plazos. Y el caso no es excepcional. Lo corriente es inaugurar la propia obra con penuria de medios, pero con medios propios, que precisamente por serlo resultan singularmente educadores y fecundos. Notorio es que la mayor\u00eda de los descubrimientos fisiol\u00f3gicos, histol\u00f3gicos y bacteriol\u00f3gicos, <abbr>etc.<\/abbr>, fueron obra de j\u00f3venes entusiastas, sin nombre y sin fortuna, que trabajaron en buhardillas o graneros. El laboratorio oficial, c\u00f3modo y suntuoso, lleg\u00f3 m\u00e1s adelante, como galard\u00f3n del \u00e9xito cient\u00edfico.\n\nA decenas podr\u00edan citarse ejemplos cl\u00e1sicos de modestos comienzos. Faraday, aprendiz de encuadernador, llevado de su entusiasmo cient\u00edfico, asent\u00f3 de mozo o de mec\u00e1nico en el laboratorio de Davy, alejado del cual, y sin haber seguido carrera alguna, mont\u00f3 un centro de investigaciones, del que brotaron admirables conquistas, renovadoras de la ciencia de la electricidad. El gran Berzelius inici\u00f3 sus descubrimientos qu\u00edmicos en el obrador de su botica. Buena parte de los astr\u00f3nomos de genio exploraron el cielo desde la azotea de sus casas, armados de medianos anteojos. Sirva de ejemplo Goldschmidt, quien desde la ventana de su habitaci\u00f3n, y ayudado de modest\u00edsimo refractor (105 mil.), descubri\u00f3, a fuerza de paciencia, muchos peque\u00f1os planetas.\n\nEn suma: m\u00e1s que escasez de medios, hay miseria de voluntad. El entusiasmo y la perseverancia hacen milagros. Lo excepcional es que, en lujosos y bien provistos laboratorios sostenidos por el Estado, un novel investigador logre estrenarse con memorable haza\u00f1a cient\u00edfica. Desde el punto de vista del \u00e9xito, lo costoso, lo que pide tiempo, br\u00edo y paciencia, no son los instrumentos, sino, seg\u00fan dejamos apuntado, desarrollar y madurar una aptitud. A lo m\u00e1s, la mezquindad econ\u00f3mica nos condenar\u00e1 a limitar nuestras iniciativas, a achicar el marco de la indagaci\u00f3n. Pero \u00bfno es esto otra ventaja?\n\nDesde este aspecto, cabe distinguir dos ciencias: una dispendiosa, aristocr\u00e1tica, cuyo culto exige templos suntuosos y ricas ofrendas, y otra barata, casera, democr\u00e1tica, accesible a los m\u00e1s humildes peculios. Y esta Minerva de los humildes mu\u00e9strase singularmente propicia: en su bondad acoge mejor las flores de la meditaci\u00f3n intensa que aparatosas y regias hecatombes. Hay, adem\u00e1s, un noble orgullo en triunfar con pobres medios: el orgullo de la elegancia y de la sobriedad. Por otra parte, nada realza mejor la en\u00e9rgica personalidad del investigador, distingui\u00e9ndole de la caterva de trabajadores autom\u00e1ticos, que aquellos descubrimientos donde la voluntad y la l\u00f3gica dominan el mecanismo, y para los cuales el cerebro es casi todo y los medios materiales casi nada.\n\nCon el prop\u00f3sito de ser \u00fatil a nuestros lectores y desterrar preocupaciones econ\u00f3micas, vamos a descender un momento al terreno de las cifras, puntualizando alg\u00fan presupuesto de laboratorios baratos.\n\nEl aficionado a la <em>bot\u00e1nica<\/em>, <em>anatom\u00eda comparada<\/em>, <em>histolog\u00eda<\/em>, <em>embriolog\u00eda<\/em>, <abbr>etc.<\/abbr>, necesita, por junto, como instrumental: un <em>microscopio Zeiss<\/em> mediano modelo, con <em>concentrador luminoso Abbe<\/em>, un <em>objetivo de inmersi\u00f3n homog\u00e9nea<\/em>, dos a seco y una pareja de <em>oculares<\/em>(400 a 500 pesetas); peque\u00f1o <em>microtomo<\/em> de Reichert o de Schanze (150), y algunos <em>reactivos<\/em> y <em>materias colorantes<\/em> (de 30 a 50 pesetas). En suma, un presupuesto total de 1000 a 2000 pesetas<sup><a id=\"np19\" href=\"..\/notas-del-autor\/#np19n\">19<\/a><\/sup>.\n\nEl <em>bacteri\u00f3logo<\/em> y <em>anatomopat\u00f3logo<\/em> han menester material algo m\u00e1s variado y dispendioso, aunque todav\u00eda abordable para el m\u00e9dico o naturalista noveles: <em>microscopio<\/em> igual al anterior, dos <em>estufas<\/em>, una de temperatura constante y otra de esterilizaci\u00f3n, <em>tubos de ensayo<\/em>, <em>matraces<\/em>, <em>jaulas para animales<\/em>, <abbr>etc.<\/abbr>Total: de 1800 a 2000 pesetas.\n\nEl <em>fisi\u00f3logo<\/em> podr\u00e1 inaugurar sus estudios con una <em>caja de vivisecciones<\/em>, <em>aparato de contenci\u00f3n<\/em>, de animales, <em>cilindro<\/em> registrador de Marey, <em>carrete de inducci\u00f3n<\/em>, <em>pilas el\u00e9ctricas<\/em>, <abbr>etc.<\/abbr>Todo ello costar\u00e1 alrededor de 1.000 pesetas.\n\nCon menos instrumental todav\u00eda satisfar\u00e1n sus gustos el <em>zo\u00f3logo<\/em>, el <em>ge\u00f3logo<\/em>, y, sobre todo, el aficionado a la <em>psicolog\u00eda comparada y experimental<\/em>. Nada m\u00e1s econ\u00f3mico ni m\u00e1s cautivador para un esp\u00edritu medianamente filos\u00f3fico que el estudio de los instintos, del modo de reacci\u00f3n de los animales en presencia de los excitantes, de las leyes del h\u00e1bito y de la memoria, del efecto perturbador causado por la alteraci\u00f3n del medio f\u00edsico (variaci\u00f3n, herencia, mutaci\u00f3n <em lang=\"la\" xml:lang=\"la\">per saltum<\/em>, <abbr>etc.<\/abbr>): la materia, en fin, de las observaciones y experimentos cl\u00e1sicos de los Fabre, Reamur, Huber, Lubbok, Forel, Perrier, Bohn, <abbr>etc.<\/abbr>\n\nCiertamente, mayores sacrificios impone el cultivo de la <em>f\u00edsica<\/em> y de la <em>qu\u00edmica<\/em>. Requi\u00e9rense a menudo el laboratorio oficial, bien provisto de costosos aparatos de medida o an\u00e1lisis y de potentes generadores de energ\u00eda motriz. Y, sin embargo, si nuestro f\u00edsico en cierne sabe encerrarse en los l\u00edmites de un tema especial, perteneciente a los grandes cap\u00edtulos de la electricidad, luz, radiactividad, magnetismo, <abbr>etc.<\/abbr>, podr\u00e1 con ayuda de pocos instrumentos, trabajar tambi\u00e9n eficazmente a domicilio e ilustrarse con indagaciones estimables.\n\nLa norma de confinarse en uno o en otro n\u00famero de temas posee valor absoluto. Quien ambicione explotar el dominio total de una ciencia (si ello fuera posible hoy) necesitar\u00eda, adem\u00e1s de un amplio local, disponer de un arsenal de instrumentos variad\u00edsimos, y, por consiguiente, enormemente dispendioso. He aqu\u00ed un inconveniente m\u00e1s de la man\u00eda enciclop\u00e9dica, contra la cual hemos protestado en cap\u00edtulos anteriores.\n\nCompatibilidad entre el ejercicio profesional y la labor investigadora.\u0097<em>Poco<\/em> hay que esforzarse en demostrar que, lejos de excluirse ambas tareas, se completan e iluminan mutuamente. Para el amante de la observaci\u00f3n, la pr\u00e1ctica profesional constituye el mejor aliado del laboratorio. Aqu\u00e9lla proporciona la materia inquisitiva, a cambio de la cual \u00e9ste presta al ejercicio profesional normas te\u00f3ricas y soluciones pr\u00e1cticas.\n\nSupongamos que el hombre de carrera sea m\u00e9dico con regular clientela. Sin vacilar declaramos que no ejercer\u00eda a conciencia su misi\u00f3n sin el concurso del laboratorio privado u oficial, donde personalmente se ocupe en dilucidar, con el microscopio y la t\u00e9cnica qu\u00edmica, los arduos problemas de la cl\u00ednica. Ni valga alegar que falta tiempo para ello y que a la realizaci\u00f3n de tales trabajos responden los laboratorios microgr\u00e1ficos y qu\u00edmicos dirigidos por especialistas (an\u00e1lisis pericial de sangre, orinas, tumores, microbios, <abbr>etc.<\/abbr>). Sin duda que estos laboratorios rinden servicios \u00fatiles, pero su eficacia m\u00e1xima se obtiene solamente cuando concurren, en quien los dirige, la doble cualidad de t\u00e9cnico y de cl\u00ednico.\n\nLejos estamos de condenar las excelencias de la divisi\u00f3n del trabajo. Pero convengamos en que la excesiva fragmentaci\u00f3n de la labor cient\u00edfica entra\u00f1a algunos inconvenientes. Uno de los cuales consiste en separar lo inseparable, es decir, en localizar en cabezas diferentes los t\u00e9rminos de un mismo razonamiento. Alejados, el dato experimental y el juicio m\u00e9dico apenas se prestan ayuda, asociados en el mismo intelecto, se iluminan y fecundan mutuamente.\n\nY viniendo a nuestro asunto, ocurre preguntar ahora: si el m\u00e9dico, entregado a la dilucidaci\u00f3n de los problemas pr\u00e1cticos, adquiere, como no puede menos de suceder, pericia experimental y dominio de los m\u00e9todos anal\u00edticos, \u00bfqu\u00e9 le costar\u00eda avanzar un paso m\u00e1s y consagrarse, sin abandonar su profesi\u00f3n, a la indagaci\u00f3n cient\u00edfica original? Que ello es posible, y aun hacedero y llano, pru\u00e9base con la conducta de muchos m\u00e9dicos pr\u00e1cticos del extranjero, quienes, inspirados en nobles ideales, supieron, entre las inquietudes y apremios del ejercicio profesional, organizar laboratorios privados, honr\u00e1ndose y honrando a su pa\u00eds con descubrimientos biol\u00f3gicos de val\u00eda. Citemos, entre mil, al ilustre Virchow, que, siendo m\u00e9dico de Fr\u00e1ncfort, escribi\u00f3 su c\u00e9lebre obra sobre Patolog\u00eda celular; a Roberto Koch, tambi\u00e9n m\u00e9dico pr\u00e1ctico, domiciliado en Potsdam, cuyas investigaciones renovaron la bacteriolog\u00eda con hallazgos t\u00e9cnicos fecund\u00edsimos y observaciones admirables; a la brillante pl\u00e9yade de neur\u00f3logos de Fr\u00e1ncfort, ciudad no universitaria, donde los Weigert, los Ehrlich, los Edinger, <abbr>etc.<\/abbr>, crearon valiosos m\u00e9todos de investigaci\u00f3n histol\u00f3gica, <abbr>etc.<\/abbr>\n\nEl investigador y la familia.\u0097Los afanes y gastos exigidos por la creaci\u00f3n y sostenimiento de una familia, en contraste con las mezquinas retribuciones con que el Estado sufraga la funci\u00f3n docente, constituyen, seg\u00fan es harto sabido, otra de las razones alegadas por muchos de nuestros profesores para desertar del laboratorio y enderezar sus actividades a m\u00e1s lucrativas empresas. \u00abLa ciencia y la familia \u0097afirman\u0097 son incompatibles. Puesto que la base f\u00edsica del profesor \u0097a\u00f1aden\u0097 representa mera raci\u00f3n de entretenimiento, \u00bfc\u00f3mo invitar a nadie a compartirla? El sabio debe escoger, por tanto, entre su familia espiritual y su familia real, entre sus ideas y sus hijos.\u00bb\n\nPreciso es reconocerlo, en tales exigencias late un fondo de verdad. Los afanes del hogar restan fuerzas morales y econ\u00f3micas a la obra de investigaci\u00f3n. El ideal universitario ser\u00eda un monasterio, cuyos monjes, consagrados de por vida al estudio de la Naturaleza, se distrajeran un tanto de sus deberes religiosos.\n\nPorque somos demasiado imperfectos para consagrar por igual nuestro fervor a dos nobles causas. El ansia del cielo desinteresa de la tierra. Notorio es que los psicol\u00f3gos, abismados en la contemplaci\u00f3n del esp\u00edritu, desprecian el cerebro. Quienes se preocupan del diablo, se r\u00eden del microbio. Y la aspiraci\u00f3n a la gloria eterna nos aleja de la gloria humana. \u00a1La gloria!... Vana ilusi\u00f3n, sin duda, pero capaz de remover monta\u00f1as y de impulsar ardientemente la humanidad hacia la verdad y el bien. Como el patriotismo, la pasi\u00f3n de la gloria debe sugerirse y nunca analizarse.\n\nMas la vida cenob\u00edtica resultar\u00eda para la mayor\u00eda de los sabios intolerable sacrificio. Parece que este ideal de \u00edntima convivencia fue realidad en la famosa escuela de Alejandr\u00eda. Sin embargo, aquellos c\u00e9lebres ge\u00f3metras y astr\u00f3nomos fueron sin duda casados. Si la mujer es un mal, convengamos en que es un mal necesario. Poqu\u00edsimos son los austeros para quienes la bella mitad del g\u00e9nero humano representa algo as\u00ed como vistoso ejemplar de colecci\u00f3n ornitol\u00f3gica. Adem\u00e1s, mala t\u00e1ctica de conquistar adeptos ser\u00eda brindarles la abstenci\u00f3n y el martirio. Sea abnegado quien pueda pero no impongamos a nadie la abnegaci\u00f3n.\n\nHe aqu\u00ed un punto en que la tutela del Estado resulta necesaria. Es mera cuesti\u00f3n econ\u00f3mica. Obligaci\u00f3n sagrada de aqu\u00e9l es conciliar la obra cient\u00edfica con la holgada vida de familia, ahorrando al investigador dolorosas renuncias. Como todo ciudadano celoso del bien p\u00fablico, el cient\u00edfico debe hallarse en situaci\u00f3n de satisfacer la plenitud de sus irrefrenables instintos sociales. En pa\u00edses m\u00e1s adelantados, donde se sabe harto bien que la prosperidad nacional es fruto de la ciencia, este problema econ\u00f3mico recibi\u00f3 hace tiempo satisfactoria soluci\u00f3n. Y en Alemania e Inglaterra han hecho m\u00e1s: en su generosidad hacia los maestros, han convertido el aula y el laboratorio en ping\u00fces sinecuras. Y el sabio ha acabado por tener firma tan acreditada en el libro cient\u00edfico como en el libro talonario.\n\nEn esas felices naciones se cumple siempre lo que escrib\u00eda Liebig a Gerhard: \u00abApuntad a un fin elevado, y al fin los honores y riquezas llegar\u00e1n sin que tenga uno que tomarse el trabajo de buscarlos.\u00bb\n\nMuy alejados nos hallamos todav\u00eda en Espa\u00f1a de este ideal econ\u00f3mico. Hacia \u00e9l se camina, sin embargo. Notorio es, seg\u00fan dejamos apuntado m\u00e1s atr\u00e1s, que las condiciones materiales de nuestro profesorado y, en general, de los devotos del laboratorio, han mejorado mucho, gracias a plausibles iniciativas de los gobiernos<sup><a id=\"np20\" href=\"..\/notas-del-autor\/#np20n\">20<\/a><\/sup>.\n\nPero aunque el Estado fuera sordo a nuestros clamores, no debemos amilanarnos. Sea nuestra divisa la de los grandes financieros: ganar mucho para satisfacer todas nuestras necesidades, y singularmente las de orden elevado, en vez de constre\u00f1irse a una vida de mezquina econom\u00eda y de cobardes abstenciones.\n\nPong\u00e1monos en el peor de los casos, y veamos c\u00f3mo el novel profesor puede servir a la vez su familia y sus proyectos. Doy por supuesto que nuestro catedr\u00e1tico reside en ciudad de provincias, de ambiente s\u00f3rdido, sin posible clientela y falto, por tanto, de los recursos necesarios para satisfacer conjuntamente inexcusables exigencias del hogar y de sus queridas investigaciones.\n\n\u00bfSe privar\u00e1 de todo en aras de su vocaci\u00f3n? \u00bfVivir\u00e1 solitario renunciando al matrimonio? De ninguna manera. Sirva con igual devoci\u00f3n sus ideas y sus buenos instintos. Para su labor, entr\u00e9guese a las investigaciones baratas, que piden poco material y mucho esfuerzo. Y aproveche sus actividades sobrantes en el fomento de aquellas industrias docentes menos alejadas del blanco de sus amores: la del libro de texto y hasta de vulgarizaci\u00f3n, la de los an\u00e1lisis periciales y, en fin, la de la ense\u00f1anza privada. Con estos ingresos complementarios dar\u00e1 p\u00e1bulo a sus nobles afanes, sin renunciar a leg\u00edtimas expansiones del hogar. Y espere pacientemente mejores tiempos. Si su labor es realmente meritoria, el premio vendr\u00e1 a sorprenderle en su rinc\u00f3n. A la excelsa alegr\u00eda que lleva aparejado el cumplimiento austero del deber, se a\u00f1adir\u00e1n tambi\u00e9n el bienestar material y los halagos de la nombrad\u00eda.\n\nContra el parecer de muchos, hemos declarado que el hombre de ciencia debe ser casado y arrostrar valerosamente las inquietudes y responsabilidades de la vida de familia.\n\nNo imitar\u00e1 el ego\u00edsmo de Epicuro, que no se cas\u00f3 por ahorrarse cuidados e inquietudes, ni el refinad\u00edsimo de Napole\u00f3n, que s\u00f3lo ve\u00eda en la mujer una enfermera util\u00edsima para la vejez<sup><a id=\"np21\" href=\"..\/notas-del-autor\/#np21n\">21<\/a><\/sup>. Para el hombre de ciencia, el concurso de la esposa es tan necesario en la juventud como en la ancianidad. Como la mochila en el combate es la mujer: sin \u00e9sta se lucha con desembarazo, pero \u00bfy al acabar?\n\nEn este punto s\u00f3lo haremos una restricci\u00f3n: que el sabio tenga en cuenta su propia y especial psicolog\u00eda<sup><a id=\"np22\" href=\"..\/notas-del-autor\/#np22n\">22<\/a><\/sup>antes de escoger compa\u00f1era. Y sobre todo, que evite a todo trance que se la elijan los dem\u00e1s. Poco hay que insistir para justificar el matrimonio del sabio. En var\u00f3n robusto y normal, el celibato suele ser invitaci\u00f3n permanente a la vida irregular, cuando no a los abandonos del libertinaje. Y las ideas son flores de virtud que no abren sus corolas, o se marchitan r\u00e1pidamente en el vaho de la org\u00eda. Por otra parte, el soltero vive en plena preocupaci\u00f3n sexual. En \u00e9l la intriga galante interrumpe demasiado la marcha de la intriga especulativa. Y, seg\u00fan es notorio, no hay m\u00e1s seguro medio para despreocuparse de mujer que satisfacerse de mujer. Adem\u00e1s, seg\u00fan se ha dicho muchas veces, el hogar destierra del alma el ego\u00edsmo, ennoblece el instinto sexual, genera altos anhelos sociales y fortalece el patriotismo.\n\n\u00a1Elecci\u00f3n de compa\u00f1era! Tocamos aqu\u00ed un punto delicad\u00edsimo. \u00bfQu\u00e9 cualidades han de adornar a la elegida de un hombre de ciencia? Cuesti\u00f3n grav\u00edsima, porque harto sabido es que los atributos morales de la esposa son decisivos para el \u00e9xito de la obra cient\u00edfica. Muchos ciudadanos padecen mujer, pero se la padecen ellos solos; mas de la mujer del sabio sufre, a veces, la sociedad y hasta la Humanidad entera. \u00a1Cu\u00e1ntas obras importantes fueron interrumpidas por el ego\u00edsmo de la joven esposa! \u00a1Qu\u00e9 de vocaciones frustr\u00f3 la vanidad o el capricho femenil! \u00a1Cu\u00e1ntos profesores esclarecidos rindi\u00e9ronse al peso de la coyuntura matrimonial, convirti\u00e9ndose en vulgares buscadores de oro y rebaj\u00e1ndose y esteriliz\u00e1ndose con el acaparamiento insaciable de dignidades y prebendas<sup><a id=\"np23\" href=\"..\/notas-del-autor\/#np23n\">23<\/a><\/sup>.\n\nHasta los impulsos m\u00e1s humanos y nobles de la esposa, cuando alcanzan excesiva expansi\u00f3n, constituyen formidables enemigos de la labor cient\u00edfica. Seg\u00fan es notorio, alienta en la mujer el esp\u00edritu de familia, la sana tendencia a la conservaci\u00f3n f\u00edsica de la raza. iSanto ego\u00edsmo, porque representa el supremo inter\u00e9s de la especie! No sin raz\u00f3n y profundidad ha dicho Renan: \u00abLo que quiere la mujer lo quiere Dios\u00bb. Concentra \u00e9sta su amor y abnegaci\u00f3n en la prole; menos exclusivo, el var\u00f3n sabe distribuir sus afectos entre la familia y la sociedad. La mujer ama la tradici\u00f3n, adora el privilegio, siente poco la justicia y suele ser indiferente a toda obra de renovaci\u00f3n y de progreso, al paso que el hombre verdaderamente digno de este t\u00edtulo, el <em lang=\"la\" xml:lang=\"la\">homo socialis<\/em>, abomina de la rutina y del privilegio, venera la justicia y antepone, en muchos casos, la causa de la Humanidad al inter\u00e9s de la familia. Por eso, la madre anhela vivir solamente en la memoria de sus hijos, mientras que el padre ans\u00eda, adem\u00e1s, sobrevivir en los fastos de la historia.\n\nAmbas tendencias, la centr\u00edpeta y la centr\u00edfuga, la de concentraci\u00f3n y de expansi\u00f3n, son leg\u00edtimas y necesarias. De su armon\u00eda y acomodo dependen la prosperidad de la raza y los avances de la civilizaci\u00f3n. Cuando la tendencia altruista del var\u00f3n predomina demasiado, la prole decae; por el contrario, si la tendencia femenil prepondera, medra la familia, pero padecen la sociedad y el Estado. En el hogar del sabio, como en el del pol\u00edtico honrado, reinar\u00e1 el esp\u00edritu de abnegaci\u00f3n y de sacrificio, pero no hasta el punto de crear condiciones adversas al desarrollo y educaci\u00f3n de los hijos. Porque, aun coloc\u00e1ndonos en el punto de vista del inter\u00e9s colectivo, no es dudoso que las querellas y preocupaciones dom\u00e9sticas, cuando son continuadas, acaban por agriar la vida del pensador, dificultando por ende la prosecuci\u00f3n de la obra cient\u00edfica o social.\n\nEn suma: como norma general, aconsejamos al aficionado a la ciencia buscar en la elegida de su coraz\u00f3n, m\u00e1s que belleza y caudal, adecuada psicolog\u00eda, esto es: sentimientos, gustos y tendencias, en cierto modo, complementarios de los suyos. No escoger\u00e1 la mujer, sino su mujer, cuya mejor dote ser\u00e1 la tierna obediencia y la plena y cordial aceptaci\u00f3n del ideal de vida del esposo.\n\nLlegados a este punto, desear\u00e1 acaso al lector que, abandonando el terreno de las generalidades, definamos el tipo de mujer m\u00e1s adecuado al hombre de ciencia. S\u00e9anos l\u00edcito dar aqu\u00ed nuestro parecer, con las naturales reservas y miramientos. Y a los que sonr\u00edan al vernos descender a estos menesteres, les diremos que no es cosa fr\u00edvola aquello que, como el amor, decide de la vida. Ni es indiferente que la mujer sea para el hombre de estudios gas que lo eleve hasta el cielo o lastre que le obligue, en lo mejor de su vuelo, a <em>aterrizar<\/em> en el pantano.\n\nEntre las mujeres de la clase media, donde el hombre de estudio suele buscar compa\u00f1era, figuran cuatro tipos principales, a saber: la <em>intelectual<\/em>, la <em>heredera rica<\/em>, la <em>artista<\/em> y la <em>hacendosa<\/em>.\n\nLa <em>mujer intelectual<\/em>, es decir, la joven adornada con carrera cient\u00edfica o literaria, o que, llevada de vocaci\u00f3n irresistible por el estudio, ha logrado adquirir instrucci\u00f3n general bastante s\u00f3lida y variada, constituye especie muy rara en Espa\u00f1a. Hay, pues, que renunciar a tan grata compa\u00f1\u00eda. Ello es sensible, sin duda, aunque los pocos ejemplares de doctoras (salvo un par de excepciones) que hemos conocido en ateneos, laboratorios y salones, parecen empe\u00f1adas en consolarnos de su inaccesibilidad.\n\nAbunda, por el contrario, en el extranjero esta categor\u00eda femenina, de la cual dest\u00e1case, con singular prestigio, la <em>mujer sabia<\/em>, colaboradora en las empresas cient\u00edficas del esposo, y exenta (en cuanto ello es posible) de las fantas\u00edas y frivolidades del temperamento femenil. Mujer semejante, inteligente y ecu\u00e1nime, rebosante de optimismo y fortaleza, constituye la compa\u00f1era ideal del investigador. Ella triunfa en el hogar y en el coraz\u00f3n del sabio, ci\u00f1endo la triple corona de esposa amante, de confidente \u00edntima y de asidua colaboradora. El caso, repetimos, no es excepcional en las venturosas naciones del Norte.\n\n\u00a1Con qu\u00e9 admiraci\u00f3n, no exenta de envidia, hemos contemplado en algunos laboratorios esas parejas dichosas, entregadas afanosamente a la misma labor, en la cual pone cada c\u00f3nyuge lo m\u00e1s exquisito de su temperamento mental y de sus aptitudes t\u00e9cnicas! Sin insistir en el ejemplo conmovedor de los esposos Curie, descubridores del radio, y concret\u00e1ndonos al reducido c\u00edrculo de nuestras amistades y aficiones cient\u00edficas, surgen en nuestra memoria las im\u00e1genes de tres admirables parejas: M. y Mme. Dej\u00e9rine, de Par\u00eds, consagrados al estudio de la anatom\u00eda normal y patol\u00f3gica del cerebro; M. y Mme. Nageotte, de la misma ciudad, entregados en com\u00fan a investigaciones histol\u00f3gicas y neurol\u00f3gicas, y, en fin, los esposos Vogt, del Instituto Neurol\u00f3gico de Berl\u00edn, ocupados en la magna empresa de la cartograf\u00eda parcelaria del cerebro humano, al modo de los astr\u00f3nomos que se pasan la vida absortos en la fotograf\u00eda y catalogaci\u00f3n de las estrellas nebulosas.\n\nPero, repetimos, esta <em>ave f\u00e9nix<\/em>, la doctora seria y discreta, colaboradora asidua del esposo, no se ha dignado todav\u00eda aparecer en nuestro horizonte social, donde, por caso extra\u00f1o, los m\u00e1s grandes talentos femeninos son autodid\u00e1cticos y ajenos por completo a los estudios universitarios regulares. El hombre de ciencia espa\u00f1ol debe, pues, elegir entre las otras categor\u00edas femeniles.\n\n\u00bfSe dirigir\u00e1 hacia la <em>mujer opulenta<\/em>? Nos parece peligros\u00edsimo. Habituada a una vida de molicie, de fausto y de exhibici\u00f3n, milagro ser\u00eda que no contagiara sus gustos al esposo, repiti\u00e9ndose con ello el caso del ilustre f\u00edsico ingl\u00e9s Davy, quien por haberse enlazado con hembra linajuda, suspendi\u00f3 casi del todo su brillante carrera de investigador, consumiendo lo mejor de su vida en fiestas y recepciones del gran mundo.\n\nGran fortuna ser\u00eda topar con heredera rica e ilustre que, abandonando los caprichos y vanidades del sexo, consagrara su oro al servicio de la ciencia. Admirables mujeres de este g\u00e9nero abundan en Francia e Inglaterra. En nuestro pa\u00eds no hemos conocido un profesor aficionado al laboratorio para cuya obra no haya sido fatal la riqueza de la esposa. Si la discreci\u00f3n no sellara nuestros labios, podr\u00edamos demostrar aqu\u00ed con ejemplos vivos c\u00f3mo los gustos fr\u00edvolamente ostentosos de la c\u00f3nyuge o el ego\u00edsmo exagerado de la madre de familia han interrumpido carreras brillantes obligando al novel hombre de ciencia a trocar el estudio por la pol\u00edtica, el microscopio por el autom\u00f3vil y las redentoras veladas del laboratorio por las ociosas horas de la tertulia o del teatro.\n\nPero no censuremos demasiado a estas ricas hembras, excelentes en el fondo, aunque v\u00edctimas de su incultura: al fin, los reproches inacabables con que paralizan las honradas iniciativas del esposo (\u00bfpara qu\u00e9 esforzarte si tienes con qu\u00e9 vivir holgadamente?, <abbr>etc.<\/abbr>) son disculpables, ya que se inspiran en el amor conyugal. Harto m\u00e1s antip\u00e1ticas son esas altivas herederas que sin miramiento alguno echan en cara al infeliz consorte su condici\u00f3n par\u00e1sita e incapacidad financiera, y que, mortific\u00e1ndole con diarias pullas, oblig\u00e1ndole a trabajar como bestia de carga a fin de sufragar por entero (la dote de la mujer se disipa en adornos, alhajas, muebles lujosos y giras a balnearios y playas de moda) el fausto de una vida tan llena de vanidad como vac\u00eda de ideales.\n\n\u00bfPreferir\u00e1 el sabio la <em>mujer artista<\/em> o la <em>literata profesional<\/em>? Salvo honrosas excepciones, tales hembras constituyen perturbaci\u00f3n o perenne ocasi\u00f3n de disgusto para el cultivador de la ciencia. Desconsuela reconocer que, en cuanto goza de un talento y cultura viriles, suele la mujer perder el encanto de la modestia, adquiere aires de d\u00f3mine y vive en perpetua exhibici\u00f3n de primores y habilidades. La mujer es siempre un poco teatral, pero la literata o la artista est\u00e1n siempre en escena. \u00a1Y luego tienen gustos tan se\u00f1oriales y complicados!... Al fin, la esposa opulenta suele subvenir a sus antojos. Poco amiga de libros y revistas, curiosea solamente joyer\u00edas y tiendas de moda, pero la literata pasea con igual codicia sus miradas por los escaparates de alhajas y sombreros y por las muestras de los libreros.\n\nNo queda, pues, a nuestro sabio en cierne, como probable y apetecible compa\u00f1era de glorias y fatigas, m\u00e1s que la <em>se\u00f1orita hacendosa<\/em> y econ\u00f3mica, dotada de salud f\u00edsica y mental, adornada de optimismo y <em>buen car\u00e1cter<\/em>, con instrucci\u00f3n bastante para comprender y alentar al esposo, con la pasi\u00f3n necesaria para creer en \u00e9l y so\u00f1ar con la hora del triunfo, que ella disputa segur\u00edsima. Inclinada a la dicha sencilla y enemiga de la notoriedad y exhibici\u00f3n, cifrar\u00e1 su orgullo en la salud y felicidad del esposo. El cual, en lugar de reconvenciones y resistencias, hallar\u00e1 en el hogar ambiente grato, propicio a la germinaci\u00f3n y crecimiento de las ideas. Y si, por fortuna, sonr\u00ede la gloria, sus fulgores rodear\u00e1n con una sola aureola dos frentes gemelas.\n\n\u00a1La gloria!... La esposa modesta la merece tambi\u00e9n, porque, gracias a sus abnegaciones, sacrificando galas y joyas para que no falten libros y revistas, consolando y confortando al genio en horas de desaliento, hizo al fin posible la ejecuci\u00f3n de la magna empresa.\n\nPor fortuna, ese tipo delicioso de mujer no es raro en nuestra clase media. Muy desventurado ser\u00e1 quien, busc\u00e1ndola con empe\u00f1o, no logre encontrarla o no sepa asociarla de todo coraz\u00f3n a sus destinos. El toque est\u00e1 en conquistarla para la obra com\u00fan, en constituirse en su director espiritual, en modelar su car\u00e1cter, pleg\u00e1ndolo a las exigencias de una vida seria, de trabajo intenso y de recato austero, en hacer, en suma, de ella, seg\u00fan dec\u00edamos antes, un \u00f3rgano mental complementario, absorbido en lo peque\u00f1o (si peque\u00f1ez puede llamarse el gobierno del hogar y la educaci\u00f3n de los hijos), para que el esposo, libre de inquietudes, pueda ocuparse en lo grande, esto es, en la germinaci\u00f3n y crianza de sus queridos descubrimientos y de sus especulaciones cient\u00edficas.\n","rendered":"<p>La producci\u00f3n del hombre de ciencia, como toda actividad del esp\u00edritu, h\u00e1llase rigurosamente condicionada por el medio f\u00edsico y moral. Con raz\u00f3n se ha dicho que el sabio es planta delicada susceptible de prosperar solamente en un terreno especial formado por el aluvi\u00f3n de secular cultura y labrado por la solicitud y estimaci\u00f3n sociales. En ambiente favorable, hasta el apocado siente crecer sus fuerzas; un medio hostil o indiferente abate el \u00e1nimo mejor templado. \u00bfC\u00f3mo proseguir cuando a nadie interesa nuestra obra? S\u00f3lo un car\u00e1cter f\u00e9rreo y heroico ser\u00eda capaz de sobreponerse a un medio adverso, y esperar, resignado y oscuro, la aprobaci\u00f3n de la posteridad. Pero la sociedad no debe contar con los h\u00e9roes, por si no tienen a comodidad aparecer. Ateng\u00e1monos, sobre todo, a los caracteres medios y a los talentos regulares, como vengan asistido de noble patriotismo y de hidalga ambici\u00f3n. A la formaci\u00f3n y cultivo de estos patriotas del laboratorio deben contribuir gobiernos e instituciones docentes, cre\u00e1ndoles un ambiente social propicio y libr\u00e1ndoles, en lo posible, de las preocupaciones de la vida material.<\/p>\n<p>Sin duda que, durante alg\u00fan tiempo todav\u00eda, y en virtud de causas cuyo examen dejamos para otro lugar, la investigaci\u00f3n cient\u00edfica en Espa\u00f1a ser\u00e1 obra de abnegaci\u00f3n y de sacrificio. Con todo eso, fuerza es declarar que se han exagerado mucho las resistencias morales y materiales opuestas al trabajo cient\u00edfico. Nuestros Jerem\u00edas de la Universidad deploran, a veces con raz\u00f3n, la falta de medios, pero m\u00e1s a menudo se quejan un poco teatralmente, adoptando posturas ret\u00f3ricas de abandono y hasta de persecuci\u00f3n.<\/p>\n<p>Tengamos la sinceridad de confesarlo: en la mayor\u00eda de los casos, frases desalentadoras como las siguientes: \u00abCarezco de laboratorio, ejerzo una profesi\u00f3n incompatible con el vagar indispensable a la labor cient\u00edfica, las obligaciones de familia me roban el tiempo y dinero exigidos por el trabajo de investigaci\u00f3n\u00bb, <abbr>etc.<\/abbr>, representan alegatos del <em lang=\"it\" xml:lang=\"it\">dolce far niente<\/em> o disculpas de un patriotismo desmayado.<\/p>\n<p>F\u00e1cil ser\u00e1 reducir a su cabal valor tales lamentaciones e insistir de pasada en esta verdad capital: <em>para la obra cient\u00edfica los medios son casi nada y el hombre lo es casi todo<\/em>.<\/p>\n<p>Deficiencias de medios materiales.\u0097He aqu\u00ed la c\u00f3moda excusa que muchos profesores y no pocos doctores ajenos a la ense\u00f1anza, aunque aptos para la investigaci\u00f3n, ponen por delante en cuanto se les interroga por sus trabajos. Si el quejumbroso es <em>fil\u00f3sofo<\/em>, <em>jurista<\/em>, <em>fil\u00f3logo<\/em>, <abbr>etc.<\/abbr>, alegar\u00e1 la falta de lectores y, sobre todo, la ausencia de biblioteca de revistas especiales; si <em>bacteri\u00f3logo<\/em>, <em>hist\u00f3logo<\/em> o <em>naturalista<\/em>, echar\u00e1 de menos un buen microscopio, reactivos, local adecuado, <abbr>etc.<\/abbr>; si <em>f\u00edsico<\/em>, <em>qu\u00edmico<\/em> o <em>ingeniero<\/em>, repetir\u00e1 la misma cantilena, deplorando la mezquindad del instrumental y la dotaci\u00f3n del laboratorio; si astr\u00f3nomo, se tender\u00e1 en el surco hasta que el Gobierno le proporcione magn\u00edficos telescopios, <abbr>etc.<\/abbr>Todos, en fin, coincidir\u00e1n en que nuestros pol\u00edticos, procedentes en su inmensa mayor\u00eda del gremio de juristas y literatos, desde\u00f1an la ciencia experimental y la ense\u00f1anza objetiva. E incurriendo en un t\u00f3pico vulgar, no vacilar\u00e1n en suponerlos principales responsables de nuestro atraso<sup><a id=\"np18\" href=\"..\/notas-del-autor\/#np18n\">18<\/a><\/sup>.<\/p>\n<p>Pueril fuera desconocer que hemos padecido, a menudo, ministros del viejo tipo ret\u00f3rico, sin orientaci\u00f3n europea, y funestos, por tanto, al resurgimiento intelectual de nuestro pa\u00eds. Mas tales pol\u00edticos orientados hacia el pasado, devotos de la tradici\u00f3n y recelosos de la moderna cultura, han desaparecido casi por completo.<\/p>\n<p>Nuestros estadistas de hoy adolecen, sin duda, de algunos defectos (uno de ellos es ignorar o no sentir con suficiente energ\u00eda que la grandeza y poder\u00edo de las naciones es obra de la ciencia, y que la justicia, el orden y las buenas leyes constituyen factores de prosperidad positivos, aunque secundarios), pero en todo caso no incurrir\u00e1n en el error antipatri\u00f3tico de negar protecci\u00f3n y subsidios a las eminencias de la c\u00e1tedra y a las capacidades cient\u00edficas indiscutibles. En su ingenuo optimismo han hecho m\u00e1s, y es doloroso consignarlo: han creado espl\u00e9ndidos laboratorios a beneficio de varones cuya aptitud y patriotismo parecen harto dudosos. Y si para los h\u00e1biles de la intriga y del favor se crean sinecuras y se acumulan espl\u00e9ndidos medios materiales, \u00bfc\u00f3mo les ser\u00e1n \u00e9stos negados a maestros esclarecidos, ilustrados por notorios descubrimientos o por trabajos cient\u00edficos de positiva val\u00eda?<\/p>\n<p>Tiene el pol\u00edtico sus debilidades, pero tiene tambi\u00e9n sus noblezas. Y por encima de todo cultiva la habilidad y la travesura. Precisamente, esos mismos ministros, cuya voluntad flaquea ante los requerimientos de la amistad o de la clientela pol\u00edtica, suelen ser los m\u00e1s sol\u00edcitos en galardonar el m\u00e9rito positivo.<\/p>\n<p>Claro es que las susodichas facilidades de trabajo se dispensan de preferencia a profesores aventajados y de indiscutible autoridad. Con mayores obst\u00e1culos tropezar\u00e1n los aficionados ansiosos de renombre. Har\u00e1n mal, empero, en desanimarse. Para seguir adelante y fomentar la noble vocaci\u00f3n tendr\u00e1n que escoger entre el sacrificio o la subordinaci\u00f3n, es decir, entre el laboratorio propio y el laboratorio oficial.<\/p>\n<p>En ausencia total de recursos materiales, todo principiante deber\u00e1 recurrir al laboratorio oficial. Y conseguir\u00e1, si se lo propone, figurar entre los \u00edntimos del maestro. Como su fuerza de trabajo y de preparaci\u00f3n cient\u00edfica sean suficientes, \u00bfqu\u00e9 profesor le negar\u00e1 una mesa de labor y paternales consejos?<\/p>\n<p>Y, sin embargo, nosotros ver\u00edamos con m\u00e1s gusto al principiante (a poco que se lo consintieran sus recursos pecuniarios) iniciar su aprendizaje en laboratorio propio, organizado y sostenido con sus modestas econom\u00edas. Sin duda que el establecimiento oficial nos ofrece, con el maestro, gu\u00eda valioso y, en muchos casos, irreemplazable. Pero la labor en com\u00fan adolece de muchos inconvenientes. La brevedad de las horas de trabajo, la conversaci\u00f3n y bullicio continuos, el ir y venir de alumnos y ayudantes, la lucha por la posesi\u00f3n de los instrumentos anal\u00edticos, y otras molestias anejas a los laboratorios universitarios, adem\u00e1s de implicar p\u00e9rdida de tiempo, producen una despolarizaci\u00f3n de la atenci\u00f3n, nada favorable a la pesquisa cient\u00edfica.<\/p>\n<p>En condiciones tales, y m\u00e1s si el gu\u00eda deja algo que desear, vale m\u00e1s trabajar a solas. Sean nuestros maestros los libros: mentores sabios, serenos, sin eclipses ni mal humor. Con ellos daremos cima al empe\u00f1o soberano, que consiste, antes de descubrir, en descubrirnos, antes de modelar la Naturaleza, en modelarnos. Forjarnos un cerebro fuerte, un cerebro original, exclusivamente nuestro: he ah\u00ed la labor preliminar absolutamente inexcusable. Y luego, llegada la madurez t\u00e9cnica, \u00a1qu\u00e9 holguras y facilidades para la indagaci\u00f3n personal! Ibsen pone en boca de un personaje este consejo dirigido a un amigo: \u00abS\u00e9 t\u00fa mismo.\u00bb Nada mejor para lograrlo que laborar a solas.<\/p>\n<p>\u00a1Oh soledad confortadora, cu\u00e1n propicia eres a la originalidad del pensamiento! \u00a1Cu\u00e1n dulces y fecundas las invernales veladas pasadas en el <em>hogar-laboratorio<\/em>, durante las cuales los centros docentes rechazan a sus devotos! Ellas nos libran de fatales improvisaciones, doman nuestra impaciencia y refinan la capacidad de observaci\u00f3n. \u00a1Con qu\u00e9 cari\u00f1o cuidamos de los instrumentos propios, cada uno de los cuales representa una vanidad negada o un vicio insatisfecho! \u00a1En nuestro amor hacia ellos, apreciamos sus excelencias, notamos sus defectos, esquivamos sus lazos, penetramos, en fin, en su alma amiga, que responde siempre, sumisa y simp\u00e1ticamente, a los requerimientos de la nuestra!<\/p>\n<p>Pero un laboratorio de investigaci\u00f3n \u0097reparar\u00e1 el lector\u0097debe ser cosa dispendiosa. Error lamentable. Procurarse las herramientas necesarias cuesta muy poco. Mis\u00e9rrimos habr\u00e1n de ser los profesores, naturalistas, m\u00e9dicos, farmac\u00e9uticos, <abbr>etc.<\/abbr>, para quienes sea empresa inaccesible costear y sostener un centro privado de estudios experimentales.<\/p>\n<p>Perm\u00edtasenos la inmodestia de citarnos a este prop\u00f3sito. Con las exiguas econom\u00edas del haber de un catedr\u00e1tico de provincias, y sin m\u00e1s ingresos extraordinarios que algunas lecciones particulares, hubimos nosotros de crear y mantener, durante quince a\u00f1os, un laboratorio microgr\u00e1fico y suficiente biblioteca de revistas. Nuestro primer microscopio \u0097un Verick estimable\u0097 fue adquirido a plazos. Y el caso no es excepcional. Lo corriente es inaugurar la propia obra con penuria de medios, pero con medios propios, que precisamente por serlo resultan singularmente educadores y fecundos. Notorio es que la mayor\u00eda de los descubrimientos fisiol\u00f3gicos, histol\u00f3gicos y bacteriol\u00f3gicos, <abbr>etc.<\/abbr>, fueron obra de j\u00f3venes entusiastas, sin nombre y sin fortuna, que trabajaron en buhardillas o graneros. El laboratorio oficial, c\u00f3modo y suntuoso, lleg\u00f3 m\u00e1s adelante, como galard\u00f3n del \u00e9xito cient\u00edfico.<\/p>\n<p>A decenas podr\u00edan citarse ejemplos cl\u00e1sicos de modestos comienzos. Faraday, aprendiz de encuadernador, llevado de su entusiasmo cient\u00edfico, asent\u00f3 de mozo o de mec\u00e1nico en el laboratorio de Davy, alejado del cual, y sin haber seguido carrera alguna, mont\u00f3 un centro de investigaciones, del que brotaron admirables conquistas, renovadoras de la ciencia de la electricidad. El gran Berzelius inici\u00f3 sus descubrimientos qu\u00edmicos en el obrador de su botica. Buena parte de los astr\u00f3nomos de genio exploraron el cielo desde la azotea de sus casas, armados de medianos anteojos. Sirva de ejemplo Goldschmidt, quien desde la ventana de su habitaci\u00f3n, y ayudado de modest\u00edsimo refractor (105 mil.), descubri\u00f3, a fuerza de paciencia, muchos peque\u00f1os planetas.<\/p>\n<p>En suma: m\u00e1s que escasez de medios, hay miseria de voluntad. El entusiasmo y la perseverancia hacen milagros. Lo excepcional es que, en lujosos y bien provistos laboratorios sostenidos por el Estado, un novel investigador logre estrenarse con memorable haza\u00f1a cient\u00edfica. Desde el punto de vista del \u00e9xito, lo costoso, lo que pide tiempo, br\u00edo y paciencia, no son los instrumentos, sino, seg\u00fan dejamos apuntado, desarrollar y madurar una aptitud. A lo m\u00e1s, la mezquindad econ\u00f3mica nos condenar\u00e1 a limitar nuestras iniciativas, a achicar el marco de la indagaci\u00f3n. Pero \u00bfno es esto otra ventaja?<\/p>\n<p>Desde este aspecto, cabe distinguir dos ciencias: una dispendiosa, aristocr\u00e1tica, cuyo culto exige templos suntuosos y ricas ofrendas, y otra barata, casera, democr\u00e1tica, accesible a los m\u00e1s humildes peculios. Y esta Minerva de los humildes mu\u00e9strase singularmente propicia: en su bondad acoge mejor las flores de la meditaci\u00f3n intensa que aparatosas y regias hecatombes. Hay, adem\u00e1s, un noble orgullo en triunfar con pobres medios: el orgullo de la elegancia y de la sobriedad. Por otra parte, nada realza mejor la en\u00e9rgica personalidad del investigador, distingui\u00e9ndole de la caterva de trabajadores autom\u00e1ticos, que aquellos descubrimientos donde la voluntad y la l\u00f3gica dominan el mecanismo, y para los cuales el cerebro es casi todo y los medios materiales casi nada.<\/p>\n<p>Con el prop\u00f3sito de ser \u00fatil a nuestros lectores y desterrar preocupaciones econ\u00f3micas, vamos a descender un momento al terreno de las cifras, puntualizando alg\u00fan presupuesto de laboratorios baratos.<\/p>\n<p>El aficionado a la <em>bot\u00e1nica<\/em>, <em>anatom\u00eda comparada<\/em>, <em>histolog\u00eda<\/em>, <em>embriolog\u00eda<\/em>, <abbr>etc.<\/abbr>, necesita, por junto, como instrumental: un <em>microscopio Zeiss<\/em> mediano modelo, con <em>concentrador luminoso Abbe<\/em>, un <em>objetivo de inmersi\u00f3n homog\u00e9nea<\/em>, dos a seco y una pareja de <em>oculares<\/em>(400 a 500 pesetas); peque\u00f1o <em>microtomo<\/em> de Reichert o de Schanze (150), y algunos <em>reactivos<\/em> y <em>materias colorantes<\/em> (de 30 a 50 pesetas). En suma, un presupuesto total de 1000 a 2000 pesetas<sup><a id=\"np19\" href=\"..\/notas-del-autor\/#np19n\">19<\/a><\/sup>.<\/p>\n<p>El <em>bacteri\u00f3logo<\/em> y <em>anatomopat\u00f3logo<\/em> han menester material algo m\u00e1s variado y dispendioso, aunque todav\u00eda abordable para el m\u00e9dico o naturalista noveles: <em>microscopio<\/em> igual al anterior, dos <em>estufas<\/em>, una de temperatura constante y otra de esterilizaci\u00f3n, <em>tubos de ensayo<\/em>, <em>matraces<\/em>, <em>jaulas para animales<\/em>, <abbr>etc.<\/abbr>Total: de 1800 a 2000 pesetas.<\/p>\n<p>El <em>fisi\u00f3logo<\/em> podr\u00e1 inaugurar sus estudios con una <em>caja de vivisecciones<\/em>, <em>aparato de contenci\u00f3n<\/em>, de animales, <em>cilindro<\/em> registrador de Marey, <em>carrete de inducci\u00f3n<\/em>, <em>pilas el\u00e9ctricas<\/em>, <abbr>etc.<\/abbr>Todo ello costar\u00e1 alrededor de 1.000 pesetas.<\/p>\n<p>Con menos instrumental todav\u00eda satisfar\u00e1n sus gustos el <em>zo\u00f3logo<\/em>, el <em>ge\u00f3logo<\/em>, y, sobre todo, el aficionado a la <em>psicolog\u00eda comparada y experimental<\/em>. Nada m\u00e1s econ\u00f3mico ni m\u00e1s cautivador para un esp\u00edritu medianamente filos\u00f3fico que el estudio de los instintos, del modo de reacci\u00f3n de los animales en presencia de los excitantes, de las leyes del h\u00e1bito y de la memoria, del efecto perturbador causado por la alteraci\u00f3n del medio f\u00edsico (variaci\u00f3n, herencia, mutaci\u00f3n <em lang=\"la\" xml:lang=\"la\">per saltum<\/em>, <abbr>etc.<\/abbr>): la materia, en fin, de las observaciones y experimentos cl\u00e1sicos de los Fabre, Reamur, Huber, Lubbok, Forel, Perrier, Bohn, <abbr>etc.<\/abbr><\/p>\n<p>Ciertamente, mayores sacrificios impone el cultivo de la <em>f\u00edsica<\/em> y de la <em>qu\u00edmica<\/em>. Requi\u00e9rense a menudo el laboratorio oficial, bien provisto de costosos aparatos de medida o an\u00e1lisis y de potentes generadores de energ\u00eda motriz. Y, sin embargo, si nuestro f\u00edsico en cierne sabe encerrarse en los l\u00edmites de un tema especial, perteneciente a los grandes cap\u00edtulos de la electricidad, luz, radiactividad, magnetismo, <abbr>etc.<\/abbr>, podr\u00e1 con ayuda de pocos instrumentos, trabajar tambi\u00e9n eficazmente a domicilio e ilustrarse con indagaciones estimables.<\/p>\n<p>La norma de confinarse en uno o en otro n\u00famero de temas posee valor absoluto. Quien ambicione explotar el dominio total de una ciencia (si ello fuera posible hoy) necesitar\u00eda, adem\u00e1s de un amplio local, disponer de un arsenal de instrumentos variad\u00edsimos, y, por consiguiente, enormemente dispendioso. He aqu\u00ed un inconveniente m\u00e1s de la man\u00eda enciclop\u00e9dica, contra la cual hemos protestado en cap\u00edtulos anteriores.<\/p>\n<p>Compatibilidad entre el ejercicio profesional y la labor investigadora.\u0097<em>Poco<\/em> hay que esforzarse en demostrar que, lejos de excluirse ambas tareas, se completan e iluminan mutuamente. Para el amante de la observaci\u00f3n, la pr\u00e1ctica profesional constituye el mejor aliado del laboratorio. Aqu\u00e9lla proporciona la materia inquisitiva, a cambio de la cual \u00e9ste presta al ejercicio profesional normas te\u00f3ricas y soluciones pr\u00e1cticas.<\/p>\n<p>Supongamos que el hombre de carrera sea m\u00e9dico con regular clientela. Sin vacilar declaramos que no ejercer\u00eda a conciencia su misi\u00f3n sin el concurso del laboratorio privado u oficial, donde personalmente se ocupe en dilucidar, con el microscopio y la t\u00e9cnica qu\u00edmica, los arduos problemas de la cl\u00ednica. Ni valga alegar que falta tiempo para ello y que a la realizaci\u00f3n de tales trabajos responden los laboratorios microgr\u00e1ficos y qu\u00edmicos dirigidos por especialistas (an\u00e1lisis pericial de sangre, orinas, tumores, microbios, <abbr>etc.<\/abbr>). Sin duda que estos laboratorios rinden servicios \u00fatiles, pero su eficacia m\u00e1xima se obtiene solamente cuando concurren, en quien los dirige, la doble cualidad de t\u00e9cnico y de cl\u00ednico.<\/p>\n<p>Lejos estamos de condenar las excelencias de la divisi\u00f3n del trabajo. Pero convengamos en que la excesiva fragmentaci\u00f3n de la labor cient\u00edfica entra\u00f1a algunos inconvenientes. Uno de los cuales consiste en separar lo inseparable, es decir, en localizar en cabezas diferentes los t\u00e9rminos de un mismo razonamiento. Alejados, el dato experimental y el juicio m\u00e9dico apenas se prestan ayuda, asociados en el mismo intelecto, se iluminan y fecundan mutuamente.<\/p>\n<p>Y viniendo a nuestro asunto, ocurre preguntar ahora: si el m\u00e9dico, entregado a la dilucidaci\u00f3n de los problemas pr\u00e1cticos, adquiere, como no puede menos de suceder, pericia experimental y dominio de los m\u00e9todos anal\u00edticos, \u00bfqu\u00e9 le costar\u00eda avanzar un paso m\u00e1s y consagrarse, sin abandonar su profesi\u00f3n, a la indagaci\u00f3n cient\u00edfica original? Que ello es posible, y aun hacedero y llano, pru\u00e9base con la conducta de muchos m\u00e9dicos pr\u00e1cticos del extranjero, quienes, inspirados en nobles ideales, supieron, entre las inquietudes y apremios del ejercicio profesional, organizar laboratorios privados, honr\u00e1ndose y honrando a su pa\u00eds con descubrimientos biol\u00f3gicos de val\u00eda. Citemos, entre mil, al ilustre Virchow, que, siendo m\u00e9dico de Fr\u00e1ncfort, escribi\u00f3 su c\u00e9lebre obra sobre Patolog\u00eda celular; a Roberto Koch, tambi\u00e9n m\u00e9dico pr\u00e1ctico, domiciliado en Potsdam, cuyas investigaciones renovaron la bacteriolog\u00eda con hallazgos t\u00e9cnicos fecund\u00edsimos y observaciones admirables; a la brillante pl\u00e9yade de neur\u00f3logos de Fr\u00e1ncfort, ciudad no universitaria, donde los Weigert, los Ehrlich, los Edinger, <abbr>etc.<\/abbr>, crearon valiosos m\u00e9todos de investigaci\u00f3n histol\u00f3gica, <abbr>etc.<\/abbr><\/p>\n<p>El investigador y la familia.\u0097Los afanes y gastos exigidos por la creaci\u00f3n y sostenimiento de una familia, en contraste con las mezquinas retribuciones con que el Estado sufraga la funci\u00f3n docente, constituyen, seg\u00fan es harto sabido, otra de las razones alegadas por muchos de nuestros profesores para desertar del laboratorio y enderezar sus actividades a m\u00e1s lucrativas empresas. \u00abLa ciencia y la familia \u0097afirman\u0097 son incompatibles. Puesto que la base f\u00edsica del profesor \u0097a\u00f1aden\u0097 representa mera raci\u00f3n de entretenimiento, \u00bfc\u00f3mo invitar a nadie a compartirla? El sabio debe escoger, por tanto, entre su familia espiritual y su familia real, entre sus ideas y sus hijos.\u00bb<\/p>\n<p>Preciso es reconocerlo, en tales exigencias late un fondo de verdad. Los afanes del hogar restan fuerzas morales y econ\u00f3micas a la obra de investigaci\u00f3n. El ideal universitario ser\u00eda un monasterio, cuyos monjes, consagrados de por vida al estudio de la Naturaleza, se distrajeran un tanto de sus deberes religiosos.<\/p>\n<p>Porque somos demasiado imperfectos para consagrar por igual nuestro fervor a dos nobles causas. El ansia del cielo desinteresa de la tierra. Notorio es que los psicol\u00f3gos, abismados en la contemplaci\u00f3n del esp\u00edritu, desprecian el cerebro. Quienes se preocupan del diablo, se r\u00eden del microbio. Y la aspiraci\u00f3n a la gloria eterna nos aleja de la gloria humana. \u00a1La gloria!&#8230; Vana ilusi\u00f3n, sin duda, pero capaz de remover monta\u00f1as y de impulsar ardientemente la humanidad hacia la verdad y el bien. Como el patriotismo, la pasi\u00f3n de la gloria debe sugerirse y nunca analizarse.<\/p>\n<p>Mas la vida cenob\u00edtica resultar\u00eda para la mayor\u00eda de los sabios intolerable sacrificio. Parece que este ideal de \u00edntima convivencia fue realidad en la famosa escuela de Alejandr\u00eda. Sin embargo, aquellos c\u00e9lebres ge\u00f3metras y astr\u00f3nomos fueron sin duda casados. Si la mujer es un mal, convengamos en que es un mal necesario. Poqu\u00edsimos son los austeros para quienes la bella mitad del g\u00e9nero humano representa algo as\u00ed como vistoso ejemplar de colecci\u00f3n ornitol\u00f3gica. Adem\u00e1s, mala t\u00e1ctica de conquistar adeptos ser\u00eda brindarles la abstenci\u00f3n y el martirio. Sea abnegado quien pueda pero no impongamos a nadie la abnegaci\u00f3n.<\/p>\n<p>He aqu\u00ed un punto en que la tutela del Estado resulta necesaria. Es mera cuesti\u00f3n econ\u00f3mica. Obligaci\u00f3n sagrada de aqu\u00e9l es conciliar la obra cient\u00edfica con la holgada vida de familia, ahorrando al investigador dolorosas renuncias. Como todo ciudadano celoso del bien p\u00fablico, el cient\u00edfico debe hallarse en situaci\u00f3n de satisfacer la plenitud de sus irrefrenables instintos sociales. En pa\u00edses m\u00e1s adelantados, donde se sabe harto bien que la prosperidad nacional es fruto de la ciencia, este problema econ\u00f3mico recibi\u00f3 hace tiempo satisfactoria soluci\u00f3n. Y en Alemania e Inglaterra han hecho m\u00e1s: en su generosidad hacia los maestros, han convertido el aula y el laboratorio en ping\u00fces sinecuras. Y el sabio ha acabado por tener firma tan acreditada en el libro cient\u00edfico como en el libro talonario.<\/p>\n<p>En esas felices naciones se cumple siempre lo que escrib\u00eda Liebig a Gerhard: \u00abApuntad a un fin elevado, y al fin los honores y riquezas llegar\u00e1n sin que tenga uno que tomarse el trabajo de buscarlos.\u00bb<\/p>\n<p>Muy alejados nos hallamos todav\u00eda en Espa\u00f1a de este ideal econ\u00f3mico. Hacia \u00e9l se camina, sin embargo. Notorio es, seg\u00fan dejamos apuntado m\u00e1s atr\u00e1s, que las condiciones materiales de nuestro profesorado y, en general, de los devotos del laboratorio, han mejorado mucho, gracias a plausibles iniciativas de los gobiernos<sup><a id=\"np20\" href=\"..\/notas-del-autor\/#np20n\">20<\/a><\/sup>.<\/p>\n<p>Pero aunque el Estado fuera sordo a nuestros clamores, no debemos amilanarnos. Sea nuestra divisa la de los grandes financieros: ganar mucho para satisfacer todas nuestras necesidades, y singularmente las de orden elevado, en vez de constre\u00f1irse a una vida de mezquina econom\u00eda y de cobardes abstenciones.<\/p>\n<p>Pong\u00e1monos en el peor de los casos, y veamos c\u00f3mo el novel profesor puede servir a la vez su familia y sus proyectos. Doy por supuesto que nuestro catedr\u00e1tico reside en ciudad de provincias, de ambiente s\u00f3rdido, sin posible clientela y falto, por tanto, de los recursos necesarios para satisfacer conjuntamente inexcusables exigencias del hogar y de sus queridas investigaciones.<\/p>\n<p>\u00bfSe privar\u00e1 de todo en aras de su vocaci\u00f3n? \u00bfVivir\u00e1 solitario renunciando al matrimonio? De ninguna manera. Sirva con igual devoci\u00f3n sus ideas y sus buenos instintos. Para su labor, entr\u00e9guese a las investigaciones baratas, que piden poco material y mucho esfuerzo. Y aproveche sus actividades sobrantes en el fomento de aquellas industrias docentes menos alejadas del blanco de sus amores: la del libro de texto y hasta de vulgarizaci\u00f3n, la de los an\u00e1lisis periciales y, en fin, la de la ense\u00f1anza privada. Con estos ingresos complementarios dar\u00e1 p\u00e1bulo a sus nobles afanes, sin renunciar a leg\u00edtimas expansiones del hogar. Y espere pacientemente mejores tiempos. Si su labor es realmente meritoria, el premio vendr\u00e1 a sorprenderle en su rinc\u00f3n. A la excelsa alegr\u00eda que lleva aparejado el cumplimiento austero del deber, se a\u00f1adir\u00e1n tambi\u00e9n el bienestar material y los halagos de la nombrad\u00eda.<\/p>\n<p>Contra el parecer de muchos, hemos declarado que el hombre de ciencia debe ser casado y arrostrar valerosamente las inquietudes y responsabilidades de la vida de familia.<\/p>\n<p>No imitar\u00e1 el ego\u00edsmo de Epicuro, que no se cas\u00f3 por ahorrarse cuidados e inquietudes, ni el refinad\u00edsimo de Napole\u00f3n, que s\u00f3lo ve\u00eda en la mujer una enfermera util\u00edsima para la vejez<sup><a id=\"np21\" href=\"..\/notas-del-autor\/#np21n\">21<\/a><\/sup>. Para el hombre de ciencia, el concurso de la esposa es tan necesario en la juventud como en la ancianidad. Como la mochila en el combate es la mujer: sin \u00e9sta se lucha con desembarazo, pero \u00bfy al acabar?<\/p>\n<p>En este punto s\u00f3lo haremos una restricci\u00f3n: que el sabio tenga en cuenta su propia y especial psicolog\u00eda<sup><a id=\"np22\" href=\"..\/notas-del-autor\/#np22n\">22<\/a><\/sup>antes de escoger compa\u00f1era. Y sobre todo, que evite a todo trance que se la elijan los dem\u00e1s. Poco hay que insistir para justificar el matrimonio del sabio. En var\u00f3n robusto y normal, el celibato suele ser invitaci\u00f3n permanente a la vida irregular, cuando no a los abandonos del libertinaje. Y las ideas son flores de virtud que no abren sus corolas, o se marchitan r\u00e1pidamente en el vaho de la org\u00eda. Por otra parte, el soltero vive en plena preocupaci\u00f3n sexual. En \u00e9l la intriga galante interrumpe demasiado la marcha de la intriga especulativa. Y, seg\u00fan es notorio, no hay m\u00e1s seguro medio para despreocuparse de mujer que satisfacerse de mujer. Adem\u00e1s, seg\u00fan se ha dicho muchas veces, el hogar destierra del alma el ego\u00edsmo, ennoblece el instinto sexual, genera altos anhelos sociales y fortalece el patriotismo.<\/p>\n<p>\u00a1Elecci\u00f3n de compa\u00f1era! Tocamos aqu\u00ed un punto delicad\u00edsimo. \u00bfQu\u00e9 cualidades han de adornar a la elegida de un hombre de ciencia? Cuesti\u00f3n grav\u00edsima, porque harto sabido es que los atributos morales de la esposa son decisivos para el \u00e9xito de la obra cient\u00edfica. Muchos ciudadanos padecen mujer, pero se la padecen ellos solos; mas de la mujer del sabio sufre, a veces, la sociedad y hasta la Humanidad entera. \u00a1Cu\u00e1ntas obras importantes fueron interrumpidas por el ego\u00edsmo de la joven esposa! \u00a1Qu\u00e9 de vocaciones frustr\u00f3 la vanidad o el capricho femenil! \u00a1Cu\u00e1ntos profesores esclarecidos rindi\u00e9ronse al peso de la coyuntura matrimonial, convirti\u00e9ndose en vulgares buscadores de oro y rebaj\u00e1ndose y esteriliz\u00e1ndose con el acaparamiento insaciable de dignidades y prebendas<sup><a id=\"np23\" href=\"..\/notas-del-autor\/#np23n\">23<\/a><\/sup>.<\/p>\n<p>Hasta los impulsos m\u00e1s humanos y nobles de la esposa, cuando alcanzan excesiva expansi\u00f3n, constituyen formidables enemigos de la labor cient\u00edfica. Seg\u00fan es notorio, alienta en la mujer el esp\u00edritu de familia, la sana tendencia a la conservaci\u00f3n f\u00edsica de la raza. iSanto ego\u00edsmo, porque representa el supremo inter\u00e9s de la especie! No sin raz\u00f3n y profundidad ha dicho Renan: \u00abLo que quiere la mujer lo quiere Dios\u00bb. Concentra \u00e9sta su amor y abnegaci\u00f3n en la prole; menos exclusivo, el var\u00f3n sabe distribuir sus afectos entre la familia y la sociedad. La mujer ama la tradici\u00f3n, adora el privilegio, siente poco la justicia y suele ser indiferente a toda obra de renovaci\u00f3n y de progreso, al paso que el hombre verdaderamente digno de este t\u00edtulo, el <em lang=\"la\" xml:lang=\"la\">homo socialis<\/em>, abomina de la rutina y del privilegio, venera la justicia y antepone, en muchos casos, la causa de la Humanidad al inter\u00e9s de la familia. Por eso, la madre anhela vivir solamente en la memoria de sus hijos, mientras que el padre ans\u00eda, adem\u00e1s, sobrevivir en los fastos de la historia.<\/p>\n<p>Ambas tendencias, la centr\u00edpeta y la centr\u00edfuga, la de concentraci\u00f3n y de expansi\u00f3n, son leg\u00edtimas y necesarias. De su armon\u00eda y acomodo dependen la prosperidad de la raza y los avances de la civilizaci\u00f3n. Cuando la tendencia altruista del var\u00f3n predomina demasiado, la prole decae; por el contrario, si la tendencia femenil prepondera, medra la familia, pero padecen la sociedad y el Estado. En el hogar del sabio, como en el del pol\u00edtico honrado, reinar\u00e1 el esp\u00edritu de abnegaci\u00f3n y de sacrificio, pero no hasta el punto de crear condiciones adversas al desarrollo y educaci\u00f3n de los hijos. Porque, aun coloc\u00e1ndonos en el punto de vista del inter\u00e9s colectivo, no es dudoso que las querellas y preocupaciones dom\u00e9sticas, cuando son continuadas, acaban por agriar la vida del pensador, dificultando por ende la prosecuci\u00f3n de la obra cient\u00edfica o social.<\/p>\n<p>En suma: como norma general, aconsejamos al aficionado a la ciencia buscar en la elegida de su coraz\u00f3n, m\u00e1s que belleza y caudal, adecuada psicolog\u00eda, esto es: sentimientos, gustos y tendencias, en cierto modo, complementarios de los suyos. No escoger\u00e1 la mujer, sino su mujer, cuya mejor dote ser\u00e1 la tierna obediencia y la plena y cordial aceptaci\u00f3n del ideal de vida del esposo.<\/p>\n<p>Llegados a este punto, desear\u00e1 acaso al lector que, abandonando el terreno de las generalidades, definamos el tipo de mujer m\u00e1s adecuado al hombre de ciencia. S\u00e9anos l\u00edcito dar aqu\u00ed nuestro parecer, con las naturales reservas y miramientos. Y a los que sonr\u00edan al vernos descender a estos menesteres, les diremos que no es cosa fr\u00edvola aquello que, como el amor, decide de la vida. Ni es indiferente que la mujer sea para el hombre de estudios gas que lo eleve hasta el cielo o lastre que le obligue, en lo mejor de su vuelo, a <em>aterrizar<\/em> en el pantano.<\/p>\n<p>Entre las mujeres de la clase media, donde el hombre de estudio suele buscar compa\u00f1era, figuran cuatro tipos principales, a saber: la <em>intelectual<\/em>, la <em>heredera rica<\/em>, la <em>artista<\/em> y la <em>hacendosa<\/em>.<\/p>\n<p>La <em>mujer intelectual<\/em>, es decir, la joven adornada con carrera cient\u00edfica o literaria, o que, llevada de vocaci\u00f3n irresistible por el estudio, ha logrado adquirir instrucci\u00f3n general bastante s\u00f3lida y variada, constituye especie muy rara en Espa\u00f1a. Hay, pues, que renunciar a tan grata compa\u00f1\u00eda. Ello es sensible, sin duda, aunque los pocos ejemplares de doctoras (salvo un par de excepciones) que hemos conocido en ateneos, laboratorios y salones, parecen empe\u00f1adas en consolarnos de su inaccesibilidad.<\/p>\n<p>Abunda, por el contrario, en el extranjero esta categor\u00eda femenina, de la cual dest\u00e1case, con singular prestigio, la <em>mujer sabia<\/em>, colaboradora en las empresas cient\u00edficas del esposo, y exenta (en cuanto ello es posible) de las fantas\u00edas y frivolidades del temperamento femenil. Mujer semejante, inteligente y ecu\u00e1nime, rebosante de optimismo y fortaleza, constituye la compa\u00f1era ideal del investigador. Ella triunfa en el hogar y en el coraz\u00f3n del sabio, ci\u00f1endo la triple corona de esposa amante, de confidente \u00edntima y de asidua colaboradora. El caso, repetimos, no es excepcional en las venturosas naciones del Norte.<\/p>\n<p>\u00a1Con qu\u00e9 admiraci\u00f3n, no exenta de envidia, hemos contemplado en algunos laboratorios esas parejas dichosas, entregadas afanosamente a la misma labor, en la cual pone cada c\u00f3nyuge lo m\u00e1s exquisito de su temperamento mental y de sus aptitudes t\u00e9cnicas! Sin insistir en el ejemplo conmovedor de los esposos Curie, descubridores del radio, y concret\u00e1ndonos al reducido c\u00edrculo de nuestras amistades y aficiones cient\u00edficas, surgen en nuestra memoria las im\u00e1genes de tres admirables parejas: M. y Mme. Dej\u00e9rine, de Par\u00eds, consagrados al estudio de la anatom\u00eda normal y patol\u00f3gica del cerebro; M. y Mme. Nageotte, de la misma ciudad, entregados en com\u00fan a investigaciones histol\u00f3gicas y neurol\u00f3gicas, y, en fin, los esposos Vogt, del Instituto Neurol\u00f3gico de Berl\u00edn, ocupados en la magna empresa de la cartograf\u00eda parcelaria del cerebro humano, al modo de los astr\u00f3nomos que se pasan la vida absortos en la fotograf\u00eda y catalogaci\u00f3n de las estrellas nebulosas.<\/p>\n<p>Pero, repetimos, esta <em>ave f\u00e9nix<\/em>, la doctora seria y discreta, colaboradora asidua del esposo, no se ha dignado todav\u00eda aparecer en nuestro horizonte social, donde, por caso extra\u00f1o, los m\u00e1s grandes talentos femeninos son autodid\u00e1cticos y ajenos por completo a los estudios universitarios regulares. El hombre de ciencia espa\u00f1ol debe, pues, elegir entre las otras categor\u00edas femeniles.<\/p>\n<p>\u00bfSe dirigir\u00e1 hacia la <em>mujer opulenta<\/em>? Nos parece peligros\u00edsimo. Habituada a una vida de molicie, de fausto y de exhibici\u00f3n, milagro ser\u00eda que no contagiara sus gustos al esposo, repiti\u00e9ndose con ello el caso del ilustre f\u00edsico ingl\u00e9s Davy, quien por haberse enlazado con hembra linajuda, suspendi\u00f3 casi del todo su brillante carrera de investigador, consumiendo lo mejor de su vida en fiestas y recepciones del gran mundo.<\/p>\n<p>Gran fortuna ser\u00eda topar con heredera rica e ilustre que, abandonando los caprichos y vanidades del sexo, consagrara su oro al servicio de la ciencia. Admirables mujeres de este g\u00e9nero abundan en Francia e Inglaterra. En nuestro pa\u00eds no hemos conocido un profesor aficionado al laboratorio para cuya obra no haya sido fatal la riqueza de la esposa. Si la discreci\u00f3n no sellara nuestros labios, podr\u00edamos demostrar aqu\u00ed con ejemplos vivos c\u00f3mo los gustos fr\u00edvolamente ostentosos de la c\u00f3nyuge o el ego\u00edsmo exagerado de la madre de familia han interrumpido carreras brillantes obligando al novel hombre de ciencia a trocar el estudio por la pol\u00edtica, el microscopio por el autom\u00f3vil y las redentoras veladas del laboratorio por las ociosas horas de la tertulia o del teatro.<\/p>\n<p>Pero no censuremos demasiado a estas ricas hembras, excelentes en el fondo, aunque v\u00edctimas de su incultura: al fin, los reproches inacabables con que paralizan las honradas iniciativas del esposo (\u00bfpara qu\u00e9 esforzarte si tienes con qu\u00e9 vivir holgadamente?, <abbr>etc.<\/abbr>) son disculpables, ya que se inspiran en el amor conyugal. Harto m\u00e1s antip\u00e1ticas son esas altivas herederas que sin miramiento alguno echan en cara al infeliz consorte su condici\u00f3n par\u00e1sita e incapacidad financiera, y que, mortific\u00e1ndole con diarias pullas, oblig\u00e1ndole a trabajar como bestia de carga a fin de sufragar por entero (la dote de la mujer se disipa en adornos, alhajas, muebles lujosos y giras a balnearios y playas de moda) el fausto de una vida tan llena de vanidad como vac\u00eda de ideales.<\/p>\n<p>\u00bfPreferir\u00e1 el sabio la <em>mujer artista<\/em> o la <em>literata profesional<\/em>? Salvo honrosas excepciones, tales hembras constituyen perturbaci\u00f3n o perenne ocasi\u00f3n de disgusto para el cultivador de la ciencia. Desconsuela reconocer que, en cuanto goza de un talento y cultura viriles, suele la mujer perder el encanto de la modestia, adquiere aires de d\u00f3mine y vive en perpetua exhibici\u00f3n de primores y habilidades. La mujer es siempre un poco teatral, pero la literata o la artista est\u00e1n siempre en escena. \u00a1Y luego tienen gustos tan se\u00f1oriales y complicados!&#8230; Al fin, la esposa opulenta suele subvenir a sus antojos. Poco amiga de libros y revistas, curiosea solamente joyer\u00edas y tiendas de moda, pero la literata pasea con igual codicia sus miradas por los escaparates de alhajas y sombreros y por las muestras de los libreros.<\/p>\n<p>No queda, pues, a nuestro sabio en cierne, como probable y apetecible compa\u00f1era de glorias y fatigas, m\u00e1s que la <em>se\u00f1orita hacendosa<\/em> y econ\u00f3mica, dotada de salud f\u00edsica y mental, adornada de optimismo y <em>buen car\u00e1cter<\/em>, con instrucci\u00f3n bastante para comprender y alentar al esposo, con la pasi\u00f3n necesaria para creer en \u00e9l y so\u00f1ar con la hora del triunfo, que ella disputa segur\u00edsima. Inclinada a la dicha sencilla y enemiga de la notoriedad y exhibici\u00f3n, cifrar\u00e1 su orgullo en la salud y felicidad del esposo. El cual, en lugar de reconvenciones y resistencias, hallar\u00e1 en el hogar ambiente grato, propicio a la germinaci\u00f3n y crecimiento de las ideas. Y si, por fortuna, sonr\u00ede la gloria, sus fulgores rodear\u00e1n con una sola aureola dos frentes gemelas.<\/p>\n<p>\u00a1La gloria!&#8230; La esposa modesta la merece tambi\u00e9n, porque, gracias a sus abnegaciones, sacrificando galas y joyas para que no falten libros y revistas, consolando y confortando al genio en horas de desaliento, hizo al fin posible la ejecuci\u00f3n de la magna empresa.<\/p>\n<p>Por fortuna, ese tipo delicioso de mujer no es raro en nuestra clase media. Muy desventurado ser\u00e1 quien, busc\u00e1ndola con empe\u00f1o, no logre encontrarla o no sepa asociarla de todo coraz\u00f3n a sus destinos. El toque est\u00e1 en conquistarla para la obra com\u00fan, en constituirse en su director espiritual, en modelar su car\u00e1cter, pleg\u00e1ndolo a las exigencias de una vida seria, de trabajo intenso y de recato austero, en hacer, en suma, de ella, seg\u00fan dec\u00edamos antes, un \u00f3rgano mental complementario, absorbido en lo peque\u00f1o (si peque\u00f1ez puede llamarse el gobierno del hogar y la educaci\u00f3n de los hijos), para que el esposo, libre de inquietudes, pueda ocuparse en lo grande, esto es, en la germinaci\u00f3n y crianza de sus queridos descubrimientos y de sus especulaciones cient\u00edficas.<\/p>\n","protected":false},"author":1,"menu_order":7,"template":"","meta":{"pb_show_title":"on","pb_short_title":"","pb_subtitle":"","pb_authors":[],"pb_section_license":""},"chapter-type":[],"contributor":[],"license":[],"class_list":["post-29","chapter","type-chapter","status-publish","hentry"],"part":22,"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.publiconsulting.com\/wordpress\/reglasyconsejos\/wp-json\/pressbooks\/v2\/chapters\/29","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.publiconsulting.com\/wordpress\/reglasyconsejos\/wp-json\/pressbooks\/v2\/chapters"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.publiconsulting.com\/wordpress\/reglasyconsejos\/wp-json\/wp\/v2\/types\/chapter"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.publiconsulting.com\/wordpress\/reglasyconsejos\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.publiconsulting.com\/wordpress\/reglasyconsejos\/wp-json\/pressbooks\/v2\/chapters\/29\/revisions"}],"part":[{"href":"https:\/\/www.publiconsulting.com\/wordpress\/reglasyconsejos\/wp-json\/pressbooks\/v2\/parts\/22"}],"metadata":[{"href":"https:\/\/www.publiconsulting.com\/wordpress\/reglasyconsejos\/wp-json\/pressbooks\/v2\/chapters\/29\/metadata\/"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.publiconsulting.com\/wordpress\/reglasyconsejos\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=29"}],"wp:term":[{"taxonomy":"chapter-type","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.publiconsulting.com\/wordpress\/reglasyconsejos\/wp-json\/pressbooks\/v2\/chapter-type?post=29"},{"taxonomy":"contributor","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.publiconsulting.com\/wordpress\/reglasyconsejos\/wp-json\/wp\/v2\/contributor?post=29"},{"taxonomy":"license","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.publiconsulting.com\/wordpress\/reglasyconsejos\/wp-json\/wp\/v2\/license?post=29"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}