{"id":30,"date":"2019-12-09T15:25:40","date_gmt":"2019-12-09T15:25:40","guid":{"rendered":"https:\/\/www.publiconsulting.com\/wordpress\/reglasyconsejos\/chapter\/capitulo-vii-marcha-de-la-investigacion-cientifica\/"},"modified":"2019-12-09T15:25:40","modified_gmt":"2019-12-09T15:25:40","slug":"capitulo-vii-marcha-de-la-investigacion-cientifica","status":"publish","type":"chapter","link":"https:\/\/www.publiconsulting.com\/wordpress\/reglasyconsejos\/chapter\/capitulo-vii-marcha-de-la-investigacion-cientifica\/","title":{"rendered":"Cap\u00edtulo VII. Marcha de la investigaci\u00f3n cient\u00edfica"},"content":{"raw":"\nSiguiendo a los tratadistas de l\u00f3gica, y singularmente a E. Naville, consideramos en toda investigaci\u00f3n cient\u00edfica tres operaciones sucesivas, a saber: observaci\u00f3n y experimentaci\u00f3n, suposici\u00f3n o hip\u00f3tesis y comprobaci\u00f3n. En alg\u00fan caso, la indagaci\u00f3n misma tiene como precedente, no la observaci\u00f3n personal, sino un acto de cr\u00edtica, una repugnancia sentida a priori por nuestro esp\u00edritu respecto de ciertas doctrinas m\u00e1s o menos generalmente admitidas, pero hay que convenir en que semejante desacuerdo supone a menudo alg\u00fan estudio objetivo personal, siquiera sea ligero, sobre el tema o sobre materias afines del problema a resolver.\n<h2>a) Observaci\u00f3n<\/h2>\nEl consejo dado por los preceptistas literarios, y sobre el cual ha disertado muy atinada e ingeniosamente P\u00e9rez de Ayala, \u00abver las cosas por primera vez\u00bb, es decir, readmirarlas, descartando reminiscencias librescas, descripciones postizas y frases y t\u00f3picos comunes, tiene en la investigaci\u00f3n cient\u00edfica muy se\u00f1alada aplicaci\u00f3n. Hay que limpiar la mente de prejuicios y de im\u00e1genes ajenas, hacer el firme prop\u00f3sito de ver y juzgar por nosotros mismos, como si el objeto hubiera sido creado expresamente para regalo y deleite de nuestro intelecto. Es preciso, en fin, renovar en lo posible aquel estado de esp\u00edritu \u0097mezcla de sorpresa, emoci\u00f3n y viv\u00edsima curiosidad\u0097 por que atraves\u00f3 el sabio afortunado que descubri\u00f3 el hecho considerado por nosotros o que plante\u00f3 primeramente el problema.\n\nY eso se enlaza \u00edntimamente con otra regla encarecida insistentemente por los maestros de la investigaci\u00f3n cient\u00edfica. No basta examinar, hay que contemplar: impregnemos de emoci\u00f3n y simpat\u00eda las cosas observadas, hag\u00e1moslas nuestras, tanto por el coraz\u00f3n como por la inteligencia. S\u00f3lo as\u00ed nos entregar\u00e1n su secreto. Porque el entusiasmo acrecienta y afina nuestra capacidad perceptiva. Al modo del amante que sabe descubrir diariamente en su adorada nuevas perfecciones, quien contempla con delectaci\u00f3n un objeto acaba por discernir en \u00e9l detalles interesantes y propiedades peregrinas escapadas a la atenci\u00f3n distra\u00edda de los trabajadores rutinarios.\n\nDescendiendo ahora a m\u00e1s concreto terreno, formularemos algunas reglas indispensables a la buena observaci\u00f3n en materias biol\u00f3gicas.\n\nDebe realizarse en las mejores condiciones posibles, aprovechando al efecto los instrumentos anal\u00edticos m\u00e1s perfectos y los m\u00e9todos de estudio merecedores de m\u00e1s confianza. A ser posible, aplicaremos varios m\u00e9todos al mismo tema, y corregiremos las deficiencias de los unos con las revelaciones de los otros. Escojamos la t\u00e9cnica m\u00e1s exacta, la que d\u00e9 im\u00e1genes m\u00e1s claras y concluyentes. Importa, asimismo, evitar toda ligereza en la apreciaci\u00f3n de los hechos, reproduci\u00e9ndolos de mil maneras hasta cerciorarnos de su absoluta constancia y de no haber sido v\u00edctimas de alguna de esas falaces apariencias que extrav\u00edan (particularmente en los estudios microgr\u00e1ficos) a los j\u00f3venes exploradores.\n\nSi nuestro estudio versa sobre un objeto de Anatom\u00eda, Historia Natural, <abbr>etc.<\/abbr>, la observaci\u00f3n correr\u00e1 paralela al dibujo, porque, aparte otras ventajas, el acto de copiar disciplina y robustece la atenci\u00f3n, obliga a recorrer la totalidad del fen\u00f3meno estudiado, y evita, por tanto, que se nos escapen detalles frecuentemente inadvertidos en la observaci\u00f3n ordinaria. En ciencias naturales s\u00f3lo podemos lisonjearnos de conocer una forma o una estructura cuando sepamos representarlas f\u00e1cil y detalladamente. Cuanto m\u00e1s que ciertos estudios morfol\u00f3gicos ser\u00edan incomprensibles sin el dibujo. Raz\u00f3n ten\u00eda el gran Cuvier cuando afirmaba que \u00absin el arte del dise\u00f1o la Historia Natural y la Anatom\u00eda hubieran sido imposibles\u00bb<sup><a id=\"np24\" href=\"..\/notas-del-autor\/#np24n\">24<\/a><\/sup>. Por algo todos los grandes observadores son habil\u00edsimos dibujantes.\n\nCuando, a pesar de haber aplicado la t\u00e9cnica apropiada, la presentaci\u00f3n del objeto no salga enteramente a nuestro gusto, hay que reproducirla cuantas veces sea preciso para obtener del m\u00e9todo el m\u00e1ximo rendimiento. Ser\u00e1 de gran provecho, al efecto, tener a la vista, para confrontarla con las nuestras, alguna preparaci\u00f3n excelente ejecutada por el autor del m\u00e9todo o por alguno de sus disc\u00edpulos esot\u00e9ricos. Tendremos presente que el hecho nuevo lo descubre, no el que lo ve primeramente, sino quien, merced a una t\u00e9cnica habil\u00edsima, supo mostrarlo con entera evidencia, logrando llevar la convicci\u00f3n al \u00e1nimo de todos. Como dejamos dicho m\u00e1s atr\u00e1s, en las ciencias biol\u00f3gicas casi todos los grandes sabios han debido sus conquistas al dominio absoluto de uno o varios m\u00e9todos de demostraci\u00f3n o experimentaci\u00f3n.\n<h2>b) Experimentaci\u00f3n<\/h2>\nEn muchas ciencias (la Fisiolog\u00eda, la Patolog\u00eda, la F\u00edsica, la Qu\u00edmica, <abbr>etc.<\/abbr>) la experimentaci\u00f3n sobrepuja en importancia a la observaci\u00f3n misma. Imposible descubrir en F\u00edsica o Fisiolog\u00eda sin imaginar un experimento original, sin someter el fen\u00f3meno estudiado a condiciones m\u00e1s o menos nuevas. La Morfolog\u00eda misma (<em>Histolog\u00eda<\/em>, <em>Anatom\u00eda<\/em>, <em>Embriolog\u00eda<\/em>, <abbr>etc.<\/abbr>), para cuyo estudio parece bastar la mera observaci\u00f3n, adquiere de d\u00eda en d\u00eda car\u00e1cter m\u00e1s experimental. Y a tal cambio de rumbo d\u00e9bense valiosas conquistas, a las cuales jam\u00e1s se hubiera llegado por el trillado camino del an\u00e1lisis anat\u00f3mico de las formas est\u00e1ticas. Entre mil ejemplos que pudi\u00e9ramos citar, recordemos: la producci\u00f3n de <em>partenog\u00e9nesis artificial<\/em> en la <em>estrella del mar<\/em> (animal sexuado), mediante la sustituci\u00f3n de la fecundaci\u00f3n natural (acci\u00f3n del zoospermo) por el influjo del agua de mar cargada de cloruro de magnesio; los interesantes experimentos de <em>merogonia<\/em> (destrucci\u00f3n de las primeras esferas de segmentaci\u00f3n del \u00f3vulo fecundado), ejecutados en batracios por Roux, Hertwig, Wilson, <abbr>etc.<\/abbr>, demostrativos de que cada c\u00e9lula primitiva posee capacidad de generar un embri\u00f3n entero, de donde resultaron definitivamente arruinadas las hip\u00f3tesis embriog\u00e9nicas de la <em>preexistencia<\/em> y del mosaico; los trabajos de Nageotte, Marinesco, <abbr>etc.<\/abbr>, acerca de la transplantaci\u00f3n de los nervios y ganglios, probando que la morfolog\u00eda de la c\u00e9lula nerviosa representa simple funci\u00f3n del ambiente qu\u00edmico; los maravillosos resultados obtenidos por Harrison, Carrel y su escuela (Instituto Rockefeller) sobre el cultivo artificial, en serie\ne <em lang=\"la\" xml:lang=\"la\">in vitro<\/em>, de las c\u00e9lulas de los tejidos normales y patol\u00f3gicos; los interesantes experimentos de H. de Vries y de muchos modernos naturalistas acerca de la mutaci\u00f3n de las especies y del mecanismo de la herencia, <abbr>etc.<\/abbr>\n\nTan admirables \u00e9xitos deben alentarnos a completar en lo posible el estudio meramente est\u00e1tico de las formas por la intervenci\u00f3n del m\u00e9todo experimental. De esta suerte provocamos alteraciones violentas en las condiciones biol\u00f3gicas normales de c\u00e9lulas y organismos. Simplificase de este modo el proceso l\u00f3gico de la determinaci\u00f3n causal y del mecanismo f\u00edsico-qu\u00edmico del fen\u00f3meno estudiado. Sin duda que en la observaci\u00f3n misma se dan ya, en ocasiones, mudanzas de las condiciones fenomenales, pero semejantes mutaciones, debidas a causas naturales, son raras y epis\u00f3dicas, al paso que, mediante la experimentaci\u00f3n, abr\u00e9vianse los plazos y nos hacemos due\u00f1os, tanto del determinismo natural como de las causas de variaci\u00f3n.\n<h2>c) Hip\u00f3tesis directriz<\/h2>\nObservados los hechos, es preciso fijar su significaci\u00f3n, as\u00ed como las relaciones que encadenan la nueva verdad, al conjunto de los postulados de la Ciencia. En presencia&nbsp;de un fen\u00f3meno ins\u00f3lito, el primer movimiento del \u00e1nimo es imaginar una hip\u00f3tesis que d\u00e9&nbsp;raz\u00f3n y que lo subordine a alguna de las leyes conocidas. La experiencia fallar\u00e1 despu\u00e9s definitivamente sobre la verosimilitud de la concepci\u00f3n.\n\nMeditando sobre el car\u00e1cter de las buenas hip\u00f3tesis, se cae en la cuenta de que, en su mayor parte, representan generalizaciones felices o inducciones arriesgadas, en cuya virtud el hecho reci\u00e9n descubierto se considera provisoriamente como caso particular de un principio general o como un defecto desconocido de una causa conocida. Por ejemplo: el transformismo, tan fecundo en las ciencias biol\u00f3gicas, representa exclusivamente una generalizaci\u00f3n a todos los seres de la ley de herencia, s\u00f3lo positivamente demostrada en la historia de cada especie. Cuando Lavoisier cre\u00f3 la teor\u00eda del calor animal, redujo el fen\u00f3meno respiratorio de los animales, desconocido antes en su esencia, a la ley general de la producci\u00f3n del calor por la oxidaci\u00f3n del carbono, <abbr>etc.<\/abbr>\n\nPara la creaci\u00f3n de la hip\u00f3tesis tendremos en cuenta las reglas siguientes: 1.a, que la hip\u00f3tesis sea obligatoria, es decir, que sin ella no quede arbitrio para explicar los fen\u00f3menos; 2.a, que sea, adem\u00e1s, contrastable o comprobable, o por lo menos que pueda concebirse, para un plazo m\u00e1s o menos remoto, su comprobabilidad, pues las hip\u00f3tesis que se sustraen por completo a la piedra de toque de la observaci\u00f3n o de la experimentaci\u00f3n dejan en realidad los problemas sin esclarecer y no pueden representar otra cosa que s\u00edntesis artificiales coordinadoras, pero no explicativas, de los hechos, cuando no meras explicaciones verbales; 3.a, que sea f\u00e1cilmente imaginable, es decir, traducible en lenguaje f\u00edsico-qu\u00edmico, y si es posible, como quer\u00eda lord Kelvin, en puro mecanismo (las hip\u00f3tesis oscuras o demasiado abstractas corren riesgo de constituir vac\u00edas explicaciones verbales); 4.a, que, huyendo de propiedades ocultas y de esencias metaf\u00edsicas, propenda a resolver las cuestiones de calidad en problemas de cantidad; 5.a, y que sugiera, a ser posible, tambi\u00e9n investigaciones y controversias que, si no zanjan la cuesti\u00f3n, nos aproximen al menos al buen camino, promoviendo nuevas y m\u00e1s felices concepciones (<em>hip\u00f3tesis de trabajo<\/em>, de Weismann). Aun siendo err\u00f3nea, una hip\u00f3tesis puede servir eficazmente al progreso con tal que est\u00e9 basada en nuevas observaciones y marque una direcci\u00f3n original al pensamiento cient\u00edfico. Y en todo caso, la explicaci\u00f3n rechazada por falsa siempre tendr\u00e1 una ventaja: la de restringir, por exclusi\u00f3n, el campo de lo imaginable, eliminando soluciones inaceptables y causas de error. Con raz\u00f3n dice Le Bon \u00abque quien reh\u00fasa escoger la hip\u00f3tesis por gu\u00eda debe resignarse a tomar el azar por maestro\u00bb.\n\nMuchos sabios ilustres, y singularmente el gran fisico Tyndall, han insistido elocuentemente sobre la importancia de las hip\u00f3tesis en la Ciencia, y acerca del importante papel desempe\u00f1ado por la imaginaci\u00f3n en la creaci\u00f3n de buenas y fecundas teor\u00edas. De acuerdo, por nuestra parte, creemos que si la hip\u00f3tesis es un arma de que se abusa demasiado, es tambi\u00e9n un instrumento l\u00f3gico, sin el cual ni la observaci\u00f3n misma, con ser de suyo tan pasiva, puede realizarse. Buena o mala, una conjetura, un intento de explicaci\u00f3n cualquiera, ser\u00e1 siempre nuestro gu\u00eda, pues nadie busca sin plan.\n\nAun los llamados hallazgos casuales se deben com\u00fanmente a alguna idea directriz que la experiencia no sancion\u00f3, pero que tuvo virtud, no obstante, para llevarnos a un terreno poco o nada explorado. Si se me perdonara lo vulgar del s\u00edmil, dir\u00eda que en estas materias sucede lo que con las personas conocidas, que aparecen en la calle entre la multitud de transe\u00fantes en el preciso instante en que pensamos en ellas, por la raz\u00f3n bien sencilla de que, cuando en ellas no pensamos, pasan cerca de nosotros sin percatarnos de su presencia. Impulsados por la hip\u00f3tesis, acaso ocurrir\u00e1 sorprender en los hechos diversa cosa que lo buscado, pero mejor es esto que no encontrar nada, que es justamente lo que le sucede al mero e imposible contemplador de los fen\u00f3menos naturales. Como dice Peisse, \u00abel ojo no ve en las cosas m\u00e1s que lo que est\u00e1 en el esp\u00edritu\u00bb.\n\nIn\u00fatil ser\u00e1 recordar que todos los grandes investigadores han sido fecundos creadores de hip\u00f3tesis. Con profundo sentido se ha dicho que ellas son el primer balbuceo de la raz\u00f3n en medio de las tinieblas de lo desconocido, la sonda tendida en el misterioso abismo, el puente, en fin, a\u00e9reo y audaz que junta la playa familiar con el inexplorado continente.\n\nDe las hip\u00f3tesis se ha abusado mucho. Es fuerza, sin embargo, reconocer que sin ellas nuestro caudal de hechos positivos resultar\u00eda harto mezquino, acrecent\u00e1ndose muy lentamente. Las hip\u00f3tesis y el dato objetivo est\u00e1n ligados por estrecha relaci\u00f3n etiol\u00f3gica. Aparte su valor conceptual o explicativo, entra\u00f1a la teor\u00eda valor instrumental. \u00abEl cient\u00edfico no debe olvidar, afirma Huxley, que la hip\u00f3tesis debe considerarse como un medio, jam\u00e1s como un fin\u00bb. Observar sin pensar es tan peligroso como pensar sin observar. Ella es nuestra mejor herramienta intelectual, herramienta, como todas, susceptible de mellarse y de enmohecerse, necesitada de continuas reparaciones y sustituciones, pero sin la cual fuera casi imposible labrar honda brecha en el duro bloque de lo real.\n\nDificil es dictar reglas para imaginar hip\u00f3tesis. Quien no posea cierta intuici\u00f3n del encadenamiento causal, instinto adivinatorio para columbrar la idea en el hecho y la ley en el fen\u00f3meno, pocas veces dar\u00e1, cualquiera que sea su talento de observador, con una explicaci\u00f3n razonable. Cabe, empero, se\u00f1alar, por lo que toca a las hip\u00f3tesis biol\u00f3gicas, algunos conceptos o normas generales, cuyo recuerdo podr\u00e1 ser provechoso a la hora de imaginar hip\u00f3tesis explicativas.\n\nHe aqu\u00ed algunas de ellas:\n<ol>\n \t<li>La Naturaleza emplea los mismos medios para iguales fines.\u0097En virtud de este principio, que tiene pocas excepciones, nos ser\u00e1 dado en muchos casos reducir una disposici\u00f3n desconocida en otra conocida. Por ejemplo: cuando la <em>mitosis<\/em> o <em lang=\"grc\" xml:lang=\"grc\">kariokinesis<\/em> fue descubierta en las gruesas c\u00e9lulas de las larvas de trif\u00f3n y salamandra, pudo racionalmente esperarse hallar parecidos fen\u00f3menos en la divis\u00f3n celular del hombre y vertebrados superiores, as\u00ed en estado normal como en condiciones patol\u00f3gicas, y, en efecto, la experiencia confirm\u00f3 la previsi\u00f3n. Citemos otro ejemplo: esclarecida en los vertebrados, gracias a las investigaciones de K\u00fchne, Krause, Ranvier, <abbr>etc.<\/abbr>, la terminaci\u00f3n libre, mediante arborizaciones varicosas, de las fibras nerviosas motrices y sensitivas, pod\u00eda preverse, en virtud de la ley, que el hecho se repetir\u00eda en los centros nerviosos, no s\u00f3lo de los vertebrados, sino de los invertebrados. Y esta sospecha racional vino a ser luego plenamente confirmada por nosotros, por Koelliker, Lenhoss\u00e9k, van Gehuchten, <abbr>etc.<\/abbr>, para los vertebrados, y por Retzius, Lenhoss\u00e9k y otros, para los invertebrados. In\u00fatil multiplicar los ejemplos.<\/li>\n \t<li>Estudio del hecho en sus formas sencillas.\u0097Puesto que la ontogenia y la filogenia representan dos series casi paralelas de formas que van de lo sencillo a lo complicado, nada mejor podemos hacer, para esclarecer la estructura de un \u00f3rgano complejo y casi inabordable en los vertebrados superiores, que estudiar \u00e9ste en sus formas simples, ora del desarrollo individual, ora de las especies. M\u00e9todo excelente es, para determinar la significaci\u00f3n de una cosa, averiguar c\u00f3mo llega a ser lo que es, porque al se\u00f1alar el lugar que ocupa en la cadena evolutiva, esclarecemos, sin pensarlo, su valor anat\u00f3mico y fisiol\u00f3gico.<\/li>\n \t<li>Toda disposici\u00f3n natural, por caprichosa que parezca, obedece a un fin utilitario. Abstracci\u00f3n hecha de los \u00f3rganos atr\u00f3ficos, este principio teleol\u00f3gico es aplicable a todas las particularidades de estructura de animales y plantas. Al enunciar esta ley, no pretendemos, como supusieron Linneo, Cuvier y Agassiz, que cada \u00f3rgano represente una encarnaci\u00f3n directa del Principio creador, pretendemos tan s\u00f3lo consignar que, sea cualquiera la causa, todo \u00f3rgano conservado por la Naturaleza, es decir, fijado durante miles de a\u00f1os por la herencia, representa casi siempre disposici\u00f3n \u00fatil al individuo o a la especie, ya que las organizaciones superfluas o desfavorables provocadas por variaci\u00f3n, y otras condiciones, acaban por ser eliminadas. En armon\u00eda con este principio, atribuiremos una funci\u00f3n importante a cuantos \u00f3rganos o tejidos se mantienen tenazmente en la serie animal, y una actividad menos urgente, por lo menos para la vida del individuo, a aquellos otros exiguamente representados en la escala zool\u00f3gica. De este postulado usa y abusa continuamente el fisi\u00f3logo al tratar de interpretar el dinamismo de \u00f3rganos como los de la circulaci\u00f3n, digesti\u00f3n y locomoci\u00f3n: dinamismo en el cual tanta luz arroja nuestro conocimiento de la F\u00edsica y de la Qu\u00edmica, o, como dec\u00eda Letamendi, el <em>estado actual de nuestros conocimientos industriales<\/em>.<\/li>\n<\/ol>\nHay excepciones, sin duda, del citado principio utilitario, mas \u00e9stas son pocas y f\u00e1cilmente explicables por el hecho de la adaptac\u00ed\u00f3n reciente, y por tal incompleta, a condiciones nuevas (\u00f3rganos atr\u00f3ficos por desuso, <abbr>etc.<\/abbr>). Sobre estas incongruencias biol\u00f3gicas, m\u00e1s comunes todav\u00eda en el hombre que en los animales, consecuencias del principio de Lamarck del uso o desuso de los \u00f3rganos, discurre ingeniosamente Metchnikoff en sus <em>Estudios sobre la naturaleza humana<\/em>.\n\nLa hip\u00f3tesis apl\u00edcase siempre, seg\u00fan es sabido, a explicar los hechos adquiridos. Sin entrar en el arduo problema filos\u00f3fico de la <em>explicaci\u00f3n cient\u00edfica<\/em> (esto implicar\u00eda desarrollos impropios de este librito), haremos notar que el entendimiento, al considerar los fen\u00f3menos naturales, puede adoptar una de estas dos actitudes, ambas satisfactorias para nuestra necesidad de certeza:\n<ul>\n \t<li>1.\u00aa El hecho nuevo es referido a una ley conocida (explicaci\u00f3n legalista de Meyerson).<\/li>\n \t<li>2.\u00aa El hecho nuevo, adem\u00e1s de su <em>legalidad<\/em>, es decir, de su vinculaci\u00f3n a una ley general, resu\u00e9lvese tambi\u00e9n ante la raz\u00f3n en puro <em>mecanismo<\/em>, y entra d\u00f3cilmente en las ecuaciones de la din\u00e1mica. Esta segunda manera de explicaci\u00f3n representa para Maxwell y para la mayor\u00eda de los f\u00edsico-fil\u00f3sofos modernos un grado superior de comprensi\u00f3n cient\u00edfica, y requiere el empleo de teor\u00edas generales jer\u00e1rquicamente superiores a las leyes emp\u00edricas.<\/li>\n<\/ul>\nFuerza es confesar que nuestro entendimiento exige imperiosamente teor\u00edas concebibles, representables en t\u00e9rminos mec\u00e1nicos. Lo que se resiste a la representaci\u00f3n material corre mucho riesgo de ser un mero juego de la imaginaci\u00f3n sin realidad objetiva. La raz\u00f3n psicol\u00f3gica de tal necesidad se nos escapa a\u00fan. Acaso dependa de que, como dir\u00eda Bergson, modelados nuestros conceptos sobre lo discontinuo de la sensaci\u00f3n, la imaginaci\u00f3n s\u00f3lo sabe forjar, como representaci\u00f3n \u00faltima de las cosas, algo semejante al dato sensorial mismo, es decir, variaciones en el movimiento de partes discontinuas, perturbaciones en la configuraci\u00f3n y dinamismo de sistemas materiales.\n\nEn F\u00edsica, en Qu\u00edmica, en Astronom\u00eda, las explicaciones hipot\u00e9ticas por <em>reducci\u00f3n<\/em> mec\u00e1nica son comun\u00edsimas, y el investigador debe inspirarse en ellas para dar forma pl\u00e1stica a sus ideas y llevar adelante sus especulaciones; en Anatom\u00eda, Biolog\u00eda, Patolog\u00eda, <abbr>etc.<\/abbr>, habremos de contentarnos casi siempre con <em>hip\u00f3tesis legalistas<\/em>, las cuales, si no dejan plenamente saciado nuestro af\u00e1n de compensaci\u00f3n, son suficientes para satisfacer estos dos grandes anhelos de la raz\u00f3n: actuar y prever.\n\nComprobaci\u00f3n.\u0097Imaginada la hip\u00f3tesis, menester es someterla a la sanci\u00f3n de la experiencia, para lo cual escogeremos experimentos u observaciones precisas, completas y concluyentes. Imaginar buenos experimentos es uno de los atributos caracter\u00edsticos del ingenio superior, el cual halla manera de resolver de una vez cuestiones que los sabios mediocres s\u00f3lo logran esclarecer a fuerza de largos y fatigosos experimentos.\n\nSi la hip\u00f3tesis no se conforma con los hechos hay que rechazarla sin piedad, e imaginar otra explicaci\u00f3n exenta de reproche. Impong\u00e1monos severa autocr\u00edtica, basada en&nbsp;la desconfianza de nosotros mismos. Durante el proceso de comprobaci\u00f3n, pondremos la&nbsp;misma diligencia en buscar los hechos contrarios a nuestra hip\u00f3tesis que los que puedan favorecerla. Evitemos encari\u00f1amientos excesivos con las propias ideas, que deben hallar en nosotros, no un abogado, sino un fiscal. El tumor, aunque propio, debe ser extirpado. Harto mejor es rectificar nosotros que sufrir la correcci\u00f3n de los dem\u00e1s. Por nuestra parte, no sentimos la menor mortificaci\u00f3n al abandonar nuestras ideas, porque creemos que caer y levantarse s\u00f3lo revela pujanza, mientras que caer y esperar una mano compasiva que nos levante, acusa debilidad.\n\nConfesaremos, sin embargo, los propios dislates siempre que alguien nos lo demuestre, con lo cual obraremos como buenos; probando que s\u00f3lo nos anima el amor a la verdad, granjearemos superior consideraci\u00f3n y estima para nuestras opiniones.\n\nEl amor propio y la soberbia nos arrebatan el placer soberano de sentirnos escultores de nosotros mismos, la fruici\u00f3n incomparable de habernos corregido y superado, refinado y perfeccionado nuestra m\u00e1quina cerebral, legado de la herencia. Si alguna vez es disculpable el engreimiento es cuando la voluntad nos automodela o recrea, actuando, por decirlo as\u00ed, en funci\u00f3n de demiurgo soberano.\n\nSi nuestro orgullo opone algunos reparos, tengamos en cuenta que, mal que nos pese, todos nuestros artificios ser\u00e1n impotentes para retardar el triunfo de la verdad, que se consumar\u00e1, por lo com\u00fan, en vida nuestra, y ser\u00e1 tanto m\u00e1s lamentable cuanto m\u00e1s en\u00e9rgica haya sido la protesta del amor propio. No faltar\u00e1, sin duda, alg\u00fan esp\u00edritu displicente, y acaso malintencionado, que nos eche en cara nuestra inconsecuencia, despechado sin duda porque nuestra espont\u00e1nea rectificaci\u00f3n le priv\u00f3 de f\u00e1cil victoria obtenida a costa nuestra, mas a \u00e9stos les contestaremos que el deber del hombre de ciencia no es petrificarse en el error, sino adaptarse continuamente al nuevo medio cient\u00edfico, que el vigor cerebral est\u00e1 en moverse, no en anquilosarse, y que en la vida intelectual del hombre, como en la de las especies zool\u00f3gicas, lo malo no es la mudanza, sino la regresi\u00f3n y el atavismo. Variaci\u00f3n supone vigor, plasticidad, juventud; fijeza es sin\u00f3nimo de reposo, de pereza cerebral, de petrificaci\u00f3n de pensamiento, en fin, de inercia mental, nuncio seguro de decrepitud y de muerte<sup><a id=\"np25\" href=\"..\/notas-del-autor\/#np25n\">25<\/a><\/sup>. Con sinceridad simp\u00e1tica ha dicho un cient\u00edfico: \u00abVar\u00edo porque estudio\u00bb. Todav\u00eda ser\u00eda m\u00e1s noble y modesto declarar: \u00abCambio porque estudian los dem\u00e1s y tengo a gala renovarme\u00bb.\n\nCuando el trabajo de confirmaci\u00f3n arroje poca luz, imaginemos nuevos experimentos y procuremos colocarnos en las mejores condiciones para valuar el alcance de la hip\u00f3tesis. En Anatom\u00eda o Fisiolog\u00eda, por ejemplo, ocurre frecuentemente la imposibilidad de esclarecer la estructura o la funci\u00f3n de un \u00f3rgano complejo, lo cual depende de que atacamos el problema por su lado m\u00e1s dificil, pretendiendo resolverlo en el hombre o en los vertebrados superiores. Mas si acudimos a los embriones o a los animales inferiores, la Naturaleza se nos muestra m\u00e1s ingenua y menos esquiva, ofreci\u00e9ndonos el plan casi esquem\u00e1tico de la estructura y dinamismo buscados, con lo que a menudo nuestra hip\u00f3tesis recibir\u00e1 inesperada y definitiva comprobaci\u00f3n.\n\nEn resumen, la marcha seguida por el investigador en la conquista de una verdad cient\u00edfica suele ser: 1.\u00ba Observaci\u00f3n de los hechos demostrados, a favor de m\u00e9todos terminantes, claros y de gran precisi\u00f3n. 2.\u00b0 Experimentaci\u00f3n para crear condiciones nuevas en la manifestaci\u00f3n de los fen\u00f3menos. 3.\u00b0 Cr\u00edtica y eliminaci\u00f3n de una interpretaci\u00f3n racional de los hechos, en cuya virtud \u00e9stos queden subordinados a una ley general y, si es posible, a una representaci\u00f3n o esquema fisioqu\u00edmico. 4.\u00b0 Comprobaciones de la hip\u00f3tesis mediante nuevas observaciones o repetidos experimentos. 5.\u00b0 De no concordar con la realidad, sustituci\u00f3n de la hip\u00f3tesis por otra, que ser\u00e1 a su vez sometida a riguroso an\u00e1lisis objetivo. 6.\u00b0 Aplicaciones y ramificaciones de la hip\u00f3tesis, ya convertida en verdad firme, a otras esferas del saber.\n","rendered":"<p>Siguiendo a los tratadistas de l\u00f3gica, y singularmente a E. Naville, consideramos en toda investigaci\u00f3n cient\u00edfica tres operaciones sucesivas, a saber: observaci\u00f3n y experimentaci\u00f3n, suposici\u00f3n o hip\u00f3tesis y comprobaci\u00f3n. En alg\u00fan caso, la indagaci\u00f3n misma tiene como precedente, no la observaci\u00f3n personal, sino un acto de cr\u00edtica, una repugnancia sentida a priori por nuestro esp\u00edritu respecto de ciertas doctrinas m\u00e1s o menos generalmente admitidas, pero hay que convenir en que semejante desacuerdo supone a menudo alg\u00fan estudio objetivo personal, siquiera sea ligero, sobre el tema o sobre materias afines del problema a resolver.<\/p>\n<h2>a) Observaci\u00f3n<\/h2>\n<p>El consejo dado por los preceptistas literarios, y sobre el cual ha disertado muy atinada e ingeniosamente P\u00e9rez de Ayala, \u00abver las cosas por primera vez\u00bb, es decir, readmirarlas, descartando reminiscencias librescas, descripciones postizas y frases y t\u00f3picos comunes, tiene en la investigaci\u00f3n cient\u00edfica muy se\u00f1alada aplicaci\u00f3n. Hay que limpiar la mente de prejuicios y de im\u00e1genes ajenas, hacer el firme prop\u00f3sito de ver y juzgar por nosotros mismos, como si el objeto hubiera sido creado expresamente para regalo y deleite de nuestro intelecto. Es preciso, en fin, renovar en lo posible aquel estado de esp\u00edritu \u0097mezcla de sorpresa, emoci\u00f3n y viv\u00edsima curiosidad\u0097 por que atraves\u00f3 el sabio afortunado que descubri\u00f3 el hecho considerado por nosotros o que plante\u00f3 primeramente el problema.<\/p>\n<p>Y eso se enlaza \u00edntimamente con otra regla encarecida insistentemente por los maestros de la investigaci\u00f3n cient\u00edfica. No basta examinar, hay que contemplar: impregnemos de emoci\u00f3n y simpat\u00eda las cosas observadas, hag\u00e1moslas nuestras, tanto por el coraz\u00f3n como por la inteligencia. S\u00f3lo as\u00ed nos entregar\u00e1n su secreto. Porque el entusiasmo acrecienta y afina nuestra capacidad perceptiva. Al modo del amante que sabe descubrir diariamente en su adorada nuevas perfecciones, quien contempla con delectaci\u00f3n un objeto acaba por discernir en \u00e9l detalles interesantes y propiedades peregrinas escapadas a la atenci\u00f3n distra\u00edda de los trabajadores rutinarios.<\/p>\n<p>Descendiendo ahora a m\u00e1s concreto terreno, formularemos algunas reglas indispensables a la buena observaci\u00f3n en materias biol\u00f3gicas.<\/p>\n<p>Debe realizarse en las mejores condiciones posibles, aprovechando al efecto los instrumentos anal\u00edticos m\u00e1s perfectos y los m\u00e9todos de estudio merecedores de m\u00e1s confianza. A ser posible, aplicaremos varios m\u00e9todos al mismo tema, y corregiremos las deficiencias de los unos con las revelaciones de los otros. Escojamos la t\u00e9cnica m\u00e1s exacta, la que d\u00e9 im\u00e1genes m\u00e1s claras y concluyentes. Importa, asimismo, evitar toda ligereza en la apreciaci\u00f3n de los hechos, reproduci\u00e9ndolos de mil maneras hasta cerciorarnos de su absoluta constancia y de no haber sido v\u00edctimas de alguna de esas falaces apariencias que extrav\u00edan (particularmente en los estudios microgr\u00e1ficos) a los j\u00f3venes exploradores.<\/p>\n<p>Si nuestro estudio versa sobre un objeto de Anatom\u00eda, Historia Natural, <abbr>etc.<\/abbr>, la observaci\u00f3n correr\u00e1 paralela al dibujo, porque, aparte otras ventajas, el acto de copiar disciplina y robustece la atenci\u00f3n, obliga a recorrer la totalidad del fen\u00f3meno estudiado, y evita, por tanto, que se nos escapen detalles frecuentemente inadvertidos en la observaci\u00f3n ordinaria. En ciencias naturales s\u00f3lo podemos lisonjearnos de conocer una forma o una estructura cuando sepamos representarlas f\u00e1cil y detalladamente. Cuanto m\u00e1s que ciertos estudios morfol\u00f3gicos ser\u00edan incomprensibles sin el dibujo. Raz\u00f3n ten\u00eda el gran Cuvier cuando afirmaba que \u00absin el arte del dise\u00f1o la Historia Natural y la Anatom\u00eda hubieran sido imposibles\u00bb<sup><a id=\"np24\" href=\"..\/notas-del-autor\/#np24n\">24<\/a><\/sup>. Por algo todos los grandes observadores son habil\u00edsimos dibujantes.<\/p>\n<p>Cuando, a pesar de haber aplicado la t\u00e9cnica apropiada, la presentaci\u00f3n del objeto no salga enteramente a nuestro gusto, hay que reproducirla cuantas veces sea preciso para obtener del m\u00e9todo el m\u00e1ximo rendimiento. Ser\u00e1 de gran provecho, al efecto, tener a la vista, para confrontarla con las nuestras, alguna preparaci\u00f3n excelente ejecutada por el autor del m\u00e9todo o por alguno de sus disc\u00edpulos esot\u00e9ricos. Tendremos presente que el hecho nuevo lo descubre, no el que lo ve primeramente, sino quien, merced a una t\u00e9cnica habil\u00edsima, supo mostrarlo con entera evidencia, logrando llevar la convicci\u00f3n al \u00e1nimo de todos. Como dejamos dicho m\u00e1s atr\u00e1s, en las ciencias biol\u00f3gicas casi todos los grandes sabios han debido sus conquistas al dominio absoluto de uno o varios m\u00e9todos de demostraci\u00f3n o experimentaci\u00f3n.<\/p>\n<h2>b) Experimentaci\u00f3n<\/h2>\n<p>En muchas ciencias (la Fisiolog\u00eda, la Patolog\u00eda, la F\u00edsica, la Qu\u00edmica, <abbr>etc.<\/abbr>) la experimentaci\u00f3n sobrepuja en importancia a la observaci\u00f3n misma. Imposible descubrir en F\u00edsica o Fisiolog\u00eda sin imaginar un experimento original, sin someter el fen\u00f3meno estudiado a condiciones m\u00e1s o menos nuevas. La Morfolog\u00eda misma (<em>Histolog\u00eda<\/em>, <em>Anatom\u00eda<\/em>, <em>Embriolog\u00eda<\/em>, <abbr>etc.<\/abbr>), para cuyo estudio parece bastar la mera observaci\u00f3n, adquiere de d\u00eda en d\u00eda car\u00e1cter m\u00e1s experimental. Y a tal cambio de rumbo d\u00e9bense valiosas conquistas, a las cuales jam\u00e1s se hubiera llegado por el trillado camino del an\u00e1lisis anat\u00f3mico de las formas est\u00e1ticas. Entre mil ejemplos que pudi\u00e9ramos citar, recordemos: la producci\u00f3n de <em>partenog\u00e9nesis artificial<\/em> en la <em>estrella del mar<\/em> (animal sexuado), mediante la sustituci\u00f3n de la fecundaci\u00f3n natural (acci\u00f3n del zoospermo) por el influjo del agua de mar cargada de cloruro de magnesio; los interesantes experimentos de <em>merogonia<\/em> (destrucci\u00f3n de las primeras esferas de segmentaci\u00f3n del \u00f3vulo fecundado), ejecutados en batracios por Roux, Hertwig, Wilson, <abbr>etc.<\/abbr>, demostrativos de que cada c\u00e9lula primitiva posee capacidad de generar un embri\u00f3n entero, de donde resultaron definitivamente arruinadas las hip\u00f3tesis embriog\u00e9nicas de la <em>preexistencia<\/em> y del mosaico; los trabajos de Nageotte, Marinesco, <abbr>etc.<\/abbr>, acerca de la transplantaci\u00f3n de los nervios y ganglios, probando que la morfolog\u00eda de la c\u00e9lula nerviosa representa simple funci\u00f3n del ambiente qu\u00edmico; los maravillosos resultados obtenidos por Harrison, Carrel y su escuela (Instituto Rockefeller) sobre el cultivo artificial, en serie<br \/>\ne <em lang=\"la\" xml:lang=\"la\">in vitro<\/em>, de las c\u00e9lulas de los tejidos normales y patol\u00f3gicos; los interesantes experimentos de H. de Vries y de muchos modernos naturalistas acerca de la mutaci\u00f3n de las especies y del mecanismo de la herencia, <abbr>etc.<\/abbr><\/p>\n<p>Tan admirables \u00e9xitos deben alentarnos a completar en lo posible el estudio meramente est\u00e1tico de las formas por la intervenci\u00f3n del m\u00e9todo experimental. De esta suerte provocamos alteraciones violentas en las condiciones biol\u00f3gicas normales de c\u00e9lulas y organismos. Simplificase de este modo el proceso l\u00f3gico de la determinaci\u00f3n causal y del mecanismo f\u00edsico-qu\u00edmico del fen\u00f3meno estudiado. Sin duda que en la observaci\u00f3n misma se dan ya, en ocasiones, mudanzas de las condiciones fenomenales, pero semejantes mutaciones, debidas a causas naturales, son raras y epis\u00f3dicas, al paso que, mediante la experimentaci\u00f3n, abr\u00e9vianse los plazos y nos hacemos due\u00f1os, tanto del determinismo natural como de las causas de variaci\u00f3n.<\/p>\n<h2>c) Hip\u00f3tesis directriz<\/h2>\n<p>Observados los hechos, es preciso fijar su significaci\u00f3n, as\u00ed como las relaciones que encadenan la nueva verdad, al conjunto de los postulados de la Ciencia. En presencia&nbsp;de un fen\u00f3meno ins\u00f3lito, el primer movimiento del \u00e1nimo es imaginar una hip\u00f3tesis que d\u00e9&nbsp;raz\u00f3n y que lo subordine a alguna de las leyes conocidas. La experiencia fallar\u00e1 despu\u00e9s definitivamente sobre la verosimilitud de la concepci\u00f3n.<\/p>\n<p>Meditando sobre el car\u00e1cter de las buenas hip\u00f3tesis, se cae en la cuenta de que, en su mayor parte, representan generalizaciones felices o inducciones arriesgadas, en cuya virtud el hecho reci\u00e9n descubierto se considera provisoriamente como caso particular de un principio general o como un defecto desconocido de una causa conocida. Por ejemplo: el transformismo, tan fecundo en las ciencias biol\u00f3gicas, representa exclusivamente una generalizaci\u00f3n a todos los seres de la ley de herencia, s\u00f3lo positivamente demostrada en la historia de cada especie. Cuando Lavoisier cre\u00f3 la teor\u00eda del calor animal, redujo el fen\u00f3meno respiratorio de los animales, desconocido antes en su esencia, a la ley general de la producci\u00f3n del calor por la oxidaci\u00f3n del carbono, <abbr>etc.<\/abbr><\/p>\n<p>Para la creaci\u00f3n de la hip\u00f3tesis tendremos en cuenta las reglas siguientes: 1.a, que la hip\u00f3tesis sea obligatoria, es decir, que sin ella no quede arbitrio para explicar los fen\u00f3menos; 2.a, que sea, adem\u00e1s, contrastable o comprobable, o por lo menos que pueda concebirse, para un plazo m\u00e1s o menos remoto, su comprobabilidad, pues las hip\u00f3tesis que se sustraen por completo a la piedra de toque de la observaci\u00f3n o de la experimentaci\u00f3n dejan en realidad los problemas sin esclarecer y no pueden representar otra cosa que s\u00edntesis artificiales coordinadoras, pero no explicativas, de los hechos, cuando no meras explicaciones verbales; 3.a, que sea f\u00e1cilmente imaginable, es decir, traducible en lenguaje f\u00edsico-qu\u00edmico, y si es posible, como quer\u00eda lord Kelvin, en puro mecanismo (las hip\u00f3tesis oscuras o demasiado abstractas corren riesgo de constituir vac\u00edas explicaciones verbales); 4.a, que, huyendo de propiedades ocultas y de esencias metaf\u00edsicas, propenda a resolver las cuestiones de calidad en problemas de cantidad; 5.a, y que sugiera, a ser posible, tambi\u00e9n investigaciones y controversias que, si no zanjan la cuesti\u00f3n, nos aproximen al menos al buen camino, promoviendo nuevas y m\u00e1s felices concepciones (<em>hip\u00f3tesis de trabajo<\/em>, de Weismann). Aun siendo err\u00f3nea, una hip\u00f3tesis puede servir eficazmente al progreso con tal que est\u00e9 basada en nuevas observaciones y marque una direcci\u00f3n original al pensamiento cient\u00edfico. Y en todo caso, la explicaci\u00f3n rechazada por falsa siempre tendr\u00e1 una ventaja: la de restringir, por exclusi\u00f3n, el campo de lo imaginable, eliminando soluciones inaceptables y causas de error. Con raz\u00f3n dice Le Bon \u00abque quien reh\u00fasa escoger la hip\u00f3tesis por gu\u00eda debe resignarse a tomar el azar por maestro\u00bb.<\/p>\n<p>Muchos sabios ilustres, y singularmente el gran fisico Tyndall, han insistido elocuentemente sobre la importancia de las hip\u00f3tesis en la Ciencia, y acerca del importante papel desempe\u00f1ado por la imaginaci\u00f3n en la creaci\u00f3n de buenas y fecundas teor\u00edas. De acuerdo, por nuestra parte, creemos que si la hip\u00f3tesis es un arma de que se abusa demasiado, es tambi\u00e9n un instrumento l\u00f3gico, sin el cual ni la observaci\u00f3n misma, con ser de suyo tan pasiva, puede realizarse. Buena o mala, una conjetura, un intento de explicaci\u00f3n cualquiera, ser\u00e1 siempre nuestro gu\u00eda, pues nadie busca sin plan.<\/p>\n<p>Aun los llamados hallazgos casuales se deben com\u00fanmente a alguna idea directriz que la experiencia no sancion\u00f3, pero que tuvo virtud, no obstante, para llevarnos a un terreno poco o nada explorado. Si se me perdonara lo vulgar del s\u00edmil, dir\u00eda que en estas materias sucede lo que con las personas conocidas, que aparecen en la calle entre la multitud de transe\u00fantes en el preciso instante en que pensamos en ellas, por la raz\u00f3n bien sencilla de que, cuando en ellas no pensamos, pasan cerca de nosotros sin percatarnos de su presencia. Impulsados por la hip\u00f3tesis, acaso ocurrir\u00e1 sorprender en los hechos diversa cosa que lo buscado, pero mejor es esto que no encontrar nada, que es justamente lo que le sucede al mero e imposible contemplador de los fen\u00f3menos naturales. Como dice Peisse, \u00abel ojo no ve en las cosas m\u00e1s que lo que est\u00e1 en el esp\u00edritu\u00bb.<\/p>\n<p>In\u00fatil ser\u00e1 recordar que todos los grandes investigadores han sido fecundos creadores de hip\u00f3tesis. Con profundo sentido se ha dicho que ellas son el primer balbuceo de la raz\u00f3n en medio de las tinieblas de lo desconocido, la sonda tendida en el misterioso abismo, el puente, en fin, a\u00e9reo y audaz que junta la playa familiar con el inexplorado continente.<\/p>\n<p>De las hip\u00f3tesis se ha abusado mucho. Es fuerza, sin embargo, reconocer que sin ellas nuestro caudal de hechos positivos resultar\u00eda harto mezquino, acrecent\u00e1ndose muy lentamente. Las hip\u00f3tesis y el dato objetivo est\u00e1n ligados por estrecha relaci\u00f3n etiol\u00f3gica. Aparte su valor conceptual o explicativo, entra\u00f1a la teor\u00eda valor instrumental. \u00abEl cient\u00edfico no debe olvidar, afirma Huxley, que la hip\u00f3tesis debe considerarse como un medio, jam\u00e1s como un fin\u00bb. Observar sin pensar es tan peligroso como pensar sin observar. Ella es nuestra mejor herramienta intelectual, herramienta, como todas, susceptible de mellarse y de enmohecerse, necesitada de continuas reparaciones y sustituciones, pero sin la cual fuera casi imposible labrar honda brecha en el duro bloque de lo real.<\/p>\n<p>Dificil es dictar reglas para imaginar hip\u00f3tesis. Quien no posea cierta intuici\u00f3n del encadenamiento causal, instinto adivinatorio para columbrar la idea en el hecho y la ley en el fen\u00f3meno, pocas veces dar\u00e1, cualquiera que sea su talento de observador, con una explicaci\u00f3n razonable. Cabe, empero, se\u00f1alar, por lo que toca a las hip\u00f3tesis biol\u00f3gicas, algunos conceptos o normas generales, cuyo recuerdo podr\u00e1 ser provechoso a la hora de imaginar hip\u00f3tesis explicativas.<\/p>\n<p>He aqu\u00ed algunas de ellas:<\/p>\n<ol>\n<li>La Naturaleza emplea los mismos medios para iguales fines.\u0097En virtud de este principio, que tiene pocas excepciones, nos ser\u00e1 dado en muchos casos reducir una disposici\u00f3n desconocida en otra conocida. Por ejemplo: cuando la <em>mitosis<\/em> o <em lang=\"grc\" xml:lang=\"grc\">kariokinesis<\/em> fue descubierta en las gruesas c\u00e9lulas de las larvas de trif\u00f3n y salamandra, pudo racionalmente esperarse hallar parecidos fen\u00f3menos en la divis\u00f3n celular del hombre y vertebrados superiores, as\u00ed en estado normal como en condiciones patol\u00f3gicas, y, en efecto, la experiencia confirm\u00f3 la previsi\u00f3n. Citemos otro ejemplo: esclarecida en los vertebrados, gracias a las investigaciones de K\u00fchne, Krause, Ranvier, <abbr>etc.<\/abbr>, la terminaci\u00f3n libre, mediante arborizaciones varicosas, de las fibras nerviosas motrices y sensitivas, pod\u00eda preverse, en virtud de la ley, que el hecho se repetir\u00eda en los centros nerviosos, no s\u00f3lo de los vertebrados, sino de los invertebrados. Y esta sospecha racional vino a ser luego plenamente confirmada por nosotros, por Koelliker, Lenhoss\u00e9k, van Gehuchten, <abbr>etc.<\/abbr>, para los vertebrados, y por Retzius, Lenhoss\u00e9k y otros, para los invertebrados. In\u00fatil multiplicar los ejemplos.<\/li>\n<li>Estudio del hecho en sus formas sencillas.\u0097Puesto que la ontogenia y la filogenia representan dos series casi paralelas de formas que van de lo sencillo a lo complicado, nada mejor podemos hacer, para esclarecer la estructura de un \u00f3rgano complejo y casi inabordable en los vertebrados superiores, que estudiar \u00e9ste en sus formas simples, ora del desarrollo individual, ora de las especies. M\u00e9todo excelente es, para determinar la significaci\u00f3n de una cosa, averiguar c\u00f3mo llega a ser lo que es, porque al se\u00f1alar el lugar que ocupa en la cadena evolutiva, esclarecemos, sin pensarlo, su valor anat\u00f3mico y fisiol\u00f3gico.<\/li>\n<li>Toda disposici\u00f3n natural, por caprichosa que parezca, obedece a un fin utilitario. Abstracci\u00f3n hecha de los \u00f3rganos atr\u00f3ficos, este principio teleol\u00f3gico es aplicable a todas las particularidades de estructura de animales y plantas. Al enunciar esta ley, no pretendemos, como supusieron Linneo, Cuvier y Agassiz, que cada \u00f3rgano represente una encarnaci\u00f3n directa del Principio creador, pretendemos tan s\u00f3lo consignar que, sea cualquiera la causa, todo \u00f3rgano conservado por la Naturaleza, es decir, fijado durante miles de a\u00f1os por la herencia, representa casi siempre disposici\u00f3n \u00fatil al individuo o a la especie, ya que las organizaciones superfluas o desfavorables provocadas por variaci\u00f3n, y otras condiciones, acaban por ser eliminadas. En armon\u00eda con este principio, atribuiremos una funci\u00f3n importante a cuantos \u00f3rganos o tejidos se mantienen tenazmente en la serie animal, y una actividad menos urgente, por lo menos para la vida del individuo, a aquellos otros exiguamente representados en la escala zool\u00f3gica. De este postulado usa y abusa continuamente el fisi\u00f3logo al tratar de interpretar el dinamismo de \u00f3rganos como los de la circulaci\u00f3n, digesti\u00f3n y locomoci\u00f3n: dinamismo en el cual tanta luz arroja nuestro conocimiento de la F\u00edsica y de la Qu\u00edmica, o, como dec\u00eda Letamendi, el <em>estado actual de nuestros conocimientos industriales<\/em>.<\/li>\n<\/ol>\n<p>Hay excepciones, sin duda, del citado principio utilitario, mas \u00e9stas son pocas y f\u00e1cilmente explicables por el hecho de la adaptac\u00ed\u00f3n reciente, y por tal incompleta, a condiciones nuevas (\u00f3rganos atr\u00f3ficos por desuso, <abbr>etc.<\/abbr>). Sobre estas incongruencias biol\u00f3gicas, m\u00e1s comunes todav\u00eda en el hombre que en los animales, consecuencias del principio de Lamarck del uso o desuso de los \u00f3rganos, discurre ingeniosamente Metchnikoff en sus <em>Estudios sobre la naturaleza humana<\/em>.<\/p>\n<p>La hip\u00f3tesis apl\u00edcase siempre, seg\u00fan es sabido, a explicar los hechos adquiridos. Sin entrar en el arduo problema filos\u00f3fico de la <em>explicaci\u00f3n cient\u00edfica<\/em> (esto implicar\u00eda desarrollos impropios de este librito), haremos notar que el entendimiento, al considerar los fen\u00f3menos naturales, puede adoptar una de estas dos actitudes, ambas satisfactorias para nuestra necesidad de certeza:<\/p>\n<ul>\n<li>1.\u00aa El hecho nuevo es referido a una ley conocida (explicaci\u00f3n legalista de Meyerson).<\/li>\n<li>2.\u00aa El hecho nuevo, adem\u00e1s de su <em>legalidad<\/em>, es decir, de su vinculaci\u00f3n a una ley general, resu\u00e9lvese tambi\u00e9n ante la raz\u00f3n en puro <em>mecanismo<\/em>, y entra d\u00f3cilmente en las ecuaciones de la din\u00e1mica. Esta segunda manera de explicaci\u00f3n representa para Maxwell y para la mayor\u00eda de los f\u00edsico-fil\u00f3sofos modernos un grado superior de comprensi\u00f3n cient\u00edfica, y requiere el empleo de teor\u00edas generales jer\u00e1rquicamente superiores a las leyes emp\u00edricas.<\/li>\n<\/ul>\n<p>Fuerza es confesar que nuestro entendimiento exige imperiosamente teor\u00edas concebibles, representables en t\u00e9rminos mec\u00e1nicos. Lo que se resiste a la representaci\u00f3n material corre mucho riesgo de ser un mero juego de la imaginaci\u00f3n sin realidad objetiva. La raz\u00f3n psicol\u00f3gica de tal necesidad se nos escapa a\u00fan. Acaso dependa de que, como dir\u00eda Bergson, modelados nuestros conceptos sobre lo discontinuo de la sensaci\u00f3n, la imaginaci\u00f3n s\u00f3lo sabe forjar, como representaci\u00f3n \u00faltima de las cosas, algo semejante al dato sensorial mismo, es decir, variaciones en el movimiento de partes discontinuas, perturbaciones en la configuraci\u00f3n y dinamismo de sistemas materiales.<\/p>\n<p>En F\u00edsica, en Qu\u00edmica, en Astronom\u00eda, las explicaciones hipot\u00e9ticas por <em>reducci\u00f3n<\/em> mec\u00e1nica son comun\u00edsimas, y el investigador debe inspirarse en ellas para dar forma pl\u00e1stica a sus ideas y llevar adelante sus especulaciones; en Anatom\u00eda, Biolog\u00eda, Patolog\u00eda, <abbr>etc.<\/abbr>, habremos de contentarnos casi siempre con <em>hip\u00f3tesis legalistas<\/em>, las cuales, si no dejan plenamente saciado nuestro af\u00e1n de compensaci\u00f3n, son suficientes para satisfacer estos dos grandes anhelos de la raz\u00f3n: actuar y prever.<\/p>\n<p>Comprobaci\u00f3n.\u0097Imaginada la hip\u00f3tesis, menester es someterla a la sanci\u00f3n de la experiencia, para lo cual escogeremos experimentos u observaciones precisas, completas y concluyentes. Imaginar buenos experimentos es uno de los atributos caracter\u00edsticos del ingenio superior, el cual halla manera de resolver de una vez cuestiones que los sabios mediocres s\u00f3lo logran esclarecer a fuerza de largos y fatigosos experimentos.<\/p>\n<p>Si la hip\u00f3tesis no se conforma con los hechos hay que rechazarla sin piedad, e imaginar otra explicaci\u00f3n exenta de reproche. Impong\u00e1monos severa autocr\u00edtica, basada en&nbsp;la desconfianza de nosotros mismos. Durante el proceso de comprobaci\u00f3n, pondremos la&nbsp;misma diligencia en buscar los hechos contrarios a nuestra hip\u00f3tesis que los que puedan favorecerla. Evitemos encari\u00f1amientos excesivos con las propias ideas, que deben hallar en nosotros, no un abogado, sino un fiscal. El tumor, aunque propio, debe ser extirpado. Harto mejor es rectificar nosotros que sufrir la correcci\u00f3n de los dem\u00e1s. Por nuestra parte, no sentimos la menor mortificaci\u00f3n al abandonar nuestras ideas, porque creemos que caer y levantarse s\u00f3lo revela pujanza, mientras que caer y esperar una mano compasiva que nos levante, acusa debilidad.<\/p>\n<p>Confesaremos, sin embargo, los propios dislates siempre que alguien nos lo demuestre, con lo cual obraremos como buenos; probando que s\u00f3lo nos anima el amor a la verdad, granjearemos superior consideraci\u00f3n y estima para nuestras opiniones.<\/p>\n<p>El amor propio y la soberbia nos arrebatan el placer soberano de sentirnos escultores de nosotros mismos, la fruici\u00f3n incomparable de habernos corregido y superado, refinado y perfeccionado nuestra m\u00e1quina cerebral, legado de la herencia. Si alguna vez es disculpable el engreimiento es cuando la voluntad nos automodela o recrea, actuando, por decirlo as\u00ed, en funci\u00f3n de demiurgo soberano.<\/p>\n<p>Si nuestro orgullo opone algunos reparos, tengamos en cuenta que, mal que nos pese, todos nuestros artificios ser\u00e1n impotentes para retardar el triunfo de la verdad, que se consumar\u00e1, por lo com\u00fan, en vida nuestra, y ser\u00e1 tanto m\u00e1s lamentable cuanto m\u00e1s en\u00e9rgica haya sido la protesta del amor propio. No faltar\u00e1, sin duda, alg\u00fan esp\u00edritu displicente, y acaso malintencionado, que nos eche en cara nuestra inconsecuencia, despechado sin duda porque nuestra espont\u00e1nea rectificaci\u00f3n le priv\u00f3 de f\u00e1cil victoria obtenida a costa nuestra, mas a \u00e9stos les contestaremos que el deber del hombre de ciencia no es petrificarse en el error, sino adaptarse continuamente al nuevo medio cient\u00edfico, que el vigor cerebral est\u00e1 en moverse, no en anquilosarse, y que en la vida intelectual del hombre, como en la de las especies zool\u00f3gicas, lo malo no es la mudanza, sino la regresi\u00f3n y el atavismo. Variaci\u00f3n supone vigor, plasticidad, juventud; fijeza es sin\u00f3nimo de reposo, de pereza cerebral, de petrificaci\u00f3n de pensamiento, en fin, de inercia mental, nuncio seguro de decrepitud y de muerte<sup><a id=\"np25\" href=\"..\/notas-del-autor\/#np25n\">25<\/a><\/sup>. Con sinceridad simp\u00e1tica ha dicho un cient\u00edfico: \u00abVar\u00edo porque estudio\u00bb. Todav\u00eda ser\u00eda m\u00e1s noble y modesto declarar: \u00abCambio porque estudian los dem\u00e1s y tengo a gala renovarme\u00bb.<\/p>\n<p>Cuando el trabajo de confirmaci\u00f3n arroje poca luz, imaginemos nuevos experimentos y procuremos colocarnos en las mejores condiciones para valuar el alcance de la hip\u00f3tesis. En Anatom\u00eda o Fisiolog\u00eda, por ejemplo, ocurre frecuentemente la imposibilidad de esclarecer la estructura o la funci\u00f3n de un \u00f3rgano complejo, lo cual depende de que atacamos el problema por su lado m\u00e1s dificil, pretendiendo resolverlo en el hombre o en los vertebrados superiores. Mas si acudimos a los embriones o a los animales inferiores, la Naturaleza se nos muestra m\u00e1s ingenua y menos esquiva, ofreci\u00e9ndonos el plan casi esquem\u00e1tico de la estructura y dinamismo buscados, con lo que a menudo nuestra hip\u00f3tesis recibir\u00e1 inesperada y definitiva comprobaci\u00f3n.<\/p>\n<p>En resumen, la marcha seguida por el investigador en la conquista de una verdad cient\u00edfica suele ser: 1.\u00ba Observaci\u00f3n de los hechos demostrados, a favor de m\u00e9todos terminantes, claros y de gran precisi\u00f3n. 2.\u00b0 Experimentaci\u00f3n para crear condiciones nuevas en la manifestaci\u00f3n de los fen\u00f3menos. 3.\u00b0 Cr\u00edtica y eliminaci\u00f3n de una interpretaci\u00f3n racional de los hechos, en cuya virtud \u00e9stos queden subordinados a una ley general y, si es posible, a una representaci\u00f3n o esquema fisioqu\u00edmico. 4.\u00b0 Comprobaciones de la hip\u00f3tesis mediante nuevas observaciones o repetidos experimentos. 5.\u00b0 De no concordar con la realidad, sustituci\u00f3n de la hip\u00f3tesis por otra, que ser\u00e1 a su vez sometida a riguroso an\u00e1lisis objetivo. 6.\u00b0 Aplicaciones y ramificaciones de la hip\u00f3tesis, ya convertida en verdad firme, a otras esferas del saber.<\/p>\n","protected":false},"author":1,"menu_order":8,"template":"","meta":{"pb_show_title":"on","pb_short_title":"","pb_subtitle":"","pb_authors":[],"pb_section_license":""},"chapter-type":[],"contributor":[],"license":[],"class_list":["post-30","chapter","type-chapter","status-publish","hentry"],"part":22,"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.publiconsulting.com\/wordpress\/reglasyconsejos\/wp-json\/pressbooks\/v2\/chapters\/30","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.publiconsulting.com\/wordpress\/reglasyconsejos\/wp-json\/pressbooks\/v2\/chapters"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.publiconsulting.com\/wordpress\/reglasyconsejos\/wp-json\/wp\/v2\/types\/chapter"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.publiconsulting.com\/wordpress\/reglasyconsejos\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.publiconsulting.com\/wordpress\/reglasyconsejos\/wp-json\/pressbooks\/v2\/chapters\/30\/revisions"}],"part":[{"href":"https:\/\/www.publiconsulting.com\/wordpress\/reglasyconsejos\/wp-json\/pressbooks\/v2\/parts\/22"}],"metadata":[{"href":"https:\/\/www.publiconsulting.com\/wordpress\/reglasyconsejos\/wp-json\/pressbooks\/v2\/chapters\/30\/metadata\/"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.publiconsulting.com\/wordpress\/reglasyconsejos\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=30"}],"wp:term":[{"taxonomy":"chapter-type","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.publiconsulting.com\/wordpress\/reglasyconsejos\/wp-json\/pressbooks\/v2\/chapter-type?post=30"},{"taxonomy":"contributor","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.publiconsulting.com\/wordpress\/reglasyconsejos\/wp-json\/wp\/v2\/contributor?post=30"},{"taxonomy":"license","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.publiconsulting.com\/wordpress\/reglasyconsejos\/wp-json\/wp\/v2\/license?post=30"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}