{"id":33,"date":"2019-12-09T15:25:40","date_gmt":"2019-12-09T15:25:40","guid":{"rendered":"https:\/\/www.publiconsulting.com\/wordpress\/reglasyconsejos\/chapter\/capitulo-x-deberes-del-estado-en-relacion-con-la-produccion-cientifica\/"},"modified":"2019-12-09T18:13:11","modified_gmt":"2019-12-09T18:13:11","slug":"capitulo-x-deberes-del-estado-en-relacion-con-la-produccion-cientifica","status":"publish","type":"chapter","link":"https:\/\/www.publiconsulting.com\/wordpress\/reglasyconsejos\/chapter\/capitulo-x-deberes-del-estado-en-relacion-con-la-produccion-cientifica\/","title":{"rendered":"Cap\u00edtulo X. Deberes del Estado en relaci\u00f3n con la producci\u00f3n cient\u00edfica"},"content":{"raw":"<h1><em>Nuestro atraso cient\u00edfico y sus causas pretendidas. Explicaciones f\u00edsicas, hist\u00f3ricas y morales de la infecundidad cient\u00edfica. Los remedios<\/em><\/h1>\r\nLa posteridad duradera de las naciones es obra de la ciencia y de sus m\u00faltiples aplicaciones al fomento de la vida y de los intereses materiales. De esta indiscutible verdad s\u00edguese la obligaci\u00f3n inexcusable del Estado de estimular y promover la cultura, desarrollando una <em>pol\u00edtica cient\u00edfica<\/em>, encaminada a generalizar la instrucci\u00f3n y a beneficiar en provecho com\u00fan todos los talentos \u00fatiles y fecundos brotados en el seno de la raza.\r\n\r\nLa pol\u00edtica cient\u00edfica implica el empleo simult\u00e1neo de estos cuatro modos de acci\u00f3n:\r\n<ul>\r\n \t<li>1.\u00b0 Elevar el nivel intelectual de la masa para formar ambiente moral susceptible de comprender, estimular y galardonar al sabio.<\/li>\r\n \t<li>2.\u00b0 Proporcionar a las clases sociales m\u00e1s humildes ocasi\u00f3n de recibir en liceos, institutos o centros de ense\u00f1anza popular, instrucci\u00f3n general suficiente a fin de que el joven reconozca su vocaci\u00f3n y sean aprovechadas, en bien de la naci\u00f3n, todas las elevadas aptitudes intelectuales.<\/li>\r\n \t<li>3.\u00b0 Transformar la Universidad, hasta hoy casi exclusivamente consagrada a la colaci\u00f3n de t\u00edtulos y a la ense\u00f1anza profesional, en un Centro de impulsi\u00f3n intelectual, al modo de Alemania, donde la Universidad representa el \u00f3rgano principal de la producci\u00f3n filos\u00f3fica, cient\u00edfica e industrial<sup><a id=\"np27\" href=\"..\/notas-del-autor#np27n\">27<\/a><\/sup>.<\/li>\r\n \t<li>4.\u00b0 En fin, formar y cultivar, mediante el pensionado en el extranjero o por otros m\u00e9todos de selecci\u00f3n y contagio natural, un plantel de profesores em\u00e9ritos, capacitados para descubrir nuevas verdades y para transmitir a la juventud el gusto y la pasi\u00f3n por la investigaci\u00f3n original.<\/li>\r\n<\/ul>\r\nCarecemos de espacio para estudiar minuciosamente todos estos aspectos de la pol\u00edtica cultural. Consideramos, por otra parte, innecesario entrar en pormenores, ya que son temas repetidamente tratados y discutidos desde hace muchos a\u00f1os por la prensa pol\u00edtica y las obras pedag\u00f3gicas. Sobre ellos hay, por fortuna, un conjunto de soluciones que, con ligeras variantes, han sido generalmente aceptadas. Por ahora, concret\u00e9monos a exponer algunas consideraciones tocantes al \u00faltimo punto, esto es, a los m\u00e9todos m\u00e1s apropiados y r\u00e1pidos para refinar en lo posible el personal docente actual y formar el futuro profesorado universitario, instrumento esencial, aunque no exclusivo, de nuestro resurgimiento intelectual.\r\n\r\nMas para justificar lo que sigue y fundamentar s\u00f3lidamente nuestras conclusiones, importa resolver una cuesti\u00f3n previa sobre la cual, desde hace cincuenta a\u00f1os, y sobre todo a partir del desastre colonial, se han ejercitado con varia fortuna casi todos nuestros grandes escritores.\r\n\r\n<em>Resurgir, renacer, regenerarse<\/em>, son procesos din\u00e1micos que implican estado anterior de agotamiento, decadencia o regresi\u00f3n. Importa, pues, desde luego, dilucidar este importante punto: \u00bfes exacto que, en orden a la filosof\u00eda y a la ciencia, hemos deca\u00eddo verdaderamente? Como productores de civilizaci\u00f3n en su m\u00e1s amplio sentido, \u00bfes l\u00edcito afirmar que hemos degenerado con relaci\u00f3n a nuestros antepasados de los siglos <span class=\"versalitas\">xvi\u00a0<\/span>y <span class=\"versalitas\">xvii<\/span>?\r\n\r\n<em>Espa\u00f1a es un pa\u00eds intelectualmente atrasado, no decadente<\/em>. Estudiando imparcialmente la historia de la producci\u00f3n cient\u00edfica y filos\u00f3fica espa\u00f1ola durante la Edad Media, durante el siglo <span class=\"versalitas\">xvi<\/span>, considerado con alguna exageraci\u00f3n, a nuestro juicio, como la cima de nuestra intelectualidad y, en fin, durante las \u00faltimas centurias, comparando con absoluta sinceridad, intensiva y extensivamente, la ciencia espa\u00f1ola forjada en cada uno de esos per\u00edodos (descontando las altas y bajas causadas por fortuitos accidentes, quiero decir, el avance cultural producido por el descubrimiento de Am\u00e9rica, que abri\u00f3 de repente a nuestros sabios espl\u00e9ndido campo de investigaci\u00f3n, y la postraci\u00f3n mental provocada por las guerras desastrosas y errores pol\u00edticos de la \u00e9poca de Felipe IV), si cotejamos, en fin, en cada una de las citadas \u00e9pocas, las conquistas intelectuales positivas hechas por espa\u00f1oles con las debidas a sabios extranjeros, nos veremos obligados a reconocer que ni la raza ni la ciencia espa\u00f1ola han deca\u00eddo ni se han estacionado por completo. Sobre poco m\u00e1s o menos, su rendimiento cient\u00edfico se mantuvo siempre al mismo nivel.\r\n\r\nLa imparcialidad obliga, empero, a confesar que, apreciado globalmente, <em>dicho rendimiento ha sido pobre y discontinuo, mostrando, con relaci\u00f3n al resto de Europa, un atraso y, sobre todo, una mezquindad te\u00f3rica deplorable<\/em><sup> <a id=\"np28\" href=\"..\/notas-del-autor#np28n\">28<\/a><\/sup>. Domin\u00f3 en nuestros cosm\u00f3grafos, f\u00edsicos, metalurgistas, matem\u00e1ticos y m\u00e9dicos la tendencia hacia lo \u00fatil inmediato, al practicismo estrecho. Se ignor\u00f3 que s\u00f3lo las ideas son realmente fecundas. Y buscando recetas y f\u00f3rmulas de acci\u00f3n, atrofi\u00e1ronse las alas del esp\u00edritu, incapacit\u00e1ndonos para las grandes invenciones. Adem\u00e1s, en cada per\u00edodo nuestros hombres de ciencia fueron escasos, y los genios, como las cumbres m\u00e1s elevadas, surgen solamente en las cordilleras. Para producir un Galileo o un Newton es preciso una legi\u00f3n de investigadores estimables.\r\n\r\nA semejanza de Rusia o del Jap\u00f3n, hasta hace poco tiempo, o de los germanos y francos antes del Renacimiento, Espa\u00f1a ha permanecido en estado semib\u00e1rbaro, atenida a la religi\u00f3n y a la pol\u00edtica y casi del todo ajena a la preocupaci\u00f3n de ensanchar los horizontes del esp\u00edritu. Pero la semibarbarie no es la decadencia, como el estado embrionario no es la decrepitud. Fuera indiscutible ligereza desesperar de una raza casi virgen, riqu\u00edsima en subtipos y variedades (gran ventaja en sentir de los antrop\u00f3logos), creadora en todo tiempo de individualidades geniales y vigorosas, detenida en casi todas sus capas sociales en la fase infantil, y, por tanto, muy lejos todav\u00eda de la plenitud de su expansi\u00f3n espiritual. \u00bfHabr\u00e1 que recordar a los pesimistas que la mayor\u00eda de los espa\u00f1oles son analfabetos? \u00bfDeclararemos ciego al privado de luz? Probemos antes si es capaz de ver y de pensar, proporcion\u00e1ndole la antorcha de la cultura.\r\n\r\nMientras nuestras razas han dormido secularmente el sue\u00f1o de la ignorancia y cultivado la religi\u00f3n y el arte (preferentes y casi \u00fanicas actividades de los pueblos primitivos), las naciones del centro y norte de Europa se nos han adelantado prodigiosamente. No vamos hacia atr\u00e1s, sino muy detr\u00e1s. \u00dargenos, pues, alcanzarlos corriendo vertiginosamente para colaborar en la medida de nuestra escasa poblaci\u00f3n y del exiguo sobrante de nuestras energ\u00edas morales y econ\u00f3micas en la obra de la conquista de la Naturaleza.\r\n\r\nEn suma, Espa\u00f1a <em>no es un pueblo degenerado, sino ineducado<\/em>. Una minor\u00eda gloriosa de intelectuales existi\u00f3 siempre, y aunque con escasez y espor\u00e1dicamente la Ciencia fue en todo tiempo cultivada. Nuestros males no son constitucionales, sino circunstanciales, adventicios. El problema agitado por algunos de si la raza ibera es capaz de elevarse a las esferas de la invenci\u00f3n filos\u00f3fica y cient\u00edfica, es cuesti\u00f3n tan ociosa como molesta. S\u00f3lo fuera l\u00edcito el desaliento cuando, desaparecido el analfabetismo, generalizada la instrucci\u00f3n y el bienestar, como en Inglaterra y Alemania, y ensayadas las fuerzas de nuestros mejores talentos en los tajos fecundos de la investigaci\u00f3n, fracas\u00e1ramos repetidamente. Pero esta prueba no se ha hecho y merece la pena ensayarse.\r\n\r\nDespr\u00e9ndese de todo lo apuntado que el problema del atraso espa\u00f1ol debe plantearse exclusivamente en estos t\u00e9rminos:\r\n\r\n\u00bfPor qu\u00e9, encerrando Espa\u00f1a una poblaci\u00f3n igual a la suma de los habitantes de Suiza, Suecia y Holanda, han surgido en ella menos verdades filos\u00f3ficas, morales, y sobre todo cient\u00edficas, que en cualquiera de esas naciones?\r\n\r\nHemos anticipado ya nuestra opini\u00f3n sobre el problema. Sin embargo, en prueba de imparcialidad, vamos a consignar aqu\u00ed el sentir de algunos de nuestros estadistas y escritores m\u00e1s insignes. A nadie se oculta que se\u00f1alar las causas de nuestra insuficiencia vale tanto como mostrar sus remedios.\r\n\r\nCasi todas las siguientes teor\u00edas enfocan especialmente nuestra postraci\u00f3n pol\u00edtica y social. Pero todas ellas pueden extenderse al terreno de la actividad cient\u00edfica, ya que el poder\u00edo militar y pol\u00edtico y la prosperidad intelectual e industrial suelen ser cosas solidarias, como ramas brotadas del mismo tronco cultural.\r\n<h2>Teor\u00edas f\u00edsicas<\/h2>\r\nPor curiosas, no obstante su paradojismo, vamos a mencionar brevemente la <em>hip\u00f3tesis t\u00e9rmica<\/em> y la <em>hip\u00f3tesis oligoh\u00eddrica<\/em>.\r\n<ol class=\"alfabetico\">\r\n \t<li>Hip\u00f3tesis t\u00e9rmica.\u0097Seg\u00fan los aspectos de esta concepci\u00f3n, tenemos la desgracia de morar en clima semiafricano. Durante el verano, un sol calcinador suspende la vida vegetal y aplana nuestro esp\u00edritu; durante la estaci\u00f3n invernal, un sol tibio, acariciador, nos infunde la alegr\u00eda de vivir. \u00bfC\u00f3mo permanecer en el laboratorio o en la biblioteca, desoyendo el insinuante llamamiento de la Naturaleza pr\u00f3vida y riente, henchida de colores, frutos y perfumes y tempranamente desperezada del letargo invernal?Muy al contrario en los pa\u00edses del Norte. All\u00ed el hombre vive rodeado de ambiente duro e inclemente. Todo predispone a la concentraci\u00f3n y al recogimiento. El fr\u00edo aproxima los esp\u00edritus y crea vida social intens\u00edsima. Por recurso, las personas medianamente ociosas y cultas, huyendo de la lluvia y de la nieve, recl\u00fayense en el gabinete o en el laboratorio, y se entregan, para no sucumbir al tedio, al rompecabezas de la ciencia, a las charadas de la metaf\u00edsica o a los ensue\u00f1os de la literatura.El candoroso inventor de esta teor\u00eda olvid\u00f3 explicarnos por qu\u00e9 las antiguas civilizaciones surgieron en la India, Egipto, Caldea y Grecia, pa\u00edses m\u00e1s calurosos que Espa\u00f1a, y c\u00f3mo, mientras dichas civilizaciones florec\u00edan, la lluvia y la nieve dejaron de surtir efectos filos\u00f3ficos y cient\u00edficos en brit\u00e1nicos, germanos, escitas y galos, sumergidos a la saz\u00f3n en las tinieblas de la barbarie, y, en fin, por qu\u00e9 raz\u00f3n, a pesar de los ardores de Febo, la Edad Media tuvo en Espa\u00f1a, en sus jud\u00edos, \u00e1rabes y cristianos, per\u00edodo de espl\u00e9ndido florecimiento intelectual y en el siglo <span class=\"versalitas\">xvi<\/span>expansi\u00f3n pol\u00edtica formidable. Ni es dado olvidar que, seg\u00fan los escritores antiguos, la <em>Turdetania<\/em>, regi\u00f3n la m\u00e1s c\u00e1lida de Espa\u00f1a, fue lo m\u00e1s civilizado de la Pen\u00ednsula Ib\u00e9rica antes de la conquista romana.<\/li>\r\n \t<li>Teor\u00eda oligoh\u00eddrica.\u0097Enlazada con la anterior, de que es obligatorio complemento, fue defendida por el insigne naturalista Malladas, de quien tomamos no pocos datos. Costa, Picavea, Jim\u00e9nez, Valdivieso, Maeztu y otros muchos escritores han visto en ella la causa principal de nuestro atraso.Ya Columela not\u00f3 que en Espa\u00f1a llueve poco con relaci\u00f3n a los dem\u00e1s pa\u00edses de Europa. Como es sabido, la fertilidad de un pa\u00eds, y por tanto su poblaci\u00f3n y riqueza, dependen de la abundancia y regularidad de sus precipitaciones acuosas, singularmente durante la primavera y la can\u00edcula. Inglaterra, B\u00e9lgica, Francia, Italia, Alemania, aprovechan casi totalmente sus tierras para la agricultura o la ganader\u00eda, porque en ellas caen anualmente, por t\u00e9rmino medio, de 600 a 1400 mil\u00edmetros de agua pluvial. Por consecuencia de tan feliz r\u00e9gimen meteorol\u00f3gico la industria agr\u00edcola fue en tales pa\u00edses siempre floreciente: los cereales, las hortalizas, las legumbres, la vid, el prader\u00edo y toda suerte de \u00e1rboles desarr\u00f3llanse lozanamente, hasta las tierras y montes abruptos aparecen cubiertos de un tapiz verde aun en agosto y septiembre, criando espont\u00e1neamente pastos sustanciosos. Son los <em>pa\u00edses de hierba<\/em>, envidiosamente contemplados por nuestros enjutos habitantes de la meseta central. El riego, necesario entre nosotros, es en los citados pueblos casi desconocido: el sol y la lluvia garantizan la regularidad y abundancia de las cosechas.Tan envidiables ventajas naturales explican bien la densidad de poblaci\u00f3n del centro y norte de Europa, la econom\u00eda y consiguiente acumulaci\u00f3n de la riqueza, el poder\u00edo militar y pol\u00edtico y, en fin, el desarrollo de las ciencias y de las artes \u00fatiles. Porque el progreso cient\u00edfico, como la industria, son funci\u00f3n combinada del bienestar social y de cierta densidad de poblaci\u00f3n. La ciencia cult\u00edvase, por lo com\u00fan, en pa\u00edses cuyos habitantes no descienden de 60 \u00f3 70 por kil\u00f3metro cuadrado. En Espa\u00f1a no pasan de 37 en la misma superficie. La aproximaci\u00f3n espacial crea el acercamiento espiritual. Por donde la estrecha convivencia, junto con la abundancia de mantenimientos, producen el ocio ilustrado, la curiosidad cient\u00edfica y la inquietud espiritual. Cualquier aptitud \u00fatil o simplemente agradable halla, en tan favorable ambiente, est\u00edmulo y aplauso.\r\n\r\nBien diferentes pasan las cosas en nuestro desgraciado pa\u00eds. Abierta la Pen\u00ednsula a los asoladores vientos africanos, con latitud geogr\u00e1fica que le condena a calor t\u00f3rrido y evaporaci\u00f3n excesiva, necesitar\u00eda un coeficiente pluvial superior al de Francia, cuando en realidad es muy inferior. Est\u00edmasele, por t\u00e9rmino medio, en 300 o 350 mil\u00edmetros<sup><a id=\"np29\" href=\"..\/notas-del-autor#np29n\">29<\/a><\/sup>. Except\u00faase el litoral cant\u00e1brico, es decir, Galicia, Asturias, Santander, las Provincias Vascas, una parte de Navarra y de Catalu\u00f1a, regiones en que el r\u00e9gimen meteorol\u00f3gico es francamente europeo. Provincias hay, como Almer\u00eda, Alicante, Valencia, tan desoladamente secas que en ciertos a\u00f1os no llueve ni aun en invierno (el contrapolo de la lluvia); sin la irrigaci\u00f3n artificial de la tierra ser\u00edan verdaderos desiertos. En la meseta central, comprensiva de la mayor parte de Espa\u00f1a, cabe afirmar que existen sino dos estaciones: la de la sequ\u00eda, que dura desde junio a octubre, y la de las lluvias, que va de octubre a mayo.\r\n\r\nMerced a la exig\u00fcidad y desigual reparto del agua, la mayor parte del territorio nacional h\u00e1llase sin roturar y las mejores tierras labrant\u00edas rinden cosechas mediocres y aleatorias. Nada mejor revela la pobreza de la meseta central (salvo la tierra de Campos, la regi\u00f3n de Burgos y Vitoria y algunas otras zonas) que este dato desconsolador: mientras el trigo rinde en B\u00e9lgica, Inglaterra y Francia, casi constantemente, de 17 a 25 hectolitros por hect\u00e1rea, en Espa\u00f1a no da, por t\u00e9rmino medio, sino de cinco a seis, y eso los a\u00f1os pr\u00f3speros, bastante raros, por desgracia. Indicio y manifestaci\u00f3n de esta perpetua lucha entre el cerebro y el est\u00f3mago es nuestra literatura picaresca, seg\u00fan ha hecho notar elocuentemente don Rafael Salillas.\r\n\r\nAhora bien: la pobreza engendra la ignorancia. La cultura aun elemental implica cierto desahogo econ\u00f3mico. \u00bfC\u00f3mo podr\u00e1 asistir el ni\u00f1o a la escuela, si en la mayor\u00eda de nuestras aldeas constituyen los hijos para el miserable labrador factor de producci\u00f3n indispensable? Por lo que hace a la Ciencia, representa lujo que s\u00f3lo pueden costearse las naciones ricas.\r\n\r\nLa teor\u00eda oligoh\u00eddrica es cierta, por desgracia, y ella explica cumplidamente la escasez de poblaci\u00f3n y la pobreza casi general del agricultor de nuestra Pen\u00ednsula. Por donde resulta natural que sus partidarios proclamen, cual supremo remedio, la <em>pol\u00edtica hidr\u00e1ulica<\/em>. Pero dicha hip\u00f3tesis deja en la sombra la verdadera cuesti\u00f3n, que, seg\u00fan dejamos apuntado, es \u00e9sta: \u00bfpor qu\u00e9 naciones m\u00e1s pobres y menos pobladas absolutamente que Espa\u00f1a son m\u00e1s cultas y producen m\u00e1s ciencia que nosotros? Adem\u00e1s, si todo consiste en el buen r\u00e9gimen pluvial y en la riqueza y densidad de poblaci\u00f3n, no se comprende c\u00f3mo las provincias del litoral cant\u00e1brico, en donde llueve 1.500 y m\u00e1s mil\u00edmetros y cuentan 100 habitantes, sobre poco m\u00e1s o menos, por kil\u00f3metro cuadrado, no han aventajado en producci\u00f3n cient\u00edfica y en invenciones industriales (no aludimos a la riqueza minera e industrial, pura loter\u00eda aprovechada por extranjeros las m\u00e1s de las veces) al resto de la Pen\u00ednsula. Tampoco queda suficientemente esclarecido c\u00f3mo Irlanda, poblad\u00edsima, y el sur de China, regi\u00f3n cuya densidad de poblaci\u00f3n es sorprendente (500 habitantes por kil\u00f3metro cuadrado), han colaborado menos en las empresas de la civilizaci\u00f3n moderna que las relativamente pobres y escasamente habitadas (absoluta y relativamente) Suecia y Noruega y la colosal Rusia, con sus 19 habitantes por kil\u00f3metro cuadrado. No debe, pues, consistir todo en la abundancia de mantenimientos y n\u00famero relativo de habitantes, aunque no sea l\u00edcito negar importante influjo a estos factores en el adelanto de las ciencias y en la prosperidad de las naciones.<\/li>\r\n<\/ol>\r\n<h2>Teor\u00edas pol\u00edtico-morales<\/h2>\r\nTeor\u00eda econ\u00f3mico-pol\u00edtica.\u0097Corolario de la precedente (porque la escasa fertilidad del suelo trae consigo la flaqueza pol\u00edtica y militar), esta concepci\u00f3n fue sostenida por casi todos nuestros estadistas y pensadores, desde C\u00e1novas y Silvela hasta Pi y Margall y Costa, para no citar sino muertos ilustres. Por lo dem\u00e1s, como<em>Azor\u00edn<\/em> recuerda oportunamente, escritores muy pret\u00e9ritos, como Saavedra Fajardo, Graci\u00e1n, Cadalso, Mor de Fuentes, F\u00edgaro y otros, pusieron ya el dedo en la llaga se\u00f1alando la pobreza de nuestros recursos y la frecuencia de guerras in\u00fatiles como principales factores de nuestro atraso.\r\n\r\nOigamos primero al insigne C\u00e1novas, que, en su libro <em>El Solitario y su tiempo<\/em>, estampa estas palabras, desbordantes de patri\u00f3tica sinceridad:\r\n<blockquote>No cabe positiva y duradera grandeza militar y nacional donde hay pobreza e impotencia econ\u00f3mica... Toda la Historia de Espa\u00f1a est\u00e1 en este hecho al parecer insignificante: los soldados que el Gran Capit\u00e1n llev\u00f3 a M\u00e1laga para conquistar N\u00e1poles, iban ya descalzos y hambrientos. As\u00ed se corren aventuras a las veces glorios\u00edsimas, mas no se fundan permanentes imperios... En vano se busca en la Inquisici\u00f3n, en la amortizaci\u00f3n, en la exageraci\u00f3n del principio mon\u00e1rquico, en los defectos de los reyes, en la incapacidad de sus privados, <abbr>etc.<\/abbr>, la causa de nuestras desgracias, hay all\u00ed muchos vanidosos sofismas de secta o escuela y numerosas preocupaciones de la ignorancia..., <abbr>etc.<\/abbr><\/blockquote>\r\nLa Historia de Espa\u00f1a fue siempre, seg\u00fan hace notar C\u00e1novas, un proceso de perpetua, de angustiosa penuria econ\u00f3mica: \u00abAl subir al trono Felipe II estaban las cosas de modo que su favorito Ruy G\u00f3mez de Silva hubo de decir a cierto enviado de naci\u00f3n amiga \u0093que se hallaba el reino <em lang=\"it\" xml:lang=\"it\">senza prattica, senza soldati, senza dennari<\/em>\u0094\u00bb. De esta gran postraci\u00f3n, no obstante la cual se acometieron nuevas y desastrosas campa\u00f1as, hace C\u00e1novas responsable al atraso antiguo de la agricultura, producido por las guerras de ocho siglos; a la falta de brazos que se comenzaba a sentir por la expulsi\u00f3n de los jud\u00edos (agravada m\u00e1s adelante por la expulsi\u00f3n de los moriscos); a los destierros forzosos de muchos, a las persecuciones del Santo Oficio, a la amortizaci\u00f3n civil y eclesi\u00e1stica, al sinn\u00famero de soldados que exigieron las dilatadas y sangrientas campa\u00f1as del siglo <span class=\"versalitas\">xvi<\/span>, y sobre todo, a la despoblaci\u00f3n causada por el descubrimiento de Am\u00e9rica.\r\n\r\nC\u00e1novas se\u00f1ala, adem\u00e1s, como factor de la debilidad nacional el <em>provincialismo<\/em> o <em>regionalismo<\/em>, y podr\u00edamos a\u00f1adir el caciquismo, reliquia feudal tan funesta como la miseria econ\u00f3mica. Esta falta de solidaridad social, notada tambi\u00e9n por Hume y otros historiadores modernos (<em>kabilismo<\/em>, del insigne Unamuno), quebrant\u00f3 la unidad y energ\u00eda del Poder central, obligado a respetar los fueros y franquicias de las regiones m\u00e1s ricas y pobladas y a gravar casi exclusivamente con levas y exacciones a las esquilmadas Castillas, Extremadura y Andaluc\u00eda. Ante los ahogos de una pobreza creciente, el Estado espa\u00f1ol empe\u00f1\u00f3 todas sus rentas, alter\u00f3 repetidas veces el valor de la moneda, se incaut\u00f3 de los bienes de los particulares y se entreg\u00f3, en fin, para llevar adelante sus empresas guerreras, a toda suerte de atropellos y desafueros.\r\n\r\nLa poblaci\u00f3n que, seg\u00fan c\u00e1lculos de un economista alem\u00e1n (Haebler) que ha consagrado un libro a esclarecer las condiciones econ\u00f3micas del pueblo espa\u00f1ol durante nuestro auge pol\u00edtico, pasaba de seis millones en la \u00e9poca de los Reyes Cat\u00f3licos, descendi\u00f3 en tiempos de Carlos II a menos de cuatro<sup><a id=\"np30\" href=\"..\/notas-del-autor#np30n\">30<\/a><\/sup>.\r\n\r\nY apuntando remedios, nos dice C\u00e1novas: \u00abTrabajad, inventad, economizad sin tregua, no contraig\u00e1is m\u00e1s deudas, no pretend\u00e1is tanto adquirir como conservar, no fi\u00e9is sino en vosotros mismos, dejando de tener fe en la fortuna..., que vuestro patriotismo sea, en fin, callado, melanc\u00f3lico, paciente, aunque intencionado, constante, implacable\u00bb.\r\n\r\nDe este mal de la despoblaci\u00f3n y pobreza quej\u00e1banse ya nuestros escritores de los siglos <span class=\"versalitas\">xvi<\/span>y <span class=\"versalitas\">xvii<\/span>. Recordemos que Fern\u00e1ndez Navarrete, que escrib\u00eda en el primer tercio del siglo <span class=\"versalitas\">xvii<\/span>, hablaba ya en su <em>Conservaci\u00f3n de Monarqu\u00edas<\/em> de que \u00abla despoblaci\u00f3n de Castilla, que tanto baldonan los extranjeros, deb\u00edase a las guerras incesantes, a los tributos intolerables, a la colonizaci\u00f3n de Am\u00e9rica y, sobre todo, a la expulsi\u00f3n de los tres millones de moriscos y dos millones de jud\u00edos\u00bb. Lam\u00e9ntase Navarrete, con raz\u00f3n, de que las razas laboriosas e industriosas hubieran sido expatriadas y no los gitanos, pueblo maleante, entregado sistem\u00e1ticamente al robo y la depredaci\u00f3n.\r\n\r\nCon no menor rigor y alto esp\u00edritu cr\u00edtico formula el insigne J. Costa juicios parecidos: \u00abHa enga\u00f1ado \u0097dice\u0097 a nuestros pol\u00edticos el mapa, no viendo de la Pen\u00ednsula sino su extensi\u00f3n, no cuid\u00e1ndose de apreciar su grado de productividad, la poblaci\u00f3n que pod\u00eda mantener, los recursos con que pod\u00eda acudir al Tesoro p\u00fablico. Dos accidentes hist\u00f3ricos, el desembarco de Col\u00f3n en la Pen\u00ednsula con su loter\u00eda del Nuevo Mundo y el matrimonio de Do\u00f1a Juana, con sus expectativas en la Europa central, desplegaron a la vista de Espa\u00f1a perspectivas de grandezas y tentaciones de imperio universal, para resistir a las cuales no hab\u00eda en la raza suficiente caudal de prudencia pol\u00edtica, y complicaron e hicieron irremediable aquella desorientaci\u00f3n que nos ha valido cuatro siglos de decadencia... El arte de gobernar declin\u00f3 en las manos de nuestros estadistas en una rama de la literatura.\u00bb Suyo tambi\u00e9n es este hermoso y exacto pensamiento: \u00abComo la Venus de Milo, Espa\u00f1a es una bella estatua, pero sin brazos.\u00bb\r\n\r\nEn cuanto a remedios, propone la <em>pol\u00edtica hidr\u00e1ulica<\/em>, es decir, derivar hacia la agricultura, hacia la construcci\u00f3n de canales y pantanos, los caudales locamente derrochados en guerras suicidas y en vanidades de hidalgo venido a menos. Coincidiendo con C\u00e1novas, sugiere tambi\u00e9n a nuestros ministros el pensamiento de \u00abgobernar con tristeza como Fernando VI, velando y consolando la desventura de los gobernados\u00bb. Aconseja, adem\u00e1s: \u00abAbaratar la patria, de modo que la condici\u00f3n de espa\u00f1ol deje de ser un mal negocio, y doble llave al sepulcro del Cid para que no vuelva a cabalgar... Hay que rehacer al espa\u00f1ol en la escuela. Menos Universidades y m\u00e1s sabios... No se encierra todo en levantar el nivel de cultura general, es preciso, adem\u00e1s, producir grandes individualidades cient\u00edficas que tomen activa participaci\u00f3n en el movimiento intelectual del mundo y en la formaci\u00f3n de la ciencia contempor\u00e1nea... Crear colegios espa\u00f1oles, a estilo del de Bolonia, en los principales centros cient\u00edficos de Europa, para otras tantas colonias de estudiantes y profesores, a fin de crear en breve tiempo una generaci\u00f3n de j\u00f3venes imbuidos en el pensamiento y las pr\u00e1cticas de las naciones pr\u00f3ceres para la investigaci\u00f3n cient\u00edfica, para la administraci\u00f3n p\u00fablica, la industria, la ense\u00f1anza y el periodismo.\u00bb En suma, despensa y escuela: tales son los remedios de nuestros males.\r\n\r\nLas teor\u00edas de C\u00e1novas y de Costa son hoy doctrina inconcusa. Naciones desangradas y empobrecidas por guerras in\u00fatiles, emigraciones continuas y exacciones agotadoras no suelen sentir ansias de cultura superior. Harto hacen con vegetar oscuramente y conservar inc\u00f3lume la semilla de la raza. Pero... \u00bfpor qu\u00e9 naciones no menos asoladas por guerras desastrosas y enflaquecidas por emigraciones continuas se restauraron r\u00e1pidamente? \u00bfC\u00f3mo no pereci\u00f3 Italia saqueada, vejada, desgarrada y afrentada por casi todos los ej\u00e9rcitos y aventureros de Europa? \u00bfQu\u00e9 secreto resorte mantuvo la vitalidad de Francia, no obstante vivir en perpetua hostilidad con las naciones fronterizas? \u00bfQu\u00e9 extra\u00f1a virtud\r\nhizo que Alemania, cuna y campo de batalla del cisma, y cuya poblaci\u00f3n, consumida por la guerra de Treinta A\u00f1os, descendi\u00f3, seg\u00fan c\u00e1lculos autorizados, a menos de cuatro millones, no agotara nunca su vena productora de ilustres pensadores y de primorosos art\u00edfices, renaciendo luego con irresistible pujanza? Falta, pues, algo en estas teor\u00edas para esclarecer por completo el problema de nuestro atraso.\r\n\r\nHip\u00f3tesis del fanatismo religioso.\u0097Seg\u00fan esta concepci\u00f3n, generalmente acogida en el extranjero<sup><a id=\"np31\" href=\"..\/notas-del-autor#np31n\">31<\/a><\/sup>, las causas principales de nuestra decadencia pol\u00edtica y de nuestro atraso cient\u00edfico fueron la exageraci\u00f3n del principio religioso y singularmente la Inquisici\u00f3n, que pod\u00f3 y descuaj\u00f3 durante siglos lo m\u00e1s eminente y exquisito del genio nacional. Fue una selecci\u00f3n al rev\u00e9s, como dice Ostwald. El Santo Oficio, limpiando la naci\u00f3n de judaizantes, moriscos y literatos y reduciendo al silencio o a la expatriaci\u00f3n a todos los pensadores heterodoxos, priv\u00f3 a Espa\u00f1a del curso de las mentalidades m\u00e1s originales y m\u00e1s renovadoras. Porque precisamente entre esos hombres poco fervorosos del dogma y rebeldes al despotismo de la escuela suelen contarse los grandes iniciadores de la Filosof\u00eda y de la Ciencia. En el cedazo quedaron, pues, los rutinarios, los d\u00f3ciles, los intolerantes y los meollos rudos y seniles.\r\n\r\nAun sin llegar a las violencias de la intolerancia, la exageraci\u00f3n del principio religioso entra\u00f1a un germen de postraci\u00f3n econ\u00f3mica y de apat\u00eda cultural.\r\n\r\nProfundamente penetrados del misticismo y de la existencia de otra vida mejor, los pueblos miran la Ciencia como algo fr\u00edvolo, profano, de dignidad inferior a la tecnolog\u00eda, a la literatura y a la pol\u00edtica. En muchos escritores del Siglo de Oro, singularmente en Graci\u00e1n, Quevedo y Saavedra Fajardo, apuntan estos sentimientos. En lo cual, fuerza es confesarlo, son severamente l\u00f3gicos. Puesto que la vida terrestre no es sino preparaci\u00f3n para el cielo, natural es cultivar exclusivamente la teolog\u00eda, la m\u00edstica y la moral, es decir, las sagradas disciplinas que nos apartan de frivolidades mundanas y se\u00f1alan el camino de la perfecci\u00f3n espiritual. \u00bfA qu\u00e9 afanarse por las artes \u00fatiles, el comercio y la industria? Fuera de la moral, el derecho y un poco de literatura necesaria para hablar con decoro de las cosas santas, s\u00f3lo parece plausible y deseable el esfuerzo para conservar la pureza del dogma y la imposici\u00f3n, mediante la guerra, de la unidad religiosa a todas las naciones.\r\n\r\nY Espa\u00f1a pele\u00f3 locamente contra Inglaterra, Flandes, Francia, Italia, \u00c1frica, las razas de Am\u00e9rica, <abbr>etc.<\/abbr>Empresa enorme, sobrehumana, que hubiera exigido en el Gobierno genios en vez de vulgares privados; en el Ej\u00e9rcito, las huestes de Jerjes dirigidas por An\u00edbales, y en la Hacienda p\u00fablica, los tesoros de la Francia o de la Inglaterra actuales. S\u00f3lo Dios puede hacer lo imposible, y as\u00ed todo se fio en Dios. A la Santa Cruzada contra el protestantismo fueron sacrificados vasallos y tesoros, cerebros y corazones.\r\n\r\nArrastrados por esta fiebre de ciego proselitismo, desterrados de la Pen\u00ednsula los jud\u00edos y los moriscos, en cuyas manos florecieron el comercio y la agricultura, qued\u00f3 la poca tierra cultivable yerma y esquilmada. Sobre ella crecieron y se extendieron, como legi\u00f3n de voraces par\u00e1sitos, los frailes y los nobles, paralizando con la amortizaci\u00f3n espiritual las iniciativas cient\u00edficas y audacias especulativas de la raza... Tal es, en sus l\u00edneas generales, la teor\u00eda econ\u00f3mico-pol\u00edtica.\r\n\r\nNacida en el extranjero con Buckle, Tiknor, Draper, Macaulay, Hume, G. Le Bon, <abbr>etc.<\/abbr>, sostenida entre nosotros por intelectuales de prestigio (Sanz del R\u00edo, Revilla, Pi y Margall, Jos\u00e9 del Perojo, <abbr>etc.<\/abbr>), esta hip\u00f3tesis forma casi parte del ideario de nuestra democracia. Sobre las otras concepciones posee la ventaja inapreciable de referir nuestro atraso a una condici\u00f3n adventicia, en cierto modo exterior y extra\u00f1a al car\u00e1cter mental de la raza. Como toda explicaci\u00f3n simplista, se ofrece c\u00f3moda y, por tanto, sugestiva. Seduce a primera vista porque nos promete, seg\u00fan Maeztu, para un plazo breve, f\u00e1cil y llano remedio. Barrida la intolerancia, emancipado el esp\u00edritu cr\u00edtico, la Ciencia deber\u00e1 surgir por s\u00ed misma como espont\u00e1nea floraci\u00f3n de la cultura y de la prosperidad material.\r\n\r\nNo negaremos nosotros que la exageraci\u00f3n del sentimiento religioso, que ya C\u00e1novas, Valera y otros consideraron como uno de tantos motivos de nuestra decadencia, y sobre todo las crueldades del Santo Oficio, hayan contribuido bastante a marchitar la flor de nuestra originalidad cient\u00edfica y filos\u00f3fica. Dejamos apuntado ya que el sabio, por religioso que sea, gana mucho en un ambiente de libre expansi\u00f3n espiritual. Creemos m\u00e1s: que en la actualidad (hay gloriosas excepciones) los hombres m\u00e1s ocupados en el problema del mundo suelen ser los menos preocupados de las beatitudes celestiales.\r\n\r\nPero aun reconociendo y proclamando todo esto, pensamos sinceramente que la hip\u00f3tesis del <em>fanatismo religioso<\/em> es, en el terreno pr\u00e1ctico, <em>peligros\u00edsima<\/em> para las esperanzas puestas en el resurgimiento de Espa\u00f1a y en los altos destinos de la raza, esperanzas que todos, y se\u00f1aladamente los maestros, debemos infundir reiteradamente en la juventud.\r\n\r\nQue se ha extremado el papel anticultural de la Inquisici\u00f3n, prob\u00e1ronlo (cayendo tambi\u00e9n en opuestas exageraciones) Laverde, Vidart, Adolfo de Castro, muchos de nuestros tradicionalistas, y singularmente el fogoso patriota y prodigioso erudito Men\u00e9ndez Pelayo<sup><a id=\"np32\" href=\"..\/notas-del-autor#np32n\">32<\/a><\/sup>. En respuesta a los denigradores del Santo Oficio, alegaron que precisamente el auge de la producci\u00f3n cient\u00edfica y filos\u00f3fica espa\u00f1ola corresponde a los siglos <span class=\"versalitas\">xvi<\/span>y <span class=\"versalitas\">xvii<\/span>, \u00e9poca de la prepotencia del terrible Tribunal. Y citaban abrumadoras listas de fil\u00f3sofos moralistas y cient\u00edficos, que brillaron con luz propia en nuestra Edad de Oro. Afirmaban, adem\u00e1s, que en los calabozos del Santo Oficio no perecieron hombres de ciencia ni pensadores eximios, sino judaizantes, luteranos, musulmanes y sobre todo brujos y endemoniados, seg\u00fan ocurr\u00eda a la saz\u00f3n, aunque bajo otras instituciones, en todos los pa\u00edses de Europa. Recordaban, en fin, que Servet fue inmolado fuera de Espa\u00f1a por el feroz Calvino y que la tolerante Italia quem\u00f3 a G. Bruno y encarcel\u00f3 a Galileo.\r\n\r\n\u00abEn Francia \u0097dice Valera\u0097, sin contar los horrores de las guerras civiles, s\u00f3lo en la espantosa noche de San Bartolom\u00e9 hubo m\u00e1s v\u00edctimas del fanatismo religioso que las que hizo el Santo Oficio desde su fundaci\u00f3n hasta su ca\u00edda... Ni iguala en n\u00famero \u0097contin\u00faa\u0097, por confesi\u00f3n de Schack, a s\u00f3lo las infelices brujas quemadas vivas en Alemania nada m\u00e1s que en el siglo <span class=\"versalitas\">xvii<\/span>.\u00bb\r\n\r\nY es menester reconocer que los hechos citados por los precedentes autores poseen alguna fuerza. Maeztu, uno de nuestros j\u00f3venes escritores m\u00e1s vigorosos y mejor orientados, nota oportunamente que mal pudo la Inquisici\u00f3n sacrificar a fil\u00f3sofos y sabios, cuando Espa\u00f1a no los tuvo nunca (de primer orden, se entiende). Otras son, pues, las esenciales causas de nuestro atraso, y no la intolerancia religiosa, que adquiri\u00f3 tambi\u00e9n entre los cism\u00e1ticos de Inglaterra, Suiza y Alemania formas y sentimientos singularmente agresivos e inhumanos.\r\n\r\nPero, conforme dejamos apuntado, lo m\u00e1s grave de la teor\u00eda religiosa no consiste en su tendencia sectaria, ya advertida por C\u00e1novas, sino en que, fiados en ella, corremos el riesgo de echarnos definitivamente en el surco, dejando de aplicar al mal los verdaderos remedios.\r\n\r\nEn efecto: hace m\u00e1s de un siglo que, salvo alg\u00fan chispazo aislado, la Inquisici\u00f3n apag\u00f3 sus hogueras. Hemos hecho cinco o seis revoluciones, decretado la desamortizaci\u00f3n e instaurado un r\u00e9gimen de tolerancia religiosa. Reconoce nuestra Constituci\u00f3n la libertad de conciencia, de palabra, de asociaci\u00f3n y de imprenta.\r\n\r\nProfesores eminentes han importado a nuestras aulas filosof\u00edas m\u00e1s o menos heterodoxas, tales como el krausismo, el positivismo y el evolucionismo materialista, desarroll\u00e1ndolas libremente, sin molestias ni cortapisas.\r\n\r\nAunque no forman todav\u00eda mayor\u00eda, abundan entre nosotros los pol\u00edticos, periodistas, magistrados y catedr\u00e1ticos librepensadores. Contra lo que suponen los extranjeros, cierta tolerancia pr\u00e1ctica reina entre nuestra sociedad ilustrada. Se citar\u00e1n, acaso, excepciones m\u00e1s o menos antiguas; pero en la actualidad quien positivamente vale, llega en Espa\u00f1a a los primeros puestos, cualquiera que sea su credo filos\u00f3fico, a condici\u00f3n de que no lo proclame harto ruidosa y estridentemente, lastimando los sentimientos de la mayor\u00eda.\r\n\r\nSin embargo..., con muy ligeros avances sobre nuestro anterior estado, continuamos a la zaga de las peque\u00f1as nacionalidades del norte de Europa. Pueblos hermanos como Portugal y las Rep\u00fablicas sudamericanas, donde la despreocupaci\u00f3n dogm\u00e1tica es acaso mayor que entre nosotros, viven, sobre poco m\u00e1s o menos, en el mismo plano cultural.\r\n\r\nSi esta situaci\u00f3n contin\u00faa y se acent\u00faa, la posici\u00f3n de los adeptos de la teor\u00eda del fanatismo religioso resultar\u00e1 singularmente comprometida. Y si discurren serenamente, llegar\u00e1n pronto a la desconsoladora conclusi\u00f3n de la incapacidad de los pueblos peninsulares para las altas empresas de la civilizaci\u00f3n. No se tratar\u00eda ya de la bancarrota de un principio, sino de la bancarrota de una raza. Y esto, aunque fuera verdad, que no lo es, ning\u00fan peninsular puede honradamente declararlo, sin haber agotado antes, para demostrar lo contrario, todas las capacidades de su intelecto y todas las energ\u00edas de su voluntad.\r\n\r\nHip\u00f3tesis del orgullo y arrogancia espa\u00f1oles.\u0097Muchos extranjeros, varios espa\u00f1oles y no pocos hispanoamericanos (Bunge, entre otros) achacan en parte nuestro atraso a este defecto del car\u00e1cter nacional, en cuya virtud se consideraron siempre entre nosotros como cosas viles el trabajo mec\u00e1nico, la industria y el comercio. Muy elocuentemente habla acerca de ello el insigne Valera.\r\n\r\n\u00abLa tiran\u00eda \u0097dice Valera\u0097 de los reyes de la Casa de Austria, su mal gobierno y las crueldades del Santo Oficio, no fueron causas de nuestra decadencia, fueron meros s\u00edntomas de una enfermedad espantosa que devoraba el cuerpo social entero... Fue una fiebre de orgullo, un delirio de soberbia que la prosperidad hizo brotar en los \u00e1nimos al triunfar despu\u00e9s de ocho siglos en la lucha contra los infieles. Nos llenamos de fanatismo a la judaica. De aqu\u00ed nuestro divorcio y aislamiento del resto de Europa... Nos cre\u00edmos el nuevo pueblo de Dios, confundimos la religi\u00f3n con el ego\u00edsmo patri\u00f3tico, nos propusimos el dominio universal, sirvi\u00e9ndonos la cruz de ense\u00f1a o de l\u00e1baro para alcanzar el imperio. El gran movimiento de que ha nacido la ciencia y la civilizaci\u00f3n moderna, y al cual dio Espa\u00f1a el primer impulso, pas\u00f3 sin que lo not\u00e1semos, merced al desd\u00e9n ignorante y al engreimiento fan\u00e1tico\u00bb<sup><a id=\"np33\" href=\"..\/notas-del-autor#np33n\">33<\/a><\/sup>.\r\n\r\nTambi\u00e9n Cadalso (citado por <em>Azor\u00edn<\/em>), antes que Valera, not\u00f3 ya esta lacra moral de la gente hispana. \u00abNo estudiamos \u0097dec\u00eda\u0097. Nuestro defecto fundamental es el orgullo... Las ciencias van decayendo de d\u00eda en d\u00eda... Los verdaderos estudiosos son tenidos por sabios superficiales en el concepto de los que saben poner setenta y siete silogismos sobre si los cielos son fluidos o s\u00f3lidos...\u00bb \u00abTrabajemos \u0097dice\u0097 en las ciencias positivas para que no nos llamen b\u00e1rbaros los extranjeros.\u00bb\r\n\r\nLas p\u00e1ginas de la Historia de Espa\u00f1a ofrecen numerosos testimonios de este irritante sentimiento aristocr\u00e1tico, que nos llev\u00f3 a repudiar, como innobles y propios s\u00f3lo de jud\u00edos y de gente servil, la agricultura, el comercio, la industria y las artes mec\u00e1nicas. La nobleza y la clase media, preocupadas con la limpieza de sangre, s\u00f3lo pod\u00edan subsistir vegetando par\u00e1sitamente sobre una masa de pecheros, comerciantes e industriales. No obstante lo cual, cometi\u00f3se la monstruosa aberraci\u00f3n de decretar, seg\u00fan dijimos antes, primeramente, la expulsi\u00f3n de los jud\u00edos, monopolizadores del comercio, y despu\u00e9s, la de los moriscos, en cuyas manos estaban la agricultura y la industria. Nubes de extranjeros voraces, incapaces de nacionalizarse porque nos odiaban cordialmente, vinieron a reemplazar a moriscos y jud\u00edos, absorbiendo el oro de Am\u00e9rica, fomentando la industria de sus sendos pa\u00edses, con da\u00f1o de la nuestra, y convirti\u00e9ndose en usureros y esquilmadores del Estado. Entristecen las descripciones que extranjeros como Campanella, Mme d\u0092Aulnoy y otros hacen de la incuria de nuestros hidalgos y del casi total abandono del agro castellano a causa del desprecio suicida del trabajo manual. As\u00ed como el comercio y la banca cayeron en poder de genoveses, flamencos y franceses, el cultivo mismo de la tierra (es decir, lo poco de ella cultivado) vino a manos de braceros extranjeros, con los cuales emigraban anualmente muchos millones, importe de salarios.\r\n\r\nLa teor\u00eda del orgullo explica algo mejor que la hip\u00f3tesis econ\u00f3mico-pol\u00edtica la escasez de nuestra producci\u00f3n cient\u00edfica e industrial. La Ciencia exige instrumentos, y \u00e9stos s\u00f3lo puede proporcionarlos una industria floreciente. Y en aquel tiempo era dif\u00edcil importarlos de fuera. Deja, sin embargo, esta concepci\u00f3n en la sombra algunos puntos, entre ellos la pobreza filos\u00f3fica, astron\u00f3mica y matem\u00e1tica de la naci\u00f3n y el gusto casi exclusivo hacia el saber que nuestro ilustre Carracido llama ornamental (literatura, humanidades y filosof\u00eda escol\u00e1stica, <abbr>etc.<\/abbr>), con el consiguiente desprecio de las ciencias de la Naturaleza. Cre\u00edmos que era bastante dominar, sin reparar que s\u00f3lo imperan duraderamente la ciencia, la industria y el comercio.\r\n\r\nTeor\u00eda de la segregaci\u00f3n intelectual.\u0097En todas las hip\u00f3tesis expuestas, singularmente en las de C\u00e1novas, Costa y Valera, late un fondo de verdad, pero ellas no lo dicen todo. A nuestro atraso contribuyeron indudablemente las guerras in\u00fatiles, la Inquisici\u00f3n, el finchado aristocratismo, la emigraci\u00f3n a Am\u00e9rica, el desd\u00e9n por el trabajo mec\u00e1nico y la irreparable esterilidad de una tierra eternamente sedienta. Pero estas calamidades (que muchos pa\u00edses han sufrido), con ser grandes habr\u00edan moderado nuestra producci\u00f3n en orden al conocimiento de la Naturaleza, mas no la habr\u00edan reducido a un m\u00ednimo casi despreciable de no intervenir otro factor, felizmente modificable, al que apenas aluden nuestros escritores. La causa culminante de nuestro retardo cultural no es otra que el <em>enquistamiento espiritual<\/em> de la Pen\u00ednsula. A la manera de un tumor, el talento hispano desarrollose, viciosa y monolateralmente, nutri\u00e9ndose de la pobre savia nacional. La frase \u00abSantiago, cierra Espa\u00f1a\u00bb, citada por Bunge (que le da un sentido err\u00f3neo, sin duda por imperfecto conocimiento del castellano), no fue s\u00f3lo el grito de combate de nuestros guerreros, sino la divisa de nuestros sabios<sup><a id=\"np34\" href=\"..\/notas-del-autor#np34n\">34<\/a><\/sup>. Cerramos las fronteras para que no se infiltrase el esp\u00edritu de Europa, y Europa se veng\u00f3 alzando sobre los Pirineos una barrera moral mucho m\u00e1s alta: la muralla del desprecio. Desde fines del siglo xvii, nuestros sabios, nuestros fil\u00f3sofos, nuestros literatos, dejaron casi enteramente de ser le\u00eddos y citados. Entre los cient\u00edficos, s\u00f3lo se salv\u00f3 del olvido Azara, el gran naturalista, que brill\u00f3 en el siglo <span class=\"versalitas\">xviii<\/span>.\r\n\r\nComo consecuencia de esta segregaci\u00f3n intelectual, no prendi\u00f3 apenas en Espa\u00f1a la semilla del Renacimiento, seg\u00fan nota oportunamente Federico de On\u00eds. Los inyectores de la savia nueva, tales como Lebrija, el Broncense, Pedro Ciruelo y otros, fueron perseguidos. Y no digamos nada de Servet y del Dr. F. S\u00e1nchez, el precursor del cartesianismo y del agnosticismo moderno, porque ambos tuvieron que expatriarse para escribir. El terror a lo nuevo, a lo extranjero, obsesionaba a nuestros claustros profesorales, m\u00e1s inquisidores que la Inquisici\u00f3n misma, que recelaban no s\u00f3lo de las Ciencias Naturales, sino hasta de las inofensivas Filolog\u00eda, Gram\u00e1tica e Historia. Y semejante estado de esp\u00edritu perdur\u00f3 muchos a\u00f1os, seg\u00fan revelan los escritos de Villarroel y los m\u00e1s modernos de Feijoo, Campomanes y Jovellanos.\r\n\r\nHubo, ciertamente, algunas excepciones de dicha incomunicaci\u00f3n. Durante una parte del siglo <span class=\"versalitas\">xvi<\/span>, con ocasi\u00f3n de nuestras guerras de Italia, las auras del Renacimiento vivificaron un tanto el petrificado esp\u00edritu espa\u00f1ol, despert\u00e1ndole parcialmente de sus \u00e9xtasis religiosos y de sus ensue\u00f1os imperalistas. Otra ventana hacia Europa abri\u00f3se tambi\u00e9n durante el siglo <span class=\"versalitas\">xviii<\/span>; por ella recibieron algunos intelectuales bien dotados el influjo bienhechor de la cr\u00edtica y de la renovaci\u00f3n cient\u00edfica que agitaban Europa.\r\n\r\nEn corroboraci\u00f3n de esta doctrina, n\u00f3tese que casi todos nuestros grandes escritores y sabios surgieron en esas \u00e9pocas de relativo intercambio cultural, y fueron, naturalmente, infatigables viajeros. No pocos, desde el final de la Edad Media, perfeccionaron sus estudios en el extranjero, y regentaron c\u00e1tedras en Roma, Bolonia, Par\u00eds, Montpellier, Tolosa, <abbr>etc.<\/abbr>Recordemos a Arnaldo de Vilanova, Raimundo Lulio, Servet, Luis Vives, Saavedra Fajardo, el padre Acosta, el m\u00e9dico Hern\u00e1ndez, Garcilaso, Quevedo, <abbr>etc.<\/abbr>El mismo Cervantes, no obstante su original genialidad, debi\u00f3 mucho a la refinada cultura de Italia. Pero, en general, salvando gloriosas excepciones, nuestro orgullo aristocr\u00e1tico, secundado por la desdichada posici\u00f3n geogr\u00e1fica de la Pen\u00ednsula (conf\u00edn de Europa y camino solamente de \u00c1frica), nos condujo a una reclusi\u00f3n mental deplorable. A semejanza de esos animales habitadores de la Australia, que segregados en remotas edades del Continente, adquirieron formas ins\u00f3litas y estrafalarias, as\u00ed el entendimiento espa\u00f1ol, no vivificado por la conjugaci\u00f3n intelectual ni corregido por la cr\u00edtica europea, apart\u00f3se de las normas de la cultura mundial y se expandi\u00f3 en la viciosa y casi exclusiva vegetaci\u00f3n de las sutilezas escol\u00e1sticas, de los transportes de la m\u00edstica y de los juegos del conceptismo y culteranismo.\r\n\r\nY, sin embargo, no falt\u00f3 nunca alg\u00fan espa\u00f1ol, flor de la raza, que apuntara, aunque predicando en desierto, los inconvenientes del aislamiento nacional. En su famoso libro de Las Empresas, Saavedra Fajardo dec\u00eda: \u00abLa renovaci\u00f3n da perpetuidad a las cosas caducas por naturaleza... Ninguna juventud sale acertada en la misma patria... Los parientes y amigos la hacen licenciosa y atrevida. No as\u00ed en las tierras extra\u00f1as, donde la necesidad obliga a la consideraci\u00f3n en componer las acciones y en granjear voluntades. Fuera de la patria se pierde aquella rudeza y encogimiento natural; aquella altivez necia e inhumana que ordinariamente nace y dura en los que no han practicado con diversas naciones... Los espa\u00f1oles, que con m\u00e1s comodidad pudieran practicar el mundo, por lo que en todas partes se extiende su monarqu\u00eda, son los que m\u00e1s retirados est\u00e1n en sus patrias, si no es cuando las armas les sacan de ellas\u00bb (<em>Empresas<\/em>, LXVI)<sup><a id=\"np35\" href=\"..\/notas-del-autor#np35n\">35<\/a><\/sup>.\r\n\r\nQue durante nuestra supremac\u00eda militar viaj\u00e1bamos poco, y no llevamos a Flandes e Italia comerciantes, sabios y colonos que acompa\u00f1aran a nuestros soldados y crearan v\u00ednculos materiales y espirituales con la metr\u00f3poli, persu\u00e1delo el hecho harto elocuente de que en la actualidad no queda en dichos pa\u00edses el menor rastro de la raza, la lengua y las costumbres espa\u00f1olas. Verdad es que en tales empresas se trataba casi siempre de defender el patrimonio, bien o mal adquirido, de los reyes, no los intereses positivos de nuestro pueblo, seg\u00fan hace notar muy sagazmente Crist\u00f3bal de Reyna<sup><a id=\"np36\" href=\"..\/notas-del-autor#np36n\">36<\/a><\/sup>.\r\n\r\nHemos vivido, pues, durante siglos, recluidos en nuestra concha, dando vueltas a la noria del aristotelismo y del escolasticismo, y desinteresados y desde\u00f1osos (con excepci\u00f3n de pocos par\u00e9ntesis) del poderoso movimiento cr\u00edtico y revisionista que impuls\u00f3 en Europa a las ciencias y las artes. Fuera, empero, injusticia olvidar que algunos de nuestros sabios y fil\u00f3sofos conocieron y profesaron las nov\u00edsimas verdades matem\u00e1ticas, astron\u00f3micas, f\u00edsicas y biol\u00f3gicas, conquistadas por Cop\u00e9rnico, Galileo, Torricelli, Newton, Descartes, Vesalio, Harveo, Lavoisier, pero poqu\u00edsimos de ellos tuvieron el arranque necesario para trasladarse a los grandes centros culturales y adquirir el contagio tonificante de la genialidad creadora.\r\n\r\nA causa de esta incompleta conjugaci\u00f3n con Europa, nuestros maestros profesaron una <em>ciencia muerta<\/em>, esencialmente formal, la ciencia de los libros, donde todo parece definitivo (cuando nuestro saber h\u00e1llase en perpetuo <em>devenir<\/em>), e ignoraron la ciencia viva din\u00e1mica, en flujo y reflujo perennes, que s\u00f3lo se aprende conviviendo con los grandes investigadores, respirando esa atm\u00f3sfera t\u00f3nica de sano escepticismo, de sugesti\u00f3n directa, de limitaci\u00f3n y de impulsi\u00f3n sin las cuales las mejores aptitudes se petrifican en la rutinaria labor del repetidor o del comentarista.\r\n<h2>El remedio de nuestro atraso. M\u00e9todo hist\u00f3rico de elevaci\u00f3n cient\u00edfica y cultural<\/h2>\r\nLa Ciencia, como todas las actividades espec\u00edficas del entendimiento, es simple consecuencia de la imitaci\u00f3n y del ejemplo.\r\n\r\nTr\u00e1tase siempre de un contagio, a veces a distancia, por la semilla latente en los libros, mucho m\u00e1s a menudo de cerca, por g\u00e9rmenes arribados por el o\u00eddo, escapados, como en surtidor luminoso, de las cabezas geniales. Del mismo modo que el hijo aprende el oficio del padre, <em>mirando y ensay\u00e1ndose<\/em>, as\u00ed el sabio en perspectiva aprende a investigar mirando al investigador y trabajando bajo su vigilancia. Como dice acertadamente Castillejo, uno de los ap\u00f3stoles m\u00e1s fervientes y desinteresados de nuestro renacimiento intelectual, \u00ablos florecimientos culturales son productos del contacto de civilizaciones diferentes. Hay una especie de fecundaci\u00f3n que, sin ahondar ahora m\u00e1s, puede bien referirse al car\u00e1cter de producto social que la cultura tiene, lo mismo referida a las colectividades de individuos que a las de los pueblos\u00bb.\r\n\r\nTan palmaria verdad es que la Ciencia brota de la fecundaci\u00f3n intelectual inmediata, que no se citar\u00e1 un solo pa\u00eds en donde el ansia de saber haya surgido con absoluta espontaneidad. Por rica y pl\u00e1stica que parezca la mentalidad de un sabio, jam\u00e1s ser\u00e1 poderosa a crear <em lang=\"la\" xml:lang=\"la\">in toto<\/em> una disciplina cient\u00edfica. Su misi\u00f3n se reduce a desenvolver un germen recibido, a consolidar y acrecentar el patrimonio heredado.\r\n\r\n\u00bfHabr\u00e1 que recordar ejemplos hist\u00f3ricos de tan trivial y vulgar aserto? Nadie ignora que los fil\u00f3sofos y sabios de la Grecia fueron infatigables viajeros. Cada una de aquellas inteligencias v\u00edrgenes y ansiosas de sabidur\u00eda sol\u00eda dividir su vida en dos fases: durante la primera asist\u00eda a los focos culturales de Egipto, Asiria, Persia, la India y la Gran Grecia; durante la segunda, recog\u00edase en s\u00ed mismo, sistematizaba lo aprendido y fundaba nueva escuela. El viejo Egipto adoctrin\u00f3 a Grecia, como andando el tiempo, Grecia adoctrin\u00f3 a Italia y a las naciones mahometanas; y, en fin, \u00e9stas y, sobre todo, la cult\u00edsima Italia del Renacimiento (esa Italia, siempre pagana, a pesar del cristianismo, y fervorosamente enamorada de la sabidur\u00eda antigua), difundieron la ciencia cl\u00e1sica por el resto de Europa.\r\n\r\nY para recordar ejemplos m\u00e1s cercanos, hoy mismo, \u00bfno vemos al Jap\u00f3n, pueblo de raza amarilla, pasar bruscamente desde las tinieblas de la Edad Media, a los esplendores de la cultura y de la civilizaci\u00f3n occidentales? Obra estupenda, que parece milagro, y representa simplemente un caso particular de sistem\u00e1tica, pero intensiva y extensiva inoculaci\u00f3n de la ciencia europea. No fue, ciertamente, seg\u00fan se complacen en afirmar algunos de nuestros pol\u00edticos, la revoluci\u00f3n japonesa del 68, con sus reivindicaciones liberales y la consiguiente emancipaci\u00f3n econ\u00f3mica del agricultor, la causa eficiente de tan asombroso renacimiento. No, los art\u00edfices de la grandiosa ascensi\u00f3n fueron, en primer t\u00e9rmino, el alto sentido pol\u00edtico del Emperador y sus ministros y, a guisa de instrumentos, esos miles de j\u00f3venes pacientes, silenciosos, concentrados, que, por mandato del gobierno, vinieron a Europa a escudri\u00f1ar, llenos de fervor patri\u00f3tico, en laboratorios, seminarios, talleres, f\u00e1bricas y arsenales, los secretos de la sabidur\u00eda y de la fuerza occidentales.\r\n\r\nMenos resonantes y notorios, pero igualmente significativos ejemplos, nos ofrecen algunos pueblos de pura cepa europea, en donde por diversos motivos decayeron las ciencias o no adelantaron con el br\u00edo necesario. Recordemos a Italia, cuyas universidades, un tanto enervadas durante la primera mitad de la pasada centuria, supieron remozar la caduca savia, importando profesores alemanes y, sobre todo, educando sistem\u00e1ticamente en el extranjero la flor de su juventud intelectual y docente. Igual salvadora conducta han seguido los Estados Unidos (en donde por diversas causas el esp\u00edritu cient\u00edfico aparec\u00eda ahogado por el bajo mercantilismo), inundando de j\u00f3venes doctores los laboratorios y seminarios ingleses, franceses y alemanes.\r\n\r\nPatentes est\u00e1n los frutos de esta inoculaci\u00f3n reiterada y met\u00f3dica del germen del progreso cient\u00edfico. Italia ha decuplicado su rendimiento intelectual y, en ciertas esferas del saber, figura ya a la cabeza del movimiento cultural europeo. En cuanto a los Estados Unidos, el esp\u00edritu de indagaci\u00f3n h\u00e1llase en r\u00e1pido crescendo; la pl\u00e9yade de inventores ingeniosos, aunque emp\u00edricos, ha sido all\u00ed reforzada por lucida cohorte de sabios creadores, cuyos descubrimientos promueven el aprovechamiento, cada vez mayor, de las riquezas del suelo y del subsuelo, y han sido causa del asombroso florecimiento de las empresas industriales. Poderosos institutos, como el c\u00e9lebre de Rockefeller, legado de millonarios patriotas, se han creado para cultivar la ciencia pura. Por ese mismo sendero marchan con \u00e9xito brillante, o con esperanzas justificadas, Ruman\u00eda, Egipto, Chile, la Rep\u00fablica Argentina, <abbr>etc.<\/abbr>\r\n\r\nY n\u00f3tese que la elevaci\u00f3n cultural de los citados pueblos ha surgido, no por lenta evoluci\u00f3n, conforme pide la teor\u00eda, sino s\u00fabita y teatralmente; verdadera revoluci\u00f3n desde arriba, para la cual la <em>Gaceta<\/em>, tan desacreditada entre nosotros, obr\u00f3 cual talism\u00e1n mir\u00edfico.\r\n\r\nLa panacea que en Italia, en los Estados Unidos, en el Jap\u00f3n<sup><a id=\"np37\" href=\"..\/notas-del-autor#np37n\">37<\/a><\/sup>, en Hungr\u00eda, en Ruman\u00eda, en la misma Rusia, es decir, en pa\u00edses de razas y genio tan diversos, ha tenido \u00e9xitos resonantes, \u00bffracasar\u00e1 precisamente en Espa\u00f1a, crisol donde se fundieron casi todas las razas europeas?\r\n\r\nDesde ahora declaramos que el remedio que obr\u00f3 milagros en todos los pa\u00edses, dar\u00e1 tambi\u00e9n resultados excelentes en Espa\u00f1a. Si hay fracaso, nuestra ser\u00e1 la culpa, por no haber sabido servirnos de la heroica panacea. El fiasco, y tras \u00e9l la decadencia definitiva y mortal, vendr\u00e1n solamente si la aplicamos sin fe ni perseverancia, si por esp\u00edritu de taca\u00f1er\u00eda la administramos a dosis homeop\u00e1ticas, o de manera intermitente, si no sabemos reclutar y preparar mentalmente a nuestra juventud para recibir, allende el Pirineo, la suprema iniciaci\u00f3n, si, a la vez que establecemos \u00edntima comunicaci\u00f3n espiritual con el extranjero, no acertamos a mantener en los iniciados el fuego sagrado de la investigaci\u00f3n, organizando, para retenerlos y estimularlos, laboratorios y seminarios, talleres y dem\u00e1s centros de laboreo intelectual y profesional, si, en fin, por respeto a rancios prejuicios o a funestos formalismos, no procedemos a incorporar r\u00e1pidamente a la ense\u00f1anza el nuevo plantel docente, renovando y fecundando con \u00e9l la vieja Universidad, \u00f3rgano principal, seg\u00fan dejamos dicho, de civilizaci\u00f3n y de progreso.\r\n\r\nPorque, lo hemos proclamado mil veces y lo repetiremos otras mil, Espa\u00f1a no saldr\u00e1 de su abatimiento mental mientras no reemplace las <em>viejas cabezas de sus profesores<\/em>(Universidades, Institutos, Escuelas especiales), <em>orientadas hacia el pasado, por otras nuevas orientadas al porvenir<\/em>. No reside, pues, el da\u00f1o en los que aprenden, ni en el Estado que, en la medida de lo posible, sufraga los gastos, sino en los que ense\u00f1an. De unos salen los otros. Ideal del disc\u00edpulo ser\u00e1 siempre parecerse a su maestro. \u00bfC\u00f3mo superarse si no halla cerca de s\u00ed otro t\u00e9rmino m\u00e1s alto de comparaci\u00f3n? Y pues es fuerza romper la cadena de hierro de nuestro atraso, r\u00f3mpase por el <em>anillo docente<\/em>, \u00fanico sobre el cual puede obrar directa y eficazmente el Estado. Europeizando r\u00e1pidamente al catedr\u00e1tico, europeizaremos al disc\u00edpulo y a la naci\u00f3n entera.\r\n\r\nComo dice luminosamente Castillejo, \u00abno queda otro recurso que formar gente nueva y unirla a los elementos aprovechables de la antigua\u00bb. Pero esa gente nueva no lo ser\u00e1 de veras, se parecer\u00e1 irremediablemente a nosotros, adolecer\u00e1 de nuestras rutinas y defectos, como no respire por mucho tiempo el ambiente de la Universidad extranjera.\r\n\r\nTal es el plan salvador. No ha habido que inventar la panacea. Es remedio probado, norma seguida por cuantos pueblos tuvieron clara conciencia de su postraci\u00f3n y quisieron regenerarse de veras. Descendamos ahora a formular algunas reglas tocantes a la manera de aplicar la terap\u00e9utica.","rendered":"<h1><em>Nuestro atraso cient\u00edfico y sus causas pretendidas. Explicaciones f\u00edsicas, hist\u00f3ricas y morales de la infecundidad cient\u00edfica. Los remedios<\/em><\/h1>\n<p>La posteridad duradera de las naciones es obra de la ciencia y de sus m\u00faltiples aplicaciones al fomento de la vida y de los intereses materiales. De esta indiscutible verdad s\u00edguese la obligaci\u00f3n inexcusable del Estado de estimular y promover la cultura, desarrollando una <em>pol\u00edtica cient\u00edfica<\/em>, encaminada a generalizar la instrucci\u00f3n y a beneficiar en provecho com\u00fan todos los talentos \u00fatiles y fecundos brotados en el seno de la raza.<\/p>\n<p>La pol\u00edtica cient\u00edfica implica el empleo simult\u00e1neo de estos cuatro modos de acci\u00f3n:<\/p>\n<ul>\n<li>1.\u00b0 Elevar el nivel intelectual de la masa para formar ambiente moral susceptible de comprender, estimular y galardonar al sabio.<\/li>\n<li>2.\u00b0 Proporcionar a las clases sociales m\u00e1s humildes ocasi\u00f3n de recibir en liceos, institutos o centros de ense\u00f1anza popular, instrucci\u00f3n general suficiente a fin de que el joven reconozca su vocaci\u00f3n y sean aprovechadas, en bien de la naci\u00f3n, todas las elevadas aptitudes intelectuales.<\/li>\n<li>3.\u00b0 Transformar la Universidad, hasta hoy casi exclusivamente consagrada a la colaci\u00f3n de t\u00edtulos y a la ense\u00f1anza profesional, en un Centro de impulsi\u00f3n intelectual, al modo de Alemania, donde la Universidad representa el \u00f3rgano principal de la producci\u00f3n filos\u00f3fica, cient\u00edfica e industrial<sup><a id=\"np27\" href=\"..\/notas-del-autor#np27n\">27<\/a><\/sup>.<\/li>\n<li>4.\u00b0 En fin, formar y cultivar, mediante el pensionado en el extranjero o por otros m\u00e9todos de selecci\u00f3n y contagio natural, un plantel de profesores em\u00e9ritos, capacitados para descubrir nuevas verdades y para transmitir a la juventud el gusto y la pasi\u00f3n por la investigaci\u00f3n original.<\/li>\n<\/ul>\n<p>Carecemos de espacio para estudiar minuciosamente todos estos aspectos de la pol\u00edtica cultural. Consideramos, por otra parte, innecesario entrar en pormenores, ya que son temas repetidamente tratados y discutidos desde hace muchos a\u00f1os por la prensa pol\u00edtica y las obras pedag\u00f3gicas. Sobre ellos hay, por fortuna, un conjunto de soluciones que, con ligeras variantes, han sido generalmente aceptadas. Por ahora, concret\u00e9monos a exponer algunas consideraciones tocantes al \u00faltimo punto, esto es, a los m\u00e9todos m\u00e1s apropiados y r\u00e1pidos para refinar en lo posible el personal docente actual y formar el futuro profesorado universitario, instrumento esencial, aunque no exclusivo, de nuestro resurgimiento intelectual.<\/p>\n<p>Mas para justificar lo que sigue y fundamentar s\u00f3lidamente nuestras conclusiones, importa resolver una cuesti\u00f3n previa sobre la cual, desde hace cincuenta a\u00f1os, y sobre todo a partir del desastre colonial, se han ejercitado con varia fortuna casi todos nuestros grandes escritores.<\/p>\n<p><em>Resurgir, renacer, regenerarse<\/em>, son procesos din\u00e1micos que implican estado anterior de agotamiento, decadencia o regresi\u00f3n. Importa, pues, desde luego, dilucidar este importante punto: \u00bfes exacto que, en orden a la filosof\u00eda y a la ciencia, hemos deca\u00eddo verdaderamente? Como productores de civilizaci\u00f3n en su m\u00e1s amplio sentido, \u00bfes l\u00edcito afirmar que hemos degenerado con relaci\u00f3n a nuestros antepasados de los siglos <span class=\"versalitas\">xvi\u00a0<\/span>y <span class=\"versalitas\">xvii<\/span>?<\/p>\n<p><em>Espa\u00f1a es un pa\u00eds intelectualmente atrasado, no decadente<\/em>. Estudiando imparcialmente la historia de la producci\u00f3n cient\u00edfica y filos\u00f3fica espa\u00f1ola durante la Edad Media, durante el siglo <span class=\"versalitas\">xvi<\/span>, considerado con alguna exageraci\u00f3n, a nuestro juicio, como la cima de nuestra intelectualidad y, en fin, durante las \u00faltimas centurias, comparando con absoluta sinceridad, intensiva y extensivamente, la ciencia espa\u00f1ola forjada en cada uno de esos per\u00edodos (descontando las altas y bajas causadas por fortuitos accidentes, quiero decir, el avance cultural producido por el descubrimiento de Am\u00e9rica, que abri\u00f3 de repente a nuestros sabios espl\u00e9ndido campo de investigaci\u00f3n, y la postraci\u00f3n mental provocada por las guerras desastrosas y errores pol\u00edticos de la \u00e9poca de Felipe IV), si cotejamos, en fin, en cada una de las citadas \u00e9pocas, las conquistas intelectuales positivas hechas por espa\u00f1oles con las debidas a sabios extranjeros, nos veremos obligados a reconocer que ni la raza ni la ciencia espa\u00f1ola han deca\u00eddo ni se han estacionado por completo. Sobre poco m\u00e1s o menos, su rendimiento cient\u00edfico se mantuvo siempre al mismo nivel.<\/p>\n<p>La imparcialidad obliga, empero, a confesar que, apreciado globalmente, <em>dicho rendimiento ha sido pobre y discontinuo, mostrando, con relaci\u00f3n al resto de Europa, un atraso y, sobre todo, una mezquindad te\u00f3rica deplorable<\/em><sup> <a id=\"np28\" href=\"..\/notas-del-autor#np28n\">28<\/a><\/sup>. Domin\u00f3 en nuestros cosm\u00f3grafos, f\u00edsicos, metalurgistas, matem\u00e1ticos y m\u00e9dicos la tendencia hacia lo \u00fatil inmediato, al practicismo estrecho. Se ignor\u00f3 que s\u00f3lo las ideas son realmente fecundas. Y buscando recetas y f\u00f3rmulas de acci\u00f3n, atrofi\u00e1ronse las alas del esp\u00edritu, incapacit\u00e1ndonos para las grandes invenciones. Adem\u00e1s, en cada per\u00edodo nuestros hombres de ciencia fueron escasos, y los genios, como las cumbres m\u00e1s elevadas, surgen solamente en las cordilleras. Para producir un Galileo o un Newton es preciso una legi\u00f3n de investigadores estimables.<\/p>\n<p>A semejanza de Rusia o del Jap\u00f3n, hasta hace poco tiempo, o de los germanos y francos antes del Renacimiento, Espa\u00f1a ha permanecido en estado semib\u00e1rbaro, atenida a la religi\u00f3n y a la pol\u00edtica y casi del todo ajena a la preocupaci\u00f3n de ensanchar los horizontes del esp\u00edritu. Pero la semibarbarie no es la decadencia, como el estado embrionario no es la decrepitud. Fuera indiscutible ligereza desesperar de una raza casi virgen, riqu\u00edsima en subtipos y variedades (gran ventaja en sentir de los antrop\u00f3logos), creadora en todo tiempo de individualidades geniales y vigorosas, detenida en casi todas sus capas sociales en la fase infantil, y, por tanto, muy lejos todav\u00eda de la plenitud de su expansi\u00f3n espiritual. \u00bfHabr\u00e1 que recordar a los pesimistas que la mayor\u00eda de los espa\u00f1oles son analfabetos? \u00bfDeclararemos ciego al privado de luz? Probemos antes si es capaz de ver y de pensar, proporcion\u00e1ndole la antorcha de la cultura.<\/p>\n<p>Mientras nuestras razas han dormido secularmente el sue\u00f1o de la ignorancia y cultivado la religi\u00f3n y el arte (preferentes y casi \u00fanicas actividades de los pueblos primitivos), las naciones del centro y norte de Europa se nos han adelantado prodigiosamente. No vamos hacia atr\u00e1s, sino muy detr\u00e1s. \u00dargenos, pues, alcanzarlos corriendo vertiginosamente para colaborar en la medida de nuestra escasa poblaci\u00f3n y del exiguo sobrante de nuestras energ\u00edas morales y econ\u00f3micas en la obra de la conquista de la Naturaleza.<\/p>\n<p>En suma, Espa\u00f1a <em>no es un pueblo degenerado, sino ineducado<\/em>. Una minor\u00eda gloriosa de intelectuales existi\u00f3 siempre, y aunque con escasez y espor\u00e1dicamente la Ciencia fue en todo tiempo cultivada. Nuestros males no son constitucionales, sino circunstanciales, adventicios. El problema agitado por algunos de si la raza ibera es capaz de elevarse a las esferas de la invenci\u00f3n filos\u00f3fica y cient\u00edfica, es cuesti\u00f3n tan ociosa como molesta. S\u00f3lo fuera l\u00edcito el desaliento cuando, desaparecido el analfabetismo, generalizada la instrucci\u00f3n y el bienestar, como en Inglaterra y Alemania, y ensayadas las fuerzas de nuestros mejores talentos en los tajos fecundos de la investigaci\u00f3n, fracas\u00e1ramos repetidamente. Pero esta prueba no se ha hecho y merece la pena ensayarse.<\/p>\n<p>Despr\u00e9ndese de todo lo apuntado que el problema del atraso espa\u00f1ol debe plantearse exclusivamente en estos t\u00e9rminos:<\/p>\n<p>\u00bfPor qu\u00e9, encerrando Espa\u00f1a una poblaci\u00f3n igual a la suma de los habitantes de Suiza, Suecia y Holanda, han surgido en ella menos verdades filos\u00f3ficas, morales, y sobre todo cient\u00edficas, que en cualquiera de esas naciones?<\/p>\n<p>Hemos anticipado ya nuestra opini\u00f3n sobre el problema. Sin embargo, en prueba de imparcialidad, vamos a consignar aqu\u00ed el sentir de algunos de nuestros estadistas y escritores m\u00e1s insignes. A nadie se oculta que se\u00f1alar las causas de nuestra insuficiencia vale tanto como mostrar sus remedios.<\/p>\n<p>Casi todas las siguientes teor\u00edas enfocan especialmente nuestra postraci\u00f3n pol\u00edtica y social. Pero todas ellas pueden extenderse al terreno de la actividad cient\u00edfica, ya que el poder\u00edo militar y pol\u00edtico y la prosperidad intelectual e industrial suelen ser cosas solidarias, como ramas brotadas del mismo tronco cultural.<\/p>\n<h2>Teor\u00edas f\u00edsicas<\/h2>\n<p>Por curiosas, no obstante su paradojismo, vamos a mencionar brevemente la <em>hip\u00f3tesis t\u00e9rmica<\/em> y la <em>hip\u00f3tesis oligoh\u00eddrica<\/em>.<\/p>\n<ol class=\"alfabetico\">\n<li>Hip\u00f3tesis t\u00e9rmica.\u0097Seg\u00fan los aspectos de esta concepci\u00f3n, tenemos la desgracia de morar en clima semiafricano. Durante el verano, un sol calcinador suspende la vida vegetal y aplana nuestro esp\u00edritu; durante la estaci\u00f3n invernal, un sol tibio, acariciador, nos infunde la alegr\u00eda de vivir. \u00bfC\u00f3mo permanecer en el laboratorio o en la biblioteca, desoyendo el insinuante llamamiento de la Naturaleza pr\u00f3vida y riente, henchida de colores, frutos y perfumes y tempranamente desperezada del letargo invernal?Muy al contrario en los pa\u00edses del Norte. All\u00ed el hombre vive rodeado de ambiente duro e inclemente. Todo predispone a la concentraci\u00f3n y al recogimiento. El fr\u00edo aproxima los esp\u00edritus y crea vida social intens\u00edsima. Por recurso, las personas medianamente ociosas y cultas, huyendo de la lluvia y de la nieve, recl\u00fayense en el gabinete o en el laboratorio, y se entregan, para no sucumbir al tedio, al rompecabezas de la ciencia, a las charadas de la metaf\u00edsica o a los ensue\u00f1os de la literatura.El candoroso inventor de esta teor\u00eda olvid\u00f3 explicarnos por qu\u00e9 las antiguas civilizaciones surgieron en la India, Egipto, Caldea y Grecia, pa\u00edses m\u00e1s calurosos que Espa\u00f1a, y c\u00f3mo, mientras dichas civilizaciones florec\u00edan, la lluvia y la nieve dejaron de surtir efectos filos\u00f3ficos y cient\u00edficos en brit\u00e1nicos, germanos, escitas y galos, sumergidos a la saz\u00f3n en las tinieblas de la barbarie, y, en fin, por qu\u00e9 raz\u00f3n, a pesar de los ardores de Febo, la Edad Media tuvo en Espa\u00f1a, en sus jud\u00edos, \u00e1rabes y cristianos, per\u00edodo de espl\u00e9ndido florecimiento intelectual y en el siglo <span class=\"versalitas\">xvi<\/span>expansi\u00f3n pol\u00edtica formidable. Ni es dado olvidar que, seg\u00fan los escritores antiguos, la <em>Turdetania<\/em>, regi\u00f3n la m\u00e1s c\u00e1lida de Espa\u00f1a, fue lo m\u00e1s civilizado de la Pen\u00ednsula Ib\u00e9rica antes de la conquista romana.<\/li>\n<li>Teor\u00eda oligoh\u00eddrica.\u0097Enlazada con la anterior, de que es obligatorio complemento, fue defendida por el insigne naturalista Malladas, de quien tomamos no pocos datos. Costa, Picavea, Jim\u00e9nez, Valdivieso, Maeztu y otros muchos escritores han visto en ella la causa principal de nuestro atraso.Ya Columela not\u00f3 que en Espa\u00f1a llueve poco con relaci\u00f3n a los dem\u00e1s pa\u00edses de Europa. Como es sabido, la fertilidad de un pa\u00eds, y por tanto su poblaci\u00f3n y riqueza, dependen de la abundancia y regularidad de sus precipitaciones acuosas, singularmente durante la primavera y la can\u00edcula. Inglaterra, B\u00e9lgica, Francia, Italia, Alemania, aprovechan casi totalmente sus tierras para la agricultura o la ganader\u00eda, porque en ellas caen anualmente, por t\u00e9rmino medio, de 600 a 1400 mil\u00edmetros de agua pluvial. Por consecuencia de tan feliz r\u00e9gimen meteorol\u00f3gico la industria agr\u00edcola fue en tales pa\u00edses siempre floreciente: los cereales, las hortalizas, las legumbres, la vid, el prader\u00edo y toda suerte de \u00e1rboles desarr\u00f3llanse lozanamente, hasta las tierras y montes abruptos aparecen cubiertos de un tapiz verde aun en agosto y septiembre, criando espont\u00e1neamente pastos sustanciosos. Son los <em>pa\u00edses de hierba<\/em>, envidiosamente contemplados por nuestros enjutos habitantes de la meseta central. El riego, necesario entre nosotros, es en los citados pueblos casi desconocido: el sol y la lluvia garantizan la regularidad y abundancia de las cosechas.Tan envidiables ventajas naturales explican bien la densidad de poblaci\u00f3n del centro y norte de Europa, la econom\u00eda y consiguiente acumulaci\u00f3n de la riqueza, el poder\u00edo militar y pol\u00edtico y, en fin, el desarrollo de las ciencias y de las artes \u00fatiles. Porque el progreso cient\u00edfico, como la industria, son funci\u00f3n combinada del bienestar social y de cierta densidad de poblaci\u00f3n. La ciencia cult\u00edvase, por lo com\u00fan, en pa\u00edses cuyos habitantes no descienden de 60 \u00f3 70 por kil\u00f3metro cuadrado. En Espa\u00f1a no pasan de 37 en la misma superficie. La aproximaci\u00f3n espacial crea el acercamiento espiritual. Por donde la estrecha convivencia, junto con la abundancia de mantenimientos, producen el ocio ilustrado, la curiosidad cient\u00edfica y la inquietud espiritual. Cualquier aptitud \u00fatil o simplemente agradable halla, en tan favorable ambiente, est\u00edmulo y aplauso.\n<p>Bien diferentes pasan las cosas en nuestro desgraciado pa\u00eds. Abierta la Pen\u00ednsula a los asoladores vientos africanos, con latitud geogr\u00e1fica que le condena a calor t\u00f3rrido y evaporaci\u00f3n excesiva, necesitar\u00eda un coeficiente pluvial superior al de Francia, cuando en realidad es muy inferior. Est\u00edmasele, por t\u00e9rmino medio, en 300 o 350 mil\u00edmetros<sup><a id=\"np29\" href=\"..\/notas-del-autor#np29n\">29<\/a><\/sup>. Except\u00faase el litoral cant\u00e1brico, es decir, Galicia, Asturias, Santander, las Provincias Vascas, una parte de Navarra y de Catalu\u00f1a, regiones en que el r\u00e9gimen meteorol\u00f3gico es francamente europeo. Provincias hay, como Almer\u00eda, Alicante, Valencia, tan desoladamente secas que en ciertos a\u00f1os no llueve ni aun en invierno (el contrapolo de la lluvia); sin la irrigaci\u00f3n artificial de la tierra ser\u00edan verdaderos desiertos. En la meseta central, comprensiva de la mayor parte de Espa\u00f1a, cabe afirmar que existen sino dos estaciones: la de la sequ\u00eda, que dura desde junio a octubre, y la de las lluvias, que va de octubre a mayo.<\/p>\n<p>Merced a la exig\u00fcidad y desigual reparto del agua, la mayor parte del territorio nacional h\u00e1llase sin roturar y las mejores tierras labrant\u00edas rinden cosechas mediocres y aleatorias. Nada mejor revela la pobreza de la meseta central (salvo la tierra de Campos, la regi\u00f3n de Burgos y Vitoria y algunas otras zonas) que este dato desconsolador: mientras el trigo rinde en B\u00e9lgica, Inglaterra y Francia, casi constantemente, de 17 a 25 hectolitros por hect\u00e1rea, en Espa\u00f1a no da, por t\u00e9rmino medio, sino de cinco a seis, y eso los a\u00f1os pr\u00f3speros, bastante raros, por desgracia. Indicio y manifestaci\u00f3n de esta perpetua lucha entre el cerebro y el est\u00f3mago es nuestra literatura picaresca, seg\u00fan ha hecho notar elocuentemente don Rafael Salillas.<\/p>\n<p>Ahora bien: la pobreza engendra la ignorancia. La cultura aun elemental implica cierto desahogo econ\u00f3mico. \u00bfC\u00f3mo podr\u00e1 asistir el ni\u00f1o a la escuela, si en la mayor\u00eda de nuestras aldeas constituyen los hijos para el miserable labrador factor de producci\u00f3n indispensable? Por lo que hace a la Ciencia, representa lujo que s\u00f3lo pueden costearse las naciones ricas.<\/p>\n<p>La teor\u00eda oligoh\u00eddrica es cierta, por desgracia, y ella explica cumplidamente la escasez de poblaci\u00f3n y la pobreza casi general del agricultor de nuestra Pen\u00ednsula. Por donde resulta natural que sus partidarios proclamen, cual supremo remedio, la <em>pol\u00edtica hidr\u00e1ulica<\/em>. Pero dicha hip\u00f3tesis deja en la sombra la verdadera cuesti\u00f3n, que, seg\u00fan dejamos apuntado, es \u00e9sta: \u00bfpor qu\u00e9 naciones m\u00e1s pobres y menos pobladas absolutamente que Espa\u00f1a son m\u00e1s cultas y producen m\u00e1s ciencia que nosotros? Adem\u00e1s, si todo consiste en el buen r\u00e9gimen pluvial y en la riqueza y densidad de poblaci\u00f3n, no se comprende c\u00f3mo las provincias del litoral cant\u00e1brico, en donde llueve 1.500 y m\u00e1s mil\u00edmetros y cuentan 100 habitantes, sobre poco m\u00e1s o menos, por kil\u00f3metro cuadrado, no han aventajado en producci\u00f3n cient\u00edfica y en invenciones industriales (no aludimos a la riqueza minera e industrial, pura loter\u00eda aprovechada por extranjeros las m\u00e1s de las veces) al resto de la Pen\u00ednsula. Tampoco queda suficientemente esclarecido c\u00f3mo Irlanda, poblad\u00edsima, y el sur de China, regi\u00f3n cuya densidad de poblaci\u00f3n es sorprendente (500 habitantes por kil\u00f3metro cuadrado), han colaborado menos en las empresas de la civilizaci\u00f3n moderna que las relativamente pobres y escasamente habitadas (absoluta y relativamente) Suecia y Noruega y la colosal Rusia, con sus 19 habitantes por kil\u00f3metro cuadrado. No debe, pues, consistir todo en la abundancia de mantenimientos y n\u00famero relativo de habitantes, aunque no sea l\u00edcito negar importante influjo a estos factores en el adelanto de las ciencias y en la prosperidad de las naciones.<\/li>\n<\/ol>\n<h2>Teor\u00edas pol\u00edtico-morales<\/h2>\n<p>Teor\u00eda econ\u00f3mico-pol\u00edtica.\u0097Corolario de la precedente (porque la escasa fertilidad del suelo trae consigo la flaqueza pol\u00edtica y militar), esta concepci\u00f3n fue sostenida por casi todos nuestros estadistas y pensadores, desde C\u00e1novas y Silvela hasta Pi y Margall y Costa, para no citar sino muertos ilustres. Por lo dem\u00e1s, como<em>Azor\u00edn<\/em> recuerda oportunamente, escritores muy pret\u00e9ritos, como Saavedra Fajardo, Graci\u00e1n, Cadalso, Mor de Fuentes, F\u00edgaro y otros, pusieron ya el dedo en la llaga se\u00f1alando la pobreza de nuestros recursos y la frecuencia de guerras in\u00fatiles como principales factores de nuestro atraso.<\/p>\n<p>Oigamos primero al insigne C\u00e1novas, que, en su libro <em>El Solitario y su tiempo<\/em>, estampa estas palabras, desbordantes de patri\u00f3tica sinceridad:<\/p>\n<blockquote><p>No cabe positiva y duradera grandeza militar y nacional donde hay pobreza e impotencia econ\u00f3mica&#8230; Toda la Historia de Espa\u00f1a est\u00e1 en este hecho al parecer insignificante: los soldados que el Gran Capit\u00e1n llev\u00f3 a M\u00e1laga para conquistar N\u00e1poles, iban ya descalzos y hambrientos. As\u00ed se corren aventuras a las veces glorios\u00edsimas, mas no se fundan permanentes imperios&#8230; En vano se busca en la Inquisici\u00f3n, en la amortizaci\u00f3n, en la exageraci\u00f3n del principio mon\u00e1rquico, en los defectos de los reyes, en la incapacidad de sus privados, <abbr>etc.<\/abbr>, la causa de nuestras desgracias, hay all\u00ed muchos vanidosos sofismas de secta o escuela y numerosas preocupaciones de la ignorancia&#8230;, <abbr>etc.<\/abbr><\/p><\/blockquote>\n<p>La Historia de Espa\u00f1a fue siempre, seg\u00fan hace notar C\u00e1novas, un proceso de perpetua, de angustiosa penuria econ\u00f3mica: \u00abAl subir al trono Felipe II estaban las cosas de modo que su favorito Ruy G\u00f3mez de Silva hubo de decir a cierto enviado de naci\u00f3n amiga \u0093que se hallaba el reino <em lang=\"it\" xml:lang=\"it\">senza prattica, senza soldati, senza dennari<\/em>\u0094\u00bb. De esta gran postraci\u00f3n, no obstante la cual se acometieron nuevas y desastrosas campa\u00f1as, hace C\u00e1novas responsable al atraso antiguo de la agricultura, producido por las guerras de ocho siglos; a la falta de brazos que se comenzaba a sentir por la expulsi\u00f3n de los jud\u00edos (agravada m\u00e1s adelante por la expulsi\u00f3n de los moriscos); a los destierros forzosos de muchos, a las persecuciones del Santo Oficio, a la amortizaci\u00f3n civil y eclesi\u00e1stica, al sinn\u00famero de soldados que exigieron las dilatadas y sangrientas campa\u00f1as del siglo <span class=\"versalitas\">xvi<\/span>, y sobre todo, a la despoblaci\u00f3n causada por el descubrimiento de Am\u00e9rica.<\/p>\n<p>C\u00e1novas se\u00f1ala, adem\u00e1s, como factor de la debilidad nacional el <em>provincialismo<\/em> o <em>regionalismo<\/em>, y podr\u00edamos a\u00f1adir el caciquismo, reliquia feudal tan funesta como la miseria econ\u00f3mica. Esta falta de solidaridad social, notada tambi\u00e9n por Hume y otros historiadores modernos (<em>kabilismo<\/em>, del insigne Unamuno), quebrant\u00f3 la unidad y energ\u00eda del Poder central, obligado a respetar los fueros y franquicias de las regiones m\u00e1s ricas y pobladas y a gravar casi exclusivamente con levas y exacciones a las esquilmadas Castillas, Extremadura y Andaluc\u00eda. Ante los ahogos de una pobreza creciente, el Estado espa\u00f1ol empe\u00f1\u00f3 todas sus rentas, alter\u00f3 repetidas veces el valor de la moneda, se incaut\u00f3 de los bienes de los particulares y se entreg\u00f3, en fin, para llevar adelante sus empresas guerreras, a toda suerte de atropellos y desafueros.<\/p>\n<p>La poblaci\u00f3n que, seg\u00fan c\u00e1lculos de un economista alem\u00e1n (Haebler) que ha consagrado un libro a esclarecer las condiciones econ\u00f3micas del pueblo espa\u00f1ol durante nuestro auge pol\u00edtico, pasaba de seis millones en la \u00e9poca de los Reyes Cat\u00f3licos, descendi\u00f3 en tiempos de Carlos II a menos de cuatro<sup><a id=\"np30\" href=\"..\/notas-del-autor#np30n\">30<\/a><\/sup>.<\/p>\n<p>Y apuntando remedios, nos dice C\u00e1novas: \u00abTrabajad, inventad, economizad sin tregua, no contraig\u00e1is m\u00e1s deudas, no pretend\u00e1is tanto adquirir como conservar, no fi\u00e9is sino en vosotros mismos, dejando de tener fe en la fortuna&#8230;, que vuestro patriotismo sea, en fin, callado, melanc\u00f3lico, paciente, aunque intencionado, constante, implacable\u00bb.<\/p>\n<p>De este mal de la despoblaci\u00f3n y pobreza quej\u00e1banse ya nuestros escritores de los siglos <span class=\"versalitas\">xvi<\/span>y <span class=\"versalitas\">xvii<\/span>. Recordemos que Fern\u00e1ndez Navarrete, que escrib\u00eda en el primer tercio del siglo <span class=\"versalitas\">xvii<\/span>, hablaba ya en su <em>Conservaci\u00f3n de Monarqu\u00edas<\/em> de que \u00abla despoblaci\u00f3n de Castilla, que tanto baldonan los extranjeros, deb\u00edase a las guerras incesantes, a los tributos intolerables, a la colonizaci\u00f3n de Am\u00e9rica y, sobre todo, a la expulsi\u00f3n de los tres millones de moriscos y dos millones de jud\u00edos\u00bb. Lam\u00e9ntase Navarrete, con raz\u00f3n, de que las razas laboriosas e industriosas hubieran sido expatriadas y no los gitanos, pueblo maleante, entregado sistem\u00e1ticamente al robo y la depredaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Con no menor rigor y alto esp\u00edritu cr\u00edtico formula el insigne J. Costa juicios parecidos: \u00abHa enga\u00f1ado \u0097dice\u0097 a nuestros pol\u00edticos el mapa, no viendo de la Pen\u00ednsula sino su extensi\u00f3n, no cuid\u00e1ndose de apreciar su grado de productividad, la poblaci\u00f3n que pod\u00eda mantener, los recursos con que pod\u00eda acudir al Tesoro p\u00fablico. Dos accidentes hist\u00f3ricos, el desembarco de Col\u00f3n en la Pen\u00ednsula con su loter\u00eda del Nuevo Mundo y el matrimonio de Do\u00f1a Juana, con sus expectativas en la Europa central, desplegaron a la vista de Espa\u00f1a perspectivas de grandezas y tentaciones de imperio universal, para resistir a las cuales no hab\u00eda en la raza suficiente caudal de prudencia pol\u00edtica, y complicaron e hicieron irremediable aquella desorientaci\u00f3n que nos ha valido cuatro siglos de decadencia&#8230; El arte de gobernar declin\u00f3 en las manos de nuestros estadistas en una rama de la literatura.\u00bb Suyo tambi\u00e9n es este hermoso y exacto pensamiento: \u00abComo la Venus de Milo, Espa\u00f1a es una bella estatua, pero sin brazos.\u00bb<\/p>\n<p>En cuanto a remedios, propone la <em>pol\u00edtica hidr\u00e1ulica<\/em>, es decir, derivar hacia la agricultura, hacia la construcci\u00f3n de canales y pantanos, los caudales locamente derrochados en guerras suicidas y en vanidades de hidalgo venido a menos. Coincidiendo con C\u00e1novas, sugiere tambi\u00e9n a nuestros ministros el pensamiento de \u00abgobernar con tristeza como Fernando VI, velando y consolando la desventura de los gobernados\u00bb. Aconseja, adem\u00e1s: \u00abAbaratar la patria, de modo que la condici\u00f3n de espa\u00f1ol deje de ser un mal negocio, y doble llave al sepulcro del Cid para que no vuelva a cabalgar&#8230; Hay que rehacer al espa\u00f1ol en la escuela. Menos Universidades y m\u00e1s sabios&#8230; No se encierra todo en levantar el nivel de cultura general, es preciso, adem\u00e1s, producir grandes individualidades cient\u00edficas que tomen activa participaci\u00f3n en el movimiento intelectual del mundo y en la formaci\u00f3n de la ciencia contempor\u00e1nea&#8230; Crear colegios espa\u00f1oles, a estilo del de Bolonia, en los principales centros cient\u00edficos de Europa, para otras tantas colonias de estudiantes y profesores, a fin de crear en breve tiempo una generaci\u00f3n de j\u00f3venes imbuidos en el pensamiento y las pr\u00e1cticas de las naciones pr\u00f3ceres para la investigaci\u00f3n cient\u00edfica, para la administraci\u00f3n p\u00fablica, la industria, la ense\u00f1anza y el periodismo.\u00bb En suma, despensa y escuela: tales son los remedios de nuestros males.<\/p>\n<p>Las teor\u00edas de C\u00e1novas y de Costa son hoy doctrina inconcusa. Naciones desangradas y empobrecidas por guerras in\u00fatiles, emigraciones continuas y exacciones agotadoras no suelen sentir ansias de cultura superior. Harto hacen con vegetar oscuramente y conservar inc\u00f3lume la semilla de la raza. Pero&#8230; \u00bfpor qu\u00e9 naciones no menos asoladas por guerras desastrosas y enflaquecidas por emigraciones continuas se restauraron r\u00e1pidamente? \u00bfC\u00f3mo no pereci\u00f3 Italia saqueada, vejada, desgarrada y afrentada por casi todos los ej\u00e9rcitos y aventureros de Europa? \u00bfQu\u00e9 secreto resorte mantuvo la vitalidad de Francia, no obstante vivir en perpetua hostilidad con las naciones fronterizas? \u00bfQu\u00e9 extra\u00f1a virtud<br \/>\nhizo que Alemania, cuna y campo de batalla del cisma, y cuya poblaci\u00f3n, consumida por la guerra de Treinta A\u00f1os, descendi\u00f3, seg\u00fan c\u00e1lculos autorizados, a menos de cuatro millones, no agotara nunca su vena productora de ilustres pensadores y de primorosos art\u00edfices, renaciendo luego con irresistible pujanza? Falta, pues, algo en estas teor\u00edas para esclarecer por completo el problema de nuestro atraso.<\/p>\n<p>Hip\u00f3tesis del fanatismo religioso.\u0097Seg\u00fan esta concepci\u00f3n, generalmente acogida en el extranjero<sup><a id=\"np31\" href=\"..\/notas-del-autor#np31n\">31<\/a><\/sup>, las causas principales de nuestra decadencia pol\u00edtica y de nuestro atraso cient\u00edfico fueron la exageraci\u00f3n del principio religioso y singularmente la Inquisici\u00f3n, que pod\u00f3 y descuaj\u00f3 durante siglos lo m\u00e1s eminente y exquisito del genio nacional. Fue una selecci\u00f3n al rev\u00e9s, como dice Ostwald. El Santo Oficio, limpiando la naci\u00f3n de judaizantes, moriscos y literatos y reduciendo al silencio o a la expatriaci\u00f3n a todos los pensadores heterodoxos, priv\u00f3 a Espa\u00f1a del curso de las mentalidades m\u00e1s originales y m\u00e1s renovadoras. Porque precisamente entre esos hombres poco fervorosos del dogma y rebeldes al despotismo de la escuela suelen contarse los grandes iniciadores de la Filosof\u00eda y de la Ciencia. En el cedazo quedaron, pues, los rutinarios, los d\u00f3ciles, los intolerantes y los meollos rudos y seniles.<\/p>\n<p>Aun sin llegar a las violencias de la intolerancia, la exageraci\u00f3n del principio religioso entra\u00f1a un germen de postraci\u00f3n econ\u00f3mica y de apat\u00eda cultural.<\/p>\n<p>Profundamente penetrados del misticismo y de la existencia de otra vida mejor, los pueblos miran la Ciencia como algo fr\u00edvolo, profano, de dignidad inferior a la tecnolog\u00eda, a la literatura y a la pol\u00edtica. En muchos escritores del Siglo de Oro, singularmente en Graci\u00e1n, Quevedo y Saavedra Fajardo, apuntan estos sentimientos. En lo cual, fuerza es confesarlo, son severamente l\u00f3gicos. Puesto que la vida terrestre no es sino preparaci\u00f3n para el cielo, natural es cultivar exclusivamente la teolog\u00eda, la m\u00edstica y la moral, es decir, las sagradas disciplinas que nos apartan de frivolidades mundanas y se\u00f1alan el camino de la perfecci\u00f3n espiritual. \u00bfA qu\u00e9 afanarse por las artes \u00fatiles, el comercio y la industria? Fuera de la moral, el derecho y un poco de literatura necesaria para hablar con decoro de las cosas santas, s\u00f3lo parece plausible y deseable el esfuerzo para conservar la pureza del dogma y la imposici\u00f3n, mediante la guerra, de la unidad religiosa a todas las naciones.<\/p>\n<p>Y Espa\u00f1a pele\u00f3 locamente contra Inglaterra, Flandes, Francia, Italia, \u00c1frica, las razas de Am\u00e9rica, <abbr>etc.<\/abbr>Empresa enorme, sobrehumana, que hubiera exigido en el Gobierno genios en vez de vulgares privados; en el Ej\u00e9rcito, las huestes de Jerjes dirigidas por An\u00edbales, y en la Hacienda p\u00fablica, los tesoros de la Francia o de la Inglaterra actuales. S\u00f3lo Dios puede hacer lo imposible, y as\u00ed todo se fio en Dios. A la Santa Cruzada contra el protestantismo fueron sacrificados vasallos y tesoros, cerebros y corazones.<\/p>\n<p>Arrastrados por esta fiebre de ciego proselitismo, desterrados de la Pen\u00ednsula los jud\u00edos y los moriscos, en cuyas manos florecieron el comercio y la agricultura, qued\u00f3 la poca tierra cultivable yerma y esquilmada. Sobre ella crecieron y se extendieron, como legi\u00f3n de voraces par\u00e1sitos, los frailes y los nobles, paralizando con la amortizaci\u00f3n espiritual las iniciativas cient\u00edficas y audacias especulativas de la raza&#8230; Tal es, en sus l\u00edneas generales, la teor\u00eda econ\u00f3mico-pol\u00edtica.<\/p>\n<p>Nacida en el extranjero con Buckle, Tiknor, Draper, Macaulay, Hume, G. Le Bon, <abbr>etc.<\/abbr>, sostenida entre nosotros por intelectuales de prestigio (Sanz del R\u00edo, Revilla, Pi y Margall, Jos\u00e9 del Perojo, <abbr>etc.<\/abbr>), esta hip\u00f3tesis forma casi parte del ideario de nuestra democracia. Sobre las otras concepciones posee la ventaja inapreciable de referir nuestro atraso a una condici\u00f3n adventicia, en cierto modo exterior y extra\u00f1a al car\u00e1cter mental de la raza. Como toda explicaci\u00f3n simplista, se ofrece c\u00f3moda y, por tanto, sugestiva. Seduce a primera vista porque nos promete, seg\u00fan Maeztu, para un plazo breve, f\u00e1cil y llano remedio. Barrida la intolerancia, emancipado el esp\u00edritu cr\u00edtico, la Ciencia deber\u00e1 surgir por s\u00ed misma como espont\u00e1nea floraci\u00f3n de la cultura y de la prosperidad material.<\/p>\n<p>No negaremos nosotros que la exageraci\u00f3n del sentimiento religioso, que ya C\u00e1novas, Valera y otros consideraron como uno de tantos motivos de nuestra decadencia, y sobre todo las crueldades del Santo Oficio, hayan contribuido bastante a marchitar la flor de nuestra originalidad cient\u00edfica y filos\u00f3fica. Dejamos apuntado ya que el sabio, por religioso que sea, gana mucho en un ambiente de libre expansi\u00f3n espiritual. Creemos m\u00e1s: que en la actualidad (hay gloriosas excepciones) los hombres m\u00e1s ocupados en el problema del mundo suelen ser los menos preocupados de las beatitudes celestiales.<\/p>\n<p>Pero aun reconociendo y proclamando todo esto, pensamos sinceramente que la hip\u00f3tesis del <em>fanatismo religioso<\/em> es, en el terreno pr\u00e1ctico, <em>peligros\u00edsima<\/em> para las esperanzas puestas en el resurgimiento de Espa\u00f1a y en los altos destinos de la raza, esperanzas que todos, y se\u00f1aladamente los maestros, debemos infundir reiteradamente en la juventud.<\/p>\n<p>Que se ha extremado el papel anticultural de la Inquisici\u00f3n, prob\u00e1ronlo (cayendo tambi\u00e9n en opuestas exageraciones) Laverde, Vidart, Adolfo de Castro, muchos de nuestros tradicionalistas, y singularmente el fogoso patriota y prodigioso erudito Men\u00e9ndez Pelayo<sup><a id=\"np32\" href=\"..\/notas-del-autor#np32n\">32<\/a><\/sup>. En respuesta a los denigradores del Santo Oficio, alegaron que precisamente el auge de la producci\u00f3n cient\u00edfica y filos\u00f3fica espa\u00f1ola corresponde a los siglos <span class=\"versalitas\">xvi<\/span>y <span class=\"versalitas\">xvii<\/span>, \u00e9poca de la prepotencia del terrible Tribunal. Y citaban abrumadoras listas de fil\u00f3sofos moralistas y cient\u00edficos, que brillaron con luz propia en nuestra Edad de Oro. Afirmaban, adem\u00e1s, que en los calabozos del Santo Oficio no perecieron hombres de ciencia ni pensadores eximios, sino judaizantes, luteranos, musulmanes y sobre todo brujos y endemoniados, seg\u00fan ocurr\u00eda a la saz\u00f3n, aunque bajo otras instituciones, en todos los pa\u00edses de Europa. Recordaban, en fin, que Servet fue inmolado fuera de Espa\u00f1a por el feroz Calvino y que la tolerante Italia quem\u00f3 a G. Bruno y encarcel\u00f3 a Galileo.<\/p>\n<p>\u00abEn Francia \u0097dice Valera\u0097, sin contar los horrores de las guerras civiles, s\u00f3lo en la espantosa noche de San Bartolom\u00e9 hubo m\u00e1s v\u00edctimas del fanatismo religioso que las que hizo el Santo Oficio desde su fundaci\u00f3n hasta su ca\u00edda&#8230; Ni iguala en n\u00famero \u0097contin\u00faa\u0097, por confesi\u00f3n de Schack, a s\u00f3lo las infelices brujas quemadas vivas en Alemania nada m\u00e1s que en el siglo <span class=\"versalitas\">xvii<\/span>.\u00bb<\/p>\n<p>Y es menester reconocer que los hechos citados por los precedentes autores poseen alguna fuerza. Maeztu, uno de nuestros j\u00f3venes escritores m\u00e1s vigorosos y mejor orientados, nota oportunamente que mal pudo la Inquisici\u00f3n sacrificar a fil\u00f3sofos y sabios, cuando Espa\u00f1a no los tuvo nunca (de primer orden, se entiende). Otras son, pues, las esenciales causas de nuestro atraso, y no la intolerancia religiosa, que adquiri\u00f3 tambi\u00e9n entre los cism\u00e1ticos de Inglaterra, Suiza y Alemania formas y sentimientos singularmente agresivos e inhumanos.<\/p>\n<p>Pero, conforme dejamos apuntado, lo m\u00e1s grave de la teor\u00eda religiosa no consiste en su tendencia sectaria, ya advertida por C\u00e1novas, sino en que, fiados en ella, corremos el riesgo de echarnos definitivamente en el surco, dejando de aplicar al mal los verdaderos remedios.<\/p>\n<p>En efecto: hace m\u00e1s de un siglo que, salvo alg\u00fan chispazo aislado, la Inquisici\u00f3n apag\u00f3 sus hogueras. Hemos hecho cinco o seis revoluciones, decretado la desamortizaci\u00f3n e instaurado un r\u00e9gimen de tolerancia religiosa. Reconoce nuestra Constituci\u00f3n la libertad de conciencia, de palabra, de asociaci\u00f3n y de imprenta.<\/p>\n<p>Profesores eminentes han importado a nuestras aulas filosof\u00edas m\u00e1s o menos heterodoxas, tales como el krausismo, el positivismo y el evolucionismo materialista, desarroll\u00e1ndolas libremente, sin molestias ni cortapisas.<\/p>\n<p>Aunque no forman todav\u00eda mayor\u00eda, abundan entre nosotros los pol\u00edticos, periodistas, magistrados y catedr\u00e1ticos librepensadores. Contra lo que suponen los extranjeros, cierta tolerancia pr\u00e1ctica reina entre nuestra sociedad ilustrada. Se citar\u00e1n, acaso, excepciones m\u00e1s o menos antiguas; pero en la actualidad quien positivamente vale, llega en Espa\u00f1a a los primeros puestos, cualquiera que sea su credo filos\u00f3fico, a condici\u00f3n de que no lo proclame harto ruidosa y estridentemente, lastimando los sentimientos de la mayor\u00eda.<\/p>\n<p>Sin embargo&#8230;, con muy ligeros avances sobre nuestro anterior estado, continuamos a la zaga de las peque\u00f1as nacionalidades del norte de Europa. Pueblos hermanos como Portugal y las Rep\u00fablicas sudamericanas, donde la despreocupaci\u00f3n dogm\u00e1tica es acaso mayor que entre nosotros, viven, sobre poco m\u00e1s o menos, en el mismo plano cultural.<\/p>\n<p>Si esta situaci\u00f3n contin\u00faa y se acent\u00faa, la posici\u00f3n de los adeptos de la teor\u00eda del fanatismo religioso resultar\u00e1 singularmente comprometida. Y si discurren serenamente, llegar\u00e1n pronto a la desconsoladora conclusi\u00f3n de la incapacidad de los pueblos peninsulares para las altas empresas de la civilizaci\u00f3n. No se tratar\u00eda ya de la bancarrota de un principio, sino de la bancarrota de una raza. Y esto, aunque fuera verdad, que no lo es, ning\u00fan peninsular puede honradamente declararlo, sin haber agotado antes, para demostrar lo contrario, todas las capacidades de su intelecto y todas las energ\u00edas de su voluntad.<\/p>\n<p>Hip\u00f3tesis del orgullo y arrogancia espa\u00f1oles.\u0097Muchos extranjeros, varios espa\u00f1oles y no pocos hispanoamericanos (Bunge, entre otros) achacan en parte nuestro atraso a este defecto del car\u00e1cter nacional, en cuya virtud se consideraron siempre entre nosotros como cosas viles el trabajo mec\u00e1nico, la industria y el comercio. Muy elocuentemente habla acerca de ello el insigne Valera.<\/p>\n<p>\u00abLa tiran\u00eda \u0097dice Valera\u0097 de los reyes de la Casa de Austria, su mal gobierno y las crueldades del Santo Oficio, no fueron causas de nuestra decadencia, fueron meros s\u00edntomas de una enfermedad espantosa que devoraba el cuerpo social entero&#8230; Fue una fiebre de orgullo, un delirio de soberbia que la prosperidad hizo brotar en los \u00e1nimos al triunfar despu\u00e9s de ocho siglos en la lucha contra los infieles. Nos llenamos de fanatismo a la judaica. De aqu\u00ed nuestro divorcio y aislamiento del resto de Europa&#8230; Nos cre\u00edmos el nuevo pueblo de Dios, confundimos la religi\u00f3n con el ego\u00edsmo patri\u00f3tico, nos propusimos el dominio universal, sirvi\u00e9ndonos la cruz de ense\u00f1a o de l\u00e1baro para alcanzar el imperio. El gran movimiento de que ha nacido la ciencia y la civilizaci\u00f3n moderna, y al cual dio Espa\u00f1a el primer impulso, pas\u00f3 sin que lo not\u00e1semos, merced al desd\u00e9n ignorante y al engreimiento fan\u00e1tico\u00bb<sup><a id=\"np33\" href=\"..\/notas-del-autor#np33n\">33<\/a><\/sup>.<\/p>\n<p>Tambi\u00e9n Cadalso (citado por <em>Azor\u00edn<\/em>), antes que Valera, not\u00f3 ya esta lacra moral de la gente hispana. \u00abNo estudiamos \u0097dec\u00eda\u0097. Nuestro defecto fundamental es el orgullo&#8230; Las ciencias van decayendo de d\u00eda en d\u00eda&#8230; Los verdaderos estudiosos son tenidos por sabios superficiales en el concepto de los que saben poner setenta y siete silogismos sobre si los cielos son fluidos o s\u00f3lidos&#8230;\u00bb \u00abTrabajemos \u0097dice\u0097 en las ciencias positivas para que no nos llamen b\u00e1rbaros los extranjeros.\u00bb<\/p>\n<p>Las p\u00e1ginas de la Historia de Espa\u00f1a ofrecen numerosos testimonios de este irritante sentimiento aristocr\u00e1tico, que nos llev\u00f3 a repudiar, como innobles y propios s\u00f3lo de jud\u00edos y de gente servil, la agricultura, el comercio, la industria y las artes mec\u00e1nicas. La nobleza y la clase media, preocupadas con la limpieza de sangre, s\u00f3lo pod\u00edan subsistir vegetando par\u00e1sitamente sobre una masa de pecheros, comerciantes e industriales. No obstante lo cual, cometi\u00f3se la monstruosa aberraci\u00f3n de decretar, seg\u00fan dijimos antes, primeramente, la expulsi\u00f3n de los jud\u00edos, monopolizadores del comercio, y despu\u00e9s, la de los moriscos, en cuyas manos estaban la agricultura y la industria. Nubes de extranjeros voraces, incapaces de nacionalizarse porque nos odiaban cordialmente, vinieron a reemplazar a moriscos y jud\u00edos, absorbiendo el oro de Am\u00e9rica, fomentando la industria de sus sendos pa\u00edses, con da\u00f1o de la nuestra, y convirti\u00e9ndose en usureros y esquilmadores del Estado. Entristecen las descripciones que extranjeros como Campanella, Mme d\u0092Aulnoy y otros hacen de la incuria de nuestros hidalgos y del casi total abandono del agro castellano a causa del desprecio suicida del trabajo manual. As\u00ed como el comercio y la banca cayeron en poder de genoveses, flamencos y franceses, el cultivo mismo de la tierra (es decir, lo poco de ella cultivado) vino a manos de braceros extranjeros, con los cuales emigraban anualmente muchos millones, importe de salarios.<\/p>\n<p>La teor\u00eda del orgullo explica algo mejor que la hip\u00f3tesis econ\u00f3mico-pol\u00edtica la escasez de nuestra producci\u00f3n cient\u00edfica e industrial. La Ciencia exige instrumentos, y \u00e9stos s\u00f3lo puede proporcionarlos una industria floreciente. Y en aquel tiempo era dif\u00edcil importarlos de fuera. Deja, sin embargo, esta concepci\u00f3n en la sombra algunos puntos, entre ellos la pobreza filos\u00f3fica, astron\u00f3mica y matem\u00e1tica de la naci\u00f3n y el gusto casi exclusivo hacia el saber que nuestro ilustre Carracido llama ornamental (literatura, humanidades y filosof\u00eda escol\u00e1stica, <abbr>etc.<\/abbr>), con el consiguiente desprecio de las ciencias de la Naturaleza. Cre\u00edmos que era bastante dominar, sin reparar que s\u00f3lo imperan duraderamente la ciencia, la industria y el comercio.<\/p>\n<p>Teor\u00eda de la segregaci\u00f3n intelectual.\u0097En todas las hip\u00f3tesis expuestas, singularmente en las de C\u00e1novas, Costa y Valera, late un fondo de verdad, pero ellas no lo dicen todo. A nuestro atraso contribuyeron indudablemente las guerras in\u00fatiles, la Inquisici\u00f3n, el finchado aristocratismo, la emigraci\u00f3n a Am\u00e9rica, el desd\u00e9n por el trabajo mec\u00e1nico y la irreparable esterilidad de una tierra eternamente sedienta. Pero estas calamidades (que muchos pa\u00edses han sufrido), con ser grandes habr\u00edan moderado nuestra producci\u00f3n en orden al conocimiento de la Naturaleza, mas no la habr\u00edan reducido a un m\u00ednimo casi despreciable de no intervenir otro factor, felizmente modificable, al que apenas aluden nuestros escritores. La causa culminante de nuestro retardo cultural no es otra que el <em>enquistamiento espiritual<\/em> de la Pen\u00ednsula. A la manera de un tumor, el talento hispano desarrollose, viciosa y monolateralmente, nutri\u00e9ndose de la pobre savia nacional. La frase \u00abSantiago, cierra Espa\u00f1a\u00bb, citada por Bunge (que le da un sentido err\u00f3neo, sin duda por imperfecto conocimiento del castellano), no fue s\u00f3lo el grito de combate de nuestros guerreros, sino la divisa de nuestros sabios<sup><a id=\"np34\" href=\"..\/notas-del-autor#np34n\">34<\/a><\/sup>. Cerramos las fronteras para que no se infiltrase el esp\u00edritu de Europa, y Europa se veng\u00f3 alzando sobre los Pirineos una barrera moral mucho m\u00e1s alta: la muralla del desprecio. Desde fines del siglo xvii, nuestros sabios, nuestros fil\u00f3sofos, nuestros literatos, dejaron casi enteramente de ser le\u00eddos y citados. Entre los cient\u00edficos, s\u00f3lo se salv\u00f3 del olvido Azara, el gran naturalista, que brill\u00f3 en el siglo <span class=\"versalitas\">xviii<\/span>.<\/p>\n<p>Como consecuencia de esta segregaci\u00f3n intelectual, no prendi\u00f3 apenas en Espa\u00f1a la semilla del Renacimiento, seg\u00fan nota oportunamente Federico de On\u00eds. Los inyectores de la savia nueva, tales como Lebrija, el Broncense, Pedro Ciruelo y otros, fueron perseguidos. Y no digamos nada de Servet y del Dr. F. S\u00e1nchez, el precursor del cartesianismo y del agnosticismo moderno, porque ambos tuvieron que expatriarse para escribir. El terror a lo nuevo, a lo extranjero, obsesionaba a nuestros claustros profesorales, m\u00e1s inquisidores que la Inquisici\u00f3n misma, que recelaban no s\u00f3lo de las Ciencias Naturales, sino hasta de las inofensivas Filolog\u00eda, Gram\u00e1tica e Historia. Y semejante estado de esp\u00edritu perdur\u00f3 muchos a\u00f1os, seg\u00fan revelan los escritos de Villarroel y los m\u00e1s modernos de Feijoo, Campomanes y Jovellanos.<\/p>\n<p>Hubo, ciertamente, algunas excepciones de dicha incomunicaci\u00f3n. Durante una parte del siglo <span class=\"versalitas\">xvi<\/span>, con ocasi\u00f3n de nuestras guerras de Italia, las auras del Renacimiento vivificaron un tanto el petrificado esp\u00edritu espa\u00f1ol, despert\u00e1ndole parcialmente de sus \u00e9xtasis religiosos y de sus ensue\u00f1os imperalistas. Otra ventana hacia Europa abri\u00f3se tambi\u00e9n durante el siglo <span class=\"versalitas\">xviii<\/span>; por ella recibieron algunos intelectuales bien dotados el influjo bienhechor de la cr\u00edtica y de la renovaci\u00f3n cient\u00edfica que agitaban Europa.<\/p>\n<p>En corroboraci\u00f3n de esta doctrina, n\u00f3tese que casi todos nuestros grandes escritores y sabios surgieron en esas \u00e9pocas de relativo intercambio cultural, y fueron, naturalmente, infatigables viajeros. No pocos, desde el final de la Edad Media, perfeccionaron sus estudios en el extranjero, y regentaron c\u00e1tedras en Roma, Bolonia, Par\u00eds, Montpellier, Tolosa, <abbr>etc.<\/abbr>Recordemos a Arnaldo de Vilanova, Raimundo Lulio, Servet, Luis Vives, Saavedra Fajardo, el padre Acosta, el m\u00e9dico Hern\u00e1ndez, Garcilaso, Quevedo, <abbr>etc.<\/abbr>El mismo Cervantes, no obstante su original genialidad, debi\u00f3 mucho a la refinada cultura de Italia. Pero, en general, salvando gloriosas excepciones, nuestro orgullo aristocr\u00e1tico, secundado por la desdichada posici\u00f3n geogr\u00e1fica de la Pen\u00ednsula (conf\u00edn de Europa y camino solamente de \u00c1frica), nos condujo a una reclusi\u00f3n mental deplorable. A semejanza de esos animales habitadores de la Australia, que segregados en remotas edades del Continente, adquirieron formas ins\u00f3litas y estrafalarias, as\u00ed el entendimiento espa\u00f1ol, no vivificado por la conjugaci\u00f3n intelectual ni corregido por la cr\u00edtica europea, apart\u00f3se de las normas de la cultura mundial y se expandi\u00f3 en la viciosa y casi exclusiva vegetaci\u00f3n de las sutilezas escol\u00e1sticas, de los transportes de la m\u00edstica y de los juegos del conceptismo y culteranismo.<\/p>\n<p>Y, sin embargo, no falt\u00f3 nunca alg\u00fan espa\u00f1ol, flor de la raza, que apuntara, aunque predicando en desierto, los inconvenientes del aislamiento nacional. En su famoso libro de Las Empresas, Saavedra Fajardo dec\u00eda: \u00abLa renovaci\u00f3n da perpetuidad a las cosas caducas por naturaleza&#8230; Ninguna juventud sale acertada en la misma patria&#8230; Los parientes y amigos la hacen licenciosa y atrevida. No as\u00ed en las tierras extra\u00f1as, donde la necesidad obliga a la consideraci\u00f3n en componer las acciones y en granjear voluntades. Fuera de la patria se pierde aquella rudeza y encogimiento natural; aquella altivez necia e inhumana que ordinariamente nace y dura en los que no han practicado con diversas naciones&#8230; Los espa\u00f1oles, que con m\u00e1s comodidad pudieran practicar el mundo, por lo que en todas partes se extiende su monarqu\u00eda, son los que m\u00e1s retirados est\u00e1n en sus patrias, si no es cuando las armas les sacan de ellas\u00bb (<em>Empresas<\/em>, LXVI)<sup><a id=\"np35\" href=\"..\/notas-del-autor#np35n\">35<\/a><\/sup>.<\/p>\n<p>Que durante nuestra supremac\u00eda militar viaj\u00e1bamos poco, y no llevamos a Flandes e Italia comerciantes, sabios y colonos que acompa\u00f1aran a nuestros soldados y crearan v\u00ednculos materiales y espirituales con la metr\u00f3poli, persu\u00e1delo el hecho harto elocuente de que en la actualidad no queda en dichos pa\u00edses el menor rastro de la raza, la lengua y las costumbres espa\u00f1olas. Verdad es que en tales empresas se trataba casi siempre de defender el patrimonio, bien o mal adquirido, de los reyes, no los intereses positivos de nuestro pueblo, seg\u00fan hace notar muy sagazmente Crist\u00f3bal de Reyna<sup><a id=\"np36\" href=\"..\/notas-del-autor#np36n\">36<\/a><\/sup>.<\/p>\n<p>Hemos vivido, pues, durante siglos, recluidos en nuestra concha, dando vueltas a la noria del aristotelismo y del escolasticismo, y desinteresados y desde\u00f1osos (con excepci\u00f3n de pocos par\u00e9ntesis) del poderoso movimiento cr\u00edtico y revisionista que impuls\u00f3 en Europa a las ciencias y las artes. Fuera, empero, injusticia olvidar que algunos de nuestros sabios y fil\u00f3sofos conocieron y profesaron las nov\u00edsimas verdades matem\u00e1ticas, astron\u00f3micas, f\u00edsicas y biol\u00f3gicas, conquistadas por Cop\u00e9rnico, Galileo, Torricelli, Newton, Descartes, Vesalio, Harveo, Lavoisier, pero poqu\u00edsimos de ellos tuvieron el arranque necesario para trasladarse a los grandes centros culturales y adquirir el contagio tonificante de la genialidad creadora.<\/p>\n<p>A causa de esta incompleta conjugaci\u00f3n con Europa, nuestros maestros profesaron una <em>ciencia muerta<\/em>, esencialmente formal, la ciencia de los libros, donde todo parece definitivo (cuando nuestro saber h\u00e1llase en perpetuo <em>devenir<\/em>), e ignoraron la ciencia viva din\u00e1mica, en flujo y reflujo perennes, que s\u00f3lo se aprende conviviendo con los grandes investigadores, respirando esa atm\u00f3sfera t\u00f3nica de sano escepticismo, de sugesti\u00f3n directa, de limitaci\u00f3n y de impulsi\u00f3n sin las cuales las mejores aptitudes se petrifican en la rutinaria labor del repetidor o del comentarista.<\/p>\n<h2>El remedio de nuestro atraso. M\u00e9todo hist\u00f3rico de elevaci\u00f3n cient\u00edfica y cultural<\/h2>\n<p>La Ciencia, como todas las actividades espec\u00edficas del entendimiento, es simple consecuencia de la imitaci\u00f3n y del ejemplo.<\/p>\n<p>Tr\u00e1tase siempre de un contagio, a veces a distancia, por la semilla latente en los libros, mucho m\u00e1s a menudo de cerca, por g\u00e9rmenes arribados por el o\u00eddo, escapados, como en surtidor luminoso, de las cabezas geniales. Del mismo modo que el hijo aprende el oficio del padre, <em>mirando y ensay\u00e1ndose<\/em>, as\u00ed el sabio en perspectiva aprende a investigar mirando al investigador y trabajando bajo su vigilancia. Como dice acertadamente Castillejo, uno de los ap\u00f3stoles m\u00e1s fervientes y desinteresados de nuestro renacimiento intelectual, \u00ablos florecimientos culturales son productos del contacto de civilizaciones diferentes. Hay una especie de fecundaci\u00f3n que, sin ahondar ahora m\u00e1s, puede bien referirse al car\u00e1cter de producto social que la cultura tiene, lo mismo referida a las colectividades de individuos que a las de los pueblos\u00bb.<\/p>\n<p>Tan palmaria verdad es que la Ciencia brota de la fecundaci\u00f3n intelectual inmediata, que no se citar\u00e1 un solo pa\u00eds en donde el ansia de saber haya surgido con absoluta espontaneidad. Por rica y pl\u00e1stica que parezca la mentalidad de un sabio, jam\u00e1s ser\u00e1 poderosa a crear <em lang=\"la\" xml:lang=\"la\">in toto<\/em> una disciplina cient\u00edfica. Su misi\u00f3n se reduce a desenvolver un germen recibido, a consolidar y acrecentar el patrimonio heredado.<\/p>\n<p>\u00bfHabr\u00e1 que recordar ejemplos hist\u00f3ricos de tan trivial y vulgar aserto? Nadie ignora que los fil\u00f3sofos y sabios de la Grecia fueron infatigables viajeros. Cada una de aquellas inteligencias v\u00edrgenes y ansiosas de sabidur\u00eda sol\u00eda dividir su vida en dos fases: durante la primera asist\u00eda a los focos culturales de Egipto, Asiria, Persia, la India y la Gran Grecia; durante la segunda, recog\u00edase en s\u00ed mismo, sistematizaba lo aprendido y fundaba nueva escuela. El viejo Egipto adoctrin\u00f3 a Grecia, como andando el tiempo, Grecia adoctrin\u00f3 a Italia y a las naciones mahometanas; y, en fin, \u00e9stas y, sobre todo, la cult\u00edsima Italia del Renacimiento (esa Italia, siempre pagana, a pesar del cristianismo, y fervorosamente enamorada de la sabidur\u00eda antigua), difundieron la ciencia cl\u00e1sica por el resto de Europa.<\/p>\n<p>Y para recordar ejemplos m\u00e1s cercanos, hoy mismo, \u00bfno vemos al Jap\u00f3n, pueblo de raza amarilla, pasar bruscamente desde las tinieblas de la Edad Media, a los esplendores de la cultura y de la civilizaci\u00f3n occidentales? Obra estupenda, que parece milagro, y representa simplemente un caso particular de sistem\u00e1tica, pero intensiva y extensiva inoculaci\u00f3n de la ciencia europea. No fue, ciertamente, seg\u00fan se complacen en afirmar algunos de nuestros pol\u00edticos, la revoluci\u00f3n japonesa del 68, con sus reivindicaciones liberales y la consiguiente emancipaci\u00f3n econ\u00f3mica del agricultor, la causa eficiente de tan asombroso renacimiento. No, los art\u00edfices de la grandiosa ascensi\u00f3n fueron, en primer t\u00e9rmino, el alto sentido pol\u00edtico del Emperador y sus ministros y, a guisa de instrumentos, esos miles de j\u00f3venes pacientes, silenciosos, concentrados, que, por mandato del gobierno, vinieron a Europa a escudri\u00f1ar, llenos de fervor patri\u00f3tico, en laboratorios, seminarios, talleres, f\u00e1bricas y arsenales, los secretos de la sabidur\u00eda y de la fuerza occidentales.<\/p>\n<p>Menos resonantes y notorios, pero igualmente significativos ejemplos, nos ofrecen algunos pueblos de pura cepa europea, en donde por diversos motivos decayeron las ciencias o no adelantaron con el br\u00edo necesario. Recordemos a Italia, cuyas universidades, un tanto enervadas durante la primera mitad de la pasada centuria, supieron remozar la caduca savia, importando profesores alemanes y, sobre todo, educando sistem\u00e1ticamente en el extranjero la flor de su juventud intelectual y docente. Igual salvadora conducta han seguido los Estados Unidos (en donde por diversas causas el esp\u00edritu cient\u00edfico aparec\u00eda ahogado por el bajo mercantilismo), inundando de j\u00f3venes doctores los laboratorios y seminarios ingleses, franceses y alemanes.<\/p>\n<p>Patentes est\u00e1n los frutos de esta inoculaci\u00f3n reiterada y met\u00f3dica del germen del progreso cient\u00edfico. Italia ha decuplicado su rendimiento intelectual y, en ciertas esferas del saber, figura ya a la cabeza del movimiento cultural europeo. En cuanto a los Estados Unidos, el esp\u00edritu de indagaci\u00f3n h\u00e1llase en r\u00e1pido crescendo; la pl\u00e9yade de inventores ingeniosos, aunque emp\u00edricos, ha sido all\u00ed reforzada por lucida cohorte de sabios creadores, cuyos descubrimientos promueven el aprovechamiento, cada vez mayor, de las riquezas del suelo y del subsuelo, y han sido causa del asombroso florecimiento de las empresas industriales. Poderosos institutos, como el c\u00e9lebre de Rockefeller, legado de millonarios patriotas, se han creado para cultivar la ciencia pura. Por ese mismo sendero marchan con \u00e9xito brillante, o con esperanzas justificadas, Ruman\u00eda, Egipto, Chile, la Rep\u00fablica Argentina, <abbr>etc.<\/abbr><\/p>\n<p>Y n\u00f3tese que la elevaci\u00f3n cultural de los citados pueblos ha surgido, no por lenta evoluci\u00f3n, conforme pide la teor\u00eda, sino s\u00fabita y teatralmente; verdadera revoluci\u00f3n desde arriba, para la cual la <em>Gaceta<\/em>, tan desacreditada entre nosotros, obr\u00f3 cual talism\u00e1n mir\u00edfico.<\/p>\n<p>La panacea que en Italia, en los Estados Unidos, en el Jap\u00f3n<sup><a id=\"np37\" href=\"..\/notas-del-autor#np37n\">37<\/a><\/sup>, en Hungr\u00eda, en Ruman\u00eda, en la misma Rusia, es decir, en pa\u00edses de razas y genio tan diversos, ha tenido \u00e9xitos resonantes, \u00bffracasar\u00e1 precisamente en Espa\u00f1a, crisol donde se fundieron casi todas las razas europeas?<\/p>\n<p>Desde ahora declaramos que el remedio que obr\u00f3 milagros en todos los pa\u00edses, dar\u00e1 tambi\u00e9n resultados excelentes en Espa\u00f1a. Si hay fracaso, nuestra ser\u00e1 la culpa, por no haber sabido servirnos de la heroica panacea. El fiasco, y tras \u00e9l la decadencia definitiva y mortal, vendr\u00e1n solamente si la aplicamos sin fe ni perseverancia, si por esp\u00edritu de taca\u00f1er\u00eda la administramos a dosis homeop\u00e1ticas, o de manera intermitente, si no sabemos reclutar y preparar mentalmente a nuestra juventud para recibir, allende el Pirineo, la suprema iniciaci\u00f3n, si, a la vez que establecemos \u00edntima comunicaci\u00f3n espiritual con el extranjero, no acertamos a mantener en los iniciados el fuego sagrado de la investigaci\u00f3n, organizando, para retenerlos y estimularlos, laboratorios y seminarios, talleres y dem\u00e1s centros de laboreo intelectual y profesional, si, en fin, por respeto a rancios prejuicios o a funestos formalismos, no procedemos a incorporar r\u00e1pidamente a la ense\u00f1anza el nuevo plantel docente, renovando y fecundando con \u00e9l la vieja Universidad, \u00f3rgano principal, seg\u00fan dejamos dicho, de civilizaci\u00f3n y de progreso.<\/p>\n<p>Porque, lo hemos proclamado mil veces y lo repetiremos otras mil, Espa\u00f1a no saldr\u00e1 de su abatimiento mental mientras no reemplace las <em>viejas cabezas de sus profesores<\/em>(Universidades, Institutos, Escuelas especiales), <em>orientadas hacia el pasado, por otras nuevas orientadas al porvenir<\/em>. No reside, pues, el da\u00f1o en los que aprenden, ni en el Estado que, en la medida de lo posible, sufraga los gastos, sino en los que ense\u00f1an. De unos salen los otros. Ideal del disc\u00edpulo ser\u00e1 siempre parecerse a su maestro. \u00bfC\u00f3mo superarse si no halla cerca de s\u00ed otro t\u00e9rmino m\u00e1s alto de comparaci\u00f3n? Y pues es fuerza romper la cadena de hierro de nuestro atraso, r\u00f3mpase por el <em>anillo docente<\/em>, \u00fanico sobre el cual puede obrar directa y eficazmente el Estado. Europeizando r\u00e1pidamente al catedr\u00e1tico, europeizaremos al disc\u00edpulo y a la naci\u00f3n entera.<\/p>\n<p>Como dice luminosamente Castillejo, \u00abno queda otro recurso que formar gente nueva y unirla a los elementos aprovechables de la antigua\u00bb. Pero esa gente nueva no lo ser\u00e1 de veras, se parecer\u00e1 irremediablemente a nosotros, adolecer\u00e1 de nuestras rutinas y defectos, como no respire por mucho tiempo el ambiente de la Universidad extranjera.<\/p>\n<p>Tal es el plan salvador. No ha habido que inventar la panacea. Es remedio probado, norma seguida por cuantos pueblos tuvieron clara conciencia de su postraci\u00f3n y quisieron regenerarse de veras. Descendamos ahora a formular algunas reglas tocantes a la manera de aplicar la terap\u00e9utica.<\/p>\n","protected":false},"author":1,"menu_order":11,"template":"","meta":{"pb_show_title":"on","pb_short_title":"","pb_subtitle":"","pb_authors":[],"pb_section_license":""},"chapter-type":[],"contributor":[],"license":[],"class_list":["post-33","chapter","type-chapter","status-publish","hentry"],"part":22,"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.publiconsulting.com\/wordpress\/reglasyconsejos\/wp-json\/pressbooks\/v2\/chapters\/33","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.publiconsulting.com\/wordpress\/reglasyconsejos\/wp-json\/pressbooks\/v2\/chapters"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.publiconsulting.com\/wordpress\/reglasyconsejos\/wp-json\/wp\/v2\/types\/chapter"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.publiconsulting.com\/wordpress\/reglasyconsejos\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/www.publiconsulting.com\/wordpress\/reglasyconsejos\/wp-json\/pressbooks\/v2\/chapters\/33\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":54,"href":"https:\/\/www.publiconsulting.com\/wordpress\/reglasyconsejos\/wp-json\/pressbooks\/v2\/chapters\/33\/revisions\/54"}],"part":[{"href":"https:\/\/www.publiconsulting.com\/wordpress\/reglasyconsejos\/wp-json\/pressbooks\/v2\/parts\/22"}],"metadata":[{"href":"https:\/\/www.publiconsulting.com\/wordpress\/reglasyconsejos\/wp-json\/pressbooks\/v2\/chapters\/33\/metadata\/"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.publiconsulting.com\/wordpress\/reglasyconsejos\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=33"}],"wp:term":[{"taxonomy":"chapter-type","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.publiconsulting.com\/wordpress\/reglasyconsejos\/wp-json\/pressbooks\/v2\/chapter-type?post=33"},{"taxonomy":"contributor","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.publiconsulting.com\/wordpress\/reglasyconsejos\/wp-json\/wp\/v2\/contributor?post=33"},{"taxonomy":"license","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.publiconsulting.com\/wordpress\/reglasyconsejos\/wp-json\/wp\/v2\/license?post=33"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}