{"id":35,"date":"2019-12-09T15:25:40","date_gmt":"2019-12-09T15:25:40","guid":{"rendered":"https:\/\/www.publiconsulting.com\/wordpress\/reglasyconsejos\/chapter\/post-scriptum\/"},"modified":"2019-12-09T15:25:40","modified_gmt":"2019-12-09T15:25:40","slug":"post-scriptum","status":"publish","type":"chapter","link":"https:\/\/www.publiconsulting.com\/wordpress\/reglasyconsejos\/chapter\/post-scriptum\/","title":{"rendered":"POST SCRIPTUM"},"content":{"raw":"\n<p class=\"sgc-1\">Madrid, 1899<\/p>\nBien ajenos est\u00e1bamos, al publicar las p\u00e1ginas precedentes, donde nos lamentamos de nuestro desd\u00e9n por la ciencia, que hab\u00edamos de recoger muy pronto el fruto de nuestra incultura. Una naci\u00f3n rica y poderosa, gracias a su ciencia y laboriosidad, nos ha rendido casi sin combatir. En tan desigual batalla, librada entre el sentimiento y la realidad, entre un pueblo dormido sobre las rutinas del pasado, y otro en\u00e9rgico, despierto y conocedor de todos los recursos del presente, el resultado estaba previsto; pero es preciso confesar que nuestra ignorancia, a\u00fan m\u00e1s que nuestra pobreza, ha causado el desastre, en el cual no hemos logrado ni el triste consuelo de vender caras nuestras vidas. Una vez m\u00e1s la ciencia, creadora de riqueza y de fuerza, se ha vengado de los que la desconocen y menosprecian.\n\nPor ignorar, ignor\u00e1bamos hasta la fuerza incontrastable del adversario: la ciencia de sus ingenieros y de sus qu\u00edmicos (inventores de bombas incendiarias que barr\u00edan la cubierta de nuestros buques e imposibilitaban toda defensa), la superioridad de sus barcos y corazas, la excelencia y tino de sus artilleros, la energ\u00eda y pericia de sus generales.\n\nY lo m\u00e1s sensible es que el desastre pudo haber sido evitado, si en el pueblo y en los estadistas espa\u00f1oles hubiera existido verdadero sentido pol\u00edtico, esa cualidad suprema de los pueblos pr\u00e1cticos que ya echaba de menos en nuestra raza el gran Alejandro Humbolt. Porque en estos tiempos de fr\u00edo positivismo s\u00f3lo Espa\u00f1a hace pol\u00edtica de sentimiento.\n\nA la ruina nos han llevado, m\u00e1s que las ideas que nos faltan, los sentimientos e ilusiones que nos sobran. El sentimiento caballeresco del honor, excelente para los individuos, da\u00f1a gravemente a los pueblos, cuando no est\u00e1 contrapesado con el criterio de la utilidad colectiva. D\u00edgase lo que se quiera, por los que sue\u00f1an con un pasado que no volver\u00e1 jam\u00e1s, la pol\u00edtica se hace con conveniencias, no con afectos. Lo debido es lo \u00fatil a la naci\u00f3n. El progreso de las colectividades, como el progreso de la serie zool\u00f3gica, est\u00e1 regido por el severo principio de la utilidad de la raza, a la cual las naciones dotadas de instinto pol\u00edtico seguro deben sacrificar leyendas queridas, impacientes anhelos de dominio y de gloria y simpat\u00edas y antipat\u00edas internacionales. Y ante el peligro de un conflicto internacional los pueblos deben fundar sus esperanzas, no en los hero\u00edsmos de la raza ni en los posibles favores de la providencia o de la fortuna, sino en el severo c\u00e1lculo, en el conocimiento ingenuo, sin espejismos patri\u00f3ticos ni fanfarroner\u00edas rid\u00edculas, de la verdadera fuerza propia y del positivo poder del adversario.\n\nPero no es hora ya de filosofar sobre las causas de nuestra ca\u00edda, sino de levantarnos lo m\u00e1s r\u00e1pidamente posible. Miremos hacia delante, alcemos nuestros corazones a la esperanza y consagr\u00e9monos a desenvolver nuestras energ\u00edas, alentados por la fe robusta en la virtud redentora del trabajo y en el porvenir reservado a nuestra raza. M\u00e1s hondo que nosotros cayeron otros pueblos y hoy resplandecen en el cenit del poder y de la fortuna. Troquemos los desfallecimientos enervadores en viril alegr\u00eda, en ansia de robustez, de juventud y de renovaci\u00f3n. Huyamos del pesimismo como de virus mortal: quien espera morir acaba por morir; y, al contrario, quien aspira a la vida crea la vida. Seamos, pues, optimistas, porque s\u00f3lo la alegr\u00eda y serenidad se sienten fuertes y trabajan y esperan.\n\nPero el so\u00f1ado porvenir no vendr\u00e1 por s\u00ed mismo, ni lo traer\u00e1 la protecci\u00f3n del extranjero o la ciega loter\u00eda del azar: la futura renovaci\u00f3n ser\u00e1 el galard\u00f3n de nuestro trabajo, de nuestra ciencia, de nuestro conocimiento de la realidad y de nuestro amor a la patria y a la raza.\n\nEl dolor mismo nos ser\u00e1 \u00fatil, porque el dolor es el gran educador de almas y creador de energ\u00edas. Para los que aman la patria las desdichas representan un lazo moral m\u00e1s. Como dice elocuentemente Ren\u00e1n, \u00abla patria est\u00e1 formada por los que han sufrido juntos, porque el dolor com\u00fan une m\u00e1s que la alegr\u00eda\u00bb. Solo de corazones ingratos y de esp\u00edritus innobles es abandonar la patria en d\u00edas de luto y amargura. Al contrario, las almas bien nacidas deben medir el amor a los suyos por la grandeza de sus desgracias. Y la patria es tanto el terru\u00f1o como la historia, tanto los presentes como los venideros, lo mismo nuestras glorias que nuestros dolores. El buen patriota debe llenar su coraz\u00f3n con un sentimiento de sublime paternidad a todos sus conciudadanos, de una inmensa y efusiva caridad que alcance hasta los venideros.\n\nNada de desalientos, nada de tomar en serio vaticinios nefastos. Mostremos a esas naciones que nos declaran muertos, sin duda porque esperan la hora del reparto de nuestros jirones, que no s\u00f3lo vivimos, sino que estamos resueltos a afirmar vigorosamente nuestro derecho a la vida. El dolor mismo da fe de existencia; que no est\u00e1 muerto quien se indigna, quien lamenta su desdicha, quien siente hervir en su coraz\u00f3n la sangre con tumultos de indignaci\u00f3n por lo pasado: los verdaderos muertos son los que callan, los que aceptan filos\u00f3ficamente sus desgracias, los que carecen ya hasta de fuerza para sentirlas. Estas almas caducas, a muchas de las cuales toca grave responsabilidad en nuestros desastres, son los verdaderos cad\u00e1veres que cada cual debe enterrar en su memoria y borrar de su coraz\u00f3n.\n\nLo hemos dicho mil veces y hemos de repetirlo hasta la pesadez. El poder\u00edo pol\u00edtico de Espa\u00f1a ser\u00e1 el fruto de la riqueza y del aumento de su poblaci\u00f3n: resultados para los cuales no hay otro camino que crear, cueste lo que cueste, ciencia, industria y arte originales. Una vez creados, la corriente de exportaci\u00f3n se establecer\u00e1 r\u00e1pidamente y con ella vendr\u00e1 la abundancia, la consideraci\u00f3n, el respeto y hasta el cari\u00f1o del extranjero.\n\n\u00a1Que este objetivo sea ardientemente deseado y claramente sentido por nuestros pol\u00edticos, cient\u00edficos, agricultores, capitalistas, industriales, ingenieros, y hasta por los obreros m\u00e1s humildes, y nuestra redenci\u00f3n ser\u00e1 una realidad, y el sol de la gloria acariciar\u00e1 todav\u00eda nuestra mustia bandera, no tan escarnecida por los extra\u00f1os como por nosotros!\n\n\u00a1Oh, si yo pudiera transmitir a nuestros pol\u00edticos, a nuestros capitalistas, a nuestros sabios e ingenieros, a nuestros obreros y estudiantes una parte del entusiasmo que me anima! Si yo tuviera la seguridad de ser o\u00eddo, con qu\u00e9 gusto les dir\u00eda:\n\nPol\u00edticos que nos hab\u00e9is tra\u00eddo a esta triste desventura, dad treguas, por Dios, ante las angustias de la patria, a vuestro ego\u00edsmo estrecho de partido o de pandilla; preocupaos seriamente de la pureza y de la moralidad en la administraci\u00f3n p\u00fablica, del culto al honor y al hero\u00edsmo en el ej\u00e9rcito, de la protecci\u00f3n seria y eficaz a la instrucci\u00f3n popular y universitaria, de mantener, en fin, en todos los organismos del Estado el sentimiento del deber y la m\u00e1s estrecha responsabilidad. Pensad que, seg\u00fan dijo Carlile, \u00abtodav\u00eda el valor es un valor\u00bb, que todav\u00eda el hero\u00edsmo es un gran negocio, que todav\u00eda la virtud y la disciplina constituyen la fuerza y el prestigio de los pueblos modestos. Renunciad a todo mesianismo rid\u00edculo, a toda loca ambici\u00f3n de conquista y proceded sin p\u00e9rdida de tiempo a la obra de nuestra redenci\u00f3n con toda la antigua energ\u00eda y terquedad de la raza, y en medio de ese recogimiento, de ese silencio solemne con que la naturaleza opera sus fecundas y grandiosas renovaciones.\n\nA los profesores de todas clases, f\u00edsicos, qu\u00edmicos, ingenieros, naturalistas, m\u00e9dicos, fil\u00f3sofos, soci\u00f3logos, etc., les dir\u00eda: trabajad hoy m\u00e1s que nunca por la creaci\u00f3n de ciencia original y castizamente espa\u00f1ola. No bastar\u00e1 para nivelarnos con los pa\u00edses cultos progresar seg\u00fan el ritmo perezoso de siempre; tan rezagados estamos que ser\u00e1 preciso concentrar en breves a\u00f1os la energ\u00eda productora de dos siglos. Si para la magna y redentora empresa os falta valor, rodeaos de est\u00edmulos poderosos, de esos excitantes morales que caldean el cerebro e hipertrofian el coraz\u00f3n: insultos que provoquen al trabajo iracundo, recuerdos que aviven continuamente el amor a la patria; o, en otros t\u00e9rminos, junto a la retorta, la balanza o el microscopio, poned la bandera nacional que os recuerde constantemente vuestra condici\u00f3n de guerreros (que funci\u00f3n de guerra, y hermos\u00edsima y patri\u00f3tica, es arrancar secretos a la naturaleza con la mira de defender y honrar a la patria), y tened a la vista, escritas en gruesos caracteres para que toda distracci\u00f3n sea imposible, esas amargas frases de desprecio, esas palabras de depresiva conmiseraci\u00f3n, y esas punzantes iron\u00edas con que escritores extranjeros nos han echado mil veces en cara nuestra falta de originalidad y nuestra pretendida incapacidad para la labor cient\u00edfica. Los que teng\u00e1is vocaci\u00f3n pedag\u00f3gica, preocupaos seriamente en transformar las cabezas de nuestros hijos, deformadas por la servidumbre mental de cuatro siglos, en cabezas modernas acomodadas a la realidad, en hombres que sepan mejor las cosas que los libros; antes dispuestos a la acci\u00f3n que a la palabra; capaces, en fin, de abordar briosamente la conquista de la naturaleza. Inculcadles, sobre todo, los m\u00e9todos de estudio, el arte de pensar por cuenta propia, las ideas pr\u00e1cticas, los principios fecundos y luminosos a cuya aplicaci\u00f3n se deben las invenciones industriales y descubrimientos cient\u00edficos. Cread, en fin, no eruditos y quietistas, <em>dilettandi<\/em> del saber, bien hallados con el mero conocimiento de la verdad, sino voluntades en\u00e9rgicas, esp\u00edritus reformadores susceptibles de llevar la idea a la realidad y de reaccionar vigorosamente contra todas las fatalidades y deficiencias del suelo, de la raza y de la organizaci\u00f3n social y pol\u00edtica.\n\nY los que sint\u00e1is m\u00e1s altos anhelos, los que os hall\u00e9is suficientemente armados para concurrir y luchar en el campo internacional de la indagaci\u00f3n cient\u00edfica, literaria o art\u00edstica, redoblad vuestra actividad y vuestro celo. La patria pagar\u00e1 generosamente vuestros esfuerzos, porque Espa\u00f1a, que jam\u00e1s escatim\u00f3 d\u00e1divas y aplausos a sabios pretendidos y a inventores frustrados, s\u00f3lo por la intenci\u00f3n sana y patri\u00f3tica que demostraron, \u00a1qu\u00e9 no ser\u00eda capaz de hacer por los promotores de positivos progresos!\n\nConsiderad que cada idea nueva, no contrapesada por otra nacida entre nosotros, es un eslab\u00f3n m\u00e1s de nuestra servidumbre mental, es una contribuci\u00f3n que debemos pagar en oro, y que ser\u00e1 cobrada perpetuamente en Berl\u00edn, Par\u00eds o Londres.\n\nPorque toda servidumbre intelectual tiene por salario el oro del rico o la fatiga del pobre, es decir, sangre y vida consumidas sin reparaci\u00f3n, y endeblez y degeneraci\u00f3n irremediables de la raza.\n\nLos que teng\u00e1is vocaci\u00f3n por la ingenier\u00eda y las ciencias f\u00edsicas, no olvid\u00e9is que cada m\u00e1quina que dej\u00e1is de inventar e importada de pa\u00edses extra\u00f1os, tiene un equivalente de pobreza que se difunde por toda la naci\u00f3n, cerrando el paso a la vida de espa\u00f1oles que no han nacido, pero que tampoco nacer\u00e1n; mientras que, al contrario, toda invenci\u00f3n fecunda nacida entre nosotros representa un fermento de vida espa\u00f1ola y un manantial de honra y de riqueza colectivas.\n\nTambi\u00e9n vosotros, obreros y peque\u00f1os industriales, pod\u00e9is contribuir poderosamente a la magna empresa de nuestro engrandecimiento. Trabajad bien, pero instru\u00edos antes, para que vuestra obra alcance la mayor perfecci\u00f3n y originalidad posible. Si en vuestro pecho late un coraz\u00f3n patriota, \u00bfno os avergonz\u00e1is al o\u00edr c\u00f3mo los extranjeros os motejan de inh\u00e1biles, de toscos y aun de holgazanes; c\u00f3mo os suponen desprovistos de ingenio e inventiva; c\u00f3mo, en fin, recuerdan, para deprimiros, que hasta los m\u00e1s humildes instrumentos con que trabaj\u00e1is llevan el marchamo de Londres o de Par\u00eds? \u00bfSer\u00e9is acaso incapaces de sacudir vuestra pereza y vuestra rutina?\n\n\u00a1Oh, cu\u00e1nto ganar\u00eda la riqueza nacional si nuestros fabricantes, peque\u00f1os industriales y obreros, se persuadieran bien de que el beneficio positivo y duradero brota exclusivamente de la originalidad, de la perfecci\u00f3n o de la baratura extrema de la obra, y de que toda industria exclusivamente atenida al mercado interior, gracias a tarifas arancelarias extraordinariamente protectoras, sirve solamente a medias los intereses de la patria y corre continuamente el riesgo de arruinarse ante la primera innovaci\u00f3n surgida en el extranjero!\n\nRepitamos una vez m\u00e1s a nuestros fabricantes e industriales que no pierdan nunca de vista el ideal, que consiste en abandonar por depresiva toda tutor\u00eda, y en concurrir y vencer en el mercado internacional; y que los tejidos, m\u00e1quinas, drogas, objetos de arte, instrumentos de trabajo, frusler\u00edas de la moda, etc., importadas sin suficiente compensaci\u00f3n en la balanza de exportaciones, son oro que se nos quita, vida que se nos escapa, fuerza con que el extranjero forjar\u00e1 quiz\u00e1 las cadenas de la esclavitud del ma\u00f1ana.\n\nTodos deseamos gozar de las ventajas de la civilizaci\u00f3n, de la que se ha dicho con raz\u00f3n que hermosea y dilata la vida, suprime el tiempo y el espacio, y lleva hasta el hogar del pobre deleites y satisfacciones antes exclusivamente reservados al opulento. Pero desde el punto de vista nacional, la civilizaci\u00f3n puede ser una gran desgracia; motivo de poder y de engrandecimiento para los pueblos que colaboran en ella, resulta ruinosa, hasta la bancarrota, para las naciones atenidas a los prejuicios y rutinas del pasado, para aquellas de quienes ha podido decirse con gr\u00e1fica frase <em>que producen a la antigua y gastan a la moderna<\/em>.\n\nTambi\u00e9n vosotros los arist\u00f3cratas opulentos, los capitalistas y propietarios, cuantos por uno u otro camino, l\u00edcito o il\u00edcito, hab\u00e9is logrado emanciparos de la honrosa servidumbre del trabajo ten\u00e9is una gran misi\u00f3n que cumplir. \u00a1Qu\u00e9 cosas m\u00e1s grandes podr\u00edais, sin grandes sacrificios, realizar si, abandonando un poco la codicia de goces materiales, la afici\u00f3n antipatri\u00f3tica la insana y pueril vanidad del palco, del caballo, de la apuesta, del torerismo, etc., pensarais algo en las desgracias de la patria y en sus tristes destinos! La riqueza es poder, es fuerza, pero no debe ser fuerza derrochada en el placer, energ\u00eda consumida en humo de vanidad. A mayor suma de influencia y de fortuna debe corresponder mayor responsabilidad y m\u00e1s activa colaboraci\u00f3n en la obra civilizadora de la patria. En lo antiguo la riqueza desempe\u00f1\u00f3 un honroso papel: armar soldados, levantar castillos y luchar briosamente en pro del rey y de la religi\u00f3n. Hoy, variadas las costumbres, sin infieles que combatir, sin intolerancias que mantener, el patriotismo de los poderosos tiene todav\u00eda un ancho campo en que ejercitarse: fomentar la industria nacional, mejorar la agricultura, crear institutos docentes, subvencionar investigaciones, proteger las ciencias y las artes, poner, en fin, ya que no la espada, el oro y la inteligencia al servicio de la cultura y bienestar de la naci\u00f3n. Solo as\u00ed alcanzar\u00e1n los ricos representaci\u00f3n simp\u00e1tica en el \u00e1nimo de una sociedad donde vientos de socialismo atizan constantemente el odio entre el capital y el trabajo; solo de este modo olvidaremos todos esta triste verdad: \u00abQue la riqueza representa el sobretrabajo del proletario y que el placer del capitalista es la transfiguraci\u00f3n del dolor y de las l\u00e1grimas del pobre\u00bb\n\nY t\u00fa, clero ilustrado, que en m\u00e1s de una ocasi\u00f3n has dado pruebas de patriotismo, acu\u00e9rdate de la religi\u00f3n y del culto, pero no olvides al hombre y la naturaleza. Considera que en estos tiempos de la fr\u00eda raz\u00f3n del Estado nadie hace pol\u00edtica de sentimiento, y que en las contiendas internacionales no vence ya la fe sino la ciencia y la riqueza. Inter\u00e9sate, pues, por la prosperidad material de la patria, pues, en definitiva, de esta prosperidad depende que el catolicismo tenga en Espa\u00f1a, en vez de flaco y triste Quijote, molido a palos por los yang\u00fceses protestantes o librepensadores, un palad\u00edn esforzado y vigoroso, dispuesto a reverdecer los laureles de Lepanto y de Pav\u00eda.\n\nAbandona para siempre aquellas terribles intolerancias que hicieron el nombre de Espa\u00f1a odiosos en el mundo, y toma ejemplo y ense\u00f1anza de la infinita caridad de Dios, que favorece con sus dones a todos los trabajadores de la tierra, sin mirar si \u00e9stos le dirigen sus preces desde el templo protestante, desde la bas\u00edlica cat\u00f3lica o desde esa gran Iglesia de la naturaleza que tiene por b\u00f3veda el azul del cielo, por l\u00e1mpara el sol, la tierra por ara y el conocimiento y alabanza de la obra de Dios por ofrenda.\n\n\u00a1Ah, qu\u00e9 empresa m\u00e1s grande podr\u00edas llevar a cabo con el enorme ascendiente que posees sobre los poderosos de la tierra si, adem\u00e1s de preocuparte de la pureza de las costumbres y de la paz de las almas, te apasionaras algo de la ciencia y del bienestar material de los pueblos \u00a1 Cu\u00e1n grande, simp\u00e1tica y civilizadora ser\u00eda la misi\u00f3n de la Iglesia si los talentos selectos que vegetan en sus claustros, dando treguas al tenaz empe\u00f1o de convertir la ciencia en servidora de la religi\u00f3n o de demostrar la posible armon\u00eda de entrambas, se propusieran seriamente fabricar ciencia, filosof\u00eda y arte originales, rindiendo de esta suerte culto por igual a la palabra y a la obra de Dios!\n\nNo intentes, por Dios, clero espa\u00f1ol, renovar guerras sangrientas y fratricidas, y considera que, aunque triunfases, aunque por un milagro de la Providencia no suscitaran tus victorias la intervenci\u00f3n extranjera, consumar\u00edan la ruina de la patria. Con el triunfo lograr\u00edas acaso poblar de espa\u00f1oles el cielo; pero de fijo, y con gran contentamiento de los herejes, quedar\u00edan muy pocos espa\u00f1oles en la tierra. No olvides, en fin, que los extranjeros, protestantes, librepensadores y aun cat\u00f3licos han dicho mil veces que tus intransigencias son la verdadera causa de nuestra pobreza, decadencia pol\u00edtica e incapacidad para la producci\u00f3n cient\u00edfica; que merced a la inquisici\u00f3n y al clericalismo, aquel sol que no se pon\u00eda nunca en nuestros dominios no fue jam\u00e1s el sol de la ciencia y de la verdad, sino la hoguera del fanatismo y de la intolerancia religiosa. Ante semejantes imputaciones solo hay una respuesta victoriosa: entrar sinceramente en la corriente de la moderna vida, y preparar el porvenir, alist\u00e1ndose resueltamente en la causa de la civilizaci\u00f3n, que, en definitiva, es tambi\u00e9n la causa de Dios y de la humanidad.\n\nY t\u00fa, juventud estudiosa, esperanza de nuestra renovaci\u00f3n, que te consagras al trabajo en estos luctuosos d\u00edas de nuestra decadencia, no te desalientes. Contempla en nuestra ca\u00edda la obra de la ignorancia o de la media ciencia, el fruto de una educaci\u00f3n acad\u00e9mica y social funest\u00edsimas, que ha consistido siempre en volver la espalda a la realidad, sumergiendo el esp\u00edritu nacional, a la manera del morfin\u00f3mano, en un mundo imaginario lleno de fingidos deleites y de peligrosas ilusiones. So color de excitar la adhesi\u00f3n a la patria, o acaso por vanidad mal entendida, hemos ocultado siempre a la juventud, en el orden hist\u00f3rico, los defectos de nuestra raza y virtud y valor del extranjero; en el orden geogr\u00e1fico y f\u00edsico, la pobreza de nuestro suelo (inmensa meseta central est\u00e9ril, salpicada de algunos oasis y bordeada de una faja de tierra f\u00e9rtil) y la inclemencia de un cielo casi africano; en la esfera social y pol\u00edtica, la indisciplina, el particularismo y el atavismo del caudillaje, es decir, el culto fetichista al sable, que resurge de continuo como planta par\u00e1sita en el terreno, al parecer firme, de nuestro r\u00e9gimen constitucional y democr\u00e1tico; en lo cient\u00edfico, filos\u00f3fico, industrial, literario, nuestra falta de originalidad y nuestro vicio de la hip\u00e9rbole, que nos lleva a honrar como a genios a meros traductores o arregladores de ideas viejas o ex\u00f3ticas.\n\nEl cuadro trazado es algo sombr\u00edo; pero no lo presento a tu examen por el mero capricho de entristecerte, sino porque juzgo que es deber inexcusable tuyo conocer toda la extensi\u00f3n y profundidad del mal, al objeto de procurar el remedio, proporcionando la cuant\u00eda del esfuerzo a la magnitud del obst\u00e1culo.\n\nHay placeres materiales y deleites intelectuales: las naciones decadentes cultivan los primeros; los segundos han labrado la grandeza y gloria de las m\u00e1s adelantadas y fuertes. Busca, pues, t\u00fa, juventud estudiosa, el placer, no en los groseros deleites de la carne, sino en la soberana fruici\u00f3n del deber cumplido, en la sublime satisfacci\u00f3n de haber ensanchado el horizonte del saber, de haber honrado y enaltecido la raza y de haber mejorado en algo la existencia de tus compatriotas.\n\n\u00a1Que cada libro extranjero en que no veas citados nombres de espa\u00f1oles, sea un aguij\u00f3n que penetre en tu alma y excite tu ansia de saber y de originalidad!\n\nS\u00e9 como Tem\u00edstocles, a quien no dejaba dormir la gloria de Milciades. Considera todo descubrimiento importante tra\u00eddo de fuera como una recriminaci\u00f3n a tu negligencia y a tu poquedad de \u00e1nimo.\n\nEs preciso que adivines, a trav\u00e9s de la descripci\u00f3n del hecho nuevo, estas palabras molestas que te dirige su autor: \u00abYo he creado esto porque he sabido pensar y trabajar m\u00e1s y mejor que t\u00fa; en adelante tu oficio ser\u00e1 ensalzarme y envidiarme, porque con mi descubrimiento te he arrebatado para siempre una honra que anhelabas y he limitado el campo de tus posibles triunfos\u00bb.\n\nLejos, empero, de conducirte al desaliento, estas consideraciones, deben aumentar tu ardor y tu ansia de combate. Todo descubrimiento es el germen de un \u00e1rbol cuyos frutos recolectan los \u00e9mulos del autor y la posteridad estudiosa. Procura, pues, aplicarte al conocimiento de la nueva conquista; no cejes hasta ampliarla y superarla. De este modo, cuando el \u00e9xito te sonr\u00eda, podr\u00e1s contestar al extranjero: \u00abT\u00fa has creado una verdad, pero yo he sabido hallar otras verdades que se ocultaron a tu penetraci\u00f3n; yo he logrado transformar el hecho nuevo y est\u00e9ril en hecho \u00fatil y fecundo\u00bb.\n\nMarcha, pues, sin detenerte a la conquista de la honra de la patria. Los hombres de hoy solo podemos mostrarte el camino. T\u00fa debes recoger el fruto de esta ense\u00f1anza y preparar una Espa\u00f1a del porvenir que nos vengue de la Espa\u00f1a del presente.\n\nLa patria angustiada conf\u00eda en ti. \u00a1Qu\u00e9 ser\u00eda de ella si t\u00fa no respondieses a su tierna solicitud, si te mostrases indiferente a sus anhelos y esperanzas!\n\nContestar\u00e1s acaso que tus hombros son demasiado d\u00e9biles para la inmensa pesadumbre de la carga, que la labor ser\u00e1 ruda, porfiada, febril. Tambi\u00e9n la tarea es ardua para el extranjero, y el extranjero la acomete con br\u00edo y triunfa y domina. T\u00fa no tendr\u00e1s menos ardimiento que \u00e9l. D\u00e9jame el consuelo de suponer- te capaz del honroso hero\u00edsmo del trabajo, de pensar que en espera del ma\u00f1ana reparador, t\u00fa sabr\u00e1s palidecer ante el libro, la retorta y el microscopio, que no dar\u00e1s paz a la mano ni tregua al pensamiento hasta que la ciencia se enriquezca con nuevas verdades, y la bandera patria se ilustre con nuevos blasones.\n<p class=\"sgc-1\">Santiago Ram\u00f3n y Cajal<\/p>\n<p class=\"sgc-1\">Madrid, 20 de diciembre de 1899<\/p>\n","rendered":"<p class=\"sgc-1\">Madrid, 1899<\/p>\n<p>Bien ajenos est\u00e1bamos, al publicar las p\u00e1ginas precedentes, donde nos lamentamos de nuestro desd\u00e9n por la ciencia, que hab\u00edamos de recoger muy pronto el fruto de nuestra incultura. Una naci\u00f3n rica y poderosa, gracias a su ciencia y laboriosidad, nos ha rendido casi sin combatir. En tan desigual batalla, librada entre el sentimiento y la realidad, entre un pueblo dormido sobre las rutinas del pasado, y otro en\u00e9rgico, despierto y conocedor de todos los recursos del presente, el resultado estaba previsto; pero es preciso confesar que nuestra ignorancia, a\u00fan m\u00e1s que nuestra pobreza, ha causado el desastre, en el cual no hemos logrado ni el triste consuelo de vender caras nuestras vidas. Una vez m\u00e1s la ciencia, creadora de riqueza y de fuerza, se ha vengado de los que la desconocen y menosprecian.<\/p>\n<p>Por ignorar, ignor\u00e1bamos hasta la fuerza incontrastable del adversario: la ciencia de sus ingenieros y de sus qu\u00edmicos (inventores de bombas incendiarias que barr\u00edan la cubierta de nuestros buques e imposibilitaban toda defensa), la superioridad de sus barcos y corazas, la excelencia y tino de sus artilleros, la energ\u00eda y pericia de sus generales.<\/p>\n<p>Y lo m\u00e1s sensible es que el desastre pudo haber sido evitado, si en el pueblo y en los estadistas espa\u00f1oles hubiera existido verdadero sentido pol\u00edtico, esa cualidad suprema de los pueblos pr\u00e1cticos que ya echaba de menos en nuestra raza el gran Alejandro Humbolt. Porque en estos tiempos de fr\u00edo positivismo s\u00f3lo Espa\u00f1a hace pol\u00edtica de sentimiento.<\/p>\n<p>A la ruina nos han llevado, m\u00e1s que las ideas que nos faltan, los sentimientos e ilusiones que nos sobran. El sentimiento caballeresco del honor, excelente para los individuos, da\u00f1a gravemente a los pueblos, cuando no est\u00e1 contrapesado con el criterio de la utilidad colectiva. D\u00edgase lo que se quiera, por los que sue\u00f1an con un pasado que no volver\u00e1 jam\u00e1s, la pol\u00edtica se hace con conveniencias, no con afectos. Lo debido es lo \u00fatil a la naci\u00f3n. El progreso de las colectividades, como el progreso de la serie zool\u00f3gica, est\u00e1 regido por el severo principio de la utilidad de la raza, a la cual las naciones dotadas de instinto pol\u00edtico seguro deben sacrificar leyendas queridas, impacientes anhelos de dominio y de gloria y simpat\u00edas y antipat\u00edas internacionales. Y ante el peligro de un conflicto internacional los pueblos deben fundar sus esperanzas, no en los hero\u00edsmos de la raza ni en los posibles favores de la providencia o de la fortuna, sino en el severo c\u00e1lculo, en el conocimiento ingenuo, sin espejismos patri\u00f3ticos ni fanfarroner\u00edas rid\u00edculas, de la verdadera fuerza propia y del positivo poder del adversario.<\/p>\n<p>Pero no es hora ya de filosofar sobre las causas de nuestra ca\u00edda, sino de levantarnos lo m\u00e1s r\u00e1pidamente posible. Miremos hacia delante, alcemos nuestros corazones a la esperanza y consagr\u00e9monos a desenvolver nuestras energ\u00edas, alentados por la fe robusta en la virtud redentora del trabajo y en el porvenir reservado a nuestra raza. M\u00e1s hondo que nosotros cayeron otros pueblos y hoy resplandecen en el cenit del poder y de la fortuna. Troquemos los desfallecimientos enervadores en viril alegr\u00eda, en ansia de robustez, de juventud y de renovaci\u00f3n. Huyamos del pesimismo como de virus mortal: quien espera morir acaba por morir; y, al contrario, quien aspira a la vida crea la vida. Seamos, pues, optimistas, porque s\u00f3lo la alegr\u00eda y serenidad se sienten fuertes y trabajan y esperan.<\/p>\n<p>Pero el so\u00f1ado porvenir no vendr\u00e1 por s\u00ed mismo, ni lo traer\u00e1 la protecci\u00f3n del extranjero o la ciega loter\u00eda del azar: la futura renovaci\u00f3n ser\u00e1 el galard\u00f3n de nuestro trabajo, de nuestra ciencia, de nuestro conocimiento de la realidad y de nuestro amor a la patria y a la raza.<\/p>\n<p>El dolor mismo nos ser\u00e1 \u00fatil, porque el dolor es el gran educador de almas y creador de energ\u00edas. Para los que aman la patria las desdichas representan un lazo moral m\u00e1s. Como dice elocuentemente Ren\u00e1n, \u00abla patria est\u00e1 formada por los que han sufrido juntos, porque el dolor com\u00fan une m\u00e1s que la alegr\u00eda\u00bb. Solo de corazones ingratos y de esp\u00edritus innobles es abandonar la patria en d\u00edas de luto y amargura. Al contrario, las almas bien nacidas deben medir el amor a los suyos por la grandeza de sus desgracias. Y la patria es tanto el terru\u00f1o como la historia, tanto los presentes como los venideros, lo mismo nuestras glorias que nuestros dolores. El buen patriota debe llenar su coraz\u00f3n con un sentimiento de sublime paternidad a todos sus conciudadanos, de una inmensa y efusiva caridad que alcance hasta los venideros.<\/p>\n<p>Nada de desalientos, nada de tomar en serio vaticinios nefastos. Mostremos a esas naciones que nos declaran muertos, sin duda porque esperan la hora del reparto de nuestros jirones, que no s\u00f3lo vivimos, sino que estamos resueltos a afirmar vigorosamente nuestro derecho a la vida. El dolor mismo da fe de existencia; que no est\u00e1 muerto quien se indigna, quien lamenta su desdicha, quien siente hervir en su coraz\u00f3n la sangre con tumultos de indignaci\u00f3n por lo pasado: los verdaderos muertos son los que callan, los que aceptan filos\u00f3ficamente sus desgracias, los que carecen ya hasta de fuerza para sentirlas. Estas almas caducas, a muchas de las cuales toca grave responsabilidad en nuestros desastres, son los verdaderos cad\u00e1veres que cada cual debe enterrar en su memoria y borrar de su coraz\u00f3n.<\/p>\n<p>Lo hemos dicho mil veces y hemos de repetirlo hasta la pesadez. El poder\u00edo pol\u00edtico de Espa\u00f1a ser\u00e1 el fruto de la riqueza y del aumento de su poblaci\u00f3n: resultados para los cuales no hay otro camino que crear, cueste lo que cueste, ciencia, industria y arte originales. Una vez creados, la corriente de exportaci\u00f3n se establecer\u00e1 r\u00e1pidamente y con ella vendr\u00e1 la abundancia, la consideraci\u00f3n, el respeto y hasta el cari\u00f1o del extranjero.<\/p>\n<p>\u00a1Que este objetivo sea ardientemente deseado y claramente sentido por nuestros pol\u00edticos, cient\u00edficos, agricultores, capitalistas, industriales, ingenieros, y hasta por los obreros m\u00e1s humildes, y nuestra redenci\u00f3n ser\u00e1 una realidad, y el sol de la gloria acariciar\u00e1 todav\u00eda nuestra mustia bandera, no tan escarnecida por los extra\u00f1os como por nosotros!<\/p>\n<p>\u00a1Oh, si yo pudiera transmitir a nuestros pol\u00edticos, a nuestros capitalistas, a nuestros sabios e ingenieros, a nuestros obreros y estudiantes una parte del entusiasmo que me anima! Si yo tuviera la seguridad de ser o\u00eddo, con qu\u00e9 gusto les dir\u00eda:<\/p>\n<p>Pol\u00edticos que nos hab\u00e9is tra\u00eddo a esta triste desventura, dad treguas, por Dios, ante las angustias de la patria, a vuestro ego\u00edsmo estrecho de partido o de pandilla; preocupaos seriamente de la pureza y de la moralidad en la administraci\u00f3n p\u00fablica, del culto al honor y al hero\u00edsmo en el ej\u00e9rcito, de la protecci\u00f3n seria y eficaz a la instrucci\u00f3n popular y universitaria, de mantener, en fin, en todos los organismos del Estado el sentimiento del deber y la m\u00e1s estrecha responsabilidad. Pensad que, seg\u00fan dijo Carlile, \u00abtodav\u00eda el valor es un valor\u00bb, que todav\u00eda el hero\u00edsmo es un gran negocio, que todav\u00eda la virtud y la disciplina constituyen la fuerza y el prestigio de los pueblos modestos. Renunciad a todo mesianismo rid\u00edculo, a toda loca ambici\u00f3n de conquista y proceded sin p\u00e9rdida de tiempo a la obra de nuestra redenci\u00f3n con toda la antigua energ\u00eda y terquedad de la raza, y en medio de ese recogimiento, de ese silencio solemne con que la naturaleza opera sus fecundas y grandiosas renovaciones.<\/p>\n<p>A los profesores de todas clases, f\u00edsicos, qu\u00edmicos, ingenieros, naturalistas, m\u00e9dicos, fil\u00f3sofos, soci\u00f3logos, etc., les dir\u00eda: trabajad hoy m\u00e1s que nunca por la creaci\u00f3n de ciencia original y castizamente espa\u00f1ola. No bastar\u00e1 para nivelarnos con los pa\u00edses cultos progresar seg\u00fan el ritmo perezoso de siempre; tan rezagados estamos que ser\u00e1 preciso concentrar en breves a\u00f1os la energ\u00eda productora de dos siglos. Si para la magna y redentora empresa os falta valor, rodeaos de est\u00edmulos poderosos, de esos excitantes morales que caldean el cerebro e hipertrofian el coraz\u00f3n: insultos que provoquen al trabajo iracundo, recuerdos que aviven continuamente el amor a la patria; o, en otros t\u00e9rminos, junto a la retorta, la balanza o el microscopio, poned la bandera nacional que os recuerde constantemente vuestra condici\u00f3n de guerreros (que funci\u00f3n de guerra, y hermos\u00edsima y patri\u00f3tica, es arrancar secretos a la naturaleza con la mira de defender y honrar a la patria), y tened a la vista, escritas en gruesos caracteres para que toda distracci\u00f3n sea imposible, esas amargas frases de desprecio, esas palabras de depresiva conmiseraci\u00f3n, y esas punzantes iron\u00edas con que escritores extranjeros nos han echado mil veces en cara nuestra falta de originalidad y nuestra pretendida incapacidad para la labor cient\u00edfica. Los que teng\u00e1is vocaci\u00f3n pedag\u00f3gica, preocupaos seriamente en transformar las cabezas de nuestros hijos, deformadas por la servidumbre mental de cuatro siglos, en cabezas modernas acomodadas a la realidad, en hombres que sepan mejor las cosas que los libros; antes dispuestos a la acci\u00f3n que a la palabra; capaces, en fin, de abordar briosamente la conquista de la naturaleza. Inculcadles, sobre todo, los m\u00e9todos de estudio, el arte de pensar por cuenta propia, las ideas pr\u00e1cticas, los principios fecundos y luminosos a cuya aplicaci\u00f3n se deben las invenciones industriales y descubrimientos cient\u00edficos. Cread, en fin, no eruditos y quietistas, <em>dilettandi<\/em> del saber, bien hallados con el mero conocimiento de la verdad, sino voluntades en\u00e9rgicas, esp\u00edritus reformadores susceptibles de llevar la idea a la realidad y de reaccionar vigorosamente contra todas las fatalidades y deficiencias del suelo, de la raza y de la organizaci\u00f3n social y pol\u00edtica.<\/p>\n<p>Y los que sint\u00e1is m\u00e1s altos anhelos, los que os hall\u00e9is suficientemente armados para concurrir y luchar en el campo internacional de la indagaci\u00f3n cient\u00edfica, literaria o art\u00edstica, redoblad vuestra actividad y vuestro celo. La patria pagar\u00e1 generosamente vuestros esfuerzos, porque Espa\u00f1a, que jam\u00e1s escatim\u00f3 d\u00e1divas y aplausos a sabios pretendidos y a inventores frustrados, s\u00f3lo por la intenci\u00f3n sana y patri\u00f3tica que demostraron, \u00a1qu\u00e9 no ser\u00eda capaz de hacer por los promotores de positivos progresos!<\/p>\n<p>Considerad que cada idea nueva, no contrapesada por otra nacida entre nosotros, es un eslab\u00f3n m\u00e1s de nuestra servidumbre mental, es una contribuci\u00f3n que debemos pagar en oro, y que ser\u00e1 cobrada perpetuamente en Berl\u00edn, Par\u00eds o Londres.<\/p>\n<p>Porque toda servidumbre intelectual tiene por salario el oro del rico o la fatiga del pobre, es decir, sangre y vida consumidas sin reparaci\u00f3n, y endeblez y degeneraci\u00f3n irremediables de la raza.<\/p>\n<p>Los que teng\u00e1is vocaci\u00f3n por la ingenier\u00eda y las ciencias f\u00edsicas, no olvid\u00e9is que cada m\u00e1quina que dej\u00e1is de inventar e importada de pa\u00edses extra\u00f1os, tiene un equivalente de pobreza que se difunde por toda la naci\u00f3n, cerrando el paso a la vida de espa\u00f1oles que no han nacido, pero que tampoco nacer\u00e1n; mientras que, al contrario, toda invenci\u00f3n fecunda nacida entre nosotros representa un fermento de vida espa\u00f1ola y un manantial de honra y de riqueza colectivas.<\/p>\n<p>Tambi\u00e9n vosotros, obreros y peque\u00f1os industriales, pod\u00e9is contribuir poderosamente a la magna empresa de nuestro engrandecimiento. Trabajad bien, pero instru\u00edos antes, para que vuestra obra alcance la mayor perfecci\u00f3n y originalidad posible. Si en vuestro pecho late un coraz\u00f3n patriota, \u00bfno os avergonz\u00e1is al o\u00edr c\u00f3mo los extranjeros os motejan de inh\u00e1biles, de toscos y aun de holgazanes; c\u00f3mo os suponen desprovistos de ingenio e inventiva; c\u00f3mo, en fin, recuerdan, para deprimiros, que hasta los m\u00e1s humildes instrumentos con que trabaj\u00e1is llevan el marchamo de Londres o de Par\u00eds? \u00bfSer\u00e9is acaso incapaces de sacudir vuestra pereza y vuestra rutina?<\/p>\n<p>\u00a1Oh, cu\u00e1nto ganar\u00eda la riqueza nacional si nuestros fabricantes, peque\u00f1os industriales y obreros, se persuadieran bien de que el beneficio positivo y duradero brota exclusivamente de la originalidad, de la perfecci\u00f3n o de la baratura extrema de la obra, y de que toda industria exclusivamente atenida al mercado interior, gracias a tarifas arancelarias extraordinariamente protectoras, sirve solamente a medias los intereses de la patria y corre continuamente el riesgo de arruinarse ante la primera innovaci\u00f3n surgida en el extranjero!<\/p>\n<p>Repitamos una vez m\u00e1s a nuestros fabricantes e industriales que no pierdan nunca de vista el ideal, que consiste en abandonar por depresiva toda tutor\u00eda, y en concurrir y vencer en el mercado internacional; y que los tejidos, m\u00e1quinas, drogas, objetos de arte, instrumentos de trabajo, frusler\u00edas de la moda, etc., importadas sin suficiente compensaci\u00f3n en la balanza de exportaciones, son oro que se nos quita, vida que se nos escapa, fuerza con que el extranjero forjar\u00e1 quiz\u00e1 las cadenas de la esclavitud del ma\u00f1ana.<\/p>\n<p>Todos deseamos gozar de las ventajas de la civilizaci\u00f3n, de la que se ha dicho con raz\u00f3n que hermosea y dilata la vida, suprime el tiempo y el espacio, y lleva hasta el hogar del pobre deleites y satisfacciones antes exclusivamente reservados al opulento. Pero desde el punto de vista nacional, la civilizaci\u00f3n puede ser una gran desgracia; motivo de poder y de engrandecimiento para los pueblos que colaboran en ella, resulta ruinosa, hasta la bancarrota, para las naciones atenidas a los prejuicios y rutinas del pasado, para aquellas de quienes ha podido decirse con gr\u00e1fica frase <em>que producen a la antigua y gastan a la moderna<\/em>.<\/p>\n<p>Tambi\u00e9n vosotros los arist\u00f3cratas opulentos, los capitalistas y propietarios, cuantos por uno u otro camino, l\u00edcito o il\u00edcito, hab\u00e9is logrado emanciparos de la honrosa servidumbre del trabajo ten\u00e9is una gran misi\u00f3n que cumplir. \u00a1Qu\u00e9 cosas m\u00e1s grandes podr\u00edais, sin grandes sacrificios, realizar si, abandonando un poco la codicia de goces materiales, la afici\u00f3n antipatri\u00f3tica la insana y pueril vanidad del palco, del caballo, de la apuesta, del torerismo, etc., pensarais algo en las desgracias de la patria y en sus tristes destinos! La riqueza es poder, es fuerza, pero no debe ser fuerza derrochada en el placer, energ\u00eda consumida en humo de vanidad. A mayor suma de influencia y de fortuna debe corresponder mayor responsabilidad y m\u00e1s activa colaboraci\u00f3n en la obra civilizadora de la patria. En lo antiguo la riqueza desempe\u00f1\u00f3 un honroso papel: armar soldados, levantar castillos y luchar briosamente en pro del rey y de la religi\u00f3n. Hoy, variadas las costumbres, sin infieles que combatir, sin intolerancias que mantener, el patriotismo de los poderosos tiene todav\u00eda un ancho campo en que ejercitarse: fomentar la industria nacional, mejorar la agricultura, crear institutos docentes, subvencionar investigaciones, proteger las ciencias y las artes, poner, en fin, ya que no la espada, el oro y la inteligencia al servicio de la cultura y bienestar de la naci\u00f3n. Solo as\u00ed alcanzar\u00e1n los ricos representaci\u00f3n simp\u00e1tica en el \u00e1nimo de una sociedad donde vientos de socialismo atizan constantemente el odio entre el capital y el trabajo; solo de este modo olvidaremos todos esta triste verdad: \u00abQue la riqueza representa el sobretrabajo del proletario y que el placer del capitalista es la transfiguraci\u00f3n del dolor y de las l\u00e1grimas del pobre\u00bb<\/p>\n<p>Y t\u00fa, clero ilustrado, que en m\u00e1s de una ocasi\u00f3n has dado pruebas de patriotismo, acu\u00e9rdate de la religi\u00f3n y del culto, pero no olvides al hombre y la naturaleza. Considera que en estos tiempos de la fr\u00eda raz\u00f3n del Estado nadie hace pol\u00edtica de sentimiento, y que en las contiendas internacionales no vence ya la fe sino la ciencia y la riqueza. Inter\u00e9sate, pues, por la prosperidad material de la patria, pues, en definitiva, de esta prosperidad depende que el catolicismo tenga en Espa\u00f1a, en vez de flaco y triste Quijote, molido a palos por los yang\u00fceses protestantes o librepensadores, un palad\u00edn esforzado y vigoroso, dispuesto a reverdecer los laureles de Lepanto y de Pav\u00eda.<\/p>\n<p>Abandona para siempre aquellas terribles intolerancias que hicieron el nombre de Espa\u00f1a odiosos en el mundo, y toma ejemplo y ense\u00f1anza de la infinita caridad de Dios, que favorece con sus dones a todos los trabajadores de la tierra, sin mirar si \u00e9stos le dirigen sus preces desde el templo protestante, desde la bas\u00edlica cat\u00f3lica o desde esa gran Iglesia de la naturaleza que tiene por b\u00f3veda el azul del cielo, por l\u00e1mpara el sol, la tierra por ara y el conocimiento y alabanza de la obra de Dios por ofrenda.<\/p>\n<p>\u00a1Ah, qu\u00e9 empresa m\u00e1s grande podr\u00edas llevar a cabo con el enorme ascendiente que posees sobre los poderosos de la tierra si, adem\u00e1s de preocuparte de la pureza de las costumbres y de la paz de las almas, te apasionaras algo de la ciencia y del bienestar material de los pueblos \u00a1 Cu\u00e1n grande, simp\u00e1tica y civilizadora ser\u00eda la misi\u00f3n de la Iglesia si los talentos selectos que vegetan en sus claustros, dando treguas al tenaz empe\u00f1o de convertir la ciencia en servidora de la religi\u00f3n o de demostrar la posible armon\u00eda de entrambas, se propusieran seriamente fabricar ciencia, filosof\u00eda y arte originales, rindiendo de esta suerte culto por igual a la palabra y a la obra de Dios!<\/p>\n<p>No intentes, por Dios, clero espa\u00f1ol, renovar guerras sangrientas y fratricidas, y considera que, aunque triunfases, aunque por un milagro de la Providencia no suscitaran tus victorias la intervenci\u00f3n extranjera, consumar\u00edan la ruina de la patria. Con el triunfo lograr\u00edas acaso poblar de espa\u00f1oles el cielo; pero de fijo, y con gran contentamiento de los herejes, quedar\u00edan muy pocos espa\u00f1oles en la tierra. No olvides, en fin, que los extranjeros, protestantes, librepensadores y aun cat\u00f3licos han dicho mil veces que tus intransigencias son la verdadera causa de nuestra pobreza, decadencia pol\u00edtica e incapacidad para la producci\u00f3n cient\u00edfica; que merced a la inquisici\u00f3n y al clericalismo, aquel sol que no se pon\u00eda nunca en nuestros dominios no fue jam\u00e1s el sol de la ciencia y de la verdad, sino la hoguera del fanatismo y de la intolerancia religiosa. Ante semejantes imputaciones solo hay una respuesta victoriosa: entrar sinceramente en la corriente de la moderna vida, y preparar el porvenir, alist\u00e1ndose resueltamente en la causa de la civilizaci\u00f3n, que, en definitiva, es tambi\u00e9n la causa de Dios y de la humanidad.<\/p>\n<p>Y t\u00fa, juventud estudiosa, esperanza de nuestra renovaci\u00f3n, que te consagras al trabajo en estos luctuosos d\u00edas de nuestra decadencia, no te desalientes. Contempla en nuestra ca\u00edda la obra de la ignorancia o de la media ciencia, el fruto de una educaci\u00f3n acad\u00e9mica y social funest\u00edsimas, que ha consistido siempre en volver la espalda a la realidad, sumergiendo el esp\u00edritu nacional, a la manera del morfin\u00f3mano, en un mundo imaginario lleno de fingidos deleites y de peligrosas ilusiones. So color de excitar la adhesi\u00f3n a la patria, o acaso por vanidad mal entendida, hemos ocultado siempre a la juventud, en el orden hist\u00f3rico, los defectos de nuestra raza y virtud y valor del extranjero; en el orden geogr\u00e1fico y f\u00edsico, la pobreza de nuestro suelo (inmensa meseta central est\u00e9ril, salpicada de algunos oasis y bordeada de una faja de tierra f\u00e9rtil) y la inclemencia de un cielo casi africano; en la esfera social y pol\u00edtica, la indisciplina, el particularismo y el atavismo del caudillaje, es decir, el culto fetichista al sable, que resurge de continuo como planta par\u00e1sita en el terreno, al parecer firme, de nuestro r\u00e9gimen constitucional y democr\u00e1tico; en lo cient\u00edfico, filos\u00f3fico, industrial, literario, nuestra falta de originalidad y nuestro vicio de la hip\u00e9rbole, que nos lleva a honrar como a genios a meros traductores o arregladores de ideas viejas o ex\u00f3ticas.<\/p>\n<p>El cuadro trazado es algo sombr\u00edo; pero no lo presento a tu examen por el mero capricho de entristecerte, sino porque juzgo que es deber inexcusable tuyo conocer toda la extensi\u00f3n y profundidad del mal, al objeto de procurar el remedio, proporcionando la cuant\u00eda del esfuerzo a la magnitud del obst\u00e1culo.<\/p>\n<p>Hay placeres materiales y deleites intelectuales: las naciones decadentes cultivan los primeros; los segundos han labrado la grandeza y gloria de las m\u00e1s adelantadas y fuertes. Busca, pues, t\u00fa, juventud estudiosa, el placer, no en los groseros deleites de la carne, sino en la soberana fruici\u00f3n del deber cumplido, en la sublime satisfacci\u00f3n de haber ensanchado el horizonte del saber, de haber honrado y enaltecido la raza y de haber mejorado en algo la existencia de tus compatriotas.<\/p>\n<p>\u00a1Que cada libro extranjero en que no veas citados nombres de espa\u00f1oles, sea un aguij\u00f3n que penetre en tu alma y excite tu ansia de saber y de originalidad!<\/p>\n<p>S\u00e9 como Tem\u00edstocles, a quien no dejaba dormir la gloria de Milciades. Considera todo descubrimiento importante tra\u00eddo de fuera como una recriminaci\u00f3n a tu negligencia y a tu poquedad de \u00e1nimo.<\/p>\n<p>Es preciso que adivines, a trav\u00e9s de la descripci\u00f3n del hecho nuevo, estas palabras molestas que te dirige su autor: \u00abYo he creado esto porque he sabido pensar y trabajar m\u00e1s y mejor que t\u00fa; en adelante tu oficio ser\u00e1 ensalzarme y envidiarme, porque con mi descubrimiento te he arrebatado para siempre una honra que anhelabas y he limitado el campo de tus posibles triunfos\u00bb.<\/p>\n<p>Lejos, empero, de conducirte al desaliento, estas consideraciones, deben aumentar tu ardor y tu ansia de combate. Todo descubrimiento es el germen de un \u00e1rbol cuyos frutos recolectan los \u00e9mulos del autor y la posteridad estudiosa. Procura, pues, aplicarte al conocimiento de la nueva conquista; no cejes hasta ampliarla y superarla. De este modo, cuando el \u00e9xito te sonr\u00eda, podr\u00e1s contestar al extranjero: \u00abT\u00fa has creado una verdad, pero yo he sabido hallar otras verdades que se ocultaron a tu penetraci\u00f3n; yo he logrado transformar el hecho nuevo y est\u00e9ril en hecho \u00fatil y fecundo\u00bb.<\/p>\n<p>Marcha, pues, sin detenerte a la conquista de la honra de la patria. Los hombres de hoy solo podemos mostrarte el camino. T\u00fa debes recoger el fruto de esta ense\u00f1anza y preparar una Espa\u00f1a del porvenir que nos vengue de la Espa\u00f1a del presente.<\/p>\n<p>La patria angustiada conf\u00eda en ti. \u00a1Qu\u00e9 ser\u00eda de ella si t\u00fa no respondieses a su tierna solicitud, si te mostrases indiferente a sus anhelos y esperanzas!<\/p>\n<p>Contestar\u00e1s acaso que tus hombros son demasiado d\u00e9biles para la inmensa pesadumbre de la carga, que la labor ser\u00e1 ruda, porfiada, febril. Tambi\u00e9n la tarea es ardua para el extranjero, y el extranjero la acomete con br\u00edo y triunfa y domina. T\u00fa no tendr\u00e1s menos ardimiento que \u00e9l. D\u00e9jame el consuelo de suponer- te capaz del honroso hero\u00edsmo del trabajo, de pensar que en espera del ma\u00f1ana reparador, t\u00fa sabr\u00e1s palidecer ante el libro, la retorta y el microscopio, que no dar\u00e1s paz a la mano ni tregua al pensamiento hasta que la ciencia se enriquezca con nuevas verdades, y la bandera patria se ilustre con nuevos blasones.<\/p>\n<p class=\"sgc-1\">Santiago Ram\u00f3n y Cajal<\/p>\n<p class=\"sgc-1\">Madrid, 20 de diciembre de 1899<\/p>\n","protected":false},"author":1,"menu_order":13,"template":"","meta":{"pb_show_title":"on","pb_short_title":"","pb_subtitle":"","pb_authors":[],"pb_section_license":""},"chapter-type":[],"contributor":[],"license":[],"class_list":["post-35","chapter","type-chapter","status-publish","hentry"],"part":22,"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.publiconsulting.com\/wordpress\/reglasyconsejos\/wp-json\/pressbooks\/v2\/chapters\/35","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.publiconsulting.com\/wordpress\/reglasyconsejos\/wp-json\/pressbooks\/v2\/chapters"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.publiconsulting.com\/wordpress\/reglasyconsejos\/wp-json\/wp\/v2\/types\/chapter"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.publiconsulting.com\/wordpress\/reglasyconsejos\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.publiconsulting.com\/wordpress\/reglasyconsejos\/wp-json\/pressbooks\/v2\/chapters\/35\/revisions"}],"part":[{"href":"https:\/\/www.publiconsulting.com\/wordpress\/reglasyconsejos\/wp-json\/pressbooks\/v2\/parts\/22"}],"metadata":[{"href":"https:\/\/www.publiconsulting.com\/wordpress\/reglasyconsejos\/wp-json\/pressbooks\/v2\/chapters\/35\/metadata\/"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.publiconsulting.com\/wordpress\/reglasyconsejos\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=35"}],"wp:term":[{"taxonomy":"chapter-type","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.publiconsulting.com\/wordpress\/reglasyconsejos\/wp-json\/pressbooks\/v2\/chapter-type?post=35"},{"taxonomy":"contributor","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.publiconsulting.com\/wordpress\/reglasyconsejos\/wp-json\/wp\/v2\/contributor?post=35"},{"taxonomy":"license","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.publiconsulting.com\/wordpress\/reglasyconsejos\/wp-json\/wp\/v2\/license?post=35"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}