{"id":38,"date":"2019-12-09T15:25:41","date_gmt":"2019-12-09T15:25:41","guid":{"rendered":"https:\/\/www.publiconsulting.com\/wordpress\/reglasyconsejos\/chapter\/discurso-del-sr-d-santiago-ramon-y-cajal\/"},"modified":"2019-12-09T15:25:41","modified_gmt":"2019-12-09T15:25:41","slug":"discurso-del-sr-d-santiago-ramon-y-cajal","status":"publish","type":"chapter","link":"https:\/\/www.publiconsulting.com\/wordpress\/reglasyconsejos\/chapter\/discurso-del-sr-d-santiago-ramon-y-cajal\/","title":{"rendered":"DISCURSO DEL SR. D. SANTIAGO RAM\u00d3N Y CAJAL"},"content":{"raw":"\n<h2 id=\"heading_id_6\">TEMA: FUNDAMENTOS RACIONALES Y CONDICIONES T\u00c9CNICAS DE LA INVESTIGACI\u00d3N BIOL\u00d3GICA<\/h2>\n<p class=\"sgc-1\">Madrid, 5 de diciembre de 1897<\/p>\nSe\u00f1ores Acad\u00e9micos:\n\nLa costumbre establece que, en los primeros p\u00e1rrafos del discurso acad\u00e9mico, consagrado a sancionar la recepci\u00f3n del candidato, \u00e9ste atribuya su elecci\u00f3n, no a los dictados de la fr\u00eda raz\u00f3n, sino a los generosos impulsos de la benevolencia. Yo acepto gustoso esta f\u00f3rmula, entre otras razones, porque no me parece bien reformar las sabias y prudentes reglas prescritas por la cortes\u00eda y la buena crianza. Y adem\u00e1s porque pienso que todo lo que mucho dura se mantiene por alguna buena raz\u00f3n, siendo \u00e9sta, en mi sentir, que el catec\u00fameno necesita mostrar cu\u00e1n poco le ensoberbece la honra recibida, y convencer tambi\u00e9n a sus ilustrados consocios, no de lo m\u00e9ritos cient\u00edficos que le adornan, y de los cuales ya se le supone revestido, sino de sus m\u00e9ritos morales, humildad, modestia y gratitud, harto m\u00e1s estimables y precisos que aqu\u00e9llos para el trato social, y los m\u00e1s a prop\u00f3sito para conciliarle, de suave y eficaz manera, la buena voluntad y ambicionado aprecio de sus compa\u00f1eros.\n\nHago, pues, en este instante m\u00edas cuantas frases de agradecimiento ha imaginado, para estos solemnes trances, el m\u00e9rito modesto al verse encumbrado a honores a que jam\u00e1s aspir\u00f3. Cuanto m\u00e1s que en la ocasi\u00f3n presente existen, aparte los motivos generales de gratitud, otros dos que particularmente me obligan: es el primero, haber sido preferido, sin notoria causa, a otros doct\u00edsimos varones, honra de la C\u00e1tedra y de la Ciencia, y singularmente a un insigne ingeniero y naturalista, cuyos superiores m\u00e9ritos me complazco en reconocer, y a quien espero ver bien pronto entre nosotros; y el segundo haberme ahorrado, con la espontaneidad de vuestra elecci\u00f3n, todas las peque\u00f1as maniobras electorales, que, no por admisibles y leg\u00edtimas, son menos molestas para ciertos temperamentos harto quisquillosos. Contra vuestra resuelta benevolencia no me han valido, ni mi obscuridad, ni mi total ausencia de ambici\u00f3n, ni siquiera cierto sistem\u00e1tico arrinconamiento, motivado, no, ciertamente, por car\u00e1cter antisocial, sino por la inexcusable obligaci\u00f3n de consagrar mucho tiempo y atenci\u00f3n a mis trabajos de laboratorio: circunstancias todas que hubieran quiz\u00e1s imposibilitado mi elecci\u00f3n en aquellas otras Corporaciones sobre cuyas decisiones pesa demasiado la atm\u00f3sfera de los personalismos.\n\nInspirados, sin duda, en un criterio amplio y generoso, hab\u00e9is estimado que vuestra Academia, donde figuran grandes y peregrinos ingenios, f\u00edsicos, qu\u00edmicos y matem\u00e1ticos insignes, ge\u00f3logos, naturalistas y anat\u00f3micos de gran m\u00e9rito, y bien cimentadas ilustraciones del Profesorado y de la Tribuna, pod\u00eda obtener alg\u00fan peque\u00f1o provecho de la colaboraci\u00f3n de un modest\u00edsimo investigador de la Naturaleza viva, de un minucioso y cachazudo detallista de la Organizaci\u00f3n; y, sin vacilar, me hab\u00e9is llamado a vuestro seno. Prom\u00e9toos, en pago, corresponder a la honra que me hab\u00e9is dispensado, poniendo resueltamente a vuestro servicio lo \u00fanico bueno que poseo (y de lo que juzgo l\u00edcito que un hombre se envanezca), a saber: un deseo vehemente de impulsar los estudios microgr\u00e1ficos, tan importantes en las ciencias biol\u00f3gicas; y un prop\u00f3sito firme, que todo buen espa\u00f1ol debe acariciar, de crear en el extranjero, donde tanto se nos desconoce, corrientes de respeto y simpat\u00eda para la renaciente ciencia espa\u00f1ola.\n\nSucedo en el sill\u00f3n acad\u00e9mico a dos sabios ilustres, el \u00faltimo de los cuales, si fue designado por vuestros votos, no lleg\u00f3 a tomar asiento entre vosotros: al Excmo. Se\u00f1or D. Francisco Lux\u00e1n, bizarro general de Artiller\u00eda, ge\u00f3logo insigne, y autor de numerosos y excelentes trabajos geol\u00f3gicos y geod\u00e9sicos; y al Excmo. Sr. D. Manuel Mar\u00eda Jos\u00e9 de Galdo, uno de los caracteres m\u00e1s elevados y una de las ilustraciones m\u00e1s simp\u00e1ticas del Profesorado espa\u00f1ol. Por haber podido mi diligencia recolectar, sobre el \u00faltimo, algunos datos, voy a trazar, a grandes rasgos, el perfil de este preclaro hijo de Madrid.\n\nD. M. M. Jos\u00e9 de Galdo naci\u00f3, como muchos hombres llamados a brillar en los altos puestos de la sociedad, de padres tan humildes que, si lograron educarle en los m\u00e1s puros preceptos de la moral cristiana, no tuvieron los recursos necesarios para costear sus estudios. Afortunadamente, nuestro biografiado hall\u00f3 en su camino dos seres bienhechores que supieron compensar gallardamente las deficiencias de la pobreza paterna: una humild\u00edsima parienta, la cual, encari\u00f1ada de los buenos sentimientos del sobrino, y cercenando lo m\u00e1s necesario de sus atenciones, se impuso el sacrificio de sufragar sus estudios en la Universidad; y un sabio ilustre, el Nestor del Profesorado espa\u00f1ol y dign\u00edsimo Presidente de la Secci\u00f3n de Ciencias Naturales de esta docta Academia, el Excmo. Sr. La Paz Graells, quien, adivinando los raros talentos del estudiante, resolvi\u00f3 ampararlo en su carrera y despertar en su alma la vocaci\u00f3n del estudio y el entusiasmo por la Ciencia.\n\nMatriculado nuestro estudiante en la Facultad de Ciencias de Madrid, dio pronto se\u00f1ales de raro entendimiento y de notable aplicaci\u00f3n, hasta el punto de que, aprobadas las primeras asignaturas, su Profesor, el Sr. La Paz Graells, tuvo la satisfacci\u00f3n de proponerlo, en 1843, para regentar una plaza de Auxiliar del Museo de Historia Natural, cargo que desempe\u00f1\u00f3 con ardiente celo, y en el cual hall\u00f3 nuevo p\u00e1bulo al ansia de saber, que fue siempre la m\u00e1s saliente de sus cualidades. En 1847, y despu\u00e9s de brillantes ejercicios de oposici\u00f3n, obtuvo la C\u00e1tedra de Historia Natural de la Universidad de Barcelona, que permut\u00f3 a seguida con la de igual nombre del Instituto de San Isidro de Madrid, a fin de poder vivir, como \u00e9l dec\u00eda, junto a sus queridos padres, a los cuales sac\u00f3 de la pobreza, prodig\u00e1ndoles aquellos exquisitos cuidados que ellos no hab\u00edan podido dispensar a su hijo.\n\nInstalado en Madrid, su prodigiosa actividad por un lado, y sus talentos positivos de escritor, de orador y de pol\u00edtico por otro, llev\u00e1ronle bien pronto a la diputaci\u00f3n a Cortes, y m\u00e1s tarde, ya en el apogeo de su prestigio pol\u00edtico, a la Alcald\u00eda de Madrid. Presentes est\u00e1n en la memoria de cuantos alcanzaron aquellos tiempos sus entusiasmos y trabajos en pro de la ense\u00f1anza primaria; sus inolvidables obras de filantrop\u00eda; sus loables esfuerzos para proteger la ni\u00f1ez desvalida, como lo acredita la Instituci\u00f3n Aguirre, de la que fue el coraz\u00f3n y la inteligencia; las mejoras de toda clase, ora de ornato, ora de ensanche, ya de salubridad, que promovi\u00f3 en la Villa y Corte, y por cuya virtud transform\u00f3 su ciudad natal en una urbe moderna, sin tocar, empero, en lo m\u00e1s m\u00ednimo aquellos monumentos que imprimen car\u00e1cter a una ciudad y son los timbres de su historia; y finalmente, su labor fecunda y nunca interrumpida de Profesor de Historia Natural, en la cual no se sab\u00eda qu\u00e9 admirar m\u00e1s, si su extraordinaria memoria (tanto, que se cuenta de \u00e9l que, a los tres d\u00edas de iniciar un curso, sab\u00eda ya los nombres de sus 500 o 600 disc\u00edpulos), el m\u00e9todo y claridad con que expon\u00eda las m\u00e1s abstrusas materias, o el arte supremo con que lograba (sin descender jam\u00e1s a bajas complacencias) captarse, desde el primer momento, el cari\u00f1o y la admiraci\u00f3n respetuosa de sus disc\u00edpulos.\n\nFue, pues, nuestro biografiado un hombre completo, en el cual, por rara ponderaci\u00f3n y harmon\u00eda, se juntaban lo penetrante del entendimiento, lo firme de la voluntad, la grandeza del coraz\u00f3n, y la religi\u00f3n del trabajo. Manej\u00f3 millones en sus \u00e9pocas de actividad pol\u00edtica, y muri\u00f3 pobre, porque jam\u00e1s aspir\u00f3 a gozar, ni atesorar, sino a vivir y ser \u00fatil a los dem\u00e1s. Tan altas cualidades explican las generales simpat\u00edas que inspir\u00f3 durante su vida, as\u00ed como el profundo pesar con que fue recibida la noticia de su muerte por todas las clases sociales, por las Academias cient\u00edficas, y, sobre todo, por los millares de disc\u00edpulos que miraban a su profesor como a un padre cari\u00f1oso.\n\nHombre de acci\u00f3n, y docente incomparable ante todo, escribi\u00f3 poco y ense\u00f1\u00f3 mucho. Deja, no obstante, varios folletos de positivo m\u00e9rito, y particularmente un libro de Historia Natural, admirablemente adaptado a la ense\u00f1anza, y cuyo mayor elogio est\u00e1 en haber hecho a nuestra juventud simp\u00e1tico el estudio de la Naturaleza, y en haber servido de texto, durante m\u00e1s de treinta a\u00f1os, en nuestros Institutos de Segunda Ense\u00f1anza.\n\nRendido a mi malogrado antecesor, aunque no como \u00e9l se merec\u00eda, este tributo de justicia, hora es ya de exponer el objeto del presente discurso. A\u00f1os h\u00e1 ya que tuvimos la idea de redactar un op\u00fasculo en donde se expusieran algunas de las reglas que, en nuestro sentir, gu\u00edan a los bi\u00f3logos en sus trabajos de observaci\u00f3n y experimentaci\u00f3n; mas las imperativas exigencias de nuestro cargo nos hicieron aplazar la redacci\u00f3n para cuando el reposo impuesto por una enfermedad, o el mismo peso de los a\u00f1os, pusieran un t\u00e9rmino forzoso a nuestras tareas de micr\u00f3grafo. Vuestra decisi\u00f3n me ha obligado a precipitar la ordenaci\u00f3n y publicaci\u00f3n de mis apuntes. Como fruto en agraz, por prematuro y mal cultivado, temo mucho que no sea digno de vuestra atenci\u00f3n el resultado de mis atropellados afanes, ni responda al prop\u00f3sito que nos movi\u00f3 a tomar la pluma. Pero, deficiente y todo, acaso pueda prestar alg\u00fan servicio a cuantos intentan ensayar sus fuerzas en las investigaciones biol\u00f3gicas; pues con frecuencia hemos visto estudiantes, ganosos de distinguirse y de hacer algo en el terreno experimental, abandonar el laboratorio, desalentados por la falta de un gu\u00eda que les se\u00f1alara los errores y obst\u00e1culos que deben evitar, la educaci\u00f3n t\u00e9cnica que necesitan recibir, y hasta la disciplina moral indispensable para poder abordar, con alguna esperanza de buen \u00e9xito, la exploraci\u00f3n de la Naturaleza viva.\n","rendered":"<h2 id=\"heading_id_6\">TEMA: FUNDAMENTOS RACIONALES Y CONDICIONES T\u00c9CNICAS DE LA INVESTIGACI\u00d3N BIOL\u00d3GICA<\/h2>\n<p class=\"sgc-1\">Madrid, 5 de diciembre de 1897<\/p>\n<p>Se\u00f1ores Acad\u00e9micos:<\/p>\n<p>La costumbre establece que, en los primeros p\u00e1rrafos del discurso acad\u00e9mico, consagrado a sancionar la recepci\u00f3n del candidato, \u00e9ste atribuya su elecci\u00f3n, no a los dictados de la fr\u00eda raz\u00f3n, sino a los generosos impulsos de la benevolencia. Yo acepto gustoso esta f\u00f3rmula, entre otras razones, porque no me parece bien reformar las sabias y prudentes reglas prescritas por la cortes\u00eda y la buena crianza. Y adem\u00e1s porque pienso que todo lo que mucho dura se mantiene por alguna buena raz\u00f3n, siendo \u00e9sta, en mi sentir, que el catec\u00fameno necesita mostrar cu\u00e1n poco le ensoberbece la honra recibida, y convencer tambi\u00e9n a sus ilustrados consocios, no de lo m\u00e9ritos cient\u00edficos que le adornan, y de los cuales ya se le supone revestido, sino de sus m\u00e9ritos morales, humildad, modestia y gratitud, harto m\u00e1s estimables y precisos que aqu\u00e9llos para el trato social, y los m\u00e1s a prop\u00f3sito para conciliarle, de suave y eficaz manera, la buena voluntad y ambicionado aprecio de sus compa\u00f1eros.<\/p>\n<p>Hago, pues, en este instante m\u00edas cuantas frases de agradecimiento ha imaginado, para estos solemnes trances, el m\u00e9rito modesto al verse encumbrado a honores a que jam\u00e1s aspir\u00f3. Cuanto m\u00e1s que en la ocasi\u00f3n presente existen, aparte los motivos generales de gratitud, otros dos que particularmente me obligan: es el primero, haber sido preferido, sin notoria causa, a otros doct\u00edsimos varones, honra de la C\u00e1tedra y de la Ciencia, y singularmente a un insigne ingeniero y naturalista, cuyos superiores m\u00e9ritos me complazco en reconocer, y a quien espero ver bien pronto entre nosotros; y el segundo haberme ahorrado, con la espontaneidad de vuestra elecci\u00f3n, todas las peque\u00f1as maniobras electorales, que, no por admisibles y leg\u00edtimas, son menos molestas para ciertos temperamentos harto quisquillosos. Contra vuestra resuelta benevolencia no me han valido, ni mi obscuridad, ni mi total ausencia de ambici\u00f3n, ni siquiera cierto sistem\u00e1tico arrinconamiento, motivado, no, ciertamente, por car\u00e1cter antisocial, sino por la inexcusable obligaci\u00f3n de consagrar mucho tiempo y atenci\u00f3n a mis trabajos de laboratorio: circunstancias todas que hubieran quiz\u00e1s imposibilitado mi elecci\u00f3n en aquellas otras Corporaciones sobre cuyas decisiones pesa demasiado la atm\u00f3sfera de los personalismos.<\/p>\n<p>Inspirados, sin duda, en un criterio amplio y generoso, hab\u00e9is estimado que vuestra Academia, donde figuran grandes y peregrinos ingenios, f\u00edsicos, qu\u00edmicos y matem\u00e1ticos insignes, ge\u00f3logos, naturalistas y anat\u00f3micos de gran m\u00e9rito, y bien cimentadas ilustraciones del Profesorado y de la Tribuna, pod\u00eda obtener alg\u00fan peque\u00f1o provecho de la colaboraci\u00f3n de un modest\u00edsimo investigador de la Naturaleza viva, de un minucioso y cachazudo detallista de la Organizaci\u00f3n; y, sin vacilar, me hab\u00e9is llamado a vuestro seno. Prom\u00e9toos, en pago, corresponder a la honra que me hab\u00e9is dispensado, poniendo resueltamente a vuestro servicio lo \u00fanico bueno que poseo (y de lo que juzgo l\u00edcito que un hombre se envanezca), a saber: un deseo vehemente de impulsar los estudios microgr\u00e1ficos, tan importantes en las ciencias biol\u00f3gicas; y un prop\u00f3sito firme, que todo buen espa\u00f1ol debe acariciar, de crear en el extranjero, donde tanto se nos desconoce, corrientes de respeto y simpat\u00eda para la renaciente ciencia espa\u00f1ola.<\/p>\n<p>Sucedo en el sill\u00f3n acad\u00e9mico a dos sabios ilustres, el \u00faltimo de los cuales, si fue designado por vuestros votos, no lleg\u00f3 a tomar asiento entre vosotros: al Excmo. Se\u00f1or D. Francisco Lux\u00e1n, bizarro general de Artiller\u00eda, ge\u00f3logo insigne, y autor de numerosos y excelentes trabajos geol\u00f3gicos y geod\u00e9sicos; y al Excmo. Sr. D. Manuel Mar\u00eda Jos\u00e9 de Galdo, uno de los caracteres m\u00e1s elevados y una de las ilustraciones m\u00e1s simp\u00e1ticas del Profesorado espa\u00f1ol. Por haber podido mi diligencia recolectar, sobre el \u00faltimo, algunos datos, voy a trazar, a grandes rasgos, el perfil de este preclaro hijo de Madrid.<\/p>\n<p>D. M. M. Jos\u00e9 de Galdo naci\u00f3, como muchos hombres llamados a brillar en los altos puestos de la sociedad, de padres tan humildes que, si lograron educarle en los m\u00e1s puros preceptos de la moral cristiana, no tuvieron los recursos necesarios para costear sus estudios. Afortunadamente, nuestro biografiado hall\u00f3 en su camino dos seres bienhechores que supieron compensar gallardamente las deficiencias de la pobreza paterna: una humild\u00edsima parienta, la cual, encari\u00f1ada de los buenos sentimientos del sobrino, y cercenando lo m\u00e1s necesario de sus atenciones, se impuso el sacrificio de sufragar sus estudios en la Universidad; y un sabio ilustre, el Nestor del Profesorado espa\u00f1ol y dign\u00edsimo Presidente de la Secci\u00f3n de Ciencias Naturales de esta docta Academia, el Excmo. Sr. La Paz Graells, quien, adivinando los raros talentos del estudiante, resolvi\u00f3 ampararlo en su carrera y despertar en su alma la vocaci\u00f3n del estudio y el entusiasmo por la Ciencia.<\/p>\n<p>Matriculado nuestro estudiante en la Facultad de Ciencias de Madrid, dio pronto se\u00f1ales de raro entendimiento y de notable aplicaci\u00f3n, hasta el punto de que, aprobadas las primeras asignaturas, su Profesor, el Sr. La Paz Graells, tuvo la satisfacci\u00f3n de proponerlo, en 1843, para regentar una plaza de Auxiliar del Museo de Historia Natural, cargo que desempe\u00f1\u00f3 con ardiente celo, y en el cual hall\u00f3 nuevo p\u00e1bulo al ansia de saber, que fue siempre la m\u00e1s saliente de sus cualidades. En 1847, y despu\u00e9s de brillantes ejercicios de oposici\u00f3n, obtuvo la C\u00e1tedra de Historia Natural de la Universidad de Barcelona, que permut\u00f3 a seguida con la de igual nombre del Instituto de San Isidro de Madrid, a fin de poder vivir, como \u00e9l dec\u00eda, junto a sus queridos padres, a los cuales sac\u00f3 de la pobreza, prodig\u00e1ndoles aquellos exquisitos cuidados que ellos no hab\u00edan podido dispensar a su hijo.<\/p>\n<p>Instalado en Madrid, su prodigiosa actividad por un lado, y sus talentos positivos de escritor, de orador y de pol\u00edtico por otro, llev\u00e1ronle bien pronto a la diputaci\u00f3n a Cortes, y m\u00e1s tarde, ya en el apogeo de su prestigio pol\u00edtico, a la Alcald\u00eda de Madrid. Presentes est\u00e1n en la memoria de cuantos alcanzaron aquellos tiempos sus entusiasmos y trabajos en pro de la ense\u00f1anza primaria; sus inolvidables obras de filantrop\u00eda; sus loables esfuerzos para proteger la ni\u00f1ez desvalida, como lo acredita la Instituci\u00f3n Aguirre, de la que fue el coraz\u00f3n y la inteligencia; las mejoras de toda clase, ora de ornato, ora de ensanche, ya de salubridad, que promovi\u00f3 en la Villa y Corte, y por cuya virtud transform\u00f3 su ciudad natal en una urbe moderna, sin tocar, empero, en lo m\u00e1s m\u00ednimo aquellos monumentos que imprimen car\u00e1cter a una ciudad y son los timbres de su historia; y finalmente, su labor fecunda y nunca interrumpida de Profesor de Historia Natural, en la cual no se sab\u00eda qu\u00e9 admirar m\u00e1s, si su extraordinaria memoria (tanto, que se cuenta de \u00e9l que, a los tres d\u00edas de iniciar un curso, sab\u00eda ya los nombres de sus 500 o 600 disc\u00edpulos), el m\u00e9todo y claridad con que expon\u00eda las m\u00e1s abstrusas materias, o el arte supremo con que lograba (sin descender jam\u00e1s a bajas complacencias) captarse, desde el primer momento, el cari\u00f1o y la admiraci\u00f3n respetuosa de sus disc\u00edpulos.<\/p>\n<p>Fue, pues, nuestro biografiado un hombre completo, en el cual, por rara ponderaci\u00f3n y harmon\u00eda, se juntaban lo penetrante del entendimiento, lo firme de la voluntad, la grandeza del coraz\u00f3n, y la religi\u00f3n del trabajo. Manej\u00f3 millones en sus \u00e9pocas de actividad pol\u00edtica, y muri\u00f3 pobre, porque jam\u00e1s aspir\u00f3 a gozar, ni atesorar, sino a vivir y ser \u00fatil a los dem\u00e1s. Tan altas cualidades explican las generales simpat\u00edas que inspir\u00f3 durante su vida, as\u00ed como el profundo pesar con que fue recibida la noticia de su muerte por todas las clases sociales, por las Academias cient\u00edficas, y, sobre todo, por los millares de disc\u00edpulos que miraban a su profesor como a un padre cari\u00f1oso.<\/p>\n<p>Hombre de acci\u00f3n, y docente incomparable ante todo, escribi\u00f3 poco y ense\u00f1\u00f3 mucho. Deja, no obstante, varios folletos de positivo m\u00e9rito, y particularmente un libro de Historia Natural, admirablemente adaptado a la ense\u00f1anza, y cuyo mayor elogio est\u00e1 en haber hecho a nuestra juventud simp\u00e1tico el estudio de la Naturaleza, y en haber servido de texto, durante m\u00e1s de treinta a\u00f1os, en nuestros Institutos de Segunda Ense\u00f1anza.<\/p>\n<p>Rendido a mi malogrado antecesor, aunque no como \u00e9l se merec\u00eda, este tributo de justicia, hora es ya de exponer el objeto del presente discurso. A\u00f1os h\u00e1 ya que tuvimos la idea de redactar un op\u00fasculo en donde se expusieran algunas de las reglas que, en nuestro sentir, gu\u00edan a los bi\u00f3logos en sus trabajos de observaci\u00f3n y experimentaci\u00f3n; mas las imperativas exigencias de nuestro cargo nos hicieron aplazar la redacci\u00f3n para cuando el reposo impuesto por una enfermedad, o el mismo peso de los a\u00f1os, pusieran un t\u00e9rmino forzoso a nuestras tareas de micr\u00f3grafo. Vuestra decisi\u00f3n me ha obligado a precipitar la ordenaci\u00f3n y publicaci\u00f3n de mis apuntes. Como fruto en agraz, por prematuro y mal cultivado, temo mucho que no sea digno de vuestra atenci\u00f3n el resultado de mis atropellados afanes, ni responda al prop\u00f3sito que nos movi\u00f3 a tomar la pluma. Pero, deficiente y todo, acaso pueda prestar alg\u00fan servicio a cuantos intentan ensayar sus fuerzas en las investigaciones biol\u00f3gicas; pues con frecuencia hemos visto estudiantes, ganosos de distinguirse y de hacer algo en el terreno experimental, abandonar el laboratorio, desalentados por la falta de un gu\u00eda que les se\u00f1alara los errores y obst\u00e1culos que deben evitar, la educaci\u00f3n t\u00e9cnica que necesitan recibir, y hasta la disciplina moral indispensable para poder abordar, con alguna esperanza de buen \u00e9xito, la exploraci\u00f3n de la Naturaleza viva.<\/p>\n","protected":false},"author":1,"menu_order":1,"template":"","meta":{"pb_show_title":"on","pb_short_title":"","pb_subtitle":"","pb_authors":[],"pb_section_license":""},"chapter-type":[],"contributor":[],"license":[],"class_list":["post-38","chapter","type-chapter","status-publish","hentry"],"part":37,"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.publiconsulting.com\/wordpress\/reglasyconsejos\/wp-json\/pressbooks\/v2\/chapters\/38","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.publiconsulting.com\/wordpress\/reglasyconsejos\/wp-json\/pressbooks\/v2\/chapters"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.publiconsulting.com\/wordpress\/reglasyconsejos\/wp-json\/wp\/v2\/types\/chapter"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.publiconsulting.com\/wordpress\/reglasyconsejos\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.publiconsulting.com\/wordpress\/reglasyconsejos\/wp-json\/pressbooks\/v2\/chapters\/38\/revisions"}],"part":[{"href":"https:\/\/www.publiconsulting.com\/wordpress\/reglasyconsejos\/wp-json\/pressbooks\/v2\/parts\/37"}],"metadata":[{"href":"https:\/\/www.publiconsulting.com\/wordpress\/reglasyconsejos\/wp-json\/pressbooks\/v2\/chapters\/38\/metadata\/"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.publiconsulting.com\/wordpress\/reglasyconsejos\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=38"}],"wp:term":[{"taxonomy":"chapter-type","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.publiconsulting.com\/wordpress\/reglasyconsejos\/wp-json\/pressbooks\/v2\/chapter-type?post=38"},{"taxonomy":"contributor","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.publiconsulting.com\/wordpress\/reglasyconsejos\/wp-json\/wp\/v2\/contributor?post=38"},{"taxonomy":"license","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.publiconsulting.com\/wordpress\/reglasyconsejos\/wp-json\/wp\/v2\/license?post=38"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}