{"id":42,"date":"2019-12-09T15:25:41","date_gmt":"2019-12-09T15:25:41","guid":{"rendered":"https:\/\/www.publiconsulting.com\/wordpress\/reglasyconsejos\/chapter\/iv-lo-que-debe-saber-el-aficionado-a-la-investigacion-biologica\/"},"modified":"2019-12-09T15:25:41","modified_gmt":"2019-12-09T15:25:41","slug":"iv-lo-que-debe-saber-el-aficionado-a-la-investigacion-biologica","status":"publish","type":"chapter","link":"https:\/\/www.publiconsulting.com\/wordpress\/reglasyconsejos\/chapter\/iv-lo-que-debe-saber-el-aficionado-a-la-investigacion-biologica\/","title":{"rendered":"IV \u2013 LO QUE DEBE SABER EL AFICIONADO A LA INVESTIGACI\u00d3N BIOL\u00d3GICA"},"content":{"raw":"\n<strong>a. <span class=\"c1\">Instrucci\u00f3n general.<\/span><\/strong>\n\nOcioso ser\u00eda insistir en la necesidad que tiene nuestro aficionado de conocer a fondo la ciencia objeto de sus futuras exploraciones, no s\u00f3lo por las descripciones de libros y monograf\u00edas, sino por el estudio de la misma Naturaleza. Pero no es menos preciso saber, al menos de modo general, todas aquellas ramas&nbsp;cient\u00edficas que directa o indirectamente se enlazan con la preferida, y en las cuales se hallan, ora los principios directores, ora los medios de acci\u00f3n. Por ejemplo: el bi\u00f3logo no se limitar\u00e1 a conocer la Anatom\u00eda y Fisiolog\u00eda, sino que abarcar\u00e1 tambi\u00e9n lo fundamental de la Psicolog\u00eda, la F\u00edsica y la Qu\u00edmica. La raz\u00f3n de esto es obvia: casi siempre el descubrimiento de un hecho, o la significaci\u00f3n de un fen\u00f3meno biol\u00f3gico, viene a representar meras consecuencias de la aplicaci\u00f3n de principios pertenecientes a la F\u00edsica o la Qu\u00edmica. Descubrir, como ha dicho Laplace, es aproximar dos ideas que se hallaban separadas; y nosotros a\u00f1adir\u00edamos que las m\u00e1s de las veces esta aproximaci\u00f3n fecunda tiene lugar entre un hecho perteneciente a una ciencia compleja (Biolog\u00eda, Sociolog\u00eda, etc.) y una verdad derivada de una ciencia simple. En otros t\u00e9rminos: las ciencias generales o abstractas, seg\u00fan las clasificaciones de Compte y de Bain, explican, a menudo, los fen\u00f3menos de las ciencias complicadas y concretas; por donde se cae en la cuenta de que una seriaci\u00f3n jer\u00e1rquica bien entendida de los conocimientos humanos representa un verdadero \u00e1rbol geneal\u00f3gico. La L\u00f3gica y las Matem\u00e1ticas asisten y cuasi generan a la F\u00edsica y la Qu\u00edmica, y \u00e9stas, a su vez, explican, y en parte producen, la Biolog\u00eda y sus diferentes ramificaciones.\n\nPor lo que hace a la Anatom\u00eda microsc\u00f3pica de los animales y plantas, la mayor\u00eda de los hechos que forman la materia de esta Ciencia son resultado de conflictos entre las propiedades qu\u00edmicas de ciertos reactivos y un detalle estructural de un tejido vivo. En bacteriolog\u00eda, en neurolog\u00eda, etc., casi todo cuanto sabemos lo debemos a la feliz aplicaci\u00f3n de materias colorantes elaboradas por la Qu\u00edmica moderna.\n\nEsta misteriosa solidaridad de las ciencias ha sido sentida por muchos, y singularmente por Letamendi, quien, al hablar de las especialidades cient\u00edficas, las define: \u00abla aplicaci\u00f3n de toda Ciencia a una rama particular de saber\u00bb.\n\nPara un entendimiento superior que conociera todas las relaciones misteriosas que engranan los fen\u00f3menos del Universo, en vez de ciencias, contemplar\u00eda <span class=\"c1\">una sola Ciencia<\/span>. Ante un ser semejante, las fronteras que parecen separar nuestros conocimientos, el andamiaje formal de nuestras clasificaciones, el desmenuzamiento anal\u00edtico de las cosas imprescindibles a nuestro entendimiento, que s\u00f3lo puede considerar la realidad sucesivamente y como por facetas, desaparecer\u00edan como por encanto, y la Ciencia total se presentar\u00eda a sus ojos como gigantesco \u00e1rbol, cuyas ramas estuvieran representadas por las ciencias particulares, y el tronco por el principio o principios sobre que se fundan. El especialista trabaja como una larva, asentado sobre una hoja y forj\u00e1ndose la ilusi\u00f3n de que su peque\u00f1o mundo se mece aislado en el espacio; pero el cient\u00edfico general, tomando un punto de vista m\u00e1s cercano al tronco, entrev\u00e9 el tallo com\u00fan a muchas ramas. S\u00f3lo el hombre del porvenir gozar\u00e1 de la dicha, y del poder a ella inherente, de contemplar el ramaje entero del \u00e1rbol, o mejor <span class=\"c1\">la Ciencia,<\/span> m\u00faltiple e infinita en los fen\u00f3menos, una en sus principios.\n\nConviene, empero, no exagerar esta regla cayendo en el escollo de la enciclopedia, adonde van a parar todos los entendimientos d\u00e9biles, indisciplinados, e incapaces de fijar mucho tiempo la atenci\u00f3n en una sola cosa. Las <span class=\"c1\">aficiones rotatorias,<\/span> como las llama un m\u00e9dico-escritor original\u00edsimo, pueden formar grandes literatos, conversadores deliciosos, oradores insignes, pero no descubridores cient\u00edficos. El proverbio tan conocido \u00abel saber no ocupa lugar\u00bb es un error de a folio, que, afortunadamente, no tiene graves consecuencias pr\u00e1cticas, pues aun los que creen en \u00e9l est\u00e1n obligados a confesar que el aprender muchas cosas, cuando no espacio, ocupa tiempo. S\u00f3lo un juicio demasiado lisonjero acerca de nuestros talentos puede explicar la man\u00eda enciclop\u00e9dica; pues pretensi\u00f3n y grande es el intento de dominar varias ciencias, cuando vemos a hombres de verdadero genio y extraordinariamente laboriosos resignarse, a fin de poder realizar descubrimientos, al conocimiento profundo de una rama del saber, y, a menudo, al de un tema concreto de una ciencia determinada. No nos hagamos, pues, ilusiones: si la vida de un hombre basta para saber algo de todas las disciplinas humanas, apenas es suficiente para dominar hasta el detalle una o dos de ellas.\n\nLos enciclopedistas de hoy, como Herbert Spencer, por ejemplo, son en realidad especialistas de la filosof\u00eda de las ciencias y de las artes, como lo fueron en su tiempo Leibnitz y Descartes, bien que estos sabios, por la natural limitaci\u00f3n de los conocimientos de su \u00e9poca, pudieron abarcar un dominio bastante m\u00e1s extenso, y realizar descubrimientos en dos o tres ciencias. Pasaron ya, quiz\u00e1s para no volver m\u00e1s, los investigadores polilaterales: a la hora presente hay que reconocer que en F\u00edsica como en Matem\u00e1ticas, en Qu\u00edmica como en Biolog\u00eda, los descubrimientos corren a cargo de sabios especialistas; pero enti\u00e9ndase bien, no de particularistas <span class=\"c1\">monolateralizados,<\/span> encastillados en un detalle, sino de trabajadores que, sin perder de vista su dominio especial, siguen atentamente los progresos m\u00e1s culminantes de las ciencias afines. Semejante divisi\u00f3n del trabajo, m\u00e1s que buen consejo, es una triste necesidad material. A ella nos obligan el tiempo extraordinario exigido por el ensayo y dominio de los m\u00e9todos diariamente descubiertos, la riqueza extraordinaria de la producci\u00f3n bibliogr\u00e1fica, y el considerable n\u00famero de sabios que simult\u00e1neamente trabajan sobre cada tema de estudio.\n\nPara terminar con la vulgar filosof\u00eda condensada en la reputada m\u00e1xima <span class=\"c1\">quien mucho abarca poco aprieta,<\/span> en contraposici\u00f3n del no menos acreditado refr\u00e1n <span class=\"c1\">el saber no ocupa lugar,<\/span> s\u00e9anos l\u00edcito contar aqu\u00ed un sucedido vulgar, pero que nos parece venir muy al caso. Cuando yo era ni\u00f1o, frecuentaba el trato de un muchacho de mi edad, algo simpl\u00f3n, y que, por ser hijo del herrero del lugar, andaba siempre ocupado en fabricar, a espaldas de su padre, objetos de hierro, de que hac\u00edamos fondo com\u00fan para nuestros juegos guerreros. Un d\u00eda, con un buen trozo de acero que se proporcion\u00f3 en la fragua, fabric\u00f3 lindamente, y con la pericia de un oficial consumado, un magn\u00edfico cuchillo. Supliqu\u00e9le que no lo tocase, pues cortaba admirablemente; pero el muchacho, resuelto todav\u00eda a&nbsp;perfeccionar el arma, sac\u00f3le otro filo y convirtiolo en pu\u00f1al. H\u00edcele notar otra vez que, por consecuencia del desgaste del hierro y de la menor oblicuidad del doble filo, el nuevo instrumento cortaba bastante menos que el anterior; pero, lejos de tomar en cuenta mis advertencias, prosigui\u00f3 en su empe\u00f1o perfeccionador, y, merced a un nuevo trabajo de forja y lima, transform\u00f3 en un santiam\u00e9n la cuasi decorativa daga en una delgada y triangular bayoneta. Si el pu\u00f1al cortaba poco, el prisma de los tres flamantes filos cortaba todav\u00eda menos: a pesar de lo cual el aprendiz continu\u00f3 tercamente aferrado a la idea de multiplicar los efectos del arma, aumentando el n\u00famero de filos; y, a vuelta de nuevos ensayos, el antiguo y eficaz cuchillo par\u00f3 en ruin e inofensivo cuadradillo. Pues bien: nuestra inteligencia es el acero informe que, merced a la forja y lima del estudio, puede transformarse en el templado y agudo escalpelo de la Ciencia: procuremos labrar el filo por solo un lado, o por dos a lo m\u00e1s, si queremos conservar su eficacia anal\u00edtica; y dejemos a los bobalicones que, como el herrero de mi cuento, pretenden, so color de perfecci\u00f3n, transformar su entendimiento en inofensivo cuadradillo.\n\n<strong>b. <span class=\"c1\">Lectura especial.<\/span><\/strong>\n\nIn\u00fatil es advertir que en la biblioteca del investigador deben hallarse cuantos libros y revistas importantes, concernientes a la especialidad, se publiquen en las naciones m\u00e1s adelantadas. Las revistas alemanas ser\u00e1n consultadas a cada momento, pues, por lo que toca a la Biolog\u00eda, es forzoso reconocer que Alemania sola produce m\u00e1s hechos nuevos que todas las dem\u00e1s naciones juntas. El que quiere los fines quiere los medios; y pues, en la \u00e9poca actual, el conocimiento de la lengua germ\u00e1nica es imprescindible para estar al corriente de la \u00faltima hora cient\u00edfica, estudi\u00e9mosla seriamente, siquiera para llegar hasta la traducci\u00f3n, desembaraz\u00e1ndonos de ese supersticioso terror que a los espa\u00f1oles nos inspiran los enrevesados t\u00e9rminos y giros de los idiomas del Norte. Tan preciso es el conocimiento del alem\u00e1n, que no se hallar\u00e1 quiz\u00e1s un solo investigador, italiano, ingl\u00e9s, franc\u00e9s, ruso o sueco, que no sea capaz de leer corrientemente las monograf\u00edas tudescas. Y como los trabajos de los alemanes ven la luz en un pa\u00eds que puede actualmente considerarse como el foco de la producci\u00f3n cient\u00edfica, tales escritos tienen para nosotros la inestimable ventaja de contener extensas y puntuales noticias hist\u00f3ricas y bibliogr\u00e1ficas.\n\nA la hora presente se publican trabajos cient\u00edficos en m\u00e1s de seis idiomas. Al intento plausible de restaurar el lat\u00edn, o de utilizar el volap\u00fcck, como lengua cient\u00edfica universal, se ha contestado por los sabios multiplicando todav\u00eda m\u00e1s el n\u00famero de idiomas en que aparecen redactados los trabajos cient\u00edficos. Tal resultado era de prever; porque no consienten otra cosa ni las tendencias esencialmente popularizadoras y democr\u00e1ticas del saber moderno, ni las miras econ\u00f3micas de autores y editores, cuyos intereses morales y materiales les impulsan a difundir en el gran p\u00fablico aquellas conquistas cient\u00edficas, que anta\u00f1o eran patrimonio exclusivo de Academias o de ciertas sumidades de la c\u00e1tedra. No se crea, empero, que el investigador debe hablar y escribir todas las lenguas de Europa: al espa\u00f1ol le bastar\u00e1 traducir las cuatro siguientes, que se ha convenido en llamar lenguas sabias, y en las cuales aparecen escritos casi todos los trabajos cient\u00edficos: el franc\u00e9s, el ingl\u00e9s, el italiano y el alem\u00e1n. Entre ellas, como se ve, no figura el espa\u00f1ol: no queda, por tanto, a nuestros sabios m\u00e1s recurso, si desean que sus trabajos sean conocidos por los especialistas, que escribir en uno de aquellos cuatro idiomas.\n\nAl estudiar las monograf\u00edas de la especialidad que se desee cultivar, debemos fijarnos sobre todo en dos cosas: en los m\u00e9todos de investigaci\u00f3n de que el autor se ha servido en sus pesquisas, y en los problemas que han quedado pendientes de soluci\u00f3n. En cuanto al libro de popularizaci\u00f3n, nos merecer\u00e1 menos atenci\u00f3n y confianza, a menos que no sea alguna voluminosa monograf\u00eda de conjunto, o contenga algunos conceptos generales de fecunda aplicaci\u00f3n en el laboratorio. En general puede decirse que el libro refleja ya una fase hist\u00f3rica de la Ciencia. Por efecto del mucho tiempo que exige su redacci\u00f3n, y de la preocupaci\u00f3n dominante en el autor de simplificar la materia para ser entendido del gran p\u00fablico, faltan o se hallan muy ligeramente tocados los temas de actualidad, los detalles de los m\u00e9todos, y las lagunas de la investigaci\u00f3n.\n\nHaremos un estudio profundo de las monograf\u00edas debidas a los autores m\u00e1s geniales y que mayor impulso han dado a la cuesti\u00f3n: el talento original posee, entre otras cualidades, una gran virtud sugestiva. Propiedad de todo buen libro es que el lector saque de \u00e9l, no s\u00f3lo las ideas expuestas deliberadamente por el autor, sino otras totalmente nuevas, y hasta distintas para cada hombre, y que brotan del conflicto entre nuestro fondo de representaciones y los conceptos originales del texto. Por donde se ve que la monograf\u00eda genial, con ser una buena fuente de informaci\u00f3n cient\u00edfica, resulta adem\u00e1s un eficaz reactivo de nuestras propias energ\u00edas cerebrales.\n\nLas cabezas humanas, como las palmeras del desierto, se fecundan a distancia. Mas, para que semejante conjugaci\u00f3n entre dos esp\u00edritus se realice y d\u00e9 fruto de bendici\u00f3n, es menester interesarse profundamente en la contemplaci\u00f3n de nuestro libro, penetrarse de su hondo sentido, y buscar tenazmente analog\u00edas y relaciones entre las ideas del autor y las propias. En la ciencia, como en la vida, el fruto viene siempre despu\u00e9s del amor.\n\nNuestro novel investigador debe huir de res\u00famenes como de la peste. Quien resume, se resume a s\u00ed mismo: quiero decir que a menudo expone sus juicios y doctrinas en lugar de las del autor. De \u00e9ste toma lo que le agrada o lo que entiende y digiere sin esfuerzo: da lo principal por accesorio, y viceversa. A t\u00edtulo de aclarar y popularizar la obra ajena, el abreviador acaba por sustituir su personalidad a la del autor, cuya fisonom\u00eda intelectual, tan interesante y sugestiva para el investigador, permanece en la sombra. Dir\u00edase que todo cerebro es un filtro de poros m\u00e1s o menos delicados: por falta de presi\u00f3n, quiero decir de atenci\u00f3n, unas veces; por excesiva angostura de poros, otras, \u00a1cu\u00e1ntas ideas importantes se detienen en el filtro del&nbsp;que lee! De lo dicho se infiere la inexcusable obligaci\u00f3n en que&nbsp;se halla el investigador, si desea evitar graves errores, de leer a los autores en sus obras originales: a menos que los res\u00famenes no dimanen de los autores mismos, que entonces, por compensaci\u00f3n de la brevedad, acaso hallemos concepciones originales e ideas geniales de gran provecho para la labor anal\u00edtica.\n\nAqu\u00ed surge una cuesti\u00f3n. Antes de empezar una investigaci\u00f3n de laboratorio, \u00bfdebe o no apurarse la bibliograf\u00eda? Si nos penetramos de todo cuanto sobre el tema ha sido escrito, \u00bfno corremos el riesgo de ser sugestionados y de perder el don inapreciable de la independencia de juicio? La misma impresi\u00f3n de agotamiento del asunto, producido por la puntual informaci\u00f3n a que nos hemos entregado, \u00bfno ser\u00e1 fatal a nuestras esperanzas de hallar algo completamente original?.\n\nCuesti\u00f3n es \u00e9sta que cada cual resuelve a su manera; aunque, a mi ver, si para decidirla se acudiera a un plebiscito de sabios, la soluci\u00f3n ser\u00eda no iniciar indagaci\u00f3n ninguna sin tener a la vista todos los antecedentes bibliogr\u00e1ficos. Procediendo de esta suerte se evita el doloroso desencanto que produce el saber que hemos perdido el tiempo, descubriendo cosas que ya eran conocidas, y descuidando, en virtud de la susodicha ignorancia bibliogr\u00e1fica, el estudio profundo de las verdaderas lagunas del tema. La regla mejor, a mi parecer, es completar, cuando esto es posible, nuestra labor bibliogr\u00e1fica antes de lanzarnos a la tarea anal\u00edtica; pero cuando, por dificultades insuperables, esto no pueda realizarse, como, desgraciadamente, ocurre muy a menudo en Espa\u00f1a, donde las Universidades carecen de libros modernos extranjeros y las Academias no tienen recursos para suscribirse a las revistas cient\u00edficas m\u00e1s importantes, no debemos, por monograf\u00eda de m\u00e1s o de menos, dejar de acudir al Laboratorio; pues si, enterados de los mejores m\u00e9todos en boga, trabajamos con ahinco y perseverancia, siempre hallaremos algo que ha escapado a la sagacidad de los \u00faltimos observadores, por lo mismo que, no habiendo sido influ\u00eddos por ellos, habremos caminado por rutas distintas y considerado el tema bajo diverso punto de vista. Y, en \u00faltimo caso, vale mil veces m\u00e1s arriesgarse a repetir descubrimientos, que renunciar a toda tentativa de indagaci\u00f3n experimental; porque el principiante que en sus primeros ensayos experimentales sobre un tema dif\u00edcil es capaz de hallar cosas poco tiempo antes descubiertas, fortifica su confianza en el propio valer, cobra \u00e1nimos para futuras empresas, y acaba por fabricar ciencia original, en cuanto sus medios pecuniarios correspondan a sus buenos deseos.\n\n<strong>c. <span class=\"c1\">Dominio de los m\u00e9todos.<\/span><\/strong>\n\nEscogido el tema de estudio, e informado, a ser posible, por la menuda, del estado actual del punto a esclarecer, el investigador pasar\u00e1 a aplicar cuantos m\u00e9todos anal\u00edticos hayan sido sugeridos por los autores, al objeto de confirmar los hechos descritos y figurados en las m\u00e1s recientes monograf\u00edas. Durante esta tentativa de verificaci\u00f3n se le revelar\u00e1n, a menudo, los puntos dudosos, las hip\u00f3tesis insostenibles, las lagunas de la observaci\u00f3n, y entrever\u00e1, mas de una vez, el camino por el cual le ser\u00e1 dado impulsar el conocimiento del tema.\n\nEl dominio de los m\u00e9todos, particularmente en las ciencias biol\u00f3gicas, es tan transcendental, que, sin temor de equivocarse, se puede afirmar que los grandes descubrimientos s\u00f3lo saben hacerlos los t\u00e9cnicos m\u00e1s primorosos: aquellos sabios que han profundizado, a favor de perseverantes ensayos, todos los secretos de uno o varios recursos anal\u00edticos. En apoyo de este aserto bastar\u00e1 recordar que, a despecho de los cientos de hist\u00f3logos, embri\u00f3logos y naturalistas que se conocen en Europa y Am\u00e9rica, las m\u00e1s salientes conquistas cient\u00edficas se deben a una docena de hombres, que se han se\u00f1alado, ora por la invenci\u00f3n, ora por el perfeccionamiento, ya por el absoluto dominio de algunos m\u00e9todos de indagaci\u00f3n.\n\nEntre los procedimientos de estudio se escoger\u00e1n constantemente los m\u00e1s dif\u00edciles, que, por razones f\u00e1ciles de comprender, son tambi\u00e9n los menos agotados en revelaciones. Importa poco el tiempo gastado en ensayos in\u00fatiles; pues, si el m\u00e9todo posee gran capacidad anal\u00edtica, los resultados obtenidos tendr\u00e1n gran importancia y nos indemnizar\u00e1n con creces de nuestras fatigas. Esta preferencia nos dar\u00e1 adem\u00e1s la inestimable ventaja de hallar pocos \u00e9mulos y concurrentes en nuestro camino.\n\n<strong>d. <span class=\"c1\">En busca del hecho nuevo.<\/span><\/strong>\n\nHe aqu\u00ed la cuesti\u00f3n ardua, la preocupaci\u00f3n soberana del <span class=\"c1\">debutante,<\/span> que sabe, por la historia de la investigaci\u00f3n cient\u00edfica, que, alcanzado el primer descubrimiento, se siguen otros derivados de \u00e9l, como las consecuencias de las premisas.\n\nLa nueva verdad hallada es, a menudo, el fruto de una paciente observaci\u00f3n, la consecuencia de haber aplicado a un tema m\u00e1s tiempo, m\u00e1s constancia, y mejores m\u00e9todos que nuestros predecesores. Como hemos dicho m\u00e1s atr\u00e1s, la consideraci\u00f3n atenta repetida de los mismos hechos acaba por dotarnos de una agudeza de penetraci\u00f3n sorprendente en todo lo referente al tema escogido. \u00a1Cu\u00e1ntas veces nos ha sido dado hallar, en virtud de ese tino que s\u00f3lo concede la experiencia, cosas enteramente nuevas en las preparaciones donde nuestros disc\u00edpulos nada ve\u00edan de particular! Y \u00a1cu\u00e1ntos hechos nuevos habr\u00e1n escapado a nuestra atenci\u00f3n, cuando, biso\u00f1os todav\u00eda en la t\u00e9cnica microgr\u00e1fica, cada preparaci\u00f3n nos parec\u00eda una esfinge pre\u00f1ada de misterios! Adem\u00e1s del notable incremento que adquiere nuestra capacidad anal\u00edtica por la repetici\u00f3n de experiencias y de observaciones, el prolongado estudio de una cuesti\u00f3n nos lleva casi siempre a perfeccionar los m\u00e9todos de investigaci\u00f3n, determinando todas las causas de mal resultado, y las condiciones en virtud de las cuales adquieren aqu\u00e9llos el <span class=\"c1\">maximum<\/span> de su poder diferenciante o revelador.\n\nA veces, el descubrimiento es el premio de la diligencia en aplicar un m\u00e9todo reciente, y poco explotado, a temas nuevos. Semejante traslaci\u00f3n ha suscitado grandes y f\u00e1ciles progresos en los vastos dominios de la Anatom\u00eda e Histolog\u00eda comparadas.\n\nDado que los grandes impulsores cient\u00edficos han sido por lo com\u00fan creadores de m\u00e9todos, lo mejor y m\u00e1s congruente ser\u00eda dictar reglas para el hallazgo de \u00e9stos. Desgraciadamente, en las ciencias biol\u00f3gicas, casi todos los m\u00e9todos se deben al azar, y el azar no consiente razonamientos. Todo lo m\u00e1s que puede afirmarse es que los m\u00e9todos resultan de felices aplicaciones a un dominio cient\u00edfico de verdades, pertenecientes a otra disciplina del saber; mas esta aplicaci\u00f3n suele ser ciega, o, cuando m\u00e1s, se inspira en vagas analog\u00edas. En Bacteriolog\u00eda, Histolog\u00eda e Histoquimia, por ejemplo, los m\u00e9todos representan, como dejamos sentado en otro cap\u00edtulo, meras aplicaciones de materias colorantes o de reactivos creados por la Qu\u00edmica moderna. Ninguna raz\u00f3n plausible, a no ser el intento de provocar la casualidad, pudo inspirar a Gerlach la coloraci\u00f3n de los n\u00facleos por el carm\u00edn; a Mr. Sch\u00fcltze el empleo del \u00e1cido \u00f3smico en el tejido nervioso; a Hannover la introducci\u00f3n del \u00e1cido cr\u00f3mico y bicromatos en el endurecimiento de los tejidos; a Koch, Ehrlich y otros el aprovechamiento de las anilinas para la impregnaci\u00f3n de las bacterias.\n\nSi conoci\u00e9ramos de un modo perfecto la composici\u00f3n qu\u00edmica de las c\u00e9lulas vivas, los resultados suministrados por la aplicaci\u00f3n de tal o cual reactivo colorante vendr\u00edan a ser mera deducci\u00f3n de los principios de la Qu\u00edmica org\u00e1nica. Empero, hall\u00e1ndonos harto distantes de este ideal anal\u00edtico, los que pretendan descubrir nuevos m\u00e9todos biol\u00f3gicos no tienen m\u00e1s recurso que someter los tejidos a los mismos ciegos ensayos a que se entregaban los qu\u00edmicos de los pasados siglos para lograr, de vez en cuando, del conflicto y mezcla de varios cuerpos, combinaciones imprevistas.\n\nEs menester, pues, fiar algo a la casualidad, provoc\u00e1ndola mediante una serie reiterada de tanteos, en los cuales no podemos ser guiados m\u00e1s que por la intuici\u00f3n, fecundada por un conocimiento todo lo m\u00e1s profundo y preciso posible de las substancias y procederes nuevamente introducidos en la Qu\u00edmica y la Industria.\n\nY esto nos lleva a decir algo de la casualidad en la esfera de la investigaci\u00f3n cient\u00edfica. Entra por mucho, positivamente, el azar en la labor experimental, y no debemos disimular que a \u00e9l debe la Ciencia brillantes adquisiciones; pero la casualidad no sonr\u00ede al que la desea, sino al que la merece, seg\u00fan la gr\u00e1fica frase de Duclaux. Y es preciso reconocer que s\u00f3lo la merecen los grandes observadores, porque ellos solamente la solicitan con la tenacidad y perseverancia indispensables; y, cuando la obtienen, s\u00f3lo ellos son capaces de adivinar su cient\u00edfico alcance. En la Ciencia, como en la Loter\u00eda, la suerte favorece comunmente al que juega m\u00e1s, es decir, al que, a la manera del protagonista del cuento remueve continuamente la tierra del jard\u00edn. Si Pasteur descubri\u00f3 por azar las vacunas bacterianas, debi\u00f3lo a su genio, que le permiti\u00f3 vislumbrar todo el partido que pod\u00eda sacarse de un hecho casual, a saber: el rebajamiento de virulencia de un cultivo bacteriano abandonado al aire, y veros\u00edmilmente atenuado por la acci\u00f3n del ox\u00edgeno. La historia de la Ciencia est\u00e1 llena de hallazgos parecidos: Scheele tropez\u00f3 con el cloro, trabajando en aislar el manganeso; Cl. Bernard, imaginando experiencias, encaminadas a precisar el \u00f3rgano destructor del az\u00facar, hall\u00f3 la funci\u00f3n glucog\u00e9nica del h\u00edgado; etc. Mas es forzoso convenir en que, si muchos sabios descubrieron lo que no buscaban, todos ellos buscaron con admirable tenacidad, y fueron dignos del \u00e9xito, porque, con su rara penetraci\u00f3n, acertaron a sorprender los grandes progresos latentes en las t\u00edmidas y fragmentarias revelaciones del acaso.\n\nSolicitar la ayuda de la casualidad, es como agitar el agua turbia para que suban y se hagan patentes los objetos sumergidos en el fondo. Todo observador har\u00e1 bien en correr alguna vez tras la fortuna; empero no confiar\u00e1 demasiado en alcanzarla, y apelar\u00e1 m\u00e1s a menudo al trabajo reglado, pues quien domina los m\u00e9todos y se halla en estado de se\u00f1alar los problemas todav\u00eda no resueltos, pero susceptibles de soluci\u00f3n, logra casi siempre, sin aventurarse en probaturas de ordinario infructuosas, alg\u00fan descubrimiento de m\u00e1s o menos transcendencia.\n\nConquistado el primer hecho nuevo, sobre todo si \u00e9ste es de aquellos cuyo advenimiento provoca en el ambiente cient\u00edfico nuevas corrientes de ideas, nuestra tarea ser\u00e1 tan f\u00e1cil como brillante: como que se reduce a ir sacando progresivamente las consecuencias que entra\u00f1a la reciente adquisici\u00f3n en las diversas esferas de la Ciencia. Por eso se ha dicho que el primer descubrimiento es el que cuesta, por ser los dem\u00e1s meros corolarios del primero. Doctrina sabida es, y recomendada por fil\u00f3sofos como Taine, y por cient\u00edficos como Tyndall, que todo problema resuelto plantea infinidad de nuevas cuestiones, y que el descubrimiento de hoy contiene en germen los descubrimientos del ma\u00f1ana. La cima de la verdad, con tantos esfuerzos escalada, que mirada desde el valle semejaba monta\u00f1a imponente, no es sino min\u00fascula estribaci\u00f3n de una cordillera mayor, que se columbra, casi inabordable, a trav\u00e9s de la niebla, y que nos atrae con insaciable curiosidad. Satisfagamos este ansia de subir, y, aprovechando el pl\u00e1cido descanso que proporciona la contemplaci\u00f3n del nuevo horizonte desde la cima reci\u00e9n conquistada, meditemos sobre el plan que debe conducirnos a m\u00e1s altas regiones y m\u00e1s grandiosos y sublimes espect\u00e1culos. El entendimiento humano no puede abordar ninguna cuesti\u00f3n aislada, si\u00e9ndole forzoso caminar de lo conocido a lo desconocido: hoy contempla un fragmento de la verdad y ma\u00f1ana otro, y s\u00f3lo cuando los ha examinado todos se siente fuerte para remontarse a la s\u00edntesis y establecer las relaciones del nuevo hecho con el conjunto de las leyes de la Ciencia constitu\u00edda.\n\nPero la fortuna de inaugurar un estudio lleno de promesas con el hallazgo de un hecho interesante es rara, y ning\u00fan investigador prudente debe contar demasiado con ella, por lo cual, para iniciar nuestro trabajo, no debemos vacilar en partir del descubrimiento de otros. As\u00ed y todo, no ha de faltarnos labor, y labor fecunda. El nuevo hecho, si es fundamental, suele causar una revoluci\u00f3n en el ambiente cient\u00edfico; convierte en sospechosas, doctrinas antes estimadas como verdades firmes; suscita nuevas posiciones de equilibrio en esas amplias regiones de lo conjetural que forman el tr\u00e1nsito de lo conocido a lo desconocido; y plantea una serie de originales cuestiones, que el iniciador, falto de tiempo, no puede resolver por s\u00ed mismo. Adem\u00e1s, \u00e9ste deja casi siempre, en el orden cr\u00edtico, incompleta la obra; influ\u00eddo todav\u00eda por la tradici\u00f3n, no sabe romper del todo con los errores y prejuicios del pasado; y acaso, receloso de hallar demasiada oposici\u00f3n en el medio cient\u00edfico, e impaciente de aplausos, presenta su teor\u00eda como una transacci\u00f3n entre viejas y nov\u00edsimas doctrinas. En condiciones tales, un observador menos meticuloso, llegado de refresco, suele perfeccionar, conpoco esfuerzo, la teor\u00eda del iniciador, sacando de ella las \u00faltimas consecuencias te\u00f3ricas y pr\u00e1cticas. Todo este c\u00famulo de cuestiones, suscitadas por la nueva conquista cient\u00edfica, constituye un terreno fecund\u00edsimo para el novel investigador. A \u00e9l acudir\u00e1, bien templadas sus armas anal\u00edticas, sin arrogancias ni confianzas excesivas; pero no conf\u00ede en llegar solo: all\u00ed encontrar\u00e1 tambi\u00e9n una pl\u00e9yade de observadores que intentar\u00e1n ganarle por la mano, y a los cuales vencer\u00e1 solamente a fuerza de laboriosidad, actividad, penetraci\u00f3n y perseverancia.\n\nFinalmente, cuando nos hallemos en presencia de varios temas igualmente favorables y fecundos, escogeremos aquel cuya metodolog\u00eda nos sea perfectamente conocida, y por el que sintamos decidida simpat\u00eda. \u00c9ste es un consejo de buen sentido que Darwin daba a sus disc\u00edpulos cuando le demandaban un tema de estudio. Y la raz\u00f3n es que nuestro entendimiento s\u00f3lo sabe vencer un serio obst\u00e1culo, cuando columbra en lontananza el premio del placer o de la utilidad. El explorador de la Naturaleza debe considerar la investigaci\u00f3n como un <span class=\"c1\">sport<\/span> incomparable, en el cual todo, desde los procederes t\u00e9cnicos hasta la elaboraci\u00f3n doctrinal, constituye un perenne manantial de gratas satisfacciones. Quien en presencia de un arduo problema no sienta crecer su entusiasmo, a medida que el entendimiento redobla sus esfuerzos; quien, al aproximarse el solemne momento del <span class=\"c1\">fiat lux,<\/span> impacientemente esperado, no tenga el alma inundada por la emoci\u00f3n precursora del placer, debe abandonar las empresas cient\u00edficas, porque la Naturaleza no otorga sus favores a los fr\u00edos de condici\u00f3n, y la frialdad es a menudo inequ\u00edvoco signo de impotencia.\n","rendered":"<p><strong>a. <span class=\"c1\">Instrucci\u00f3n general.<\/span><\/strong><\/p>\n<p>Ocioso ser\u00eda insistir en la necesidad que tiene nuestro aficionado de conocer a fondo la ciencia objeto de sus futuras exploraciones, no s\u00f3lo por las descripciones de libros y monograf\u00edas, sino por el estudio de la misma Naturaleza. Pero no es menos preciso saber, al menos de modo general, todas aquellas ramas&nbsp;cient\u00edficas que directa o indirectamente se enlazan con la preferida, y en las cuales se hallan, ora los principios directores, ora los medios de acci\u00f3n. Por ejemplo: el bi\u00f3logo no se limitar\u00e1 a conocer la Anatom\u00eda y Fisiolog\u00eda, sino que abarcar\u00e1 tambi\u00e9n lo fundamental de la Psicolog\u00eda, la F\u00edsica y la Qu\u00edmica. La raz\u00f3n de esto es obvia: casi siempre el descubrimiento de un hecho, o la significaci\u00f3n de un fen\u00f3meno biol\u00f3gico, viene a representar meras consecuencias de la aplicaci\u00f3n de principios pertenecientes a la F\u00edsica o la Qu\u00edmica. Descubrir, como ha dicho Laplace, es aproximar dos ideas que se hallaban separadas; y nosotros a\u00f1adir\u00edamos que las m\u00e1s de las veces esta aproximaci\u00f3n fecunda tiene lugar entre un hecho perteneciente a una ciencia compleja (Biolog\u00eda, Sociolog\u00eda, etc.) y una verdad derivada de una ciencia simple. En otros t\u00e9rminos: las ciencias generales o abstractas, seg\u00fan las clasificaciones de Compte y de Bain, explican, a menudo, los fen\u00f3menos de las ciencias complicadas y concretas; por donde se cae en la cuenta de que una seriaci\u00f3n jer\u00e1rquica bien entendida de los conocimientos humanos representa un verdadero \u00e1rbol geneal\u00f3gico. La L\u00f3gica y las Matem\u00e1ticas asisten y cuasi generan a la F\u00edsica y la Qu\u00edmica, y \u00e9stas, a su vez, explican, y en parte producen, la Biolog\u00eda y sus diferentes ramificaciones.<\/p>\n<p>Por lo que hace a la Anatom\u00eda microsc\u00f3pica de los animales y plantas, la mayor\u00eda de los hechos que forman la materia de esta Ciencia son resultado de conflictos entre las propiedades qu\u00edmicas de ciertos reactivos y un detalle estructural de un tejido vivo. En bacteriolog\u00eda, en neurolog\u00eda, etc., casi todo cuanto sabemos lo debemos a la feliz aplicaci\u00f3n de materias colorantes elaboradas por la Qu\u00edmica moderna.<\/p>\n<p>Esta misteriosa solidaridad de las ciencias ha sido sentida por muchos, y singularmente por Letamendi, quien, al hablar de las especialidades cient\u00edficas, las define: \u00abla aplicaci\u00f3n de toda Ciencia a una rama particular de saber\u00bb.<\/p>\n<p>Para un entendimiento superior que conociera todas las relaciones misteriosas que engranan los fen\u00f3menos del Universo, en vez de ciencias, contemplar\u00eda <span class=\"c1\">una sola Ciencia<\/span>. Ante un ser semejante, las fronteras que parecen separar nuestros conocimientos, el andamiaje formal de nuestras clasificaciones, el desmenuzamiento anal\u00edtico de las cosas imprescindibles a nuestro entendimiento, que s\u00f3lo puede considerar la realidad sucesivamente y como por facetas, desaparecer\u00edan como por encanto, y la Ciencia total se presentar\u00eda a sus ojos como gigantesco \u00e1rbol, cuyas ramas estuvieran representadas por las ciencias particulares, y el tronco por el principio o principios sobre que se fundan. El especialista trabaja como una larva, asentado sobre una hoja y forj\u00e1ndose la ilusi\u00f3n de que su peque\u00f1o mundo se mece aislado en el espacio; pero el cient\u00edfico general, tomando un punto de vista m\u00e1s cercano al tronco, entrev\u00e9 el tallo com\u00fan a muchas ramas. S\u00f3lo el hombre del porvenir gozar\u00e1 de la dicha, y del poder a ella inherente, de contemplar el ramaje entero del \u00e1rbol, o mejor <span class=\"c1\">la Ciencia,<\/span> m\u00faltiple e infinita en los fen\u00f3menos, una en sus principios.<\/p>\n<p>Conviene, empero, no exagerar esta regla cayendo en el escollo de la enciclopedia, adonde van a parar todos los entendimientos d\u00e9biles, indisciplinados, e incapaces de fijar mucho tiempo la atenci\u00f3n en una sola cosa. Las <span class=\"c1\">aficiones rotatorias,<\/span> como las llama un m\u00e9dico-escritor original\u00edsimo, pueden formar grandes literatos, conversadores deliciosos, oradores insignes, pero no descubridores cient\u00edficos. El proverbio tan conocido \u00abel saber no ocupa lugar\u00bb es un error de a folio, que, afortunadamente, no tiene graves consecuencias pr\u00e1cticas, pues aun los que creen en \u00e9l est\u00e1n obligados a confesar que el aprender muchas cosas, cuando no espacio, ocupa tiempo. S\u00f3lo un juicio demasiado lisonjero acerca de nuestros talentos puede explicar la man\u00eda enciclop\u00e9dica; pues pretensi\u00f3n y grande es el intento de dominar varias ciencias, cuando vemos a hombres de verdadero genio y extraordinariamente laboriosos resignarse, a fin de poder realizar descubrimientos, al conocimiento profundo de una rama del saber, y, a menudo, al de un tema concreto de una ciencia determinada. No nos hagamos, pues, ilusiones: si la vida de un hombre basta para saber algo de todas las disciplinas humanas, apenas es suficiente para dominar hasta el detalle una o dos de ellas.<\/p>\n<p>Los enciclopedistas de hoy, como Herbert Spencer, por ejemplo, son en realidad especialistas de la filosof\u00eda de las ciencias y de las artes, como lo fueron en su tiempo Leibnitz y Descartes, bien que estos sabios, por la natural limitaci\u00f3n de los conocimientos de su \u00e9poca, pudieron abarcar un dominio bastante m\u00e1s extenso, y realizar descubrimientos en dos o tres ciencias. Pasaron ya, quiz\u00e1s para no volver m\u00e1s, los investigadores polilaterales: a la hora presente hay que reconocer que en F\u00edsica como en Matem\u00e1ticas, en Qu\u00edmica como en Biolog\u00eda, los descubrimientos corren a cargo de sabios especialistas; pero enti\u00e9ndase bien, no de particularistas <span class=\"c1\">monolateralizados,<\/span> encastillados en un detalle, sino de trabajadores que, sin perder de vista su dominio especial, siguen atentamente los progresos m\u00e1s culminantes de las ciencias afines. Semejante divisi\u00f3n del trabajo, m\u00e1s que buen consejo, es una triste necesidad material. A ella nos obligan el tiempo extraordinario exigido por el ensayo y dominio de los m\u00e9todos diariamente descubiertos, la riqueza extraordinaria de la producci\u00f3n bibliogr\u00e1fica, y el considerable n\u00famero de sabios que simult\u00e1neamente trabajan sobre cada tema de estudio.<\/p>\n<p>Para terminar con la vulgar filosof\u00eda condensada en la reputada m\u00e1xima <span class=\"c1\">quien mucho abarca poco aprieta,<\/span> en contraposici\u00f3n del no menos acreditado refr\u00e1n <span class=\"c1\">el saber no ocupa lugar,<\/span> s\u00e9anos l\u00edcito contar aqu\u00ed un sucedido vulgar, pero que nos parece venir muy al caso. Cuando yo era ni\u00f1o, frecuentaba el trato de un muchacho de mi edad, algo simpl\u00f3n, y que, por ser hijo del herrero del lugar, andaba siempre ocupado en fabricar, a espaldas de su padre, objetos de hierro, de que hac\u00edamos fondo com\u00fan para nuestros juegos guerreros. Un d\u00eda, con un buen trozo de acero que se proporcion\u00f3 en la fragua, fabric\u00f3 lindamente, y con la pericia de un oficial consumado, un magn\u00edfico cuchillo. Supliqu\u00e9le que no lo tocase, pues cortaba admirablemente; pero el muchacho, resuelto todav\u00eda a&nbsp;perfeccionar el arma, sac\u00f3le otro filo y convirtiolo en pu\u00f1al. H\u00edcele notar otra vez que, por consecuencia del desgaste del hierro y de la menor oblicuidad del doble filo, el nuevo instrumento cortaba bastante menos que el anterior; pero, lejos de tomar en cuenta mis advertencias, prosigui\u00f3 en su empe\u00f1o perfeccionador, y, merced a un nuevo trabajo de forja y lima, transform\u00f3 en un santiam\u00e9n la cuasi decorativa daga en una delgada y triangular bayoneta. Si el pu\u00f1al cortaba poco, el prisma de los tres flamantes filos cortaba todav\u00eda menos: a pesar de lo cual el aprendiz continu\u00f3 tercamente aferrado a la idea de multiplicar los efectos del arma, aumentando el n\u00famero de filos; y, a vuelta de nuevos ensayos, el antiguo y eficaz cuchillo par\u00f3 en ruin e inofensivo cuadradillo. Pues bien: nuestra inteligencia es el acero informe que, merced a la forja y lima del estudio, puede transformarse en el templado y agudo escalpelo de la Ciencia: procuremos labrar el filo por solo un lado, o por dos a lo m\u00e1s, si queremos conservar su eficacia anal\u00edtica; y dejemos a los bobalicones que, como el herrero de mi cuento, pretenden, so color de perfecci\u00f3n, transformar su entendimiento en inofensivo cuadradillo.<\/p>\n<p><strong>b. <span class=\"c1\">Lectura especial.<\/span><\/strong><\/p>\n<p>In\u00fatil es advertir que en la biblioteca del investigador deben hallarse cuantos libros y revistas importantes, concernientes a la especialidad, se publiquen en las naciones m\u00e1s adelantadas. Las revistas alemanas ser\u00e1n consultadas a cada momento, pues, por lo que toca a la Biolog\u00eda, es forzoso reconocer que Alemania sola produce m\u00e1s hechos nuevos que todas las dem\u00e1s naciones juntas. El que quiere los fines quiere los medios; y pues, en la \u00e9poca actual, el conocimiento de la lengua germ\u00e1nica es imprescindible para estar al corriente de la \u00faltima hora cient\u00edfica, estudi\u00e9mosla seriamente, siquiera para llegar hasta la traducci\u00f3n, desembaraz\u00e1ndonos de ese supersticioso terror que a los espa\u00f1oles nos inspiran los enrevesados t\u00e9rminos y giros de los idiomas del Norte. Tan preciso es el conocimiento del alem\u00e1n, que no se hallar\u00e1 quiz\u00e1s un solo investigador, italiano, ingl\u00e9s, franc\u00e9s, ruso o sueco, que no sea capaz de leer corrientemente las monograf\u00edas tudescas. Y como los trabajos de los alemanes ven la luz en un pa\u00eds que puede actualmente considerarse como el foco de la producci\u00f3n cient\u00edfica, tales escritos tienen para nosotros la inestimable ventaja de contener extensas y puntuales noticias hist\u00f3ricas y bibliogr\u00e1ficas.<\/p>\n<p>A la hora presente se publican trabajos cient\u00edficos en m\u00e1s de seis idiomas. Al intento plausible de restaurar el lat\u00edn, o de utilizar el volap\u00fcck, como lengua cient\u00edfica universal, se ha contestado por los sabios multiplicando todav\u00eda m\u00e1s el n\u00famero de idiomas en que aparecen redactados los trabajos cient\u00edficos. Tal resultado era de prever; porque no consienten otra cosa ni las tendencias esencialmente popularizadoras y democr\u00e1ticas del saber moderno, ni las miras econ\u00f3micas de autores y editores, cuyos intereses morales y materiales les impulsan a difundir en el gran p\u00fablico aquellas conquistas cient\u00edficas, que anta\u00f1o eran patrimonio exclusivo de Academias o de ciertas sumidades de la c\u00e1tedra. No se crea, empero, que el investigador debe hablar y escribir todas las lenguas de Europa: al espa\u00f1ol le bastar\u00e1 traducir las cuatro siguientes, que se ha convenido en llamar lenguas sabias, y en las cuales aparecen escritos casi todos los trabajos cient\u00edficos: el franc\u00e9s, el ingl\u00e9s, el italiano y el alem\u00e1n. Entre ellas, como se ve, no figura el espa\u00f1ol: no queda, por tanto, a nuestros sabios m\u00e1s recurso, si desean que sus trabajos sean conocidos por los especialistas, que escribir en uno de aquellos cuatro idiomas.<\/p>\n<p>Al estudiar las monograf\u00edas de la especialidad que se desee cultivar, debemos fijarnos sobre todo en dos cosas: en los m\u00e9todos de investigaci\u00f3n de que el autor se ha servido en sus pesquisas, y en los problemas que han quedado pendientes de soluci\u00f3n. En cuanto al libro de popularizaci\u00f3n, nos merecer\u00e1 menos atenci\u00f3n y confianza, a menos que no sea alguna voluminosa monograf\u00eda de conjunto, o contenga algunos conceptos generales de fecunda aplicaci\u00f3n en el laboratorio. En general puede decirse que el libro refleja ya una fase hist\u00f3rica de la Ciencia. Por efecto del mucho tiempo que exige su redacci\u00f3n, y de la preocupaci\u00f3n dominante en el autor de simplificar la materia para ser entendido del gran p\u00fablico, faltan o se hallan muy ligeramente tocados los temas de actualidad, los detalles de los m\u00e9todos, y las lagunas de la investigaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Haremos un estudio profundo de las monograf\u00edas debidas a los autores m\u00e1s geniales y que mayor impulso han dado a la cuesti\u00f3n: el talento original posee, entre otras cualidades, una gran virtud sugestiva. Propiedad de todo buen libro es que el lector saque de \u00e9l, no s\u00f3lo las ideas expuestas deliberadamente por el autor, sino otras totalmente nuevas, y hasta distintas para cada hombre, y que brotan del conflicto entre nuestro fondo de representaciones y los conceptos originales del texto. Por donde se ve que la monograf\u00eda genial, con ser una buena fuente de informaci\u00f3n cient\u00edfica, resulta adem\u00e1s un eficaz reactivo de nuestras propias energ\u00edas cerebrales.<\/p>\n<p>Las cabezas humanas, como las palmeras del desierto, se fecundan a distancia. Mas, para que semejante conjugaci\u00f3n entre dos esp\u00edritus se realice y d\u00e9 fruto de bendici\u00f3n, es menester interesarse profundamente en la contemplaci\u00f3n de nuestro libro, penetrarse de su hondo sentido, y buscar tenazmente analog\u00edas y relaciones entre las ideas del autor y las propias. En la ciencia, como en la vida, el fruto viene siempre despu\u00e9s del amor.<\/p>\n<p>Nuestro novel investigador debe huir de res\u00famenes como de la peste. Quien resume, se resume a s\u00ed mismo: quiero decir que a menudo expone sus juicios y doctrinas en lugar de las del autor. De \u00e9ste toma lo que le agrada o lo que entiende y digiere sin esfuerzo: da lo principal por accesorio, y viceversa. A t\u00edtulo de aclarar y popularizar la obra ajena, el abreviador acaba por sustituir su personalidad a la del autor, cuya fisonom\u00eda intelectual, tan interesante y sugestiva para el investigador, permanece en la sombra. Dir\u00edase que todo cerebro es un filtro de poros m\u00e1s o menos delicados: por falta de presi\u00f3n, quiero decir de atenci\u00f3n, unas veces; por excesiva angostura de poros, otras, \u00a1cu\u00e1ntas ideas importantes se detienen en el filtro del&nbsp;que lee! De lo dicho se infiere la inexcusable obligaci\u00f3n en que&nbsp;se halla el investigador, si desea evitar graves errores, de leer a los autores en sus obras originales: a menos que los res\u00famenes no dimanen de los autores mismos, que entonces, por compensaci\u00f3n de la brevedad, acaso hallemos concepciones originales e ideas geniales de gran provecho para la labor anal\u00edtica.<\/p>\n<p>Aqu\u00ed surge una cuesti\u00f3n. Antes de empezar una investigaci\u00f3n de laboratorio, \u00bfdebe o no apurarse la bibliograf\u00eda? Si nos penetramos de todo cuanto sobre el tema ha sido escrito, \u00bfno corremos el riesgo de ser sugestionados y de perder el don inapreciable de la independencia de juicio? La misma impresi\u00f3n de agotamiento del asunto, producido por la puntual informaci\u00f3n a que nos hemos entregado, \u00bfno ser\u00e1 fatal a nuestras esperanzas de hallar algo completamente original?.<\/p>\n<p>Cuesti\u00f3n es \u00e9sta que cada cual resuelve a su manera; aunque, a mi ver, si para decidirla se acudiera a un plebiscito de sabios, la soluci\u00f3n ser\u00eda no iniciar indagaci\u00f3n ninguna sin tener a la vista todos los antecedentes bibliogr\u00e1ficos. Procediendo de esta suerte se evita el doloroso desencanto que produce el saber que hemos perdido el tiempo, descubriendo cosas que ya eran conocidas, y descuidando, en virtud de la susodicha ignorancia bibliogr\u00e1fica, el estudio profundo de las verdaderas lagunas del tema. La regla mejor, a mi parecer, es completar, cuando esto es posible, nuestra labor bibliogr\u00e1fica antes de lanzarnos a la tarea anal\u00edtica; pero cuando, por dificultades insuperables, esto no pueda realizarse, como, desgraciadamente, ocurre muy a menudo en Espa\u00f1a, donde las Universidades carecen de libros modernos extranjeros y las Academias no tienen recursos para suscribirse a las revistas cient\u00edficas m\u00e1s importantes, no debemos, por monograf\u00eda de m\u00e1s o de menos, dejar de acudir al Laboratorio; pues si, enterados de los mejores m\u00e9todos en boga, trabajamos con ahinco y perseverancia, siempre hallaremos algo que ha escapado a la sagacidad de los \u00faltimos observadores, por lo mismo que, no habiendo sido influ\u00eddos por ellos, habremos caminado por rutas distintas y considerado el tema bajo diverso punto de vista. Y, en \u00faltimo caso, vale mil veces m\u00e1s arriesgarse a repetir descubrimientos, que renunciar a toda tentativa de indagaci\u00f3n experimental; porque el principiante que en sus primeros ensayos experimentales sobre un tema dif\u00edcil es capaz de hallar cosas poco tiempo antes descubiertas, fortifica su confianza en el propio valer, cobra \u00e1nimos para futuras empresas, y acaba por fabricar ciencia original, en cuanto sus medios pecuniarios correspondan a sus buenos deseos.<\/p>\n<p><strong>c. <span class=\"c1\">Dominio de los m\u00e9todos.<\/span><\/strong><\/p>\n<p>Escogido el tema de estudio, e informado, a ser posible, por la menuda, del estado actual del punto a esclarecer, el investigador pasar\u00e1 a aplicar cuantos m\u00e9todos anal\u00edticos hayan sido sugeridos por los autores, al objeto de confirmar los hechos descritos y figurados en las m\u00e1s recientes monograf\u00edas. Durante esta tentativa de verificaci\u00f3n se le revelar\u00e1n, a menudo, los puntos dudosos, las hip\u00f3tesis insostenibles, las lagunas de la observaci\u00f3n, y entrever\u00e1, mas de una vez, el camino por el cual le ser\u00e1 dado impulsar el conocimiento del tema.<\/p>\n<p>El dominio de los m\u00e9todos, particularmente en las ciencias biol\u00f3gicas, es tan transcendental, que, sin temor de equivocarse, se puede afirmar que los grandes descubrimientos s\u00f3lo saben hacerlos los t\u00e9cnicos m\u00e1s primorosos: aquellos sabios que han profundizado, a favor de perseverantes ensayos, todos los secretos de uno o varios recursos anal\u00edticos. En apoyo de este aserto bastar\u00e1 recordar que, a despecho de los cientos de hist\u00f3logos, embri\u00f3logos y naturalistas que se conocen en Europa y Am\u00e9rica, las m\u00e1s salientes conquistas cient\u00edficas se deben a una docena de hombres, que se han se\u00f1alado, ora por la invenci\u00f3n, ora por el perfeccionamiento, ya por el absoluto dominio de algunos m\u00e9todos de indagaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Entre los procedimientos de estudio se escoger\u00e1n constantemente los m\u00e1s dif\u00edciles, que, por razones f\u00e1ciles de comprender, son tambi\u00e9n los menos agotados en revelaciones. Importa poco el tiempo gastado en ensayos in\u00fatiles; pues, si el m\u00e9todo posee gran capacidad anal\u00edtica, los resultados obtenidos tendr\u00e1n gran importancia y nos indemnizar\u00e1n con creces de nuestras fatigas. Esta preferencia nos dar\u00e1 adem\u00e1s la inestimable ventaja de hallar pocos \u00e9mulos y concurrentes en nuestro camino.<\/p>\n<p><strong>d. <span class=\"c1\">En busca del hecho nuevo.<\/span><\/strong><\/p>\n<p>He aqu\u00ed la cuesti\u00f3n ardua, la preocupaci\u00f3n soberana del <span class=\"c1\">debutante,<\/span> que sabe, por la historia de la investigaci\u00f3n cient\u00edfica, que, alcanzado el primer descubrimiento, se siguen otros derivados de \u00e9l, como las consecuencias de las premisas.<\/p>\n<p>La nueva verdad hallada es, a menudo, el fruto de una paciente observaci\u00f3n, la consecuencia de haber aplicado a un tema m\u00e1s tiempo, m\u00e1s constancia, y mejores m\u00e9todos que nuestros predecesores. Como hemos dicho m\u00e1s atr\u00e1s, la consideraci\u00f3n atenta repetida de los mismos hechos acaba por dotarnos de una agudeza de penetraci\u00f3n sorprendente en todo lo referente al tema escogido. \u00a1Cu\u00e1ntas veces nos ha sido dado hallar, en virtud de ese tino que s\u00f3lo concede la experiencia, cosas enteramente nuevas en las preparaciones donde nuestros disc\u00edpulos nada ve\u00edan de particular! Y \u00a1cu\u00e1ntos hechos nuevos habr\u00e1n escapado a nuestra atenci\u00f3n, cuando, biso\u00f1os todav\u00eda en la t\u00e9cnica microgr\u00e1fica, cada preparaci\u00f3n nos parec\u00eda una esfinge pre\u00f1ada de misterios! Adem\u00e1s del notable incremento que adquiere nuestra capacidad anal\u00edtica por la repetici\u00f3n de experiencias y de observaciones, el prolongado estudio de una cuesti\u00f3n nos lleva casi siempre a perfeccionar los m\u00e9todos de investigaci\u00f3n, determinando todas las causas de mal resultado, y las condiciones en virtud de las cuales adquieren aqu\u00e9llos el <span class=\"c1\">maximum<\/span> de su poder diferenciante o revelador.<\/p>\n<p>A veces, el descubrimiento es el premio de la diligencia en aplicar un m\u00e9todo reciente, y poco explotado, a temas nuevos. Semejante traslaci\u00f3n ha suscitado grandes y f\u00e1ciles progresos en los vastos dominios de la Anatom\u00eda e Histolog\u00eda comparadas.<\/p>\n<p>Dado que los grandes impulsores cient\u00edficos han sido por lo com\u00fan creadores de m\u00e9todos, lo mejor y m\u00e1s congruente ser\u00eda dictar reglas para el hallazgo de \u00e9stos. Desgraciadamente, en las ciencias biol\u00f3gicas, casi todos los m\u00e9todos se deben al azar, y el azar no consiente razonamientos. Todo lo m\u00e1s que puede afirmarse es que los m\u00e9todos resultan de felices aplicaciones a un dominio cient\u00edfico de verdades, pertenecientes a otra disciplina del saber; mas esta aplicaci\u00f3n suele ser ciega, o, cuando m\u00e1s, se inspira en vagas analog\u00edas. En Bacteriolog\u00eda, Histolog\u00eda e Histoquimia, por ejemplo, los m\u00e9todos representan, como dejamos sentado en otro cap\u00edtulo, meras aplicaciones de materias colorantes o de reactivos creados por la Qu\u00edmica moderna. Ninguna raz\u00f3n plausible, a no ser el intento de provocar la casualidad, pudo inspirar a Gerlach la coloraci\u00f3n de los n\u00facleos por el carm\u00edn; a Mr. Sch\u00fcltze el empleo del \u00e1cido \u00f3smico en el tejido nervioso; a Hannover la introducci\u00f3n del \u00e1cido cr\u00f3mico y bicromatos en el endurecimiento de los tejidos; a Koch, Ehrlich y otros el aprovechamiento de las anilinas para la impregnaci\u00f3n de las bacterias.<\/p>\n<p>Si conoci\u00e9ramos de un modo perfecto la composici\u00f3n qu\u00edmica de las c\u00e9lulas vivas, los resultados suministrados por la aplicaci\u00f3n de tal o cual reactivo colorante vendr\u00edan a ser mera deducci\u00f3n de los principios de la Qu\u00edmica org\u00e1nica. Empero, hall\u00e1ndonos harto distantes de este ideal anal\u00edtico, los que pretendan descubrir nuevos m\u00e9todos biol\u00f3gicos no tienen m\u00e1s recurso que someter los tejidos a los mismos ciegos ensayos a que se entregaban los qu\u00edmicos de los pasados siglos para lograr, de vez en cuando, del conflicto y mezcla de varios cuerpos, combinaciones imprevistas.<\/p>\n<p>Es menester, pues, fiar algo a la casualidad, provoc\u00e1ndola mediante una serie reiterada de tanteos, en los cuales no podemos ser guiados m\u00e1s que por la intuici\u00f3n, fecundada por un conocimiento todo lo m\u00e1s profundo y preciso posible de las substancias y procederes nuevamente introducidos en la Qu\u00edmica y la Industria.<\/p>\n<p>Y esto nos lleva a decir algo de la casualidad en la esfera de la investigaci\u00f3n cient\u00edfica. Entra por mucho, positivamente, el azar en la labor experimental, y no debemos disimular que a \u00e9l debe la Ciencia brillantes adquisiciones; pero la casualidad no sonr\u00ede al que la desea, sino al que la merece, seg\u00fan la gr\u00e1fica frase de Duclaux. Y es preciso reconocer que s\u00f3lo la merecen los grandes observadores, porque ellos solamente la solicitan con la tenacidad y perseverancia indispensables; y, cuando la obtienen, s\u00f3lo ellos son capaces de adivinar su cient\u00edfico alcance. En la Ciencia, como en la Loter\u00eda, la suerte favorece comunmente al que juega m\u00e1s, es decir, al que, a la manera del protagonista del cuento remueve continuamente la tierra del jard\u00edn. Si Pasteur descubri\u00f3 por azar las vacunas bacterianas, debi\u00f3lo a su genio, que le permiti\u00f3 vislumbrar todo el partido que pod\u00eda sacarse de un hecho casual, a saber: el rebajamiento de virulencia de un cultivo bacteriano abandonado al aire, y veros\u00edmilmente atenuado por la acci\u00f3n del ox\u00edgeno. La historia de la Ciencia est\u00e1 llena de hallazgos parecidos: Scheele tropez\u00f3 con el cloro, trabajando en aislar el manganeso; Cl. Bernard, imaginando experiencias, encaminadas a precisar el \u00f3rgano destructor del az\u00facar, hall\u00f3 la funci\u00f3n glucog\u00e9nica del h\u00edgado; etc. Mas es forzoso convenir en que, si muchos sabios descubrieron lo que no buscaban, todos ellos buscaron con admirable tenacidad, y fueron dignos del \u00e9xito, porque, con su rara penetraci\u00f3n, acertaron a sorprender los grandes progresos latentes en las t\u00edmidas y fragmentarias revelaciones del acaso.<\/p>\n<p>Solicitar la ayuda de la casualidad, es como agitar el agua turbia para que suban y se hagan patentes los objetos sumergidos en el fondo. Todo observador har\u00e1 bien en correr alguna vez tras la fortuna; empero no confiar\u00e1 demasiado en alcanzarla, y apelar\u00e1 m\u00e1s a menudo al trabajo reglado, pues quien domina los m\u00e9todos y se halla en estado de se\u00f1alar los problemas todav\u00eda no resueltos, pero susceptibles de soluci\u00f3n, logra casi siempre, sin aventurarse en probaturas de ordinario infructuosas, alg\u00fan descubrimiento de m\u00e1s o menos transcendencia.<\/p>\n<p>Conquistado el primer hecho nuevo, sobre todo si \u00e9ste es de aquellos cuyo advenimiento provoca en el ambiente cient\u00edfico nuevas corrientes de ideas, nuestra tarea ser\u00e1 tan f\u00e1cil como brillante: como que se reduce a ir sacando progresivamente las consecuencias que entra\u00f1a la reciente adquisici\u00f3n en las diversas esferas de la Ciencia. Por eso se ha dicho que el primer descubrimiento es el que cuesta, por ser los dem\u00e1s meros corolarios del primero. Doctrina sabida es, y recomendada por fil\u00f3sofos como Taine, y por cient\u00edficos como Tyndall, que todo problema resuelto plantea infinidad de nuevas cuestiones, y que el descubrimiento de hoy contiene en germen los descubrimientos del ma\u00f1ana. La cima de la verdad, con tantos esfuerzos escalada, que mirada desde el valle semejaba monta\u00f1a imponente, no es sino min\u00fascula estribaci\u00f3n de una cordillera mayor, que se columbra, casi inabordable, a trav\u00e9s de la niebla, y que nos atrae con insaciable curiosidad. Satisfagamos este ansia de subir, y, aprovechando el pl\u00e1cido descanso que proporciona la contemplaci\u00f3n del nuevo horizonte desde la cima reci\u00e9n conquistada, meditemos sobre el plan que debe conducirnos a m\u00e1s altas regiones y m\u00e1s grandiosos y sublimes espect\u00e1culos. El entendimiento humano no puede abordar ninguna cuesti\u00f3n aislada, si\u00e9ndole forzoso caminar de lo conocido a lo desconocido: hoy contempla un fragmento de la verdad y ma\u00f1ana otro, y s\u00f3lo cuando los ha examinado todos se siente fuerte para remontarse a la s\u00edntesis y establecer las relaciones del nuevo hecho con el conjunto de las leyes de la Ciencia constitu\u00edda.<\/p>\n<p>Pero la fortuna de inaugurar un estudio lleno de promesas con el hallazgo de un hecho interesante es rara, y ning\u00fan investigador prudente debe contar demasiado con ella, por lo cual, para iniciar nuestro trabajo, no debemos vacilar en partir del descubrimiento de otros. As\u00ed y todo, no ha de faltarnos labor, y labor fecunda. El nuevo hecho, si es fundamental, suele causar una revoluci\u00f3n en el ambiente cient\u00edfico; convierte en sospechosas, doctrinas antes estimadas como verdades firmes; suscita nuevas posiciones de equilibrio en esas amplias regiones de lo conjetural que forman el tr\u00e1nsito de lo conocido a lo desconocido; y plantea una serie de originales cuestiones, que el iniciador, falto de tiempo, no puede resolver por s\u00ed mismo. Adem\u00e1s, \u00e9ste deja casi siempre, en el orden cr\u00edtico, incompleta la obra; influ\u00eddo todav\u00eda por la tradici\u00f3n, no sabe romper del todo con los errores y prejuicios del pasado; y acaso, receloso de hallar demasiada oposici\u00f3n en el medio cient\u00edfico, e impaciente de aplausos, presenta su teor\u00eda como una transacci\u00f3n entre viejas y nov\u00edsimas doctrinas. En condiciones tales, un observador menos meticuloso, llegado de refresco, suele perfeccionar, conpoco esfuerzo, la teor\u00eda del iniciador, sacando de ella las \u00faltimas consecuencias te\u00f3ricas y pr\u00e1cticas. Todo este c\u00famulo de cuestiones, suscitadas por la nueva conquista cient\u00edfica, constituye un terreno fecund\u00edsimo para el novel investigador. A \u00e9l acudir\u00e1, bien templadas sus armas anal\u00edticas, sin arrogancias ni confianzas excesivas; pero no conf\u00ede en llegar solo: all\u00ed encontrar\u00e1 tambi\u00e9n una pl\u00e9yade de observadores que intentar\u00e1n ganarle por la mano, y a los cuales vencer\u00e1 solamente a fuerza de laboriosidad, actividad, penetraci\u00f3n y perseverancia.<\/p>\n<p>Finalmente, cuando nos hallemos en presencia de varios temas igualmente favorables y fecundos, escogeremos aquel cuya metodolog\u00eda nos sea perfectamente conocida, y por el que sintamos decidida simpat\u00eda. \u00c9ste es un consejo de buen sentido que Darwin daba a sus disc\u00edpulos cuando le demandaban un tema de estudio. Y la raz\u00f3n es que nuestro entendimiento s\u00f3lo sabe vencer un serio obst\u00e1culo, cuando columbra en lontananza el premio del placer o de la utilidad. El explorador de la Naturaleza debe considerar la investigaci\u00f3n como un <span class=\"c1\">sport<\/span> incomparable, en el cual todo, desde los procederes t\u00e9cnicos hasta la elaboraci\u00f3n doctrinal, constituye un perenne manantial de gratas satisfacciones. Quien en presencia de un arduo problema no sienta crecer su entusiasmo, a medida que el entendimiento redobla sus esfuerzos; quien, al aproximarse el solemne momento del <span class=\"c1\">fiat lux,<\/span> impacientemente esperado, no tenga el alma inundada por la emoci\u00f3n precursora del placer, debe abandonar las empresas cient\u00edficas, porque la Naturaleza no otorga sus favores a los fr\u00edos de condici\u00f3n, y la frialdad es a menudo inequ\u00edvoco signo de impotencia.<\/p>\n","protected":false},"author":1,"menu_order":5,"template":"","meta":{"pb_show_title":"on","pb_short_title":"","pb_subtitle":"","pb_authors":[],"pb_section_license":""},"chapter-type":[],"contributor":[],"license":[],"class_list":["post-42","chapter","type-chapter","status-publish","hentry"],"part":37,"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.publiconsulting.com\/wordpress\/reglasyconsejos\/wp-json\/pressbooks\/v2\/chapters\/42","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.publiconsulting.com\/wordpress\/reglasyconsejos\/wp-json\/pressbooks\/v2\/chapters"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.publiconsulting.com\/wordpress\/reglasyconsejos\/wp-json\/wp\/v2\/types\/chapter"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.publiconsulting.com\/wordpress\/reglasyconsejos\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.publiconsulting.com\/wordpress\/reglasyconsejos\/wp-json\/pressbooks\/v2\/chapters\/42\/revisions"}],"part":[{"href":"https:\/\/www.publiconsulting.com\/wordpress\/reglasyconsejos\/wp-json\/pressbooks\/v2\/parts\/37"}],"metadata":[{"href":"https:\/\/www.publiconsulting.com\/wordpress\/reglasyconsejos\/wp-json\/pressbooks\/v2\/chapters\/42\/metadata\/"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.publiconsulting.com\/wordpress\/reglasyconsejos\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=42"}],"wp:term":[{"taxonomy":"chapter-type","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.publiconsulting.com\/wordpress\/reglasyconsejos\/wp-json\/pressbooks\/v2\/chapter-type?post=42"},{"taxonomy":"contributor","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.publiconsulting.com\/wordpress\/reglasyconsejos\/wp-json\/wp\/v2\/contributor?post=42"},{"taxonomy":"license","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.publiconsulting.com\/wordpress\/reglasyconsejos\/wp-json\/wp\/v2\/license?post=42"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}