{"id":44,"date":"2019-12-09T15:25:41","date_gmt":"2019-12-09T15:25:41","guid":{"rendered":"https:\/\/www.publiconsulting.com\/wordpress\/reglasyconsejos\/chapter\/vi-redaccion-del-trabajo-cientifico\/"},"modified":"2019-12-09T15:25:41","modified_gmt":"2019-12-09T15:25:41","slug":"vi-redaccion-del-trabajo-cientifico","status":"publish","type":"chapter","link":"https:\/\/www.publiconsulting.com\/wordpress\/reglasyconsejos\/chapter\/vi-redaccion-del-trabajo-cientifico\/","title":{"rendered":"VI \u2013 REDACCI\u00d3N DEL TRABAJO CIENT\u00cdFICO"},"content":{"raw":"\nM. Billings, sabio bibliotecario de Washington, agobiado por la tarea de clasificar miles de folletos en donde, con diverso estilo, d\u00e1banse a conocer cuasi los mismos hechos, o se expon\u00edan verdades ya de antiguo sabidas, aconseja a los publicistas cient\u00edficos la sumisi\u00f3n a las siguientes reglas: <i>1.a,<\/i> tener algo nuevo que decir; <i>2.a,<\/i> decirlo; <i>3.a,<\/i> callarse en cuanto ya se ha dicho; y <i>4.a,<\/i> dar a la publicaci\u00f3n un t\u00edtulo y un orden adecuados.\n\nHe aqu\u00ed un recuerdo que no creemos in\u00fatil en Espa\u00f1a, pa\u00eds cl\u00e1sico de la hip\u00e9rbole y de la amplificaci\u00f3n. En efecto: lo primero que se necesita para escribir de asuntos cient\u00edficos, cuando no nos impulsa la misi\u00f3n de la ense\u00f1anza, es tener alguna observaci\u00f3n nueva, o idea \u00fatil que comunicar a los dem\u00e1s. Nada m\u00e1s rid\u00edculo que la pretensi\u00f3n de escribir sin poder aportar a la cuesti\u00f3n ning\u00fan positivo esclarecimiento, sin otro est\u00edmulo que lucir una imaginaci\u00f3n calenturienta, o hacer gala de una erudici\u00f3n pedantesca con datos tomados de segunda o tercera mano.\n\nAl tomar la pluma para redactar un art\u00edculo cient\u00edfico, consideremos que podr\u00e1 leernos alg\u00fan sabio ilustre, cuyas ocupaciones no le consienten perder el tiempo en releer cosas conocidas o meras disertaciones ret\u00f3ricas. De este pecado capital adolecen, por desgracia, muchas de nuestras disertaciones cient\u00edficas. Numerosas tesis de doctorandos, y no pocos art\u00edculos de nuestras revistas profesionales, parecen hechos, no con \u00e1nimo de aportar luz a un asunto, sino para salir de cualquier modo, y cuanto m\u00e1s tarde mejor (porque eso s\u00ed, lo que no va en doctrina va en <span class=\"c1\">latitud),<\/span> del arduo compromiso de escribir, sin haberse tomado el trabajo de pensar. N\u00f3tese cu\u00e1nto abundan los discursos encabezados por estas muletillas, que parecen inventadas por la pereza misma: <span class=\"c1\">Idea general de<\/span>... <span class=\"c1\">Introducci\u00f3n al estudio de<\/span>... <span class=\"c1\">Consideraciones generales acerca de<\/span>... <span class=\"c1\">Juicio cr\u00edtico de las teor\u00edas de<\/span>... <span class=\"c1\">Importancia de la ciencia tal o cual...,<\/span> t\u00edtulos que dan al escritor la incomparable ventaja de despacharse a su gusto en la materia, sin obligarse a tratar a fondo y seriamente ninguna cosa. Con lo cual, dicho se est\u00e1 que no pretendemos rebajar el m\u00e9rito de algunos trabajos perfectamente concebidos y redactados que, de tarde en tarde, ven la luz con los consabidos o parecidos t\u00edtulos.\n\nAsegur\u00e9monos, pues, merced a una investigaci\u00f3n bibliogr\u00e1fica cuidadosa, de la originalidad del hecho o idea que deseamos exponer, y guard\u00e9monos adem\u00e1s de dar a luz prematuramente el fruto de la observaci\u00f3n. Cuando nuestro pensamiento fluct\u00faa todav\u00eda entre conclusiones diversas y no tenemos plena conciencia de haber dado en el blanco, es se\u00f1al inequ\u00edvoca de haber abandonado demasiado temprano el laboratorio. Conducta prudente ser\u00e1 volver a \u00e9l y esperar a que, bajo el influjo de nuevas observaciones, acaben de cristalizar nuestras ideas.\n\nAntes de exponer nuestra personal contribuci\u00f3n al tema de estudio, es costumbre trazar la historia de la cuesti\u00f3n, ya para se\u00f1alar nuestro punto de partida, ya para rendir&nbsp;plena justicia a los sabios insignes que nos precedieron y nos abrieron el camino de la investigaci\u00f3n. Siempre que en este punto, por amor a la concisi\u00f3n, propenda el novel investigador a ahorrar fechas y citas, considere que los dem\u00e1s podr\u00e1n pagarle en la misma moneda, callando intencionadamente sus trabajos. Conducta es \u00e9sta tan poco generosa como descort\u00e9s, dado que la mayor parte de los sabios no suelen obtener de sus penosos estudios m\u00e1s recompensa que la estima y aplauso de la opini\u00f3n. El respeto a la propiedad de las ideas s\u00f3lo se practica bien cuando uno llega a ser propietario de pensamientos que corren de libro en libro, unas veces con nombre de autor, otras sin \u00e9l, y algunas con paternidad equivocada. Solo despu\u00e9s de ser v\u00edctima de molestas pretericiones y de injustos silencios, se cae en la cuenta de que cada idea es una <span class=\"c1\">criatura<\/span> cient\u00edfica, cuyo autor, que la di\u00f3 el ser a costa de grandes fatigas, exhala, al ver desconocida su paternidad, los mismos ayes doloridos que exhalar\u00eda una madre a quien arrebataran el fruto de sus entra\u00f1as. Dispuestos a hacer justicia, hag\u00e1mosla hasta el detalle: y as\u00ed no dejemos de ordenar, por rigurosa cronolog\u00eda, las listas de nombres o los <span class=\"c1\">cartuchos de citas<\/span> que, por abreviar, es preciso a veces consignar al dar cuenta de un descubrimiento; pues si tales series de apellidos han de tener sentido com\u00fan, es menester comenzarlas por el iniciador y acabarlas por los confirmadores y perfeccionadores. Un estudio minucioso y de primera mano de la bibliograf\u00eda nos ahorrar\u00e1 injusticias, y, por ende, las inevitables reclamaciones de prioridad.\n\nImporta asimismo puntualizar, bien al principio, bien al final de la monograf\u00eda, el m\u00e9todo o m\u00e9todos de investigaci\u00f3n seguidos por el autor, sin imitar a esos sabios que, a t\u00edtulo de mejorarlos ulteriormente, se reservan temporalmente el monopolio de ciertos m\u00e9todos, restaurando la cuasi perdida costumbre de los qu\u00edmicos y matem\u00e1ticos de las pasadas centurias, los cuales, inspirados en la pueril vanidad de asombrar a las gentes con el poder de su penetraci\u00f3n, callaban los detalles de los procedimientos que les hab\u00edan conducido a la verdad. Afortunadamente el esoterismo va desapareciendo del campo de la ciencia, y el mero lector de una revista puede conocer hoy las minucias y <span class=\"c1\">tours de main<\/span> de ciertos m\u00e9todos, casi tan bien como los \u00edntimos del descubridor.\n\nExpuesta en forma clara, concisa y met\u00f3dica la observaci\u00f3n u observaciones fruto de nuestras pesquisas, cerraremos el trabajo condensando en un corto n\u00famero de proposiciones los datos positivos a\u00f1adidos al saber com\u00fan y que han motivado nuestra intervenci\u00f3n en el asunto.\n\nUna conducta que no todos siguen, pero que nos parece por todo extremo loable, es llamar la atenci\u00f3n del lector sobre los problemas todav\u00eda pendientes de soluci\u00f3n, a fin de que otros observadores apliquen sus esfuerzos y completen nuestra obra. Al se\u00f1alar a los sucesores la direcci\u00f3n de las nuevas pesquisas y los puntos que nuestra diligencia no ha logrado esclarecer, damos, al par de un f\u00e1cil y generoso asidero a los j\u00f3venes observadores, ansiosos de reputaci\u00f3n, ocasi\u00f3n de una pronta y amplia confirmaci\u00f3n de nuestros descubrimientos.\n\nSi nuestros estudios ata\u00f1en a la morfolog\u00eda, ora macro, ora microsc\u00f3pica, ser\u00e1 de rigor ilustrar las descripciones con figuras copiadas todo lo m\u00e1s exactamente posible del natural. Por exacta y minuciosa que sea la descripci\u00f3n de los objetos observados, siempre resulta inferior en claridad a un buen grabado. Cuanto m\u00e1s, que la representaci\u00f3n gr\u00e1fica de lo observado garantiza la exactitud de la observaci\u00f3n misma, y constituye un precedente de inapreciable valor para todo aquel que trate de confirmar nuestras aseveraciones. Con justo motivo se otorga hoy casi igual m\u00e9rito al que dibuja por primera vez y fielmente un objeto, que al que lo da a conocer solamente por una descripci\u00f3n m\u00e1s o menos incompleta.\n\nFinalmente, el estilo de nuestro trabajo ser\u00e1 genuinamente did\u00e1ctico, sobrio, sencillo, sin afectaci\u00f3n, y sin acusar otras preocupaciones que el orden y la claridad. El \u00e9nfasis, la declamaci\u00f3n y la hip\u00e9rbole no deben figurar jam\u00e1s en los escritos meramente cient\u00edficos, si no queremos perder la confianza de los sabios, que acabar\u00e1n por tomarnos por so\u00f1adores cient\u00edficos, incapaces de estudiar y razonar fr\u00edamente una cuesti\u00f3n. El escritor cient\u00edfico aspirar\u00e1 constantemente a reflejar la realidad objetiva con la perfecta serenidad e ingenuidad de un espejo, dibujando con la palabra, como el pintor con el pincel, y desentendi\u00e9ndose tanto de los halagos de la <span class=\"c1\">galer\u00eda,<\/span> como de las sugestiones de la vanidad y del amor propio.\n\nLa pompa y gala del lenguaje estar\u00e1n en su lugar en el libro de popularizaci\u00f3n, en las oraciones inaugurales, hasta en el pr\u00f3logo o introducci\u00f3n a una obra cient\u00edfica docente; pero hay que confesar que la mucha ret\u00f3rica produce, trat\u00e1ndose de una monograf\u00eda cient\u00edfica, un efecto extra\u00f1o y un si es no rid\u00edculo.\n\nSin contar que los afeites ret\u00f3ricos prestan a menudo a&nbsp;las ideas contornos indecisos, y que las comparaciones innecesarias hacen difusa la descripci\u00f3n, dispersando in\u00fatilmente la atenci\u00f3n del lector, que no necesita, ciertamente, para que las ideas le penetren en el caletre, de la evocaci\u00f3n continua de im\u00e1genes vulgares. En este concepto, los escritores, como las lentes, pueden distinguirse en <span class=\"c1\">crom\u00e1ticos<\/span> y <span class=\"c1\">acrom\u00e1ticos:<\/span> estos \u00faltimos, perfectamente corregidos de la man\u00eda dispersiva, saben condensar con toda precisi\u00f3n las ideas que por la lectura o la observaci\u00f3n recolectan; mientras que los primeros, faltos del freno de la correcci\u00f3n, gustan de ensanchar con irisaciones ret\u00f3ricas, con franjas de brillantes matices, los contornos de las ideas: lo que no se logra sino a expensas del vigor y de la claridad de las mismas. En literatura, como en la oratoria, los entendimientos crom\u00e1ticos o dispersivos pueden ser de gran utilidad; pues el vulgo, juez inapelable de la obra art\u00edstica, necesita del <span class=\"c1\">embudo de la ret\u00f3rica<\/span> para poder tragar algunas verdades; pero, en la exposici\u00f3n y discusi\u00f3n de los temas de ciencia pura, el p\u00fablico es un senado escogido y culto: al hablarle, pues, debemos imitar a los buenos entendimientos acrom\u00e1ticos o corregidos, para los cuales, lo \u00fanico que tiene positivo valor es la contemplaci\u00f3n y exposici\u00f3n de la verdad. Una severa disciplina de la atenci\u00f3n, la costumbre de dar a la acci\u00f3n y al pensamiento mayor importancia que a la palabra, as\u00ed como la creencia de que, despu\u00e9s de inventada una imagen o creada una frase feliz, el problema cient\u00edfico que estudiamos no ha dado un solo paso hacia la soluci\u00f3n, constituyen excelentes remedios para curarnos del prurito de la ret\u00f3rica, que nosotros consideramos como plaga desastrosa de nuestra Espa\u00f1a y causa muy poderosa de nuestro atraso cient\u00edfico.\n<p class=\"sgc-1\">Santiago Ram\u00f3n y Cajal<\/p>\n<p class=\"sgc-1\">Madrid, 1897<\/p>\n","rendered":"<p>M. Billings, sabio bibliotecario de Washington, agobiado por la tarea de clasificar miles de folletos en donde, con diverso estilo, d\u00e1banse a conocer cuasi los mismos hechos, o se expon\u00edan verdades ya de antiguo sabidas, aconseja a los publicistas cient\u00edficos la sumisi\u00f3n a las siguientes reglas: <i>1.a,<\/i> tener algo nuevo que decir; <i>2.a,<\/i> decirlo; <i>3.a,<\/i> callarse en cuanto ya se ha dicho; y <i>4.a,<\/i> dar a la publicaci\u00f3n un t\u00edtulo y un orden adecuados.<\/p>\n<p>He aqu\u00ed un recuerdo que no creemos in\u00fatil en Espa\u00f1a, pa\u00eds cl\u00e1sico de la hip\u00e9rbole y de la amplificaci\u00f3n. En efecto: lo primero que se necesita para escribir de asuntos cient\u00edficos, cuando no nos impulsa la misi\u00f3n de la ense\u00f1anza, es tener alguna observaci\u00f3n nueva, o idea \u00fatil que comunicar a los dem\u00e1s. Nada m\u00e1s rid\u00edculo que la pretensi\u00f3n de escribir sin poder aportar a la cuesti\u00f3n ning\u00fan positivo esclarecimiento, sin otro est\u00edmulo que lucir una imaginaci\u00f3n calenturienta, o hacer gala de una erudici\u00f3n pedantesca con datos tomados de segunda o tercera mano.<\/p>\n<p>Al tomar la pluma para redactar un art\u00edculo cient\u00edfico, consideremos que podr\u00e1 leernos alg\u00fan sabio ilustre, cuyas ocupaciones no le consienten perder el tiempo en releer cosas conocidas o meras disertaciones ret\u00f3ricas. De este pecado capital adolecen, por desgracia, muchas de nuestras disertaciones cient\u00edficas. Numerosas tesis de doctorandos, y no pocos art\u00edculos de nuestras revistas profesionales, parecen hechos, no con \u00e1nimo de aportar luz a un asunto, sino para salir de cualquier modo, y cuanto m\u00e1s tarde mejor (porque eso s\u00ed, lo que no va en doctrina va en <span class=\"c1\">latitud),<\/span> del arduo compromiso de escribir, sin haberse tomado el trabajo de pensar. N\u00f3tese cu\u00e1nto abundan los discursos encabezados por estas muletillas, que parecen inventadas por la pereza misma: <span class=\"c1\">Idea general de<\/span>&#8230; <span class=\"c1\">Introducci\u00f3n al estudio de<\/span>&#8230; <span class=\"c1\">Consideraciones generales acerca de<\/span>&#8230; <span class=\"c1\">Juicio cr\u00edtico de las teor\u00edas de<\/span>&#8230; <span class=\"c1\">Importancia de la ciencia tal o cual&#8230;,<\/span> t\u00edtulos que dan al escritor la incomparable ventaja de despacharse a su gusto en la materia, sin obligarse a tratar a fondo y seriamente ninguna cosa. Con lo cual, dicho se est\u00e1 que no pretendemos rebajar el m\u00e9rito de algunos trabajos perfectamente concebidos y redactados que, de tarde en tarde, ven la luz con los consabidos o parecidos t\u00edtulos.<\/p>\n<p>Asegur\u00e9monos, pues, merced a una investigaci\u00f3n bibliogr\u00e1fica cuidadosa, de la originalidad del hecho o idea que deseamos exponer, y guard\u00e9monos adem\u00e1s de dar a luz prematuramente el fruto de la observaci\u00f3n. Cuando nuestro pensamiento fluct\u00faa todav\u00eda entre conclusiones diversas y no tenemos plena conciencia de haber dado en el blanco, es se\u00f1al inequ\u00edvoca de haber abandonado demasiado temprano el laboratorio. Conducta prudente ser\u00e1 volver a \u00e9l y esperar a que, bajo el influjo de nuevas observaciones, acaben de cristalizar nuestras ideas.<\/p>\n<p>Antes de exponer nuestra personal contribuci\u00f3n al tema de estudio, es costumbre trazar la historia de la cuesti\u00f3n, ya para se\u00f1alar nuestro punto de partida, ya para rendir&nbsp;plena justicia a los sabios insignes que nos precedieron y nos abrieron el camino de la investigaci\u00f3n. Siempre que en este punto, por amor a la concisi\u00f3n, propenda el novel investigador a ahorrar fechas y citas, considere que los dem\u00e1s podr\u00e1n pagarle en la misma moneda, callando intencionadamente sus trabajos. Conducta es \u00e9sta tan poco generosa como descort\u00e9s, dado que la mayor parte de los sabios no suelen obtener de sus penosos estudios m\u00e1s recompensa que la estima y aplauso de la opini\u00f3n. El respeto a la propiedad de las ideas s\u00f3lo se practica bien cuando uno llega a ser propietario de pensamientos que corren de libro en libro, unas veces con nombre de autor, otras sin \u00e9l, y algunas con paternidad equivocada. Solo despu\u00e9s de ser v\u00edctima de molestas pretericiones y de injustos silencios, se cae en la cuenta de que cada idea es una <span class=\"c1\">criatura<\/span> cient\u00edfica, cuyo autor, que la di\u00f3 el ser a costa de grandes fatigas, exhala, al ver desconocida su paternidad, los mismos ayes doloridos que exhalar\u00eda una madre a quien arrebataran el fruto de sus entra\u00f1as. Dispuestos a hacer justicia, hag\u00e1mosla hasta el detalle: y as\u00ed no dejemos de ordenar, por rigurosa cronolog\u00eda, las listas de nombres o los <span class=\"c1\">cartuchos de citas<\/span> que, por abreviar, es preciso a veces consignar al dar cuenta de un descubrimiento; pues si tales series de apellidos han de tener sentido com\u00fan, es menester comenzarlas por el iniciador y acabarlas por los confirmadores y perfeccionadores. Un estudio minucioso y de primera mano de la bibliograf\u00eda nos ahorrar\u00e1 injusticias, y, por ende, las inevitables reclamaciones de prioridad.<\/p>\n<p>Importa asimismo puntualizar, bien al principio, bien al final de la monograf\u00eda, el m\u00e9todo o m\u00e9todos de investigaci\u00f3n seguidos por el autor, sin imitar a esos sabios que, a t\u00edtulo de mejorarlos ulteriormente, se reservan temporalmente el monopolio de ciertos m\u00e9todos, restaurando la cuasi perdida costumbre de los qu\u00edmicos y matem\u00e1ticos de las pasadas centurias, los cuales, inspirados en la pueril vanidad de asombrar a las gentes con el poder de su penetraci\u00f3n, callaban los detalles de los procedimientos que les hab\u00edan conducido a la verdad. Afortunadamente el esoterismo va desapareciendo del campo de la ciencia, y el mero lector de una revista puede conocer hoy las minucias y <span class=\"c1\">tours de main<\/span> de ciertos m\u00e9todos, casi tan bien como los \u00edntimos del descubridor.<\/p>\n<p>Expuesta en forma clara, concisa y met\u00f3dica la observaci\u00f3n u observaciones fruto de nuestras pesquisas, cerraremos el trabajo condensando en un corto n\u00famero de proposiciones los datos positivos a\u00f1adidos al saber com\u00fan y que han motivado nuestra intervenci\u00f3n en el asunto.<\/p>\n<p>Una conducta que no todos siguen, pero que nos parece por todo extremo loable, es llamar la atenci\u00f3n del lector sobre los problemas todav\u00eda pendientes de soluci\u00f3n, a fin de que otros observadores apliquen sus esfuerzos y completen nuestra obra. Al se\u00f1alar a los sucesores la direcci\u00f3n de las nuevas pesquisas y los puntos que nuestra diligencia no ha logrado esclarecer, damos, al par de un f\u00e1cil y generoso asidero a los j\u00f3venes observadores, ansiosos de reputaci\u00f3n, ocasi\u00f3n de una pronta y amplia confirmaci\u00f3n de nuestros descubrimientos.<\/p>\n<p>Si nuestros estudios ata\u00f1en a la morfolog\u00eda, ora macro, ora microsc\u00f3pica, ser\u00e1 de rigor ilustrar las descripciones con figuras copiadas todo lo m\u00e1s exactamente posible del natural. Por exacta y minuciosa que sea la descripci\u00f3n de los objetos observados, siempre resulta inferior en claridad a un buen grabado. Cuanto m\u00e1s, que la representaci\u00f3n gr\u00e1fica de lo observado garantiza la exactitud de la observaci\u00f3n misma, y constituye un precedente de inapreciable valor para todo aquel que trate de confirmar nuestras aseveraciones. Con justo motivo se otorga hoy casi igual m\u00e9rito al que dibuja por primera vez y fielmente un objeto, que al que lo da a conocer solamente por una descripci\u00f3n m\u00e1s o menos incompleta.<\/p>\n<p>Finalmente, el estilo de nuestro trabajo ser\u00e1 genuinamente did\u00e1ctico, sobrio, sencillo, sin afectaci\u00f3n, y sin acusar otras preocupaciones que el orden y la claridad. El \u00e9nfasis, la declamaci\u00f3n y la hip\u00e9rbole no deben figurar jam\u00e1s en los escritos meramente cient\u00edficos, si no queremos perder la confianza de los sabios, que acabar\u00e1n por tomarnos por so\u00f1adores cient\u00edficos, incapaces de estudiar y razonar fr\u00edamente una cuesti\u00f3n. El escritor cient\u00edfico aspirar\u00e1 constantemente a reflejar la realidad objetiva con la perfecta serenidad e ingenuidad de un espejo, dibujando con la palabra, como el pintor con el pincel, y desentendi\u00e9ndose tanto de los halagos de la <span class=\"c1\">galer\u00eda,<\/span> como de las sugestiones de la vanidad y del amor propio.<\/p>\n<p>La pompa y gala del lenguaje estar\u00e1n en su lugar en el libro de popularizaci\u00f3n, en las oraciones inaugurales, hasta en el pr\u00f3logo o introducci\u00f3n a una obra cient\u00edfica docente; pero hay que confesar que la mucha ret\u00f3rica produce, trat\u00e1ndose de una monograf\u00eda cient\u00edfica, un efecto extra\u00f1o y un si es no rid\u00edculo.<\/p>\n<p>Sin contar que los afeites ret\u00f3ricos prestan a menudo a&nbsp;las ideas contornos indecisos, y que las comparaciones innecesarias hacen difusa la descripci\u00f3n, dispersando in\u00fatilmente la atenci\u00f3n del lector, que no necesita, ciertamente, para que las ideas le penetren en el caletre, de la evocaci\u00f3n continua de im\u00e1genes vulgares. En este concepto, los escritores, como las lentes, pueden distinguirse en <span class=\"c1\">crom\u00e1ticos<\/span> y <span class=\"c1\">acrom\u00e1ticos:<\/span> estos \u00faltimos, perfectamente corregidos de la man\u00eda dispersiva, saben condensar con toda precisi\u00f3n las ideas que por la lectura o la observaci\u00f3n recolectan; mientras que los primeros, faltos del freno de la correcci\u00f3n, gustan de ensanchar con irisaciones ret\u00f3ricas, con franjas de brillantes matices, los contornos de las ideas: lo que no se logra sino a expensas del vigor y de la claridad de las mismas. En literatura, como en la oratoria, los entendimientos crom\u00e1ticos o dispersivos pueden ser de gran utilidad; pues el vulgo, juez inapelable de la obra art\u00edstica, necesita del <span class=\"c1\">embudo de la ret\u00f3rica<\/span> para poder tragar algunas verdades; pero, en la exposici\u00f3n y discusi\u00f3n de los temas de ciencia pura, el p\u00fablico es un senado escogido y culto: al hablarle, pues, debemos imitar a los buenos entendimientos acrom\u00e1ticos o corregidos, para los cuales, lo \u00fanico que tiene positivo valor es la contemplaci\u00f3n y exposici\u00f3n de la verdad. Una severa disciplina de la atenci\u00f3n, la costumbre de dar a la acci\u00f3n y al pensamiento mayor importancia que a la palabra, as\u00ed como la creencia de que, despu\u00e9s de inventada una imagen o creada una frase feliz, el problema cient\u00edfico que estudiamos no ha dado un solo paso hacia la soluci\u00f3n, constituyen excelentes remedios para curarnos del prurito de la ret\u00f3rica, que nosotros consideramos como plaga desastrosa de nuestra Espa\u00f1a y causa muy poderosa de nuestro atraso cient\u00edfico.<\/p>\n<p class=\"sgc-1\">Santiago Ram\u00f3n y Cajal<\/p>\n<p class=\"sgc-1\">Madrid, 1897<\/p>\n","protected":false},"author":1,"menu_order":7,"template":"","meta":{"pb_show_title":"on","pb_short_title":"","pb_subtitle":"","pb_authors":[],"pb_section_license":""},"chapter-type":[],"contributor":[],"license":[],"class_list":["post-44","chapter","type-chapter","status-publish","hentry"],"part":37,"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.publiconsulting.com\/wordpress\/reglasyconsejos\/wp-json\/pressbooks\/v2\/chapters\/44","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.publiconsulting.com\/wordpress\/reglasyconsejos\/wp-json\/pressbooks\/v2\/chapters"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.publiconsulting.com\/wordpress\/reglasyconsejos\/wp-json\/wp\/v2\/types\/chapter"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.publiconsulting.com\/wordpress\/reglasyconsejos\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.publiconsulting.com\/wordpress\/reglasyconsejos\/wp-json\/pressbooks\/v2\/chapters\/44\/revisions"}],"part":[{"href":"https:\/\/www.publiconsulting.com\/wordpress\/reglasyconsejos\/wp-json\/pressbooks\/v2\/parts\/37"}],"metadata":[{"href":"https:\/\/www.publiconsulting.com\/wordpress\/reglasyconsejos\/wp-json\/pressbooks\/v2\/chapters\/44\/metadata\/"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.publiconsulting.com\/wordpress\/reglasyconsejos\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=44"}],"wp:term":[{"taxonomy":"chapter-type","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.publiconsulting.com\/wordpress\/reglasyconsejos\/wp-json\/pressbooks\/v2\/chapter-type?post=44"},{"taxonomy":"contributor","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.publiconsulting.com\/wordpress\/reglasyconsejos\/wp-json\/wp\/v2\/contributor?post=44"},{"taxonomy":"license","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.publiconsulting.com\/wordpress\/reglasyconsejos\/wp-json\/wp\/v2\/license?post=44"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}